Cómo prepararnos para el Adviento

Para que este Adviento no pase este año por nuestra vida sin pena ni gloria, humildemente, creo que deberíamos prepararnos así:      

Buscando tiempos entre unas actividades y otras de cada día, en la medida de nuestro trabajo y de nuestro tiempo libre, para dedicarnos a nosotros mismos, para hacer una pausa y crecer a nivel personal: orando, reflexionando, escuchando música, leyendo, dejándonos interpelar por la realidad, trayendo a nuestro recuerdo tantos rostros cercanos, amigos, lejanos… 

También debemos cuidarnos para poder cuidar. Descansemos, cuidémonos y dejémonos cuidar, incluso pidamos el cuidado de los demás cuando lo necesitemos. Dejemos espacios para distanciarnos de los problemas, para respirar y que no nos agobien, para poder observarlos bien, discernir y tomar así la mejor decisión. 

Estos momentos de reflexión no nos pueden desligar de los demás, muy al contrario: debemos visitar, quedar para tomar una cerveza, hablar por teléfono, enviar un mensaje por watsapp… a las personas que quiero, que están mal, que sé que me necesitan. Necesitamos hablar más con los vecinos, con la gente que vemos que lo está pasando mal. Debemos aproximarnos, hacernos prójimos. 

Ni tampoco nos podemos desentender del mundo que nos rodea. Tenemos que intentar hacer todo lo que podamos por los demás, interesándonos por los problemas de la gente, buscando soluciones colectivas, o personales si soy yo quien tengo que optar y comprometerme en algo concreto. 

Debemos buscar momentos de celebración, de diversión, de comunicación, de intimidad, para reforzar la mística de la fraternidad, de la humanidad, del encuentro, de la fiesta, del dolor o de la alegría y el gozo compartido de estar juntos. 

Y aceptándonos humildemente como somos, vulnerables, con un carácter y una forma de ser muy concreta, personal. Y a la vez, potencialmente creativos, solidarios, transformadores de la realidad que nos rodea. Solo así construiremos un mundo mejor, más fraterno, justo y en paz. Un mundo nuevo y necesario. 

Que se hará realidad esperando contra toda esperanza, pero con una espera activa. Porque el yo narcisista necesita romper con una dinámica de aislamiento y pasividad, para entrar en un nuevo yo contemplativo, dinámico, fraterno, compasivo, lleno de ternura. 

Solo así llegará a su plenitud el Adviento. Solo así se aprenderemos a esperar la llegada de Jesús, de la Navidad, de la Vida en plenitud en lo cotidiano de la existencia 

El liderazgo de los cuidados

El nuevo presidente de la CONFER inicia el liderazgo de los ‘cuidados’ 

El dominico resalta la importancia de cuidar las presencias, a las personas, la intercongregacionalidad y sinodalidad, la integración carismática y la pluralidad y diversidad regional. 

 “Habernos escuchado de tú a tú durante la Asamblea nos ha permitido percibir muchos matices que los simples papeles o programas no necesariamente recogen”, ha señalado Jesús Díaz Sariego, OP, nuevo presidente de la CONFER, durante la clausura de la XXVII Asamblea General. 

Según ha explicado, durante estos días han “percibido una mayor toma de conciencia (racional y afectiva) comunitaria de la necesidad que tenemos de ‘caminar juntos’ como CONFER para servir mejor a la vida religiosa desde ella”. Asimismo, ha expresado la necesidad de “abrir procesos y de acertar a acompañarlos”. 

‘Dios nos cuida’ 

“En este camino constatamos que ‘Dios nos cuida’ y que nosotros debemos también ‘cuidarnos los unos a los otros’. En este sentido, ha destacado los cinco ‘cuidados’ que “queremos preservar y que, de una manera o de otra, han surgido durante la Asamblea”. 

  1. Cuidar a las personas: “Cuidar con más atención a todas las generaciones, pero especialmente a la generación intermedia. Generación sobre la que recae el mayor peso y responsabilidad en estos momentos”. 
  1. Cuidar las presencias y los modos de hacerse presentes: “Durante la Asamblea nos hemos orientado en la necesidad de resignificarnos (de ser o, de volver a ser significativos), ya que no se trata solamente de discernir el lugar donde debemos estar, sino también el cómo estar donde debemos estar”. 
  1. Cuidar la integración carismática: “De vivir la integración carismática y misión compartida. Una dimensión sobre la que debemos reflexionar aún más. Perfilar mejor la misión compartida con los laicos”. 
  1. Cuidar la intercongregacionalidad y la sinodalidad: “Reformular mejor la intercongregacionalidad, un camino sin duda, de sinodalidad. Pensando su desarrollo más desde ‘abajo’, desde la proximidad geográfica, el encuentro orante, festivo, etc. que desde una programación que venga más desde ‘un despacho’… ‘desde ‘arriba’”. 
  1. Cuidar la pluralidad y diversidad regional: “El espacio que nos hemos dado para reflexionar y tomar el pulso a las CONFER regionales y diocesanas ha resultado especialmente valioso. Hemos traído a la Asamblea ‘la vida religiosa vaciada’. En las reestructuraciones de provincias que venimos haciendo estos últimos años no hemos escuchado del todo, quizás, los ecos del Espíritu cuando siguen reclamando nuestra presencia en los distintos lugares, en las diferentes Iglesias locales. Una mayor o mejor coordinación de los procesos de reestructuración que hemos realizado nos hubiera llevado, sin duda, a una mayor creatividad a la hora de configurar nuestras decisiones. Porque, hemos de ser creativos no solamente para generar nuevas fundaciones apostólicas, sino también para cerrarlas o transformarlas”. 

“De nuevo hemos de volver a la pregunta Lema de la misma: ‘Señor, ¿qué quieres de nosotros hoy?’. Esta pregunta ha de seguir acompañándonos durante estos próximos años, al menos hasta la próxima Asamblea. Os invitaría a que en cada instituto la tengamos en cuenta. Podemos asumir el compromiso, como superiores mayores, de seguir reflexionándola para dar mejor forma a lo que somos y a lo que hacemos. Las respuestas que podamos dar a esta pregunta son el camino de futuro por el que debemos transitar. Sus respuestas nos abren mucho horizonte, a cada congregación en particular y a la CONFER en general”, ha resaltado el dominico. 

Por su parte, la vicepresidenta, Lourdes Perramon, ha agradecido la confianza de los superiores. “Estos días hemos oído decir que la CONFER es la casa de todos y yo espero que seamos hogar”, ha indicado. “La Vida Religiosa está llamada a hacer un brindis por la vida”, ha finalizado. 

¿Qué podemos hacer?

Gabriel Mª Otalora
Inmersos en esta realidad a contra corriente por la fragilidad sanitaria y económica, vivimos en estado de shock. No estamos acostumbrados a que una realidad externa no pueda ser domeñada después de tantos meses, contagios y muertos. El estupor es evidente en las autoridades y en las sociedades de todo el mundo que se aprisionadas en un endiablado tablero con dos fichas imposibles de casar: si cierro la mano para reducir la incidencia de los contagios se destroza el tejido productivo. Si abro la mano, el coronavirus avanza sin freno con el riesgo ya de convertir la pandemia en una sistemia que afecta de manera generalizada a todas las estructuras del sistema socio-productivo.
Intuimos que las estructuras con las que funcionamos no están siendo eficaces, más allá del esfuerzo sanitario operativo e investigador por dar cobertura adecuada a todos los pacientes y colectivos de riesgo. Tampoco estamos satisfechos con la respuesta social, inmadura e infantil por parte de demasiadas personas que no quieren la más mínima molestia por el bien común. Nos afecta al primer mundo y a los países pobres: desconcierto, estupor, miedo, desánimo y mucho dolor contenido.
Para muchas personas, es la primera vez que vemos algo así, tan cerca, sin que la tecnología, la logística, el dinero, los avances de todo tipo, logren evitar que todo se encuentre mediatizado por la covid-19. Y cuando algunos han alardeado de que a “esto” no hay que hacerle mucho caso, en plan arrogante, las consecuencias han sido severas; recuerdo los casos de Brasil, Estados Unidos y Gran Bretaña. Todo junto es demasiado como para no preguntarnos los cristianos -en este caso- ¿qué podemos hacer cuando este virus desafía la fe cristiana?
En primer lugar, podemos crecer en humildad. Es la principal actitud cristiana y la tenemos muy abandonada. La primera lección es asumir que no tenemos el control de toda la existencia. Esta pandemia pone al descubierto el hecho de la fragilidad, la limitación, la vulnerabilidad humana. Somos seres necesitados de otros, paradójicamente, a medida que las tecnologías nos cambian la vida. Todo se globaliza y se interrelaciona, se comunica y se conecta, de manera que un problema incluso de reparto de las vacunas en África, puede repercutir en las sociedades opulentas que han podido ser vacunadas pronto. De nada sirve protegerse solo una parte del Planeta cuando estamos tan interconectados. Esto nos da la oportunidad de reflexionar para ver cómo lo estoy viviendo interiormente pensando en el dolor de tantos ante la soberbia insolidaria que amenaza una solución global.
En segundo lugar, esta reflexión nos debe llevar a orar mejor, a abrirnos a la escucha humilde. Dios no deja de comunicarse nunca, mucho menos en estas situaciones tan difíciles. Dios nos habla también a través de la pandemia. Pidamos luz y fuerza para acertar en nuestra actitud con los que nos rodean y sobrellevar nuestra propia desazón confiadamente. No todo es hacer, el cristiano tiene un buen ejemplo en el modelo de Marta y María, las amigas de Jesús: Marta se quejaba de la aparente inacción de María y Jesús alabó su actitud pues “sin mí, no podéis hacer nada”. Estamos asustados y poco esperanzados, y eso no es muy cristiano.
Este es un buen momento para reflexionar también desde la fe sobre nuestro concepto de progreso, que no coincide con el de desarrollo; de donde salen las materias primas y a qué coste humano para millones de personas. Nos hemos emborrachado de consumismo sin pensar en las consecuencias para una gran parte de la humanidad. El Papa no deja de advertir la injusticia de este sistema insolidario para una gran parte de la humanidad que además está poniendo en peligro la sostenibilidad del Planeta.
Priorizar la escala de valores sería otra cosa que podemos hacer. Se nos pide que dejemos de lado nuestras libertades personales y nuestros deseos sociales por el bien de los demás. Si socializamos existe un riesgo real para nosotros y, sobre todo, sabemos del peligro de contagio para la gente más anciana y vulnerable. Esto nos lleva a cuidar las relaciones con quienes puedan sentirse más solos y deprimidos; para eso tenemos las redes sociales, para que nadie se sienta en la cuneta. El aislamiento puede enseñarnos a reflexionar sobre cómo tener interacciones sociales positivas y constructivas en vez de relaciones negativas y destructivas.
La siguiente lección es la aceptación como virtud, es decir, vivir esta realidad como lo contrario de la resignación. Aquello que no podemos cambiar, tengamos una actitud positiva, adecuada, para no hacernos daño con sentimientos negativos que acaban proyectándose en los demás.
Por último, es una oportunidad de oro para valorar lo que tenemos y lo que nos falta siendo conscientes de la gratuidad de Dios en todo. Tampoco somos especialmente agradecidos con lo que nos parece “normal”: tres comidas diarias, vivienda, vestido, familia, trabajo, salud, relaciones sociales, cultura, personas que no quieren, haber nacido en esta parte del mundo en lugar de en pleno Tercer Mundo… que cada cual haga su lista y vuelva a la actitud humilde para ser agradecido viviendo las cosas buenas del presente. Esto nos llevaría, en fin, a fomentar nuestra actitud y espíritu de servicio a los demás. Las crisis provocan una multiplicación en cadena de actos de solidaridad entre seres humanos y pueblos que fortalece lazos y afectos. Este necesario espíritu de servicio implica disponibilidad como instrumento de ayuda de los demás, abiertos a cualquier necesidad cercana de escucha, consuelo, tiempo y de lo que haga falta, da igual quien lo necesite.

El arte de cuidar

ALINEADOS CON EL PAPA: EL ARTE DE CUIDAR

Se volvieron a disparar las redes sociales, –esta vez en reconocimiento–, por el acierto de la Escuela de Contemplación SALMOS, al predicar en noviembre pasado sobre las artes de ‘cuidar’, ‘amar’ y ‘contemplar’, como ‘trabajos por la paz, para ser llamados hijos de Dios’, tal como lo dice la bienaventuranza, pues es el tema de la LIV jornada mundial por la paz 2021.
El papa Francisco eligió este motivo para la jornada mundial por la paz del 1º. de enero, luego de un difícil año 2020: “Estos y otros eventos, que han marcado el camino de la humanidad en el último año, nos enseñan la importancia de hacernos cargo los unos de los otros y también de la creación, para construir una sociedad basada en relaciones de fraternidad. Por eso he elegido como tema de este mensaje: La cultura del cuidado como camino de paz. Cultura del cuidado para erradicar la cultura de la indiferencia, del rechazo y de la confrontación, que suele prevalecer hoy en día”.
Y es que la Espiritualidad Integral propuesta por la Escuela SALMOS, definitivamente está alineada con la predicación de Francisco: El concurso Iberoamericano de Cuentos Laudato si’, las bienaventuranzas como camino de espiritualidad, los salmos como fuentes de oración contemplativa y hasta la figura de san José, como modelo de aquel que ‘Ora y Labora’, han sido entre otros los aciertos que ponen en evidencia que la línea de Francisco está siendo bien acogida por grandes sectores de espiritualidad latinoamericana, entre los que destaca la propuesta audaz de la Escuela SALMOS.
Imposible llegar a la paz, sin una cultura del cuidado, es lo que desde esta tribuna anunciamos al mundo, – dice Víctor Ricardo, director de SALMOS-, pues como dice Francisco: “En muchas tradiciones religiosas, hay narraciones que se refieren al origen del hombre, a su relación con el Creador, con la naturaleza y con sus semejantes. En la Biblia, el Libro del Génesis revela, desde el principio, la importancia del cuidado o de la custodia en el proyecto de Dios por la humanidad, poniendo en evidencia la relación entre el hombre (’adam) y la tierra (’adamah), y entre los hermanos. Los verbos “cultivar” y “cuidar” describen la relación de Adán con su casa-jardín e indican también la confianza que Dios deposita en él al constituirlo señor y guardián de toda la creación”.
Pero ese cuidado se enfoca principalmente en aquellos que sufren, más acusa de la pandemia y las consecuencias que esta trae a los diferentes pueblos: “Las obras de misericordia espirituales y corporales constituyen el núcleo del servicio de caridad de la Iglesia primitiva. Los cristianos de la primera generación compartían lo que tenían para que nadie entre ellos pasara necesidad (cf. Hch 4,34-35) y se esforzaban por hacer de la comunidad un hogar acogedor, abierto a todas las situaciones humanas, listo para hacerse cargo de los más frágiles”, recalca Francisco en su mensaje.
Porque, así fue la vida del Maestro, Jesús de Nazaret, anuncia Francisco al mundo, en esta jornada 2021: “En la sinagoga de Nazaret, Jesús se manifestó como Aquel a quien el Señor ungió «para anunciar la buena noticia a los pobres, ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dejar en libertad a los oprimidos» (Lc 4,18). Era el Buen Samaritano que se inclinaba sobre el hombre herido, vendaba sus heridas y se ocupaba de él (cf. Lc 10,30-37)”.
Un papa como Francisco, sin lugar a dudas, ha trazado una línea de espiritualidad, esta entendida como modo de ver y vivir en el mundo, con una impronta de misericordia, solidaridad y apertura, que se predica de distintas maneras en la Escuela de Contemplación SALMOS: “La brújula de los principios sociales, necesaria para promover la cultura del cuidado, es también indicativa para las relaciones entre las naciones, que deberían inspirarse en la fraternidad, el respeto mutuo, la solidaridad y el cumplimiento del derecho internacional”, concluía Francisco en su mensaje a toda la humanidad.
Casi con las mismas palabras, sobre la bienaventuranza de Mt 5, 9: “Bienaventurados los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios”, habíamos gustado la predicación de la Escuela SALMOS, rompiendo todos los estereotipos, la aparición del padre Víctor Ricardo, meditando sobre una roca, descalzo, rodeado de sus mascotas, con un fondo natural montañoso, ambientado por los sonidos de las aves y de la fauna silvestre, con su vestido típico latinoamericano, resaltaba el carácter humilde, franciscano y latinoamericano de su lectura del Evangelio, y que ahora se ve abrazado por el mensaje de Francisco sobre ‘La Cultura del Cuidado, camino de paz’:
“La cultura del cuidado, como compromiso común, solidario y participativo para proteger y promover la dignidad y el bien de todos, como una disposición al cuidado, a la atención, a la compasión, a la reconciliación y a la recuperación, al respeto y a la aceptación mutuos, es un camino privilegiado para construir la paz. «En muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia».
RD respalda la obra de Víctor Ricardo: la Escuela SALMOS, que, desde la Arquidiócesis de Bogotá, sirve en toda Latinoamérica, también ha sido creada como una puerta abierta a estas nuevas sensibilidades que acogen a todos aquellos que se han distanciado: toda una apuesta auténtica propia del Concilio Vaticano II. ¡No nos podemos quedar cuidando a las 10 ovejas que nos quedan, cuando hay noventa esperando una atención especial! Sigamos alineados con Francisco, también en el arte de cuidar.
Esta meditación, la Fundación SALMOS, televisada en noviembre pasado, que recibió tantas críticas como reconocimientos, nos ayuda a profundizar en la Jornada mundial por la Paz propuesta por el papa Francisco para este año 2021: ‘La cultura del cuidado como camino de paz’

Libro de Pepa Torres: «De amor político y cuidados»

DE AMOR POLÍTICO Y CUIDADOS EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE

Este es un libro oportuno para leer en este Adviento y Navidad, en pandemia. Nos ofrece pistas para salir de ésta mejores personas. Va de encarnación, de Dios en/con nosotros, de fraternidad y acogida, de cuidados, amor y ternura, de fronteras y puentes levadizos, de compromisos y testimonio, y sobre todo, de esperanza. Es un libro necesario y provocador que nos despierta, activa y compromete. Está escrito desde las periferias existenciales de la humanidad descartada, por una mujer que habita en ellas. Ante el título del libro me pregunté ¿Cómo hablar de Dios desde las periferias y cómo hablar de Dios en las periferias?
Para mejor comprender un texto es bueno conocer al autor, saber desde dónde escribe, por qué escribe y para qué escribe. En el libro que presento, la autora nos lo facilita: Desde su formación social y teológica, en diálogos y encuentros con otras personas y en dialogo con la realidad y para abrir caminos a nuevos encuentros y actuaciones. Escribe como mujer cristiana, monja y feminista que es. Como creyente se identifica con figuras bíblicas como: la mujer sirio-fenicia, la samaritana, la hemorroisa, la mujer del perfume. Se reconoce con una identidad múltiple y heterodoxa, apasionada por Dios y su Reino. Un Dios “mutable” que ha ido desvelando su misterio encarnado a través de la evolución personal de la autora. Esta evolución de las imágenes de Dios ha guiado la transformación dada en su ser y estar en el mundo y en la Iglesia.
¿Desde dónde está escrito este libro? Desde Lavapiés (Madrid), territorio multicultural donde Pepa vive con inmigrantes y refugiados de todo tipo, país y religión. Más de ochenta nacionalidades. Diversidad, marginación y resilencia es lo propio del barrio. Hogar de los “manteros” y mujeres del cuarto mundo entre otros grupos. Ahí vive Pepa en una comunidad religiosa intercongregacional. Y desde allí, volcán de vidas y lugar de amor, escribe y hace Teología. Mejor, Teo-praxis.
Es la suya una Teología para el siglo XXI. Desde la vida y para la vida (Teo-praxis). Según ésta, a Dios primero se le adora, luego se le practica y por fin se le reflexiona. Teología sin dualismos. Teología de la fe y del amor. Una Teología de la solidaridad. Las periferias desde donde se escribe el libro nos piden una mirada profunda, nueva, como las mira Dios. La fe es inseparable de la justicia y tiene una dimensión política. Esto es una teología desde la vida y para la vida, al servicio de la humanización del ser humano. Siempre portadora de esperanza. A pesar de tanta oscuridad, injusticia y sufrimiento siempre hay una luz, un compromiso y una entrega. Por eso la Teología que hace Pepa es optimista. Siempre hay más bien que mal. Cree en la bondad humana y su creatividad. “La intolerabilidad de la injusticia lleva a descubrir posibilidades inéditas”.
Tengo la gracia de conocer a Pepa desde hace mucho tiempo. Soy testigo de la coherencia entre lo que dice y lo que hace. Por eso habla con autoridad. Yo escribo desde la admiración y el respeto que siento por ella. Desde muy pronto de mi encuentro con ella, descubrí el paralelismo entre Etty Hillesum en los campos de concentración nazis con los judíos y Pepa en Lavapiés con los “manteros” y otros humanos tratados inhumanamente. Con pequeñas diferencias. Ambas son “bálsamo derramado sobre tantas heridas”. Ambas nos presentan una vida “conmocionada” por el sufrimiento de tantas víctimas. Ambas son “activista”. Místicas en acción y relación, con los ojos bien abiertos y echando una mano a Dios.
Índice del libro para facilitar una visión panorámica del contenido:
Prólogo por Mª Ángeles López Romero e Introducción: Declaración de razones, por qué escribe y para qué. Capítulo 1. Sostenida por un misterio de amor y relación. Quién soy y cómo he llegado aquí.
Capítulo 2. Periferias, fronteras y amor político. Quién son ellos y mi compromiso con ellos.
Capítulo 3. Otras comunidades cristianas y otra vida religiosa están siendo ya posibles. El cambio de mentalidades y actuaciones, además de necesario, es posible. Algunos ejemplos.
Capítulo 4: Mujeres e Iglesia. Una deuda pendiente. La guinda del pastel que no podía faltar en un tratado de Teología en y desde las periferias humanas y eclesiásticas.
A modo de epílogo: Referencia a María Magdalena, apóstol de los apóstoles, y a la memoria peligrosa y transgresora de tantas mujeres que han hecho vida la utopía del Evangelio.
Breve resumen y comentario personal del contenido del libro. Selecciono sólo algunas ideas-fuerza para despertar el interés y necesidad de la lectura insustituible. Temo ser excesivamente pobre y no hacer justicia a la obra comentada.
En el capítulo 1º Pepa nos cuenta la historia de su evolución espiritual. Historia que da razón y fundamento al resto de los capítulos del libro. En esta historia hay que destacar la evolución de las imágenes de Dios en la espiritualidad de Pepas: Del Dios ético al Dios de Jesús, compasivo y misericordioso. Dios de los pobres que nos pide echarle una mano en la liberación de nuestros hermanos. El Dios “irresistible” de los pobres. Y los pobres como lugar teológico en los que Dios se manifiesta.
El foco lo pone en Dios como salvador-liberador que pide nuestra colaboración, echarle una mano, ser sus parteras en la realización de su proyecto humanizador. Un Dios sin orillas ni fronteras que se revela en la diversidad y la experiencia intercultural, e interreligiosa. El Dios “inter”. Creo, dice Pepa, en la encarnación de Dios que se hace hermano mantero ilegal, vendedora de rosas por la calle, refugiada, empleada de hogar…Sabemos que Dios es así porque así nos lo ha manifestado Jesús de Nazaret. Jesús es la Palabra hecha carne, cuerpo, historia. Es uno de nosotros y es nuestro modelo de humanidad. En Él aprendemos lo que Dios quiere que seamos nosotros. Jesús como modelo de ser humano, cuerpo y sentidos. En el apartado “Sentir y Con-sentir al modo de Jesús” desarrollo Pepa cómo imitar a Jesús con los cinco sentidos: Ver y escuchar, tocar y gustar como Jesús. Muy interesante es el punto, la Cena del Señor “Jesús se hace barra de pan”. Pan de Vida y para la vida. Vida entregada gratuita y libremente. Compromiso para sus seguidores: Haced lo mismo. Hacedlo en memoria mía. Hacerlo al estilo de Jesús. Su significado y exigencia. Carácter memorial, de testamento de sus gestos.
Capítulo 2.- Periferias, fronteras y amor político. Nueva comprensión de las periferias. A partir de la poesía de Eduardo Galeano: Los “nadies”. Que no son, que no hablan, que no son seres humanos, que no tienen nombre, que no…, que no.., Pepa cree que el sistema los ve como amenaza y por eso que hay que controlar, reprimir y condenar a la invisibilidad. Pero en este libro las periferias son lugares teológicos donde Dios se revela y rebela: “las periferias son lugar de encarnación, tierra sagrada, donde su Palabra se revela de forma privilegiada”
Estas periferias y fronteras son la materia prima a reconocer y dignificar. Son las protagonistas en este trabajo de reflexión y compromiso que el texto desarrolla con conocimiento existencial y esperanza de transformación. Otro mundo es posible. La autora habla de la necesidad de aprender a mirar para detectar, en las periferias, la encarnación del Hijo. Mirar de otro modo, no hacia abajo sino hacia arriba desde abajo y no desde fuera sino desde adentro. En suma, nos pide convertir e invertir nuestra mirada a las periferias. Ver lo invisibilizado. Y ver como ve Dios en lo oscuro. Ver las carencias y las posibilidades, su creatividad y generosidad. Ver y actuar. Dios nos revela un futuro alternativo de justicia e inclusión que reclama y exige nuestra implicación y compromiso personal y comunitario con ellas. Y nos convoca a revisar en qué Dios creemos y a qué Dios practicamos. Y nos pide cuentas ¿Dónde está tu hermano?
Termina el capítulo con un artículo sobre “De amor político y cuidados en tiempos de incertidumbre”. Es el subtítulo del libro. Por tanto debe tratar ideas muy importantes: la dimensión política de la fe y el bien común. Es una concreción del principio Misericordia en acción y relación. Con un caso práctico de Misericordia y Acogida: El buen samaritano, icono de la misericordia de Dios y de la nuestra.
El tercer capítulo: Otras comunidades cristianas y otra vida religiosa están siendo posibles. Con artículos: 1) Cristianos y cristianas sin Iglesia. Propuestas para un reencuentro 2) Acoger y anunciar al Dios de las periferias. Apuntes para una vida religiosa en “salida” 3) La vida religiosa apostólica: hacia una nueva sensibilidad y praxis.
Lo recogido hasta ahora podría considerarse, o podríamos caer en la tentación evasiva de decir que es una utopía. Unas bellas ideas y palabras. Pero Pepa no va de faroles ni de entelequias. Es optimista porque cree en la bondad humana pero siempre tiene los pies embarrados, pies a tierra.. Es realista y tiene los ojos y la mente siempre abiertos a lo posible. Cree más en las potencialidades que en las carencias por muy evidentes y visibles que sea. Por eso siempre presenta junto a las sombras las lumbreras que también se dan. El contenido de este capítulo tercero es una muestra. Son tres ejemplos de que la Utopía se está ya realizando, en parte. Nos habla de su posibilidad. Y nos va a decir cómo está sucediendo para estimular su emulación y abrir caminos comunitarios de renovación. Es un contenido provocador, necesario, esperanzado y comprometido. El contexto común de estas experiencias es los nuevos enfoques del papa Francisco con respecto al ser y estar de la Iglesia, en el mundo, en el siglo XXI. Desde un planteamiento crítico de estas situaciones de malestar, de caminos cortados, proponen la construcción de puentes levadizos. Descartan el “siempre se ha hecho así” Los resultados obtenidos piden cambio. Está demostrado, este sistema no sirve. Los vientos nuevos que el papa Francisco proponen sirven de acicate para la osadía. Hay que salir, hay que arriesgar. Hay que cambiar las mentes en puntos cruciales de nuestra cosmovisión cristiana. Por ejemplo: De la consideración del mundo como enemigo de Dios y del alma a la acogida y anuncio de Dios encarnado en él. Superar el divorcio Iglesia-Mundo. superar la ceguera de la Iglesia poco atenta a los signos de los tiempos, oyendo a las ciencias humanas y sociales, poniéndose al lado de las víctimas, siendo de verdad Iglesia pobre y de los pobres, haciendo visible el principio de que la Iglesia somos todos, saliendo del clericalismo y dando más protagonismo y responsabilidad a los laicos y mujeres. En suma, una Iglesia sinodal, una Iglesia sacramento de salvación, al servicio de la humanidad. Los tres artículos de este tercer capítulo Son un buen ejemplo de todo esto es posible Que una Iglesia “en salida” es ya una realidad en determinados espacios y contextos. Que ya es real y vivo un cierto pluralismo religioso, nuevas espiritualidades, nuevas estructuras, nuevas modalidades organizativas y de gobierno. Los tres relatos de experiencias novedosas en estos campos son paradigmáticos y reflejan las nuevas necesidades de los seguidores de Jesús de Nazaret y su Evangelio.
Capítulo 4. Mujeres e Iglesia. Una deuda pendiente. Con tres apartados: a) La revolución de los cuidados.
b) Las nuevas Agar: mujeres migrantes como sujeto de liberación. c) la exclusión de las mujeres en la Iglesia. En la primera página del texto Pepa nos dice: Soy mujer de memoria y cicatrices. Con toda razón. Su vida lo testifica. Por eso es tan valiente como este libro deja ver y su vida cotidiana también. Desde los primeros renglones donde habla del contexto en que ha sido gestado el libro “mientras miles de mujeres católicas en el mundo nos sumamos al movimiento Voices of Faith, urgiendo a la Iglesia a una reforma estructural profunda desde la perspectiva de las mujeres, y en muchos lugares del Estado español tomó el nombre de la “Revuelta de las mujeres en la Iglesia, hasta los últimos renglones del epílogo donde el libro acaba está presente el grito este capítulo sintetiza: La exclusión de las mujeres en la Iglesia es intolerable y es un error.
A modo de epílogo: Referencia a María Magdalena, apóstol de los apóstoles, la primera en experimentar que el amor es más fuerte que la muerte y que Jesús, el Viviente, permanece vivió entre nosotros y es la razón de nuestra esperanza. Con Magdalena como patrona y con la memoria peligrosa y transgresora de tantas mujeres que han hecho vida la utopía del Evangelio cierra el libro con la oración que rezamos en la Revuelta de Mujeres en la Iglesia, el 1 de Marzo 2020, en la manifestación en la explanada de la catedral de la Almudena, en Madrid.
Africa de la Cruz

La vida como centro: la civilización de la postpandemia

Leonardo Boff
Según la comprensión de los grandes cosmólogos que estudian el proceso de la cosmogénesis y de la biogénesis, la culminación de ese proceso no se realiza en el ser humano. La gran emergencia es la vida en su inmensa diversidad y aquello que le pertenece esencialmente, que es el cuidado. Sin el cuidado necesario ninguna forma de vida subsistirá (cf. Boff, L., El cuidado necesario, 2012).
Es imperioso enfatizar: la culminación del proceso cosmogénico no se da en el antropocentrismo, como si el ser humano fuese el centro de todo; los demás seres sólo tendrían significado cuando estuvieran ordenados a él o a su uso y disfrute. El mayor evento de la evolución es la irrupción de la vida en todas sus formas, también en la forma humana consciente y libre.
El conocido cosmólogo californiano Brian Swimme, junto con el antropólogo de culturas y teólogo Thomas Berry, afirma en su libro The Universe Story (1999): «Somos incapaces de liberarnos de la convicción de que, como seres humanos, somos la gloria y la corona de la comunidad terrestre y de darnos cuenta de que somos el componente más destructivo y peligroso de esa comunidad». Este hallazgo apunta a la actual crisis ecológica generalizada que afecta a todo el planeta, la Tierra.
Los biólogos (Maturana, Wilson, de Duve, Capra, Prigogine) describen las condiciones en las que surgió la vida, a partir de un alto grado de complejidad y cuando esta complejidad se encontraba fuera de su equilibrio, en situación de caos. Pero el caos no es sólo caótico. También es generativo. Oculta dentro de sí mismo nuevos órdenes en gestación y varias otras complejidades, entre ellas la vida humana.
Los científicos evitan definir lo que es la vida. Constatan que representa la emergencia más sorprendente y misteriosa de todo el proceso cosmogénico. Tratar de definir la vida, reconoció Max Plank, es tratar de definirnos a nosotros mismos, una realidad que en último término no sabemos definitivamente qué es ni quién somos.
Lo que sí podemos afirmar es que la vida humana es un subcapítulo del capítulo de la vida. Vale la pena enfatizar que la centralidad pertenece a la vida. A ella se ordena la infraestructura físico-química y ecológica de la evolución que ha permitido la inmensa diversidad de vidas y dentro de ellas, la vida humana, consciente, hablante y cuidadora.
Además, sólo el 5% de la vida es visible, el 95% restante es invisible, constituyendo el universo de microorganismos (bacterias, hongos y virus) que operan en el suelo y el subsuelo, asegurando las condiciones de emergencia y mantenimiento de la fertilidad y la vitalidad de la Madre Tierra.
Se intenta entender la vida como la autoorganización de la materia en un altísimo grado de interacción con el universo, con la inconmensurable red de relaciones de todos con todos y con todo lo demás que está surgiendo en cada parte del universo.
Los cosmólogos y biólogos sostienen que la vida aparece como la expresión suprema de la “Fuente Original de todo ser” o “De aquel Ser que hace ser a todos los seres”, que para la teología representa tal vez la metáfora más apropiada de Dios. Dios es todo esto y mucho más. Es un misterio en su esencia y también es un misterio para nosotros. La vida no viene de afuera, sino del centro del proceso cosmogénico al alcanzar un altísimo grado de complejidad.
El Premio Nobel de Biología, Christian de Duve, llega a afirmar que en cualquier lugar del universo cuando se produce tal nivel de complejidad, la vida surge como un imperativo cósmico (Polvo vital: la vida como imperativo cósmico, 1997). En este sentido, el universo estaría lleno de vida no sólo en la Tierra.
La vida muestra una unidad sagrada en la diversidad de sus manifestaciones, ya que todos los seres vivos son portadores del mismo código genético de base que son los 20 aminoácidos y las cuatro bases nitrogenadas, lo que nos hace a todos parientes y hermanos unos de otros, como se afirma en la Carta de la Tierra y em la encíclica Laudato Si del Papa Francisco. Cada ser tiene un valor en sí mismo.
Cuidar la vida, hacer expandir la vida, entrar en comunión y sinergia con toda la cadena de vida, celebrar la vida y acoger, agradecidos, a la Fuente originaria de toda la vida es la misión singular y específica y el sentido del vivir de los seres humanos sobre la Tierra. No es el chimpanzé, nuestro primate más cercano, ni el caballo o el colibrí quienes cumplen esta misión consciente, sino el ser humano. Esto no le hace el centro de todo. Él es la expresión de la vida, dotada de conciencia, capaz de captar el todo, sin dejar de sentirse parte de él. Él sigue siendo Tierra (Laudato Si, n.2), no fuera o encima de los otros sino en medio de todos y junto con todos como hermano y hermana dentro de la gran comunidad de vida. Así prefiere llamar al “medio ambiente” la Carta de la Tierra.
Esta, la Tierra, viene entendida como Gaia, superorganismo vivo que sistémicamente organiza todos los elementos y factores para seguir reproduciéndose como viva y generar la inmensa diversidad de vidas. Los humanos emergimos como la porción de Gaia que en el momento más avanzado de su evolución/complejidad comenzó a sentir, pensar, amar, hablar y a adorar. Entonces, cuando el 99,99% estaba ya listo, irrumpió en el proceso evolutivo el ser humano, hombre y mujer. En otras palabras, la Tierra no necesitaba al ser humano para gestar la inmensa biodiversidad. Al contrario, fue ella quien lo generó como expresión mayor de sí misma.
La centralidad de la vida implica una biocivilización que, a su vez, implica concretamente asegurar los medios de vida para todos los organismos vivos y, en el caso de los seres humanos: alimentación, salud, trabajo, vivienda, seguridad, educación y ocio. Si estandarizásemos para toda la humanidad los avances de la tecnociencia ya alcanzados, tendríamos los medios para que todos disfrutasen de servicios de calidad a los que hoy en día sólo tienen acceso los sectores privilegiados y opulentos.
En la modernidad, el saber fue entendido como poder (Francis Bacon) al servicio de la dominación de todos los demás seres, incluidos los humanos, y de la acumulación de bienes materiales por individuos o grupos con exclusión de sus semejantes, gestionando así un mundo de desigualdades, injusto e inhumano.
Postulamos un poder al servicio de la vida y de los cambios necesarios y exigidos por la vida. ¿Por qué no hacer una moratoria de investigación y de invención en favor de la democratización de los conocimientos e inventos ya acumulados por la civilización para beneficiar a todos los seres humanos, empezando por los millones y millones de destituidos de la humanidad? Son muchos los que sugieren esta medida para que sea asumida por todos. entre nosotros propuesta por el economista-ecologista Ladislau Dowbor.
Mientras esto no ocurra, viviremos en tiempos de gran barbarie y de sacrificio del sistema-vida, tanto en la naturaleza como en la sociedad humana mundial.
Este es el gran desafío para el siglo XXI, construir una civilización cuyo centro sea la vida. La economía y la política, al servicio de la vida en toda su diversidad. O bien optamos por este camino o podemos autodestruirnos, pues ya hemos construido los medios para hacerlo, o podemos empezar por fin a crear una sociedad verdaderamente justa y fraternal junto con toda la comunidad de vida, conscientes de nuestro lugar en medio de los demás seres y de la misión singular de cuidar y guardar la herencia sagrada recibida del universo o de Dios (Gn 2,15).
ADENDA
El año cósmico, el universo, la Tierra y el ser humano
Intentemos imaginar que los 13,7 mil millones de años, edad del universo, sean un único año (según Carl Sagan). Veremos como a lo largo de los meses de ese año imaginario han ido surgiendo todos los seres hasta llegar a los últimos segundos del último minuto del último día del año. ¿Qué lugar ocupamos?
El primero de enero sucedió la Gran Explosión.
El primero de marzo surgieron las estrellas rojas.
El 8 de mayo, la Vía Láctea.
El 9 de septiembre, el Sol.
El 1 de octubre, la Tierra.
El 29 de octubre, la vida.
El 21 de diciembre, los peces.
El 28 de diciembre a las 8.00 horas, los mamíferos.
El 28 de diciembre a las 18,00 horas, los pájaros.
El 31 de diciembre a las 17.00 horas nacieron los antepasados pre-humanos.
El 31 de diciembre a las 22.00 horas entra en escena el ser humano primitivo, antropoide.
El 31 de diciembre a las 23 horas, 58 minutos y 10 segundos surgió el homo sapiens sapiens.
El 31 de diciembre a las 23 horas, 59 minutos y 56 segundos nació Jesucristo.
El 31 de diciembre a las 23 horas, 59 minutos y 59 segundos Cabral llegó a Brasil.
El 31 de diciembre a las 23 horas, 59 minutos y 59,54 segundos, la Independencia de Brasil.
El 31 de diciembre a las 23 horas, 59 minutos y 59,59 segundos nacimos nosotros.
Somos casi nada. Pero por ínfimos que seamos a través de nosotros, de nuestros ojos, oídos, inteligencia, la Tierra contempla la grandeur del universo, sus hermanos y hermanas cósmicos. Para eso durante todo el proceso de la evolución todos los elementos se articularon de tal forma que la vida pudiese surgir y nosotros pudiésemos estar aquí y hablar de todo esto. Si hubiese habido alguna pequeña modificación las estrellas no se habrían formado o, formadas, no habrían explotado y así no habría nacido el Sol, ni la Tierra ni los 20 aminoácidos ni las cuatro bases nitrogenadas, y nosotros no estaríamos aquí escribiendo sobre estas cosas.
Por esta razón el conocido físico inglés Freeman Dyson afirma: «Cuanto más examino el universo y estudio los detalles de su arquitectura, tantas más evidencias encuentro de que el universo de alguna manera debía saber que estábamos en camino» (1979).

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y escritor y ha escrito Covid-19: la Madre Tierra contraataca a la humanidad, Vozes 2020.

La revolución del cuidado

El Papa propone la “revolución del cuidado” y denuncia que los ‘cuidadores’ a menudo “no reciben ni el reconocimiento ni la remuneración que merecen”

«El cuidado es una regla de oro de nuestra humanidad y trae consigo salud y esperanza»

«Leo en los periódicos que dos glaciares están a punto de caer. Será terrible. El nivel del mar crecerá y planteará mucho mal»

«Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente y cuidar a los más débiles, a los enfermos y a los ancianos»

«El cuidado es una regla de oro de nuestra humanidad y trae consigo salud y esperanza»

«Abusar de los ecosistemas es un grave pecado que daña y enferma»

«No podemos esperar seguir creciendo a nivel material, sin cuidar la casa común que nos acoge»

«Nuestros hermanos y hermanas más pobres y nuestra madre tierra gimen por el daño y la injusticia que hemos causado y reclaman otro rumbo»

«El contemplativo en acción tiende a convertirse en custodio del medio ambiente, tratando de conjugar los conocimientos ancestrales de las culturas milenarias con los nuevos conocimientos técnicos, para que nuestro estilo de vida sea sostenible»

«Contemplar y cuidar: ambas actitudes muestran el camino para corregir y reequilibrar nuestra relación como seres humanos con la creación»

16.09.2020 José Manuel Vidal

El Papa Francisco prosigue, en el marco del patio de San Dámaso, sus catequesis sobre la pandemia y sus consecuencias, deteniéndose hoy en lo que denominó “la revolución del cuidado”. A su juicio, para salir de la pandemia hay que implementar el cuidado y la contemplación. Por eso, invitó a cumplir “esta regla de oro”, que aporta “salud y esperanza” y denunció la situación de los ‘ciudadores’ que, a menudo, “no reciben ni el reconocimiento ni la remuneración que merecen”. Y también recordó los atentados contra la casa común, como el de «los dos glaciares que están a punto de caer» y se unió al dolor por el asesinato del sacerdote Roberto Malgesini, a manos de uno de los necesitados que cuidaba. Seguir leyendo

«Samaritanus bonus», El cuidado al final de la vida

 

José Carlos Bermejo: «La miseria más grande es la falta de esperanza ante la muerte»

José Carlos Bermejo, en RD

«Cuidar es siempre posible particularmente al final de la vida, que es un tiempo de relaciones en el que promover la esperanza como mirada sobre el presente, que lo llena de significado»

El provincial de los Camilos y responsable del Centro de Humanización de la Salud analiza para RD ‘Samaritanus Bonus’

22.09.2020 José Carlos Bermejo

Presidido por el cardenal prefecto, Luis Francisco Ladaria, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha promulgado el documento Samaritanus Bonus, el 22 de septiembre de 2020. El documento recoge el magisterio de la Iglesia sobre el cuidado al final de la vida, promoviendo particularmente los cuidados paliativos y reforzando la necesidad de formación tanto de profesionales como de agentes de pastoral para acompañar de manera humanizada.

Insiste el texto en una formación específica sobre cuidados paliativos y sobre las claves del acompañamiento: la empatía, la compasión, el consuelo. Desde estas actitudes se podrá promover la vida en medio del sufrimiento, sabiendo que la respuesta cristiana al misterio del sufrimiento no es una explicación, sino una Presencia.

Se pretende, en este documento, recordar el magisterio sobre la eutanasia y el suicidio asistido, como contrarios a la enseñanza de la Iglesia, constituyendo estos un fracaso para quienes los teorizan, los deciden y los practican.

Un texto continuista

Samaritanus Bonus recoge los planteamientos de los documentos anteriores y les da continuidad, promoviendo el enfoque paliativo, la necesaria limitación del esfuerzo terapéutico para evitar el ensañamiento, aclarando de nuevo la cuestión de la hidratación y nutrición como cuidados, con sus excepciones; así como la correcta sedación paliativa que pudiera adelantar involuntariamente la muerte.

Se reclama una creciente capacidad de discernimiento moral para evitar un uso desproporcionado y deshumanizante de las tecnologías. Cuidar es siempre posible –se afirma- particularmente al final de la vida, que es un tiempo de relaciones en el que promover la esperanza como mirada sobre el presente, que lo llena de significado.

El documento insiste en que la vida humana es un bien altísimo y la sociedad está llamada a reconocerlo. La vida es siempre un bien, porque es condición del disfrute de todos los demás. Se promueve, ante todo, el enfoque paliativo, extensivo a la pediatría.

Compasión y muerte

Para quienes argumentan defendiendo la autonomía de las personas, el documento afirma que “suprimir un en enfermo que pide la eutanasia no significa en absoluto reconocer su autonomía y apreciarla, sino al contrario significa desconocer el valor de su libertad, fuertemente condicionada por la enfermedad y el dolor”. El error de quien argumenta a favor de la eutanasia es situarse en una perspectiva antropológica utilitarista y considerar la muerte digna como aquella que arroja un nivel aceptable de calidad, según las funciones psíquicas o físicas logradas. La compasión humana no consiste, ni puede consistir, en provocar intencionalmente la muerte.

El documento entra en algunos detalles sobre la objeción de conciencia individual e institucional de los católicos, así como en algunas implicaciones de una pastoral que ha de apuntar en una genuina compasión ante el sufrimiento humano. La miseria más grande, concluye, es la falta de esperanza ante la muerte.

Un texto en línea con el magisterio de las últimas décadas, que refuerza la contrariedad católica a toda ley pro-eutanasia.

 

Una cultura del cuidado

Arturo Sosa, General de los jesuitas: “Hay que construir una cultura del cuidado”

Arturo Sosa, General de los jesuitas

  • “El cuidado requiere ‘procesos de apertura’ de la mente y de conversión para liberarnos del clericalismo, el paternalismo, el individualismo y el autoritarismo, que se encuentran en tantos contextos hoy en día”

«La misión es más grande que la Compañía, más grande que la Iglesia. No podemos reducirla»

«Las estructuras injustas de nuestro mundo han incapaces de poner a los seres humanos y al Bien Común en el centro de las decisiones políticas locales, nacionales o globales” Arturo Sosa

“El abandono de la naturaleza quedó al descubierto durante la pandemia de COVID-19. Seguir descuidándola es la mayor de las irresponsabilidades»

02.05.2020 | Jesuitas

(Curia general de los jesuitas).- La pandemia ha acelerado la transformación de la vida humana, poniendo de relieve la importancia del cuidado en muchas dimensiones de la vida y al mismo tiempo el abandono acumulado durante décadas en las relaciones entre los seres humanos, con la naturaleza, con Dios. Dar lo mejor de uno mismo en este momento es, por discernimiento y Preferencias Apostólicas Universales, cuidar de la vida espiritual de uno, de la vida de los desposeídos, aumentada exponencialmente, de los jóvenes, de la creación. Esto es lo que subrayó el Padre Arturo Sosa SJ en la apertura del seminario por Internet, celebrado el 1 de mayo en inglés (y la víspera en español) en referencia a la carta sobre «atención apostólica y cura personalis» enviada a toda la Sociedad el 25 de marzo.

“Cuidar la vida de los desposeídos adquiere un profundo significado, aumentando exponencialmente en esta pandemia como consecuencia de las injustas estructuras de nuestro mundo, incapaces de poner a los seres humanos y al Bien Común en el centro de las decisiones políticas locales, nacionales o globales”, dijo.

Y añadió: “El abandono de la naturaleza quedó al descubierto durante la pandemia de COVID-19. Seguir descuidándola es la mayor de las irresponsabilidades de una humanidad que se ha enfrentado a su fragilidad y ha recibido una lección estruendosa sobre la necesidad y la posibilidad de reaccionar como la única humanidad que somos sin distinción de cultura, edad o religión”. Seguir leyendo

Un nuevo modo sostenible de vivir

Post-Covid 19: un modo sostenible de vida bajo el reino del cuidado (III)

Leonardo Boff

Completemos el comentario del sugerente texto de la Carta de la Tierra que afirma que tenemos que buscar un nuevo comienzo para forjar un modo sostenible de vivir en el planeta Tierra.
Para eso “se requiere un nuevo sentido de interdependencia global”. La relación de todos con todos y por lo tanto la interdependencia global representa una constante cosmológica. Todo en el universo es relación. Nada ni nadie está fuera de la relación. Es también un axioma de la física cuántica según el cual todos los seres están inter-retro-relacionados.

Nosotros mismos, los seres humanos, somos un rizoma (bulbo de raíces) de relaciones dirigidas en todas las direcciones. Esto implica entender que todos los problemas ecológicos, económicos, políticos y espirituales tienen que ver unos con otros.Solo salvaremos la vida si nos alineamos con esta lógica universal que es la lógica del universo y de la naturaleza. Seguir leyendo