La Constitución Apostólica Predicate Evangelium

Cardenal Parolin: «Los dicasterios romanos están al servicio del Papa y de los obispos»

Cardenal Parolin, en la Jornada sobre la Praedicate
Cardenal Parolin, en la Jornada sobre la Praedicate

Síntesis de la introducción del cardenal Pietro Parolin en el ámbito de la presentación de la nueva ley que se promulgó el pasado 19 de marzo sobre la Curia Romana y su servicio a la Iglesia y al mundo.

“Será la doctrina de los canonistas y teólogos la que deberá valorar los diversos aspectos que surjan de la redacción del documento, y será también la práctica la que los confirme o sugiera nuevas correcciones”, dijo

“La Constitución Apostólica ‘Praedicate Evangelium’ es el instrumento que pretende armonizar los cambios en la Curia Romana que ya se han puesto en marcha y han sido operativos durante el presente pontificado”

“Así como el papel de Pedro está al servicio de la misión de todo el episcopado, la tarea de la Curia romana, que es su instrumento, estará necesariamente al servicio del Colegio episcopal y del ministerio de cada uno de los obispos”

17.05.2022 | Vatican News

(Vatican News).- En el aula magna de la Pontificia Universidad lateranense se celebra este 17 de mayo una Jornada de estudio sobre la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium que se promulgó el pasado 19 de marzo sobre la Curia Romana y su servicio a la Iglesia y al mundo. Tras el saludo del profesor Matteo Nacci, presidente del Institutum Utriusque Iuris – quien ilustró algunas notas históricas de la Curia Romana – introdujo los trabajos el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de Su Santidad.

En su amplia disertación, el secretario de Estado comenzó recordando que con la publicación de la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium  se ha realizado uno de los principales objetivos que, desde el inicio de pontificado, se había propuesto el Papa Francisco quien, en diversas ocasiones señaló que con la reforma de la Curia Romana deseaba llevar a buen puerto una de las peticiones recurrentes de los cardenales durante las Congregaciones previas al Cónclave de 2013 que lo eligió para la Sede de Roma.

En efecto, en varias ocasiones, como audiencias y diversos encuentros, aunque oficialmente desde el 13 de abril de 2013, el Santo Padre había expresado su deseo de constituir un «Consejo de Cardenales» específico con la tarea de ayudarlo en el gobierno de la Iglesia y «estudiar un proyecto de revisión de la Constitución Apostólica Pastor Bonus sobre la Curia Romana”. Obra que se ha ido realizando gradualmente a lo largo de estos años.

Completar el marco general de la reforma

Al explicar que la reforma prevista se ha aplicado progresivamente a lo largo de estos años, con la creación de nuevos organismos y con los inevitables ajustes posteriores, en instituciones «en rodaje» totalmente nuevas y llamadas a trabajar juntas, ahora, dijo el cardenal Parolin:

“La Praedicate Evangelium pretende sacar conclusiones de las experiencias y ajustes de los últimos años, implementando nuevos pasos, por otra parte, ya anunciados por el propio Pontífice, para completar el marco general de la deseada reforma”

De la Pastor Bonus a la Praedicate Evangelium

De este modo se repite la experiencia que se tuvo en tiempos de San Juan Pablo II: “Así como la Constitución Apostólica Pastor Bonus dio unidad de conjunto, en 1988, a los cambios realizados en la Curia desde 1979, ahora la Praedicate Evangelium recoge todas aquellas novedades realizadas hasta ahora por el Papa Francisco, siguiendo criterios que han sido explicitados por el mismo Papa en los últimos años”.

Principios inspiradores de la nueva Constitución Apostólica

Refiriéndose a los principios inspiradores de la nueva Constitución Apostólica el cardenal Parolin ilustró la perspectiva de continuidad con la norma anterior e hizo referencia a las cuestiones que conciernen más directamente a la Secretaría de Estado.

Principios para el servicio de la Curia Romana

En este punto de su intervención el secretario de Estado se refirió a los «principios y criterios para el servicio de la Curia Romana» de esta ley en la que se enuncian doce reglas de buena administración, que “sin duda tienen un valor general en la Iglesia”. También dijo que estas reglas “se presentan como factores que guiaron la reforma organizativa de las instituciones de la Curia, pero son sobre todo criterios orientadores que deben guiar y renovar toda su actividad de forma relevante. De hecho, apuntan a una renovación de la gestión indicando los procedimientos de aplicación”.

Instrumento al servicio del Colegio episcopal

Teniendo en cuenta que “esto representa un punto fijo”, el cardenal Parolin reafirmó que “la Curia está al servicio de quien es principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de los obispos». Y dijo que su actividad está necesariamente al servicio de la misión de los obispos:

“Así como el papel de Pedro está al servicio de la misión de todo el episcopado, la tarea de la Curia romana, que es su instrumento, estará necesariamente al servicio del Colegio episcopal y del ministerio de cada uno de los obispos”

Se trata – explicó – de “un elemento fundamental que el Santo Padre ha subrayado desde el inicio de su pontificado, y representa una característica central de la nueva ley. Es decir, la institución y la actividad de la Curia Romana no pueden concebirse sólo como funcionales al ejercicio del poder primigenio en sentido estricto, ya que tal tarea debe incluirse en la dinámica colegial del gobierno pastoral de la Iglesia”.

Praedicate Evangelium
Praedicate Evangelium

Mecanismos de ayuda

El secretario de Estado recordó asimismo que en una entrevista publicada en La Civiltà Cattolica en septiembre de 2013, respondiendo a una pregunta sobre el papel de los dicasterios romanos, el Santo Padre afirmó claramente que «los dicasterios romanos están al servicio del Papa y de los obispos: deben ayudar tanto a las Iglesias particulares como a las Conferencias Episcopales. Son mecanismos de ayuda».

De manera que “toda la ley trata ahora de declinar concretamente este compromiso, indicando en cada caso y con referencia a las competencias de los respectivos órganos de la Curia cómo alcanzar este ambicioso objetivo de gobierno en comunión. De forma intencionadamente reiterada, en relación con los asuntos encomendados a los distintos dicasterios, se apela al diálogo permanente que debe darse entre las instituciones curiales, los obispos y las Conferencias Episcopales”.

Coordinación requerida

El cardenal Parolin se refirió al esfuerzo de coordinación requerido, a las diversas instituciones curiales y a la reducción del número de los dicasterios mediante la fusión de entidades autónomas precedentes que eran semejantes o complementarias. También abordó el tema de la colaboración entre los dicasterios que fe basa en la tradicional “paridad jurídica” y en la asignación de las respectivas competencias, explicando algunas modalidades.

Otro de los puntos importantes que trató el secretario de Estado es el relativo al ajuste de las “actitudes personales” entre los «principios y criterios para el servicio de la Curia Romana» que propone la Sección Segunda de la nueva ley, y que se refiere a las personas.

“En muchas ocasiones, a medida que avanzaba el proceso de reformas organizativas de la Curia, el Papa Francisco manifestó la importancia primordial que tiene la renovación de las personas sobre la puramente organizativa e institucional”

Reforma efectiva si se aplica con hombres «renovados”

De hecho – recordó el purpurado – en diciembre de 2016, en su felicitación navideña, advirtió que «la reforma será efectiva única y exclusivamente si se aplica con hombres «renovados» y no simplemente con hombres «nuevos». No basta con contentarse con el cambio de personal», continuó el Papa, «sino que es necesario llevar a los miembros de la Curia a renovarse espiritual, humana y profesionalmente. La reforma de la Curia no se hace de ninguna manera – concluyó – con el cambio de personas, sino con la conversión en personas”.

Iglesia laical
Iglesia laical

“Sin un cambio de mentalidad, el esfuerzo funcional sería en vano”

Asimismo, se detuvo en los argumentos referentes lo indispensable que resulta para el buen funcionamiento de la Curia Romana que el personal que trabaja en ella esté cualificado y tenga la profesionalidad y competencia necesarias. “Aunque son cualidades que se perfeccionan con el tiempo, deben estar presentes desde el principio. Por esta razón, dijo, “varias disposiciones de la nueva Constitución se hacen eco de la necesidad de fomentar el crecimiento personal y profesional del personal previendo su formación continua”.

“Sin embargo, lo que se necesita sobre todo para una auténtica adaptación de las personas a las necesidades cambiantes de la Curia Romana se refiere al nivel espiritual”

Comunicaciones oficiales de la Santa Sede

Por último, el cardenal Parolin subrayó, como novedad, la nueva relación establecida desde hace algunos años con respecto a las comunicaciones oficiales de la Santa Sede. Y destacó la reorganización del Dicasterio para la Comunicación que, junto con varias instituciones tradicionalmente vinculadas a la Secretaría de Estado, como L’Osservatore Romano, Radio Vaticano, etc., y la incorporación de la Oficina de Prensa, a través de la cual se hacen públicas las comunicaciones oficiales relativas a los actos del Sumo Pontífice y a las actividades de la Santa Sede.

De la nueva disciplina de la Praedicate Evangelium, añadió que prevé además que la publicación de los documentos de la Santa Sede a través del Boletín oficial Acta Apostolicae Sedis queda reservada a la Sección para los Asuntos Generales; mientras, esta Sección se sirve del Dicasterio para la Comunicación en lo que respecta a las comunicaciones oficiales relativas tanto a los actos del Papa como a la actividad de la Santa Sede, previendo en este ámbito precisas «indicaciones» que el Dicasterio debe ejecutar.

Bandera del Vaticano
Bandera del Vaticano

Y al concluir su presentación en que ofreció una consideración global, tratando de destacar las principales novedades del texto promulgado, el cardenal Parolin dijo que será la doctrina de los canonistas y teólogos la que deberá valorar los diversos aspectos que surjan de la redacción del documento, y será también la práctica la que los confirme o sugiera nuevas correcciones, que, por otra parte, sólo pueden ser continuas en la organización de la Curia Romana, según el constante cambio de la sociedad eclesial, y la necesidad de que estas normas se adapten a ella.

«Curia romana, todo el pueblo de Dios»

Anunciad el evangelio (III):  Una iglesia post-jerárquica, post-colonial y post-capitalista

El Papa y la Curia romana
El Papa y la Curia romana

En la línea de las dos «postales» anteriores sigo tratando de la “Constitución apostólica”  «Praedicate Evangelium» que establece (instituye) la identidad y tarea de la Curia de Roma al servicio de la iglesia

Esta Constitución no se dirige sólo a los miembros de la Curia Romana, sino a todos los cristianos, insistiendo en en el evangelio como buena noticia de Dios, revelada (encarnada) por Cristo en el mundo. Como toda institución, la Curia Romana ha tendido a “cerrarse” al servicio de sus intereses, como he puesto de relieve en las dos  postales anteriores. Para superar ese “cierre”, Francisco sigue empeñado en un  Iglesia en Salida

            Desde ese fondo ofreceré una reflexión en tres momentos. (a) Curia romana, todo el pueblo de Dios. (b) Una  una iglesia post-jerárquica, post-colonial y post-capitalista. (c) Unas anotaciones para el camino

«El organigrama jerárquico de la iglesia actual es más propio de un sistema burocrático sacral y estamental que de una comunión de seguidores de Jesús. Sólo así se entiende el hecho de que ordene ministros en sí (presbíteros sin comunidad, obispos sin iglesia),  como expresión de honor y cambio de estado (elevación estamental)» 

Por | Xabier Pikaza teólogo

(A) CURIA ROMANA E IGLESIA: DOS LINEAS, UN  CAMINO

Como he dicho, las instituciones eclesiásticas tienden a cerrarse y tomarse como fin en sí mismas; surgen para realizar unos servicios, pero corren el riesgo. Empiezan para servicio del evangelio, pero terminan sirviéndose a sí mismas. En contra de eso, en esta Constitución (Praedicate Evangelio) el Papa Francisco es que la Curia esté al servicio del evangelio. Es un tema y tarea difícil, pues como he puesto de relieve en las “postales” anteriores, la Curia Roma ha seguido aumentando poderes, incluso a pesar (y en contra) del NT y del Vaticano II.             

A diferencia de algunos que quisieran que el mismo Vaticano renunciara a sus “poderes” y se disolviera, tras 500 años (o 1000) años de “servicio”, el Papa Francisco  quiere que el cambio se realice en dos planos complementarios: (a) Por una transformación oficial del Vaticano. (b) Y por un cambio o reforma radical del conjunto de la iglesia.

 ¿Camino de transformación oficial?.

El Vaticano ha mantenido una actitud tradicional de poder: insiste en el sistema y actúa como «estado religioso unificado», hacia dentro y hacia fuera, con “nuncios” ante todas las naciones, nombramiento directo de obispos, con una formación presbiteral en seminarios “superiores”, con un celibato de poder, exclusión de mujeres etc.  La iglesia de este Vaticano es una sociedad jerárquica, colonial y “capitalista” (con un capital que no es simplemente económico, sino de primacía de poder y “verdad” (una infalibilidad extendida).

La despedida de Benedicto XVI

Mirando las cosas de un modo quizá parcial, este modelo se encuentra a mi entender ya seco, y así me atrevo a confesarlo después de trabajar durante casi treinta años a su servicio, de un modo muy intenso, como profesor de un “seminario” y facultad de teología, en la formación de estudiantes para el presbiterado, es decir, para la “jerarquía, el colonialismo eclesial y la “capitalización múltiple” de la iglesia.

Tras 30 años de trabajo muy intenso sentí que ese modelo estaba ya acabado (al menos en occidente), por el anquilosamiento de la doctrina, la escasez (y problematicidad) de las vocaciones “jerárquicas, desligadas de sus comunidades, separadas de la vida y crecimiento real de los cristianos.

Tuve la certeza de que vocaciones ministeriales han de surgir y cultivarse desde el interior de las comunidades cristianas, que son semillero (seminario) para aquellos que sean encargados de realizar tareas de evangelio varones o mujeres, célibes o casados, sin desligarse de su entorno y su trabajo humano, tras un tiempo de maduración y prueba, reasumiendo de forma no patriarcal la inspiración de las Cartas Pastorales de Pablo.

Tuve la certeza de que el verdadero cambio tiene que venir del mismo evangelio, vivido y actualizado en las comunidades cristianas. El primer cambio no puede venir de “arriba” (de un tipo de Roma Curial),  sino de la “palabra vivida”, esto es, de la buena nueva del evangelio.

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La forma actual de preparar ministros en general y para todo (para celebración y enseñanza, dirección comunitaria y servicios sociales…), elevándoles de nivel al “ordenarles” (=organizarles)  de presbíteros (y más aún de obispos), sin referencia a una comunidad concreta en la que puedan compartir la fe, me pareció en principio carente de sentido y contraria no sólo al evangelio, sino al mismo Concilio Vaticano y a las necesidades de la Iglesia.

¿Un camino extra-oficial, es decir extra-vaticano?

Hay comunidades que empiezan a reunirse y vivir el Evangelio por sí mismas, sin un presbítero oficial, suscitando desde abajo sus propios ministerios de celebración y plegaria, servicio social y amor mutuo etc, como al principio de la iglesia. Son comunidades que han comenzado a compartir la Palabra y celebrar el Perdón y la Cena de Señor sin contar con un ministro ordenado al estilo tradicional, pero sin haber roto por ello con la iglesia católica, sino todo lo contrario, sabiéndose iglesia.

Estos «ministros» pueden recibir nombres distintos: a veces se les llaman colaboradores, otra son auxiliares o párrocos seglares, otras asistentes pastorales… Lo del nombre es lo de menos. Más importante es el hecho de que algunos están “reconocidos” y realizan funciones oficiales: todo lo del presbítero menos «consagrar» y «absolver» de manera solemne. Otros no necesitan (o no piden) ese “reconocimiento, de forma que empiezan a ser cristianos “católicos” extra moenia ecclesiae (fuera de los muros de la iglesia, pero no fuera de la iglesia, que no debía tener ese tipo de muros).

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 Las comunidades que actúan de esta forma carecen de visibilidad oficial (no tienen comunión ministerial externa), pero pueden estar en Comunión real con el conjunto de la iglesia. Ellas son, por ahora,  pequeñas y frágiles, pero estoy convencido de que van a multiplicarse, eligiendo sus ministros (varones o mujeres), para un tiempo o para siempre, conforme a la palabra de Mc 9, 39 no se lo impidáis. Desde el momento en que el sistema sacral pierde fuerza, ellas pueden elevarse, creando una comunión o federación de iglesias,  como al principio del cristianismo.

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Teológicamente hablando, estas comunidades no integradas (por ahora) en el orden oficial de la Gran Iglesia no plantean dificultades. Así nacieron al principio las iglesias del NT, así  eligieron sus ministros, así se federaron formando unidades mayores. Por ahora, la Gran Iglesia no admite ese modelo, pero lo hará pronto, no sólo por la fuerza de los hechos sino, por la misma evolución de sus ministerios oficiales, que irán perdiendo sacralidad sacerdotal (carácter jerárquico) para convertirse en servicios comunitarios de carácter flexible, desde el interior de las mismas comunidades. De esa forma se irá acercando la iniciativa del pueblo cristiano y la tradición de las grandes iglesias, en un camino de re-forma cristiana que nadie puede asegurar o fijar de antemano.

El organigrama jerárquico de la iglesia actual es más propio de un sistema burocrático sacral y estamental que de una comunión de seguidores de Jesús. Sólo así se entiende el hecho de que ordene ministros en sí (presbíteros sin comunidad, obispos sin iglesia),  como expresión de honor y cambio de estado (elevación estamental). Muchos de esos ministros absolutos (sin comunidad o iglesia), mantienen un carácter difícil de precisar y muchos piensan (pensamos) que hay que volver volvamos a los primeros tiempos de la iglesia, que en el siglo V (Concilio de Calcedonia, año 451) prohibía la ordenación en sí, sin referencia a una iglesia. Un ministro cristiano que pierde o abandona su comunidad o tarea ministerial dentro de una comunidad o iglesia ipso facto deja de ser ministro, sin necesidad de dispensa o «reducción al estado laical» (que es una terminología no cristiana).

(B) HACIA UNA IGLESIA POST-JERÁRQUICA, POST-COLONIAL Y POST-CAPITALISTA.

            Partiendo de lo anterior,   quiero destacar tres rasgos significativos de la nueva Iglesia que llamaré post‒colonial, post‒capitalista y post‒religiosa.   

1.Iglesia no jerárquica, Hermanos y amigos 

‒ Tema de fondo. A lo largo del segundo milenio, desde la Reforma Gregoriana, la Iglesia se ha encontrado dominada por un tipo de estructura “colonial” de poder sagrado, impuesto (administrado) por papas, obispos y presbíteros. Los hombres parecían sometidos a Dios, los cristianos eran súbditos de una Iglesia poderosa que les liberaba del pecado y les ofrecia indulgencias y tesoros de gracia. Pues bien, los nuevos cristianos descubren, con el evangelio, que ellos no son súbditos de Dios, ni “dependientes” de una Iglesia, que se ocupa de ellos para salvarles desde arriba, sino que han sido y son liberados por el mismo Dios de Cristo para la libertad (cf. Gal 5, 1‒15). Este descubrimiento de la libertad para el amor abre un camino que aún no ha culminado (2022). 

2. Iglesia no colonial.

En la línea anterior En esa línea debemos superar toda apariencia de colonización, de superioridad del clero sobre los “simples” fieles, de los hombres sobre las mujeres etc. Eso implica un ordenamiento distinto de Iglesia, sin poder jerárquico, ni imposición patriarcal, en igualdad real de varones y mujeres, como testimonio e impulso universal de comunión de fe (confianza mutua) y de vida (afecto, economía), tal como lo propuso el evangelio de Mateo (cf. Mt 18, 15‒20 y 23, 8‒13).

No se trata pues sólo de superar un tipo de jerarquía clerical o de que las mujeres accedan a los ministerios de la comunidad, sino de crear comunidades liberadas en fe y gratuidad, desde los excluidos del sistema de poder, compartiendo la vida como experiencia de amistad (cf. Jn 15, 15), en un camino de resurrección (vivimos en Dios viviendo en los otros, por Cristo). Se trata de ser‒crear comunidades para el amor gratuito, cercano, intenso, generoso, en la línea de Cristo, en comunión de amor con todas las comunidades del mundo, en red misionera de anuncia y principio del Reino.

3. Iglesia no capitalista

El colonialismo clásico (de estados)  parece haber terminado, pero corremos el riesgo de caer en un tipo de colonialismo aún más peligroso, de tipo económico. 

El marxismo del siglo XX quiso oponerse a ese modelo creando un movimiento de “comunismo” que en su forma externa ha fracasado, por razones económica, militaristas e ideológicas.  En esa línea, el fin de las dictaduras soviéticas europeas (1989/1990), pero no ha resuelto los problemas del mundo,  con millones de nuevos hambrientos y con el éxodo de parte de sus poblaciones empobrecidas, ante la nueva situación de los mercados. 

1. En ese fondo se sitúa el reto quizá más intenso de la Iglesia nuestro tiempo (2022): el surgimiento de una humanidad redimida para el amor, que no esté ya dominada por una igleia entendida como poder religioso, stado, ni por un capitalismo del Mercado, sino abierta a la comunión universal y concreta de la vida, en línea de evangelio, no en forma general (de inmensos grupos), sino en formas y caminos de comunicación directa entre creyentes.

En esa línea, debemos añadir que la Iglesia no es una simple entidad benefactora (que da bienes desde fuera a los más pobres), sino una comunidad de creyentes, reunidos en nombre de Jesús y liberados por Dios para el amor mutuo. No basta “dar cosas”, sino que es necesario darse y compartir, desde y con los pobres y excluidos. Por eso, la palabra transcendente de la Iglesia sólo puede pronunciarse y sólo alcanza sentido allí donde los cristianos se implican de un modo personal en el surgimiento de un tipo de vida distinta, promoviendo caminos y tareas de comunión real de bienes y palabra, de vida y esperanza, entre los hombres y los pueblos, más allá de Mammón (capital divinizado) que Mt 6, 24 presenta como poder anti‒divino (es decir, anti‒eclesiástico).

Iglesia en salida

Actualmente, el mundo parece unido sólo por el capital y el mercado, que son el papa y la iglesia de la nueva humanidad. Pues bien, en contra de eso, resulta necesario relanzar desde el evangelio una “cruzada” distinta, de comunión en el amor de todas las comunidades cristianas, al servicio de la comunión de vida (¡en el mundo y camino de vida!) de todos los hombres y los pueblos. En esa línea, la misión nueva de la iglesia acaba de empezar

4. ¿Iglesia religiosa o iglesia evangélica?

 Desde el siglo III‒IV d.C., la Iglesia ha venido a configurarse, en general, como religión establecida, en línea de poder sacral. Pues bien, ese momento de sacralización religiosa del cristianismo parece estar llegando a su fin. Actualmente, son muchos los hombres y mujeres que abandonan la Iglesia, para cultivar un tipo de religión intimista o para olvidar y/o marginar toda experiencia religiosa, en un mundo cada vez más secularizado, sin más Dios que el bienestar inmediato y el dinero.

Todavía no podemos valorar el alcance y consecuencias de ese rechazo, ni su extensión en los diversos pueblos y culturas, pero es evidente que el reto es muy fuerte y que la Iglesia puede y debe superar un tipo de religiosidad establecida para volver a la raíz del evangelio, no para crear un nuevo poder de iglesia, sino para que los hombres y mujeres puedan compartir una experiencia de amor solidario, creciendo así en humanidad y experiencia de vida.

2. Abandonar ciertos elementos de poder religioso, para ser iglesia de evangelio. En los años que siguieron al Concilio (1962‒1965) eran muchos los que defendían la necesidad de superar la estructura religiosa que el cristianismo había recibido a lo largo de los siglos, y éste es para algunos analistas el mayor de los problemas actuales de la Iglesia: La posibilidad (necesidad) de separar el cristianismo de la religión y de recrear una Iglesia de evangelio, sin poder establecido.  Toda nuestra reflexión desde el Vaticano II (1962‒1965), con los últimos papas, nos ha situado ante esa pregunta: ¿Iglesia como religión establecida o iglesia como evangelio, pero sin religión?

Iglesia sin poder

   En estas pequeñas reflexiones sobre la Constitución de la Curia Romana, no puedo responder a esa pregunta, y así termino aquí mi reflexión, dejando que los mismos lectores respondan, invitándoles de nuevo lectores a volver al principio, es decir, a la experiencia de Jesús y su evangelio. Lo que sucederá en el futuro ya no es cosa de decirlo aquí, en forma de libro, sino que pertenece al despliegue del Espíritu de Dios y a la creatividad de los creyentes en la Iglesia. Tengo la impresión de que he dicho en este libro algunas cosas importantes, que pueden ayudar a los lectores a situarse ante ese tema, descubriendo y abriendo caminos para resolverlo. Pero el modo concreto de hacerlo (lo más importante) queda pendiente, de forma que deberán (deberemos) realizarlo todos los cristianos que nos sintamos vinculados a la Iglesia católica en un camino de transformación según el Evangelio, como parece querer el Papa Francisco. 

(C) ALGUNAS ANOTACIONES PARA ESE CAMINO.  

En este momento, 2022, al comienzo del tercer milenio de la Iglesia, quedan pendientes o abiertas numerosas cuestiones, que deben plantearse de un modo radical, aunque su solución tarde en lograrse. Entre ellas, miradas desde la perspectiva del Papa y la curia Vaticana (desde la perspectiva de la Constitución que ha proclamado el Papa Francisco, las más significativas son a mi entender las siguientes: 

1.Reforma (¿supresión?) de la Curia Vaticana en su forma actual

Recién elegido, en abril del 2013, Francisco nombró con ese fin una comisión de cardenales, llamada coloquialmente G8 (grupo de los 8), que se ha venido reuniendo con regularidad, sin haber alcanzado conclusiones significativas. La organización del Vaticano, como residencia papal y sede de los organismos de gobierno de la iglesia romana, es relativamente moderna, pues comenzó tras el retorno de Aviñón, a finales del XIV, y sólo se estabilizó con su basílica y plaza, con sus palacios, museos y oficinas, en los siglos siguientes (del XVI en adelante).

Actualmente empieza a cuestionarse el mismo hecho del Estado Vaticano, y muchos piensan que la Iglesia debería renunciar unilateralmente su misma existencia, devolviéndolo a Italia para así expresar y realizar mejor su misión, no sólo porque las condiciones político‒sociales de la actualidad son muy distintas de las que había en su fundación (año 754), sino por radicalidad evangélica. Para ser católica, la Iglesia no necesita un Estado, con nunciaturas (embajadas), congregaciones, y funcionarios como los actuales. Un primer signo en esa línea podría ser no sólo la vuelta del Papa y de su grupo de “animador” a la sede de la Iglesia romana, que hasta el siglo XIV estuvo en Letrán, sino la búsqueda de un tipo distinto de “animación de la Iglesia en amor” (cf. Ignacio, Ad RomIntroducción), sin necesidad de una independencia estatal, ni medios económico‒sociales de poder como los que tiene hoy.

Ciudad del Vaticano

2. Sin poder patriarcal ni jerarquía de género.

El estilo de gobierno del papado y de la iglesia católica actual (2022) sigue siendo patriarcalista (no evangélico), pues sólo los varones pueden ser obispos y presbíteros en ella. Ciertamente, algunos (pocos) teólogos (y bastantes obispos) esgrimen argumentos ontológicos (de naturaleza) para mantener la situación, diciendo que sólo los varones como tales pueden ser ministros de un Cristo varón. Pero ellos resultan bíblica y teológicamente desafortunado, como he destacado al ocuparme de los últimos papas (Pablo VI, Benedicto XVI), pues no deriva del mensaje de Jesús ni de la vida de la Iglesia, sino de las condiciones socio‒económicas y antropológicas del siglo II dC, que actualmente han cambiado.

  Posiblemente, la superación del patriarcado no es el mayor problema de la Iglesia, pero es importante, y nos lleva hasta las raíces del movimiento de Jesús, pues sin la igualdad radical de vida y ministerio de varones y mujeres no puede hablarse de reforma de iglesia ni de apertura a un futuro de transformación mesiánica. No se trata de un simple cambio de organigrama, sino de una transformación de fondo de las comunidades, desde la experiencia de comunión liberadora de Jesús, a partir de los pequeños y excluidos, pues la autoridad de la Iglesia no jerárquica (como un “ordo” social helenista o romano), sino de identidad personal, en línea de evangelio.

3. Poder económico. La economía ha estado al fondo de los problemas de Iglesia en los últimos siglos, desde la fundación de los Estados Pontificios (s. VIII) y en especial desde las crisis del XIII-XV, cuando los papas (Juan XXII) no sólo condenaron un tipo de franciscanismo radical (cosa que podía tener cierta razón), pero convirtieron su iglesia (Vaticano) en centro bancario importante de la nueva Europa, en una línea que no es cristiana. En la actualidad (siglo XXI) el problema del “dinero” del Vaticano es complejo y tiene matices que deberían precisarse mejor, pero es evidente que, en un plano cristiano, hay que actuar de un modo radical, apelando a principios de evangelio, como prometía la Comisión para asuntos económicos, creada por el Papa Francisco el año 2014, que no ha dado por ahora frutos significativos.

            Actualmente, la organización de la Curia y el mantenimiento del Estado Vaticano necesitan un soporte económico, que, ciertamente, no es inmenso, en comparación con algunas corporaciones multinacionales, pero resulta considerable y ha sido causa de escándalos en los últimos decenios, como es normal dentro de un organismo que se dice cristiano, pero que está vinculado a la banca mundial, y tiene además unos problemas añadidos, por su tipo de gestión, inclinada al secreto y al mal paternalismo. Éste es un problema de fondo, que no se arregla con pequeñas reformas, pues está vinculado a la misma constitución del Estado de la Ciudad del Vaticano, y puede (debe) exigir incluso que desaparezca, pues la encarnación de la iglesia en el mundo de los pobres (desde y para todos) es muchísimo más importante que la existencia del Estado Vaticano. 

             Por eso, las propiedades económicamente significativas de la iglesia (edificios, colegios, hospitales, casas de caridad…) no pueden inmatricularse a nombre de la iglesia como tal, sino que han de hacerse a nombre de fundaciones autónomas de cristianos, con el fin de compartir y animar unos bienes y unas obras de evangelio, sin ánimo de posesión ni de lucro.  

Ciertas iglesias tienen de hecho una gran riqueza de bienes patrimoniales y artísticos (templos, objetos de arte), aunque la mayoría son poco rentables y se están convirtiendo en museos, gestionados por sociedades civiles (o estados), como bienes culturales, sin finalidad de lucro. En esa línea debemos añadir que la Iglesia en cuanto tal ha de asumir un camino radical de pobreza (no en el sentido de no-tener), como experiencia radical de gratuidad, comunión y servicio a los necesitados (en la línea de Mt 25,31‒46), sin capitalizar, ni utilizar el dinero de un modo financiero (en clave de usura, condenada por los concilios de Letrán del siglo XII).   Quedan, sin duda, muchos problemas pendientes, pero sólo en un camino de evangelio pueden resolverse, siempre que la Iglesia vuelva al principio de Jesús y deje de ser una estructura de poder económico, en línea de capitalismo, conforme a la palabra de Mt 6, 24 (no podéis servir a Dios y a Mammón).

Celibato
Celibato

4. Poder ministerial, vida afectiva y misión del clero. El problema fundamental para la iglesia católica vino dado en torno al año mil, con la crisis de identidad del paso del milenio, que se resolvió con la Reforma Gregoriana, en línea de jerarquía y superioridad papal, con el establecimiento de unos ministerios fuertes, con gran autoridad sacramental y social, en una línea feudal que más que evangélica. Pues bien, ahora, pasados mil años desde aquella reforma, el tema de los ministerios puede y debe replantearse, no sólo por imperativos externos (pérdida de poder civil del clero, posible riesgo de pederastia…), sino por la dinámica interior del mismo evangelio, con la vuelta a los orígenes y la nueva conciencia eclesial de las mujeres, en línea de comunión personal de todos (varones y mujeres), desde los más pobres y excluidos, al servicio de la nueva humanidad de Cristo.

Hay muchos problemas de fondo, pero en este campo se ha vuelto dominante y en algún sentido patológico el escándalo de la pederastia de una parte pequeña, aunque significativa, del clero, como lo muestra el hecho de que la Congregación para la Doctrina de la Fe se haya vuelto en la práctica una Comisión Anti‒pederastia, con “nuevos programas piloto” para resolver los casos. Pues bien, el tema de fondo no es la posible pederastia de algunos, sino la forma en que el clero se ha constituído como instancia de poder, en línea jerárquica y endogámica (de “clase” especial), como si el “pecado” de un clérigo particular fuera sea pecado y responsabilidad (incluso económica) de toda la Iglesia.   

 A través de una historia compleja (contraria al evangelio) los ministros de la Iglesia se han vuelto “jerarquía superior sagrada” (de tipo patriarcal, masculino), con su identidad especial de cuerpo endogámico y su poder sobre el “resto” de los fieles. Más aún, desde el comienzo del segundo milenio, el Papa ha retenido el poder de nombrar, dirigir y remover a todos los obispos de la iglesia romana (y por ellos al resto del clero), imponiendo además el celibato sobre el conjunto de los ministros, para insistir de esa manera en su separación y elevación sobre el el resto de los cristianos. De esa forma, los obispos se han vuelto delegados del Papa de Roma, que actúa como super‒obispo y que, a través de la Congregación de los Obispos, dirige la estructura y funcionamiento de todas las iglesias.  

Pues bien, en este campo es necesario que las comunidades recuperen no sólo la libertad original del evangelio, sino su forma de organizarse y ordenar los ministerios, de manera que los ministros, varones o mujeres, presbíteros u obispos, no estén por encima del resto de los creyentes, sino que ejerzan una función importante al servicio de todos. Por otra parte, no se trata de “romper los lazos con Roma”, sino de crear comunidades vivas y autónomas, unidas en red de amor con las restantes comunidades cristianas, en unidad y colaboración con las demás iglesias, con ministros que broten de las mismas comunidades, varones o mujeres, célibes o vinculadas a otras formas de comunión personal y afectiva

Teología de la liberación

              No se trata de introducie pequeños cambios o de permitir unas ligeras variantes retóricas (misas en latín o de espalda al pueblo), sino de recuperar y desarrollar la libertad evangélica y la comunión de vida en la celebración de los signos del Reino, desde el interior de la misma liturgia de la vida, no como gesto separado de ella, sino como expresión de la autoridad recreadora de la vida en común, en línea de evangelio. No ha de empezarse pidiendo permiso a la Congregación del Cultos para cambiar algún tipo de ceremonia formalista, sino asumiendo la libertad cristiana, propia de todos aquellos que acogen el evangelio y quieren celebrar (actualizar) el misterio y tarea de Jesús en el agua del renacimiento humano y el pan compartido de la comunidad, en apertura a todos los hombres, en especial a los pobres.

5. Ruptura cristiana, nuevo nacimiento de la Iglesia.

 Conforme a todo lo anterior, no estamos en un momento de escisión, como en el siglo XI ( cuando se separaron las iglesias de oriente y occidente), ni de reforma, como en la gregoriana del siglo XI‒XII o en la luterana (del siglo XVI), sino ante un reto y camino de nueva creación cristiana, de misión evangélica y creación de Iglesia, con lo que ello exige de ruptura institucional y personal. 

‒ En el principio de la iglesia está el gesto de Jesús que abandona su “buena familia” (comunidad) de ley, para plantar su casa entre los pobres y excluidos del sistema (enfermos, posesos, pecadores). Jesús y sus discípulos dejaron el orden de los sabios, buenos militares de la liberación (celotas), puros y perfectos (fariseos, esenios), para hacerse hermanos de los excluidos, e iniciar con y para ellos la “edificación” de una iglesia, es decir, de comunidades liberadas desde y para el evangelio, que es la buena nueva de la libertad para el amor de Cristo. Su nueva actitud no fue un simple rechazo, para aislarse del mundo, sino un paso adelante hacia la universalidad, reconociendo la presencia y don de Dios en aquellos que no importan ni cuentan en las estadísticas, pues se encuentran fuera de la gran sociedad triunfadora, que se instituye a partir de su su riqueza, pureza social o “nobleza”. De manera consecuente, para mantenerse fiel al evangelio, la iglesia debe levantar su tienda actual y moverse a la periferia del sistema: romper su vinculación con las estructuras de poder, sus ventajas diplomáticas y sociales, para sentarse en la calle de la vida (sin casas nobles, sin edificios principescos), con Jesús y sus primeros discípulos, creando familia en gratuidad universal, por encima de las leyes del sistema socio‒económico dominante.

‒ Esta es una ruptura de comunicación orante, es decir, de nueva interioridad. Hay una “comunicación del sistema”, que se expresa en forma de representación ideologizada, como espectáculo circense, gran teatro del mundo, organizado por los medios (radio, internet, televisión). Nos hallamos actualmente en el centro de una gran sociedad mediática, inmersos en una especie de “nueva conciencia colectiva” que puede ayudarnos a mantener contactos múltiples con personas o instituciones de muy diverso tipo, pero siempre en un nivel superficial de fachada, de pantalla de móvil o celular, de tablet u ordenador (PC). Pero la palabra de la iglesia debe superar ese nivel de pantalla y conducirnos con Jesús al lugar de la ruptura orante, al encuentro personal con Dios y a la comunión personal con otros seres humanos en concreto. Jesús rechazó el sistema de culto (sacrificios, ritos nacionales), para dialogar con Dios desde la vida, en comunión directa con los hombres y mujeres de su entorno. Ciertamente, la iglesia actual habla de oración, pero a veces parece que le tiene miedo. La mayoría de los templos cristianos de occidente se han cerrado o son para turistas. Muchos orantes buscan recetas o modelos orientales, como si la fuente de misterio de la iglesia su hubiera secado: no hay apenas varones contemplativos y las admirables mujeres de las grandes tradiciones monacales (benedictinas, franciscanas, carmelitas) viven cerradas en clausuras legales, bajo el dominio de clérigos no orantes y su influjo no parece grande en el conjunto de la iglesia…

Iglesia del pueblo

‒ Esta ruptura debe vincularse a la  apertura concreta hacia los pobres o excluidos, acogiendo y compartiendo su palabraEsos pobres o excluidos no valen por sistema, espectáculo u organización, sino por ellos mismos: como dignos de amor, presencia del Cristo (como sabe Mt 25, 31‒46). Frente al Todo del orden social que promete beatitud a sus privilegiados, se elevaba y se eleva como principio de nueva humanidad el enfermo y moribundo de Buda, el huérfano, viuda y extranjero de la tradición israelita, el hambriento y sediento de Cristo. Ellos son signo de un Dios de gracia, que habita en lo escondido, rompiendo y superando los modelos de sacralidad del mundo, propios de las religiones organizadas, que acaban bendiciendo el sistema (buena familia, culto bueno, sacerdotes funcionarios de ritos eclesiales). Partiendo de esa ruptura (novedad y gracia) de los pobres (enfermos, pecadores, leprosos, manchados) ha trazado Jesús su camino mesiánico, ha iniciado la marcha de su iglesia. Sólo en este contexto de comunión de hermanos se puede hablar de comunión con el Dios Padre, el Dios de Cristo

Este encuentro con el Padre constituye el alfabeto y lenguaje de la iglesia, sobre una sociedad de espectáculo, de planificación y de mercado, donde todo se compra y vende, sobre todo las personas. Pues bien, en contra de esa sociedad de capital y mercado, por encima de todo fingimiento, el creyente de Jesús acoge y agradece la vida como don (por encima de todo capital), y se atreve a compartirla con los hermanos (ante todo con los expulsados del sistema, los hambrientos y extranjeros), en forma de comunidad vinculada por el pan compartido (como regalo de eucaristía, no como mercado y compra‒venta). Por eso, el creyente vive en libertad: nada le puede dominar, nadie puede dirigirle desde fuera, pues se sabe querido de Dios, elegido, en manos del misterio fundante del Padre y de los hermanos, en la Iglesia. Se dice que el budismo nace cuando reconocemos la omnipotencia del dolor y superamos la dictadura del deseo que domina y destruye nuestra vida. Pues bien, el cristianismo nace y se expande allí donde afirmamos sorprendidos, respondiendo a su palabra y presencia de amor, que hay Dios en Cristo, y que es Padre nuestro y de los expulsados del sistema. 

 Según eso, retomando todo lo anterior, podemos afirmar que la confesión cristiana de la Iglesia se expresa en dos principios: (a) La unión con el Dios de Cristo(b) La comunión con los hombres, en especial  con los pobres, promoviendo una comunidad de creyentes, que rompen y trascienden los modelos normales de un sistema de poder, para crear comunidades alternativas de gracia y encuentro entre personas.

Jesús y los pobres

Éste es el milagro, éste el secreto: hombres y mujeres pueden vivir y vincularse por fe en el Padre, en comunión de amor, desde los pequeños y excluidos del sistema de poder. Partiendo de esa confesión se unieron los primeros cristianos, esperando la próxima venida de Jesús, el fin del tiempo; pero Jesús no llegó en forma de parusía espectacular, sino que viene por la pascua, en la comunidad creyente, que se funda en Dios (fuente de gracia) y se abre a los excluidos (signo de presencia divina), rompiendo los moldes del sistema

Anunciad el evangelio (I)

Constitución Tridentina de la Iglesia (1588)

Sixto V
Sixto V

El Papa Francisco acaba de publicar (19.3.22) la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium (=Anunciad el evangelio), que entrará en vigor el 5 de junio. En ella recuerda que la verdadera Constitución de la Iglesia es el evangelio y su tarea principal su anuncio. Al servicio de ese evangelio y de su anuncio ha de ponerse la Iglesia de Roma, con su obispo (Papa) y su institución central (el Vaticano).

Ésta es quizá novedad más importante de la Iglesia Católica desde el Vaticano II (1963-1965). Para situar y valorar su sentido publicaré en RD tres reflexiones de tipo histórico-teológico, poniendo de relieve su pasado, sus propuestas centrales y sus tareas de futuro-

Por | Xabier Pikaza teólogo

El Papa Francisco acaba de publicar (19.3.22) la nueva Constitución Apostólica Praedicate Evangelium (=Anunciad el evangelio),   que entrará en vigor el próximo 5 de junio,  por Pentecostés, recordandoí que la verdadera Constitución de la Iglesia es el evangelio y su tarea principal su anuncio. Al servicio de ese evangelio y de su anuncio ha de ponerse la Iglesia de Roma, con su obispo (Papa) y su institución central (el Vaticano).

Ésta es quizá novedad más importante de la Iglesia Católica desde el Concilio Vaticano II (1963-1965). Para situar y valorar su sentido publicaré en RD tres reflexiones de tipo histórico-teológico, poniendo de relieve su pasado, sus propuestas centrales y sus tareas de futuro-

-Pasado “cercano”:  el origen de la Curia Romana (Vaticano) a partir del concilio de Trento, con la Bula de Sixto V Inmensa Aeterni Dei, 1588.

-Situación presente: Los 13 poderes de la Curia del Vaticano en el momento actual de la iglesia (tras un Concilio Vaticano II aún no cumplido).

– Posible futuro de esta nueva Constitución apostólica, centra en la identidad evangélica y misionera de la iglesia (Praedicate Evangelium: Anunciad el evangelio 2022).  

Que fue el Concilio de Trento - Desc - Descúbrelo AQUÍ

Introducción: problemática, elementos centrales de la nueva Constitución

 Desde el comienzo del cristianismo ha existido y ha sido muy importante la iglesia de Roma, fundada, según tradición, por el apóstol san Pedro. Ella fue “refundada” y recibió una forma parecida a la actual en el siglo XI, tras gran crisis de los siglos IX y X, a través de la “reforma gregoriana” (llamada así por el Papa Gregorio VII: 1073-1085). Pero, en sentido más estricto, ella  recibió su forma actual, con su “Constitución” y estructura de gobierno tras, con “dicasterios (tribunales de justicia), congregaciones  o ministerios, tras el Concilio de Trento (1545-1563), por obra de dos papas, uno dominico, Pío V (1566-1572), y otro franciscano, Sixto V (1585-1590), con su Bula Inmensa Aeterni Dei, 1588), vigente con algunas reformas hasta el día de hoy (2022). Del sentido y contenido de esa Constitución Tridentina (piano-sixtina) de la Iglesia, con el Vaticano, trata  que sigue, tras un pequeño prólogo.

Prólogo

El Papa Francisco, siguiendo las directrices del Vaticano II (1963-1965), tras sesenta largos años de larga Vacatio (vacación, no cumplimiento) del Concilio de Juan XXIII t Pablo VI, ha decidido cambiar (actualizar) la estructura y función de la Curia (=casa del Señor o Kyrios) con esta   Constitución Apostólica: Praedicate Evangelium (=Anunciad el evangelio) promulgada el pasado 19.3.2022 (San José),  para entrar en vigor el próximo 5 de junio,  Solemnidad de Pentecostés.

El texto oficial italiano aparece en Vatican.Va. No tengo aún el texto latino. El texto oficioso en castellano ha sido dado a conocer en Vida Nueva

Esta  Constitución quiere dar una estructura más misionera a la Curia (es decir, al Estado e Institución del Vaticano) para que esté cada vez más al servicio de la evangelización y de la vida de las Iglesias particulares.  En esa línea ofrece algunas novedades significativas que responden al Vaticano II, después de su larga Vacatio (que algunos han llamado “infarto”: obstrucción o paralización sanguínea). Esas novedades responden también al espíritu del Papa Francisco (en la línea de Evangelii Gaudium, el Gozo del evangelio, 2013) y de las necesidades actuales de la iglesia y de la humanidad. Son unas novedades que han de leerse “entre líneas”, pero que pueden ser muy significativas para el despliegue futuro de la iglesia.

Esta nueva Constitución traza la línea de la “reforma franciscana”, y para ello asume y supera, de un modo jesuítico, las dos reformas anteriores (la Gregoriana, del siglo XI, y la Tridentina del XVI). Digo de un “jesuítico”, porque Ignacio de Loyola ofreció a la iglesia, en un contexto tridentino, sus dos obras: Los Ejercicios espirituales (alma evangélica de la iglesia) y las Constituciones de la Compañía de Jesús  (su alma institucional y misionera). El Papa Francisco SJ quiere trazar para la Iglesia del post-Vaticano II  su legado y tarea evangélico/institucional, pasando del “gozo del evangelio” (Evangelii Gaudium 2013) al “anuncio” del evangelio (Praedicate Evngelium, 2022).

Es pronto para analizar en detalle y prospectiva sus novedades, pero se puede ya indicar que han sido (y serán) estas cuatro. Así quiero resumirlas, de un modo “textual y desiderativo” (con un fuerte wishful thinking) sus elementos esenciales: 

  1. Insistencia en la evangelización, es decir, en el anuncio de la Palabra, no en el poder sacral de la Iglesia. Esta constitución quiere superar y “reinterpretar” los dos grandes “poderes” del Papa y de la Iglesia de Roma, formulados por el Vaticano I: (a) Un tipo de infalibilidad interna y “separada” (a) Un tipo de potestad suprema del Papa y de la iglesia de Roma sobre las demás iglesias.
  2. Insistencia en la igualdad y dignidad de todos los cristianos, superando en su raíz  la diferencia entre clero y laico. Ni el papa, ni la curia vaticana, ni el conjunto del “clero” tienen más poder real ni dignidad real que el conjunto de los cristianos, tomados en sentido individual o colectivo. Todos los cristianos han recibido y poseen por gracia (por bautismo) la misma dignidad, como portadores de la palabra y vida de Cristo.
  3. Insistencia en la “temporalidad” y funcionalidad de los “cargos” y tareas del Papa y de la Curia, con sus Dicasterios, Congregaciones o Ministerios, entendidos como servicio (diaconado), en forma de asistencia y ayuda para el Anuncio de la Palabra y para la vida del conjunto de las iglesias, no como institución de poder por encima de ellas, sino como como expresión “visible” (centrada, unificada) de la predicación (anuncio) universal del evangelio, en la línea de la gran misión expresada en Mt 28, 16-20: Id por todo el mundo y “haced discípulos” (anunciad y ofreced el evangelio) a todos los pueblos.
  4. La gran tarea de esta Constitución será su “receptio” (es decir, su acogida y cumplimiento), empezando por Roma, pues aquí se propone un des-mantelamiento de la estructura actual del Vaticano, al servicio de un re-mantelamiento evangélico. Se trata de un cambio de estructura, en toda línea, un cambio que no puede realizarse de un “plumazo” (ni con una simple revolución de palacio), sino que exige un cambio de mentalidad (meta-noia: con-versión), en línea de evangelio.

Sólo con el tiempo se podrá decir el efecto que ha tenido esta Constitución, con su programa de aplicación del Vaticano II. La recepción del Concilio de Trento fue bastante rápida: Sólo pasaron 22 años entre el fin del concilio y la “bula” de la nueva constitución Vaticana de la Iglesia (del 1563 al 1585). En nuestro caso han pasado casi 60 (del 1965 al 2022). El Vaticano II, con su visión del evangelio, se ha aplicado en parte en otros campos (teología, liturgia…), pero nada en el Derecho Canónico (es decir, en la visión y estructura del poder eclesial), como han dicho los mejores estudiosos de la historia teológica de la iglesia, como Ghislain Laflont. Queda por delante un largo y fuerte camino, si no queremos que esta nueva Constitución se vuelva “letra muerta”.

EL PASADO: (CONTRA-)REFORMA POSTRIDENTINA (LA CURIA ROMANA).

Acabado el Concilio de Trento, la Iglesia Católica se organiza, desde su centro de Roma, cuidando su administración, su unidad ministerial y su doctrina. En este momento empiezan a introducirse en las parroquias y diócesis los “libros” de matrimonios, bautismos etc, de forma que se inicia, una era de racionalización burocrática de la Iglesia. Al mismo tiempo se cuida la formación intelectual y moral (personal) de los sacerdotes, con seminarios adecuados y medios para vigilar de un modo consecuente el celibato del clero. En ese contexto se inscriben las reformas de Pío V y, sobre todo, la estructuración de la Curia Vaticana, como órgano de gobierno del papa (Sixto V).

Pío V

Pío V (1566-1572) fue el primer papa después del concilio. Pertenecía a la Orden de los Dominicos, y había sido profesor de teología y gran inquisidor, famoso por su autoridad y su firmeza. Volvió a proclamar la supremacía de la Sede Vaticano sobre el conjunto de la Iglesia y de la sociedad, en una bula titulada In Coena Dominio (1568), que debía leerse y se ha leído en las iglesias católicas en la celebración del Jueves Santo, a lo largo de dos siglos.

 Pío V se propuso no sólo la reforma de la fe, tal como está condensada y promulgada bajo su mandato en el Catecismo Tridentino (1566), sino que quiso cortar los “abusos” y singularidades litúrgicas, con un manual uniforme de oración clerical y monacal (Breviarium Romanum, 1568) y, sobre todo, con un formulario litúrgico también unificado para la celebración eucarística (Missale Romanum, 1570). Ambos textos, breviario y misal, se han seguido utilizando, con ligeros cambios, hasta el Vaticano II. Importaba más la uniformidad de la letra que la libertad creadora del espíritu.

Además de promover la reforma del clero, Pio V   quiso “moralizar” las costumbres de la sociedad, especialmente en Roma, con prohibición de la blasfemia y expulsión de las prostitutas, e incluso con pena de excomunión para los que asistieran a fiestas de toros (De Salute Gregis Domini, 1567), una orden que el rey Felipe II de España no acató (sin que el Papa pudiera exigir que se cumpliera).

Sixto V

Papa Sixto V Vida tempranayPapado

  Pero más importantes y duraderas que las de Pío V fueron las reformas de uno de sus inmediatos sucesores Sixto V (1585-1590), papa de la Orden Franciscana, que se propuso racionalizar el gobierno de la Iglesia. Ciertamente, la curia  papal (curia es la “casa del Kyros/Kuros o Señor”) había tenido cierta organización, pero de tipo más bien “familiar”, propensa al “nepotismo”, es decir, al encumbramiento de sobrinos y parientes, para crear y mantener grupos homogéneos y fieles de gobierno. Pues bien, siguiendo el modelo de los nuevos estados centralizados (Francia, España, Inglaterra…), Sixto V creó la administración unificada de la curia (Bula Inmensa Aeterni Dei, 1588), que se ha mantenido con pequeñas reformas hasta el día de hoy (2020):

 «La infinita sabiduría de Dios eterno, ha puesto en su creación una maravillosa armonía como arquitecto de todas las cosas, dando a cada una su propio fin, y uniendo todas entre sí en manera que todas se sirven recíprocamente. Así también ha dividido los habitantes de la Jerusalén celestial en diversos órdenes, de los cuales los más elevados iluminan a los otros para comprender mejor la voluntad de Dios. Él ha dividido también el cuerpo de la Jerusalén militante a imagen de la triunfante en diversos miembros con su jefe, unidos por medio del vínculo de la caridad, que se ayudan recíprocamente.

El Romano Pontífice, que ha sido constituido cabeza visible del cuerpo de Jesucristo que es la Iglesia…, llama a sí a muchos colaboradores, ya sea los obispos… ya los cardenales, como miembros los más nobles y próximos al jefe, como los apóstoles con Jesucristo. Por tanto el Romano Pontífice, a ejemplo de Moisés, que por orden de Dios instituyó el senado de los 70 ancianos para que éstos junto con él se hicieran cargo del pueblo, divide el peso pontificio con los cardenales, siempre guiado por el pensamiento de que todos los que buscan refugio en la Santa Sede, tanto por piedad como para tutelar los propios derechos, para obtener favores, etc. lleguen seguros y puedan negociar más fácil y prontamente sus propios asuntos…» (Texto en  mirandas…)

Este ideario de fondo se concretó en la creación de 15 Congregaciones (Ministerios) del Estado Papal, presididas por cardenales (9 para asuntos espirituales y 6 para asuntos temporales). Cada semana los miembros de las Congregaciones para tratar de sus asuntos, y también el consistorio (con los cardenales presidentes de las congregaciones), formado así una especie de “consejo de ministros” de la Iglesia, al servicio del Papa, que tenía mismo toda la autoridad. Éste era el nombre y función de las congregaciones: 

1.Santa Inquisición

Había sido instituida por Pablo III (1542). Estaba presididad directamente el Papa, y tenía la finalidad de mantener la fe. Vigilaba las herejías, iba en contra de los abusos en la administración de sacramentos, y se ocupaba de luchar en contra de los cismas, las divisiones eclesiales y de los pecados en contra de la fe (apostasía, magia, adivinación…). Más que el anuncio del evangelio y la expansión de la vida cristiana (ortopraxia) parecía importar un tipo de fidelidad interna (ortodoxia).  La inquisición fue para muchos cristianos el signo distintivo de la iglesia católica, como institución re-presora, en el sentido etimológico de la palabra. En esa línea ha seguido actuando hasta tiempos recientes (tras el Vaticano II) la continuadora de la Inquisición que ha sido y aún es la Congregación para la Doctrina de la fe. 

2.Signatura Apostólica

Llamada también “Congregación de gracia”, bajo el mando directo del Papa, como una ampliación de la Inquisición. Actuaba como Tribunal Supremo (un “ministerio de justicia”) y como “notaría apostólica” de la Iglesia. Preparaba los documentos (Breves apostólicos, Bulas…) que debían proponerse para la firma del Papa. Formulaba, proclamaba y defendía la doctrina oficial de la Iglesia romana, fundada evidentemente en el Evangelio de Jesús, rectamente interpretado por el Magisterio de la Iglesia. Según eso, la teología y pensamiento de la iglesia en su conjunto se identificaba con el pensamiento del Vaticano. 

3.Congregación del Consistorio

Se encargada de la fundación, administración y coordinación de todas las diócesis o iglesias católica del mundo. En tiempos anteriores las diversas iglesias (las diócesis y especialmente los patriarcados) había sido autónomos. En este momento, Roma asume de hecho el poder “superior” sobre todas las iglesias, hasta terminar nombrando a todos los obispos, ejerciendo un tipo de “primado” sobre cada una de las iglesias, de manera que los obispos empiezan a tomarse de hecho como delegados o representantes de papa en cada una de sus diócesis, sin “poder” propio. Este Consistorio preparaba asimismo la agenda secreta del Papa, funcionando también como una de corte de justicia del Papa.

 4.Congregación para asuntos económicos

Como cuarto poder (tras la Inquisición, la Signatura y el Consistorio, venía la Annona, entendida como arca o almacén económico. La Iglesia de Roma, que en otros momentos había sido económicamente independiente empieza a depender para su funcionamiento del dinero aportado (al menos en parte) por otras instituciones eclesiásticas (diócesis…)  y civiles (estados…). Esta Congregación estaba encargada de vigilar las cuentas económicas de la Santa Sede y de distribuir limosnas a los pobres. Su función ha sido y sigue siendo muy importante para el despliegue de la Iglesia de Roma, aunque al principio (hasta la caída de los Estados Vaticanos, año 1870), la iglesia de Roma actuaba también como un Estado independiente, con su propia economía.

5.Congregación de ritos y ceremonias

Éste fue quizá, después de la Inquisición, el más significativo de los “ministerios del Vaticano”. Por una parte, la iglesia de Roma “velaba” por la fe de todas las iglesias (inquisición); por otra parte “controlaba” (dirigía y “animaba” su culto). Más que institución evangelizadora, la Iglesia se entendía como “organización sacralizadora”, centrada en la celebración de sacramentos y ritos, especialmente de la Eucaristía, manteniendo así un mismo ritual en el conjunto de la cristiandad. Estudiaba además las causas de la canonización de los santos, la preparación y corrección de los libros sagrados (pontifical, ritual, ceremonial, misales etc.) y organizaba lo relacionado con el culto.

 6.Congregación para la defensa del Estado Pontificio.

Se ocupaba del ejército del papa y especialmente de su flota, para limpiar la costa de piratas, defender a los peregrinos y garantizar de la seguridad pública. Como centro de un “Estado religioso”, el Vaticano debía garantizar el orden político-social del conjunto del Estado. El ejército vaticano propiamente dicho termino con la supresión de los “Estados pontificios”, pero sigue como sino y resto de un pasado la famosa “guardia personal” del Papa (la Guardia de voluntarios de Suiza.

 7.Congregación del Índice de Libros prohibidos.

Había sido instituida por Pío V en 1571, en la línea de la Inquisición, en defensa de la “recta doctrina”. Sus miembros debían completar y actualizar el elenco de libros prohibidos, para mantenimiento de la fe católica, con ayuda de algunas universidades católicas más significativas (París, Bolonia, Salamanca y Lovaina). Esta Congregación, que se ha mantenido hasta el pontificado del Pablo VI, ha marcado no sólo el pensamiento oficial de la Iglesia Católica, sino la marcha de la cultura moderna, en un ejercicio de intensa resistencia ante las “falsas novedades” de la modernidad.

8.Congregación para la interpretación del Concilio (de Trento).

Sólo el Papa podría interpretar los decretos dogmáticos. Esta Congregación interpretaba los decretos disciplinares, teniendo que consultar con el Papa cada vez que lo hacía. No había ninguna institución independiente (ni teológica, ni disciplinar o canónica) con poder propio para interpretar el Concilio de Trento y la vida de conjunto de la Iglesia. Se creó de esa manera una inmensa institución endogámica de poder sacral, al servicio de una interpretación del Evangelio.

 9.Congregación para los agravios en los Estados Pontificios.

Recibía las quejas que los miembros que el clero y los ciudadanos de los Estados Pontificios elevaban contra el funcionamiento del Estado.  Era una especie de “tribunal interior” de la Iglesia, pero con sentido más político (administración de los Estados Vaticanos) que doctrinal, sacramental o teológico.

 10.Congregación para la Universidad de Roma

En principio regulaba el funcionamiento de la Universidad de Roma. Pero pronto recibió el encargo de ocuparse de todas las universidades católicas, vigilando sobre su ortodoxia, especialmente en teología y derecho canónico.

11.Congregación de religiosos.

Regulaba las cuestiones relacionadas con las órdenes religiosas, dirigiendo su funcionamiento, el paso de los religiosos de unas órdenes a otras, la exclaustración etc.

 12 Congregación de los obispos.

Se ocupaba de lo relacionado con los obispos y demás “prelados” en el gobierno de las iglesias; proponía candidatos para visitadores y vicarios apostólicos, y se ocupaba de la inmunidad eclesiástica y de los bienes de la Iglesia. 

13.Congregación de calles, puentes y aguas.

Se encargaba de las obras públicas del Estado Pontificio, actuando como un ministerio de fomento, en la línea de los nuevos estados más unificados que estaban surgiendo en España, Austria, Francia, Inglaterra etc.

14.Congregación para la Tipografía Vaticana.

Se encargaba de imprimir sin errores los libros eclesiásticos, en especial las biblias en hebreo, griego y latín; publicaba los decretos pontificios y los documentos de los concilios ecuménicos y de los Santos Padre. 

14 Congregación de la consulta.

Se ocupaba de resolver las dudas y conflictos, especialmente en causas civiles y criminales para los ciudadanos del Estado Pontificio. 

De esa manera, con la ayuda de quince congregaciones o ministerios, la Curia Vaticana pudo racionalizarse, apareciendo así como un Estado Eclesiástico, con un Gobierno unificado, encabezado por el Papa y “dividido” en quince ministerios o congregaciones,  superando el riesgo anterior de nepotismo e improvisación, con un cuerpo de funcionarios estables. La iglesia romana con su Papa vino a convertirse de esa forma en un Estado Religioso bien establecido, con burocracia eficiente para solucionar la mayor parte de los problemas de los católicos del mundo y en especial de los Estados Pontificios. Esa centralización administrativa resultaba necesaria, dentro de la visión absolutista de un papado, que debía resolver, de un modo directo, casi todos los aspectos de la vida de la iglesia.

Esta burocracia hizo posible el funcionamiento de una iglesia que, libre de la tutela de los reyes bizantinos (siglos IV-VII) y de los carolingio-germanos (siglos IX-XV), pudo actuar con independencia. De todas formas, por su misma falta de un ejército capaz de imponer su criterio, el Papa vino a quedar sometido, en otro plano, a las naciones católicas más significativas (España, Francia, Austria), que defendían sus intereses, tal como lo muestra claramente el derecho de veto que los reyes asumieron en el tema de las elecciones papales.

El primero en ejercer ese veto fue Felipe II, rey de España, que a la muerte de Sixto V, en 1590, presentó por su embajador una lista de candidatos «vetados». Ciertamente los cardenales protestaron, lo mismo que otros reyes católicos, pero todos aceptaron al fin esa práctica, porque les resultaba conveniente. De esa forma se vio que los papas no podían enfrentarse a los reyes, de quienes dependían y a cuyo servicio de algún modo se hallaban, de esa manera, en los dos siglos siguientes, hasta la Revolución Francesa de finales del XVIII, todos los papas siguieron estando bajo un tipo de control de los monarcas católicos. 

(sigue en dos días: Anunciad el evangelio II. Los poderes actuales de la curia vaticana del Papa).

Las claves de la Reforma de la Curia

‘Praedicate Evangelium’: la apuesta definitiva del Papa por una Iglesia sinodal, universal, más laica y profundamente samaritana

El Vaticano, de reformas
El Vaticano, de reformas

El Papa reclama «tiempo, determinación y, sobre todo, la colaboración de todos»

 “Esta nueva Constitución Apostólica se propone armonizar mejor el ejercicio actual del servicio de la Curia con el camino de evangelización que la Iglesia, especialmente en este tiempo, está experimentando”

“Esta vida de comunión da a la Iglesia el rostro de la sinodalidad; una Iglesia, es decir, de escucha mutua, en la que cada uno tiene algo que aprender»

“La Curia Romana no se interpone entre el Papa y los Obispos, sino que se pone al servicio de ambos en las formas propias de la naturaleza de cada uno”

«El Papa, los obispos y otros ministros ordenados no son los únicos evangelizadores en la Iglesia”

«La actualización de la Curia debe prever la participación de los laicos, también en funciones de gobierno y responsabilidad”

«La reforma de la Curia romana será real y posible si surge de una reforma interior”

«Debe quedar claro que la reforma no es un fin en sí mismo, sino un medio para dar un fuerte testimonio cristiano; para fomentar una evangelización más eficaz; para promover un espíritu ecuménico más fructífero; para fomentar un diálogo más constructivo con todos»

Por Jesús Bastante

Nueve años de pontificado, decenas de encuentros con el grupo de cardenales que lo asesora, dificultades, trabas y un trabajo que ya estaba siendo realizado, de facto, en los distintos dicasterios. Todo, con el único objetivo de “predicar el Evangelio”. Y hacerlo mejor, pensando en los preferidos del Señor, y no tanto en una Curia anquilosada y autorreferencial. Estos son los ejes de ‘Praedicate Evangelium’, la esperada reforma de la Curia, que hoy ha visto la luz, completamente por sorpresa, coincidiendo con el noveno aniversario del comienzo del Pontificado de Francisco, y que entrará en vigor el próximo 5 de junio, fiesta de Pentecostés.

“Se trata de un ejercicio que refuerza la unidad de la fe y la comunión del Pueblo de Dios, y promueve la misión de la Iglesia en el mundo. Ciertamente, alcanzar tal objetivo no es fácil: requiere tiempo, determinación y, sobre todo, la colaboración de todos”, apunta el Papa en su preámbulo.

Y es que, más allá de la reducción y reordenación de los dicasterios, y de la reforma económica, que ya estaba en marcha, Francisco hace hincapié en que el servicio de la Iglesia no es otro que “anunciar el Evangelio del Hijo de Dios, Cristo el Señor, y con él incitar a todos los pueblos a escuchar la fe”, y que “la Iglesia cumple su mandato sobre todo cuando da testimonio, de palabra y de obra, de la misericordia que ella misma ha recibido gratuitamente”.

Continuidad con otras reformas 

Para Francisco, es vital “la conversión misionera” de la propia Iglesia, que debe ir renovándose continuamente. Porque la Iglesia solo es útil “cuando sirve al Evangelio”. En ese contexto es donde sitúa Bergoglio la reforma de la Curia romana, que compara con otros momentos de la historia de la Iglesia, como la reforma de Sixto V en 1588, tras el vendaval de la Reforma; o en 1908, durante el Pontíficado de Pío X. También tras el Concilio Vaticano II, recuerda Francisco, cuando “Pablo VI, refiriéndose explícitamente a los deseos expresados por los Padres Conciliares”, acometió una profunda reforma. También Juan Pablo II, en 1988, promulgó la “Pastor Bonus” para “promover siempre la comunión en todo el organismo de la Iglesia”.

 “Esta nueva Constitución Apostólica se propone armonizar mejor el ejercicio actual del servicio de la Curia con el camino de evangelización que la Iglesia, especialmente en este tiempo, está experimentando”, explica el Papa, quien invita a comprender que, “en la Iglesia la misión está tan estrechamente ligada a la comunión que se puede decir que la finalidad de la misión es precisamente la de ‘dar a conocer y hacer experimentar a todos la nueva comunión que en el Hijo de Dios hecho carne es la nueva comunión de la Iglesia”. 

El rostro de la sinodalidad 

“Esta vida de comunión da a la Iglesia el rostro de la sinodalidad; una Iglesia, es decir, de escucha mutua, en la que cada uno tiene algo que aprender», subraya. Y cuando dice todos, se refiere a todos: “El pueblo fiel, el Colegio de Obispos, el Obispo de Roma: cada uno escuchando a los demás, y todos escuchando al Espíritu Santo, el Espíritu de verdad, para saber lo que dice a las Iglesias”.

Esta sinodalidad de la Iglesia, confirma el Papa, se entenderá como el «caminar juntos del rebaño de Dios por los caminos de la historia hacia Cristo el Señor».

“La renovación de la Iglesia y, en ella, también de la Curia Romana, no puede sino reflejar esta reciprocidad fundamental para que la comunidad de creyentes se acerque lo más posible a la experiencia de comunión misionera vivida por los Apóstoles con el Señor durante su vida terrenal y, después de Pentecostés, bajo la acción del Espíritu Santo, por la primera comunidad de Jerusalén”. Esto es: una Iglesia en la que todos tengan voz.

El Papa y el Colegio de Obispos

En cuanto al papel del Papa y de los obispos, Francisco admite que, aún hoy, “en la Iglesia, una sociedad jerárquicamente organizada, el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores de los Apóstoles, están unidos en un único cuerpo episcopal”, con “comunión jerárquica con la cabeza del Colegio y con sus miembros, es decir, con el propio Colegio”.

En este sentido, el Papa reconoce la misión de las conferencias episcopales, como símbolo de la comunión episcopal, y que suponen, hoy, “uno de los modos más significativos de expresar y servir a la comunión eclesial en las distintas regiones junto con el Romano Pontífice, garante de la unidad de la fe y de la comunión”. 

En lo tocante a la Curia Romana, el Papa estima que su labor “está también en relación orgánica con el Colegio de los Obispos y con los Obispos individuales, y también con las Conferencias Episcopales y sus Uniones regionales y continentales, y las estructuras jerárquicas orientales, que son de gran utilidad pastoral y expresan la comunión afectiva y efectiva entre los Obispos”.

 Potenciar el papel de las conferencias episcopales

“La Curia Romana no se encuentra entre el Papa y los Obispos”, explica el Pontífice. “La Curia Romana no se interpone entre el Papa y los Obispos, sino que se pone al servicio de ambos en las formas propias de la naturaleza de cada uno”. De hecho, otro de los objetivos de la reforma, tal y como explica Bergoglio, es “potenciar” las conferencias episcopales, “sin que actúen como una interposición entre el Romano Pontífice y los Obispos, sino que estén a su pleno servicio”.

De hecho, las competencias que se recogen en el documento “tienen por objeto expresar la dimensión colegial del ministerio episcopal e, indirectamente, reforzar la comunión eclesial”, concretando el ejercicio conjunto de determinadas funciones pastorales en bien de los fieles de sus respectivas naciones o de un determinado territorio.

Todos somos evangelizadores

Pese a esto, Francisco deja claro que “todo cristiano es un discípulo misionero”, y que “el Papa, los obispos y otros ministros ordenados no son los únicos evangelizadores en la Iglesia”.

Más aún: “Todo cristiano, en virtud del Bautismo, es discípulo misionero”, por lo que “la actualización de la Curia debe prever la participación de los laicos, también en funciones de gobierno y responsabilidad”.

“Su presencia y participación es también indispensable, porque cooperan al bien de toda la Iglesia y, por su vida familiar, su conocimiento de las realidades sociales y su fe que les lleva a descubrir los caminos de Dios en el mundo, pueden hacer aportaciones válidas, especialmente en lo que se refiere a la promoción de la familia y al respeto de los valores de la vida y de la creación, al Evangelio como fermento de las realidades temporales y al discernimiento de los signos de los tiempos”, señala el Papa, dando así un espaldarazo definitivo al papel de laicos, matrimonios, mujeres y jóvenes en el presente y futuro de la Iglesia.

Un reforma interior

¿Cuál es la importancia de esta reforma? El Papa lo explica: “La reforma de la Curia romana será real y posible si surge de una reforma interior”, que tenga como foco al Buen Samaritano, “el hombre que se desvía de su camino para hacerse cercano a un medio muerto que no pertenece a su pueblo y al que ni siquiera conoce”.

“Se trata de una espiritualidad que tiene su fuente en el amor de Dios que nos amó primero, cuando todavía éramos pobres y pecadores, y que nos recuerda que nuestro deber es servir a nuestros hermanos como Cristo, especialmente a los más necesitados, y que el rostro de Cristo se puede ver en el rostro de todo ser humano, especialmente del hombre y la mujer que sufren”, sostiene Bergoglio, quien añade que  “debe quedar claro que la reforma no es un fin en sí mismo, sino un medio para dar un fuerte testimonio cristiano; para fomentar una evangelización más eficaz; para promover un espíritu ecuménico más fructífero; para fomentar un diálogo más constructivo con todos».

“La reforma -concluye Bergoglio-, fuertemente deseada por la mayoría de los cardenales en las Congregaciones Generales antes del Cónclave, deberá ser perfeccionada antes del Cónclave, debe afinar aún más la identidad de la propia Curia Romana, que debe asistir al Sucesor de Pedro en el ejercicio de su supremo oficio pastoral para el bien y el servicio de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares”.

En el 10 aniversario del Papa Francisco

Más laicos, y más mujeres, para el décimo año del pontificado de Bergoglio

Francisco arranca 2022 ultimando la reforma de la Curia y poniendo a la Iglesia en clave sinodal

Francisco, preparado para 2022
Francisco, preparado para 2022

El juicio a Becciu marcará un antes y un después en los cambios jurídicos y económicos de la Santa Sede

El único viaje que ya está fijado en la agenda para 2022 es una visita a Canadá, aunque todavía no tiene fecha… aunque la Iglesia española sigue soñando con una parada, en agosto, en Compostela

 | RD/Agencias

El Papa, de 85 años, cumplirá en el año 2022 su décimo año de Pontificado, una etapa madura en la que está previsto que vea la luz la nueva Constitución Apostólica ‘Predicad el Evangelio’ (‘Predicate Evangelium’) con la que concluirá la reforma de la Curia Romana y nuevos nombramientos en el organigrama del Vaticano.

En cualquier caso, ya se han puesto en marcha las principales reformas. De hecho, el juicio contra el destituido cardenal italiano Angelo Becciu y otras cinco personas por la compra irregular de un lujoso edificio en Londres en 2014 -que se retomará a mediados de febrero- refleja algunos de los cambios esenciales de la organización del Vaticano tanto en el plano jurídico como en el económico.

A finales del pasado mes de abril, el Papa introdujo uno de los cambios más importantes en la Curia Romana al derogar la ley que impedía que los cardenales de esta institución fueran juzgados por un tribunal ordinario y decretar que pudieran ser procesados por el tribunal ordinario de primera instancia del Vaticano, que está compuesto también por jueces laicos. Los purpurados tienen ahora el mismo trato que cualquier laico ante la justicia.

Proceso en la sala de los Museos Vaticanos por el 'caso Becciu'
Proceso en la sala de los Museos Vaticanos por el ‘caso Becciu’

Protagonismo de la Secretaría de la Economía

El proceso contra Becciu también ha supuesto un acelerador con respecto a la reforma económica y, en concreto, en la introducción de un sistema de mayor vigilancia y control sobre todo en cuestión de gastos. Tras el escándalo de la compra de un edificio en Londres por más de 300 millones de euros con dinero procedente del Óbolo de San Pedro, destinado a obras de caridad, el Papa decidió retirar los fondos propios de la Secretaría de Estado, que se quedó sin cartera.

Además, ahora es la Secretaría para la Economía el órgano principal que tiene la función de supervisar cada partida presupuestaria del Vaticano, lo que limita las responsabilidades y las oportunidades de cometer actos de corrupción.

Por otro lado, el Pontífice ha puesto en marcha un proceso que culminará en 2023 con la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos en Roma con el tema ‘Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’ para que la Curia Romana esté al servicio de las necesidades de las iglesias locales.

Junto a diversos cambios estructurales, Francisco trabaja para aumentar en los puestos de toma de decisión el número de laicos y mujeres, que ha ido creciendo progresivamente, y ha limitado los mandatos de la Curia a cinco años, lo que hace prever nuevos nombramientos.

El Papa, paseando por el Gemelli
El Papa, paseando por el Gemelli

A nivel personal, el Papa se vio sometido a una operación de colon el pasado mes de julio y permaneció diez días ingresado en el Hospital Policlínico Gemelli de Roma.

Pero la pandemia de la Covid-19 ya había supuesto en cierto modo un parón en su agenda internacional, aunque en 2021 el Papa hizo tres viajes. Viajó a Irak, visitó Budapest y Eslovaquia, y a Chipre y Lesbos. Fruto de este último viaje el Papa volvió a acoger a un grupo de refugiados, como ya hiciera en 2016 a través de corredores humanitarios.

El Mediterráneo, frontera de la paz

En cuanto a 2022, el Papa tiene previsto un encuentro con diversos obispos y alcaldes de la región del Mediterráneo, en el que también participarán refugiados y sus familias para que esa zona vuelva a ser «un símbolo de unidad y no una frontera». Será un evento que implicará tanto a la Iglesia como a la sociedad civil para promover el diálogo y la escucha en un contexto de injusticias como la que provocan los naufragios en el Mediterráneo donde mueren decenas de personas.

Francisco es la voz que clama en el frío cementerio sin lápidas del Mediterráneo
Francisco es la voz que clama en el frío cementerio sin lápidas del Mediterráneo

El encuentro, que se celebrará en Florencia el 27 de febrero de 2022, seguirá la estela del que se desarrolló en Bari en febrero de 2020, antes de la interrupción por la pandemia, con el título ‘El Mediterráneo, frontera de la paz’ sobre la fe, la fraternidad, la libertad religiosa, la guerra y la pobreza.

Además, también se celebrará el X Encuentro de las Familias el próximo mes de junio en Roma bajo el lema ‘El amor familiar: vocación y camino de santidad’, encuentro aplazado en 2020 por la pandemia, y que será retransmitido a todo el mundo.

Viaje a Canadá…. ¿y al Finisterre?

El único viaje que ya está fijado en la agenda para 2022 es una visita a Canadá, aunque todavía no tiene fecha, en el contexto del proceso pastoral de reconciliación que se está llevando a cabo con la población indígena.

Panoramica Catedral de Santiago de Compostela.
Panoramica Catedral de Santiago de Compostela.

Pero también hay otros destinos en el aire para el Papa más viajero después de san Juan Pablo II, que hasta ahora hizo 35 viajes internacionales en 53 países, entre ellos España. En concreto a Santiago de Compostela, por el año santo Jacobeo, quizás en agosto.

El arzobispo de Santiago, Julián Barrio, manifestó su «esperanza» de que el Papa visite la ciudad en 2022 en el marco del Xacobeo, tras la reunión que mantuvo con el Pontífice en el Palacio Apostólico con motivo de la visita ‘ad Limina’ a Roma este mes de diciembre.

«Hay que reconocer que en este momento en el que estamos ahora hay que tener muchos factores en cuenta», aseguró Barrio a la salida de la reunión en el Vaticano con el Papa enmarcada en la visita ‘ad limina’ de los obispos españoles.

Editorial de Redes Cristianas

¿QUÉ ES LO QUE SE ESTÁ MOVIENDO HOY EN LA IGLESIA CATÓLICA?

Ninguna institución puede persistir de espaldas a la historia
La fuerza del Evangelio está en el fermento que va transformado la masa
Con su rebrote, la Covid19 está ocultando el resto de la realidad. Se diría que en el mundo de hoy no está ocurriendo nada importante más que el Coronavirus. Y hay que reconocer que esta pandemia, que ya cuenta con más de un millón de muertos, es un asunto perfectamente serio a pesar de las obcecaciones negacionistas, a quienes, entre otros detalles importantes, se les escapa el gran dolor de los vivos llorando desconsoladamente a sus muertos.
Sería un grave error, y un imposible, considerar que en el ancho mundo todo se ha paralizado con la pandemia. Hay vida más allá de la Covid19, aunque nos resulte difícil encontrarla absolutamente desvinculada de uno de los mayores azotes que están afectando al mundo de hoy.
En este contexto, nos preguntamos por la Iglesia católica. Afectada como toda institución humana por las crisis que vapulean periódicamente la historia, nos asomamos, aunque sea por unos momentos, para observar si algo y qué cosas se están moviendo, durante esta pandemia, en el interior de esta magna institución.
No se trata de ningún ejercicio baladí y sin importancia. Somos conscientes de que, aunque en las últimas décadas esté perdiendo mucha fuerza, los movimientos o parálisis de la Iglesia católica suelen afectar siempre a la conciencia de muchos millones de personas en todo el mundo. Y esto es perfectamente serio. Personas y redes católicas internacionales hemos cosechado demasiadas heridas intentando rescatarla de sus interminables silencios ante las grandes crisis humanitarias que afectan a la sociedad o hemos criticado abiertamente sus tomas de postura contrarias al movimiento imparable de humanización social y eclesial. Y en esta ocasión tenemos que admitir que la dinámica de la Iglesia institución no se ha parado, pero que el movimiento burocrático que ha emprendido está sumiendo a muchos cristianos y cristianas en la desazón y el desconcierto.
Nos preocupa seriamente la contradicción o discordancia que está aflorando constantemente entre los gestos personales, evangélicos y simbólicos, del papa Francisco y la praxis que sigue realizando a sus anchas la burocracia eclesial. Como si el papa quisiera llevar a la Iglesia por una ruta y la Curia, los equipos que tiene al lado, en casa -singularmente los más importantes como la Comisión para la Doctrina de la Fe- caminaran en sentido contrario. Nos da la impresión de que estructuralmente la articulación de la Iglesia católica mantiene en casi todos sus pilares la vieja y anacrónica dinámica anterior al Vaticano II, siempre insensible, maniática y muy lejos de la cita con la historia.
¡Qué difícil es para una institución milenaria como ésta hacer un movimiento razonable y profético que llegue a sorprender positivamente al mundo! Su anclaje en doctrinas que ya casi nadie sigue y la repetición hasta el hartazgo de las mismas cosas parecen ser signos de su permanencia eterna.
En estos días ha vuelto nuevamente con sus eternas condenas. El religioso sacerdote irlandés Tony Flannery ha sido condenado por su posicionamiento sobre el sacerdocio de la mujer en la Iglesia, el matrimonio de las personas LGTBI y la doctrina de género. Tony Flannery se ha negado, como se le había exigido, a desdecirse de lo que piensa y cree. Y, en consecuencia, ha sido condenado. Por otra parte, la misma Congregación para la Doctrina de la Fe ha rechazado, contra el espíritu del Vaticano II, el intento de la Iglesia alemana de realizar celebraciones eucarísticas ecuménicas juntamente con los protestantes. Y lo que es más sorprendente, la abierta condena, que hace esta Congregación, de la eutanasia, tema realmente delicado, pero sobre el que, debido a la creciente presión social, están ya legislando civilmente diferentes países, entre otros el nuestro.
Llama poderosamente la atención este posicionamiento sin paliativos de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la eutanasia cuando ya en nuestros días contamos con suficiente bagaje científico, reflexión y experiencia como para enfocar bien este delicado asunto. Desde la reflexión ética, Diego Gracia, uno de nuestros mejores especialistas en bioética, resume en La autogestión de la muerte la postura general de la ciencia bioética sobre el tema: “Lo mismo que hay obligación de personalizar la vida, la hay también de personalizar la muerte”. Causó mucha impresión, por otra parte, la postura del teólogo mundialmente conocido, Hans Küng, en su libro La muerte feliz donde, ante la perspectiva personal de “verse reducido a una existencia vegetativa”, defiende su derecho a la eutanasia porque “si todos tenemos una responsabilidad sobre nuestra vida, ¿por qué vamos a renunciar a ella en la etapa final?”. “Dejar morir dignamente no es matar, dirá el también teólogo Juan Masiá, sino ayudar a vivir dignamente al morir y en el morir” (cfr. Éxodo 152).
¿Vuelve la Iglesia católica a condenar la inteligencia y a parapetarse ante el discurrir de la historia como, en el pasado reciente, hicieron Juan Pablo II y Benedicto XVI? Desde Redes Cristianas llamamos a la Iglesia a bajar de sus nubes doctrinales y a encarnarse en la historia real. Ninguna institución puede persistir de espaldas a la historia. La fuerza del Evangelio no está en conservar el depósito de doctrinas añejas, sino en el “fermento que diariamente va transformado la masa”.