En el Día Mundial del Agua

José Luis Sánchez: «El acceso al agua es un derecho humano que toda persona debería tener cubierto»

El agua y las pandemias de la humanidad.
El agua y las pandemias de la humanidad.

Las ciudades que se encuentran en guerra no tienen el suministro del agua garantizado, con los problemas que conlleva, no sólo para subsistir sino para unas condiciones higiénicas y sanitarias mínimas. Tanto Ucrania como Yemen, Siria, Afganistán, Congo, Libia y otros lugares padecen esta situación

Dotar de acceso al agua, para beber, cultivar y mantener unas condiciones mínimas de saneamiento e higiene, es un deber moral que tenemos con los hermanos más necesitados

22.03.2022

La Cátedra de la Caridad Santo Tomás de Villanueva de la Universidad Católica de Valencia se une a la celebración del Día Mundial del Agua el 22 de marzo, recordando que “el acceso al agua es un derecho fundamental que toda persona debería tener cubierto. El agua es vida, y, sin ella, ésta se hace prácticamente imposible. Por ello, tenemos que ayudar a que todos y cada uno de los seres humanos puedan tener este bien universal como una necesidad básica de todo hombre. Hay que hacer todo lo que se pueda para conjugar humanidad, técnica y todos los recursos para conseguirlo. Sabemos que no es fácil”, según ha indicado D. José Luis Sánchez García, Director ejecutivo de la cátedra y Vicario de Cultura y Relaciones Institucionales de la Archidiócesis de Valencia.

El Día Mundial del Agua fue declarado en 1992 por las Naciones Unidas con el objetivo de concienciar acerca de la crisis mundial del agua y la necesidad de buscar medidas para abordarla.

Escasez de agua
Escasez de agua

En este año 2022, el foco está puesto en las aguas subterráneas, bajo el lema “haciendo visible lo invisible”. El agua presente en los acuíferos (formaciones de rocas, arenas y gravas que contienen cantidades importantes de agua) es de vital importancia ya que casi la totalidad del agua dulce en forma líquida en el mundo es agua subterránea. Su papel es clave para el correcto funcionamiento de los ecosistemas del planeta.

La mayoría de las zonas áridas del mundo sólo disponen de acceso a agua gracias a estos acuíferos subterráneos, que explotan a través de pozos y bombas. Dotar de acceso al agua, para beber, cultivar y mantener unas condiciones mínimas de saneamiento e higiene, es un deber moral que tenemos con los hermanos más necesitados.

Derecho al agua

Las ciudades que se encuentran en guerra no tienen el suministro del agua garantizado, con los problemas que conlleva, no sólo para subsistir sino para unas condiciones higiénicas y sanitarias mínimas. Tanto Ucrania como Yemen, Siria, Afganistán, Congo, Libia y otros lugares padecen esta situación.

El Santo Padre, en su encíclica sobre el cuidado de la casa común, continúa advirtiendo que la contaminación del agua no es responsabilidad exclusiva de las fábricas, sino que hace una llamada de atención al vertido de detergentes y otros productos químicos usados por la población en ríos, lagos y mares. La UNESCO ya denunció en 2017 que “en el mundo más del 80 por ciento de las aguas residuales (más del 95 por ciento en algunos países en desarrollo) se vierte al medio ambiente sin tratamiento alguno.”

El Vicario de Cultura y Relaciones Institucionales de la Archidiócesis de Valencia y Director de la Cátedra de la Caridad, D. José Luis Sánchez, ha concluido que “urge aunar esfuerzos para gestionar de manera sostenible el correcto uso de este bien tan preciado para que todos los pueblos y sus futuras generaciones tengan acceso a él. No solo la ortodoxia de la fe, desde el mandamiento del amor, nos implica a ayudar, sino la ortopraxis de la misma”.

La Cátedra de la Caridad de la Universidad Católica de Valencia desarrolla una labor de investigación permanente a través de la línea Pobreza y Hambre, que reúne a más de 50 expertos investigadores, cuya labor científica, de carácter multidisciplinar, tiene como eje estructural la denuncia de la pobreza, el hambre y la destrucción de alimentos, así como la propuesta de soluciones sostenibles que puedan contribuir a la erradicación de estas carencias

Por los derechos fundamentales de cada ser humano

‘Esenciales’: 600 organizaciones piden en el Congreso una regularización extraordinaria de personas migrantes

'Esenciales'
‘Esenciales’

Esenciales es una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que busca reunir 500.000 firmas para regularizar de forma extraordinaria a 500.000 personas para que puedan ejercer sus derechos

La campaña se presenta a las 11, frente al Congreso de los Diputados, con una instalación visual que reproduce el estrado del hemiciclo

En pocos días han conseguido el apoyo de cerca de 600 organizaciones y 100.000 firmas

(Esenciales).- Esta semana tendrá lugar el acto de presentación de la campaña Esenciales, una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para llevar al Congreso la regularización de personas migrantes. El objetivo de la ILP es conseguir una regularización general y extraordinaria de 500.000 personas migrantes, para que puedan ejercer derechos básicos como el acceso a la vivienda, a la educación o a la sanidad.

Este tipo de iniciativas tienen que reunir un total de 500.000 firmas para salir adelante, de las que Esenciales ha conseguido ya más de 100.000 desde que echó a andar. La campaña cuenta también con el apoyo de cerca de 600 organizaciones sociales.

El acto de presentación tendrá lugar hoy martes 15 de marzo, a las 11.00 horas, frente al Congreso de los Diputados (Carrera de San Jerónimo, s/n. Madrid). La convocatoria contará con una instalación visual consistente en la reproducción del estrado del Congreso, donde dos portavoces de la iniciativa contarán a los medios de comunicación asistentes los detalles de la ILP.

Qué es Esenciales

Esenciales es un proyecto social impulsado por un grupo de organizaciones entre las que se encuentra #RegularizacionYA, un movimiento estatal que suma colectivos, redes y organizaciones de personas migrantes y racializadas con gran legitimidad y presencia en el territorio nacional; Fundación para la Ciudadanía Global, una organización de defensa de los derechos humanos; la Fundación Por Causa, una organización que lucha por lograr cambios en la política migratoria española y europea a través de la información, la investigación y la comunicación; REDES, una agrupación de más de cincuenta entidades dedicadas a la Cooperación al Desarrollo; Alianza para la Solidaridad, una ONG de Cooperación para el Desarrollo miembro de la Federación Internacional de ActionAid y Por un Mundo Más Justo, un partido político que tiene por propósito central defender la idea de ciudadanía global, el respeto de los derechos humanos y la sostenibilidad ambiental.

Las estimaciones más recientes calculan que en España residen de manera administrativa irregular entre 390.000 y 470.000 personas, de las cuales una tercera parte serían menores de edad. El sistema de acceso a la residencia contemplado en la ley de extranjería resulta insuficiente y limitado, no se ajusta a la realidad y no responde a la situación actual de exclusión de las personas migrantes que viven y trabajan en el Estado español.

Esto genera una situación de vulnerabilidad y desprotección que acrecienta la exclusión social e impacta en el conjunto de la sociedad. La situación de irregularidad supone una condena a la explotación laboral, la invisibilidad frente a las instituciones, la desprotección legal o la exclusión de facto de servicios públicos esenciales como la vivienda, la educación y la sanidad. Ante esta situación, una regularización extraordinaria supondría una apuesta por los derechos fundamentales de cada ser humano.

Educar en derechos humanos

Educar en derechos humanos, educar en igualdad de género 

 

Juan José Tamayo

A principios del siglo XXI fui durante varios años sucesivamente vicepresidente y presidente de la Asociación Pro Derechos Humanos de España (APDHE). Hoy soy miembro de su Junta Directiva. Desde entonces, una de mis preocupaciones ha sido la educación en derechos humanos, una de las asignaturas pendientes en el currículum escolar en nuestro país, que ni siquiera la democracia ha logrado darle la importancia que merece. Con motivo del Día de los Derechos Humanos, 73 años después de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ofrezco a continuación unas reflexiones sobre el tema con el objetivo de contribuir a su plena incorporación en el sistema educativo en todos los grados, niveles y modalidades. 

Escasa —y muchas veces raquítica— es la incorporación de los derechos humanos en los programas educativos de la enseñanza reglada, al tiempo que deficiente su desarrollo por considerarla una asignatura menor. En una concepción bancaria de la educación, por utilizar una expresión de la pedagogía de Paulo Freire, no parece tener cabida el discurso de los derechos humanos. 

En un enfoque tecnológico del sistema educativo, los derechos humanos pasan a segundo término e incluso se tornan superfluos. En una visión educativa orientada a la productividad y al consumo, la imagen que transmite del ser humano es la de homo consumens. En una pedagogía puramente intelectualista, lo que importa es el cultivo de la mente sin prestar atención a la educación en la convivencia cívica, en el respeto de las otras y de los otros, que constituye el corazón de la educación en derechos humanos. 

Reconocer los derechos del alumnado y educación no directiva 

La educación en los derechos humanos debe ser la piedra angular del sistema educativo, pero dándole un contenido nuevo y alternativo al planteamiento formal, intelectualista, elitista y selectivo con que frecuentemente se ha hecho hasta ahora. La condición primera y necesaria a cumplir para una correcta educación en derechos humanos es el reconocimiento del alumnado no como simple vasija de barro a moldear, sino como sujeto de derechos y protagonista de la educación, de su dignidad inalienable, una dignidad igual para todas y todos, sin ningún tipo de discriminación: étnico-cultural, de género, de identidad sexual, de clase, de religión, de edad, de procedencia geográfica, etc. A partir de dicho reconocimiento deben facilitarse entre el alumnado cauces para la práctica de la libertad de opinión y de pensamiento (librepensamiento), el fomento de la libertad de expresión y del espíritu crítico y la participación activa. Ello requiere una pedagogía no directiva. 

Para ello es necesario reconocer los derechos de los niños, las niñas, adolescentes y jóvenes en el ámbito escolar. Es la clave de bóveda del sistema educativo. Como reconoce Begoña López, del grupo ASPASIA, “la LOMLOE (Ley Orgánica de Modificación de la LOE) es la primera Ley educativa en España que señala como eje principal de la misma los Derechos de la Infancia, concretamente en su Preámbulo, que debe impregnar todo el desarrollo de la misma”: 

«La Ley incluye el enfoque de derechos de la infancia entre los principios rectores del sistema, según lo establecido en la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas (1989), reconociendo el interés superior del menor, su derecho a la educación y la obligación que tiene el Estado de asegurar el cumplimiento efectivo de sus derechos.» 

Educar en la igualdad y la justicia de género, contra la discriminación y violencia de género 

Uno de los atentados más graves contra la dignidad y los derechos de los seres humanos es la discriminación de género ejercida por el patriarcado en alianza con otros sistemas de dominación como el colonialismo, el capitalismo y los fundamentalismos religiosos hasta desembocar en violencia contra las mujeres basada en la masculinidad hegemónica y en odio contra su vida, que con frecuencia termina en feminicidios.  

Para erradicar tamaña agresión contra la mitad de la humanidad, creo que la educación en derechos humanos debe poner especial empeño en educar en la igualdad y la justicia de género bajo la guía del feminismo, ya que de lo contrario se seguirá reforzando el patriarcado desde la escuela y reproduciendo las actitudes sexistas, difíciles de erradicar en la edad adulta. Requiere también educar en el respeto a las diferentes identidades afectivo-sexuales más allá de la heteronormatividad y de la binariedad sexual. El espacio escolar es el lugar más adecuado para deconstruir los discursos de odio homófobos, sexistas y antiLGTBI, que desembocan a menudo en prácticas violentas. 

Educar en la memoria histórica, contra los totalitarismos 

Es necesario, asimismo, educar en la crítica de los sistemas totalitarios que transgreden sistemáticamente los derechos humanos, y de las tendencias autoritarias en los propios sistemas democráticos, que imponen el pensamiento único. Aquí es donde hay que incorporar en los sistemas educativos la memoria histórica –“subversiva”, en palabras de Walter Benjamin– de las víctimas contra la desmemoria y el olvido, que exige el derecho a la verdad, la justicia, la rehabilitación, la reparación, la dignificación de las víctimas, el compromiso de no repetición y la condena de los victimarios. 

Educar en los derechos de la naturaleza 

Inseparable del reconocimiento de la dignidad y los derechos de todos los seres humanos y su inviolabilidad es la defensa de la dignidad y de los derechos de la naturaleza, así como su cuidado y actitud compasiva para con los sufrimientos causados por los seres humanos. Ello exige la crítica del antropocentrismo y del modelo de desarrollo científico técnico de la modernidad que explota a la naturaleza en beneficio del capitalismo y la depreda de manera inmisericorde hasta convertirla en basurero. 

Educar en una ciudadanía global 

Frente a la estrecha identificación entre derechos humanos y nación, que solo reconoce derechos a las personas nativas y los niega a las personas migrantes y refugiadas, apátridas, etc., hay que educar en una ciudadanía global que considera a todas las personas sujetos de derechos y posibilita su pleno ejercicio en todos los terrenos: social, político, educativo, cultural, sanitario, laboral, lúdico, etc. Ello implica fomentar en el alumnado actitudes hospitalarias y solidarias y erradicar las actitudes xenófobas, racistas y aporofóbicas que con frecuencia se encuentran grabadas en el imaginario social y se transmiten con facilidad a los niños, las niñas y los adolescentes. 

«El laicismo es una de las principales asignaturas pendientes que no se ha aprobado en la vida política española a nivel institucional a lo largo de los cuarenta y cuatro años de democracia, donde quedan todavía no pocos restos de nacionalcatolicismo». 

Educar en el laicismo 

El laicismo es una de las principales asignaturas pendientes que no se ha aprobado en la vida política española a nivel institucional a lo largo de los cuarenta y cuatro años de democracia, donde quedan todavía no pocos restos de nacionalcatolicismo, y tampoco en la educación, donde sigue manteniéndose la enseñanza confesional de la religión en los diferentes niveles de enseñanza, sea pública, concertada o privada, que lleva en la práctica a confesionalizar la educación. Por eso resulta necesaria y urgente la educación en el laicismo. Una educación que nada tiene que ver con educar en el ateísmo, el agnosticismo o la persecución a las religiones y a las personas religiosas, como a veces se intenta presentar falsamente para desacreditar el laicismo. 

En absoluto. La educación en el laicismo no es anti, sino pro-; consiste en educar en los valores cívicos de la libertad, la igualdad (no clónica), la justicia, la solidaridad, la fraternidad-sororidad, el respeto al pluriverso étnico-cultural, religioso-espiritual y la diversidad de creencias y no creencias, en la participación activa en la vida política, así como en el cuidado de la naturaleza y la defensa de la ecodiversidad. Su base es la ciudadanía común y global, que no admite exclusiones ni discriminaciones, y su fundamento es la dignidad de la persona y su dimensión social. El resultado es la ética laica. 

El laicismo constituye el marco político, jurídico y cívico más adecuado e inclusivo para la convivencia de las diferentes ideologías políticas, la diversidad cultural y el pluriverso religioso; en definitiva, una convivencia dentro de las diferencias, siempre que estas no desemboquen en desigualdades. Precisamente el laicismo como marco político y jurídico debe tener carácter social, que ha de traducirse en luchar contra las desigualdades de todo tipo. 

Conforme a esta imagen de laicismo, que considero la más coherente con la tradición ilustrada de la que procede y con su práctica en los Estados laicos, las religiones no tienen razones éticas, políticas o religiosas para oponerse a la educación en el laicismo. Todo lo contrario, creo que deben apoyarla, ya que dicha educación implica la defensa de la igualdad de todas las religiones ante la ley, posibilita su libre ejercicio y elimina cualquier discriminación o privilegio. Asimismo, constituye la mejor garantía para el reconocimiento y la práctica de la libertad de conciencia y de la libertad religiosa. 

Educar en la interculturalidad y el diálogo interreligioso, contra los fundamentalismos 

Finalmente, educar en los derechos humanos requiere una educación intercultural. No vivimos en un universo cultural, en una única cosmovisión, sino en un pluriverso de cosmovisiones. La historia de las culturas es la mejor escuela para el reconocimiento de dicho pluriverso. Tampoco vivimos en un universo religioso, sino en un amplio mosaico de religiones y espiritualidades. La historia de las religiones así lo demuestra. Ello exige huir de las clasificaciones apriorísticas de culturas y religiones superiores e inferiores, culturas y religiones universales y locales, que suelen hacerse en las aulas en el estudio comparado de las culturas y desembocan en imperialismo cultural. Entiendo la interculturalidad como la comunicación simétrica y la interacción dinámica de las diferentes cosmovisiones, es decir, culturas, filosofías, teologías, concepciones morales, sistemas jurídicos, epistemologías. 

En la interculturalidad no hay una absorción o precedencia de una cultura sobre otra, como sucede en el caso de la “asimilación”, como tampoco coexistencia, como es el caso del “multiculturalismo”, que suele desembocar en racismo encubierto, sino correlación, comunicación fluida, diálogo simétrico y compromiso de compartir un espacio comunitario humanizador. La interculturalidad constituye una experiencia de apertura a las personas de otras culturas mediante la acogida, que obliga a replantear la propia vida tanto a nivel personal como social. 

En el ámbito educativo implica la apertura a la pluralidad de textos y contextos, considerados todos ellos fuentes de conocimiento, a la pluralidad de culturas como fuentes inagotables de sabiduría, la disposición a valorar la riqueza de otras tradiciones culturales, religiosas y étnicas, la no discriminación de las personas y los grupos que pertenecen a ellas, pero tampoco “conferir privilegio alguno [a priori] a ningún lenguaje, religión y cultura”, como afirma el filósofo y teólogo intercultural Raimon Panikkar. 

__________________ 

Juan José Tamayo es teólogo de la liberación, miembro de la Junta Directiva de la Asociación Pro Derechos Humanos de España y autor de La compasión en un mundo injusto (Fragmenta, 2021) 

Día del Migrante

Confer denuncia las “situaciones de injusticia que se viven en las fronteras”

Los religiosos y religiosas españoles se unen a la celebración del Día Internacional del Migrante

migrantes-salto-valla-ceuta

El Consejo Asesor de CONFER Migraciones, que trabaja en el ámbito de la movilidad humana y del refugio se une a la celebración del Día Internacional del Migrante, ha reconocido en un comunicado “la riqueza del aporte de las personas migrantes a nuestra sociedad” y, por ello, ha denunciado “la sistemática vulneración de sus derechos” en las fronteras.



En el comunicado, con el cual la Confer se une a la celebración del Día Internacional del Migrante, señala, además, “la reciente visita del papa Francisco a Lesbos” como signo de “fraternidad, hospitalidad y acogida a los más vulnerables”.

No callar ante las injusticias

“Esta es otra clara invitación a seguir construyendo puentes y no levantando muros que nos separen o dividan”, continúan los religiosos y religiosas, quienes entienden que, en ese sentido, “la Vida Religiosa en España tiene una gran responsabilidad: continuar participando activamente en procesos de acompañamiento, integración y sensibilización de tal manera que vayamos sintiendo dentro y fuera de la Iglesia que todos somos hermanos”. Para ello, continúan impulsando la campaña ‘+Hospitalidad: caminos de esperanzas compartidas’, la cual busca contribuir a la construcción de una Cultura del Encuentro en el entorno de las entidades, comunidades y sociedad civil.

“Creemos que no debemos, bajo ningún motivo, acostumbrarnos a las vulneraciones de derechos, como tampoco podemos legitimar con el silencio lo que sucede de un lado y otro de la frontera“, subraya la Confer. “Desde el Consejo Asesor de CONFER Migraciones entendemos que la vida de las personas es un don sagrado, que la Vida Religiosa está llamada a asumir su vocación profética desde los pobres y que los derechos humanos de las personas migradas y refugiadas no deben entrar en conflicto con una adecuada gestión de las fronteras”, aseveran.

Porque vivir sin Cies es posible. Ni Cies grandes, ni Cies pequeños

 

«Quien no tenga sueños que se disponga a tener dueños» 

Concentración ante el CIE de Aluche 

Hoy, muy cerquita del CIE de Aluche, estábamos reunidos para recoger los sueños rotos de muchos migrantes  pero sabemos que los trocitos rotos de esos sueños  son capaces de volar por encima de guardias, vigilantes , tapias y alambradas para ser  recogidos por nosotros casa vez más grande 

Porque son muchos los responsables políticos  que llevan mucho tiempo mirando hacia otro lado . Porque los CIEs son monstruos a plena luz del día que los sueños de la  sinrazón produce 

26.09.2021 | José Luis Pinilla, sj 

Soñadores: Me uní en la convocatoria de manifestación frente a los CIES el sábado 25 convocado por varias asociaciones ( Mesa de hospitalidad de archidiócesis de Madrid, SJM . Pueblos unidos San Carlos Borromeo, Karibú, Mundo en movimiento etc). Quería reforzar mis sueños en la víspera de la Jornada de las Migraciones  Desde ahí fue posible manifestar mis sueños Porque «el derecho de soñar no figura entre los treinta derechos humanos que la ONU  proclamó en 1948. Pero si no fuera por él, y por las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed». Es una frase de Eduardo Galeano

Y ante el rotundo derecho a soñar , el cantautor Luis Eduardo Aute , nos advertía que “quien no tenga sueños que se disponga a tener dueños». Para eso estábamos allí. En Una Vigilia que alimentara nuestra capacidad de soñar para  construir alternativas. Porque vivir sin Cies es posible. Ni Cies grandes, ni Cies pequeños. Para pasar de la hostilidad a la Hospitalidad 

Hospitalidad. Hermosa palabra. Femenina. Seña de identidad para muchas culturas y religiones. «Sean buenos con sus vecinos parientes y no parientes… y también con el viajero», dice el Islam, en la  4ª Sura. En el hinduismo la hospitalidad demanda recibirlos como si fueran divinos. Y en la tradición judía mostrar hospitalidad es considerado un mandamiento imprescindible. Sobre todo con  forasteros hambrientos o necesitados de descanso. La Carta a los Hebreos la recomienda diciendo: «Algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles» (Hb. 13,2). “Quien recoge a un forastero a mi recoge”, dice Jesus. “Donde los demás ven un emigrante nosotros vemos un hermano” que decía Monseñor Santiago Agrelo  . 

Hoy, muy cerquita del CIE de Aluche, estábamos reunidos para recoger los sueños rotos de muchos migrantes  pero sabemos que los trocitos rotos de esos sueños  son capaces de volar por encima de guardias, vigilantes , tapias y alambradas para ser  recogidos por nosotros casa vez más grande.  

Para recomponerlos en el horizonte de una sociedad acogedora e inclusiva, donde a nadie se le prive de libertad por carecer de documentación en regla. Porque creemos que esto último está al alcance de nuestra mano. Trabajando cada vez más y mejor en red Esto es imprescindible. Sinodalidad  

 “Hacia un nosotros cada vez más grande “  dice el lema del día de la migraciones. Pero eso no será posible, entre otras causas mientras las vallas, los Cíes,  las devoluciones en caliente y demás zarandajas en defensa de los poderosos nos impidan cultivar la cultura del encuentro. Y no lo lograrán si nos mantenemos unidos.   

 “Nunca se dirá” – dice el papa sobre los migrantes – “que no son humanos pero, en la práctica, con las decisiones y el modo de tratarlos se expresa que se les considera menos valiosos, menos importantes, menos humanos. Es inaceptable que los cristianos compartan esta mentalidad y esas actitudes, haciendo prevalecer a veces ciertas preferencias políticas por encima de las convicciones de  la fe. (FT.Nº 39)   

Caminando “Hacia un nosotros cada vez más grande “ Por el  rigor y la seriedad de tantos fundamentos jurídicos y tantas personas y asociaciones que avalan el cierre permanente de los Cies. Por  la experiencia tan positiva que supuso la realidad de su vaciamiento temporal en tiempos de pandemia. Porque son muchos los responsables políticos  que llevan mucho tiempo mirando hacia otro lado . Porque los CIEs son monstruos a plena luz del día que los sueños de la  sinrazón produce. Cuando en realidad la razón de los sueños es que se conviertan en impulso para la utopía que las bienaventuranzas proclaman. Por eso  y por mucho más estuvimos delante y frente a los Cies. Para recordarlo a nosotros mismos y a otros

Derechos Humanos e Iglesia Católica

por José Francisco Gómez Hinojosa 

  

La teología cristiana, lo mismo católica que protestante, del siglo XX, se planteó la pregunta sobre la relación entre la historia profana y la de la salvación. Algunos teólogos sostuvieron que ambas estaban íntimamente ligadas; otros, en cambio, afirmaron que corrían de forma paralela, como las vías del ferrocarril.

Creo que triunfó la primera tesis gracias a expresiones conciliares como “signos de los tiempos”, que nos animaban a encontrar en los afanes humanos la presencia divina. Este horizonte planteaba una exigencia: discernir en el desarrollo de la humanidad aquellos elementos que la Iglesia debía también asumir, no sólo para no quedarse rezagada y caminar acorde a los tiempos actuales, sino para descubrir, con humildad, los aportes que la sociedad le podía brindar, para cumplir mejor con su misión.

Una contribución evidente del mundo contemporáneo lo es la ciencia y tecnología. Y me parece que, con altibajos, avances y retrocesos, la Iglesia se ha enriquecido con la cibernética. El uso de las redes sociales y del zoom, por ejemplo, han sido un auxilio invaluable para que los pastores se mantengan en contacto con sus fieles durante la pandemia, para transmitir misas y pláticas, para organizar tareas caritativas.

Pero hay un tema en el que, me parece, la resistencia eclesiástica a incorporar un gran valor del mundo contemporáneo es muy grande. Me refiero a la cultura de los derechos humanos y, en concreto, al reconocimiento de los derechos de mujeres y personas homosexuales.

En una civilización cada vez más preocupada por dar su importante lugar a la dignidad femenina, y con instituciones más abiertas a incorporar mujeres a sus órganos directivos, la Iglesia sigue reacia ya no digamos al sacerdocio femenino, sino a aceptar en algunas laicas las suficientes competencias para coordinar distintas tareas y oficios eclesiales.

Lo mismo dígase de las personas homosexuales. No sólo se les niega la posibilidad de establecer relaciones amorosas, basadas en la responsabilidad y el compromiso, sino que también se les impide el acceso al sacerdocio cuando se confiesan homosexuales, porque abundan curas y obispos que no salen del clóset y que, castos o no tanto, ejercen el ministerio sacerdotal y hasta ocupan altos puestos en las jerarquías eclesiásticas.

Mientras la Iglesia Católica no supere estos dos lastres, su discurso a favor de los derechos humanos será sólo eso, una disertación carente de respaldo en la realidad.

Pro-vocación

Dice su Excelencia Joseba Segura, obispo de Bilbao, que “nadie entra al seminario para beneficiarse económicamente”. Lamento contradecir al prelado. Allá por los 80’s, en Roma, tuve un compañero africano que después de terminar el doctorado en filosofía, siguió con otro en una materia tan semejante como ¡Derecho Canónico! Todo con tal de no regresar a su pobre diócesis. Para muchas personas, por desgracia, el ministerio presbiteral significa un ascenso social, del que con frecuencia se benefician sus familias.

Derechos sin deberes son crímenes

José Ignacio González Faus,

          Se ha comentado muchas veces la capacidad que tiene el ser humano para envilecer o prostituir las realidades más hermosas: sea el amor, la convivencia o el deporte. Temo que algo semejante estemos llevando a cabo con el tema sagrado de los derechos humanos.

          La obsesión de las históricas Declaraciones de derechos humanos por subrayar que estos son algo de todos los humanos (y no solo de los grupos poderosos de la tierra), llevaba implícita la afirmación de que los derechos humanos son sobre todo, obligaciones mías para con los que más carecen de ellos: deberes para con los demás y no solo ventajas o exigencias mías ante ellos. Poco a poco ese presupuesto se ha ido olvidando y los derechos humanos se están convirtiendo en derechos del egoísmo humano: cada cual los reivindica solo para sí (o para él y su grupo). Hasta el punto de que deseos o veleidades mías pasan por delante de auténticas necesidades de los otros. Y sin atender a la elemental posibilidad de conflictos entre derechos propios y ajenos, que puede implicar alguna limitación de las propias reivindicaciones.

          ¿Qué puede seguirse de ahí? Intentaré sugerir algunas pistas siguiendo el lema del gran Sandino nicaragüense: “los derechos de los pobres son más sagrados que los derechos de los poderosos”.

          1.- Creo que lo antes dicho se ha manifestado claramente durante la covid19: hemos visto bastantes grupos reclamando su derecho (¡teóricamente innegable!) a ir donde quieran, con quien quieran y como quieran, pero sin que eso implique además un derecho de los otros a no ser contagiados por el virus: ellos verán. Y aclaro que esta afirmación no impide reconocer la gran dificultad de precisar los límites y las dimensiones de cada reivindicación, en un tema como este donde hay pocas certezas y muchas probabilidades, imposibles de delimitar con exactitud.

          La pasada declaración de nuestro Tribunal Constitucional sobre el estado de alarma es un ejemplo de ello. Podría ser (no sé) que ese estado de alarma fuese efectivamente inconstitucional (aunque la ajustada mayoría y el voto particular del señor Conde Pumpido merecen, una consideración muy seria). Pero aunque fuese inconstitucional era éticamente obligatorio: nos dicen que salvó casi medio millón de vidas. Pero, aunque hubieran sido solo mil, un juez está obligado a tener esto en cuenta, incluso aunque crea que a él le toca solo lo jurídico y no lo ético: porque lo ético también tiene que ver con la justicia. Y no es lo mismo una ilegalidad moral que una ilegalidad inmoral. Jesús de Nazaret también hizo muchas cosas que eran ilegales, pero moralmente provechosas. Hubo Nicodemos y Arimateas que comprendían eso; hubo también sumos sacerdotes y sanedritas que lo condenaron por ello.

          En cualquier caso, resulta innegable que durante esta epidemia, mucha gente ha concebido y ha invocado los derechos humanos como una legitimación de los propios egoísmos y de la propia insolidaridad. Y que este modo de proceder ha tenido un influjo importante en la aparición de esa “quinta ola” o “variante delta” o como queramos llamarla.

          2.- Pero estas reflexiones no apuntan propiamente a la pandemia que ha sido solo una especie de parábola inicial. El objetivo al que queríamos llegar es una nueva Declaración (esta vez no nacional sino mundial) de un grupo de científicos que alarmaban sobre el problema ecológico, calentamiento del planeta, cuidado de la casa común o como queramos llamarlo. La declaración amenaza con “un futuro espantoso” (la pérdida constante de la biodiversidad hará imposible la vida compleja en la tierra) y es pesimista por la constatación de compromisos y deberes incumplidos desde que comenzamos a vivir este problema. Los poderes que están destrozando el planeta (poderes económicos sobre todo y, por eso, globales) apelan también a supuestos derechos y grandes palabras: derecho al progreso, para destruir la Amazonía; a la conquista de un futuro mejor o a la libertad de emprendimiento, para destruir el planeta. O derecho a disponer la riqueza privada a gusto propio, para no tomar medidas que son urgentes. ¿Hemos vuelto al “ius utendi et abutendi (derecho a usar y abusar) de los romanos?

          Y por supuesto, entre la gente y entre los medios de comunicación, estos informes tienen mucha menos resonancia que el estúpido melodrama Messi con tantas lágrimas ridículas. La ciencia es como Dios: existe cuando nos podemos aprovechar de ella; pero no cuando nos avisa de un mal camino.

          Imaginemos (a modo de parábola) que en alguna isla todavía inexplorada se descubre un nuevo tipo de setas. Una mayoría de los científicos del planeta considera, por análisis químicos, que tales hongos son venenosos.  Otro grupo, apelando al derecho a la propia opinión, sostiene que son inocuos y que pueden ser comercializados (curiosamente, entre estos disidentes, están los propietarios de los terrenos en que aparecieron dichas setas…). A base de solos argumentos no se llega casi nunca a la evidencia plena. Lo único claro es que el riesgo que se corre no es el de una simple indigestión sino el del envenenamiento. ¿Cuál debería ser la conducta seguir en un caso así?…

          3.- Esa parábola no pretende ser una predicción de lo que va a pasar sino una explicación de cómo se deben enfocar los derechos humanos en muchas situaciones de la historia. No vale apelar solo a lo que se considera un derecho individual propio, sino que es necesario tener siempre ante los ojos, en cualquier decisión, la situación global en la que estoy actuando: también vale aquí aquello tan importante y tan incumplido de “pensar globalmente y actuar localmente”. Por eso me permito terminar evocando dos lecciones que últimamente me he hartado de repetir.

          Una es el socorrido refrán latino (corruptio optimi pessima): la corrupción de lo óptimo se convierte en lo pésimo: y los derechos humanos están entre las cosas mejores que tenemos. El otro es la apelación (que me he cansado de hacer) a la advertencia de Simone Weil hace ya casi un siglo: una declaración de los derechos humanos, sin otra declaración universal de los deberes humanos, puede convertirse en eso que los latinos llamaron “corruptio optimi”.

          Así estamos. Y en la raíz de esta situación creo que está ese individualismo desproporcionado que ha sido el pecado original de nuestra querida Modernidad. Los derechos humanos dejan de ser entonces un deber mío hacia los demás, y se convierten en un deber de los demás para conmigo.   ¿Lograremos salir de ahí?

Clamor del Vaticano a los talibanes

El clamor del Vaticano a los talibanes: “Reconozcan el derecho a la vida y la libertad de circulación y de religión”

El portavoz de la Santa Sede ante la ONU reclama a la comunidad internacional que pase “de las palabras a los hechos” en la acogida de refugiadosDD

La preocupación de la Santa Sede por la crisis en Afganistán es más que notable. Así lo ha manifestado el sacerdote John Putzer, encargado de Negocios de la Misión Permanente de la Santa Sede ante la ONU y otras organizaciones internacionales en Ginebra.

Durante el 31ª sesión extraordinaria del Consejo de Derechos Humanos celebrada de forma virtual, el portavoz vaticano instó a la comunidad internacional a pasar “de las palabras a la acción” en lo que a la acogida de refugiados se refiere desde un “espíritu de fraternidad humana”.

Reconocer la dignidad humana

Con la encíclica ‘Fratelli tutti’ como eje de su intervención en el foro global, el diplomático católico hizo un llamamiento para que en Afganistán, ahora bajo el dominio talibán, se puedan “reconocer y defender el respeto de la dignidad humana y los derechos fundamentales de toda persona, incluidos el derecho a la vida, la libertad de religión, el derecho a la libertad de circulación y de reunión pacífica”.

Para Putzar, “en este momento crítico” resulta “de vital importancia apoyar el éxito y la seguridad de los esfuerzos humanitarios en el país, con un espíritu de solidaridad internacional, para no perder los progresos realizados, especialmente en las áreas de salud y educación”. Sobre cómo abordar el actual conflicto abierto en el país asiático, desde el Vaticano se presenta “el diálogo inclusivo” como “la herramienta más poderosa”.

Afganistán: geopolítica versus DD.HH.

Afganistán: geopolítica versus Derechos Humanos

Se está consumando el enésimo episodio vergonzante por parte de la, cada vez con menos propiedad, denominada comunidad internacional. Porque de igualdad de sus miembros en lo que respecta a derechos y obligaciones ejercidos y defendidos en igualdad va quedando poco. El ejercicio de autocomplacencia de la Unión Europea y de Estados Unidos respecto al papel que se está jugando en esta precipitada retirada de Afganistán resulta, cuando menos, sonrojante. Las escenas que se están transmitiendo casi en ‘streaming’ de la huida despavorida de la población civil afgana nos remite, por desgracia, a otros conflictos pasados (antigua Yugoslavia) o en curso (Siria; si, aún en curso aunque nos hayamos olvidado) Episodios como el de Sebrenica en Bosnia-Herzegovina cobran vida en estos días. No solo por lo que vemos en el aeropuerto de Kabul sino, ojalá nos equivoquemos, por lo que se nos antoja presumible en el momento en el que –a partir del día 31 de agosto– la “tregua talibán” para la evacuación y salida occidental se dé por concluida.

Piedra de toque

¿Qué ha pasado para que asistamos a esta falta de previsión de las cancillerías europeas y estadounidense? Nada en absoluto. Todo está sucediendo conforme a sus previsiones. La retirada norteamericana estaba decretada ya por la administración Trump; Biden no la ha cancelado, en un ejercicio de conjunción de intereses a los que, tanto demócratas como republicanos, parecen responder de forma similar ante los intereses de sus respectivos lobbies. Afganistán ha sido la piedra de toque y el obstáculo a los intereses geopolíticos de todos los imperios contemporáneos (británico, ruso, soviético y norteamericano) Todos acabaron claudicando en conflictos de enorme desgaste militar, económico, humano, reputacional y de erosión en sus respectivas sociedades civiles. Tras la fallida incursión de la Unión Soviética pocos años antes de su desaparición, Estados Unidos recogió el testigo después de los atentados del 11-S del año 2001. Veinte años después se retira después de haber sido incapaz de diluir a los talibanes, aquel grupo de radicales que nos descubría Ahmed Rashid en el año 2000 en su magistral ensayo. Después de una ingente inversión (pública y privada) y un coste elevado en vidas civiles y militares del contingente internacional desplegado por Estados y organizaciones internacionales. La inversión en infraestructuras materiales, en la construcción institucional de un Estado semi-fallido, en la edificación de unas fuerzas armadas nacionales y en educación parece haberse escurrido por el desagüe de la historia. La corrupción sistemática, incontrolada por los Estados e Instituciones involucrados en la financiación de los diversos proyectos, no puede ser una explicación exculpatoria.

Las potencias y actores regionales comienzan a posicionarse en el nuevo contexto de equilibrios geopolíticos. Rusia, al igual que China, Turquía o Irán, no han retirado sus misiones diplomáticas. Llenar el vacío dejado por Estados Unidos puede configurar un nuevo sistema de alianzas estratégicas. La protección de las fronteras respectivas frente a un potencial auge del terrorismo integrista se impone como uno de los objetivos prioritarios, especialmente en repúblicas ex soviéticas como Turkmenistán, Tayikistán o Uzbekistán. Rusia contempla con inquietud el poder desestabilizador de la región. No olvidemos el papel protagonista de una potencia nuclear como Pakistán, cobijo tradicional de los talibanes y soporte estratégico y financiero de los mismos. Irán se enfrenta, de nuevo, a la expansión suní de su íntimo “enemigo” Arabia Saudita. ¿Y China? Espectadora de excepción de los acontecimientos, su posición futura como potencia en expansión y refractaria a los derechos humanos y a un Derecho internacional que considera “liberal y occidental” es un auténtico interrogante.

Garantizar los derechos humanos

Resulta lacerante para la sociedad civil afgana, en especial para las mujeres y niñas, cerrar la puerta a las oportunidades de educación y de disfrute de unos derechos humanos esenciales a los que se había abierto—aunque todavía no en pie de igualdad— durante estas casi dos décadas, después del conflicto militar. La brutal represión que se avecina, las violaciones masivas de derechos humanos, la retrocesión a unas condiciones de vida medievales avaladas por un rigorismo incompatible con el mundo actual, debe de caer en la conciencia de los gobiernos occidentales y en la moral de todos los que formamos parte de la comunidad internacional. Somos conscientes de que Estados Unidos no tiene el papel de gendarme internacional, asumiendo los costes ‘sine die’, de la pacificación de Afganistán. Sin embargo, cabe recordar que su intervención en el Estado desde el año 2001 tenía unos objetivos estratégicos, desde el punto de vista geopolítico y económico, parecidos a los que ahora se presentan para su retirada. Estos episodios ya los conocemos. Su reiteración forma parte de la Historia Contemporánea universal, y no solo en el caso de Estados Unidos.

¿Cómo se podrán garantizar los derechos humanos de la población civil afgana? De ninguna manera, no nos engañemos. La exigua cantidad de población refugiada que llegará a la Unión Europea no tendrá nada qué ver con el éxodo del conflicto de Siria. Y ya sabemos el fracaso en la gestión del mismo por parte de la UE, encargando la misma a Turquía. En las próximas semanas y meses veremos y leeremos críticos análisis sobre la situación en Afganistán. Pero, por favor, no mencionemos la protección de los derechos humanos en vano; no más ejercicios de autocomplacencia con nuestro compromiso con los mismos (nacional, regional o universal). Si somos partícipes del horror, por acción u omisión, no más felicitaciones, no más fotos. Dejémoslo para los auténticos protagonistas, héroes anónimos, fuerzas armadas, sanitarios, Organizaciones no gubernamentales y seres humanos que han pagado con su vida el fallido intento de creación de una sociedad mejor en Afganistán

13 TV : una violación flagrante de los DD.HH.

Trece TV: ¡Una interminable apología de violación de derechos humanos fundamentales!

Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger

Lo recibí en mi correo electrónico el día 20 de agosto.
Procedía de Free Lance para VOX CEUTA.
El encabezamiento rezaba así:
Jesús flagelando a Bergoglio por no ser vicario suyo ni de su Evangelio y traidoramente volverse vicario del islamismo invasor de Occidente además de lacayo propagandista de la diosa Farmamédica y su corrupto y criminal Negocio Vacunatorio.
Y le seguía un montaje en el que se representaba ese nuevo episodio evangélico.
Lo mandé sin más a la papelera.
Pero el día 23, en el programa de la noche de TRECE TV –creo que es El Cascabel-, veo que se concede a VOX un prolongado tiempo de cátedra sobre devolución de inmigrantes a sus países de origen: ¡Una interminable apología de violación de derechos humanos fundamentales!

Nada tengo que decir a los periodistas, que son los únicos responsables de sus ideas y de sus palabras. Pero, si ese canal televisivo tiene algo que ver con la Conferencia Episcopal Española, entonces, a quien corresponda, este cristiano de a pie, ha de recordarles otra vez y otra vez y otra vez que los medios de comunicación de la Iglesia no pueden ser púlpito de violencia contra los pobres, no pueden ser altavoz de odio al evangelio de Jesús, no pueden instigar desprecio a Jesús crucificado, no pueden ser cómplices de indiferencia criminal frente al dolor de los migrantes.