Chile: después del rechazo, ¿qué?

Inesperado y categórico triunfo del rechazo dejó fuera la propuesta constitucional de la Convención elegida por voto popular con paridad de género y participación de pueblos indígenasEste plebiscito era un paso en el proceso para redactar una nueva constitución que ahora debe continuar definiendo un nuevo camino

Gabriel Boric

Encuestas y expertos electorales anunciaban el triunfo del rechazo, aunque reconocían que el resultado sería estrecho. Por eso, el categórico 62% por sobre el 38% del apruebo sorprendió a todos, incluso a sus propios adherentes.


El plebiscito pedía a cada ciudadano definir si aprueba o rechaza la propuesta constitucional. Por la trascendencia del tema, el voto era obligatorio lo que provocó que se llegara a la cifra más alta de participación en la historia del país: más de 13 millones, en un padrón electoral de unos 15.200.000 de electores.

Acuerdo nacional por nueva Constitución

Este plebiscito es un punto de llegada del proceso originado en las multitudinarias manifestaciones sociales que tuvieron lugar a partir de octubre de 2019 en todo el país, las que provocaron que dirigentes políticos firmaran el “Acuerdo por la paz social y la nueva constitución”, en noviembre de ese año. En ese documento se comprometían a generar las leyes necesarias para realizar un plebiscito en el que la ciudadanía definiera si estaba de acuerdo, o no, en disponer de una nueva Constitución y el mecanismo a través del cual se haría.

La primera fecha para ese plebiscito fue postergada debido a la pandemia. Se realizó en octubre de 2020 y su resultado fue categórico: un 80% aprobó elaborar una nueva Constitución y hacerlo a través de una Convención Constitucional. Esta es la hoja de ruta vigente aún.

Con las disposiciones legales necesarias, en mayo de 2021 se realizó la elección de los 154 integrantes de la Convención, con paridad de género y escaños reservados para representantes de los pueblos originarios. Durante un año elaboraron el texto que ahora se presentó al país para ser aprobado o rechazado, en el llamado ‘plebiscito de salida’.

Una propuesta que interprete a todos

“Hoy ha hablado el pueblo de Chile y lo ha hecho de manera fuerte y clara”, afirmó el presidente Gabriel Boric al iniciar su discurso la noche del plebiscito. Señaló que el resultado del plebiscito tiene dos mensajes. “El primero, dijo Boric, es que (Chile) quiere y valora a su democracia. Que confía en ella para superar las diferencias y avanzar. Y eso lo confirma este proceso electoral que ha tenido la mayor convocatoria de ciudadanos y ciudadanas en las urnas en toda nuestra historia”.

Continuó: “El segundo mensaje del pueblo chileno es que no quedó satisfecho con la propuesta de Constitución que la Convención le presentó a Chile, y por ende ha decidido rechazarla de manera clara en las urnas. Esta decisión de los chilenos y chilenas exige a nuestras instituciones y actores políticos que trabajemos con más empeño, con más diálogo, con más respeto y cariño, hasta arribar a una propuesta que nos interprete a todos, que dé confianza, que nos una como país. Y allí, el maximalismo, la violencia y la intolerancia con quien piensa distinto deben quedar definitivamente a un lado”.

Agregó que “como Presidente de la República, recojo con mucha humildad este mensaje y lo hago propio”. Aunque esta propuesta ha sido rechazada, el proceso hacia una nueva Constitución sigue vigente. Por ello Boric, en su discurso, se comprometió “a poner todo de mi parte para construir, en conjunto con el Congreso y la sociedad civil, un nuevo itinerario constituyente que nos entregue un texto que, recogiendo los aprendizajes del proceso, logre interpretar a una amplia mayoría ciudadana”.

Obispos llaman a continuar trabajando

La tensión previa al plebiscito ya había puesto en el debate público alternativas para cualquiera de los dos escenarios posteriores.

En ese contexto, días antes del plebiscito, el Comité Permanente del Episcopado emitió una declaración llamando a trabajar en unidad, cualquiera sea el resultado.

Dijeron los obispos: “Todos somos conscientes que el proceso que hemos vivido en estos últimos años, y también la misma discusión constitucional, han dejado de manifiesto los graves desafíos que tenemos como nación, que se han expresado en demandas sociales, políticas y económicas. También hemos comprobado que el proceso vivido no ha logrado la cohesión y adhesión que muchos esperaban. La polarización de posturas políticas e ideológicas ha sido muy manifiesta. Ante esta realidad no cabe el abatimiento o la desesperanza porque Chile, como lo ha demostrado durante su historia, tiene vocación de paz y de unidad”.

Llaman a “continuar trabajando por el bien de Chile”, aceptando los resultados del plebiscito, evitando cualquier tipo de violencia “que, como sabemos, termina por afectar a los más necesitados y desvalidos de la sociedad”, dicen los obispos.

Para después del plebiscito, los obispos piden “una renovada generosidad y capacidad de diálogo, por lo que llamamos a todos, especialmente a los que actúan en la vida pública y en la política, a ampliar la mirada y pensar en común lo que nos pueda llevar a un Chile más justo, fraterno, menos desigual y con mejores oportunidades para todos sus habitantes”.

Ese es el desafío que enfrenta el país, ahora. Boric ha convocado a dirigentes políticos, sociales y académicos para llegar a acuerdos que definan el camino a seguir en la ruta hacia una nueva Constitución, como fue acordado en el plebiscito de octubre de 2020.

El Comité Permanente del Episcopado cierra su declaración con este llamado. “Mediante este mensaje queremos apelar al sentido ético y religioso que habita en el alma de la gran mayoría de los chilenos y chilenas, proponer sendas que nos lleven a terminar con la violencia bajo todas sus formas e invitar a ser factores de unidad y de paz. El amor a Dios, al prójimo y a la Patria, son las fuerzas que deben conducirnos por caminos que edifiquen la paz social y dejen atrás tensiones y conflictos, que deterioran la convivencia y la democracia, para dar paso a la concordia, la prosperidad y la unidad

Democracia en peligro: Argentina y Chile

El presidente chileno Gabriel Boric vota durante el referendum constitucional. A la derecha, la vicepresidenta de argentina Cristina Fernández de Kirchner.-

BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS

 Cada vez que la democracia entra en el imaginario popular como instrumento para luchar contra la injusticia social, se convierte en blanco de fuerzas antidemocráticas, una amplia gama de fuerzas nacionales e internacionales con diferentes matices políticos que van desde los nuevos movimientos fascistas y neonazis hasta los sectores capitalistas y las élites más retrógradas de los países. Esta es la conclusión que se puede extraer (una vez más) de los acontecimientos más recientes en América Latina. El 1 de septiembre, la vicepresidenta de Argentina y la posible precandidata a un nuevo mandato presidencial, Cristina Fernández de Kirchner, fue víctima de un intento de asesinato por parte de un individuo neonazi. El día 4, el borrador de la nueva constitución de Chile fue rechazado por el 61,86% de los votos contra el 38,14% después de un campo dominado por la política del odio, las noticias falsas y una burda manipulación mediática por parte de las fuerzas que se oponían al nuevo texto constitucional.

Estos dos acontecimientos ilustran dos de los cuatro instrumentos principales que las fuerzas antidemocráticas utilizarán en un futuro próximo para neutralizar el movimiento democrático que surge de las clases populares contra la injusticia y la discriminación social tanto en América Latina como en el resto del mundo. Los otros dos instrumentos son, por un lado, la neutralización político-judicial de los líderes políticos o de las medidas políticas a través de lo que se llama convencionalmente lawfare, guerra legal, y, por otro lado, el fraude electoral. Estos cuatro instrumentos merecen una atención detallada. Hay que entender que no son instrumentos separados por algún desacuerdo ideológico entre las fuerzas antidemocráticas. Cualquiera de estos instrumentos puede ser utilizado por las mismas fuerzas y la decisión de utilizarlos depende únicamente del cálculo de su eficacia. Por ejemplo, cuando la aspiración democrática de las clases populares se condensa en una figura política que por su trayectoria política o su fuerza carismática da a las fuerzas que le siguen una ventaja que no puede ser neutralizada por la manipulación de la opinión pública o por la persecución político-judicial, la liquidación física se convierte en el instrumento privilegiado, especialmente si el fraude electoral es difícil de realizar. Cuando, por el contrario, no se trata de personalidades políticas concretas, sino de medidas o políticas que, mediante legislación o referéndum, pueden poner en peligro los intereses o privilegios de clases o grupos poderosos, tanto a nivel nacional como internacional, los instrumentos preferidos son la neutralización político-judicial, la manipulación de la opinión pública o el fraude electoral.  Por ello, las fuerzas democráticas deben estar preparadas para estos cuatro tipos de ataque. Para ello es bueno que conozcan un poco más en detalle su funcionamiento. En este texto me centraré en los dos instrumentos de mayor actualidad política en Estados Unidos: el asesinato de líderes y activistas políticos y la manipulación de la opinión pública.

El asesinato de líderes políticos y activistas.  Este instrumento es el más antiguo e incluso se puede decir que siempre existió. Su uso depende de muchos factores y parece oscilar según una lógica de olas. Además, cuando se instala una atmosfera de elevada polarización política y sobre todo de violencia política es posible que el asesinato sea utilizado tanto en contra políticos de izquierda como políticos de derecha. La verdad es que en tiempos recientes los políticos de izquierda han sido de lejos los blancos de la violencia política.

Todo nos lleva a creer que estamos entrando en una nueva ola. Durante el siglo pasado, el asesinato se ha producido ya sea para impedir la profundización democrática (medidas que mejoran las condiciones de vida de las poblaciones más vulnerables o ponen en riesgo los intereses de las élites nacionales o de potencias extranjeras) o, más radicalmente, para allanar el camino a la dictadura. La mayoría de los asesinatos e intentos de asesinato nunca se ha aclarado completamente ni sobre quién mató ni, mucho menos, sobre quién mandó a matar. Durante las décadas de 1960 y 1970, varios políticos y sindicalistas africanos fueron asesinados o murieron en circunstancias misteriosas (accidentes, por ejemplo) que nunca se aclararon. En el momento de los hechos se consideraron actos aislados y sólo mucho más tarde se supo de la participación de los servicios secretos belgas, franceses y estadounidenses.  En América Latina, es necesario recordar la Operación Cóndor, la campaña secreta promovida por Estados Unidos y dictadores de América Latina desde 1975 para asesinar a los políticos de izquierda. Algunas estimaciones indican 60.000 muertos, 30.000 de ellos en Argentina.

En tiempos más recientes, los asesinatos, consumados o no, tienen tres características. En primer lugar, en tiempos de redes sociales y noticias falsas, el asesinato siempre está precedido por un discurso de odio promovido por las mismas fuerzas antidemocráticas con el objetivo de trivializar simbólicamente el acto de matar. En los últimos tiempos, la consigna «muerte a Cristina» ha sido frecuente en las manifestaciones de la derecha argentina. Es muy perturbador que en democracia se cree un ambiente de política abismal: o nosotros o el abismo. En estas condiciones, quien tenga temor del «candidato del abismo» puede ser tentado a matar para impedir que ese candidato llegue al poder.

En segundo lugar, el uso del asesinato es más probable cuando la neutralización político-judicial no puede activarse a tiempo para evitar la manipulación electoral y mediática y el fraude electoral no garantiza la eficacia frente a la fuerte tradición de movilización popular en las calles, una tradición que, como sabemos, es muy fuerte en Argentina. Finalmente, el perpetrador es un ser despreciable con posibles vínculos extremistas, pero que fácilmente puede considerarse que ha actuado solo. Obviamente que en situaciones de polarización elevada el acto solitario es bien probable, pero debe advertirse que este tipo de agente ha sido utilizado en el pasado como estratagema elegida para desalentar la investigación sobre cualquier vínculo más amplio, nacional o internacional, con el crimen.

El intento de asesinato contra Cristina Fernández de Kirchner ha provocado, por sus propias características, otro efecto todavía más insólito: el intento de dar crédito a la idea de que este hecho haya sido un show montado por los seguidores de la vicepresidenta para promover su capital político. Cuando se llega a este bajo nivel, lo que parece estar en causa es la despolitización y banalización total de la vida humana en cuanto recurso político. Si aceptamos esto, llegaríamos al grado cero de la democracia.

La manipulación mediática de la opinión pública. No es este el lugar para evaluar los méritos y posibles defectos del proyecto de la Constitución de Chile. Para que no haya duda sobre mi opinión, estoy muy orgulloso de haber sido invitado como consultor de la Asamblea Constituyente para los temas de la plurinacionalidad y del pluralismo jurídico, dos temas muy importantes para los pueblos indígenas de Chile.  También estoy consciente que el contexto político que llevó a la elección de la Asamblea Constituyente cambió significativamente en los tiempos posteriores como se ha visto en las últimas elecciones presidenciales. Debe añadirse que la calidad política del desempeño del presidente Gabriel Boric en los últimos meses no fue de lo mejor y no hay duda de que su presidencia estaba muy identificada con la nueva Constitución. Por último, debe considerarse que después de cuarenta años de una de la Constituciones más conservadoras del mundo (la Constitución en tiempos del dictador Pinochet) no sería fácil pasar a una de las Constituciones más progresistas del mundo.

Pero nada de esto está en discusión en este texto. Lo que discuto es el hecho que el proceso electoral que condujo al rechazo a la nueva constitución de Chile es un ejemplo extremo de manipulación de la opinión pública para condicionar el sentido del voto. Él es ciertamente responsable por la pesada derrota del proyecto. Los instrumentos que se movilizaron para embriagar a la opinión pública con falsedades sobre el texto de la nueva Constitución fueron utilizados anteriormente en la campaña del Brexit en Inglaterra (2016), en la campaña contra el referéndum de los acuerdos de paz en Colombia (2016) y en las campañas electorales de Donald Trump en EEUU (2016 y 2020) y Jair Bolsonaro en Brasil (2018),  en la campaña contra Evo Morales en Bolivia (2019) y en un intento de impedir que Pedro Castillo asuma la presidencia en Perú (2021). Pero fueron utilizados en Chile con tal virulencia que merecen la atención especial de los demócratas de todo el mundo y especialmente de los latinoamericanos. Las características principales son las siguientes.

En primer lugar, se benefician del beneficio de las fuerzas conservadoras internacionales que, con algún aviso previo, enumeran las razones para rechazar al candidato o la medida política (por ejemplo, el acuerdo de paz o la nueva constitución). Crean un aura de respetabilidad a la posición que defienden. Por ejemplo, durante el último año The Economist ha recomendado encarecidamente el rechazo de la nueva Constitución.

En segundo lugar, la manipulación de la opinión pública se basa en un bombardeo intenso y dirigido de mensajes falsos cuyo patrón tiene como objetivo inducir el miedo de la manera más efectiva que aumenta la inseguridad del votante y su familia. En Chile, un activista de derecha arrepentido denunció un enorme conjunto de redes de WhatsApp que diariamente se combinaban para hacer un trending (una tendencia en redes sociales) contra alguien o alguna medida. El contenido concreto de los mensajes falsos varía de un país a otro. Por ejemplo, en el caso de Chile, aquí hay algunos seleccionados de una inmensa cloaca de basura informativa: si votas sí, serás un ciudadano de segunda clase; el nombre de tu país cambiará y la bandera también cambiará; dividirá el país en varios; no habrá policía que te proteja de los inmigrantes y los indígenas que tomarán el poder; las mujeres podrán abortar horas antes de dar a luz; las mujeres no podrán ir al parque a dar un paseo porque tienen miedo de los inmigrantes que pueden violarlas; no se podrá comprar agua embotellada ni hielo; no habrá educación privada ni salud privada; no habrá propiedad privada en general; nos quitarán nuestras casas y nuestra tierra; prohibirán la religión; hay que votar no a la Constitución, pero todavía están tratando de hacer fraude electoral; van a llevar a venezolanos y haitianos a votar sí; si eso no es suficiente, harán que las personas muertas y desaparecidas voten; eso está pasando en el registro electoral.

En tercer lugar, hay una organización internacional en red detrás de la desinformación masiva. En el caso de Chile, fue muy importante una vasta red de organizaciones, fundaciones, institutos, think tanks, que involucran a políticos, influencers y periodistas de derecha y extrema derecha, todos pertenecientes al Atlas Network (Red Atlas). Una vasta organización financiada originalmente por los hermanos Koch en los Estados Unidos, industriales petroleros bien conocidos por su ideología de extrema derecha. Según su propia descripción, es una organización no gubernamental con sede en los Estados Unidos que proporciona capacitación, contactos, redes y fondos a grupos libertarios y de libre mercado en todo el mundo. Cuenta con 500 organizaciones asociadas en casi 100 países. Sus cuadros se forman en EEUU y la ideología es muy homogénea y corresponde enteramente a la de la escuela de Chicago a la cual el dictador Pinochet entregó la conducta económica del país en 1973 (el neoliberalismo extremo con el desmantelamiento del Social Estado, la privatización de las políticas públicas, la minimización fiscal, el libre mercado como regulador de las relaciones económicas y sociales).  La Red Atlas es un intermediario entre quienes tienen dinero y quienes tienen el talento para difundir las ideas que defienden. Está bien presente en Brasil y sin duda será muy activo en el actual proceso electoral.

Tanto los asesinatos de activistas y líderes políticos como la manipulación de la opinión pública requieren hoy en día un vasto ecosistema digital que convierte a los adversarios políticos en enemigos, torne a las víctima contra las víctimas como medio para ocultar a los verdaderos opresores, alimente el discurso del odio e incite los instintos de venganza y cree indiferencia ante la injusticia social. A la larga, convertirá a los ciudadanos en súbditos y destruirá la democracia.

Hay que recuperar el protagonismo de la Comunidad Cristiana

Democratizar la Iglesia, camino para hacerla más comunión (2)

PorRufo González

La degeneración eclesial se ha ido evidenciando también en el protagonismo del clero. Los bautizados, la mayoría en nuestros países sin consentimiento personal, se han ido desvinculado poco a poco de la comunidad cristiana. La Iglesia se ha identificado con el clero y grupos sujetos directamente a él. Con excepciones personales, los bautizados, por el hecho de estar bautizados, no se sienten parte activa de la Iglesia, ni siquiera “Iglesia”.

Mientras siga el sistema de monarquía absoluta, con los tres escalones -papa, obispo, párroco- como únicos poderes decisivos, no es posible recrear las comunidades cristianas que surgieron del movimiento de Jesús. La Iglesia está en contradicción constante. Papa infalible y todopoderoso cediendo a la presión de unos y otros. Es la condición de todo poder absoluto, y más, concentrado en una sola persona. Acude a rodearse de leyes, ritos, instituciones, cargos, dinero… para imponerse. Instituciones organizadas digitalmente, sin control comunitario, vitalicias, fuentes de abusos y prepotencia. Se realiza la vivencia que Jesús critica: “Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros” (Mc 10,42-43a). No basta que el Papa sea persona sencilla, sobria, dialogante. El modelo de pirámide clerical implica la tiranía y la opresión. Se habla contra el clericalismo, pero no se cambia el código que lo ampara e impone. La comunidad evangélica se hace imposible.

El Evangelio no quita a las comunidades la libertad de elegir a quienes mejor puedan desempeñar las diversas funciones comunitarias. Lo entendieron y lo practicaron los primeros cristianos (He 6, 3; 15, 22ss). El Código clerical lo impide. La vida de una comunidad evangélica no puede depender de un dirigente cuasi vitalicio, inamovible, que no se reúne, ni dialoga, ni razona ni toma decisiones con la comunidad si no quiere. Es el caso -entre muchos- de la parroquia de un amigo. Tras muchos años trabajando con los sacerdotes, participando en los Consejos parroquiales y en diversas tareas, en 2004 llega un párroco nuevo y decide no contar con Consejo alguno. Ante su protesta, le prohíbe participar en toda actividad parroquial, excepto asistir al culto. Pueden leer su comentario en mi Blog (RD: “Atrévete a orar”. 20.02.2016): “Hablas de los Consejos Parroquiales. ¡¡¡Qué pena!! Llevo 38 años como feligrés… A partir del año 1978, tuvimos Consejo Parroquial presidido y orientado por los diversos párrocos… Bien conocida es la activa participación de los seglares en las diversas áreas de la pastoral. Y conocido también el efecto destructor del párroco nombrado en 2004. En un año, su falta de visión pastoral, su autosuficiencia y jactancia, unidas a su autoritarismo, han dado al traste con los Consejos. Y la parroquia ha quedado como un “supermercado de sacramentos”. Llegó a decir en uno de los últimos Consejos: “La parroquia es una empresa y yo soy el jefe”… Es lo que ocurre cuando en una parroquia falta la “comunión” entre sacerdotes y seglares. Sería un “gesto sorprendente” que los nuevos párrocos -nombrados para sustituirle, más jóvenes- restauraran los Consejos de la parroquia. Pero lo dudo… En dos años  no han movido ni un dedo. Ellos… a lo suyo: “SU” parroquia”.

“El Espíritu, que sopla donde quiere” (Jn 3, 8), no deja de suscitar comunidades, dignas del movimiento de Jesús. Comunidades de Base (Documento de Aparecida, n. 178-189), Comunidades Populares, Comunidades pequeñas dentro o fuera de la parroquia… Las diócesis y otros grupos piden al Sínodo sobre la sinodalidad reformas cuyo denominador común es recuperar el protagonismo de la comunidad.

Creo mayoritarias, y aceptables evangélica y culturalmente hoy, estas afirmaciones:

  1. El modelo actual de organización eclesial (clero-pueblo), procedente del medioevo, no es aceptado hoy como evangélico. Más aún: se le valora negativamente en orden a la implantación del reino de Dios (fraternidad universal), que proponía Jesús. El clero se ha convertido en obstáculo para el anuncio creíble del Evangelio.
  2. Hoy no se acepta la exclusiva de los sacerdotes en la enseñanza y en las decisiones de la Iglesia. Los bautizados exigen participar en la generación de doctrinas no evangélicas y decisiones importantes de su comunidad, respetando, por supuesto, el Evangelio y la Tradición conforme con el Evangelio. Ahí está el caso de la encíclica “Humanae vitae”: no ha sido recibida por gran parte de la Iglesia. Es una doctrina impuesta por parte del clero. Perjudica, sin duda, la extensión del mensaje de Jesús a muchísima gente.
  3. Igualmente se rechaza el estamento clerical que se elige a sí mismo, y no quiere dar cuenta de su gestión a la comunidad. Obispos y presbíteros se creen “elegidos” por el Espíritu Santo, como si el Espíritu de Dios no pudiera elegirlos a través de la comunidad.
  4. La Iglesia, asamblea del Pueblo de Dios, se realiza en comunidades de creyentes que viven en comunidad de hermanos. Cada vez se ve más imposible la fraternidad con leyes, instituciones, tradiciones… impuestas en una época determinada, y que hoy se ve claro que no proceden del Evangelio: Estado Vaticano, Curias que imponen leyes sin consenso eclesial, Clero como grupo dominante, separado y privilegiado con distinciones titulares y ornamentales… Hoy los católicos piden cambio estructural, que restablezca el original protagonismo de la comunidad.
  5. La Encarnación, exigencia básica del mensaje cristiano, pide aceptar toda cultura que no contradiga el Evangelio: autonomía de la razón en su campo, dignidad de los seres humanos con derechos y deberes “universales e inviolables”, libertad religiosa y civil… Sin respeto a esta cultura no podemos ser testimonio aceptable de Jesucristo.
  6. La experiencia enseña que la transformación de la Iglesia en comunidades vivas sólo viene desde comunidades adultas, capaces de reunirse libremente, unirse, dialogar con argumentos y tomar decisiones corresponsables. Clero dominante y pueblo infantilizado, acostumbrado a oír, callar y obedecer, a recibir servicios religiosos, a pagarlos… es una degeneración eclesial, cada vez más intolerable. Piénsese en el rechazo cada vez más acusado de los servicios religiosos. Estos días se conocía la situación en Barcelona: “los bautizos no llegan al 35% , los matrimonios por la Iglesia el 11%, funerales católicos el 31%. Imagínense qué números nos deparará el futuro, cuando… sean mayoritarias las generaciones que han crecido en la ignorancia y la indiferencia religiosa” (Oriol Trillas: El auge de los funerales laicos. Agosto 19/2022. Redes Cristianas).
  7. Ya existen en la Iglesia comunidades adultas. No se les puede ignorar y menos perseguirlas. Hay que impulsarlas. Son grupos de dimensiones adecuadas para conocerse, vivir en igualdad fraterna, en corresponsabilidad. Por su madurez pueden vivir la cultura actual, decir su fe en lenguaje comprensible y dar respuesta a sus necesidades. Deben ser libres en la libertad de los hijos de Dio y creativas desde la fe.
  8. Es conforme con el Evangelio aceptar que estas comunidades puedan elegir a las personas para las diversas tareas o ministerios, sin distinción de sexo ni de estado. Se supone discernimiento que tiene en cuenta “personas de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría” (He 6,3). Reunidos, dialogando, compartiendo la Palabra y la misión de Jesús, se revela el Espíritu y manifiesta la voluntad divina. Eso sucedía en el principio (He 6, 3; 15, 22ss) y puede suceder hoy.

La Comunidad cristiana

HAY QUE RECUPERAR EL PROTAGONISMO DE LA COMUNIDAD CRISTIANA

col rufo

Democratizar la Iglesia, camino para hacerla más comunión (2)

La degeneración eclesial se ha ido evidenciando también en el protagonismo del clero. Los bautizados, la mayoría en nuestros países sin consentimiento personal, se han ido desvinculado poco a poco de la comunidad cristiana. La Iglesia se ha identificado con el clero y grupos sujetos directamente a él. Con excepciones personales, los bautizados, por el hecho de estar bautizados, no se sienten parte activa de la Iglesia, ni siquiera “Iglesia”.

Mientras siga el sistema de monarquía absoluta, con los tres escalones -papa, obispo, párroco- como únicos poderes decisivos, no es posible recrear las comunidades cristianas que surgieron del movimiento de Jesús. La Iglesia está en contradicción constante. Papa infalible y todopoderoso cediendo a la presión de unos y otros. Es la condición de todo poder absoluto, y más, concentrado en una sola persona. Acude a rodearse de leyes, ritos, instituciones, cargos, dinero… para imponerse. Instituciones organizadas digitalmente, sin control comunitario, vitalicias, fuentes de abusos y prepotencia. Se realiza la vivencia que Jesús critica: “Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros” (Mc 10,42-43a). No basta que el Papa sea persona sencilla, sobria, dialogante. El modelo de pirámide clerical implica la tiranía y la opresión. Se habla contra el clericalismo, pero no se cambia el código que lo ampara e impone. La comunidad evangélica se hace imposible.

El Evangelio no quita a las comunidades la libertad de elegir a quienes mejor puedan desempeñar las diversas funciones comunitarias. Lo entendieron y lo practicaron los primeros cristianos (He 6, 3; 15, 22ss). El Código clerical lo impide. La vida de una comunidad evangélica no puede depender de un dirigente cuasi vitalicio, inamovible, que no se reúne, ni dialoga, ni razona ni toma decisiones con la comunidad si no quiere. Es el caso -entre muchos- de la parroquia de un amigo. Tras muchos años trabajando con los sacerdotes, participando en los Consejos parroquiales y en diversas tareas, en 2004 llega un párroco nuevo y decide no contar con Consejo alguno. Ante su protesta, le prohíbe participar en toda actividad parroquial, excepto asistir al culto. Pueden leer su comentario en mi Blog (RD: “Atrévete a orar”. 20.02.2016): “Hablas de los Consejos Parroquiales. ¡¡¡Qué pena!! Llevo 38 años como feligrés… A partir del año 1978, tuvimos Consejo Parroquial presidido y orientado por los diversos párrocos… Bien conocida es la activa participación de los seglares en las diversas áreas de la pastoral. Y conocido también el efecto destructor del párroco nombrado en 2004. En un año, su falta de visión pastoral, su autosuficiencia y jactancia, unidas a su autoritarismo, han dado al traste con los Consejos. Y la parroquia ha quedado como un “supermercado de sacramentos”. Llegó a decir en uno de los últimos Consejos: “La parroquia es una empresa y yo soy el jefe”… Es lo que ocurre cuando en una parroquia falta la “comunión” entre sacerdotes y seglares. Sería un “gesto sorprendente” que los nuevos párrocos -nombrados para sustituirle, más jóvenes- restauraran los Consejos de la parroquia. Pero lo dudo… En dos años no han movido ni un dedo. Ellos… a lo suyo: “SU” parroquia”.

“El Espíritu, que sopla donde quiere” (Jn 3, 8), no deja de suscitar comunidades, dignas del movimiento de Jesús. Comunidades de Base (Documento de Aparecida, n. 178-189), Comunidades Populares, Comunidades pequeñas dentro o fuera de la parroquia… Las diócesis y otros grupos piden al Sínodo sobre la sinodalidad reformas cuyo denominador común es recuperar el protagonismo de la comunidad.

Creo mayoritarias, y aceptables evangélica y culturalmente hoy, estas afirmaciones:

El modelo actual de organización eclesial (clero-pueblo), procedente del medioevo, no es aceptado hoy como evangélico. Más aún: se le valora negativamente en orden a la implantación del reino de Dios (fraternidad universal), que proponía Jesús. El clero se ha convertido en obstáculo para el anuncio creíble del Evangelio.

Hoy no se acepta la exclusiva de los sacerdotes en la enseñanza y en las decisiones de la Iglesia. Los bautizados exigen participar en la generación de doctrinas no evangélicas y decisiones importantes de su comunidad, respetando, por supuesto, el Evangelio y la Tradición conforme con el Evangelio. Ahí está el caso de la encíclica “Humanae vitae”: no ha sido recibida por gran parte de la Iglesia. Es una doctrina impuesta por parte del clero. Perjudica, sin duda, la extensión del mensaje de Jesús a muchísima gente.

Igualmente se rechaza el estamento clerical que se elige a sí mismo, y no quiere dar cuenta de su gestión a la comunidad. Obispos y presbíteros se creen “elegidos” por el Espíritu Santo, como si el Espíritu de Dios no pudiera elegirlos a través de la comunidad.

La Iglesia, asamblea del Pueblo de Dios, se realiza en comunidades de creyentes que viven en comunidad de hermanos. Cada vez se ve más imposible la fraternidad con leyes, instituciones, tradiciones… impuestas en una época determinada, y que hoy se ve claro que no proceden del Evangelio: Estado Vaticano, Curias que imponen leyes sin consenso eclesial, Clero como grupo dominante, separado y privilegiado con distinciones titulares y ornamentales… Hoy los católicos piden cambio estructural, que restablezca el original protagonismo de la comunidad.

La Encarnación, exigencia básica del mensaje cristiano, pide aceptar toda cultura que no contradiga el Evangelio: autonomía de la razón en su campo, dignidad de los seres humanos con derechos y deberes “universales e inviolables”, libertad religiosa y civil… Sin respeto a esta cultura no podemos ser testimonio aceptable de Jesucristo.

La experiencia enseña que la transformación de la Iglesia en comunidades vivas sólo viene desde comunidades adultas, capaces de reunirse libremente, unirse, dialogar con argumentos y tomar decisiones corresponsables. Clero dominante y pueblo infantilizado, acostumbrado a oír, callar y obedecer, a recibir servicios religiosos, a pagarlos… es una degeneración eclesial, cada vez más intolerable. Piénsese en el rechazo cada vez más acusado de los servicios religiosos. Estos días se conocía la situación en Barcelona: “los bautizos no llegan al 35%, los matrimonios por la Iglesia el 11%, funerales católicos el 31%. Imagínense qué números nos deparará el futuro, cuando… sean mayoritarias las generaciones que han crecido en la ignorancia y la indiferencia religiosa” (Oriol Trillas: El auge de los funerales laicos. Agosto 19/2022. Redes Cristianas).

Ya existen en la Iglesia comunidades adultas. No se les puede ignorar y menos perseguirlas. Hay que impulsarlas. Son grupos de dimensiones adecuadas para conocerse, vivir en igualdad fraterna, en corresponsabilidad. Por su madurez pueden vivir la cultura actual, decir su fe en lenguaje comprensible y dar respuesta a sus necesidades. Deben ser libres en la libertad de los hijos de Dios y creativas desde la fe.

Es conforme con el Evangelio aceptar que estas comunidades puedan elegir a las personas para las diversas tareas o ministerios, sin distinción de sexo ni de estado. Se supone discernimiento que tiene en cuenta “personas de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría” (He 6,3). Reunidos, dialogando, compartiendo la Palabra y la misión de Jesús, se revela el Espíritu y manifiesta la voluntad divina. Eso sucedía en el principio (He 6, 3; 15, 22ss) y puede suceder hoy.

El Papa en Kazajistán

Francisco en Kazajistán: Vengo para amplificar el grito de tantos que imploran la paz

El Santo Padre pronunció un amplio discurso durante su encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el Cuerpo Diplomático en el marco de su 38º Viaje Apostólico. Es una «peregrinación de paz», como él mismo la definió después del Ángelus del domingo 11 de septiembre.

Sebastián Sansón Ferrari – Vatican News

El dombra, un instrumento musical de Kazajistán, un emblema cultural y uno de los símbolos más importantes del país, es el elemento que Francisco eligió para articular su mensaje a las autoridades, la sociedad civil y el Cuerpo Diplomático, su primera alocución pública durante su “peregrinación de paz” a la nación asiática. El encuentro se realizó este martes 13 de septiembre en el Qazaq Concert Hall, un centro para las artes escénicas.

Francisco expresó su agradecimiento al Presidente de la República, Kasim-Yomart Tokaev, por las palabras que le dirigió. 

Escucha y descarga el informe de Radio Vaticana

“Estoy honrado de estar aquí con ustedes, en esta tierra tan extensa como antigua, a la que vengo como peregrino de paz, en busca de diálogo y unidad”, afirmó el Santo Padre. “Nuestro mundo lo necesita con urgencia, necesita volver a encontrar la armonía”, insistió, como ya lo había exteriorizado después de rezar el Ángelus del domingo 11 de septiembre en la Plaza de San Pedro. Según Bergoglio, la armonía en el país puede estar bien representada por el dombra.

El dombra, símbolo de continuidad

Francisco confesó que, preparándose para el viaje, descubrió que algunos modelos del dombra ya se utilizaban en la época medieval y que este, a lo largo de los siglos, acompañó con música los relatos de sagas y obras poéticas, uniendo el pasado y el presente. Este instrumento “acompasa por tanto la memoria del país, y evoca así la importancia, frente a los rápidos cambios económicos y sociales en curso, de no descuidar los vínculos con la vida de quienes nos han precedido, también por medio de esas tradiciones que permiten atesorar el pasado y valorar cuanto se ha recibido como herencia”. En este sentido, el Papa destacó la “hermosa costumbre” extendida de hornear, el viernes por la mañana, siete panes en honor de los antepasados.

Tras las huellas de Juan Pablo II

Para el Sucesor de Pedro, la memoria de Kazajistán, que el Papa Wojtyla al viajar definió como “tierra de mártires y creyentes, tierra de deportados y héroes, tierra de pensadores y artistas” en su discurso durante la ceremonia de bienvenida, “lleva impresa una gloriosa historia de cultura, humanidad y sufrimiento”, declaró Francisco.

“¿Cómo no recordar, en particular, los campos de prisioneros y las deportaciones en masa que han visto a tantas poblaciones oprimidas en las ciudades y en las vastas estepas de estas regiones? Pero los kazajos no se dejaron cautivar por esos atropellos; y de la memoria de la reclusión floreció la atención por la inclusión.”

Bergoglio auguró “que, en esta tierra, transitada desde la antigüedad por grandes movimientos de pueblos, el recuerdo del sufrimiento y de las pruebas experimentadas sea un bagaje indispensable para encaminarse hacia el futuro poniendo en primer lugar la dignidad del hombre, de todo hombre, y de todo grupo étnico, social y religioso”.

13/09/2022

Un puente entre Europa y Asia 

Una vez más, citando a su predecesor, Juan Pablo II, Francisco reconoció que «sobre todo, resuenan en el país las notas de dos almas, la asiática y la europea, que tienen una permanente «misión de conexión entre dos continentes», como había dicho el Papa Wotjyla en su discurso a los jóvenes el 23 de septiembre de 2001. «Las cuerdas del dombra, subrayó el Sucesor de Pedro, resuenan habitualmente junto a otros instrumentos de arco típicos de estos lugares».

“La armonía madura y crece en el conjunto, en la coralidad que hace armoniosa la vida social. «La fuente del éxito es la unidad», recita un hermoso proverbio local. Si eso vale en todas partes, aquí de modo particular. Alrededor de ciento cincuenta grupos étnicos y más de ochenta lenguas presentes en el país, con historias, tradiciones culturales y religiosas variadas, componen una sinfonía extraordinaria y hacen de Kazajistán un taller multiétnico, multicultural y multirreligioso único, revelando su vocación peculiar, la de ser país del encuentro.”

El rol de las religiones en la construcción de paz 

El Papa está en Kazajistán para subrayar la importancia y la urgencia de este aspecto, al que las religiones están llamadas a contribuir de modo particular, enfatizó el Sumo Pontífice, y, por ello, tiene el honor de participar en el séptimo Congreso de Líderes de las Religiones Mundiales y Tradicionales. «Oportunamente, evocó Bergoglio, la Constitución de Kazajistán, al definirlo laico, prevé la libertad de religión y de credo».

“Una laicidad sana, que reconozca el rol valioso e insustituible de la religión y se contraponga el extremismo que la corroe, representa una condición esencial para el trato equitativo de cada ciudadano, además de favorecer el sentido de pertenencia al país por parte de todos sus elementos étnicos, lingüísticos, culturales y religiosos. Las religiones, en efecto, mientras desarrollan el rol insustituible de buscar y dar testimonio del Absoluto, necesitan la libertad de expresión. Y, por tanto, la libertad religiosa constituye el mejor cauce para la convivencia civil.”

La tutela de la libertad, aspiración inscripta en el corazón de todo hombre 

El Santo Padre expresó su aprecio por la afirmación del valor de la vida humana mediante la abolición de la pena de muerte, «en nombre del derecho de todo ser humano a la esperanza». «Junto a eso, es importante garantizar la libertad de pensamiento, de conciencia y de expresión, para dar espacio al rol único y equitativo que cada uno ocupa en el conjunto».

Recapitulando el símbolo del dombra, Francisco reflexionó que en este punto el instrumento puede ser de estímulo, porque es principalmente un instrumento musical popular y, en cuanto tal, comunica la belleza de conservar el genio y la vivacidad de un pueblo. Como acotó el Sucesor de Pedro, «eso es lo que se confía en primer lugar a las autoridades civiles, primeras responsables en la promoción del bien común, y se realiza de modo especial en el apoyo a la democracia, que constituye la forma más adecuada para que el poder se traduzca en servicio a favor de todo el pueblo y no sólo de unos pocos». En esa línea, el Papa admitió su conocimiento del proceso de democratización, dirigido a reforzar las competencias del Parlamento y de las Autoridades locales y, en términos más generales, una mayor distribución del poder. Bergoglio lo calificó como «un camino meritorio y exigente que, ciertamente, no es breve y que requiere proseguir hacia la meta sin volverse atrás». «En efecto, la confianza en quien gobierna aumenta cuando las promesas no terminan siendo instrumentales, sino que se cumplen efectivamente», indicó. 

El papel de la democracia

Hablando sobre la democracia, el Papa resaltó la importancia de que la democracia y la modernización confluyan en un servicio concreto al pueblo, con una buena política de escucha a la gente y respuesta a su necesidades, de respuestas a sus necesidades legítimas, de una constante implicación de la sociedad civil y de las organizaciones no gubernamentales y humanitarias, con una atención particular respecto a los trabajadores, los jóvenes y los sectores más débiles. También bregó por la urgencia de implementar medidas para luchar contra la corrupción, puntualizando que esto es algo que todos los países del mundo necesitan.

Kazajistán, encrucijada de importantes intersecciones geopolíticas

El Sucesor de Pedro remarcó el «rol fundamental» del país en la atenuación de conflictos y recordó que Juan Pablo II viajó a Kazajistán después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, mientras que Francisco se encuentra en el país mientras está en curso «la insensata y trágica guerra originada por la invasión de Ucrania, mientras otros enfrentamientos y amenazas de conflictos ponen en peligro nuestra época». 

Francisco aludió a «la cada vez más apremiante la necesidad de extender el compromiso diplomático en favor del diálogo y del encuentro, porque el problema de algunos es hoy problema de todos, y quien ostenta más poder en el mundo tiene más responsabilidad respecto a los demás, especialmente a los países más expuestos a las crisis causadas por la lógica del conflicto».

Es la hora de evitar la intensificación de las rivalidades

Según el Pontífice, se necesitan líderes que, a nivel internacional, «permitan a los pueblos entenderse y dialogar, y generen un nuevo “espíritu de Helsinki”, la voluntad de reforzar el multilateralismo, de construir un mundo más estable y pacífico pensando en las nuevas generaciones. Y para hacer esto es necesario la comprensión, la paciencia y el diálogo con todos. Repito, con todos».

“Pensando precisamente en el compromiso global por la paz, expreso mi gran estima por la renuncia a los armamentos nucleares que este país ha emprendido con decisión; así como por el desarrollo de políticas energéticas y ambientales centradas en la descarbonización y la inversión en fuentes renovables, que la Exposición internacional de cinco años atrás puso de relieve.”

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La Santa Sede está cerca de ustedes en este itinerario

Hacia el final de su extenso mensaje, el Obispo de Roma se detuvo en la cercanía de la Santa Sede con la República de Kazajistán:  el Santo Padre dijo que «inmediatamente después de la independencia del país, hace treinta años, se establecieron las relaciones diplomáticas, y estoy contento de visitar el país en la proximidad de este aniversario. Aseguro que los católicos, presentes en Asia central desde tiempos antiguos, desean seguir testimoniando el espíritu de apertura y diálogo respetuoso que distingue esta tierra».

Gratitud por la acogida

El Pontífice agradeció el recibimiento dispensado, «que revela su bien conocido sentido de hospitalidad, además de tener la oportunidad de vivir estos días de diálogo fraterno junto a los líderes de muchas religiones».

“Que el Altísimo bendiga la vocación de paz y unidad de Kazajistán, país del encuentro.”

«A ustedes, que tienen la responsabilidad prioritaria del bien común, y a cada uno de los habitantes de este país, les expreso mi alegría por estar aquí y la voluntad de acompañar con la oración y la cercanía todo esfuerzo por un futuro próspero y armonioso de este gran país. Raqmét! [¡Gracias!] ¡Que Dios bendiga Kazajistán!», concluyó.

Las palabras del Presidente de la República

Antes del discurso del Papa Francisco, el mandatario se dirigió al Pontífice en un saludo en kazajo e inglés, en el que le compartió su sincera gratitud por la presencia en el país y por haber aceptado la invitación, agregando que hoy es un día histórico para Kazajistán. 

También le confió que prestan especial atención a este viaje, con la convicción de que la reunión de hoy elevará la cooperación en diversos campos a un nuevo nivel.

El Presidente también admitió el interés de escuchar el discurso pastoral del Papa.

¿Democratizar la Iglesia?

Hay que desandar caminos para restituir el protagonismo al Pueblo de Dios

Democratizar la Iglesia, camino para hacerla más comunión (3)

Por Rufo González

Evidente en el Nuevo Testamento, sobre todo en Hechos de los Apóstoles, la vida eclesial corresponsable comunitariamente. Destaca en la elección de personas para los servicios comunitarios: “Escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de estatarea…” (He 6,3-5). “Los apóstoles y los presbíteros con la toda la Iglesia acordaron elegir a algunos…” (He 15, 22ss). Elegir, votar, incluso echar a suerte (He 1,24-26), era voluntad de Dios. El llamado “concilio de Jerusalén” marca la ruta de organización y funcionamiento eclesiales. Son conscientes de que el Espíritu “decide” con ellos: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros…” (He 15,28). En la reunión y en el diálogo, compartiendo el Evangelio, se insinúa el Espíritu. Están Apóstoles, presbíteros, delegados de Antioquía y toda la iglesia de Jerusalén.

La corresponsabilidad inicial de la Iglesia fue copada por coordinadores (supervisores o epíscopos), mayores (presbíteros), servidores (diáconos)… Se apropiaron incluso del nombre común de “clero”, propio de todos: “suerte o herencia” del Señor. “Kleros” en griego significa “suerte, parte, herencia, heredad…”. En el Nuevo Testamento todos los bautizados son herederos (“kleronomoi”) de las promesas (Gál 3,29), seleccionados (“eklerozemen”) y puestos aparte (Ef 1,11), coherederos de Cristo (He 20,32; Col 1,12; 1Pe 1,4; 5,1-3), la parte del Señor, porción elegida (Rm 8,17). Toda la comunidad es llamada “clero” del Señor (1Pe 5,3; Col 1, 12; He 26,18). Sólo en dos ocasiones se refiere a “parte” en el ministerio apostólico. De Judas dice que “le cupo en suerte (`clero´) este ministerio” (He 1, 17). Y Pedro dice a un tal Simón, que quería comprar el don de poder transmitir el Espíritu Santo: “No tienes parte ni herencia -`clero´- en este asunto, porque tu corazón no es recto ante Dios” (He 8,21).

En los s. IV-V, San Jerónimo (+ 420) escribe un texto de gran influencia en Roma, y después en toda la Iglesia. Explica por qué se les llama “clérigos” a los ministros de la Iglesia. Parece que se les empezó a llamar “clérigos” como a “los más clero”, “los más Iglesia”. El texto de Jerónimo, secretario del Papa San Dámaso, tuvo éxito significativo: “Por eso se llaman Clérigos, o porque son parte del Señor, o porque el Señor es su parte, es decir, es parte de los Clérigos. Quien pues es él mismo parte del Señor, o tiene al Señor como parte, debe exhibirse tal que también él mismo posea al Señor, y sea poseído por el Señor” (San Jerónimo, Ep. 52, 5; PL 22, 535). Había nacido el divorcio clero-pueblo.

El clero, creyéndose la Iglesia, se adueña en exclusiva del sacerdocio de Cristo. A los bautizados, sin ministerio en la Iglesia, comienzan a llamarlos “laicos” (pueblerinos). Así se desvincula a la gran masa bautizada de lo sustancial de la Iglesia: “Vosotros sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. Los que antes erais no-pueblo, ahora sois pueblo de Dios, los que antes erais no compadecidos, ahora sois objeto de compasión” (1Pe 2, 9-10). Lo fundamental de la Iglesia pasa a una parte minúscula, al llamado “clero”. Se pierde la conciencia del sacerdocio de Cristo, tan distinto y contrapuesto al sacerdocio judío. Se minusvalora el Bautismo de Jesús que “nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre” (Ap 1,6).

Así los clérigos han logrado que el pueblo cristiano pierda su conciencia sacerdotal, ser sacerdotes de la Nueva Alianza. Lo han reducido a una entidad pasiva en el culto, al silencio en la opinión, a la nulidad de influir en las decisiones de su Iglesia. El clero ha anulado la fraternidad cristiana en su misma raíz: sólo el clero tiene acceso directo al Evangelio, sólo él controla y realiza los sacramentos, sólo él decide. La perversión se acentúa al surgir las lenguas nacionales. El clero mantiene su lengua latina para mantener sus privilegios y roles fundamentales: el culto, la teología, el conocimiento de la Sagrada Escritura… Siglos y siglos celebrando sacramentos en latín… Siglos y siglos creyendo que sólo los llamados “sacerdotes” tienen acceso directo a Dios, que sólo ellos ofrecen la eucaristía, y el pueblo “asiste” pasivo.

Antes del Vaticano II, para evitar el aburrimiento en misa, se proponía al pueblo hacer otra cosa: rezar el rosario, leer un texto papal o del obispo, confesarse, etc., mientras el clérigo ejercía su exclusivo sacerdocio. 

Se evita llamar “sacerdotes”, “otros Cristos”, a los bautizados. No se quiere llamar “sacerdotal” su participación en la eucaristía. Se cambia la traducción literal de la anáfora de la “Tradición apostólica” (s. II-III) en la Plegaría Eucarística II. No se respeta el texto original griego por no llamar “sacerdotes” a los fieles. En dicha “Tradición…”, al obispo se le llama “sumo sacerdote” en su comunidad toda sacerdotal, y dice: “Por eso, haciendo memoria de su muerte y resurrección, te ofrecemos este pan y este cáliz, dándote gracias por habernos hecho dignos de estar ante ti y de servirte como sacerdotes”. La liturgia actual lo traduce: “te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia”. Aún, en ambientes clericales, se habla de “celebrantes” o “concelebrantes” atribuido sólo a los presbíteros y obispos, en vez de “presidentes” de la concelebración comunitaria.

En asuntos de gobierno pastoral estamos a años luz de lo que debe ser una comunidad cristiana. Si miramos los textos fundamentales de la Iglesia, percibimos que “por la fe todos somos hijos de Dios en Cristo Jesús…; no existe judío ni griego, no existe esclavo ni libre, no existe varón y hembra, pues todos vosotros sois uno en Cristo Jesús…” (Gál 3, 26ss). Esta unidad es comparada con el cuerpo, cuya cabeza es Cristo (1Cor 12, 1-31; Rm 12, 4-8). Esta Iglesia de comunión aparece en la Asamblea de Jerusalén (He 15).

“Lo que afecta a todos debe ser tratado y decidido por todos”. Principio tradicional en la Iglesia del primer milenio. Tareas distintas, pero todos artífices de la comunidad. Era el sentido de las reuniones eclesiales, llamadas “sínodos” (“camino con”), porque en ellas se elegía un “camino conjunto” para encontrar solución conjunta. Los sínodos son a todos los niveles: grupos pequeños (ermitaños, monjes…), parroquias, diócesis, región, nación, universal. En el siglo XIII (conc. Lateranense IV, 1215) se reduce la participación a obispos y superiores de Órdenes. Trento (1545-1563) lo hace exclusivo de los obispos.

Hay que desandar caminos. El Vaticano II volvía a recordar las bases. Entre sus textos, brilla este: “Es propio de todo el Pueblo de Dios, sobre todo de sus pastores y teólogos, escuchar, discernir, interpretar y juzgar, con la ayuda del Espíritu Santo, las diversas voces de nuestro tiempo, a fin de que la Verdad revelada sea más profundamente percibida, mejor entendida y en forma más adecuada propuesta” (GS 44).

Francisco constata que: “ha crecido la conciencia de la identidad y la misión del laico en la Iglesia”; y que “la responsabilidad laical nace del Bautismo y de la Confirmación”. Denuncia que a veces “no se formaron para asumir responsabilidades importantes”, y a veces “no encontraron espacio en sus Iglesias particulares para poder expresarse y actuar, a raíz de un excesivo clericalismo que los mantiene al margen de las decisiones…” (Ev G 102). ¿Por qué no dice que es el Código eclesial el que “los mantiene al margen de las decisiones”? Es fácil acusar al “clericalismo excesivo”. Pero la verdad es que la Ley eclesial está en la base del clericalismo, y le ampara. Y el Código no se quiere cuestionar.

El camino hacia una nueva Constitución

Caminos de entendimiento en favor de una nueva constitución para Chile

Plebiscito Chile
Plebiscito Chile

«Chile tiene una larga tradición democrática y un sólido sistema eleccionario. Este plebiscito era especial porque esta vez el voto no era voluntario sino obligatorio»

«El rechazo a la propuesta se impuso ampliamente frente a la opción apruebo. se percibía en el ambiente era una fuerte polarización del país»

«El rechazo se impuso, pero también se impuso la idea que no se puede seguir con la constitución actual. De eso están todos de acuerdo y eso es importante. El camino hacia una nueva constitución sigue»

«Pensemos en Chile con una mirada más amable, más atenta a los cambios culturales que se están dando y que podamos proponer caminos donde la violencia no tenga espacio, pero tampoco la que la origina, la marginación, la inequidad, la ostentación y la indiferencia»

Por Fernando Chomali

Desde muy temprano se constituyeron las mesas donde los chilenos fuimos a manifestar que aprobábamos o rechazábamos la propuesta de nueva constitución que se presentó a la ciudadanía. Chile tiene una larga tradición democrática y un sólido sistema eleccionario que se extiende a lo largo y ancho del país. Es una fiesta de la democracia el hecho de ir a votar de manera libre e informada.

Este plebiscito era especial porque esta vez el voto no era voluntario sino obligatorio. Los obispos insistimos mucho respecto de la importancia de manifestarse, porque un buen cristiano es un buen ciudadano. También invitamos a mirar el futuro con esperanza, independientemente de la preferencia de los chilenos, y, por cierto, desterrar toda forma de violencia que ofusca cualquier intento de construir una sociedad más justa y fraterna.

Finalmente el «Rechazo» acabó imponiéndose al «Apruebo» en el Plebiscitito Constitucional de Salida. Una mayoría amplia de chilenos rechazaron la propuesta de nueva Constitución redactada por la Convención Constitucional. pic.twitter.com/OecCgLsEnI

El rechazo a la propuesta se impuso ampliamente frente a la opción apruebo. Le corresponde a los expertos en ciencias sociales y políticos sacar sus conclusiones y consecuencias. Pero lo que sí se percibía en el ambiente era una fuerte polarización del país.

El rechazo se impuso, pero también se impuso la idea que no se puede seguir con la constitución actual y que Chile requiere avanzar en muchos frentes de cara al futuro. De eso están todos de acuerdo y eso es importante.

El camino hacia una nueva constitución sigue y tenemos que apoyar el proceso que se viene. La Iglesia siempre contribuirá animando a los católicos y personas de buena voluntad a estar presente en la política por ser el arte del bien común y a mostrar los caminos del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia.

Vivimos tiempos en que tenemos que mirar con mayor atención el sistema económico que ha creado mucha riqueza, pero no necesariamente ha generado igual equidad. También hay que ver de qué manera se cuida el medio ambiente que sufre con la cultura de depredación que se ha impuesto desde la revolución industrial y que ha traído tantos problemas, especialmente a los más pobres. Y, por supuesto, de una vez por todas darle a los pueblos originarios el trato que se merecen en virtud de su dignidad, de su cultura y del aporte que significan para el país, pero prescindiendo de utilizaciones políticas como se hizo en la convención, lo que fue uno de los grandes elementos que la ciudadanía repudió. Es el tiempo de mirar con más atención a los descartados de la sociedad, como lo dice el Papa Francisco insistentemente. A eso debe apuntar la nueva constitución que se va a empezar a gestar desde ahora.

Chile

Es importante que más allá de haber ganado o perdido la opción que cada uno manifestó, pensemos en Chile con una mirada más amable, más atenta a los cambios culturales que se están dando y que podamos proponer caminos donde la violencia no tenga espacio, pero tampoco la que la origina, la marginación, la inequidad, la ostentación y la indiferencia frente al pobre Lázaro que ve el banquete de un indolente Epulón.

Los católicos es mucho lo que podemos aportar en esta nueva etapa que se empieza a escribir en Chile. La fe de millones de chilenos es un pozo de sabiduría, de prudencia, de ciencia y fortaleza que puede ayudar a que la constitución que se escriba permita a que todos los chilenos tengan trabajo, puedan formar una familia, tengan una ancianidad digna y vean a sus hijos tranquilos desarrollando las destrezas, dones, talentos y destrezas que Dios les ha dado.

Ucrania: el naufragio de la democracia

Pedro Pierre

“In God we trust”. Estas cuatro palabras son las que aparecen en letras mayúsculas sobre las monedas y los billetes norteamericanos. Significan “En Dios confiamos”. Recordamos también que los presidentes norteamericanos se posesionan con una mano sobre la Biblia prometiendo respetar y hacer respetar la Constitución del país. La frase “En Dios confiamos” apareció sobre los dólares en 1864, sabiendo que Estados Unidos proclamó su independencia apenas un siglo antes, en 1776. En Estados Unidos, la mayoría de su población es protestante y evangelista.

El sentido de esta frase la dio el presidente norteamericano Dwight D. Eisenhower en 1954. “De esta manera estamos reafirmando la transcendencia de la fe religiosa en la herencia y el futuro de Estados Unidos. Con esto fortaleceremos que esas armas espirituales serán para siempre el recurso más poderoso de nuestro país en la paz y guerra”. Así se resume la identidad y el proyecto de EE.UU. Es como decir: Nuestro proyecto de sociedad se inspira en Dios que nos confía la misión de extenderlo mediante el capitalismo por todo el planeta, por las buenas y por las malas. El gobierno de EE.UU. se siente investido por Dios de una misión universal, queriendo imponer el sistema capitalista a todos los países.

Esto nos permite entender el origen de la intervención rusa en Ucrania. Desde el comienzo de este siglo, ya EE.UU. no es el país hegemónico que logró ser después de la segunda guerra mundial. Ahora China es primera para el comercio mundial y el armamento ruso es más sofisticado y eficaz que el de los EE.UU. Además, los problemas internos norteamericanos aparecen más agudos, en particular el racismo contra los negros y los migrantes latinos. Está también el protagonismo violento y armado de la “minoría blanca” que quiere volver al poder con el ex presidente Donald Trump. El desempleo y el aumento del costo de la vida abren grandes espacios de pobreza y descontento.

Para superar estas dificultades, el gobierno de EE.UU. ha abierto dos frentes que le permiten unificar su población y contener su decadencia. En el extremo oriente, mediante alianzas, Japón es su principal aliado contra China y en occidente es Europa mediante su brazo armado, la OTAN (Organización militar del Atlántico Norte). Se busca así debilitar las economías china y rusa. Europa se presta a este propósito desde la caída del muro de Berlín en 1989, ampliando su zona de influencia incluyendo en la OTAN con nuevos países cercanos a la frontera rusa, a pesar de la molestia, los acuerdos y los avisos del gobierno de Rusia.

Para Rusia, el disgusto mayor fue cuando el gobierno de Ucrania solicitó entrar en la Unión Europea y en la OTAN con el beneplácito de EE.UU. y Europa. El gobierno ruso no quería que se implantaran en Ucrania misiles norteamericanos que estarían a unos 5 minutos de llegar a Moscú en caso de conflicto bélico. Por eso decidió previamente intervenir militarmente en Ucrania para que se respete los acuerdos firmados entre Rusia, EE.UU. y Europa-OTAN, que el gobierno ucraniano tome una posición neutral y reconozca la independencia de 2 regiones (Donbás) de Ucrania con mayoría de población rusa.

Una vez comenzada la intervención rusa en Ucrania, EE.UU. y Europa-OTAN decidieron no intervenir militarmente porque saben que su armamento es inferior al de Rusia y que Rusia activó su poderío nuclear. Pero sí, además de aumentar su presupuesto militar, envían millones de dólares al gobierno de Ucrania, armamentos en grandes cantidades, y soldados mercenarios para combatir con el ejército ucraniano. Para frenar la intervención rusa en Ucrania, han decidido sanciones económicas muy drásticas contra Rusia que congelan la mitad de sus reservas monetarias, ¡nada más que 300’000 millones de dólares!

Cierran el espacio europeo a los aviones rusos. Disminuyen sus intercambios comerciales con Rusia. Todo esto tiene grandes repercusiones en el comercio mundial en particular con América Latina. Ecuador tiene grandes limitaciones para la venta, por una parte, del banano a Rusia y Ucrania, que representa una cuarta parte de sus exportaciones y, por otra, de las flores con más o menos la misma proporción. Además, no llega a Ecuador la harina que importa de Rusia y Ucrania…

¿Qué podemos hacer para detener la guerra en Ucrania y fortalecer la paz entre las 3 grandes potencias mundiales? Tenemos, de un lado, tomar conciencia de las relaciones mundiales entre países que EE.UU. busca principalmente controlar en su único beneficio. De otro lado, tenemos que presionar a nuestros gobiernos para que no se sometan sin parpadear a los proyectos norteamericanos, tales como son los TLC (Tratado de Libre Comercio).

Eso representa nuestro aporte a una verdadera democracia que comienza con nosotros. Se llama conciencia ciudadana, defensa de nuestra soberanía, respeto a nuestra dignidad y originalidad, promoción de los derechos humanos, lucha con la pobreza, mayor repartición de la riqueza, empeño por el bien común. Eso es el establecimiento de la “fraternidad sin frontera, la amistad social y el amor político”, tal como lo escribió el papa Francisco en su carta encíclica “Todos somos hermanos y hermanas”, afín de lograr la ansiada “hermandad universal”.

Si no aportamos nuestra parte, colaboramos al naufragio de la democracia y preparamos nuevas guerras. Todos somos responsables de la paz por la manera activa y pacífica de nuestro vivir y convivir cotidianos. Somos un ladrillo indispensable en la gran construcción de la convivencia armoniosa de nuestro país y de nuestro planeta. Eso es el precio de nuestra felicidad y la seguridad de una vida plenamente humana.

La Iglesia y la democracia

¿Puede la sociedad civil imponer algo de democracia en la Iglesia?

Rufo González

 No puede haber sinodalidad sin eliminar muchos cánones del Derecho canónico
Según nos cuenta Franziska Driessen- Reding, presidenta del Consejo del Sínodo, de Zúrich (katholisch.de; 8 de enero de 2022), la Iglesia católica en Suiza ha aceptado que en su seno haya democracia para ser reconocida por el Estado, y poder así recibir apoyo económico. En Suiza la libertad religiosa es un derecho fundamental amparado por la constitución. Pero también las asociaciones de ciudadanos, para ser reconocidas y tener derecho a ayuda estatal, deben reunir unas condiciones democráticas en su organización.

Las comunidades religiosas no pueden ser una excepción. Son comunidades de creyentes y, a su vez, ciudadanos organizados de acuerdo con la legislación civil.

Las Iglesias de la Reforma ya habían abierto camino. La Iglesia católica, que quería gozar de los mismos derechos, no tuvo más remedio que crear estructuras democráticas en su interior. Así pudo ser reconocida por los diversos gobiernos cantonales como asociación legal y sujeta al derecho público dentro del Estado suizo. Los cantones suizos pueden conceder subvenciones a las iglesias, pero exigen su carácter democrático. Hay cantones que tienen regulado oficialmente el impuesto eclesiástico. Lo descuentan de las nóminas o ingresos de los ciudadanos que declaran su pertenencia religiosa, y lo entregan a sus Iglesias, reconocidas como asociaciones democráticas por el Estado.

Por esto, la Iglesia católica en Suiza tiene un sistema dual de organización. Por una parte están los “comités laicos” en las diócesis y en cada parroquia. Son asociaciones democráticas: eligen sus representantes, deciden las finanzas, la gestión del personal y la gestión de la propiedad. Y, por otra parte, están los “responsables pastorales”: obispos, párrocos, catequistas… Ellos deciden en la pastoral, culto… Estos pastores son obligados de algún modo a identificarse con Pedro y Juan: “No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesús Nazareno, levántate y anda” (He 3,6).

Algunos clérigos católicos suizos siguen pensando, según cuenta la presidenta, que esta situación ha sido “un `sapo´ inevitable que había que tragar para obtener el dinero de los contribuyentes”. Y con toda razón, según el Código de Derecho canónico vigente en la Iglesia universal. En los cánones 536, 537 y 532 se concreta la nula democracia de los Consejos pastorales y económicos en toda parroquia:

“Canon 536 § 1: Si es oportuno, a juicio del Obispo diocesano, oído el consejo presbiteral, se constituirá en cada parroquia un consejo pastoral, que preside el párroco y en el cual los fieles, junto con aquellos que participan por su oficio en la cura pastoral de la parroquia, presten su colaboración para el fomento de la actividad pastoral. § 2. El consejo pastoral tiene voto meramente consultivo, y se rige por las normas que establezca el Obispo diocesano.

Canon 537: En toda parroquia ha de haber un consejo de asuntos económicos que se rige, además de por el derecho universal, por las normas que haya establecido el Obispo diocesano, y en el cual los fieles, elegidos según esas normas, prestan su ayuda al párroco en la administración de los bienes de la parroquia, sin perjuicio de lo que prescribe el c. 532.”.

Canon 532: El párroco representa a la parroquia en todos los negocios jurídicos, conforme a la norma del derecho; debe cuidar de que los bienes de la parroquia se administren de acuerdo con la norma de los cc. 1281-1288.

El clero se ha arrogado representación y decisión totales. El clericalismo, poder absoluto clerical, está en la entraña de la Iglesia católica. La cosa viene de lejos. Nada menos que desde el siglo III: “a mediados del siglo III, los sucesores de los apóstoles y seguidores de Jesús ya habían alcanzado, en valoración y estima de la Iglesia, una cualificación que los consideraba como hombres sagrados y consagrados. Es decir, hombres separados y puestos en un rango superior al de los simples laicos. Con lo cual, lo que Jesús quiso evitar a toda costa cuando mandó a sus discípulos y apóstoles que fueran por la vida lavando los pies a los demás, o sea como esclavos al servicio de los que sufren y viven en la inseguridad, lo hicieron justamente sus sucesores: se situaron no solo al margen de los demás, sino incluso por encima de los demás. Con una dignidad y unos poderes, que (hablando humanamente) nunca pudo imaginar Jesús” (J.M. Castillo; El Evangelio marginado. Ed. Desclée de Brouwer. Bilbao 2019, P. 205).

Como ocurre en Suiza, a la Iglesia católica para ser reconocida en derecho público se le tendría que exigir estructura social democrática. Un estado democrático no debe acordar nada con un señor, que dice actuar como representante de una asociación, pero que en realidad no ha sido elegido por sus representados, ciudadanos libres. Los obispos dicen ser los representantes de sus iglesias, cuando en realidad los miembros de sus iglesias no les han elegido para representación alguna. Es la falsedad acostumbrada y que nos parece normal. La sociedad en general cree que la Iglesia son los clérigos. Eso del “pueblo de Dios, la Iglesia…”, que somos los bautizados, es una verdad teórica. La realidad eclesial es rotundamente clerical.

El Código, que es la verdad real, decisiva, sigue fundamentalmente anclado en la teoría de san Pío X. Escrita en la encíclica que condena la separación entre la iglesia y el estado como “una tesis absolutamente falsa y sumamente nociva”, referida entonces a Francia. El tiempo ha dicho lo contrario. Igual está ocurriendo con la separación entre jerarquía y laicado: “la Iglesia es el Cuerpo místico de Jesucristo, regido por pastores y doctores, es decir, una sociedad humana, en la cual existen autoridades con pleno y perfecto poder para gobernar, enseñar y juzgar. Esta sociedad es, por tanto, en virtud de su misma naturaleza, una sociedad jerárquica; es decir, una sociedad compuesta de distintas categorías de personas: los pastores y el rebaño, esto es, los que ocupan un puesto en los diferentes grados de la jerarquía y la multitud de los fieles.

Y estas categorías son de tal modo distintas unas de otras, que sólo en la categoría pastoral residen la autoridad y el derecho de mover y dirigir a los miembros hacia el fin propio de la sociedad; la obligación, en cambio, de la multitud no es otra que dejarse gobernar y obedecer dócilmente las directrices de sus pastores” (Encícl. `Vehementer Nos´, III. 1906). Se ha cambiado el seguimiento de Jesús por el seguimiento de los dirigentes, seleccionados entre varones célibes bautizados. Mujeres y casados no pueden presidir comunidades ni representar a Jesús distribuyendo su perdón, su vida eucarística, su vigor a los enfermos…

No puede haber sinodalidad sin eliminar muchos cánones del Derecho canónico. La sinodalidad parcial “suiza” ha sido impuesta por la sociedad civil. Bien podrían los dirigentes eclesiales tomar nota y adelantarse en muchas funciones democráticas que son compatibles con el Evangelio. La historia nos dice que la Iglesia no suele moverse hasta que las circunstancias sociales la mueven. Ha marginado en gran medida al Evangelio, para poner en su centro decisivo el Código, la Ley.

Una opción por la democracia

La opción preferente por la democracia y el rechazo a las tendencias populistas y antiliberales

"Tenemos un Papa tonto": la ultraderecha 'católica' ya no esconde su odio a Francisco
«Tenemos un Papa tonto»: la ultraderecha ‘católica’ ya no esconde su odio a Francisco

«En los años 70, muchos creyentes en Portugal y España lucharon contra las dictaduras y tomaron importantes iniciativas para consolidar la democracia en sus países, de igual manera sucedió en los 80’s en América Latina, y en Asia, Pacífico y África»

«Observamos con preocupación, fenómenos recientes de carácter autoritario y populistas, que representan una regresión de los valores democráticos, que deben ser condenados con firmeza»

«Debemos alertar sobre determinados grupos católicos que abrazan movimientos y partidos que practican estas derivas populistas y antiliberales»

«Las ‘democracias liberales’ son regímenes que se caracterizan por buscar chivos expiatorios (por ejemplo, los inmigrantes) sobre los que descargan la desaprobación pública para obtener un consenso negativo»

| Por: Ana María Bidegain, Stefano Ceccanti, Josep-Maria Carbonell

El magisterio de la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II manifestó claramente una opción preferencial por la democracia, sobre la base de experiencias históricas que han demostrado que es la forma de Estado que mejor garantiza la dignidad de la persona humana.

La contribución de los movimientos laicales implicados en el surgimiento y consolidación de las democracias ha sido grande, basta pensar en personalidades como Jacques Maritain, Joaquín Ruiz-Giménez, María de Lourdes Pintasilgo y TadeuszMazowiecky, todos ellos vinculados a Pax Romana.

En los años 70, muchos creyentes en Portugal y España lucharon contra las dictaduras y tomaron importantes iniciativas para consolidar la democracia en sus países, de igual manera sucedió en los 80’s en América Latina, y en Asia, Pacífico y África. Desde 1975 el número de democracias en el mundo ha crecido, y continúan ampliando su calidad. Esto también ha llevado al crecimiento de formas de compartir la soberanía estatal, como la expansión de la Unión Europea que muestra su eficacia paraevitar el resurgimiento de impulsos nacionalistas desintegradores.La doctrina social de la Iglesia, consciente del carácter contradictorio de la experiencia humana, siempre ha invitado a mirar la historia no como un proceso irreversible, sino a estar atentos a los posibles riesgos de regresión. Aún democracias consideradas más antiguas y consolidadas no están exentas de la pérdida de valores democráticos y republicanos fundamentales. En ese sentido, observamos con preocupación, fenómenos recientes de carácter autoritario y populistas, que representan una regresión de los valores democráticos, que deben ser condenados con firmeza.

Esto es particularmente cierto en el caso de los regímenes que se acogen a la noción equívoca de «democracia liberal». Estas dan al poder ejecutivo una soberanía absoluta sobre todos los demás poderes y controles, como ha sucedido recientemente en varios países. Aunque se celebren elecciones, la carencia de libertades como la libertad de expresión y la libertad de reunión hacen la labor de la oposición extremadamente difícil.

También son regímenes que se caracterizan por buscar chivos expiatorios (por ejemplo, los inmigrantes) sobre los que descargan la desaprobación pública para obtener un consenso negativo, jugando con los miedos presentes en el cuerpo social yreforzando los problemas, en lugar de indicar las soluciones. El asalto a la democracia es particularmente violento en contra de las instituciones cuando se pretende cuestionar el carácter genuino de los resultados electorales certificados por las autoridades correspondientes.

Corresponde especialmente a los laicos desempeñar tanto un papel de denuncia como un papel propositivo a favor de soluciones exigentes y realistas a la luz de la doctrina social de la Iglesia y de una lectura atenta de los signos de los tiempos, en diálogo con todos los que trabajan por la dignidad de las personas