La Iglesia y la democracia

¿Puede la sociedad civil imponer algo de democracia en la Iglesia?

Rufo González

 No puede haber sinodalidad sin eliminar muchos cánones del Derecho canónico
Según nos cuenta Franziska Driessen- Reding, presidenta del Consejo del Sínodo, de Zúrich (katholisch.de; 8 de enero de 2022), la Iglesia católica en Suiza ha aceptado que en su seno haya democracia para ser reconocida por el Estado, y poder así recibir apoyo económico. En Suiza la libertad religiosa es un derecho fundamental amparado por la constitución. Pero también las asociaciones de ciudadanos, para ser reconocidas y tener derecho a ayuda estatal, deben reunir unas condiciones democráticas en su organización.

Las comunidades religiosas no pueden ser una excepción. Son comunidades de creyentes y, a su vez, ciudadanos organizados de acuerdo con la legislación civil.

Las Iglesias de la Reforma ya habían abierto camino. La Iglesia católica, que quería gozar de los mismos derechos, no tuvo más remedio que crear estructuras democráticas en su interior. Así pudo ser reconocida por los diversos gobiernos cantonales como asociación legal y sujeta al derecho público dentro del Estado suizo. Los cantones suizos pueden conceder subvenciones a las iglesias, pero exigen su carácter democrático. Hay cantones que tienen regulado oficialmente el impuesto eclesiástico. Lo descuentan de las nóminas o ingresos de los ciudadanos que declaran su pertenencia religiosa, y lo entregan a sus Iglesias, reconocidas como asociaciones democráticas por el Estado.

Por esto, la Iglesia católica en Suiza tiene un sistema dual de organización. Por una parte están los “comités laicos” en las diócesis y en cada parroquia. Son asociaciones democráticas: eligen sus representantes, deciden las finanzas, la gestión del personal y la gestión de la propiedad. Y, por otra parte, están los “responsables pastorales”: obispos, párrocos, catequistas… Ellos deciden en la pastoral, culto… Estos pastores son obligados de algún modo a identificarse con Pedro y Juan: “No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesús Nazareno, levántate y anda” (He 3,6).

Algunos clérigos católicos suizos siguen pensando, según cuenta la presidenta, que esta situación ha sido “un `sapo´ inevitable que había que tragar para obtener el dinero de los contribuyentes”. Y con toda razón, según el Código de Derecho canónico vigente en la Iglesia universal. En los cánones 536, 537 y 532 se concreta la nula democracia de los Consejos pastorales y económicos en toda parroquia:

“Canon 536 § 1: Si es oportuno, a juicio del Obispo diocesano, oído el consejo presbiteral, se constituirá en cada parroquia un consejo pastoral, que preside el párroco y en el cual los fieles, junto con aquellos que participan por su oficio en la cura pastoral de la parroquia, presten su colaboración para el fomento de la actividad pastoral. § 2. El consejo pastoral tiene voto meramente consultivo, y se rige por las normas que establezca el Obispo diocesano.

Canon 537: En toda parroquia ha de haber un consejo de asuntos económicos que se rige, además de por el derecho universal, por las normas que haya establecido el Obispo diocesano, y en el cual los fieles, elegidos según esas normas, prestan su ayuda al párroco en la administración de los bienes de la parroquia, sin perjuicio de lo que prescribe el c. 532.”.

Canon 532: El párroco representa a la parroquia en todos los negocios jurídicos, conforme a la norma del derecho; debe cuidar de que los bienes de la parroquia se administren de acuerdo con la norma de los cc. 1281-1288.

El clero se ha arrogado representación y decisión totales. El clericalismo, poder absoluto clerical, está en la entraña de la Iglesia católica. La cosa viene de lejos. Nada menos que desde el siglo III: “a mediados del siglo III, los sucesores de los apóstoles y seguidores de Jesús ya habían alcanzado, en valoración y estima de la Iglesia, una cualificación que los consideraba como hombres sagrados y consagrados. Es decir, hombres separados y puestos en un rango superior al de los simples laicos. Con lo cual, lo que Jesús quiso evitar a toda costa cuando mandó a sus discípulos y apóstoles que fueran por la vida lavando los pies a los demás, o sea como esclavos al servicio de los que sufren y viven en la inseguridad, lo hicieron justamente sus sucesores: se situaron no solo al margen de los demás, sino incluso por encima de los demás. Con una dignidad y unos poderes, que (hablando humanamente) nunca pudo imaginar Jesús” (J.M. Castillo; El Evangelio marginado. Ed. Desclée de Brouwer. Bilbao 2019, P. 205).

Como ocurre en Suiza, a la Iglesia católica para ser reconocida en derecho público se le tendría que exigir estructura social democrática. Un estado democrático no debe acordar nada con un señor, que dice actuar como representante de una asociación, pero que en realidad no ha sido elegido por sus representados, ciudadanos libres. Los obispos dicen ser los representantes de sus iglesias, cuando en realidad los miembros de sus iglesias no les han elegido para representación alguna. Es la falsedad acostumbrada y que nos parece normal. La sociedad en general cree que la Iglesia son los clérigos. Eso del “pueblo de Dios, la Iglesia…”, que somos los bautizados, es una verdad teórica. La realidad eclesial es rotundamente clerical.

El Código, que es la verdad real, decisiva, sigue fundamentalmente anclado en la teoría de san Pío X. Escrita en la encíclica que condena la separación entre la iglesia y el estado como “una tesis absolutamente falsa y sumamente nociva”, referida entonces a Francia. El tiempo ha dicho lo contrario. Igual está ocurriendo con la separación entre jerarquía y laicado: “la Iglesia es el Cuerpo místico de Jesucristo, regido por pastores y doctores, es decir, una sociedad humana, en la cual existen autoridades con pleno y perfecto poder para gobernar, enseñar y juzgar. Esta sociedad es, por tanto, en virtud de su misma naturaleza, una sociedad jerárquica; es decir, una sociedad compuesta de distintas categorías de personas: los pastores y el rebaño, esto es, los que ocupan un puesto en los diferentes grados de la jerarquía y la multitud de los fieles.

Y estas categorías son de tal modo distintas unas de otras, que sólo en la categoría pastoral residen la autoridad y el derecho de mover y dirigir a los miembros hacia el fin propio de la sociedad; la obligación, en cambio, de la multitud no es otra que dejarse gobernar y obedecer dócilmente las directrices de sus pastores” (Encícl. `Vehementer Nos´, III. 1906). Se ha cambiado el seguimiento de Jesús por el seguimiento de los dirigentes, seleccionados entre varones célibes bautizados. Mujeres y casados no pueden presidir comunidades ni representar a Jesús distribuyendo su perdón, su vida eucarística, su vigor a los enfermos…

No puede haber sinodalidad sin eliminar muchos cánones del Derecho canónico. La sinodalidad parcial “suiza” ha sido impuesta por la sociedad civil. Bien podrían los dirigentes eclesiales tomar nota y adelantarse en muchas funciones democráticas que son compatibles con el Evangelio. La historia nos dice que la Iglesia no suele moverse hasta que las circunstancias sociales la mueven. Ha marginado en gran medida al Evangelio, para poner en su centro decisivo el Código, la Ley.

Una opción por la democracia

La opción preferente por la democracia y el rechazo a las tendencias populistas y antiliberales

"Tenemos un Papa tonto": la ultraderecha 'católica' ya no esconde su odio a Francisco
«Tenemos un Papa tonto»: la ultraderecha ‘católica’ ya no esconde su odio a Francisco

«En los años 70, muchos creyentes en Portugal y España lucharon contra las dictaduras y tomaron importantes iniciativas para consolidar la democracia en sus países, de igual manera sucedió en los 80’s en América Latina, y en Asia, Pacífico y África»

«Observamos con preocupación, fenómenos recientes de carácter autoritario y populistas, que representan una regresión de los valores democráticos, que deben ser condenados con firmeza»

«Debemos alertar sobre determinados grupos católicos que abrazan movimientos y partidos que practican estas derivas populistas y antiliberales»

«Las ‘democracias liberales’ son regímenes que se caracterizan por buscar chivos expiatorios (por ejemplo, los inmigrantes) sobre los que descargan la desaprobación pública para obtener un consenso negativo»

| Por: Ana María Bidegain, Stefano Ceccanti, Josep-Maria Carbonell

El magisterio de la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II manifestó claramente una opción preferencial por la democracia, sobre la base de experiencias históricas que han demostrado que es la forma de Estado que mejor garantiza la dignidad de la persona humana.

La contribución de los movimientos laicales implicados en el surgimiento y consolidación de las democracias ha sido grande, basta pensar en personalidades como Jacques Maritain, Joaquín Ruiz-Giménez, María de Lourdes Pintasilgo y TadeuszMazowiecky, todos ellos vinculados a Pax Romana.

En los años 70, muchos creyentes en Portugal y España lucharon contra las dictaduras y tomaron importantes iniciativas para consolidar la democracia en sus países, de igual manera sucedió en los 80’s en América Latina, y en Asia, Pacífico y África. Desde 1975 el número de democracias en el mundo ha crecido, y continúan ampliando su calidad. Esto también ha llevado al crecimiento de formas de compartir la soberanía estatal, como la expansión de la Unión Europea que muestra su eficacia paraevitar el resurgimiento de impulsos nacionalistas desintegradores.La doctrina social de la Iglesia, consciente del carácter contradictorio de la experiencia humana, siempre ha invitado a mirar la historia no como un proceso irreversible, sino a estar atentos a los posibles riesgos de regresión. Aún democracias consideradas más antiguas y consolidadas no están exentas de la pérdida de valores democráticos y republicanos fundamentales. En ese sentido, observamos con preocupación, fenómenos recientes de carácter autoritario y populistas, que representan una regresión de los valores democráticos, que deben ser condenados con firmeza.

Esto es particularmente cierto en el caso de los regímenes que se acogen a la noción equívoca de «democracia liberal». Estas dan al poder ejecutivo una soberanía absoluta sobre todos los demás poderes y controles, como ha sucedido recientemente en varios países. Aunque se celebren elecciones, la carencia de libertades como la libertad de expresión y la libertad de reunión hacen la labor de la oposición extremadamente difícil.

También son regímenes que se caracterizan por buscar chivos expiatorios (por ejemplo, los inmigrantes) sobre los que descargan la desaprobación pública para obtener un consenso negativo, jugando con los miedos presentes en el cuerpo social yreforzando los problemas, en lugar de indicar las soluciones. El asalto a la democracia es particularmente violento en contra de las instituciones cuando se pretende cuestionar el carácter genuino de los resultados electorales certificados por las autoridades correspondientes.

Corresponde especialmente a los laicos desempeñar tanto un papel de denuncia como un papel propositivo a favor de soluciones exigentes y realistas a la luz de la doctrina social de la Iglesia y de una lectura atenta de los signos de los tiempos, en diálogo con todos los que trabajan por la dignidad de las personas

La Iglesia es comunión

La comunión en ser y en caminar exige democracia funcional

Por | Rufo González

La Iglesia no es una creación democrática, fruto del parecer y de votos nuestros. Viene de Dios, de Jesús, de “arriba”. Los cristianos no hemos elaborado una “constitución” para someterla a la voluntad soberana del pueblo. Previo a nuestra decisión libre hay una Palabra y un Espíritu de amor, que salen a nuestro encuentro, desde el misterio abismal que llamamos “Dios”, “Padre de Jesús”, “Padre de todos”. Los cristianos aceptamos el Evangelio de Jesús, sus signos de vida, su comunidad de amor. Esos dones son medios necesarios para promover el Reino de Dios, que es y será siempre nuestro objetivo, la misma causa por la que vivió, murió y resucitó Jesús.

No somos soberanos en la Iglesia. No tenemos nosotros la palabra última y definitiva. Para nosotros lo definitivo es la Palabra revelada, la voluntad divina, expresada sobre todo en la vida de Jesús de Nazaret. La soberanía es de Cristo, cabeza de la Iglesia (Ef 5, 23; Col 1, 18), que vive con nosotros y nos ilumina y alienta constantemente con su Espíritu. Espíritu que nos ha seducido y convencido. Hemos elegido ser, con libertad, miembros de su Cuerpo, Iglesia. Aceptamos el Evangelio y la organización inspirada por Cristo: medios de vida (oración, sacramentos) y ministerios o servicios necesarios para trabajar por el Reino de Dios.

La Iglesia es más que democracia, es comunión. Es, sin duda, la palabra que mejor define a la Iglesia. Comunión en su ser: “un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (LG 4). Pueblo que “recibe la misión de anunciar el reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y constituye en la tierra el germen y el principio de ese reino” (LG 5). Comunión en su hacer se llama “sinodalidad”, caminar juntos. Es lo que exige la propia naturaleza de la Iglesia: reunión de los que se sienten convocados a la misma misión, a la misma vida en “el amor que nos tiene el Padre” (1Jn 3,1ss). Si somos una comunidad con los mismos medios y fines, es lógico que seamos una democracia en muchos aspectos de funcionamiento. “Lo que es de todos y afecta a todos ha de ser tratado y decidido por todos”, fue principio básico de la Iglesia durante siglos. Se ha ido extinguiendo por la presión histórica de imperios y monarquías absolutas, no inspiradas en el Evangelio.

La comunión en ser y en caminar exige democracia funcional. Basta leer los inicios de la Iglesia para percibirlo. Es la libertad vivida en los primeros tiempos: “Escoged entre vosotros a siete hombres de buena fama, llenos de Espíritu y saber, a los que podamos encargar este asunto” (He 6, 3). “Decidieron los apóstoles y los responsables con la entera comunidad (syn hole te ecclesía), elegir a algunos…” (He 15, 22ss).

El llamado “concilio de Jerusalén” “fija el estilo de la organización cristiana. Por la declaración final (“nos ha parecido al Espíritu Santo y a nosotros”), sabemos que Dios (Espíritu Santo) se expresa en el diálogo y decisión de los creyentes (nosotros). La iglesia es una asamblea teologal: los hermanos se juntan y dialogan los problemas a la luz del mensaje de Jesús, de manera que pueden afirmar y afirman que les asiste el Espíritu Santo. Es una asamblea participativa: Dios habla en el diálogo fraterno. Éste es el modelo cristiano de gobierno, en una iglesia que empieza a tener ya problemas. Ella no puede resolverlos mágicamente, ni apelar a una instancia exterior (oráculo de Dios, revelación privada o decisión particular de un dignatario). Los hermanos deben reunirse y dialogar: sólo allí donde comparten la palabra, conforme al evangelio (misión) y para bien de todos, se revela el Espíritu. Lucas ha desarrollado este acuerdo de Jerusalén como ejemplo de autoridad, expresando para siempre el sentido de la comunión eclesial. Éste es el primero y quizá el más importante de todos los “concilios”, pues no define un dogma especial, sino la base y comunión dialogal de la iglesia. Tras el concilio de Nicea (325 d. C.), las decisiones las tomarán sólo los obispos, cosa, en cierto modo, lógica, por los cambios de estructura eclesial. Pero al principio era distinto: no se reunieron obispos, sino apóstoles y presbíteros (paradójica mezcla), con delegados de las comunidades (Antioquía) y el conjunto de la iglesia (muchedumbre de Jerusalén) (X. Pikaza. Blog de RD. 07.09.08).   

La Tradición Apostólica de Hipólito (s. III) transmite el principio democrático en la elección del obispo: “que se ordene como obispo a aquel que, siendo irreprochable, haya sido elegido por todo el pueblo”. En sus orígenes, pues, la organización católica no fue monarquía absoluta ni sacralizada.

En la comunidad cristiana no puede haber predominio ni sometimiento: “Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20, 25-28; Mc 10, 42-45; Lc 22, 25-28). “Lavaos los pies unos a otros” (Jn 13,14), es el testamento de Jesús. La primacía que otorgó a Pedro no fue de predominio, sino de “confirmar a sus hermanos en la fe” (Lc 22,32) y “apacentar las ovejas” (Jn 21, 15-17). Confirmar en la fe y apacentar puede hacerse tras una elección democrática. Lo mismo que organizar la labor apostólica, repartir las tareas y las responsabilidades, etc. La fidelidad evangélica es la fundamental.

El Vaticano II, centrando la Iglesia en la comunión, apuntó reformas en este sentido. Pero el Código de Derecho Canónico, cánones 536 y 537, concreta estas aspiraciones en formas poco o nada democráticas. Por ejemplo:

“Canon 536 § 1: Si es oportuno, a juicio del Obispo diocesano, oído el consejo presbiteral, se constituirá en cada parroquia un consejo pastoral, que preside el párroco y en el cual los fieles, junto con aquellos que participan por su oficio en la cura pastoral de la parroquia, presten su colaboración para el fomento de la actividad pastoral. § 2. El consejo pastoral tiene voto meramente consultivo, y se rige por las normas que establezca el Obispo diocesano.

Canon 537: En toda parroquia ha de haber un consejo de asuntos económicos que se rige, además de por el derecho universal, por las normas que haya establecido el Obispo diocesano, y en el cual los fieles, elegidos según esas normas, prestan su ayuda al párroco en la administración de los bienes de la parroquia, sin perjuicio de lo que prescribe el c. 532.”.

Una comunidad cristiana, reunida por el Espíritu de Jesús, anuncia el evangelio, celebra los signos de vida que nos ofrece Jesús, vive la fraternidad. Para realizar estas actividades necesita organizarse según los carismas de todos sus miembros. Dos estructuras básicas son, sin duda, los Consejos de Pastoral y de Economía. Por ley son sólo consultivos para el poder absoluto. Aún hay parroquias que no los tienen. Muchos funcionan para decir amén al párroco o al obispo. Una decisión comunitaria, acorde con el Evangelio y en su ámbito, da conciencia de comunidad adulta. Lo contrario es infantilismo. Así lo ve la sociedad actual.

La democracia es profundamente eclesial

 

por Fernando Vidal  

En sociedades tan urbanas, disgregadas y dispersas como las actuales, necesitamos modos más abiertos, congregadores e inclusivos que permitan formar genuinas comunidades eclesiales de consulta, deliberación y elección. Los críticos con el espíritu de la sinodalidad acuden al lugar común de que “la Iglesia no es una democracia”, pero, en realidad, la Iglesia es mucho más que una democracia, y puede incluir en su gobernanza todo lo mejor de la democracia. 

La democracia es una tradición tan profundamente arraigada en la Iglesia que, incluso, los papas son elegidos por votación, y también lo son muchos superiores generales de órdenes, abades, presidentes de movimientos, rectores, deanes, etc. La forma en que los benedictinos practican las elecciones fue el modelo que inspiró a las primeras democracias modernas del mundo. La democracia es eclesial y, de hecho, la Iglesia es una de las mayores fuerzas de democratización del mundo en muchos países en conflicto. 

Hay que reconocer también que no hace tanto que una parte de la Iglesia se opuso a la democratización de las sociedades modernas, pero esas posiciones antidemócratas ya no son ni siquiera coherentes con la Doctrina Social de la Iglesia. 

Déficit de participación 

Hay tal déficit de participación en la Iglesia, que la democratización –en sus diversas formas– constituye una urgencia. Afecta a todas las comunidades –diocesanas, parroquiales…– y órganos de la Iglesia. Hay que revisar especialmente la transparencia y la participación en la elección de miembros a consejos pastorales y a ternas episcopales. 

Todos sentimos, positiva y hondamente, que es crucial la labor jerárquica de llamar a la comunión con todos y con Dios, y cuidar de que las decisiones estén unidas al tronco común de la Iglesia. Respetando este principio integrador, la democratización y representatividad en muchos espacios hará un gran bien al Pueblo de Dios y a su misión. 

El Cardenal Paulo Evaristo Arns

Centenario del Cardenal Arns: el profeta de la democracia 

Cardenal Paulo Evaristo Arns 

Su figura es recordada por su “destacada personalidad y los múltiples aspectos de su compromiso en el servicio a la Iglesia y a la sociedad» 

Con una postura firme y profética, nunca dejó indiferente a nadie, siendo víctima de persecuciones, tanto él como la Arquidiócesis que pastoreaba 

El purpurado fue un hombre del Concilio, traduciendo a la realidad latinoamericana, brasileña, las decisiones del Vaticano II, una Iglesia pueblo de Dios, laical, sinodal 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

Un fraile franciscano, un cardenal, que no se encerró en la sacristía, que siempre estaba pendiente de lo que pasaba en la calle, en la vida de la gente. Así podemos definir a alguien que el 14 de septiembre de 1921 nacía en Forquilhinha, en el Estado de Santa Catarina, al sur de Brasil, siendo el quinto de trece hermanos, que con el tiempo se convertiría en uno de los grandes personajes de la Iglesia y de la sociedad brasileña de la segunda mitad del siglo XX, el cardenal Paulo Evaristo Arns

Los pobres y los perseguidos políticos pueden ser considerados la niña de los ojos de aquel que en 1966 fue nombrado obispo auxiliar de São Paulo, en una época en que mucha gente llegaba a la mayor ciudad de Brasil desde todos los rincones del país, gente que se apiñaba en las periferias, con poca o ninguna atención del poder público, en condiciones de auténtica miseria. 

Después de 4 años, en 1970 se convertirá en arzobispo, cargo en el permanecerá hasta 1998, y en 1973 será nombrado cardenal por el papa Pablo VI. A lo largo de sus 95 años de vida, murió el 14 de diciembre de 2016, después de 71 años de sacerdocio, 50 de obispo y 43 de cardenal, su figura es recordada por su “destacada personalidad y los múltiples aspectos de su compromiso en el servicio a la Iglesia y a la sociedad» como afirma el vicepresidente del Celam, cardenal Odilo Scherer, actual arzobispo de São Paulo. 

Hablar del cardenal Paulo Evaristo Arns es hacerlo de alguien que no permaneció callado a la hora de defender a las víctimas de la dictadura, de denunciar las torturas y las muertes, la más conocida la del periodista judío Vladimir Herzog, torturado y asesinado en 1975. Se trata de una figura que hizo todo lo posible para que la democracia volviese a instalarse en el país, creando la Comisión de Justicia y Paz. Eso ha sido reconocido una vez más este 13 de septiembre por el Senado Federal de Brasil al rendirle un merecido homenaje. 

Con una postura firme y profética, nunca dejó indiferente a nadie, siendo víctima de persecuciones, tanto él como la Arquidiócesis que pastoreaba. Nada que le hiciese perder la esperanza, siempre presente en su vida y en su lema episcopal: “De Esperanza en Esperanza”. Siempre tuvo claro que la vida y los derechos de los más pobres eran más importantes que su propia vida, y nunca pasó de largo cuando alguien estaba tirado a la vera del camino. 

El purpurado fue un hombre del Concilio, traduciendo a la realidad latinoamericana, brasileña, las decisiones del Vaticano II, una Iglesia pueblo de Dios, laical, sinodal, con pastorales específicas en favor de los más vulnerables, una Iglesia que a través de las comunidades eclesiales de base se hizo presente en las periferias de São Paulo, “una Iglesia pobre y para los pobres”, que el Papa Francisco sueña desde el inicio de su pontificado. 

Cuba resiste. Una mirada latinoamericana

“No deseo para el futuro de Cuba el presente de Brasil, Guatemala, Honduras o incluso Puerto Rico, una colonia estadounidense a la que se le negó la independencia. ” -Frei Betto

       Por: Frei Betto*

Pocos ignoran mi solidaridad con la Revolución cubana. Durante 40 años he visitado con frecuencia la isla por compromisos de trabajo e invitaciones a eventos. Durante un largo período, medié en la reanudación del diálogo entre los obispos católicos y el gobierno cubano, como se describe en mis libros ‘Fidel y la religión’ (Fontanar/Companhia das Letras) y ‘Paraíso perdido – Viajes al mundo socialista’ (Rocco).

Conozco en detalle la vida cotidiana cubana, incluyendo las dificultades que enfrenta la población, los desafíos a la Revolución, las críticas de los intelectuales y artistas del país. Visité cárceles, hablé con opositores a la Revolución, conviví con sacerdotes y laicos cubanos opuestos al socialismo.

Cuando me dicen a mí, un brasileño, que en Cuba no hay democracia, desciendo de la abstracción de las palabras a la realidad.

¿Cuántas fotos o noticias se han visto o se ven de cubanos en la miseria, mendigos desparramados en las aceras, niños abandonados en las calles, familias bajo los viaductos? ¿Algo parecido a la cracolandia (la tierra del crack), a las milicias, a las largas colas de enfermos que esperan años para ser atendidos en un hospital?

Advierto a los amigos: si eres rico en Brasil y te vas a vivir a Cuba, conocerás el infierno. No podrá cambiar de coche cada año, comprar ropa de diseño, viajar con frecuencia de vacaciones al extranjero.

Y, sobre todo, no podrás explotar el trabajo de los demás, mantener a tus empleados en la ignorancia, estar «orgulloso» de María, tu cocinera desde hace 20 años, y a la que niegas el acceso a su propia casa, a la escolarización y al plan de salud.

Si eres de clase media, prepárate para conocer el purgatorio. Aunque Cuba ya no es una sociedad estatal, la burocracia persiste, hay que tener paciencia en las colas de los mercados, muchos productos disponibles este mes pueden no encontrarse el próximo debido a la inconstancia de las importaciones.

Sin embargo, si eres asalariado, pobre, sin hogar o sin tierra, prepárate para conocer el paraíso. La Revolución garantizará tus tres derechos humanos fundamentales: la alimentación, la salud y la educación, así como la vivienda y el trabajo.

Puede que tengas un gran apetito por no comer lo que te gusta, pero nunca pasarás hambre. Tu familia dispondrá de escolarización y asistencia sanitaria, incluidas las cirugías complejas, totalmente gratuitas, como deber del Estado y derecho del ciudadano.

No hay nada más prostituido que el lenguaje. La célebre democracia nacida en Grecia tiene sus méritos, pero es bueno recordar que, en aquella época, Atenas tenía 20 mil habitantes que vivían del trabajo de 400 mil esclavos… ¿Qué respondería uno de esos miles de servidores si se le preguntara por las virtudes de la democracia?

No deseo para el futuro de Cuba el presente de Brasil, Guatemala, Honduras o incluso Puerto Rico, una colonia estadounidense a la que se le negó la independencia. Tampoco quiero que Cuba invada Estados Unidos y ocupe una zona costera de California, como es el caso de Guantánamo, que se ha transformado en un centro de tortura y una prisión ilegal para presuntos terroristas.

La democracia, en mi concepto, significa el «Padre Nuestro» -la autoridad legitimada por la voluntad popular- y el «Pan Nuestro» -el reparto de los frutos de la naturaleza y del trabajo humano-. La rotación electoral no hace, ni asegura una democracia. Brasil e India, considerados democracias, son ejemplos flagrantes de miseria, pobreza, exclusión, opresión y sufrimiento.

Solo quienes conocen la realidad de Cuba antes de 1959 saben por qué Fidel contó con tanto apoyo popular para llevar la Revolución a la victoria.

El país era conocido por el apodo de «burdel del Caribe». La mafia dominaba los bancos y el turismo (hay varias películas sobre esto). El principal barrio de La Habana, todavía llamado Vedado, tiene este nombre porque no se permitía a los negros circular por allí…

Estados Unidos nunca se conformó con haber perdido la Cuba sometida a sus ambiciones. Por ello, poco después de la victoria de los guerrilleros de la Sierra Maestra, éstos intentaron invadir la isla con tropas mercenarias. Fueron derrotados en abril de 1961. Al año siguiente, el presidente Kennedy decretó el bloqueo de Cuba, que continúa hasta hoy.

Cuba es una isla con pocos recursos. Se ve obligada a importar más del 60 por ciento de los productos esenciales del país. Con el endurecimiento del bloqueo promovido por Trump (243 nuevas medidas y, de momento, no retiradas por Biden), y la pandemia, que ha puesto a cero una de las principales fuentes de recursos del país, el turismo, la situación interna ha empeorado.

Los cubanos tuvieron que apretarse el cinturón. Entonces, los descontentos con la Revolución, que gravitan en la órbita del «sueño americano», promovieron las protestas del domingo 11 de julio –con la ayuda «solidaria» de la CIA, cuyo jefe acaba de hacer una gira por el continente, preocupado por los resultados de las elecciones en Perú y Chile.

Quien mejor explica la situación actual de Cuba es su presidente, Díaz-Canel: «Ha comenzado la persecución financiera, económica, comercial y energética. Ellos (la Casa Blanca) quieren que se provoque un estallido social interno en Cuba para pedir ‘misiones humanitarias’ que se traduzcan en invasiones e injerencias militares. Hemos sido honestos, hemos sido transparentes, hemos sido claros, y en todo momento hemos explicado a nuestra gente las complejidades de la actualidad.

«Recuerdo que hace más de año y medio, cuando comenzó el segundo semestre de 2019, tuvimos que explicar que estábamos en una situación difícil. Estados Unidos comenzó a intensificar una serie de medidas restrictivas, endurecimiento del bloqueo, persecuciones financieras contra el sector energético, con el objetivo de ahogar nuestra economía. Esto provocaría el deseado estallido social masivo, para poder pedir una intervención ´humanitaria´, que acabaría en intervenciones militares.

«Esta situación continuó, luego vinieron las 243 medidas (de Trump, para endurecer el bloqueo) que todos conocemos, y finalmente se decidió incluir a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo. Todas estas restricciones llevaron al país a cortar inmediatamente varias fuentes de ingreso de divisas, como el turismo, los viajes de cubano-americanos a nuestro país y las remesas. Se formó un plan de desprestigio de las brigadas médicas cubanas y de las colaboraciones solidarias de Cuba, que recibió una parte importante de divisas por esta colaboración.

«Toda esta situación ha generado una situación de desabastecimiento en el país, principalmente de alimentos, medicinas, materias primas e insumos para poder desarrollar nuestros procesos económicos y productivos que, al mismo tiempo, contribuyen a las exportaciones. Se eliminan dos elementos importantes: la capacidad de exportar y la capacidad de invertir recursos.

«También tenemos limitaciones en el combustible y los repuestos, y todo esto ha provocado un nivel de insatisfacción, sumado a problemas acumulados que hemos podido resolver y que venían del Período Especial (1990-1995, cuando la Unión Soviética se derrumbó, con grave reflejo en la economía cubana).»

Junto a una feroz campaña mediática de desprestigio, como parte de la guerra no convencional, que intenta fracturar la unidad entre el partido, el Estado y el pueblo; y pretende calificar al gobierno como insuficiente e incapaz de proporcionar bienestar al pueblo cubano. El ejemplo de la Revolución cubana ha molestado mucho a Estados Unidos durante 60 años. Aplicaron un bloqueo injusto, criminal y cruel, ahora intensificado en la pandemia. Bloqueo y acciones restrictivas que nunca han llevado a cabo contra ningún otro país, ni siquiera contra los que consideran sus principales enemigos.

Por lo tanto, ha sido una política perversa contra una pequeña isla que sólo aspira a defender su independencia, su soberanía y a construir su sociedad con autodeterminación, según los principios que más del 86 por ciento de la población ha apoyado.

En medio de estas condiciones, surge la pandemia, una pandemia que ha afectado no solo a Cuba, sino a todo el mundo, incluido Estados Unidos. Afectó a los países ricos, y hay que decir que ante esta pandemia ni los Estados Unidos ni estos países ricos tenían toda la capacidad para afrontar sus efectos.

Los pobres fueron perjudicados, porque no hay políticas públicas dirigidas al pueblo, y hay indicadores en relación al enfrentamiento de la pandemia con resultados peores que los de Cuba en muchos casos.

Las tasas de infección y mortalidad por millón de habitantes son notablemente más altas en Estados Uuidos que en Cuba (EE.UU. ha registrado mil 724 muertes por millón, mientras que Cuba está en 47 muertes por millón). Mientras Estados Unidos se atrinchera en el nacionalismo vacunal, la Brigada Henry Reeve de médicos cubanos continúa su labor entre los más pobres del mundo (por la que, por supuesto, merece el Premio Nobel de la Paz)’.

Sin la posibilidad de invadir Cuba con éxito, Estados Unidos persiste en un rígido bloqueo. Tras la caída de la URSS, que proporcionó a la isla formas de sortear el bloqueo, Estados Unidos intentó aumentar su control sobre el país caribeño.

A partir de 1992, la Asamblea General de la ONU votó por abrumadora mayoría el fin de este bloqueo. El gobierno cubano informó que entre abril de 2019 y marzo de 2020 Cuba perdió cinco mil millones de dólares en comercio potencial debido al bloqueo; en las últimas casi seis décadas, perdió el equivalente a 144 mil millones de dólares.

Ahora, el gobierno de Estados Unidos ha profundizado las sanciones contra las compañías navieras que llevan petróleo a la isla.

Es esta fragilidad la que abre un flanco a las manifestaciones de descontento, sin que el gobierno haya puesto tanques y tropas en las calles. La resistencia del pueblo cubano, alimentada por ejemplos como Martí, el Che Guevara y Fidel, ha demostrado ser invencible. Y debemos, todos los que luchamos por un mundo más justo, solidarizarnos con ellos.

*Frei Betto, En dos ocasiones —1985 y 2005— fue premiado con el Premio Jabuti, el premio literario más importante de Brasil. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. Asesor de movimientos sociales, como las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra. Entre 2003 y 2004 fue asesor especial del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y coordinador de Movilización Social del Programa Hambre Cero.

Preocupación de la Iglesia salvadoreña por los derroteros del pais

«La democracia en El Salvador está en cuidados intensivos»: Cardenal Rosa Chávez 

Presidente Bukele. El Salvador 

La Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de El Salvador dictó, el viernes 3 de septiembre, una sentencia que permite al actual presidente competir por la reelección inmediata, por lo que Nayib Bukele podría aparecer por un segundo período en 2024 

Los magistrados ordenaron al Tribunal Supremo Electoral (TSE) que permita «a quienes ostentan la Presidencia de la República y no lo fueron en el período inmediatamente anterior participar en el concurso electoral por segunda vez» 

La resolución despertó preocupación en la sociedad salvadoreña, a la que se sumó el cardenal Rosa Chávez: «¿Se ha erosionado el estado de derecho y el debido proceso? Si no se repara, pueden pasar cosas peores en el futuro, es mejor verlo todo con claridad, con sentido patriótico y con responsabilidad» 

«Ahora nadie puede estar seguro de conseguir una verdadera justicia», especuló Rosa Chávez, al comentar sobre la destitución de decenas de jueces en mayo 

También lamentó que las últimas acciones que ha tomado el gobierno contra el estado de derecho y las violaciones a la Constitución se hayan perpetrado en el mes en que El Salvador celebra los 200 años de su independencia nacional 

07.09.2021 

(Agencia Fides).- «La democracia en El Salvador está en cuidados intensivos»: es la expresión utilizada por el Cardenal Gregorio Rosa Chávez, Auxiliar de San Salvador, para hacer la comparación con una enfermedad mortal que lleva al paciente a la «fase final». 

Sin embargo, el Cardenal cree que aún hay esperanzas de que el gobierno rectifique su comportamiento y de que la comunidad internacional pueda acompañar al país para salvar la democracia. «El mundo nos ha acompañado en el proceso de paz y ahora nos acompañará en un proceso para salvar la democracia, la democracia auténtica», explicó a los medios de comunicación el domingo 5 de septiembre. 

De la información recopilada por la Agencia Fides, nos enteramos que la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de El Salvador dictó, el viernes 3 de septiembre, una sentencia que permite al actual presidente competir por la reelección inmediata, por lo que Nayib Bukele podría aparecer por un segundo período en 2024

En la sentencia, los magistrados ordenaron al Tribunal Supremo Electoral (TSE) que permita «a quienes ostentan la Presidencia de la República y no lo fueron en el período inmediatamente anterior participar en el concurso electoral por segunda vez». Entonces, si Bukele hubiera ocupado el cargo de presidente en el período 2014-2019, no podría presentarse a la reelección para el período de cinco años 2024-2029. 

Los jueces, nombrados el 1 de mayo después de que el Congreso despidiera a los magistrados constitucionales en un juicio ampliamente criticado, revocaron un fallo de 2014 que prohibía la reelección presidencial durante los próximos 10 años después de dejar el cargo. La Constitución salvadoreña indica que un candidato presidencial no puede presentarse a las elecciones si ha ejercido su mandato «por más de seis meses, consecutivos o no, durante el período inmediatamente anterior». 

La sentencia despertó preocupación en amplios sectores de la sociedad salvadoreña, a la que se sumó el cardenal Rosa Chávez, para quien dos términos han perdido sentido y fuerza en este momento: el «estado de derecho» y el «debido proceso». «Compartimos la opinión de que debemos respetar la Constitución que no permite la reelección inmediata, pero ¿qué pasó?» comentó el cardenal. «¿Se ha erosionado el estado de derecho y el debido proceso? Si no se repara, pueden pasar cosas peores en el futuro, es mejor verlo todo con claridad, con sentido patriótico y con responsabilidad», recomendó. 

«Ahora nadie puede estar seguro de conseguir una verdadera justicia», especuló Rosa Chávez, al comentar sobre la destitución de decenas de jueces, ordenada por el Ejecutivo y aprobada por el colegio oficial, que establece la jubilación obligatoria de todos los jueces mayores de 60 años o que hayan trabajado 30 años en el Poder Judicial, con el pretexto de que esta medida combate la corrupción. 

El Cardenal también lamentó que las últimas acciones que ha tomado el gobierno contra el estado de derecho y las violaciones a la Constitución se hayan perpetrado en el mes en que El Salvador celebra los 200 años de su independencia nacional. “Estamos en el mes de la Patria, el mes de la independencia, un mes de alegría en el país; debemos estar alegres, jubilosos y emocionados, pero hoy estamos preocupados”, concluyó 

Afganistán. Reflexiones sobre el desastre

José Luis Calvo Albero

En el invierno de 2006 el entonces presidente de Afganistán, Hamid Karzai, convocó una gran reunión de agricultores en Kabul. Acudieron representantes de todas las provincias afganas. El objetivo era promocionar la producción agrícola tradicional, que estaba dejando paso rápidamente al cultivo masivo del opio.

Acudieron hombres curtidos por el sol, de expresión un tanto escéptica. Tuve oportunidad de hablar con algunos de ellos y recuerdo especialmente a un hombre de etnia pastún que venía de Kandahar. Al contrario que el centro y el norte del país, el sur es un área fértil y se puede practicar una agricultura de regadío. Recuerdo que el hombre y su familia cultivaban melocotones, peras y melones y sus propiedades estaban en una zona que pasaba con cierta periodicidad del control del gobierno al de los Talibán.

Su narración de cómo se vivía bajo unos y otros fue muy reveladora. Él contaba cómo, cuando el gobierno controlaba la zona, debía llevar sus productos al mercado pasando por un puesto de control de la policía. Allí debía pagar una cantidad de dinero por pasar, aparte de que los policías le requisaban con frecuencia parte de sus productos. Al llegar al mercado debía pagar a otro policía para que se le permitiese instalar un puesto de venta, y debía pagar más si quería un buen puesto. Cuando retornaba a su hogar con las ganancias, el hombre debía extremar las precauciones porque había bandidos en la zona y los asaltos eran frecuentes.

Cuando el distrito estaba bajo el control talibán, también había un puesto de control para acceder al mercado y también había que pagar allí una tasa. Sin embargo, era la única vez que se exigía el pago. En el mercado, un agente talibán iba asignando puestos de venta por orden de llegada. Cuando regresaba a su hogar, el hombre sabía que no debía preocuparse por los bandidos. Había visto a algunos de ellos pidiendo limosna en el mercado con la única mano que les quedaba; la que los Talibán no les habían amputado. Ya en 2006, aquella conversación era una clara señal de que se estaba perdiendo la guerra.

Ese mismo año muchos policías dejaron de percibir sus salarios porque el presupuesto para pagarlos se había agotado, probablemente esquilmado por la corrupción y la ineficiencia reinantes entre las fuerzas de seguridad. Eso explica por qué policías prácticamente abandonados a su suerte en remotos puestos de control se convertían en extorsionadores de aquellos a quienes se suponía debían proteger.

La corrupción en Afganistán era un monstruo que devoraba la mayor parte de las ayudas militares y económicas que recibía el país. Ciertamente había una cultura de tolerancia e incluso de legitimación ¿Qué clase de persona no trataría de beneficiar a su familia o a su clan caso de ocupar una posición de poder? Sin embargo, si el afgano podía comprender el favoritismo, el nepotismo y la corruptela, no toleraba la ineficiencia. Podía comprenderse que la policía cobrase impuestos ilegales, o que el jefe de policía colocase a un familiar en un puesto de relevancia, pero no que permitiese operar impunemente a los bandidos. Con su rigorismo fanático y su justicia brutal, pero eficiente y aceptable según los estándares de la mayoría de los afganos, los Talibán ganaron fácilmente la partida de los corazones y las mentes al gobierno y a sus exóticos y más bien despistados aliados occidentales.

En la década de 1980, los soviéticos diseñaron una estrategia orientada a romper el tribalismo de la sociedad afgana, origen según ellos de todos los males del país. Para eso había que promocionar las ciudades sobre las zonas rurales y convertirlas en polos de desarrollo que forzasen una emigración masiva del campo a la ciudad. El mismo proceso que había roto los vínculos clientelares y semifeudales de la Europa rural del siglo XIX se esperaba que pudiese debilitar el tribalismo afgano.

Los soviéticos no eran especialmente delicados en la aplicación de su estrategia y convirtieron el campo afgano en un infierno, pero la emigración masiva no se produjo hacia las ciudades sino hacia Pakistán e Irán. Los campos de refugiados no solo no acabaron con las relaciones tribales sino que se convirtieron en un vivero de militantes ansiosos de venganza que, con apoyo pakistaní, saudi y norteamericano regresaron a Afganistán y aplastaron lo que los soviéticos habían construido.
Catorce años después, las tropas norteamericanas y europeas intentaron poner cierto orden en el avispero afgano pero lo hicieron sin energía, sin convicción y sin una estrategia clara. La vista de Estados Unidos estaba puesta en Irak y las operaciones en Afganistán se realizaron según el principio de mínimo coste. El régimen talibán cayó rápidamente por el mismo motivo que el gobierno de Kabul se está desintegrando actualmente: porque los jefes tribales siempre se alían con el que demuestra ser más fuerte. Algo que en España, en el centenario del Desastre de Annual, nos debe resultar familiar.

Entre finales de 2001 y 2006 apenas hubo actividad talibán en Afganistán, pero las grandes potencias tampoco hicieron apenas nada por aprovechar esa ventana de oportunidad. Allí estaba Estados Unidos, la OTAN, la Unión Europea, Naciones Unidas, Japón, el Banco Mundial… Los afganos esperaron durante casi cinco años a que su economía floreciese y después comenzaron a decepcionarse. Los Talibán pagaban más a uno de sus combatientes que el gobierno a uno de sus policías, y ellos no se quedaban nunca con su salario.

Al contrario que los soviéticos, europeos y norteamericanos decidieron orientar sus escasas inversiones hacia el mundo rural en lugar de hacia las ciudades. El resultado fue dinero perdido, pues era imposible competir con los beneficios del cultivo de amapola. Gran parte de los fondos fueron sencillamente a reforzar a los señores de la guerra en las áreas rurales. Las elites urbanas no se desarrollaron y no se emprendieron grandes proyectos industriales o de infraestructuras que proporcionasen perspectivas de enriquecimiento a los señores de la guerra ni de trabajo al afgano medio.

No se dio la opción de que los grandes señores de la guerra se convirtiesen en empresarios, probablemente corruptos, pero también progresivamente integrados en un sistema más civilizado, en el que los bufetes de abogados se van haciendo más necesarios que las bandas de matones. Sencillamente no se invirtió lo suficiente, ni en la economía abierta ni en la sumergida. A los jefes tribales y a los agricultores de Helmand y Kandahar no se les ofreció una alternativa más rentable que el cultivo del opio y cuando las tropas británicas comenzaron a desplegar en 2006 en sus territorios, con la clara promesa de terminar con ese cultivo, la reacción fue brutal. Volvieron a ofrecer su apoyo a los hasta entonces marginados Talibán, y aquello marcó el principio del fin.

Afganistán es solo el último eslabón, aunque puede que el más llamativo, en una cadena de fracasos de Occidente en su intento por estabilizar zonas en conflicto. Como en todos los fracasos, la actitud positiva no es olvidarlos sino extraer de ellos las lecciones que permitan no repetir errores en el futuro. Obtener lecciones aprendidas es un proceso doloroso. Nos obliga a reconocer errores y nos pone frente a frente con nuestras propias contradicciones. Las lecciones son con frecuencia políticamente incorrectas, pero tenemos que elegir entre flexibilizar nuestra corrección política o resignarnos a un fracaso tras otro.

Hay muchas lecciones que extraer de Afganistán. De momento se me ocurre apuntar algunas que no descienden en absoluto al detalle sino que se centran en la propia filosofía de las intervenciones en países en conflicto. La primera es que no se puede intentar transformar una sociedad primitiva según parámetros occidentales. Entre la Edad Media y el siglo XXI hay múltiples etapas intermedias que es preciso recorrer y que se pueden acelerar, pero no ignorar.

La segunda es que en un sistema intrínsecamente corrupto hay que controlar también la corrupción y ser capaz de dirigirla en una dirección provechosa, en lugar de ignorarla y permitir que se convierta en un instrumento de demolición de todo lo construido.

La clara identificación de las elites en cada país: las que gobiernan, las que aspiran a gobernar y las que desearíamos que gobernasen, es un ejercicio indispensable a la hora de realizar un esfuerzo de estabilización. La experiencia demuestra que en Irak, Afganistán o Libia no se identificaron correctamente las elites que gozaban de legitimidad y que podían realizar una acción de gobierno eficaz.

Quizás la lección más dura, y una sobre la que merece la pena reflexionar, es que la democracia no es un punto de partida sino un destino final. A la democracia se llega a través de la maduración de una sociedad durante generaciones, maduración que implica experiencia, sacrificio y educación ciudadana. Pensar que la instauración de un sistema democrático supone el principio de una etapa de estabilidad, libertad y prosperidad es una idea muy norteamericana, pero lo que funcionó en las desarrolladas colonias británicas en América en el siglo XVIII no tiene por qué funcionar igual en el Afganistán o el Mali del siglo XXI.

SIN DEMOCRATAS NO HAY DEMOCRACIA


J. I. González Faus. Además de una crisis sanitaria y otra económica, la pandemia ha acabado trayéndonos una crisis política: una seria crisis de la democracia. Nos habíamos acostumbrado a justificarla diciendo que, aunque el sistema democrático es malo, es el menos malo de todos. Así tranquilizábamos nuestra conciencia y nos quedábamos en paz, olvidando la gran capacidad de degeneración que tiene todo lo humano, y más cuando no es del todo bueno.
De gentes conocidas he escuchado estos días dos reacciones opuestas que servirán de punto de partida para estas reflexiones, porque pese a su oposición, coinciden en ser ,cada una por un lado, amenazas a la democracia:
1. Unos por irresponsables.- Hay quienes, contaminados por el terrible individualismo de nuestra modernidad, confunden los derechos humanos con deseos propios y protestan violentamente contra toda medida confinatoria, como ataque a sus derechos más elementales. Se sienten como niños mimados, con derecho a desobedecer. Y esto no solo en países “bárbaros” como España, sino en países “civilizados” como Holanda. No se han enterado aún de que los derechos humanos son, sobre todo, derechos de los otros que yo debo respetar y que el fundamento de los derechos humanos son precisamente nuestros deberes. Como ya recordó Simone Weil, sin deberes no hay derechos sino solo egoísmos.
2. Otros por insensatos.- Otros echan de menos una autoridad firme y dura, invocando el ejemplo de Taiwán o China que están superando la pandemia mucho mejor que nosotros. He llegado a oír, de gentes que nunca hubiera esperado, que “con Franco ya no tendríamos pandemia”. Lo cual puede sugerir insensiblemente que “en el fondo Franco no era tan malo”.
Honestamente, debo reconocer mi extrañeza ante la actitud del gobierno en este último mes (después de aquel discurso prometedor de Pedro Sánchez en Navidad), mientras la tercera ola se descontrolaba y las comunidades autónomas reclamaban medidas muy razonables que el gobierno se negaba a autorizar. Comunidades autónomas (recordémoslo) que primero criticaron al gobierno reclamando más libertad, y ahora reclaman más autoridad.
¿A qué fue debido ese cambio de actitud comparado con la actuación del gobierno hace ahora un año? Llegué a preguntarme si el gobierno de Sánchez no estaría siendo rehén de algunos poderes fácticos económicos que habrían amenazado con cargárselo (y poder para ello lo tienen) si no cambiaba sus políticas de marzo del 2020. No lo sé. Pero ahí están aquellas extrañas palabras del señor Fernando Simón (tan sensato antes) explicando que, como en Navidades la gente iba a hacer lo que les diera la gana, pues mejor no prohibir nada.
Vale. Pero de ahí a decir que con el dictador no habría pandemia, hay años luz. Seguir leyendo

¿Es España un país democrático?

¿
Creo que la democracia siempre debemos considerarla como un objetivo permanente de conquista al que nos vamos acercando. Históricamente ha habido pasos atrás, como cuando se instala en un país una dictadura, pero es de esperar que en los grandes ciclos históricos se observe un progreso democrático.
¿Cuál es el contenido de ese objetivo, aquello por lo que hemos de luchar para que nuestra sociedad sea cada vez más democrática? Pues nos lo indica la misma palabra: que sea el pueblo quien gobierne cada vez más de verdad. EL pueblo ejerce su gobierno a través de unos representantes que él elige. Pues en la medida en la que estos legislan, juzgan y gobiernan en consonancia con los intereses del pueblo, se podrá decir que hay más o menos democracia. En la medida en la que eso ocurra solo teóricamente y no así en la práctica, decimos que la democracia es más bien formal que real. Hay quien hace ya una crítica a este modo de realizar la democracia y pide que el pueblo gobierne “directamente”, no a través de mediadores, pues casi todos, dicen, les han traicionado.
Observando la realidad de la situación del pueblo español, ¿qué podemos decir en cuanto al nivel de democracia que hay en este país? Cuando la desigualdad en España es tan grande, cuando la pobreza afecta a tantísimos, cuando hay tanto fraude fiscal, cuando no están respetados derechos tan importantes como el de la vivienda y del trabajo, cuando hay tantos salarios indignos, cuando no son atendidos como debieran todos los enfermos, incluidos los que tienen carencias especiales, cuando es posible tanta corrupción, cuando existe una injerencia tan evidente de los políticos en el gobierno de los jueces y fiscales…, y otras tantas situaciones semejantes, no podemos decir que un país así, llámese España o como sea, es un país democrático en un nivel aceptable. Es entonces cuando llamamos formal a esa democracia, debido a que tiene muchas carencias. Es democrática, pero no del todo. No sé por qué se forma tanto alboroto porque alguien diga algo tan evidente. Seguir leyendo