Movilización popular en Perú

Perú. Marcha y concentración multitudinaria en centro de Lima arrincona a régimen Boluarte-Otárola

Publicado el 20 de enero de 2023 / Por Andrés Figueroa Cornejo

Todo el pueblo y todos los pueblos. Mestizos, aymaras, quechuas, campesinos, trabajadores, estudiantes, feministas populares, veteranos y juventud. En el norte y sur del Perú se movilizaron. Y desde los 4 puntos del país andino, innumerables comunidades y agrupaciones sociales e indígenas confluyeron en el centro de Lima este jueves 19 de enero, tal como lo prometieron. A pesar de las muertes de la dictadura, los heridos, los presos, la represión criminal de la policía y los soldados.

Superando cualquier tipo de pronóstico, delegaciones de todos los rincones del territorio se agregaron a la convocatoria de paro general, cívico y popular realizada por la Confederación General de Trabajadores, CGTP, y la Asamblea Nacional de los Pueblos, ANP, para exigir la renuncia de la dictadora Dina Boluarte y de la mesa directiva del Congreso, elecciones generales el 2023 y el establecimiento de una Asamblea Constituyente.

Pese a que el régimen ilegal de Boluarte-Otárola estableció el estado de emergencia en las regiones de Lima, el Callao, Puno y Cusco, las clases trabajadores, populares e indígenas, armadas de dignidad y razones justas, marcharon legítimamente sobre la capital, como lo hicieron hace años contra la tiranía del genocida Alberto Fujimori.

Empero, las protestas se desarrollaron tanto en Lima como en el resto del país. De hecho, en Arequipa y Juliaca murieron dos manifestantes bajo fuego de agentes policiales durante la jornada. En 42 días de dictadura, 55 suman los caídos en la lucha por recuperar la democracia y conquistar la justicia social.

Desde el lunes 16 de enero, incontables caravanas están llevando adelante la Marcha de los Cuatro Suyos (en referencia a la ancestral división del territorio incaico) con las mismas demandas. Los estudiantes de la Universidad de San Marcos los albergaron en las dependencias de la casa de estudios superiores durante la noche del 18 de enero, donde debieron resistir el hostigamiento, los conatos, los perdigones y el ahogo de las bombas lacrimógenas provenientes de la policía militar.

Los manifestantes expresaron que no volverán a sus pueblos hasta que Dina Boluarte renuncie y se avance hacia la realización de nuevos comicios. Igualmente, indicaron que estaban hastiados de que los medios de comunicación y una parte de la población los estigmatice como “terroristas”, “vándalos”, y se les dé un trato racista. Además, denunciaron la presencia de policías de civil cuya misión es provocar, caotizar las movilizaciones, y ofrecer falsas justificaciones para ser reprimidos.

Mientras se cerraba la presente nota, la policía militar, a unas 4 horas del inicio la concentración, comenzó a disparar sobre la multitud en Lima, y a arrojar bombas lacrimógenas sobre los techos del Banco de la Nación y otros edificios céntricos de larga data de la zona de Abancay, en Plaza San Martín, provocándose siniestros.

Alrededor de las 21.15 (hora local), Dina Boluarte dio un mensaje por los medios de comunicación donde, como era de esperar, agradeció el accionar de las policías y la fiscalía, y amenazó a los luchadores sociales, indicando que la Dirección Nacional de Inteligencia junto al ministerio público atraparán individualmente a quienes están atentando contra la propiedad pública y privada. También llamó al “diálogo y la unidad nacional” y aseguró que “la situación está controlada y actuaremos con todo el peso de la ley”.

Según el Instituto de Estudio Peruanos, la población, conforme a las diversas regiones del país, rechaza el régimen de Boluarte entre un 80 y un 88 por ciento, y más de un 70 por ciento aprueba una Asamblea Constituyente.

*El texto precedente empleó de fuentes directas a los dirigentes sociales peruanos Álvaro Campana y Arturo Ayala.

Protestas en Lima

Miles de personas piden la renuncia de Dina Boluarte en una multitudinaria protesta en Lima, Perú

Miles de personas han salido a las calles de la capital de Perú, Lima, para pedir la renuncia de la presidenta, Dina Boluarte, todo ello después de que en los últimos días hayan llegado a la ciudad decenas de caravanas de manifestantes procedentes de regiones de todo el país.

Protestas en Perú – Lucas Aguayo Araos/

Mes y medio después de que tuviera inicio el estallido social en el que se encuentra inmerso Perú y con un balance de fallecimientos que desde el 7 de diciembre rebasa la cifra de los 50 muertos, el paro nacional celebra una jornada de protestas marcada por el fuerte despliegue policial de las autoridades peruanas, con más de 11.000 agentes de seguridad en las calles de la capital.

Las autoridades del país han pedido calma a los manifestantes y han hecho un llamamiento para que expresen sus reclamos de manera pacífica. De hecho, la propia mandataria apeló el pasado lunes a los ciudadanos peruanos a llevar a cabo la ‘Toma de Lima’ «en paz».

Durante la jornada de este jueves se han registrado enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas de seguridad en diversos puntos de la ciudad, así como la quema de mobiliario urbano, el cierre de parte del transporte público, y el lanzamiento por parte de la Policía de gases lacrimógenos en un esfuerzo por apaciguar los disturbios.

El Ministerio de Defensa, por su parte, ha lanzado una advertencia sobre posibles tomas a instituciones públicas y privadas como el Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Lima o antenas de televisión

Perú explosivo

La contundente represión que aplica el Gobierno de Dina Boluarte a las protestas no es la respuesta política a la crisis actual

Varias personas caminaban el miércoles entre una barricada levantada durante las manifestaciones en la ciudad peruana de Tacna.RAFAEL ARANCIBIA (EFE)

Perú ha entrado en un laberinto peligroso. La brecha entre los peruanos y el Gobierno de la presidenta Dina Boluarte es cada vez mayor. La oleada de protestas que desató el autogolpe fallido de Pedro Castillo suma ya 46 muertos en zonas rurales a causa de enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad. La indolencia del nuevo Ejecutivo, embarcado en una huida hacia adelante con destino incierto, y el uso desproporcionado de la fuerza han exacerbado el desencanto hacia los gobernantes y desatado un clamor internacional para que cese la represión policial. La Fiscalía de la nación ha iniciado una investigación preliminar contra la presidenta y varios de sus ministros como responsables de las muertes y los centenares de heridos causados por una desmedida represión de las protestas en distintas zonas del país, la última de ellas, Cuzco, la más turística de Perú.

Las movilizaciones se calmaron durante las fiestas navideñas pero han rebrotado con fuerza este enero. Y los pronósticos son que se mantengan por largo tiempo. Los peruanos arrastran una década de graves fracasos políticos a los que se suma el descontento de gran parte del país, que se siente ignorado por el centralismo de Lima. Es en los territorios andinos del interior donde las manifestaciones han sido más numerosas y donde se han registrado todas las muertes: 18 de ellas solo el pasado lunes en Puno. También se ha sabido que el nuevo Gobierno suscribió dos contratos el 20 y el 27 de diciembre para comprar 31.615 cartuchos y granadas de bombas lacrimógenas, lo que da una idea del plan de contención previsto ante las marchas.

La llegada de Pedro Castillo a la presidencia en 2021 generó una oleada de entusiasmo, sobre todo en las regiones más pobres y olvidadas de Perú. Su caída, debida al autogolpe del 7 de diciembre, que acabó con él en prisión, encendió la mecha de las protestas que ya se han extendido por todo el país. Es tarea del Gobierno que reemplazó al de Castillo buscar una salida a este conflicto. Y eso implica ir más allá de la represión o de encastillarse en la capital, dando la espalda al resto del país.

Muchos peruanos, como reflejo de un malestar creciente, exigen la salida de Boluarte, e incluso de todos los parlamentarios, a los que identifican con una élite ensimismada en sus privilegios y abstraída en Lima. El Congreso, sin embargo, fijó las elecciones para abril de 2024, alejando más de un año una solución electoral a un conflicto que no hace sino agravarse. Es hora de que el Ejecutivo cambie su política, se replantee la fecha de los comicios y suprima cualquier exceso en la represión de las protestas. La senda recorrida hasta ahora hace temer un mayor derramamiento de sangre y una evolución enormemente peligrosa de la crisis. Evitarlo debe ser la principal premisa del Gobierno peruano.

Crisis política en Perú

Se consumó un golpe reaccionario

Por Gustavo Espinoza Montesinos, Resumen Latinoamericano,.

El miércoles 7-D fue un día particularmente complicado en el Perú. En pocas horas la ultra derecha logro parcialmente su cometido: derribar al gobierno de Pedro Castillo y abrir paso a un nuevo escenario en la vida nacional, en el que puede preservar sus privilegios y recuperar sus posiciones de Poder, de alguna manera cuestionadas por el régimen instaurado a partir del 28 de julio del año pasado.

Luego de algunas horas de tensión se instaló en la jefatura del Estado Dina Boluarte, la Vicepresidente de la República quien formuló un llamado a la “unidad de todos los peruanos” .

Este desenlace fue de alguna manera inesperado. Y se precipitó porque el propio Castillo dio lo que bien podría denominarse un salto al vacío. Sin coordinación con nadie, sin recabar el respaldo de las organizaciones sociales y de masas, sin contar con el apoyo de la Fuerza Armada ni de los colectivos políticos de posiciones progresistas  y avanzadas; resolvió instaurar un Gobierno de Emergencia disolviendo los otros Poderes del Estado.

Esto sorprendió a la ciudadanía y al movimiento popular en su conjunto, y fue respondido por los sectores más reaccionarios de la vida nacional.

El Congreso de la República, que debía discutir hoy  la vacancia de la Presidencia de la República, para cuyo efecto no lograba contar con los 87 votos requeridos, vio facilitada su tarea. En el nuevo escenario, se sumaron a la propuesta de vacancia, 101 congresistas, con sólo 6 votos en contra y 9 abstenciones.

Existía la posibilidad que la reacción presionara a Dina Boluarte a renunciar a su cargo  de Vice Presidente, en cuyo caso el Poder pasaría de inmediato al Presidente del Congreso, el ex general José Williams Zapata. Esta presión no existió,  y en horas de la tarde  se produjo la juramentación de la primera mujer que ejercerá la Presidencia de la República.

Dina Boluarte ha formulado un llamado a la “unidad nacional”, entendida como la suma de todas las fuerzas políticas actuantes en el escenario peruano. Veremos cuál será la composición de su primer Gabinete Ministerial.

Por lo pronto, la ultra derecha peruana ha cantado victoria.  Es consciente que ha logrado librarse de un mandatario al que detestaba y al que quiso derribar desde un inicio de su gestión.  No ha logrado, sin embargo, imponerse plenamente. Aunque Dina Boluarte no es tampoco “militante de la izquierda”, no se le puede equiparar a Jannine Añez, la boliviana que reemplazó a Evo Morales en La Paz.

No es previsible, sin embargo, que siga el derrotero de Castillo, ni que se empeñe en ninguna batalla de corte popular. Tratará de “seguir sobre la ola” hasta el 2026 procurando no ser devorada por la Mafia al acecho.

De este cumulo de circunstancias, se pueden deducir algunas lecciones. Veamos:

Castillo representó a un Gobierno Popular, Democrático y Progresista .No se le podría considerar, por cierto, ni de izquierda, ni revolucionario ni socialista. No era indispensable que la Izquierda le apoyara en términos de adhesión personal, sino que lo ayudara en su gestión para el cumplimiento de su Programa de Unidad, suscrito por todas las fuerzas del movimiento popular, que le dieran la victoria en junio del 2021

Lideró un gobierno débil, precario y en buena medida inconsistente. En verdad, no logró gobernar por cuanto desde el primer día se vio acosado por una intensa campaña de odio desatada contra él por los núcleos oligárquicos tradicionales. No contó nunca con la colaboración real de la izquierda -a la que busco muy poco- y se rodeó de un grupo de “asesores” muy discutible que finalmente quedó  en evidencia por su ineptitud y su corrupción. Por las acciones de ellos, se vio severamente comprometido.

Aleatoriamente, Castillo reaccionó tardíamente ante la campaña del enemigo. Al hacerlo, optó por la vía del “trato directo” entre él y las poblaciones del interior del país, obviando vínculos naturales creados por el propio movimiento popular. Por lo demás, sus “colaboradores”  actuaron al margen de las masas porque  no procedían tampoco de las entrañas del pueblo.

Por eso no pudo percatarse de la situación real, ni percibir su aislamiento político. Pensó que apoyándose en personas que pudiesen “asustar” a sus enemigos,  podría neutralizarlos, y eso no ocurrió.

De este modo se confirmó aquello que no es posible liderar un proceso de cambios sin forjar la unidad del movimiento popular, sin organizar a las masas ni politizarlas. Tampoco, dando la espalda a sus luchas.

El futuro del país está en riesgo. En el interior se producirán sin duda movilizaciones en respaldo al Presidente depuesto. El miedo a ellas fue el que indujo a la reacción a no asumir directamente el Poder, sino a aceptar como “mediadora” a Dina Boluarte, Pero ella no tiene tampoco Partido, ni fuerza organizada que la respalde. Es previsible que registre mayores dificultades aun que Castillo en la perspectiva.

De la nueva administración, es previsible que se registren cambios negativos.  Los medios de comunicación¸ que clamaban por estar al borde de la quiebra al no recibir subsidios del Estado, lograrán jugosas compensaciones. Y eso ocurrirá también con los empresarios, Pero unos y otros no cambiarán su actitud. Seguirán en su brega contra el pueblo, de modo que se prevén dificultades mayores en la perspectiva.

En materia de política exterior, esto también se hará sentir. Es previsible un “enfriamiento”  de los vínculos  con algunos países hermanos sobre todo México, Venezuela Nicaragua  o incluso Cuba; porque la ultra derecha seguirá su campaña contra ellos.

En otras palabras, la batalla de los peruanos será más dura y difícil, pero habrá que enfrentarla