Catequesis sobre «el discernimiento»

El Papa señala en la audiencia general que “inteligencia, habilidad y voluntad” son claves para tomar buenas decisiones

Francisco comienza un nuevo ciclo de catequesis en el Aula Pablo VI dedicado al discernimiento, un “acto importante que concierne a todos, porque las elecciones son una parte esencial de la vida”

“Dios nos ha creado libres”

El Evangelio, señaló el Pontífice, sugiere otro aspecto importante del discernimiento: “implica los afectos”. Cuando se toma la “decisión justa” siempre llega “una alegría” al final. “Por eso es tan importante saber discernir: las grandes elecciones pueden surgir de circunstancias que a primera vista parecen secundarias, pero que resultan ser decisivas”, dijo, remarcando que en una decisión “buena y justa” la “voluntad de Dios” se encuentra “con la nuestra”.

El discernimiento no resulta fácil porque “implica un esfuerzo” derivado de la propia condición de libertad. “Según la Biblia, no encontramos ante nosotros, ya empaquetada, la vida que hemos de vivir. Debemos decidir continuamente según la realidad que viene. Dios nos invita a evaluar y elegir: nos ha creado libres y quiere que ejerzamos nuestra libertad. Por lo tanto, discernir es un reto”, reconoció el Papa.

Ese esfuerzo supone que el discernimiento pueda resultar “agotador”, aunque sea “indispensable” para vivir. “Requiere que me conozca a mí mismo, que sepa lo que es bueno para mí aquí y ahora”, dijo Francisco, señalando más adelante que Dios “nos quiere hijos libres y no esclavos. Y el amor sólo puede vivirse en libertad. Para aprender a vivir hay que aprender a amar, y para ello es necesario discernir”.

LAS MUJERES Y EL DISCERNIMIENTO

col aznarez

I.- El discernimiento y los jesuitas:

Al inicio del proceso sinodal, en el Discurso del Papa Francisco pronunciado el sábado 9 de octubre de 2021 en el Vaticano (Aula Nueva del Sínodo), al poco de comenzar Discurso, el discernimiento ya es mencionado: “Y para comenzar un discernimiento en nuestro tiempo, siendo solidarios con las fatigas y los deseos de la humanidad”. Recordó el Papa más adelante, lo siguiente, que es esencial y que muchos parecen olvidar: “El protagonista del Sínodo es el Espíritu Santo”.

Luego el Papa constató el malestar y sufrimiento de numerosos agentes pastorales, de los organismos de participación de las diócesis y de las parroquias, y también de “las mujeres que a menudo siguen quedando al margen”. El 10 de octubre de 2021, en la Homilía de la Santa Misa de Apertura del Sínodo de los Obispos, el Papa señaló que discernir es uno de los tres verbos del Sínodo, que es camino de discernimiento espiritual, de discernimiento eclesial.

No es sorprendente que un Papa que es jesuita, perteneciente a la Societatis Iesu, emplee con tanta frecuencia el sustantivo “discernimiento”, que es un elemento base, decisorio, de la espiritualidad de San Ignacio de Loyola, que está en sus Ejercicios Espirituales y en otros textos. Ya en la importante Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio), fechada el 24 de noviembre de 2013, a meses apenas de haber sido elegido Papa (que lo fue el 13 de marzo de 2013), la palabra discernimiento aparece once veces.

Ese repetido empleo de terminología tan jesuítica, da pie pensar que el Sínodo (2021-2023) tenga en sus fases originales y de inicio una fundamental influencia e impulso por parte de la Compañía de Jesús, que si siempre estuvo muy ligada al Papado, incluso por voto especial, ahora lo está mucho más, en tiempos en los que el Papa es también jesuita (S.J.) Y la discreción de la Compañía, muy agazapada, sin sobresalir en los primeros sitiales del Sínodo, promovido –reitero- por un Papa jesuita, es prueba de prudencia ante lo que pudiera ocurrir en el futuro, acaso indeseable, y de un vital instinto de conservación por parte de la varonil y militante orden religiosa, cuyo Fundador, de cojera por herida de guerra, no quiso hijas, hermanas o madres a su lado.

Es curioso constatar la evolución radical de los jesuitas en la Historia de la Iglesia. En tiempos contemporáneos, siguiendo las directrices y mandatos del documento final de la Congregación General, la número 32, que eligió General al Padre Arrupe, los jesuitas están a la cabeza del progresismo y son su avanzadilla en el mundo eclesiástico. Antes, en anteriores tiempos, cerca del Renacimiento, y más tarde, en tiempos de la Modernidad, los jesuitas hicieron el papel de “contras”, pues fueron los protagonistas del fenómeno de la “Contra-reforma” primero (respuesta católica a la reforma protestante de Lutero, que comenzó en el siglo XVI) y de la “Contra-revolución” después en el siglo XIX, esenciales en el Papado del anti/modernista Pio IX, agrupados en torno a la revista Civiltà Cattolica, e inspiradores de la extremista encíclica Quanta Cura y Syllabus, en 1864. Es normal que los del magis (del siempre más), difíciles a clasificar por ser muy plurales, transiten con facilidad de la contra al pro, o del pro a la contra.

Sobre ello algo ya escribimos, aquí, en Religión Digital, cuando titulamos El jesuita con tricornio, en referencia al Padre Pirrone. confesor del príncipe Salina en la novela siciliana El Gatopardo. Y para leer un análisis detallado del papel desempeñado por los jesuitas en el largo y fundamental Papado de Pío IX, se recomienda el libro de Jean Lacouture, Jesuitas, editado por Seuil, en 1991.

II.- Peligros del discernimiento:

Es de valentía y hay que tener mucho arrojo para animar a fieles a discernir en el seno de una Iglesia y Religión, pues puede producirse, con facilidad, una confusión entre lo que son pensamientos del discernimiento adecuados, muy aplaudidos por unos, y pensamientos de discernimiento inadecuados, de supuestas apostasías, cismas y herejías, muy rechazados por otros. Insisto en que hay que tener mucho cuidado, para no llevarse sorpresas, pues se conocen los inicios y nunca los finales en las incitaciones al discernimiento, colectiva e individualmente, siendo de evitar las tentaciones al fuego, salvo que se sea un pirómano, allí donde hay materias tan combustibles como son los dogmas y los anatemas, de tanta tradición católica, no siendo fortuito que el concilio de Letrán en 1215, que definió el dogma, fuera el de la institución de la Inquisición.

Siempre se dijo que a los alemanes y a sus aprendices, incluidos los españoles, enloquece la metafísica y, naturalmente, la teología, con sus cóncavos o picudos discernimientos, siendo esa la causa de tanta locura, de extremismo y de tantos extremistas a lo germánico, que, al igual que Goethe, hablan alemán en la intimidad, entretenidos en fuegos fatuos. Muchos consideran normal lo que ocurre ahora a los alemanes, en su Sínodo, como se consideró normal lo que les ocurrió en su exitoso Concilio, el Vaticano II, que tanto influyeron, aunque ya protestaban de todo y protestándolo todo. Algunos dirán que de aquellos polvos conciliares resultan los presentes barros sinodales. De lo que estoy seguro es que lo último nunca lo reconocerá el cardenal Kasper, que ahora, bélicamente, discursea sobre “golpes sinodales de Estado”, asunto tenebroso por venir de un germano.

Más dejemos, por ahora, los radicalismos sinodales de los alemanes y alejémonos también de los de alguna diócesis, más o menos española. Bástenos la llamada “ponderación”, nada revolucionaria de la Conferencia Episcopal Española, la  cual, en la conclusión de la fase diocesana del Sínodo 2021-2023, el 11 de junio de 2022 (Asamblea Final Sinodal de la Iglesia en España), señaló que la participación sinodal había sido principalmente de personas ya implicadas en la vida de la Iglesia, mayoritariamente mujeres, y que entre los temas de más fuerte resonancia en el proceso sinodal, el primer lugar lo ocupó el papel de la mujer en la Iglesia.

III.- Ya en lo femenino:  

Es normal que la llamada “Revolución feminista”, que nació en el siglo XIX y que continúa exitosa en el siglo XXI, golpease las puertas de los tres monoteísmos, el Judaísmo, el Islam y el Cristianismo, considerados baluartes o fortalezas del llamado patriarcado, y con unos textos fundamentales, por ser palabra de Dios, de un “Dios Padre”, tachados por ser de apoteosis masculina. Surge una diferencia entre el cristianismo y los otros dos monoteísmos, pues en los Evangelios la posición de Cristo hacia la mujer no puede ser menos patriarcal y más liberadora, de profundo respeto. Emmanuelle Seyboldt, cristiana protestante y “pastora”, escribió: “Los evangelios presentan a Jesús de una manera que se pudiera calificar de feminista”.

Acaso no tanto, pero son de recordar en sentido favorable a la mujer, episodios evangélicos como el encuentro de Jesús con la mujer samaritana (San Juan, 4, 8-43), la discusión con Marta (Lucas, 10, 38-42) y ese fascinante episodio de Jesús con la mujer adultera (San Juan, 8, 1-11), en el que, sorprendentemente, Jesús escribió en la arena sin saber el qué (“Jesús, inclinándose hacia abajo, escribía con el dedo en la tierra”). Esos tres episodios están magníficamente comentados en la Edición de Antonio Piñero, Los Libros del Nuevo Testamento, editorial Trotta 2022, 2ª edición, páginas 1336 y siguientes, 835 y siguientes, y 1358 y siguientes. A esos tres “episodios”, habrá de añadirse un cuarto, que consta en los cuatro Evangelios canónicos, acerca de la presencia de mujeres, María Magdalena, María la de Jacobo y José, y la madre de los hijos del Zebedeo; un cuarto muy importantes, pues inició el relato acerca de la Resurrección del Señor, esencial en el Cristianismo. 

Mucho y trascendental debió ocurrir para pasar de unos textos tan respetuosos hacia lo femenino, a la realidad, la de la Iglesia católica, de una religión muy clerical a base de varones, denunciado por el mismo Papa y siendo conclusión de la fase sinodal diocesana la denominada superación del clericalismo. Acaso en ello haya un deseo divino, propiciador de la  sequedad vocacional, y que sin las mujeres no sea superable el galopante secularismo. Y aquí procede hacer  tres observaciones:

A).- Los textos de la Biblia judía y del Corán, referidos a la mujer, nada de parecido tienen con los Evangélicos antes indicados, tan de delicadeza femenina. La lectura en clave femenina de los textos judíos y musulmanes han de exigir interpretaciones y hermenéuticas que no precisan los textos cristianos, pues a estos bastará quitarles la roña acumulada y no esconderlos. A dicho efecto sirve de prueba el libro escrito a tres voces por la cristiana Emmanuelle Seyboldt, la judía Floriane Chinsky y la musulmana Kahina Bahloul, titulado Mujeres y dioses, publicado en Francia en 2021 y ahora es muy actual por la conclusión de la fase diocesana del Sínodo. En ese libro se trata de dar respuesta al asunto del papel de las mujeres en las tres religiones, tan marcadas por siglos de patriarcado, y ello a través del diálogo a tres, de  una mujer “pastor” en una Iglesia protestante, de una mujer “rabino” en una Sinagoga judía  y de una mujer “imán” en una Mezquita. Interesante el reportaje sobre Kahina publicado el pasado 17 de junio en ABC,  si bien la apellida indebidamente, Bahlqui.

B).- Se destaca la enorme importancia del clericalismo católico, de alguna equivalencia o parecido al clericalismo musulmán del Chiismo, y no existiendo clérigos ni en el Judaísmo ni en el Sunismo musulmán, pues ni los rabinos ni los ulemas e imanes son clérigos en sentido estricto. Es de señalar lo ocurrido en los años 1980-1990, con la llegada al poder en Irán de los clérigos chiítas encabezados por el ayatollah Khomeyni: una llegada que supuso una conquista del Poder, preocupación y ocupación primordial de hombres clérigos, y, además, una revisión fundamentalista de textos musulmanes y de prácticas, con la consiguiente apoteosis de lo masculino y un endemoniar lo femenino. Basta observar la realidad de las mujeres en Irán, hoy.

C).- Es de juristas y de Justicia no generalizar sobre clérigos, pues unos o muchos son ejemplares y otros, en especial, los ya en la jerarquía, son del “ordeno y mando”, del abuso de superioridad y del prevalimiento, que encubren el miedo, miedo al otro sexo. Frente a ellos, a las mujeres queda no sólo el reproche, incluso el de las más altas autoridades eclesiásticas, sino también la denuncia por pisotear dignidades humanas. Y traigo a colación la reciente sentencia, de uno de Junio de 2022, la número 544,  de la Sala 2ª del Tribunal Supremo, presidida por el sabio magistrado don Manuel Marchena, discípulo, por cierto, de los jesuitas de Deusto. Y una Sentencia que cita al filósofo Rawls, recordando lo que llamó “el deber de civilidad”, que ha de estar ínsito en los que dicen estar sujetos al “deber de religiosidad”. 

(Deberá continuar con el asunto de los cuerpos, también el de las mujeres, con la peculiaridad cristiana de un Dios encarnado, con ese texto tan peculiar que es El Cantar de los Cantares y con los monoteísmo “liberales” en el Islam y Judaísmo, regidos por mujeres)

Curso on-line sobre la sinodalidad

Tercera semana del curso online sobre sinodalidad: Liderazgo, gobernanza y rendición de cuentas en la Iglesia

Boston College inicia el primer curso masivo online de discernimiento
Boston College inicia el primer curso masivo online de discernimiento

«El liderazgo en la Iglesia debe ser revisado y pensado a la luz de una visión interdisciplinar que responda a los nuevos tiempos y que tenga como finalidad ayudar a todos y todas en la Iglesia a crecer en humanidad»

«El ejercicio del liderazgo en la Iglesia permite a todo el Pueblo de Dios caminar juntos y realizar así su misión como comunidad de fieles»

«Como veremos en los videos de esta semana, uno de los objetivos para un liderazgo eclesial actual ha de ser favorecer, construir y desarrollar relaciones, procesos y estructuras en clave sinodal

17.07.2022 | Janet Forbes, Irlanda

El liderazgo es una palabra que se utiliza con frecuencia en muchas disciplinas y es preciso decir que el interés por el estudio y las prácticas del liderazgo sigue creciendo en todas las disciplinas. No existe un acuerdo sobre cómo debe definirse el liderazgo o, de hecho, qué constituye una buena práctica, aunque se acepta universalmente que la cultura es un factor esencial cuando se considera el liderazgo.

En la Iglesia, este tema ha ido adquiriendo relevancia en las últimas décadas. La reflexión en torno a los cambios antropológicos y culturales, así como los casos de escándalos de abusos cometidos por la Institución eclesial —tanto sexuales, como de poder, económico o de conciencia—, ha dado lugar a la aparición de un entendimiento de que el liderazgo debe ser revisado y pensado a la luz de una visión interdisciplinar que responda a los nuevos tiempos y que tenga como finalidad ayudar a todos y todas en la Iglesia a crecer en humanidad.

Papa

En el documento de la Comisión Teológica Internacional titulado La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia encontramos algunos criterios que pueden ayudarnos a concebir buenas prácticas en clave sinodal. Se nos dice que «una Iglesia sinodal es una Iglesia de participación y corresponsabilidad» y que «en el ejercicio de la sinodalidad, la Iglesia está llamada a dar expresión a la participación de todos, según la vocación de cada uno» (CTI Sin, 67). 

A la luz de conceptos como participación, inclusión, diversidad, corresponsabilidad y rendición de cuentas (accountability), podemos discernir hasta qué punto el ejercicio del liderazgo en la Iglesia permite a todo el Pueblo de Dios caminar juntos y realizar así su misión como comunidad de fieles

Como veremos en los videos de esta semana, uno de los objetivos para un liderazgo eclesial actual ha de ser favorecer, construir y desarrollar relaciones, procesos y estructuras en clave sinodal. Por lo tanto, los videos que ofrecemos esta semana examinan el liderazgo, el gobierno y la rendición de cuentas dentro de la Iglesia católica, analizando lo que diferencia el liderazgo sinodal de otras modalidades existentes. A tal fin, ofrecemos voces expertas de varios continentes que compartirán sus conocimientos y experiencias sobre este tema fundamental para la conversión y la reforma de una Iglesia que quiere ser toda ella sinodal.

Pueblo de DIos
Pueblo de DIos

VIDEOS DISPONIBLES ESTA SEMANA EN ESPAÑOL, INGLÉS, ITALIANO, FRANCÉS Y PORTUGUÉS 

– El liderazgo en la Iglesia (David McCallum, sj, USA)

– Corresponsabilidad y trabajo en equipo (Nathalie Becquart, xmcj y Philippe Becquart, Vaticano y Suiza)   

– Accountability: informes internacionales y respuestas eclesiales (Carlos Schickendantz, Chile)

– Co-gobernanza y accountability en las diócesis (Mons. Raúl Biord, Venezuela)       

– El poder en la Iglesia (Gregor Maria Hoff, Alemania)

– Liderazgo y trabajo en equipo en una diócesis (Mons. José Saúl Grisales, Colombia)

– Liderazgo y gobernanza de las mujeres en la Iglesia (Hna. Joséee Ngalula, República Democrática del Congo)

Los videos de todas las semanas están disponibles sin necesidad de inscripción y pueden ser vistos de modo asincrónico según el tiempo de cada persona: https://formaciononline.bc.edu/es/inicio/

Curso intercontinental sobre sinodalidad

Segunda semana del curso sobre la toma de decisiones en una Iglesia sinodal

Discernimiento común
Discernimiento común

El curso sobre discernimiento en común y toma de decisiones en una Iglesia sinodal abre la segunda semana de videos con una serie de conferencias, ponencias de profundización y testimonios de prácticas existentes en varios continentes en torno al tema de la toma de decisiones en una Iglesia sinodal

A continuación, compartimos la introducción y estructura de la semana

(Boston Colege).- El curso sobre discernimiento en común y toma de decisiones en una Iglesia sinodal abre la segunda semana de videos con una serie de conferencias, ponencias de profundización y testimonios de prácticas existentes en varios continentes en torno al tema de la toma de decisiones en una Iglesia sinodal.

Introducción y estructura de la semana

Como cualquier otra institución humana, la iglesia vive de decisiones. La forma en que se toman las decisiones y el impacto que tienen en la propia organización y en las personas que la componen es muy importante. Este es uno de los problemas operativos más relevantes para poder construir modelo eclesial en clave sinodal.

La segunda semana que inicia está destinada a desarrollar cómo la sinodalidad da forma a las relaciones participativas de la Iglesia. Ponentes de todos los continentes reflexionarán sobre la forma en que se organizan las relaciones y las estructuras eclesiales, así como los modos del ejercicio del poder y la autoridad. 

Si queremos superar el modelo piramidal y jerárquico de la iglesia y adoptar la sinodalidad como el modo de ser, vivir y operar de la Iglesia, debemos repensar la toma de decisiones en todos los niveles, especialmente en las parroquias y en todas las estructuras de las Iglesias locales.

A continuación, te compartimos los temas y ponentes de la semana 2 y te invitamos a que ingreses al curso, de modo gratuito, y accedas a todos los materiales por medio de este link

Conferencia principal:

-Modelos de toma de decisiones en la Iglesia (Serena Noceti, Italia)

Ponencias de profundización:

-La toma de decisiones en los primeros siglos del cristianismo (Samuel Fernández, Chile)

-Sinodalidad y toma de decisiones conjunta (Alphonse Borras, Bélgica)

-Sinodalidad, democracia y parlamentarismo (Carlos García de Andoin, España)    

Experiencias globales:

La experiencia del Concilio Plenario de Australia (Mons. Shane Anthony Mackinlay, Australia)

La experiencia de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe (Hna. Gloria Liliana Franco, odn, Colombia)

Patrocinantes de este programa de formación en teología y práctica de la sinodalidad: Miembros latinoamericanos de la Comisión Teológica de la Secretaria General del Sínodo, Consejo Episcopal Latinoamericano y caribeño (CELAM), Consilium Conferentiarum Episcoporum Europae (CCEE), Federation of Asian Bishops Conferences (FABC), International Union Superiors General (UISG), Unione Superiori Generali (USG), Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR), Union des Conférences Européennes de Supérieurs/es Majeurs/es (UCESM), Conferencia de Provinciales Jesuitas en América Latina y el Caribe (CPAL).

El discernimiento, mejor que sea comunitario

por Teresa Gutiérrez 


JEC

Los países que llamamos desarrollados recurren constantemente a la planificación estratégica. Especialmente en el ambiente estudiantil y el laboral, nos rodeamos de proyectos y planes con sus objetivos, medios, temporalidad, evaluación. Todo está perfectamente ordenado y especificado para que la persona o el colectivo alcance sus metas de forma eficaz. El año nuevo propicia todos estos planes llenos de ilusión y esperanza, motivados por un sinfín de “buenos propósitos”. Esta planificación es excelente, ayuda a optimizar nuestro tiempo y nos facilita que no nos rindamos, porque podemos notar cada pequeño cambio que viene con el día a día. Siempre es más cómodo seguir unas directrices de otra persona que elaborar las nuestras. Sin embargo, si lo llevamos al extremo tiene un componente perverso que nos puede hacer perder el horizonte y convertirnos prácticamente en robots encaminados hacia lo que alguien nos ha dicho que es el éxito. Pero, ¿qué entendemos por éxito? Si me preguntan a mí, el éxito es hacerme consciente y protagonista de mi proceso vital. Es reconocerme feliz con lo que soy, lo que tengo y lo que hago sin perder de vista a dónde llegar. Es seguir mi propio camino, el que Dios quiere para mí, y no el que la sociedad espera que siga. Pero encontrar un camino que no está tan claramente marcado requiere de mucho esfuerzo. Necesitamos estar continuamente a la escucha, propiciar el encuentro con Dios en nuestro día a día. Y eso puede requerir una rutina o una estrategia, pero la debemos crear a nuestra medida si queremos que funcione.


En los movimientos de Acción Católica tenemos una herramienta llamada ‘Plan Personal de Vida y Acción’, que da lugar a nuestro Proyecto de Vida. Lo llamamos cariñosamente PPVA. Algunos grupos lo realizan a principio del curso lectivo y otros a principio de año. En él planificamos nuestra vida y nuestro ser creyente en nuestros ambientes, en el caso de la JEC, especialmente en la escuela. Pero no es una mera planificación. Es preguntarse de forma verdadera y consciente qué quiere Dios de mí, qué sueño tiene para mí. Es un proceso muy especial, que se lleva a cabo en la comunidad o grupo de vida. Durante unos días, cada militante del grupo para, ordena y escribe. Toma su propia vida en sus manos, todo lo que es, en todas sus facetas, con su fragilidad y su fortaleza, y la ordena desde Dios. Observa y discierne qué quiere hacer con ella y cómo lo va a lograr. Y después, comparte todos estos planteamientos en su grupo. Por lo tanto, es un proceso personal, pero no individual, pues la comunidad acompaña, escucha y comparte. Es una oportunidad de estrechar lazos verdaderos y de elaborar un discernimiento de manera comunitaria desde lo más real que tenemos, que es la propia experiencia vital.

Persona Joven, Estudiante y Católica

Para ello tenemos un guión que nos orienta sobre cómo responder a todos los aspectos de nuestra vida como persona Joven, Estudiante y Católica. Nos cuestionamos cómo nos situamos con respecto a nuestras amistades, familia, pareja, estudios, ocio, el uso que hacemos de la economía, nuestra relación con el Padre o la presencia que tenemos en nuestro movimiento o parroquia a través de una serie de preguntas que podemos responder en el orden que sea necesario. Nos preguntamos en qué punto estamos de nuestro propio proceso y “qué pinta Dios en todo esto”. Con ello, pretendemos tomar consciencia de las cosas que hacemos, e integrarlas. Que los diferentes aspectos de nuestra vida no sean compartimentos estanco, sino que permanezcan interrelacionados. Intentamos personalizar nuestro ser estudiante y militante, descubrir cuáles son nuestros talentos y cómo ponerlos al servicio siendo fieles a nuestra vocación. Porque esto tiene mucho que ver con el discernimiento vocacional. En todos los ámbitos, no solo en los estudios. El PPVA también es una oportunidad para celebrar que estamos en camino a descubrir y poner en práctica nuestra vocación, poner ese camino al servicio de la comunidad, y acoger también el camino de nuestras compañeras y compañeros.

En resumen, el PPVA no solo se hace para planificar nuestra vida. Ni siquiera es para seguir una vida según los valores de Jesús, que ya sería muy bueno. Es dejar que Cristo habite en mí, y se haga presente en cada uno de mis pasos. Es un proceso de discernimiento continuo. Se trata de preguntarme quién soy, quién quiero ser (o quién quiere Dios que sea) y cómo voy a lograrlo. Es tratar de que cada vez nuestra síntesis entre fe y vida sea más coherente, y tener un instrumento por escrito con el que poder evaluar este proceso tan apasionante. Y, sobre todo, hacerlo de forma comunitaria. Actualmente, la comunidad, el grupo de vida, cualquier conjunto de personas que se reúnen para madurar juntas en su fe, es un auténtico acto de rebeldía ante el sistema individualista que trata de regir nuestras vidas. Pero, sinceramente, salir de mí misma, de mis seguridades y de mis egoísmos, me resulta mucho más sencillo acompañada por mi comunidad y con las herramientas tan valiosas que la Acción Católica Especializada en general y la JEC en particular me ofrece.

El discernimiento

El discernimiento es un don del Espíritu a la Iglesia, al cual se responde con la escucha

  

magos 2

Por José María Lorenzo Amelibia

Desarrollando el segundo punto de su meditación, el Papa Francisco señaló que el discernimiento es una gracia del Espíritu al santo pueblo fiel de Dios, que lo constituye pueblo profético, dotado del sentido de la fe y de ese instinto espiritual que lo hace capaz de sentir cum Ecclesia. “El discernimiento del Obispo – precisó el Pontífice – es siempre una acción comunitaria, que no prescinde de la riqueza del parecer de sus presbíteros y diáconos, del Pueblo de Dios y de todos aquellos que pueden ofrecerle un aporte útil, también a través de ayudas concretas y no solamente formales”.

Por lo tanto, dijo el Santo Padre, los invito a cultivar una actitud de escucha, creciendo en la libertad de renunciar al proprio punto de vista, para asumir aquel de Dios. Sin dejarse condicionar por la mirada de los demás. “La misión que les espera – agregó el Papa – no es llevar ideas y proyectos propios, ni soluciones abstractamente ideadas por quien considera la Iglesia como un huerto de su casa, sino humildemente, sin protagonismos o narcisismos, ofrecer su concreto testimonio de unión con Dios, sirviendo al Evangelio que debe ser cultivado y ayudado a crecer en esta situación específica. Por lo tanto, discernir significa – subrayó el Pontífice – humildad y obediencia. Humildad respecto a los propios proyectos. Obediencia respecto al Evangelio, criterio último; al Magisterio, que lo custodia; a las normas de la Iglesia universal, que lo sirven; y a las situaciones concretas de las personas, para las cuales no se quiere otra cosa que sacar del tesoro de la Iglesia cuanto es fecundo para su salvación”.

PorJosé María Lorenzo Amelibia

¿Por qué los cristianos siempre parecen oponerse a lo nuevo?

Romero y Rutilio en un mural en El Paisnal, El Salvador,

Por Consuelo Vélez

En el imaginario popular ser de izquierda se asemeja a comunista, socialista, opositor de la Iglesia y de los valores cristianos. Ser de derecha supone ser persona de principios sólidos, fiel a las tradiciones, defensor de lo establecido. Pero como estas dos posturas se asumen como contradictorias, se postula ser de centro, como la alternativa correcta para no ser extremista. Por estas concepciones, muchos cristianos se identifican más con la derecha y, si acaso, con el centro. Pero a la izquierda le huyen como si fuera el mismo diablo que se ha encarnado en la historia.

Y, sin embargo, algunos partidos de izquierda parecen más cercanos a los pobres con sus propuestas sociales (con muchas limitaciones y equivocaciones, pero también con aciertos). Los de derecha parecen ser más de las élites que mantienen este mundo tan desigual y, como ya dijimos, algunos cristianos creen que la derecha garantiza la moral cristiana. Los de centro, pretenden ser neutrales, pero esto es imposible, el no tomar opción es ya una opción. Ahora bien, ninguna de estas descripciones se cumple en totalidad porque como dije son “imaginarios” y no siempre son realidad.

Mientras vivamos en las coordenadas espacio temporales, creo que es imposible no crear tendencias (con la realidad e imaginarios que estas traen) y, por eso, no sé si podremos abandonar algún día esas denominaciones. Pero lo que sí es necesario, es comprender que estamos en tiempos menos rígidos, menos binarios, menos definidos, y no porque sean tiempos de relativismo -como se alerta dentro del ámbito cristiano- sino porque ahora captamos mejor la complejidad de la realidad y la necesidad de movernos con mucha más apertura a la novedad que este momento trae y a enriquecer los conceptos de siempre con las experiencias actuales.

Los cristianos deberíamos ser más capaces de abrirnos a lo nuevo, en todo sentido. Si hablamos de política, de empeñarnos en modelos económicos que rompan la hegemonía neoliberal que tanto sigue empobreciendo nuestro mundo; y si nos referimos a otros ámbitos, ser capaces de acoger la diferencia, de aceptar lo plural, de practicar más la misericordia y, por supuesto, de estar del lado de los más pobres y luchar por la justicia social para que la vida digna llegue a todos y a todas.

¿Por qué no se ve esta postura con más claridad? ¿Por qué los cristianos siempre parecen oponerse a lo nuevo? En estos tiempos que tanto se habla de sinodalidad, convendría recordar que el primer ejemplo de “sinodalidad” fue aquella asamblea de Jerusalén que nos relata el capítulo 15 del libro de Hechos de los Apóstoles en el que la naciente Iglesia se confrontó con la pregunta de si tenían que exigir a los gentiles (los no judíos que se iban incorporando al naciente cristianismo) el cumplimiento de las normas de la Ley de Moisés, incluida la circuncisión. Muchos opinaban que, si no se plegaban a estas leyes, no podrían salvarse.

Por eso, Pablo y Bernabé suben a Jerusalén donde está Pedro y otros apóstoles para dirimir la cuestión y después de una larga discusión, Pedro tomó la palabra e interpeló a la asamblea: ¿Por qué ahora quieren imponer esa carga que ni nosotros pudimos sobre llevar? Entonces terminaron la reunión diciendo: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros, no imponer más cargas a los gentiles imponiéndoles la circuncisión, solamente escribirles que se abstengan de lo que ha sido contaminado por los ídolos, de la impureza, de los animales estrangulados y de la sangre” (15, 28-29).

Intentando ver lo que esto debió significar para ese contexto judío, constatamos que supuso una apertura fundamental. No temieron vivir a fondo la novedad de la Buena Noticia anunciada por Jesús.

De esa misma fidelidad nos habló el pasado 22 de enero la beatificación del jesuita Rutilio Grande y sus compañeros, asesinados por su compromiso con la justicia social. Ya antes la canonización de Monseñor Romero en 2018 nos había mostrado ese camino. Pero, lamentablemente, estas beatificaciones y canonizaciones no son buena noticia para los que se creen guardianes del orden establecido y la “mal interpretada”, tantas veces, moral cristiana. Una moral más apegada a la norma que a la misericordia.

A estos mártires se les catalogó de izquierda y por eso no merecían subir a los altares. Pero el Espíritu que, una y otra vez, abre momentos de gracia en nuestra historia, ha permitido que, a los que se consideraban de izquierda se le reconozca su fidelidad al evangelio y a los que se consideraban de derecha se constate que tanta “fidelidad” ha estado llena de ocultamientos (pederastia), riquezas mal habidas o clericalismo recalcitrante que tanto mal ha hecho a la Iglesia.

En definitiva, es difícil la situación social y eclesial. Por eso, hay que liberarnos de los imaginarios sobre las izquierdas, las derechas y los centros y buscar políticas que cambien nuestro mundo. Así como vamos, seguiremos hundiéndonos en la desigualdad social y la pobreza de las mayorías. Por eso no da lo mismo favorecer políticas sociales que mantener la hegemonía del neoliberalismoNo da lo mismo ser de los que imponen cargas o de los que liberan.

No es lo mismo dejarse tocar por los mártires de nuestro tiempo o mantener esa visión estigmatizada de que fe y compromiso social es marxismo. Son tiempos en que hay que sacudirse del pesado lastre de lo que siempre fue así y alinearnos en la novedad del evangelio para que nadie pase necesidad porque la solidaridad cristiana es afectiva y afectiva para con todos, especialmente, con los últimos de nuestro tiempo presente

«Soñemos juntos»,un faro en la tormenta (I)

 • por Victor Codina •

 El 27 de marzo de 2020, cuando el papa, ante la plaza de San Pedro vacía, anocheciendo y con lluvia, dijo que no tuviéramos miedo de la pandemia y dio la bendición urbi et orbi, Francisco apareció no solo como obispo de Roma sino como un faro de luz para todo el mundo en plena tormenta.
El Dr. Austen Ivereigh, escritor y periodista británico, autor de dos biografías del papa Francisco (El gran reformador, 2015 y Wounded Shepherd, 2019) aprovechó el confinamiento papal para una serie de entrevistas y conversaciones que ahora se publican como libro de Francisco: Soñemos juntos. El camino a un futuro mejor. Conversaciones con Austen Ivereigh (Barcelona, diciembre 2020).
Francisco ve este momento como la hora de la verdad, un momento en que se sacuden nuestras categorías y estilos de vida, una crisis ante la cual la pregunta es si saldremos mejores, donde hay peligro de replegarnos para mantener nuestro statu quo. Pero, como dice Hölderlin, “donde hay peligro, crece también lo que nos salva”, es el momento para soñar en grande, para comprometernos en lo pequeño, para crear algo nuevo, aceptar el desborde de la misericordia de Dios que se derrama rompiendo fronteras tradicionales. Atrevámonos a soñar juntos.
El libro se articula bajo tres momentos: ver, elegir, actuar.
1. Tiempo para ver
En el Ver, Francisco acude a la periferia, convencido de que el mundo se ve más claro desde la periferia, desde los lugares de pecado y exclusión, desde el sufrimiento, la enfermedad y la soledad, y todo ello no en abstracto sino en concreto, pasando del adjetivo al sustantivo: desde los pobres rohinyás en Bangladesh, desde los uigures y los yazidies, desde los refugiados de Lesbos, desde los niños sin educación de África, desde los que mueren de hambre en Yemen, desde los descartados, desde los médicos y sanitarios, sacerdotes y religiosas que murieron por ayudar a los enfermos del coronavirus.
La crisis ha puesto al descubierto la cultura del descarte, quienes no tenían vivienda ni agua para pasar el distanciamiento social obligatorio, los que viven hacinados en las ciudades, en centros de retención de migrantes, en campos de refugiados, donde la gente puede pasar años, sin higiene, alimentación y vida digna.
Hemos de buscar maneras para que estos descartados se conviertan en actores de un futuro nuevo. Pero este cambio tiene grandes obstáculos: el virus de la indiferencia que es peor que la pandemia, que nos hace mirar hacia otro lado, como la expresión italiana “che me ne frega”, la expresión argentina ¿y a mi qué?, es decir, ¿qué me importa?
Dios no es indiferente, esta indiferencia bloquea al Espíritu que nos impulsa a un desborde para discernir lo que Dios quiere de nosotros, para descartar la cultura del abuso, sea sexual, económico, racial o clerical y fomentar una cultura del cuidado.
Hay que trabajar por un mundo sano. Francisco comenta cómo fue creciendo su conciencia ecológica: en su trabajo en el comité de redacción de la conferencia de Aparecida, 2007, se sentía molesto por la insistencia de los brasileños en el tema de la Amazonía; más tarde le ayudó el influjo del patriarca Bartolomé de Constantinopla en el tema ecológico; luego convocó a científicos y teólogos sobre ecología lo que culminó en su encíclica Laudato si’ y finalmente convocó el Sínodo de la Amazonía en 2019.
Al grito de los pobres se une al grito de la tierra, hemos de superar el paradigma tecnocrático que nos hace abusar de la naturaleza en beneficio propio, como si fuésemos sus dueños, con un individualismo que provoca la desertificación de la tierra y el cambio climático, olvidando que la creación y la tierra es un don de Dios para todos, que hemos de cuidarla y protegerla: necesitamos una conversión hacia una ecología integral que es mucho más que cuidar de la naturaleza, es cuidar de la creación y de todos nosotros como criaturas de un Dios que nos ama.
La situación COVID de la pandemia y la cuarentena, en medio de su dificultad y dolor, nos puede ayudar a una reflexión sobre nuestra vida, sobre nuestro pasado y futuro, nuestros ídolos y nuestros momentos de crisis. Hay que pararse, parate, revisar nuestra vida, vivir la pandemia en un clima de paciencia y humor.
Francisco narra tres situaciones COVID de su propia vida:
• La COVID de su enfermedad del pulmón a los 21 años, cuando siendo seminarista de Buenos Aires, el 13 de agosto de 1957 le llevaron al hospital y le quitaron el lóbulo superior derecho de uno de sus pulmones; él creía que iba a morir, las enfermeras le cuidaron y salvaron; fue un tiempo de reflexión y allí maduró su decisión de entrar en la Compañía de Jesús.
• La COVID del destierro, en 1986, cuando fue a Alemania para una tesis doctoral sobre Guardini, que no acabó: se sentía como un sapo en un pozo. Iba de paseo cerca del aeropuerto de Frankfurt a ver volar aviones…
• La COVID de una transformación radical fue cuando de 1990 a 1992, después de haber sido Maestro de novicios, Provincial y Rector de los jesuitas, fue destinado a Córdoba. Se había instalado en ese modo de vivir, “me pasaron la boleta y tenían razón”. Fue un tiempo de purificación, oración y leyó la Historia de los Papas de Ludwig Pastor, que ahora le ha ayudado mucho.
En conclusión, para realizar esta conversión que nos brinda la COVID, para superar nuestra globalización de la indiferencia, la hiperinflación del individuo y aprender a contar con los demás, es necesario tomar decisiones, elegir.
2. Tiempo para elegir
El segundo paso, luego de haber visto la realidad, es discernir y elegir, pero para ello necesitamos, además de capacidad y reflexión, el tener un sólido conjunto de criterios que nos guíen para así poder leer los signos de los tiempos. Y en tiempos de prueba, como dicen los gauchos y los cowboys “no cambies el caballo en medio del río”, es decir hemos de ser fieles en lo que importa aun en tiempos de crisis: recuperar el valor de la vida, la naturaleza, la dignidad de la persona, el trabajo y los vínculos.
Hay que recuperar las bienaventuranzas que la Iglesia ha concretado y formulado en una serie de principios básicos: la opción por los pobres, el bien común, el destino universal de todos los bienes, la solidaridad y la subsidiaridad.
Estos principios los hemos de aplicar a la realidad en un ambiente de reflexión y oración, estar atentos al Espíritu y practicar el discernimiento de espíritus.
La COVID-19 ha acelerado un cambio de época que ya estaba en proceso, no podemos volver atrás, todo intento de restauración lleva a un callejón sin salida. Hemos de buscar la verdad, aun sabiendo que todo pensamiento es incompleto y está abierto a un desarrollo ulterior (Guardini). Hay que excluir tanto los moralismos que tienen recetas para todo, como el relativismo que duda de todo. Verdades que al principio nos parecen contradictorias, poco a poco se van abriendo a una verdad mayor (Newman). No poseemos la verdad, es la verdad la que nos posee y nos atrae desde la belleza y la bondad.
El discernimiento es tan antiguo como la Iglesia, el Espíritu es el que nos guía a la verdad (Juan 16,13) y nos muestra cosas nuevas a través de los signos de los tiempos: hemos de preguntarnos por lo que nos humaniza y nos deshumaniza.
Signo de los tiempos es evitar el aislamiento y exclusión de los ancianos, fomentar el encuentro entre ancianos y jóvenes, para soñar juntos (Joel 2,28); signo de los tiempos es proteger y regenerar la tierra, no considerar como objetivo el crecimiento económico a cualquier precio; signo de los tiempos es sentirnos parte de la creación, no sentirnos sus dueños, buscar una economía que atienda las necesidades de todos y respete la tierra; signo de los tiempos es el protagonismo de las mujeres, siempre fieles y abiertas a una nueva posibilidad, muy sensibles al medio ambiente y al cuidado de las personas y de la economía; otro signo de los tiempos es elegir la fraternidad por encima del individualismo, la unión de ánimos, como aparece en Fratelli tutti.
En este proceso de discernimiento, Dios no se impone, sino que nos propone, nos anima por dentro, nos consuela, nos da esperanzas, no despierta ilusiones deslumbrantes ni falsos mesianismos, no nos quita el miedo del futuro ni la tristeza del pasado, no nos aísla del cuerpo eclesial, ni nos hace creer ser los únicos poseedores de la verdad, ni conduce al autoritarismo y rigidez que terminan en escándalos. La Iglesia débil y pecadora, es instrumento de la misericordia porque ella misma necesita misericordia, no la condenemos, cuidémosla como a nuestra madre. En vez de acusar a los demás por sus faltas y limitaciones, hemos de ver nuestras propias faltas, acudir a Dios y pedir ayuda para seguir: lo que nos une a todos es nuestra vulnerabilidad compartida, nuestra mutua dependencia de Dios y de los demás.
Aquí Francisco aborda un tema importante que es cómo actuar en contexto de polarización, social, política o eclesial, una situación que conduce a la parálisis, a la ausencia de diálogo, a la división y al desacuerdo.
Siguiendo a Guardini entiende que contradicciones aparentes pueden resolverse a través del discernimiento. Muchas veces vemos como contradicciones lo que en realidad son solo contraposiciones que, aunque sean contrarias, interactúan en una tensión creativa superior. Ante las contradicciones hay que elegir entre lo correcto y lo incorrecto, en cambio ante las contraposiciones hay que buscar en diálogo una verdad superior que englobe lo positivo de ambas partes. Este resultado que va más allá de los límites de cada parte, hace surgir algo nuevo.
Francisco lo llama desborde y lo reconoce como don de Dios y acción del Espíritu, como aparece en las Escrituras: es el amor de Dios que se desborda para perdonarnos, es el padre que abraza al hijo pródigo, es la pesca sobreabundante después de una noche infructuosa, es Jesús lavando los pies a sus discípulos antes de morir.
Este desborde sucede sobre todo en las encrucijadas de la vida, en momentos de humildad, de fragilidad y apertura, cuando el océano del amor de Dios desborda las puertas de nuestra autosuficiencia y permite una nueva imaginación posible.
La preocupación de Francisco como papa ha sido promover este desborde dentro de la Iglesia, renovando la antigua práctica de la sinodalidad, como un servicio a la humanidad trabada a menudo en desacuerdos paralizantes.
Sinodalidad, viene de “sínodo” que significa caminar juntos, es reconocer y valorar las diferencias en un plano superior donde cada parte pueda mantener lo mejor de sí misma, crear una sinfonía que articule las particularidades de cada uno. La Iglesia desde el comienzo se abrió a la sinodalidad, se abrió a cristianos no judíos sin imponerles las prácticas judías (Hechos 15,28), se enriqueció con las culturas de los pueblos donde se arraigó.
Este enfoque sinodal es muy necesario para nuestro mundo de hoy, poder caminar juntos sin aniquilar a nadie, construir un pueblo no con armas sino con la tensión de caminar juntos, reconciliar las diferencias.
La experiencia de la Iglesia en los tres últimos sínodos (de los jóvenes, de la familia y de la Amazonía) ha mostrado la importancia de la sinodalidad para superar conflictos. Para ello hay que escuchar al pueblo, que tiene la unción del Espíritu Santo y no puede equivocarse cuando cree, hay que aceptar que lo que afecta a todos ha de ser tratado por todos, no confundir la verdadera tradición eclesial con otras normas y prácticas eclesiales. Hay que escuchar al Espíritu, es necesaria una conversión de todos, sin imponer nuestras ideas a los demás, desenmascarar las agendas y las ideologías encubiertas, no caer en batallas políticas como en un parlamento, donde un grupo vence a otro.
Los medios de comunicación se han centrado en los dos últimos sínodos en puntos conflictivos secundarios, pero de gran impacto mediático (la comunión de los divorciados vueltos a casar, la ordenación de hombres casados), sin percibir la problemática general, sin captar los signos de los tiempos. Es necesario aprender de la antiquísima experiencia sinodal de la Iglesia:
• Tener una escucha respetuosa mutua, libre de ideologías, cuyo objetivo no es llegar a un acuerdo diplomático entre posturas encontradas, sino caminar juntos para buscar la voluntad de Dios y recibir la novedad que el Espíritu quiere revelarnos.
• A veces la novedad será resolver las cuestiones polémicas por desborde, un derrame que nos haga cambiar nuestra mirada y rigidez y buscar en lugares nuevos. Dios es un Señor de sorpresas que siempre va delante nuestro.
• Este es un proceso paciente que no nos resulta fácil, pero que quizá en la pandemia aprendimos a manejarlo mejor
El tiempo pertenece al Señor, confiamos en él para descubrirlo mediante el discernimiento y así realizar el sueño de Dios para nosotros.

Reavivar la vocación laical

Luis Manuel Romero: «El postcongreso de Laicos desea reavivar la vocación laical, abandonar el derrotismo y la tentación del clericalismo»
El 24 de octubre se ha celebrado la Jornada Nacional de Apostolado Seglar, bajo el título “Hacia un renovado Pentecostés”, a la que han asistido en la doble modalidad de presencialidad y virtualidad 140 personas, Delegados de Apostolado Seglar y Responsables de Movimientos y Asociaciones Laicales
Esta nueva etapa tendrá como pilares la sinodalidad y el discernimiento y consistirá en ir profundizando, en los próximos años, en los cuatro itinerarios que han marcado la senda recorrida: el primer anuncio, el acompañamiento, los procesos formativos y la presencia en la vida pública
Se destaca que el discernimiento es la herramienta clave para que cada realidad eclesial sepa descubrir cómo llegar a ser iglesia en salida en las circunstancias actuales
Tenemos que pedir al Espíritu Santo imaginación y creatividad pastoral, para ser una Iglesia en salida que quiere abordar la evangelización desde el primer anuncio, crear una cultura del acompañamiento
27.10.2020 | Luis Manuel Romero Sánchez*
El 24 de octubre se ha celebrado la Jornada Nacional de Apostolado Seglar, bajo el título “Hacia un renovado Pentecostés”, a la que han asistido en la doble modalidad de presencialidad y virtualidad 140 personas, Delegados de Apostolado Seglar y Responsables de Movimientos y Asociaciones Laicales.
Esta Jornada tenía como objetivo fundamental ser el punto de partida del postcongreso de laicos, en continuidad con el Congreso de Laicos, celebrado en el mes de febrero, en Madrid. Esta nueva etapa tendrá como pilares la sinodalidad y el discernimiento y consistirá en ir profundizando, en los próximos años, en los cuatro itinerarios que han marcado la senda recorrida: el primer anuncio, el acompañamiento, los procesos formativos y la presencia en la vida pública.
La referencia para seguir profundizando tanto en la sinodalidad y el discernimiento, como en los cuatro itinerarios, se encuentra en las aportaciones de los grupos de reflexión del Congreso, que quedan reflejadas en una Guía de trabajo, que se ha presentado en la Jornada.
Esta Guía de Trabajo contiene una primera parte, en la que, de un modo breve, se contextualizan las propuestas recibidas, tanto a nivel sociológico (la Covid-19), como a nivel eclesiológico (se ponen de relieve de nuevo los conceptos de vocación, comunión y misión).
A continuación, se insiste en la importancia de la sinodalidad, de que nos sintamos todos protagonistas en este deseo de ir renovando nuestras comunidades cristianas, desde la comunión y la corresponsabilidad. También se destaca que el discernimiento es la herramienta clave para que cada realidad eclesial sepa descubrir cómo llegar a ser iglesia en salida en las circunstancias actuales.
Luego, la Guía expone cuáles son las actitudes, procesos y proyectos que habría que potenciar en cada uno de los cuatro itinerarios y en las líneas temáticas que se profundizaron en el Congreso de Laicos.
Y finalmente, en la Guía aparece una propuesta metodológica, en la que se sugieren dos cosas concretas: a) crear Equipos de Trabajos de laicos en las diócesis para llevar a cabo la recepción y difusión de los contenidos del Congreso y establecer un plan de trabajo para ir concretando cada uno de las cuestiones en las realidades eclesiales; b) creación de un Consejo Asesor de Laicos a nivel nacional, formado principalmente por laicos, que sirva para ayudar a articular la puesta en marcha del postcongreso y la dinamización e impulso del laicado asociado y no asociado.
El Consejo Asesor de Laicos es un equipo de trabajo, formado por algunos obispos de la Comisión, el Director de la Comisión, Delegados representantes de las Provincias Eclesiásticas, movimientos, asociaciones, Foro de laicos, CONFER y otros. Este Consejo tiene una doble finalidad: a) coordinar los trabajos para el desarrollo de las propuestas surgidas en el Congreso de Laicos y b) concretar los modos de acompañamiento de las Delegaciones de Apostolado Seglar, Movimientos y Asociaciones, en los próximos años.
Este modo de trabajo sinodal contribuiría a que el apostolado seglar en España tenga un proyecto común, una guía-marco, que tendrá cada realidad eclesial, desde el discernimiento, que ir concretando. En líneas generales, el post-congreso de laicos desea poner el acento en las siguientes actitudes: reavivar la vocación laical; conversión personal y comunitaria; cultivo del silencio y la oración; combatir el individualismo, abandonar el derrotismo y la tentación del clericalismo; reconocer el papel de la mujer en la Iglesia y el protagonismo de los jóvenes y la familia; disposición de escucha, cuidar el lenguaje, reforzar nuestra capacidad de empatía, acogida y diálogo.
En esta hora, en este nuevo, incierto y convulso tiempo, marcado por la pandemia y sus consecuencias, tenemos que pedir al Espíritu Santo imaginación y creatividad pastoral, para ser una Iglesia en salida que quiere abordar la evangelización desde el primer anuncio, crear una cultura del acompañamiento, fomentar la formación de los fieles laicos y hacernos presentes en la vida pública para compartir nuestra esperanza y ofrecer nuestra fe.
*Luis Manuel Romero Sánchez es el Director de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida