El Documento para el discernimiento comunitario

Discípulos misioneros y Pueblo de Dios: conceptos de Aparecida que fundamentan la Asamblea Eclesial 

Estamos ante una sorpresa del Espíritu, “que nos sorprende y nos lleva por caminos nuevos de conversión y renovación personal, comunitaria e institucional” 

El verdadero discipulado lleva a la Iglesia a una auténtica conversión pastoral, algo que quiere ser impulsado en la Asamblea Eclesial, buscando “un renovado protagonismo de los bautizados” 

Es un Pueblo de Dios con espíritu sinodal, con un desafío evangelizador, buscando plasmar esa sinodalidad en las estructuras y procesos sinodales, para que llegue a ser “una forma natural de ser Iglesia” 

Una Iglesia llamada a cuidar de las diferentes realidades, promoviendo “la liberación de toda esclavitud” y buscando “la globalización de la dignidad” 

18.11.2021 Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

El fruto de una participación plena, de todo el Pueblo de Dios, podemos considerar el Documento para el Discernimiento de la Asamblea Eclesial de América Latina y del Caribe. Ese era el deseo del Papa Francisco, como así lo manifestó en su video mensaje del 24 de enero de 2021, cuando fue presentada esta experiencia inédita en la vida de la Iglesia. 

Estamos ante una sorpresa del Espíritu, “que nos sorprende y nos lleva por caminos nuevos de conversión y renovación personal, comunitaria e institucional”, como señala el Documento. El hecho de que tanta gente haya participado de diferentes modos del proceso de escucha, es visto como un Kairós, un tiempo de gracia, de renovación. 

Se trata de un Documento para ser leído “de modo pausado, en actitud orante y discerniente, es decir, dando espacio para que Dios nos hable a través de sus letras”. Un Documento que debe ser entendido en función del Jubileo Guadalupano de 2031, del Jubileo de la Redención de 2033 y del Sínodo sobre la Sinodalidad, ya iniciado y que acompaña la vida de la Iglesia hasta 2023. 

Es una Asamblea que quiere hacer memoria de Aparecida, pero también de las otras conferencias del episcopado y de las muchas experiencias de sinodalidad vividas en la Iglesia del continente. Se insiste en incluir a los pobres para caminar en sinodalidad y en prestar atención a la Amazonía, aspectos presentes en Aparecida. De hecho, el Documento considera el proceso del Sínodo para la Amazonía como “una expresión privilegiada de sinodalidad y ha sido fuente de inspiración para la presente Asamblea Eclesial y su proceso de escucha”. También recuerda la importancia de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA). 

La Asamblea Eclesial tiene como lema “Todos somos discípulos misioneros en salida”, inspirada en el espíritu de Aparecida y se ha ido renovando en el Magisterio del Papa Francisco: Evangelii Gaudium, Laudato Si’, Querida Amazonía y Fratelli Tutti. Basados en eso, podemos decir que hay dos conceptos importantes en el Documento: discípulos misioneros y Pueblo de Dios. 

El verdadero discipulado lleva a la Iglesia a una auténtica conversión pastoral, algo que quiere ser impulsado en la Asamblea Eclesial, buscando “un renovado protagonismo de los bautizados”. Eso se fundamenta en la eclesiología del Pueblo de Dios, que nos remite a la diversidad de carismas y a una comunión misionera. Un Pueblo de Dios que comprende a todos sus miembros como sujetos en la Iglesia. Son ellos quienes poseen el sensus fidelis, lo que lleva a una escucha atenta de la voz del Espíritu. 

Es un Pueblo de Dios con espíritu sinodal, con un desafío evangelizador, buscando plasmar esa sinodalidad en las estructuras y procesos sinodales, para que llegue a ser “una forma natural de ser Iglesia”, donde todos son parte activa y son tenidos en cuenta. Un Pueblo de Dios en salida hacia las periferias existenciales, consecuencia de una Iglesia en estado permanente de misión, que insiste Aparecida. Se trata de configurar “una Iglesia fuera de sí”, que deja atrás la comodidad “para llevar la buena nueva de la salvación a todas las periferias territoriales y existenciales”. 

Un Pueblo de Dios que da vida plena para todos, una clara preocupación en la misión de la Iglesia, que debe estar presente en medio de los excluidos. Una Iglesia llamada a cuidar de las diferentes realidades, promoviendo “la liberación de toda esclavitud” y buscando “la globalización de la dignidad”. Una Iglesia que trabaja por la transformación de las estructuras sociales, aunque eso conlleve dificultades. 

Documento para el discernimiento

Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe presenta su Documento para el Discernimiento 

Documento para el Discernimiento

 Fruto de un proceso de escucha en el que “muchas personas, hombres y mujeres de diversas edades y de diferentes vocaciones y ministerios en nuestra Iglesia, participaron con mucho interés, alegría, dedicación y compromiso a través de las diferentes modalidades” 

El documento reflexiona, a partir de lo aportado en el proceso de escucha, sobre lo que más duele, lo que nos da esperanza, lo más ausente y lo más presente 

11.11.2021 Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

La Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe ya tiene su Documento de Discernimiento (puede descargarlo aquí). Coordinado por Mons. José Luis Azuaje y la Hna. Birgit Weiler, es fruto de un proceso de escucha en el que “muchas personas, hombres y mujeres de diversas edades y de diferentes vocaciones y ministerios en nuestra Iglesia, participaron con mucho interés, alegría, dedicación y compromiso a través de las diferentes modalidades”. 

Como señala el Documento en su Introducción, “la participación activa de tantas personas ha sido una gracia, una experiencia fuerte de sinodalidad”. Por eso se invita a leerlo “en actitud orante y discerniente”, buscando responder a las preguntas sugeridas, que “convocan a contemplar los diferentes aspectos vinculados con cada uno de los temas centrales”. 

El Documento comienza reflexionando sobre el horizonte y el propósito de la primera Asamblea Eclesial, una novedad en la historia de la Iglesia, que forma parte de del Jubileo Guadalupano (2031), y de la Redención (2033), pero también del proceso del Sínodo de la Sinodalidad (2023). Al mismo tiempo se recuerda el caminar de la Iglesia Latinoamericana del post-Concilio, de las Conferencias Generales del Episcopado, especialmente Aparecida, celebrada en 2007 y que inspira esta Asamblea Eclesial. 

En ese espíritu de Aparecida, el Documento parte de la afirmación de que “somos discípulos misioneros de Jesucristo”, algo que se vive como Pueblo de Dios. Un Pueblo de Dios con espíritu sinodal, en salida hacia las periferias existenciales y que da vida

Fruto del proceso de escucha se han elaborado las dos partes más importantes del Documento. Ambas proponen escuchar y discernir, en primer lugar, los signos de nuestro tiempo que más nos interpelan, y en un segundo momento los signos eclesiales que más nos interpelan. 

Al analizar la realidad social son abordadas diferentes cuestiones, comenzando por la pandemia, considerada como un hito del cambio de época. A partir de ahí se reflexiona sobre el cuidado de la Casa Común, considerado un llamado apremiante; la creciente violencia en las sociedades del continente, que supone un llamado a un mayor compromiso por la no-violencia activa y la promoción de la paz; el fortalecimiento de la democracia y la defensa y promoción de los derechos humanos; el compromiso por una educación integral y transformadora; reconstruir el Pacto Educativo Global; y la educación popular

Sobre la dimensión eclesial, se parte de la idea de una Iglesia sinodal y evangelizadora: de todos y para todos. A partir de ahí se reflexiona sobre la gran diversidad socio-cultural en la sociedad y en la Iglesia, lo que se concreta en diferentes realidades: pueblos afrodescendientes; personas con identidades y orientaciones sexuales diversas; personas con habilidades diferentes (especiales). 

Esas realidades son vistas a la luz de la Palabra de Dios y del Magisterio, abordando el reto pastoral de anunciar el Evangelio a las familias hoy; la realidad de los jóvenes, protagonistas de la sociedad y la Iglesia hoy, mostrando las voces de la juventud en el proceso de escucha, haciendo la propuesta de buscar nuevos caminos con la juventud. 

Algo que aparece cada vez más claro en América Latina y el Caribe es la concentración de la población en las ciudades, lo que lleva a abordar el cómo pasar de la pastoral en la ciudad a la pastoral urbana. También se aborda el nuevo lugar para la mujer en la Iglesia y en la sociedad. 

El documento reflexiona, a partir de lo aportado en el proceso de escucha, sobre lo que más duele, lo que nos da esperanza, lo más ausente y lo más presente. Desde ahí son ofrecidas propuestas. Finalmente se aborda la cuestión del clericalismo, presentado como un obstáculo para una Iglesia sinodal, y relacionado con eso, los casos de abuso en la Iglesia: voces que reclaman escucha y acción. También se muestra lo que supone el movimiento evangélico-pentecostal . 

El Documento se encierra con una oración a la Patrona de América Latina, la Virgen de Guadalupe, a quien se pide: “sigue abriéndole caminos al Espíritu y entre nosotros actualiza la unidad”. Y junto con eso: “Sigue tendiendo puentes y susurrándonos sinfonías sinodales”