La Buena Noticia del Dgo 4º Adv-C

Por José Antonio Pagola

Estamos viviendo unos tiempos en los que cada vez más el único modo de poder creer de verdad va a ser para muchos aprender a creer de otra manera. Ya el gran converso John Henry Newman anunció esta situación cuando advertía que una fe pasiva, heredada y no repensada acabaría entre las personas cultas en «indiferencia», y entre las personas sencillas en «superstición». Es bueno recordar algunos aspectos esenciales de la fe.

La fe es siempre una experiencia personal. No basta creer en lo que otros nos predican de Dios. Cada uno solo cree, en definitiva, lo que de verdad cree en el fondo de su corazón ante Dios, no lo que oye decir a otros. Para creer en Dios es necesario pasar de una fe pasiva, infantil, heredada, a una fe más responsable y personal. Esta es la primera pregunta: ¿yo creo en Dios o en aquellos que me hablan de él?

En la fe no todo es igual. Hay que saber diferenciar lo que es esencial y lo que es accesorio, y, después de veinte siglos, hay mucho de accesorio en nuestro cristianismo. La fe del que confía en Dios está más allá de las palabras, las discusiones teológicas y las normas eclesiásticas. Lo que define a un cristiano no es el ser virtuoso u observante, sino el vivir confiando en un Dios cercano por el que se siente amado sin condiciones. Esta puede ser la segunda pregunta: ¿confío en Dios o me quedo atrapado en otras cuestiones secundarias?

En la fe, lo importante no es afirmar que uno cree en Dios, sino saber en qué Dios cree. Nada es más decisivo que la idea que cada uno se hace de Dios. Si creo en un Dios autoritario y justiciero terminaré tratando de dominar y juzgar a todos. Si creo en un Dios que es amor y perdón viviré amando y perdonando. Esta puede ser la pregunta: ¿en qué Dios creo yo: en un Dios que responde a mis ambiciones e intereses o en el Dios vivo revelado en Jesús?

La fe, por otra parte, no es una especie de «capital» que recibimos en el bautismo y del que podemos disponer para el resto de la vida. La fe es una actitud viva que nos mantiene atentos a Dios, abiertos cada día a su misterio de cercanía y amor a cada ser humano.

María es el mejor modelo de esta fe viva y confiada. La mujer que sabe escuchar a Dios en el fondo de su corazón y vive abierta a sus designios de salvación. Su prima Isabel la alaba con estas palabras memorables: «¡Dichosa tú, que has creído!». Dichoso también tú si aprendes a creer. Es lo mejor que te puede suceder en la vida.

La Buena Noticia del Dgo.3º Adv-C

¿Qué debemos hacer?

Lucas 3, 10-18

¿Qué hacemos nosotros?

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué hacemos?»

Él contestó: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?»

Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido.»

Unos militares le preguntaron: «¿Qué hacemos nosotros?»

Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.»

El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizara con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.»

Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio

Comentario al Evangelio

¿NOS ATREVEREMOS A COMPARTIR? 

Written by José Antonio Pagola 

Los medios de comunicación nos informan cada vez con más rapidez de lo que acontece en el mundo. Conocemos cada vez mejor las injusticias, miserias y abusos que se cometen diariamente en todos los países. 

Esta información crea fácilmente en nosotros un cierto sentimiento de solidaridad con tantos hombres y mujeres, víctimas de un mundo egoísta e injusto. Incluso puede despertar un sentimiento de vaga culpabilidad. Pero, al mismo tiempo, acrecienta nuestra sensación de impotencia. 

Nuestras posibilidades de actuación son muy exiguas. Todos conocemos más miseria e injusticia que la que podemos remediar con nuestras fuerzas. Por eso es difícil evitar una pregunta en el fondo de nuestra conciencia ante una sociedad tan deshumanizada: «¿Qué podemos hacer?». 

Juan Bautista nos ofrece una respuesta terrible en medio de su simplicidad. Una respuesta decisiva, que nos pone a cada uno frente a nuestra propia verdad. «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida haga lo mismo». 

No es fácil escuchar estas palabras sin sentir cierto malestar. Se necesita valor para acogerlas. Se necesita tiempo para dejarnos interpelar. Son palabras que hacen sufrir. Aquí termina nuestra falsa «buena voluntad». Aquí se revela la verdad de nuestra solidaridad. Aquí se diluye nuestro sentimentalismo religioso. ¿Qué podemos hacer? Sencillamente compartir lo que tenemos con los que lo necesitan. 

Muchas de nuestras discusiones sociales y políticas, muchas de nuestras protestas y gritos, que con frecuencia nos dispensan de una actuación más responsable, quedan reducidas de pronto a una pregunta muy sencilla. ¿Nos atreveremos a compartir lo nuestro con los necesitados? 

De manera ingenua creemos casi siempre que nuestra sociedad será más justa y humana cuando cambien los demás, y cuando se transformen las estructuras sociales y políticas que nos impiden ser más humanos. 

Y, sin embargo, las sencillas palabras del Bautista nos obligan a pensar que la raíz de las injusticias está también en nosotros. Las estructuras reflejan demasiado bien el espíritu que nos anima a casi todos. Reproducen con fidelidad la ambición, el egoísmo y la sed de poseer que hay en cada uno de nosotros. 

“Juan anunciaba las buenas noticias a la gente” 

 | Hermann Rodríguez Osorio, S.J.* 

La predicación es un arte que no es fácil adquirir y siempre habrá quejas porque es muy extensa, o muy breve o porque en lugar de referirse a la Palabra de Dios nos detenemos en asuntos de la política o de los problemas económicos… pero si el predicador hace referencia a las Escrituras, es fácil escuchar también a otros que se quejan que lo único que hace el predicador es repetir las lecturas sin hacer referencias a la realidad actual. Es muy difícil tener contenta a la gente con nuestra predicación, pero también hay que reconocer que muchas veces los que prestamos este servicio en la Iglesia, necesitamos preparar con mayor cuidado lo que vamos a decir, de manera que las personas que nos escuchan se sientan ‘edificados’ e invitados a cambiar su propia vida. En el Oficio de lectura de la memoria de San Vicente Ferrer, se ofrece un texto tomado de su Tratado sobre la vida espiritual, en el que hay una serie de recomendaciones sobre la predicación que vale la pena recordar hoy: 

“En la predicación y exhortación debes usar un lenguaje sencillo y un estilo familiar, bajando a los detalles concretos. Utiliza ejemplos, todos los que puedas, para que cualquier pecador se vea retratado en la exposición que haces de su pecado; pero de tal manera que no des la impresión de soberbia o indignación, sino que lo haces llevado de la caridad y espíritu paternal, como un padre que se compadece de sus hijos cuando los ve en pecado o gravemente enfermos o que han caído en un hoyo, esforzándose por sacarlos del peligro y acariciándoles como una madre. Hazlo alegrándote del bien que obtendrán los pecadores y del cielo que les espera si se convierten. Este modo de hablar suele ser de gran utilidad para el auditorio. Hablar en abstracto de las virtudes y los vicios no produce impacto en los oyentes”                                                                                                                                                 

El texto del evangelio que nos presenta la Escritura en el día de hoy nos cuenta cómo predicaba San Juan Bautista, poniendo ejemplos muy claros y comprensibles para aquellos que le preguntaban qué debían hacer: “El que tenga dos trajes, dele uno al que no tiene ninguno; y el que tenga comida, compártala con el que no la tiene”. Y cuando le preguntaron unos publicanos sobre lo que debían hacer, les dijo: “No cobren más de lo que deben cobrar”. Más adelante se habla de unos soldados que también se acercaron para saber qué debían hacer ellos, y Juan les dice: “No le quiten nada a nadie, ni con amenazas ni acusándolo de algo que no haya hecho, y conformándose con su sueldo”. Todo esto, lo decía Juan, teniendo claro que no se anunciaba a sí mismo, sino que su tarea era preparar el encuentro de cada uno de sus oyentes con el Señor que venía a su encuentro de modo personal.                                    Al acercarse la celebración de la Navidad, nos sentimos invitados a cambiar muchas cosas en nuestra vida y la predicación debe señalar con ejemplos claros y sencillos las cosas que podemos cambiar, invitando a las personas que buscan una respuesta a descubrir lo que podemos y debemos hacer para que hoy vuelva a ser Navidad en medio de nosotros y en medio de nuestro pueblo. De acuerdo con la situación concreta de los oyentes que tenemos delante, deberíamos hacer el esfuerzo por concretar los cambios que podrían hacer en sus propias vidas y bajar a lo concreto, como lo recomiendo San Vicente Ferrer y como lo hace el Bautista… Esto es anunciar “las buenas noticias a la gente 

Buena Noticia del Dgo 29º-B

La Misión: servir y dar la vida

Lectura del evangelio según san Marcos (10,35-45):

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?»Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»Contestaron: «Lo somos.»Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.»Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

Actualización del mensaje:

Hoy es el dia del DOMUND, el Domingo Mundial de las Misiones.
La Misión de la Iglesia no es otra que la de Jesús, que no vino a ser servido, sino a servir y a entregar su vida.
Nosotros solemos tener las mismas tentaciones de los discípulos: buscamos el poder, el prestigio y el dominio sobre los demás.
Hoy se nos dice cómo tenemos que ser discípulos, o sea, misioneros:
Se trata de servir como Jesús y a través de nuestro servicio cristiano, las personas lleguen a comprender vivencialmente que Dios es un Padre, que de El no recibimos más que amor y que su voluntad es que seamos felices, viviendo la fraternidad y amándonos unos a otros.

-Cómo fue el servicio de Jesús a los pobres?

¿Cómo vivimos hoy este servicio y entrega a los demás?

-Cómo realizar hoy nuestra vocación misionera?

Un instrumento de paz

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz
que donde haya odio, ponga yo amor.

Donde haya ofensas, ponga yo perdón.
Donde haya discordia, ponga yo unión.

Donde haya error, ponga yo verdad.
Donde haya duda, que yo ponga fe.

Donde haya desesperación,
que yo ponga esperanza.
Donde haya tinieblas, que yo ponga luz

Donde haya tristeza, que yo ponga alegría.
Haz que no busque tanto
ser consolado como consolar;
ser comprendido como comprender;
ser amado como amar.

Porque dando es como se recibe,
olvidándose de sí mismo
es como uno se encuentra a sí mismo.

Perdonando
es como se obtiene perdón.
Muriendo
es como se resucita para la vida eterna.

San Francisco de Asís

La Buena Noticia del Dgo 27º-B

Iguales ante Dios

Al principio Dios los creó hombre y mujer

Lectura del evangelio según san Marcos (10,2-16):

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?»Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?»Contestaron: «Moisés Permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.»Jesús les dijo: «Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios «los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne». De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.»

Actualización de la Palabra:

El proyecto original de Dios no fue un matrimonio patriarcal.
Dios ha creado al varón y a la mujer para que sean “una sola carne”, como personas llamadas a compartir su amor, su intimidad y su vida entera en comunión total.
Hombre y mujer han sido hechos por igual a imagen del Dios de la vida.
La igualdad es el fundamento de la complementariedad y no hay amor sino entre iguales.

¿Cuál es el plan de Dios sobre el matrimonio ya desde el principio?

De qué forma se puede deteriorar la fidelidad y la unión en el matrimonio?

¿Cómo debería ser la preparación al matrimonio?

Dios Creador

Dios, fuerza creadora, Padre y Madre
Que has creado nuestro cuerpo y nos has hecho
Hombres y mujeres a imagen y semejanza tuya,
Hijos e hijas llamados a vivir en armonía dinámica,
En amor complementario, en armonía gozosa.
Ayúdanos a madurar como personas,
Como sociedad, como cristianos,
Para que los tabúes y las obsesiones
Cedan el paso a actitudes comprensivas
Y a una valoración positiva y gozosa
De todas las fuerzas y riquezas
de que has dotado a nuestra naturaleza,
de la que son frutos nuestros hijos,
Tú que vives y haces vivir
Por los siglos de los siglos

La Buena Noticia del Dgo 26º-B

El Reino es de todos y para todos

Lectura del evangelio según san Marcos (9,38-43.45.47-48):

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de nuestro grupo.»Jesús replicó: «No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede luego hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Os aseguro que el que os dé a beber un vaso de agua porque sois del Mesías no quedará sin recompensa. Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran del cuello una piedra de molino y lo echaran al mar. Y si tu mano es ocasión de pecado para ti, córtatela. Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al fuego eterno que no se extingue. Y si tu pie es ocasión de pecado para ti, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la vida, que ser arrojado con los dos pies al fuego eterno. Y si tu ojo es ocasión de pecado para ti, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al fuego eterno, donde el gusano que roe no muere y el fuego no se extingue.»

Actualización de la Palabra

Qué fácilmente desconfiamos de los que son diferentes a nosotros, particularmente gente de otras religiones. Él es musulmán o judío, o protestante, o extranjero. Para algunos, quizás para muchos, eso es bastante para desacreditar a esa persona o el bien que ella hace.
Pero aquí viene Jesús, cuyo corazón late para todos, y nos dice que tenemos que ser de mente abierta y sin prejuicios, y reconocer todo lo bueno que hay en los demás y en sus obras, sean ellos quienes sean. El mismo Espíritu es quien trabaja en nosotros y en todos los que hacen el bien.
No tenemos el monopolio de la verdad, sino más responsabilidad de escuchar y colaborar con los que obran el bien y trabajan por la justicia y la paz.
¿Dónde se manifiesta hoy el Espíritu de Dios?
¿Cómo acoger y colaborar con los que trabajan por un mundo mejor?

El hombre que se parece a tí
He llamado a tu puerta,
he hablado a tu corazón
en busca de una buena cama,
en busca de un buen fuego
para calentarme.
¿Por qué me rechazas?
Ábreme, hermano.

¿Por qué me preguntas
si soy de Africa,
si soy de América,
si soy de Asia,
si soy de Europa?
Ábreme, hermano.
Yo no soy un negro,
yo no soy un piel roja,
yo no soy un oriental,
yo no soy un blanco,
yo sólo soy un hombre. Ábreme, hermano.

Ábreme tu puerta,
ábreme tu corazón
porque soy un hombre,
el hombre de todos los tiempos,
el hombre de todos los cielos,
un hombre como tú.

René Philombe

La lógica de Jesús no es la lógica de la Iglesia

 

Jesús invita a vivir la lógica del Amor del Padre 

07.09.2021 | Rufo González 

Comentario: Quien pierda su vida por mí y por el evangelio la salvará (Mc 8,27-35) 

Los hechos narrados en el evangelio de hoy suceden “dirigiéndose a las aldeas de Cesarea de Filipo”. Al norte de Palestina, junto a las montañas del Hermón, cerca de las fuentes del Jordán, zona ya entonces de veraneo. Herodes Filipo, hijo de Herodes el Grande (Mc 6,17), convierte en ciudad residencial a Cesarea de Filipo. Le pone ese nombre por gratitud al emperador Augusto, protector de su familia, y en honor propio. 

Jesús quiere que tengamos clara su identidad. Por eso pregunta a los discípulos qué piensa la gente y ellos sobre él. Marcos y Lucas (9,18-21), señalan la confusión con Juan Bautista, Elías u otro profeta. Mateo (16,13-20), además de añadir a Jeremías, da algunas huellas más de la opinión popular. En la corte de Herodes, se creía que Jesús “es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él” (Mt 14,1-2). Jesús mismo había dado pie a la creencia popular al aludir a Elías como el profeta “que tenía que venir”, e identificarlo con Juan Bautista (Mt 11,14). Tras la transfiguración, Jesús dice a los discípulos: “Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron… Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista”(Mt 17,10-13). 

La pregunta a los discípulos, es contestada por Pedro, representando al grupo: “Tú eres el Mesías”. Identifica a Jesús como “el” (artículo determinado) “Mesías”que, bajo distintas concepciones, esperaba el pueblo judío. No han descubierto aún al Mesías real enviado por Dios. Por eso Jesús no acepta tal declaración sin más, y les prohíbe decirlo: “les conminó” como a espíritu inmundos (Mc 1,25; 3,12) o al viento (Mc 4,39). 

Jesús les aclarar su identidad mesiánica. Empieza a instruir” a “los discípulos” y a “la gente”. Cambia el nombre: “el Hijo del Hombre…”, en vez de el Mesías. Es “el Hombre”, que recibe el Espíritu divino (Mc 1,10), perdona pecados (2,10), es señor del sábado (2, 28). Rompe las expectativas de la tradición judía, de sus dirigentes y de los discípulos. El padecer es fruto de la reacción previsible de quienes viven la lógica del más fuerte, la de equivalencia, la de la ley… Jesús trae una lógica muy distinta. Es la lógica del Amor del Padre, que “hace salir el sol y bajar la lluvia sobre buenos y malos, justos e injustos” (Mt 5,45). De ahí que “tiene quepadecer mucho y ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días”. Es el sufrimiento lógico del esfuerzo que lleva consigo el Amor, y de la reacción de los que no aceptan su lógica: los poderes políticos y religiosos (ancianos, sumos sacerdotes y letrados). La muerte no es el final: el Espíritu del Amor le resucitará pronto (“tres días”, “en un par de días”, en un tiempo brevísimo… Cf. Os 6,2). 

Pedro y Jesús se increpan mutuamente. Les mueven dos espíritus contrarios. Jesús lo aclara: “¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”. Oposición entre dos ideas de Mesías: el Hijo del hombre, lleno del Espíritu divino, que se entrega por la fraternidad universal, y el Mesías, sucesor de David, restaurador del reino de Israel, imponiéndose “como los jefes de los pueblos” (Mc 10,42), sujeto a la tentación del poder, propuesta a Jesús por Satanás, a la que la Iglesia ha sucumbido tantas veces. 

Llamando a la gente y a sus discípulos”, les propone su camino: superar el egoísmo en todas sus formas, soportar el sufrimiento sobrevenido de la propia limitación o de la injusticia. “El que quiera salvar su vida” (el egoísta quiere salvar “su” vida, no la de todos) no se realiza como persona, hecha para el Amor. “El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”: encontrará “el amor que no pasa nunca” (1Cor 13,8). 

La Buena Noticia del Dgo 22º-B

Un corazón nuevo

Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mi

Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,1-8.14-15.21-23):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.) Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»
Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.» Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»
Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Actualización del mensaje:

En el Reino de Dios sólo se puede entrar con un corazón nuevo, dispuestos a obedecer a Dios desde lo más hondo.

Dios busca “reinar” en ese centro más íntimo de las personas, en ese núcleo interior donde se decide su manera de sentir, de pensar y de comportarse.

Jesús lo ve así: nunca nacerá un mundo más humano si no cambia el corazón de las personas; en ninguna parte se construirá la vida tal como Dios la quiere si las personas no cambian desde dentro.

¿Cómo escuchamos y acogemos en nuestro interior la Palabra de Dios?

¿De qué forma la Palabra de Dios cambia nuestro corazón y transforma la realidad que vivimos?

DANOS SEÑOR

Suficiente alegría

para ser siempre amables

Suficientes amigos
para echarnos una mano

Suficiente dolor

para ser siempre humanos

Suficientes enemigos

para amar de verdad.

Suficientes satisfacciones

para ser felices

Suficientes cosas
para poder compartir.

Suficientes limitaciones

para ser humildes

Suficientes necesidades
para dejarnos ayudar

Suficiente luz

para ser entusiastas

Suficiente fe
para contagiar esperanza y amor

Suficiente oscuridad

para aprender a confiar

Suficiente finura de oido

para estar atentos cada dia

a la voz de tu Espíritu.

La Palabra se hizo hombre para ser nuestro pan

 

«La Sabiduría se ha construido su casa… ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa; ha despachado sus criadas para que lo anuncien… Venid a comer mi pan»

«Considera esa palabra sapiencial como palabra profética que se ha cumplido en el misterio de la encarnación»

«Pregunta a los que a esa Palabra se han acercado, y te dirán lo que han visto: ante ella retrocede el espíritu del mal»

«Considera el modo en que la Sabiduría ha preparado el banquete: haciéndose hombre, la Palabra de Dios se revistió de nuestra frágil condición, cargó con nuestras debilidades, comulgó con nuestras miserias»

«Considera ahora, Iglesia amada del Señor, la eucaristía de tu domingo. ‘La mesa está servida, caliente el pan y envejecido el vino’. Escuchando y comulgando te has sentado a la mesa de la Sabiduría»

«Sal a los caminos e invita a todos los pobres al banquete de esperanza que para todos ha preparado la Sabiduría»

Por Santiago Agrelo

“La Sabiduría se ha construido su casa… ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa; ha despachado sus criadas para que lo anuncien… Venid a comer mi pan”.

Considera esa palabra sapiencial como palabra profética que se ha cumplido en el misterio de la encarnación: “La Palabra de Dios se hizo hombre, y acampó entre nosotros… De su plenitud todos nosotros recibimos”.

Pregunta a los que a esa Palabra se han acercado, y te dirán lo que han visto: ante ella retrocede el espíritu del mal; a la mujer postrada se le da la mano para que se levante; los leprosos quedan limpios, los enfermos son curados, los pecadores son perdonados; descreídos y recaudadores se sientan a la mesa de Dios, porque Dios ha salido a buscarlos.

Porque la Palabra se hizo hombre, a la mesa de la sabiduría se sientan la mujer que amó mucho, el publicano que no se atrevía a levantar la cabeza, la adúltera amada, el ladrón invitado a la sorpresa del paraíso.

Porque la Palabra se hizo hombre, a la mesa del Reino se sientan los pobres, los inexpertos, los faltos de juicio, y hasta intuimos que allí se ha sentado el centurión que dirigió a los soldados de la crucifixión.

En verdad, “los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan al Señor no carecen de nada”.

Considera el modo en que la Sabiduría ha preparado el banquete: haciéndose hombre, la Palabra de Dios se revistió de nuestra frágil condición, cargó con nuestras debilidades, comulgó con nuestras miserias.

Considera ahora, Iglesia amada del Señor, la eucaristía de tu domingo. “La mesa está servida, caliente el pan y envejecido el vino”.

Escuchando y comulgando te has sentado a la mesa de la Sabiduría.

Escuchando y comulgando te haces de Cristo, te revistes de inmortalidad, y eres fortalecida para caminar hasta el monte de Dios.

Escuchando y comulgando eres justificada con justicia divina, y recibes vida eterna, pues “el que come de ese pan vivirá para siempre”.

Sal a los caminos e invita a todos los pobres al banquete de esperanza que para todos ha preparado la Sabiduría

La Buena Noticia del Dgo. 19º-B

Alimentados con el Espíritu de Jesús

Yo soy el pan de vida

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,41-51):

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?»
Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.» Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Actualización del mensaje

Lo más atractivo de Jesús es su capacidad de dar vida. El que cree en Jesús y sabe entrar en contacto con El, conoce una vida diferente, de calidad nueva. Juan se atreve a decir que “el que coma de este pan vivirá para siempre”.
Si, en nuestras comunidades cristianas, no nos alimentamos del contacto con Jesús, seguiremos ignorando lo más esencial y decisivo del cristianismo.
Si, en la iglesia, no nos sentimos atraídos por ese Dios encarnado en un hombre tan humano, cercano y cordial, nadie nos sacará del estado de mediocridad en que vivimos de ordinario.
Si Jesús no nos alimenta con su Espíritu de creatividad, seguiremos atrapados en el pasado y no tenemos nada que decir a los hombres y mujeres de hoy.
¿Cómo es nuestra relación personal con Jesús, el Cristo?
¿De qué forma nos alimenta Jesús son su Espíritu de creatividad?
¿Cómo es nuestra cooperación para engendrar y alimentar la fe en el corazón de los hombres y mujeres de hoy?

Pan bajado del cielo

Invita Dios-Amor a Eucaristía,
la mesa de la entrega y la esperanza,
fiesta de gratitud y de alabanza,
se reparten raciones de alegría.
Hay pan en los caminos de la vida
y vino en el desierto torturante;
el cielo generoso sin medida,
y el mismo Dios del hombre se ha hecho amante
se ha amasado en carnal y tierna harina
por ser nuestro alimento y medicina.
                                                                                                               Rafael Prieto Ramiro

Lo que verdaderamente importa es saber vivir

Pagola: «No nos resulta nada fácil explicar qué es en verdad ‘saber vivir'»

Vida plena

«Hay momentos en que nuestra existencia se vuelve feliz, se transfigura, aunque sea de manera fugaz. Momentos en los que el amor, la ternura, la convivencia, la solidaridad, el trabajo creador o la fiesta adquieren una intensidad diferente. Nos sentimos vivir»

«Ser cristiano significa ser hombre, no un tipo de hombre, sino el hombre que Cristo crea en nosotros» (Dietrich Bonhoeffer)

No se trata de amar porque nos han dicho que amemos, sino porque nos sentimos radicalmente amados. Y porque creemos cada vez con más firmeza que «nuestra vida está oculta con Cristo en Dios»

Por José Antonio Pagola

Cuántas veces lo hemos escuchado: «Lo que verdaderamente importa es saber vivir». Y, sin embargo, no nos resulta nada fácil explicar qué es en verdad «saber vivir». Con frecuencia, nuestra vida es demasiado rutinaria y monótona. De color gris.

Pero hay momentos en que nuestra existencia se vuelve feliz, se transfigura, aunque sea de manera fugaz. Momentos en los que el amor, la ternura, la convivencia, la solidaridad, el trabajo creador o la fiesta adquieren una intensidad diferente. Nos sentimos vivir. Desde el fondo de nuestro ser nos decimos a nosotros mismos: «Esto es vida».

El evangelio de hoy nos recuerda unas palabras de Jesús que nos pueden dejar un tanto desconcertados: «Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna». La expresión «vida eterna» no significa simplemente una vida de duración ilimitada después de la muerte.

Se trata, antes que nada, de una vida de profundidad y calidad nuevas, una vida que pertenece al mundo definitivo. Una vida que no puede ser destruida por un bacilo ni quedar truncada en el cruce de cualquier carretera. Una vida plena que va más allá de nosotros mismos, porque es ya una participación en la vida misma de Dios.

La tarea más apasionante que tenemos todos ante nosotros es la de ser cada día más humanos, y los cristianos creemos que la manera más auténtica de vivir humanamente es la que nace de una adhesión total a Jesucristo. «Ser cristiano significa ser hombre, no un tipo de hombre, sino el hombre que Cristo crea en nosotros» (Dietrich Bonhoeffer).

Quizá tengamos que empezar por creer que nuestra vida puede ser más plena y profunda, más libre y gozosa. Quizá tengamos que atrevernos a vivir el amor con más radicalidad para descubrir un poco qué es «tener vida abundante». Un escrito cristiano se atreve a decir: «Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida cuando amamos a nuestros hermanos» (1 Juan 3,14).Pero no se trata de amar porque nos han dicho que amemos, sino porque nos sentimos radicalmente amados. Y porque creemos cada vez con más firmeza que «nuestra vida está oculta con Cristo en Dios». Hay una vida, una plenitud, un dinamismo, una libertad, una ternura que «el mundo no puede dar». Solo lo descubre quien acierta a arraigar su vida en Jesucristo.