Cierre de la Semana de Oración por la Unidad

El clamor ecuménico del Papa: «Caminemos hacia la unidad plena, tengamos el valor de cambiar de camino»

Oración en común ante la tumba de San Pablo
Oración en común ante la tumba de San Pablo

«No nos dejemos deslumbrar por  los resplandores del mundo, estrellas esplendentes pero fugaces. No sigamos las modas del momento, meteoros que se apagan; no caigamos en la tentación de brillar con luz propia, o sea de encerrarnos  en nuestro grupo y salvaguardarnos a nosotros mismos»

«Incluso en nuestro camino hacia la unidad podemos estancarnos por la misma razón que  paralizó a aquella gente: la conmoción, el miedo»

«No temamos anteponer al hermano a nuestros miedos, porque  el Señor quiere que confiemos los unos en los otros y que caminemos juntos, a pesar de nuestras  debilidades y nuestros pecados, a pesar de los errores del pasado y las heridas recíprocas»

«Abajarse, dejar, simplificar. Pidamos a Dios en esta  tarde que nos conceda esta valentía, la valentía de la humildad, único camino para llegar a adorar a  Dios en la misma casa y en torno al mismo altar»

Por Jesús Bastante

«Te pedimos Señor que nos concedas el valor de cambiar el camino, de convertirnos, de seguir tu voluntad y no nuestras conveniencias; de ir hacia  adelante juntos, hacia Ti, que con tu Espíritu quieres que todos seamos uno». Cierre de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, con el rezo de Vísperas en San Pablo Extramuros. Junto al Papa, el cardenal Koch, así como representantes del patriarcado ecuménico (el Metropolita Polykarpos), del arzobispo de Canterbury (Ian Ernes) y de otras comunidades cristianas. Ante todos ellos, Francisco clamó: «Acojamos el apremiante deseo de  Jesús, que quiere que todos seamos uno y, con su gracia, caminemos hacia la unidad plena«.  

Recordando el camino de los Magos de Oriente, leit motiv de esta semana, Bergoglio invitó a todos a seguir las tres etapas de su itinerario: «comienza en oriente, pasa por Jerusalén y por último llega a Belén». Los magos salen de Oriente «que es donde sale el sol, pero van en busca de una luz más grande». 

No deslumbrarnos por las estrellas fugaces

Los magos son «sabios que no se conforman con sus conocimientos y sus tradiciones, sino que desean algo más», por eso afrontan «un viaje arriesgado, impulsados por la inquietud de la búsqueda de Dios». Como ellos, el Papa pidió que «sigamos también nosotros la estrella de Jesús».

Koch y el metropolita
Koch y el metropolita

«No nos dejemos deslumbrar por  los resplandores del mundo, estrellas esplendentes pero fugaces. No sigamos las modas del momento, meteoros que se apagan; no caigamos en la tentación de brillar con luz propia, o sea de encerrarnos  en nuestro grupo y salvaguardarnos a nosotros mismos», suplicó. «Que nuestra mirada esté fija en el cielo, en la  estrella de Jesús. Sigámoslo a Él, a su Evangelio y a su invitación a la unidad, sin preocuparnos de lo  largo y difícil que será el camino para alcanzarla plenamente», insistió.

«Anhelemos y caminemos juntos,  apoyándonos recíprocamente, como lo hicieron los Magos», reflejando en el ejemplo de los Magos «nuestras diferencias, las distintas tradiciones y experiencias cristianas, pero  también nuestra unidad, que nace del mismo deseo: mirar al cielo y caminar juntos en la tierra». 

El ejemplo de los cristianos perseguidos

Siguiendo el oriente, el Papa recordó a «los cristianos que viven en varias regiones diezmadas  por la guerra y la violencia«. «Estos hermanos y hermanas nuestros tienen  muchos desafíos difíciles que afrontar y, sin embargo, con su testimonio nos dan esperanza, nos  recuerdan que la estrella de Cristo sigue brillando en las tinieblas y no se apaga; que el Señor desde  lo alto acompaña y alienta nuestros pasos», apuntó, reivindicando a los «muchísimos mártires, que nos indican a los que estamos en la tierra, un camino preciso,  el de la unidad».

De Oriente, a Jerusalén «con el deseo de Dios en el corazón». Jerusalén que simboliza las amenazas y la corrupción. «Incluso en nuestro camino hacia la unidad podemos estancarnos por la misma razón que  paralizó a aquella gente: la conmoción, el miedo», resaltó Bergoglio.

La adoración de los Magos
La adoración de los Magos

«Es el temor a la novedad, que sacude los hábitos y  las seguridades adquiridas; es el miedo a que el otro desestabilice mis tradiciones y mis esquemas  consolidados; pero, en el fondo, es el miedo que vive en el corazón del hombre y del que el Señor  Resucitado quiere liberarnos», recordó, pidiendo a todos no tener miedo. «No temamos anteponer al hermano a nuestros miedos, porque  el Señor quiere que confiemos los unos en los otros y que caminemos juntos, a pesar de nuestras  debilidades y nuestros pecados, a pesar de los errores del pasado y las heridas recíprocas».  

Jerusalén, pese a todo, es el camino hacia Belén, y «tampoco nosotros, los cristianos, podemos llegar al  Señor sin su Palabra viva y eficaz», para «orar con ella y meditarla juntos». 

La valentía de la unidad

Finalmente, Belén, donde encuentran al Niño. «Así es como termina su viaje: juntos, en la misma  casa, en adoración», y así los Magos «se convierten en un signo profético para nosotros, que anhelamos al Señor, que somos  compañeros de viaje por los caminos del mundo y buscadores de los signos de Dios en la historia a  través de la Sagrada Escritura».

«También para nosotros la unidad plena, ese estar en la misma casa,  sólo puede realizarse si adoramos al Señor. Queridos hermanos y hermanas, la etapa decisiva del  camino hacia la plena comunión requiere de una oración más intensa y de la adoración de Dios», concluyó el Papa, quien invitó a todos a «postrarse». «Este es el camino, abajarnos, dejar de lado nuestras pretensiones y poner al Señor en centro». 

Homilía del Papa
Homilía del Papa

«Cuántas veces el orgullo ha sido el verdadero obstáculo para la comunión», advirtió el Papa, que apuntó que «los Magos tuvieron el  valor de dejar en casa prestigio y reputación, para abajarse en la pobre casita de Belén». «Abajarse, dejar, simplificar. Pidamos a Dios en esta  tarde que nos conceda esta valentía, la valentía de la humildad, único camino para llegar a adorar a  Dios en la misma casa y en torno al mismo altar», pidió.  

Ya en Belén, los Magos «abren sus cofres y ofrecen oro,  incienso y mirra», lo que nos recuerda que «sólo después de haber orado juntos, que sólo ante Dios y bajo su luz, nos damos realmente cuenta de los tesoros que cada uno posee«. Pero «son tesoros  que pertenecen a todos, que deben ser ofrecidos y compartidos».

Los dones de los Magos «simbolizan lo que el Señor quiere recibir de nosotros», explicó el Obispo de Roma.

«A Dios hay  ofrecerle el oro, el elemento más valioso, es decir, se le da el primer lugar. Es a Él a quien debemos  mirar, no a nosotros; a su voluntad, no a la nuestra; a sus caminos, no a los nuestros. Y si el Señor  está realmente en el primer lugar, entonces nuestras opciones, incluso las eclesiásticas, ya no pueden  basarse en las políticas del mundo, sino en los deseos de Dios. Después está el incienso, que nos  recuerda la importancia de la oración, que sube a Dios como perfume agradable. No  nos cansemos, pues, de rezar los unos por los otros y los unos con los otros. Y, por último, la mirra,  que se usará para honrar el cuerpo de Jesús depuesto de la cruz, nos recuerda la  necesidad de cuidar la carne sufriente del Señor, desgarrada en los miembros de los pobres. Sirvamos  a los necesitados, sirvamos juntos a Jesús sufriente».

Participación ecuménica en el proceso sinodal

Cardenal Kurt Koch: “Los ‘socios ecuménicos’ deben ser implicados en el proceso sinodal” 

Cardenal Kurt Koch

 “El esfuerzo teológico y pastoral por vivir una Iglesia más sinodal tiene ricas implicaciones para el ecumenismo”, asegura Koch en una entrevista reciente 

“El principio básico del diálogos ecuménico es el intercambio de dones, en el que podemos aprender de las otras iglesias cristianas, con la convicción de que los dones específicos son dados por el Espíritu Santo a toda la cristiandad” 

Por  Jordi Pacheco 

Los “socios ecuménicos” deben ser implicados en el proceso sinodal iniciado en Roma el fin de semana del 9 y 10 de octubre. Eso es lo que opina el cardenal de la curia Kurt Koch, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad. “El esfuerzo teológico y pastoral por vivir una Iglesia más sinodal tiene ricas implicaciones para el ecumenismo”, asegura Koch en una entrevista concedida recientemente al semanario católico de Würzburg Die Tagespost.            “Es deseable que ‘los socios ecuménicos’ participen en el proceso sinodal en todos sus niveles”, sostiene el prelado, convencido de que “el principio básico de los diálogos ecuménicos es el intercambio de dones, en el que podemos aprender de las otras iglesias cristianas, con la convicción de que los dones específicos son dados por el Espíritu Santo no sólo a estas iglesias, sino a toda la cristiandad”.                                                                         Poniendo como ejemplo la Exhortación Apostólica postsinodal de Francisco ‘Evangelii gaudium’, Koch ha subrayado que “en la conversación con las Iglesias ortodoxas los católicos tenemos la enriquecedora oportunidad de ‘aprender algo más sobre el significado de la colegialidad episcopal y su experiencia de la sinodalidad’”.                              Y como contrapartida, en el esfuerzo por una mayor sinodalidad se puede dar, según Koch, “una importante contribución ecuménica de la Iglesia católica para el reconocimiento de la primacía del Obispo de Roma también por parte de otras Iglesias”. 

Sinodalidad (IV) : el ecumenismo forma parte de ella

La sinodalidad nos plantea el reto de mirar muy bien hacia el interior de la Iglesia, hacia su estructura y formas actuales, porque es lo que hay que cambiar para hacerla mucho más “Iglesia de Evangelio”. Con nuestros medios digitales podemos afirmar que el mundo, hoy, no tiene distancias y de ahí que podamos tener nuestras reuniones estando en países y hasta en continentes diferentes. Nuestros jóvenes contactan con otros de culturas y países diferentes a través de las redes sociales creando auténticas comunidades internacionales.
Quien crea que al camino sinodal no le afecta el ecumenismo está equivocado. No podemos variar nuestras estructuras internas y pretender que las externas sigan siendo de “visita de cortesía”. La globalización de nuestro mundo -para lo bueno y para lo malo- también afecta a nuestras relaciones eclesiales con otras confesiones. Además, está la realidad de países donde el ecumenismo es una vivencia diaria con miembros de una misma familia pertenecientes a distintas confesiones.
Fractura confesional
Esta realidad de la pertenencia a diferentes confesiones planteaba, desde hace muchos años, en los matrimonios el problema de no poder participar plenamente en la Eucaristía o en la Santa Cena, según fuera el caso. He sido testigo, para mi sonrojo, que cuando se planteaba el tema, además de no dar una respuesta porque en ese momento no se podía, se intentaba argumentar con el hecho de presentar a ese matrimonio como la evidencia de lo que la “fractura confesional” conllevaba y, por si fuera poco, que era algo que tenían que haber pensado antes de casarse.
Quiero creer que quién replicaba -porque eso no es argumentar- desde esa idea no era consciente del daño que provocaba porque, primero, cada una de las partes de ese matrimonio no había elegido pertenecer a una u otra confesión, sino que la fe les había llegado precisamente por estar bautizados y ser miembros de una Iglesia -tengo la costumbre de escribir esa palabra con mayúscula independientemente de la confesión a la que represente- que les había transmitido la fe y, segundo, porque ellos no buscaban ser la evidencia de nada, y semejante argumentario los victimizaba como si esa realidad fuera culpa de ellos.
Tiempo de interpretaciones
El Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos ha publicado recientemente el documento “El obispo y la unidad de los cristianos”, en el que parece abrir la puerta a la petición que los obispos alemanes han hecho respecto a poder participar plenamente de la eucaristía a miembros de otras confesiones. Habrá que ver en qué queda todo esto porque ahora llega el tiempo de las interpretaciones que, normalmente, suponen más complicaciones que el asunto en sí mismo. Sin embargo, quedémonos con lo bueno y veamos que, al menos, ya no se rechaza plantear esa posibilidad.
El ecumenismo también forma parte del camino sinodal. Quien me lea habitualmente sabe que, en la Iglesia, no tengo ningún optimismo; tengo esperanza y, desde esa esperanza, no puedo decir que la unidad esté rota, sino más bien que tiene fisuras y siempre las buscamos en las cuestiones dogmáticas, como asumiendo que eso son palabras mayores y poco avance puede haber por ahí. Sin embargo, además de cuestionarnos nuestras diferencias en la fe, ¿nos cuestionamos las diferencias en las estructuras eclesiales? ¿Por qué siempre pedimos al Espíritu que sople “vientos de unidad” en lugar de reconocer que el Espíritu es fuente de rica diversidad? Hemos de aprender a diferenciar entre aquello que nos distingue de lo que nos separa -que es lo que necesita “reformarse”- porque no son lo mismo.
Camino vital
En este momento nos enfrentamos todos a los mismos problemas, retos, penurias, amenazas y, por no quedarnos en lo negativo, también a las mismas oportunidades, posibilidades, y esperanzas. Caminamos todos por el mismo camino vital, guste o no guste a algunos. Como seres humanos necesitamos hacer frente común para recuperar la esencia de nuestra humanidad que, en algún momento, debimos perder a tenor de los despropósitos que vemos en nuestro entorno.
Como cristianos estamos llamados a confesar que Jesús es el Señor -de palabra y por las obras- y lo hacemos con diferentes acentos que, lejos de enfrentarnos, nos deberían enseñar a vivir al estilo de ese Jesús que confesamos. Contrariamente a lo que pensamos, o a lo que muchas veces nos han hecho creer, Jesús no nació aprendido por ser Dios. Si algo deja claro el evangelio es la capacidad de escucha y lo que esa escucha supone para él de aprendizaje.
Articular un argumento
Las necesidades de quienes se le acercaban fueron su escuela práctica y actuaba en consecuencia; nunca perdió el tiempo en intentar convencer a nadie; lo que tenía que decir lo decía, pero nadie puede leer en el evangelio que empleara una palabra de más en articular un argumento; su forma de vida, su coherencia entre lo que decía y hacía era suficiente.
Se suele decir que cuando Jesús vuelva con toda seguridad nos encontrará reunidos, pero no unidos. Puede que así sea y hasta que estemos tratando de cómo solucionar el problema que supone creer en él desde confesiones diferentes. Somos peces acostumbrados a nadar en peceras seguras que confundimos con peceras protegidas. ¿Protegidas de qué, o de quienes? Salimos por un ratito, pero regresamos cuanto antes a nuestra pecera, la de toda la vida, la de las costumbres que se convierten en formas de vida rutinarias con frecuencia.
La vivencia del ecumenismo no es que agrande la pecera, es que invita a nadar en mar abierto y sí, puede haber problemas y hasta peligros, pero hay horizonte de encuentro y aprendizaje. Seguramente habrá que quien crea que todo avance en el ecumenismo depende de que regresen “los que se fueron”, sin embargo, ¿qué hicimos, qué hacemos los que “nos quedamos”?
Renovar la vida
Afortunadamente ni unos ni otros hemos podido aprehender como propio al Señor de todos que se sigue manifestando libremente, y nos sigue brindando la oportunidad de renovar nuestras formas de vida, nuestras estructuras que muchas veces son muro que separa en lugar de camino que une y propicia el encuentro. Antes de que el cristianismo recibiera este nombre, a Jesús y a sus seguidores se les conocía como “los del camino”. ¿No nos da una pista esto?
Tal vez estemos llamados a reencontrarnos o, tal mejor, a desbrozar ese camino por que el transitaba Jesús con los suyos -que somos todos los que lo confesamos Señor- y a hacerlo, como católicos, desde el camino sinodal que nunca debió abandonar la Iglesia. ¡Nos estamos jugando mucho!

La sinodalidad desde el ecumenismo

Cardenal Kurt Koch: Caminando juntos, la sinodalidad desde un punto de vista ecuménico
Síntesis del artículo del Cardenal Kurt Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, publicado hoy en L’Osservatore Romano con motivo del 1.700 aniversario del Concilio Ecuménico de Nicea: el primero en la historia de la Iglesia
«La restauración ecuménica de la unidad de la Iglesia presupone un acuerdo sobre el contenido esencial de la fe, un acuerdo entre las Iglesias y las comunidades eclesiales de hoy, y también con la Iglesia del pasado y con su origen apostólico»
«La primacía a nivel universal no sólo es posible y teológicamente legítima, sino también necesaria»
«La tradición sinodal del cristianismo comprende una rica herencia que debe ser revitalizada»
19.01.2021 | Cardenal Kurt Koch Seguir leyendo

Bienaventuranzas del Macroecumenismo

Bienaventuranzas del Macroecumenismo
Felices quienes abren sinceramente su mente y su corazón a cualquier nueva aportación que les puedan ofrecer las personas que piensan y viven de forma diferente.
Felices quienes aprenden de otras realidades culturales, religiosas, étnicas, porque así podrán conocerse mejor a sí mismos.
Felices quienes hacen realidad el macroecumenismo desde la existencia concreta, desde el compromiso vital, desde la solidaridad profunda hacia los más vulnerables.
Felices quienes son capaces de desprenderse de dogmas, frialdades y miradas estrechas para entenderse en lo esencial de la fe, de la esperanza, de la vida.
Felices quienes se ciñen al Evangelio para estrechar relaciones entre los cristianos de diferentes Iglesias, siendo Jesús su única referencia y modelo de koinonía.
Felices quienes tienen igual que Jesús como único dogma el Amor y el Reino de Dios, pues esos fueron para el Mesías sus puntos de referencia, primeros, últimos, definitivos.
Felices quienes se abren al pluralismo religioso y cultural, porque se descentrarán de sus imágenes falsas y se acercarán a la dinámica dimensión amorosa del Misterio, que nos envuelve, que nos da la vida, que nos acerca y une a todos los seres humanos.
Felices quienes van más allá de sus creencias y se abren a las demás religiones de la tierra en un hermoso y divino macroecumenismo, porque solo así cumplirán la voluntad de Dios, Padre y Madre de toda la humanidad, que no ha hecho jamás ninguna distinción entre personas por su forma de ser, vivir o creer.

Vivir este tiempo como un kairós

• Manuel Barrios: «Como creyentes estamos llamados a vivir este tiempo tan duro como un kairós»
«Como creyentes estamos llamados a vivir este tiempo tan duro como un kairós, como un tiempo de purificación y de llamada a la conversión, a la autenticidad, a volver a los esencial»
«Esta dificultad para celebrar los sacramentos también nos debería llevar a poner más en el centro la Palabra de Dios, a escucharla y leerla más»
«Que el Señor nos ayude en estos tiempos difíciles e inciertos a seguir con empeño este camino hacia la unidad, para el que doy algunas sugerencias»
«Aprender a pensar bien y hablar bien del prójimo, sobre todo del hermano o de la hermana de otra Iglesia»
01.02.2021 | Manuel Barrios Seguir leyendo

El verdadero desafío del ecumenismo

Conversión de San Pablo, pintura del retablo de la iglesia de Alconada, Salamanca

 | Victorino Pérez
Del 18 al 25 enero celebramos desde hace décadas la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Ésta es la expresión institucional del presunto compromiso de comunidades diocesanas y parroquiales, congregaciones y muchas personas cristianas para unirse en oración con una misma fe en Jesús. El lema de este año es expresivo: “Permaneced en mi amor y daréis fruto en abundancia” (Jn 15,5-9). Como dice la propaganda oficial, esta semana quiere reflejar la vocación por la reconciliación y la unidad de la Iglesia. Pero ¿Supone esto un esfuerzo real para esa unión/comunión?
El esfuerzoreal para la unión/comunión de los cristianos a veces no lo parece muy claramente, como expresa el último documento católico oficial a este respecto: “El obispo y la unidad de los cristianos. Vademecum ecuménico”, presentado en el Vaticano el último mes del año que acabamos de concluir. El documento insiste desde el comienzo en la “responsabilidad de promover la unidad de los cristianos”, particularmente como obligación “entre las tareas del oficio pastoral del obispo” (Prefacio). E insiste en la primera parte en la “unidad de los cristianos como vocación de toda la Iglesia”, y en que la búsqueda de la unidad es “un desafío ante todo para los católicos”, por lo que vuelve a hablar de los delegados de ecumenismo, la Comisión ecuménica de las Conferencias Episcopales y los Sínodos de Iglesias orientales católicas, la formación de laicos, seminaristas y clérigos en este ecumenismo, etc.En la segunda parte examina cuatro formas en que la Iglesia católica se compromete con las otras comunidades cristianas:
1) El “ecumenismo espiritual”, es decir, cómo los obispos pueden guiar a su pueblo, en aras de la unidad de los cristianos, mediante la oración, la conversión y la santidad, destacando en particular la importancia de las Sagradas Escrituras, la “purificación de la memoria” y el «ecumenismo de la sangre». Aquí habla particularmente de la importancia de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos
2) El “diálogo de la caridad”, en la que se habla de la «cultura del encuentro» como una forma eficaz para nutrir y profundizar la relación que los cristianos ya comparten a través del bautismo.
3) El “diálogo de la verdad”, que “nos lleve a toda la verdad”; se refiere a la búsqueda de la verdad de Dios, que los católicos emprenden junto con otros cristianos mediante el diálogo teológico
4) El “diálogo de la vida” en la que se presentan las oportunidades de intercambio y colaboración con otros cristianos en la atención pastoral (“el ecumenismo pastoral”), en el testimonio ante el mundo (“el ecumenismo práctico”) y a través de la cultura (“el ecumenismo cultural»).
El punto conflictivo, en el que no se ve un avance real frente a lo establecido hasta ahora, es en el punto del “ecumenismo pastoral”; particularmente cuando habla de la intercomunión (communicatio in sacris). El documento deja en las manos de los obispos discernir el acceso a los sacramentos por parte de los cristianos no católicos y una participación de estos en las celebraciones litúrgicas de los cristianos no católicos, con unas limitaciones que, en la práctica dejan las cosas como están: no muy bien. En el punto 36, insiste en que el acceso a los sacramentos “generalmente se limita a quienes están en comunión” con la Iglesia católica; si bien “de modo excepcional y con ciertas condiciones puede autorizarse”. Como escribió alguien cuando se presentó el documento: “Roma no cierra la puerta, pero apenas la deja entornada”.
En cualquier caso, la propuesta está lejos de la intercomunión formulada por la Iglesia alemana; en la que esta es una necesidad sentida desde hace años, por la necesaria relación diaria entre católicos y protestantes. Como dijo Félix Neumann, analista jefe en Katholisch.de; éste insistió en que “quien busque declaraciones claras sobre los principales temas del ecumenismo que se están discutiendo en las diócesis de habla alemana buscará en vano”.
Muchos católicos, particularmente muchos presbíteros, llevamos practicando la intercomunión siempre que hay una ocasión para ello, desde hace más de cuarenta años. Yo he tenido ocasión de hacerlo en tierras de España, Francia (particularmente en ese espacio privilegiado de Taizé), Europa y otros lugares del mundo. Ya he escrito varias veces lo que supuso para mi hace años la experiencia muy positiva de la participación, junto con mi esposa, en eucaristías con la Iglesia Luterana de Suecia, a lo largo de una semana de Pascua (“Una semana ecuménica en Suecia”, Alandar n. 309, 2014).
Como he escrito en mi libro La búsqueda de la armonía en la diversidad. El diálogo ecuménico e interreligioso desde el Concilio Vaticano II (Verbo Divino, Estella 2014), el Concilio Vaticano II representó un importante avance en el diálogo ecuménico e interreligioso en la Iglesia; incluso un salto cualitativo. Pero, a cincuenta años vista, vemos que este avance se nos queda ya claramente corto. El mundo, sobre todo en Occidente, ha ido cambiando de paradigma en los últimos cincuenta años y más; se ha ido imponiendo una sociedad pluricultural y plurirreligiosa. En el diálogo ecuménico entre las distintas iglesias o confesiones cristianas, los católicos hemos ido comprendiendo –al menos algunos, seguramente bastantes…- que ya no se trata solamente de reconocer que los cristianos de las demás confesiones también son “hermanos cristianos”, pero… “separados” (UR 1,3… passim). Mucho hemos caído en la cuenta de que la unidad que buscamos ya no es bajo la autoridad jurídica del obispo de Roma; sin quitarle valor al Primado, el “servicio petrino” que es reconocido como “servicio”, no con un valor jurídico-autoritario. La unidad jurídica es imposible desde hace siglos; el mismo Juan Pablo II reconoció honestamente en algún momento: “Yo [como Papa] sé que soy el mayor obstáculo para el diálogo ecuménico”.
No se trata ya de buscar una uniformidadbajo una única autoridad canónica: el papa y la curia vaticana; sino de buscar la unidad/comunión en la riqueza de la pluralidad y la diferencia. Buscamos alcanzar la sinfonía eclesial, desde la variedad complementaria de iglesias que forman y enriquecen la gran Iglesia; porque no puede haber armonía sinfónica sin los distintos instrumentos y voces diferentes que la componen.
Se trata de reconocer que todos los cristianos bautizados formamos parte de la única Iglesia de seguidores y seguidoras de Jesucristo; y que nuestras diferencias son expresión de una riqueza histórica, existencial, espiritual y teológica que no se debe perder. Estas diferencias, al contrario de lo que se ha dicho muchas veces en la Iglesia católica, no son fruto de avatares perversos que llevaron a divisiones; aunque estas divisiones nos hayan enfrentado muy violentamente en el pasado, y a veces personas y grupos hayan perdido el rumbo en lo esencial. Así, estoy muy de acuerdo con las tesis del teólogo católico francés Christian Duquoc acerca de que la multiplicidad de las Iglesias cristianas es un valor positivo; y en cambio la obsesión por una “ideología de la unidad” manifiesta una “ideología de conquista a partir de un ‘centro’ que se cree factor de unificación”, que, en realidad, es “el efecto de la voluntad hegemónica y del deseo de acentuar la presión del centro para mantener la unidad empírica superando los límites tolerables” (Iglesias Provisionales. Ensayo de Eclesiología ecuménica, Madrid 1986).
Conviene tener en cuenta algo bastante claro que a veces se olvida, y nos recuerda Raimon Panikkar: “la imagen del ‘único pastor y el único rebaño’ del lenguaje cristiano es una imagen escatológica que no se debe aplicar en la historia” (La nueva inocencia, Estella 1993). El “único pastor” no es el Papa de Roma y el “único rebaño” no es el de la Iglesia Católica. Por la contra -como recordó ya hace años ese magnífico teólogo protestante que fue Oscar Cullmann-, si bien no hay unidad posible sin el Espíritu, donde obra el Espíritu hay diversidad, incluso eclesial; por eso, llega a afirmar que “los intentos de uniformidad eclesial son un pecado contra el Espíritu Santo” (L’unité par la diversité, Paris 1986).
Hoy ya no queremos que los hermanos de otras confesiones cristianas sean como nosotros (“católicos-romanos”); sino que lo que deseamos realmente es que vivan libremente, con su particular estilo, el seguimiento de Jesucristo, y que nos ayuden a nosotros a vivirlo con nuestro estilo y tradición. En definitiva, que sepamos caminar juntos siendo hermanos diferentes. Es la búsqueda de la armonía y la comunión en la diversidad. Viendo las cosas así, desaparece el presunto problema que le crea a nuestros jerarcas la intercomunión. Por la contra, sin esta perspectiva creo que ya no se puede hacer un verdadero ecumenismo.
A lo largo de los últimos quince años, me hubiera gustado compartir estas ideas con la comunidades diocesanas, pero, aunque he continuado realizando mi particular camino ecuménico e interreligioso, no ha habido ningún obispo gallego o español que me lo haya pedido; cosa que si ha ocurrido fuera de este país.

¿Ha llegado la intercomunión?

Roma abre la puerta a la intercomunión… pero poco
«De modo excepcional y con ciertas condiciones puede autorizarse e incluso recomendarse» la comunión, el perdón de los pecados o la unción de enfermos, sobre todo en situaciones de «grave necesidad»
Koch: «El compromiso ecuménico del obispo es un deber y una obligación»
Tagle: «Es un llamado a explorar más a fondo el diálogo como un modo de evangelización»
04.12.2020 | Jesús Bastante Aica
Roma abre la puerta a la intercomunión… pero poco. El documento ‘El obispo y la unidad de los cristianos. Vademécum ecuménico’, presentado este viernes en el Vaticano, deja en manos de los obispos discernir el acceso a los sacramentos por parte de cristianos no católicos, pero con unas limitaciones que, en la práctica, dejan las cosas como están.
Así, en su punto 36, el vademécum insiste en que el acceso a los sacramentos «generalmente se limita a quienes están en plena comunión» con la Iglesia católica, aunque «de modo excepcional y con ciertas condiciones puede autorizarse e incluso recomendarse» la comunión, el perdón de los pecados o la unción de enfermos, sobre todo en situaciones de «grave necesidad».
En todo caso, lejos de la propuesta de ‘intercomunión’ formulada desde la Iglesia alemana. Roma no cierra la puerta, pero apenas la deja entornada. Así lo ve, al menos, Félix Neumann, analista jefe en Katholisch.de, quien insiste en que «quien busque declaraciones claras sobre los principales temas del ecumenismo que se están discutiendo en las diócesis de habla alemana buscará en vano».
Amagar sin dar
Así, apunta, en el vademécum «se habla de matrimonios interdenominacionales, pero no de la comunión del cónyuge no confesional. Se habla de la comunión eucarística, pero no del controvertido voto del Grupo de Trabajo Ecuménico de Teólogos Católicos y Protestantes. Se habla de la herencia común de las Sagradas Escrituras, pero no de las perspectivas de una traducción estándar ecuménica en alemán.. En resumen: es un documento de la iglesia universal, no una contribución específica a la situación de ciertas iglesias locales».
El vademécum fue presentado esta mañana en rueda de prensa, y busca, según sus responsables, varios objetivos:
La promoción del ecumenismo en la Iglesia católica, explica lo que es necesario para que la Iglesia católica cumpla con su misión de promover la unidad de los cristianos tanto a nivel diocesano como nacional.
La Iglesia católica en su relación con los otros cristianos, examina cuatro formas en que la Iglesia católica se compromete con las otras comunidades cristianas.
• La primera forma es el “ecumenismo espiritual”, es decir, cómo los obispos pueden guiar a su pueblo, en aras de la unidad de los cristianos, mediante la oración, la conversión y la santidad, destacando en particular la importancia de las Sagradas Escrituras, la “purificación de la memoria” y el «ecumenismo de la sangre».
• La segunda forma es el “diálogo de la caridad” en la que se habla de la «cultura del encuentro» como una forma eficaz para nutrir y profundizar la relación que los cristianos ya comparten a través del bautismo.
• La tercera forma es el “diálogo de la verdad” que se refiere a la búsqueda de la verdad de Dios, que los católicos emprenden junto con otros cristianos mediante el diálogo teológico y por último el “diálogo de la vida” en la que se presentan las oportunidades de intercambio y colaboración con otros cristianos en la atención pastoral («el ecumenismo pastoral»), en el testimonio ante el mundo («el ecumenismo práctico») y a través de la cultura («el ecumenismo cultural»).
• Además, el Vademécum Ecuménico concluye cada una de sus secciones con unas «recomendaciones prácticas» que resumen, de manera sencilla, las tareas e iniciativas que pueden emprenderse a nivel local y regional.

Presentación de los cardenales Koch, Ouellet, Tagle y Sandri
La presentación del documento tuvo lugar esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede y contó con las intervenciones de varios cardenales. El cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales explicó que este vademécum resulta muy útil “para favorecer la experiencia de la vida de comunión entre Oriente y Occidente”, de hecho –dijo– “el Occidente necesita del Oriente para que sea devuelta a la Iglesia de Cristo y al mundo la plena manifestación de la catolicidad eclesial”.
El purpurado argentino señaló que el compromiso ecuménico de los obispos “es un deber y una obligación”, como se desprende claramente del Título 18 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales y detalló que las indicaciones doctrinales y pastorales de este Vademécum “pueden dar a los hombres y mujeres de hoy una ulterior razón sólida para creer y para esperar la gracia de la comunión plena y visible entre las Iglesias de Oriente y Occidente”.
Por su parte, el cardenal Kurt Koch, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos ha destacó que “el obispo no puede considerar la promoción de la unidad de los cristianos simplemente como una de las muchas tareas de su ministerio”, una tarea que podría o debería posponerse a otras prioridades, aparentemente más importantes sino que reiterando lo ya dicho por el cardenal Sandri, asegura que “el compromiso ecuménico del obispo es un deber y una obligación”.
Tres años de trabajo
El cardenal Koch además explicó que el proceso de preparación del Vademécum llevó unos tres años, durante los cuales los funcionarios del Consejo Pontificio prepararon un primer borrador con el asesoramiento de expertos, y luego lo presentaron durante la sesión plenaria del Dicasterio en 2018. Además, las directrices del Vademécum se basan en el Decreto Unitatis redintegratio del Concilio Vaticano II, la encíclica Ut unum sint y dos documentos del Consejo Pontificio, pero – subrayó– “no se trata de repetir estos documentos, sino de proponer una breve síntesis, actualizada y enriquecida por los temas tratados en el curso de los últimos pontificados y adoptando siempre el punto de vista del obispo”.
La presentación también contó con la intervención del cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación de los Obispos, quien destacó que “los obispos son los principales responsables de la unidad de los cristianos no sólo en sus diócesis sino también a nivel universal como miembros del Colegio de los Sucesores de los Apóstoles”. De hecho –señaló– “a todos los obispos se les pide que construyan su comunidad local con una actitud positiva, abierta y fraternal hacia las otras confesiones cristianas, cualesquiera que sean las actitudes contrarias que encontremos, y cualesquiera que sean los fracasos que nos hagan desistir”. “Un católico –prosiguió– no se cansa de dar el primer paso hacia el acercamiento, porque la caridad que lo habita lo obliga a perdonar, a compartir y a perseverar en su compromiso”.
Por último, intervino el cardenal Luis Antonio G. Tagle, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, quien enfatizó algunos aspectos del Vademécum que son relevantes: “En primer lugar –puntualizó– es importante considerar como en algunos lugares los no cristianos no conocen la distinción entre luteranos, presbiterianos, anglicanos, ortodoxos, católicos y demás”. “Pero su mala experiencia con un cristiano –agregó– hiere el rostro de Cristo y de todos los cristianos. Mientras que una buena experiencia con un cristiano lleva a la apertura a Cristo y a la comunidad cristiana”.
Por otro lado, el prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos aseguró que el Vademécum afirma que el compromiso ecuménico del obispo requiere que sea una persona de diálogo: “Para nuestro Dicasterio, esto es un llamado a explorar más a fondo el diálogo como un modo de evangelización. Dado que la Iglesia local es el sujeto de la evangelización, todos los bautizados, agentes pastorales, educadores, catequistas, religiosos y religiosas y los ordenados necesitan formación en el diálogo como modo de evangelización. El obispo debe asegurarse de que haya espacios para el diálogo pastoral y misionero en la diócesis. Debe encontrar un mecanismo por el cual la riqueza de la enseñanza, los acuerdos y las experiencias de la Iglesia en el diálogo ecuménico sea compartida y recibida por los diferentes sectores de los fieles”. Por último, el purpurado filipino recalcó como una amistad entre los obispos y los líderes y miembros de las comunidades no católicas “ayuda a eliminar los prejuicios y a sanar las heridas del pasado”.

Respuesta ecuménica e interreligiosa contra el COVID-19

Las iglesias y religiones de todo el mundo se unen para luchar contra el coronavirus

“Servir a un mundo herido en la solidaridad interreligiosa” ofrece una base cristiana para la solidaridad interreligiosa que puede inspirar y confirmar el impulso de servir a un mundo herido no sólo por COVID-19 sino también por muchas otras heridas

«Hoy en día, necesitamos valores éticos y espirituales universales y compartidos para inyectar una nueva esperanza en el mundo devastado por la pandemia»

27.08.2020 | RD/VN

“Servir a un mundo herido en la solidaridad interreligiosa” tiene como finalidad animar a las iglesias y organizaciones cristianas a reflexionar sobre la importancia de la solidaridad interreligiosa en un mundo herido por la pandemia COVID-19.

El documento ofrece una base cristiana para la solidaridad interreligiosa que puede inspirar y confirmar el impulso de servir a un mundo herido no sólo por COVID-19 sino también por muchas otras heridas.

La publicación también está diseñada para ser útil a los practicantes de otras religiones, que ya han respondido a COVID-19 con pensamientos similares basados en sus propias tradiciones.

Un momento para descubrir nuevas formas de solidaridad

El documento reconoce el contexto actual de la pandemia como un momento para descubrir nuevas formas de solidaridad para repensar el mundo posterior a COVID-19. Compuesto por cinco secciones, el documento reflexiona sobre la naturaleza de una solidaridad sostenida por la esperanza y ofrece una base cristiana para la solidaridad interreligiosa, unos pocos principios clave y un conjunto de recomendaciones sobre la forma en que la reflexión sobre la solidaridad puede traducirse en medidas concretas y creíbles.

El Papa condena la violencia en nombre de la religión

“La esperanza es una característica esencial de todas las religiones. A lo largo de la historia de la humanidad, sabemos que la esperanza religiosa ha inspirado a menudo a los creyentes a preocuparse en el amor y la compasión por aquellos que sufren las tragedias de la condición humana. Hoy en día, necesitamos valores éticos y espirituales universales y compartidos para inyectar una nueva esperanza en el mundo devastado por la pandemia”, afirma el documento.

Respuesta conjunta en un mundo interconectado

El cardenal Miguel Ángel Ayuso Guixot, Presidente del PCID, reflexionó sobre el hecho de que el servicio cristiano y la solidaridad en un mundo herido ha formado parte del programa del PCID/CMI desde el año pasado. La pandemia de COVID-19 impulsó el proyecto a la acción como «una respuesta ecuménica e interreligiosa oportuna», y añadió que «la pandemia ha expuesto las heridas y la fragilidad de nuestro mundo, revelando que nuestras respuestas deben ofrecerse en una solidaridad inclusiva, abierta a los seguidores de otras tradiciones religiosas y a las personas de buena voluntad, dada la preocupación por toda la familia humana».

Fe y diálogo para responder a los desafíos

El secretario general interino del CMI, el Rev. Prof. Dr. Ioan Sauca, reflexionó sobre el hecho de que el diálogo interreligioso es vital para la curación y el cuidado mutuo a nivel mundial. «Frente a la pandemia de COVID-19, la familia humana se enfrenta junta a un llamamiento sin precedentes para protegerse unos a otros y para sanar nuestras comunidades», dijo. «El diálogo interreligioso no sólo ayuda a aclarar los principios de nuestra propia fe y nuestra identidad como cristianos, sino que también abre nuestra comprensión de los desafíos -y las soluciones creativas- que pueden tener otros».

El documento es el último en ser coproducido por el CMI y el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso después de la publicación de «Educación para la Paz en un Mundo Multirreligioso»: Una perspectiva cristiana» en mayo de 2019.

Coronavirus y solidaridad. Recomendaciones

El documento termina con siete recomendaciones:

1.- Encontrar maneras de dar testimonio del sufrimiento, llamar la atención sobre él y desafiar a cualquier fuerza que pretenda silenciar o excluir la voz de los heridos y vulnerables entre nosotros, haciendo responsables a las personas y estructuras que están detrás de este sufrimiento

2.- Promover la cultura de la inclusión;

3.- Alimentar la solidaridad a través de la espiritualidad.

4.- Ampliar la formación del clero, agentes de pastoral y los fieles en la importancia de la cooperación con otros;

5.- Comprometer y apoyar a la gente joven;

6.- Crear espacios para el diálogo;

7.- Reestructurar proyectos y procesos que permitan la solidaridad interreligiosa

 

El Vaticano se plantea revocar la excomunión a Lutero

El Vaticano se plantea, medio milenio después, revocar la excomunión a Lutero

Lutero quema la bula papal

  • El 3 de enero de 1521, León X excomulgaba a Martín Lutero mediante la bula Decet Romanum Pontificem. Un texto al que el agustino alemán respondería tildando al Papa de Anticristo

Un grupo de teólogos se han dirigido a Roma y a la Federación Luterana Mundial para pedir una declaración formal que acabe con 500 años de mutuas condenas e incomprensiones

Allá donde estén Lutero y León X (o Adriano VI, o Carlos V, o Federico de Sajonia, o tantos que tuvieron mucho que decir en aquellos tiempos), lo cierto es que los creyentes en la fe de Jesucristo estamos cada vez más cerca

08.06.2020 Jesús Bastante

El 3 de enero de 1521, León X excomulgaba a Martín Lutero mediante la bula Decet Romanum Pontificem. Un texto al que el agustino alemán respondería tildando al Papa de Anticristo. Medio milenio después, y aunque una excomunión sólo puede levantarse en vida, Francisco podría estar planteándose revocar el castigo eterno para Lutero, a quien ya ha reconocido en numerosas ocasiones como «un reformador» que quiso cambiar la Iglesia, pero no destruirla.

La decisión supondría un gesto histórico para el ecumenismo, y un aldabonazo a las conciencias de los creyentes de todo el mundo. Un ‘Sí se puede’ entre los seguidores de Jesús. Así lo ha solicitado el «Grupo de discusión ecuménica de Altenberg» el día de Pentecostés. El colectivo de teólogos y teólogas ecuménico también se han dirigido a la Federación Luterana Mundial para que retire la declaración de ‘Anticristo’ de Lutero al pontífice que lo excomulgó. Seguir leyendo