La derrota de EE.UU. en Afganistán

Repercusiones regionales y globales de la derrota de Estados Unidos en Afganistán

No hubo ofensiva “rápida”: un mes antes de ocupar Kabul los talibanes ya controlaban el 85 por ciento del territorio y establecían compromisos con dos de las potencias del Consejo de Seguridad de la ONU.

La llegada al poder de los talibán en Afganistán no solo marca la derrota de Estados Unidos en la guerra más larga de su historia. Más importante aún, pone formal colofón al intento estadounidense de implantar un sistema internacional unipolar tras los atentados terroristas en ese país el 11 de septiembre de 2001.

Este hecho motivó que la administración estadounidense declarara la guerra al terrorismo y a todos los países que protegieran a terroristas, en lo que denominó “Operación Libertad Duradera”, señalando a Osama Bin Laden como el principal sospechoso de los ataques y al gobierno talibán de Afganistán como su protector. Tal decisión estableció el riesgo de que la agresión de Estados Unidos pudiera extenderse (como efectivamente ocurrió) a otros países de Asia Central, Asia Occidental e incluso el norte de África, utilizando el subterfugio del “terrorismo islámico” como instrumento.

Tal decisión condujo a trascendentes cambios en el sistema internacional. En el trasfondo Washington trataba de definir a su favor la disyuntiva entre un mundo multipolar y uno unipolar que se resolvió a favor de este último. Estados Unidos emergió como única potencia mundial con el apoyo de todos para luchar contra el nuevo “comunismo” -ahora denominado “terrorismo”-. Las declaraciones de Bush del 11 y 12 de septiembre de 2001 y sobre todo la del día 20 de septiembre de ese año son -al igual que la Declaración Monroe y el Destino Manifiesto del siglo XIX y las 14 medidas de Wilson en el XX- el elemento ordenador y de principios de la política exterior de Estados Unidos para el siglo actual.

Lo que podríamos denominar como la Doctrina Bush en materia de política exterior de Estados Unidos, se caracterizó entre otras cosas por las siguientes definiciones: la utilización de cualquier arma de guerra que sea necesaria; la prolongación en el tiempo de las operaciones militares; la obligación de los países de asumir una postura ante la decisión de Estados Unidos que no dejaba espacios a posiciones alternativas: “Cualquier nación, en cualquier lugar, tiene ahora que tomar una decisión: o están con nosotros o están con el terrorismo” dijo Bush. Era la definición de un mundo falsamente bipolar. Los nuevos polos serían Estados Unidos y el terrorismo. Ante la imposibilidad de estar con el terrorismo lo que hizo fue imponer por primera vez en la historia un mundo unipolar.

Así mismo, la Doctrina Bush se caracterizó por la exacerbación de sentimientos nacionalistas y militaristas y por el involucramiento de todos los países y pueblos en el conflicto al afirmar que “Esta es una lucha de todo el mundo, esta es una lucha de la civilización”. Igualmente, había que aceptar que, en el marco de un mundo unipolar, Estados Unidos era el líder indiscutible: “Los logros de nuestros tiempos y la esperanza de todos los tiempos dependen de nosotros” dijo Bush. Finalmente, la necesaria inspiración divina encarnada también por Estados Unidos: “No sabemos cuál va a ser el derrotero de este conflicto, pero sí cuál va a ser el desenlace […] Y sabemos que Dios no es neutral”.

Este nuevo paradigma hizo que la agenda política internacional sufriera un cambio radical puesto que la atención de las naciones se centró primero en las manifestaciones de apoyo y solidaridad con el gobierno estadounidense y en secundar su propuesta de conformar una coalición para enfrentar al terrorismo; sin embargo, a posteriori la atención giró en torno a la seguridad nacional.

Esto es lo que se ha desvanecido abruptamente el pasado 15 de agosto cuando los talibán entraron en Kabul. Mucho se podría hablar de lo que ha ocurrido en los últimos 20 años. Ríos de tinta se han vertido buscando explicación a los hechos vertiginosos que comenzaron el 6 de agosto con la captura de la ciudad de Zaranj, capital de la provincia de Nimroz en el suroeste del país, junto a la frontera con Irán, primera capital provincial que los talibán ocuparon en su indetenible marcha hacia Kabul, conquistada el domingo ante el estupor de las fuerzas de ocupación y los gobiernos occidentales.

De alguna manera, la victoria talibán también es un duro golpe a la doctrina de pivote asiático de Obama quien en 2011 declaró que Estados Unidos sería una potencia en los océanos Índico y Pacífico, a partir de lo cual ha hecho gigantescos esfuerzos – sin mucho éxito- para construir un bloque de países asiáticos contra China.

Han pasado muy pocos días para intentar hacer un trazado cierto de los escenarios que pudieran sobrevenir en Afganistán en sus futuros inmediato y ulterior. En gran medida, dependerá del comportamiento de la dirigencia talibán en el sentido de dar pruebas o no de un cambio respecto de su actuar cuando fueron gobierno entre 1996 y 2001. Aunque resulte paradójico, es más viable evaluar el impacto de los hechos ocurridos en una perspectiva regional y global.

En general, el dispositivo militar estadounidense en Asia Central, Asia Occidental y el norte de África ha sufrido un golpe mortal y deberá recomponerse a partir de nuevos criterios, buscando nuevos enemigos y estableciendo alianzas de nuevo tipo. El territorio al que arribaron con total impunidad en el año 2001, y su entorno, ahora tienen una configuración política y geoestratégica totalmente distinta.

Esta aseveración viene dada, sobre todo, por la existencia de una Rusia fuerte y actuante en el escenario regional, muy diferente al país enclenque cuya conducción era recién asumida por Vladimir Putin después de la desastrosa y entreguista gestión de Boris Yeltsin. Así mismo China, la otra gran potencia regional, ya no es aquel país marginal que luchaba por su sobrevivencia económica y por ganarse un puesto real entre los grandes poderes del planeta.

Precisamente cuatro meses antes de la invasión estadounidense en junio de 2001, con visión futurista, ambos países junto a Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán crearon la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) como instrumento conjunto para garantizar la seguridad regional, ante las amenazas de terrorismoseparatismo y extremismo. Con posterioridad, se incorporaron a la OCS Uzbekistán, India y Pakistán como miembros plenos y el propio Afganistán, Bielorrusia, Irán y Mongolia como observadores, de manera tal que el entorno regional de Afganistán está integrado bajo una lógica de seguridad que apenas daba sus primeros pasos cuando el presidente George W. Bush lanzó la operación “Libertad duradera” el 7 de octubre de 2001.

En el ámbito regional, los acontecimientos en Afganistán hacen muy difícil suponer que Estados Unidos logre sostener por mucho más tiempo su presencia en Irak y Siria. Así mismo, la guerra que sostiene su aliado Arabia Saudí en contra de Yemen pareciera tener los días contados. Igualmente, al estar Europa vinculada a través de la OTAN a los planes de guerra de Estados Unidos en todo el mundo, se verá obligada a reconfigurar su lógica bélica injerencista en África, en particular en Libia y Asia Occidental. Por supuesto, las causas palestinas y saharaui en contra de la ocupación israelí y marroquí respectivamente, cobrarán nuevos bríos.

En el contexto asiático, donde la integración económica, financiera y comercial se constituye en la más dinámica, efectiva y la que más crece en el planeta, difícilmente tendrá éxito la política estadounidense de aislar a China. Los países del sureste y del centro de Asia no van a arriesgar las trascendentes relaciones que han establecido con la mayor potencia regional, solo para dar felicidad a los inquilinos de la Casa Blanca. En este sentido lo más probable es que, ahora liberado de la tutela de Estados Unidos que lo impedía, Afganistán se sume a sus vecinos estableciendo vínculos de primer orden con China, Rusia e Irán.

En este sentido, y en lo que pudiera ser una orientación general que podría asumir el nuevo gobierno en materia de política exterior, cuando ya vislumbraban el fin de las operaciones que los llevaron a la captura del poder se apresuraron a visitar Rusia el 9 de julio y China el 27. En Moscú anunciaron que el 85% del territorio del país estaba bajo su control, lo que generó incredulidad entre las autoridades y la opinión pública de Occidente. Ahora los que quieren buscar explicación acerca de la “acelerada” ofensiva que los llevó a Kabul, podrán darse cuenta que no fue tan acelerada. Nótese: más de un mes antes del desenlace ya tenían ocupado el 85% del país.

Es la razón de que Rusia tampoco esté sorprendida por los hechos recientes. Nadie ha visto diplomáticos rusos rescatados en helicópteros ni colaboradores de la embajada colgados del tren de aterrizaje de los aviones. Dos días antes de la llegada de los talibán a Moscú, el canciller Serguei Lavrov, de visita en Laos, afirmó que su país estaba “observando de cerca lo que está sucediendo en Afganistán, donde la difícil situación tiende a deteriorarse rápidamente, incluso en el contexto de la salida apresurada de las tropas estadounidenses y de la OTAN”. Esto dicho más de un mes antes de la llegada de los talibán a Kabul. A continuación, Lavrov dio la explicación más certera de la causa de los hechos que habrían de sobrevenir: “No pudieron lograr resultados visibles a la hora de estabilizar la situación durante las décadas que pasaron allí”.

En China, dos semanas después, los talibán se reunieron con el canciller Wang Yi a quien dieron garantías de que a su llegada al poder deseaban “tener buenas relaciones con China con la expectativa de su participación en el proceso de reconstrucción y desarrollo de Afganistán” asegurando que no permitirían que “ninguna fuerza use el suelo de Afganistán para dañar a China”. Vale repetirlo, para los que se sorprenden de la “rápida” ofensiva talibán, deben saber que un mes antes de ocupar el palacio presidencial de Kabul ya estaban haciendo compromisos de Estado con dos de las potencias integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU, casualmente las dos que tienen presencia regional directa en el área.

Es verdad que ahora China podría tener preocupaciones porque una situación de inestabilidad en Afganistán pueda extenderse a Xinjiang y generar dificultades en las inversiones relacionadas con la Ruta de la Seda, pero en las condiciones actuales lo cierto es que la única fuente de inversión y comercio que pueda tener el gobierno talibán para el desarrollo de su país está vinculada a su incorporación plena a dicho magno proyecto.

En el debate sobre los escenarios probables, no se puede obviar que la huida estadounidense de Afganistán pudiera dar paso a un mayor protagonismo de sus agencias de inteligencia a fin de estimular a fuerzas terroristas que aún subsisten en el país, con el objetivo de que operen contra Irán, China y Rusia. Pero, vale reiterarlo, los talibán necesitan reconstruir el país y el apoyo económico de China es invaluable, sobre todo ahora que –como ya es tradicional- Estados Unidos anunció la apropiación de las reservas de oro de Afganistán que están bajo su control. Habría que agregar que Occidente y las instituciones financieras bajo su control ya informaron de la cancelación de todo tipo de ayuda para el país centroasiático.

En el contexto, el vocero de la cancillería china Hua Chunying afirmó el lunes 16 que su país “respeta los deseos y decisiones del pueblo afgano” y que esperaba que tal como lo han dicho los talibán, hagan una transición bajo un “gobierno islámico abierto e inclusivo”. El funcionario chino agregó que sería deseable que el nuevo gobierno tome “medidas enérgicas contra todo tipo de actividades terroristas y criminales y permita que el pueblo afgano se mantenga alejado de la guerra y reconstruya su hermosa patria”. Para los que no sepan cómo se maneja una diplomacia con seriedad, Hua hizo saber que “China mantuvo contacto y comunicación con los talibán respetando la soberanía del país.”

Una situación muy distinta es la que muestra Europa. Su decisión de actuar como “furgón de cola” de la política guerrerista de Estados Unidos en el mundo los ha llevado a la vergüenza y al ridículo. Podría ser este hecho el detonante de una crisis de identidad en torno a la necesidad de tener política propia en materia internacional y de seguridad.

Nadie lo ha dicho más claro y contundente que las autoridades alemanas. Sin paliativos, la canciller federal Ángela Merkel reconoció su propio fracaso, al mismo tiempo que sin sufrir bochorno alguno dio cuenta de la subordinación de Alemania y Europa a Estados Unidos al afirmar que: “Siempre dijimos que nos quedaríamos si los estadounidenses se quedaban” y puntualizó que la decisión de abandonar Afganistán fue “esencialmente tomada por Estados Unidos” considerando que se debió a “razones de política interna”. Muy tarde descubrió Merkel que “las fuerzas armadas afganas no estaban atadas al pueblo [y que] no funcionó como pensábamos”. Sabiendo que abandona el cargo y se retira de la política no tuvo contratiempos para afirmar que la intervención internacional más allá de las operaciones antiterroristas ha sido “un esfuerzo sin éxito”.

Su ministro de relaciones exteriores Heiko Mass fue incluso más preciso, al asegurar que “el gobierno federal, los servicios de inteligencia y la comunidad internacional habíamos juzgado mal la situación en Afganistán”. Por supuesto, cuando habla de comunidad internacional se refiere a la OTAN y sus aliados. Sin mucho sentido del momento, afirmó con amargura que “sin las fuerzas estadounidenses y sin un compromiso más amplio de la OTAN, el despliegue del ejército alemán no tenía mucho sentido”.

Mucho más vergonzoso es el papel jugado por los que solo acuden al llamado para ganar indulgencias del hegemón. En este sentido, el caso de España es patético. En una editorial del diario El País de Madrid del pasado lunes 17 de agosto se expone una queja al referir que los hechos no habían ocurrido como se habían previsto y que le corresponde a Estados Unidos “explicar qué y por qué”, para terminar gimoteando sin sonrojo porque el desastre que ha sobrevenido en Kabul no solo ha puesto en peligro a los soldados estadounidenses: “España tiene que improvisar en horas una repatriación de medio millar de personas”. Es decir, ni siquiera les avisaron que se iban y los dejaron a su libre albedrío después de ser usados como carne de cañón durante 20 años. Así tratan los amos a los esclavos complacientes.

En el plano interno de Estados Unidos, la popularidad de Biden ha llegado al punto más bajo desde el inicio de su mandato, cayendo a menos del 50%. Aunque debe decirse que se vio obligado a hacer lo que sus antecesores no tuvieron el valor político de asumir, es claro que su política está ausente de visión estratégica, lo cual augura un avance más rápido de la decadencia imperial. Su economía no mejora y esta decisión -encaminada a eliminar un gasto innecesario en su presupuesto- es solo un paño tibio para tratar de curar la gangrena política, económica, militar y moral que aqueja al imperio

El atentado del 11-Sep en Nueva York

¿Qué queda del 11 de septiembre de 2001? 

  • Tributo luminoso Torres gemelas 

“¿Qué queda veinte años después del atentado más sangriento de la historia? En primer lugar, una inmensa sensación de pérdida. Fue un ataque a los Estados Unidos, pero al mismo tiempo a toda la humanidad” 

“Un amargo legado del 11 de septiembre de 2001, y esto a nivel mundial, es la sensación de inseguridad y miedo. En este periodo de veinte años, han crecido los movimientos xenófobos y antimigratorios” 

“Por desgracia, como se ha puesto de manifiesto en Afganistán, Estados Unidos y Occidente no han ofrecido una estrategia a la altura del desafío colosal que plantean los ideólogos del terrorismo global” 

“Aún recordamos el lema ‘Unidos permanecemos en pie’, en la respuesta espontánea de los neoyorquinos al horror vivido el 11 de septiembre” 

“Es una estrategia que requiere previsión, valor y paciencia en la convicción… Como subrayó Juan Pablo II: el mal y la muerte no tienen la última palabra” 
 

11.09.2021 | Alessandro Gisotti 

¿Qué queda veinte años después del atentado más sangriento de la historia? En primer lugar, una inmensa sensación de pérdida. En aquellas terribles horas del 11 de septiembre de 2001, se truncó la vida de tres mil personas. Madres, padres, hijos y amigos fueron arrancados para siempre del abrazo de sus seres queridos. Vidas destrozadas por una locura asesina que hizo realidad algo hasta entonces inimaginable: convertir los aviones en misiles para sembrar la muerte y la destrucción. 

En los veinte años transcurridos desde aquella trágica mañana en la costa este de Estados Unidos, los jóvenes han crecido huérfanos y los padres siguen llorando a sus hijos que nunca volvieron a casa. Al repasar los nombres de las víctimas, lo que llama la atención, hoy como entonces, son las más de 70 nacionalidades a las que pertenecían

Fue un ataque, pues, a los Estados Unidos, pero al mismo tiempo al mundo, a toda la humanidad. Así se sintió en aquellas agitadas horas y quizás aún más en los días siguientes, a medida que la inmensa magnitud de la tragedia se hacía más evidente.  

Never Forget, “Nunca olvidar” es la admonición que destaca hoy en el Memorial de la Zona Cero. Dos palabras que se han repetido innumerables veces en los últimos veinte años para subrayar que la memoria no puede, no debe fallar cuando el dolor es tan grande. 

Lo que también queda indeleble de ese día es el sentido del sacrificio, el testimonio de quienes dieron sus vidas para salvar las de otros. Impresiona pensar que una décima parte de las víctimas del 11 de septiembre fueron bomberos

En Nueva York, toda una generación de bomberos murió ese día. Encontraron la muerte salvando vidas. Subieron las escaleras de las Torres Gemelas mientras la gente bajaba desesperada. Sabían en lo que se metían, subiendo aquellas escaleras llenas de escombros y envueltas en humo, pero no se detuvieron. Sabían que solo su valor, solo su sacrificio podía salvar a los atrapados en los rascacielos destrozados por los aviones. Si la ya trágica cifra de muertos no adquirió una dimensión aún más catastrófica, fue gracias a ellos, a esos bomberos y otros rescatistas que encarnaron el poder del bien frente al mal desatado. 

Un amargo legado del 11 de septiembre de 2001, y esto a nivel mundial, es la sensación de inseguridad y miedo con la que ahora estamos de alguna manera acostumbrados a vivir. A partir de ese día, tomar un avión ya no es “algo normal”. Por otra parte, los atentados terroristas de origen islamista, que siguieron al terrible de 2001 de Al Qaeda, han dado fuerza a los teóricos del “choque de civilizaciones”. 

En este periodo de veinte años, han crecido los movimientos xenófobos y antimigratorios, efecto colateral de una inestabilidad que estaba precisamente entre los objetivos de quienes llevaron el ataque al corazón de Estados Unidos. Por desgracia, como se ha puesto trágicamente de manifiesto en las últimas semanas en Afganistán, Estados Unidos y Occidente no han ofrecido una estrategia a la altura del desafío colosal que plantean los ideólogos del terrorismo global. 

Veinte años después de aquel 11 de septiembre, los talibanes -que habían dado refugio a Osama Bin Laden- vuelven a estar en el poder en Kabul y el Estado Islámico ha vuelto a golpear con un remake oscuro y, en muchos sentidos, surrealista. Por lo tanto, hoy hay muchos más interrogantes que nudos resueltos sobre el futuro, mientras que los costos de la reacción a esos terroríficos atentados, sobre todo en vidas humanas, son muy elevados. 

¿Qué queda del 11 de septiembre? Veinte años después, aún recordamos el lema United We Stand, “Unidos permanecemos en pie”, que se convirtió, también visualmente a través de banderas y carteles izados en las calles de Manhattan, en larespuesta espontánea de los neoyorquinos al horror vivido el 11 de septiembre

Con los años, ese lema ha adquirido un significado cada vez más amplio y profundo. Permanecer juntos a pesar de los intentos de “derribar” nuestra humanidad común. Hoy, esa llamada a la unidad, a la “fraternidad humana”-como nos recuerda incansablemente el Papa Francisco– se convierte en la única “estrategia” ganadora

Es una estrategia que requiere previsión, valor y paciencia en la convicción, como subrayó Juan Pablo II inmediatamente después de los atentados, de que “aunque el poder de las tinieblas parezca prevalecer, el creyente sabe que el mal y la muerte no tienen la última palabra” 

Cuatro claves para entender Afganistán

 Jaume Flaquer

 Los talibanes se han vuelto a hacer con el poder que perdieron después de la invasión norteamericana apoyada por la OTAN en 2001. En muy pocos días una ciudad tras otra ha ido entregando el poder sin oponer resistencia. La falta de defensa de los 300.000 soldados afganos es una muestra patente del fracaso de la misión occidental y del estado de desmoralización del país viéndose derrotados de antemano. Al anunciar ahora Estados Unidos el abandono total del país, que Trump había negociado con los talibanes, el Estado afgano ha tirado la toalla.

Lo que Occidente debería aprender es semejante a lo que hemos visto en Libia y en Irak: es fácil invadir un país si se tiene fuerza militar, pero puede ser imposible reconstruirlo. No importa que se mienta para derrocar a Sadam Hussein, se aproveche la primavera árabe para suprimir al extravagante y odiado Gadafi, se quiera perseguir a terroristas en Afganistán o se intente proteger a sus mujeres. Los tiempos de los pueblos no son los tiempos de las grandes potencias ni de nuestros mejores deseos. Propongo cuatro claves que nos ayuden a entender la situación:

  1. Clave política

El país ha sufrido un serio problema de gobernanza y de legitimidad, acusado de absoluta incompetencia y endémica corrupción: ¿cómo va a querer alguien dar la vida por un sistema que no funciona? El funcionamiento tribal de algunas etnias, el fundamentalismo islámico antidemocrático talibán, la falta de formación de muchos afganos y la persistencia incluso de formas nómadas de vida hacen casi imposible (¿y deseable?) construir unas estructuras estatales de tipo occidental.

  • Clave étnica

El país es un verdadero puzle. Aunque no existen en el país más conflictos étnicos que en el vecino Pakistán, sí contribuye poderosamente a dificultar la cohesión del país. La mayoría de la población pertenece a los pastunes (un 40%), presentes especialmente en el sur y el este del país, pero raramente han estado unidos políticamente. Están divididos en diversas confederaciones y tribus a menudo enfrentadas. Los talibanes pertenecen mayoritariamente a los ghilani y el primer presidente tras la invasión americana a los durrani. En cualquier caso, la voluntad de dominio de los pastunes sobre todo el país se basa en que se consideran los verdaderos afganos autóctonos.

Los tayikos, de origen persa, son el 30% del país, y viven especialmente en el nordeste y el oeste del país. Fueron esenciales en la lucha contra los talibanes. Los hazaras del centro del país, un 15%, conservan algunos rasgos mongoles de su origen mestizo, y tienen una estructura social jerarquizada con rasgos feudales.

Además, existe un cierto número de etnias turcas (12%) (los uzbecos, los turkmenos, kirguizos, kazajos y aimaqs), una región, Nuristán, que no fue islamizada hasta el s.XIX, y algunas minorías nómadas o seminómadas, como los beluchis, los brahuis, y los koochis.

  • Clave religiosa

La práctica totalidad del país es musulmana, aunque con interpretaciones diferentes. El chiismo, que es muy minoritario, lo encontramos entre los hazaras. Su confesión islámica distinta de la sunita les ha enfrentado a menudo a los pastunes y a los tayikos.

Aunque la escuela de interpretación islámica sunita mayoritaria del país es la más tolerante, la hanafi, la etnia pastún ha sufrido una intensa influencia del wahabismo saudí, creando el movimiento talibán (surgido de escuelas coránicas) y permitiendo el nacimiento de al-Qaeda.

La aparición del Estado Islámico también en la región y su enfrentamiento con al-Qaeda ha “moderado” tal vez a esta. Los pastunes se rigen por un código moral propio muy estricto, el pastunwali que, aunque no es incompatible con la Ley islámica no se identifica exactamente. El neuroticismo purificador del Estado islámico denunciando la mezcla de costumbres tradicionales de los pastunes y la táctica pactista del al-Qaeda afgano con corrientes islámicas más moderadas (como los hanafíes) para unir a los musulmanes frente a Occidente, ha distanciado a al-Qaeda del Estado Islámico, y, por comparación, al-Qaeda y los propios talibanes han quedado situados “más al centro”. Al ser vistos como más moderados, han conseguido pactar más fácilmente con todos los decepcionados con el sistema político afgano derrotado. Ahora que han llegado al poder deberán demostrar que no son los que gobernaron entre 1996 y 2001. Sabemos que su voluntad de pactar con interpretaciones islámicas más moderadas a las suyas tenía como objetivo principal expulsar a los occidentales del país, pero ahora está por ver de qué manera tolerarán las visiones más moderadas de la religión.

  • Clave internacional

No cabe duda de que la intervención internacional ha sido también decisiva en este conflicto. Los grandes imperios modernos que la han intentado dominar, han fracasado: el colonialismo británico del s. XIX, la invasión soviética (1979 al 1989) y ahora el dominio de Estados Unidos (2001-2021). La voluntad de este último de evitar la expansión soviética por Asia armó a los talibanes, y permitió la creación de al-Qaeda. La ideología islámica radical de unos se unió al dinero y armas de los otros: los combatientes contra los soviéticos iban a volverse ahora contra Occidente. El resto, lo conocemos: atentados del 11-S (2001) e invasión norteamericana para deponer a los talibanes que se negaron a entregar a Bin Laden.

Pakistán tiene una larga frontera común con Afganistán, precisamente en las zonas de dominio pastún. De hecho, un 15% de los pakistaníes son de esta etnia, lo que hace de Pakistán un interesado y un aliado del movimiento talibán, de mayoría pastún. Este acercamiento, contradice la tradición pakistaní de alianza con Estados Unidos. De hecho, una encuesta de 2012 en el país por Pew Research Center hizo patente la animadversión de este país por Estados Unidos: un 74% lo consideraban un enemigo, por estar utilizando su país para atacar a los talibanes. Estos, además, ayudan a Pakistán a mantener una posición de fuerza en Cachemira, la región de la India de mayoría musulmana que reclama Pakistán. Por ello, la India se ha significado contra los talibanes ayudando al gobierno afgano depuesto. Estados Unidos, por su parte, está escogiendo a la India como gran aliado regional frente a las ambigüedades de Pakistán.

Irán, está por una parte, interesada en la expulsión de los Estados Unidos, pero por otra parte defiende a la minoría chiíta, busca impedir la propagación del salafismo saudí entre los talibanes y está interesada en la estabilidad del país por la entrada masiva de refugiados afganos en Irán. Ya cuenta con un millón de ellos. Busca, pues, un imposible: expulsar a Estados Unidos y evitar la influencia saudí de los talibanes al mismo tiempo. De hecho, los únicos tres países que reconocieron al gobierno talibán antes de la invasión americana fueron Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Pakistán. Por otra parte, los talibanes han creado en Qatar su centro de negociación política.

Turquía se alza como mediador entre los talibanes y el mundo occidental al pertenecer a la OTAN y haberse quedado para proteger el aeropuerto. Vuelve a ser además esencial para evitar la entrada masiva de nuevos refugiados de esta región en Europa. Jugando un papel clave en Afganistán y Pakistán, Erdogan puede hacerse perdonar el alejamiento de la OTAN y de Occidente de estos últimos años.

Finalmente, tenemos un nuevo actor que se mantiene discreto: China. Desde hace unos meses ya daba por descontada la victoria talibán, y ya ha mantenido algunas negociaciones. La retirada estadounidense le permite explorar una cooperación para beneficiarse de la extracción de las tierras raras presente en el país y del gas que produce. China proyecta extender su dominio económico hacia Asia sin inmiscuirse en las políticas contrarias a los Derechos Humanos de estos países. Sin embargo, China vigila muy de cerca la posible defensa, por parte de los talibanes, de la minoría musulmana uigur.

En resumen, el panorama futuro es el deslizamiento del país desde el dominio occidental de la OTAN a una influencia de los países enfrentados a Estados Unidos: China, Irán y Rusia. Pakistán y Arabia Saudí reconocerán inmediatamente al nuevo gobierno, y Turquía se ofrecerá de mediador.

El bloque occidental abandona Afganistán después de haber constatado su completo fracaso. La caída inmediata del sistema tras la retirada es la prueba más clara de ello. El gasto militar español después de los 10 primeros años de guerra ya sumaba 3000 millones de euros. Ahora, después de veinte años, Estados Unidos ha dilapidado 1000 millones de dólares de manera directa que llegan a 2 trillones contando todas las partidas. ¿Cuántas cosas podrían haberse hecho en favor de los afganos con ese dinero?

Afganistán, un país en la encrucijada

Afganistán, un país en una encrucijada geoestratégica

El regreso al poder de los talibanes ha marcado el fin de 20 años de presencia de EE UU y sus aliados. La intervención extranjera no logró acabar con el conflicto de un Estado clave en una región donde convergen los intereses de Occidente y otras potencias como China, Rusia, Pakistán, India e Irán

La frontera de Afganistán con Pakistán (conocida como Línea Durand, creada a finales del siglo XIX para delimitar intereses británicos y rusos en la zona) es muy montañosa: allí se encuentra el macizo de Hindu Kush, que va desde el centro afgano hasta el noroeste paquistaní. El pico más alto es el Noshaq, con 7.492 metros sobre el nivel del mar.https://4e0d2c49413f72d37fbc4c4894419c53.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.html

Multitud de ríos nacen en estas montañas y llegan a los países limítrofes, abasteciéndolos de agua. La mayor parte de la población afgana vive en torno a Kabul y el río que llega a esta ciudad. La población rural representa casi el 75% del total. El resto de la orografía del país presenta valles y amplios desiertos.

Una población muy joven

En Afganistán hay 38,9 millones de habitantes (2020, Banco Mundial). Por sexo, las cifras son parecidas: los hombres son el 51,3% del total, y las mujeres el 48,7%. La tasa de natalidad media es de cinco hijos por mujer.Mapa de la división étnica

Afganistán es un gran mosaico de etnias. La mayoritaria es la pastún, a la que pertenece el 42% de la población. Los talibanes son mayoritariamente de esta etnia, al igual que otras figuras como el ya expresidente Ashraf Ghani, que huyó a Emiratos Árabes Unidos el día que los fundamentalistas entraron en Kabul.Mapa étnico

Los pastunes se extienden por buena parte del país, y especialmente al sur y sureste. Más allá de Afganistán, esta etnia también se encuentra muy enraizada en Pakistán, país vecino al que ya en la década de los noventa se acusó en varias ocasiones de prestar apoyo logístico a los talibanes, además de uno de los pocos países que reconocieron la anterior dictadura de los radicales (1996-2001) como legítima.

Durante décadas, la violencia étnica ha estado presente en el país. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas recibió denuncias en los noventa sobre crímenes de guerra cometidos por los talibanes contra tayikos, uzbekos, hazaras y otras minorías.

El cultivo de opio, principal fuente de ingresos

Afganistán produce el 70% (unas 3.300 toneladas al año) del total mundial de opio (Informe Mundial sobre las Drogas, UNODC 2016). Para gran parte de su población agrícola, el cultivo de opio supone la única fuente de ingresos.

Según Naciones Unidas, en 2020 los talibanes obtuvieron 393 millones de euros de la comercialización del opio.

La minería, una industria pujante

Se estima que hay 1.400 tipos de minerales en Afganistán, entre ellos hierro, cobre, litio, cobalto y tierras raras. El litio, usado para fabricar las baterías de móviles y ordenadores tiene una altísima demanda. Las tierras raras son un grupo de elementos químicos usados en la fabricación de productos tecnológicos y armamento.

Un informe del Gobierno afgano en 2017 calculaba que la riqueza mineral del país es de unos tres billones de dólares.

Las reservas minerales, no explotadas en los últimos años, suponen un gran atractivo para el resto de países; principalmente China, Rusia y Pakistán negocian con Afganistán para obtener mejores condiciones en el acceso a estas materias primas.

Pobreza y empleo

Afganistán es uno de los países más pobres del mundo: el 47% de su población vive en situación de pobreza y el 30% sufre hambre.https://datawrapper.dwcdn.net/Ap6VQ/1/

La tasa de desempleo está en torno al 60% de la población activa. El sueldo mensual medio es de 17.600 afganis (unos 185 euros). Las mujeres son las que se llevan la peor parte. Su participación en la toma de decisiones es limitada y el acceso al mercado laboral ínfimo.https://datawrapper.dwcdn.net/i4Y8B/1/

El drama humano

El avance y la toma de Afganistán por parte de los talibanes ha disparado el número de desplazados internos en el país; así lo refleja el informe de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) publicado el 16 de agosto. Desde principios de año, 550.780 personas se han visto obligadas a abandonar su hogar en Afganistán debido al avance de los fundamentalistas; el 60% de los afectados son niñas y niños menores, según el organismo. Desde 2012, 3.795.750 personas han sufrido esta situación.

Desplazados y refugiados afganos

Alrededor del 90% de los refugiados afganos en el mundo se encuentran repartidos entre Irán y Pakistán. Entre el 1 de enero de 2021 y el 16 de agosto, el número de desplazados internos aumentó en 550.780, coincidiendo con el avance talibán.

Los refugiados y demandantes de asilo afganos en otros países ascendían, a 31 de diciembre de 2020, a 2,2 millones aproximadamente, según ACNUR. Sin embargo, la gran mayoría de ellos se encuentra en países vecinos. El 90% se concentran en Pakistán (1.448.100) e Irán (780.000).

Europa, por tanto, no ha sido el destino donde más afganos han llegado en busca de asilo a lo largo de los años. En 2020, de las 472.000 solicitudes recibidas, 44.200 fueron de personas con origen en Afganistán (10,6%) según la Comisión Europea. En cuanto a las llegadas irregulares de migrantes a las fronteras comunitarias, en 2020 se registraron 125.100 cruces, de los que 10.133 (8,1%) tuvieron su origen en el país asiático.

Fuentes: Universidad Tufts (Massachusetts), Visual CapitalistThe New York TimesAl Jazeera, OCHA, ACNUR, Afghanistan Open Data, Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Afganistán: geopolítica versus DD.HH.

Afganistán: geopolítica versus Derechos Humanos

Se está consumando el enésimo episodio vergonzante por parte de la, cada vez con menos propiedad, denominada comunidad internacional. Porque de igualdad de sus miembros en lo que respecta a derechos y obligaciones ejercidos y defendidos en igualdad va quedando poco. El ejercicio de autocomplacencia de la Unión Europea y de Estados Unidos respecto al papel que se está jugando en esta precipitada retirada de Afganistán resulta, cuando menos, sonrojante. Las escenas que se están transmitiendo casi en ‘streaming’ de la huida despavorida de la población civil afgana nos remite, por desgracia, a otros conflictos pasados (antigua Yugoslavia) o en curso (Siria; si, aún en curso aunque nos hayamos olvidado) Episodios como el de Sebrenica en Bosnia-Herzegovina cobran vida en estos días. No solo por lo que vemos en el aeropuerto de Kabul sino, ojalá nos equivoquemos, por lo que se nos antoja presumible en el momento en el que –a partir del día 31 de agosto– la “tregua talibán” para la evacuación y salida occidental se dé por concluida.

Piedra de toque

¿Qué ha pasado para que asistamos a esta falta de previsión de las cancillerías europeas y estadounidense? Nada en absoluto. Todo está sucediendo conforme a sus previsiones. La retirada norteamericana estaba decretada ya por la administración Trump; Biden no la ha cancelado, en un ejercicio de conjunción de intereses a los que, tanto demócratas como republicanos, parecen responder de forma similar ante los intereses de sus respectivos lobbies. Afganistán ha sido la piedra de toque y el obstáculo a los intereses geopolíticos de todos los imperios contemporáneos (británico, ruso, soviético y norteamericano) Todos acabaron claudicando en conflictos de enorme desgaste militar, económico, humano, reputacional y de erosión en sus respectivas sociedades civiles. Tras la fallida incursión de la Unión Soviética pocos años antes de su desaparición, Estados Unidos recogió el testigo después de los atentados del 11-S del año 2001. Veinte años después se retira después de haber sido incapaz de diluir a los talibanes, aquel grupo de radicales que nos descubría Ahmed Rashid en el año 2000 en su magistral ensayo. Después de una ingente inversión (pública y privada) y un coste elevado en vidas civiles y militares del contingente internacional desplegado por Estados y organizaciones internacionales. La inversión en infraestructuras materiales, en la construcción institucional de un Estado semi-fallido, en la edificación de unas fuerzas armadas nacionales y en educación parece haberse escurrido por el desagüe de la historia. La corrupción sistemática, incontrolada por los Estados e Instituciones involucrados en la financiación de los diversos proyectos, no puede ser una explicación exculpatoria.

Las potencias y actores regionales comienzan a posicionarse en el nuevo contexto de equilibrios geopolíticos. Rusia, al igual que China, Turquía o Irán, no han retirado sus misiones diplomáticas. Llenar el vacío dejado por Estados Unidos puede configurar un nuevo sistema de alianzas estratégicas. La protección de las fronteras respectivas frente a un potencial auge del terrorismo integrista se impone como uno de los objetivos prioritarios, especialmente en repúblicas ex soviéticas como Turkmenistán, Tayikistán o Uzbekistán. Rusia contempla con inquietud el poder desestabilizador de la región. No olvidemos el papel protagonista de una potencia nuclear como Pakistán, cobijo tradicional de los talibanes y soporte estratégico y financiero de los mismos. Irán se enfrenta, de nuevo, a la expansión suní de su íntimo “enemigo” Arabia Saudita. ¿Y China? Espectadora de excepción de los acontecimientos, su posición futura como potencia en expansión y refractaria a los derechos humanos y a un Derecho internacional que considera “liberal y occidental” es un auténtico interrogante.

Garantizar los derechos humanos

Resulta lacerante para la sociedad civil afgana, en especial para las mujeres y niñas, cerrar la puerta a las oportunidades de educación y de disfrute de unos derechos humanos esenciales a los que se había abierto—aunque todavía no en pie de igualdad— durante estas casi dos décadas, después del conflicto militar. La brutal represión que se avecina, las violaciones masivas de derechos humanos, la retrocesión a unas condiciones de vida medievales avaladas por un rigorismo incompatible con el mundo actual, debe de caer en la conciencia de los gobiernos occidentales y en la moral de todos los que formamos parte de la comunidad internacional. Somos conscientes de que Estados Unidos no tiene el papel de gendarme internacional, asumiendo los costes ‘sine die’, de la pacificación de Afganistán. Sin embargo, cabe recordar que su intervención en el Estado desde el año 2001 tenía unos objetivos estratégicos, desde el punto de vista geopolítico y económico, parecidos a los que ahora se presentan para su retirada. Estos episodios ya los conocemos. Su reiteración forma parte de la Historia Contemporánea universal, y no solo en el caso de Estados Unidos.

¿Cómo se podrán garantizar los derechos humanos de la población civil afgana? De ninguna manera, no nos engañemos. La exigua cantidad de población refugiada que llegará a la Unión Europea no tendrá nada qué ver con el éxodo del conflicto de Siria. Y ya sabemos el fracaso en la gestión del mismo por parte de la UE, encargando la misma a Turquía. En las próximas semanas y meses veremos y leeremos críticos análisis sobre la situación en Afganistán. Pero, por favor, no mencionemos la protección de los derechos humanos en vano; no más ejercicios de autocomplacencia con nuestro compromiso con los mismos (nacional, regional o universal). Si somos partícipes del horror, por acción u omisión, no más felicitaciones, no más fotos. Dejémoslo para los auténticos protagonistas, héroes anónimos, fuerzas armadas, sanitarios, Organizaciones no gubernamentales y seres humanos que han pagado con su vida el fallido intento de creación de una sociedad mejor en Afganistán

Afganistán. Reflexiones sobre el desastre

José Luis Calvo Albero

En el invierno de 2006 el entonces presidente de Afganistán, Hamid Karzai, convocó una gran reunión de agricultores en Kabul. Acudieron representantes de todas las provincias afganas. El objetivo era promocionar la producción agrícola tradicional, que estaba dejando paso rápidamente al cultivo masivo del opio.

Acudieron hombres curtidos por el sol, de expresión un tanto escéptica. Tuve oportunidad de hablar con algunos de ellos y recuerdo especialmente a un hombre de etnia pastún que venía de Kandahar. Al contrario que el centro y el norte del país, el sur es un área fértil y se puede practicar una agricultura de regadío. Recuerdo que el hombre y su familia cultivaban melocotones, peras y melones y sus propiedades estaban en una zona que pasaba con cierta periodicidad del control del gobierno al de los Talibán.

Su narración de cómo se vivía bajo unos y otros fue muy reveladora. Él contaba cómo, cuando el gobierno controlaba la zona, debía llevar sus productos al mercado pasando por un puesto de control de la policía. Allí debía pagar una cantidad de dinero por pasar, aparte de que los policías le requisaban con frecuencia parte de sus productos. Al llegar al mercado debía pagar a otro policía para que se le permitiese instalar un puesto de venta, y debía pagar más si quería un buen puesto. Cuando retornaba a su hogar con las ganancias, el hombre debía extremar las precauciones porque había bandidos en la zona y los asaltos eran frecuentes.

Cuando el distrito estaba bajo el control talibán, también había un puesto de control para acceder al mercado y también había que pagar allí una tasa. Sin embargo, era la única vez que se exigía el pago. En el mercado, un agente talibán iba asignando puestos de venta por orden de llegada. Cuando regresaba a su hogar, el hombre sabía que no debía preocuparse por los bandidos. Había visto a algunos de ellos pidiendo limosna en el mercado con la única mano que les quedaba; la que los Talibán no les habían amputado. Ya en 2006, aquella conversación era una clara señal de que se estaba perdiendo la guerra.

Ese mismo año muchos policías dejaron de percibir sus salarios porque el presupuesto para pagarlos se había agotado, probablemente esquilmado por la corrupción y la ineficiencia reinantes entre las fuerzas de seguridad. Eso explica por qué policías prácticamente abandonados a su suerte en remotos puestos de control se convertían en extorsionadores de aquellos a quienes se suponía debían proteger.

La corrupción en Afganistán era un monstruo que devoraba la mayor parte de las ayudas militares y económicas que recibía el país. Ciertamente había una cultura de tolerancia e incluso de legitimación ¿Qué clase de persona no trataría de beneficiar a su familia o a su clan caso de ocupar una posición de poder? Sin embargo, si el afgano podía comprender el favoritismo, el nepotismo y la corruptela, no toleraba la ineficiencia. Podía comprenderse que la policía cobrase impuestos ilegales, o que el jefe de policía colocase a un familiar en un puesto de relevancia, pero no que permitiese operar impunemente a los bandidos. Con su rigorismo fanático y su justicia brutal, pero eficiente y aceptable según los estándares de la mayoría de los afganos, los Talibán ganaron fácilmente la partida de los corazones y las mentes al gobierno y a sus exóticos y más bien despistados aliados occidentales.

En la década de 1980, los soviéticos diseñaron una estrategia orientada a romper el tribalismo de la sociedad afgana, origen según ellos de todos los males del país. Para eso había que promocionar las ciudades sobre las zonas rurales y convertirlas en polos de desarrollo que forzasen una emigración masiva del campo a la ciudad. El mismo proceso que había roto los vínculos clientelares y semifeudales de la Europa rural del siglo XIX se esperaba que pudiese debilitar el tribalismo afgano.

Los soviéticos no eran especialmente delicados en la aplicación de su estrategia y convirtieron el campo afgano en un infierno, pero la emigración masiva no se produjo hacia las ciudades sino hacia Pakistán e Irán. Los campos de refugiados no solo no acabaron con las relaciones tribales sino que se convirtieron en un vivero de militantes ansiosos de venganza que, con apoyo pakistaní, saudi y norteamericano regresaron a Afganistán y aplastaron lo que los soviéticos habían construido.
Catorce años después, las tropas norteamericanas y europeas intentaron poner cierto orden en el avispero afgano pero lo hicieron sin energía, sin convicción y sin una estrategia clara. La vista de Estados Unidos estaba puesta en Irak y las operaciones en Afganistán se realizaron según el principio de mínimo coste. El régimen talibán cayó rápidamente por el mismo motivo que el gobierno de Kabul se está desintegrando actualmente: porque los jefes tribales siempre se alían con el que demuestra ser más fuerte. Algo que en España, en el centenario del Desastre de Annual, nos debe resultar familiar.

Entre finales de 2001 y 2006 apenas hubo actividad talibán en Afganistán, pero las grandes potencias tampoco hicieron apenas nada por aprovechar esa ventana de oportunidad. Allí estaba Estados Unidos, la OTAN, la Unión Europea, Naciones Unidas, Japón, el Banco Mundial… Los afganos esperaron durante casi cinco años a que su economía floreciese y después comenzaron a decepcionarse. Los Talibán pagaban más a uno de sus combatientes que el gobierno a uno de sus policías, y ellos no se quedaban nunca con su salario.

Al contrario que los soviéticos, europeos y norteamericanos decidieron orientar sus escasas inversiones hacia el mundo rural en lugar de hacia las ciudades. El resultado fue dinero perdido, pues era imposible competir con los beneficios del cultivo de amapola. Gran parte de los fondos fueron sencillamente a reforzar a los señores de la guerra en las áreas rurales. Las elites urbanas no se desarrollaron y no se emprendieron grandes proyectos industriales o de infraestructuras que proporcionasen perspectivas de enriquecimiento a los señores de la guerra ni de trabajo al afgano medio.

No se dio la opción de que los grandes señores de la guerra se convirtiesen en empresarios, probablemente corruptos, pero también progresivamente integrados en un sistema más civilizado, en el que los bufetes de abogados se van haciendo más necesarios que las bandas de matones. Sencillamente no se invirtió lo suficiente, ni en la economía abierta ni en la sumergida. A los jefes tribales y a los agricultores de Helmand y Kandahar no se les ofreció una alternativa más rentable que el cultivo del opio y cuando las tropas británicas comenzaron a desplegar en 2006 en sus territorios, con la clara promesa de terminar con ese cultivo, la reacción fue brutal. Volvieron a ofrecer su apoyo a los hasta entonces marginados Talibán, y aquello marcó el principio del fin.

Afganistán es solo el último eslabón, aunque puede que el más llamativo, en una cadena de fracasos de Occidente en su intento por estabilizar zonas en conflicto. Como en todos los fracasos, la actitud positiva no es olvidarlos sino extraer de ellos las lecciones que permitan no repetir errores en el futuro. Obtener lecciones aprendidas es un proceso doloroso. Nos obliga a reconocer errores y nos pone frente a frente con nuestras propias contradicciones. Las lecciones son con frecuencia políticamente incorrectas, pero tenemos que elegir entre flexibilizar nuestra corrección política o resignarnos a un fracaso tras otro.

Hay muchas lecciones que extraer de Afganistán. De momento se me ocurre apuntar algunas que no descienden en absoluto al detalle sino que se centran en la propia filosofía de las intervenciones en países en conflicto. La primera es que no se puede intentar transformar una sociedad primitiva según parámetros occidentales. Entre la Edad Media y el siglo XXI hay múltiples etapas intermedias que es preciso recorrer y que se pueden acelerar, pero no ignorar.

La segunda es que en un sistema intrínsecamente corrupto hay que controlar también la corrupción y ser capaz de dirigirla en una dirección provechosa, en lugar de ignorarla y permitir que se convierta en un instrumento de demolición de todo lo construido.

La clara identificación de las elites en cada país: las que gobiernan, las que aspiran a gobernar y las que desearíamos que gobernasen, es un ejercicio indispensable a la hora de realizar un esfuerzo de estabilización. La experiencia demuestra que en Irak, Afganistán o Libia no se identificaron correctamente las elites que gozaban de legitimidad y que podían realizar una acción de gobierno eficaz.

Quizás la lección más dura, y una sobre la que merece la pena reflexionar, es que la democracia no es un punto de partida sino un destino final. A la democracia se llega a través de la maduración de una sociedad durante generaciones, maduración que implica experiencia, sacrificio y educación ciudadana. Pensar que la instauración de un sistema democrático supone el principio de una etapa de estabilidad, libertad y prosperidad es una idea muy norteamericana, pero lo que funcionó en las desarrolladas colonias británicas en América en el siglo XVIII no tiene por qué funcionar igual en el Afganistán o el Mali del siglo XXI.

CEBs: ¡Juntos resistir y crear alternativas!

Nuestro compromiso de CEBS frente al sistema neoliberal

Pedro Pierre

Introducción: Visión latinoamericana y continental
1. La 1ª vuelta de las elecciones de 2021: ¡Todos contra uno!
2. La 2ª vuelta de las elecciones de 2021: Mentiras y engaños
3. Las astucias de los capitalistas y la ingenuidad de los ecuatorianos
4. Consecuencias regionales y continentales
5. Características del gobierno de Guillermo Lasso
6. Las CEBs: Solidaridad y alternativas
7. La fuerza de nuestra fe está en nuestras Comunidades
Anexo: Características del gobierno de Lenin Moreno

CEBs La Troncal, Pedro Pierre. Abril de 2021.

INTRODUCCIÓN: Tener un visión latinoamericana y continental

No podemos entender lo que está pasando en Ecuador con la elección de Guillermo Lasso si no nos ubicamos en la realidad latinoamericana y la injerencia efectiva de EE.UU. Vamos por pasos.

A. LA 1ª VUELTA DE LAS ELECCIONES DE FEBRERO 2021: ¡Todos contra uno!
1. “¡Todos contra Andrés Arauz!”
• Fue el lema de la derecha, apoyada por la embajada norteamericana.
• Los Medios de Comunicación logran desprestigiar a los correístas y a su gobierno progresista.
• Se lanzó las peores mentiras y las falsas promesas para engañar a los ecuatorianos.

• Los 36% de Andrés Arauz es un triunfo de la Revolución Ciudadana y de los ecuatorianos más conscientes.
2. Los resultados confirman el derrumbe de la unión de las derechas (CREO-PSC): Sólo 20% de votación.
3. El gran número de candidatos (16 listas) servía para confundir a los votantes y dispersar los votos.
4. La división de las directivas de la CONAIE y Pachakutik y de ellas con sus bases fue programada por la misma derecha, que compró poco a poco para su causa a sus dirigentes, mediante los proyectos de las ONGs.
5. Gracias al apoyo de los Medios de Comunicación comerciales, el candidato de la Izquierda Democrática, Xavier Hervas, logró captar al voto de los jóvenes, ayudado por sus mensajes en las redes sociales.
6. La Asamblea legislativa (137 asambleístas) puede ser un espacio de resistencia al neoliberalismo, si sus miembros y sus naturales opositores no se venden.

• Opositores al Neoliberalismo: Revolución Ciudadana: 51. Pachakutik: 26. Izquierda Democrática: 17. Total: 94.
• Los Neoliberales: PSC: 18. CREO: 12. Total: 30.
• El resto, o sea, los “independientes” obedecerán a sus intereses y al “hombre del maletín”: Total: 14.
• En la Asamblea, si Pachakutik (26) se une al PSC (18), a CREO (12) y a los ‘Independientes (14) puede captar (total: 70) la presidencia de la Asamblea… si se les une algunos independientes o nuevos traidores, o sea, 4 para ser mayoría.

B. LA 2ª VUELTA: ¡Ganaron la mentira y la ignorancia!
1. Las 2 opciones eran: Continuar el programa de Lenin Moreno con Lasso o Cambiar y mejorar con Arauz.
2. En una campaña electoral sucia, la meta de la derecha fue desprestigiar a Andrés Arauz y aislarlo, y lo lograron.
3. Las ‘izquierdas’ (PK, ID) aceptaron la apuesta del imperio de votar nulo: Así quitaron votos a la RC.

4. Gana Guillermo Lasso
• ¡Llama mucho la atención que Andrés Arauz sólo logra convencer a 4% más del electorado mientras Guillermo Lasso alcanza captar 12% más! Hemos de preguntarnos cómo logró tal hazaña…
• Se le dio un visto bueno para robarnos, explotarnos y destruir la naturaleza y el país. ¡Tendremos más de lo mismo, pero ahora en toda legalidad y mucha desventaja!
5. El ejemplo de Bolivia queda para la historia: Después de un año, restituyó en el poder al partido de Evo Morales. Pero los pobres y los Indígenas de Bolivia son mucho más conscientes, organizados y decididos que los de Ecuador.

C. LAS ASTUCIAS DE LOS CAPITALISTAS Y LA INGENUIDAD DE LOS ECUATORIANOS
1. La victoria de Guillermo Lasso es el resultado de un trabajo de años dirigido por la embajada norteamericana y en unión con los representantes de las clases dominantes de Ecuador y de América Latina, con la ayuda permanente de los Medios de Comunicación comerciales.

2. He aquí unos antecedentes para entender la calidad de la manipulación que llevó Guillermo Lasso a la presidencial de la república.
a) El primer golpe a la hegemonía norteamericana fue el triunfo de la revolución cubana en 1959. Ya el capitalismo no es el dueño único de la globalización económica. Otra forma de globalización está en marcha con el apoyo interesado de Rusia y con China.

b) En los años 1970 los EE.UU. crean una Agencia para su Política Exterior para enfrentar los peligros a su hegemonía. Esta Agencia, liderada por Rockefeller, organiza una visita a los países latinoamericanos para precisar estos peligros. El resultado es el primer Documento de Santa Fe (del nombre de una ciudad norteamericana) publicado en 1980.
c) Según el primer Documento de Santa Fe, los peligros para la hegemonía norteamericana son 3:
• El avance de las ideas socialistas de los grupos de izquierda, apoyados por Rusia.
• Las organizaciones populares y políticas opuestas a los gobiernos y empresas capitalistas.
• Las orientaciones de Iglesia católica y los países y diócesis que siguen el Concilio Vaticano 2 (Roma 1962-65) y el Documento de Medellín (segunda Conferencia Episcopal Latino Americana en 1968).

d) El gobierno de EE.UU. pone en marcha su plan de destrucción de estos 3 espacios. Desde entonces vienen las dictaduras latinoamericanas y los asesinatos a las personalidades civiles, militares y religiosas señaladas en el primer documento de Santa Fe.
e) Ahora estamos bajo el 4° Documento de Santa Fe que busca impedir la llegada de gobiernos progresistas en América Latina.
• El gobierno de EE.UU. destruyó todos los intentos de gobiernos progresista en América Latina, menos Cuba y Venezuela.
• Sufrieron golpes de Estados ‘blandos’ o ‘de las Asambleas legislativas: Honduras, Paraguay, Panamá, Argentina, Brasil, Chile, Bolivia… y ahora Ecuador.

3. Para EE.UU. el gobierno de Rafael Correa no podía continuar… Había desprestigiarlo y perseguir sus miembros
a) Dio varias rupturas contrarias a las intereses norteamericano:
• Cierre de la Base naval de Manta,
• Creación Medios Públicos de Comunicación,
• Economía independientes de los grandes grupos tradicionales de poder,
• Pago de impuestos por parte de los ricos y control de salida de dólares,
• Mayor repartición de la riqueza nacional,
• Fortalecimiento de los sectores de la salud, la educación, las personas especiales y mayores…
• Transformación nacional con represas eléctricas, carreteras renovadas, turismo, cultura…

b) Los pasos para desbancar a Rafael Correa y desterrar al correísmo…
• A eso se dedicaron los Medios de Comunicación comerciales con las campañas de odio, desprestigio, mentira…
• El primer intento de golpe de Estado fue la rebelión policial del 30 de septiembre de 2010, donde el vicepresidente Lenin Moreno era listo para sustituir a Rafael Correa (información desde Cuba)…
• La traición del presidente Morena, una vez electo, fue planeada con mucha anticipación…
• El triunfo de Guillermo Lasso es el resultado de una gran manipulación… por nuestra ingenuidad, ignorancia y pasividad… ¡Nos hemos dejado “lavar el cerebro”!

C. LAS CONSECUENCIAS SON REGIONALES Y CONTINENTALES
Con la victoria de Guillermo Lasso, se da grandes retrocesos en la situación nacional, en particular al proceso popular nacional. Recordemos 1979: Se votó por el nacionalismo de Jaime Roldos. Desde esta fecha, las orientaciones por las votaciones fueron alejarse cada vez más la derecha (L. Febrés, S. Duran, R. Borja, J. Mahuad, A. Bucaram… R. Correa).
1. La traición de Moreno afecta no sólo el programa de la campaña presidencial y el proyecto social de la RC, sino el proceso de conciencia popular de 40 años. Los pobres quedan totalmente indefensos.

2. El triunfo de Lasso es el triunfo de los explotadores de siempre. Se trata de la unión continental de la derecha capitalista.
• Está dirigida por el gobierno de EE.UU. y sus embajadas en cada país.
• Está unida al nivel latinoamericano.
• Está organizada en cada país, en particular en Ecuador con la unión de los partidos de derecha (PSC y CREO), las varias Cámaras y sus Medios de Comunicación comerciales.
La derecha continental logró que se confirme el fortalecimiento del neoliberalismo a favor de sus privilegios. Más todavía: “¡Los Medios de Comunicación (de la derecha) lograron que el pueblo festeje su ignorancia!”

3. Se da un fuerte golpe a la integración latinoamericana.
• La integración latinoamericana es naturalmente anticapitalista, o sea, opuesta a un sistema de explotación y antiimperialista, o sea, opuesta a la dominación norteamericana.
• Cuba y Venezuela se han desligado de esta dominación capitalista e imperialista.
• México, Argentina y Bolivia están en esa lucha.
• Honduras, Paraguay, Panamá, Uruguay y Chile han sido sacados de esta integración.

• Brasil y Chile luchan para cambiar de gobierno.
• Colombia es un país ocupado por EE.UU. con 9 bases militares… y cada semana asesinan regularmente sus líderes sociales, tanto mestizos como indígenas.
4. Hay un pecado del clero y la jerarquía por no analizar reconocer los desafíos del ni enfrentarlos: los destrozos humanos y naturales del neoliberalismo, la destrucción del proceso popular y sus anhelos, la derechización del movimiento indígena…

• Por su silencio y complicidad, se hacen responsables de la situación de pobreza de la mayoría de los ecuatorianos.
• Por otra parte, el opus dei será muy activo en el Ministerio de la Educación, ya que varios de sus miembros son de este movimiento militante.
Así fue el proceso que llevó Guillermo Lasso a la presidencia de Ecuador.

CONCLUSIÓN: Eso fue el golpe ‘blando’ de Estado en las Elecciones de 2021.

D. CARACTERÍSTICAS DEL GOBIERNO DE GUILLERMO LASSO
Para hacerse una idea del gobierno de Guillermo Lasso sólo hace falta mirar los países que sufrieron esta clase de golpes: Honduras, Paraguay, Panamá…

1. Una continuidad desastrosa
Guillermo Lasso se parece a León Febrés Cordero de PSC (Partido Social Cristiano, de Jaime Nebot). Además es miembro activo del opus dei. Estas 2 entidades son las más conservadoras y tradicionalistas del país.
• El gobierno (1984-88) de León Febrés Cordero fue el más sanguinario de los últimos 40 años.
• El ‘opus dei’ es la secta más tradicionalista y activa en la Iglesia católica, en particular entre los cristianos de la clase alta, el clero y la jerarquía. Su creación (1928) tuvo lugar en el tiempo de la dictadura española (1936-1975) , por el sacerdote español Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), con el visto bueno del general Francisco Franco (1892-1975).
2. “¡Mano dura con guantes de seda!”

• Claro el gobierno de Guillermo Lasso se va a dar una falsa imagen de bondadoso y progresista, con la ayuda de los Medios de Comunicación.
• Sus ministros y simpatizantes nos van a regalar ‘migajas’ para acallarnos y entretenernos. Pero ellos se quedaron con ‘todo el pastel’. Será el método del imperio romano: “¡Pan y circo!”, es decir “Migajas de pan” para que no nos moramos de hambre y “mucho circo” para que estemos divertidos y nos quedemos quietos.
3. Regresamos a los tiempos del ‘feriado bancario’ del año 2000.
• El mismo Guillermo Lasso fue el mentor y el gran beneficiado del feriado bancario.

• Por la devaluación del 100%, los depositantes perdieron la mitad de su dinero depositado a los bancos, mientras los banqueros ganaron 10 veces más. Ejemplo de Guillermo Lasso cuya parte de su fortuna pasó de 30 a 300 millones en pocos meses.
• Luego el Estado ayudó a los bancos a restituir parte del dinero depositado. Costo al país el equivalente del presupuesto anual: en ese tiempo, 7’000 millones de dólares.
• En el año 2000, migraron la cuarta parte de los ecuatorianos, o sea, 3 millones de personas. Fueron ellas, con sus remesas quienes ayudaron al país a levantarse…

E. LAS CEBs: JUNTOS SER SOLIDARIDAD Y CREAR ALTEYNATIVAS.
Tenemos que estar claros sobres la situación catastrófica del país y nuestras limitadas, pero reales, posibilidades de salir adelante, o sea, de sobrevivir. ¡Sí, podemos vivir bien, si así lo decidimos!

1. Resumiendo: Se dará la continuidad y profundización maléficas del modelo neoliberal.
• Se cumplirá lo que decidió el FMI: más privatizaciones, más impuestas a las clases medias y populares, el Estado a servicio de los ricos…
• En 2021 hay altos intereses de la deuda externa que pagar: ¡20’000 millones!
• Se profundizarán la pobreza, el desempleo, el aumento de la canasta básica, el costo de la salud y la educación… la represión y la migración.
• Seguiremos desprotegidos y explotados por el gobierno de los banqueros y grandes empresarios, interesado en aumentar sus ganancias.

2. Este es el camino para enfrentar mejor la situación: “Juntos resistir y vivir lo que soñamos”.
• Juntos… porque individualmente es imposible enfrentar el sistema que nos rige y domina.
• Resistencia colectiva: Apoyarnos en la familia, el barrio, la Comunidad, la parroquia (lo social), las Asociaciones, los sindicatos, las organizaciones políticas.
¿Quiénes vamos a integrar estos espacios para ser sal adentro y luz para los demás miembros de la Comunidad?
• Solidaridad alternativa… para crear espacios alternativos en lo económico, lo político, lo social, lo cultural, lo espiritual y eclesial.
¿Quiénes vamos a entrar en estos espacios alternativos para ser luz para los demás y fermento en estas alternativas?

F. LA FUERZA DE NUESTRA FE ESTÁ EN NUESTRAS COMUNIDADES
1. Palabras de Dios
• Jesús: “¡No temas, pequeño rebaño, porque al Padre le agradó darles el Reino!” (Lucas 12,32).
• María: “Deshizo a los soberbios y sus planes. Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos” (Lucas 1,51-53).
• Pablo: “Dios ha elegido lo que el mundo tiene por débil para confundir a los fuertes” (1 Corintios 1,27).
• Juan: “¡Ya llegaron la liberación, el poder y el Reinado de nuestro Dios!” (Apocalipsis 12,10).
• Jesús: “¡Busquen primero el Reino de Dios y lo demás vendrá por añadidura!”
2. Las orientaciones del papa Francisco en su Carta ‘Todos somos hermanos y hermanas’

El papa Francisco nos apremia a construir la hermandad universal mediante 4 compromisos:
• El compromiso personal de la fraternidad sin frontera, es decir, abierta a todas y todos en todas partes,
• El compromiso colectivo de la amistad social, es decir, abierta a la dimensión socio-cultural de todos los pueblos,
• El compromiso organizado del amor político, es decir, abierto a la integración en actividades y movimientos políticos, y
• El compromiso decidido de una espiritualidad liberadora, es decir, enraizada en la unión entre acción y contemplación y en la opción por las causas de los pobres.
3. Un medio a nuestro alcance: La preparación de la 1ª Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, México, noviembre de 2021.
Las características de esta Asamblea Eclesial (Guía 1): Con la participación de todos los bautizados.

1° paso: Ver nuestra realidad (Guías 2, 3 y 4), para no engañarnos.
• Social, con sus causas y los desafíos que nos plantea.
• Ambiental, con sus causas y los desafíos que nos plantea.
• Eclesial, con sus causas y los desafíos que nos plantea.
2º paso: Iluminar esta realidad (Guías 5 y 6), para sentirnos más fuertes.
• Haciendo memoria de Aparecida: Ser discípulos de Jesucristo y misioneros del Reino.
• A la luz de la Palabra de Dios: Mateo 7,23-27 (La tempestad calmada).
3º paso: Actuar en favor de la vida plena abriendo nuevos caminos (Guías 7 y 8).
• Caminos nuevos al servicio de los Pueblos, especialmente los más marginados.
• Caminos nuevos al servicio de una Iglesia renovadas, es decir, nosotros como personas e institución.

NO HAY MÁS QUE UN CAMINO :
“ JUNTOS EN COMUNIDADES SER SOLIDARIOS Y CREAR ALTERNATIVAS ! ”

Anexo : CARÁCTERÍSTICAS DEL GOBIERNO DE LENIN MORENO

Se dan grandes retrocesos a todos los niveles. Había que revertir todo lo que hizo Rafael Correa.

1. En lo político
• Pocos días después de su posesión el presidente Moreno traiciona su programa de campaña de Alianza PAIS y entrega su gobierno a los grupos de derecha. Lo siguen en esta traición 30 asambleístas (sobre 72).
• Gobiernan los que rechazamos en la votación presidencial de 2017 (Lasso-Nebot-Bucaram).
• Se elimina las deudas (4’000 millones de dólares) y se reduce los impuestos de los empresarios.

• Se firma la sumisión al FMI: Se fortaleció el neoliberalismo, o sea, los ricos serán más ricos a costa de los pobres más pobres.
• En el referendo de 2017, con apoyo del ‘7 veces sí’, se legaliza la destrucción del Estado y la impunidad de los corruptos.
• Está de acuerdo con todo esto el Movimiento indígena (CONAIE y Pachakutik) con los “ponchos dorados”: nombre que se dio a las y los que se venden a las ONG y a la derecha, sus amos de siempre.

• La persecución sistemática a los integrantes de la Revolución Ciudadana: Apresamiento del vicepresidente por criticar el giro a la derecha del gobierno, condenación sin pruebas al ex presidente Rafael Correa, exilio de otras personalidades…
• Al nivel internacional se dan: 1. El retiro del asilo a Julián Assange, periodista internacional de primera plana, en Inglaterra para dar gusto al gobierno norteamericano. 2. El reconocimiento de Juan Guaidó como presidente (ilegítimo) de Venezuela. 3. La retirada de Ecuador de la integración latinoamericana (UNASUR).

2. En lo económico
• La implementación de las recetas del FMI: Primero pagar las deudas, reduciendo los gastos sociales, eliminando los derechos laborales (horarios, salarios, despidos, anti-sindicalismo…)
• Se elimina el control de la salida de dinero del Ecuador hacia los paraísos fiscales, donde habría más de 30’000 millones de dólares (la mitad del actual presupuesto estatal anual).
• Las denuncias de corrupción, del dinero en paraísos fiscales de ministros y del mismo presidente no surten efectos.
• Al mismo tiempo que se baja el precio de los combustibles por el levantamiento popular se deja libertad a las gasolineras para aumentar su costo.

• El aumento de 20% de la pobreza igual a su disminución en tiempos de Rafael Correa, o sea, actualmente más de la mitad de la población.
• No hay realización de obras nacionales, a pesar de los préstamos del FMI, ni de la recuperación agrícola o industrial.
3. En lo socio-cultural
• Hay una total desinformación y manipulación de los grandes Medios de Comunicación Social.
• Se da una campaña incesante de odio contra los miembros de la Revolución Ciudadana.
• Se incrementa la persecución a los periodistas opositores y cierre de sus medios informativos.
• 1 millón de despidos de funcionario del Estado en particular en la salud y la educación.

• Violencia policial y militar desmesurada contra los manifestantes pacíficos de octubre de 2019: 11 muertos indígenas, 14 ojos dañados por las balas de caucho de la policía, 1400 heridos, 1300 presos.
• Las Universidades pasan a ser ‘sucursales’ de las empresas capitalistas, y no centro de formación humana e intelectual.
• Aumento del mercado de las drogas y de la delincuencia.
• La pandemia hace estragos porque nos encuentra desprevenidos y desprotegidos.

4. En lo eclesial
• La mayoría del clero feliz… en particular los del opus dei, del cual Lasso es miembro activo y benefactor.
• No hay una renovación pastoral ni una opción por los pobres a pesar de las invitaciones y del testimonio del papa Francisco.
• Sigue vigente el clericalismo: Todo gira en torno a los sacramentos, pagados, y al sacerdote que lo decide todo… a pesar del testimonio evangélico del papa Francisco.

Nota: Ver el artículo de Irene León de la revista ALAI (Agencia Latino Americana de Información, Quito): https://www.alainet.org/es/articulo/211949

El militarismo avanza, la democracia retrocede

El peligro de democracia vacía, de derechización extrema, de racismo, de conversión de la política en violencia, de quiebra de los derechos humanos, etc., no viene solo vía Vox. También viene y sobre todo, por una política exterior descaradamente militarista, violenta, depredadora, armamentista. Nuestro país es visto exteriormente según la política Exterior y de Defensa que desarrollamos. Ser el 6º país exportador de armas del mundo nos coloca a la cabeza del militarismo en el ámbito internacional. Lo único que nos falta es el arma nuclear, por lo demás, somos, desgraciadamente, punta de lanza de la OTAN y de la VI Flota.
Así que no es extraño que ayer la prensa del estado nos ofreciera esta información (sin análisis político, militar, etc.) acerca de las cifras, de las cantidades, de exportación de armas (sobre todo aviones A400M que se ensamblan en Sevilla):
https://elpais.com/espana/2020-12-22/record-de-autorizaciones-de-ventas-de-armas-22545-millones-en-el-primer-semestre-de-este-ano.html
Pero el mismo redactor de la noticia nos advierte:
Tica Font, especialista del Centre Delas, lo deja claro: el incremento progresivo del negocio de la fabricación y venta de armas de guerra españolas es resultado de decisiones políticas totalmente decantadas hacia la guerra:

Además, no hay que desvincular ese productivismo industrial militarista con otras relevantes cuestiones: el gasto militar creciente (https://www.youtube.com/watch?v=jv9SV5NxO-s) y las relaciones político-militares de calidad intervencionista, beligerante, militarista sin tapujos. Así que estas serían las tres patas de un verdadero golpe de estado bajo el que vivimos:                                     1º.-fabricación/exportaciones de armas a todo trapo, 2º.-incremento del gasto militar y 3º.-intervenciones (al amparo de la OTAN) en diversos escenarios de guerra o de tensiones crecientes. Es decir, una MILITARIZACIÓN brutal como no la habíamos conocido hasta aquí, acompañada, quizás sería la cuarta pata, de un sobredimensionamiento social-cultural de las FAS en denodadas campañas a favor de los valores militares, la patria, la bandera, el orgullo español…
Habrá quien piense que confundo militarización con golpe de estado militar, más pienso que no, ya que una y otra realidad están basadas en la fuerza y en la anulación del poder civil. El militarismo es un orden de cosas, político y económico, sobre todo, donde el uso de la fuerza por el estamento militar y sus conexiones son el vector determinante, dirimente, coadyuvante y ejecutivo de los objetivos de un país o alianza colonialista de un determinado bloque frente a otros.
Se permite votar cada 4 años, pero no se permite la más mínima opinión en materia de política Exterior y de Defensa, no se permite que el país se aparte del militarismo más brutal. Se obedece a EE.UU., se prorroga el tratado militar que firmó Franco en los años 50 y nada más

¡Cuidado con la perniciosa “levadura” de Trump!

Por Carlos Ayala Ramírez

El asalto violento al Capitolio por seguidores de Trump, que pretendían evitar la certificación de los votos del Colegio Electoral, puso de manifiesto – ahora de manera extrema – un liderazgo presidencial que, desde su inicio, hasta el final, ha sido oscuro, mezquino, antidemocrático, violento, plutocrático, confrontativo, xenófobo, racista, falaz, etc. que ha conllevado a un nuevo juicio político contra este presidente. Es la primera vez en la historia de Estados Unidos que a un presidente se le aplique tal proceso dos veces.
Ahora está acusado por una mayoría bipartidista de legisladores de cometer graves crímenes contra la nación. Su nociva “levadura” o herencia peligrosa, ha sido resumida con los siguientes rasgos:
Primero, echó mano de lo que se denomina “democracia emotiva”, donde las élites políticas manipulan los sentimientos y emociones de los electores con el fin de conseguir sus votos. Utilizó los miedos colectivos, el desprestigio del adversario y las promesas infladas para ganarse el asentimiento popular. Se sabe que esta forma de actuar funciona en las llamadas “democracias de masas”, donde los ciudadanos no actúan de forma concertada y organizada.
Segundo, alentó la idea de que para triunfar económicamente (siguiendo su ejemplo) se deben eliminar las normas del Estado, y saltarse las que existen, descriminalizando de hecho la corrupción.
Tercero, normalizó el racismo, el sexismo y el desprecio por la izquierda, los defensores del medio ambiente y todos los que representen la agenda de diversidad y derechos humanos. Específicamente, expuso en palabras y hechos el rechazo a los inmigrantes y solicitantes de refugio.
Cuarto, reafirmó la legitimidad de grupos pronazis, milicias extremistas, y grupos conspirativos que reivindican estar armados y organizados contra el Estado.
Quinto, utilizó la idea de nación con fines sectarios, antidemocráticos y excluyentes.
Sexto, con motivo de la pandemia del Covid-19, desacreditó a la ciencia, promoviendo interpretaciones conspirativas y peligrosamente supersticiosas.
Séptimo, promovió una concepción política y nacionalista de la religión a través de su alianza con los evangélicos. De este modo fue siglos atrás en la separación entre estado y religión.
Octavo, incentivó a que en política exterior cada país debe defender sus intereses con métodos propios, alejándose de cualquier política cooperativa, despreciando y debilitando el sistema multilateral, en particular los acuerdos y resoluciones de Naciones Unidas. Finalmente, mostró que se puede llegar al poder por la vía electoral para luego subvertir el Estado desde dentro; a la vez, puso en evidencia que con el fin de perpetuarse en el poder se pueden deslegitimar las elecciones mediante noticias falsas, usar las redes sociales favorables, acusar de tendencioso al periodismo crítico y movilizar a sectores paramilitares en las calles.
Esa perniciosa “levadura” puede ser contrarrestada con lo que el papa Francisco ha denominado las reservas éticas y culturales de los pueblos, el “alma del pueblo”. En esa línea, cuando visitó el Congreso estadounidense en 2015, en su discurso hizo referencia a cuatro personas que, con su vida, plasmaron valores fundamentales que han trascendido el tiempo y el espacio. Salvando los vaivenes de la historia y las ambigüedades propias de los seres humanos, habló de Abraham Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton.
A Lincoln, lo calificó como un defensor de la libertad frente a la esclavitud fruto de la injusticia y de la mala política. Señaló que su ejemplo inspira a construir un futuro de libertad que exige amor al bien común y colaboración con un espíritu de subsidiaridad y solidaridad. Para Francisco, el legado de Lincoln anima el trabajo que se centra en devolver esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos, promover la recuperación de las personas y de los pueblos.
De Luther King el papa destacó el gran sueño que motivó sus luchas: la conquista de plenos derechos civiles y políticos para los afroamericanos. Un sueño que, según Francisco, sigue resonando en nuestros corazones y sigue movilizando a la acción, a la participación y al compromiso. Un sueño que despierta lo que de más profundo y auténtico hay en los pueblos: la responsabilidad de custodiar y defender la vida humana en todas las etapas de su desarrollo.
De Dorothy Day, fundadora del Movimiento del trabajador católico, resaltó su activismo social, su pasión por la justicia y la causa de los oprimidos, inspirada en el evangelio y en su fe. Para el papa, este ejemplo, motiva a implementar una “cultura del cuidado” y una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza. Su testimonio inspira e interpela en la lucha contra la pobreza y el hambre que han de ser combatidas constantemente y en muchos frentes.
Del monje Merton, maestro del espíritu, el papa hizo notar que fue un hombre de oración, un pensador que desafió las certezas de su tiempo y abrió horizontes nuevos para las personas y para la Iglesia. Fue un hombre de diálogo y un promotor de la paz entre pueblos y religiones.
Para Francisco, este legado representa parte importante del “alma del pueblo” estadounidense que se debería cultivar y entregar a las nuevas generaciones: “Tres hijos y una hija de esta tierra, cuatro personas, cuatro sueños: Abraham Lincoln, la libertad; Martin Luther King, una libertad que se vive en la pluralidad y la no exclusión; Dorothy Day, la justicia social y los derechos de las personas; y Thomas Merton, la capacidad de diálogo y la apertura a Dios”.
La levadura dañina, pues, se contrarresta cuando se favorecen los liderazgos positivos y esperanzadores. Porque, como afirmó el papa en su discurso ante el congreso, una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad, como hizo Abraham Lincoln; cuando genera una cultura de irrestricto respeto de los derechos humanos, como intentó hacer Martin Luther King; cuando lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day; cuando favorece el diálogo y siembra paz, al estilo de Merton.
Carlos Ayala Ramírez (*)
Profesor del Instituto Hispano de la Escuela Jesuita de Teología (Universidad Santa Clara, CA). Profesor de la Escuela de Liderazgo Hispano de la Arquidiócesis de San Francisco, CA. Profesor jubilado de la UCA El Salvador; exdirector de radio universitaria YSUCA.
@AyalaYsuca
https://www.facebook.com/carlos.uca.92/

Interrogantes al iniciar la administración Biden

Algunos criterios y muchas interrogantes al iniciar la Administración Biden
Biden está llamado a gobernar un país cuya credibilidad internacional ha sido dañada por los vaivenes de su política y la inestable gestión del presidente saliente.
• Fernando M. García Bielsa
El nuevo presidente de Estados Unidos, Joseph Biden, al asumir el gobierno deberá enfrentar numerosos desafíos, y en lo inmediato está obligado a prestar atención a severos y graves problemas como la pandemia, la recesión, el cambio climático y serias tensiones fiscales para la solución de urgentes necesidades sociales y de la coyuntura. Asimismo estará necesitado de obtener algunos resultados tangibles en sus primeros meses, sobre todo en la economía y en la lucha contra el coronavirus y mostrar que nuevamente la acción bipartidista es posible.

Está llamado a gobernar un país cuya credibilidad internacional ha sido dañada por los vaivenes de su política y la inestable gestión del presidente saliente. Asimismo Estados Unidos adolece serios problemas estructurales, y está en un momento de graves crisis política, económica y de salud, con una sociedad muy polarizada, el descrédito y disfuncionalidad de muchas de sus instituciones y con la perspectiva de obstrucciones en el Congreso, donde cuenta con una ínfima mayoría. Además, dada la pérdida de reputación del sistema electoral y la sostenida campaña de Trump sobre un supuesto fraude, una parte de la ciudadanía considera ilegal la presidencia de Biden.

A ello se agrega que los poderes del presidente Biden podrían estar algo mermados, pues por lo estrecho margen de su triunfo electoral se podría considerar que no cuenta con un sólido “mandato”. Durante este próximo cuatrienio enfrentará una férrea acción republicana para obstruir su gestión, pese a que él y su gobierno no se alejarán de la orientación política neoliberal compartida por ambos partidos del sistema, el demócrata y el republicano.

Una lista abreviada de los desafíos que enfrenta la sociedad estadounidense, junto a la urgencia y gravedad del impacto de la pandemia y de tendencias preocupantes que afloran, incluye las guerras sin fin que empantanan al país, la crisis económica, los enormes déficits fiscal y comercial, un grave deterioro de las infraestructuras, los persistentes odios y tensiones raciales, el viciado enfoque de la política inmigratoria, los peligros de la creciente desigualdad, el deterioro ambiental, la pérdida de privacidad ciudadana y de legitimidad de las instituciones del sistema.

Pero también el alto grado de financiarización de esa sociedad, que no trabaja para la economía real y productiva, las grandes burbujas financieras vinculadas a una enorme deuda pública a la espera de desatar un desastre mayúsculo con nefastas derivaciones sobre la sociedad toda; un sistema político electoral viciado y pasado de moda y un bipartidismo cuajado de divisiones, alejado de los problemas reales de la gente y sobrepasado ante las fracturas de la sociedad; la creciente inoperancia y estancamiento del rejuego político y legislativo en Washington.

La situación equivale a una crisis de representación política

La masiva desigualdad ha hecho de la lucha por la supervivencia un componente central y cotidiano para millones de personas. La conciencia pública de muchos de ellos ha devenido retorcida por su propia situación, por sus miedos y fanatismos, porque se han sentido repetidamente engañados y abandonados por ambos partidos del sistema, y por la acción manipuladora de los medios de difusión de derecha y sus redes sociales.

Asimismo hay un extendido deseo de cambios y el renacer, expansión y ramificación de fuerzas y tendencias que alimentan las divisiones en el país, a la vez que se propagan la violencia racial y de todo tipo, los grupos de odio supremacistas blancos y de milicias y grupos paramilitares fuertemente armados y con conexiones en las entidades policiacas y otros órganos de seguridad. Según cifras imprecisas tales agrupaciones cuentan con unos 50,000 integrantes.

Es una realidad de la que el nuevo Presidente deberá hacerse cargo. No tiene por delante una tarea fácil y en algunos ámbitos tendría que enfrentarse a la élite oligárquica y a los arraigados intereses en ambos partidos, algo sumamente improbable teniendo en cuenta su trayectoria política.

El vergonzoso episodio de la toma violenta del Capitolio por las hordas de simpatizantes de Trump de corte fascista, ha puesto en evidencia las falsas ilusiones y las grietas del país. Llama la atención la escasa resistencia, que roza con la complicidad, encontrada por los amotinados entre muchos de los guardias de seguridad a su paso hacia el hemiciclo. Aunque inusitadas y lógicamente rechazadas por la amplia mayoría de la ciudadanía, sin embargo, según algunos sondeos, esas acciones fueron vistas con simpatías por casi uno de cada cinco encuestados en la nación. A la par con tales hechos, cientos de personas efectuaron manifestaciones ante los edificios legislativos en varios estados a lo largo del país en contra de la confirmación de Biden.

Ese episodio evidencia la gravedad de la crisis de legitimidad que desde hace decenios viene carcomiendo al sistema político estadounidense. La violencia política ha sido un rasgo entronizado en el quehacer de Estados Unidos desde sus orígenes, sin embargo en los últimos años se registra una renovada receptividad a la misma a la par con una erosión de la confianza en las instituciones y en los cauces supuestamente democráticos.

Tales hechos pueden ser meros precursores de acontecimientos de mayor gravedad; de un período violento y turbulento. Claramente el quiebre institucional que tiene lugar no se resuelve con la salida de Trump. Algunos analistas llegan a decir que el país no ha experimentado una crisis de esta intensidad y magnitud desde los años anteriores a la Guerra Civil de la segunda mitad del siglo XIX.

Al mismo tiempo, según una encuesta Reuters/Ipsos de conjunto con el Centro para la Política de la Universidad de Virginia, un tercio de los estadounidenses considera que “Estados Unidos debe preservar el predominio de su herencia blanca europea”. Siempre ha existido en el país un extendido ámbito de resentimiento el cual cuenta con expresiones políticas que no puede tolerar la creciente diversidad en esa sociedad.

Esos y otros problemas no solo se proyectan a futuro, sino que son una realidad presente, incluyendo las grandes diferencias entre regiones del país, los desbalances económicos, étnicos y culturales y la sensación de abandono y desesperanzas de decenas de millones. Tales problemas son parte de la explicación y de las condiciones que hicieron posible el acceso a la Presidencia de un demagogo como Donald Trump en 2016.

Muchos de esos problemas y tendencias se derivan o relacionan con el proceso de declinación que se manifiesta en la economía y en el grado de predominio de Estados Unidos en el concierto de naciones, en buena medida derivado del impacto negativo acumulado por décadas de gigantescos gastos militares, de las guerras sin fin y la desmesurada sobre expansión imperial en todos los rincones del planeta, así como de los consiguientes desbalances y crecientes desigualdades generadas por la globalización neoliberal en el seno de esa sociedad.

En lo inmediato algunos hechos recientes presumiblemente deben mejorarle a Biden sus posibilidades de gestión y para impulsar en alguna medida su programa legislativo. Entre ellos destaca en primer lugar la pérdida por el Partido Republicano de su mayoría en el Senado y las muchas grietas que existen en su seno, catalizadas durante el catastrófico final del gobierno de Donald Trump.

Pese a ello cabe esperar que el magnate dedicará parte de su tiempo a entorpecer la gestión del nuevo Presidente. Trump ha debido abandonar el gobierno pero el peso latente de los 74 millones de estadounidenses que votaron por él está ahí. Seguirán siendo una base política tremenda, con tendencias de rechazo a las élites de Washington y al status quo, desestabilizadora y potencialmente manipulable para proyectos políticos de derecha. Lo que ahora llamamos trumpismo permanecerá aunque la figura de Trump quede en definitiva dañada, en mayor o menor medida, o desacreditada por su implicación en la inédita revuelta llevada al seno del Capitolio.

Recientemente algunos connotados políticos republicanos han estado abandonando la nave conducida por Trump, pero mayormente lo hacen midiendo consecuencias con miras a heredar eventualmente su manto. No pueden desligarse mucho de su agenda sin enajenarse el eventual apoyo de las decenas de millones que siguen fervorosamente al ex Presidente.

Aparte de la no despreciable extensión y arraigo de los grupos violentos de derecha, la agenda xenófoba y de rechazo a las élites políticas y financieras que Trump ha explotado sigue siendo una vertiente extremadamente popular entre sus amplias bases de apoyo. Son muchos quienes le siguen, dentro y fuera de las instituciones. Se augura una inminente batalla sobre el futuro rumbo del Partido Republicano y hasta su eventual división, lo cual podría a mediano plazo generar secuelas y hasta poner en entredicho la continuidad del sistema bipartidista oligárquico.

La victoria electoral y la correlación de fuerzas internas no constituyen un claro mandato

Pese a toda la superchería del proceso electoral estadounidense y del determinante impacto del dinero empleado, es indudable que Joseph Biden fue electo en 2020 en gran medida por el rechazo masivo hacia la figura de Donald Trump, además debilitado por la crisis económica y sanitaria justo previo a las elecciones. En millones de personas se impuso la habitual fórmula de votar por el menos malo.

No se produjo la anunciada y esperada oleada azul (pro demócrata). La victoria de Biden fue relativamente estrecha en varios estados, se redujo la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes y aunque se asume un predominio funcional en el Senado, este órgano que por su naturaleza es eminentemente conservador, ha quedado dividido con sus curules repartidos a partes iguales, con 50 senadores de cada partido. Su ventaja es bastante reducida y frágil, máxime cuando tanto demócratas de derecha como republicanos liberales podrían unirse ocasionalmente al partido contrario en la votación de medidas ajenas a sus preferencias. Eso complejiza la proyección del programa legislativo.

Más de la mitad de los estados de la Unión tienen gobernadores y/o legislaturas dominadas por los republicanos. Preocupa el papel que puede desempeñar la Corte Suprema y el cuerpo judicial a distintas instancias, todos de claro tinte conservador.

Dado el papel de Trump como catalizador de muchas de las desgarraduras del país, Biden hizo su compaña enfatizando que, por un lado, iba a revertir las políticas derechistas de Trump mientras que, a la vez, prometía la muy difícil tarea de restablecer la unidad en la nación y gobernar para todos los estadounidenses, independientemente de su color partidista.

Ello le resulta ahora una camisa de fuerza. El Presidente deberá moverse entre dos aguas contrapuestas: entre su pretendido cortejo con sectores republicanos que lo apoyaron, y en sentido contrario deberá evitar enajenarse DE la combativa ala progresista del Partido Demócrata, los seguidores de Bernie Sanders y la tradicional base del partido entre los trabajadores, los afroamericanos, ambientalistas y otros.

En las semanas previas a la toma de posesión se hizo evidente que es la élite tradicional la que está a cargo. Favorecidos por la misma son el grueso de los escogidos para integrar el gabinete y los más importantes cargos. Por el momento se observa bastante desconocimiento y menosprecio hacia el sector progresista.

Biden es un consumado político de la elite oligárquica quien accede al cargo con la notable gravitación de una clase de multimillonarios donantes de Silicon Valley y Wall Street. Él era el más conservador entre aspirantes a la nominación presidencial demócrata en las recientes elecciones. Deberá gobernar un país en declive, con muchas desgarraduras, y durante un largo período de recesión económica y tensiones fiscales. Gobernará con un Partido Demócrata dividido y en el que conciliar las diferencias con el ala progresista le plantea un desafío para no enajenar otros sectores de su coalición y evitar un descalabro en las elecciones parlamentarias de 2022.

Mantener la continuidad del capitalismo neoliberal y de la tasa de ganancia empresarial será una preocupación central de la política económica de la Administración Biden, según se debe en parte a la influencia en la misma del sector financiero, los gigantes de la tecnología de avanzada, las transnacionales y del establishment demócrata.

n el plano interno, pese a los enormes niveles de endeudamiento y el aumento intocable del presupuesto militar, hay una marcada necesidad de mayor gasto federal en atención médica, ayuda para los desempleados y las empresas, y apoyo para los gobiernos estatales y locales con problemas. Se estima que dado el nivel desigualdad existente y el bajo dinamismo de la economía, Biden podría intentar suavizar el filo de las políticas de corte neoliberal mediante la manipulación monetaria, sin abandonar la orientación general neoliberal característica de las esferas que controlan el Partido Demócrata.

Incluso después de superada la pandemia, es probable que se enfrente a una debilidad económica persistente y a una necesidad desesperada de mayor inversión pública. Con toda seguridad seguirá la masiva inyección en la economía de dinero fiat, de grandes emisiones de papel moneda sin respaldo real, lo cual incrementaría a mediano plazo los riesgos para la estabilidad del dólar y de la propia economía.

Varios analistas de peso consideran como anacrónicas y poco sostenibles las políticas centristas ortodoxas que probablemente adoptará la administración Biden, dadas las crecientes fracturas y tendencias contrapuestas en el país y la erosión de la credibilidad del neoliberalismo. El próximo período de gobierno de Biden bien podría ser un mero intervalo en la trayectoria de continuado ascenso y empoderamiento de las posiciones de extrema derecha en el país.

En materia de política exterior seguramente habrá más espacio para el multilateralismo, la diplomacia y para cierto acomodo con sus aliados, al tiempo que dará continuidad a la pretensión de Estados Unidos de recuperar su primacía y dominación global mediante la amenaza y la fuerza. Es sobre todo en esta esfera donde el nuevo mandatario ha nominado a algunos notorios neoconservadores y liberales intervencionistas. Con Biden se incrementará el presupuesto militar, se mantendrán las tropas en el Oriente Medio y, en un marco geopolítico adverso, se persistirá en una línea dura hacia China. Estados Unidos continuará siendo el mayor exportador de armas, y podrían esperarse nuevas intervenciones militares y subversivas en el exterior.

A primera vista Biden se ve favorecido para iniciar su gestión cuando sucede a un gobierno como el de Trump que generó tanta polémica, tanta polarización y un mediocre desempeño en un periodo en el cual se agudizaron las divisiones en el país. Sin embargo, las muchas expectativas generadas respecto a una nueva administración podrían actuar en su contra en breve plazo.