Las claves de una catástrofe anunciada

El lamentable papel de Europa en la guerra Rusia – Ucrania y las lágrimas que desató

El reconocido sociólogo portugués analiza cómo se llegó al conflicto y la incapacidad de los dirigentes europeos para desarmar una guerra largamente preparada. El papel de Estados Unidos y lo que le espera a la política y la economía internacional.

Boaventura de Sousa Santos

Por Boaventura de Sousa Santos

Debido a que Europa no ha sido capaz de hacer frente a las causas de la crisis, está condenada a hacer frente a sus consecuencias. El polvo de la tragedia está lejos de haberse asentado, pero, aun así, nos vemos obligados a concluir que los líderes europeos no estaban ni están a la altura de la situación que estamos viviendo. Pasarán a la historia como los líderes más mediocres que Europa ha tenido desde el final de la Segunda Guerra Mundial. 

Seguí en vivo el minuto a minuto de la guerra entre Rusia y Ucrania 

Ahora están haciendo todo lo posible en la ayuda humanitaria, y no se puede cuestionar el mérito de dicho esfuerzo. Pero lo hacen para salvar las apariencias ante el mayor escándalo de este tiempo. Gobiernan los pueblos que, en los últimos setenta años, más se han organizado y manifestado contra la guerra en cualquier parte del mundo donde sea que esta se haya producido. Y no fueron capaces de defenderlos de la guerra que, al menos desde 2014, se venía gestando en casa. 

Las democracias europeas acaban de demostrar que gobiernan sin el pueblo. Hay muchas razones que nos llevan a esta conclusión.

Una guerra preparada hace mucho

Esta guerra estaba siendo preparada hace mucho tiempo tanto por Rusia como por Estados Unidos. En el caso de Rusia, la acumulación de inmensas reservas de oro en los últimos años y la prioridad otorgada a la asociación estratégica con China, concretamente en el ámbito financiero, con miras a la fusión bancaria y la creación de una nueva moneda internacional, y en el comercio, donde hay enormes posibilidades de expansión con la iniciativa Belt and Road en Eurasia. 

En las relaciones con los socios europeos, Rusia ha demostrado ser un socio creíble, dejando claras sus preocupaciones de seguridad. Preocupaciones legítimas, si por un momento pensamos que en el mundo de las superpotencias no hay buenos ni malos, hay intereses estratégicos que hay que acomodar. Este fue el caso en la crisis de los misiles de 1962 con la línea roja de Estados Unidos, que no quería misiles de mediano alcance instalados a 70 km de su frontera. Que no se piense que fue solo la Unión Soviética la que cedió. Estados Unidos también desistió de los misiles de mediano alcance que tenía en Turquía. Cedieron de manera recíproca, se acomodaron, y tuvieron un acuerdo duradero. ¿Por qué no fue posible lo mismo en el caso de Ucrania? Veamos la preparación en el lado estadounidense.

La democracia es solo la pantalla de EE.UU.

Ante el declive del dominio global que ha tenido desde 1945, EE.UU. busca consolidar a toda costa zonas de influencia, que garanticen facilidades comerciales para sus empresas y acceso a materias primas. Lo que escribo a continuación se puede leer en documentos oficiales y think tanks, por lo que se prescinde de teorías conspirativas. La política del regime change no está dirigida a crear democracias, solo gobiernos que sean fieles a los intereses de Estados Unidos. 

No fueron estados democráticos los que surgieron de las sangrientas intervenciones en Vietnam, Afganistán, Iraq, Siria, y LibiaNo fue para promover la democracia que alentaron golpes de Estado que depusieron a presidentes elegidos democráticamente en Honduras (2009), Paraguay (2012), Brasil (2016), Bolivia (2019), sin mencionar el golpe de 2014 en Ucrania. 

Desde hace algún tiempo, el principal rival es China. En el caso de Europa, la estrategia estadounidense tiene dos pilares: provocar a Rusia y neutralizar a Europa (especialmente a Alemania). La Rand Corporation, una conocida organización de investigación estratégica, publicó en 2019 un informe preparado a petición del Pentágono, titulado «Extendiendo Rusia. Competir desde terreno ventajoso». En él se analiza cómo impactar a los países para que la provocación pueda ser explotada por Estados Unidos. 

Cómo desestabilizar a Rusia

Con respecto a Rusia, dice: «Hemos analizado una serie de medidas no violentas capaces de explotar las vulnerabilidades y ansiedades reales de Rusia como un medio para presionar al ejército y la economía de Rusia y el estatus político del régimen en el país y en el extranjero. Los pasos que hemos examinado no tendrían la defensa ni la disuasión como objetivo principal, aunque podrían contribuir a ambos. Por el contrario, tales pasos se consideran elementos de una campaña diseñada para desestabilizar al adversario, obligando a Rusia a competir en campos o regiones donde Estados Unidos tiene una ventaja competitiva, llevando a Rusia a expandirse militar o económicamente, o haciendo que el régimen pierda prestigio e influencia a nivel nacional y/o internacional». 

¿Necesitamos saber más para entender lo que está sucediendo en Ucrania? Rusia fue provocada a expandirse para luego ser criticada por hacerlo. La expansión de la OTAN hacia el este, en contra de lo que se había acordado con Gorbachov en 1990, fue la pieza clave inicial de la provocación. La violación de los acuerdos de Minsk fue otra pieza. Cabe señalar que Rusia comenzó por no apoyar el reclamo de independencia de Donetsk y Lugansk después del golpe de 2014. Prefería una fuerte autonomía dentro de Ucrania, como está establecido en los acuerdos de Minsk. Estos acuerdos fueron rotos por Ucrania con el apoyo de Estados Unidos, no por Rusia.

El papel destinado a Europa

En cuanto a Europa, el principio es consolidar la condición de socio menor que no se atreva a perturbar la política de las zonas de influencia. Europa debe ser un socio fiable, pero no puede esperar reciprocidad. Por eso la UE, ante la ignorante sorpresa de sus líderes, fue excluida del AUKUS, el tratado de seguridad para la región del Índico y el Pacífico entre EE.UU., Australia e Inglaterra. 

La estrategia del socio menor requiere que se profundice la dependencia europea, no solo en el ámbito militar (ya garantizado por la OTAN) sino también en el económico, es decir, en términos energéticos. La política exterior (y la democracia) de EE. UU. está dominada por tres oligarquías (no solo hay oligarcas en Rusia y Ucrania): el complejo militar-industrial; el complejo gasífero, petrolero y minero; y el complejo bancario-inmobiliario. Estos complejos tienen ganancias fabulosas gracias a las llamadas rentas monopólicas, situaciones privilegiadas de mercado que les permiten inflar los precios.

El objetivo de estos complejos es mantener al mundo en guerra y crear una mayor dependencia de los suministros de armas estadounidenses. La dependencia energética de Europa en relación con Rusia era inaceptable. Desde el punto de vista de Europa, no se trataba de dependencia, se trataba de racionalidad económica y diversidad de socios. 

Con la invasión de Ucrania y las sanciones, todo se consumó como estaba previsto, y la apreciación inmediata de los precios de las acciones de los tres complejos tenía champán esperándolosUna Europa mediocre, ignorante y sin visión estratégica cae impotente en manos de estos complejos, que ahora les dirán los precios a cobrar. Europa está empobrecida y desestabilizada por no haber tenido líderes a la altura del momento. 

Además de eso, se apresura a armar a los nazis. Tampoco recuerda que, en diciembre de 2021, la Asamblea General de la ONU adoptó, a propuesta de Rusia, una resolución contra la «glorificación del nazismo, el neonazismo y otras prácticas que promuevan el racismo, la xenofobia y la intolerancia». Dos países votaron en contra, Estados Unidos y Ucrania.

¿Para qué sirve la OTAN?

Las negociaciones de paz en curso son una equivocación. No tiene sentido que sean entre Rusia y Ucrania. Deberían ser entre Rusia y EE.UU./OTAN/Unión Europea. La crisis de los misiles de 1962 se resolvió entre la URSS y Estados Unidos. ¿Alguien se acordó de llamar a Fidel Castro para las negociaciones? 

Es una cruel ilusión pensar que habrá una paz duradera en Europa sin compromiso real por parte de Occidente. Ucrania, cuya independencia todos queremos, no debería unirse a la OTAN. ¿Finlandia, Suecia, Suiza o Austria han necesitado hasta ahora la OTAN para sentirse seguros y desarrollarse? 

De hecho, la OTAN debería haber sido desmantelada tan pronto como acabó el Pacto de Varsovia. Solo entonces la UE podría haber creado una política y una fuerza de defensa militar que respondiera a sus intereses, no a los intereses estadounidenses. ¿Qué amenaza había para la seguridad de Europa que justificara las intervenciones de la OTAN en Serbia (1999), Afganistán (2001), Irak (2004), y Libia (2011)? Después de todo esto, ¿es posible seguir considerando a la OTAN como una organización defensiva?

Carta a EE.UU y a la OTAN

Quien juega con fuego se quema (y nos quema)

Joe Biden y Vladimir Putin
Joe Biden y Vladimir Putin

Una serie de datos previos que no cabe olvidar, unas actitudes honestas que busquen algo más que culpabilizar al de enfrente y una serie de peligros innegables (entre ellos el de una guerra nuclear no querida por nadie) llevan a buscar unas soluciones que aún serían posibles, antes de que nos aconsejen aquello del chiste: pues rece usted Señor mío Jesucristo…

«Este conflicto actual deriva de la conducta de EEUU ante Rusia tras la caída de la URSS, prácticamente idéntica a lo que se hizo al final de la guerra 1914-18 con la derrotada Alemania»

«La OTAN nació para defenderse de la amenaza soviética y debió desaparecer cuando desapareció el Pacto de Varsovia. En vez de eso dejó de ser una organización defensiva y se convirtió en imperial»

«Muchos ciudadanos tenemos la seguridad de que si estalla ahora una guerra, acabará siendo nuclear»

 | José I. González Faus teólogo

Les escribo en momentos, en que aún no está todo perdido. Porque luego, cuando tengamos que ocuparnos del cuidado de heridos, del entierro de víctimas de guerra (quizás muy queridas para nosotros), y de sobrevivir en medio de una carencia de suministros, víctimas de esa ley de todas las guerras: “la mayoría se empobrece (y unos pocos miserables se enriquecen)”…, entonces quizá no quedarán ya ni fuerzas para escribir ni ánimos para leer.

1.Datos previos.- La guerra ha sido definida como una serie de operaciones en las que miles de personas jóvenes que no se conocen ni se aman ni se odian, se matan entre sí para satisfacer a dos o tres personas que se conocen y se odian, pero que no se verán afectados por ningún proyectil…

Stephen Zweig y otros grandes pensadores constataron cómo las dos guerras mundiales del siglo pasado estallaron cuando todos los políticos proclamaban como absolutamente improbable que estallara una guerra. Pero el hombre es el único animal que tropieza varias veces en la misma piedra.

Este conflicto actual deriva de la conducta de EEUU ante Rusia tras la caída de la URSS, prácticamente idéntica a lo que se hizo al final de la guerra 1914-18 con la derrotada Alemania: el afán de humillar al vencido provocó la aparición (y triunfo) de Hitler, en una Alemania fecundada por una semilla de odio. Ahora pasa lo mismo con Rusia y con Putin. Pero la paz nunca se consiguió humillando al vencido sino tratándolo con respeto y delicadeza: eso es además lo único cristiano, señor Biden.

2.-Actitudes honestas.-Es fácil vociferar contra las culpas de los demás, pero sería más humano reconocer las propias. Y bien:

 La OTAN nació para defenderse de la amenaza soviética y debió desaparecer cuando desapareció el Pacto de Varsovia. En vez de eso dejó de ser una organización defensiva y se convirtió en imperial.

George Kennan, representante de la política estadounidense ante la URRS, declaró que la ampliación de la OTAN hacia el Este sería el error más grande de la política exterior de EEUU, una vez acabada la guerra fría.

Le prometimos a Gorbachov que la OTAN no se extendería por el Este de Europa y no hemos cumplido esa promesa.

EEUU instaló misiles en Europa del Este, quebrantando lo pactado en el tratado de cooperación Rusia-OTAN (1997). Putin hizo algún gesto pacificador, por ejemplo retirando las fuerzas rusas de Kosovo y cerró todas las bases que tenía la URSS en Cuba.

OTAN

En 2003 Moscú, junto con París y Berlín denunciaron la invasión de Irak, hecha sin el aval de la ONU. La OTAN se ha convertido, por obra de EEUU en la Organización Traidora del Atlántico Norte.

Nos dice Ud. señor Biden, que le consta que Rusia tiene previsto invadir Ucrania el martes tal; llega aquel martes y no pasa nada. Pero Usted ni se inmuta: dice ahora que tiene previsto hacerlo “dentro de poco”… ¿No comprende Ud. que esas declaraciones carecen de credibilidad, luego de aquella “certeza” de que Irak tenía unas “armas de destrucción masiva”, que solo estaban en la imaginación del presidente de EEUU? No valen afirmaciones sin pruebas, señor Biden. Dirá Ud. que no puede presentar esas pruebas porque pondría en peligro sus sistemas de información; pero, si no puede ofrecer pruebas, no diga nada. Ni nos invite a creer que sus espías consiguen tales informaciones con la misma facilidad con que las obtienen en la última novela de Ken Follet (Nunca). Por favor, señor presidente: que la realidad no son novelas ni películas del Oeste.

Temores actuales.- Muchos ciudadanos tenemos la seguridad de que si estalla ahora una guerra, acabará siendo nuclear. Ustedes dirán que no. Pero Putin es lo suficientemente loco y suficientemente orgulloso (y en ese orgullo está lo suficientemente apoyado por buena parte de su pueblo), como para preferir una debacle masiva antes de quedar definitivamente destrozado y humillado él solo. Y Ustedes dos (Biden y Stoltenberg) pasarán a la historia (si es que hay historia luego de esa guerra) como responsables de tamaña calamidad.

Además, están poniendo a Europa en una situación muy difícil: a la UE no le interesa una política de enemistad con Rusia, como la que quieren ustedes, sino una política de buena vecindad. Y muchos europeos tenemos la fuerte sospecha de que para la política imperialista de EEUU, “our friends” son solo «our servants”. Por si fuera poco, la historia de las relaciones de EEUU con América Latina (desde Chile a Centroamérica) es prueba muy seria de esa convicción.

Soluciones a buscar.- Los ciudadanos no tenemos todos los datos para poder dictar soluciones. Pero podemos imaginar cosas como ésta: parece que, en los orígenes de esta nueva guerra mundial hay dos problemas: en uno tenemos nosotros la culpa; en el otro la tiene Rusia. El primero es la extensión por Europa del Este de la que llamé Organización Traidora del Atlántico Norte. El segundo los conflictos en torno a las provincias de Jughansk y Donesk y la zona rusófila de Ucrania.

El repentino reconocimiento de la independencia de esas regiones me parece una medida no significativa por su contenido sino por las fechas en que ha sido tomada. A esas regiones les aportará poco (pues, como dijo una vez Artur Mas: ¿de qué nos servirá una declaración de independencia si el resto del mundo no nos la reconoce?). En cambio, para Putin supone la fidelidad absoluta de los moradores de esas tierras, y le sirve como una provocación chulesca, a ver si Occidente reacciona mal y se cumplen aquellos dos principios tan importantes en situaciones de conflicto: “el que levanta la voz pierde parte de la razón que tenía”; “y el victimismo es el arma para conseguir una razón que no se tiene”.

Las sanciones económicas temo que van a servir para poco y afectarán también a Europa sin alcanzar a los EEUU; lo que a la larga acabará creando división en Occidente. En caso de guerra, las dictaduras están mejor preparadas para ella que las democracias: por eso mismo, estas últimas necesitan declarar “estados de excepción” que no serán aceptados por muchos ciudadanos acostumbrados a la libertad. ¿No serán estos dos efectos lo que busca Putin? Y, en mi modesta opinión, si la guerra se produce acabará siendo atómica: pues ninguno de los dos contendientes toleraría una derrota.

En este contexto surge la pregunta preocupada de un pobre ciudadano: ¿no sería mejor llegar a un acuerdo por el que la OTAN se retira de la Europa del Este, y Rusia se compromete a no atentar para nada contra la soberanía de esos países, y a buscar una solución dialogada en Ucrania? Un acuerdo por escrito, que prevea además sanciones si hay incumplimiento, y en el que ambas partes aceptan un árbitro exterior (quizás el TPI, vista la inutilidad de la ONU actual), para casos eventuales de incumplimientos.

Entiendo que eso no sería nada fácil. Pero creo que por ahí está nuestra única tabla de salvación. Si no, no nos queda más camino que la respuesta de aquel del viejo chiste: “pues entonces rece Usted: ‘Señor mío Jesucristo’…

O, a lo mejor, aún vale eso que los biblistas dicen de la llamada «literatura apocalíptica»: son cosas que se escriben no porque vayan a pasar, sino para que no pasen..

El conflicto en Ucrania¡Ay de los vencedores!

Conflicto de Ucrania
Conflicto de Ucrania

Por José I. González Faus

Reflexiones éticas

Los romanos solían decir “ay de los vencidos” (vae victis), pero quizás es que sabían vencer mejor que nosotros… El hecho es que, después de la primera guerra mundial, los vencedores fueron tan crueles con la Alemania derrotada, en aquella paz de Versalles, que contribuyeron alnacimiento del nazismo. Los alemanes no son de por sí racistas, pero sí que se produjo entonces una generación humillada, que fomentó el racismo y aplaudió la victoria de Hitler.

Y la historia se repite: tras la caída del comunismo soviético, los vencedores se portaron de manera igual de cruel con Rusia, dejándola como Alemania en 1918. Eso ha facilitado la aparición del Putin dictador con apoyo en el pueblo ruso. “El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”.

El resultado podría ser que desde la primera a la segunda guerra mundial transcurrieron unos 20 años; y ahora transcurran casi 80 desde la segunda a la que podría ser tercera guerra mundial: algo hemos progresado pero no suficiente. Y además tampoco parece que hayamos aprendido las lecciones del pasado: el invencible Napoleón fracasó en su intento de invadir Rusia. Y al “invencible” Hitler le pasó algo parecido…

Y, como siempre, actuamos con dos medidas distintas: cuando la crisis de los misiles cubanos, EEUU veía muy claro su derecho a no tener tan cerca aquella amenaza: y se sintió autorizado para invadir Cuba en aquel episodio ridículo de la bahía de Cochinos. Pero no le reconocen a Rusia el mismo derecho a no tener una amenaza a solo 500 kms. de sus puertas.

OTAN

Más de lo mismo: criticábamos antaño con razón el expansionismo soviético, pero olvidamos que la OTAN (organización del ¡Atlántico Norte!) tampoco tenía ningún derecho de expandirse hacia el Este (Rumanía, Bulgaria y ahora Ucrania): porque además la OTAN pretende ser una organización solo defensiva.  Y dejemos ya de hablar como los niños cuando se pelean: “ha sido él quien ha empezado”.

Damos además oídos a las informaciones de un mentiroso oficial (como es el sr. Boris Johnson) sobre el plan de Rusia para invadir inmediatamente Ucrania. Y valga todo esto para no mentar el ridículo que hacemos cuando nuestro escándalo (¡legítimo! sin duda) por el caso Navalny, no nos lleva a abrir los ojos ante nuestro vergonzoso caso J. Assange, criticado incluso por Amnistía Internacional…

Ahora podrán decirme que soy comunista, que soy prosoviético, que soy antipatriota y todos esos adjetivos que tenemos tan a mano. Podría responder que no estoy alabando a Rusia (de la que aquí no hablo), sino criticando a Occidente. Pero prefiero contar un ejemplo que considero profundamente cristiano: en 1956, cuando la salvaje invasión de Hungría por la URSS, hubo en todo el mundo occidental manifestaciones verbales y callejeras contra aquel crimen. Y llamó mucho la atención que Karl Barth (figura muy conocida en el mundo académico de entonces, y quizás el mayor teólogo del s. XX) se negó a participar en todas ellas. Pero Barth se limitó a responder: “no tenemos derecho a criticar a la URRS porque, aunque ha fracasado, ha sido en el intento de resolver un problema que nosotros occidentales ni siquiera hemos querido plantearnos: el problema social”. Barth no defendía a la URSS, pero pedía que examináranos nuestras conciencias.

Quien tenga oídos para oír que oiga, solía decir Jesús de Nazaret. Y añadía aquello de: quita primero la mancha que tienes en tu ojo, y entonces podrás decir a tu hermano que te deje quitarle la mancha que tiene en el suyo.

Reflexiones prácticas

Por esas paradojas de la vida, una de las grandes ventajas de Occidente se convierte ahora en una desventaja: si hay una nueva guerra, ya no bastará con hacer luego un homenaje a los caídos (en Normandía por ejemplo), que a ellos no les devolverá la vida y a nosotros tampoco nos tranquilizará la conciencia. Habrá que pensar muy seriamente en ellos antes de que caigan: en el sufrimiento (afectivo y físico) de cada persona concreta, en las malas noches, en el dolor de las familias a las que comunican la pérdida de un hijo o que viven temiendo esa noticia, en el de los soldados que piensan en la novia o en la mujer…

EEUU no debería olvidar la cantidad de ciudadanos que tiene psíquicamente enfermos como consecuencia de sus aventuras bélicas en Vietnam, en Irak, en Afganistán (de las que además, tampoco salió muy bien parado) y que provocarán multitud de “objeciones de conciencia” (o “objetores por experiencia”). Ese es el precio de la libertad que hemos conquistado.

Pero eso no pasará en Rusia porque no se conoce tanto la experiencia de la libertad. Y ante esa debilidad es cuando surge la tentación del armamento a distancia y del armamento atómico: no olvidemos que así es como se justificó el lanzamiento de la bomba atómica: “para evitar males mayores” (¿?). Tampoco bastará con iniciar una guerra de sanciones, porque eso implicaría que Alemania se quede sin el gas que recibe de Rusia, lo cual no es viable ni imaginable.

Recordemos pues unas palabras del Vaticano II:

 “La humanidad que ya está en grave peligro: aun a pesar de su ciencia admirable, quizá sea arrastrada funestamente a aquella hora en la que no habrá otra paz que la paz horrenda de la muerte… Con las armas científicas, las acciones bélicas traspasan excesivamente los límites de la legítima defensa… Esto nos obliga a examinar la guerra con mentalidad totalmente nueva” (GS 82.80). Y proponía el Concilio dos soluciones que hemos dejado totalmente de aplicar: “el establecimiento de una autoridad pública universal” y “detener la carrera de armamentos (que) es la plaga más grave de la humanidad y perjudica a los pobres de la tierra de manera intolerable” (82,81).

Conclusión

Esperemos pues que no llegue la sangre al río, que las negociaciones se intensifiquen, que se llegue a una situación aceptable para todos (lo que implicará renuncias por ambas partes): una solución aceptable sobre todo para Ucrania que es quien peor lo pasaría en caso de guerra. Y que todas estas líneas resulten de verdad perfectamente inútiles.

Semana sobre el matrimonio en USA

La Iglesia en Estados Unidos anuncia una semana de oración y festejos por el matrimonio

La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos celebrará la Semana Nacional del Matrimonio y el Día Mundial del Matrimonio; ofrece subsidios para participar

matrimonio

La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés) dio a conocer que llevará a cabo la Semana Nacional del Matrimonio, del 7 al 14 de febrero, y el Día Mundial del Matrimonio, el domingo 13.


Para los obispos norteamericanos, ambas celebraciones son una oportunidad para que la Iglesia Católica reflexiones y celebre la vocación por el matrimonio y la vida familiar.

“Es una gran oportunidad para que todos reflexionen sobre el regalo que es el matrimonio para nuestra Iglesia y nuestro país, así como una oportunidad para que las parejas revivan y crezcan sus propios matrimonios“, señaló la USCCB en un comunicado.

El tema para la Semana Nacional del Matrimonio es “Llamados a la alegría del amor”, que responde al nuevo Marco Pastoral Nacional para el Ministerio del Matrimonio y la Vida Familiar, que fue aprobado por los obispos de Estados Unidos en junio del 2021, y que fue elegido para destacar las múltiples formas en que las parejas casadas y las familias son acompañadas por la Iglesia para vivir el llamado del amor.

¿Cómo se puede participar?

En las redes sociales de la USCCB ya está disponible el material referente a la Semana Nacional del Matrimonio: “videos que mostrarán cómo diversos ministerios están fortaleciendo a los matrimonios que enfrentan desafíos como la infertilidad, el dolor por la pérdida de un hijo y los factores estresantes de la vida diaria”.

Asimismo, durante esa semana se transmitirá el rezo del Santo Rosario para parejas casadas y comprometidas, y una conversación sobre lo que significa cuidar a un cónyuge enfermo.

Cada día se hará una intención de oración diferente; iniciando el lunes 7, día en el que se pedirá por “un mayor reconocimiento y protección de la institución única del matrimonio entre un hombre y una mujer, especialmente en Estados Unidos”.

La Semana Nacional del Matrimonio se estableció en el 2010, como parte de una iniciativa internacional que busca concentrar a individuos, organizaciones y empresas entorno a un propósito común, con el fin de fortalecer el matrimonio en las comunidades e influir en la cultura.

Por su parte, el Día Mundial del Matrimonio fue establecido en 1983 por el Encuentro Matrimonial Mundial.

Para mayor información se puede visitar el siguiente enlace.

La clase trabajadora

¿Existe la clase trabajadora? Las consecuencias del abandono político 

VICENÇ NAVARRO 

UNAS 5.000 PERSONAS, SEGÚN LOS SINDICATOS, Y 1.500, SEGÚN LOS CÁLCULOS DE LA POLICÍA, HAN PARTICIPADO HOY EN CÁDIZ EN LA MANIFESTACIÓN DE APOYO A LA HUELGA DE LOS TRABAJADORES DEL METAL, QUE HA ACABADO EN GRAVES DISTURBIOS CUANDO UNA PARTE DE LA PROTESTA SE HA ESCINDIDO DEL RECORRIDO OFICIAL PARA INTENTAR CORTAR EL PUENTE JOSÉ LEÓN DE CARRANZA. EFE/ROMÁN RÍOS. 

Un cambio substancial está ocurriendo en gran número de países a los dos lados del Atlántico Norte (Norteamérica y Europa Occidental) en el comportamiento electoral de la población, y muy en especial de amplios sectores de las clases populares y en particular de la clase trabajadora. En la Europa Occidental la gran mayoría de partidos de izquierda fueron creados por el movimiento obrero de cada país, y su apoyo electoral era históricamente más acentuado entre las clases trabajadoras que entre otras clases sociales. Naturalmente que amplios sectores de la clase trabajadora votaban, bien por motivos religiosos o culturales, a las derechas también. Pero históricamente las clases trabajadoras se abstenían y entre las votantes, los partidos de izquierda tuvieron la mayoría de su base electoral entre los miembros de tal clase. Esta situación ha estado cambiando en gran número de países en la Europa occidental. 

En EEUU los dos partidos mayoritarios durante los siglos XX-XXI han sido el Parido Republicano y el Partido Demócrata, dentro de un sistema electoral que se ha caracterizado por su carencia de proporcionalidad (favoreciendo a los estados más conservadores, pequeños y rurales, a costa de los estados grandes e industriales), promoviendo, además, un bipartidismo que imposibilita que un partido de izquierda pueda llegar a tener representación parlamentaria. De ahí, que los partidos de izquierdas —socialistas y comunistas— participen en el proceso electoral exclusivamente a través de las primarias del Partido Demócrata, dentro del cual ejercen su influencia que alcanzó su máxima dimensión durante la administración Roosvelt, con el establecimiento de un New Deal con características semejantes (aunque no idénticas) a la socialdemocracia europea de aquel tiempo. Fue la época más progresista de la historia de los EEUU, siendo el Presidente Roosvelt el presidente más popular de aquel país (incluso hoy). 

La vocación redistribuidora de recursos, rentas y propiedades, del Partido Demócrata de entonces y su expansión de los derechos sociales y laborales (estableció la Seguridad Social) explica que, sin ser un partido fundado por la clase trabajadora, contó con un apoyo electoral de la mayoría de los trabajadores estadounidenses votantes (ver People History Of The United States de Howard Zinn). Tal vocación permaneció con los Presidentes Truman y Johnson, creando este último Medicare (programa universal de derecho a los servicios sanitarios para todo ciudadano residente por encima de los 65 años). Pero se diluyó y desapareció con el Presidente Carter y más tarde con el Presidente Clinton, inspirador de la «tercera vía», liderada en la Europa Occidental por Tony Blair dirigiendo el Partido Laborista del Reino Unido. Como consecuencia el voto de la clase trabajadora (la mayoría blanca) al Partido Demócrata ha ido descendiendo

La tercera vía y la supuesta desaparición de la clase trabajadora 

La evidencia muestra pues que este voto a las izquierdas por parte de la clase trabajadora ha ido disminuyendo a partir del abandono o distanciamiento de los partidos de izquierda (en la Europa Occidental) y del Partido Demócrata (en EEUU) de su compromiso redistributivo y reversión de las crecientes desigualdades de renta y propiedad. En la medida que esta distinción entre los partidos de izquierda (favorables a la redistribución) y los partidos de derechas (contrarios a ella) se ha ido diluyendo, han ido aumentando la desafección de la clase trabajadora con los partidos de izquierda. La evidencia de la popularidad de las políticas redistributivas, tanto económicas como sociales (predominantemente expansión de derechos a toda la población, de carácter universal, y no solo asistencial) es contundente. 

Las encuestas realizadas en gran número de estos países muestran, en altos porcentajes, que las clases trabajadoras de cada país (definidas estadísticamente como los ciudadanos y residentes del país que tiene ingresos por debajo de la mediana del paísconsideran que las desigualdades de renta y propiedad son excesivas; que los impuestos a las rentas del capital y de las clases más pudientes deberían aumentarse; que debería ser responsabilidad de las instituciones públicas representativas el redefinir el nivel de desigualdades de renta y capital existentes en el país; que los derechos de acceso a la sanidad pública debían ser universales, así como el acceso a los servicios de ayuda a las familias (escuela de infancia y servicios de dependencia) y así una larga lista de derechos económicos y laborales. Estas son las prioridades económicas y sociales de la mayoría de la clase trabajadora. (Ver el ultimo estudio de las encuestas sobre la opinión de las y los trabajadores estadunidenses hecho por Common Sense Solidarity, publicado en Jacobin, Nov 2021. Para analizar los valores de la clase trabajadora en varios países europeos ver mi libro El Subdesarrollo Social De España, Causas Y Consecuencias, y también el libro de Walter Korpi, The Democratic Class Struggle). 

También estos y otros libros han  documentado extensamente —tales como mi libro Ataque a La Democracia y al Bienestar. Critica al Pensamiento Económico Dominante, que la dirección de las políticas públicas en gran número de países gobernados por la socialdemocracia, versión «tercera vía» (incluido el Partido Demócrata en EEUU) ha ido en dirección contraria a lo que el sentido popular hubiera deseado que ocurriera. En realidad, el nivel de vida de la clase trabajadora ha ido bajando de tal manera que, un porcentaje elevado de jóvenes procedente de estas clases no vivirán mejor que sus padres. De ahí que no debería ser una sorpresa que la clase trabajadora abandone los partidos que sus antecesores crearon. 

¿Cuál es la respuesta a esta realidad por parte de los dirigentes de la «tercera vía»? 

En general, dirigentes e intelectuales próximos de los partidos socialdemócratas de sensibilidad «tercera vía» (la cual es la mera adopción del liberalismo en sus políticas públicas, apareciendo como la light version, al lado de las derechas que representan la heavy version) niegan que exista tal desapego por parte de la clase trabajadora, pues niegan incluso que exista tal clase trabajadora, a la cual consideran que ha desaparecido, habiéndose transformado en «clase media». 

Este supuesto está muy extendido en los grandes medios de información en España. Algunos de ellos, sin embargo, aceptan que sí, que la clase trabajadora continúa existiendo, pero su elevado absentismo (supuestamente imposible de cambiar) la han hecho irrelevante, y por tanto es una pérdida de tiempo centrarse en sus problemas, siendo más productivo desde el punto de vista electoral centrarse en los problemas de las clases medias, y muy en particular de las clases medias profesionales, de educación superior, que consideran tienen mayor peso electoral. 

La pandemia ha mostrado que hay clases sociales, incluyendo clase trabajadora 

La pandemia ha mostrado el error de los argumentos anteriores. Ha señalado claramente que hay clases sociales y que la seguridad y protección de la ciudadanía está bastante determinada por la clase social de la población. Las familias con un nivel de renta superior al de la mediana del país pudieron, en su gran mayoría, estar en su casa y trabajar desde ella. No así las familias de renta familiar inferior a la mediana del país cuya gran mayoría tuvo que ir a trabajar para cubrir los servicios esenciales, siendo éste el sector de la clase trabajadora (la mayoría mujeres), que tiene una menor estabilidad laboral, peores condiciones de trabajo y menor nivel salarial y menor protección social

Esta situación se dio en la mayoría de los países afectados por la pandemia en ambos lados del Atlántico Norte. La mayoría de los ciudadanos con renta por debajo de la mediana (la mayoría de clase trabajadora) no trabajaron desde sus casas durante la pandemia, como sí hicieron la mayoría de los ciudadanos y residentes con rentas superiores a la mediana, y tuvieron comportamientos políticos distintos. Los primeros votaron a aquellos que prometían dar prioridad al mantenimiento y creación de puestos de trabajo que necesitaban para sobrevivir económicamente (tales como Trump en EEUU y la ultraderecha en Europa) y los segundos votaban por los que dieran prioridad al control de la pandemia. 

El abandono de los partidos progresistas y de izquierda por parte de la clase trabajadora 

Esta clase trabajadora ha ido distanciándose de los partidos de izquierda en la medida que estos han ido abandonando su ideario socialdemócrata progresista. En EEUU (el punto de referencia internacional para los partidos liberales), la clase trabajadora (la que votaba) ha ido abandonando el Partido Demócrata desde finales de la década de los 70 cuando el Presidente Carter abandonó las políticas redistributivas sustituyéndolas por las políticas liberales, continuándose mas tarde por el Presidente Clinton y Obama. La vitoria de Biden se debió a la movilización en contra de Trump, más que por el apoyo al Partido Demócrata. La recuperación de la tradición New Deal por Biden es el intento de revertir este abandono y recuperar el apoyo a las clases populares, y muy en particular de la clase trabajadora. 

Y algo semejante ha ido ocurriendo en muchos países de Europa. Estudios realizados sobre las causas de este distanciamiento demuestran que hay casos comunes en la mayoría de estos países, debido a tener prioridades semejantes, entre las cuales, las redistributivas (como mejoramiento de los salarios, de las condiciones de trabajo y poder negociador), la reducción de desigualdades de rentas y de propiedad, y la expansión del carácter universal de los derechos políticos y laborales son prioritarios, políticas todas ellas que han ido perdiendo interés en tales partidos, cada vez mas próximos a los poderes económicos y financieros que la clase trabajadora considera que tiene excesiva influencia sobre el estado y sus medios. Perciben a tales partidos envueltos mediáticamente en temas climáticos, temas que amplios sectores de la clase trabajadora consideran importantes, pero su mayor preocupación es «llegar a fin de mes», percibiendo que el tema climático acapara toda la atención, opacando temas económicos y laborales que configuran su realidad cotidiana. Y se sienten agraviados y muy enojados cuando la dirección de estos partidos y medios afines les definen como «ignorantes», de «escasa educación», «incapaces de entender el problema de la crisis climática» y otras expresiones derogatorias (ver el informe en Jacobin). 

También perciben a tales partidos como captados por grupos de intereses o movimientos sociales que anteponen su causa particular por encima y a costa de sus intereses. Se oponen, por ejemplo, a programas sanitarios para los pobres -como Medicaid– favoreciendo, en cambio, la universalización de los servicios sanitarios. La reforma sanitaria del Presidente Obama (Obama Care) no fue tan popular como se esperaba debido a que no fue una propuesta universal y se financió, en parte, mediante el extra-pago de los servicios sanitarios de los obreros ya asegurados, en lugar de conseguir mas ingresos a través de impuestos de compañías de seguros y farmacéuticas que se beneficiaron enormemente de tales programas. 

En realidad, el distanciamiento está sucediendo también entre trabajadores de sectores minoritarios (negros y latinos, y mujeres). La mayoría de las mujeres no apoyaron ni al partido Demócrata ni a la candidatura de Hillary Clinton para la presidencia de EEUU, no sintiéndose representada por ella, siendo el porcentaje de negros y latinos que votaron a Trump (que se presentó como el «anti-establishment») mayor en 2020 que en el 2016. Todo ello confirma que las demandas asistenciales (orientadas a grupos específicos y no a la totalidad) no son populares entre las clases populares ya que un sistema impositivo regresivo en la mayoría de tales países implica que haya una carga impositiva importante para las clases populares en este tipo de programas sin que la mayoría se beneficiara de ellos. 

El candidato a la presidencia de los EEUU en 1984 Jessie Jackson, discípulo predilecto de Martin Luther King, se presentó como la voz de las minorías en las primarias del Partido Demócrata. Predeciblemente consiguió un voto muy minoritario. Cuando se presentó, sin embargo, como la voz de la clase trabajadora en 1988 (habiendo fundado el movimiento Arcoiris que agrupaba a todos los componentes raciales y étnicos de las clases populares) casi ganó las primarias de aquel año. 

Última observación 

Existe una creciente concienciación de este problema que explica la aparición de nuevas corrientes dentro de partidos de la tercera vía, y nuevas formaciones políticas que conscientes de esta realidad están intentando recuperar las políticas públicas que permitieron la creación y expansión del Estado de bienestar, (tan reducido por las políticas neoliberales de tales partidos) así como el empoderamiento de la clase trabajadora con sus demandas redistributivas que afectan desde el mejoramiento de la situación laboral hasta la reducción de los excesivos privilegios de las rentas del capital y su abusiva influencia anti-democrática sobre los estados y los medios de información y persuasión. El futuro dependerá de que las instituciones representativas se democraticen profundamente y realicen cambios sustanciales en la distribución de la riqueza del país, consecuencia de alianzas amplias entre los movimientos sociales, motores del cambio para establecer una unidad de acción que corrija las enormes injusticias que existen en tales países. La otra alternativa es el fascismo claro y simple de lo cual alerté en este articulo «Por qué la ultraderecha está creciendo a los dos lados del Atlántico Norte«. 

Joe Biden y el Papa

Joe Biden confiesa que el papa le ve como «buen católico» que debe recibir la comunión 

Joe Biden y el Papa 

Biden, el segundo presidente estadounidense católico que visita al papa tras John F. Kennedy en 1963, ha sido criticado por parte de los sectores más conservadores de la iglesia católica estadounidense por su posición a favor del derecho al aborto 

También coincidieron en que la protección del medioambiente es «una necesidad» y una responsabilidad moral» 

Se vivió un momento de conmoción cuando Biden entregó al papa una moneda con el sello de EEUU en una cara y el sello de Delaware en la otra, el estado del que había sido gobernador Beau Biden, el hijo mayor del presidente fallecido de cáncer a los 49 años. “Mi hijo habría querido que tuvieras esta moneda”, dijo Biden 

29.10.2021 | RD/Efe/Agencias 

El presidente estadounidense, Joe Biden, aseguró que el papa le dijo en su reunión de hoy en el Vaticano que es «un buen católico» que debe «seguir recibiendo la comunión», después de que en su país se barajara retirarle ese sacramento por estar a favor del derecho al aborto, un asunto que no trataron. 

Preguntado sobre si habían hablado de su postura acerca del derecho al aborto, Biden respondió: «No, no lo hicimos. Solo hablamos sobre el hecho de que él estuviera contento de que yo fuera un buen católico y que debería seguir recibiendo la comunión»

El mandatario estadounidense lo reveló a su llegada al romano palacio Chigi para reunirse con el primer ministro italiano, Mario Draghi, un encuentro que precede a la cumbre de jefes de Estado o de Gobierno del G20 que se celebrará en Roma durante el fin de semana. 

Biden, el segundo presidente estadounidense católico que visita al papa tras John F. Kennedy en 1963, ha sido criticado por parte de los sectores más conservadores de la iglesia católica estadounidense por su posición a favor del derecho al aborto. 

Al demócrata, devoto católico que acude a misa todos los domingos, ya le negaron una vez en 2019 la posibilidad de comulgar debido a esa postura política y esa posibilidad ha resurgido por el tema del aborto, garantizado en Estados Unidos desde 1973 pero convertido en caballo de batalla por los conservadores en las últimas décadas. 

Los obispos estadounidenses votaron hace algunos meses a favor de redactar un conjunto de reglas para dar la comunión, entre las que se encontraba la de no concederla a los abortistas, y por tanto a Biden. 

Pero el pasado junio la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU. emitió un documento aclarando que no iba a crear una «política nacional para prohibir la comunión a políticos», en un movimiento destinado a aplacar el debate dentro de la Iglesia. 

Biden reveló ante los medios que durante su encuentro con el papa, insólitamente largo, de 75 minutos de duración, él rezó «por la paz» y Francisco rezó por él y bendijo su rosario, y preguntado sobre si habían debatido sobre la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, el presidente dijo que era «una conversación privada». 

Durante la audiencia, Biden le dijo al papa: “Eres el mayor luchador por la paz que he conocido”, como se escucha en el vídeo de la reunión. 

Se vivió un momento de conmoción cuando Biden entregó al papa una moneda con el sello de EEUU en una cara y el sello de Delaware en la otra, el estado del que había sido gobernador Beau Biden, el hijo mayor del presidente fallecido de cáncer a los 49 años. “Mi hijo habría querido que tuvieras esta moneda”, dijo Biden y añadió en broma: “La tradición dice que si no la tienes en nuestra próxima reunión, tendrás que pagar las bebidas”. 

También coincidieron en que la protección del medioambiente es «una necesidad» y una responsabilidad moral»

Jill Biden, preguntada por esta reunión en el Vaticano, respondió: “Fue maravilloso, él fue maravilloso”. 

La derrota de EE.UU. en Afganistán

Repercusiones regionales y globales de la derrota de Estados Unidos en Afganistán

No hubo ofensiva “rápida”: un mes antes de ocupar Kabul los talibanes ya controlaban el 85 por ciento del territorio y establecían compromisos con dos de las potencias del Consejo de Seguridad de la ONU.

La llegada al poder de los talibán en Afganistán no solo marca la derrota de Estados Unidos en la guerra más larga de su historia. Más importante aún, pone formal colofón al intento estadounidense de implantar un sistema internacional unipolar tras los atentados terroristas en ese país el 11 de septiembre de 2001.

Este hecho motivó que la administración estadounidense declarara la guerra al terrorismo y a todos los países que protegieran a terroristas, en lo que denominó “Operación Libertad Duradera”, señalando a Osama Bin Laden como el principal sospechoso de los ataques y al gobierno talibán de Afganistán como su protector. Tal decisión estableció el riesgo de que la agresión de Estados Unidos pudiera extenderse (como efectivamente ocurrió) a otros países de Asia Central, Asia Occidental e incluso el norte de África, utilizando el subterfugio del “terrorismo islámico” como instrumento.

Tal decisión condujo a trascendentes cambios en el sistema internacional. En el trasfondo Washington trataba de definir a su favor la disyuntiva entre un mundo multipolar y uno unipolar que se resolvió a favor de este último. Estados Unidos emergió como única potencia mundial con el apoyo de todos para luchar contra el nuevo «comunismo» -ahora denominado «terrorismo»-. Las declaraciones de Bush del 11 y 12 de septiembre de 2001 y sobre todo la del día 20 de septiembre de ese año son -al igual que la Declaración Monroe y el Destino Manifiesto del siglo XIX y las 14 medidas de Wilson en el XX- el elemento ordenador y de principios de la política exterior de Estados Unidos para el siglo actual.

Lo que podríamos denominar como la Doctrina Bush en materia de política exterior de Estados Unidos, se caracterizó entre otras cosas por las siguientes definiciones: la utilización de cualquier arma de guerra que sea necesaria; la prolongación en el tiempo de las operaciones militares; la obligación de los países de asumir una postura ante la decisión de Estados Unidos que no dejaba espacios a posiciones alternativas: “Cualquier nación, en cualquier lugar, tiene ahora que tomar una decisión: o están con nosotros o están con el terrorismo” dijo Bush. Era la definición de un mundo falsamente bipolar. Los nuevos polos serían Estados Unidos y el terrorismo. Ante la imposibilidad de estar con el terrorismo lo que hizo fue imponer por primera vez en la historia un mundo unipolar.

Así mismo, la Doctrina Bush se caracterizó por la exacerbación de sentimientos nacionalistas y militaristas y por el involucramiento de todos los países y pueblos en el conflicto al afirmar que “Esta es una lucha de todo el mundo, esta es una lucha de la civilización”. Igualmente, había que aceptar que, en el marco de un mundo unipolar, Estados Unidos era el líder indiscutible: “Los logros de nuestros tiempos y la esperanza de todos los tiempos dependen de nosotros” dijo Bush. Finalmente, la necesaria inspiración divina encarnada también por Estados Unidos: “No sabemos cuál va a ser el derrotero de este conflicto, pero sí cuál va a ser el desenlace […] Y sabemos que Dios no es neutral”.

Este nuevo paradigma hizo que la agenda política internacional sufriera un cambio radical puesto que la atención de las naciones se centró primero en las manifestaciones de apoyo y solidaridad con el gobierno estadounidense y en secundar su propuesta de conformar una coalición para enfrentar al terrorismo; sin embargo, a posteriori la atención giró en torno a la seguridad nacional.

Esto es lo que se ha desvanecido abruptamente el pasado 15 de agosto cuando los talibán entraron en Kabul. Mucho se podría hablar de lo que ha ocurrido en los últimos 20 años. Ríos de tinta se han vertido buscando explicación a los hechos vertiginosos que comenzaron el 6 de agosto con la captura de la ciudad de Zaranj, capital de la provincia de Nimroz en el suroeste del país, junto a la frontera con Irán, primera capital provincial que los talibán ocuparon en su indetenible marcha hacia Kabul, conquistada el domingo ante el estupor de las fuerzas de ocupación y los gobiernos occidentales.

De alguna manera, la victoria talibán también es un duro golpe a la doctrina de pivote asiático de Obama quien en 2011 declaró que Estados Unidos sería una potencia en los océanos Índico y Pacífico, a partir de lo cual ha hecho gigantescos esfuerzos – sin mucho éxito- para construir un bloque de países asiáticos contra China.

Han pasado muy pocos días para intentar hacer un trazado cierto de los escenarios que pudieran sobrevenir en Afganistán en sus futuros inmediato y ulterior. En gran medida, dependerá del comportamiento de la dirigencia talibán en el sentido de dar pruebas o no de un cambio respecto de su actuar cuando fueron gobierno entre 1996 y 2001. Aunque resulte paradójico, es más viable evaluar el impacto de los hechos ocurridos en una perspectiva regional y global.

En general, el dispositivo militar estadounidense en Asia Central, Asia Occidental y el norte de África ha sufrido un golpe mortal y deberá recomponerse a partir de nuevos criterios, buscando nuevos enemigos y estableciendo alianzas de nuevo tipo. El territorio al que arribaron con total impunidad en el año 2001, y su entorno, ahora tienen una configuración política y geoestratégica totalmente distinta.

Esta aseveración viene dada, sobre todo, por la existencia de una Rusia fuerte y actuante en el escenario regional, muy diferente al país enclenque cuya conducción era recién asumida por Vladimir Putin después de la desastrosa y entreguista gestión de Boris Yeltsin. Así mismo China, la otra gran potencia regional, ya no es aquel país marginal que luchaba por su sobrevivencia económica y por ganarse un puesto real entre los grandes poderes del planeta.

Precisamente cuatro meses antes de la invasión estadounidense en junio de 2001, con visión futurista, ambos países junto a Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán crearon la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) como instrumento conjunto para garantizar la seguridad regional, ante las amenazas de terrorismoseparatismo y extremismo. Con posterioridad, se incorporaron a la OCS Uzbekistán, India y Pakistán como miembros plenos y el propio Afganistán, Bielorrusia, Irán y Mongolia como observadores, de manera tal que el entorno regional de Afganistán está integrado bajo una lógica de seguridad que apenas daba sus primeros pasos cuando el presidente George W. Bush lanzó la operación “Libertad duradera” el 7 de octubre de 2001.

En el ámbito regional, los acontecimientos en Afganistán hacen muy difícil suponer que Estados Unidos logre sostener por mucho más tiempo su presencia en Irak y Siria. Así mismo, la guerra que sostiene su aliado Arabia Saudí en contra de Yemen pareciera tener los días contados. Igualmente, al estar Europa vinculada a través de la OTAN a los planes de guerra de Estados Unidos en todo el mundo, se verá obligada a reconfigurar su lógica bélica injerencista en África, en particular en Libia y Asia Occidental. Por supuesto, las causas palestinas y saharaui en contra de la ocupación israelí y marroquí respectivamente, cobrarán nuevos bríos.

En el contexto asiático, donde la integración económica, financiera y comercial se constituye en la más dinámica, efectiva y la que más crece en el planeta, difícilmente tendrá éxito la política estadounidense de aislar a China. Los países del sureste y del centro de Asia no van a arriesgar las trascendentes relaciones que han establecido con la mayor potencia regional, solo para dar felicidad a los inquilinos de la Casa Blanca. En este sentido lo más probable es que, ahora liberado de la tutela de Estados Unidos que lo impedía, Afganistán se sume a sus vecinos estableciendo vínculos de primer orden con China, Rusia e Irán.

En este sentido, y en lo que pudiera ser una orientación general que podría asumir el nuevo gobierno en materia de política exterior, cuando ya vislumbraban el fin de las operaciones que los llevaron a la captura del poder se apresuraron a visitar Rusia el 9 de julio y China el 27. En Moscú anunciaron que el 85% del territorio del país estaba bajo su control, lo que generó incredulidad entre las autoridades y la opinión pública de Occidente. Ahora los que quieren buscar explicación acerca de la “acelerada” ofensiva que los llevó a Kabul, podrán darse cuenta que no fue tan acelerada. Nótese: más de un mes antes del desenlace ya tenían ocupado el 85% del país.

Es la razón de que Rusia tampoco esté sorprendida por los hechos recientes. Nadie ha visto diplomáticos rusos rescatados en helicópteros ni colaboradores de la embajada colgados del tren de aterrizaje de los aviones. Dos días antes de la llegada de los talibán a Moscú, el canciller Serguei Lavrov, de visita en Laos, afirmó que su país estaba “observando de cerca lo que está sucediendo en Afganistán, donde la difícil situación tiende a deteriorarse rápidamente, incluso en el contexto de la salida apresurada de las tropas estadounidenses y de la OTAN”. Esto dicho más de un mes antes de la llegada de los talibán a Kabul. A continuación, Lavrov dio la explicación más certera de la causa de los hechos que habrían de sobrevenir: “No pudieron lograr resultados visibles a la hora de estabilizar la situación durante las décadas que pasaron allí”.

En China, dos semanas después, los talibán se reunieron con el canciller Wang Yi a quien dieron garantías de que a su llegada al poder deseaban “tener buenas relaciones con China con la expectativa de su participación en el proceso de reconstrucción y desarrollo de Afganistán” asegurando que no permitirían que “ninguna fuerza use el suelo de Afganistán para dañar a China”. Vale repetirlo, para los que se sorprenden de la “rápida” ofensiva talibán, deben saber que un mes antes de ocupar el palacio presidencial de Kabul ya estaban haciendo compromisos de Estado con dos de las potencias integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU, casualmente las dos que tienen presencia regional directa en el área.

Es verdad que ahora China podría tener preocupaciones porque una situación de inestabilidad en Afganistán pueda extenderse a Xinjiang y generar dificultades en las inversiones relacionadas con la Ruta de la Seda, pero en las condiciones actuales lo cierto es que la única fuente de inversión y comercio que pueda tener el gobierno talibán para el desarrollo de su país está vinculada a su incorporación plena a dicho magno proyecto.

En el debate sobre los escenarios probables, no se puede obviar que la huida estadounidense de Afganistán pudiera dar paso a un mayor protagonismo de sus agencias de inteligencia a fin de estimular a fuerzas terroristas que aún subsisten en el país, con el objetivo de que operen contra Irán, China y Rusia. Pero, vale reiterarlo, los talibán necesitan reconstruir el país y el apoyo económico de China es invaluable, sobre todo ahora que –como ya es tradicional- Estados Unidos anunció la apropiación de las reservas de oro de Afganistán que están bajo su control. Habría que agregar que Occidente y las instituciones financieras bajo su control ya informaron de la cancelación de todo tipo de ayuda para el país centroasiático.

En el contexto, el vocero de la cancillería china Hua Chunying afirmó el lunes 16 que su país “respeta los deseos y decisiones del pueblo afgano” y que esperaba que tal como lo han dicho los talibán, hagan una transición bajo un “gobierno islámico abierto e inclusivo”. El funcionario chino agregó que sería deseable que el nuevo gobierno tome “medidas enérgicas contra todo tipo de actividades terroristas y criminales y permita que el pueblo afgano se mantenga alejado de la guerra y reconstruya su hermosa patria”. Para los que no sepan cómo se maneja una diplomacia con seriedad, Hua hizo saber que “China mantuvo contacto y comunicación con los talibán respetando la soberanía del país.”

Una situación muy distinta es la que muestra Europa. Su decisión de actuar como “furgón de cola” de la política guerrerista de Estados Unidos en el mundo los ha llevado a la vergüenza y al ridículo. Podría ser este hecho el detonante de una crisis de identidad en torno a la necesidad de tener política propia en materia internacional y de seguridad.

Nadie lo ha dicho más claro y contundente que las autoridades alemanas. Sin paliativos, la canciller federal Ángela Merkel reconoció su propio fracaso, al mismo tiempo que sin sufrir bochorno alguno dio cuenta de la subordinación de Alemania y Europa a Estados Unidos al afirmar que: «Siempre dijimos que nos quedaríamos si los estadounidenses se quedaban» y puntualizó que la decisión de abandonar Afganistán fue «esencialmente tomada por Estados Unidos» considerando que se debió a «razones de política interna». Muy tarde descubrió Merkel que “las fuerzas armadas afganas no estaban atadas al pueblo [y que] no funcionó como pensábamos”. Sabiendo que abandona el cargo y se retira de la política no tuvo contratiempos para afirmar que la intervención internacional más allá de las operaciones antiterroristas ha sido «un esfuerzo sin éxito».

Su ministro de relaciones exteriores Heiko Mass fue incluso más preciso, al asegurar que “el gobierno federal, los servicios de inteligencia y la comunidad internacional habíamos juzgado mal la situación en Afganistán”. Por supuesto, cuando habla de comunidad internacional se refiere a la OTAN y sus aliados. Sin mucho sentido del momento, afirmó con amargura que “sin las fuerzas estadounidenses y sin un compromiso más amplio de la OTAN, el despliegue del ejército alemán no tenía mucho sentido”.

Mucho más vergonzoso es el papel jugado por los que solo acuden al llamado para ganar indulgencias del hegemón. En este sentido, el caso de España es patético. En una editorial del diario El País de Madrid del pasado lunes 17 de agosto se expone una queja al referir que los hechos no habían ocurrido como se habían previsto y que le corresponde a Estados Unidos “explicar qué y por qué”, para terminar gimoteando sin sonrojo porque el desastre que ha sobrevenido en Kabul no solo ha puesto en peligro a los soldados estadounidenses: “España tiene que improvisar en horas una repatriación de medio millar de personas”. Es decir, ni siquiera les avisaron que se iban y los dejaron a su libre albedrío después de ser usados como carne de cañón durante 20 años. Así tratan los amos a los esclavos complacientes.

En el plano interno de Estados Unidos, la popularidad de Biden ha llegado al punto más bajo desde el inicio de su mandato, cayendo a menos del 50%. Aunque debe decirse que se vio obligado a hacer lo que sus antecesores no tuvieron el valor político de asumir, es claro que su política está ausente de visión estratégica, lo cual augura un avance más rápido de la decadencia imperial. Su economía no mejora y esta decisión -encaminada a eliminar un gasto innecesario en su presupuesto- es solo un paño tibio para tratar de curar la gangrena política, económica, militar y moral que aqueja al imperio

El atentado del 11-Sep en Nueva York

¿Qué queda del 11 de septiembre de 2001? 

  • Tributo luminoso Torres gemelas 

«¿Qué queda veinte años después del atentado más sangriento de la historia? En primer lugar, una inmensa sensación de pérdida. Fue un ataque a los Estados Unidos, pero al mismo tiempo a toda la humanidad» 

«Un amargo legado del 11 de septiembre de 2001, y esto a nivel mundial, es la sensación de inseguridad y miedo. En este periodo de veinte años, han crecido los movimientos xenófobos y antimigratorios» 

«Por desgracia, como se ha puesto de manifiesto en Afganistán, Estados Unidos y Occidente no han ofrecido una estrategia a la altura del desafío colosal que plantean los ideólogos del terrorismo global» 

«Aún recordamos el lema ‘Unidos permanecemos en pie’, en la respuesta espontánea de los neoyorquinos al horror vivido el 11 de septiembre» 

«Es una estrategia que requiere previsión, valor y paciencia en la convicción… Como subrayó Juan Pablo II: el mal y la muerte no tienen la última palabra» 
 

11.09.2021 | Alessandro Gisotti 

¿Qué queda veinte años después del atentado más sangriento de la historia? En primer lugar, una inmensa sensación de pérdida. En aquellas terribles horas del 11 de septiembre de 2001, se truncó la vida de tres mil personas. Madres, padres, hijos y amigos fueron arrancados para siempre del abrazo de sus seres queridos. Vidas destrozadas por una locura asesina que hizo realidad algo hasta entonces inimaginable: convertir los aviones en misiles para sembrar la muerte y la destrucción. 

En los veinte años transcurridos desde aquella trágica mañana en la costa este de Estados Unidos, los jóvenes han crecido huérfanos y los padres siguen llorando a sus hijos que nunca volvieron a casa. Al repasar los nombres de las víctimas, lo que llama la atención, hoy como entonces, son las más de 70 nacionalidades a las que pertenecían

Fue un ataque, pues, a los Estados Unidos, pero al mismo tiempo al mundo, a toda la humanidad. Así se sintió en aquellas agitadas horas y quizás aún más en los días siguientes, a medida que la inmensa magnitud de la tragedia se hacía más evidente.  

Never Forget, “Nunca olvidar” es la admonición que destaca hoy en el Memorial de la Zona Cero. Dos palabras que se han repetido innumerables veces en los últimos veinte años para subrayar que la memoria no puede, no debe fallar cuando el dolor es tan grande. 

Lo que también queda indeleble de ese día es el sentido del sacrificio, el testimonio de quienes dieron sus vidas para salvar las de otros. Impresiona pensar que una décima parte de las víctimas del 11 de septiembre fueron bomberos

En Nueva York, toda una generación de bomberos murió ese día. Encontraron la muerte salvando vidas. Subieron las escaleras de las Torres Gemelas mientras la gente bajaba desesperada. Sabían en lo que se metían, subiendo aquellas escaleras llenas de escombros y envueltas en humo, pero no se detuvieron. Sabían que solo su valor, solo su sacrificio podía salvar a los atrapados en los rascacielos destrozados por los aviones. Si la ya trágica cifra de muertos no adquirió una dimensión aún más catastrófica, fue gracias a ellos, a esos bomberos y otros rescatistas que encarnaron el poder del bien frente al mal desatado. 

Un amargo legado del 11 de septiembre de 2001, y esto a nivel mundial, es la sensación de inseguridad y miedo con la que ahora estamos de alguna manera acostumbrados a vivir. A partir de ese día, tomar un avión ya no es “algo normal”. Por otra parte, los atentados terroristas de origen islamista, que siguieron al terrible de 2001 de Al Qaeda, han dado fuerza a los teóricos del “choque de civilizaciones”. 

En este periodo de veinte años, han crecido los movimientos xenófobos y antimigratorios, efecto colateral de una inestabilidad que estaba precisamente entre los objetivos de quienes llevaron el ataque al corazón de Estados Unidos. Por desgracia, como se ha puesto trágicamente de manifiesto en las últimas semanas en Afganistán, Estados Unidos y Occidente no han ofrecido una estrategia a la altura del desafío colosal que plantean los ideólogos del terrorismo global. 

Veinte años después de aquel 11 de septiembre, los talibanes -que habían dado refugio a Osama Bin Laden- vuelven a estar en el poder en Kabul y el Estado Islámico ha vuelto a golpear con un remake oscuro y, en muchos sentidos, surrealista. Por lo tanto, hoy hay muchos más interrogantes que nudos resueltos sobre el futuro, mientras que los costos de la reacción a esos terroríficos atentados, sobre todo en vidas humanas, son muy elevados. 

¿Qué queda del 11 de septiembre? Veinte años después, aún recordamos el lema United We Stand, “Unidos permanecemos en pie”, que se convirtió, también visualmente a través de banderas y carteles izados en las calles de Manhattan, en larespuesta espontánea de los neoyorquinos al horror vivido el 11 de septiembre

Con los años, ese lema ha adquirido un significado cada vez más amplio y profundo. Permanecer juntos a pesar de los intentos de “derribar” nuestra humanidad común. Hoy, esa llamada a la unidad, a la “fraternidad humana”-como nos recuerda incansablemente el Papa Francisco– se convierte en la única “estrategia” ganadora

Es una estrategia que requiere previsión, valor y paciencia en la convicción, como subrayó Juan Pablo II inmediatamente después de los atentados, de que “aunque el poder de las tinieblas parezca prevalecer, el creyente sabe que el mal y la muerte no tienen la última palabra” 

Cuatro claves para entender Afganistán

 Jaume Flaquer

 Los talibanes se han vuelto a hacer con el poder que perdieron después de la invasión norteamericana apoyada por la OTAN en 2001. En muy pocos días una ciudad tras otra ha ido entregando el poder sin oponer resistencia. La falta de defensa de los 300.000 soldados afganos es una muestra patente del fracaso de la misión occidental y del estado de desmoralización del país viéndose derrotados de antemano. Al anunciar ahora Estados Unidos el abandono total del país, que Trump había negociado con los talibanes, el Estado afgano ha tirado la toalla.

Lo que Occidente debería aprender es semejante a lo que hemos visto en Libia y en Irak: es fácil invadir un país si se tiene fuerza militar, pero puede ser imposible reconstruirlo. No importa que se mienta para derrocar a Sadam Hussein, se aproveche la primavera árabe para suprimir al extravagante y odiado Gadafi, se quiera perseguir a terroristas en Afganistán o se intente proteger a sus mujeres. Los tiempos de los pueblos no son los tiempos de las grandes potencias ni de nuestros mejores deseos. Propongo cuatro claves que nos ayuden a entender la situación:

  1. Clave política

El país ha sufrido un serio problema de gobernanza y de legitimidad, acusado de absoluta incompetencia y endémica corrupción: ¿cómo va a querer alguien dar la vida por un sistema que no funciona? El funcionamiento tribal de algunas etnias, el fundamentalismo islámico antidemocrático talibán, la falta de formación de muchos afganos y la persistencia incluso de formas nómadas de vida hacen casi imposible (¿y deseable?) construir unas estructuras estatales de tipo occidental.

  • Clave étnica

El país es un verdadero puzle. Aunque no existen en el país más conflictos étnicos que en el vecino Pakistán, sí contribuye poderosamente a dificultar la cohesión del país. La mayoría de la población pertenece a los pastunes (un 40%), presentes especialmente en el sur y el este del país, pero raramente han estado unidos políticamente. Están divididos en diversas confederaciones y tribus a menudo enfrentadas. Los talibanes pertenecen mayoritariamente a los ghilani y el primer presidente tras la invasión americana a los durrani. En cualquier caso, la voluntad de dominio de los pastunes sobre todo el país se basa en que se consideran los verdaderos afganos autóctonos.

Los tayikos, de origen persa, son el 30% del país, y viven especialmente en el nordeste y el oeste del país. Fueron esenciales en la lucha contra los talibanes. Los hazaras del centro del país, un 15%, conservan algunos rasgos mongoles de su origen mestizo, y tienen una estructura social jerarquizada con rasgos feudales.

Además, existe un cierto número de etnias turcas (12%) (los uzbecos, los turkmenos, kirguizos, kazajos y aimaqs), una región, Nuristán, que no fue islamizada hasta el s.XIX, y algunas minorías nómadas o seminómadas, como los beluchis, los brahuis, y los koochis.

  • Clave religiosa

La práctica totalidad del país es musulmana, aunque con interpretaciones diferentes. El chiismo, que es muy minoritario, lo encontramos entre los hazaras. Su confesión islámica distinta de la sunita les ha enfrentado a menudo a los pastunes y a los tayikos.

Aunque la escuela de interpretación islámica sunita mayoritaria del país es la más tolerante, la hanafi, la etnia pastún ha sufrido una intensa influencia del wahabismo saudí, creando el movimiento talibán (surgido de escuelas coránicas) y permitiendo el nacimiento de al-Qaeda.

La aparición del Estado Islámico también en la región y su enfrentamiento con al-Qaeda ha “moderado” tal vez a esta. Los pastunes se rigen por un código moral propio muy estricto, el pastunwali que, aunque no es incompatible con la Ley islámica no se identifica exactamente. El neuroticismo purificador del Estado islámico denunciando la mezcla de costumbres tradicionales de los pastunes y la táctica pactista del al-Qaeda afgano con corrientes islámicas más moderadas (como los hanafíes) para unir a los musulmanes frente a Occidente, ha distanciado a al-Qaeda del Estado Islámico, y, por comparación, al-Qaeda y los propios talibanes han quedado situados “más al centro”. Al ser vistos como más moderados, han conseguido pactar más fácilmente con todos los decepcionados con el sistema político afgano derrotado. Ahora que han llegado al poder deberán demostrar que no son los que gobernaron entre 1996 y 2001. Sabemos que su voluntad de pactar con interpretaciones islámicas más moderadas a las suyas tenía como objetivo principal expulsar a los occidentales del país, pero ahora está por ver de qué manera tolerarán las visiones más moderadas de la religión.

  • Clave internacional

No cabe duda de que la intervención internacional ha sido también decisiva en este conflicto. Los grandes imperios modernos que la han intentado dominar, han fracasado: el colonialismo británico del s. XIX, la invasión soviética (1979 al 1989) y ahora el dominio de Estados Unidos (2001-2021). La voluntad de este último de evitar la expansión soviética por Asia armó a los talibanes, y permitió la creación de al-Qaeda. La ideología islámica radical de unos se unió al dinero y armas de los otros: los combatientes contra los soviéticos iban a volverse ahora contra Occidente. El resto, lo conocemos: atentados del 11-S (2001) e invasión norteamericana para deponer a los talibanes que se negaron a entregar a Bin Laden.

Pakistán tiene una larga frontera común con Afganistán, precisamente en las zonas de dominio pastún. De hecho, un 15% de los pakistaníes son de esta etnia, lo que hace de Pakistán un interesado y un aliado del movimiento talibán, de mayoría pastún. Este acercamiento, contradice la tradición pakistaní de alianza con Estados Unidos. De hecho, una encuesta de 2012 en el país por Pew Research Center hizo patente la animadversión de este país por Estados Unidos: un 74% lo consideraban un enemigo, por estar utilizando su país para atacar a los talibanes. Estos, además, ayudan a Pakistán a mantener una posición de fuerza en Cachemira, la región de la India de mayoría musulmana que reclama Pakistán. Por ello, la India se ha significado contra los talibanes ayudando al gobierno afgano depuesto. Estados Unidos, por su parte, está escogiendo a la India como gran aliado regional frente a las ambigüedades de Pakistán.

Irán, está por una parte, interesada en la expulsión de los Estados Unidos, pero por otra parte defiende a la minoría chiíta, busca impedir la propagación del salafismo saudí entre los talibanes y está interesada en la estabilidad del país por la entrada masiva de refugiados afganos en Irán. Ya cuenta con un millón de ellos. Busca, pues, un imposible: expulsar a Estados Unidos y evitar la influencia saudí de los talibanes al mismo tiempo. De hecho, los únicos tres países que reconocieron al gobierno talibán antes de la invasión americana fueron Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Pakistán. Por otra parte, los talibanes han creado en Qatar su centro de negociación política.

Turquía se alza como mediador entre los talibanes y el mundo occidental al pertenecer a la OTAN y haberse quedado para proteger el aeropuerto. Vuelve a ser además esencial para evitar la entrada masiva de nuevos refugiados de esta región en Europa. Jugando un papel clave en Afganistán y Pakistán, Erdogan puede hacerse perdonar el alejamiento de la OTAN y de Occidente de estos últimos años.

Finalmente, tenemos un nuevo actor que se mantiene discreto: China. Desde hace unos meses ya daba por descontada la victoria talibán, y ya ha mantenido algunas negociaciones. La retirada estadounidense le permite explorar una cooperación para beneficiarse de la extracción de las tierras raras presente en el país y del gas que produce. China proyecta extender su dominio económico hacia Asia sin inmiscuirse en las políticas contrarias a los Derechos Humanos de estos países. Sin embargo, China vigila muy de cerca la posible defensa, por parte de los talibanes, de la minoría musulmana uigur.

En resumen, el panorama futuro es el deslizamiento del país desde el dominio occidental de la OTAN a una influencia de los países enfrentados a Estados Unidos: China, Irán y Rusia. Pakistán y Arabia Saudí reconocerán inmediatamente al nuevo gobierno, y Turquía se ofrecerá de mediador.

El bloque occidental abandona Afganistán después de haber constatado su completo fracaso. La caída inmediata del sistema tras la retirada es la prueba más clara de ello. El gasto militar español después de los 10 primeros años de guerra ya sumaba 3000 millones de euros. Ahora, después de veinte años, Estados Unidos ha dilapidado 1000 millones de dólares de manera directa que llegan a 2 trillones contando todas las partidas. ¿Cuántas cosas podrían haberse hecho en favor de los afganos con ese dinero?

Afganistán, un país en la encrucijada

Afganistán, un país en una encrucijada geoestratégica

El regreso al poder de los talibanes ha marcado el fin de 20 años de presencia de EE UU y sus aliados. La intervención extranjera no logró acabar con el conflicto de un Estado clave en una región donde convergen los intereses de Occidente y otras potencias como China, Rusia, Pakistán, India e Irán

La frontera de Afganistán con Pakistán (conocida como Línea Durand, creada a finales del siglo XIX para delimitar intereses británicos y rusos en la zona) es muy montañosa: allí se encuentra el macizo de Hindu Kush, que va desde el centro afgano hasta el noroeste paquistaní. El pico más alto es el Noshaq, con 7.492 metros sobre el nivel del mar.https://4e0d2c49413f72d37fbc4c4894419c53.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.html

Multitud de ríos nacen en estas montañas y llegan a los países limítrofes, abasteciéndolos de agua. La mayor parte de la población afgana vive en torno a Kabul y el río que llega a esta ciudad. La población rural representa casi el 75% del total. El resto de la orografía del país presenta valles y amplios desiertos.

Una población muy joven

En Afganistán hay 38,9 millones de habitantes (2020, Banco Mundial). Por sexo, las cifras son parecidas: los hombres son el 51,3% del total, y las mujeres el 48,7%. La tasa de natalidad media es de cinco hijos por mujer.Mapa de la división étnica

Afganistán es un gran mosaico de etnias. La mayoritaria es la pastún, a la que pertenece el 42% de la población. Los talibanes son mayoritariamente de esta etnia, al igual que otras figuras como el ya expresidente Ashraf Ghani, que huyó a Emiratos Árabes Unidos el día que los fundamentalistas entraron en Kabul.Mapa étnico

Los pastunes se extienden por buena parte del país, y especialmente al sur y sureste. Más allá de Afganistán, esta etnia también se encuentra muy enraizada en Pakistán, país vecino al que ya en la década de los noventa se acusó en varias ocasiones de prestar apoyo logístico a los talibanes, además de uno de los pocos países que reconocieron la anterior dictadura de los radicales (1996-2001) como legítima.

Durante décadas, la violencia étnica ha estado presente en el país. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas recibió denuncias en los noventa sobre crímenes de guerra cometidos por los talibanes contra tayikos, uzbekos, hazaras y otras minorías.

El cultivo de opio, principal fuente de ingresos

Afganistán produce el 70% (unas 3.300 toneladas al año) del total mundial de opio (Informe Mundial sobre las Drogas, UNODC 2016). Para gran parte de su población agrícola, el cultivo de opio supone la única fuente de ingresos.

Según Naciones Unidas, en 2020 los talibanes obtuvieron 393 millones de euros de la comercialización del opio.

La minería, una industria pujante

Se estima que hay 1.400 tipos de minerales en Afganistán, entre ellos hierro, cobre, litio, cobalto y tierras raras. El litio, usado para fabricar las baterías de móviles y ordenadores tiene una altísima demanda. Las tierras raras son un grupo de elementos químicos usados en la fabricación de productos tecnológicos y armamento.

Un informe del Gobierno afgano en 2017 calculaba que la riqueza mineral del país es de unos tres billones de dólares.

Las reservas minerales, no explotadas en los últimos años, suponen un gran atractivo para el resto de países; principalmente China, Rusia y Pakistán negocian con Afganistán para obtener mejores condiciones en el acceso a estas materias primas.

Pobreza y empleo

Afganistán es uno de los países más pobres del mundo: el 47% de su población vive en situación de pobreza y el 30% sufre hambre.https://datawrapper.dwcdn.net/Ap6VQ/1/

La tasa de desempleo está en torno al 60% de la población activa. El sueldo mensual medio es de 17.600 afganis (unos 185 euros). Las mujeres son las que se llevan la peor parte. Su participación en la toma de decisiones es limitada y el acceso al mercado laboral ínfimo.https://datawrapper.dwcdn.net/i4Y8B/1/

El drama humano

El avance y la toma de Afganistán por parte de los talibanes ha disparado el número de desplazados internos en el país; así lo refleja el informe de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) publicado el 16 de agosto. Desde principios de año, 550.780 personas se han visto obligadas a abandonar su hogar en Afganistán debido al avance de los fundamentalistas; el 60% de los afectados son niñas y niños menores, según el organismo. Desde 2012, 3.795.750 personas han sufrido esta situación.

Desplazados y refugiados afganos

Alrededor del 90% de los refugiados afganos en el mundo se encuentran repartidos entre Irán y Pakistán. Entre el 1 de enero de 2021 y el 16 de agosto, el número de desplazados internos aumentó en 550.780, coincidiendo con el avance talibán.

Los refugiados y demandantes de asilo afganos en otros países ascendían, a 31 de diciembre de 2020, a 2,2 millones aproximadamente, según ACNUR. Sin embargo, la gran mayoría de ellos se encuentra en países vecinos. El 90% se concentran en Pakistán (1.448.100) e Irán (780.000).

Europa, por tanto, no ha sido el destino donde más afganos han llegado en busca de asilo a lo largo de los años. En 2020, de las 472.000 solicitudes recibidas, 44.200 fueron de personas con origen en Afganistán (10,6%) según la Comisión Europea. En cuanto a las llegadas irregulares de migrantes a las fronteras comunitarias, en 2020 se registraron 125.100 cruces, de los que 10.133 (8,1%) tuvieron su origen en el país asiático.

Fuentes: Universidad Tufts (Massachusetts), Visual CapitalistThe New York TimesAl Jazeera, OCHA, ACNUR, Afghanistan Open Data, Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.