El grito desde la cruz

Agrelo: «Nuestro grito desde la cruz hasta Dios no es la suerte de los pobres sino la de los ricos,  no es la suerte de las víctimas sino la de los verdugos»

Crucificados
Crucificados

«Eran muchos los heridos, muchos los naufragados, muchos los supervivientes, muchos los agotados, muchos los desaparecidos, muchos los muertos; éramos muchos; éramos uno»

«Somos muchos; somos uno; somos él, y con él nos han crucificado. Pero no pueden quitarnos la certeza de que somos también uno con el que vive, uno con el que todo lo ha perdido, todo lo ha pedido, y todo lo ha recibido del Padre que siempre escucha la oración de ese único Hijo»

Por Santiago Agrelo

Nos dimos la mano, formamos el corro, éramos muchos, éramos uno.

Eran muchas las lenguas, muchos los colores, muchas las esperanzas, muchos los sueños; eran muchas las tristezas, muchas las alegrías, muchas las lágrimas, muchos los lamentos; éramos muchos; éramos uno.

Eran muchos los heridos, muchos los naufragados, muchos los supervivientes, muchos los agotados, muchos los desaparecidos, muchos los muertos; éramos muchos; éramos uno.

Éramos la humanidad pobre, la humanidad nueva, el cuerpo del Hijo, el cuerpo herido de Cristo Jesús; éramos muchos, éramos uno, éramos él.

Valla fronteriza entre Nador y Melilla
Valla fronteriza entre Nador y Melilla

En la confesión de amor, en la eucaristía, en la vida, aun siendo muchos, somos siempre uno, somos siempre él.

 Y con él, con Cristo Jesús, aprendimos a decir “Padre”: Dios Padre de heridos, Dios Padre de náufragos, de supervivientes, de agotados, de desparecidos, de muertos, Dios Padre de hijos amados y crucificados.

Con el más amado aprendimos a pedir: “Santificado sea tu nombre”, “venga tu reino”. Con aquel Hijo aprendimos a creer, a llevar en el corazón la pasión del Padre porque su reino se haga cercano a los pobres; con aquel Hijo aprendimos la certeza de que el Padre lo ha puesto en nuestras manos el milagro del reino que pedimos.

Pueblo crucificado
Pueblo crucificado

Somos muchos; somos uno; somos él, y con él nos han crucificado. Pero no pueden quitarnos la certeza de que somos también uno con el que vive, uno con el que todo lo ha perdido, todo lo ha pedido, y todo lo ha recibido del Padre que siempre escucha la oración de ese único Hijo.

Y es ese único –nosotros en él, él en nosotros-, el que, con más fuerza que Abrahán, también hoy regatea con Dios la suerte del mundo, la suerte de los verdugos, la suerte los que matan, la suerte de los que no saben lo que hacen.

Con Cristo Jesús somos los compadecidos que llevan el corazón lleno de compasión.

Con Cristo Jesús somos los crucificados a quienes el amor empuja a reclamar del Padre el perdón para quien los crucifica.

Los náufragos que el mar lanzaba a las playas no quedaban sin entierro cristiano.
Los náufragos que el mar lanzaba a las playas no quedaban sin entierro cristiano.

El motivo de nuestro grito desde la cruz hasta Dios, no es la suerte de los pobres sino la de los ricos,  no es la suerte de las víctimas sino la de los verdugos.

Los discípulos dijeron a Jesús: “Enséñanos a orar”. Y de Jesús aprendieron quién era Dios para ellos, y lo llamaron Padre; y aprendieron al mismo tiempo quiénes eran ellos para Dios, y se reconocieron hijos, que han “recibido el Espíritu de hijos adoptivos, por medio del cual gritamos: Abba, Padre”.

De Jesús, de su oración, de su vida entregada, aprendemos qué hemos de buscar, qué hemos de pedir, cómo hemos de vivir, cómo hemos de amar, de modo que, siendo muchos, seamos siempre uno, seamos siempre él.

¡Hasta que Dios lo sea todo en todos!

El grito de los excluidos

Grito de los excluidos: Hacer resonar el grito de los excluidos de casi todo 

Grito de los Excluídos en Manaos 

En 2021, el 27º Grito de los Excluidos centró su lucha en la participación popular, la salud, la alimentación, la vivienda, el trabajo y los ingresos, luchas urgentes en un país que atraviesa momentos de grave dificultad 

«El ser humano debe estar en primer lugar, pero el ser humano no vive solo, vive con las criaturas, con la naturaleza» 

«Un momento para manifestarnos, para volver a decir que necesitamos marcar nuestra presencia como cristianos, marcar nuestra presencia como ciudadanos, para que ninguno de nuestros hermanos se pierda» 

08.09.2021 Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

Un país dividido, donde la confrontación se está convirtiendo en una peligrosa realidad, donde la lucha por los derechos, por la vida para todos es vista como una urgencia cada vez mayor, celebró este 7 de septiembre el Día de la Patria. Las calles de muchas ciudades brasileñas se convirtieron en escenario de manifestaciones, por un lado los partidarios de Bolsonaro, cada vez más cuestuionado, inclusive por los partidos que le apoyan, por otro los que reclamaban un país con mayor igualdad y derechos para todos. 

La Iglesia católica, desde 1995, cuando tuvo lugar el primer Grito de los Excluidos, ha defendido esta Vida para Todos en primer lugar. A lo largo de los años, esta exigencia de vida se ha concretado de diferentes maneras. En 2021, el 27º Grito de los Excluidos centró su lucha en la participación popular, la salud, la alimentación, la vivienda, el trabajo y los ingresos, luchas urgentes en un país que atraviesa momentos de grave dificultad. Son más de 20 millones de brasileños pasando hambre y el número de parados y trabajadores informales aumenta cada día. 

Numerosas diócesis del país han organizado este momento el 7 de septiembre, en el que, además de la Pastoral Social, diversos movimientos sociales, sindicatos y partidos políticos han pedido soluciones a la crisis actual, con un fuerte aumento del hambre y el desempleo, la gente que vive en la calle y las amenazas a los derechos de los pueblos indígenas reconocidos por la Constitución Federal. 

En Manaos, el acto contó con la presencia del arzobispo local, Mons. Leonardo Ulrich Steiner. Insistió en la necesidad de hacer una lectura de la realidad, de leer las necesidades marcadas en este año 2021 para el Grito de los Excluidos. El arzobispo insistió en que la vida es lo primero, «no el dinero, no la codicia, no el placer, no la dominación, sino la vida. La vida que somos nosotros, la vida que son los pobres, la vida que son los necesitados, la vida que son los enfermos, la vida que son los niños, la vida que son las mujeres, tan atacadas últimamente, la vida de nuestros hermanos y hermanas, los negros y los indígenas”. 

El arzobispo de Manaos destacó que «el ser humano debe estar en primer lugar, pero el ser humano no vive solo, vive con las criaturas, con la naturaleza«. Por ello, Mons. Leonardo nos llamó a «movernos cada vez más en el cuidado de la naturaleza», denunciando que cuando no cuidamos la naturaleza, no estamos cuidando la vida. Esto hace que «acabemos enterrándonos, destruyéndonos», según el arzobispo. 

Recordando los elementos presentes en el lema del 27º Grito de los Excluidos, el arzobispo recordó «cuántas personas sin vivienda, cuántas personas sin comida«, haciendo ver que la Arquidiócesis de Manaos, a través de Cáritas y las comunidades, asiste a ochenta mil personas. Junto a ello, Mons. Steiner habló de la necesidad de buscar la paz, «en un momento de gran dificultad, un momento de tanta tensión, de tanta violencia, violencia en las palabras, violencia en los gestos, tantas agresiones», algo presente en la política, en la justicia, en el poder, realidades ante las que «a veces nos quedamos con los brazos cruzados». 

En este contexto, el Grito de los Excluidos tiene que ser «un momento para manifestarnos, para volver a decir que necesitamos marcar nuestra presencia como cristianos, marcar nuestra presencia como ciudadanos, para que ninguno de nuestros hermanos se pierda», según el arzobispo de Manaos. Llamó a «hacerse eco del grito de los hombres y mujeres excluidos de la justicia, la educación, la salud, la vivienda, la ecología”. Un grito por la vida, por la vida para todos, en primer lugar, siguiendo el ejemplo de Jesús que vino para que todos tengan vida en abundancia