Aniversario de los Acuerdos de Paz en El Salvador

El 30º Aniversario de los Acuerdos de Paz

El periodista Héctor Silva me envió una serie de preguntas interesantes de actualidad. Las reproduzco junto con mis respuestas

1. ¿Tenemos que seguir celebrando la firma de 1992? Hay mucha desilusión por una paz que muchos han calificado de mediocre. El oficialismo actual reniega de aquello y dice que no hay nada que celebrar. Pero, por otro lado, parece claro que mucho de lo que avanzamos en estas tres décadas no hubiese sido posible sin 1992. ¿Qué debemos de celebrar?

Respuesta: La firma de los acuerdos de paz es un acontecimiento muy importante en la historia de El Salvador. Por primera vez los problemas graves de enfrentamiento político y social entre salvadoreños se resolvió por la vía del diálogo racional en vez de por el camino de la fuerza bruta y la muerte o destierro del enemigo. Es cierto que después en el proceso de paz hubo algunas marchas atrás, como la ley de amnistía por ejemplo, y muy poca capacidad de impulsar un desarrollo equitativo. A todo ello lo acompañó la corrupción, el compadrazgo o amiguismo y el favoritismo político. E incluso las celebraciones de los acuerdos de paz se volvieron para mucha gente desagradables por el modo de celebrarlos sin autocrítica: Se celebraba alabando a los firmantes y a los gobiernos de turno como herederos de los acuerdos y se olvidaba a las víctimas de la guerra y a los pobres. Cuando en realidad las víctimas fueron el motor de los acuerdos, y los pobres el compromiso a solucionar. Además, a este proceso contrario a la memoria, se le unió la corrupción y el discurso demasiado vacío de los políticos, con claros signos populistas en lo poco que hacían. Es normal que haya gente que se alegre con la crítica que se hace al proceso posterior, pero no es correcto que el Gobierno mezcle los errores posteriores a los acuerdos con una dinámica, la de los acuerdos, que tiene víctimas hasta la sangre y protagonistas que nos merecen un enorme respeto.

2. Sobre la reciente iniciativa del oficialismo en torno a la masacre de la UCA. ¿Cómo lo entiende? ¿Una pretensión auténtica de justicia para las víctimas? ¿Simple revanchismo político?

Respuesta: La reciente iniciativa del sector gubernamental trata de comenzar un proceso. Es difícil en el inicio de un proceso hablar de intenciones. Lo más que se podría hablar es de escenarios. Sobre todo cuando el proceso no está plenamente iniciado. Sin embargo llama la atención y produce inquietud el hecho de que se anticipe este proceso a la formulación de una ley de justicia transicional, y que contrasten tanto las declaraciones de deseo de justicia con lo que está aconteciendo en el juicio de El Mozote, o en la parálisis de la Fiscalía frente al resto de los casos mencionados en la Comisión de la Verdad, o frente a otros casos también presentados en la Fiscalía. Solamente el Idhuca ha presentado en la Fiscalía un poco más de 60 casos, la mayoría crímenes de lesa humanidad cometidos durante la guerra civil, que duermen en la inactividad pro-impunidad de la Fiscalía.

3. Siempre sobre la masacre de 1989, ¿Cómo se entiende que el mismo gobierno que dice que no hay nada que celebrar quiera colgarse medallas con el tema judicial en torno a la masacre, cuando es un hecho que está tan relacionado a la firma de la paz? ¿Simple ignorancia?

Respuesta: El Gobierno actual ha dado muestras repetidas veces de impulsar su propia propaganda favorable, más allá de los condicionamientos éticos que toda propaganda debe tener. Ni la verdad ni la fidelidad a la historia parecen tener importancia en ese tipo de propaganda. Se trata más bien de fomentar los sentimientos de frustración de mucha gente ante la realidad política, social o judicial, y hacer signos que den la impresión de que ahora se actúa de un modo totalmente distinto al pasado.

4. ¿Cuáles son sus perspectivas sobre el futuro político del país? Hay quienes dicen que estamos ante un escenario parecido al de finales de los 70 por los niveles de persecución y por los cierres de espacios reales de participación política.

Respuesta: No creo que estemos en un escenario tan semejante al de los años 70, ni que las actuaciones presentes del Gobierno puedan llevar a respuestas semejantes a los ocurridos en los 80. Hoy hay muchos más condicionamientos legales, al menos externos, y se ha desarrollado mucho más la conciencia ciudadana en torno a la institucionalidad democrática y la importancia de los Derechos Humanos. Creo que en la medida en que la realidad económica y social se siga mostrando tan compleja y difícil como en el tiempo de los gobiernos anteriores, y en la medida también de que el actual Gobierno continúe dando muestras de un control centralizado y autoritario de las instituciones nacionales, los cambios vendrán desde el aumento de la conciencia crítica de la ciudadanía. Al final nos encontraremos con un tipo de gobierno que al estilo del último gobierno de Arena, tratará de dialogar un poco más con la gente. Lo difícil es calcular los tiempos que puede durar este proceso y los problemas que pueden surgir dentro del mismo. Pero el desarrollo de la conciencia en el país es una realidad evidente, y por el lado de la conciencia y la responsabilidad ciudadana se terminará avanzando de nuevo hacia una democracia moderna e inclusiva.

P. José Mª Tojeira

IGNACIO ELLACURÍA, TEÓLOGO Y MÁRTIR. 

Ignacio Ëllacuría

 Han sido pocos los hombres de Dios que han impactado mi vida, pero uno de ellos ha sido Ignacio Ellacuría. Tengo muy vivo en mi memoria la última vez que nos vimos. Hace más de treinta años en los pasillos del colegio La Salle de Santiago se cruzaron nuestras miradas y pude ver en su mirada tierna la mirada de un Santo que luchó sin temer, la mirada de un hombre que decidió seguir a Dios hasta dar la vida por los más desfavorecidos del Salvador. 

Una mirada limpia y tierna como la de Ignacio Ellacuría que no se olvide con el paso de los años sólo es posible si, en todo, primero mantenemos los ojos fijos en Jesús. Sólo en Cristo podemos vivir la radicalidad de nuestra vida cristiana, porque es Él quien nos da la fuerza para hacerlo; es Él quien nos acompaña a través de la misericordia del Corazón de Dios. 

Para algunos jerarcas aliados con la oligarquía y el poder político, el asesinato se debió a que los jesuitas se habían alejado de su misión pastoral y se habían implicado en la actividad política del lado de los guerrilleros revolucionarios. “¡Se lo tenían merecido!” 

Pero  Ignacio Ellacuría afirmaba que la causa de la guerra no era la agresión comunista, sino la enorme desigualdad social. Por tanto, la paz solo llegaría si cesaba la explotación de los pobres, que constituían el 70 % de los salvadoreños. Algunos obispos, como Marco René Revelo -auxiliar de Romero en el momento de su muerte­ o el salesiano Pedro Arnoldo Aparicio, rechazaban ese análisis porque, decían, justificaba a la guerrilla y fomentaba el odio. 

Con Pedro Arrupe como superior general, la Compañía de Jesús había actualizado su misión afirmando la unión inseparable de la fe y la justicia. El sacrificio de los jesuitas de la UCA confirmó un augurio de Arrupe formulado en 1975 en la Congregación General 32: «No trabajaremos en la promoción de la justicia sin pagar un precio». 

Jon Sobrino, compañero de las víctimas, que se libró de la muerte por encontrarse fuera de El Salvador, piensa de manera muy diferente: los mataron “porque analizaron la realidad y sus causas con objetividad. Dijeron la verdad del país con sus publicaciones y declaraciones públicas. Desenmascararon la mentira y practicaron la denuncia profética. Por ser conciencia crítica de una sociedad de pecado y conciencia creativa de una sociedad distinta, la utopía del reino de Dios entre los pobres. ¡Y eso no se perdona!”. 

Ellacuría lo mataron, responde Eduardo Galeano, “por creer en esa imperdonable capacidad de revelación y por compartir los riesgos de la fe en su “poder de profecía’”. 

Martirio, en la tradición de la palabra griega, significa testimonio. Y así podemos decir que para un cristiano el camino va por las huellas de este testimonio de Jesús para dar testimonio de Él. ¡Un testimonio que muchas veces termina con el sacrificio de la vida! 

El martirio no es objeto de una elección voluntarista, que se asemeja a un sacrificio humano. Sin embargo, el martirio debe seguir siendo una opción posible y concebible cuando se trata de permanecer fieles al Señor; puede convertirse en un signo de nuestro apego al Señor, cueste lo que cueste. Igual que el profeta Jeremías, Ignacio Ellacuría  es la figura del creyente que no busca primero satisfacer a las personas que le rodean, sino que se preocupa ante todo de su fidelidad a la radicalidad de la Palabra de Dios. 

Este es también el mensaje del Evangelio, donde Cristo compara su misión con un fuego que debe quemarlo todo. Todos los que se adhieren a esta misión son atrapados por este fuego. Y este fuego es tal que deja huellas indelebles; el mensaje de Jesús implica una elección radical. Este mensaje debe convertirse en nuestra nueva identidad, incluso más allá del vínculo de sangre. Es este fuego el que debe caracterizarnos en todo, y convertirse en nuestro signo de reconocimiento. 

La palabra «amor» ha sido tan utilizada que ya no dice mucho. Debemos, pues, comprender que el verdadero amor -en el fondo, el único amor verdadero- es aquel que se pone en acción, que está dispuesto a sacrificarse por el bien de los demás. Recordemos al mismo Jesús: «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». Así pues, el único criterio que puede dar sentido a nuestros sacrificios, incluso a la posibilidad del martirio, es este amor sin límites, que encuentra su fuente en el propio amor de Dios por nosotros. 

No hay amor más grande que dar la vida por los amigos», dijo Jesús. Así que no es novedad que dar la vida por los demás te introduce en el Amor, que es eterno. 

Afirma el papa francisco: «El heroico ofrecimiento de la vida, sugerido y sostenido por la caridad, expresa una verdadera, plena y ejemplar imitación de Cristo y, por lo tanto, es merecedor de aquella admiración que la comunidad de los fieles suele reservar a aquellos que voluntariamente han aceptado el martirio de sangre o han ejercido en grado heroico las virtudes cristianas». «Son dignos de especial consideración y honor aquellos cristianos que, siguiendo más de cerca las huellas y las enseñanzas del Señor Jesús, han ofrecido voluntaria y libremente su vida por los demás y han perseverado hasta la muerte en este propósito» añade 

¡Dar la vida por los demás es una heroicidad del amor. Es la mejor expresión de la lealtad al ser humano! 

Cristo, con su ejemplo y muerte en la cruz, nos dice: «no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos». (Juan 15, 13). Y cuando dice «amigos» se refiere a todos, porque para Él no hay enemigos. El dio la vida por nosotros. 

Amar al prójimo como a uno mismo no es nada fácil, porque requiere «dar la vida», darse a los demás, a todos. Y se nos exhorta a hacerlo como si nos lo diésemos a nosotros mismos. Ahí está la cuestión: porque darse para uno mismo no cuesta; darse a unos pocos tampoco; darse a «los tuyos, menos, pero darse a todos cuesta, porque no tratamos ni queremos a todos igual. 

Por tanto, ser cristiano, seguir a Cristo es «dar la vida» por los demás. Es llevar el mensaje de amor de Cristo a otros manifestando un «amor total». El amor es el verdadero mensaje. 

“La única manera de predicar la cruz al pueblo crucificado es convertirse en uno de los crucificados” Jon Sobrino 

Testimoniar a Cristo es la esencia de la Iglesia que, de otro modo, acabaría siendo sólo una estéril «universidad de la religión» impermeable a la acción del Espíritu Santo. 

La meditación sobre la fuerza del testimonio surgió del pasaje de los Hechos de los apóstoles (7, 51-8,1) que relata el martirio de Esteban. A sus perseguidores, que no creían, Esteban dijo: «Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos. Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo». Y precisamente estas palabras de una forma u otra, las había dicho Jesús, incluso literalmente: como eran vuestros padres así sois vosotros; ¿hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran?» 

Los Hechos de los apóstoles puntualizan que Esteban estaba lleno del Espíritu Santo. Y, en efecto, no se puede dar testimonio sin la presencia del Espíritu Santo en nosotros. En los momentos difíciles, cuando tenemos que elegir la senda justa, cuando tenemos que decir que “no” a tantas cosas que tal vez intentan seducirnos, está la oración al Espíritu Santo: es Él quien nos hace fuertes para caminar por la senda del testimonio. 

El catecismo de la Iglesia católica dice: El deber de los cristianos de tomar parte en la vida de la Iglesia, los impulsa a actuar como testigos del Evangelio y de las obligaciones que de él se derivan. Este testimonio es transmisión de la fe en palabras y obras. El testimonio es un acto de justicia que establece o da a conocer la verdad (cf Mt 18, 16): «Todos […] los fieles cristianos, dondequiera que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de su palabra al hombre nuevo de que se revistieron por el bautismo y la fuerza del Espíritu Santo que les ha fortalecido con la confirmación» (AG 11). El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza. “Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios” (San Ignacio de Antioquía, Epístola ad Romanos, 4, 1). 

Hemos perdido a un gran siervo de Dios, pero nos quedan sus escritos, sus mensajes y reflexiones… Y a través de ellos podemos  descubrir las profundas verdades que nos deja este hombre ejemplar, pastor, siervo, profeta y visionario. Dios le dará la recompensa a tan digno ministro del Evangelio. 

PROYECTO BIBLISTAS POPULARES DE EL SALVADOR (BIPO)



1.- PRESENTACIÓN DE BIPO

Biblistas Populares de El Salvador, BIPO, es un equipo conformado actualmente por 9 personas laicas y tres religiosas. Surgió en 1992 en el marco del fin de la guerra civil en El Salvador, que afectó duramente a las comunidades eclesiales de base por la fuerte represión militar de esa década de conflicto armado. Todo el trabajo de evangelización realizado en el marco del sínodo de Obispos latinoamericanos en Medellín, durante los años 70s que dio como resultado la conformación de muchas comunidades eclesiales de base, fue dispersado por la represión que ocasionó la muerte, desaparición forzada o encarcelamiento de cientos de agentes de pastoral que animaban la lectura popular de la Biblia y las celebraciones comunitarias. Los últimos 3 años de la década de los 70 se alzó en el país la fuerte voz de Monseñor Romero alentando a la fidelidad al evangelio de Jesús, a la opción por los pobres, a la animación de una iglesia viva y comprometida con la verdad y la justicia, a la construcción de comunidades eclesiales de base, siendo él mismo la “voz de los sin voz” en esos difíciles años de guerra, represión, persecución y muerte. Cientos de agentes de pastoral fueron desaparecidos o sus cuerpos encontrados con señales de tortura, 11 sacerdotes asesinados, 5 religiosas fueron clara evidencia de la persecución a la Iglesia. Al finalizar la guerra civil, en 1992, un grupo de personas animadoras de comunidades de base, sobrevivientes de la persecución, se encuentran y constituyen un grupo de estudio bíblico, reuniéndose un día a la semana para compartir conocimientos y comenzar a llevar la Palabra de Dios a sus lugares e ir levantando el movimiento de Lectura popular de la Biblia. Hacen contacto con la Red Bíblica Latinoamericana y del Caribe (REBILAC) y algunas asisten a los cursos de un mes de formación bíblica facilitados en el Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI) en San José, Costa Rica y al curso intensivo de biblia de 6 meses que la Red organiza cada 4 años. Es así como surge el equipo de Biblistas Populares de El Salvador, conectado con REBILAC.
Una de sus fundadoras, junto con Larry Madrigal, fue Eva del Carmen Menjivar, que aún continúa activa en BIPO, así como la hermana Gladys Lara, hermanita del evangelio, que desde mediados de los años 90 se unió a BIPO. A lo largo de estos 20 años, varias personas han formado parte del equipo, entre ellas fue muy importante el aporte del padre Daniel Sánchez Barbero, párroco durante 20 años de una zona muy pobre y marginal de San Salvador quien facilitó un espacio físico para nuestras reuniones semanales y los talleres bíblicos en los primeros años, también el padre Francisco Soto quien en los últimos 10 años que permaneció en el país fue un incansable animador del equipo.
Desde hace 20 años el Equipo de BIPO se dedica al estudio, promoción y divulgación de la Biblia mediante una metodología, sencilla, popular, participativa, interpretando la Palabra de Dios desde los contextos en que se escribió y la realidad que viven nuestros pueblos. Se busca que los pobres lean la Biblia con propiedad, seguridad y autoridad. Es una lectura popular, comunitaria y comprometida hecha en pequeñas comunidades conformadas por 12 o más personas en distintos lugares del país, que ponen en práctica el análisis de ver, juzgar, actuar y celebrar.
Leyendo en grupos la Biblia, los pobres comenzaron a compartir lo que eran y tenían, a partir, es decir a organizarse y organizar los compromisos, participando y abriéndose a las participaciones de los demás en la construcción de la justicia y además, a repartir entre ellos y con los otros, todo aquello que construye la vida y da crecimiento a la comunidad.

Un nuevo movimiento está dándose en las comunidades cristianas enraizadas a la vida, esperanzas y clamores de los pobres. Es un movimiento para leer nuevamente la Biblia en la comunidad. Es un movimiento que va naciendo y creciendo de muchas maneras y en muchos lugares. Nuevamente la Biblia adquiere la fuerza y el espíritu que la produjo, es Palabra que comunica comunión. La Biblia deja de ser palabra jerárquica, para convertirse en Palabra del pueblo..
Nosotros somos parte de ese movimiento. Estamos leyendo comunitariamente la Biblia y la leemos articulando e intercambiando otras experiencias en donde la lectura comunitaria de los biblistas comienza a suscitar el movimiento de la comunidad.
Somos un grupo de agentes de pastoral, animados por servir al Reino de Dios que está manifestándose en las diferentes realidades de los pobres. Queremos servir expandiendo el entusiasmo por este método, esta actitud y esta práctica con la que los pobres están leyendo comunitariamente la Biblia.

1.- OBJETIVOS GENERALES

Podemos concretarlos en los siguientes:

1.- Ayudar a que se tome conciencia de que el estudio y la reflexión de la Palabra de Dios es algo muy importante y necesario para las comunidades, Parroquias y sus agentes de Pastoral, para su autoliberación y desarrollo comunitario, en un mundo cambiante constantemente
2.- Capacitar a los agentes de pastoral, animadores de comunidades, catequistas etc. en el conocimiento de los textos bíblicos y su interpretación teniendo en cuenta el contexto en que fueron escritos.
3.- Ir creando grupos y comunidades bíblicas capaces de hacer síntesis entre Palabra de Dios y vida, fe y compromiso.

2. Medios de los que disponemos.

a) Estamos 12 personas, como hemos dicho anteriormente, de forma voluntaria, es decir, sin remuneración alguna.
b) Disponemos de un local facilitado por su dueño, donde nos reunimos. Contamos con un secretario a quien damos una pequeña remuneración por 4 horas diarias en las que atiende y lleva a cabo las funciones propias de una secretaría.
c) Nos reunimos todos los miércoles, de 2 a 5 de la tarde para orar, estudiar y preparar los contenidos de talleres de formación programados.
d) Durante 7 años Editamos una revista mensual, “La Biblia en Comunidad”, como medio de comunicación, información y formación para los agentes de pastoral, sacerdotes, religiosas y comunidades.
e) Disponemos de una Biblioteca, aunque modesta, disponible para el equipo BIPO y para cuantas personas desean profundizar en temáticas concretas o libros determinados de la Biblia.
f) Los medios económicos que necesitamos, cada año, nos han llegado de las propias personas que pertenecemos al grupo y de algunas instituciones que nos conocen y que valoran nuestro trabajo.



3- PROGRAMA ANUAL DE TRABAJO QUE REALIZAMOS

1.- Talleres anuales de formación que prepara el Equipo de BIPO.
a) Taller de Adviento (los talleres son de un día) Basado en las lecturas de los domingos de adviento. Se entrega un folleto para que los participantes lo reproduzcan en sus Parroquias o comunidades.
b) Taller de Cuaresma, con los temas de las lecturas de cuaresma y se entrega el material de cada subtema.
c) Talleres del Eje: Son tres talleres bíblicos sobre un tema de interés y actualidad que el equipo escoge: este año el tema eje es: “No tengan miedo, manténganse firmes en la fe”. Se desarrollan en los meses de Mayo, Junio y Julio.
d) Taller para preparar el Mes de la Bíblica. Es un taller que impartimos en agosto para celebrar el Mes de la Biblia, que es septiembre y cuenten las comunidades con material bíblico para su estudio.
f) Semana Intensiva de la Biblia: Una Semana de formación bíblica en base a un libro expecífico, en régimen de internado, destinada especialmente a los agentes de pastoral y animadores de comunidades. Se realiza en la última semana de septiembre para culminar con la fiesta de San Jerónimo, nuestro patrón. Cuando se ha contado con apoyo, hemos invitado a un Biblista teólogo/a, del movimiento bíblico latinoamericano que imparta la formación.

2.- Lo que nos demandan las Parroquias y comunidades:
Durante el año, atendemos a solicitudes de algunos párrocos y comunidades para que les demos formación bíblica.
Para ello nos organizamos en pequeños equipos de 3 que son enviados por el Equipo y preparan el tema a desarrollar y el material.
Normalmente son cursos de Iniciación bíblica para introducir a los participantes en el estudio de la Palabra de Dios.

3.- La Revista mensual “La Biblia en Comunidad”
Un esfuerzo realizado durante 7 años que finalizó en diciembre de 2012 por no poder continuar sosteniéndola. Se editaban 1,000 ejemplares mensuales y se distribuian en todo el país. Su contenido recogía experiencias de comunidades, noticias, artículos de opinión, un tema de estudio bíblico, otro de metodología de lectura comunitaria, con un sentido crítico de la realidad socio política del país.

4.- PERSONAS E INSTITUCIONES QUE SE BENEFICIAN

– A los 7 talleres que realizamos en el año acuden una media, por taller, de 50 personas, que son multiplicadores en sus respectivas Parroquias y comunidades.
– A la Semana Intensiva de la Biblia, suelen participar entre 35 y 40 personas.
– Se editaban 1.000 revistas, pero sabemos que sus lectores son muchos más porque muchas tienen como destino las Parroquias, sus grupos y comunidades.
– Cada año enviamos desde BIPO a dos personas al curso intensivo de Biblia organizado en el DEI en Costa Rica para su formación. Contamos con beca completa para las dos personas, y de parte de BIPO aportamos el costo del transporte.
Y las numerosas personas, grupos de parroquias y comunidades a las que atendemos a través del año, impartiendo charlas, talleres y cursos bíblicos por toda la geografía del El Salvador

El P. Neto Barrera

Padre Rafael Ernesto Barrera Motto, Sacerdote diocesano

Mons. Romero en su Diario Personal escribió los siguiente: 

“MARTES, 28 de noviembre de 1978 

Se celebró reunión de Senado en el hospital de la Divina Providencia y por la tarde reunión de pastoral en el Arzobispado. Pero este día fue turbado de manera dramática y trágica, por la muerte violenta del padre Rafael Ernesto Barrera, a quien lo dieron por muerto en una fingida refriega de los cuerpos de seguridad contra una casa de la Colonia de la Divina Providencia, donde el padre Neto fue encontrado muerto de balas, pero que, según conjeturas, ya fue llevado muerto a aquel lugar. Pueden verse, a este respecto, los diversos boletines que la comisión investigadora elaboró y en que se desmintieron varios aspectos de la información oficial. 

Por la noche, el cadáver del padre Neto fue velado en la iglesia de Mejicanos, donde es párroco, su hermano, el padre Manuel Barrera.” FIN 

UN DIA COMO HOY 28 de noviembre de 1978 mueren combatiendo el sacerdote y guerrillero Rafael Ernesto Barrera Motto de seudónimo Felipe, junto a los obreros Valentín Martínez Piche y Rafael Santos Ortiz. Una cuarta persona que estaba en la misma residencia, y que fue identificada como José Isidro Paz Portillo, se entregó a los cuerpos de seguridad, quienes el 13 de diciembre entregaron un comunicado en el que dice que José Isidro Paz Portillo murió en el enfrentamiento, a pesar que fue fotografiado sentado en la acera dando declaraciones, luego de haberse rendido en la colonia Divina Providencia. Ernesto Barrera Motto trabajó en Soyapango, era párroco en Ciudad Delgado, en San Salvador. Todos eran militantes de las FPL. (FUENTE: Secretaría Nacional de Memoria Histórica del FMLN SNMHfmln) 

A continuación, algunos datos tomados del libro “Testigos de la fe en El Salvador”: 

SU VIDA: 

Neto nace el 27 de octubre de 1948, en el cantón Istagua, jurisdicción de San Pedro Perulapán, departamento de Cuscatlán, en el seno de una familia cristiana. Fueron sus padres don Manuel Barrera y doña María Motto de Barrera, quienes procrearon once hijos entre los cuales Neto era el asuro, el último de todos. 

Neto estudió la primaria en San Martín y el Bachillerato en el Seminario Menor del Arzobispado. Desde estudiante trabajó en colaboración con el padre Juan Regal de origen belga en el movimiento de la Juventud Obrera Cristiana -JOC-, y desde entonces consagró su sacerdocio al mundo obrero. 

“Antes de ser ordenado y luego de haber finalizado sus estudios de teología, estuvo un tiempo en trabajo pastoral para asegurar su determinación de ser sacerdote y a la vez cobrar más experiencia pastoral en el sector obrero” 

Fue ordenado sacerdote por Mons. Luis Chávez y González el 25 de noviembre de 1974, cuando cumplió 26 años de edad y fue asesinado y resucitó el 28 de noviembre de 1978. Tenía 29 años de vida y cuatro de haber sido ordenado sacerdote. 

Se dedicó de lleno a la pastoral obrera. Desde su parroquia San Sebastián, en ciudad Delgado, trabajó para crear conciencia de clase entre obreros, dentro del proyecto del Reino de Dios. Por encargo de monseñor Romero, buscó establecer diálogo con los sindicatos a partir de la posición de la Iglesia. 

El padre Neto trabajó con dedicación, esmero y preocupación. Prueba de ello es el recuerdo que niños, jóvenes y adultos tienen de él en la parroquia San Sebastián. Lo catalogaron de peligroso por su gran sensibilidad social y porque arriesgaba sus intereses personales; pero los obreros que buscan un cambio social y que trabajan por instaurar el Reino de Dios entre los hombres, recuerdan a Neto como una persona alegre, entusiasta y con sentido profundo de solidaridad para todos. El padre Ernesto Barrera realizó su trabajo pastoral en situaciones de conflicto y de riesgo, pues con su acompañamiento rompió moldes tradicionales de pastoral, que hasta su tiempo habían hecho sus colegas sacerdotes. Realmente, él asumió la responsabilidad de éstos con los obreros, y con ello, hace presencia de Iglesia viva.  

Su aporte específico de acompañamiento a los obreros, es un signo cualificado de cual debe ser el papel de la Iglesia y de los cristianos en el ámbito del mundo obrero, que por razones históricas y por la falta de olfato evangelizador, la Iglesia no supo estar en los cambios de época y se apoltronó en una visión pastoral de parroquia al estilo tradicional y conservador, que se aplicó en épocas preconciliares. Por lo que el esfuerzo del padre Neto fue, en su mayoría, incomprendido y sigue sin ser aceptado por muchos miembros de la Iglesia que, como dice don Pedro Casaldáliga, viven tiempos de involución y de retroceso. 

RELACION CON MONSEÑOR ROMERO: 

Ernesto Barrera, como sacerdote joven, inició su trabajo pastoral con la Juventud Obrera Cristiana -JOC-. Lo anterior fue como el preámbulo de su compromiso con los obreros. Por ello, a Neto, en el martirologio salvadoreño del siglo pasado, se le identifica con la Opción por los obreros. Esta opción permitió que la relación con monseñor Romero fuera cercana y constante, desde una pastoral de acompañamiento, en evangelizar al mundo obrero en todo su significado, es decir, en anunciarles la buena nueva del evangelio y apoyar sus justas demandas laborales y sindicales, tal como lo propone la Iglesia en su doctrina social. 

El padre Ernesto Barrera siempre mantuvo informado a Mons. Romero de todos sus movimientos y asimismo, a sus compañeros sacerdotes, que tenían sintonía con sus preocupaciones por el mundo obrero; tanto es así, que pedía mayor organización para que la Iglesia se hiciera presente en el ámbito obrero. Es por ello que, cuando al padre Neto lo vincularon con una organización política, Mons. Romero salió a defenderlo, en su condición sacerdotal y su interés por trabajar con los obreros, desde una visión cristiana que, sobre todo, ve y siente a las personas que sufren las consecuencias del pecado social. El padre Neto, un día antes que lo mataran, había compartido en una reunión con compañeros sacerdotes lo siguiente: “Invité a Mons. Romero a que participara en una convivencia con obreros este fin de semana allá en Ayagualo”….(10 de diciembre de 1978.) 

En el periódico Orientación del 10 de diciembre de 1978, en la pag. 8, en un artículo sobre la vida y labor del P. Neto, se hace alusión a este aspecto y se lee lo siguiente: 

“Pero no dejó nunca su diálogo con el obispo. Y no siempre fue fácil. Las leyes litúrgicas, las susceptibilidades, las miradas suspicaces de los eternos prudentes, la imagen de la Iglesia…Pero ahí estaba Neto cada vez que el obispo le pedía una explicación, cada vez que tenía algo que informar o podía darse una mala interpretación de algunos hechos. El mismo obispo le encomendará el diálogo con unos sindicatos. Cumplió con su trabajo y fue a informar y a dar su juicio sobre el mismo al Arzobispado. 

Tenía pendiente una invitación al arzobispo para una convivencia para una convivencia con obreros el fin de semana en Ayagualo. Estaba preocupado de si el obispo comprendería el lenguaje directo y crítico de los trabajadores conscientes. Quedamos en que podría ser una reunión para mutuo conocimiento en un clima de información.” 

SU MUERTE: 

El día en que mataron a Neto Barrera, éste había salido de la parroquia de San Sebastián, acompañado de Valentín, quien le colaboraba en la parroquia, para comprar madera para unos pupitres que necesitaba en la escuela parroquial. 

La información que dieron los medios acerca de su muerte fue muy contradictoria y con total falta de verdad. Esto lo prueban las investigaciones que el Arzobispado realizó, para determinar lo que realmente pasó en la colonia La Providencia, donde Neto murió. Informaron que fue torturado y luego ejecutado con un tiro en la cabeza, según informe forense. 

Otra evidencia que nos confirma tal realidad, es el hecho que el señor José Isidro Portillo Paz, uno de los cuatro muertos del martes 28 de noviembre, fue capturado vivo y salió por sus propios pies de la casa. Después de haberse presentado a los reporteros y televidentes, fue asesinado por los mismos cuerpos de seguridad cuando estaba en su poder, a consecuencia de un balazo en el cráneo que le destruyó la masa encefálica. Junto con el padre Neto mataron a los obreros Rafael Santos Ortíz y Valentín Martínez Piche. 

Es obvio que quienes los mataron, quisieron descartar toda evidencia de la verdad de los hechos, pues, según las investigaciones de Tutela Legal del Arzobispado y tal como lo afirmó el mismo Mons. Romero, lo asesinaron los cuerpos de seguridad, dentro del contexto de persecución a la Iglesia, por su trabajo de acompañamiento a los obreros en una pastoral de frontera, tal como él solía llamar a su opción pastoral. 

Mons. Romero, como pastor de la iglesia particular de la Arquidiócesis, tuvo claro que su papel en estas circunstancias era acompañar y animar; es por ello que cuando consultó a un buen grupo de sacerdotes sobre cual era la postura que debía tomar ante el cobarde asesinato del padre Neto, asistir o no a su entierro, Mons. Romero, después de escuchar y reflexionar, solo pensó que haría lo que la madre de Neto hubiera hecho y, a partir de ahí, tomó la decisión de celebrar la misa y enterrar a Neto en la Iglesia parroquial de Mejicanos. Esto indica que Mons. Romero, asumió el papel que siempre a de tomar la Iglesia, es decir, como madre, quiere y ama a todos sus hijos. 

Sobre este hecho, en su homilía habitual de los domingos, Mons. Romero dijo lo siguiente: 

“Fue salvajemente torturado antes de ser asesinado con otros compañeros. Tenemos evidencia de que el P. Neto Barrera no murió en una confrontación armada, como la policía lo dijo, sino que él fue torturado y después balaceado mortalmente a quemarropa, Acuso a la policía de su asesinato.” (Mons. Romero. Homilías 1978, Tomo VI. Pag.15) 

El legado de Rutilio (7)

La parroquia de Aguilares y el plan de una Misión popular

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Cuando Rutilio regresó del IPLA, a mediados de 1972, comenzó la manera de dar forma y realización a su opción primaria y fundamental. La meta sería la evangelización con vistas a recrear una Iglesia de comunidades vivas de hombres nuevos, agentes de pastoral y conscientes de su vocación humana a convertirse en gestores de su propio destino que, en definitiva, los llevaría al cambio de la realidad.

Para la realización de esta meta primero debía producirse la concientización del equipo por medio de una sensibilización del equipo por medio de una sensibilización y toma de conciencia del mundo circundante en orden a lograr una encarnación e identificación con los problemas de la zona. No instrumentalizarían o domesticarían la religiosidad popular, sino que les animarían a ser co-creadores de una comunidad dinámica, profética y descentralizada. Un objetivo importante era detectar agentes de cambio que se convirtieran en agentes y multiplicadores de pastoral.

El método sería personalizante, dialogal, creativo, crítico y fundamentado en la pauta ver-juzgar-actuar. A partir de la acción misma se reflexionaría desde el Evangelio. En todo este planteamiento se hace evidente la influencia de Paulo Freire y su educación popular. Rutilio tuvo siempre bien claro que se trataba de hacer que el hombre oprimido pronunciara su palabra responsabilizándose y comprometiéndose en el proceso histórico de su re-creación y la de sus comunidades.

Un aspecto importante de aquellas reflexiones fue la elección de la zona de trabajo. Y después de pensarlo mucho, el equipo optó por hacerse cargo de la Parroquia del Señor de las Misericordias de Aguilares, que entonces estaba vacante y se lo había propuesto Mons. Chávez.

Aguilares es un pueblo único, porque reúne en sí todas las contradicciones e injusticias del país. La parroquia tiene aproximadamente 30.000 habitantes. La producción es predominantemente caña de azúcar cultivada en grandes latifundios. En la zona dominan tres grandes ingenios.

Cuando el equipo se hizo cargo de la parroquia, el pais estaba entrando en una de sus fases más difíciles. Rutilio y su equipo entraron en esa área explosiva y conflictiva justamente en el momento en que en la sociedad salvadoreña las contradicciones se estaban volviendo más agudas. La realidad nacional formó parte integral del esquema de trabajo y lo que sucedía en Aguilares tenía fácilmente impacto nacional dado el carácter del lugar y el tamaño del país. Esta situación fue la que despertó y desarrolló la creatividad pastoral de Rutilio y su equipo misionero.

El equipo decidió comenzar a trabajar desde el aspecto religioso del pueblo y para ello planificó una serie de misiones que caracterizaron este primer período. Rutilio, que respetaba la religiosidad popular, fue muy claro: el quipo partiría de la experiencia religiosa, no de una visión estructural y sociológica, como proponían otros. Rutilio no quería imponer métodos extranjeros, válidos quizás en otros países o para poblaciones más urbanizadas, pero de dudosa eficacia en el campo salvadoreño.

El equipo usó el término “misión” por su profundo significado evangélico, pero en la práctica no tenía nada en común con las misiones tradicionales. El objetivo de las misiones era realizar una comunidad de hermanos comprometidos en la construcción de un mundo nuevo, in opresores ni oprimidos, según el plan de Dios. Se pretendía bajar el Evangelio a la tierra. “No sean cohetones”, les decía Rutilio, aludiendo a los cohetes que solo se remontan al cielo, su mensaje era: “Dios no está en las nubes acostado en una hamaca, Dios actúa y desea que ustedes construyan su Reino aquí en la tierra”.

El legado de Rutilio (5)

 

Fiesta del Divino Salvador del Mundo

 En medio de aquella polémica sobre la misión de la Iglesia y la manera más adecuada de llevar una pastoral comprometida con los obreros y campesinos, Rutilio tuvo otra actuación pública a nivel eclesial en la Fiesta Patronal del Divino Salvador del Mundo, en la cual de nuevo y claramente expresó sus ideas delante de la Jerarquía eclesiástica, el Gobierno de la República y el pueblo. Rutilio era el maestro de ceremonias y también el encargado de hacer la homilía: Rutilio se preguntó por la situación del hombre salvadoreño. ¿Está transfigurado el hombre salvadoreño? ¿está transfigurada la inmensa mayoría del pueblo salvadoreño, nuestro campesinado? ¿Está transfigurada esa minoría que tiene en sus manos los medios económicos, el poder de decisión, el control de la prensa y de todos los medios de comunicación?

Rutilio contestó con dolorosas confesiones: muchos bautizados en nuestro país no han comulgado todavía con los postulados del Evangelio, los cuales exigen una transfiguración total: sus mentes y sus corazones no han sido transfigurados. Han construido un dique de egoísmo al Mensaje de Jesús Salvador.

Las mayorías, los campesinos, tampoco estaban transfigurados. Citando a Pablo VI en la Populorum Progressio, dijo que los campesinos iban adquiriendo conciencia de su miseria no merecida, a lo cual se añadía el “escándalo de las disparidades hirientes” no solamente en el goce de los bienes, sino todavía más en el ejercicio del poder.

¿Por qué esta necesidad de transfiguración personal y social?, preguntó Rutilio. Porque el bautismo es un compromiso sagrado y exigente. Ser bautizado es estar de lleno centrado en los cauces del Evangelio de Jesús hasta sus últimas consecuencias. En definitiva, es entrar en un proceso de cambio de actitud frente a la vida, el mundo, los valores y Dios.

El slogan de Jesús había sido: “cambien de actitud”. La palabra de Dios es lo que da sentido, vigor, dinamismo a toda existencia cristiana, situándola en medio de los acontecimientos de la vida con la “brújula de la Palabra de Dios en nuestra inteligencia y en nuestro corazón”. Y aquí esta precisamente la capacidad de hacer una revolución netamente cristiana purificando dicha palabra de todo sentido abusivo, peyorativo y exclusivo, especificó Rutilio, para que no se le malinterpretara. Una revolución cristiana basada en las esencias del Evangelio, cuya médula es el amor y que no excluía a nadie.

Jesús fue el libertador que se identificó y fue a la muerte por nosotros. Dijo y vivió siempre de acuerdo a la verdad. Es el prototipo del líder auténtico: detectó la problemática de la humanidad, se metió de lleno en ella por la encarnación y aceptó el último reto, la muerte. Y al expirar, mientras inclinaba su cabeza, muribundo, exclamó, en un triunfo de transfiguración: “Todo está consumado”. Y en ese momento, todas las miradas de todos los hombres de todos los tiempos quedaron fijas en él. Su muerte fue un paso para la transfiguración total de la resurrección. Transfiguración y resurrección son equivalentes en la teología del Evangelio y constituyen el acontecimiento que siempre congrega en el altar en torno a la Eucaristía.

De este modo Cristo se convirtió en nuestro liberador. El es el liberador de todo hombre, del hombre integral. “Esta transfiguración del hombre, conquistada, pregonada y exigida por Cristo a sus seguidores tiene su punto de partida en el Bautismo, compromiso sagrado de cada bautizado con Cristo resucitado. Esta transfiguración no puede quedarse en los límites de la realidad personal, sino que, necesariamente, tiene que explotar en el seno de la familia, ha de salir a las plazas públicas, a la empresa, a la política, al encuentro con todos los hombres”…

En esta tarea de lograr la transfiguración total, íntegra y verdadera, de todos y de cada uno, concluyó Rutilio, puede estar seguro el Señor Presidente de contar con el apoyo del clero salvadoreño, porque ésta es la línea evangélica, la del magisterio eclesiástico y la de los obispos. “En esto coinciden nuestros más caros y entrañables ideales, como bautizados y como ciudadanos”. La Iglesia, dentro de su esfera y el gobierno dentro de la suya, con mutuo respeto dentro de sus legítimos ámbitos, han de colaborar eficazmente, audazmente y urgentemente a fin de propiciar leyes justas, honestas y convenientes para transformar al pueblo salvadoreño.

Solamente entonces podremos llamarnos a plenitud y con orgullo “hijos de esta patria nuestra”. Y solamente entonces, Cristo Salvador Transfigurado, será realmente nuestro patrono…Solamente entonces, todos los hijos de esta patria del Divino Salvador, rubricaremos nuevamente y con verdad plena, según lo proclamamos en el himno nacional, la tercera palabra que ondea al viento en nuestra bandera: Libertad, plena, completa y definitiva pata todos los hijos de Dios, los salvadoreños”…

El legado de Rutilio (4)

                           A mural in El Paisnal, El Salvador

Rutilio y la Semana Nacional de Pastoral, julio de 1970 (y 4)

4. La intervención de Rutilio ante la Prensa, defendiendo la Semana de Pastoral

La polémica saltó enseguida en la prensa nacional de la mano del catolicismo tradicional.. El portavoz, Emilio Simán, militante de Acción Católica, desautorizó las Conclusiones argumentando la falta de representatividad eclesial de la Semana de Pastoral. Este sector tradicionalista rechazaba la teología del Vat II y d Medellín, como doctrina peligrosa que confundía a los fieles.
A pedido de Mons. Rivera, Rutilio salió en defensa del magisterio y de la Semana de Pastoral., desautorizando las opiniones de Simán por desconocimiento del Vat. II, de Medellín y de la Semana de Pastoral, a la cual no había asistido.
Las Conclusiones, señaló Rutilio, no pretendían ser la última palabra, sino un material para reflexionar, estudiar y discutir. Sus expresiones concisas, audaces e incluso radicales, no debían ser sacadas del contexto de la Semana. Durante todo el mes de agosto siguió Rutilio escribiendo artículos y polemizando con el catolicismo tradicional para intentar abrir el horizonte histórico y eclesiológico. Lo urgía la escandalosa injusticia  de la sociedad salvadoreña y la trascendencia del magisterio del Vat II y Medellín, para contribuir a la construcción de una sociedad justa conforme a los principios del Reino de Dios.
El cristianismo, según Rutilio, era revolucionario por definición. No amenazaba en la calle con un machete, ni con “odio en el corazón y sangre en las manos”, “a no ser la propia, cuando es perseguido en virtud de su fidelidad al Evangelio”. El carácter revolucionario del cristianismo se remontaba a Jesucristo, “líder y liberador”, cuya obra debía continuar hasta liberar a la humanidad de toda explotación y opresión. Teológicamente éstas eran pecado. Más precisamente, eran la raíz y la causa de todo pecado colectivo e individual. Por eso el creyente estaba llamado a erradicar ese pecado del mundo. De esa manera, el Reino de Dios comenzaba a construirse aquí y ahora. Si Jesús había enseñado a pedirlo en la oración al Padre, era para que se concretar en al tierra. Por eso la fe era inseparable de la historia de la humanidad.
Rutilio acusó a la religión de complicidad directa y activa con la miseria social predominante, porque justificaba al explotador ante la conciencia del explotado y porque adormecía al pueblo con su predicación, que exaltaba la resignación.
Esta clase de religión respondía más a las expectativas de la sociedad injusta, que exigía al sacerdote dedicación exclusiva al culto y a las devociones ancestrales de los fieles. Este planteamiento pretendía que las mayorías aceptaran resignadas la pobreza y la miseria como voluntad de Dios…Esta religión no era más que droga adormecedora y encubrimiento de la injusticia y de la violencia institucionalizada. Rutilio denunció esta concepción de la religión como la forma más eficaz para desvirtuar y desacreditar a la religión. La fe cristiana era todo lo contrario.
La enseñanza social de la Iglesia, en la que l tradicionalismo católico se escudaba para desentenderse de la realidad, no era opio. Al contrario impulsaba el cambio de las estructuras injustas por otras conformes con los principios evangélicos.
Rutilio insistió en la necesidad  y la urgencia de que la Iglesia despertara las conciencias y se comprometiera con la erradicación de todo pecado, esto es, de la injusticia, de la opresión y de la marginalidad, en orden a salvar a la persona y al pueblo de Dios. Por eso la comodidad y el egoísmo reaccionaban airados.

El legado de Rutilio (3)

Rutilio en El Paisnal

Rutilio y la Semana Nacional de Pastoral, julio de 1970 (3)

3. La intervención de Rutilio ante el clero de la arquidiócesis

Después de haberse dirigido en privado a los obispos sin haber sido escuchado y una vez publicado el parecer de la conferencia episcopal, Rutilio se sintió obligado a contradecir a los obispos en la reunión mensual del clero de la arquidiócesis.
“En conciencia… no encuentro …nada contra la ortodoxia, ni contra la disciplina e instituciones eclesiásticas”, “a no ser que se las saque de contexto”.
A pesar de que había intentado comprender la reacción episcopal como “una natural reacción contra la radicalización de ciertos juicios valorativos”, la condena autoritaria no dejaba de ser una “lamentable” equivocación, porque no había error. En cualquier caso, el criterio último lo tenía la realidad de un pueblo oprimido, que interpelaba y exigía una palabra de salvación a la Iglesia. Esta, “puede seguir tranquilamente como hasta ahora en una calma y una falta de sentido crítico y sin discernimiento de espíritu”, pero no debía olvidar que había sido llamada a colocarse al lado de ese pueblo, “según la teología de Cristo encarnado, para redimirlo y llevarlo a la Resurrección”.
Contrario al parecer episcopal, la semana no había sido lamentable, ni triste, sino un reflejo veraz de la vida de la Iglesia, “ahí está como un hecho conflictivo que ha causado una crisis, en la que todos estamos implicados”. Pese a ello, ninguno debía perder de vista que Dios mismo había colocado a la Iglesia en la countura de crisis, “una auténtica gracia de Dios”, y un llamado apremiante a la conversión.
La  crisis era un signo de los tiempos, es decir, un indicio de que Dios pedía algo más, “porque ningún acontecimiento escapa a esta historia de salvación y Dios anda siempre por medio, aunque se nos haga difícil reconocerlo”. La crisis “es el camino de Dios y pasa por la mitad del corazón del hombre…Cristo pone al hombre en estado de crisis, que es el estado de salvación”.
“Toda la Biblia es una teología de la crisis: una reflexión teológica inspirada acerca de la tensión existencial radical del hombre ante Dios (dimensión vertical) y ante los demás hombres (dimensión horizontal). Dios va llevando a su pueblo hacia la conversión, de crisis en crisis, de caída en caída, de fe en fe”.
Por tanto, la crisis debía ser asumida sin “esconder la cabez debajo del ala como el avestruz ante el peligro. Una crisis está ahí como un tumor, hay que interiorizarla por la fe y hay que tratar de superarla”.
Una institución sin tensiones estaba muerta. Si la Iglesia estaba en crisis, era porque en ella había vida y espíritu. De momento las Conclusiones habían despertado la conciencia eclesial, “ya es tiempo que despertásemos de esta realidad dolorosa, ¡Demasiado tardábamos!” en recibir el Concilio.
Rutilio insistió ante el episcopado y ante el clero arquidiocesano que la transformación de la realidad empecatada era la “prioridad absoluta” de la misión eclesial. Todo apostolado por fidelidad a Jesucristo, debía orientarse a la salvación, esto es, a la liberación de la sociedad. La encarnación no permitía que la humanidad se encontrara con Dios al margen del encuentro consigo misma. Por lo tanto, la fe estaba condicionada por la estructura social.

El legado de Rutilio (2)

Rutilio y Romero en El Paisnal

Rutilio y la Semana Nacional de Pastoral, julio de 1970 (2)

2. La intervención de Rutilio ante los obispos

Antes que los obispos se pronunciaran sobre las Conclusiones de la Semana, Rutilio les advirtió que no podrían neutralizar la semana de pastoral con una declaración y que ello, además, “sería lamentable” porque provocaría una confrontación “fatal”. Movido por el deseo de evitarlo, se armó de valor y se dirigió  por escrito a la conferencia episcopal. El documento llegó a la conferencia por medio de Mons. Romero, su amigo personal.
La Jerarquía, advirtió Rutilio, no podía matar aquel movimiento de renovación pastoral. Ellos tenían una responsabilidad gravísima: el campesino aún esperaba algo de la Iglesia y ésta no podía dormirse ante la coyuntura de que todavía el pueblo reaccionaba positivamente ante el hecho religioso. Había necesidad de una pastoral definida que respondiera a las necesidades y problemática social del pais. Ya se había perdido parte del campo obrero por falta de atención pastoral, ahora no debía repetirse el mismo error respecto al campesinado. Finalmente Rutilio pidió a los obispos reflexión y prudencia…
El desafío planteado por las Conclusiones de la semana debía ser planteado por todos, los obispos los primeros, que debían proceder con valentía y pronunciar una palabra de aliento para mantener viva la esperanza popular. Resguardarse en el “catolicismo de fachada” prevaleciente era una falsa ilusión, tal como lo demostraba la acelerada urbanización de San Salvador y su periferia.
“¡No nos hagamos ilusiones! Gran parte de esa gente va entrando más rápidamente de lo que creemos en la gran masa de los descristianizados. Y a medida que vaya avanzando hacia el campo ese ambiente, nuestro campesinado irá entrando”
Todavía había tiempo para impedir que la secularización alcanzara la zona rural, donde vivía la mayor parte de la población salvadoreña.
“No nos lamentemos después de haber perdido para la Iglesia gran parte de nuestro pueblo, si les dimos una religión que no pudieron sostener al primer embate de la vida secular o que no les dio nada para la construcción de su mundo, para la liberación integral de sus personas, en sus derechos inalienables de personas”
Si la Iglesia no estaba a la altura de los tiempos, el pueblo la despreciaría y la condenaría.
Rutilio también era crítico de algunos aspectos de la Semana, pero sus críticas no invalidaban sus aportes más valiosos. La conclusiones de la Semana contenían verdades incuestionables, a las cuales había que “sacar partido al máximo posible…para bien de la Iglesia en nuestro país”, puesto que “no sin cierta Providencia de Dios se mueven las cosas aunque llenas de imperfecciones humanas”

El legado de Rutilio (1)

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Rutilio y la Semana Nacional de Pastoral, julio de 1970 (1)

1. La Semana Nacional de Pastoral y la crisis eclesial

La Semana de Pastoral fue el intento de actualizar y poner en práctica en El Salvador la Asamblea de Medellín, que a su vez había sido la actualización en América Latina del Concilio Vaticano II.
La  Semana fue convocada por los obispos, con ocasión de la CEDAC (Conferencia  Episcopal de América Central), en la Antigua, Guatemala, pero la mayoría de obispos salvadoreños ni asistieron ni se interesaron, pues la Iglesia salvadoreña era fundamentalmente tradicionalista y estaba identificada con la oligarquía y los militares.
Por otro lado había un sector de Iglesia, sobre todo de sacerdotes jóvenes bien preparados que impulsaban la recepción del Vat II y de Medellín, que habían optado por los pobres y por la liberación del pueblo salvadoreño, entre ellos estaba Rutilio Grande, quien integraba la comisión de redacción del documento final.
Ante las conclusiones de la Semana Pastoral, los obispos se alarmaron, considerándolas demasiado extremistas, “radicalizaciones motivadas por el calor juvenil”, declarándolas inaceptables por considerarlas contrarias a la ortodoxia, a la disciplina y a la institucionalidad eclesiástica. Y es que la Semana denunciaba la connivencia de la Jerarquía con la minoría oligárquica salvadoreña, la cual oprimía a las grandes mayorías de obreros y campesinos.
También les perturbó otra de las conclusiones que era la necesidad de promover más a los agentes de pastoral como medio indispensable para hacer llegar el Evangelio a las masas campesinas.
Se había creado una verdadera crisis eclesial… Los obispos quisieron corregir las Conclusiones de la Semana Pastoral, aguando totalmente el documento, suprimiendo las formulaciones más radicales y la dimensión profética, rechazando el compromiso directo con la liberación del campesinado, cuya evangelización y organización política ya estaba en marcha.
El conflicto entre las Conclusiones de la Semana y la conferencia episcopal puede explicarse por la diferente visión de la realidad eclesial salvadoreña. Según los obispos , el problema fundamental radicaba en el clero, que se había relajado mucho, abandonando “la indumentaria eclesiástica” y la oración mental más fervorosa.. que se había vuelto muy indisciplinado y sus actuaciones eran más de predominio de lo social que de lo religioso…(continuará)