Entrevista a Juanjo Tamayo

Juan José Tamayo: “El negacionismo de la jerarquía de la Iglesia española la ha convertido en cómplice de los pederastas”

Juan José Tamayo.
Juan José Tamayo. Olmo Calvo
  • «Hay una incompatibilidad profunda y radical entre las posiciones de Vox y el PP y los valores que defiende el cristianismo. Los valores auténticos están en las antípodas de los planteamientos de esos partidos políticos», asegura el autor de, entre otros libros, ‘La internacional del odio’

Juan José Tamayo (Palencia, 1946) es teólogo, profesor, autor de decenas de libros, conferenciante, pero sobre todo un firme defensor del espíritu primigenio del cristianismo. Y esa pelea le ha llevado a ser uno de los mayores críticos de la Iglesia Católica española. La considera fuera de la realidad de la diversidad del mundo actual. Machista, cómplice de la pederastia, egoísta en sus privilegios, enfrentada al papa Francisco y a sus condenas del neoliberalismo y cercana a las posiciones de la extrema derecha y de los sectores más ultras del Partido Popular. Así lo ha denunciado en sus últimos libros (La compasión en un mundo injusto, La internacional del odio) y así lo refrenda en esta entrevista.Estos son todos los enemigos del Papa Francisco dentro de la IglesiaSABER MÁS

¿Qué opina del estado de negación de la Iglesia Católica española ante la pederastia?

La expresión que mejor define la actitud de la jerarquía católica es el negacionismo. Hay un negacionismo de base, que es lo que lleva luego al silencio, al ocultamiento, a la falta de denuncia, al encubrimiento ante tamaños crímenes. ¿Cuál es el problema de la jerarquía en relación con estos temas? No es que no los conociera, sino que más bien los niega. En vez de colocarse del lado de las víctimas y decir ‘las vamos a apoyar, vamos a tener todo tipo de solidaridad con ellas’, se han situado en el lado de la institución y han decidido salvarla. Han hecho todo un discurso, toda una construcción ideológica que empieza por decir que son muy pocos casos. ¿Pero cómo pueden decir eso cuando ni siquiera han investigado? En este caso, negarse a investigar está en total contradicción con otras conferencias episcopales como la alemana y la francesa, que han encargado incluso las investigaciones a agencias externas para mayor objetividad.

¿Y la jerarquía eclesiástica española, por su estado de negación, se ha convertido en cómplice?

Sí, esa negación ha llevado a la Iglesia española a una complicidad con los pederastas. Y esto es terrible. Ser cómplice de un crimen, ser cómplice de un comportamiento antihumanitario es también ser responsable. Y luego está el desprecio a las víctimas, al no escuchar su testimonio, al dudar de su veracidad, incluso a mandarles en épocas pasadas guardar silencio y amenazarles en el caso de que hicieran públicos esos testimonios. Se estaba revictimizando a las víctimas. Eso es terrible. Y luego el cinismo de la Conferencia Episcopal. Por una parte, el presidente Omella, que en el discurso de la última plenaria, y luego en una peregrinación que hicieron a Santiago, expresó la petición de perdón por esos terribles abusos. Pero, por otra parte, el secretario de la Conferencia Episcopal en esos mismos días dice que no van a investigar. Se intenta reducir a casos particulares un problema que es público, que es estructural. Es decir, no son casos aislados, sino que supone una responsabilidad estructural. Esto me parece que es algo realmente sangrante. [Un día después de realizarse esta entrevista el obispo de Bilbao anunció la apertura de una investigación sobre este asunto].

¿Por qué en la Iglesia Católica se dan tantos casos de pederastia? ¿A qué se refiere cuando dice que es un problema estructural?

Me refiero a la estructura que conforma la Iglesia Católica que es patriarcal, de masculinidad hegemónica y de masculinidades sagradas. Es decir, tenemos una pirámide: en el vértice está el poder absoluto, luego los representantes de ese poder y, debajo, la base, que es la que sustenta y tiene que poner en práctica las orientaciones de ese poder absoluto. Pero además, a eso hay que añadir que todo el poder en la Iglesia está en manos de varones, es un poder caracterizado por la masculinidad hegemónica, que en el caso de la Iglesia es masculinidad sagrada. Porque sólo los varones, desde su poder, están representando a Dios.

¿La Iglesia tiene entonces un problema de machismo sagrado?

Claro. Y es mucho más difícil desmontar el patriarcado religioso que el patriarcado político. Porque el patriarcado religioso está sustentado sobre una masculinidad sagrada en cuanto que son los varones los que representan a Dios, a quien previamente le han dado toda una serie de atributos varoniles. Ahí está, yo creo, la clave de estos fenómenos. En el fondo, la pederastia es la colonización de los cuerpos, la colonización de las mentes, la colonización de las conciencias, hasta el punto de que esa colonización lleva a padres y madres a fiarse de esas personas que consideran representantes de Dios y que luego utilizan esa representación divina y ese poder masculino para abusar sexualmente. Ese es el problema: el poder. Y ese poder no tiene ningún límite, no tiene ningún control. Porque además, cómo se va a cuestionar el poder de una persona sagrada que representa a Dios.

El discurso político conservador español está muy en sintonía con posiciones católicas ultramontanas… Parece que ya no son ni demócratas ni cristianos. ¿Qué fue de la llamada democracia cristiana?

Ha sido borrada del mapa. Sobre todo porque lo que ha quedado ha sido muy ultraconservador: la Asociación Católica de Propagandistas, que es un nicho de voxianos y de integristas cristianos que ya no son ni siquiera neocons o teocons, sino que son ultracons, y las comunidades neocatecumenales de Kiko Argüello. Son dos movimientos que tiene una extraordinaria influencia en sectores populares, aprovechando su falta de conocimiento político, y en el ámbito de las élites económicas, financieras y políticas en el caso de la Asociación Católica de Propagandistas.

Estos movimientos están siendo aprovechados por algunos políticos. ¿Cómo interpreta usted, por ejemplo, las declaraciones de Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, a raíz de la carta que escribió el papa Francisco a México pidiendo perdón por la intervención de la Iglesia Católica durante la colonización de América?

Hay que interpretarlas no desde el punto de vista religioso, sino desde el punto de vista político, porque declaraciones del tipo de las del papa Francisco ya las habían hecho los Papas anteriores. Juan Pablo II pidió perdón más de cien veces y, en concreto, pidió perdón por los abusos en la conquista. Y luego Benedicto XVI también volvió sobre el mismo tema. Entonces, ¿por qué cuando Francisco hace esas declaraciones se le echan encima VOX y la parte más integrista del PP? En el fondo, es porque consideran que el Papa descalifica su política ultra y, por ejemplo, su neoliberalismo, su comportamiento de legitimación de las diferentes violencias, de los diferentes discursos de odio. Esa es la clave.

El papa Francisco ha conseguido algo inesperado a lo largo de la historia. Los sectores más conservadores son anti papistas y los más progresistas, tanto dentro de la Iglesia como laicos, somos más papistas 

Usted a esto le ha llamado el cristoneofascismo…

Sí. La idea y la propia palabra se me ocurrió de manera espontánea, dictando un curso de teología en varias universidades de Brasil. En una de las clases, un alumno, creo recordar que era sacerdote, dijo que en la iglesia les prohibían hablar de política, y sin embargo, Bolsonaro estaba constantemente haciendo teología. Y yo, expresando sorpresa, pero sólo externamente, pregunté si es que Bolsonaro era teólogo. «No», me respondieron, «pero se pasa todo el día hablando de Dios, citando la Biblia y relacionándose con las mega iglesias». Entonces dije que le podíamos definir como el teólogo y el predicador del cristoneofascismo. La gente prorrumpió en un prolongado aplauso. Escribí un artículo con ese mismo título y me di cuenta de que esa alianza de la extrema derecha política, judicial, oligárquica y religiosa de Brasil estaba prácticamente extendida por todo el continente americano.

¿Y se puede aplicar a la situación española actual?

Totalmente. Porque esa alianza se está produciendo entre los partidos de la extrema derecha y un sector muy importante, cada vez más creciente, del Partido Popular. Y todos estos movimientos integristas y reaccionarios ultraconservadores como son HazteOír, la Asociación de Abogados Cristianos, el Yunque y un sector muy importante, en torno al diez o el doce por ciento de los obispos españoles.

¿Y esos obispos son muy influyentes?

Por lo menos paralizan cualquier iniciativa de apertura y de cambio dentro de la Conferencia Episcopal Española. Y ciertamente tienen una gran influencia, una gran repercusión y un gran apoyo en los medios de comunicación. Por tanto, me parece que al final esa imagen que ellos proyectan queda muy grabada en el imaginario social. Y lo más preocupante es que un sector importante de la sociedad identifica los valores cristianos con los planteamientos reaccionarios y ultraliberales de este sector del episcopado.

¿Los valores cristianos son otros?

Evidentemente, los valores cristianos están recogidos en la carta magna del cristianismo, que son las bienaventuranzas. El valor de la opción por las personas en situación de vulnerabilidad. La solidaridad con las víctimas. La opción por las personas y los colectivos empobrecidos. El perdón. Tanto la petición de perdón como el perdonar. La no violencia. El compromiso por la justicia. La igualdad entre seres humanos, hombres y mujeres. Y todos esos valores son transgredidos o son, diríamos, negados por los discursos de odio y las prácticas violentas en las que desembocan estos discursos.

Cómo pueden ser considerados valores cristianos afirmaciones como que las feministas son feminazis. Cómo puede ser considerada un valor cristiano la islamofobia

Casi todos esos valores que usted describe entran en contradicción con los discursos de la extrema derecha y de parte del PP. Para algunos ahora eso es comunismo. Incluso Díaz Ayuso llegó a utilizar esa definición en su polémica con el Papa tachando de comunismo lo que ella llamó indigenismo.

Esa mujer tiene una confusión mental que se traduce en confusión terminológica. El indigenismo no es precisamente una corriente que defiende los valores de los pueblos y de las comunidades originarias e indígenas, el indigenismo es la teoría que construye esos pueblos y a esas comunidades conforme a la mentalidad occidental. Por lo tanto, la afirmación de Ayuso demuestra una ignorancia enciclopédica y una confusión terminológica. 

En todo caso, si consideramos el comunismo no como una teoría política aplicada en el este europeo, sino como una concepción de compartir los bienes, de dar a cada uno conforme a sus necesidades y colaborar para el bien común y hacer una legítima redistribución de los bienes. Ciertamente, si eso es comunismo, también hay que considerar que es compatible con la concepción, por ejemplo, del ‘Sumak kawsay’ de los pueblos originarios. Es esa concepción de la vida que consiste en estar vinculado con la naturaleza, cuidarla, tratarla con respeto, el mantener una relación de armonía con las comunidades del entorno. Es el bien vivir, que no es vivir mejor ni la buena vida a costa de quienes están sufriendo, sino que es esa relación armónica con la trascendencia, con las deidades, con los ancestrales. Por tanto, si comunismo significa eso, está en perfecta sintonía con los valores de los pueblos originarios. Lo que pasa es que Ayuso y todos estos grupos, a partir de la confusión terminológica y de su propia ignorancia, lo que hacen es una descalificación inaceptable.

¿Es compatible con el cristianismo la posición de estos movimientos y de la propia Iglesia Católica española cuando hablamos de migrantes, feminismo, derechos LGTBI…?

Totalmente incompatibles sus valores o sus contravalores con los valores originarios del cristianismo que están siendo practicados hoy por las comunidades de base, por los movimientos cristianos de solidaridad, por las teologías de la liberación, por la teología feminista. ¿Cómo pueden ser considerados valores cristianos afirmaciones como que las feministas son feminazis? ¿Cómo puede ser considerada un valor cristiano la islamofobia, es decir, el odio a las personas musulmanas, a quienes posiblemente nunca han visto pero tienen esa imagen y esa construcción puramente ideológica e interesada? Y del discurso del odio se llega a prácticas violentas. ¿Cómo se puede considerar que el movimiento LGTBI es una enfermedad, una desviación de la naturaleza, un pecado? ¿Cómo se puede descalificar la teoría de género despectivamente llamándola ideología de género? ¿Cómo puede ser un valor cristiano la condena o la expulsión de las personas migrantes, cuando realmente si hay algo que caracteriza la tradición judeocristiana es acoger al inmigrante porque vosotros también fuisteis migrantes en Egipto? Por eso, desde cualquier punto de vista que se mire, pero ahora mismo lo estamos analizando desde el punto de vista religioso, no hay mayor contradicción que la defensa que dicen hacer estos sectores de los valores de la tradición cristiana con el espíritu originario del cristianismo.

¿Entonces, un cristiano jamás debería votar al PP o a Vox?

Creo que hay una incompatibilidad profunda y radical, porque los valores que defiende el cristianismo, los valores primigenios, los valores auténticos, están en las antípodas de los planteamientos de esos partidos políticos. Y la jerarquía católica española tiene una cierta responsabilidad. No he escuchado ninguna descalificación, ninguna crítica de estos movimientos; una condena desde el punto de vista evangélico, porque yo no digo desde el punto de vista político, solamente desde el punto de vista evangélico, desde el punto de vista del movimiento originario de Jesús de Nazaret. 

¿Y por qué cree que callan?

Por una razón muy sencilla: porque parte del programa de estos partidos coincide con los planteamientos de la jerarquía católica. Por ejemplo, en el caso del matrimonio igualitario, pues igual que están en contra el PP y Vox, lo está también la Conferencia Episcopal Española. En el caso del colectivo LGTBI, todos sus pronunciamientos son en favor de la heteronormatividad y de la binaridad sexual. Si la jerarquía católica dice que la norma son la relaciones heterosexuales y si la identidad sexual se reduce a dos géneros, el masculino y el femenino, pues ya están apoyando y fomentando de alguna manera el odio contra todo ese movimiento.

¿Y esta posición de la Iglesia española no choca de una manera frontal con el papa Francisco?

Sí, creo que choca muy directamente. En realidad me parece que la reforma de Francisco no ha pasado los Pirineos. Creo que hoy no existe en España ningún obispo, arzobispo o cardenal que se mueva en esa actitud profética, crítica y de denuncia del Papa Francisco. La denuncia, por ejemplo, del neoliberalismo, que dice que el neoliberalismo es injusto en su raíz. Yo no se lo he oído todavía a los obispos españoles. No he oído una actitud de acogida a las personas inmigrantes. No he oído un discurso de denuncia contra las autoridades políticas que tienen esta actitud xenófoba y racista hacia las personas de fuera. No he oído un discurso, por ejemplo, contra la aporofobia, que es el desprecio y el maltrato al pobre. Todas esas grandes reivindicaciones que hace el Papa. Los obispos españoles siguen todavía ubicados en esas negociaciones que quieren llevar a cabo con el Gobierno, pero no para prescindir o renunciar a sus privilegios, sino para conseguir ser incluso actores en el diálogo, en cuestiones fundamentales, como son cuestiones de Estado. El gran problema de la jerarquía católica española es que siguen ubicados en un contexto de Iglesia privilegiada.

La jerarquía católica española siempre se ha encontrado más a gusto en ámbitos dictatoriales que en ámbitos democráticos

Ese es un concepto predemocrático…

La jerarquía católica española siempre se ha encontrado más a gusto en ámbitos dictatoriales que en ámbitos democráticos. Le ha costado mucho ubicarse en la democracia. No ha querido perder los privilegios que le vienen, ya no del franquismo, sino de la larga historia de España.

Han pasado 43 años desde que el gobierno de Adolfo Suárez, en 1979, firmase los acuerdos con la Santa Sede. Unos pactos que garantizaban a la Iglesia una posición de privilegio social y económico, ¿ha llegado la hora de cambiar esa situación?

Lo primero que hay que hacer es llamar a estos acuerdos firmados el año 79 por su verdadero nombre: es un Concordato encubierto, una revisión del Concordato del año 1953. Esos acuerdos además son preconstitucionales, pues se negociaron durante el debate constitucional, con nocturnidad, de una manera absolutamente discreta. Y se firman el día 3 de enero, apenas un mes después de la aprobación de la Constitución en el referéndum del 6 de diciembre. Son preconstitucionales, y al mismo tiempo creo que son también, como dicen muchos eclesiasticistas, anticonstitucionales.

No respetan la neutralidad del Estado en materia religiosa. No reconocen la igualdad de todas las religiones ante la ley. Y sí reconocen un privilegio constitucional a la Iglesia Católica. Ese es el gran problema. La base de esos acuerdos y de ese privilegio constitucional ya está en la Constitución. El artículo 16.3 es el más contradictorio: dice que ninguna confesión tendrá carácter estatal, perfecto. Pero claro, la segunda parte dice que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones religiosas. Y eso supone un privilegio constitucional: se considera a la Iglesia Católica por encima de las demás confesiones.

Todos los gobiernos de la democracia desde el año 77 hasta nuestros días han sido y siguen siendo rehenes de la Iglesia Católica. Incluso el actual Gobierno de coalición

¿Cree que el actual Gobierno puede cambiar esto?

Es absolutamente prioritario que ese artículo sea revisado, pero no va a ser posible porque el PSOE cuando esta en la oposición tiene un discurso laicista de separación Iglesia-Estado, pero cuando está en el gobierno la cosa cambia. El Partido Socialista tiene una gran responsabilidad en esto, pero también el resto de los partidos. Mi tesis es que todos los gobiernos de la democracia desde el año 77 hasta nuestros días, de derechas, de izquierdas y de centro, han sido y siguen siendo rehenes de la Iglesia Católica. Incluso el actual Gobierno de coalición entre el Partido Socialista y Unidas Podemos.

¿Qué papel cree que deberían tener las mujeres en la Iglesia del siglo XXI?

Rebelarse. Una rebelión de mujeres y hombres de forma que se desvinculen de esta estructura patriarcal basada en la masculinidad sagrada y construyan sus propias comunidades igualitarias entre hombres y mujeres al modelo del movimiento de Jesús de Nazaret y de las primeras comunidades cristianas. Hay que crear estas pequeñas comunidades de base en las que la igualdad sea la característica fundamental, la igualdad de género en el reparto de las responsabilidades, en la gestión del poder. Es decir, lo que no se puede seguir defendiendo es que el lugar de las mujeres sea estar al lado de la cruz de Cristo sufriendo con él.

¿El enfrentamiento de los movimientos ultracatólicos con el papa Francisco puede dar lugar a un cisma en la Iglesia?

La ruptura entre distintos paradigmas y modelos de Iglesia Católica lleva tiempo produciéndose. El origen se encuentra en la interpretación que se hace del Concilio Vaticano II. Esa ruptura, que se inicia en la segunda parte del mandato de Pablo VI, se acelera cuando asume el papado Juan Pablo II. Hay un debate entre la tendencia más conservadora que interpreta el Concilio Vaticano II como una especie de fracaso del catolicismo y el otro sector que considera que es el punto de partida para una renovación profunda de la Iglesia en todos los campos. En la medida en que va avanzando el papado de Juan Pablo II y luego el de Benedicto XVI, esa ruptura se hace más profunda. Pero se invierte la relación de fuerzas con Francisco. El Papa ha conseguido algo inesperado a lo largo de la historia de la Iglesia. Ahora los sectores más conservadores son anti papistas y los sectores más progresistas, tanto dentro de la Iglesia como laicos, somos más papistas. Francisco sintoniza plenamente con los problemas y la realidad de nuestro tiempo y tiene las antenas bien levantadas, como demuestra en sus viajes, en sus discursos, en sus cartas pastorales y en sus encíclicas. Y eso es lo que le lleva a identificarse con los movimientos populares y con las comunidades de base dentro de la Iglesia.

Entrevista con Leonardo Boff

San José, la personalización del Padre celeste, es la presencia silenciosa de aquel que se hizo padre de Dios humanado. Entrevista especial con Leonardo Boff
João Vitor Santos, IHU (Instituto Humanitas Unisinos-RS)

Para el teólogo, San José es el santo de los anónimos, de los trabajadores y de aquellos que asumen su misión. Y va más allá: mantiene que la Trinidad está completa en la encarnación en la Sagrada Familia.
“Él es el santo de los anónimos, de los trabajadores que hablan con las manos, del silencio activo y de la discreción”. Así es como el teólogo Leonardo Boff define a José, el esposo de María, aquel que asume la paternidad terrena de Jesús. Así como el Papa Francisco, Boff llama la atención acerca del coraje de ese judío, un hombre que recibe a una mujer embarazada y toma para sí todas las responsabilidades paternas, por grandes que sean los desafíos.
Coraje y acogida que el Papa resalta y quiere animar en todos al instituir el año 2021 como el año de san José, a través de la Carta Apostólica Patris corde- Con corazón de Padre. “De él no tenemos ninguna palabra, solo sueños. Hoy, la humanidad está recogida, ocasión para pensar sobre el sentido de la vida y de nuestra relación con la Tierra. San José es el santo de la familia reunida, como actualmente las familias lo están en sus casas para protegerse de la contaminación de la covid-19”, dice Boff.
En la entrevista que sigue, concedida por email a IHU On-Line, el teólogo recupera al José histórico e indica en él elementos cruciales que nos den ánimo, “Necesitamos padres que acojan a los desamparados y que promuevan iniciativas en su calle y en su barrio para atender a quienes no pueden defenderse, como ocurrió ejemplarmente en el barrio Paraisópolis de São Paulo y en la favela da Maré de Río de Janeiro”, alerta. Y añade: “No existe solamente el regazo cálido de la madre. El padre es responsable del paso hacia el mundo de los otros, donde hay diferencias, tienen que respetarse ciertos límites y aprender a convivir pacíficamente. No es una tarea fácil, pero es imprescindible para no dejar marcas para siempre”.
Boff recupera la teología en torno a ese personaje del cual no tenemos ni una palabra en los registros canónicos. Es el llamado silencio, pero que no tiene nada de omisión. “En silencio es como vemos mejor, escuchamos la llamada del corazón y nacen visiones que dan sentido a la vida y nos alimentan la esperanza. No fue diferente con el padre trabajador José”, explica. Además, Boff dice que no podemos ignorar que Dios se hace humano y, en su interpretación, la Trinidad se personifica en la familia terrena de Cristo. “San José habla porque es el portador de este misterio abisal en el que el Padre habita. José es la persona que muestra, por su silencio, el misterio del Padre. Él acaba siendo la sombra del Padre, la propia personificación terrestre del Padre celeste”, sostiene.
Para él, sólo quien es divina es capaz de engendrar lo Divino. “Fue lo que ocurrió con María. Si ella no hubiera dicho “fiat”, hágase, el Hijo no habría sido concebido y nacido de ella. Esa parte divina de María es raramente asumida por las mujeres que siguen todavía rehenes de la cristología, de Cristo, olvidando que sin María no habría Cristo”, advierte. O sea, ya hemos asumido a Cristo como Dios encarnado, pero todavía nos falta asumir esta mirada sobre María. “¿Y San José, queda fuera?”, pregunta. “Mi tesis es que toda la Familia divina se autocomunicó al mundo”. Así se cierra el círculo: La Familia divina está para siempre en la familia humana que fue asumida por María, por Jesús y por José”.
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Entrevista al Papa Francisco

El pueblo de Dios necesita que el pastor esté cerca y no se cuide demasiado”

  “Pienso en mis responsabilidades de ahora y ya para el después. ¿Cuál va a ser mi servicio como obispo de Roma, como cabeza de la iglesia, en el después? Este después ya empezó a mostrar que va a ser un después trágico, un después doloroso, por eso conviene pensar desde ahora»

“Es la cultura del descarte. Los sin techo siguen siendo sin techo. Salió una fotografía el otro día de Las Vegas donde eran puestos en cuarentena en una plaza de estacionamiento. Y los hoteles estaban vacíos. Pero un sin techo no puede ir a un hotel. Ahí se ve ya en funcionamiento la teoría del descarte”

“¡Son héroes! Médicos, religiosas, sacerdotes, operarios que cumplen con los deberes para que la sociedad funcione. ¡Cuántos médicos y enfermeros han muerto! ¡Cuántos sacerdotes, cuántas religiosas han muerto! Sirviendo”

“Ver a los pobres significa devolverles la humanidad. No son cosas, no son descarte, son personas. No podemos hacer una política asistencialista como hacemos con los animales abandonados»

08.04.2020 Jesús Bastante  

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Entrevista a Pikaza en este tiempo de pandemia

Xabier Pikaza: «Dios está en nosotros. No está fuera para arreglarnos algunas chapuzas mal hechas»

«Esa confianza en nuestra sociedad de consumo, asegurada por armas, ciencia y dinero queda amenazada por un virus»

«Job es la mejor lectura para un tiempo como este, cuando parecen caer todas las certezas»

«Hay un temor que es respeto, es principio de aprendizaje y cambio en el camino»

«Éste es el mensaje de fondo de Buda, de Job… Éste es el centro del mensaje de Jesús, cuando nos dice “bienaventurados los que sufren”, es decir, los que aceptan y asumen el sufrimiento para madurar y agradecer»

«Hemos creado una conciencia falsa de poder, de riqueza, de dominio sobre los demás… Corremos el riesgo de perder la verdadera sabiduría humana, el conocimiento de uno mismo, el reconocimiento de los demás»

13.04.2020 José Manuel Vidal

«Son clérigos, pero no son cristianos», dice el teólogo Xabier Pikaza de los que señalan a esta pandemia del coronavirus como un ‘castigo divino’. Así de radical y profundo nos llega su mensaje desde «este pueblo aislado con kilómetros de llano abierto a las montañas de Gredos». Su hogar y, hoy, su espacio de cuarentena. Desde él se desnuda, en una entrevista en la que recuerda a su padre, que murió franciscanamente, y lamenta que «no hemos cumplido la enseñanza de las grandes religiones: aprender a vivir en gesto agradecido». Predicando con el ejemplo, da las gracias y espera que el coronavirus nos enseñe «a compartir, a buscar vacunas, a rezar por los médicos, a poner la economía y ciencia al servicio de la vida, del amor a los demás».

¿Cómo estás viviendo el paso de la pandemia por tu vida y por la del país?

Siento que hay un inmenso nerviosismo, como si esto no lo hubiéramos merecido, nosotros, que vivíamos satisfechos, en una sociedad de consumo asegurada, con deseos de seguir avanzando en la senda del progreso, del dominio sobre el mundo y del confort, como si las pestes fueran un mal recuerdo de tiempos oscuros… De pronto, esa confianza en nuestra sociedad de consumo, asegurada por armas, ciencia y dinero ha quedado amenazada por un virus que nos parecía impensable, propio de tiempos medievales.

Es evidente que no teníamos políticos preparados para una pandemia como ésta, ni economía al servicio de la vida, ni medios de comunicación y comunión transparentes para la comunicación de los grupos… Nos ha entrado el nerviosismo, y aparecen los primeros intentos de buscar chivos expiatorios, que pueden ser naciones, partidos políticos, sistemas económicos, incluso religiones, Dios mismo.

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Lo que nos enseña la pandemia

Cardenal Ramazzini: La pandemia nos enseña que la salud debe ser primero

El Cardenal de Guatemala, Álvaro Ramazzini Imeri, Obispo de Huehuetenango, manifestó que el tema de la salud en nuestros países no ha tenido ni tiene todo el presupuesto que debería para prevenir y para curar.

“Yo esperaría que esta pandemia nos enseñe que lo más importante es lo más importante, y como muy bien dicen los alcohólicos anónimos: lo primero es lo primero, y lo primero en un país es la salud”, dijo el religioso.

Monseñor Ramazzini (MR) concedió una entrevista exclusiva a Radio Progreso (RP) donde ofrece su valoración de la emergencia sanitaria mundial, el papel de la Iglesia Católica, la responsabilidad con la población migrante y la capacidad de respuesta de los gobiernos de la región.

  1. ¿Cuál es su valoración de esta emergencia sanitaria mundial?
  2. Tiene aspectos positivos y negativos. Entre los positivos es que esta pandemia, queramos o no, nos está ayudando a entender lo frágiles que somos. A pesar de toda la tecnología y de los avances científicos que hemos logrados, el coronavirus nos tiene a todos encerrados en nuestras casas. Esto puede facilitar que las relaciones interfamiliares sean más profundas, se hagan más intensas. Otra ventaja es que está obligando a los científicos a que realmente sigan trabajando arduamente para buscar una vacuna que nos pueda ayudar a la humanidad.
  3. Entre los puntos positivos, ¿cuál es el más importante?
  4. Está creando una solidaridad mundial que la globalización económica, desgraciadamente, no ha logrado. Esta pandemia está fortaleciendo la globalización de solidaridad que desde hace muchos años los Obispos de América Latina lo venimos diciendo. Pero también, nos está ayudando a relativizar las cosas, es decir, ahora qué puede hacer un Lionel Messi, qué puede hacer un Cristiano Ronaldo, qué pueden hacer estos ídolos futboleros, qué pueden hacer, ellos mismos están encerrados, de esta manera estamos reorientando el sentido de la realidad de lo que verdaderamente vale en esta vida.
  5. Una vez pasada esta pandemia, ¿qué lección deberíamos aprender?
  6. Esperaría que esta pandemia haga que muchas personas tengan una conciencia mucho grande que sobre nosotros, con nosotros, en medio de nosotros, porque en él somos, nos movemos y existimamos, existe Dios que es bondadoso y que a veces permite estas pruebas para que no nos olvidemos que él es amor.
  7. Entre los puntos negativos, ¿cuáles destacaría?
  8. Nos encontró a todos desprevenidos. No aprendemos lecciones del pasado. No aprendemos lecciones de otros países. Esta pandemia pone en evidencia nuestra precariedad del sistema de salud. Pero sobre todo descubro que no logramos tener conciencia que hay valores mucho más importantes como la solidaridad y la atención a los demás que no logramos todavía, aún en este momento, darnos cuenta que juntos sí podemos salir adelante. Todavía el individualismo permea nuestras conciencias desgraciadamente.
  9. ¿A qué atribuye usted esta pandemia?
  10. Ese es otro aspecto negativo, las hipótesis que hay. ¿Por qué ahora?, ¿quiénes son los responsables de esto?, ¿realmente comenzó en China?, algunos dicen que no. Desde Estados Unidos se lo mandaron a China, es decir, esta pandemia está poniendo en evidencia una política mundial que habría que verificar quiénes son los artífices, cuáles son sus intenciones y quiénes son los cerebros que están detrás de todo esto.
  11. Hay muchas preocupaciones, ¿cuál es la suya?
  12. Esta pandemia está poniendo, de un modo negativo pero realista, esta mentalidad de ahora que me preocupa muchísimo: a los ancianos no hay necesidad de atenderlos, a ellos ya les llegó su tiempo, ahora hay que preocuparnos de las generaciones jóvenes, así que a los ancianos hay que dejarlos que se mueran tal y como leía en las declaraciones del primer ministro holandés. Esto es muy negativo porque desvaloriza a los seres humanos.
  13. ¿Cómo garantizar transparencia en los millonarios fondos que los gobiernos tienen para esta emergencia?
  14. El único modo es la auditoria social de parte de la sociedad civil. El problema de la corrupción se evidencia ahora con mucha más razón. Pero también hay otro elemento que, a mi juicio, hay que tomarlo en cuenta y es el tema de la previsión de los Estados para poder estar preparado a lo que se pueda venir. Toda esta situación que estamos viviendo, ojalá que dé como resultado una reorientación del estilo de vivir, del modo de vivir y del modo de entender la vida porque, hoy por hoy, vale más un jugador que un científico.
  15. ¿Qué papel le toca a la iglesia católica en esta emergencia?
  16. Ser buenos samaritanos. El samaritano se paró cuando vio aquel herido tirado en el camino, lo recogió, le curó las heridas y lo llevó a la posada. Tenemos que ser buenos samaritanos. Los sacerdotes muertos en Italia nos están dando un ejemplo clarísimo de lo que significa pararme en el camino y levantar al que está enfermo. Creo que tenemos, desde la iglesia católica, que intensificar nuestro trabajo de la Pastoral Social en lo que nosotros llamamos la Pastoral de la Salud
  17. ¿Es prioridad la salud para nuestros gobiernos?
  18. No, yo creo no. Ha sido siempre la crítica a nuestros gobiernos. El tema de salud no tiene todo el presupuesto que debería tener para prevenir y para curar. Yo esperaría que esta pandemia nos enseñe que lo más importante es lo más importante, y como muy bien dicen los alcohólicos anónimos: lo primero es lo primero, y lo primero en un país es la salud.
  19. ¿Cómo ha sido el trato a los migrantes en medio de esta pandemia mundial?
  20. Los migrantes siguen siendo los parias del mundo, siguen siendo, como bien lo dice el Papa Francisco, los descartados, aquellos que ni siquiera existen porque no se les quiere visibilizar. Desgraciadamente el problema ahora es mucho más complejo y la pandemia lo hace más difícil. La pregunta que uno se hace es: venirse desde África, llegar hasta la frontera de Honduras y Guatemala para llegar a la frontera de Tapachula, y a ver si les permiten seguir, venir desde Haití, entonces uno dice: la realidad de estos países es tan dramática de pobreza, de miseria, que el ser humano tiene que buscar cómo sobrevivir.
  21. Y Estados Unidos, ¿ha mejorado el trato?
  22. El señor Trump no tiene ni siquiera un mínimo sentido de humanidad a la hora de estar deportándonos un montón de guatemaltecos, algunos de ellos, sino se les hace el examen, puede ser que ya estén infectados, y los sigue deportando con vuelos que vienen de Estados Unidos, y ahora con una modalidad que interiormente nos da coraje, pero un coraje cristiano, y es que los dejan en Tamaulipas o en Reynosa, y desde allí México nos los trae a la frontera, luego hay que atenderlos porque son paisanos nuestros o centroamericanos.
  23. ¿Cuál es su mensaje para los gobiernos que criminalizan a los migrantes?
  24. Los gobiernos tienen que entender que las fronteras se hicieron para garantizar convivencias pacíficas, no se hicieron para poner muros, para destruir el sentido humanitario que nosotros los seres humanos tenemos.
  25. ¿Cómo convertir estos destrozos en oportunidades?
  26. Aprender. La historia es la maestra de la vida. En segundo lugar, no olvidar que los problemas se pueden prevenir y no solamente curar. Y en tercer lugar, si desde la fe cristiana no logramos que el valor de la solidaridad empape los corazones, cambie las mentes, entones si me plantaría muy seriamente qué clase de cristianos tenemos en esta región.

 

Un virus nos hace sentirnos discriminados

Joan Planellas, arzobispo de Tarragona: «Un virus nos hace experimentar, en un abrir y cerrar de ojos, que ahora somos nosotros los discriminados»

Joan Planellas, arzobispo de Tarragona

«Te revuelve el corazón ver cada día la lista de nuevos infectados, de nuevos muertos, y la impotencia»

«Volvemos a la crisis del 2008, aún más fuerte. Cáritas va a tener mucho trabajo»

«El tema del planeta, es una queja ecológica. Hay una llamada a la austeridad, y por otra parte, una llamada a la solidaridad impresionante, y una paradoja, poder ver y escuchar cómo un mal puede provocar tanto bien»

31.03.2020 Jesús Bastante

«En un momento en que ciertas políticas discriminatorias han pretendido retornarnos a un pasado vergonzoso, un virus nos hace experimentar, en un abrir y cerrar de ojos, que somos nosotros los que estamos discriminados: no podemos salir, se nos hace responsables de transmitir enfermedades». El arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, que se muestra especialmente preocupado por la situación de los sin techo, reflexiona en esta entrevista con RD sobre la paradoja de que, «en un momento en que pensar en uno mismo se ha convertido en norma, lo que se nos dice es que solo saldremos de esta trabajando y pensando juntos».

«La piedad del Señor es nueva cada mañana cuando ves las noticias positivas, que están al lado de toda esta pandemia: al ver cómo personas cristianas, de otras religiones, agnósticas, indiferentes, comparten lo que tienen con los demás», explica Planellas, que agradece especialmente la labor de «los profesionales sanitarios, los demás servicios sociales, que se entregan a la tarea de servir a la gente de una manera total. Han dado el 150% del trabajo diario».

¿Cómo está afectando el coronavirus a la diócesis de Tarragona?

En la diócesis está afectando de manera importante. Hemos tenido que cerrar el culto desde el día 15, exonerando incluso de la misa dominical. Después, desde la diócesis estamos en contacto directo con los sacerdotes, y ellos con sus feligreses, con todos los laicos y laicas, gracias a los medios de comunicación, a internet, el teléfono y las redes sociales.

Me ha sorprendido la gran imaginación que tienen para dar unas determinadas catequesis, algo concreto con lo que incidir. Nosotros, además, estamos haciendo la visita espiritual, a través de la web, cada día a un santuario de la ermita de la Virgen. Cada día, un santuario diverso.

¿Qué es lo que más le preocupa?

Además de la muerte y del sufrimiento de la gente, una de las mayores preocupaciones es el tema de los sin techo. Con Cáritas, la comunidad de Sant’Egidio y la concejala de Asuntos Sociales, hemos convocado al voluntariado de la Iglesia, y se ha habilitado un pabellón en la zona del puerto de Tarragona, el barrio del Serrallo, para todos los indigentes. Además, tenemos una casa de acogida, que tenía 20 plazas, pero hemos tenido que bajar el cupo, hasta 12, por las medidas de seguridad.
En Tarragona, la situación es difícil, pero por el momento el capellán del hospital general San Joan XXIII nos dice que de momento no hay colapso.

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