Los versos sueltos de Ernesto Cardenal 

Sale a la luz ‘En el camino de Emaús’, el libro que recoge los últimos cinco poemas escritos por el poeta y sacerdote nicaragüense 

Ernesto Cardenal

Se fue. No se dejó ir. Al menos, por los versos sueltos que dejó caer como algo más que una propina final. Mucho más. Ernesto Cardenal expiró el 1 de marzo de 2020, no sin antes dejar como herencia algo más que un compromiso social y político en rima asonante. O consonante, si se mira con los ojos del sacerdote reconciliado con una Roma que le reprendió en público bajo la inherente sospecha vaticana a la Teología de la liberación y que acabó bendiciéndole en su penúltimo ingreso hospitalario. 

Al sacerdote metido otrora a político se le sancionó y se le perdonó, pero al trovador nunca nadie pudo suspenderle a divinis ni frenarle en su métrica. Ni arrebatarle su descanso en paz. Ni tan siquiera las turbas que intentaron aguar su funeral en la catedral de Managua. 

Le tuvieron que despedir de tapadillo, para escapar, una vez más, de la censura que huyó y reposar en el archipiélago de Solentiname, donde fundó una comunidad contemplativa de laicos que buscaba hacer realidad ese discipulado comprometido con los últimos y más pequeños, donde encarnar la Misa Campesina de Carlos Mejía Godoy. 

Respuestas certeras 

Su fue con una herencia inesperada. Cinco poemas inéditos que ahora ven la luz a través de ‘En el camino de Emaús’ (Ediciones Abad), título que habla del discípulo que se deja encontrar en la encrucijada de la pesadumbre en búsqueda de respuestas certeras, que se deja sorprender en el diálogo con el Maestro que le escucha, que no camina solo, sino con otros. 

“Esta obra solo puede tener sentido como el final de un mosaico literario que parte de su Telescopio en la noche oscura, el Cantico Cósmico y su tan amada Vida en el amor”,  expone Óscar de Baltodano, vicepresidente de la Ernesto Cardenal Foundation y editor de la obra. Si bien estas piezas están cargadas de “novedades poéticas”, sumergirse en una primera o segunda lectura pausada –según el propio editor de la obra– permite toparse de inmediato con la experiencia mística de aquel trapense que bebió de la interioridad a través de Thomas Merton y que rumiaría a golpe de Doctrina Social de la Iglesia en un mano a mano con Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff y Jon Sobrino. 

Evolución, no caos 

“Cardenal nos conmina al vértigo colocando la figura de Jesús e incluso la evolución de las especies en un novedoso contexto sideral”, asegura el editor en relación a una obra que salpica las preguntas filosóficas que siempre ocuparon y preocuparon al sacerdote y trapense, amén de “problemas sociales y el vacío espiritual que experimenta hoy en día el hombre”, que “se hacen eco en cada una de estas páginas”. 

Su hondo sentido de la justicia con la confianza en un Dios que acoge y acompaña desde el amor es lo que le permite mostrar que “la vida de los mundos se encuentra en perenne evolución y encuentra formas cada vez más adecuadas para mantenerse en el orden de los eternos círculos evolutivos y no desembocar en el caos”, explica Óscar de Baltodano 

La teología de la liberación

La Teología de la liberación 50 años después: entre herejes y profetas 

Se cumplen cinco décadas de la publicación de ‘Teología de la Liberación. Perspectivas’, de Gustavo Gutiérrez  Varios teólogos latinoamericanos reflexionan para Vida Nueva sobre su evolución 

A los 50 años de la publicación del libro Teología de la Liberación. Perspectivas’, del sacerdote y teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, acta fundacional de algo más que una corriente de pensamiento, cabría preguntarse por su vigencia. En esta era pospandémica y de nativos digitales, ¿en qué estado de salud se encuentra esta llamada teología nacida de y para los pobres? 

Mucha agua ha corrido bajo el puente, con el coronavirus a cuestas. Los niveles de pobreza han alcanzado cifras que no se veían desde hace 20 años. Como apunta a Vida Nueva el teólogo brasileño Leonardo Boff, “mientras exista un pobre en el mundo que grita bajo la injusticia de su situación, habrá siempre algún cristiano que va a levantarse”. 

Boff lo pone en perspectiva: “La centralidad otorgada por la Teología de la liberación a los pobres del mundo dio dignidad y respetabilidad a la Iglesia y le ayudó a ver la raíz evangélica de su opción por los pobres en favor de la justicia social. Ayudó a todos a entender que lo opuesto a la pobreza no es la riqueza, sino la injusticia, y solo mediante la justicia social podrá haber una sociedad de libres y liberados”. 

Para entender sus orígenes, hay que remontarse tres años antes de la publicación de la obra de Gustavo Gutiérrez. Corría el año 1968, y la ciudad colombiana de Medellín, se convirtió en el epicentro de la II Asamblea General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Eran tiempos de convulsiones sociales y crisis políticas, una América Latina gobernada por férreas dictaduras de derechas. 

Algunos curas colgaron sus sotanas y, fusil al hombro, se fueron en pos de una revolución, como Camilo Torres (Colombia) o Néstor Paz (Bolivia). Emergieron prelados críticos con el sistema: Mauricio Lefebvre, en Bolivia, y Óscar A. Romero, en El Salvador, ambos asesinados posteriormente con sevicia. 

Es así como más de 150 obispos y 130 sacerdotes, religiosos y laicos se propusieron en Medellín dar cuerpo al Concilio Vaticano II, tras declarar que “la Iglesia Latinoamericana tiene un mensaje para todos los hombres que en este continente tienen hambre y sed de justicia”. 

Con esta premisa, ¿sigue viva o está muerta la Teología de la liberación? A Andrés Gallego, profesor de teología de la Pontificia Universidad Católica del Perú y mano derecha de Gustavo Gutiérrez, le parece “curioso que esta pregunta todavía exista, cuando, sin duda, la Teología de la liberación actualmente tiene una presencia en la vida de la Iglesia como, posiblemente, nunca la tuvo”. Es más, subraya que, “con el correr de los años, se ha ido profundizando y ampliando. Su influencia y presencia en las nuevas teologías es evidente. Se trata de las teologías india, feminista, latina en Estados Unidos, negra en África y Asia”. 

Un estilo de vida 

El discípulo de Gutiérrez se detiene en otra aportación de su mentor: “Su método teológico, de donde se deducen sus tres aportes básicos: la opción preferencial por los pobres, el compromiso como práctica cristiana y la unidad de la historia como lugar donde se revela Dios y se produce la salvación”. Así, enfatiza cómo para el sacerdote dominico peruano –que ha cumplido ya 93 años– “entender la teología como acto segundo supone que hacer teología es ponerle nombre a nuestra experiencia de Dios; lo primero, será experimentar a Dios”. 

Esto se resumiría, en palabras del propio Gutiérrez, en una frase: ‘Mi método es mi espiritualidad’. “El método, en este caso –aclara Gallego–, es un estilo de vida, una práctica cristiana que se vive en la liberación de los pobres. Por eso, la pregunta al que se define como teólogo no debe ser tanto cómo es tu teología, sino cómo es tu práctica”. 

Desde el equipo de Amerindia, Manoel Godoy asegura que “la Teología de la liberación nunca ha reclamado su permanencia eterna en el escenario de la Iglesia, porque, para ella, lo que importa es el primer acto, es decir, la realidad, que es dinámica y cambiante”. Por ende, “mientras haya una reflexión crítica de la realidad confrontada con la Palabra de Dios, con la tradición y con el magisterio de la Iglesia, habrá Teología de la liberación”. 

El presbítero brasileño invita a preguntarse a quienes afirman que ha muerto: “¿No hay más víctimas, no hay más crucificados en la historia?”. De hecho, considera que ha evolucionado por los aportes de quienes “han entendido que el planeta gime junto a las víctimas y crucificados, dándole un nuevo vigor a la ecoteología de la liberación”. “Como dice el papa Francisco en Laudato si’, todo está interconectado, y advierte que, cuando en la realidad misma no se reconoce la importancia de una persona pobre, un embrión humano, una persona con discapacidad, por poner algunos ejemplos, es difícil que sepa escuchar los gritos de la propia naturaleza”, subraya sobre este nuevo desarrollo. 

La voz femenina 

Las mujeres de Amerindia también comparten este devenir. La teóloga mexicana Socorro Martínez explica que, desde los pueblos creyentes de la Amazonía, “se abre una praxis liberadora en fidelidad a Jesús de Nazaret, y que la teología reflexiona, desde una atenta escucha, para escudriñar los clamores de los pequeños de la tierra, que, pese a ser los ninguneados, se yerguen como pueblo digno con acciones colectivas hacia el bien común”. 

Por ello, esta religiosa del Sagrado Corazón sostiene que “la Teología de la liberación cobra vigencia, con un método que parte de la realidad y hace la reflexión teológica”, a partir de  “violencias como el extractivismo, las culturas destruidas, los ríos envenenados y miles de vidas arrasadas por el COVID-19”

María José Caram, pensadora argentina, por su parte, apunta que, desde los 70 hasta nuestros días, “el contexto ha cambiado, pero –como decía Pedro Casaldáliga– están los pobres y, en ellos, está Dios, motivo más que suficiente para que la Teología de la liberación continúe”. En este sentido, señala que “el amor brota del encuentro con Dios en los pobres y en el discipulado misionero, como hijos e hijas de nuestra hermana Madre Tierra, todos hermanos y hermanas, y de la reflexión sobre esta experiencia de fe”. 

De ahí que “Francisco, con sus gestos y palabras, nos sigue confirmando en ese camino” a través de los documentos guía de su pontificado, como Evangelii gaudium, Laudato si’ y Fratelli tutti. “Todos llevan la marca de la Iglesia latinoamericana”, asevera, al tiempo que defiende: “La Teología de la liberación no es una ideología, es un testimonio de la fe de comunidades cristianas que caminan a la luz del Evangelio”. 

Comunistas infiltrados 

Ideología, política, la huella del marxismo… Dos imágenes contrapuestas con Ernesto Cardenal como protagonista. La reprimenda de Juan Pablo II en la pista del aeropuerto de Managua y la imagen de la restitución a pie de cama en un hospital casi cuatro décadas después. ¿Hasta qué punto resulta herética o profética la Teología de la libertación? 

Pedro Trigo, jesuita venezolano, prefiere entenderla “desde el Concilio Vaticano II, ya que es la teología que está en el trasfondo de Medellín, que es su recepción autorizada, fiel y creativa en nuestra América”. Por consiguiente, “puede sonar, no digo a herejía, sino a novedad inasimilable a los que se identificaron con la cristiandad postridentina”. 

“A estos les resulta igualmente inasimilable el Concilio”, subraya. Incluso argumenta que pone en práctica lo demandado en el Vaticano II: “La vuelta a Jesús de Nazaret a través de la lectura orante de los evangelios”. Desde ahí, se muestra convencido de que es profecía: “Dice a la Iglesia y al mundo lo que Dios quiere. El que lo dice más claro es el papa Francisco”. 

En cuanto a la postura de Wojtyla, cree que “le vendieron maliciosamente la idea de que los teólogos de la liberación eran comunistas infiltrados en la Iglesia”. Frente al usufructo que gobiernos de izquierda en América Latina han hecho de esta corriente para posicionar sus proyectos políticos, Boff es tajante: “Lo nuevo es superar el asistencialismo y el paternalismo, que no dejan de ser expresiones de compasión y de caridad cristiana, pero que mantienen situaciones de pobreza”. 

ORACION CON EL SALMO 21

Para orar con los Salmos

 “El hombre bíblico es “oyente de la palabra”, alguien a quien Dios le dice: “Escucha, Israel”…(Dt 6, 4-5). Pero el israelita bíblico no solamente escucha a Dios, sino que le responde orando. Como testimonio supremo de ese diálogo orante (apasionado, responsable, acusador) están los salmos, sabiduría hecha oración” Pikaza en “Ciudad Biblia”, pag. 220

En estos días difíciles que estamos viviendo por la situación de aislamiento por causa de la pandemia del coronavirus, son días para vivir más la oración, unidos a todos los creyentes desde hace muchos siglos. Yo voy a intentar daros algunos materiales para orar cada día con un Salmo. En los comentarios del BLOG me decís si os vale y si os ayuda. Y también espero algunas sugerencias breves que creáis oportunas.

SALMO •22 [21]

Oración de Cristo en la Cruz.— La lectura de este salmo nos hace pensar en el paso de la noche a la mañana. La primera parte es sombría, tenebrosa; la segunda es como el despertar del sol que inunda el campo, devuelve las cosas a la vida y la alegría al corazón del hombre. El tema de este salmo es, en efecto, el de un perseguido, que al llegar al borde del abismo, encuentra de nuevo la seguridad y la confianza. (1)

2 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me abandonaste? ¡Las palabras que lanzo no me salvan!

3 Mi Dios, de día llamo y no me atiendes, de noche, mas no encuentro mi reposo.

4 Tú, sin embargo, estás en el Santuario, de allí sube hasta ti la alabanza de Israel.

5 En ti nuestros padres esperaron, esperaban y tú los liberabas.

6 A ti clamaban y quedaban libres, su espera puesta en ti no fue fallida.

7 Mas yo soy un gusano y ya no un hombre los hombres de mí tienen vergüenza y el pueblo me desprecia.

8 Todos los que me ven, de mí se burlan, hacen muecas y mueven la cabeza:

9 “¡Confía en el Señor, pues que lo libre, que lo salve si le tiene aprecio!”

10 Me has sacado del vientre de mi madre, me has confiado a sus pechos maternales.

11 Me entregaron a ti apenas nacido; tú eres mi Dios desde el seno materno.

12 No te alejes de mí, que la angustia está cerca, y no hay nadie que pueda ayudarme.

13 Me rodean novillos numerosos y me cercan los toros de Basán.

14 Amenazándome abren sus hocicos como leones que desgarran y rugen.

15 Yo soy como el arroyo que se escurre; todos mis huesos se han descoyuntado; mi corazón se ha vuelto como cera, dentro mis entrañas se derriten.

16 Mi garganta está seca como teja, y al paladar mi lengua está pegada: ya están para echarme a la sepultura.

17 Como perros de presa me rodean, me acorrala una banda de malvados. Han lastimado mis manos y mis pies.

18 Con tanto mirarme y observarme pudieron contar todos mis huesos.

19 Reparten entre sí mis vestiduras y mi túnica la tiran a la suerte.

20 Pero tú, Señor, no te quedes lejos; ¡fuerza mía, corre a socorrerme!

21 Libra tú de la espada mi alma, de las garras del can salva mi vida.

22 Sálvame de la boca del león, y de los cuernos del toro lo poco que soy.

23 Yo hablaré de tu Nombre a mis hermanos, te alabaré también en la asamblea.

24 Alaben al Señor sus servidores, todo el linaje de Jacob lo aclame, toda la raza de Israel lo tema; 25 porque no ha despreciado ni ha desdeñado al pobre en su miseria, no le ha vuelto la cara y a sus invocaciones le hizo caso.

26 Para ti mi alabanza en la asamblea, mis votos cumpliré ante su vista.

27 Los pobres comerán hasta saciarse, alabarán a Dios los que lo buscan: ¡vivan sus corazones para siempre!

28 De Dios se acordará toda la tierra y a él se volverá; todos los pueblos, razas y naciones ante él se postrarán.

29 ¡Rey es Dios, Señor de las naciones! Todo mortal honor le rendirá, 30 se agacharán al verlo los que al sepulcro van.

Para Dios será sólo mi existencia.

31 Lo servirán mis hijos, hablarán del Señor a los que vengan, 32 al pueblo que va a nacer: Que es justo, les dirán. Tal es su obra.

PRIMERA LECTURA: CON ISRAEL

 Las últimas palabras de este salmo son las que dan su sentido esencial: aunque parezca paradógico, se trata de un salmo de acción de gracias. El salmista canta la acción de gracias de Israel resucitado a la vuelta del exilio. Lo que más llama la atención, es que este poeta describe la liberación de su pueblo, bajo el “ropaje” de un “crucificado vuelto,” a la vida”.

SEGUNDA LECTURA: CON JESUS

Sí, en Jesús se dan hasta los más mínimos detalles sujeridos por el salmista: la agonía, el arácter infamante del suplicio, la sed causada por la desidratación, los miembros dislocados, la sangre que mana de pies y manos, el golpe de gracia con la lanza, las vestiduras dadas a los verdugos según la costumbre, los insultos de los acusadores…

En esta primera parte del género “lamentaciones” se expresa un punzante sufrimiento, casi insoportable en su realismo, y en cual podemos admirar la belleza de este “hombre de dolores”: a diferencia e las lamentaciones de Jeremías, no tiene rabia ni lanza madiciones contra sus verdugos… gime, sí… expresa su dolor en medio de una paz profunda en que mezcla acentos de esperanza “Tú, sin embargo, eres santo… en Ti esperaron nuestros padres…Tú me acogiste desde mi nacimiento… Tú eres mi Dios…” Tampoco aparece ninguna preocupación filosófica sobre el problema del mal: sufre y ora con mayor intensidad.

El ritmo de este salmo nos permite llegar a lo profundo del alma de Jesús: “Tú estas lejos… no permanezcas alejado… me has respondido…” La Resurrección, , la glooria, la alabanza estaban en su corazón aún mientras permanecía en la cruz. Lee una vez más la tercera parte de este salmo, poniéndola en labios de Jesús en la cruz: es una explosión de acción de gracias, la víspera de su muerte, Jesús “mimó” su sacrificio en la “acción de gracias” de la comida pascual. Era consciente de a enorme fecundidad de su muerte; convidó a todos sus hermanos a tomar parte en la comida de los pobres” para asociarlos a la alabanza del Padre: “¡Esta es la obra del Señor”. Cada Eucaristía realiza este deseo.

TERCERA LECTURA: CON NUESTRO TIEMPO

…”Por qué me has abandonado…” Esta oración la podemos hacer nuestra y sobre todo en este tiempo de crisis global con la pandemia mundial del coronavirus, con tanto aislamiento, tanto dolor, tantos infectados, tantos muertos… hasta entre nuestros familiares y amigos cercanos…   Pero vayamos hasta el final y digamos: “los que buscan al Señor le alabarán… a vosotros, vida y felicidad… Yo vivo para El… He ahí la obra de Dios!…

SALMO 21   de Ernesto Cardenal                                                                                en su “Antología”, Editorial Nueva Nicaragua, 1983, pág.119

(No será difícil identificarse con este salmo de E. Cardenal, que, por cierto, acaba de fallecer, él lo escribió en el contexto de 1983 de Nicaragua. Ahora nosotros lo leemos en el contexto de 2020 con la pandemia mundial del coronavirus.: “Estoy contaminado por el COVID-19 y nadie se acerca para no contagiarse”

Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?

Soy una caricatura de hombre

el desprecio del pueblo

Se burlan de mi en todos los periódicos.

Me rodean los tanques blindados

Estoy apuntado por las ametralladoras

Y cercado de alambradas

Las alambradas electrizadas.

Todo el día me pasan lista.

Me tatuaron un número.

Me han fotografiado entre las alambradas

Y se pueden contar como en una radiografía todos mis huesos.

Me ha quitado toda dentificación.

Me han llevado desnudo a la cámara de gas

Y se repartieron mis ropas y mis zapatos.

Grito pidiendo morfina y nadie me oye

Grito con la camisa de fuerza

Grito toda la noche en el asilo de enfermos mentales

En la sala de enfermos incurables

En el ala de enfermos contagiosos

En el asilo de ancianos

Agonizo bañado de sudor en la clínica del siquiatra

Me ahogo en la cámara de oxígeno

Lloro en la estación de policía

En el patio del presidio

En la cámara de torturas

En el orfelinato

Estoy contaminado de radioactividad

Y nadie se acerca para no contagiarse

Pero yo podré hablar de ti a mis hermanos.

Te ensalzaré en la reunión de nuestro pueblo.

Resonarán mis himnos en medio de un gran pueblo.

Los pobres tendrán un banquete.

Nuestro pueblo celebrará una gran fiesta.

El pueblo nuevo que va a nacer.

 

 

La Buena Noticia del Dgo. 4º Cuaresma-A

La luz nueva

Jn 9, 1.6-9.13-17.3438

Ciegos que ven con una luz nueva

Hoy es el domingo de la luz, el domingo de la alegría porque Cristo es nuestra luz.  Jesús cura a un ciego de nacimiento; y ese encuentro del ciego con Jesús va a cambiar su vida, va a ver también con los ojos de la fe.

A veces vivimos ciegos, sin ojos para mirar la vida como la miraba Jesús. Solo escuchando a Jesús y dejándonos conducir interiormente por él, vamos caminando a una fe más plena. Solo la experiencia personal del encuentro con Jesús nos abre los ojos y el corazón

Testigos de la Palabra

El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, figura clave de la Teología de la Liberación

Voz moral de la revolución sandinista y crítico del Gobierno de Daniel Ortega, ha muerto a los 95 años en Managua

El poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal ha fallecido el pasado uno de marzo en Managua a causa de daños renales y cardiacos, informaron fuentes cercanas al literato, uno de los principales exponentes de la poesía latinoamericana. Cardenal era uno de los más destacados representantes de la llamada teología de la liberación. Su compromiso político lo hizo apoyar la lucha armada contra la dictadura de Somoza, una dinastía que gobernó Nicaragua por más de 40 años, y más recientemente plantar cara al Gobierno del presidente Daniel Ortega, cuyos desmanes y arbitrariedades denunciaba allá donde viajaba a presentar su poesía. Su compromiso con los más pobres y contra las injusticias lo convirtieron en la voz moral de la revolución sandinista, un proyecto con el que se comprometió a fondo y le valió la reprimenda del Papa Juan Pablo II, para quien un sacerdote no podía inmiscuirse en los asuntos políticos. “¡Nicaragua sin Guardia Nacional, veo el nuevo día! Una tierra sin terror. Sin tiranía dinástica”, había escrito en uno de sus poemas más celebrados, Canto Nacional.

Nació en Granada (Nicaragua), el 20 de enero de 1925. Heredero de una sólida tradición poética –con poetas prominentes como Rubén Darío–, Cardenal estudió literatura en Managua y México y cursó otros estudios en Estados Unidos y Europa. En 1965 fue ordenado sacerdote y más tarde se asentaría en el Archipiélago de Solentiname, localizado en el Gran Lago de Nicaragua, donde fundó una comunidad de pescadores y artistas primitivistas que se hizo mundialmente famosa. Fue ahí donde escribió su célebre El Evangelio de Solentiname. El archipiélago es un sitio de peregrinación de los fieles lectores y seguidores del poeta. Cardenal pasaba sus vacaciones en esas islas, donde leía las obras completas de Darío, escribía o dirigía la misa de Semana Santa en la pequeña iglesia de la localidad. Allí será despedido.

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Muere Ernesto Cardenal, sacerdote, político poeta, el alma de Nicaragua

 

El sacerdote y ex ministro de Cultura sandinista ha muerto a los 95 años. Destacado líder de la Teología de la Liberación, fue perseguido por Juan Pablo II y rehabilitado por Francisco y se convirtió en el mayor crítico de Daniel Ortega

Jesús Bastante Follow @@BastanteJesus – en religiondigital.com

02/03/2020 – 07:15h

Ernesto Cardenal nunca fue un cura al uso. Poeta, político, intelectual reconocido en todo el mundo, fue condenado por el Vaticano pocos meses después de aquella visita de Wojtyla y debió esperar 35 años para ser rehabilitado por la Iglesia. Tuvo que ser Francisco, el primer Papa latinoamericano, quien volviera a permitirle celebrar la Eucaristía.

Un guía moral

En cuanto se conoció la muerte de Cardenal, las condolencias no tardaron en llegar. El también escritor nicaragüense y premio Cervantes 2017, Sergio Ramírez, afirmaba que «al morir Ernesto Cardenal pierdo a un hermano mayor, amigo entrañable y vecino de muchos años, un guía moral, un modelo literario. Con él se va parte esencial de mi propia historia».

El fallecimiento fue anunciado por su compañera, la poetisa Gioconda Belli. «Les escribo para avisarles que Ernesto Cardenal, nuestro gran poeta, acaba de morir a sus 95 años después de una vida de entrega a la poesía, la lucha por la libertad y la justicia», afirmó Belli, añadiendo que el poeta será enterrado en la comunidad que él mismo fundó, Solentiname, e invitó al pueblo nicaragüense a participar, este lunes, en el funeral en la catedral de Managua.

No adoro dictadores

Por su parte, el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, que según algunas fuentes dio la extrema unción a Cardenal, dio su último adiós al amigo, quien ahora puede cantar su Salmo 15 delante de Dios: «No hay dicha fuera de ti. Yo no rindo culto a las estrellas de cine, ni a los líderes políticos y no adoro dictadores».

«Mi poesía tiene un compromiso social y político, mejor dicho, revolucionario. He sido poeta, sacerdote y revolucionario», se definió Cardenal en 2012, al ser reconocido con el Premio Iberoamericano de Poesía Reina Sofía.

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