Adviento en la cárcel de Navalcarnero

Adviento en las familias de la cárcel de Navalcarnero: De la derrota a la esperanza

Esperanza en al cárcel
Esperanza en al cárcel

«La cárcel es verdad que mata muchas ilusiones, pero también nos brinda la posibilidad de poder abrirnos a una realidad distinta»

«Continuó hablando la madre de un muchacho fallecido ahora va a hacer tres años, y con otro enganchado a la droga, y como siempre fue también una lección de esperanza y de humanidad»

«En todos los relatos, lágrimas redentoras, miradas de afecto hacia las personas en prisión, y desde luego no derrota, sino lucha»

«Y en nuestro interior un grito profundo al Dios de Jesús, Maranatha, ‘Ven Señor Jesús’; ven en nuestra ayuda te necesitamos, necesitamos que nos des luz cada día para escuchar, para acompañar, para reír y para llorar. Necesitamos sentirte siempre a nuestro lado»

16.12.2021 | capellán de la cárcel de Navalcarnero

Hace dos semanas, nos reunimos como cada mes el grupo de familias de la cárcel de Navalcarnero, para intentar pasar un rato, compartir, y poner en común cómo estábamos cada uno de nosotros. Lo hicimos en vísperas de comenzar la celebración del adviento, un tiempo especial para los cristianos, de esperanza, de mirada hacia adelante, y de sentir y experimentar que no estamos solos. Fue una tarde como siempre muy especial, dura por muchos aspectos, pero a la vez llena de emoción, de cariño, y de humanidad, y por todo eso, llena también de Dios.

Fue un pórtico muy especial de entrada a nuestro adviento, y así lo vivimos los que, dentro del grupo, nos consideramos creyentes en el Dios de la vida, en el Dios hecho hombre en Jesús, que precisamente manifiesta su divinidad en la humanidad y debilidad de cada ser humano. Y desde luego que en el grupo de familias, esto se manifiesta de modo especial: debilidad que en ocasiones roza con la impotencia, y el no saber qué tenemos que hacer, o hacia dónde tenemos que dirigirnos. 

Esperanza

     Por fin esta vez después de varias reuniones donde éramos pocos, debido a que muchos tenían miedo por la pandemia, nos pudimos reunir un grupo de quince personas, y además hubo una familia nueva, la madre de uno de los chicos, cuyo hijo lleva en prisión dos años, y que también en este día pudo compartirlo con nosotros. La tarde fue de encuentro, de compartir, de llantos en algunas ocasiones, pero en muchas de ánimos y de esperanza. La dureza de la vida de estas familias siempre se mezcla con la mirada enternecedora y esperanzadora de luchar cada día. La cárcel es verdad que mata muchas ilusiones, pero también nos brinda la posibilidad de poder abrirnos a una realidad distinta.

      Fue muy impresionante el primer testimonio que pudimos escuchar de una de las familias. Como siempre, antes de comenzar a hablar compartimos un café y varios bollos caseros que habían traído, ese primer momento de desenfado y de cariño ya es parte de la reunión; esa humanidad fraterna es la que nos lleva después a sentirnos unidos en el dolor y en el sufrimiento. Y eso sí, desde la mirada atenta siempre del Dios de la misericordia, que en cada lágrima y en cada grito de auxilio se nos sigue haciendo presente y le sentimos cercano.

     Una familia que hacía tiempo no venía, por el miedo al covid, comenzó hablando, pero fue impresionante porque vinieron la mujer del chaval que está en prisión, su hermana y su madre. Y fue precisamente la madre, la suegra del chaval en prisión la que tuvo un testimonio muy especial y que dió en el clavo me parece a mí de muchas situaciones que vivimos en prisión y también fuera de ella. Nos dijo que estaba pasando un momento muy malo porque estaba entendiendo lo que significaba “perder la libertad”. “

Muchas veces había oído hablar de la cárcel, pero siempre me parecía una realidad que estaba fuera de mis preocupaciones, un lugar donde iban los que habían cometido algún delito y se lo merecían. Pero jamás imaginé lo que podría suponer perder la libertad como parte de tu vida, lo que podría significar estar encerrado. Ahora lo voy entendiendo, y me pongo en su lugar. La cárcel te parte la vida. Pero a la vez me ha hecho tener una mirada muy especial hacia la gente que está en prisión, y poder pensar en lo que significa la misericordia. Todos podemos cometer errores pero es necesario vivir también una experiencia de misericordia y mirar a los otros, a los que están allí de otra manera, porque todos podemos en algún momento y por circunstancias estar allí. Además yo soy creyente y la misericordia supone mirar a los otros como Dios nos mira a nosotros. Ahora muchos días me quita la paz esta situación, pienso en cómo estarán allí dentro, con todo controlado, sin poder disponer de su vida. Nosotros hemos estado encerrados apenas unos meses, con todo tipo de comodidades y no hemos aguantado. Me da penal mucha pena, y admiro a las personas que vais por allí a dar un poco de esperanza y ayuda, en medio de ese sufrimiento”.

Cárcel

     Fueron palabras muy especiales, que confieso a mí me llegaron muy adentro, y se me ocurrió felicitarla y decirla que estaba diciendo algo que todos pensábamos cuando íbamos allí; incluso que a los voluntarios, y a mí como cura, la cárcel nos había cambiado la vida, nos la cambiaba  cada día; nos hacía y nos hace mirar de otra manera al ser humano, y también mirarnos a nosotros de otro modo. La clave está en lo que ella decía: en la misericordia. Esa misericordia que supone cambiar la vida. Confieso que cuando la escuchamos todos nos quedamos con la boca abierta, había sido capaz de resumir en pocas palabras lo que todos sentíamos; y lo dijo con total serenidad pero a la vez con plena convicción de lo que estaba diciendo. Además se la veía como una familia muy unida, y muy llena de vida, intentando apoyar a su familiar en la cárcel, sin quitar por supuesto ni un solo ápice a la responsabilidad que el tenía en todo lo que había sucedido. Fue un testimonio sereno, bonito y lleno de realidad, que a todos nos hizo mucho bien y sentir que en el fondo era lo que todos sentíamos y vivíamos. 

Continuó hablando la madre de un muchacho fallecido ahora va a hacer tres años, y con otro enganchado a la droga, y como siempre fue también una lección de esperanza y de humanidad. Hablaba, con lágrimas en los ojos, como cada vez que se expresa, pero diciéndonos que ella estará siempre al pie de sus hijos. Que lo estuvo al pie del que ya falleció, que la cárcel lo perjudicó más de lo que le ayudó, pero que ella siempre estuvo con él. Y ahora con el que le queda; es una mujer de profunda fe, nunca se queja, siempre habla de Dios como de su Padre, como el que la anima cada día, y siempre tiene palabras de aliento para otras personas. Es una mujer donde Dios y toda su debilidad se nos manifiesta. En su rostro, en sus sollozos, en sus palabras…. Descubrimos la auténtica espera del adviento, descubrimos al Dios que se nos hace presente en ella. Y como digo eso sí, siempre dando ánimos a los demás, y con ganas de compartir y seguir hacia adelante. 

     Una de las familias estaba especialmente mal en este día porque a su hijo, después de estar siete años en prisión, y conseguir por fin un tercer grado (un régimen donde aunque siga siendo preso, salía a trabajar, y tenia los fines de semana libres), había tenido una regresión a segundo grado ( es decir, había vuelto de nuevo a estar en prisión total). Y la madre se encontraba dividida entre la metedura de pata de su hijo, y el castigo sin duda, desproporcionado del propio centro. Le habían pillado con un porro en el bolsillo y eso era motivo de regresión.

Madre de presos

¿La cárcel le iba a ayudar a superar la drogadicción? Es evidente que no, necesitaba otra ayuda. Pero a la vez, la madre era consciente de que su hijo había quebrantado una norma. Nos decía que no pensaba venir a la reunión, pero que para ella estos encuentros eran muy importantes, porque se sentía muy apoyada, y eso la daba vida. Se sentía escuchada, sentía que nadie la juzgaba y que entre todos la sacaban hacia adelante. A su hijo aún le quedan muchos años, esto ha sido una marcha hacia atrás, pero es consciente y así se lo hicimos ver  que hay que seguir hacia adelante, de que no se puede tirar la toalla. Es una mujer luchadora, y que de nuevo siempre está al pie de su hijo. Es la fuerza del amor y de la entrega desinteresada a un hijo, pase lo que pase y sea lo que sea. 

     Y junto a ellas, otras madres nos relataban cómo estaban, y cuál era su situación. Una de las madres, que se incorporó justo este día, entre sollozos, nos decía la angustia de su hijo en la cárcel desde hace dos años; a sus veinticinco años, y ya privado de libertad. Nos relataba lo mal que lo estaban pasando, y cómo pensaba que su hijo estaba bien, hasta que sucedió lo que sucedió… por causa de las drogas y el alcohol, arruinó su vida y la vida de otra persona. Pero nos decía que se estaba encontrando muy agusto entre nosotros, porque por fin podía manifestar y decir lo que pensaba y decía, sin nadie que la juzgara y la hiciera sentirse mal. En sus lágrimas, veía yo también el rostro de su hijo, un muchacho joven, en lo mejor de la vida, pero entre rejas por su mala cabeza. Siempre que le veo le digo que es muy joven, y que tiene que aprender de lo que ha pasado, que tiene que cambiar, pero lleva ya la mochila un poco llena… y eso a veces le hace perder la esperanza, tanto a él, como a su madre…

     Hubo más relatos, y más lágrimas, más voces entrecortadas, como las de la familia peruana que tienen a su hermano y a su hijo en prisión, y que siendo una familia humilde, y trabajadora, saben el daño que han hecho, pero solo les queda seguir mirando hacia adelante…O las palabras de un buen hombre, que sin tener que ver nada con un muchacho, porque se lo encontró en la calle un buen día pidiendo, le cogió cariño, y ahora va a visitarlo a la cárcel y ayuda a la familia en su seguimiento y , desde luego, en su sufrimiento. En todos los relatos, lágrimas redentoras, miradas de afecto hacia las personas en prisión, y desde luego no derrota, sino lucha.

     Otra familia nos relataba cómo su vida había cambiado totalmente desde que su hijo entró en prisión hace ya más de cuatro años, cómo van siguiendo adelante como pueden, pero con la pena cada día de ver a su hijo allí, y con la experiencia, como tantos otros, de parecerles increíbles que su hijo pueda estar allí. “No es algo fácil, relativizas y comprendes muchas cosas y a mucha gente”, nos decían. Pero siempre con la cabeza bien alta y la mirada hacia adelante. Junto a eso su confianza profunda en Dios que se hace presente cada día en cada uno de sus sufrimientos.

Cárcel de Navalcarnero

Tarde de adviento, tarde de esperanza, tarde de venida, tarde de mirar la vida con los ojos del Dios que viene y se hace hombre, para acompañar nuestro caminar. Fue un encuentro duro como siempre, pero a la vez lleno de vida…. No se borran fácilmente los rostros de los que estamos allí, las miradas de ternura y de abatimiento, las lágrimas que caen por las mejillas…. Pero también las sonrisas, los apoyos, los abrazos, el compartir los bollos que habían preparado con ilusión, como parte del compartir la vida. En todos ellos había una palabra de Gracias hacia nosotros, gracias por estar ahí, acompañándoles a ellos y a sus familias. Y en nuestro interior un grito profundo al Dios de Jesús, Maranatha, “Ven Señor Jesús”; ven en nuestra ayuda te necesitamos, necesitamos que nos des luz cada día para escuchar, para acompañar, para reír y para llorar. Necesitamos sentirte siempre a nuestro lado.

     Termino este escrito el día de la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, en el corazón de nuestro adviento. Y ante nuestra Madre y discípula, pongo en esta mañana la imagen y el rostro de todas las madres, y me hago eco, una vez más de las palabras del evangelio que compartiremos hoy en la Eucaristía: “Porque para Dios nada hay imposible” ( Lc 1, 37). Y pongo delante de ella, y delante del Dios del pesebre, todas las “imposibilidades” que cada día veo en las familias de los presos, todo lo que cada día veo, comparto y abrazo en la cárcel de Navalcarnero.

No se trata de pedir milagros baratos, se trata de decirle a María que nos mire, y nos ayude cada día, y que nos haga creer que las cosas pueden cambiar, que depende de todos, pero que el Dios de la vida, pobre y humilde, que decidió meterse en nuestro mundo, está siempre a nuestro lado, pase lo pase, y suceda lo que suceda. Que las lágrimas redentoras de cada familia, en esa tarde de adviento, se transformen en vida y esperanza, por la fuerza del Espíritu de Jesús, y que sintamos que María nos sigue acurrucando a todos, desde sus brazos amorosos de Madre. Ven Señor Jesús y haz posible lo que de veras nos parece imposible. Eran las palabras también del Santo Romero ante la tumba del asesinado amigo y hermano, Rutilio Grande, a quien la iglesia va a beatificar próximamente, “Yo no puedo Señor, hazlo Tu”

La Buena Nueva del Dgo.1º-Adviento-C

Levanten vuestras cabezas, se acerca vuestra liberación

Estad siempre despiertos

Qué es vivir despiertos?: Desear ardientemente que el mundo cambie 

Por  José Antonio Pagola 

Jesús no se dedicó a explicar una doctrina religiosa para que sus discípulos la aprendieran correctamente y la difundieran luego por todas partes. No era este su objetivo. Él les hablaba de un «acontecimiento» que estaba ya sucediendo: «Dios se está introduciendo en el mundo. Quiere que las cosas cambien. Solo busca que la vida sea más digna y feliz para todos». 

Jesús llamaba a esto el «reino de Dios». Hemos de estar muy atentos a su venida. Hemos de vivir despiertos: abrir bien los ojos del corazón; desear ardientemente que el mundo cambie; creer en esta buena noticia que tarda tanto en hacerse realidad plena; cambiar de manera de pensar y de actuar; vivir buscando y acogiendo el «reino de Dios». 

No es extraño que, a lo largo del evangelio, escuchemos tantas veces su llamada insistente: «vigilad», «estad atentos a su venida», «vivid despiertos». Es la primera actitud del que se decide a vivir la vida como la vivió Jesús. Lo primero que hemos de cuidar para seguir sus pasos. 

«Vivir despiertos» significa no caer en el escepticismo y la indiferencia ante la marcha del mundo. No dejar que nuestro corazón se endurezca. No quedarnos solo en quejas, críticas y condenas. Despertar activamente la esperanza. 

«Vivir despiertos» significa vivir de manera más lúcida, sin dejarnos arrastrar por la insensatez que a veces parece invadirlo todo. Atrevernos a ser diferentes. No dejar que se apague en nosotros el deseo de buscar el bien para todos. 

«Vivir despiertos» significa vivir con pasión la pequeña aventura de cada día. No desentendernos de quien nos necesita. Seguir haciendo esos «pequeños gestos» que aparentemente no sirven para nada, pero que sostienen la esperanza de las personas y hacen la vida un poco más amable. 

«Vivir despiertos» significa despertar nuestra fe. Buscar a Dios en la vida y desde la vida. Intuirlo muy cerca de cada persona. Descubrirlo atrayéndonos a todos hacia la felicidad. Vivir no solo de nuestros pequeños proyectos, sino atentos al proyecto de Dios. 

Adviento, tiempo de esperanza

El hombre espera por naturaleza algo que no está en su naturaleza 

Adviento 

«En este nuevo año litúrgico nos acompañará el evangelio de San Lucas, que subraya la presencia de la salvación ya aquí y ahora» 

«Siempre que es media noche, comienza el nuevo día, aunque todavía quede mucha noche» 

«La esperanza es la “materia” de la que estamos hechos los seres humanos. Vivimos porque algo en nuestro interior nos convoca a un futuro pleno» 

Por Tomás Muro Ugalde 

  1. El final del mundo no coincide con el final del ser humano. 

Comenzamos hoy el año litúrgico con el tiempo de Adviento, con el primer domingo de Adviento. 

El Adviento es un tiempo –como toda la vida- de esperanza, de activar y fortalecer la esperanza. 

El evangelio de hoy nos ofrece una visión esperanzada del final de la historia humana y lo hace con un lenguaje apocalíptico, algo tremendista, pero no se trata de una descripción científica del fin del mundo. 

El tiempo y la historia humana terminan en la bondad de Dios. Y ello no es catastrófico sino salvífico y amable 

La Corona del Adviento
  1. se acerca, está ya presente nuestra liberación. 

En este nuevo año litúrgico nos acompañará el evangelio de San Lucas, que subraya la presencia de la salvación ya aquí y ahora. En el evangelio de San Lucas la salvación se ha hecho ya presente por medio de JesuCristo en nuestra historia: 

hoy estamos ya salvados: 

Lc 2, 11 Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. 

Lc 4, 21 Al comienzo de su ministerio en la sinagoga: Hoy se cumple ante vosotros esta profecía». 

Lc 5, 26 Tras la curación del paralítico, todos quedaron atónitos y alababan a Dios llenos de temor, diciendo: Hoy hemos visto cosas extraordinarias 

Lc 19, 5.9   Jesús levantó los ojos y le dijo: 

– Zaqueo baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Jesús le dijo: 

Hoy ha llegado la salvación a esta casa. 

Lc 22, 34    Te aseguro, Pedro, que hoy mismo, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces. 

Lc 23, 43    Jesús le dijo (al buen ladrón): 

Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso. 

Hoy, no mañana, los pobres, oprimidos, esclavos y pecadores; estamos salvados hoy

    La alegría futura se hace presente en el hoy de nuestra historia. 

  1. Habrá signos. 

    Siempre hay signos en la vida: siempre hay señales de angustia catastrófica: la incertidumbre de la pandemia que se alarga, los que mueren en pateras o en el río Bidasoa, algunas opciones políticas que causan vértigo, las guerras, además de los crónicos fracasos personales, la inseguridad propia de la salud, la decadencia por la edad, los conflictos familiares, laborales, eclesiásticos, etc. 

    Cuando empiecen a suceder estas cosas, se acerca vuestra liberación. 

Siempre que es media noche, comienza el nuevo día, aunque todavía quede mucha noche

  1. esperanza

La esperanza es la relación amable que establecemos con el futuro; me refiero -sobre todo- al futuro absoluto, una relación llena de sentido. 

    La esperanza es la “materia” de la que estamos hechos los seres humanos. Vivimos porque algo en nuestro interior nos convoca a un futuro pleno. 

    La esperanza es la confianza en que nuestra vida tiene horizonte. Creemos que estamos en buenas manos, porque estamos en manos de Dios. 

No podemos depositar toda nuestra esperanza y confianza en ninguna clase de institución humana: partidos políticos, Iglesias o gobiernos. Todos ellos pueden equivocarse y fallar. 

    Es útil tener buenos líderes, por supuesto. Pero, en última instancia, nosotros no podemos basar nuestra esperanza de futuro en ninguna clase de líderes humanos porque ninguno de nosotros, individualmente -o en conjunto-, tiene capacidad suficiente para salvar al ser humano. 

Nosotros confiamos y esperamos en Dios

Levanto mis ojos a los montes, ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor. (Salmo 120). 

Me pase lo que me pase (y nos va a pasar de todo), que no me pase sin Ti, Señor

  1. la esperanza es muy frágil. 

    La esperanza es una planta muy delicada, se puede secar pronto, a veces la esperanza es intermitente, aparece y desaparece en nuestro caminar. 

    Por eso mismo, porque es muy débil, como el sentido de la vida, hemos de cuidarla y cultivarla. 

    Escribía el poeta francés Charles Peguy: 

La Fe es la que se mantiene firme por los siglos de los siglos. 

La Caridad es la que se da por los siglos de los siglos. 

Pero mi pequeña esperanza es la que se levanta todas las mañanas. 

  1. vivir lúcidos. 

    No es razonable vivir aletargados, con la sedación como norma de vida. La esperanza no adormece, abre ventanas a los problemas. 

Orad 

    La oración es ver la vida desde o ante Dios y ello confiere una seriedad, lucidez y horizonte a la existencia. La oración es un modo de vivir lúcidos, atentos y confiados. La oración es un lugar en el que crece la esperanza. En la oración están presentes las miserias y las esperanzas humanas. 

    Comencemos el adviento con buen ánimo y esperanza, porque ha llegado el tiempo de la gracia, de la misericordia y del perdón de Dios: 

velad y orad 

Cómo prepararnos para el Adviento

Para que este Adviento no pase este año por nuestra vida sin pena ni gloria, humildemente, creo que deberíamos prepararnos así:      

Buscando tiempos entre unas actividades y otras de cada día, en la medida de nuestro trabajo y de nuestro tiempo libre, para dedicarnos a nosotros mismos, para hacer una pausa y crecer a nivel personal: orando, reflexionando, escuchando música, leyendo, dejándonos interpelar por la realidad, trayendo a nuestro recuerdo tantos rostros cercanos, amigos, lejanos… 

También debemos cuidarnos para poder cuidar. Descansemos, cuidémonos y dejémonos cuidar, incluso pidamos el cuidado de los demás cuando lo necesitemos. Dejemos espacios para distanciarnos de los problemas, para respirar y que no nos agobien, para poder observarlos bien, discernir y tomar así la mejor decisión. 

Estos momentos de reflexión no nos pueden desligar de los demás, muy al contrario: debemos visitar, quedar para tomar una cerveza, hablar por teléfono, enviar un mensaje por watsapp… a las personas que quiero, que están mal, que sé que me necesitan. Necesitamos hablar más con los vecinos, con la gente que vemos que lo está pasando mal. Debemos aproximarnos, hacernos prójimos. 

Ni tampoco nos podemos desentender del mundo que nos rodea. Tenemos que intentar hacer todo lo que podamos por los demás, interesándonos por los problemas de la gente, buscando soluciones colectivas, o personales si soy yo quien tengo que optar y comprometerme en algo concreto. 

Debemos buscar momentos de celebración, de diversión, de comunicación, de intimidad, para reforzar la mística de la fraternidad, de la humanidad, del encuentro, de la fiesta, del dolor o de la alegría y el gozo compartido de estar juntos. 

Y aceptándonos humildemente como somos, vulnerables, con un carácter y una forma de ser muy concreta, personal. Y a la vez, potencialmente creativos, solidarios, transformadores de la realidad que nos rodea. Solo así construiremos un mundo mejor, más fraterno, justo y en paz. Un mundo nuevo y necesario. 

Que se hará realidad esperando contra toda esperanza, pero con una espera activa. Porque el yo narcisista necesita romper con una dinámica de aislamiento y pasividad, para entrar en un nuevo yo contemplativo, dinámico, fraterno, compasivo, lleno de ternura. 

Solo así llegará a su plenitud el Adviento. Solo así se aprenderemos a esperar la llegada de Jesús, de la Navidad, de la Vida en plenitud en lo cotidiano de la existencia 

Mensaje del Papa en la Vigilia Pascual

En la vigilia pascual, Francisco pidió frenar la «producción y comercio» de armas

El Papa encendió el cirio pascual en la Vigilia de San Pedro

Mensaje por la esperanza y la vida de un Jorge Bergoglio que volvió a conmover en una Basílica de San Pedro vacía. Pidió «no ceder a la resignación» y recordó que «los abortos matan la vida inocente»

«En esta noche conquistamos un derecho fundamental, que no nos será arrebatado: el derecho a la esperanza; es una esperanza nueva, viva, que viene de Dios. No es un mero optimismo, no es una palmadita en la espalda o unas palabras de ánimo de circunstancia»

11.04.2020 Hernán Reyes Alcaide, corresponsal en el Vaticano

Otra vez en una Basílica de San Pedro vacía, símbolo de los nuevos tiempos que por ahora llegaron para quedarse por el coronavirus. Y otra vez el papa Francisco, que volvió a conmover con sus palabras. Con la precisión para pedir por la vida en épocas de las más de 100.000 muertes en todo el mundo por el Covid-19, Jorge Bergoglio convocó en la mis de vigilia de Pascua a no ceder a la resignación, pero también a oponerse a los otros gritos de muerte que perduran hoy: las guerras, la producción y venta de armas y el aborto.

«Acallemos los gritos de muerte, que terminen las guerras. Que se acabe la producción y el comercio de armas, porque necesitamos pan y no fusiles», convocó el pontífice durante su homilía, en una Basílica vacía por las medidas para frenar el coronavirus. Ya ha repetido, más de una vez, sus críticas a los países que hablan de paz y luego se dedican a la venta de armamento.

«Que cesen los abortos, que matan la vida inocente. Que se abra el corazón del que tiene, para llenar las manos vacías del que carece de lo necesario», reclamó Jorge Bergoglio.

Sin los tradicionales bautismos que caracterizan a la Vigilia, la ceremonia, transmitida por los canales de streaming del Vaticano ante la prohibición de presencia de fieles, inició con una basílica a oscuras que se fue iluminando con el canto del himno Gloria.

En ese sentido, en una referencia a la crisis actual del coronavirus, Bergoglio pidió mantener la esperanza ante lo que denominó «la hora más oscura».

«No cedamos a la resignación, no depositemos la esperanza bajo una piedra», alentó.

Así, comparó la situación actual con un episodio bíblico en el que un grupo de mujeres «tenían en los ojos el drama del sufrimiento, de una tragedia inesperada que se les vino encima demasiado rápido».

«Vieron la muerte y tenían la muerte en el corazón. Al dolor se unía el miedo, ¿tendrían también ellas el mismo fin que el Maestro? Y después, la inquietud por el futuro, quedaba todo por reconstruir. La memoria herida, la esperanza sofocada.

«Para ellas, como para nosotros, era la hora más oscura», planteó en esa dirección.

«Cuántas personas, en los días tristes que vivimos, han hecho y hacen como aquellas mujeres: esparcen semillas de esperanza. Con pequeños gestos de atención, de afecto, de oración», recordó finalmente, como ha hecho en sus alabanzas casi diarias al personal de salud que mantiene justamente esa esperanza en cada uno de los países afectados por el coronavirus.

Derecho a la esperanza

En su homilía, el Papa recordó también el lema que estos días se ve en miles de balcones de toda Italia: «Todo irá bien». «En esta noche conquistamos un derecho fundamental, que no nos será arrebatado: el derecho a la esperanza; es una esperanza nueva, viva, que viene de Dios. No es un mero optimismo, no es una palmadita en la espalda o unas palabras de ánimo de circunstancia», planteó .

«Es un don del Cielo, que no podíamos alcanzar por nosotros mismos: Todo irá bien, decimos constantemente estas semanas, aferrándonos a la belleza de nuestra humanidad y haciendo salir del corazón palabras de ánimo», agregó.

 

Orar con el Salmo 69

 

Para orar con los Salmos

 “El hombre bíblico es “oyente de la palabra”, alguien a quien Dios le dice: “Escucha, Israel”…(Dt 6, 4-5). Pero el israelita bíblico no solamente escucha a Dios, sino que le responde orando. Como testimonio supremo de ese diálogo orante (apasionado, responsable, acusador) están los salmos, sabiduría hecha oración” Pikaza en “Ciudad Biblia”, pag. 220

En estos días difíciles que estamos viviendo por la situación de aislamiento por causa de la pandemia del coronavirus, son días para vivir más la oración, unidos a todos los creyentes desde hace muchos siglos. Yo voy a intentar daros algunos materiales para orar cada día con un Salmo. En los comentarios del BLOG me decís si os vale y si os ayuda. Y también espero algunas sugerencias breves que creáis oportunas.

 SALMO •69 [68]

Las aguas me llegan hasta el cuello.— El servidor de Dios, poco menos que hundido en las aguas del sufrimiento y de la muerte, pide el socorro del Señor Cristo se aplicó a sí mismo varias palabras de esta oración El es el que, después de liberado de la muerte, será alegría para todos los que buscan a Dios. (1)

              2 Oh Dios, sálvame, que las aguas me llegan hasta el cuello.

3 Me estoy hundiendo en un cieno profundo, y no hay dónde apoyarme.

Me vi arrastrado a profundas aguas y las olas me cubren.

4 Me agoto de gritar, me arde la garganta, y mis ojos se cansan de esperar a mi Dios.

5 Más que los cabellos de mi cabeza son los que me odian sin motivo.

Son más fuertes que yo los que con calumnias me persiguen.

¿Cómo devolveré lo que no he robado?

6 Tú sabes, oh Dios, si me he extraviado, pues no te están escondidos mis errores.

7 No avergüences por mí a los que en ti esperan, Señor, Dios Sabaot, ni humilles por causa mía a los que te buscan, oh Dios de Israel.

8 Por ti fue que soporté el insulto, y la vergüenza me cubrió la cara; 9 me volví como un extraño a mis hermanos, un desconocido para los hijos de mi madre.

10 El celo por tu casa me devora, los insultos de los que te insultan recaen sobre mí.

11 Si me aflijo con ayunos, eso me vale insultos; 12 si me visto de saco, ellos se burlan de mí.

13 Se ríen de mí los que se sientan en la plaza, y a los bebedores doy un tema de canción.

14 Pero a ti, oh Dios, sube mi oración, sea ése el día de tu favor.

Según tu gran bondad, oh Dios, respóndeme, sálvame tú que eres fiel.

15 Sácame del barro, que no me hunda; líbrame del vértigo del agua profunda.

16 Que las olas no me sumerjan, ni me trague el torbellino ni el pozo cierre sobre mí su boca.

17 Respóndeme, Señor, pues tu amor es bondad, vuélvete hacia mí por tu gran misericordia.

18 No escondas a tu siervo tu rostro, me siento angustiado, respóndeme pronto.

19 Ven, acércate a mí y rescátame, líbrame de tantos enemigos.

20 Tú conoces mi humillación, mis adversarios están todos a tu vista.

21 Tanta ofensa me ha partido el corazón, mi vergüenza y confusión son irremediables.

Esperé compasión, pero fue en vano, alguien que me consolara, y no lo hallé.

22 En mi comida me echaron veneno, y para la sed me dieron vinagre.

23 Que un traidor los invite a cenar, y se vuelva una trampa su banquete.

24 Que pierdan la vista y queden a ciegas, que siempre caminen encorvados.

25 Arroja sobre ellos tu furor, que los alcance el fuego de tu ira.

26 Que su propiedad quede devastada y sus carpas sin habitantes, 27 porque persiguieron al que tú heriste y aumentaron los dolores de tu víctima.

28 Impútales falta tras falta y que de ellas nunca se libren; 29 sean borrados del libro de los vivos, no sean inscritos en la lista de los justos.

30 ¡Pero a mí, humillado y afligido, que me levante, oh Dios, tu ayuda!

31 Celebraré con un canto el nombre de Dios, proclamaré sus grandezas, le daré gracias.

32 Esto le agradará al Señor más que una víctima, más que un ternero con cuernos y pezuñas.

33 Vean esto, los humildes, y regocíjense.

¡Reanímense, los que buscan al Señor!

34 Pues el Señor escucha a los pobres, no desdeña a los suyos prisioneros.

35 Que lo aclamen los cielos y la tierra, los mares y cuanto bulle en su interior.

36 Pues Dios salvará a Sión y reconstruirá las ciudades de Judá: allí habrá de nuevo casas y propiedades.

37 Los hijos de sus siervos serán los herederos, y allí morarán los que aman su Nombre.

PRIMERA LECTURA: CON ISRAEL

Es un salmo de súplica en tres partes:

El suplicante grita angustiado:         –sufrimiento horrible (se siente asfixiado)

-sufrimiento injusto (maltratado por su piedad)

-sufrimiento por la causa de Dios (“me devora el                                                                     celo de tu casa)

-enemigos numerosos lo rodean

Lejos de resignarse, el suplicante se dirige a Dios y ora

                                                         –implora su liberación

-pide venganza conforme a la Ley del Talión.

Esta súplica trágica termina en una acción de gracias. Los gritos y las imprecaciones de las dos primeras partes, deben interpretarse a la luz de esta parte final.

SEGUNDA LECTURA: CON JESUS

Este es uno de los salmos más citados en el Nuevo Testamento:

-en la cólera de Jesús contra los mercaderes del templo (“el celo de tu casa me devora ) Jn 2,17)

-Jesús cita explícitamente este salmo, la víspera de su Pasión (“me odian sin motivo, injustamente” (Jn 5,25)

-“Cuando tuve sed, me dieron vinagre” (Jn 19,26); “Tengo sed” (Mc 15,36)

-Hasta las mismas imprecaciones son citadas por los primeros cristianos, aplicadas a la traición de Judas (Hechos 1,20)

Este justo que sufre por la causa de Dios, igual que Job o Jeremías, es ante todo, un pobre anónimo del Antiguo Testamento…Pero es eminentemente, Jesús en la cruz. No es mera casualidad qu el final del salmo sea un “canto de acción de gracias”. Imitando anticipadamente su muerte, la víspera por la tarde Jesús la vivió libremente como una comida eucarística.

TERCERA LECTURA: CON NUESTRO TIEMPO

El grito de lamentación que sube de este salmo, para alguno de nosotros, puede ser de candente actualidad. Es la oración de los enfermos, de los afectados por la infección del corona virus, por los desgraciados y marginados de la sociedad…Pero es también, colectivamente, la llamada de los pobres de los países del tercer mundo.

“Dios vendrá a salvar a Sión y a reconstruir las ciudades de Judá…Porque el Señor escucha a los pobres… “Jesús” en hebreo significa “Dios-salva”. Con este salmo podemos orar por la “salvación” del mundo. La salvación prometida no es un engaño: ¡”la hora de Dios vendrá”! ¡Es la hora de tu gracia! “Vida y felicidad para aquellos que buscan a Dios”. La Resurrección de Cristo es la prenda: la destrucción de toda fuerza del “mal que ha realizado plenamente en él… Pero nosotros debemos esperar y trabajar avivando un gran deseo con este salmo.

Aguardar, esperar. La esperanza es uno de los valores que más necesita el hombre contemporáneo. El progreso técnico, logrado en estos últimos decenios, amenaza ocupar el lugar que tenía en otro tiempo la esperanza. En este sentido los avances de la civilización contribuyen a purificar las religiones, inclusive la religión cristiana, de ciertas actitudes infantiles. Pero la era científica aún no ha resuelto ciertas fatalidades que pesan sobre la condición humana: fragilidades afectivas, nuevas dificultades relacionales entre generaciones y clases sociales, angustia del anonimato y de la soledad urbana, inseguridad profunda ante el porvenir, nuevos fracasos profesionales…

Estas, y muchas otras situaciones, típicamente contemporáneas hacen nacer hoy una nueva necesidad de esperanza.

Cada uno debe “traducir”, en las propias circunstancias de su vida, las expresiones del salmo: “Sálvame, Dios mío…que no se  avergüencen los que esperan en Ti, Señor… Levántame, Dios mío, y sálvame”.

Por una oración “que avanza”. Si entramos en el movimiento de este salmo, quedamos impresionados por su dinamismo: comienza con un grito de súplica, continúa con una petición, y culmina en la alegría de la acción de gracias. Deberíamos adoptar frecuentemente este ritmo: nuestra oración no puede ser el simple machaqueo fastidioso y estático de contrariedades y problemas (siniestra forma de reforzarlos sicológicamente a fuerza de repetirlos). Una verdadera oración nos transforma. Ella nos hace avanzar. Es normal que comencemos exponiendo a Dios nuestras preocupaciones, como lo hace la conmovedora “lamentación” del comienzo del salmo. Pero deberíamos concluir como lo hace el salmo: “Alabaré con cantos el nombre de Dios…que el cielo y la tierra alaben a Dios…Vida y alegría a quienes buscan a Dios… que los afligidos se alegren”…

Esperanza siempre

ESPERANZA SIEMPRE
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 23/03/20.- En el siglo V se produjo un derrumbe generalizado en Europa a consecuencia de la decadencia del Imperio romano. San Agustín, gravemente enfermo, vio como toda la seguridad de su tiempo, basada en sólidos pilares religiosos y de todo tipo, se resquebrajaba. Falleció sitiado en Hipona por los bárbaros (extranjeros) germánicos, que fue conquistada poco después. A aquellos contemporáneos suyos les resultaba casi imposible de digerir el derrumbamiento del orden mundial de entonces. Algo similar ocurrió en Jerusalén cuando el Templo, signo esencial en la historia religiosa del pueblo judío, fue arrasado por Pompeyo pocas decenas de años después de la muerte de Jesús.

Qué no decir de los milenarismos tenebrosos que auguraban el fin del mundo. Más cerca de nosotros la generación anterior a la mía fue coetánea de la Segunda Guerra Mundial, de Mao, Stalin y del Holocausto judío… Afortunadamente, la situación mundial causada por el coronavirus no es una situación equiparable, aunque haya puesto en jaque a buena parte del Planeta. Recordar la historia es importante porque nos muestra  la realidad como algo complejo y desconcertante, incluso para bien, porque los humanos somos capaces de reinventarnos aun sintiendo la vida sin asideros sólidos donde agarrarse ante el miedo y la angustia que produce el sufrimiento añadido de lo que no podemos controlar o es desconocido.

Si recordamos el significado del término griego crisis, no es otro que “decisión” en el sentido de oportunidad que nos emplaza a valorar posibles nuevos cambios de rumbo. Así ha ocurrido siempre; hasta de la desesperación han salido acicates para que renazca la esperanza, y con ella, nuevos sistemas de ideas y actualizaciones de creencias. Es una suerte que la vida permite renacer con esperanza después de tocar fondo, y vivir el presente con madurez para construir el futuro.

La nube diaria de titulares negativos no deja ver los muchos signos y evidencias que destilan esperanza por los cuatro costados: miles de voluntarios afanados en aportar esperanza a los infectados por el coronavirus. Millones de pruebas de amistad, de compañerismo, de solidaridad… tanta gente que nos rodea tratando de hacer el día a día del confinamiento humanizado y alegre. El personal sanitario… sólo nos acordamos de ellos cuando el dolor, como ahora, aprieta. La esperanza también viaja con ellos.

Los que quieren destruir son más ruidosos, pero son menos. Para un cristiano, vivir la esperanza es mucho más que un estado de optimismo: es interpretar el futuro posible y deseable con los ojos de una vivencia anticipada que da sentido al momento presente mientras ponemos las bases para crear lo que todavía es una meta.

La esperanza es la cualidad teologal que nunca defrauda. La esperanza verdadera construye, no espera; se vive más que se anhela. Es una disposición interior es la que hace posible su gran objetivo: dar un sentido al presente construyendo sobre la realidad actual. No estéis tristes, exhorta el Evangelio, porque el plan de Dios insufla toneladas de esperanza para despertar el corazón hasta convertirlo en signos y hechos de esperanza para otros.

En este contexto, me parece muy oportuna la reflexión del cardenal Omella, ahora al frente de la Conferencia Episcopal, recordando que las tecnologías de comunicación en este tiempo de reclusión no deben  absorber y robar todo el tiempo. Nos pide que dediquemos espacios para repasar nuestra vida, para pensar con esperanza hacia dónde y cómo queremos orientar el resto de nuestras vidas en este mundo, a la espera del encuentro definitivo con Dios. Ahora tenemos más tiempo para todo, incluso para nuestra oración y para acordarnos del sufrimiento en torno a este dichoso virus, con graves y angustiosas consecuencias económicas para muchas personas.

A pesar de la limitación, el mal y la muerte, algo hay en nuestro interior que nos impulsa a “esperar contra toda esperanza” (Rom 4,18) frente a las ganas de abandonarnos y dejar de luchar. Es un consuelo saber que cualquier cambio gigantesco, empieza siempre por algo inapreciable al ojo humano. Lo importante de verdad es recordar que Dios acude a nuestra llamada, cumple sus promesas y nos renueva la fe. Siempre. ¡Él es nuestra esperanza! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).