Empieza el Adviento

Adviento: volver a creer, volver a confiar

escrito por  Santi Torres

Empieza el Adviento. Este año convivirá en el tiempo con el mundial de futbol de Qatar. Difícil y desigual competencia. Para muchas personas el futbol es una nueva religión y un mundial sería como una especie de tiempo litúrgico: un calendario de actos (partidos de futbol) que rompen la monotonía de los días dándoles una especie de emoción o incentivo; un elenco de personajes que configuran una constelación o santoral laico (¿qué son sino los cromos de los jugadores sino una especie de estampas?) entre los cuales algunos son elevados a la categoría de dioses o semidioses; un despliegue de cánticos y de estolas/bufanda en honor de mi equipo o mi país; y todo esto con una cobertura mediática de alcance mundial con miles de millones de dólares implicados. De hecho, esta “nueva religión” no es sino una versión más de la religión que da culto al ídolo que está detrás de todo esto y que no es otro que mammón, el dios dinero.

Será, pues, un tiempo de Adviento extraño y ruidoso. Pero no por esto dejará de ser Adviento: una oportunidad de pensar y repensar la vida, de detenerse, de mirarla y agradecerla… Este año, a nivel personal, me he propuesto trabajar durante el Adviento la confianza. Ya hace tiempo que intuyo que una de las razones de tanto cansancio y malestar colectivo reside en esto, en la pérdida de la confianza. Hablo, claro está, de razones más personales o subjetivas. Porque de razones objetivas y claras de sufrimiento hay muchas: quien tiene dificultades para llegar a fin de mes; quien se encuentra solo y sin apoyo social; quien ha perdido el trabajo, o la casa, o la salud; quien trabaja bajo unas condiciones laborales infernales, etc. Todo esto forma parte de los llamados condicionantes sociales de nuestro malestar, bien claros, bien objetivos y denunciables. Me refiero ahora a este malestar añadido, cuando a pesar de tener estas cosas más o menos cubiertas, aparece un cansancio sin causa, una especie de pérdida de sentido.

Desde hace unos años estamos experimentando un deterioro de la confianza que se expresa a todos los niveles. Los más visibles y públicos son la política, pero también atraviesa toda la red de relaciones sociales hasta llegar al interior de los hogares. Nos cuesta cada vez más confiar porque todo parece animarnos a la desconfianza. En el fondo confiar es arriesgado porque quien confía se expone a ser engañado y a ser manipulado y, aparentemente, nos hace más vulnerables. La realidad es, sin embargo, la contraria: la desconfianza es fruto de un miedo profundo y es sobre todo el indicador más claro de la debilidad.

Quien se hace fuerte en la fe, descansa porque no ha de demostrar nada a nadie, porque sabe que más allá de las pequeñas circunstancias de la vida, hay alguna cosa más profunda que no depende solo de uno mismo. Confiar es quitarse el peso de la soledad para ponerlo en otro o en el Otro que acoge, a la vez que nos hacemos depositarios del peso de los otros, de aquellos que confían en nosotros. Entonces el peso se reparte, se hace llevable y podemos descansar. Jesús en esto fue muy claro: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os haré descansar […] Porque el yugo y la carga que yo os impongo son ligeros» (Mt 11,28).

En cambio, la desconfianza es miedo, es no querer cargar con el peso de nadie, pero tampoco dejar cargar a nadie el propio peso. La desconfianza es alerta permanente para no ser engañados, de tal forma que, cuando esto pasa, no hacemos sino reafirmarnos en la misma idea, encerrados en el bucle de la propia soledad y desencanto.

Desconfiar es cansado, y quizás una parte del cansancio que nos expresamos los unos a los otros como una especie de epidemia de malestar, reside precisamente en una falta de fe: en Dios, en los otros, en la humanidad.

Dios confió en la humanidad hasta tal punto que no la dio por perdida y envió a su Hijo.  La Navidad es el Acto más grande de confianza. Por eso, estos días, en medio del ruido del mundial, somos invitados de nuevo a creer… una vez más.

Formación en la Sinodalidad

Monseñor Luis Marín: «No hay sinodalidad si no se vive la eclesialidad»

Después de más un año de trabajo sabemos realmente… ¿De qué se trata el Sínodo?»

«Es la pregunta que formuló monseñor Luis Marín de San Martín, subsecretario del Sínodo al iniciar la conferencia virtual sobre Formación en la Sinodalidad»

«Frente al momento que vive a Iglesia Monseñor Luis Marín habló de la importancia de formarse en la sinodalidad y con una formación de estilo sinodal, en donde el corazón esté abierto a la conversión»

«El obispo español asegura que será necesario formar en la opción por Cristo, partiendo de la experiencia del resucitado, adoptando la dimensión eclesial y el carácter comunitario que brota del Bautismo»

 Por Paola Calderón

Después de más un año de trabajo sabemos realmente… ¿De qué se trata el Sínodo? fue la pregunta que formuló Monseñor Luis Marín de San Martín, subsecretario del Sínodo al iniciar la conferencia virtual sobre Formación en la Sinodalidad.

Una actividad académica organizada por los formadores del Seminario San Carlos y San Marcelo de la arquidiócesis peruana de Trujillo, de la cual es arzobispo Monseñor Miguel Cabrejos, presidente del Celam y que por estos días celebran con alegría los 397 años de fundación del centro formativo.

Al dirigirse a los seminaristas Monseñor Luis Marín de San Martín, recordó que en los inicios del proceso era recurrente la relación entre el término Sínodo y la instancia que congrega a los obispos, confusión que motivó diversas acciones para explicar que el Sínodo debe entenderse como una elección para los cristianos, cuyo objetivo no es la reestructuración de la Iglesia, ni el método escogido para elevar los niveles de eficacia pastoral, mucho menos un encuentro sociológico para el intercambio de saberes.  “En realidad, ya estamos viviendo el sínodo,” afirmó. Se trata de hacer una opción cristiana por la coherencia, teniendo presente que no hay sinodalidad si no se vive la eclesialidad.

Un proceso que invita a escuchar al Espíritu Santoque inspira e ilumina de forma inclusiva y participativa. Para ello, el prelado indicó que es necesario comprender que no se trata de un proceso defensivo, por el contrario, es un camino en el que todos pueden participar porque, «somos la respuesta de Dios en este momento de la historia,» y es algo que no puede ocurrir solo desde el contexto individual, sino desde lo comunitario, es decir, desde la Iglesia. “La coherencia con Cristo nos impulsa a la misión y no a la autocontemplación,” agregó.

Los obstáculos

El proceso sinodal no ha estado exento de obstáculos y Monseñor Marín advierte que pueden presentarse los personales como los miedos y egoísmos de los cristianos que se manifiestan en el hábito de no escuchar, el no discernir la voz de Dios, el lanzarse a dar opiniones para mostrar planes ideológicos que en el fondo solo intentan convencer a los demás, tomando el nombre de Dios como herramienta.

“Vamos a escuchar a ver que nos dice el Espíritu,” afirma Monseñor Marín al tiempo que invita a superar el deseo de hacer política o la tentación de criticar desde fuera sin haber participado, sin dejarse interpelar por el llamado a la misión. “Debemos estar atentos a escuchar para buscar consensos, porque la Iglesia no está para hacer imposiciones” y debe evitarse la ansiedad por el poder, porque “el verdadero criterio no es el poder sino el servicio”. “El sínodo no quiere destruir la Iglesia, sino todo lo contrario. Yo amo apasionadamente a la Iglesia y quiero ayudarla y servirla con todas mis fuerzas. El objetivo es vivir de forma coherente nuestra fe. Por eso resulta muy triste que a veces vendamos ideología y no Evangelio. De ahí la importancia de apelar al discernimiento comunitario, que debe ser siempre en el Espíritu Santo”.

Las luces

Así como se han presentado dificultades en el camino sinodal también están los aspectos positivos, las luces que brillan dentro del proceso entre los  que se destaca la notable participación de los laicos. Un entusiasmo que permite constatar el surgimiento de la corresponsabilidad efectiva de los creyentes, esa necesidad de implicarse en el proceso renovador de la Iglesia que también debe traducirse en la toma de decisiones desde los diferentes niveles.

Frente al momento que vive a Iglesia Monseñor Luis Marín habló de la importancia de formarse en la sinodalidad y con una formación de estilo sinodal, en donde el corazón esté abierto a la conversión, se viva en humildad, con la suficiente disponibilidad para el amor, entendiendo que quienes se hallan en los márgenes representan un lugar teológico por el cual vale la pena trabajar, entregar.

Esta formación, desde la opinión del prelado, debe fundamentarse en el Evangelio, la aceptación y valoración de la riqueza eclesial; redescubriendo el valor de la Eucaristía. En realidad, afirma Monseñor Marín,  es el Señor quien llama a la puerta y espera una respuesta de nosotros desde la perspectiva espiritual. Abierta a la acción del Espíritu Santo, considerándolo como el dador de vida. Así -agrega- la oración dejará de vivirse como un evento para constituirse en un ámbito de conexión con Dios. Desde luego, este proceso nos llevará a hacer un discernimiento verdadero, capaz de cumplir la voluntad de Dios para el ahora.

Ante esta necesidad de formación en la sinodalidad y de forma sinodal, Monseñor Luis Marín propuso algunas claves formativas que superan la trinchera individual para valorar la riqueza del hogar, abandonando la condición de privilegio de laicos y consagrados, se trata de bajarse del pedestal para entregarse a la comunión.

Las propuestas

En este sentido el obispo español asegura que será necesario formar en la opción por Cristo, partiendo de la experiencia del resucitado, adoptando la dimensión eclesial y el carácter comunitario que brota del Bautismo, dispuestos a vivir la apertura y la integración, respetando y valorando la diversidad.

Una formación en la humildad y el servicio para que la corresponsabilidad sea un ejercicio propio del ministerio, donde la actitud de la escucha sea fundamental, así como el diálogo para el discernimiento de la realidad. Una formación en el conocimiento del mundo y las exigencias evangelizadoras.

Dentro de las propuestas para la profundización teológica que acompañarían este tipo de formación en la sinodalidad, Monseñor Luis Marín insiste en caracterizar este tipo de formación en la sinodalidad para que se relacione con temas como la eclesiología del pueblo de Dios, la eclesiología de comunión, la perspectiva ecuménica, el diálogo interreligioso e intercultural y la vivencia de los sacramentos; así como la evangelización y la misión compartida.

Lo más importante advierte Monseñor Marín es que se viva a plenitud el carisma y la vocación individual, tranzándose como horizonte de felicidad, la santidad que se mantiene fuera de las élites y asumiendo con creatividad las estructuras sinodales.

Para cerrar su conferencia Monseñor Luis Marín, mencionó las características de la fase continental del Sínodo y exhortó a los jóvenes a participar en el proceso por cuanto representan el presente y el futuro de la Iglesia. Su invitación a los jóvenes fue a enamorarse de Cristo, a experimentar su presencia viva, con disponibilidad y confianza, rompiendo el círculo del egoísmo en la propia vida. «Sean generosos, no tengan miedo, no busquen seguridades sino las que nos da Cristo. Sean acogedores e inclusivos, no repartan condenas, no excluyan a nadie, sean comunidad de amor. Comprométanse de verdad, no como personas domesticadas y acomodaticias, sino desde la radicalidad del Evangelio. Sean creativos; mejor que repetir ideas y conceptos, procuren ofrecer el testimonio de la propia vida. Recorran con entusiasmo el camino del Evangelio, impulsados por el Espíritu Santo, que renueva y da vida. Otro mundo es posible: cámbienlo desde Cristo. No se conformen, no se resignen, vivan este tiempo de gracia, sin angustias, sin temores, con emoción, con alegría».

Un cambio a mejor en Brasil

¿Qué destino queremos: la barbarie o la democracia?

 Por Leonardo Boff

Exceptuando a la clase dominante que se enriquece con regímenes autoritarios y de ultraderecha, como el actual, en la gran mayoría existe la conciencia de que así como está Brasil no puede continuar.
Debe haber un cambio para mejor. Para eso pienso que deben ser atendidos
algunos requisitos básicos. Enumero algunos.

  1. Rehacer el contrato social.

Este significa el consenso de todos, expresado por la constitución y por el ordenamiento jurídico, de que queremos convivir como ciudadanos libres que se aceptan mutuamente, más allá de la diferencias de pensamiento, de clase social, de religión y de color de piel.

Pues bien, el contrato social se ha roto con el actual gobierno. El tejido social se ha desgarrado. El ejecutivo hace poco caso de la constitución, pasa por encima de las leyes, menosprecia las instituciones democráticas, incluso las más altas como el Supremo Tribunal Federal (STF). A causa de esta revolución a la inversa, autoritaria, de sesgo ultraconservador y fascista, apoyada por sectores significativos de la sociedad
tradicionalmente conservadora, la gente se ha dividido, dentro de las familias y entre amigos, e incluso se odian, cuando no se cometen asesinatos por razones políticas.

Si no rehacemos el contrato social, volveremos al régimen de fuerza,
del autoritarismo y de la dictadura, con las consecuencias inherentes: represión, persecuciones, prisiones, torturas y muertes. De la civilización estaremos a un paso de la barbarie.

2. Rescatar la civilidad.

Es decir, debe prevalecer la ciudadanía. Se trata de un proceso socio-histórico en el que la masa forja una conciencia de su situación de subordinación, se permite elaborar un proyecto y unas prácticas en el sentido de dejar de ser masa y pasar a ser pueblo,
protagonista de su propio destino. Esto no lo concede el Estado. Lo conquista el propio pueblo en la medida en que se organiza, y se enfrenta a las clases del atraso y hasta al Estado clasista.

Ahora bien, este proceso ha sido impedido siempre por la clase dominante que busca mantener a las masas en la ignorancia para manipularlas mejor e impedir, con violencia, que levanten la cabeza y se movilicen. La ignorancia y el analfabetismo son políticamente deseados . El 10% más rico, que supone hasta el 75% de la riqueza nacional, ha hecho un proyecto para sí, de conciliación entre ellos, con exclusión siempre de las grandes mayorías.

No tenemos un proyecto nacional que nos incluya a todos. Esto sigue siendo así hasta el día de hoy. Es quizás nuestra mayor lacra, pues se ignora al 54% de los afrodescendientes, los quilombolas, los indígenas y los millones cobardemente marginados. Sin ciudadanía no hay democracia.

3. Recuperar la democracia mínima.

Nunca ha habido en nuestro país una verdadera democracia representativa
consolidada, en la que estuviesen presentes los intereses generales de la nación. Los elegidos representan los intereses particulares de su segmento (bancada evangélica, del ganado, de la bala, de la agroindustria, la minería, los bancos, la educación privada, etc.) o de los que financian sus campañas.

Pocos piensan en un proyecto de país para todos, que supere la brutal desigualdad heredada de la colonización y principalmente de la esclavitud.
Pocas veces en nuestra historia la democracia ha mostrado ser una farsa como con el actual gobierno, una confabulación de los políticos con un ejecutivo que gobierna para sus electores y no para todos, inventando incluso un vergonzoso presupuesto secreto, sin ninguna transparencia, destinado primordialmente a comprar el voto de la reelección de un ejecutivo que usa la mentira, las fake news como política de gobierno, la brutalización del lenguaje y de los comportamientos, que vive amenazando con un golpe de estado, y desmontando las principales instituciones nacionales como la educación, la salud, la seguridad (permitiendo más de un millón de armas en manos de ciudadanos inclinados a la violencia).

Es urgente recuperar la democracia representativa mínima, para después
poder profundizar en ella, hacerla participativa y socioecológica. Sin esta democracia mínima no hay como hacer funcionar con el debido cuidado la
justicia y el derecho; las instituciones nacionales se debilitan, especialmente la sanidad colectiva, la educación para todos y la seguridad, cuyas fuerzas policiales suelen ejecutar con frecuencia a jóvenes negros y pobres de la periferia.

4. Fomentar la educación, la ciencia y la tecnología.

Vivimos en una sociedad compleja que para atender sus demandas necesita la educación, el fomento de la ciencia y la tecnología. Todo esto ha sido descuidado y combatido por el gobierno actual. De continuar así, seremos conducidos al mundo premoderno, destruyendo nuestro incipiente parque industrial (el mayor de los países en desarrollo), nuestra educación que estaba consiguiendo calidad y universalidad a todos los niveles, beneficiando especialmente a estudiantes de enseñanza primaria, alimentados por la agricultura familiar y orgánica, el acceso de pobres, por cotas, a la enseñanza superior, a las escuelas técnicas y a las nuevas universidades.

Podemos informarnos toda una vida, nos advertía la gran filósofa Hannah Arendt, sin educarnos nunca, es decir, sin aprender a pensar críticamente, construir nuestra identidad propia y ejercer de forma práctica nuestra ciudadanía. Si no recuperamos el tiempo perdido, podremos transformarnos en un país paria, marginalizado del curso general del mundo.

5. Tomar conciencia de nuestra importancia única en el tema de la ecología integral para ayudar a salvar la vida en el planeta. El consumismo actual exige más de una Tierra y media, que no tenemos (Sobrecarga de la Tierra).

Debemos asumir además como un hecho científico asegurado que ya estamos dentro de un nuevo régimen climático de la Tierra. Con la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera ya no podremos evitar eventos extremos fatales: sequías prolongadas, nevadas intensas e inundaciones, pérdida de la biodiversidad, pérdida de cosechas, migración de muchos miles de personas que no consiguen adaptarse y que estarán sometidos al hambre y a los nuevos virus que vendrán (virosfera).

Habrá gran escasez mundial de agua, de alimentos, de suelos fértiles. En este contexto, Brasil podrá desempeñar una verdadera función salvadora por ser la potencia mundial del agua dulce, por la extensión de suelos fértiles y por la Amazonia, que, preservada, podrá secuestrar millones de toneladas de CO2, devolvernos oxígeno, proporcionar humedad a regiones a miles de kilómetros de distancia y por su riqueza geo-bio-ecológica podrá atender las necesidades de millones de personas en el mundo.

Nuestros gobernantes tienen escasa conciencia de esta relevancia y hay poquísima conciencia en la población. Posiblemente nos tocará aprender con el sufrimiento que vendrá y que ya se manifestó entre nosotros con las desastrosas inundaciones ocurridas en varios países en este año de 2022.

O colaboramos todos en el planeta Tierra dándonos las manos o iremos a engrosar el cortejo de los que se dirigen a su propia tumba, como nos advirtió Sigmunt Bauman poco antes de morir. En palabras del Papa Francisco: “todos estamos en el mismo barco, o nos salvamos todos o no se salva nadie”. La cuestión esencial no radica en la economía, la política y la ideología, sino en la supervivencia de la especie humana, realmente amenazada.

Todas las instancias, los saberes y las religiones deben aportar su contribución si todavía queremos seguir viviendo en este pequeño y hermoso planeta Tierra.

6. Finalmente, dejando de lado otros aspectos importantes, debemos crear las condiciones para una nueva forma de habitar la Tierra.

La dominante hasta ahora, aquella que nos hacía dueños y señores de la naturaleza, sometiéndola a nuestros propósitos de crecimiento ilimitado, sin sentirnos parte de ella, ha agotado sus virtualidades.

Trajo grandes beneficios para la vida común, pero creó también el principio de autodestrucción con todo tipo de armas letales. Debemos hacer el cambio hacia otra forma en la cual todos se reconocerán como hermanos y hermanas, los humanos entre sí y también con la naturaleza (los vivos tenemos el mismo código genético de base), sintiéndonos parte de ella y éticamente responsables de su perpetuidad. Será una biocivilización, en función de la cual estarán la economía y la política y las virtudes del cuidado, de la relación suave, de la justa medida y del lazo afectivo con la naturaleza y con todos sus seres.

Para que en nuestro país se creen tales condiciones para esa civilización de la buena esperanza, tenemos que derrotar la política del odio, de la mentira y de las relaciones inhumanas que se han instaurado en nuestro país. Y hacer que triunfen aquellas fuerzas que se proponen recuperar la democracia mínima, el civismo, la decencia en las relaciones sociales y un sentido profundo de pertenencia y de responsabilidad por nuestra Casa Común.

Las próximas elecciones significarán un plebiscito sobre qué tipo de país
queremos: el de la barbarie o el de la democracia.

*Leonardo Boff ha escrito Habitar la Tierra, Vozes 2022; El doloroso parto de la Madre Tierra, Vozes 2021.

Asamblea eclesial de A.L. y El C.

DOCUMENTO FRUTO DE LA PRIMERA ASAMBLEA ECLESIAL DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Ofrecer un aporte significativo a la reflexión y al caminar de las comunidades en nuestro continente con la certeza de que «todos somos discípulos misioneros en salida», es el objetivo del documento que surge como fruto de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.

Un evento efectuado en México de modo presencial y virtual del 21 al 28 de noviembre de 2021 y que la presidencia del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) entregó al Papa Francisco este 31 de octubre.

«Hacia una Iglesia sinodal en salida a las periferias; reflexiones y propuestas pastorales a partir de la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe,» es el título del documento que en tres capítulos, profundiza en la historia de una experiencia única en su naturaleza, cuyos aportes son fruto del desborde del Espíritu, como lo califican sus autores.

La publicación muestra los pasos de un proceso que aún no termina, un itinerario que plantea desafíos desde lo conceptual y actitudinal para la Iglesia latinoamericana y caribeña. Se destaca entre estas fases, la referida al discernimiento y el diálogo; porque plantea nuevas propuestas pastorales que intentan responder a los clamores del pueblo de Dios tras pronunciarse de múltiples maneras durante el tiempo dedicado a la escucha. Oportunidad que abrió la posibilidad de reconocer los avances en muchas de las apuestas de la Iglesia, sin desconocer las incertidumbres y vacíos que deben atenderse, si estamos decididos a dejarnos interpelar por el llamado del Papa Francisco a vivir la sinodalidad.

Realidades que llaman y alientan

El documento «Hacia una Iglesia sinodal en salida a las periferias” inicia recordando que la Asamblea Eclesial es un camino de escucha recíproca que aspira construir un futuro más sinodal. Para ello, toma como punto de referencia los signos de los tiempos que llaman a la acción y alientan en la tarea.

La pandemia como hito histórico, marca un cambio de época en el mundo con efectos tangibles en la realidad de nuestros pueblos; perceptibles en las profundas inequidades socioeconómicas, la fragilidad de nuestras democracias y el grave peligro que corre nuestra casa común; mientras los pueblos y ciudades son determinados por el fenómeno migratorio. Contextos en los que se desarrolla la fe de los pueblos latinoamericanos y caribeños en donde emergen los rostros de quienes son protagonistas de estas realidades: los jóvenes, mujeres, familias, además de los pueblos originarios y afrodescendientes; todos con el mismo punto de encuentro.

La Iglesia, pueblo de Dios que en la juventud adelanta un camino en el discipulado, las mujeres que trabajan por un lugar más determinante en su misión, los pueblos originarios y afrodescendientes que claman por un mayor protagonismo.

En la misma medida, están temas como la necesidad de reflexionar sobre los itinerarios formativos en seminarios y casas religiosas, las voces que piden escucha y acción ante los casos de abuso al interior de la Iglesia y la experiencia personal de encuentro con Cristo que no deja de plantar semillas en los corazones.

Una Iglesia sinodal y misionera

Expuesta la realidad, la segunda parte del documento profundiza en la interpelación que hace Dios de ella, el desafío de trabajar por una vida plena, para nuestros pueblos que exigen un examen de conciencia que incida en la conversión pastoral. En esta impronta Aparecida es una carta de navegación para el camino de la Iglesia latinoamericana y caribeña que asume los principios del Concilio Vaticano II; latentes en el Magisterio del Papa Francisco, líder de una reforma sinodal y misionera que ha presentado el itinerario hacia el Sínodo sobre la sinodalidad.

Así, el texto indica que la Asamblea Eclesial se desarrolló en el espíritu de Aparecida, reavivando su espíritu vivificador en el que Jesús es fuente de amor y misión. Para ello, el documento plantea la comunión sinodal, como un camino efectivo para motivar la salida misionera mediada por la escucha, el diálogo y el discernimiento.

Un caminar con la familia humana, una sinodalidad misionera en la que todos aportan con la conciencia de que la Iglesia, debe estar al servicio de la fraternidad, objetivo para el que necesariamente apelará al denominado “desborde creativo” que no es otra cosa que la manifestación del espíritu misionero de los creyentes que no se cansa de emprender y proponer.

Un nuevo camino por recorrer

Las realidades identificadas y los análisis hechos desde la perspectiva de la fe, nutren el deseo de aportar a la construcción de un modo diferente de ser y actuar. Esta es la intención del tercer capítulo del documento. Propuestas para una Iglesia que evangelizada es capaz de ser profética ante flagelos como la violencia o la vulneración de los derechos humanos. Y evangelizadora para otros; porque asume su tarea desde la perspectiva misionera.

Esto quiere decir que es una Iglesia que hace presente el Reino de Dios en el mundo, asumiendo que la Evangelización es integral e integradora, primero porque abarca todos los aspectos de la vida del ser humano y en segundo lugar, porque se atreve a superar el miedo a la diferencia, el prejuicio y el orgullo de perfección.

Ante este panorama puede surgir un cuestionamiento sobre el método, el camino a seguir. Al respecto, el documento propone unas líneas de acción desde seis dimensiones: la primera de ellas es la kerigmática y misionera, entendiendo que la Iglesia ha de ser signo e instrumento del encuentro con Jesucristo. En segundo lugar, está la dimensión Profética y formativa, porque debe capacitar y empoderar en lo referente a la sinodalidad y el compromiso social; pensando en superar vicios como el clericalismo y alentando la renovación de los itinerarios formativos de los aspirantes a la vida consagrada.

Religiosidad: lugar de encuentro

Lo espiritual, litúrgico y sacramental, hacen parte de la tercera dimensión propuesta por el texto, esto para que se redescubra la vivencia de los sacramentos desde la inculturación de la Palabra y valore la religiosidad popular.

En cuarto lugar, aparece la dimensión Sinodal y participativa, por cuanto las acciones pastorales que surjan a partir de la Asamblea Eclesial han de valorar la Iglesia como pueblo de Dios aceptando los nuevos ministerios y adoptando una cultura eclesial marcada fundamentalmente por lo laical, donde las mujeres tengan el merecido protagonismo por el que han trabajado y que la conversión de las estructuras sea tangible.

Luego, está la dimensión socio transformadora donde la pastoral es profética y reconoce el rol de los cristianos en los ámbitos de la política y la economía, impulsando acciones para prevenir y reparar las situaciones de abuso sexual, de poder y conciencia al interior de la Iglesia. La idea es que se pierdan de vista las urgencias de las comunidades, entre ellos los pueblos originarios y afrodescendientes. Así este apartado del documento se cierra con la dimensión ecológica que propende por una educación y una espiritualidad comprometidas con el cuidado de la Casa Común.

El texto de la Asamblea Eclesial finaliza con el mensaje dirigido al pueblo de América Latina y la oración de consagración a la Virgen de Guadalupe. Un documento para dejarse interpelar y continuar con el itinerario transformador al que ha sido llamada la Iglesia continental.

La fe como modo de alcanzar lo real

Por Martín Gelabert

¿Y si lo verdaderamente real y lo que hace posible toda realidad no estuviera precisamente al alcance de la mano, sino más allá de lo experimentable?

Solemos entender por real o por realidad lo que es experimentable, aquello que es perceptible por los sentidos: lo que se puede tocar, ver, oír u oler. Reducimos así lo real a la materia. Si lo pensamos un poco mejor es posible que reconozcamos que hay realidades no reducibles a lo material: los sentimientos, el pensamiento, el conocimiento. Aunque también ahí seguimos limitándonos a entender por real lo experimentable.

¿Y si lo verdaderamente real y lo que hace posible toda realidad no estuviera precisamente al alcance de la mano, sino más allá de lo experimentable? Real es lo que existe, pero lo que existe no se limita a lo que podemos experimentar. La fe cristiana puede ayudarnos a responder a esta pregunta: ¿qué es lo real? “La Palabra de Dios -dice Benedicto XVI- nos impulsa a cambiar nuestro concepto de realismo: realista es quien reconoce en el Verbo de Dios el fundamento de todo”. En efecto, el creyente está convencido de que en el inicio de todo está “la Palabra” por la que todo ha sido hecho, en la que estaba la vida y que todo lo sostiene (Jn 1,3-4). De ahí la pertinencia de esta pregunta formulada por Benedicto XVI: “¿Son realidad solo los bienes materiales, los problemas sociales, económicos y políticos?”. La realidad fundante es Dios. Quién excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de “realidad” y en consecuencia solo puede terminar en caminos equivocados.

Esta concepción de lo real nos orienta hacia el modo de conocer lo real. Pues en las condiciones de este mundo es imposible ver a Dios. Solo por la fe podemos alcanzarlo. Así, fe no es solo creer lo que no vemos; es también el medio para alcanzar lo real. Al hombre moderno le resulta difícil comprender que hay formas de alcanzar la realidad que no son las experimentables. Y, sin embargo, la fe como modo de alcanzar lo real, no es única ni primeramente una idea religiosa. De hecho, es un dato antropológico que hace posible la vida, aunque no seamos conscientes de ello.

Solo por vía de creencia es posible alcanzar la realidad de lo que en la intimidad de las otras personas acontece. Pero incluso en las cosas que nos parecen evidentes hay una cierta dosis de creencia: creemos que son así como las vemos. Tomo de Pedro Laín Entralgo el siguiente ejemplo: cuando yo digo que la sal común es cloruro sódico, en realidad estoy diciendo: yo creo que este cuerpo es cloruro sódico, porque creo en la idoneidad de la química para ofrecerme como verdadera una parte de la realidad de la sal. El suelo que piso no lo pisaría si no creyese que resistirá a mi pisada. Esta creencia es la que me permite alcanzar, asumir y conocer lo real.

Importa notar esta dimensión antropológica de la fe, previa a su aplicación religiosa, porque en algunos ambientes se tiende a considerar la fe como una ilusión alienante. Esta es la idea que hay que superar y para ello nada mejor que mostrar que la fe es una dimensión permanente de la vida.

San Andrés Apóstol

Andrés el Apóstol: biografía, hechos y muerte

Andrés el Protocletus

Es un gran problema ser el primero. Solo podemos imaginar cómo se sintió Neil Armstrong como la primera persona en pisar la luna, o cómo se sintió Washington al ser juramentado como el primer presidente de Estados Unidos. Ahora imagina ser el primer seguidor de lo que se convirtió en la religión más popular del mundo.

Según la Biblia cristiana, Jesucristo tuvo 12 seguidores principales. Uno de ellos, sin embargo, tenía que ser el primero. Esa persona era Andrés , conocido en las tradiciones eclesiásticas como el Protocletus , o el primero llamado . Andrés, discípulo, apóstol y santo, ocupa un lugar especial en las culturas cristianas. Después de todo, es importante ser el primero.


Andrés fue el primero de los discípulos.

El llamado de Andrew

Se sabe muy poco acerca de los 12 apóstoles antes de ser llamados a seguir a Jesús en su ministerio. Lo que sí sabemos es que Andrés nació en Bathsaida, una pequeña ciudad en el Mar de Galilea. Parece haber sido pescador de oficio, junto con su hermano menor, Simon (más tarde rebautizado como Peter).

Hay diferentes relatos de exactamente cómo Andrew llegó a ser el primer discípulo. El Evangelio de Mateo afirma que Jesús estaba caminando por la orilla y vio a Simón y Andrés pescando. Luego los llamó y prometió convertirlos en pescadores de hombres. El Evangelio de Marcos cuenta una historia similar, mientras que el Evangelio de Lucas solo menciona a Simón y no a Andrés (al menos no directamente).

John nos cuenta una historia diferente. En su Evangelio, Andrés y Simón ya son discípulos de Juan el Bautista. Juan el Bautista reconoce a Jesús como el Mesías y les dice a sus seguidores que se conviertan en discípulos de Jesús. Andrew lo hace y más tarde también lleva a su hermano menor a Cristo.

Los eruditos bíblicos no están de acuerdo sobre cómo reconciliar exactamente estas historias. Algunos dicen que es una cuestión de cronología (un evento sucedió antes que otros), pero todos los estudiosos coinciden en que lo que realmente importa es que Andrés y Simón se conviertan en los primeros discípulos.

El relato de Juan es interesante, sin embargo, porque ilumina algo sobre el tratamiento de Andrés en la Biblia. En los cuatro evangelios, rara vez se menciona a Andrés por su nombre. Es simplemente uno de “los 12”, aunque los eruditos bíblicos creen que estaba muy cerca de Jesús y era respetado entre los discípulos. Sin embargo, cada vez que se nombra a Andrés, casi siempre se trata de una historia sobre cómo poner a alguien en una relación con Cristo , tal como lo hizo con Simón Pedro. Esto le ha dado a Andrés un lugar importante en la memoria de la Iglesia, y en muchas sectas es venerado como ejemplo de evangelización.

Andrés después de Cristo

Como saben los cristianos, los cuatro evangelios culminan con la crucifixión y resurrección de Jesucristo y (después de su partida final) el descenso del Espíritu Santo sobre sus seguidores. Este es un gran momento en la historia cristiana, ya que identificó a los discípulos como apóstoles enviados para difundir la palabra de Cristo y formar nuevas congregaciones dondequiera que fueran.

Entonces, ¿a dónde fue Andrew? Mientras su hermano se dirigía a Roma, Andrés se dirigió hacia Europa del Este. Según la mayoría de las interpretaciones de las escrituras, centró sus esfuerzos en los mares Caspio y Negro. En las tradiciones ortodoxas rusas, se dice que llegó hasta Kiev y Novgorod.

Finalmente, Andrés terminó en la aún pequeña ciudad de Bizancio (más tarde Constantinopla). Estableció la primera comunidad cristiana en Bizancio y nombró a un hombre llamado Stachys como primer obispo. Esto es significativo ya que Constantinopla se alzaría más tarde para desafiar incluso a Roma como centro de la fe cristiana. Así, Pedro fue visto como el fundador de la Iglesia en Occidente y Andrés como el fundador de la Iglesia en Oriente.

La muerte de Andrew

Mientras trabajaba en Bizancio, Andrew hizo varios viajes a Grecia. Su último fue a la ciudad de Patras . En Patras, Andrew predicó y realizó milagros de curación, lo que le permitió fundar una iglesia allí también. Según la tradición, una de las mujeres a las que curó era la esposa del procónsul romano (gobernador) de la provincia, Aegeates. Se cree que esto ocurrió durante el reinado de Nerón, cuando la persecución romana de los cristianos estaba realmente despegando, por lo que Aegeates hizo que Andrés condenara a muerte por crucifixión.

Andrés, como su hermano, aparentemente se negó a ser crucificado de la misma manera que Cristo, considerándose indigno de ese honor. En cambio, Andrew fue atado (no clavado) a una cruz en forma de X y crucificado boca abajo. Según algunas fuentes, esto fue para que pudiera ver el cielo mientras moría y anticipar su llegada al cielo.

Los restos de Andrew fueron tratados como semi-sagrados, y los peregrinos de la Iglesia primitiva acudieron en masa a Patras para presentar sus respetos. Estas reliquias fueron luego transferidas a Constantinopla en el siglo IV, y algunas fueron llevadas a Escocia por un monje que creía haber sido visitado por el santo en un sueño. Es por eso que San Andrés es el patrón de Escocia en la actualidad y por qué la bandera de Escocia lleva la cruz del mártir en forma de X. Dondequiera que estén en todo el mundo, las reliquias de San Andrés continúan atrayendo peregrinos cada año. Después de todo, de los discípulos, él fue el primero.

Resumen de la lección

En las tradiciones cristianas, Andrés era el hermano mayor de Simón Pedro, pescador , discípulo de Juan el Bautista y el primer discípulo llamado a seguir a Jesucristo. Más allá de esto, rara vez se menciona a Andrés por su nombre, pero cuando lo hace, casi siempre es en el contexto de llevar a alguien a una relación con Cristo . Después de la resurrección de Cristo, Andrés centró sus esfuerzos apostólicos en Europa del Este, y finalmente fundó la primera iglesia cristiana en Bizancio . Murió mártir en Patras, Grecia, y fue crucificado cabeza abajo en una cruz en forma de X . En el cristianismo de hoy, se le venera por hacer algo que hubiera sido extraordinariamente difícil para cualquiera: ser el primero.

El Adviento

Preparándonos para el Adviento

Por Consuelo Vélez

Hemos comenzado adviento y los textos bíblicos de la liturgia de este tiempo nos invitan a la preparación para el acontecimiento que se avecina. En efecto, que el Hijo de Dios se encarne en nuestra historia amerita que nos dispongamos para ello y revisemos si estamos preparados. Las lecturas del segundo y tercer domingo se refieren a Juan Bautista, precursor del Mesías, quien habla claramente de esta preparación.

En el segundo domingo de adviento el evangelista Mateo (3, 1-12) se refiere a la predicación de Juan Bautista: “Conviértanse porque está cerca el reino de los cielos” y haciendo referencia al profeta Isaías explica la misión que se le ha confiado: “Una voz grita en el desierto: preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”. Continúa el evangelista presentándonos la figura del Bautista diciendo que vestía piel de camello con una correa en la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Después se refiere a su dedicación a bautizar, pero también de su interpelación a los que quieren cumplir con un rito, pero no como signo de verdadera conversión. A fariseos y saduceos les dice: “¡Camada de víboras! ¿quién los ha enseñado a escapar del castigo inminente? Den el fruto que pide la conversión”. En otras palabras, Juan Bautista, como un verdadero profeta, es signo de otros valores -con su propia persona (expresado en su modo de vestir, de comer, de actuar) y con su predicación y, especialmente esta última, en la que interpela a sus oyentes de manera directa y firme.

En el tercer domingo de adviento con otro pasaje del evangelista Mateo (11, 2-11), se nos sigue presentando la figura del Bautista. En esta ocasión, el profeta manda a sus discípulos a preguntar directamente a Jesús si él es el Mesías o deben esperar a otro. La respuesta de Jesús es clara: “Vayan a anunciar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!”. Es decir, el profeta Jesús también manifiesta lo que avala la identidad de una vida: las obras que produce. Por eso invita a los discípulos a mirar lo que está aconteciendo y a descubrir en esas acciones la veracidad de su mesianismo. El evangelio termina con las palabras de Jesús sobre Juan el Bautista, confirmando también su profetismo y la manera como prepara el camino.

Estas lecturas también nos interpelan a nosotros frente a la vivencia de este tiempo. Aunque adviento es tiempo de alegría, de esperanza, de gozo, a la luz de estos textos bíblicos, también es tiempo de conversión, de testimonio, de acción. Pero aquí vienen las preguntas que nos hacemos, año tras año, y que parece no logramos responder con los hechos. ¿Qué distingue la vivencia cristiana de este tiempo de la manera secular de celebrar estos días? Los centros comerciales se decoran con motivos religiosos y no religiosos (árboles de navidad, Papá Noel, renos, nieve, etc.), adornos que también invaden las iglesias, las calles, los parques y los hogares. Pero ¿todos estos símbolos -que en sí mismos no son buenos ni malos- que mensaje nos transmiten? ¿a qué nos remiten? El otro aspecto que caracteriza este tiempo son los regalos. Por una parte, fomentan la sociedad de consumo porque parece que es de obligado cumplimiento comprar algo en estos días. Por otra, animan a la generosidad porque hay empresas y personas que destinan una parte de sus recursos a comprar regalos para los niños, con la motivación, como se dice, de “alegrarles la navidad”. Es decir, este tiempo de espera de la navidad tiene la ambigüedad de todo lo humano: una parte de superficialidad y consumo y otra parte de gratuidad, de compartir y de estrechar lazos con la familia y los amigos.

Pero eso no quita que no intentemos reorientar el sentido auténtico de estas fiestas y, no busquemos cómo conectarnos con lo realmente importante. Y las lecturas que hemos señalado nos dan algunas pistas. Sí Jesús es el Mesías esperado y en verdad queremos acogerlo, hemos de mirar más su actuar y ponernos en sintonía con ese horizonte. El Niño que nace trae el cambio de las situaciones injustas a situaciones justas expresadas en que los ciegos ven, los sordos oyen, etc. Este es el verdadero espíritu de adviento: transformar las situaciones, pero no mientras se viven estas fiestas, sino de manera estructural. No basta con dar regalos a los niños. Es necesario preguntarse qué hay que hacer para que todo niño tenga derecho a la salud, a la educación, a la comida, a la recreación, a la familia, todos los días de su vida. No basta con expresar el cariño en este tiempo sino convertir ese cariño en obras a lo largo de todo el año: más unión familiar, más solidaridad mutua, más compañía, verdadero amor expresado a través de los actos concretos. No basta con adornar las ciudades sino buscar que ellas pueden ser lugares de posibilidades para las personas en todos los tiempos. En otras palabras, Adviento es un tiempo cálido, colorido, festejado, pero ha de ser mucho más: tiempo de conversión a más justicia, a más solidaridad, a construir un país y un mundo donde la vida sea posible, también la vida del planeta. Un mundo donde se note que el Niño Jesús que viene y que los cristianos conmemoramos, año tras año, realiza lo que ha prometido a través de nuestro compromiso de hacerlo posible. Adviento es tiempo de ponernos en camino para transparentar con nuestras obras que el Mesías esperado efectivamente llega para “allanar todos los senderos” para “reunir el trigo en el granero y quemar la paja en la hoguera”.

Democratizar a Iglesia (9)

Democratizar la Iglesia, camino para hacerla más comunión (9)

Rufo González

“Nuestro Papa Francisco tiene comprensión para todos, excepto para quienes fueron sus compañeros y hermanos en el ministerio. El tema del celibato parece el único tema absolutamente intocable, del que no es lícito ni siquiera hablar”

Que toda comunidad pueda “reunirse, unirse, escucharse, discutir, rezar y decidir”

Esta es una de las denuncias de Francisco al clero despótico: “El clericalismo olvida que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios (cfr. LG 9-14). Y no solo a unos pocos elegidos e iluminados” (Carta al Cardenal M. A. Ouellet. Vaticano, 19 marzo 2016). Lo triste es que la “visibilidad y sacramentalidad” están reservadas por ley al clero. La ley obliga al vestido eclesiástico, a exhibir signos distintivos de sus diversas categorías y a decidir sólo ellos. “Visibilidad-sacramentalidad” se han puesto, no en la vida al modo de Jesús, sino en el hábito y en el poder decisorio, que ostentan por ley “solo unos pocos elegidos e iluminados”. Así se identifica la Iglesia con el clero y afines, por sus atuendos y poder absoluto en sus diversos niveles.

“La visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia” se haría patente que “pertenecen a todo el Pueblo de Dios” si todo el Pueblo de Dios pudiera “reunirse, unirse, escucharse, discutir, rezar y decidir”, como predica el Papa Francisco. Esta doctrina fue expuesta por él en una renombrada homilía en Santa Marta, donde habitualmente celebra la eucaristía. En concreto fue el 28 de abril de 2016, jueves de la 5ª semana de Pascua. El texto base de la homilía era Hechos de los Apóstoles 15, 7-21. El centro del comentario era la acción del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia. Homilía profética que provoca a la Iglesia a convertirse al Espíritu en todos los niveles.

Resumo sus principales argumentos:

“El Espíritu Santo es el protagonista:

– Es Él quien desde el primer momento dio la fuerza a los apóstoles para proclamar el Evangelio… El Espíritu lleva a la Iglesia adelante…, con sus problemas… Cuando estalla la persecución es Él quien da la fuerza a los creyentes para permanecer en la fe, en los momentos de resistencias y de encarnizamiento de los doctores de la ley.

– En este caso, hay una doble resistencia a la acción del Espíritu: la de quienes creían que `Jesús había venido sólo para el pueblo elegido´ y la de quienes querían imponer la ley mosaica, incluida la circuncisión, a los paganos convertidos. `Hubo una gran confusión en todo esto´.

– El Espíritu ponía los corazones en un camino nuevo: eran las sorpresas del Espíritu. Y los apóstoles se encontraron en situaciones que nunca habían creído, situaciones nuevas”.

“¿Y cómo gestionar estas nuevas situaciones?

– El pasaje de hoy comienza así: `En esos días, había surgido una gran discusión´… Ellos, por una parte, tenían la fuerza del Espíritu, el protagonista, que les empujaba a ir adelante. Pero el Espíritu les llevaba a ciertas novedades, ciertas cosas que nunca habían hecho. Ni siquiera las habían imaginado. Que los paganos recibieran el Espíritu Santo, por ejemplo.

– Los discípulos `tenían la patata caliente en las manos y no sabían qué hacer´.. Convocan una reunión en Jerusalén, donde cada uno puede contar su experiencia, cómo el Espíritu desciende también sobre los paganos”.

“Y al final se pusieron de acuerdo. Pero antes hay algo hermoso:

– ‘Toda la asamblea calló y escucharon a Bernabé y Pablo, que referían los signos y prodigios que Dios había realizado entre las naciones, por medio de ellos’.

Escuchar, no tener miedo de escuchar. Cuando uno tiene miedo de escuchar, no tiene el Espíritu en el corazón. Escuchar: ‘¿Tú qué piensas y por qué?’. Escuchar con humildad.

– Tras escuchar, decidieron enviar a las comunidades griegas, es decir, a los cristianos venidos del paganismo, a algunos discípulos para tranquilizarles y decirles: ‘Está bien, seguid así’. Los paganos convertidos no están obligados a la circuncisión.

– Es una decisión comunicada a través de una carta en la que el protagonista es el Espíritu Santo. De hecho, los discípulos afirman: “El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido..”.

“Esta es la vía de la Iglesia ante las novedades, las sorpresas del Espíritu:

– El Espíritu siempre nos sorprende. ¿Y cómo resuelve la Iglesia esto?… Con la reunión, la escucha, la discusión, la oración y la decisión final. Este es camino de la Iglesia hasta hoy. Y cuando el Espíritu nos sorprende con algo que parece nuevo o que ‘nunca se ha hecho así’… Pensad en el Vaticano II, en las resistencias que tuvo”.

“También hoy las resistencias siguen de una forma u otra, y el Espíritu va adelante:

– El camino de la Iglesia es este: reunirse, unirse, escucharse, discutir, rezar y decidir. Esta es la llamada sinodalidad de la Iglesia, en la que se expresa la comunión de la Iglesia. ¿Y quién hace la comunión? ¡Es el Espíritu! Otra vez el protagonista”.

“¿Qué nos pide el Señor?:

Docilidad al Espíritu… No tener miedo, cuando vemos que es el Espíritu quien nos llama. El Espíritu a veces nos detiene, como hizo con San Pablo, para hacernos ir a otra parte, `no nos deja solos´, nos da valor, nos da la paciencia, nos hace ir seguros por el camino de Jesús, nos ayuda a vencer las resistencias y a ser fuertes en el martirio.

– Pidamos al Señor la gracia de entender cómo avanza la Iglesia…, cómo desde el primer momento afrontó las sorpresas del Espíritu, y también, para cada uno de nosotros, la gracia de la docilidad al Espíritu, para ir por el camino que el Señor Jesús quiere…”.

El clericalismo impide “reunirse, unirse, escucharse, discutir, rezar y decidir”. Las leyes actuales, impuestas por el clero, ponen límites al Espíritu. No puede discutirse lo que el presidente de cada comunidad declara como indiscutible. Tenemos ejemplos.

– Pablo VI prohibió discutir la ley del celibato al concilio Vaticano II.

– Juan Pablo II, a la más leve insinuación de algunos obispos a reconsiderar esta ley, mantenía lo dicho a los cardenales alemanes: “demasiados hablan de replantearse la ley del celibato eclesiástico. ¡Hay que hacerles callar!”.

“La actitud de los sacerdotes casados latinoamericanos es ejemplar, emocionante. Pena que chocan contra un muro. Nuestros Papa Francisco tiene comprensión para todos, excepto para quienes fueron sus compañeros y hermanos en el ministerio. El tema del celibato parece el único tema absolutamente intocable, del que no es lícito ni siquiera hablar” (Comentario de Denker a mi post del 07.10.2022 RD 09.10.2022).

– Cualquier sínodo diocesano está regulado por lo que quiera el obispo. Él decide qué temas se tratan y cuáles no. Más aún, él señala al secretario, a la mesa, a los que harán el resumen, qué conclusiones se aceptan y cuáles no…

– Nombramientos diocesanos: obispos, vicarios generales o territoriales, delegados del clero (más bien “del obispo”)… Hubo una época en que pedían “nombres” al menos a los sacerdotes. Ya ni eso. Y, además, convierten en casi vitalicios los cargos más decisivos.

– En las parroquias: el párroco decide si hay Consejo Pastoral, de Economía (a pesar de estar imperado por el Código Canónico), de catequesis, de liturgia.. Auténtico caciquismo en pleno siglo XXI. Los fieles pagan, se evaden, critican, emigran, abandonan…

Necesitamos comunidades adultas, donde su presidente no sea el centro, el “que lo hace todo”. Todos “tienen la misma dignidad y libertad de hijos Dios, el mismo amor de Jesús, la misma pretensión de realizar el Reino” (LG 9). Iguales, corresponsables, fraternales… no pueden ser palabras vacías. Hay que vivir en el Espíritu creador, que ilumina para más y mejor anunciar el Evangelio.

Una comunidad no infantilizada participa en la elección de personas preparadas y adecuadas, sin distinción de sexo ni de estado. Está abierta a la voz y al voto en lo posible evangélicamente. “No apaguéis el espíritu… Quedaos con lo bueno” (1Tes 5,19), tendría que poder realizarse en toda comunidad eclesial

San Andrés

San Andrés Apóstol (El primero en seguir al Maestro)

San Andrés Apóstol

Por Francisca Abad Martín

Cuando es llamado y elegido por Jesús, asume con entusiasmo y sencillez su misión apostólica. No destaca especialmente en el Evangelio, pero da testimonio con su martirio en una cruz en forma de aspa, en que queda reflejada su fidelidad a la misión confiada por Jesús: ”Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio”.

Sabemos poco de su vida, solamente que era hermano de Simón Pedro, naturales de Betsaida, pequeña ciudad situada junto al lago de Genesaret, aunque parece ser que en los tiempos de la vida pública de Jesús su residencia estaba en Cafarnaúm, junto a su hermano Pedro, que estaba casado y vivía con su mujer en casa de su suegra. Probablemente Andrés era soltero, aunque el Evangelio no menciona nada a este respecto, porque escasas veces hacen referencia a él.

Juan y Andrés habían sido discípulos del Bautista y con él estaban en el río Jordán, cuando al pasar Jesús, Juan exclama: “He aquí el Cordero de Dios”. Ambos quedaron atónitos ante estas palabras y subyugados por la personalidad de Jesús, tanto que deciden seguirle. Jesús se vuelve y les pregunta: “¿Qué buscáis?” y ellos, en lugar de responderle, le hacen otra pregunta: “Rabí ¿dónde vives?” y Jesús les dice: “Venid y ved”. Fueron con Él hasta Cafarnaúm y se quedaron a su lado aquel día. Al llegar Andrés a casa de Pedro le dice: “Hemos hallado al Mesías” y Pedro el impetuoso, contagiado por el entusiasmo de su hermano, corre hasta Jesús y ya no se separarán de su lado.

Durante los tres años de la vida pública de Jesús, Andrés se hunde en el anonimato; apenas aparece, solo en contadas ocasiones es citado por los evangelistas. Sabemos que era pescador, lo mismo que Pedro, pero de carácter y talante bien distintos; frente a la fogosidad de Pedro, Andrés aparece más sereno y calmado. Aunque seguramente Andrés participaría en las pequeñas rivalidades entre los Apóstoles, no se arroga el honor de ser el primer llamado, ni parece jugar un papel relevante entre los doce, pues en los hechos más destacados de Jesús solo son mencionados tres: Pedro, Santiago y Juan.

Después de la Ascensión de Jesús, cuando todos se lanzan a predicar su doctrina, los documentos más antiguos, nos sitúan a Andrés por la zona de Asia Menor, Tracia, Bizancio, Capadocia y el Peloponeso, concretamente en esta última zona es donde sitúan su martirio, en la región de Acaya y en la población de Patrás. Existe una narración de los presbíteros de Acaya, donde el procónsul romano Egeas, temiendo la rápida eficacia de la predicación de Andrés, busca un sufrimiento refinado para él. Primero manda azotarlo bárbaramente y después atarlo en una cruz en forma de aspa, conocida siempre como la cruz de San Andrés. Dicen que estuvo en ella cuatro días y cuatro noches, instruyendo a sus discípulos, hasta que expiró.

En Patrás se encuentra precisamente una iglesia ortodoxa muy bonita dedicada a San Andrés y en toda la ciudad le tienen una gran devoción. Su culto se extendió, tanto en la Iglesia Oriental como en la Occidental.

Reflexión desde el contexto actual:

Todos los Apóstoles han de ser vistos como personas excepcionalmente predestinadas y elegidas por Jesucristo para formar el Colegio Apostólico, hombres que gozaron del privilegio de poder seguir a Jesús durante el tiempo   que permaneció en nuestra tierra, compartiendo con Él los afanes de cada día y siendo receptores directos de sus divinas enseñanzas. El título de apóstol que ostenta Andrés es la más grande distinción con la que el Maestro pudo enaltecer a unos humildes pescadores de Galilea. A Andrés le cabe también el honor de haber testimoniado heroicamente su fe en Cristo y por ello habrá de ser recordado por todas las generaciones que pueblan la tierra. Nuestro agradecimiento por su compromiso y ejemplaridad.

Cuando falta la salud

por Rafael Salomón

Apagar el despertador, abrir la ventana, levantarse y esas pequeñas cosas que parecen tan insignificantes, cuando estamos enfermos son casi imposibles de realizar. Un ligero dolor o una gripa hacen que esas cosas tan elementales, se conviertan en una acción de enormes dimensiones. La salud es un don que se debe valorar, cuando falta, la vida comienza a volverse lenta, con muy poco sentido y especialmente se debilita nuestra pasión por todo aquello que nos motiva; estar enfermo también es un acto de aceptación, poco se puede hacer.

La espera de una mejor salud es todo lo que se anhela, si la falta de salud va acompañada de dolor, la situación se complica y la desesperación se instala en nuestras vidas. Aún recuerdo las palabras de mi padre mientras sostenía con sus manos ese plástico blanco que habían introducido en su garganta, un proceso llamado traqueotomía permanente, se hace una abertura en la tráquea.

Entonces se inserta un tubo (cánula) en la tráquea a través de la abertura la persona respira usando la cánula. Nos decía: -Quiero que me quiten esto, es muy molesto. Lo que mi padre no sabía, era que ese tubo lo iba a acompañar por el resto de su vida. Tan solo imaginar esa sensación en su garganta me hace comprenderlo cada vez más en el dolor e incomodidad que sintió.

Sin embargo, eso nunca le restó ni fuerzas, ni ganas de vivir, mi padre luchó por su vida hasta el útimo momento y para expresarlo de la mejor manera, lo hizo hasta su útimo aliento. Así que, desde este espacio de reflexión, quiero invitarles a que seamos más empáticos con nuestros hermanos que están enfermos, quienes están buscando esa mejora en sus vidas o aquellos que desean sentirse bien; la enfermedad nos cambia los planes y prioridades, ajusta nuestros sueños y nos recuerda que somos vulnerables.

Una oración por los enfermos

Los hospitales me hacen reflexionar que muchas veces ahí comienza y termina la vida, es en un hospital donde se dictamina la sentencia: sano o enfermo, vida y muerte. La esperanza y la fe durante la enfermedad deben ser nuestros pilares esenciales para mejorar y así tener una actitud positiva frente a lo que nos espera, de ello puedo dar testimonio acerca de lo que mi padre tuvo que vivir, ya que cada respiración era difícil de hacer y de eso dependía su supervivencia.

Las pequeñas cosas que nos quita la enfermedad, son los grandes acontecimientos que hacen de nuestra existencia algo único y maravilloso; beber un té, tomar una ducha, saborear algún platillo, conversar con alguien, salir a caminar, orar. Todo lo anterior se vuelve tan complejo y se dificulta en ocasiones por la enfermedad, es una situación que nos impide disfrutar la sencillez de la vida.

Elevemos nuestra oración por quienes llevan mucho tiempo enfermos, por aquellos hermanos que aún no se han podido recuperar o ya no podrán hacerlo.

“Yo soy el Señor, que les devuelve la salud” Éxodo 15,26. Por eso podemos tener toda confianza cuando acudimos ante Él, para llevarle nuestras peticiones de salud física, emocional o espiritual. Seamos empáticos, tratando de entender ese proceso en el que se encuentran y dediquemos nuestra atención y paciencia, que un día, seremos nosotros quienes nos encontremos en esa situación.