Etapa Continental del Sínodo

En camino a la Etapa Continental del proceso sinodal

En camino a la Etapa Continental del proceso sinodal

Esperemos que esta fase continental lleve a los participantes a ¡Escuchar! y a buscar respuestas efectivas. De no hacerlo, una vez más la Iglesia va a quedar muy rezagada y, simplemente, el Pueblo de Dios, no esperará más respuestas, sino que vivirá su fe -como ya lo están haciendo muchos- de manera sincera, pero sin pertenencia eclesial

Tal vez el punto que sigue mostrando su irreversibilidad es la urgencia de “repensar la participación de las mujeres”: hay una creciente conciencia sobre la participación plena de las mujeres en la vida de la Iglesia porque ellas son las que más viven la pertenencia eclesial y, sin embargo, son los varones los que toman las decisiones

Lo primero que salta a la vista es la premura del tiempo. ¿Cómo movilizar una reflexión sinodal continental en cinco meses cuando ha sido tan difícil lograr involucrar al pueblo de Dios en todo un año de trabajo local?

Por Consuelo Vélez

Documento Asamblea Eclesial: Evangelización inculturada, formación para superar el clericalismo y mujeres protagonistas
Documento Asamblea Eclesial: Evangelización inculturada, formación para superar el clericalismo y mujeres protagonistas

Con fecha 24 de octubre se publicó el Documento de la Etapa Continental (DEC) del proceso sinodal. Con este documento que consta de 109 numerales y 4 partes (La experiencia del proceso sinodal, A la escucha de las Escrituras, Hacia una Iglesia sinodal misionera y Próximos pasos) se da comienzo a la segunda fase que tendrá dos momentos: elaboración de documentos continentales hasta el 31 de marzo de 2023 y elaboración del Instrumentum laboris hasta junio de 2023. Este documento de trabajo se llevaría a la primera asamblea sinodal en octubre 2023. El título del DEC “Ensancha el espacio de tu tienda” (Is 54, 2) marca una intencionalidad fundamental: la Iglesia necesita convertirse en un espacio capaz de vivir la comunión, la participación y la misión a la que está llamada (n.10). También necesita ser una Iglesia menos de mantenimiento y conservación y más una Iglesia misionera (n. 99)

Lo primero que salta a la vista es la premura del tiempo¿Cómo movilizar una reflexión sinodal continental en cinco meses cuando ha sido tan difícil lograr involucrar al pueblo de Dios en todo un año de trabajo local? El DEC trata de facilitar el proceso recordando el método de conversación espiritual usado en la primera fase: (1) que cada participante tome la palabra (2) la resonancia de la escucha a los demás y (3) el discernimiento (n. 109). También el DEC señala las tres preguntas que, una vez trabajadas en las Iglesias locales, se han de considerar en los encuentros continentales: (1) ¿Qué resuena más fuertemente de las experiencias y realidades concretas de la Iglesia en el continente? (2) ¿Qué tensiones o divergencias sustanciales surgen desde la perspectiva del continente y que han de abordarse en las próximas fases del proceso? (3) ¿Cuáles son las prioridades, los temas recurrentes y las llamadas a la acción que han de ser discutidas? (n.106)

Desde el inicio se advierte que este documento no es un documento conclusivo, ni un documento del magisterio, ni un informe de una encuesta sociológica, ni ofrece las indicaciones para el camino a seguir. Pretende ser un documento fruto de haber escuchado la voz del Espíritu por parte del Pueblo de Dios, permitiendo que surja su sensus fidei y está orientado al servicio de la misión de la Iglesia (n. 8). Retoma algunas citas textuales de las síntesis de algunas conferencias episcopales, otras veces dice que alguna petición fue reiterada por muchas conferencias y otras que fue una petición más aislada.

Veamos algunos de los logros y desafíos que el documento señala. Entre los logros reconoce que la primera fase de escucha alimentó el deseo de una Iglesia cada vez más sinodal (n. 3), despertó en los fieles laicos, la idea y el deseo de implicarse en la vida de la Iglesia (n. 15), fortaleció el sentimiento de pertenencia y la toma de conciencia, a nivel práctico, de que la Iglesia no son sólo los sacerdotes y los obispos (n. 16). Además, se valoró el método de la conversación espiritual que permitió mirar la vida de la Iglesia y llamar por su nombre tanto a las luces como a las sombras (n. 17). Una idea teológica fundamental que, se repite varias veces, es la afirmación de la dignidad común de todos los bautizados, auténtico pilar de la Iglesia sinodal y fundamento teológico de esa unidad (n. 9; 22), reconociendo que aún falta desarrollar más esta teología bautismal (n. 66).

Los frutos de la fase de escucha, el documento los expresó mediante cinco tensiones creativas: (1) La escucha, (2) El impulso hacia la misión, (3) La misión ha de asumirse con la participación y corresponsabilidad de todos los bautizados, (4) La construcción de estructuras e instituciones que hagan posible la vivencia de la comunión, la participación y la misión, (5) La liturgia, especialmente la liturgia eucarística en la que de hecho se vive la comunión, la participación y la misión (n. 11).

Entre las dificultades que se anotan está la resistencia que mostraron algunos sectores de la jerarquía y del laicado, el escepticismo frente a la posibilidad de que la iglesia cambie (n.18.19), el escándalo por los abusos cometidos por parte del clero (n. 20) y los conflictos armados y políticos de diferentes países que hacen muy difícil la vida de sus gentes, incluida la de los cristianos (n. 21)

Los desafíos que se plantearon fueron muchos por lo que no es fácil resumirlos, más cuando se expresaron de diversas maneras a lo largo del documento. Destaquemos algunos: la dificultad de escuchar profundamente y aceptar ser transformado por esa escucha. Constatar los obstáculos estructurales que lo impiden como, por ejemplo, las estructuras jerárquicas que favorecen las tendencias autocráticas (n. 33). La ausencia de los jóvenes en el proceso sinodal y su ausencia, cada vez mayor, en la vida de la Iglesia (n.35). La falta de estructuras y formas adecuadas para acompañar a las personas con discapacidad (n. 36). La defensa de la vida frágil y amenazada en todas sus etapas (n. 37). La falta de una respuesta adecuada a los divorciados vueltos a casar, a los padres y madres solteros, a los que viven un matrimonio polígamo, a las personas LGTBQ y a los que han dejado el ministerio ordenado para casarse (n. 39). Muchos en la Iglesia se sienten excluidos: los pobres de las periferias, los ancianos solos, los pueblos indígenas, los emigrantes, los niños de la calle, los alcohólicos y drogadictos, los que han caído en manos de la delincuencia, las personas que ejercen la prostitución como única manera de sobrevivencia, las víctimas de trata de personas, los supervivientes de abusos, los presos y muchos otros por razones de raza, etnia, género, cultura y sexualidad (n. 40). Sobre algunos temas como el aborto, la anticoncepción, la ordenación de mujeres, los sacerdotes casados, el celibato, el divorcio, las segundas nupcias, la homosexualidad y las personas LGBTQIA+ se pide una respuesta por parte de la Iglesia (n. 51). La liturgia que ocupa un lugar central en la vida cristiana ha de manifestar la dimensión sinodal fomentando una participación más activa de todos los miembros y favoreciendo las diferencias (n. 91.93) pero queda una preocupación por la añoranza del rito prevaticano (n. 38-92): no hay duda que la “involución eclesial” vivida en los anteriores pontificados ha dejado hondas secuelas de retroceso que en el documento se expresan como falta de inclusión de esa perspectiva. Es un serio interrogante.

También el DEC se refiere a una Iglesia que se deje interpelar por los retos del mundo actual y responda a ellos con transformaciones concretas (n. 42.43. 44). Que escuche el grito de los pobres y el clamor de la tierra que, en este momento, ya no son opcionales (n. 45). Que participe en la construcción de la paz y la reconciliación, el debate público y el compromiso con la justicia, como parte de su misión (n. 46). Que sea promotora del diálogo ecuménico e interreligioso porque no hay sinodalidad completa si no hay diálogo entre los cristianos (n. 22. 47.48.49) y también del diálogo intercultural capaz de apreciar las diferencias culturales para entenderlas como un factor de crecimiento. En este aspecto ocupan un lugar central los pueblos indígenas a quienes habría que pedirles perdón por haber sido cómplices de su opresión, pero también asumiendo la responsabilidad de articular sus creencias con las enseñanzas de la Iglesia en un proceso de discernimiento y acción creativa (n. 53.54.55.56). Una iglesia que deje de construirse en torno al ministerio ordenado y se convierta en una Iglesia toda ella ministerial (n. 67).

Otros aspectos de los que se ha hablado bastante, son la necesidad de liberar a la Iglesia del clericalismo (n. 58), predicar homilías centradas en la Palabra de Dios y con un lenguaje que el Pueblo de Dios entienda (n. 93.95), renovar las estructuras eclesiales para que sean sinodales -y para esto es indispensable revisar el Derecho Canónico y una formación en la sinodalidad- (n. 72-82-83), cultivar la espiritualidad de la sinodalidad (n. 84), ser una institución transparente en todos sus procesos y contar con personas competentes profesionalmente para el desarrollo de algunas funciones económicas y de gobierno (n.79).

Pero tal vez el punto que sigue mostrando su irreversibilidad es la urgencia de “repensar la participación de las mujeres”: hay una creciente conciencia sobre la participación plena de las mujeres en la vida de la Iglesia porque ellas son las que más viven la pertenencia eclesial y, sin embargo, son los varones los que toman las decisiones. También se denuncia que en el lenguaje de la Iglesia el sexismo está muy extendido, las mujeres son excluidas de funciones importantes en la vida de la Iglesia, no reciben un salario justo por las tareas que realizan y las religiosas suelen ser consideradas mano de obra barata (n. 60-63). Casi todas las síntesis plantean la cuestión de la participación plena e igualitaria de las mujeres, pero no todas responden de la misma manera y piden el discernimiento sobre cuestiones específicas: el papel activo de las mujeres en las estructuras de gobierno de los organismos eclesiásticos, la posibilidad de que las mujeres prediquen en los ambientes parroquiales y el diaconado femenino. Sobre la ordenación de las mujeres algunas síntesis la reclaman y otras la consideran una cuestión cerrada (n. 64).

Todo lo que hemos presentado del DEC no es desconocidoDe todos esos temas hemos hablado, cuestionado, reflexionado. Muchas veces hemos dicho que no entendemos por qué cuesta tanto trabajo dar pasos para dar respuestas efectivas. No sé si es suficiente hablar de que hay resistencia al proceso sinodal. Hay resistencias a escuchar los signos de los tiempos, a través de los cuales habla el Espíritu.Esperemos que esta fase continental lleve a los participantes a ¡Escuchar! y a buscar respuestas efectivas. De no hacerlo, una vez más la Iglesia va a quedar muy rezagada y, simplemente, el Pueblo de Dios, no esperará más respuestas, sino que vivirá su fe -como ya lo están haciendo muchos- de manera sincera, pero sin pertenencia eclesial. Y, muy posiblemente el Espíritu va a estar de ese lado porque el “ensanchar la tienda” también puede darse en otros contextos si, en los lugares donde debería estar, no logran transformarse para que entre ese “aire fresco” que tanta falta hace.

Presentación del Documento para la etapa continental del sínodo

El papel de las mujeres, un clamor que comparten ‘todos’ los informes del Sínodo

El Secretario General del Sínodo presentó el Documento para la etapa continental del camino sinodal en la Oficina de Prensa del Vaticano

Con él, entre los ponentes, el teólogo Coda, el jesuita Costa y la experta Anna Rowlands; también se conectó desde Japón el cardenal Hollerich

Sobre la cuestión de un mayor espacio para las mujeres: «Su presencia no debe ser la guinda del pastel, sino que debe ser constitutiva»

Por | Salvatore Cernuzio

(Vatican News).-«No estamos impulsando ninguna agenda. Era nuestra responsabilidad devolver al pueblo de Dios lo que se nos había dado. Mi colega, el cardenal Hollerich, dijo una vez: tenemos carta blanca, no hay nada escrito en ella. Nuestro deber es acompañar a la Iglesia hasta el momento del Sínodo de los Obispos. Pero si queremos cumplir nuestra misión, debemos escuchar. Y escuchar a todos sin excluir a nadie».

El proceso que acaba de concluir y las perspectivas de futuro, el cardenal Mario Grech, Secretario General del Sínodo, las enmarca en estas pocas líneas en respuesta a los periodistas reunidos en la Sala de Prensa del Vaticano para la presentación del Documento para la «etapa continental», la segunda fase del camino iniciado por el Papa en octubre de 2021 que concluirá con la asamblea de obispos en el Vaticano en 2023 y 2024.

Renovación profunda 

Un documento que es «fruto de una sinodalidad vivida» por parte de las Iglesias de los cinco continentes y de «mucho trabajo» por parte de la Secretaría General del Sínodo, las comisiones y el grupo de expertos que se reunieron durante quince días en Frascati para redactar el texto. El concepto de «restitución» ha guiado su trabajo, ha subrayado Grech, para disipar cualquier duda de que haya habido añadidos o que se haya dado más espacio a un tema que a otro: «El Documento es una restitución fiel de las síntesis» enviadas por las distintas diócesis durante la fase consultiva. «El trabajo del grupo de expertos se caracterizó por la honestidad intelectual: no hay reflexiones teóricas sobre la sinodalidad, sino que se retoma la voz de las Iglesias.

Para todos nosotros fue una sorpresa escuchar cómo, a pesar de la diferencia de sensibilidades, el Santo Pueblo de Dios converge en el llamado a una profunda renovación de la Iglesia».

«El trabajo del grupo de expertos se caracterizó por la honestidad intelectual: no hay reflexiones teóricas sobre la sinodalidad, sino que se retoma la voz de las Iglesias»

Hambre de nueva confianza en la Iglesia

La respuesta fue amplia y participativa, destacaron los ponentes en la Oficina de Prensa del Vaticano: además de Grech, también el teólogo Piero Coda, el jesuita Giacomo Costa, la experta Anna Rowlands, y conectado a distancia desde Japón el cardenal Jean-Claude Hollerich, relator general del Sínodo. A excepción de dos conferencias episcopales que no participaron en el proceso sinodal -«no sé por qué, creo que hay razones objetivas», dijo Grech-, todos los episcopados del mundo, algunos tras una resistencia o dificultades iniciales, enviaron sus respuestas. Y lo que se desprende de estas reacciones es que en todas las latitudes del mundo hay «hambre» de una nueva confianza en la Iglesia, en su capacidad de anunciar el Evangelio a «un mundo profundamente necesitado».

Abusos, tensiones, exclusiones

Rowlands: «Los informes dicen que hay aspectos de nuestras relaciones, de nuestra capacidad de auténtica unidad en la diversidad» que impiden «caminar juntos»

Sin embargo, las tensiones y las situaciones internas ponen a prueba la propia misión de la Iglesia. En primer lugar, el escándalo de los abusos por parte del clero, tal y como destaca el Documento y reitera hoy Rowlands, profesor de pensamiento y práctica social católica en la Universidad de Durham (Inglaterra).

En el texto de 45 páginas, en el que se recogen voces de Iglesias de EE.UU., Bolivia, Lesoto, Tierra Santa y muchas otras, se habla también de exclusión, clericalismo, discriminación y falta de escucha mutua. «Los informes dicen que hay aspectos de nuestras relaciones, de nuestra capacidad de auténtica unidad en la diversidad» que impiden «caminar juntos», dijo el profesor. Difícilmente podremos recuperar la confianza y la credibilidad «si no logramos ser nosotros mismos hermanos y hermanas, para sanar nuestras divisiones y sospechas mutuas».

Ampliar el espacio de la ‘tienda’

Lo que se necesita es ampliar el espacio de la «tienda», una imagen bíblica que recuerda el mandato del Señor al pueblo de Israel en el libro de Isaías, un concepto guía en la redacción del Documento para la etapa continental. Desde esta tienda muchas personas dicen sentirse excluidas, como leemos en el Documento, que también enumera algunas categorías de grupos y personas que hoy se sienten «exiliados» o «discriminados»: los jóvenes, las personas con discapacidad, los pobres, los divorciados vueltos a casar, los padres solteros, los miembros de la comunidad LGBT. Y sobre todo las mujeres, que «no exigen roles de poder» sino un reconocimiento de su propia presencia, en la sociedad y en la comunidad cristiana.

«Muchas personas dicen sentirse excluidas: Los jóvenes, las personas con discapacidad, los pobres, los divorciados vueltos a casar, los padres solteros, los miembros de la comunidad LGBT. Y sobre todo las mujeres»

Hollerich: quien excluye a otro tiene un problema con Dios

¿Existen límites en cuanto a quién puede entrar en esta «tienda»? ¿Hay quienes, incluso entre los católicos, quieren que esta tienda no se expanda? Estas fueron algunas de las preguntas planteadas al cardenal Hollerich en la conferencia. El arzobispo de Luxemburgo respondió:

«Habrá grupos sentados en la carpa que no están muy contentos de que algunos estén en un rincón. Sin embargo, todos están invitados a este espacio: «Todas las personas creadas y amadas por Dios. Todos… Nuestro amor no es tan grande como el de Dios. Así que creamos segregaciones».

Hollerich: «Mientras no haya forma de avanzar juntos, nadie puede estar cómodo, ni siquiera los que están dentro»

Recordemos, sin embargo, añadió el Cardenal, que «debemos mirar a cada persona como una persona amada por Dios… Cristo murió por cada persona en la cruz, así que si no soy capaz de dar espacio a esta persona en la tienda, tengo un problema con Dios».

«No se trata de poner y quitar», se hizo eco el padre Costa: «Son tantos los que se sienten exiliados en la Iglesia: desde los que querrían celebrar la misa con el rito preconciliar hasta los homosexuales. Mientras no haya forma de avanzar juntos, nadie puede estar cómodo, ni siquiera los que están dentro. Uno de los frutos de caminar juntos es darse cuenta de cómo crecer como Iglesia sinodal», añadió el jesuita.

Mayor presencia de mujeres, atractivo común

Entre una mención a la preocupación por la casa común, especialmente de «las comunidades que están acabando bajo el agua», y las críticas por la elección de utilizar una palabra como «discernimiento», definida por los periodistas de la sala como difícil de entender, el tema de las mujeres fue central en la rueda de prensa. De su papel y vocación, de su deseo de verse reconocidos y valorados. En el Documento, surge un llamamiento que se comparte en los distintos países. Sorprendentemente, los ponentes señalaron que estas cuestiones «se han planteado en todos los informes, es un tema común».

«El llamamiento es para que la Iglesia garantice que la mitad de la humanidad sea respetada y valorada»

La perspectiva es la de una «gran conversión», dijo Costa, subrayando «el deseo de las mujeres de tener a la Iglesia como aliada para poder llevar a cabo un reconocimiento de la dignidad en un sentido mucho más amplio en todas las sociedades en las que viven». El llamamiento es para que la Iglesia garantice «que la mitad de la humanidad sea respetada y valorada».

“Ensancha el espacio de tu tienda”

por José Francisco Gómez Hinojosa


“Ensancha el espacio de tu tienda” es el título -tomado de Isaías 54,2- del Documento de Trabajo para la Etapa Continental, del Sínodo de la Sinodalidad, recién publicado en esta semana que termina.

El texto consta de cuatro partes: inicia con un recuento de la experiencia vivida a lo largo de este su primer año, y concluye con una indicación de los próximos pasos, reservándose los apartados dos y tres para recordar la necesidad de escuchar la Palabra, y una reflexión sobre la Iglesia sinodal y misionera. En muchos de los números aparecen citas textuales, y la referencia de los obispos de toda la Iglesia universal.

Del escrito, y de lo que se ha sabido en torno a esta primera fase diocesana, me llaman la atención tres cosas.

En primer lugar, es significativa la respuesta que se obtuvo de las instancias eclesiales en estos 12 meses: mientras lo hicieron 112 de las 114 conferencias episcopales de todo el mundo -el 98%-, sólo respondieron 17 de los 23 Dicasterios de la Curia romana -el 70%-. Tal numeralia confirma que los más cercanos al papa Francisco son, paradójicamente, los más lejanos en su seguimiento, y quienes más pretenden obstaculizar sus propuestas.

Por otra parte, diversas fuentes que han tenido acceso a los reportes diocesanos sostienen que una constante en ellos es la solicitud para una mayor inclusión de las mujeres, sobre todo en las estructuras eclesiásticas de gobierno de las diócesis, y en la Curia Vaticana. Es cierto que ya se han dado algunos pasos en niveles intermedios, pero falta que ellas se empoderen aún más.

Tercero. El que pregunta se aguanta, y es sintomático que algunos opositores al sínodo se quejan de algunas respuestas. Tal actitud refleja lo lejos que, en muchos casos, la jerarquía está de los fieles, quienes no sienten en las homilías y mensajes, en las orientaciones y enseñanzas de la Iglesia Católica, una atención a sus verdaderas problemáticas.

¿Qué es lo que sigue? Las cuestiones claves para esta próxima etapa continental se mencionan en el #106: ¿cuáles son las intuiciones -que aparecen en el Documento de Trabajo- más recurrentes? ¿y las interrogantes que debieran responderse? ¿y las prioridades a trabajar en la siguiente etapa?

Queda, pues, mucho trabajo por hacer, ahora a nivel continental. Hay que seguir ensanchando el espacio de la tienda, para que todos y todas puedan entrar en ella.

Pro-vocación

Los “antiFrancisco” siguen en pie de guerra. Convocados para reflexionar en torno al legado de Benedicto XVI, con motivo de su cumpleaños 95, personajes como los cardenales Müller y Cipriani, y los obispos españoles Reig y Munilla, arremetieron contra el modelo de Iglesia avalado por Francisco de Roma, y sustentado en el Concilio Ecuménico Vaticano II, que acaba de cumplir 6 décadas de su inicio. Lo dicho: ¿para qué queremos un nuevo Concilio si el anterior no acaba de consolidarse?