La Doctrina Social de la Iglesia

Un poco de Doctrina Social de la Iglesia para Europa

por José Fernando Juan 


  

Un mes antes de que Rusia comenzara su guerra contra Ucrania y Europa, el profesor Julio Martínez recordaba, en panel de expertos en Madrid, que la doctrina sobre la guerra justa había sido puesta en jaque por el papa Francisco en Fratelli Tutti. ¿Sabéis dónde y qué ha cambiado?


La formación cristiana debería incorporar cada año alguna actualización sobre Doctrina Social. Varias editoriales, y esta misma revista, se esfuerzan por no perder de vista este asunto. Más allá de sus principios fundamentales, aspectos concretos que abarcan todo aquello que tenga que ver con la forma que damos a nuestra sociedad. El día de Europa, celebrado el 9 de mayo, más allá de una conmemoración y recuerdo cada vez más lejano, sirve para recordar que es un proyecto de sólidos fundamentos y altas aspiraciones para la humanidad, que hunde sin duda sus raíces en la gran tradición espiritual judeocristiana, en la razón con vocación de alcanzarlo todo y en la legalidad como marco general de convivencia.

Al respecto, más allá de nombres más o menos complejos, nuestra sociedad tiene dos grandes principios que convendría actualizar y unir más de lo que habitualmente se expresa. Por un lado, la autonomía, tan manida y traída, tan mal comprendida cuando se hace de ella solipsismo personalista e intimismo individualista, se afirma como prioridad de la persona y su libertad esencial, no marginal. Pero no puede ir sola. Necesita para ser vivida de unas relaciones especiales con otros, tal y como expresa el principio de subsidiariedad, del que todos procedemos y con el que estamos en deuda. Si bien me gusta verlo a la inversa de como siempre se presenta.

Responsabilidad

El principio de subsidiariedad afirma, a mi entender, demasiado rápido “la ayuda mutua”, la imprescindible solidaridad y fraternidad. Sin embargo, para ser real, debe ser capacitante y, al mismo tiempo, encaminar a la responsabilidad. Dando que la persona es lo primero que empuja la DSI como construcción social, y la persona es libre, se debe garantizar siempre el ejercicio de su libertad gradual y responsablemente. A mis alumnos les hago la siguiente pregunta: ¿Mi hija pequeña es capaz de poner y retirar la mesa? Quizá alguien piensa que no, lo cual es verdad. Quizá alguien diga que sí, y le diría que no cualquier mesa. Puede hacerlo en la medida de su capacidad. Pero si no permito que se ejercite según su capacidad, libre y guiadamente, lo que haré será una persona “inútil” y “dependiente”. Estas dos últimas palabras han sido la respuesta de mis alumnos hoy. Salta a la vista que es así y que no hay mejor forma de expresarlo.

Lo que vale para casa, en tanto que relaciones familiares, debe extenderse igualmente a la sociedad de algún modo y manera. No para fomentar el paternalismo legal y la vigilancia tecnológica permanente en los que estamos “cayendo” como si se tratara de una pendiente necesaria para la vida en el siglo XXI, sino para cultivar las relaciones fraternas, tal y como Francisco las llama refiriéndose a la “amistad social”, que son las grandes olvidadas del enfrentamiento totalitario de los otros dos principios del lema ilustrado: igualdad y libertad.

Cultivar las relaciones fraternas

Sin duda, la semana de Europa nos debería enfocar más en lo positivo y bueno que tiene la construcción de un proyecto asentado responsablemente en la libertad, con deberes y obligaciones serias de participación e implicación, con derechos que limiten el alcance de una legalidad excesivamente positivista con peligros de ser instrumento ideológico en todos los frentes que toca.

Para terminar, un reto. ¿Qué tienen en común Fratelli Tutti 84, 97, 103, 121, 129, 203, 218, en general toda ella, y el 258 en el que se proclama al final: ¡Nunca más la guerra!? Sin duda, no un texto para estudiar, leer, comentar y debatir, sino para vivir, implicarse, comprometerse con él y dejarse la piel

La frontera de Melilla

Monseñor Agrelo: «La frontera de Melilla deja a la vista de todos las vergüenzas de la Europa de siempre»

Valla de Melilla
Valla de Melilla

«Nos asombramos de que la voluntad de un solo hombre pueda en un momento arrojar fuera de la normalidad a millones de personas»

«Que nadie me pida distinguir entre buenos y malos: no sabría. Sólo sé que en esa locura hay víctimas y agresores, que unos sufren y otros hacen sufrir, que unos son los asesinados y otros los que asesinan»

«Ante la crisis humanitaria que esa guerra trae consigo, Europa abre las fronteras; y, en una semana, por esas fronteras, pasa un millón de personas que huyen de la muerte»

«Y, haciendo el uso siempre criminal de la mentira, en Melilla, a las víctimas, a nuestras víctimas, las pintamos de peligrosos, de violentos, extremadamente violentos, buscando justificar de esa manera la violencia criminal que nosotros ejercemos contra ellos»

05.03.2022

Vivimos momentos de gran conmoción. Otra guerra ha traído a nuestras casas imágenes de destrucción, se adivina la muerte entre las ruinas de ciudades golpeadas como objetivos militares, y nos asombramos de que la voluntad de un solo hombre pueda en un momento arrojar fuera de la normalidad a millones de personas.

Que nadie me pida distinguir entre buenos y malos: no sabría. Sólo sé que en esa locura hay víctimas y agresores, que unos sufren y otros hacen sufrir, que unos son los asesinados y otros los que asesinan.

Ante la crisis humanitaria que esa guerra trae consigo, Europa abre las fronteras; y, en una semana, por esas fronteras, pasa un millón de personas que huyen de la muerte.

Todos hemos visto que Europa abrió sus fronteras; pero que nadie me pida discernir si se trata de una Europa que se despierta solidaria con los necesitados, o es la Europa aburrida y dormida, cuando no interesada, que tiene la costumbre de ser.

Y en la misma semana, en los mismos días, llega el tornasol que evidencia lo que yo no sabía discernir: la frontera de Melilla deja a la vista de todos las vergüenzas de la Europa de siempre

Puede que nos obstinemos en ignorarlo, pero en Melilla llegan a nuestras fronteras los que nosotros echamos de sus casas; en Melilla rechazamos sin piedad a hermanos nuestros que huyen de otras guerras, de otros horrores, de otros sin vivir. Y, haciendo el uso siempre criminal de la mentira, en Melilla, a las víctimas, a nuestras víctimas, las pintamos de peligrosos, de violentos, extremadamente violentos, buscando justificar de esa manera la violencia criminal que nosotros ejercemos contra ellos.

He aprendido a no esperar nada de ese poder con que el tentador seduce al hombre. Nada. En la naturaleza de ese poder está oprimir, mentir y matar.

No ha de ser así entre los hijos de Dios, no ha de ser así entre los discípulos de Jesús, no ha de ser así entre los que han entrado con Cristo en la vida de Dios, no ha de ser así para quienes han conocido el amor que es Dios, no ha de ser así para ti, Iglesia cuerpo de Cristo. Tu vocación es servir. Tu ser es amar. Tu misión es la de ser evangelio para las víctimas de todas las violencias.

Y éste es hoy tu camino con Cristo hacia la Pascua: camino con Cristo en los que sufren, con tu Señor en los excluidos, con tu Dios en los calumniados, en los hambrientos, en los desdichados, en los últimos.

Melilla

Para ellos has de multiplicar tu pan y tu compasión

A ese templo de Dios que son los pobres has de llevar la cestilla de tus primicias. En ese templo harán tus hijos su confesión de fe: El Señor “nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo, que tú, Señor, me has dado”. 

Entramos en esta cuaresma soñando una humanidad nueva, fraterna, humilde, de hombres y mujeres parecidos a Cristo Jesús; soñamos la llegada del reino de Dios, el advenimiento de una tierra para los pobres… soñamos y pedimos… soñamos y construimos… soñamos y trabajamos… y presentamos al Señor nuestra tu cestilla, llena de gratitud para él, llena de pan para los pobres.

Feliz camino con Cristo hasta la vida.

La España extraeuropea

Jaime Richart, antropólogo y jurista

“El gobierno progresista no puede funcionar con las reglas de juego marcadas por el neoliberalismo”. Declaración de la ministra de Trabajo y Economía Social española. Por fin se han dado cuenta en los estamentos del Estado. Ya era hora, porque eso que descubre ahora la ministra sucede en esta caricatura política desde el principio. Esto es, desde 1978.

Con esas palabras la ministra, lo dice todo. Pues todo, todos los esfuerzos por remontar las espantosas desigualdades en España se estrellan contra ese dato. Dato que a su vez se agrava por dos circunstancias. Una es que el objetivo de los conservadores españoles escindidos entre moderados y ultras pero ambos franquistas, desde el fin de la dictadura es mantener a todo trance los parámetros del neoliberalismo. Y la otra es que tal objetivo está reforzado por los franquistas al frente de los altos tribunales españoles. En cuanto a lo demás, aborto, biología del Derecho aplicado a los distintos sexos y la idea de la “una, grande y libre” que dinamita libertades en lo territorial, es consecuencia del franquismo trasnochado. En esto se condensa la historia de España de los últimos 44 años.

Por esto no se me habrá visto o leído, más que si acaso ocasionalmente, detenerme a analizar hechos y acontecimientos políticos que, para mí, no hay por donde cogerlos. Si la premisa mayor, si las raíces de un Estado están, y lo están, viciadas por unas circunstancias fruto de maniobras profundas de franquistas, y a eso añadimos neoliberalismo que no es si no reglas de juego de las finanzas, de la banca y de la opulencia, todo lo demás está viciado y ya se dirá qué expectativas pudo haber, y hay, desde la transición hasta ayer. Se podrá hablar mucho de querer avanzar en justicia social, en igualdad de derechos, en libertades públicas, en protección social, en feminismo del bueno, no el deformado, etc. Porque todo eso depende de los cimientos. Tan graníticos son, que no hay dios capaz de removerlos.

Todo viene determinado por la truculencia social y política que hay tras la andadura del estado español desde el fin de la dictadura. Ni el Consejo de Europa, ni la UE, ni los tribunales de justicia europeos, y en especial el de Derechos Humanos, son capaces de meter en vereda a una nación históricamente extra-europea, e incluso contra-europea, como es esta España propiedad de las clases sociales dominantes y de una Iglesia capaz de apropiarse por las buenas de más de cincuenta mil bienes que fueron de propiedad pública que no estaban registrados. Otro abuso insoportable, el de esas inmatriculaciones, fruto de la mentalidad franquista que tantas veces escuché: “lo que es de todos es del primero que se lo apropia”. Inmatriculaciones que de haberse llevado a cabo en cualquier otro país europeo, se hubiera acabado sentenciando como “nulas de pleno derecho”. Mientras que aquí, por el momento, eso es impensable.

España es una nación a la que falta otro siglo por lo menos para aproximarse a la sensibilidad de los que están al otro lado de los Pirineos. Pues aunque habitada por millones de humanos inteligentes, prudentes, laborioso, están rodeados de envidiosos, de oportunistas, de tramposos y de ventajistas que acaban comportándose como el armiño que prefiere perecer dentro del círculo rodeado de basura, antes que rozarla…

Ante el Día de Europa

Manifiesto del Movimiento de Trabajadores Cristianos ante el Día de Europa

“Europa está llamada a construir nuevamente:unos servicios públicos fuertes, una política de protección social innovadora y una verdadera solidaridad entre pueblos y Estados”

Son precisamente las decisiones políticas las que han hecho una economía europea dependiente y las que han debilitado todo nuestro sistema sanitario y asistencial y recuerdan cómo la capacidad de los hospitales se ha visto afectada por decisiones presupuestarias basadas únicamente en la lógica de la reducción del gasto público

Desde el MTCE recuerdan que, al final, mientras el desempleo sigue aumentando, casi 6 de cada 10 parados en este continente no reciben ninguna indemnización

Para otras personas, el teletrabajo ha sido una medida impuesta que en algunos casos conduce a una gran presión, aislamiento y una mayor explotación, e incluso a no poder continuar con el trabajo

09.05.2021 | Celia Naharro

(Noticias Obreras).- El 9 de mayo se celebra el Día de Europa y ante esta efeméride el Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa (MTCE) reflexiona, a través de un comunicado, sobre la situación que se vive en el viejo continente debido a la crisis social y sanitaria. Ponen de manifiesto que son las clases trabajadoras las que más están sufriendo las consecuencias de la pandemia e instan a los países europeos a construir Europa desde políticas que tengan como fin el bien común.

En esta declaración, redactada por ACO Francia, el MTCE explica cómo son las clases populares, los obreros y los empleados los más expuestos a los riesgos de contagio de la Covid19 y los que más sufren sus consecuencias, como pone de manifiesto la tasa de mortalidad, que es mayor en estas categorías sociales.

Asimismo, las condiciones de trabajo se han vuelto cada vez más difíciles y las medidas necesarias de prevención han provocado un aumento significativo de la carga de trabajo para algunos empleados que no pueden realizar sus tareas a distancia. Para otras personas, el teletrabajo ha sido una medida impuesta que en algunos casos conduce a una gran presión, aislamiento y una mayor explotación, e incluso a no poder continuar con el trabajo.Fim do cristianismo na Europa?

Testimonios

Los trabajadores cristianos de Europa apoyan estas reflexiones en algunos testimonios, como el de una mujer que explica: “A una de mis hijas la han puesto a trabajar a jornada reducida porque no hay suficientes ordenadores para el teletrabajo en su empresa. Le quitaron 5 días de vacaciones y otros días libres. Cuando trabajas en un taller te ponen a trabajar en jornada reducida con un sueldo del 80%”.

También muestran el testimonio de un joven padre divorciado, que pone de manifiesto cómo los trabajadores más precarios y desempleados se ven especialmente afectados por esta crisis: “En Navidad, me quedé sin regalar juguetes a mis dos hijos, ellos me mantienen y me ayudan a salir adelante. Este invierno compré casi 3 m3 de leña, la guardé para cuando vinieran mis hijos. Estoy con el abrigo puesto, incluso en la cama”. Recuerdan también cómo muchos trabajadores discapacitados se han visto afectados por el cierre de sus instalaciones.

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Asimismo, denuncian que algunos derechos sociales están siendo cuestionados en varios países y que los sistemas de control también se han debilitado. Ejemplo de ello es cómo los inspectores de trabajo se han visto obstaculizados por sus superiores para hacer su trabajo correctamente y aseguran que por presiones de ciertas empresas e instituciones públicas, un inspector fue suspendido y luego trasladado automáticamente a otro departamento por haber iniciado un procedimiento para obligar a una empresa de ayuda a domicilio a proporcionar mascarillas a sus empleados.

Esta situación se da, añaden desde el MTCE, a la par que la vida democrática ha quedado en suspenso y recuerdan las palabras del filósofo Bruno Latour, quien asegura que algunos ven en esta crisis “una maravillosa oportunidad para romper aún más radicalmente con los obstáculos que quedan para escapar del mundo. La oportunidad es especialmente buena para desmontar lo que queda del estado del bienestar, de la red de seguridad para los más pobres y de lo que queda de las normativas contra la contaminación atmosférica”.

Un momento histórico para cambiar

En esta declaración con motivo de la celebración del Día de Europa, los trabajadores cristianos destacan que es necesario recordar que son precisamente las decisiones políticas las que han hecho una economía europea dependiente y las que han debilitado todo nuestro sistema sanitario y asistencial y recuerdan cómo la capacidad de los hospitales se ha visto afectada por decisiones presupuestarias basadas únicamente en la lógica de la reducción del gasto público, en sentido contrario a las necesidades reales de la población.

En este tiempo de Pentecostés que comienza, desde el MTCE llaman a Europa a ser audaz. “Cómo no sentirnos interpelados por esa imagen de los discípulos, confinados en el miedo, encerrados en su casa y replegados en sí mismos hasta que el Espíritu les empuja a abrirse al mundo, a asumir el riesgo del camino y del encuentro”, indican en el comunicado.

Un momento histórico

Recuerdan que Europa, a través de sus Estados miembros, ha establecido los sistemas de protección social más avanzados, pero ponen de manifiesto todo lo que queda por hacer como ha demostrado esta crisis. Los trabajadores cristianos del viejo continente están convencidos de que esta crisis es un momento histórico y una oportunidad para comprometerse con una solidaridad internacional que garantice el acceso de todas las personas a las vacunas. Es necesaria una política para el bien común que vaya más allá de los intereses privados de las grandes farmaceúticas. “Hoy, Europa está llamada a construir nuevamente: unos servicios públicos fuertes, una política de protección social innovadora y una verdadera solidaridad entre los pueblos y los Estados”, aseguran.

Por último, desde el MTCE recuerdan que es necesario que el mundo sindical y asociativo, incluidos los movimientos cristianos, puedan participar en la renovación del dinamismo de la sociedad civil, pues “todos estamos llamados a ser los actores de esta Europa de los ciudadanos que queda por construir”

¿Lesbos en Canarias?

¿Lesbos en Canarias?
Carlos Girbau
La llegada a Canarias en patera de unos miles de inmigrantes desde las costas africanas y su inhumano hacinamiento en el campamento improvisado del muelle de Arguineguín está provocando un revuelo que parece lejos de terminarse. Se han producido visitas de ministros a la zona y al extranjero, posiciones encontradas entre los socios del gobierno de coalición progresista y declaraciones de jefes la Unión Europea. Hasta el defensor del pueblo, Francisco Fernández Marugán, ante el despropósito vergonzante que se ha ido conociendo, ha exigido el cierre inmediato de una instalación cuya misma existencia representa una vulneración evidente de los derechos reconocidos en la Constitución y en la legalidad internacional.
En Arguineguín se han hacinado hasta más de dos mil personas, se ha separado de manera forzosa a menores de sus familiares, se ha mantenido a los confinados sin duchas, ni baños suficientes, sin mascarillas, sin asistencia letrada, durmiendo con mantas en el suelo y alimentándose a base de bocadillos. A día de hoy, continúan en el muelle cientos de personas. Para acabar, a todos los arribados se le limita el derecho de movimiento al negarse su traslado a una península en la que más del 50% de las plazas de acogida se hallan vacías. El fantasma de las islas “cárcel “o “islas frontera” como Lesbos o de Lampedusa planea de nuevo en el horizonte del sur de Europa.
¿No hay otra manera de recibir a quién arriba?
Nadie niega el derecho de cualquier Estado a controlar sus fronteras. Lo que resulta inadmisible es que para lograrlo haya que vulnerar toda la legalidad internacional que, se supone, nos protege de los abusos y representa la base de nuestras garantías.
Como demuestran las cifras de turistas que visitaron Canarias y que entraron y salieron sin problema alguno del archipiélago, más de 13 millones en 2019, existen maneras perfectamente compatibles con la legalidad internacional de atender a quién llega, darle comida y cobijo y de controlar, a la par, la frontera y su flujo de personas.
En consecuencia, que durante más de un mes a unos pocos miles de personas (en lo que va de año unas 18 mil) se las prive al tocar tierra (en deplorables condiciones físicas y psíquicas) de lo más mínimo solo puede ser resultado de una voluntad previa y expresa para que así suceda. De una decisión política premeditada y preestablecida.
Es la política europea común sobre migración, de la que el reino constituye frontera sur, la que ha ido evolucionando hasta quedar reducida a una sola máxima: que no vengan y, a partir de ahí, “se organiza el resto”. Ejemplo de ello son la externalización de fronteras a través del pago de importantes sumas de dinero a Estados próximos para que impidan las partidas (Turquía, Marruecos, Libia…), la imposibilidad de acceso ordenado a los puestos fronterizos (negando visados y corredores humanitarios), el rechazo en frontera y las devoluciones en caliente (avaladas recientemente por el Tribunal Constitucional), los vuelos de deportación y los barcos militares que retornan a los países de salida; o la falta de socorro en el mar -salvo el que proporcionan las ongs- que cuesta vidas (184 fallecidos en la ruta atlántica en lo que va de año y 945 en la mediterránea según la Organización Internacional de las Migraciones).
… Siguen llegando
Como acción y propuesta la política europea sobre migraciones representa un rotundo fracaso. Institucionalmente, ninguno de sus mecanismos funciona, ni siquiera el que genera mayor consenso y al que se destina mas dinero: el de las devoluciones y la externalización de fronteras. Tampoco marchan el reparto de cuotas de inmigrantes y refugiados, el Sistema Europeo Común de Asilo o el sistema de Dublín. Nada se despliega con éxito y, menos que nada, el supuesto objetivo final: evitar las llegadas.
Los muros más altos, las porras y fusiles de los policías, las deportaciones, la violencia, la negación de derechos, los muertos, las familias rotas, el medio millón de personas que ya se encuentran sin papeles y, en consecuencia, fuera de todo sistema en una España en plena pandemia, así como el racismo que destila se “justifican” como males necesarios para el supuesto fin superior: que no vengan y que si lo hacen, sea de manera “ordenada”. Lo cierto es que, a temporadas, los arribos de personas migrantes se ralentizan, pero nunca se detienen y, desde luego, menos aún, se ordenan. Cualquier cambio político, social, económico o medioambiental, como el provocado por el Covid-19, fuerza de nuevo un acelerón del movimiento migratorio que rompe el supuesto equilibrio de la vergüenza que todas estas medidas pretenden. Las cifras oficiales de NNUU (aquí) son claras: el número de migrantes internacionales pasó en el mundo, sólo en los 4 años que van entre 2015 y 2019, de 248,9 millones a 271,6 millones; todos los estudios continúan señalando su tendencia imparable al alza.
¿Qué empuja a salir?
Las interminables guerras, la crisis climática, el desgarramiento del tejido social, la descomposición de los Estados, el estallido de la violencia sin límite. La destrucción de los suelos, el colapso de los mares, el despojo de tierras a los campesinos, la marginación de los pobres urbanos, el saqueo de los pueblos en beneficio de las transnacionales. Es decir, se trata del desorden global que implica el orden del mundo capitalista globalizado, en el que, para poder subsistir (comer), la inmensa mayoría de la humanidad esté condenada a vender, sin otro remedio, su capacidad de producir (fuerza de trabajo) a quién pueda comprarla (los poseedores del capital). Y es precisamente esa condena la que obliga a unos a inmigrar (por muy altos que sean los muros) persiguiendo el dinero hiperconcentrado de hoy (como nos recuerda Oxfam en sus informes) y la que fuerza, para seguir engordando sus réditos, a los propietarios del capital, a buscar el mayor número potencial de fuerza de trabajo al precio más barato posible. Además, nada de lo anterior marcha en armonía ordenada, como nos demuestra la realidad, lo hace de manera caótica siguiendo una propia lógica autónoma, la que rige el sistema capitalista. En otras palabras, hablamos de un fenómeno consustancial al modo de producir, imposible de detener, ya que su existencia resulta imprescindible para el funcionamiento del mismo. Para mayor detalle sobre ello se pueden consultar diversos artículos sobre este particular aparecidos en Sin Permiso (aquí, aquí o aquí).
¿A quién beneficia?
El movimiento migratorio, sin el cual sería imposible la realidad capitalista del mundo, cincela una clase trabajadora mestiza compuesta por mujeres, y hombres de muy diferentes procedencias. Una clase trabajadora que tiene dificultades, precisamente por su pluralidad y la profunda desigualdad entre sus partes, para reconocerse como tal. En el reino de España la población extranjera ya alcanza al 12% del censo, un porcentaje que aumenta entre los trabajadores peor remunerados. El obstáculo para reconocerse y, consecuentemente, para construir un discurso común y compartido resulta patente. Pero, además, leyes como la de extranjería, las dificultades para la consecución de documentación, las que existen para pedir protección internacional o para la libertad de tránsito constituyen un arsenal que alimenta prejuicios y bulos que, a su vez, incrementan la desconfianza entre quienes llegan y quienes ya están aquí en un mar de dificultades económicas que la Covid ha agravado.
Solo una de las dos partes de la ecuación formada por quienes necesitan trabajo (para comer) y quienes necesitan contratarlo (para seguir sumando dinero) gana con esa desigualdad: los segundos. Nadie más. Gracias a ella se niegan derechos; que no impiden el hambre, pero que sí dan de comer a los prejuicios, que se aprovechan para ahondar la fragmentación social y bajar el precio del salario.
Migración segura, ordenada y regular
La ministra de Exteriores, González Laya, y los ministros de Interior, Grande Marlaska o de Transportes y Movilidad, Ábalos, señalan que el reino combate a las mafias de la migración y contraponen las 18 mil personas de Canarias con la idea de una migración segura, ordenada y regular. La situación de ahora, “sería por las mafias” aseguran. Tal explicación sería la supuesta justificación, no para atacar al “mafioso”, algo que no hacen, sino para castigar doblemente a la víctima que, superando al mafioso, llegó medio muerta a la costa. Es evidente que existe un negocio ilegal de paso de fronteras, como evidente es que la falta de rutas seguras lo alimenta, del mismo modo como la prohibición del alcohol enriqueció a Capone.
Pero lo que ya constituye una prueba de cinismo sin parangón es contraponer esas llegadas por su forma al Pacto Mundial por una Migración Segura, Ordenada y Regular de NNUU firmado en 2018 y que suscribió el Reino. Dicho pacto, con todas sus limitaciones, no dice en ninguna de sus partes que deban negarse los derechos (reconocidos por la legalidad internacional y por los propios Estados) a quienes migran, más bien al contrario, señala que hay que reforzarlos.
Poner orden y seguridad en el caos migratorio empieza por transformar los derechos en la base de la acción política y no, como ahora, basarla en su negación. Para combatir a los pasadores irregulares de fronteras, el racismo, la xenofobia y el discurso de la extrema derecha no hay mejor medicina que la igualdad en los derechos entre todas las personas. Mientras el capitalismo globalizado haga de millones de hogares bocas de lobo, como señala Warsan Shine en su ya famoso poema “Hogar”, y de las metrópolis pozos de mano de obra, los derechos son lo único que pondrá orden. Cuanto antes se establezcan visados y pasillos seguros para quienes huyen, cuanto antes se instaure un pasaporte europeo que permita la libertad de viaje a quien llega o quien aquí vive, cuanto más simple sea conseguir la ciudadanía y acceder con ello a la igualdad legal, menos mafia habrá, menos base para el discurso racista y xenófobo de la extrema derecha y más facilidad para reconocernos entre todos como parte, en nuestra rica diversidad, de la unidad humana que formamos.
Poe ello urge dar el primer paso para evitar que Canarias sea Lesbos cerrando Arguinegín, permitiendo el traslado de las personas migrantes a los centros de acogida de la Península y permitiéndoles ejercer su derecho a una atención letrada en condiciones

¿Peligra la democracia en Europa?


Por Germán Gorráiz López
Europa estaría sufriendo una aguda crisis identitaria agravada por el triunfo del Brexit y por el “proceso de balcanización europeo” ideado por EE.UU. para mediante selectivos atentados terroristas, la crisis de los refugiados y la aparición de Gobierno autocráticos provocar el declive de los valores democráticos.
El sociólogo y filósofo alemán Herbert Marcuse, en su libro “El hombre Unidimensional (1964), explica que “la función básica de los medios es desarrollar pseudonecesidades de bienes y servicios fabricados por las corporaciones gigantes, atando a los individuos al carro del consumo y la pasividad política”, sistemas políticos que serán caldo de cultivo del virus patógeno conocido como “autos-kratos” o autocracia, forma de Gobierno ejercida por una sola persona con un poder absoluto e ilimitado. lo que confirma el aforismo de Lord Acton “El Poder tiende a corromper y el Poder absoluto, corrompe absolutamente”. La autocracia sería pues una especie de dictadura invisible sustentada en sólidas estrategias de cohesión (manipulación de masas y culto al líder) basadas en el control absoluto de los medios de comunicación y la censura y desprestigio social de los individuos refractarios al mensaje del líder, de lo que serían paradigmas el primer ministro polaco Mateusz Morawiecki y el primer ministro húngaro, Viktor Orbán que habría convertido a Hungría en la primera autocracia europea o “democracia no liberal”, doctrina que por mimetismo adoptarán el resto de países del Grupo de Visegrado ( Eslovaquia y Chequia).
La deriva autoritaria de ambos países estaría jalonada de violaciones en la separación de poderes así como no acatamiento de sentencias del TJUE lo que habría provocado la apertura de un expediente por la UE en el marco del Artículo 7 que impide que países díscolos pongan en peligro la separación de poderes o no garanticen los derechos y libertades de sus ciudadanos.
El penúltimo episodio del pulso de dichos países con la UE sería el veto de la aprobación del Presupuesto de la UE para el período 2021-2027 que incluye la puesta en marcha del Fondo de Recuperación estimado en 750.000 millones € al estar vinculados dichos Fondos con el mecanismo del Estado de Derecho que garantiza los derechos y libertades de sus ciudadanos y que en el supuesto de un reiterado incumplimiento por algún Estado miembro, podría privarle de su derecho a voto en las decisiones comunitarias, previa unanimidad de sus miembros. Sin embargo,el chantaje de ambos países tendrá su efecto en forma supresión de dicha cláusula de salvaguardia de las libertades pues dicho Fondo de Recuperación se antoja vital para países como España e Italia con lo que la Unión Europea sacrificará sus otrora sacrosantas libertades básicas en aras de asegurarse los mínimos básicos de supervivencia, lo que conllevará de facto el declive de las llamadas democracias formales

Los sueños del Papa sobre Europa

Francisco: «Sueño una Europa sanamente laica, donde Dios y el César sean distintos pero no contrapuestos»
El Papa lanza sus «sueños» para el Viejo Continente, e invita a los cristianos a «despertar la conciencia de Europa» y a «comprometerse con valentía y determinación a ofrecer su colaboración en cada ámbito donde viven y trabajan», en una carta al cardenal Parolin
Advierte del riesgo de que el proyecto europeo «esté volviendo atrás» y de «la tentación de ir cada uno por su cuenta, buscando soluciones unilaterales»
“Sueño una Europa amiga de la persona y de las personas. Una tierra donde sea respetada la dignidad de todos, donde la persona sea un valor en sí y no el objeto de un cálculo económico o una mercancía”
“Sueño una Europa que sea una familia y una comunidad, que sepa valorar las peculiaridades de todas las personas y los pueblos, sin olvidar que estos están unidos por responsabilidades comunes”
“Se trata de elegir entre un modelo de vida que descarta personas y cosas, y uno inclusivo que valora lo creado y a las criaturas”
27.10.2020 Jesús Bastante
“Sueño una Europa sanamente laica, donde Dios y el César sean distintos pero no contrapuestos. Una tierra abierta a la trascendencia, donde el que es creyente sea libre de profesar públicamente la fe y de proponer el propio punto de vista en la sociedad”. El Papa Francisco ha escrito una interesantísima carta al Viejo Continente, azotado por la división y en riesgo por la pandemia y la crisis cultural. Y sí: también religiosa.
Y lo hace admitiendo que “han terminado los tiempos de los confesionalismos”, pero “se espera, también el de un cierto laicismo que cierra las puertas a los demás y sobre todo a Dios, porque es evidente que una cultura o un sistema político que no respete la apertura a la trascendencia, no respeta adecuadamente a la persona humana”.
Una realidad, en la que “los cristianos tienen hoy una gran responsabilidad: como la levadura en la masa, están llamados a despertar la conciencia de Europa, para animar procesos que generen nuevos dinamismos en la sociedad”. “Los exhorto, pues, a comprometerse con valentía y determinación a ofrecer su colaboración en cada ámbito donde viven y trabajan”.
Medio siglo de relaciones con Europa
La carta, escrita con motivo de los 50 años de relaciones entre la Santa Sede y las instituciones europeas, así como el 40 aniversario de la COMECE, comienza combatiendo con el secretario de Estado, Pietro Parolin (el destinatario de la misma) “algunas reflexiones sobre el futuro de este continente, que me es particularmente querido, no sólo por los orígenes familiares, sino también por el rol central que este ha tenido y pienso que todavía debe tener —si bien con tonos diversos— en la historia de la humanidad”.
Caritas alerta de la debilidad de los servicios sociales en Europa y urge a la fortalecerlos
“El proyecto europeo surge como voluntad de poner fin a las divisiones del pasado”, sostiene Bergoglio, que apunta cómo en nuestro tiempo, marcado por la pandemia del coronavirus, da la sensación de “estar volviendo atrás”, por lo que es preciso “hacer una elección: o se sigue el camino tomado en el último decenio, alentado por la tentación de la autonomía, enfrentando crecientes incomprensiones, contraposiciones y conflictos; o bien se redescubre ese camino de la fraternidad, que sin duda fue el que inspiró y animó a los Padres fundadores de la Europa moderna”.
“En las noticias europeas de los últimos meses, la pandemia puso en evidencia todo esto: la tentación de ir cada uno por su cuenta, buscando soluciones unilaterales a un problema que trasciende los límites de los Estados, pero también, gracias al gran espíritu de mediación que caracteriza a las Instituciones europeas, el deseo de recorrer con convicción el camino de la fraternidad que es además camino de la solidaridad, poniendo en marcha la creatividad y nuevas iniciativas”, subrayó el Pontífice, quien pidió “consolidar las medidas adoptadas para evitar que los empujes centrífugos recobren fuerza”.
«Europa, vuelve a descubrir tus ideales»
En este sentido, el Papa recuerda las palabras de Juan Pablo II en Compostela: “Europa, vuelve a encontrarte. Sé tú misma”, para añadir: “Europa: Tú, que has sido una fragua de ideales durante siglos y ahora parece que pierdes tu impulso, no te detengas a mirar tu pasado como un álbum de recuerdos”.
“Europa, ¡vuelve a encontrarte! Vuelve a descubrir tus ideales, que tienen raíces profundas. ¡Sé tú misma!”, clama Bergoglio, quien pregunta “¿qué Europa soñamos para el futuro? ¿En qué consiste su contribución original?”
“Sueño una Europa amiga de la persona y de las personas. Una tierra donde sea respetada la dignidad de todos, donde la persona sea un valor en sí y no el objeto de un cálculo económico o una mercancía”, apunta el Papa, quien pide cuidar la vida “en todas sus etapas, desde que surge invisible en el seno materno hasta su fin natural, porque ningún ser humano es dueño de la vida, sea propia o ajena”.
Para ello, invita a “proteger al que es más frágil y débil, especialmente a los ancianos, los enfermos que necesitan tratamientos costosos y las personas con discapacidad”, tutelando los derechos, pero también los deberes. “Sueño una Europa que sea una familia y una comunidad”, añade, que “sepa valorar las peculiaridades de todas las personas y los pueblos, sin olvidar que estos están unidos por responsabilidades comunes”.
Una Europa dividida y sin futuro
Porque “Europa es una auténtica familia de pueblos, distintos entre sí, pero sin embargo unidos por una historia y un destino común”, y porque “una Europa dividida, compuesta de realidades solitarias e independientes, fácilmente se encontrará incapaz de hacer frente a los desafíos del futuro”.
En cambio, añade, “una Europa comunidad, solidaria y fraterna, sabrá aprovechar las diferencias y el aporte de cada uno para afrontar juntos las cuestiones que le esperan, comenzando por la pandemia, pero también por el desafío ecológico, que no se limita sólo a la protección de los recursos naturales y a la calidad del ambiente en que vivimos”.
“Se trata de elegir entre un modelo de vida que descarta personas y cosas, y uno inclusivo que valora lo creado y a las criaturas”, recuerda Bergoglio.
“Sueño una Europa solidaria y generosa. Un lugar acogedor y hospitalario, donde la caridad —que es la mayor virtud cristiana— venza toda forma de indiferencia y egoísmo”, añade, señalando que “ser solidarios implica hacerse prójimos”, y que, en el caso de Europa, “significa particularmente hacerse disponible, cercana y diligente para sostener —a través de la cooperación internacional— a los otros continentes —pienso especialmente en África—, de modo que se resuelvan los conflictos en curso y se ponga en marcha un desarrollo humano sostenible”.
Ante la actual tesitura, el Pontífice alerta de la propensión a “cerrarnos en nosotros mismos y a vivir con miedo a todo lo que nos rodea y es diferente a nosotros”, especialmente en el caso de los migrantes. “Es evidente que la necesaria acogida de los migrantes no puede limitarse a simples operaciones de asistencia al que llega, a menudo escapando de conflictos, hambre o desastres naturales, sino que debe consentir su integración para que puedan ‘conocer, respetar y también asimilar la cultura y las tradiciones de la nación que los acoge’”.

Mon. Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano
Carta del Papa a Parolin
Publicamos a continuación la carta que el Santo Padre ha dirigido al Emmo. Secretario de Estado con ocasión del 40º aniversario de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE), el 50º aniversario de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la Unión Europea y el 50º aniversario de la presencia de la Santa Sede como Observador Permanente ante el Consejo de Europa.
En coincidencia con estos aniversarios, estaba programada, del 28 al 30 de octubre, una visita del cardenal Parolin a Bruselas, que ha sido cancelada debido al empeoramiento de la emergencia sanitaria. Se prevé que las reuniones con las autoridades de la Unión Europea y los miembros de la COMECE puedan efectuarse en video-conexión.
Al Venerado Hermano
Señor Cardenal PIETRO PAROLIN
Secretario de Estado
En este año, la Santa Sede y la Iglesia en Europa celebran algunos acontecimientos significativos. Hace cincuenta años se concretó la colaboración entre la Santa Sede y las Instituciones europeas surgidas después de la segunda guerra mundial, mediante el establecimiento de las relaciones diplomáticas con las entonces Comunidades Europeas y la presencia de la Santa Sede como Observador ante el Consejo de Europa. Después, en 1980, se creó la Comisión de los Episcopados de las Comunidades Europeas (COMECE), en la que participan con un delegado propio todas las Conferencias Episcopales de los Estados Miembros de la Unión Europea, con el objetivo de favorecer «una colaboración más estrecha entre dichos Episcopados, en orden a las cuestiones pastorales relacionadas con el desarrollo de las competencias y de las actividades de la Unión».[1] Además, este año se celebró el 70.º aniversario de la Declaración Schuman, un acontecimiento de gran importancia que ha inspirado el largo camino de integración del continente, haciendo posible que se superen las hostilidades producidas a causa de los dos conflictos mundiales. A la luz de estos acontecimientos, usted tiene previsto próximamente visitas significativas a las Autoridades de la Unión Europea, a la Asamblea Plenaria de la COMECE y a las Autoridades del Consejo de Europa, por lo que considero oportuno compartirle algunas reflexiones sobre el futuro de este continente, que me es particularmente querido, no sólo por los orígenes familiares, sino también por el rol central que este ha tenido y pienso que todavía debe tener —si bien con tonos diversos— en la historia de la humanidad.
Ese rol se vuelve todavía más relevante en el contexto de pandemia que estamos atravesando. De hecho, el proyecto europeo surge como voluntad de poner fin a las divisiones del pasado. Nace de la conciencia de que juntos y unidos somos más fuertes, que «la unidad es superior al conflicto»[2] y que la solidaridad puede ser «un modo de hacer la historia, un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida».[3] En nuestro tiempo, que «da muestras de estar volviendo atrás»,[4] en el que prevalece la idea de ir cada uno por su cuenta, la pandemia constituye como una línea divisoria que obliga a hacer una elección: o se sigue el camino tomado en el último decenio, alentado por la tentación de la autonomía, enfrentando crecientes incomprensiones, contraposiciones y conflictos; o bien se redescubre ese camino de la fraternidad, que sin duda fue el que inspiró y animó a los Padres fundadores de la Europa moderna, a partir justamente de Robert Schuman.
En las noticias europeas de los últimos meses, la pandemia puso en evidencia todo esto: la tentación de ir cada uno por su cuenta, buscando soluciones unilaterales a un problema que trasciende los límites de los Estados, pero también, gracias al gran espíritu de mediación que caracteriza a las Instituciones europeas, el deseo de recorrer con convicción el camino de la fraternidad que es además camino de la solidaridad, poniendo en marcha la creatividad y nuevas iniciativas.
Sin embargo, es necesario consolidar las medidas adoptadas para evitar que los empujes centrífugos recobren fuerza. Resuenan hoy con gran actualidad las palabras que san Juan Pablo II pronunció en el Acto europeo en Santiago de Compostela: Europa, «vuelve a encontrarte. Sé tú misma».[5] En un tiempo de cambios repentinos se corre el riesgo de perder la propia identidad, especialmente cuando desaparecen los valores compartidos sobre los que se funda la sociedad.
En este momento, quisiera decirle a Europa: Tú, que has sido una fragua de ideales durante siglos y ahora parece que pierdes tu impulso, no te detengas a mirar tu pasado como un álbum de recuerdos. Con el tiempo, aun las memorias más hermosas se desvanecen y acaban siendo olvidadas. Tarde o temprano nos damos cuenta de que los contornos del propio rostro se esfuman, nos encontramos cansados y agobiados de vivir el tiempo presente, y con poca esperanza de mirar al futuro. Sin una noble motivación nos descubrimos frágiles y divididos, y más inclinados a lamentarnos y a dejarnos atraer por quien hace de las quejas y de la división un estilo de vida personal, social y político.
Europa, ¡vuelve a encontrarte! Vuelve a descubrir tus ideales, que tienen raíces profundas. ¡Sé tú misma! No tengas miedo de tu historia milenaria, que es una ventana abierta al futuro más que al pasado. No tengas miedo de tu anhelo de verdad, que desde la antigua Grecia abrazó la tierra, sacando a la luz los interrogantes más profundos de todo ser humano; de tu sed de justicia, que se desarrolló con el derecho romano y, con el paso del tiempo, se convirtió en respeto por todo ser humano y por sus derechos; de tu deseo de eternidad, enriquecido por el encuentro con la tradición judeo-cristiana, que se refleja en tu patrimonio de fe, de arte y de cultura.
La UE, según Bansky
Hoy, mientras en Europa tantos se interrogan con desconfianza sobre su futuro, muchos otros la miran con esperanza, convencidos de que todavía tiene algo que ofrecer al mundo y a la humanidad. Es la misma confianza que inspiró a Robert Schuman, consciente de que «la contribución que una Europa organizada y viva puede aportar a la civilización es indispensable para el mantenimiento de unas relaciones pacíficas».[6] Es la misma confianza que podemos tener nosotros, a partir de valores compartidos y arraigados en la historia y en la cultura de esta tierra.
Por tanto, ¿qué Europa soñamos para el futuro? ¿En qué consiste su contribución original? En el mundo actual, no se trata de recuperar una hegemonía política o una centralidad geográfica, ni se trata de elaborar soluciones innovadoras a los problemas económicos y sociales. La originalidad europea está sobre todo en su concepción del hombre y de la realidad; en su capacidad de iniciativa y en su solidaridad dinámica.
Sueño, entonces, una Europa amiga de la persona y de las personas. Una tierra donde sea respetada la dignidad de todos, donde la persona sea un valor en sí y no el objeto de un cálculo económico o una mercancía. Una tierra que cuide la vida en todas sus etapas, desde que surge invisible en el seno materno hasta su fin natural, porque ningún ser humano es dueño de la vida, sea propia o ajena. Una tierra que favorezca el trabajo como medio privilegiado para el crecimiento personal y para la edificación del bien común, creando fuentes de empleo especialmente para los más jóvenes. Ser amigos de la persona significa colaborar con su instrucción y su desarrollo cultural. Significa proteger al que es más frágil y débil, especialmente a los ancianos, los enfermos que necesitan tratamientos costosos y las personas con discapacidad. Ser amigos de la persona significa tutelar los derechos, pero también señalar los deberes. Significa recordar que cada uno está llamado a ofrecer la propia contribución a la sociedad, porque ninguno es un universo cerrado en sí mismo y no se puede exigir respeto para sí, sin respeto por los demás; no se puede recibir si al mismo tiempo no se está dispuesto a dar.
Sueño una Europa que sea una familia y una comunidad. Un lugar que sepa valorar las peculiaridades de todas las personas y los pueblos, sin olvidar que estos están unidos por responsabilidades comunes. Ser familia significa vivir la unidad teniendo en cuenta la diversidad, a partir de la diferencia fundamental entre hombre y mujer. En este sentido, Europa es una auténtica familia de pueblos, distintos entre sí, pero sin embargo unidos por una historia y un destino común. Los últimos años, y aún más la pandemia, han demostrado que nadie puede salir adelante solo y que un cierto modo individualista de entender la vida y la sociedad lleva solamente al desánimo y a la soledad. Todo ser humano aspira a ser parte de una comunidad, es decir, de una realidad más grande que lo trasciende y que da sentido a su individualidad. Una Europa dividida, compuesta de realidades solitarias e independientes, fácilmente se encontrará incapaz de hacer frente a los desafíos del futuro. En cambio, una Europa comunidad, solidaria y fraterna, sabrá aprovechar las diferencias y el aporte de cada uno para afrontar juntos las cuestiones que le esperan, comenzando por la pandemia, pero también por el desafío ecológico, que no se limita sólo a la protección de los recursos naturales y a la calidad del ambiente en que vivimos. Se trata de elegir entre un modelo de vida que descarta personas y cosas, y uno inclusivo que valora lo creado y a las criaturas. Sueño una Europa solidaria y generosa. Un lugar acogedor y hospitalario, donde la caridad —que es la mayor virtud cristiana— venza toda forma de indiferencia y egoísmo. La solidaridad es expresión fundamental de toda comunidad y exige que cada uno se haga cargo del otro. Ciertamente hablamos de una “solidaridad inteligente” que no se limite solamente a asistir las necesidades fundamentales en casos puntuales.
Ser solidarios significa guiar al más débil por un camino de crecimiento personal y social, para que un día este pueda a su vez ayudar a los demás. Como un buen médico, que no se limita a suministrar una medicina, sino que acompaña al paciente hasta la recuperación total.
Ser solidarios implica hacerse prójimos. Para Europa significa particularmente hacerse disponible, cercana y diligente para sostener —a través de la cooperación internacional— a los otros continentes —pienso especialmente en África—, de modo que se resuelvan los conflictos en curso y se ponga en marcha un desarrollo humano sostenible.
Acuerdo UE-Turquía Agencias
Además, la solidaridad se nutre de gratuidad y engendra gratitud. Y la gratitud nos lleva a mirar al otro con amor; pero cuando nos olvidamos de agradecer por los beneficios recibidos, somos más propensos a cerrarnos en nosotros mismos y a vivir con miedo a todo lo que nos rodea y es diferente a nosotros.
Lo vemos en los numerosos temores que atraviesan nuestras sociedades actuales, entre los que no puedo callar el recelo respecto a los migrantes. Sólo una Europa que sea comunidad solidaria puede hacer frente a este desafío de forma provechosa, mientras que las soluciones parciales ya han demostrado su insuficiencia. Es evidente, en efecto, que la necesaria acogida de los migrantes no puede limitarse a simples operaciones de asistencia al que llega, a menudo escapando de conflictos, hambre o desastres naturales, sino que debe consentir su integración para que puedan «conocer, respetar y también asimilar la cultura y las tradiciones de la nación que los acoge».[7]
Sueño una Europa sanamente laica, donde Dios y el César sean distintos pero no contrapuestos. Una tierra abierta a la trascendencia, donde el que es creyente sea libre de profesar públicamente la fe y de proponer el propio punto de vista en la sociedad. Han terminado los tiempos de los confesionalismos, pero —se espera— también el de un cierto laicismo que cierra las puertas a los demás y sobre todo a Dios,[8] porque es evidente que una cultura o un sistema político que no respete la apertura a la trascendencia, no respeta adecuadamente a la persona humana.
Los cristianos tienen hoy una gran responsabilidad: como la levadura en la masa, están llamados a despertar la conciencia de Europa, para animar procesos que generen nuevos dinamismos en la sociedad.[9] Los exhorto, pues, a comprometerse con valentía y determinación a ofrecer su colaboración en cada ámbito donde viven y trabajan.
Señor Cardenal:
Estas breves palabras nacen de mi solicitud de Pastor y de la certeza de que Europa aún tiene mucho que dar al mundo. No tienen, por tanto, otra pretensión que la de ser un aporte personal a la reflexión tan necesaria sobre su futuro. Le agradecería si puede compartir su contenido en los diálogos que tendrá usted los próximos días con las Autoridades europeas y con los miembros de la COMECE, que exhorto a colaborar con espíritu de comunión fraterna con todos los obispos del continente, reunidos en el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE). Le ruego que lleve a cada uno mi saludo personal y el signo de mi cercanía a los pueblos que representan. Sus encuentros serán ciertamente una ocasión propicia para profundizar las relaciones de la Santa Sede con la Unión Europea y con el Consejo de Europa, y para confirmar a la Iglesia en su misión evangelizadora y en su servicio al bien común.
Que no le falte a nuestra querida Europa la protección de sus santos Patronos: san Benito, los santos Cirilo y Metodio, santa Brígida, santa Catalina y santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), hombres y mujeres que por amor al Señor han trabajado sin cesar en el servicio de los más pobres y en favor del desarrollo humano, social y cultural de todos los pueblos europeos.
BOLLETTINO N. 0556 – 27.10.2020 19
Mientras me encomiendo a sus oraciones y a las de cuantos tendrá ocasión de encontrar durante su viaje, le pido que lleve a todos mi Bendición.
Vaticano, 22 de octubre de 2020,
memoria de san Juan Pablo II.
FRANCISCO

Para la Iglesia es crucial la igualdad de género

El cardenal Hollerich «está abierto» al sacerdocio de las mujeres

Cardenal Hollerich

Preguntado por el proceso sinodal que aborda la Iglesia católica alemana, el cardenal Hollerich asegura que la cuestión de la igualdad de género en la Iglesia es crucial

«Cuando veo a los obispos alemanes reflexionar sobre la bendición de las parejas homosexuales y escucho lo que los obispos de Polonia tienen que decir sobre estos temas, se hace difícil» imaginar el consenso, lamenta el Presidente de COMECE

Confesando que ve en el Primer Ministro Johnson «rasgos populistas», dice esperar que el Brexit «no destroce demasiada porcelana»

18.09.2020 Lucía López Alonso

El arzobispo de Luxemburgo y Presidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la UE, Jean-Claude Hollerich, sugiere su apoyo a una posible aprobación del sacerdocio femenino. «Estoy abierto a ello», ha dicho en una entrevista con Katolisch.de.

Preguntado por el proceso sinodal que aborda la Iglesia católica alemana, el cardenal Hollerich opina que la cuestión de la igualdad de género en la Iglesia es crucial. «Respeto el hecho de que la gente se atreva a hacer preguntas muy grandes», añade, lamentando que otros países europeos no se encuentren en un ‘camino’ de reforma tan avanzado como el de Alemania. «Cuando veo a los obispos alemanes reflexionar sobre la bendición de las parejas homosexuales y escucho lo que los obispos de Polonia tienen que decir sobre estos temas, se hace difícil» imaginar el consenso.

Respecto al Brexit, el presidente de COMECE declara «no comprender cuando la gente ya no quiere cumplir los tratados, porque se están cuestionando los fundamentos de la cooperación». Confesando que ve en el Primer Ministro Johnson «rasgos populistas», dice esperar «que no se destroce demasiada porcelana».

En cuanto a su reunión con el Papa ante los hechos ocurridos en Moria, el campamento de Lesbos devastado recientemente por incendios, Hollerich reitera su defensa de que Europa acoja a los damnificados de manera inmediata. «Hay obispos que ven a los refugiados como una amenaza, pero desde el punto de vista del Evangelio, esa no puede ser la reacción», denuncia el cardenal.

«Fratelli e sorelle tutti»

Analizando la situación de los templos en Europa tras los meses de encierro por el coronavirus, el Presidente de COMECE admite que «el número de primeras comuniones y catequesis ha disminuido considerablemente». Durante el confinamiento «había buenas ofertas en línea, pero las familias estaban sobrecargadas porque los padres» tenían que ocuparse de los estudios de los hijos, añade.

«Ahora debemos formar comunidades no solo cuando vamos a la iglesia», dice de cara al futuro eclesial. Y dejarles espacio a ellas: «Prefiero decir: ‘Fratelli e sorelle tutti'», apunta Hollerich, ahora que se comenta si el título de la próxima encíclica que va a publicar el Papa, Todos hermanos, es o no machista

 

¿Cómo estamos construyendo el futuro del planeta?

Las iglesias cristianas europeas piden «una respuesta común» ante el desafío ambiental en tiempos de coronavirus

Europa se viste de verde

Con el coronavirus “nos dimos cuenta más que nunca de que no estamos aislados unos de otros, y que las condiciones para la salud y el bienestar humanos son frágiles”

Invitan a “reequilibrar los sistemas de vida, afirma la necesidad de igualdad, justicia y sostenibilidad, afirma la necesidad de una voz profética en defensa de la casa del hombre”

25.08.2020

“Necesitamos una respuesta que nos una a todos, porque el desafío ambiental que estamos experimentando, y sus raíces humanas, nos afectan a todos«. El presidente de las Conferencias Episcopales de Europa, Angelo Bagnasco, y el presidente del Consejo de Iglesias Europeas, Christian Krieger, han emitido una declaración conjunta con motivo de la celebración, del 1 de septiembre al 4 de octubre, del ‘Tiempo de la Creación’

Una oportunidad que los líderes cristianos definen como “un Jubileo por la Tierra”, y animan a los cristianos del viejo continente a “reconocer estos días como una oportunidad para celebrar la riqueza de nuestra fe”.

Para la CCEE y la CEC, el tiempo de la creación “se remonta a las raíces de la fe cristiana”, pues “la creación es un regalo de Dios a la humanidad”. Por ello, “es nuestra responsabilidad apreciarla como buenos y fiables administradores y fieles servidores de Dios”.

Recordando la Laudato Si del Papa Francisco, los líderes de las iglesias europeas constatan que «el urgente desafío de proteger nuestro hogar común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral».

Cómo estamos construyendo el futuro

Al tiempo, hacen un fuerte llamamiento a “renovar el diálogo sobre cómo estamos construyendo el futuro del planeta”.

Citando al teólogo Juergen Moltmann, los obispos sostienen que «hoy en día el adversario teológico es el nihilismo practicado en nuestras relaciones con la naturaleza», por lo que es preciso «un discernimiento sobre Dios que está presente en la creación a través de su Espíritu Santo«, que «puede llevar a los hombres y mujeres a la reconciliación y la paz con la naturaleza».

Este año, “la pandemia del COVID-19 reveló lo profundamente interconectado que está el mundo”, añade el comunicado conjunto. “Nos dimos cuenta más que nunca de que no estamos aislados unos de otros, y que las condiciones para la salud y el bienestar humanos son frágiles”.

El Tiempo de la Creación da a conocer las primeras organizaciones participantes “Los impactos de la pandemia nos obligan a tomar en serio la necesidad de vigilancia y condiciones de vida sostenibles en toda la tierra. Esto es aún más importante dada la devastación ambiental y la amenaza del cambio climático”, finaliza el escrito, que insiste en la necesidad de “reequilibrar los sistemas de vida, afirma la necesidad de igualdad, justicia y sostenibilidad, afirma la necesidad de una voz profética en defensa de la casa del hombre”.

“Invitamos a todos los pastores y cristianos europeos, a las parroquias, a las comunidades eclesiales y a toda persona de buena voluntad, a prestar atención al Tiempo de la Creación y a vivirlo con espíritu ecuménico, unidos en la oración y en la acción”, firman

 

Europa después de la pandemia

Europa después de la pesadilla. Paso a paso, se hace camino al andar 

Por Sergio Ferrari, desde Suiza

Entre la presión por relanzar la economía, una cierta fatiga social por el
confinamiento y el impacto del lastre sanitario que dejan los casi 2 millones de
infectados -y muertes en seis dígitos-, Europa implementa desde mediados de
mayo una osada apertura. El riesgo de una segunda ola pandémica no
desaparece de los cálculos continentales y relativiza cualquier pronóstico
exageradamente optimista.

Lento, pero…inseguro
El Reino Unido, sigue siendo uno de los países más golpeados -aun en la
actualidad- por la pandemia. Contabiliza casi 270 mil casos comprobados y 38.000
decesos, al 27 de mayo. Es la segunda nación más afectada del continente , por
detrás de Rusia, y la cuarta en el mundo, siguiendo a Estados Unidos y Brasil
( https://www.ecdc.europa.eu/en/geographical-distribution-2019-ncov-cases )
El pasado 10 de mayo, Londres anticipó solamente la hoja de ruta de la futura
flexibilización, que comenzará, el 1ro de junio. En esa fecha podrán volver a clase
los niños de 1 a 6 años. Los hoteles y lugares públicos no funcionarán antes de julio.
El segundo lunes de mayo, los franceses pudieron salir a las calles sin llenar un
formulario obligatorio y alejarse hasta 100 kilómetros de su domicilio. Abrieron las
tiendas de ropa, florerías y librerías, y parcialmente escuelas primarias, pero no
bares y restaurantes, pospuestos para junio. Mientras el sector turismo espera poder *normalizarse* en la tercera semana de junio.

Según el sitio web de Redacción Médica este jueves 28 de mayo el Ministerio de
Sanidad de España analiza las peticiones oficiales de varias comunidades
autónomas para cambiar de fase en la desescalada por el coronavirus el próximo
1ro. de junio. Los expertos en Salud Pública aseguran que  ninguna autonomía está
preparada para saltar de fase en solo una semana , sin embargo varias comunidades han solicitado que se permitan relajar algunas restricciones aunque no se cambie de calificación.

En España, a partir también del 11 de mayo, se comenzó a flexibilizar sobre la base
de “fases y regiones”. Los espacios al aire libre, así como los bares reabrieron,
aunque con capacidad limitada en algunas zonas. Sin embargo, Barcelona y Madrid, locomotoras nacionales y centros urbanos más golpeados por el COVID-19, avanzaron mucho más lento. Desde el 21 de mayo se decretó la obligatoriedad de portar mascarillas en los lugares públicos donde no se pueda respetar la distancia de dos metros. Las escuelas, como en Italia, reabrirán solo en septiembre.

Esta última quincena de mayo se ha abierto una brecha entre los modelos de
flexibilización de ambos países, que hasta ahora iban en paralelo, siempre con una
semana de retraso en España. El Gobierno español, que el miércoles 20 logró in
extremis la quinta prórroga del Estado de Alarma, quiere posponer a junio la
circulación en lo interno, entre regiones. Mientras que Italia acelera los tiempos,      movió ficha y se lanzó a una desescalada “acelerada” que incluye la apertura de sus
fronteras continentales a partir del 3 de junio. Estas decisiones, desde Madrid, se
percibieron, en un inicio, como arriesgadas y problemáticas. La presión sobre el
Gobierno español -y su visión “conservadora” de la apertura- viene de otros
gobiernos del continente y de la gran empresa de ese rubro. Casi 80 millones de
personas llegan por año. Y son miles los ciudadanos belgas, franceses, alemanes e
ingleses que tienen propiedades veraniegas en su territorio. Seguir leyendo