El Evangelio de Mateo

 Mateo (1). Introducción al Evangelio

Celebramos el 21.9, dentro del mes de la Biblia, la fiesta de San Mateo, autor del “primer” evangelio. Sabemos de su vida muy poco, aunque la tradición le identifica con Mateo-Leví, uno de los doce apóstoles de Jesús. Vida “real” se identifica con el evangelio de su nombre, llamado “el primero”,  porque así aparece no sólo como el primero de los cuatro evangelios, sino de todos los libros del NT.

            Su evangelio ha sido interpretado como “puerta” del NT y de todo el cristianismo, porque ha vinculado el “espíritu” paulino de Marcos y las tradiciones judeocristianas de la Iglesia primitiva, interpretando de esa forma a Pedro (Mt 16, 16-19), como garante de la recta comprensión de Jesús, unido al testimonio de las mujeres de la pascua, con María, la madre de Jesús (Mt 28), con su madre (Mt 1, 18-25) y con los misioneros del Evangelio que, empezando por Galilea, han sido enviados por Jesús al mundo entero (29, 16-20.

Por| X.Pikaza

El evangelio de Mateo es comienzo de la Escritura cristiana y ha sido escrito entre Galilea y/o Siria, hacia el 80-90 d.C., en el tiempo y lugar donde empieza a decidirse el futuro del judaísmo rabínico y cristiano. Así quiero presentarlo ahora, de un modo resumido, como introducción al “evangelio” cristiano y a la vida de la Iglesia, hasta el día de ho (21-9.22). Buen día a todos. 

ORIGEN Y SENTIDO

Surgimiento:

Hacia el año 67-75 dC. Marcos había escrito su texto, esperando la venida próxima de Jesús, desde la Alta Galilea o Siria. Años después, hacia el 80 d.C.,cuando la caída del templo se ha vuelto un irreversible y los judíos fariseos se reúnen, poniendo las bases de su nueva identidad rabínica, ha escrito Mateo su evangelio como libro de la genealogía de Jesús (Mt 1, 1).

Mt bebe de tres fuentes:

a) El texto de Mc, que le sirve de esqueleto y fondo narrativo. En un sentido estricto, Mateo es una “reelaboración” eclesial de Mc.

b) El documento Q, que conserva tradiciones de los dichos de Jesús, recogidas probablemente en Galilea.

c) Tradiciones propias de su Iglesia, en línea judeocristiana.

Identidad

Marcos era un evangelio más personal, obra de un gran narrador que había logrado captar la novedad e identidad del movimiento de Jesús. Mateo, en cambio, es obra de «una escuela», es decir, de un grupo de «rabinos cristianos», que saben interpretar la Escritura (cf. citas de cumplimiento: Mt 1, 22-23; 2, 5-6. 15. 17-18; cf. 13, 51-52), dialogando y discutiendo con otros judíos, de línea más farisea (cf. Mt 23), sobre el sentido y despliegue de la misma herencia del judaísmo tradicional (la Biblia israelita).

División de las aguas:

 Mt se sitúa en el comienzo de una separación fuerte y duradera:

(a) Unas aguas se dirigirán hacia el lado rabínico, llegando a fijarse después en la Misná;

(b) Otras verterán hacia el lado cristiano, tomando a Jesús como culminación y plenitud de Israel

  En el lugar donde escribe Mt, en la Alta Galilea o Siria, hacia el 80-90 dC empieza a decidirse el futuro del judaísmo rabínico y cristiano.

TEMÁTICA

Un acuerdo que une. Mateo asume la «unión básica» entre iglesias paulinas (abiertas a la misión universal, sin necesidad de cumplir la ley judía) e iglesias de fondo judío, que quieren conservar algunos elementos rituales del AT. Es un acuerdo cumplido ya, en torno al 80/85 d.C., en alguna zona de Siria (Antioquía) o en la Alta Galilea, en diálogo con la iglesia de Antioquía, cerca del lugar donde Jesús había empezado su tarea.

Un acuerdo «pensado y razonado», partiendo de las Escrituras comunes de Israel, influido sobre todo por la memoria de Pedro (y de los de su grupo), pero en el que cabe también la línea cristiana de Santiago y la aportaciones de los que han venido de Jerusalén tras la ruina de la ciudad.

Un acuerdo que separa.No caben todos. Quedan fuera otros judíos, también sabios y piadosos, pero que han comenzado a fijar sus tradiciones, de una forma nacional, preocupados por la ley estricta de comidas y de separación de grupo. A veces se encuentran y discuten entre sí, todavía no han roto del todo. Pero se empiezan a dividir y esa división de hermanos durará hasta el día de hoy:

– Los judíos más rabínicos se extenderán con su nueva Misná hacia Oriente y Occidente, manteniéndose como grupo separado, mientras no llegue el tiempo escatológico de las naciones (que no ha llegado con Jesús). Siguen defendiendo la misión y diferencia del Israel eterno de la Ley Nacional.

– Por su parte, los judíos de Jesús podrán bajar y bajaran de la montaña de de la Ley (que es el Sinaí del Éxodo y la Galilea de Mt 26, 16-20) a todo el mundo, llevando el mensaje de sus cinco Sermones, que marcan un tipo de «ley universal» de la vida humana, abierta a las naciones de la tierra (Mt 5-7; 10; 13; 18, 23-25). Estos judíos universales expandirán así el mensaje del Mesías Jesús, a quien conciben y veneran ya como Señor celeste, ofreciendo a todos los pueblos una salvación de fondo judío, según las promesas de Israel[1].

3. ELEMENTOS DISTINTIVOS

  No es un código legal, sino un libro de vida que vincula la tradición de Israel (desde el principio de su historia) y la nueva experiencia cristiana, una especie de “manual”  de vida (como pudo ser, en un plano distinto, en línea de separación, la Regla de la Comunidad de Qumrán). Es, al mismo tiempo, un libro/controversia que recoge el resultado (las actas) de una fuerte disputa entre seguidores de Jesús y judíos rabínicos, con gran urgencia escatológica, pues muchos aguardaban el gran cambio de los tiempos, el derrumbamiento de un mundo anterior, la llegada del Reino de Dios. Pero, siendo todo eso,  el Evangelio de Mateo es sobre todo un libro-guía de Jesús. Éstos son sus rasgos distintivos:

Mateo ofrece un compendio del judaísmo,es una reinterpretación y cumplimiento de la tradición bíblica, fijada básicamente en la Escritura (Antiguo Testamento). Muchos escritos de entonces (entre el III a.C. y el II d.C.) quisieron fijar la identidad judía de un modo comparable al de Mateo, aunque en otras perspectivas. Entre ellos podemos recordar Jubileos, 1 Henoc y la Regla de la Comunidad de Qumrán, con los grandes apocalípticos del I-II d.C. (2 Baruc, 4 Esdras). Éstos, y otros querían mantenerse fieles a la tradición judía, pero la reinterpretaban de diversas formas. En esa línea, el evangelio de Mateo, que reinterpreta la tradición y vida judía desde Jesús de Nazaret, abriendo así un camino mesiánico nuevo, que se ha mantenido y extendido en la Iglesia cristiana.

Mateo expone el sentido del judaísmo, pero interpretado desde la historia de Jesús, ofreciendo una visión canónica (eclesial y normativa) de su mensaje y movimiento. La exégesis posterior ha insistido en el carácter judío de otros libros apocalípticos o legales, como Jubileos y 1 Henoc (con la Regla de la Comunidad de Qumrán y 4 Esdras), pero afirmando en general que Mateo no sería ya judío. Pues bien, en contra de eso, pienso que  Mateo es tan judío (fiel a la Escritura de Israel) como 1 Henoc o Jubileos, aunque estos libros no hayan logrado crear una “comunidad autónoma” de creyentes. Ésta es la diferencia: Reinterpretando la historia de Jesús, Mateo ha escrito un libro-guía de la comunidad de cristianos, rompiendo (trascendiendo) de hecho los límites de un judaísmo rabínico tradicional (con la Misná), pero conservando y recreando, desde Jesús, lo que a su juicio (y a juicio de gran parte de los cristianos) es la raíz del judaísmo.

Mateo es un libro de historia de la iglesia, pues al contar la “vida” de Jesús él cuenta su acogida en las iglesias. No se ocupa sólo de Jesús (sus palabras y sus hechos separados), sino en la vida de sus seguidores. Como puso de relieve la “historia de las formas” (Formgeschichte), los evangelios, y de un modo especial Mateo, exponen no sólo el pasado de la historia de Jesús, sino la forma en que esa historia ha sido acogida y valorada por la Iglesia. Mateo recrea y vincula en esa línea el testimonio de dos historias bien entrelazadas: (a) La de Jesús Mesías de Israel; (b) la de la Iglesia mesiánica que surge de Jesús y que mantiene y expande su movimiento de Reino, como ha destacado la “historia de la redacción” (Redaktionsgeschichte) de Mateo, con las investigaciones posteriores[2].

Mateo es un libro de choque socio-cultural, y así ofrece una gran alternativa político-religiosa, en el cruce entre dos mundos (oriente y occidente). Es un libro de base “semita” oriental (hebrea y aramea), y en esa línea presenta al principio a los “magos de oriente”, los sabios que vienen buscando a Jesús con la estrella (Mt 2). Pero, al mismo tiempo, es un libro de occidente, elaborado desde un judaísmo que ha crecido en el contexto socio-cultural del helenismo, en el imperio romano; un libro escrito en griego culto, la koiné helenista, para ofrecer una alternativa económica y social, cultural y religiosa al mundo dominante, es decir, al orden romano, desde una ciudad que era cruce de culturas e historias (Antioquía de Siria, hoy Turquía). Ciertamente, él no critica de forma directa al imperio, ni desarrolla una imaginería apocalíptica de su pecado y su caída (como Ap Juan). Pero su evangelio eleva una alternativa ante al imperio, cosa que no han destacado quizá de manera suficiente aquellos que han leído su texto de un modo casi exclusivamente espiritualista e intra-eclesial.

Mateo es un “discurso” de dura controversia, cosa que a veces se olvidad en la historia de las relaciones entre judíos y cristianos. Ciertamente, incluye textos y testimonios admirables de perdón y comunión, de universalismo y pacificación, pero, al mismo tiempo, recoge la historia de un duro conflicto entre seguidores de Jesús y otros judíos de su tiempo, y lo hace no sólo con gran acritud, sino incluso con “mentiras retóricas”, acentuando de manera injusta (e incluso mentirosa) los posibles defectos de los enemigos. Esa controversia resulta muy dura, incluso escandalosa, en la línea del Apocalipsis. Si se olvida ese contexto no se entiende ni valora este evangelio que, tras una superficie de paz y perdón, bien visible en el centro del Sermón de la Montaña (Mt 5-7), recoge las “actas” de un juicio muy duro entre partidarios y adversarios de Jesús. Mateo toma partido por un grupo, y resuelve el conflicto en una línea (desde la perspectiva de los pobres de Jesús), pero en otra línea lo mantiene, como indica la historia posterior de las relaciones de cristianos y judíos[3].

Mateo reinterpreta las disputas eclesiales anteriores. Recoge, por un lado, la narración fundacional de la vida de Jesús en el principio de la comunidad. Pero, al mismo tiempo, introduce, proyecta y define los temas de su Iglesia desde la historia de Jesús, para así resolverlos. No tiene necesidad de fijar un Código de Derecho (como hará cierto catolicismo posterior), ni un tratado legal como la Misná rabínica del II-III d.C., porque todo su libro es un tratado de justicia mesiánica, siguiendo a Jesús, desde los más pobres (como dice Mt 25, 31-46). Ciertamente, en su fondo hay mucha historia y muchas palabras de Jesús, datos muy fiables de su vida. Pero ellos han sido reinterpretados desde y para la comunidad creyente.

Mateo no quiere engañar, pero siempre interpreta y valora lo que dice desde la perspectiva de su comunidad, conservando así, con gran crudeza, las huellas de muchas disputas anteriores. Más que enfrentarse con un judaísmo de fuera, Mateo recoge diversas disputas eclesiales, apareciendo así como testimonio básico de la diversidad de tendencias cristianas del último tercio del siglo I d.C.  En esa línea, él ha querido conservar y reinterpretar textos y tendencia de sus adversarios, ofreciendo un discurso en el que quepan (o puedan caber) casi todos los grupos de seguidores de Jesús.  Así lo ha sentido la Iglesia posterior que, a pesar de las dificultades y oposiciones (contraposiciones) de su texto, ha utilizado a Mateo más que a los otros evangelios.

Mateo es un texto de apuesta eclesial.No es un libro para saber cosas antes ignoradas sobre el Cristo Jesús y sus seguidores (aunque es también eso), sino para actuar e implicarse en una línea de compromiso eclesial y de misión, abierta a todos los pueblos. Al trazar esa “apuesta y fijarla al final de su texto (28, 16-20), Mateo  realiza un gesto polémico esencial, que le distancia de otros creyentes judíos. Esa apuesta al servicio de la misión universal cristiana, desde la tradición nacional judía (pero abriéndola por dentro)  ha definido todo el movimiento cristiano. Si Mateo no hubiera tomado partido como hizo en este libro, en línea de universalidad, pero sin negar la identidad judía de Jesús, la historia de la Gran Iglesia hubiera sido muy distinta. Sin duda, han influido en esa opción Marcos y Lucas, y de otra manera Juan (sobre todo en Jn 21, asumiendo el gesto misionero universal de Pedro), pero el texto de Mateo ha sido decisivo, pues él “cataliza” los diversos aspectos del mensaje y vida de Jesús con lenguaje judío y de un modo universal, aceptando la herencia de Pablo, para entenderla desde Pedro[4].

LIBRO DE SÍNTESIS

Por todo lo anterior, resulta claro que Mateo es un libro de síntesis, pues él ha vinculado en su evangelio unas visiones y prácticas que parecían irreconciliables. No ha negado la Ley israelita, pero la interpreta desde el evangelio,  en una línea universal. No ha rechazado el testimonio sapiencial y apocalíptico del Q, pero lo ha introducido en la narración evangélica de Marcos. Tampoco ha borrado la tensión paulina, pero la integra en un contexto temático-narrativo (estructural), centrado  en la vida de Jesús. Sin rechazar esos rasgos nacionales de la tradición judía, Mateo ha destacado otros rasgos que posibilitan su apertura universal, pero su texto, más narrativo que argumentativo, puede y debe entenderse sentirse en estos cuatro planos.

 ‒ Plano ético, es un libro de moral (de acción cristiana): Las bienaventuranzas y mandatos del Sermón de la Montaña (Mt 5-7) son, en principio, de origen judío, pero pueden aplicarse a todos los pueblos, ofreciendo quizá el mejor compendio de los derechos y deberes de los hombres.

‒  Plano cristológico y antropológico: Mateo cuenta la historia del “mesías” de Israel, esto, de Jesús de Nazaret, a quien presenta como es Hijo y Mensajero (presencia salvadora) de Dios para las naciones. Pues bien, el Cristo de Dios no es un ángel separado, sino un hombre concreto de la historia.

‒ Plano eclesial, nueva comunidad. Mateo es el libro de cabecera (manual de vida) de una comunidad de seguidores de Jesús, que se enfrentan con la dificultad de ser judíos en la línea de Jesús, de un modo universal, abierto todos los hombres y naciones. En esa línea, Mateo ofrece la primera y más honda de las “constituciones” del cristianismo. 

‒ Plano sacramental, signos cristianos. Mateo no niega el valor de la circuncisión judía, pero la deja en un segundo plano (no habla de ella), destacando el bautismo como gesto universal de iniciación creyentes, que puede aplicarse y se aplica por igual a todos, varones y mujeres, judíos y gentiles, en nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo (cf. Mt 28, 16-20) [5].

            Para trazar de esa manera su síntesis cristiana, Mateo ha vinculado el documento Q con la narración de Marcos y con sus propias tradiciones, y lo ha hecho en una zona no muy alejada del lugar donde había surgido Marcos, para responder a los problemas de su comunidad, probablemente en Antioquía, al Norte de Siria, ciudad que había sido muy importante no sólo para el judaísmo (en la crisis “antioquena”, 1-2 Mac), sino también para la historia de los primeros cristianos, vinculados a Bernabé y a Pablo (cf. Hch 11-15 y Gal 2-3).

Desde Antioquía se había iniciado la misión universal del evangelio, y allí surgió, según Hechos, el segundo gran conflicto de la Iglesia (el primero habría sido el de los helenistas del Hch 6-7), motivado porque algunos seguidores de Jesús no se circuncidaban, es decir, no se hacían judíos para ser así cristianos. De allí partió la iniciativa del llamado «concilio de Jerusalén, con el primer “pacto” eclesial entre comunidades judeo- y pagano-cristianas, que Pedro y Pablo interpretaron de formas distintas en la misma Antioquía, como ciudad del conflicto que está al fondo de Mateo  (cf. Hch 15; Gal 2-3),

 A causa de ese conflicto Pablo tuvo que salir  de Antioquía (año 49/50 d.C.), donde quedó Pedro como animador de aquella Iglesia. Pero las fricciones no terminaron con ese conflicto, sino que hubo más conflictos e intercambios entre las diversas corrientes cristianas, que desembocaron en este evangelio, escrito hacia 85/95 dC, en el que Mateo acepta “críticamente” (en una nueva perspectiva) muchas tesis de Pablo, aunque en una línea vinculada a Pedro. Lo que Pedro y Pablo no habían podido pactar al principio (en torno al 49 dC), pudo hacerlo Mateo 35/40 años más tarde, recuperando desde Pedro (desde la historia de Jesús) los elementos fundamentales de la teología de Pablo. 

‒ Marcos era un evangelio más excluyente, y no había conocido (o aceptado) el documento Q (con sus logia o dichos de tipo más sapiencial y apocalíptico), porque él quería trazar una biografía más “paulina” de Jesús, insistiendo en su muerte (cf. ComMc 101-106). En una línea quizá convergente, él había rechazado también la tradición de los hermanos de Jesús (iglesia de Jerusalén), pensando que iba en contra de la libertad y la apertura universal del Jesús de Pablo.

‒ Mateo es un evangelio inclusivo. En esa línea, desde su nueva perspectiva eclesial y teológica, reelaborando el texto de Marcos que es una de sus bases, él asume y reinterpreta esos materiales (del Q y de los judeo-cristianos de Santiago), en línea una universal, desde la perspectiva de Pedro, aunque aceptando las tesis esenciales de Pablo. Por eso, a diferencia de Marcos, que es un “evangelio de tesis” (elige y defiende con fuerza una opción eclesial), Mateo recoge, en la línea de una tradición clásica del judaísmo (de una manera que nos puede parecer algo forzada) diversas posturas eclesiales, las de Pedro y las de Pablo, desde la perspectiva de la historia de Jesús y su opción por los pobres. 

Mateo ha nacido y crecido en un entorno donde ha sido importante el judeo-cristianismo, contrario en principio a la misión dirigida a los gentiles, que deberían hacerse primero judíos, para ser después cristianos, por lo menos antes de la llegada del fin de los tiempos. Pues bien, en un momento dado, por influjo de la misma tradición de Jesús, y quizá por haber sido rechazados otros grupos judíos de línea más rabínica, los cristianos de Mateo tendieron a separarse del judaísmo nacional, acercándose así a las posturas de Pablo (que, por haberlas defendido de manera intensa, había tenido que abandonar Antioquía hacia el año 49/50 d.C.).

REESCRIBIR EL EVANGELIO DE MARCOS

En esa línea, Mateo puede aceptar como base el evangelio de Marcos, con su mensaje de Reino y, sobre todo, con su visión de Jesús como salvador mesiánico crucificado, iniciando una reinterpretación mesiánica del judaísmo en un momento en el que, tras la destrucción del templo, el 70 dC, algunos judíos rabínicos habían comenzado a reinterpretar también su tradición, tal como desemboca más tarde en la Misná. Pero mientras Marcos se oponía sin más al judaísmo rabínico naciente (manteniendo así la opción mesiánica de Pablo), Mateo, aceptando también, básicamente esa opción, ha querido reelaborarla, asumiendo algunos elementos básicos del judeo-cristianismo de Santiago.

Mateo ha querido “mantener” así la historia del judeo-cristianismo más antiguo, en la línea de Santiago y especialmente de Pedro, pero sin rechazar a Pablo, de manera que ha debido proponer para ello una serie de pactos que han sido fundamentales para la iglesia posterior, aunque no siempre ha logrado que concuerden y se ajusten entre sí todas las perspectivas de su texto, que sigue de esa forma abierto a diversas interpretaciones. Pues bien, a pesar de las dificultades de su empeño y de la brusquedad de algunas de sus formulaciones, este evangelio ha tenido mucho éxito, de manera que ha sido el libro eclesial por excelencia (aunque a veces no se ha entendido quizá en su radicalidad).

Por eso se dice que Mateo es el «primer evangelio», no sólo porque está al principio del Nuevo Testamento, sino porque ha tenido un influjo muy grande en la historia de la Iglesia, tanto por su estructura catequética como por la forma en que ha vinculado los aspectos morales y sociales del mensaje de Jesús, desde su opción por los pobres. Marcos había escrito su evangelio en el entorno de la guerra (del 67-70 d.C.), con la esperanza de una manifestación próxima de Jesús, desde una comunidad (quizá Damasco) donde había muchos pagano-cristianos. Mateo escribe en otro entorno, probablemente en Antioquía,  entre el 85-95 d.C., cuando la destrucción del templo de Jerusalén y la reformulación del judaísmo se habían vuelto irreversibles y muchos judíos fariseos empezaban a fijar las bases de su nueva identidad rabínica, en la costa judía (Jamnia) y en interior de Galilea. También Mateo puede haber salido de Jerusalén, llevando tradiciones de Santiago, hermano del Señor, para establecerse en una comunidad donde se mezclaban elementos rabínicos y cristianos: 

 ‒ Marcos había sido un evangelio más personal, obra de un gran narrador que había logrado captar la novedad e identidad del movimiento de Jesús, desde la Alta Galilea y Siria (Damasco), en sintonía con su Iglesia, pero quizá con cierta independencia frente a ella.

‒ Mateo es más bien el evangelio de una escuela, es decir, de un grupo de «rabinos cristianos», que saben interpretar la Escritura (cf. citas de cumplimiento: Mt 1, 22-23; 2, 5-6. 15. 17-18; cf. 13, 51-52), dialogando y discutiendo con otros de línea más farisea (cf. Mt 23), sobre el sentido y despliegue de la herencia tradicional del judaísmo (de la Biblia israelita)[6].

Mateo se encuentra en el comienzo de una divisoria del judaísmo tras la guerra del 70 dC, cuando unas aguas se dirigían hacia el lado rabínico, para quedar después fijadas en la Misná, y otras tendían hacia el lado de Jesús, a quien a quien sus seguidores veneraban como culminación y verdad del camino israelita. Aquí, entre la Costa Judía, la Alta Galilea y Siria/Antioquía, hacia el 85-95 d.C., está empezando a decidirse (desde unas visiones en principio en gran parte comunes) el futuro del judaísmo rabínico y del cristianismo. 

En ese tiempo no se hallaba aún definido el judaísmo rabínico (que se centrará en el siglo III en la Misná) ni el cristianismo (que desembocará en la Gran Iglesia con episcopado y canon del NT). En ese contexto, fiel a la historia de su iglesia, Mateo optó por la universalidad paulina, pero manteniendo el principio judío de la vida y pascua de Jesús, como indica el final de su texto “Id, pues, a todas las naciones…” (28, 16-20). Pues bien, su opción supone que hubo un «acuerdo misionero», un convenio o pacto «histórico», cumplido, una vez y para siempre, en alguna zona de Siria (Antioquía), entre la tradición de Pablo y la de Pedro.

Éste fue un acuerdo «pensado y razonado», partiendo de argumentos de Escritura, comunes a todos, un pacto logrado con dificultades, entre diferentes grupos de cristianos.  No fue un acuerdo de todos los judíos, pues siguió habiendo muchos, también sabios y piadosos, que decidieron fijar sus tradiciones, de una forma nacional, preocupados por la ley estricta de comidas y la separación de grupo, y que no aceptaron la propuesta de Mateo. Posiblemente, unos y otros se encontraban y discutían en las sinagogas, no se habían apartado aún del todo. Pero el gesto de apertura universal de Mateo y la búsqueda de fidelidad nacional de otros rabinos, hizo que las comunidades terminaran separándose (a veces con acusaciones y mentiras, como iré mostrando en el comentario, sobre todo al ocuparme de Mt 23 y de 28, 11-15.

Esa separación de hermanos, que salieron de la misma casa (Jerusalén, Galilea, Antioquía), se mantiene hasta hoy. Los judíos más rabínicos reforzarán su tradición con la Misná, manteniéndose separados, como grupo nacional, con sus grandes riquezas y sus posibles limitaciones. A diferencia de ellos, los seguidores de Jesús, en la línea de Mateo, “bajarán” de la montaña de Galilea para dirigirse a todo el mundo (Mt 28, 16-20), llevando el mensaje de los cinco grandes Sermones (Mt 5-7; 10; 13; 18, 23-25), que marcan un tipo de «ley universal» de vida, abierta a todas las naciones, expandiendo el mensaje universal de Jesús Maestro (a fin de que todos sean sus discípulos)[7].

CINCO NOVEDADES FUNDAMENTALES

            Mateo proviene de una comunidad judeo-cristiana, vinculada en un sentido extenso a la comunidad primitiva de Jerusalén, bajo la inspiración de Santiago y los hermanos de Jesús (con Pedro y los Doce), de manera que hasta el 70 dC  se ha podido sentir integrada entre los diversos grupos del judaísmo, como indican varios textos fundamentales, entre los que podemos citar 5, 17 (no he venido a destruir la ley), 10, 5 (no vayáis a los gentiles, ni a los samaritanos, id a las ovejas perdidas de la casa de Israel) y 23, 2-3 (en la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos; haced pues lo que os digan, pero no lo que hagan…). Estos cristianos  empiezan aceptando la línea rabínica de los escribas y fariseos, aunque es evidente que lo hacían en medio de tensiones, como las que muestra el mismo evangelio, con enfrentamientos que iremos precisando. Pues bien, en ese fondo se pueden señalar cinco novedades, que han marcado la novedad cristiana de Mateo.

 1. Tras la guerra judía, un renacer apocalíptico. La primera ha sido la Guerra del 67-70, que ha radicalizado a los grupos judíos. La forma de situarse ante ella, con sus resultados, ha marcado poderosamente los grupos judíos, de manera que algunos han desaparecido (saduceos, esenios…) y otros, como los fariseos rabínicos, han debido resituarse. En ese contexto ha influido poderosamente la evocación apocalíptica, que aparece de manera poderosa en textos como 4 Esdras y Ap. Sir. de Baruc (2 Bar).

En esa línea se ha mantenido y avanza también Mateo, lo mismo que el Apocalipsis de Juan, con su novedad fundamental: El Salvador Apocalíptico que viene (ha venido como Hijo de Hombre) es el mismo Jesús. Una vez que identifica a Jesús con el Salvador Apocalíptico cambia toda la forma de entender el judaísmo. También Pablo y Marcos habían entendido a Jesús en esa línea, pero sólo Mateo lo hará de una forma consecuente, reinterpretando así todo el judaísmo, como indicaré en el comentario. Ciertamente, la venida final del Hijo del Hombre podía interpretarse también en línea de judaísmo rabínico (como supone Dan 7 y 4 Es 13), pero una vez que el Hijo del hombre que viene se identifica con el Jesús que ha venido ya cambian las coordenadas teológicas y sociales de la comunidad.

2. Mateo suaviza y reelabora algunos aspectos del mensaje de Marcos, como seguiré indicando, pero acepta lo fundamental, con lo que reafirma su ruptura dentro del judaísmo. Éste es quizá el punto de inflexión, el momento clave del gran cambio: En el momento en que las comunidades que están en el fondo de Mateo aceptan el mensaje básico de Marcos, con su visión de Jesús, tiene que iniciarse y se inicia en ellas un camino de ruptura y de recreación mesiánica. Ésta es, a mi juicio, la gran novedad de las iglesias del entorno de Siria y de Asia (Éfeso), y quizá también de Roma, no sólo en las comunidades de origen paulino, sino también de las origen más judeo-cristiano. Una vez que leen y aceptan el mensaje de Marcos, con su visión de Jesús, ellas pueden cambiar su manera de entender la tradición del evangelio, como una experiencia que no sólo apocalíptica, ni de tipo social, sino también de vinculación personal, de encuentro con Jesús

3. Mateo acepta frente a (sobre) Marcos el documento Q, con su enseñanza mesiánica, ética y apocalíptica. Ciertamente, en sí mismo, el documento Q no implica una ruptura radical respecto al judaísmo, pero en el momento en que su enseñanza ético-apocalíptica se estructura y organiza, como hace Mateo, desde la perspectiva de Jesús resucitado, dentro de un relato unitario de su vida, surge una visión socio-religiosa diferente. Uno por uno, los grandes momentos del mensaje Q podrían ser aceptados por un tipo de judaísmo rabínico, pero una vez que esos momentos se introducen en un “cuerpo” doctrinal, como el formado por los cinco discursos de Mateo (Mt 5-7, 10, 13, 18, 23-25), y se vinculan con la historia de Jesús (en la línea de Marcos) ellos trazan inexorablemente una nueva forma de identidad social y religiosa, distinta del judaísmo rabínico

               Esta unión del Q con Marcos, realizada de formas convergentes por Mateo y Lucas, constituye un elemento clave de la historia evangélica y de todo el cristianismo primitivo, y debió realizarse, al mismo tiempo, en iglesias distintas (Antioquía, Éfeso…), entre el 70 y 80 dC. He presentado ya los rasgos básicos del Q en ComMc 101-106, y los seguiré evocando a lo largo de este comentario. Aquí sólo he de añadir que, a diferencia de Lucas, que conserva mejor el orden básico de sus dichos (sin reelaborarlos), Mateo los ha introducido en su contexto narrativo y doctrinal,  trasformando de esa forma la estructura originaria que tenían y, quizá, su mismo sentido, para ponerlos al servicio de su visión de Jesús.  Tal como él los asume, estos dichos ya no son una doctrina separable de la vida de Jesús, de su entrega hasta la muerte, de su resurrección[8].

 4. Mateo reelabora la visión mesiánica de Jesús, presentándole ya, de una manera más fuerte y concreta, en una línea que el judaísmo rabínico no puede aceptar. Así le pone en el lugar de la Ley, como principio de nueva creación, como Sabiduría de Dios. Desde ese fondo, Mateo reelabora y amplía el abanico de la vida de Jesús, hablando por un lado de su nacimiento “divino”, desde una perspectiva de fondo israelita, pero superando el nivel del Israel histórico. Y reelabora también la experiencia de la pascua, entendida no sólo como llamada al encuentro con Jesús en Galilea (como en Mc 16, 1-8), sino como encuentro real de Jesús con sus discípulos, en la montaña de Galilea, y como envío universal, a todos los pueblos de la tierra, en una perspectiva “ternaria” (o trinitaria), en unión con el Padre y el Espíritu Santo (28, 16-20).

               No es que el Jesús de Mateo sea Dios sin más, “de la misma naturaleza que el Padre” (como dirá el Credo de Nicea), en un sentido ontológico, pero él aparece y actúa como  revelación y presencia de Dios de tal manera que la estructura y sentido del judaísmo anterior cambia de un modo esencial. No es que Mateo quiera destruir de esa manera el judaísmo rabínico que está empezando a nacer, pero hay un tipo de judaísmo rabínico que no puede aceptar su propuesta de evangelio, con su visión de Jesús como revelación plena de Dios y, en el fondo, como principio divino[9].

5. Mateo presenta a Pedro como intérprete definitivo de la Ley, es decir, del nuevo Israel cristiano.. Tampoco ésta es en sí misma una novedad definitiva, pues lo que Mt 16, 17-17 dice de Pedro lo podría decir, con ciertas variantes la Regla de la Comunidad o el Documento de Damasco del Maestro de la Justicia. El judaísmo puede aceptar reformas de ese tipo, con personajes que recrean o interpretan la tradición anterior. Pero una vez que se da el paso, una vez que el Cristo confía a Pedro la tarea de fundar su “comunidad mesiánica” o Iglesia hay algo que ha cambiado de forma radical.

             Esta “re-definición” petrina del mensaje cristiano y de la Iglesia constituye un elemento clave del evangelio de Mateo, como seguiré indicando en el próximo apartado, pero no es algo exclusivamente suyo, sino que aparece de modos distintos, aunque convergentes, no sólo en la tradición “petrina” (1-2 Ped), sino en Hech 1-15 y en Jn 21. Sobre la interpretación de este “principio” petrino y de su relación con los otros principios eclesiales del Nuevo Testamento (en la línea del Pablo o del Discípulo Amado) disienten autores a iglesia, aunque existe un consenso básico de tipo histórico, como seguiré indicando[10].

Con ese fin, Mateo ha conservado y retocado el documento Q (con algunos dichos fundamentales de Jesús), y lo ha vinculado con la proclamación (texto) de Marcos, reinterpretado por su comunidad, ofreciendo así un evangelio muy judío, pero muy universal, que puede enseñarse y propagarse en todo el mundo. En esa línea, a diferencia de Marcos (que era un libro para esperar la llegada del Cristo, en Galilea), Mateo será un libro para llevar su mensaje a todas las naciones[11].

 Notas  

[1] Entre los trabajos de la “historia” de la redacción de Mateo, cf también Rohde, Redacktionsgeschichtliche; Schulz, Stunde. Sobre Mateo en particular, cf. Bornkamm y otros,Überlieferung; Potterie (ed.), Jésus; Didier (ed Matthieu;  Trilling, Wahre;  Aguirre, Evangelio.

[2] Sobre la “historia de las formas” y su visión de Mateo, cf. Caba, Evangelios; Dibelius, Formas. He expuesto de un modo básico el tema en Prólogo a R. Bultmann, Tradición Sinóptica, 9-61 y en Dios y la existencia. El pensamiento de Rudolf K. Bultmann,Clie, Terrasa/Viladecavalls 2014. 

[3] Cf. U. Luz, Lévangéliste Matthieu: un judéo-chrétien à la croisée des chemins. Réflexions sur le plan narratif du premier évangile, en D. Marguerat y J. Zumstein (eds.), La mémoire et le temps, Labor et Fides, Genève, 1991, 77-92; A. J. Saldarini, Matthewss Christian-Jewish Community, Chicago UP, 1994; Hummel, AuseinandersetzungHow Jewish is the Gospel of Matthew ?CBQ 62 (2000), 264-277; P. Luomanen,   The Sociology of Sectarianism in Matthew: Modeling the Genesis on Early Jewish and Christian Communities, en I. Dunderberg, C. Tuckett y K. Syreeni (eds.), Fair Play. Diversity and Conflicts in Early Christianity: Essays in Honnour of Heikki Räisänen, Leiden, 2002, 107-130; D. Hagner,  Matthew: Apostate, Reformer, Revolutionary, NTS 49 (2003),193-209; Matthew: Christian Judaism or Jewish Christianity, en S. McKnight y G. Osborne (eds.), The Face of New Testament Studies: A Survey of Recent Research, Fortress, Gand Rapids, 2004, 263-282; W. Carter, Matthews: Jewish Christianity, Christian Judaism, or Neither, en M. Jackson-McCabe (ed.), Jewish Christianity Reconsidered, Minneapolis, 2007; F. J. Murphy, The Jewishness of Matthew:Another Look, en A. J. Avery-Peck, D. Harrington y J. Neusner (eds.), When Judaism and Christianity Began. Essays in Memory of Anthony J. Saldarini, Leiden/Boston, 2004; D. Jaffé, Les Sages du Talmud et lÉvangile selon MatthieuRevue de lhistoire des religions, 4  (2009) 583-611.

[4] Mateo se sitúa en el contexto de una comunidad judeo-cristiana (de la Alta Galilea o de Siria, y más probablemente de Antioquia), donde estaban integrándose diversas tradiciones cristiana, en un fondo judío: el documento Q, el judeo-cristianismo de Santiago (hermano de Jesús), Marcos, el mensaje universal paulino…  Cf. Sandt, Matthew, James; Sim,   Contemporaries;  Van de Sandt,  Matthew and the Didache.

[5] Pablo había universalizaba el judaísmo desde la gracia de Jesús/Mesías, pero algunos pensaron que dejaba a un lado la Ley y lo hacía de una forma polémica, que muchos judíos no aceptaban. Mateo, en cambio, ofrece una interpretación universal de la Ley (sin negarla), presentando a Jesús como aquel que abre el camino del judaísmo a todos los pueblos (cf. Mt 28, 16-20).  

[6] El tema ha sido estudiado por numerosos investigadores, cf. Stendahl, School; Barth, Gesetzesverständnis; Cope Matthew; Gale, Redefining;Huizenga, Isaac; OLeary, Judaization;Sim, Gospel.

[7] Siendo el más judío de los evangelios (y quizá de todos los textos del Nuevo Testamento), Mateo expone y expande por Jesús el judaísmo a todas las naciones, desde la Montaña de Galilea donde comienza la travesía de la nueva iglesia. Cf. Overman, Matthews; Stanton, Gospel;  Carlston-Craig,  Sinagogue; Smith-Lalitha, Teaching. 

[8] Éstos son los dichos del Q, citados según Lucas: 3, 2b.3; 3, 7-9; 3, 16b-17; 3, 21-22 4, 1-4. 9-12.5-8. 13; 4, 16; 6, 20-21; 6, 22-2; 6, 27-28. 35c-d; 6, 29-30; 6, 31; 6, 32; 6, 36; 6, 37-38; 6, 39; 6, 40; 6, 41-42; 6, 43-45; 6, 46; 6, 47-49: 7, 1, 3, 6b-9. 10?; 7, 18-23; 7, 24-28; 7, 29-30; 7, 31-35; 9, 57- 60; 10, 2; 10, 3; 10, 4; 10, 5-9; 10, 10-12; 10, 13-15; 10, 16; 10, 21; 10, 22; 10, 23-24; 11, 2b-4; 11, 9-13; 11, 14-15, 17-20; 11, ·21-22; 11, 23; 11, 24-2; 11, ?27-28; 11, 16. 29-30; 11, 31-3; 11, 33; 11, 34-35; 11, 39a?. 42. 39b. 41. 43-44; 11, 46b, 52. 47-48; 11, 49-51; 12, 2-3; 12, 4-5; 12, 6-7; 12, 8-9; 12, 10; 12, 11-12; 12, 33-34; 12, 22b-31; 12, 39-40; 12, 42-46; 12, ·49‚ 51. 53; 12, ·54-56; 12, 58-59; 13, 18-19; 13, 20-2; 13, 24-27; 13, 29, 28; 13, 30; 13, 34-35; 14, ·11; 14, 16-18. 19-20. 21. 23; 14, 26; 14, 27; 17, 33; 14, 34-35; 16, 13; 16, 16; 16, 17; 16, 18; 17, 1-2; 15, 4-5a. 7; 15, ·8-10; 17, 3-4; 17, 6; 17, 20-21; 17, 23-24; 17, 37; 17, 26-27, 28-29?. 30; 17, 34-35; 19, 12-13. 15-24. 26; 22, 28.30. 

Entre las obras sobre el Q cf. J. S. Kloppenborg, The formation of Q: Trajectories in Ancient Wisdom Collections, Fortress, Philadelphia 1987;  Robinson y otros, Documento Q;   Ch. M. Tuckett, Q and the History of Early Christianity, Clark, Edinburgh 1996;  Guijarro, Dichos;  Memoria cultural e identidad de grupo en Q, en C. Bernabé y C. Gil (eds.), Reimaginando los orígenes del cristianismo, Verbo Divino, Estella 2008, 193-218;   J. M. Robinson, LOGOI SOPHON: On the Gattung of Q, en H. Koester y J. M. Robinson, Trajectories through Early Christianity,Fortress, Philadelphia 1971, 71-113; M. Sato, Q und Prophetie, WUNT 29, Tübingen 1988;   M.Tuckett, Q and the History of Early Christianity, Clark, Edinburgh 1996, 102; I. E. Vaage, Galilean Upstarts. Jesus First Followers according to Q, Trinity, Valley Forge 1994. 

[9] Sobre la “cristología” de Mateo, cf. Brown, El nacimiento;Deutsch, Hidden Wisdom;Frankemölle, Jahwebund;Kupp,   Immanuel; Quesnel, Jesucristo; Van Aarde,  God-With-Us.

[10] Entre los trabajos de tipo general sobre Pedro, cf. R. Aguirre (ed.), Pedro en la Iglesia primitiva, Verbo Divino, Estella 1990: R. E. Brown (ed.), Pedro en el Nuevo Testamento, Sal Terrae, Santander 1976;   J. Gnilka, Pedro y Roma. La figura de Pedro en los dos primeros siglos de la Iglesia, Herder, Barcelona 2003). Desde la peerspectiva de Juan, cf. J. Beutler, Comentario al Evangelio de Juan,  Verbo Divino, Estella 2016, 498-502; A. Vogtle,  Messiasbekenntnis und Petrusverheissung, BZ 1 (1957) 252-272; Ekklesiologische Auftragswortedes Auferstandenen: Sacra Pagina II (Paris-Gembloux 1959), 280-294; U. HeckelHirtenamtund Herrschaftskritik im Johannesevangelium, Exegetische und kirchliche Perspektiven, BThS, Neukirchen-Vluyn 2004.2004.

[11] En otras circunstancias, dentro de una Iglesia unificada, el evangelio de Mateo podría y debería haber sustituido al de Marcos (que así habría desaparecido). Pero, dada la pluralidad de iglesias y de perspectivas eclesiales, Marcos, ha permanecido, como he puesto de relieve en ComMc, a pesar de la gran importancia que la Iglesia ha dado al de Mateo.

El Evangelio de Mateo en el mes de la Biblia

San Mateo: El evangelio fundacional de la Iglesia 

Se celebra este día (21, 9) la fiesta de San Mateo, primer evangelista, punto de partida de la lectura del NT y de toda la Biblia para millones de cristianos, como he puesto de relieve en Ciudad Biblia. 

    Podemos empezar con el relato de la llamada de Jesús, según Lc 5,27-32. No sabemos mucho de él. Mc 2, 14 le llama Leví (levita, hijo de Alfeo), identificado por la tradición con el autor del primer evangelio, un escriba que saca de su arcón de libros verdades antiguas y nuevas, para dibujar la figura de Jesús,  centro de toda la Biblia (Mt 13, 52). 

Su “historia” es admirable, paradójica: Es judío (Levi), y sin embargo parece funcionario del dinero universal (de Judea y Roma), publicano sospechoso y afamado. Está contando el dinero en el telonio, pero Jesús le llama y el deja todo y le sigue, invitándole después, con los discípulos y amigos publicanos (pecadores) a comer de fiesta, gastando el dinero quizá mal ganado en un festín sospechoso. 

            Los fariseos (separados) critican y condenan a Jesús porque se sienta (come, hace amistad) con pecadores y gente de vida dudosa, pero Jesús responde defendiendo el perdón mutuo y el abrazo sobre la ley pura de los intransigentes. Éste Leví es un hombre apropiado para escribir un evangelio como el de Mateo. Hoy sería buen día para leerlo entero. 

Cronológicamente no parece el primer evangelio que se ha escrito, Marcos parece anterior, lo mismo que un documento evangélico llamado Q (sigla de Quelle, fuente). Pero el canon del Nuevo Testamento ha colocado al principio el evangelio de Mateo, tomándolo así como libro clave para entender la Biblia Cristiana. Muchos han escrito y siguen escribiendo sobre este evangelio de Mateo. Yo mismo le he dedicado un largo comentario. Pero es preferible leer hoy el texto del Evangelio de Mateo. 

20.09.2021 | X Pikaza 

Nueva introducción (Mt 9,9-13) 

Cuenta la tradición que un publicano (Levi) se sentaba en su oficina de impuestos (telonio). Parecía por familia un sacerdote: Se llamaba Leví, levita. Pero la fortuna de la vida o su opción económica le hicieron “oficial de aduanas”, quizá jefe económico del puesto de frontera entre Cafarnaúm, donde Jesús vivía (en Galilea, reino de Herodes), y Betsaida, ciudad de Pedro, Andrés y Felipe (en Iturea, reino de Felipe). 

            Jesús debía pasar por allí con frecuencia, fijándose en Levi, a quien un día llamó diciendo: “Ven conmigo”. Y Leví dejó la aduana con dinero y siguió a Jesús, el pobre. ¿Qué podría hacer en su grupo un publicano? Quizá hablar de economía, enseñar cómo funcionan los impuestos, de qué forma se invierte el dinero. 

Todo eso hizo Leví, sin duda. Pero el texto empieza hablando de otra cosa: Leví invitó a Jesús a comer, con escándalo de muchos que decían: ¡Cómo puede sentarse Jesús a su mesa! Debió ser una comida de solidaridad y compromiso por el Reino. ¿Qué dirían? ¿Qué diríamos nosotros? 

EL EVANGELIO DE MATEO 

 Elementos distintivos 

   He presentado a Mateo como evangelio fundacional de la Iglesia, un evangelio hecho de pactos (entre los de Jerusalén y los de Pablo, entre galileos y helenistas), el evangelio que  ha sido y sigue siendo la palabra clave del «fundamento» de la Iglesia, vinculada a la figura y acción de Pedro (Mt 16, 17-19), un Pedro-cimiento sobre el que pueden edificarse todas las «moradas» y caminos de la Iglesia. 

No es un código legal, sino un libro de vida que vincula la tradición de Israel (desde el principio) y la nueva experiencia cristiana, una especie de “manual” de vida (como pudo ser, en un plano distinto, la Regla de la Comunidad de Qumrán). Es, al mismo tiempo, un libro/controversia que recoge el resultado (las actas) de una fuerte disputa entre seguidores de Jesús y judíos rabínicos, con urgencia escatológica, pues muchos aguardaban el cambio de los tiempos, el derrumbamiento de un mundo anterior, la llegada del Reino de Dios. Pero, siendo todo eso, es un libro-guía de Jesús y de su comunidad cristiana. 

Mateocuenta la historia de Jesús como cumplimiento de la tradición bíblica, fijada básicamente en la Escritura de Israel (el AT cristiano). Muchos escritos de entonces (entre el III aC y el II dC) quisieron fijar la identidad judía desde las nuevas circunstancias religiosas y sociales, como hizo Mateo, aunque en otras perspectivas. Entre ellos podemos recordar Jubileos, diversas partes de 1 Henoc y la Regla de Qumrán, con los grandes apocalípticos del I-II dC (2 Baruc, 4 Esdras). 

Éstos y otros libros querían mantenerse fieles a la tradición judía, pero la reinterpretaban de diversas formas. En ese contexto ha recreado Mateo la tradición y vida judía desde Jesús de Nazaret, abriendo así un camino mesiánico nuevo, que se ha mantenido y extendido en la Iglesia cristiana. 

Mateo expone despliega una visión radical del judaísmo, pero entendido desde la historia de Jesús, ofreciendo una visión canónica (eclesial y normativa) de su mensaje y movimiento. Los estudiosos judíos posteriores han aceptado el carácter israelita de otros libros apocalípticos o legales, como los citados (Jubileos y 1 Henoc…), pero afirman en general que Mateo no sería ya judío. En contra de eso, pienso que Mateo es tan judío (fiel a la Escritura de Israel) como esos libros, pero con la diferencia de que ellos no han logrado crear una “comunidad autónoma” de creyentes. 

Pues bien, Mateo lo ha hecho, reinterpretando la historia de Jesús en este libro-guía de la comunidad cristiana, superando (trascendiendo) de hecho los límites de un judaísmo rabínico tradicional (con la Misná), pero conservando y ratificando desde Jesús, lo que a su juicio (y a juicio de gran parte de los cristianos) es la raíz del judaísmo. 

En esa línea, Mateo es un libro de historia de la iglesia, pues, al recrear la “vida” de Jesús, cuenta su acogida en las iglesias. En el fondo de su evangelio está la historia de Jesús, pero con rasgos tomados de Pablo, y también de Santiago… y en especial de Pedro. 

Un tipo de iglesia católica ha estrechado la amplitud del evangelio de Mateo, ha domesticado en forma romana la universalidad de Pedro… En ese sentido, si la iglesia católica quiere recuperar la tradición de Pedro tiene que verle en comunión dialéctica con Pablo, con Santiago, con el Discípulo amado. 

No le importa sólo Jesús (sus palabras y sus hechos en sí mismos), sino en la vida de sus seguidores, entre los que destaca Pedro, pero sin negar a Pablo, a Santiago, al Discípulo amado y a las mujeres de Pascua 

. Como puso de relieve la “historia de las formas” (Formgeschichte), los evangelios, y de un modo especial Mateo, exponen no sólo el pasado de la historia de Jesús, sino la forma en que esa historia ha sido acogida y valorada por la Iglesia. Según eso, Mateo recrea y vincula dos historias: La de Jesús, Mesías de Israel, y la de sus seguidores en la Iglesia. 

Mateo es un libro de choque socio-cultural, y así ofrece una gran alternativa político-religiosa, en el cruce entre dos mundos (oriente y occidente). Es un libro de base semita, oriental (hebreo y arameo), y en esa línea presenta al principio a los “magos de oriente”, los sabios que vienen buscando a Jesús con la estrella (Mt 2). 

Pero, al mismo tiempo, es un libro clave de la historia de de occidente, elaborado desde un judaísmo que ha crecido en el contexto socio-cultural del helenismo, en el imperio romano; un libro escrito en griego culto, la koiné helenista, para ofrecer una alternativa económica y social, cultural y religiosa al mundo dominante (al orden romano), desde una ciudad que era cruce de culturas e historias (Antioquía de Siria, hoy Turquía). Ciertamente, no critica de forma directa al Imperio Romano, ni desarrolla una imaginería apocalíptica de su pecado y caída (como el Ap Juan), pero eleva una alternativa mesiánica a su visión de poder del mundo. 

Es un discurso de  fuerte controversia, con elementos claramente retóricos, cosa que a veces se olvida en las relaciones entre judíos y cristianos, un libro donde deben esccharse las razones de Pablo y del rabinismo, recreadas desde Jesús. 

Ciertamente, incluye textos y testimonios admirables de perdón y comunión, de universalismo y pacificación, pero, al mismo tiempo, recoge la historia de un duro conflicto entre seguidores de Jesús y otros judíos, y lo hace no sólo con dureza, sino incluso con “mentiras retóricas”, acentuando de manera injusta (e incluso ofensiva) los posibles defectos de los adversarios (judíos rabínicos). 

Esa controversia resulta muy dura, de forma que si ella se olvida no se entiende ni valora este evangelio que, sobre una base de paz y perdón, bien visible en el centro del Sermón de la Montaña (Mt 5-7), recoge las “actas” de un juicio muy duro entre partidarios y adversarios de Jesús (=de la visión de Jesús que ofrece Mateo). Este libro toma partido por un grupo, y resuelve el conflicto en una línea (desde la perspectiva de los pobres de Jesús, en clave pascual), pero en otra línea mantiene ese conflicto, como indicaremos. 

Mateo reinterpreta disputas eclesiales anteriores. Recoge, por un lado, la narración fundacional de la vida de Jesús. Pero, al mismo tiempo, introduce y proyecta sobre él los temas de su Iglesia (los de Pablo, los de Santiago, los del Discípulo Amado…), para así resolverlos. 

No tiene necesidad de fijar un Código de Derecho, ni un tratado legal como la Misná rabínica del II-III dC, porque todo su libro es un tratado de justicia mesiánica, siguiendo a Jesús, desde los más pobres. Ciertamente, en su fondo hay mucha historia y muchas palabras de Jesús, datos muy fiables de su vida. Pero ellos han sido reinterpretados desde y para la comunidad creyente. 

Mateo no quiere engañar, pero valora y recrea la identidad judía desde la perspectiva de su comunidad, conservando así, con gran crudeza, las huellas de muchas disputas anteriores. Más que enfrentarse con un judaísmo de fuera, Mateo recoge disputas entre diversas tendencias cristianas del último tercio del siglo I dC. 

De esa forma, Mateo ha querido conservar y actualizar textos y visiones de la tradición anterior, abriendo un camino en el que caben (puedan caber) casi todos los grupos de seguidores de Jesús. Así lo ha sentido la Iglesia posterior que, a pesar de las dificultades y oposiciones (contraposiciones) de su texto, ha colocado a Mateo al principio del NT, como primer evangelio, y lo ha utilizado más que a los otros evangelios. 

En ese sentido debemos añadir que Mateo es un texto de apuesta eclesial. No es un tratado para saber cosas antes ignoradas sobre el Cristo Jesús y sus seguidores (aunque es también eso), sino libro-guía para actuar e implicarse en una línea de compromiso y de misión creyente, abierta a todos los pueblos. Al trazar esa “apuesta y fijarla al final de su documento (28, 16-20), él ratifica un fuerte gesto polémico, que le distancia de otros grupos judíos. Esa apuesta al servicio de la misión universal cristiana, desde la tradición nacional judía (pero abriéndola por dentro, desde la perspectiva de los más pobres) ha definido todo el movimiento cristiano posterior. 

Si Mateo no hubiera tomado partido como hizo en este libro, en línea de universalidad, pero ratificando la identidad judía de Jesús, la historia de la Gran Iglesia hubiera sido muy distinta. Sin duda, en la opción de conjunto de la Iglesia ha influido especialmente Pablo, con sus seguidores, y también Marcos y Lucas, y de otra forma Jn 21, asumiendo el gesto misionero universal de Pedro, pero el evangelio de Mateo ha sido decisivo, pues ha catalizado los diversos aspectos del mensaje y vida de Jesús con lenguaje judío y apertura universal, recreando desde Pedro la herencia de Pablo, como iré indicando a lo largo de este comentario. 

Libro de síntesis 

 Mateo ha vinculado visiones y prácticas que parecían irreconciliables. No ha negado la Ley judía, pero la ha interpretado desde el evangelio, en línea universal. No ha rechazado el testimonio sapiencial y apocalíptico del Q, pero lo introduce en la narración de Marcos. Acepta la misión paulina, pero la integra en el contexto temático-narrativo (estructural) de la vida de Jesús. No rechaza los rasgos nacionales de la tradición judía, pero ha destacado otros que posibilitan su apertura universal, en una clave más narrativa que argumentativa: 

 ‒ Mateo es un libro antropológico, de moral universal: Así propone como base las bienaventuranzas y mandatos del Sermón de la Montaña (Mt 5-7) que son de origen judío, pero pueden aplicarse a todos los pueblos, ofreciendo quizá el mejor compendio de derechos y deberes de la humanidad mesiánica, que Jesús ha mandado cumplir (therein: 28, 20). 

‒ Mateo es un libro cristológico, y en esa línea cuenta la historia del “mesías” de Israel, esto, de Jesús de Nazaret, a quien presenta como Hijo y Mensajero (presencia salvadora) de Dios para las naciones. Pues bien, ese Cristo de Dios no es un ángel separado, sino un hombre concreto, que ha nacido en la historia de los hombres, y cuya historia narra e interpreta el evangelio. 

‒ Libro de comunidad. Mateo es un manual de cabecera (de vida) de una comunidad de seguidores mesiánicos, que se enfrentan con la dificultad de ser judíos en la línea de Jesús, de un modo universal. En esa línea, Mateo él ofrece la primera y más honda de las “constituciones” del cristianismo. 

‒ Un sacramentario. Mateo no niega el valor de la circuncisión, pero la deja en un segundo plano (no habla de ella), destacando el bautismo como gesto universal de iniciación, que puede aplicarse y se aplica por igual a varones y mujeres, judíos y gentiles, en Nombre de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo (cf. Mt 28, 16-20) . 

             Para trazar de esa manera su síntesis cristiana, Mateo ha vinculado el Q con Mc y con sus propias tradiciones, en una zona distinta, aunque no muy alejada del lugar donde había surgido Marcos, para responder a los problemas de su comunidad, probablemente en Antioquía, al Norte de Siria, ciudad muy importante no sólo para el judaísmo (como muestra la crisis “antioquena”: 1-2 Mac), sino para la historia de los primeros cristianos, desde Bernabé y a Pablo (cf. Hch 11-15 y Gal 2-3). 

 ‒ Marcos era un evangelio más exclusivo, y no había conocido (o aceptado) el documento Q (con sus logia o dichos de tipo sapiencial y apocalíptico), porque quería trazar una biografía más “paulina” de Jesús, insistiendo en su muerte (cf. ComMc 101-106). En una línea quizá convergente, él había rechazado también la tradición de los hermanos de Jesús (iglesia de Jerusalén), por juzgar que iba en contra de la libertad y apertura universal del Jesús de Pablo. 

‒ Mateo es un evangelio más inclusivo, y así, reelaborando el texto de Marcos que es una de sus bases, asume y reinterpreta otros materiales (del Q y de los judeo-cristianos de Santiago), en línea una universal, desde la perspectiva de Pedro, aunque aceptando las tesis esenciales de Pablo. Por eso, a diferencia de Marcos, que es un “evangelio de tesis central”, Mateo recoge diversas posturas eclesiales, con Pedro y Pablo, desde la perspectiva de la historia de Jesús y su opción por los pobres. 

Reescribir el evangelio de Marcos 

En esa línea, Mateo puede aceptar a Marcos, con su mensaje de Reino y, sobre todo, con su visión de Jesús, salvador crucificado, iniciando la reinterpretación mesiánica del judaísmo en un momento en el que, tras la destrucción del templo, el 70 dC, algunos judíos rabínicos habían comenzado a fijar un camino de fidelidad a la Ley que desemboca más tarde en la Misná. Pero mientras Marcos se oponía sin más al judaísmo rabínico naciente (manteniendo así la opción mesiánica de Pablo), Mateo, ha querido reelaborarla, asumiendo algunos de sus elementos básicos. 

Mateo ha querido “mantener” de esa manera la historia del judeo-cristianismo más antiguo, en la línea de Santiago y especialmente de Pedro, pero sin rechazar a Pablo, de manera que ha debido proponer de hecho, al menos de un modo implícito, una serie de pactos que han sido fundamentales para la iglesia posterior, aunque no siempre ha logrado que concuerden y se ajusten entre sí todas las perspectivas de su texto, que sigue de esa forma abierto a diversas interpretaciones. 

Pues bien, a pesar de las dificultades de su empeño y de la brusquedad de algunas formulaciones, el evangelio de Mateo ha tenido mucho éxito, y se ha convertido en el libro eclesial por excelencia, como «primer evangelio», no sólo porque está al principio del Nuevo Testamento, sino porque ha tenido un influjo muy grande en los cristianos posteriores, por su estructura catequética y por la forma en que ha vinculado los aspectos morales y sociales de Jesús, desde su opción por los pobres. 

Marcos había escrito su evangelio muy cerca de la guerra (del 67-70 dC), con la esperanza de una manifestación próxima de Jesús, desde una comunidad (quizá Damasco) donde había muchos pagano-cristianos. Mateo escribe en otro entorno, probablemente en Antioquía, hacia el 85 dC, cuando la destrucción del templo de Jerusalén y la reformulación del judaísmo se habían vuelto irreversibles y muchos fariseos empezaban a fijar las bases de su nueva identidad rabínica, en la costa de Judea (Jamnia) y en interior de Galilea. En ese contexto se sitúa Mateo, con tradiciones de Santiago, hermano del Señor, para establecerse en una comunidad donde se mezclaban elementos rabínicos y evangélicos, que han de abrirse, a su juicio, de un modo universal. 

Mateo se encuentra en el comienzo de la línea divisoria del judaísmo tras la guerra del 70 dC, cuando unas aguas se dirigían hacia el lado rabínico, para quedar después fijadas en la Misná, y otras tendían hacia el lado de Jesús, a quien sus seguidores veneraban como culminación y verdad del la Ley israelita. Aquí, entre la Costa Judía, la Alta Galilea y Siria/Antioquía, hacia el 85 dC, estaba empezando a decidirse (desde unas visiones en parte comunes) el futuro del judaísmo rabínico y del cristianismo, aunque en ese tiempo no se hallaba aún definido el judaísmo rabínico (como en el siglo III con la Misná), ni el cristianismo de la Gran Iglesia, con episcopado y canon del NT. 

En ese contexto, fiel a la historia de su iglesia, Mateo quiso mantener el principio judío de la vida y pascua de Jesús, pero optando por la universalidad paulina, como indica el final de su texto “Id, pues, a todas las naciones…” (28, 16-20). Su opción supone que hubo un «acuerdo misionero», un convenio o pacto «histórico», cumplido quizá en varios lugares, pero ratificado de una vez y para siempre, en alguna zona de Siria (Antioquía), e impulsado después por otras iglesias, entre ellas las de Éfeso y Roma, entre la tradición de Pablo y la de Pedro. Éste fue un acuerdo «pensado y razonado», partiendo de argumentos de Escritura, comunes a todos, un pacto logrado con dificultades, pero que definirá el futuro de la Gran Iglesia. 

No fue un acuerdo de todos los judíos, pues siguió habiendo muchos, también sabios y piadosos, que decidieron fijar sus tradiciones, de una forma nacional, insistiendo en la ley estricta de comidas y en la separación de grupo, que no aceptaron la propuesta de Mateo. Ni tampoco de todos los “cristianos”, pues algunos grupos (de tipo más gnóstico o judaizante) quedaron, quedaron fuera de la Gran Iglesia. Pero fue un acuerdo extenso y duradero. 

Posiblemente, unos y otros se encontraban y discutían en las sinagogas, no se habían separado aún del todo. Pero el gesto de apertura universal de Mateo y la búsqueda de fidelidad nacional de otros rabinos (con la deriva gnóstica de algunos judíos y cristianos), hizo que las comunidades terminaran separándose (a veces con acusaciones y mentiras, como indicaré al ocuparme de Mt 23 y 28, 11-15) y surgiera entre ellas la Gran Iglesia cristiana. 

Cuatro novedades fundamentales 

               Proviniendo de una comunidad judeo-cristiana, vinculada en un sentido extenso a la Iglesia primitiva de Jerusalén, bajo la inspiración de Santiago y los hermanos de Jesús (con Pedro y los Doce), hasta el 70 dC los cristianos de la iglesia de Mateo se habían podido sentir integrados entre los diversos grupos del judaísmo, como indican varios textos fundamentales, entre los que podemos citar 5, 17 (no he venido a destruir la ley), 10, 5 (no vayáis a los gentiles, ni a los samaritanos, id a las ovejas perdidas de la casa de Israel) y 23, 2-3 (en la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. 

1. Tras la guerra judía, un renacer apocalíptico. La Guerra del 67-70 radicalizó a los grupos judíos, marcando poderosamente sus opciones, de manera que algunos desaparecieron (saduceos, esenios…) y otros, como los fariseos rabínicos, tuvieron que reformular sus principios. En ese contexto ha influido poderosamente la evocación apocalíptica, que aparece de manera poderosa en textos como 4 Esdras y Ap. Sir. Baruc (2 Bar). 

              En esa línea se han mantenido y avanzan también Mateo y el Apocalipsis de Juan, con su novedad fundamental: Ellos piensan que el Salvador Apocalíptico, que ha venido como Hijo de Hombre, es el mismo Jesús. Pero una vez que Mateo identifica a Jesús con el Salvador Apocalíptico cambia su forma de entender el judaísmo. También Pablo y Marcos habían entendido a Jesús de esa manera, pero sólo Mateo lo hará de forma consecuente, reinterpretando el judaísmo. En esa línea, el judaísmo rabínico podía aceptar la venida final del Hijo del Hombre (como supone Dan 7 y 4 Es 13), pero no su identificación con Jesús crucificado. 

 2.Nueva edición de Marcos. Mateo acepta como texto base a Marcos, tras el 70 dC, pero transformando su visión del pasado judío y de la misión de la Iglesia. En esa línea suaviza y reelabora algunos aspectos de Marcos, pero radicaliza otros, como seguiré indicando, desde su visión fundamental de Jesús, con su experiencia de muerte y resurrección, en una línea básicamente cercana a la de Pablo. Éste es quizá su punto de inflexión, el momento clave de su cambio: Las comunidades que están en el fondo de Mateo aceptan el mensaje básico de Marcos, con su visión de Jesús, pero recreando su experiencia eclesial. 

              Aquí está, a mi juicio, la novedad de las iglesias de Siria y Asia (Éfeso), y quizá también de Roma, no sólo las de origen paulino, sino también judeo-cristiano. Una vez que leen y aceptan el mensaje de Marcos, con su visión de Jesús, ellas han de recrear su manera de entender la tradición del evangelio, como una experiencia que no es sólo apocalíptica, sino de vinculación personal con Jesús, y eso es lo que hará Mateo. 

 3. Mateo acepta igualmente el documento Q, con su enseñanza mesiánica, ética y apocalíptica. Ciertamente, en sí mismo, el Q no implica una ruptura radical respecto al judaísmo, pero en el momento en que su enseñanza ético-apocalíptica se estructura y organiza, como hace Mateo, desde la perspectiva de Jesús resucitado, dentro de un relato unitario de su vida, surge una visión socio-religiosa nueva. Uno por uno, los grandes momentos del Q podrían ser aceptados por un tipo de judaísmo rabínico, pero una vez que se introducen en un “cuerpo” doctrinal, como el formado por los cinco discursos de Mateo (Mt 5-7, 10, 13, 18, 23-25), y se vinculan con la historia de Jesús (en la línea de Marcos) ellos reciben inexorablemente una nueva identidad social y religiosa, distinta del judaísmo rabínico. 

              Esta unión del Q con Marcos, realizada de formas convergentes por Mateo y Lucas, constituye un elemento clave del cristianismo primitivo, y debió realizarse, al mismo tiempo, en diversas iglesias (Antioquía, Éfeso…), entre el 70 y 80 dC. He presentado ya los rasgos básicos del Q en ComMc 101-106, y los seguiré evocando a lo largo de este comentario. Aquí sólo he de añadir que, a diferencia de Lucas, que conserva mejor el orden básico del Q (sin reelaborar los textos), Mateo los ha introducido en su contexto narrativo y doctrinal, trasformando de esa forma su estructura originaria y quizá su sentido, para ponerlos al servicio de su visión de Jesús, de manera que ellos se hacen ya inseparable de la experiencia pascual cristiana. 

 4.Mateo reelabora la visión mesiánica, poniendo a Jesús en el lugar de la Ley, como principio de nueva creación y Sabiduría de Dios, en una línea que el judaísmo rabínico no puede aceptar. Desde ese fondo,Mateo recrea y   amplía el abanico de la vida de Jesús, hablando por un lado de su nacimiento “divino”, desde una perspectiva de fondo israelita, pero separada del rabinismo. De esa forma, Mateo retoma la experiencia de la pascua como encuentro real con Jesús, en la montaña de Galilea, y como envío a todos los pueblos, en una perspectiva “ternaria” (o trinitaria), en unión con el Padre y el Espíritu Santo (28, 16-20). 

              No es que Jesús sea aquí Dios sin más, “de la misma naturaleza que el Padre” (como dirá el Credo de Nicea), en un sentido ontológico, pero él aparece y actúa como revelación y presencia de Dios, de tal manera que la estructura y sentido del judaísmo anterior tiene que cambiar para hacerse cristiano. No es que Mateo quiera destruir de esa manera el judaísmo rabínico que está empezando a nacer, pero hay un tipo de judaísmo rabínico que no puede aceptar su propuesta de evangelio y su visión “divina” de Jesús