«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha»

¿Hay que volver de nuevo a un cristianismo tenebroso y amenazador?

Es sin duda una de las frases más duras de Jesús para los oídos del hombre contemporáneo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha». ¿Qué puede significar hoy esta exhortación evangélica?, ¿hay que volver de nuevo a un cristianismo tenebroso y amenazador?, ¿hemos de entrar otra vez por el camino de un moralismo estrecho?

No es fácil captar con precisión la intención de la imagen empleada por Jesús. Las interpretaciones de los expertos difieren. Pero todos coinciden en afirmar que Jesús exhorta al esfuerzo y la renuncia personal como actitud indispensable para salvar la vida.

Esfuerzo y disciplina

No podía ser de otra manera. Aunque la sociedad permisiva parece olvidarlo, el esfuerzo y la disciplina son absolutamente necesarios. No hay otro camino. Si alguien pretende lograr su realización por el camino de lo agradable y placentero, pronto descubrirá que cada vez es menos dueño de sí mismo. Nadie alcanza en la vida una meta realmente valiosa sin renuncia y sacrificio.

Esta renuncia no ha de ser entendida como una manera tonta de hacerse daño a sí mismo, privándose de la dimensión placentera que entraña vivir saludablemente. Se trata de asumir las renuncias necesarias para vivir de manera digna y positiva. Así, por ejemplo, la verdadera vida es armonía. Coherencia entre lo que creo y lo que hago. No siempre es fácil esta armonía personal. Vivir de manera coherente con uno mismo exige renunciar a lo que contradice mi conciencia. Sin esta renuncia, la persona no crece.

La vida es también verdad.

Tiene sentido cuando la persona ama la verdad, la busca y camina tras ella. Pero esto exige esfuerzo y disciplina; renunciar a tanta mentira y autoengaño que desfigura nuestra persona y nos hace vivir en una realidad falsa. Sin esta renuncia no hay vida auténtica.

La vida es amor. Quien vive encerrado en sus propios intereses, esclavo de sus ambiciones, podrá lograr muchas cosas, pero su vida es un fracaso. El amor exige renunciar a egoísmos, envidias y resentimientos. Sin esta renuncia no hay amor, y sin amor no hay crecimiento de la persona.

La vida es un regalo

La vida es regalo, pero es tarea. Ser humano es una dignidad, pero es también un trabajo. No hay grandeza sin desprendimiento; no hay libertad sin sacrificio; no hay vida sin renuncia. Uno de los errores más graves de la sociedad permisiva es confundir la «felicidad» con la «facilidad». La advertencia de Jesús conserva toda su gravedad también en nuestros días. Sin renuncia no se gana ni esta vida ni la eterna.

José Antonio Pagola

Medios, no fines

Los bienes creados y recibidos son medios para vivir, no fines     Benjamín Forcano

Reflexión para este domingo (Luc 12,32- 42)

Una vez más, los cristianos , sin dejar de ser humanos, es decir, sin renunciar a su grandeza y entidad propia, abrimos el Evangelio para añadir y enriquecernos con la enseñanza de Jesús de Nazaret.
Hoy, el evangelista Lucas nos comenta y esclarece cuál debe ser nuestra actitud antes los bienes creados-recibidos y los producidos.

Prendido de la palabra de Jesús, nos dice: todos tenemos la necesidad elemental de comer y beber, de alimentarnos. ¡Todos! Pero una cosa es eso y otra tener el corazón apegado a la riqueza con ambición y angustia.

Vosotros, que me seguís, tenéis que buscar primero de todo que Dios reine en vuestras vidas .       Lo advierto: esto es imposible en quienes se afanan por acaparar bienes y más bienes, que roban, malgastan o desperdician inútilmente.

Este afán corrompe, porque acaba apegando el corazón a la riqueza, como bien supremo y prescinde de Dios y no menos del cuidado de la vida de nuestros hermanos, los hombres.
Para estar en forma, es preciso entender que nuestra vida terrenal es para un tiempo, al que llegó el reinado de Dios, anunciado por Jesús de Nazaret, que lo vivió e hizo visible entre nosotros.

¡Tiempos estos! en los que no pocos piensan que el objetivo central de la vida está n poseer y disfrutar de la riqueza. Y no,, porque Lo bienes, todos, que hemos recibido vienen en última instancia de Dios, quien nos los ha regalado para que los poseamos con justicia y los repartamos fraternalmente entre todos.
Nuestra vida terrenal no es eterna, al final de ella lo que cuenta es si, ante nuestro encuentro definitivo con Dios, podemos testimoniar: Padre, de ti lo recibí todo y trabajé para que a todos ayudara y sirviera.

Por tano y resumiendo, ilusos o idiotas: Dios Padre en su hijo Jesús de Nazaret, nos dejó revelado el origen, el sentido y el destino de todos los bienes : los creados y los que producimos. Pretender que nuestro caminar y convivir en la tierra, podamos hacerlo con la negación absoluta del Dios verdadero, acaba malgastando esos bienes con perjuicio y esclavitud de cuantos injustamente fueron privados de ellos y con desespero y llanto de quienes se entregaron a tan estéril y lamentable desvarío.

Brindo como broche, algunas palabras y versos de Pedro Casaldáliga:
“Yo creo que el capitalismo es intrínsecamente malo, porque es el egoísmo socialmente institucionalizado, la idolatría del lucro por el lucro, el reconocimiento oficial de la explotación del hombre por el hombre, la esclavitud de los muchos al yugo y prosperidad de los pocos”.

“Somos, en última instancia,
el reino que nos es dado,
y que hacemos cada día
y hacia el que, anhelantes, vamos

Una Iglesia pobre para sembrar semillas de Evangelio 

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Por José Antonio Pagola.-

Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran una Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera.

Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre –el reino de Dios– sembrando pequeñas «semillas» de Evangelio e introduciéndolo en la sociedad como pequeño «fermento» de una vida humana.

La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero, cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar.

La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso ni espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores parece insignificante: los centros de poder lo ignoran.

Incluso los mismos cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores de siempre. No somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.

La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla por completo.

Así sucede con el proyecto humanizador de Dios. Una vez que es introducido en el mundo va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.

Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.

Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna

El Papa Francisco

La genialidad del Papa Francisco: su fidelidad al Evangelio

Francisco, con los Evangelios
Francisco, con los Evangelios

«Si algo resulta indiscutible es que la Religión mató a Jesús»

«El Evangelio está compuesto por una recopilación de relatos, en los que se destaca el enfrentamiento de Jesús y su Evangelio con la Religión y sus dirigentes. Un enfrentamiento que fue en aumento creciente»

«A mí me parece (y creo que se palpa) es que lo determinante, para el papa Francisco, no es la Religión, sino el Evangelio. Por eso el papa Francisco no entusiasma a los teólogos “de oficio”. Pero entusiasma a los necesitados “de respeto y cariño»

Por José María Castillo

Genialidad, según el diccionario de la RAE, es la “singularidad propia del carácter de una persona”. Esto supuesto, la genialidad del papa Francisco se distingue, sobre todo, por su fidelidad al Evangelio. Y por eso ha sido – y sigue siendo – un papa tan desconcertante. Tan elogiado por unos y tan mal visto por otros. Así es, aunque parezca mentira. O pueda parecer una explicación sin pies ni cabeza. Lo cual obviamente es un problema que mucha gente no imagina. ¿Por qué?

A mí me parece que el problema no está en que los conservadores ven este problema de una manera, mientras que los progresistas piensan lo contrario. Sin duda que eso puede influir. Pero a mí me parece que el problema de fondo, que nos ha planteado a todos el padre Jorge Mario Bergoglio, es bastante más profundo. ¿En qué consiste este problema?

Mandato nuevo
Mandato nuevo

Lo diré, según yo veo este asunto, de la manera más sencilla y breve que me es posible. La Iglesia, desde los siglos III-IV, dio un giro – tan comprensible como desacertado – que llevó (a esta Iglesia nuestra tan querida) a fundir y confundir la Religión con el Evangelio. Más aún, esto se hizo (y se sigue haciendo) de manera que el Evangelio ha venido a ser un acto o un componente de la Religión. Es más, ha sucedido (y sigue sucediendo) que, en la Iglesia, está más presente la Religión que el Evangelio. De ahí que (por poner un ejemplo) las personas, que van a misa, piensan y dicen que van a un “acto religioso”. Es decir, un acto de la Religión que dedica unos minutos a leer (o escuchar) el Evangelio y la consiguiente explicación, si es que el sacerdote predica la homilía.

¿Y qué tiene todo esto de problemático? Pues algo tan patente como estremecedor. Todo consiste en que, si leemos atentamente los cuatro evangelios canónicos (Mc, Mt, Lc, Jn), lo que queda más patente es que la Religión y sus dirigentes se enfrentaron a Jesús y su Evangelio. De manera que, si algo resulta indiscutible, es que la Religión mató a Jesús.

En efecto, el Evangelio está compuesto por una recopilación de relatos, en los que se destaca el enfrentamiento de Jesús y su Evangelio con la Religión y sus dirigentes. Un enfrentamiento que fue en aumento creciente. Hasta que llegó el momento en que los dirigentes de la Religión (sacerdotes, doctores de la ley…), cuando se dieron cuenta de que el Evangelio de Jesús atraía a la gente más que la Religión de los sacerdotes, se vio claramente que Religión y Evangelio son incompatibles. El relato más claro es el capítulo once del evangelio de Juan: cuando Jesús le devolvió la vida a Lázaro, aquello causó tal y tanta impresión, que el Sanedrín se reunió de urgencia y los dirigentes de la Religión vieron que tenían que matar a Jesús (Jn 11, 53).

El Papa, con los misioneros Padres Blancos
El Papa, con los misioneros Padres Blancos

¿Por qué se produjo (y se sigue produciendo) este enfrentamiento entre la Religión y el Evangelio? Porque la Religión pone el centro en el sujeto, en lo que el mismo sujeto religioso necesita o desea (bienestar, seguridad, poder, su propia salvación…). Por el contrario, el Evangelio pone el centro en los demás, en lo que los demás necesitan (salud, comida, dignidad, respeto, cariño…). Son dos dinamismos opuestos: lo primordial es “uno mismo” (Religión); lo primordial es “el otro» o los demás; y tanto más, cuanto más necesitados están los otros (Evangelio).

Ahora bien, el gran error, que ha cometido la Iglesia, ha sido fundir y confundir dos realidades contrapuestas. Pero ha unido estas dos realidades dando más importancia y más presencia a la Religión que al Evangelio. Por eso – de facto – en la Iglesia se ve y se palpa más la presencia de la Religión que la presencia del Evangelio. Por poner un ejemplo: ¿por qué la Iglesia tiene un dicasterio para la doctrina de la fe (Santo Oficio) y no tiene otro dicasterio para el seguimiento de Jesús?

Comprendo que todo esto necesita una explicación más amplia, mucho más amplia. Pero, con lo que acabo de apuntar, se puede empezar a comprender en qué está y en qué consiste “la genialidad del papa Francisco”. No sé si el Padre Bergoglio “lo ha pensado así”. Pero lo que importa, en la vida, no es “lo que uno piensa”, sino “lo que uno hace”. Y a mí me parece (y creo que se palpa) es que lo determinante, para el papa Francisco, no es la Religión, sino el Evangelio. Por eso el papa Francisco no entusiasma a los teólogos “de oficio”. Pero entusiasma a los necesitados “de respeto y cariño”.

El arte de esperar

La parábola de las diez vírgenes: la espera y la libertad

Las diez vírgenes

 Confieso que de niña cuando escuché esta parábola me quedé perpleja, un poco como con el cuento de la cigarra y la hormiga. Pero luego me di cuenta de que aquí son precisamente los que celebran la vida los que entran al banquete, y que nadie puede celebrarla por otro. Esfuerzo del momento, y llegar siempre más allá de la propia vida. Siguiendo un sueño, una visión, una invitación que viene de fuera de nosotros y que acogemos con entusiasmo. “Como no sé cuándo llegará el amanecer, dejo todas las puertas abiertas”, escribe Emily Dickinson.

“Sabio” tiene dos raíces latinas: una es la misma que la de la palabra sapidus (que tiene sabor, que no es insípido) de la que también deriva “sabiduría”. Y el otro es el exagium que tiene que ver con probar, evaluar y discernir. Los sabios son aquellos que no dejan que la vida se les escape, sino que la saborean, toman la iniciativa y se arriesgan. En cambio, el necio se queda quieto, no actúa, no se pone en marcha. Tal vez se pone “a salvo”, pero al final se da cuenta de que realmente no ha vivido.

Poner en movimiento

Porque la vida se construye día a día, respondiendo a sus provocaciones, a sus solicitudes a lo impredecible que siempre nos descoloca y nos vuelve a poner en movimiento. Como respondemos nos ayuda a formarnos, a convertirnos en quienes somos. Por eso, no se puede vivir la vida de los demás, responder en su lugar.

Y no hay vuelta atrás cuando nos damos cuenta de que tal vez deberíamos haber vivido de otra manera. La fiesta nupcial está hecha para nosotros, es la celebración de la belleza de la fraternidad y la filiación, de la abundancia y la plenitud, donde todos serán reconocidos por lo que son, porque llevarán el vestido tejido con la vida, que es la forma que han tomado con el tiempo.

Caminar en la luz en medio de las tinieblas es posible, porque el aceite que alumbra nuestra vida está siempre disponible para nosotros: basta con quererlo y buscarlo. Incluso con lo que puede contener el pequeño vaso de nuestro ego se puede salir adelante. Somos pequeños, no muy capaces, pero lo poco que tenemos, si somos capaces de empeñarnos, puede ser suficiente.

Y luego se debe aprender el arte de esperar.

Porque no sabemos el día ni la hora. Y ningún algoritmo puede predecirlo con suficiente aproximación. Admitir no saber es casi mortificante en la era del hipercontrol, pero visto desde una perspectiva diferente es liberador. Precisamente porque no sabemos, nos toca a nosotros dar sentido a la espera y prepararnos para gozar plenamente la belleza del encuentro y de la fiesta.

Sueño y muerte, vigilia y vida: la ecuación no es tan clara. Creemos que estamos despiertos, pero en realidad estamos muchas veces apagados. A veces somos como muertos vivientes. Incapaces de desear la vida, de dejarnos llevar por su fuerza, de poner de nuestra parte. Ya estamos muertos antes de morir, y cuando llegue nuestro momento, no podremos volver atrás.

Esperar es vida, escribía Víctor Hugo. “Velar”, por tanto, es más que una recomendación para no dormirse. Es una invitación a vivir, a mantener los ojos y el corazón abiertos, a dejarse sorprender, a saber leer las señales que se presentarán. Velar es una condición de la atención y también del cuidado: dedicarse porque uno está convencido de que vale la pena.

La fiesta de la vida

No es por miedo que tenemos que esperar al novio, sino para no perdernos la boda. Para saborear el excedente de agua que se convierte en vino exquisito, como en las bodas de Caná. El banquete nupcial es el símbolo de una convivencia gozosa y alegre; de una plenitud que se realiza y de la que solo se puede participar si realmente se desea. Todos estamos invitados.

Depende de nosotros aceptar la invitación y prepararnos para ella, viviendo a lo grande. Solo aquellos que realmente han vivido, con sus limitaciones y carencias, pueden formar parte de la fiesta. Que no es un premio en el más allá, sino el cumplimiento de lo que ya hemos aprendido a saborear. “A quien no haya encontrado el cielo aquí abajo, le faltará allá arriba”, escribe Emily Dickinson.

“Velad” después de todo, es un llamamiento a nuestra libertad. Si la invitación nos interesa, nos mantendremos despiertos y haremos de la noche un kairós hacia el encuentro que da sentido y belleza a nuestras vidas, una belleza que nunca podríamos lograr por nosotros mismos. Si nos quedamos dormidos, si nos dejamos aturdir o seducir por otras llamadas, solo podremos culparnos por no participar en la fiesta de la vida, que fue preparada especialmente para cada uno de nosotros.

Entonces se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”. Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. Pero las prudentes contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”. Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Mateo 25, 1-13

*Artículo original publicado en el número de junio de 2022 de Donne Chiesa Mondo. Traducción de Vida Nueva

Un proyecto de paz global

Francisco reclama pasar de las “estrategias de poder” a un “proyecto de paz global”

El pontífice invita a los cristianos a testimoniar con la vida la fraternidad que Jesús propone en el evangelio

Aunque julio es tradicionalmente el mes de vacaciones del papa Francisco, en el que se suspenden las audiencias y se reduce la agenda pública; el pontífice no ha falta a su cita dominical para presidir la oración mariana del ángelus tras haber presidido la eucaristía con la comunidad congoleña de Roma. Los fieles no han faltado a este encuentro con el Papa desde la Plaza de San Pedro y han recibido como obsequio en esta ocasión la nueva revista mensual que el periódico ‘L’Osservatore Romano’ ofrecerá elaborada por las personas sin techo, suplemento que se ha denominado ‘Osservatore di strada’.los misioneros Pedro Ortiz de Zárate y Juan Antonio Solinas, los conocidos como mártires del Zenta. Asesinados en 1683 fueron una referencia por si labor misionera en el valle del Zenta, al noroeste del país. E Papa sestacó la defensa de las poblaciones indígenas desde el mensaje del evangelio e invitó a todos a mantener el compromiso por los más débiles.

Nuevamente, el Papa pidió por la paz en Ucrania y en el resto del mundo, en este sentido pidió a las autoridades que no mantengan la paz a través del control de armamento. “Hago un llamamiento a los jefes de las Naciones y Organizaciones Internacionales para que reaccionen ante la tendencia a acentuar el conflicto y la confrontación. El mundo necesita paz. No una paz basada en el equilibrio de las armas, en el miedo mutuo. No, eso no servirá. Esto es hacer retroceder la historia setenta años”, denunció. Para Francisco, “la crisis ucraniana debería haber sido, pero –si se quiere– todavía puede llegar a ser, un reto para los sabios estadistas, capaces de construir en el diálogo un mundo mejor para las nuevas generaciones. Con la ayuda de Dios, esto siempre es posible. Pero debemos pasar de las estrategias de poder político, económico y militar a un proyecto de paz global: no a un mundo dividido entre potencias en conflicto; sí a un mundo unido entre pueblos y civilizaciones que se respeten mutuamente”.

Discípulos en fraternidad

En su reflexión a partir de la liturgia del día, el envío de los 72 discípulos, Francisco destacó que Jesús “no envía gente solitaria delante de él, sino discípulos que van de dos en dos” e insiste en el “testimonio que han de dar más que a las palabras que han de decir”, los llama a “evangelizar con su comportamiento”. El Papa destacó que no son “predicadores que no saben ceder la palabra a otro”. “Es ante todo la vida misma de los discípulos la que anuncia el Evangelio: su saber estar juntos, su respeto mutuo, su no querer demostrar que son más capaces que el otro, su referencia concordante al único Maestro”, destacó.

Para Francisco, “se pueden elaborar planes pastorales perfectos, poner en marcha proyectos bien elaborados, organizarse hasta el más mínimo detalle; se pueden convocar multitudes y disponer de muchos medios; pero si no hay disponibilidad para la fraternidad, la misión evangélica no avanza”. En este sentido contó la anécdota de un misionero solitario en África que acabó funcionando como un “mero empresario” que hacía solo obras y papeleo y recuperó la vida comunitaria. “La misión evangelizadora no se basa en el activismo personal, es decir, en el ‘hacer’, sino en el testimonio del amor fraterno, incluso a través de las dificultades que conlleva la convivencia”, reclamó. En este sentido, el Papa concluyó su reflexión invitado a todos a evaluar su vivencia y testimonio de fraternidad lanzando algunas preguntas al aire.

Mensaje a la sociedad : «El neoliberalismo es pecado»

Mensaje final del 33° Encuentro del Grupo de Curas en Opción por las y los Pobres
Mensaje final del 33° Encuentro del Grupo de Curas en Opción por las y los Pobres

«El Grupo de Curas en Opción por los Pobres nos volvimos a encontrar después de dos años de pandemia en nuestra reunión anual. Curas de distintas edades, diócesis y regiones del país»

«La convicción que los pobres son los preferidos de Jesús nos sigue convocando. Sabemos que el empobrecimiento de nuestro pueblo es provocado por la injusticia»

«La razón de nuestra opción es Jesucristo y su Evangelio. Y, desde esta opción, tenemos claro que el neoliberalismo es pecado»

«Queremos ver proyectos en camino. Nos encontrarán allí donde sepamos descubrir políticas de vida. Vida que se traduce en Tierra, Techo y Trabajo para todos y todas»

«Vida que espera una profunda reforma del Poder Judicial; la libertad de Milagro Sala y de los presos y presas políticos; que la deuda la paguen los que fugaron capitales al exterior»

 | Curas en opción por los y las pobres (Argentina)

Mensaje final del 33° Encuentro del Grupo de Curas en Opción por las y los Pobres

25 al 28 de Abril de 2022, Villa Allende, Córdoba

El Grupo de Curas en Opción por los Pobres nos volvimos a encontrar después de dos años de pandemia en nuestra reunión anual. Curas de distintas edades, diócesis y regiones del país.

La convicción que los pobres son los preferidos de Jesús nos sigue convocando a pesar de la pandemia; de la deuda injusta e impagable contraída por el gobierno anterior y del acuerdo siempre desfavorable con el FMI del actual gobierno; de las diferentes guerras que nos invaden; y de respuestas políticas que nos parecen insuficientes. 

Sabemos que el empobrecimiento de nuestro pueblo es provocado por la injusticia: la inequidad en la distribución de los bienes, la avaricia de unos pocos y una situación internacional que concentra lo necesario para una vida digna, cada vez más en menos manos. En este empobrecimiento las mujeres, aunque omitidas e invisibilizadas, suelen ser la mayoría.

Las y los pobres no lo son por desidia, pereza o negligencia. Lo son porque hay políticas (o falta de ellas) que los provocan. Y la Iglesia de las y los pobres no puede quedar lejos de sus dolores y angustias.

El Dios Padre y Madre en el que creemos es el “padre del huérfano y el protector de la viuda”, como reza el salmista. El Dios que “derribó de su trono a los poderosos y elevó a los humildes”, como canta María de Nazaret. Es el Dios de Jesús que no teme decir que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino; y que toma partido por los que dan de comer al hambriento y de vestir al desnudo. Todo un mensaje claramente subversivo para el discurso dominante y la hegemonía omnipresente.

No estamos ni queremos estar junto a los pobres por razones políticas. La razón de nuestra opción es Jesucristo y su Evangelio.

Y, desde esta opción, tenemos claro que el neoliberalismo es pecado, aunque para muchos sea la esperanza (efímera esperanza que alientan muchos medios de comunicación). 

Tenemos claro también que, en la historia de nuestro pueblo, hubo momentos en los que la vida y la fiesta estuvieron más próximas al horizonte del cada día en la casa de los pobres

Como decía el mártir Enrique Angelelli y también decía Evita, «no podemos predicar la resignación». Queremos anunciar que otro mundo es posible, uno en el que haya justicia y no cortesanos, uno donde haya comunidades y no corporaciones, uno donde haya hermandad de todos y todas, y no patriarcas o padrinos mafiosos.

En vísperas del día de los trabajadores y trabajadoras, no podemos menos que tenerlos presentes. Incluyendo a los que sobreviven en trabajos informales y a quienes buscan, pero no consiguen un trabajo digno. Tenemos claro que gobernar es dar trabajo y salarios justos. No se trata de discursos o de diagnósticos, que estamos saturados de escuchar. 

Queremos ver proyectos en camino, sabiendo que mejor que decir es hacer. Y queremos repetir, una vez más, que nos encontrarán allí donde sepamos descubrir políticas de vida, militancias de esperanza y esperanzas de fiesta para la vida del pueblo.

Vida que se traduce en Tierra, Techo y Trabajo para todos y todas. Realidades que suponen la unidad del campo popular y decisiones políticas que busquen resolver las causas estructurales de la pobreza.

Vida que se construye desde el pueblo y con el pueblo, generando lazos de solidaridad y caminos de mayor justicia.

Vida que espera una profunda reforma del Poder Judicial; la libertad de Milagro Sala y de los presos y presas políticos; que la deuda la paguen los que fugaron capitales al exterior; que nuestro país vuelva a tener control de sus exportaciones y reconquiste la soberanía sobre la navegabilidad del río Paraná; que la recuperación del Lago Escondido sea un ejemplo testigo de la recuperación de nuestras tierras, hoy en manos extranjeras.

En la cercanía de un nuevo aniversario del martirio de Carlos Mugica (11 de mayo) queremos, junto a nuestras comunidades, hacer nuestro su compromiso de vivir un amor apasionado por Cristo, viviendo un amor apasionado por su pueblo.  

Grupo de Curas en Opción por los Pobres

Un ejemplo de sinodalidad

En Algorta, provincia de Vizcaya, dos grupos de feligreses conocieron este proyecto de cuestionario sobre la reforma de la Iglesia y decidieron usarlo como tema de reflexión, independientemente de lo que hicieran sus parroquias por encargo del Sínodo. A las preguntas siguientes, los participantes contestaban sí o no. Omitimos los resultados para no influir a la hora de ser utilizado en otras parroquias o grupos.

Las preguntas se agruparon en dos grandes bloques en referencia a temas radicales que la iglesia debe ir estudiando y otros temas más urgentes que deberían resolverse con mayor inmediatez.

TEMAS MÁS RADICALES

¿Qué reformas sientes como necesarias para cambiar radicalmente la orientación de nuestra Iglesia para un seguimiento más fiel a Jesús de Nazaret?

Pobreza

· Renunciar al Estado Vaticano.

· Traspasar el museo vaticano y los museos diocesanos a la ONU u otras organizaciones culturales de cada nación.

· Renunciar a la capitalización del patrimonio.

· Suprimir los estipendios asociados a los actos de culto y confiar el mantenimiento por toda la comunidad de los miembros liberados.

· Otras sugerencias.

Doctrina

· Considerar la doctrina y los mandamientos de la Iglesia como orientaciones para las decisiones responsables de los fieles.

· Promover una revisión profunda de toda la teología, como una explicación coherente del mensaje de Jesús.

· Reconocer a las diversas religiones como caminos hacia la plenitud de la trascendencia.

· Otras sugerencias.

TEMAS URGENTES

¿Qué reformas sientes como más urgentes para cumplir con la dignidad y la justicia humana?

Desclericalización:

· Reconocer el valor de los carismas actuales que el Espíritu concede a los miembros para el desarrollo de su comunidad; especialmente el carisma de profecía entendida como el sentido de denuncia de las injusticias y la propuesta de nuevos caminos.

· Reconocer la igualdad de todos los cristianos sin distinción por sexo, raza, o ministerios ejercidos.

· Reconocer el carisma de dirigir a la comunidad como uno más y para el servicio a todo el Pueblo de Dios.

· Designar a laicas y laicos para presidir los dicasterios de la Curia vaticana, como miembros participantes en los próximos Sínodos y Concilios, y como formadoras en los seminarios.

· Readmitir en el ministerio pastoral a los sacerdotes secularizados que lo deseen.

· Administrar el ministerio sacerdotal a las mujeres.

· Iniciar la descentralización del gobierno de la Iglesia dando mayor relevancia a las Conferencias regionales.

· Iniciar el proceso de elección de obispos y párrocos por sus propias comunidades, quizás proponiendo una terna para que la comunidad decida.

· Abolición de títulos eclesiásticos (teniendo en cuenta los derechos económicos de los que han trabajado al servicio de las comunidades) o considerarlos como meras funciones temporales.

· Iniciar una reforma de los seminarios a modo de colegio universitario, con o sin residencia en los mismos, con orientadores espirituales y prácticas en barriadas marginales o en terreno de misión.

· Otras sugerencias.

Liturgia:

· Iniciar la renovación de rituales litúrgicos según las costumbres de cada pueblo

· Reconocer el sacerdocio común de los fieles, y favorecer que los laicos presidan la celebración de la eucaristía en ausencia de un sacerdote.

· Otras sugerencias.

Transparencia:

· Separar el dinero destinado a las obras de caridad del dinero destinado a la administración de las comunidades y al mantenimiento de los liberados para la atención pastoral.

· Someter el balance anual a la aprobación de toda la comunidad parroquial, diocesana, o eclesial.

· Otras sugerencias.

Discurso del llano

Jesús en estado puro: Amar al enemigo, perdonar, no juzgar (Lc 6, 27-36,)

Sermón en el campo - Colección - Museo Nacional del Prado
Discurso del llano

Ésta es su experiencia, expresada en forma de amor (incluso a los enemigos), de perdón y de superación de un orden judicial de Dios o de los hombres, en línea de amor creador. Ésta es la “esencia de cristianismo”, no hay otra; la aportación del evangelio a la cultura y vida humana.

Se supera así todo principio de guerra” (ojo por ojo), toda venganza, todo intento de construir la paz con armas. Se supera al mismo tiempo la “justicia de ley” y se establece el supra-principio de la gratuidad: No juzguéis, perdonad y amad a todos.

¿Qué se puede hacer si no se puede hacer la guerra, ni cobrar por fuerza las deudas, ni juzgar a los demas? ¡Todo, absolutamente todo! Amar, sembrar vida… Podrán verlo quienes sigan leyendo y quieran gozar del evangelio. Culmino así y supero las cuatro “postales anteriores” sobre el ejército en la Biblia.

Por| X. Pikaza Ibarrondo

Texto (Lc 6, 27-38).

1. Principio y concreciones. 27 A quienes me escuchéis:

  • Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian; 
  • 28 bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian.
  • 29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra;
  • y al que te quite el manto, no le impidas (que tome) la túnica. .
  • 30 A cualquiera que te pida, dale;
  • y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva.

2.Razonamiento

  •  31como queráis que los hombres os traten, tratadlos a ellos.
  • 32 Si sólo amáis a los que os aman,
  • ¿qué mérito tenéis? También los pecadores (=egoístas) aman a quienes les aman.
  • 33 Y si hacéis bien a los que os hacen bien,
  • ¿qué mérito tenéis? También los pecadores (egoístas)  hacen lo mismo.
  • 34 Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir ¿qué mérito tenéis?
  • También los pecadores (egoístas) se prestan entre sí para recibir de nuevo

3. Como Dios

  • Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos,
  • haced el bien y prestad, sin pedir nada a cambio.Y vuestra recompensa será grande y seréis hijos del Altísimo,
  • pues también Él es bondadoso con los desagradecidos y malos.
  • 36 Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso
  • Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo.

 4.Conclusión

  • No juzguéis, y no seréis juzgados;no condenéis, y no seréis condenados;
  • perdonad, y seréis perdonados
  • Dad, y se os dará:os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. (Lc 6, 27-38).

1. Principio humano. La buena nueva de una humanidad liberada (6, 27-30)

Reproducciones De Bellas Artes | Sermón en  el  montaña  de Karoly Ferenczy (1862-1917, Hungary) | WahooArt.com

Éste es el principio evangélico” del mensaje y vida de Jesús, el germen de vida que él ha sembrado en la historia de los hombres.  No empieza hablando desde Dios, como si Dios le mandara (¡aquí no se cita para nada a Dios!), sino como “profeta/sabio”, experto en humanidad”, desde su propia experiencia de la historia de Israel y de los pueblos.

Así ofrece  cuatro ejemplos de inversión o ruptura del  esquema comercial y legal del talión, que puede expresarse en un famoso principio de química: Nada se crea ni destruye, todo se transforma conforme a un esquema de equivalencia dinámica. En contra de eso, el evangelio establece aquí tres principios de “creación” gratuita: amar, bendecir, no responder con violencia y robo. 

  1. Hay un nivel básico práctica generosa, que se expresa como amor y generosidad activa en relación con los «enemigos», superando así los esquemas de retribución (de mérito y provecho egoísta). No basta la cordialidad o amor interno; es necesario que el amor se exprese en el gesto de la ayuda dirigida hacia los otros. No basta con decir que quiero a los demás, debo mostrarlo actuando bien con ellos.
  2. Hay un nivel más alto (de transformación personal), que puede expresarse en un plano expresamente plano religioso (orad por los enemigos, pedir para ellos lo mejor)pero también en un plano simplemente humana: que bendigamos a los enemigos, que hablemos bien de ellos, que deseemos para ellos lo mejor (un mandato de Jesús que la iglesia que lleva su nombre a veces no ha cumplido: Muchas oraciones de los cristianos piden a derrote y destruya a los enemigos
  3. Hay un nivel económico (dar, prestar a fondo perdido). No basta amar con el corazón y orar con la mente; hay que ayudar económicamente a los enemigos, hay que perdonarles.

  La exigencia del amor al enemigo se manifiesta así en la vida concreta, en forma de oración (¡religión!) y economía (comunicación de bienes). Según eso, el principio final de la de gratuidad (¡no-juzgar!) se expande en unas «concreciones ejemplares», que implican una «práctica de gratuidad», que no puede legislarse en plano de juicio, pero que puede y debe presentarse como principio de conducta: «Al que te golpee en una mejilla preséntale también la otra, y al que te quite el manto, no le impidas (que tome) la túnica. A todo el que te pide dale, y al que te quite lo tuyo, no se lo pidas de nuevo» (6, 29-30).

Vivimos sobre un mundo definido por la violencia (golpear en la mejilla, robar) y por un tipo de necesidad (hay gente que no tiene más remedio que pedir). Pues bien, para evitar que la espiral de los deseos se desboque, el texto nos invita a realizar una renuncia creadora que se expresa en tres gestos. (1) No responder a la violencia con violencia (poner la otra mejilla). (2) No impedir el robo con medios coactivos. (3) Ser generoso con aquellos que nos piden algo, no exigírselo de nuevo. Esos gestos implican una transparencia económica (no oculto lo que tengo, no lo cierro, ni lo tapo, pues no quiero excitar más el deseo de posibles ladrones escondidos) y un desprendimiento activo (no exijo mi derecho, ni interpreto mi vida en clave de propiedad). Así supero el nivel de una ley entendida como medio de auto-defensa (incluso violenta), para situarme en un plano de generosidad[1].

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El principio de gracia (no-juicio) se expresa en forma de gratuidad activa, que puede superar y supera la espiral de los deseos violentos. Jesús piensa que esa gratuidad (no defenderse, no ocultar lo que se tiene, dar lo propio…) puede cortar y corta la espiral de violencia que nos amenaza. Ese principio no se puede demostrar, pues las demostraciones pertenecen al plano de la equivalencia, regulada por la ley (cf. 6, 32-34), pero puede y debe iluminar la vida de los hombres. Esta es la experiencia clave del ágape, que es amor creador, frente a un eros (de un tipo de amor de equivalencia) que podría interpretarse en clave de equivalencia entre aquello que se recibe y se da. Jesús no quiere mantener el mundo como está; está seguro de que tal como está se destruye. Por eso quiere cambiarlo[2]. 

(2) Razonamiento: “demostración “humana” (sin apelar a Dios; Lc 6, 31-34).

             Los cristianos (y en especial algunos “eclesiásticos” que se piensan dueños de las llaves de ocultas del conocimiento y de la vida) apelan inmediatamente a Dios, diciendo que las cosas anteriores han de hacerse porque Dios lo manda. Pues bien, Jesús (que hablaba de Dios y le llamaba Padre, como veremos) no empieza apelando para nada a Dios. Apela sólo a la verdad del hombre. Los “mandatos” anteriores (amar al enemigo, poner la otra mejilla, perdonar…) brota del mismo “conocimiento humano”.

            No brota de un Dios superior (porque él así lo mande), sino del mismo conocimiento humano, de un “auténtico” egoísmo, abierto a todos los hombres, como indicaré en las siete reflexiones que siguen: 

1.Hay un principio, y ese principio eres tú mismo: Haz a los otros lo que quieres que los otros te hagan a ti. El principio de la “nueva conducta” es uno mismo: Descubrir que no tengo un deseo de que me amen. Para que eso se cumpla de verdad tengo que descubrir que los demás son también personas (como yo lo son), de manera que para que me amen de verdad tienen que ser libres, como yo…

2.De aquí deriva el segundo principio: Haz a los demás lo que deseas que ellos te hagan… Eso significa que tienen que desear para los otros lo que deseas para ti. Para que los demás te puedan amar como tú quieres tienes que tratarlos a ellos como quieres que ellos te traten.

3. Una legión de exegetas y filósofos (entre ellos el mismo Kant) han afirmado que este es un principio de amor egoísta…, que no es signo de Jesús, ni de Dios… Han dicho, además, que este principio (ama a los demás como quieres que ellos te amen) forma parte de la ética “vulgar” de un tipo de judaísmo helenista del entorno de Jesús. Pero a eso se puede responden de dos maneras:

4.Primera respuesta. Este principio (tratar a los demás como quieres que ellos te traten) no es un principio egoísta, sino la superación de todo egoísmo. En el fondo está el descubrimiento del otro como “otro yo”, como alguien a quien debo amar como a mí mismo, como deseo que los demás me traten y amen. No tengo que negarme (odiarme), sino al contrario “amarme” sanamente, deseando que otros me amen… y amándoles yo a ellos de esa forma.

5.Segunda respuesta. Desde aquí se entiende el “pecado”. Ese pasaje habla tres veces de “pecadores”, pero no les define como gentiles, como enemigos de la religión etc., sino como personas que sólo quieren y ayudan a los demás en un plano “comercial”: Es el pecado de los que aman con una segunda intención (para que les amen a ellos); es el pecado de los que prestan y dan… pero sólo con un “interés”, para cobrar los intereses….

6.En contra de riesgo de egoísmo, cuando dice “como queréis que os amen amadlos…”, Jesús está pidiendo que amemos a los otros como otros, como personas, queriendo su bien (no sólo el nuestro). Ciertamente, nos amamos a nosotros mismos (queremos nuestro bien), pero igualmente debemos querer el bien de los demás.

7.Sólo así el egoísmo se convierte en “gratuidad, en universalidad”. Sólo queriendo a los demás gratuitamente, como seres distintos, puedo recibir yo también un amor “gratuito”: no me amarán como siervos, esclavos… sino como amigos libres. Sólo en libertad de amor puede “existir” la humanidad. De lo contrario se destruya a sí misma.

(3) Principio teológico, como Dios… (6, 34-36).

             Sólo en este momento Jesús puede apelar y apela al Dios como “creador gratuito… Éste es el Dios creador, que no presta con usura, que no da para esperar después la “paga”. El dios que da gratuitamente, todo, sin quedarse sin nada, absolutamente sin nada.

Dios no crea para que los hombres le respondan pagándole lo que le deben… Los hombres no deben absolutamente nada a Dios; no tienen obligación ninguna de rendirle algún homenaje de sometimiento o sumisión. Dios lo da todo, gratuitamente, toda la vida es un regalo.

            Éste es uno de los grandes defectos (problemas) de un tipo de cristianismo “judicial”. Hay un tipo de “clérigos” (funcionarios) cristianos que han andado por ahí como “cobradores de los derechos de Dios”, como unos cobradores del “frac”, en coche negro, con traje negro, recordando a los hombres lo que ellos le deben a Dios. Los que así han ido “cobrando los intereses” de la deuda que tenemos con Dios no creen en el Dios del evangelio, ni rezan el padrenuestro, ni pueden hablar de “buena nueva”.

            Ciertamente, la vida es compleja, “Dios la ha hecho”  bastante complicada (por así decirle), pero andar añadiendo por ahí que tenemos que pagar la deuda que tenemos con Dios  que de lo contrario él nos mandará al infierno es blasfemar de Jesús, no saber leer el evangelio. Esa moralidad de la “deuda con Dios” entendida en sentido casi monetario es una mezquindad, además de ser una blasfemia contra Dios. 

(4). Conclusión: No juzguéis, perdonad, dad (6, 37-38)

Lucas sitúa la exigencia de no juzgar en la conclusión del sermón de la llanura (6, 16-49), tras las bienaventuranzas-malaventuranzas (6, 20-26) y la invitación al amor del enemigo (6, 27-36) . Según el texto de Lucas, la palabra sobre el no-juzgar (6, 37-42) es conclusión y culmen del sermón de la llanura (con las bienaventuranzas y el amor al enemigo) y así puede interpretarse como suma y plenitud del evangelio.

Las tres aplicaciones, añadidas por Lc 6, 37b-38 (no condenar, perdonar, dar), han sido formuladas quizá por el mismo redactor del evangelio, a partir de tradiciones previas, que le sirven para interpretar y aplicar este motivo dentro de su iglesia. No condenéis y no seréis condenados. Esta aplicación parece innecesaria, pues si no se puede juzgar menos se puede condenar. Pero es posible que con ella se quiera responder a la objeción de aquellos que protestan diciendo: ¡no podemos condenar, pero podemos y debemos juzgar! A esos les responde nuestro texto: ¡Empezad a juzgar, si queréis, pero sabiendo que nunca podréis condenar!

Perdonad. También aquí se expande el tema anterior: quien no juzga no debe ni siquiera perdonar, pues actúa siempre con amor antecedente y creador. Pero allí donde se inicia el juicio o donde alguno ha sido ya juzgado, condenado, marginado, se vuelve necesario el perdón que consiste en ofrecer palabra y vida a quien otros condenan o rechazan. 3. Dad y se os dará, una medida buena, remecida… (Lc 6, 38). Ante la objeción de aquel que dice: «Perdono pero no hablo», «perdono pero eludo», el perdón auténtico ha de abrirnos de manera generosa hacia los otros. De esta forma, el texto interpreta y aplica el no-juicio en forma de amor eficiente y trasformador, dentro de la perspectiva general del sermón de la llanura.

Pero más que las aplicaciones nos importa aquí la palabra básica de Mt 7, 1 y Lc 6, 37a («no juzguéis, para no ser [y no seréis] juzgados»), que interpretamos como sentencia apodíctica o axioma, que brota de la gracia de Dios (de la nueva experiencia de perdón de Jesús) y modela toda la visión cristiana del hombre. Esa palabra no es una sentencia de ley, sino de supra-ley originaria, una voz que nos llega desde el principio de toda (Dios), viniendo, al mismo tiempo, de lo más profundo del ser humano, que participa así del poder creador de Dios. Cinco son, a mi entender, sus notas principales: 

  1. Es una afirmación universal. No traza objetivos concretos, ni fija casos en los que debe aplicarse, sino que supone que somos nosotros los que debemos buscar los objetivos en la vida, pero añadiendo que para ello debemos situarnos en un nivel que está por encima del juicio. Evidentemente, el carácter «formal» del no-juzgar ha de entenderse desde la gracia de Dios y la invitación de amar al enemigo (como supone el contexto de Lucas). Para ser verdaderamente humano, para no perderse en el laberinto de muerte de juicios y contr-juicios, los hombres tienen que perdonarse y superar el nivel del talión de juicio.
  2. Siendo y para ser universal, esta palabra del “juzguéis” ha de formularse de manera negativa, pero abierta de modo muy positivo a todo lo que está más allá del juicio: el perdón y el amor, la creatividad y la alegría de la vida, la capacidad de transformación (de conversión, de vida en gratuidad). Dios nos ha dado la vida como gracia y quiere que nos mantengamos como gracia, marcándonos una frontera positiva, que son los otros, a los que debemos amarnos y no «comernos» en el sentido de destruirnos unos a los otros.   
  3. Es una revelación originaria, que nos lleva hasta el principio de la creación, como si estuviéramos de nuevo ante los árboles del paraíso, pudiendo escoger entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte (como repite el Deuteronomio 30, 15: Pongo ante ti el bien y el mal, la vida y la muerte… Por la vía de la violencia y del juicio los hombres se terminan destruyendo. Sólo por la gratuidad y el perdón (el amor a los enemigos, la generosidad) los hombres podrán vivir. Solo un hombre como Jesús, con clara conciencia mesiánica, asumiendo y desbordando al mismo tiempo la herencia religiosa de su pueblo, en clave de gracia y no de ley, ha podido formular una palabra de vida, anunciando un futuro de gracia, una plenitud de vida para los hombres, desde este mismo mundo,  sabiendo que de otra manera ellos se destruyen a sí mismo[3].
  4. Es una revelación creadora y escatológica, como el mismo texto ha formulado: «No juzguéis para que no seáis juzgados». Jesús ha roto el esquema judicial, tal como había sido formulado por Juan Bautista, de manera que no apela al hacha-bieldo-huracán que divide y destruye a los perversos, sino al amor de Dios que les ofrece gratuitamente vida. Por eso, el «no-juzguéis» resulta inseparable del «no-seréis-juzgados». La revelación de un Dios que no es juez trasforma los presupuestos del judaísmo ambiental (y de toda religión entendida como ley) y nos invita a concebir todas las cosas de un modo creador, en dimensión de gracia, como supone el Padre nuestro: «perdónanos como perdonamos» (Mt 6, 12). De esa forma, al superar el nivel del juicio, en el que se valora y sanciona lo que hay y situarse en el nivel de la creatividad gratuita, que siempre perdona, el hombre se atreve a descubrir y formular en su vida una forma de conducta que, siendo suya, pertenece a Dios.
  5. Esta revelación no puede probarse, por ser originario y escatológico, formal y universal (pues si se probara tendría que integrarse en un sistema legal). Pero puede y debe razonarse, como supone Lc 6, 38b-40 y Mt 7, 2 al afirmar: «con el juicio con que juzguéis seréis juzgados». Estamos ante la revelación suprema de la historia humana: el juicio no es un elemento originario de la creación, no proviene de Dios, sino que surge y se despliega allí donde nosotros lo formulamos y aplicamos. Somos nosotros los que proyectamos nuestro juicio y se lo aplicamos a Dios, para decir después que forma parte de su esencia. Pues bien, nosotros sabemos que el juicio nace de la historia de los hombres y añadimos que la superación del juicio pertenece al ser divino (=nos introduce en el ser de lo divino, que está más allá de todo juicio)[4].

Esta revelación (no-juzguéis), no tiene por tanto un carácter legal, en la línea de un tipo de imperativos jurídicos, sino que aparece como expresión de creatividad originaria que nos conduce hasta el corazón de Dios, de manera que ya no podemos decir, en actitud de proyección o revancha teológica: «no juzguéis porque eso lo hace Dios» (porque el juicio pertenece solo a Dios; cf. 1 Cor 4, 5; Rom 11, 19).

Ese gesto, que deja el juicio en manos de Dios, nos introduciría en una antropología dos pesas y medidas: para Dios (es decir, para las autoridades superiores) sería bueno aquello que a los demás se les prohíbe; él podría juzgar (como hacen los jueces de este mundo), pero los demás hombres no pueden hacerlo. Esta respuesta ha quedado ya inicialmente superada por Gen 1, 26 al decir que Dios «nos hizo a su imagen y semejanza» y, sobre todo, por el evangelio cuando pide que seamos como Dios, «que hace llover sobre justos y pecadores» (Mt 5, 45). Es evidente que ese Dios no juzga y nosotros debemos imitarle superando el juicio.

NOTAS

[1]  Jesús no quiere que triunfen «los justos»; por eso pide a los suyos que no se defiendan ni defiendan lo suyo (que pongan la otra mejilla), para cortar así la espiral de la violencia.

[2] Cf.A. Nygren, Eros et Agapé. La notion chrétienne de l’amour et ses transformations I-II, Aubier, París 1962 (trad. castellana: Eros y Agape, Sagitario, Barcelona, 1969). He dedicado al tema un capitulo de Palabra de amor, Sígueme, Salamanca 1982.

[3] Strack-Billerbeck, Kommentar zum NT aus Talmud und Midrasch I, Beck, München 1974, 441 no han encontrado paralelos significativos a esta palabra del no-juicio; tomada en su radicalidad, ellas desborda las fronteras de una nación sagrada y de una iglesia entendidas como sigo superior de Dios. De todas formas, nuestro estudio del Antiguo Testamento, con las referencias a Ex 32-34 y las explicaciones de Sab, nos ha permitido situarnos en el lugar donde Israel ha vislumbrado la existencia de un territorio de vida más allá del juicio del bien-mal. Por otra parte, fundándose en las raíces de la mejor tradicion judía, M. Buber, Yo y tú, Galatea, Buenos Aires 1956, 98-99, ha puesto de relieve la exigencia de superar el plano del juicio, para que la vida humana, fundada en el Dios de Israel, sea experiencia de gratuidad.  En esa línea avanza otra judía, H. Arendt, La condición humana, Paidós, Barcelona 1993, 255-262, que ha destacado la exigencia de superar el juicio, para hacer que la vida humana resulta así posible, apelando para ello a la más honda aportación judía de Jesús.  Para situar ese tema en nuestro tiempo resulta también necesario apelar a otros judíos como V. Jankélévitch, El Perdón, Seix Barral, Barcelona 199 y H. Jonas,  El principio de la responsabilidad, Herder, Barcelona 1999. Desde otra perspectiva, S. Lefranc,  Políticas del perdón,  Cátedra, Madrid 2004, ha desatado la necesidad de superar el puro juicio para alcanzar la paz social y política

[4] Esta proyección judicial pertenece al plano del conocimiento: de ordinario aplicamos a Dios nuestro tipo de violencia y venganza, desfigurando su imagen y convirtiéndola en un ídolo. Esta es una proyección antropológica: por ella terminamos cayendo en manos de aquello que nosotros mismos hemos. Eso que llamamos violencia de Dios es la expresión de nuestra propia violencia. El Dios verdadero no juzga: nos juzga y destruye solo el dios que nosotros inventamos.