La misión de la Iglesia en el mundo rural

Argüello sobre el mundo rural: “Lo que está en juego es una comprensión de la vida” 

El secretario general de la Conferencia Episcopal Española ha participado en la tercera y última sesión del Seminario de Ecología Integral organizado por la Fundación Pablo VI 

“Lo que está en juego es una comprensión de la vida”. De esta manera concibe la actual situación del mundo rural el secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, quien ha participado en la tercera y última sesión del Seminario de Ecología Integral organizado por la Fundación Pablo VI y la Conferencia Episcopal, celebrado bajo el título ‘La España rural: un reto para la nueva evangelización y el cuidado de la creación’. 

Para Argüello, el mundo rural de hoy “no es lo mismo una concepción de la persona como ser en relación o en familia, que una concepción individualista de la persona“. De hecho, ha señalado que ni la forma de concebir la familia ni el trabajo son igual ahora que en tiempos pasados. “Están en juego problemáticas que son de política internacional”, ha advertido. 

“Hay muchos asuntos que influyen: la baja natalidad, la nueva forma de organizarse el mundo en el que tienen especial protagonismo las grandes ciudades y su capacidad de absorción, la nueva forma de entender el trabajo, la nueva forma de organizarnos como sociedad y familia”, ha aseverado el obispo. 

La fe sencilla 

Para José Moreno Losada, sacerdote de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, el mundo rural “es la alternativa a lo que nos está ocurriendo como sociedad”. Es, de esta manera, “un tesoro y una perla que tenemos que ir a buscar y cultivar”. 

Por su parte, Ángel Martín, sacerdote de la diócesis de Coria-Cáceres, ha subrayado que, en este contexto, “hay sentimiento de fracaso en los pueblos, pero la fe de la gente sencilla permanece“, porque “la humildad y la ternura no es la virtud de los débiles”. “El que seamos pocos y débiles no quiere decir que dejemos de comprometernos. Hoy no se nos pide la cantidad, sino la calidad” , ha aseverado. 

Asimismo, Juan Luis Martín Barrios, director de la Comisión de Evangelización, Catequesis y Catecumenado de la 
CEE, ha señalado, en cuanto a la misión de la Iglesia en el mundo rural, que debe plantearse “cómo pasar de una Iglesia en estado de cristiandad con una pastoral de mantenimiento, a una Iglesia en estado de misión con una pastoral evangelizadora”. 

Del mismo modo, ha apuntado que la religiosidad popular “es el terreno de cultivo donde sembrar el Evangelio, pero hay que acompañar también con la dimensión celebrativa y solidaria“. Por ello, Martín Barrios apuesta por “una pastoral que mira al mundo en positivo, una pastoral de lo pequeño y una pastoral de la gratuidad”. 

Ante el DOMUND

Cuatro momentos de la misión cristiana 

Se celebra mañana (24.10.21) la fiesta del DOMUND, Domingo Mundial de las Misiones. Con esta ocasión, y con motivo de una carta muy discutida del Papa Francisco a los obispos de México, en el Segundo Centenario de la Independencia, sobre el tema de la Evangelización, quiero presentar los cuatro momentos y estilos de la misión (evangelización) cristiana a lo largo de la historia.  

Son momentos que han sido valiosos, pero que pueden y deben ser valorados y actualizados desde el Evangelio, como hice en mis dicciones de la Biblia  de las Religiones. Así han de valorarse y recrearse, desde el Evangelio, en este momento (año 2021) en que la iglesia está replantando su visión  y tarea de la misión cristiana. 

23.10.2021 | X. Pikaza 

Papa Francisco, sobre la evangelización de América 

Con motivo del bicentenario de la Independencia de México, el 17.9.2021), el Papa francisco escribió una carta de felicitación a Mons. Cabrera López, Presidente de la Conferencia Episcopal    alegrándose por el evento y deseando  que “este aniversario tan especial fuera ocasión propicia para fortalecer las raíces y reafirmar los valores de México, “teniendo en cuenta tanto las luces como las sombras que han forjado la historia del país”, mirando al pasado para recrear el futuro: 

           «Esa mirada retrospectiva incluye necesariamente un proceso de purificación de la memoria, es decir, reconocer los errores cometidos en el pasado, que han sido muy dolorosos. Por eso, en diversas ocasiones, tantos mis antecesores como yo mismo, hemos pedido perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización». 

 El Papa no hacía ninguna referencia a la conquista española, ningún juicio de valor político estricto, refiriéndose sólo, desde un punto de vista eclesial, a la “evangelización”, esto es, a la transmisión del cristianismo, reconociendo la existencia de “errores” dolorosos, vinculados al hecho de que esa evangelización estuvo vinculada con la conquista  y con el patronato real de algunos reinos “católicos” (Castilla, Portugal, Francia…). 

            Ese patronato tenía ciertos valores (exigía que la conquista se hiciera “cristianamente”), pero también algunos, riesgos, tanto desde el evangelio (difícil de cumplir en situación de conquista) como desde la conciencia social de libertad y autonomía de los pueblos injustamente conquistados. En ese contexto, el Papa se refería a los errores y sombras de aquel tiempo,  afirmando implícitamente que la evangelización debería haberse realizado sin conquista (reconociendo así la culpa de la Iglesia). 

            A pesar de ello, en los días que siguieron a la carta (18.09.21) surgió en España (y en México) una dura polémica: Algunos “dignatarios” criticaron con gran dureza las declaraciones del Papa: (1) Por mezclar religión y política. (2) Por desconocer los valores culturales y sociales de la conquista española (que a su juicio había sido impecable). 

            Teniendo en cuenta el juicio del Papa Francisco y la polémica posterior quiero distinguir, muy en general, cuatro momentos de la evangelización (misión) cristiana, para situar así mejor el sentido actual del DOMUND, del que trataré mañana. Sobre la misión y la conquista occidental de parte del mundo trataré en la cuarta parte. 

1.Primera expansión del cristianismo en el imperio romano. 

   Los cristianos fueron, al principio, grupos pequeños de entusiastas mesiánicos, que se extendieron, sobre todo, por el oriente del Mediterráneo, pero que llegaron pronto a Roma. Se extendieron básicamente a través del contacto personal, entre los judíos de las sinagogas y los prosélitos paganos, a quienes recibieron plenamente en las Iglesias, creando pronto comunidades mixtas, formadas por personas de origen judío y pagano. De un modo tanteante podemos presentar así el avance cristiano.  

  1. Hacia el año 100 sólo había en el imperio algunas docenas de miles cristianos, divididos en iglesias, compuestas de unos cien creyentes cada una. En general, se les considera como un grupo peculiar de judíos mesiánicos, vinculados a Jesús de Nazaret, crucificado por Poncio Pilato. A veces eran tratados con hostilidad por otros grupos judíos, sobre todo por el hecho de admitir en sus comunidades a gentiles. Algunos funcionarios romanos empezaron también a considerarles peligrosos e incluso a perseguirles, porque no tenían estatuto legal reconocido ni aceptaban el carácter sagrado del imperio. 
  1. Hacia el año 200 son ya unos 218.000 (0,36%). Han empezado a independizarse de un modo consecuente del judaísmo rabínico, poniendo ya de relieve aquellos elementos doctrinales y sociales de lo que será la iglesia posterior. Sólo ahora se puede afirmar que judaísmo rabínico y cristianismo se han separado y expresan de un modo consciente sus opciones, iniciando caminos distintos, que van a mantenerse de algún modo hasta el día de hoy. Los judíos rabínicos ya no «persiguen» a los cristianos, pues se han separado de ellos. El imperio romano empieza a verles como un problema social y religioso de primera magnitud, de manera que empieza a perseguir de manera más organizada a los cristianos, pues ellos forman un grupo no reconocido ni integrado en el Estado.  
  1. Hacia el año 250 los cristianos serán más de un millón (unos 1.110.000, más de un dos por ciento del imperio). Sólo ahora empiezan a ser una minoría grande, con un peso específico en la población. Sólo ahora se estructuran de un modo estricto, con obispos en los que se centraliza de un modo personal la vida de las iglesias, que van creando su propia red de conexiones por todo el imperio. Se puede afirmar que en este momento, encontrándose aún en situación de ilegalidad, la iglesia se estructura ya como «alternativa social» frente al imperio, pero no en sentido político, sino cultural y humano. Allí donde el imperio fracasa (pierde su cohesión interior), la Iglesia va creando redes de asistencia social y de comunicación humana que transforman la vida de sus fieles. Muchos funcionarios del imperio advierten que la política de rechazo o de persecución contra los cristianos no ha dado fruto. 
  1. El año 300 había ya más de seis millones de cristianos, formando (al lado del judaísmo, que seguía aislado) la minoría más significativa del imperio, tanto en plano religioso como social. Es evidente que las «persecuciones» han fracasado. Los cristianos forman una comunidad bien cohesionada, capaz de ofrecer espacios de sentido y convivencia, de asistencia social y celebración a una parte cada vez mayor de la población del imperio. A partir de ese momento el número de cristianos aumentará de un modo vertiginoso, aun antes de la “conversión” de Constantino, que en su Edicto de Milán, año 313, ratifica la tolerancia del Imperio ante los cristianos, que empiezan a considerarse como imperio espiritual dentro del imperio, de manera que el mismo emperador viene a presentarse como garante de su estabilidad y de su vida. 

2.Auge del cristianismo, conversión del imperio romano. 

Sociólogos e historiadores están convencidos de que el punto de inflexión en el despliegue cristiano debe situarse en torno al 200 (entre el 150 y el 250 d. C.), tiempo en que el cristianismo deja de ser un especial grupúsculo judío (capaz de acoger en su seno a los gentiles) para convertirse en grupo propio, con identidad social y religiosa. En ese momento, hacia el 150 d. C., sólo había unos 41.000 cristianos, dentro de un imperio que contaba con unos 60 millones de habitantes (con unos 6 millones de judíos). Los cristianos eran pocos, pero tenían una fuerte identidad, fundada en la visión de Jesús como Cristo (enviado definitivo de Dios) y en la misma herencia judía, de la que habían recibido su conciencia de elección y su compromiso moral. 

En ese momento privilegiado, el auge del cristianismo se realizó a través de la misión testimonial, sin necesidad de acudir a presiones de tipo militar o político (como sucederá más tarde, como indicaremos en el próximo apartado de este capítulo). Los cristianos no necesitaron mucho dinero para extenderse, pero compartieron el que tenían, creando comunidades donde había espacio de vida (casa y comida, familia y dignidad) para todos, especialmente para los más pobres. Tampoco necesitaron tomar el poder, sino al contrario, ellos tuvieran al poder en contra (vivieron bajo régimen de excepción o de persecuciones). Tampoco desplegaron una gran misión intelectual, aunque tuvieron buenos intelectuales, que reflexionaron sobre los aspectos básicos del cristianismo. El cristianismo no fue un movimiento intelectual de sabios ni una escuela interior de liberación, como quisieron algunos maestros gnósticos, sino un movimiento social, que terminó estando dirigido por «obispos» con funciones de tipo sacerdotal, administrativo y caritativo. Las cosas cambiaron tras la conversión de Constantino, cuando la iglesia utilizó el poder político (y su violencia) para extenderse.                                                                                                                          Así se desarrollaron, así se extendieron los cristianos entre el 200 y el 300 d. C., en medio de unas condiciones que parecían adversas, pero que eran en el fondo muy favorables. Se extendieron precisamente allí donde el imperio greco-romano les sentía como distintos y les perseguía (aunque en el fondo quizá les admiraba). Esa persecuciónque era de tipo militar e ideológico, resulta esencial para entender el cristianismo, pues marca y traza la diferencia de los cristianos, frente a otros modelos de organización social, como el de los judíos rabínicos que prefirieron mantenerse aislados (rechazando el proselitismo anterior). El aislamiento rabínico constituye también un elemento esencial de contraste para el cristianismo.                                                                                   El verdadero auge de la iglesia se dio en condiciones adversas, dentro de un imperio que no admitía su modelo de comunidad (pues pensaba que destruía su identidad imperial sagrada, es decir, la presencia de Dios en los triunfadores), a diferencia de un judaísmo rabínico, que prefería cerrarse en sus fronteras nacionales. Este es el auge de unos perdedores católicos, es decir, de unos hombres y mujeres que querían ofrecer un espacio de encuentro y comunicación a todos los pueblos y grupos de la tierra, desde los más pobres (no desde una situación de imperio, como el greco-romano), sin cerrarse en un grupo de iniciados, capaces de entender un Libro y cumplir unas Leyes (como los judíos rabínicos).                                   Pues bien, este auge y triunfo del cristianismo se vio interrumpido, bastante bruscamente, por su mismo triunfo externo y por la debilidad del imperio romano. Los cristianos vivían mucho mejor siendo perseguidos: sabían lo que debían hacer, cómo responder a su Cristo, es decir, al mesianismo universal, desde los pobres. Pero no estaban preparados para el triunfo imperial, para el poder que les ofrecieron Constantino y sus sucesores, a partir del año 313 (Edicto de Milán).                                                                          Por otra parte, más que aspiración y necesidad de la iglesia, esa toma de poder fue consecuencia de la debilidad del imperio greco-romano, cuyos valores culturales y artísticos, administrativos e incluso políticos, iban languideciendo. Para mantenerse como poder (sobre todo en oriente) el imperio cedió gran parte de su autoridad a la iglesia y ella tuvo, la debilidad y el gran error, de aceptarlo, dando de esa forma un poder religioso al emperador, sobre todo en Oriente, donde la iglesia tuvo una historia brillante de mas de mil años (bajo el poder del emperador bizantino), pero para ello tuvo que cerrarse demasiado en sí misma, en su sacralidad más imperial que evangélica. De esa forma, el Imperio se convirtió oficialmente al Cristianismo (edicto de Teodosio, año 380).  

3. Misión medieval. 

Tras la caída del imperio de occidente (el año 476), se inicia una nueva época de expansión de la iglesia en Europa (dejamos a un lado la parte del imperio bizantino), de manera que la cultura latina penetró con el cristianismo en lugares donde el imperio romano no había llegado o no había conseguido implantarse intensamente, como ya hemos dicho. Fue un proceso largo de simbiosis y mestizaje en el que, a modo de ejemplo, podemos distinguir varios elementos y/o momentos:  

  1. Misiòn monacal. Puede quedar representada por el Papa San Gregorio Magno (590-604) que envió los primeros monjes benedictinos a Inglaterra, para sembrar y extender en aquella tierra el cristianismo. Otros monjes, de origen romano o irlandés, salieron también de sus tierras y plantaron sus centros de evangelización en casi toda Europa, llevando con ellos no sólo el cristianismo sino también el derecho romano y la memoria de la cultura greco-latina antigua. Ellos constituyen quizá el momento más valioso de la gran obra de evangelización pacífica de Europa. 
  1. Imperio carolingio, sacro imperio romano-germánico. El año 754 el Papa Esteban III viajó a Francia para pedir la ayuda de Pipino el Breve y para establecer en el centro de Italia unos «Estados Pontificios» desde los cuales el Papa pudiera realizar su labor cristiana desde una situación de independencia política. De esa forma, la iglesia de Occidente quedó vinculada, por más de mil cien años (hasta la caída de los Estados Pontificios, el 1870), a la política de poder y violencia de los estados europeos. La nueva situación quedó ratificada cuando el año 800 el papa León III coronó emperador a Carlomagno, en el Vaticano. De un modo o de otro, una ceremonia semejante se fue sucediendo por siglos y siglos, hasta la caída del «Antiguo Régimen» con la Revolución Francesa de finales del siglo XVIII. Papas y emperadores (francos y/o germanos) se complementaron, de manera que la fe religiosa quedaba internamente vinculada a la violencia política, conforme a un modelo de poder que parecía eterno. En ese contexto se sitúa la tarea de evangelización de Europa, promovida y apoyada por los emperadores con las armas. 
  1. ¿Cruzada misionera? Ciertamente, en la conversión del Norte de Europa al cristianismo influyen principios religiosos (la atracción y novedad del evangelio), pero influyeron también, de un modo decisivo, factores de tipo humanista (la iglesia se impuso por su misma supremacía cultural) y político (emperadores y reyes impusieron de algún modo el cristianismo). En este contexto se puede hablar de una «cruzada evangelizadora», vinculada de un modo especial a la Orden de los Caballeros Teutónicos, vinculados a las ligas comerciales y políticas del Norte de Alemania. Algo semejante podría decirse de la misión cristiana en España, vinculada con la “reconquista”, entre el siglo XI y XV de. C. 

La conversión del Norte de Europa al Cristianismo constituye un hecho cultural y social de primera magnitud, de manera que podemos decir que en los «siglos oscuros» que siguieron a la caída el Imperio Romano y precedieron al surgimiento de la Edad Moderna, la Iglesia actuó como un factor social y cultural básico. Sin esa labor de la iglesia no se podría hablar de Europa. Pero se trata de una labor que no fue sólo evangelizadora o, mejor dicho, evangélica, sino también política y social, de tipo violento.  

Posiblemente, los portadores de la fe cristiana fueron a veces menos violentos que los representantes de viejo orden pagano. Pero, sin duda, lo fueron también de un modo intenso: extendieron la fe con la ayuda de la fuera militar y de la autoridad social de su cultura. 

 4.Misión en América y en otros continentes (siglos XVI-XIX). 

En la línea anterior se sitúa y avanza gran parte de la conquista y evangelización de América, que algunos analistas hispanos han valorado, de un modo triunfal, afirmando que ha sido la mayor obra cristiana después de la redención de Cristo. Los misioneros hispanos de América (y en algún sentido también de África y América) se han valido de la espada (de la conquista violenta) para extender la fe. Esa visión de la guerra de conquista, con fines religiosos (para propagar la fe) se encuentra en el fondo de las tres bulas del Papa Alejandro VI, que desembocan en el Tratado de Tordesillas, donde castellanos y portugueses se reparten «en nombre de Dios» el mundo conocido para conquistarlo, con el compromiso de extender la fe. A lo largo de tres siglos (del XVI hasta el XVIII) esos reyes tendrán el derecho y el deber de utilizar sus conquistas (así legitimadas desde una perspectiva religiosa) para extender la fe cristiana. 

    Es evidente que la conquista hispana de una parte considerable  de América, con el surgimiento posterior de los nuevos estados, desde México a Chile, desde Perú hasta Brasil, incluye valores de tipo cultural y social y también defectos. Pues bien, la iglesia católica ha legitimado y promovido esa conquista y colonización violenta con una finalidad religiosa, tomándola como medio para la extensión de la fe cristiana. 

Los papas, y con ellos obispos y reyes «cristianos», han tenido el convencimiento de que para propagar el evangelio era lícito y buena forma de violencia militar (una conquista como guerra santa). Ciertamente, hubo momentos en que los misioneros actuaron sin apoyarse en la espada, esto es, en el poder de la corona y de los 

 conquistadores; pero fueron sólo casos marginales y por poco tiempo. En general, y con la aprobación de los papas, la evangelización (que debería haber sido un gesto de pura gratuidad, sin imposiciones políticas) vino a desplegarse bajo el apoyo (el protectorado) de los reyes, que elegían a los obispos y enviaban a los misioneros que estaban implicados en una conquista santa (¡anticristiana!). 

Se podrá decir que aquella fue una «violencia legítima» y que tuvo efectos culturales y sociales positivos, pues los reyes de España y Portugal no eran menos iglesia ni menos religiosos que los papas. Pero, mirada desde una perspectiva de evangelio, su acción nos parece hoy vinculada con una violencia ambigua e incluso negativa, como indicaron desde antiguo Bartolomé de las Casas y más tarde otros misioneros tan poco extremistas como M. de Murúa, quien en su obra Historia general del Perú, escrita hacia el 1600 pero publicada sólo en el siglo XX (Historia 16, Madrid 1987), afirma que la misión cristiana de América debería haberse realizado sin conquista hispana, para que así fueraverdaderamente evangélica. Se equivocaron entonces, a lo largo de todo el siglo XVI y XVII (o quisieron equivocarse para su provecho), tanto los reyes y señores hispanos (que tomaron la evangelización como excusa para la conquista) como los papas y obispos (que delegaron en los reyes y señores una labor que deberían haber promovido ellos). 

De esa forma se unieron la violencia política y la extensión de la fe, pero sólo en países que vivían todavía en un nivel religioso y cultural antiguo, que no habían llegado al nivel del «tiempo eje». Los cristianos, apoyándose en la fuerza de los reyes, sólo lograron convertir a pueblos de cultura inferior. En otros lugares, donde la población había desarrollado estructuras sociales y religiosas más avanzadas, en la línea del tiempo-eje (como en India y China, lo mismo que en los países de religión musulmana) no hubo un cambio religiosos significativo a pesar de la conquista. 

Es evidente que no podemos juzgar el pasado. Pero podemos y debemos afirmar, desde nuestra perspectiva, que ese pasado no fue muy cristiano, en el sentido radical de la palabra: aprovecharse de la conquista militar para extender un pretendido evangelio de libertad gratuita entre gentes de cultura inferior no parece responder mensaje de Jesús. Hoy podemos afirmar que, si el fin no justifica los medios, en el fondo de aquella primera evangelización de América latía un pecado original de violencia. 

Ese proceso de conquista-evangelización ha podido tener consecuencias positivas, de manera que ha sido capaz de elevar el ámbito de experiencia humana de algunos pueblos de América, que han descubierto en el cristianismo un rasgo de su identidad. Pero, en general, ese tipo de misión ha sido cuestionable desde el punto de vista evangélico, pues ha vinculado a la Iglesia con un poder político violento muy particular, más que con los pobres a los que Jesús había dirigido su mensaje. 

Ha sido un proceso dramático, lleno de posibilidades creadoras y de grandes dolores, un proceso que sigue en marcha sobre todo el mundo. La función conquistadora de Europa terminó hace tiempo, pues la mayoría de las colonias más antiguas (de España, Inglaterra y Portugal) se independizaron de la metrópoli ya de dos siglos y las nuevas (en África y Asia) en la segunda mitad del siglo XX. Pero las consecuencias de aquel proceso siguen influyendo en la actualidad. 

Por otra parte, el año 1625, el Papa Gregorio XV, con la Bula Inscrutabili Divinae, creó una Congregación vaticana, titulada De Propaganda Fide, es decir, para la Propagación de la Fe, para así actuar con independencia de los estados católicos. Esa Congregación ha realizado y sigue realizando una tarea m misionera muy laudable, con la ayuda de diversas órdenes religiosas, pero ella ha seguido aprovechándose también de la presencia de los países colonizadores (sobre todo de Francia y Gran Bretaña). Ahora, a comienzos del siglo XXI, nos hallamos probablemente ante el comienzo de un nuevo tipo de misión cristiana, vinculada más directamente al mensaje de Jesús y a la alianza de religiones, al servicio de los más pobres. 

El premio Cardenal Bernardin al Nuevo Liderazgo

Louis Damani Jones: «Es necesario llevar el Evangelio a todos los ámbitos de nuestro trabajo»
Louis Damani Jones, de 26 años, afroamericano y graduado en Ciencias Sociales es el ganador de este premio por su capacidad de ser modelo inspirador para todos los jóvenes católicos que quieren hacer algo contra la pobreza y la injusticia social
El joven galardonado es miembro del comité de la CCHD en Belleville, donde ha ayudado a la comunidad a poner en marcha varios proyectos de desarrollo económico para personas de bajos ingresos
El «Premio Cardenal Bernardin al Nuevo Liderazgo» lo asigna cada año la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD), el programa contra la pobreza lanzado por los obispos de los Estados Unidos (USCCB)
17.12.2020 | Vatican News
(Vatican News).- Un premio a los que luchan contra la pobreza y la injusticia, implementando soluciones comunitarias: este es el significado del «Premio Cardenal Bernardin al Nuevo Liderazgo» que asigna cada año la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD), el programa contra la pobreza lanzado por los obispos de los Estados Unidos (USCCB). Para este año 2020, el ganador del premio es Louis Damani Jones, de 26 años, afroamericano y graduado en Ciencias Sociales.
El joven ganador es miembro del comité de la CCHD en Belleville, donde ha ayudado a la comunidad a poner en marcha varios proyectos de desarrollo económico para personas de bajos ingresos. Y no sólo esto, el ganador también ha contribuido a la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia al grabar programas en podcast sobre la erradicación de la pobreza. Central, finalmente, ha sido su contribución a la preparación de las celebraciones del 50º aniversario de la CCHD, conmemorado este año. Enfatiza Cheryl Sommer, directora diocesana de la CCHD en Belleville:
“Louis es un modelo inspirador para todos aquellos jóvenes católicos que quieren hacer algo contra la pobreza y la injusticia social. A través de su trabajo, demuestra que trabajar juntos para promover un sistema social equitativo es fundamental para difundir el mensaje del Evangelio”
Por su parte Ralph McCloud, director nacional de la CCHD, se hace eco de sus sentimientos al afimar:
“La dedicación inquebrantable de Louis para dar voz a los marginados y actuar en solidaridad con la comunidad encarna el corazón y el alma de la misión de nuestra Campaña”
Llevar el Evangelio a todos los ámbitosdel trabajo
Mientras el propio Louis Damani Jones dice que es necesario «llevar el Evangelio a todos los ámbitos de nuestro trabajo», y agrega:
“He descubierto que las ciencias sociales pueden ser una gran herramienta para entender cómo poner a la persona humana en el centro de la sociedad y la economía”
El Premio
Dedicado al Cardenal Joseph Bernardin, Arzobispo de Chicago desde 1982 hasta su muerte, acaecida en 1996, quien también fue el primer Secretario General de la USCCB de 1968 a 1972 y el tercer Presidente del mismo organismo de 1974 a 1977, este Premio se otorgó en una ceremonia celebrada en modo virtual, respetando plenamente la normativa anti-Covid.

Evangelizar en la RED

• Daniel Pajuelo: «Lo que más me preocupa es la continua identificación de la derecha con la Iglesia católica, que es una injusticia para el Evangelio»
«No se acaba de entender ni la crítica al clericalismo o al proselitismo, porque lo tenemos muy metido dentro, y nos cuesta mucho estar de otra manera evangelizando, reconociendo la bondad , la verdad y la belleza que hay en gente atea o de otras religiones. Durante mucho tiempo, la Iglesia ha sido la Voz, y ahora es una de las voces, y no nos acabamos de situar»
«Inundar con mensajes religiosos, saturar la red, es expulsar a los de fuera. Una evangelización de burbuja es contraproducente, no invita a reconocer la fe cristiana. La categoría es la del testimonio»
«En la Iglesia conviven esas dos tensiones, la misericordia y la justicia. En el interior de la Iglesia ese conflicto está exacerbado. Francisco lo único que ha hecho, como buen profeta, es provocar que salga a la luz eso que ya estaba»
«Queda mucho camino para que haya libertad dentro de la Iglesia para hablar, madurar, gestar una Iglesia de comunión que sea acogedora con otras realidades»
«A mí lo que más me preocupa es la continua identificación de la derecha con la iglesia católica, que es una injusticia para el Evangelio. El Evangelio no se puede identificar con una opción política, porque sería ideologizarlo. En España se merma, se reduce a ideología…»
«Esta gente dice que vive el Evangelio. pero lo que te encuentras es que a menudo utilizan el nombre de Dios y de la religión para ganar votos, o defender un constructo ideológico que choca con muchas cosas de Jesús, y esas no las quieren, las tapan»
02.12.2020 Jesús Bastante
Es uno de los curas con más seguidores en las redes sociales del mundo. Hace poco, alcanzó el millón de seguidores en Youtube. Uno de nuestros grandes ‘influencers’ que, sin embargo, sufre el azote de los ‘haters’ que se dicen católicos. Dani Pajuelo vive con resignación y esperanza el odio, pero no ceja en su empeño.
«Queda mucho camino para que haya libertad dentro de la Iglesia para hablar, madurar, gestar una Iglesia de comunión que sea acogedora con otras realidades», afirma el sacerdote marianista en esta entrevista con RD en la que lamenta que «una evangelización de burbuja es contraproducente, no invita a reconocer la fe cristiana» y acaba «expulsando a los de fuera».
Enamorado del Papa Francisco, Pajuelo muestra su preocupación por la «continua identificación de la derecha con la iglesia católica, que es una injusticia para el Evangelio. El Evangelio no se puede identificar con una opción política, porque sería ideologizarlo. En España se merma, se reduce a ideología…». Hablamos con él.
¿Eres el cura español con más seguidores en las redes sociales, no?
En España creo que sí, en Latinoamérica hay dos o tres que superan el millón de seguidores.
¿A qué se debe el éxito?
Mucho trabajo, constancia, tener claras algunas cosas del mundo digital. Yo entré muy joven en la congregación, con una inquietud muy fuerte por internet. Estudié Ingeniería Informática, y la congregación me ha dado siempre alas. Llevo desde hace 4 años, con frutos sorprendentes. No me esperaba esta proyección.
No siempre con aplausos de todos, ¿no?
Sí. Esto te trae aplausos y odio, casi más visible el odio. Por desgracia, el odio al principio venía del mundo más hostil a la Iglesia, pero con el tiempo, el hater que ha crecido es el de dentro de la Iglesia. No el institucional, pero dentro de la Iglesia hay gente que no comprende que un sacerdote no vaya de sotana todo el día y esté celebrando misas todo el tiempo.
-Esa vieja concepción de que el católico solo puede serlo de una determinada manera…
Es un grave error que el Papa Francisco nos está diciendo siempre. No se acaba de entender ni la crítica al clericalismo o al proselitismo, porque lo tenemos muy metido dentro, y nos cuesta mucho estar de otra manera evangelizando, reconociendo la bondad , la verdad y la belleza que hay en gente atea o de otras religiones. Durante mucho tiempo, la Iglesia ha sido la Voz, y ahora es una de las voces, y no nos acabamos de situar… A veces me encuentro críticas muy injustas del tipo ‘Ahora que tienes un millón de seguidores, es el momento de que hables de la verdad..’ como si lo que hubiera hecho hasta ahora hubiera sido escalar o mentir. Llevo evangelizando desde el testimonio desde siempre, con la imagen de hospital de campaña, hacer de la Iglesia lugar de encuentro. Eso es lo que quiere ser mi canal de youtube, donde se pueden sanar heridas, conocerse, donde alguno puede preguntar de dónde sale lo que hacemos…
-¿Cómo crees que tiene que ser la evangelización en redes?
Tengo claro que inundar con mensajes religiosos, saturar la red, es expulsar a los de fuera. Una evangelización de burbuja es contraproducente, no invita a reconocer la fe cristiana. La categoría es la del testimonio, tener una presencia encarnada. Si eres padre de familia, obrero o emprendedor, es importante que se vea. Lo más importante es la honestidad, No pasa nada porque un católico cuestione cosas, con respeto y apertura. Lo complicado de las redes es la gestión del odio, sobre todo de fuentes anónimas. Esto por desgracia, en el mundo católico está al orden del día. Puedes olisquear qué personas están detrás…. Eso te da rabia, dan ganas de responder…A mí me ha ayudado mucho tener una comunidad. Solo un hermano de los siete que somos tiene twiter, no son fans de lo digital, pero con ellos rezo, comparto, tenemos un proyecto de vida común. Pero hay haters con mucha crueldad, y eso inhibe el testimonio, que es lo importante, y no tanto las vírgenes que comparto en mi perfil, o las frases del Papa… eso puede estar muy bien, pero es confundir proselitismo y testimonio. Y luego hay que estar en el medio como el medio requiere estar: no puedes hacer un vídeo en youtube como si fuera para los documéntales de La 2. Cada red social tiene sus riesgos, oportunidades y lenguajes. Tienes que empaparte. A veces en el mundo católico tenemos orgullo de tener el mejor contenido, que es Jesucristo, y parece que ya está.
-Contamos con la ventaja de que el mensaje se adapta a cualquier realidad, en cualquier lugar del mundo y de la historia…. Pero una cosa es que la materia prima sea buena, pero hay que hacerlo vida…
Exacto. y hay que encarnarlo en el propio medio, y en su lenguaje. He aprendido de influencias del mundo de los videojuegos el humor, estar con humor. Algunos cardenales que me siguen deben pensar que se me ha ido la pinza, pero nos permite rebajar la tensión. Y me permite conectar con el público joven.
-¿Se aprende mucho de esos influencias que no tienen nada que ver con el mundo católico?
Muchísimo. Se me pone la piel de gallina. En mi cuenta de Instagram, las stories las puedes destacar en burbujas, hay algunas que se llaman ‘Frutos’. ES una pasada cómo cae el corazón que menos te esperas el trabajo que haces. Cuando pienso en la persona a la que me dirijo (19-35 años), que está herida por la Iglesia, que le ha hecho daño, que tiene un corazón justo que busca la verdad, que le atrae Jesús pero no puede con el pack de la iglesia… intento escucharlas. El feed back que más me llega es de personas ateas, agnósticas o muy heridas. Muchos empiezan diciendo ‘Dani soy ateo, pero…’. Me ven como alguien normal.
Yo sueño una iglesia con menos poder, que acepta que no tiene capacidad de influir con los poderes del mundo, que ha renunciado a esa estrategia de poder, y la separa de la evangelización, yo creo que eso nos devolvería a la esencia del Evangelio
-Esa palabra es la clave, ‘Ser normales’. Nos han educado durante tantos años a un aIglesia de superhéroes que solo podían dar ejemplo y obedecer…
Tengo un anti testimonio de cuando era joven postulante. Estábamos lavando los platos y un sacerdote joven no lo hacía. Le dijimos que los lavara, y nos dio un speech sobre la dignidad sacerdotal. Se me quedó grabado como antitestimonio, me di cuenta del potencial daño que ese discurso hace a la Iglesia, porque eleva a una categoría unas personas que somos como todos, y que deberíamos lavar más platos que nadie, porque ostentamos un puesto de liderazgo y responsabilidad en la comunidad.
-El Evangelio es comunicación fundamentalmente. Nuestra misión también es saber comunicar la Buena Noticia. Ese diagnóstico que haces no se lo han hecho todavía: hemos perdido las generaciones que vienen, y cada vez es más difícil entrar, a no ser que sea a través de las familias y la educación. ¿Cómo ves el presente y el futuro de la Iglesia en España? Tenemos la suerte de contar con un papa como Francisco, ha abierto el juego, hay temas de los que se puede hablar, no siempre se tocan los mismos temas… Gente se siente concernida con lo que se está hablando. Y sin embargo, en medio hay un vacío excepcional, que estamos más preocupados por la ley, por la vestimenta del cura y no lavando los platos. ¿Qué soluciones hay para esto?
La pregunta del millón. Por un lado, soy realista y debo aceptar que en la iglesia conviven dos corrientes desde el Concilio de Jerusalén: los que pensaban que hay que circuncidarse porque sí, y los que creen que Jesús es superior a la ley. En la Iglesia conviven esas dos tensiones, la misericordia y la justicia. En el interior de la Iglesia ese conflicto está exacerbado. Francisco lo único que ha hecho, como buen profeta, es provocar que salga a la luz eso que ya estaba. Ahora las tensiones han florecido, y podemos hablar de ellas sin estar fuera. Pero creo que queda mucho camino para que haya libertad dentro de la Iglesia para hablar, madurar, gestar una Iglesia de comunión que sea acogedora con otras realidades.
Nos queda sufrir mucho en el interior de la iglesia hasta que se purifiquen algunas cosas. Eso se suma al contexto social: a mí lo que más me preocupa es la continua identificación de la derecha con la iglesia católica, que es una injusticia para el Evangelio. El Evangelio no se puede identificar con una opción política, porque sería ideologizarlo. En España se merma, se reduce a ideología…
-Seguimos siendo un país de clericales y anticlericales
Claro, es que es muy cansino… Esta gente dice que vive el Evangelio. pero lo que te encuentras es que a menudo utilizan el nombre de Dios y de la religión para ganar votos, o defender un constructo ideológico que choca con muchas cosas de Jesús, y esas no las quieren, las tapan. Francisco has sacado muchas cosas a la luz. La Evangelii Gaudium: la leí y me eché a llorar, porque sentí que volvía a leer el Evangelio por primera vez. Esto tiene una frescura espectacular. Tenemos un tema pendiente: la Iglesia saca un documento y pensamos que todos lo leen, pero no es así.
A lo que nos empuja el contexto es a eso o a andar en continuos guettos, bien amurallados, que quede bien claro que quien está adentro acepta ese pack, vota a estas personas…
-Además tenemos aun Papa que se le entiende perfectamente… ¿Qué futuro ves en la Iglesia?
Sobre el futuro de la Iglesia, no tengo nada claro. Yo sueño una iglesia con menos poder, que acepta que no tiene capacidad de influir con los poderes del mundo, que ha renunciado a esa estrategia de poder, y la separa de la evangelización, yo creo que eso nos devolvería a la esencia del Evangelio. Una Iglesia de pequeñas comunidades, más que de grandes escenificaciones de poder y prestigio. A lo que nos empuja el contexto es a eso o a andar en continuos guettos, bien amurallados, que quede bien claro que quien está adentro acepta ese pack, vota a estas personas… Mientras tanto, en paralelo, hay una historia de santidad, de muchos desconocidos, Dios va escribiendo una historia bastante humilde, y eso está ahí. Hay un nivel de testimonio evangélico enorme, pero requiere una mirada distinta para percibirlo. Y me gustaría contribuir a educar la mirada de fe. Para mí la mirad de fe en un ateo, es enseñar a ver lo bueno, verdadero que hay en cada persona, porque hay está Dios.
– Formas parte de un grupo de tuiteros, de gente que trabaja el Evangelio en las redes, que se llama Misión, y que lanzáis unos nuevos cursos
Se llama Conecta IMisión. Hace unos años concoí a Xiskya Valladares, en un momento en que la estaban linchando. Nos dimos cuenta de que había que ayudar a los católicos a estar de otra manera en las redes. Hemos hecho un montón de cosas: tres congresos, jornadas de formación… y queremos llegar a formación a distancia. En esta tercera edición, hemos conseguido una formación modular que puede cursar cualquier momento, a un precio muy cómodo. Con un plan a tres años, con un plantel de profesores muy variado. Gente que tiene nuestro sello, que ve la evangelización digital como un testimonio, y con profesionalidad. Vamos a enseñar a pensar a niveles de marketing y lenguaje de la red, qué es lo que funciona, qué es lo que no, cómo llegas al público que quieres… qué es y qué no es un fruto cuando trabajas en red, como gestionas el odio. Casos prácticos de éxito… Este año enseñaremos cómo evangelizar en Youtube, en Instagram, en Tik Tok (que es una frontera muy nueva), y el de Facebook.
Tmbién, el tema del Fundraising, los proyectos con buenos pero se tienen que sostener, crear empleo, criterios éticos. La evangelización no tiene por qué ser deficitaria, puede autosostenerse.

DE UNA IGLESIA SACRAMENTALISTA A UNA IGLESIA EVANGELIZADORA



Por Victor Codina
Unas de las consecuencias de la pandemia ha sido el cierre de todos los lugares de culto, de todas las iglesias y templos. También las bendiciones Urbi et Orbi de Francisco fueron ante una Plaza y una basílica de San Pedro vacías. Muchos auguraban una cuaresma y una Semana Santa muy pobre, sin celebraciones litúrgicas, sin Via crucis, ni pasos de procesiones.
Y, sin embargo, ha sido una Semana Santa sumamente profunda y rica, no solo por participar mediáticamente de las ceremonias, sino por algo más hondo: vivir de cerca la pasión del Señor en la pasión y el sufrimiento de los enfermos, lectura del evangelio y oración en familia, experimentar la ayuda a gente mayor solitaria y la colaboración a vecinos, aplausos a médicos, sanitarios, transportistas, trabajadores de farmacias y supermercados, a voluntarios que reparten comidas, etc. Los protagonistas de esta Semana Santa no han sido los curas, ni siquiera sus trasmisiones mediáticas, sino las familias, laicos y laicas, los y las jóvenes. Se ha promovido una Iglesia doméstica, en la que los laicos son protagonistas, donde han sido siempre los papás, no el párroco, quienes han enseñado a rezar a sus niños antes de ir a dormir. Donde hay dos o tres reunidos en nombre del Señor, Él está en medio de ellos.
Quizás muchos crean que este cierre de las iglesias ha sido solo un paréntesis pastoral y que pronto se volverá a la situación de antes. Otros, como el sociólogo y teólogo Tomás Halik, de Praga, afirman claramente que este es un tiempo favorable y de gracia, un kairós, un signo de los tiempos, Dios nos quiere revelar algo.
¿Qué quiere decirnos Dios? Cada uno puede dar una respuesta personal, pero a nivel eclesial quizás podemos pensar que el Espíritu nos invita a pasar de una Iglesia sacramentalista y clerical a una Iglesia evangelizadora.
Iglesia sacramentalista sería la que se identifica tanto con los siete sacramentos que tiene el riesgo de considerar al clero como el protagonista de la Iglesia y al templo como su centro autorrefencial o propio, mientras margina a los laicos, descuida la evangelización, el anuncio la Palabra, la iniciación a la fe, la oración, la formación cristiana, sin formar una comunidad cristiana, ni un laicado de ciudadanos responsables y solidarios con los pobres y marginados. Muchos párrocos se angustian al ver que los sacramentos rápidamente disminuyen y sus fieles envejecen.
Iglesia evangelizadora es la que hace lo que hizo Jesús: anunciar la buena nueva del Reino de Dios, predicar, curar enfermos, comer con pecadores, dar de comer a hambrientos, liberar de toda opresión y esclavitud. Este era el programa de Jesús en la sinagoga de Nazaret: dar vista a los ciegos, liberar a los cautivos, evangelizar a los pobres, anunciar la gracia y la misericordia de Dios. En la última cena Jesús instituyó la eucaristía, pero el evangelio de Juan situó en la última cena el lavatorio de los pies y el mandamiento nuevo del amor fraterno, completando la dimensión litúrgica con la más existencial y evitar así que la eucaristía se convirtiese en un mero rito vacío.
No se trata de olvidar los sacramentos, sino de valorarlos como “signos sensibles y eficaces de la gracia”, pero siempre a la luz de la fe y de la Palabra, para que no se conviertan en magia y pasividad. Por esto, toda celebración sacramental viene precedida por la celebración de la Palabra; el Concilio Vaticano II afirma que la misión primera de los obispos y presbíteros consiste en anunciar la Palabra de Dios.
Ciertamente “la eucaristía hace la Iglesia”, sin eucaristía no hay Iglesia plenamente constituida, pero esta frase debe completarse con su contraparte: “la Iglesia hace la eucaristía”, es toda la comunidad, presidida por sus pastores, la que celebra la eucaristía, sin el tejido de una comunidad eclesial no habría eucaristía.
El Cardenal Jorge Bergoglio, en el cónclave de su elección como obispo de Roma, ofreció una original interpretación del texto de Apocalipsis 3,20, en el que el Señor llama a la puerta para que le abramos. Ordinariamente se entiende que el Señor quiere que le abramos la puerta para entrar en nuestra casa, pero Bergoglio dijo que lo que el Señor nos pide ahora es que le abramos la puerta y le dejemos salir a la calle.
Por esto Francisco habla de “una Iglesia en salida”, hacia las fronteras, hospital de campaña, que huela a oveja, que encuentre a Cristo en las heridas del pueblo y de la Iglesia, cuide nuestra casa común, callejee la fe, como María que fue a toda prisa a visitar a su prima Isabel. No se trata de convertir a la Iglesia en una ONG, pues la eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de Jesús, es la cumbre de la vida cristiana, pero solo se va a esta cumbre por el camino de fe y del seguimiento de Jesús.
A veces los poetas son quienes entienden mejor los misterios de la fe. Las reflexiones del poeta catalán Joan Maragall ante una iglesia quemada durante la Semana Trágica de Barcelona, el año 1909, pueden ser actuales. Cuando Maragall, acudió el domingo a una iglesia que había sido incendiada la semana anterior, escribió:
«Yo nunca había oído una Misa como aquella. La bóveda de la iglesia descalabrada, las paredes ahumadas y desconchadas, los altares destruidos, ausentes, sobre todo aquel gran vacío negro donde estuvo el altar mayor, el suelo invisible bajo el polvo de los escombros, ningún banco para sentarse, y todo el mundo de pie o arrodillado ante una mesa de madera con un crucifijo encima, y un torrente de sol entrando por el boquete de la bóveda, con una multitud de moscas bailando a la luz cruda que iluminaba toda la iglesia y hacía parecer que oíamos la Misa en plena calle…».
A Maragall, aquella misa, después de la violencia anticlerical de la Semana Trágica le pareció nueva, un rincón de las catacumbas de los primeros cristianos. Pensaba que la misa siempre debería ser así: una puerta abierta a los pobres, a los oprimidos, a los desesperados, para quienes fue fundada la Iglesia, y no cerrada ni enriquecida “amparada por los ricos y poderosos que vienen a adormecer su corazón en la paz de las tinieblas”. No hay que reedificar la iglesia quemada, ni ponerle puertas.
No puede establecerse un paralelismo fácil entre la Semana Trágica y la actual pandemia, pero es válida la intuición del poeta: no volvamos a edificar la iglesia de antes.
Cuando acabe la pandemia, no volvamos a restaurar la Iglesia sacramentalista del pasado, salgamos a la calle a evangelizar, sin proselitismos, para anunciar con alegría la buena noticia de Jesús a quienes no entran en el templo. Así tendrá sentido pleno celebrar en la comunidad cristiana la fracción del pan y los demás sacramentos

Entrevista a Jaime Tatay S.J.

Jaime Tatay: «Esta experiencia nos servirá para sacar lo mejor de lo virtual y de lo presencial»

Jaime Tatay

«Teólogos y sacerdotes tendemos a pensar que las crisis profundas (personales o sociales) son la antesala de búsquedas espirituales»

«Sorprende que la atención pastoral al final de la vida, que sigue siendo demandada por una parte significativa de la población, no fuera considerada también como una cuestión de salud (espiritual) pública»

«Creo que habrá nuevas «búsquedas de sentido” y un cuestionamiento de las prioridades a nivel personal, comunitario y político, pero no tengo claro hacia dónde conducirá»

20.04.2020

Profesor de la Facultad de Teología de Comillas, el jesuita Jaime Tatay es especialista en ética, ecología y Doctrina Social de la Iglesia. En esta entrevista reflexiona precisamente sobre cuestiones como la función social de la Iglesia en la pandemia del coronavirus, valorando que posiblemente a partir de ahora se profundice más en el «acompañamiento espiritual online».

¿Cómo está percibiendo la sociedad española la implicación de la Iglesia y el papel que está jugando en la pandemia? ¿Está cumpliendo su función social?

Depende, como siempre, de a quién preguntes. En los medios de comunicación de la Iglesia se divulgan las muchas iniciativas puestas en marcha; en medios civiles tengo la impresión de que el silencio sobre la actividad de la Iglesia—más allá de la figura de Francisco—ha sido la nota dominante.

¿Por qué no ha conseguido como institución visibilizar bien su lucha contra la pandemia y no ha podido ni ha intentado romper el techo de cristal de los grandes medios, especialmente las televisiones?

No lo sé. Por un lado, creo que influye la tradicional hostilidad de ciertos medios de comunicación hacia la Iglesia. Por otro lado, quizás no se ha podido o no se ha sabido cómo reaccionar. Por ejemplo, la ausencia del clero en las residencias, hospitales, tanatorios y cementerios durante las primeras semanas se entiende debido a las restricciones sanitarias impuestas. Por otro lado, sorprende que la atención pastoral al final de la vida, que sigue siendo demandada por una parte significativa de la población, no fuera considerada también como una cuestión de salud (espiritual) pública. En mi opinión, este ejemplo nos introduce en un debate más profundo sobre la presencia pública de la religión, la secularización y la priorización de la dimensión terapéutica sobre cualquier otra consideración.

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Laicos, evangelizadores en el mundo rural

52 Asamblea general del Movimiento Rural Cristiano de A.C. Una experiencia de Iglesia en el mundo rural  que reflexiona a la luz de las propuestas del Papa Francisco: «Primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar». La líneas del congreso de laicos hechas concreción en el mundo rural.

LII ASAMBLEA GENERAL DEL MOVIMIENTO RURAL CRISTIANO 

En la casa de oración de Santa María de los Negrales, llegados de una quincena de diócesis españolas, se han reunido -del 28 de Febrero, al 1 de Marzo – militantes del movimiento rural cristiano de acción católica, junto a algunos consiliarios, para su LII Asamblea general. Mujeres y hombres rurales que, a lo largo de más de sesenta años, a la luz del evangelio, con el espíritu del Concilio Vaticano II, embarrados en la vida de sus pueblos, comprometidos con la realidad, quieren vivir con coherencia la fe y ser auténtica iglesia encarnada y comprometida en su propio ámbito rural.  No deja de ser sacramental y significativo este singular poder de encontrarse, organizados en este movimiento eclesial, viniendo de rincones de nuestro país, de ser familia y comunidad viva en torno al tema del mundo rural, ahora cuando comienza a hablarse de la España vaciada, de ese mundo rural que tanto olvido, indiferencia y dolor ha sufrido en el contexto de una sociedad urbanizada y tecnificada. Su sencilla y comprometida organización es signo de una iglesia viva y laica.

Evangelizar, a la luz de Francisco, en el mundo rural

Con el lema “Laicos Cristianos, evangelizadores del mundo rural en claves del Papa Francisco”, les he podido acompañar, desde mi ser sacerdote diocesano y consiliario de Profesionales Cristianos de A.C. He querido servirles en aquello que me pidieron. Con ellos hemos analizado los cambios que la sociedad está viviendo en este cambio de época que presenta unos retos nuevos y radicales en el mundo de hoy tanto a nivel económico, social, cultural, político, tecnológico, religioso, que afectan a la situación de lo humano y también a la realidad de lo rural. En este contexto han mirado cuáles son los sufrimientos del mundo de hoy, cómo se reflejan en los pueblos, y cómo están afectando al ser cristiano, a los laicos y a la realidad del movimiento rural cristiano. Qué gusto oír y contemplar análisis desde lo vivido y sentido cada día en su propia realidad.

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