Adviento: «Esperando y acelerando la venida del Reino»

Sebastián Mora: «La desigualdad sigue aumentado en nuestro mundo, llegando a niveles indignantes»

Adviento
Adviento

«El Banco Mundial estima que alrededor de 648 millones de personas viven en pobreza extrema en el mundo antes de la pandemia y proyectaba que el impacto de la COVID-19 empujaría a 100 millones de personas a la pobreza»

«El Informe de pobreza multidimensional de 2022 muestra, como antes de la pandemia y de los efectos de la Guerra de Ucrania, alrededor de 1.200 millones de personas, vivían en pobreza multidimensional»

«En España, el último informe FOESSA presenta datos y tendencias preocupantes. La población que padece exclusión social en España es del 23,7%, en torno a 11 millones de personas»

«El World inequality report naliza cómo la desigualdad sigue aumentado en nuestro mundo llegando a niveles indignantes…»

«En este contexto de profunda injusticia, de dolor y opresión, ¿qué significa el adviento?, ¿cómo viven la Esperanza los “desechos y sobrantes” ?, ¿cómo vivimos los cristianos que no estamos descartados la Esperanza?»

Por Sebastián Mora

El Banco Mundial estima que alrededor de 648 millones de personas viven en pobreza extrema en el mundo antes de la pandemia y proyectaba que el impacto de la COVID-19 empujaría a 100 millones de personas a la pobreza. Además, adelantaba que los efectos del cambio climático incrementarían en 168 millones las personas que sufren la pobreza extrema. Por otra parte, el informe sobre la pobreza multidimensional de 2022 (que analiza variables educativas, sanitarias y del hogar, no solo de ingresos) que realiza Naciones Unidas y la Universidad de Oxford muestra, como antes de la pandemia y de los efectos de la Guerra de Ucrania, alrededor de 1.200 millones de personas (en torno al 15% de la población mundial) vivían en pobreza multidimensional. 

La Organización de las Naciones Unidaspara la Agricultura y la Alimentación (FAO) compartía en su último informe, que entre 720 a 811 millones de personas sufrieron hambre en 2020, lo que implica un incremento de 118 millones de personas con respecto al 2019. El World inequality report 2022 analiza como la desigualdad sigue aumentado en nuestro mundo llegando a niveles indignantes. En la actualidad el 10% más rico de la población posee entre el 60% y el 80% de la riqueza del mundo, mientras que el 10% más pobre solo alcanza a disfrutar el 5% de esa riqueza. 

En España, el último Informe FOESSA presentado, que analiza las consecuencias del COVID-19 en la sociedad española, presenta datos y tendencias preocupantes. La exclusión moderada se ha incrementado en dos puntos, aunque lo más relevante es el incremento en cuatro puntos de la exclusión severa, llegando al 12, 7% de la población (pasando de 4 a 6 millones). En el global, entre moderada y severa, la población que padece exclusión social en España es del 23,7%, en torno a 11 millones de personas. En síntesis, observamos como la cohesión social en España se va fragilizando con un alarmante incremento de las personas que viven en exclusión severa.

Podríamos seguir avanzando datos, tendencias y procesos sociales que muestran, en palabras de Francisco, como “hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes»” (EG, 53).

En este contexto de profunda injusticia, de dolor y opresión, ¿qué significa el adviento?, ¿cómo viven la Esperanza los “desechos y sobrantes” ?, ¿cómo vivimos los cristianos que no estamos descartados la Esperanza? Son preguntas que llevan toda la vida acompañándome y que no encuentro respuestas firmes. Más allá de pensar, experimentar y sentir que toda Esperanza surge desde la historia y se desarrolla en la historia, aunque no se agote en ella.

Para los excluidos de nuestro mundo la Esperanza tiene forma de pan, hogar, relacionalidad y justicia. El texto de Mateo, en el que Jesús relata los signos de su venida, es nítido: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia. ¡Y dichoso el que no se siente defraudado por mí!” (Mt 11, 2-6).

El adviento de Dios tiene que ver con la materialidad de la existencia y con la relacionalidad de la vida. La Esperanza cristiana, el adviento de Dios, se hermana, como nos adelantaba el estudio de la Fundación Foessa hace poco tiempo, con un presupuesto de referencia para unas condiciones de vida dignas, y con un reconocimiento social y relacional. Sin “pan y rosas”, sin los mínimos para la existencia y justicia social la Esperanza es un canto desarraigado que suena a música celestial, a espiritualismo evasivo.

Para los descartados de este mundo la promesa de futuro no puede ser una mera alegría pospuesta, una promesa sin sustancia de justicia. No se agota en la materialidad de la vida, pero no puede esquivar las condiciones históricas, concretas y reales, de la vida de millones de personas.

Sin esperanza
Sin esperanza

El adviento, ese que nos llega desde la debilidad de un niño envuelto en pañales nacido “fuera de la ciudad”, es un rescoldo de vida en los lugares del olvido. La “frágil niña Esperanza” (Peguy) está habitada por la vida concreta de millones de personas expulsadas y su primer canto es de justicia. Ese canto de justicia, como virtud latente del adviento-esperanza, se convierte en “espera y anticipación” del Reino de Dios.

Los cristianos, en este mundo roto por la injusticia, no podemos vivir el adviento de la debilidad de Dios como mero optimismo. Hoy abundan las propuestas que construyen un optimismo sin Esperanza. El intento de privatizar la Esperanza nos conduce a confundirla con el mero bienestar subjetivo. Parece que la Esperanza esta reservada a las personas que viven con una actitud positiva, esos que dicen “que si quieres puedes”, o como decía Bárbara Ehrenreich “sonríe o muere”.

La religión de la positividad nos ha llevado a una vivencia individualista y desencarnada de la experiencia cristiana. Benedicto XVI se interrogaba dolido por este proceso en Spe Salvi: “¿Cómo ha podido desarrollarse la idea de que el mensaje de Jesús es estrictamente individualista y dirigido sólo al individuo? ¿Cómo se ha llegado a interpretar la «salvación del alma» como huida de la responsabilidad respecto a las cosas en su conjunto y, por consiguiente, a considerar el programa del cristianismo como búsqueda egoísta de la salvación que se niega a servir a los demás?” (SS 16). La Esperanza cristiana es un grito comunitario que anhela la “justicia que brota de la fe” (Rom 9, 30).

Este grito comunitario, este adviento del Dios con nosotros, brota desde los lugares de sombra eterna. Para vivir la Esperanza hay que “bajar al dolor del mundo” (Gloria Fuertes). Decía hace años Gustavo Gutiérrez, en su Espiritualidad de la liberación, que la Esperanza cristiana “no es una Esperanza fácil; pero, por frágil que pueda parecer, es capaz de echar raíces en el mundo de la insignificancia social, en el mundo del pobre; y de encenderse, aún en medio de situaciones difíciles, y de mantenerse viva y creativa”. La Esperanza envuelta en pañales emerge desde los lugares de injusticia y sufrimiento, desde la experiencia real de una justicia ausente y por reclamar. En este sentido, como afirmaba Moltmann en su Teología de la Esperanza, para los excluidos de nuestro mundo aunque “en la vida cristiana, la prioridad pertenece a la fe, el primado pertenece a la esperanza”.

El mundo anhela Esperanza porque hay millones de personas en “espera sin Esperanza”, Como afirma Bonaventura de Sousa cada vez más las sociedades están polarizadas entre aquellos que viven en el “mundo del miedo sin esperanza, y el mundo de la esperanza sin miedo”.

Los cristianos, los seguidores del Dios de la debilidad, no podemos pasar por encima de aquellas personas “en los que el miedo supera de tal modo a la esperanza que el suceder del mundo les pasa por delante sin que puedan hacer que el mundo suceda. Viven en espera, pero sin esperanza. Hoy están vivos, pero en tales condiciones que mañana podrían estar muertos. Hoy alimentan a sus hijos, pero no saben si mañana podrán hacerlo. La incertidumbre en la que viven es descendente, porque el mundo les pasa de formas que dependen poco de ellos” (Bonaventura de Sousa). Declararse Esperanzados sin miedo, no afectados por un mundo que pasa por encima de millones de personas, es evadirse para vivir en posadas acogedoras sin pasar por los portales de la exclusión.

El adviento no es simplemente esperar a que algo bueno ocurra en el futuro, esto puede ser un mero optimismo ingenuo, sino anticipar, construir y acelerar el cumplimiento de esa venida. El adviento, desde los lugares de la injusticia, es compromiso decidido a adelantar la Navidad de la justicia. Volviendo a Moltmann nuestra espera es “esperanza, mirada y orientación hacia adelante, y es también, por ello mismo, apertura y transformación del presente”. El adviento de los cristianos, cuando confesamos nuestra fe en el Dios de Jesucristo, es compromiso para realizar y anticipar aquello que creemos va a llegar, la justicia de Dios envuelta en pañales. El adviento de Dios genera historia y no se evade de ella. “La verdadera esperanza cristiana, que busca el Reino escatológico, siempre genera historia” (EG,181). Esa es la Esperanza que nunca defrauda.

Jornada Mundial de la Alimentación

Foto de archivo

Francisco a la FAO: Necesario programar las intervenciones contra hambre y malnutrición

El Papa Francisco envía un mensaje al Director General de la FAO, Qu Dongyu, con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación. Para erradicar totalmente el hambre y la malnutrición es necesario que las intervenciones sean planificadas y programadas, y no “simplemente la respuesta a carencias circunstanciales o llamamientos lanzados con motivo de emergencias”, escribe el Pontífice.

Vatican News

“No dejar a nadie atrás. Mejor producción, mejor nutrición, mejor medio ambiente y una vida mejor para todos”. El tema de la Jornada Mundial de la Alimentación de este 2022, – año en que se conmemora el 77 aniversario de fundación de la FAO – que el Papa Francisco recuerda en su mensaje dirigido al Director General, Qu Dongyu, resalta, según el pontífice, la necesidad de que las intervenciones para erradicar totalmente el hambre y la malnutrición “sean planificadas y programadas» y no «simplemente la respuesta a carencias circunstanciales o llamamientos lanzados con motivo de emergencias”. 

Fundamental ver a los demás como hermanos y hermanas

En el mensaje Francisco recuerda que la FAO nació con el fin de dar respuestas a las necesidades de las tantas personas agobiadas por la indigencia y el hambre en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, y lamenta que también hoy vivimos “en un contexto bélico, que podríamos denominar una ‘tercera guerra mundial’”. Esto es algo que debe “hacernos reflexionar”, dice el Papa, que reconoce, por otra parte, que “no será posible hacer frente a las numerosas crisis que afectan a la humanidad si no trabajamos y caminamos juntos, sin dejar que nadie quede atrás”. 

Para eso es necesario, ante todo, que veamos a los demás como nuestros hermanos y hermanas, como miembros que integran nuestra misma familia humana, y cuyos sufrimientos y necesidades nos afectan a todos, porque “si un miembro sufre, todos los demás sufren con él” (cf. 1 Co 12,26). 

Necesario abordar a todos los niveles el problema de la pobreza

Para lograr las “cuatro mejoras” del tema de este año, a saber, mejor producción, mejor nutrición, mejor medio ambiente y mejor vida para todos, es preciso – afirma Francisco – abordar juntos y a todos los niveles el problema de la pobreza, estrechamente vinculada a la falta de alimentación adecuada. Los objetivos de la FAO “son ambiciosos y parecen inalcanzables”, constata el Santo Padre, que sugiere modos para conseguirlos: 

Ante todo, no perdiendo de vista que el eje de toda estrategia son las personas, con historias y rostros concretos, que habitan en un lugar determinado; no son números, datos o estadísticas interminables. También introduciendo “la categoría del amor” en el lenguaje de la cooperación internacional, para revestir las relaciones internacionales de humanidad y de solidaridad, persiguiendo el bien común. 

Volver a lo esencial

He aquí que el pontífice reitere – citando la Laudato si’ – la necesidad de “reorientar nuestra mirada hacia lo esencial, hacia lo que nos ha sido dado gratuitamente, focalizando nuestra labor en el cuidado de los otros y de la creación”, y concluya su mensaje renovando el compromiso de la Santa Sede y la Iglesia católica de caminar «junto a la FAO y a otras organizaciones intergubernamentales que trabajan en favor de los pobres», poniendo por delante la fraternidad, la concordia y la mutua colaboración, para descubrir horizontes que aporten al mundo un beneficio genuino, «no sólo para el hoy, sino también para las generaciones venideras». 

La crisis del agua es inminente

La ONU prevé una «inminente» crisis mundial del agua derivada de la emergencia climática 

Un nuevo informe de la Organización Mundial de Meteorología, organismo adscrito a las Naciones Unidas, advierte que las sequías se han vuelto más duraderas y calcula que para mediados de siglo podría haber 5.000 millones de personas con problemas para acceder al agua. 

Los efectos de la sequía en un embalse de Cantareira, en Piracaia (Brasil) durante el verano de 2021.  Amanda Perobelli / REUTERS 

ALEJANDRO TENA 

La crisis del agua es «inminente». La escasez de este recurso ya es un problema real en algunas regiones del mundo y el acceso universal estará lejos de ser garantizado en las próximas décadas, tal y como advierte la ONU en un informe publicado este martes a través de la Organización Mundial de Meteorología (WMO, por sus siglas en inglés), en el que se estima que en los próximos treinta años podría haber más de 5.000 millones de personas con algún tipo de dificultad para acceder plenamente a este bien esencial.  

El problema, no obstante, ya es real y en el presente hay cerca de 3.600 millones de personas que padecen las consecuencias de la escasez durante al menos un mes al año. La crisis climática ha intensificado las sequías y el almacenamiento de agua terrestre –acuíferos, humedales, glaciares y nieve– disponible para beber o regar cultivos ha disminuido una media de un centímetro al año en las últimas dos décadas. Si bien, la mayor pérdida de masas de agua se concentran en territorios poco poblados como las regiones de la Antártida Groenlandia –donde se registran descensos de hasta 4 cm anuales–, existen otras zonas de riesgo con alta densidad poblacional –como los países del entorno mediterráneo, el Sahel, el sur de África o el este del continente sudamericano, así como la India y otros países del sur de Asia– donde las masas de agua no estarán garantizadas a medio plazo para toda la población.  

Thank you for watching 

Las sequías, advierte la publicación, se han vuelto más recurrentes e intensas, en tanto que su duración media es ya un 29% más larga que a comienzos de siglo. Un escenario que está agrandando el mapa de regiones con probabilidades altas de padecer estrés hídrico, es decir, con una demanda de agua superior a la disponibilidad tanto para consumo como para producción agropecuaria. 

 Los países, lejos de encaminarse hacia la resolución del conflicto, se mantienen estancados en la toma de decisiones, tal y como denuncia el organismo de la ONU. Así, sólo 28 naciones han alcanzado los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con la adaptación a la escasez hídrica. Otros seis Estados han conseguido mantener la inversión pública en unos mínimos básicos para paliar los efectos de la crisis climática en el acceso al agua, pero 57 países –de un total de 101 analizados– dedican una cantidad de dinero que la WMO considera «insuficiente» para garantizar la disponibilidad plena y segura tanto para el consumo, como para la agricultura y la higiene. 
 La situación, no obstante, podría ser aún peor, pues hay un vacío de información en los datos hidrológicos del 67% de los países miembros de la WMO. Esto se traduce en una incapacidad de la mayoría de los servicios meteorológicos nacionales de anticiparse a etapas de sequía, pero también de poder prevenir otros fenómenos climáticos vinculados al agua como las lluvias torrenciales o las inundaciones. 

Mapa de las pérdidas de masas terrestres de agua anuales (2002-2021).  Organización Mundial de Meteorología 

Muertes y pérdidas 

La escasez del agua ya está dejando consecuencias irreversibles en el planeta. Así, los expertos de la ONU advierten de que en los últimos cincuenta años (1970-2019) las sequías han provocado la muerte de 700.721 personas en todo el mundo, la mayoría de ellas (695.081) en el continente africano. Le siguen Asia, con 4.129 personas que perdieron la vida al no tener acceso al agua potable; y los países del Pacífico Sudoccidental, que contabiliza 1.432 defunciones en ese mismo periodo de tiempo. Se constata, además, una desigualdad en la distribución de la letalidad que se intensificará en los próximos años si no se toman medidas, según la publicación. Una desigualdad que dejará a las naciones más empobrecidas en una situación de mayor vulnerabilidad pero que también generará mayores adversidades en las mujeres debido a la brecha de genero del mundo agrícola, tal como ha advertido en el pasado la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura)

 ANA MARÍA PASCUAL 

Las sequías y las inundaciones están cambiando ya las estaciones agrícolas, con un impacto en la salud alimentaria 

Pero las sequías no sólo se llevan por delante vidas. Los daños económicos son tan importantes que suman, en las últimas seis décadas, 262.000 millones de dólares en pérdidas. Asia es el continente del mundo donde la falta de agua ha generado mayores daños, sobre todo por la dependencia agraria de esta región, con daños cuantificados en 77.000 millones de dólares. Le siguen los países de Centroamérica y el Caribe, con una merma económica de 73.000 millones de dólares; el continente europeo, donde los periodos de sequía han dejado un coste económico de 48.000 millones de dólares; y Sudamérica, que suma 28.000 millones. 

La publicación advierte que las consecuencias de la crisis del agua en la que la humanidad ya parece haberse sumergido no están ligadas únicamente a las sequías, pues también se pone de relieve cómo la intensificación de fenómenos extremos puede desestabilizar vidas y economías nacionales. Se pone el foco así sobre las inundaciones que, a escala global, han experimentado un un aumento del 134% desde el año 2000 respecto al periodo 1980-1999. En las últimas décadas se han perdido 322.514 vidas en este tipo de catástrofes y los daños materiales están valorados en más de un billón de dólares. 

Petteri Taalas, secretario general de la Organización Mundial de Meteorología, ha demandado más inversión a los gobiernos nacionales para garantizar la adaptación ante la crisis climática y poder amortiguar sus efectos. El dirigente advierte de cómo las sequías y las inundaciones están ya cambiando las estaciones agrícolas, «con un impacto importante en la salud alimentaria» y en la vida del ser humano. «Necesitamos despertar ante la crisis del agua que se avecina», ha reclamado el profesor Taalas. 

Fondo mundial contra el hambre en el mundo

Francisco pidió crear un Fondo Mundial contra el hambre con el dinero que se gasta en armas
El Papa lanzó una propuesta valiente para dar un impulso decisivo a la lucha contra el hambre a nivel mundial al enviar su mensaje por el 75 aniversario de la FAO
«La crisis actual nos demuestra que se necesitan políticas y acciones concretas para erradicar el hambre en el mundo»
16.10.2020 Hernán Reyes Alcaide, corresponsal en el Vaticano
El papa Francisco pidió hoy crear un Fondo Mundial para contribuir a la alimentación y el desarrollo de los países más pobres «con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares, al tiempo que afirmó que «el hambre no es sólo una tragedia sino una vergüenza».
«Para la humanidad el hambre no es sólo una tragedia sino una vergüenza», afirmó hoy el Papa al enviar un mensaje por el 75 aniversario de la oficina de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
«En su mayor parte, está causada por una distribución desigual de los frutos de la tierra, a lo que se añade la falta de inversiones en el sector agrícola, las consecuencias del cambio climático y el aumento de los conflictos en distintas zonas del planeta», denunció el pontífice en el videomensaje divulgado por el vaticano.
Desechando alimentos
«Por otra parte, se desechan toneladas de alimentos. Ante esta realidad, no podemos permanecer insensibles o quedar paralizados. Todos somos responsables», lamentó Jorge Bergoglio.
Para el Papa, «la crisis actual nos demuestra que se necesitan políticas y acciones concretas para erradicar el hambre en el mundo».
De todos modos, criticó que «en ocasiones las discusiones dialécticas o ideológicas nos llevan lejos de alcanzar este objetivo, y permitimos que hermanos y hermanas nuestros sigan muriendo por falta de alimento».

«Una decisión valiente sería constituir con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares un Fondo mundial para poder derrotar definitivamente el hambre y ayudar al desarrollo de los países más pobres», convocó en esa dirección.
Así, según el Papa, «se evitarían muchas guerras y la emigración de tantos hermanos nuestros y sus familias que se ven obligados a abandonar sus hogares y sus países en busca de una vida más digna».