Festividad de Las Candelas

La Presentación de Jesús en el Templo y Purificación de María.

Candelas que alumbran el mundo
Candelas que alumbran el mundo

La fiesta que celebramos hoy es conocida desde muy antiguo como la fiesta de la Candelaria, importada de Oriente e impulsada por el papa Sergio I, en la que se intentó dar protagonismo a la Virgen, hasta el punto de que se conocía como la Purificación de María y que pasaría a ser una de las festividades marianas más importantes, juntamente con la Natividad, Anunciación y la Asunción

 | Francisca Abad Martín

Hoy celebra la Iglesia la fiesta de la Presentación del Señor y Purificación de María, festividad que se suele confundir con la circuncisión, siendo así que se trata de acontecimientos diferentes. La circuncisión tenía lugar a los ocho días del nacimiento y ésta se celebraba a los 40 días. La fiesta que celebramos hoy es conocida desde muy antiguo como la fiesta de la Candelaria, importada de Oriente e impulsada por el papa Sergio I, en la que se intentó dar protagonismo a la Virgen, hasta el punto de que se conocía como la Purificación de María y que pasaría a ser una de las festividades marianas más importantes, juntamente con la Natividad, Anunciación y la Asunción. Del carácter eminentemente mariano que esta festividad tuvo en tiempos pasados nos da idea el antiguo Misal Romano, donde figuran oraciones y antífonas dedicadas especialmente a la Virgen y que ponen de manifiesto su papel relevante en la celebración de esta festividad.  Esto cambió desde el Concilio Vaticano II, a partir del cual la candelaria comenzó a tener otro significado y se la quiso vincular a nuestro Señor, haciendo de ella una festividad más cristológica que mariana, en la que Jesús es reconocido por Simeón y Ana como el Salvador de Israel y Mesías, pasando a ser conocida como la Presentación de Jesús en el templo. Este nuevo giro, se aprecia claramente si echamos una ojeada al actual calendario litúrgico, vigente a raíz del Concilio Vaticano II.

María y José llevan a Jesús al Templo de Jerusalén y según la costumbre, ofrecen como rescate dos tórtolas (era la ofrenda de los pobres). Se dan también en ese momento los episodios, sobradamente conocidos, del anciano Simeón y la Profetisa Ana.

Es preciso aclarar que, según la costumbre en Israel, todo hijo primogénito debía ser ofrecido al Templo y para “rescatarlo” había que presentar una ofrenda (adecuada al nivel económico de los padres).

Así mismo las mujeres, según la ley judía, tenían que pasar por un rito de purificación, una vez transcurrida la cuarentena después del parto, cosa innecesaria en el caso de María, debido a la milagrosa concepción de su Hijo, sin haber tenido contacto con varón, aun así, ella voluntariamente quiso someterse a lo establecido legalmente y no diferenciarse en nada a las mujeres de su época.

Candelas
Candelas

Con respecto a la Fiesta actual de las Candelas, muchos pueblos tienen celebraciones especiales en este día. Todas tienen como base la luz de las candelas y la purificación con el fuego. Es muy famosa la fiesta de La Candelaria, Patrona de Tenerife. Todas ellas tienen su fundamento en considerar a Jesús como “La Luz del mundo”.

Reflexión desde el contexto actual:

María y José quieren ajustarse en todo momento a la ley y comportarse como un matrimonio “normal”, aceptando todas las normas, tanto religiosas como sociales, de su época. De ellos los hombres de hoy debiéramos aprender a no escaquearnos de cumplir, incluso nuestras obligaciones con el fisco, pues viviendo en sociedad la carga que a ti te toca llevar, si tu no la soportas se la endosas al vecino. Otra lección que se desprende de este acontecimiento nos viene sugerida por las palabras del anciano Simeón:“Y a ti una espada te traspasará el alma”, debieron despertar en el alma de María sentimientos contradictorios y un anuncio de lo que habría de ser su vida en adelante, pero aun así nunca perdió la paz. De Ella debiéramos aprender nosotros que enseguida perdemos los papeles, cuando las cosas no salen a nuestro antojo.

San Lucas Evangelista

San Lucas Evangelista. (Un valedor de las mujeres al estilo de Jesús) 

San Lucas Evangelista.  

Es el evangelista de la misericordia, de la penitencia y de la oración. Es el que más se acerca a las figuras femeninas, describiéndolas con rasgos sobrios y fuertes 

Por | Francisca Abad Martín 

Es el evangelista de la misericordia, de la penitencia y de la oración. Es el que más se acerca a las figuras femeninas, describiéndolas con rasgos sobrios y fuertes. Expone los datos con una rigurosa cronología y sencillez. Es representado por un toro porque su evangelio comienza con la visión que tuvo Zacarías en el templo donde se sacrificaba a Dios este tipo de animales 

No sabemos casi nada acerca del origen de San Lucas. La mayoría de los autores coinciden en afirmar que probablemente llegó al cristianismo hacia el año 40, sin haber tenido un contacto directo con Jesús, al igual que San Pablo. Debieron encontrarse ambos en Antioquía y desde entonces se convirtieron en incansables misioneros, sembradores del mensaje de Cristo. Es cierto que esta faceta como predicador, ha quedado ensombrecida ante el Lucas escritor del Tercer Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles. 

San Pablo escribe desde la prisión “Lucas solo queda conmigo” (2 Tim 4, 11). Fue el Compañero fiel que permaneció siempre al lado de su maestro Pablo, solo la muerte los pudo separar. La intimidad entre ambos era grande, por eso los escritos de Lucas reflejan muchos puntos de contacto con los de Pablo. Tertuliano, al hablar de Pablo, le llama “iluminador de Lucas”. Lucas compone su Evangelio de cara al mundo gentil, en defensa del cristianismo frente a los peligros de la frivolidad pagana. Conoce sus errores y busca instruirles, tratando de eludir aquellas escenas que pudieran herirles como, por ejemplo, el episodio de la “cananea”. Las páginas de su evangelio, según opinión de exégetas autorizados responden más bien a un carácter historiográfico que teológico. 

Insiste presentando a la mujer con rasgos sobrios y fuertes, dignificándola frente a toda la marginación y a veces hasta desprecio, del que era objeto en aquella época. Con esto se asemeja mucho al pensamiento y opinión de Jesús sobre ellas. Tanto su Evangelio como los Hechos de los Apóstoles debieron ser escritos alrededor del año 63, antes de que estallara la persecución de Nerón y los cristianos fuesen declarados fuera de la Ley. Gracias a él conocemos en parte la Historia de la Iglesia en sus comienzos. 

Es generalizada la opinión de que Lucas fuera médico, así parece afirmarlo Pablo, cuando le llama “médico querido”; probablemente Lucas se ocupaba de la salud de Pablo. Pero hay otro aspecto que también hay que destacar, algunos autores opinan que además de médico era pintor, incluso han llegado a decir que conoció a María, la Madre de Jesús, de quien, muchos opinan, que pueden proceder las narraciones del comienzo de su Evangelio, incluso hay quien dice que llegó a pintar el rostro de María, como por ejemplo un icono que hacia el año 420 estaba en poder de la emperatriz Eudoxia. El Icono conocido con el nombre de “Salus Populi Romani” a él atribuido se encuentra en La Basílica de Santa María la Mayor de Roma. También consideran salidos de sus pinceles otros cuadros que se conservan en Bolonia, en Salamanca o en Roma. Esta debe ser la razón por la que le atribuyen ser el patrón de los pintores cristianos, pero aún en el caso de que esto no fuera cierto ¿no son acaso verdaderos “cuadros” los que nos ofrece en las narraciones primeras de su Evangelio? Si como anteriormente apuntábamos, conocemos poco sobre sus orígenes, lo mismo podemos decir a acerca del final de su vida. 

Reflexiones desde el contexto actual: 

Mucho de lo que sabemos sobre los primeros tiempos del cristianismo se lo debemos a Lucas, quien a través de “Los Hechos de los Apóstoles” nos ha trasmitido valiosa información, a manera de crónicas puntuales. Su Evangelio también está lleno de bellísimas páginas, rebosantes de ternura y plasticidad, sobre el origen y los primeros años de la vida de Jesús. Sus escritos siempre nos acompañarán y seguirán siendo nuestra guía espiritual y alimento de nuestra fe cristiana. Su perenne actualidad estará por siempre asegurada. En consonancia con nuestra actual cultura, es digno de resaltar el respeto y la admiración con que este evangelista trata a la mujer 

San Jerónimo

San Jerónimo. (Padre de la Iglesia, autor de la Vulgata) 

San Jerónimo

Las Fraternidades Jerónimas, la voz de San Jerónimo para el s. XXI 

Fallece en Belén a los 80 años el 30 de septiembre del año 420. El 20 de septiembre de 1295 es proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa Bonifacio VIII 

29.09.2021 | Francisca Abad Martín 

Gran erudito, estudioso de los clásicos, anacoreta entregado a las más austeras penitencias, profundo conocedor y traductor de las Sagradas Escrituras, Doctor de la Iglesia y considerado uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia Latina. 

Eusebio Hierónimo nació en Estridonón (Dalmacia) en la primera mitad del siglo IV. Su padre, Eusebio, gozaba de buena posición, con lo cual pudo enviar a su hijo a Roma para que estudiara con los mejores maestros. Allí aprendió gramática, retórica, filosofía y griego. Esto despertó en él una gran afición por los libros y comenzó a formar su propia biblioteca, unos los compraba y otros los copiaba de su puño y letra. 

Hacia el año 366 pidió el bautismo y una vez recibido éste, consideró que debía cambiar completamente de vida, iniciándose en la práctica de penitencias y ayunos. Toma la decisión de viajar y se embarca sin rumbo fijo. Llega a Grecia y después a Capadocia y Cilicia, donde visita varios monasterios. Hacia el 374 llega a Antioquía, donde sufre una grave avitaminosis debido a tantos ayunos, que estuvo a punto de costarle la vida. Ya recuperado, comienza a profundizar en el estudio de las Sagradas Escrituras, perfecciona sus conocimientos de griego y más tarde, en la soledad del desierto, aprende el hebreo con un maestro judío, para poder tener acceso directo a la lengua original de las Sagradas Escrituras. 

En el 375 sale de Antioquía y se va al desierto de Calcis, para seguir con sus ayunos y austeridades. Allí sufre grandes tentaciones, pasando un tiempo de fuertes luchas interiores, encontrando solo alivio en el estudio y la penitencia. Tendría poco más de 30 años cuando se dejó ordenar sacerdote por el obispo Paulino de Antioquía, pero a condición de seguir siendo monje solitario, sin tener que dedicarse al servicio del culto. Al finalizar el 378 reanuda su vida peregrinante. Atraído por la elocuencia de Gregorio de Nacianzo llega a Constantinopla, convirtiéndose en discípulo suyo. Permaneció allí tres años. Vuelve un tiempo a la soledad, pero regresa de nuevo a Roma hacia el año 382. Allí el Papa San Dámaso ve en él un instrumento útil a su política eclesiástica y le hace su secretario. El asceta ayuda al Pontífice y éste le otorga su protección. Allí comienza a tratar con un grupo de mujeres, viudas de patricios romanos, para las que se convierte en su amigo, consejero y guía espiritual, aunque exigente, rudo y autoritario. Les impulsa a estudiar la Biblia y a poner sus bienes al servicio de los pobres y enfermos. 

Una vez fallecido el Papa Dámaso, comienza a despertar envidias y suspicacias, le tildan de indiscreto y exagerado en su espiritualidad y se decide abandonar de nuevo Roma. Otra vez va a Oriente y emprende el camino hacia Jerusalén. Hacia el 386 se establece definitivamente en Belén. Una de las viudas romanas, Santa Paula, le acompaña en su viaje, junto con su hija. Allí, gracias a los bienes aportados por ella, construyen dos monasterios femeninos y otro masculino, en el que se recluye San Jerónimo. Allí termina la traducción al latín de la Biblia, que había comenzado con San Dámaso, la que conocemos como “La Vulgata”, por su universalidad y que mereció la aprobación del Concilio de Trento, no sin la colaboración de Paula y su hija. 

Fallece en Belén a los 80 años el 30 de septiembre del año 420. El 20 de septiembre de 1295 es proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa Bonifacio VIII. 

Reflexión desde el contexto actual: 

Jerónimo es uno de esos hombres que han dejado un gran legado cultural a la humanidad sobre todo por lo que hace referencia a la traducción de los textos bíblicos al latín, conocido como la “Vulgata”, lo que supuso una unificación de las distintas versiones y de este modo favoreció el conocimiento de las Sagradas Escrituras. A partir de la Edad Media “La Vulgata” fue ampliamente difundida, sirviendo como base de las traducciones cristianas en Europa Occidental,  gozando siempre de la oficialidad de la Iglesia  Católica, que se ha perpetuado hasta el día hoy, si bien a partir del Concilio Vaticano II esta oficialidad ha ido perdiendo fuerza. Debido a este servicio a la Comunidad, Francisco con motivo del XVI centenario de su muerte, pudo decir que “hoy mil seiscientos años después, su figura sigue siendo de gran actualidad para nosotros cristianos del siglo XXI”. Sin menoscabo alguno de la importancia histórica de la Vulgata, es obligado decir que su sacralización por parte de la Iglesia pudo obstaculizar en algún momento el que se hicieran otras versiones más perfectas y ajustadas al buen criterio exegético, pero este inconveniente no hay que achacárselo a S. Jerónimo

María Magdalena

Santa María Magdalena (Un alma enamorada del Maestro) de Frederick Sandys

Después, el escepticismo de los Apóstoles “¡Están locas!” ¿Cómo iban ellos a asumir que fueran las mujeres quienes les anunciaran la Resurrección, si las mujeres entonces tenían una credibilidad similar a la de los niños? …
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San Juan de Avila (el apóstol de Andalucía)



Ayudó a la fundación de la Compañía de Jesús y se carteó con Ignacio de Loyola, siendo consultado también por Teresa de Jesús. Enfermó en 1554, pero aun siguió activo durante otros 15 años, para fallecer el 1559 en Montilla (Córdoba), a los 70 años de edad
09.05.2021 | Francisca Abad Martín
A finales del siglo XV viene al mundo un hombre providencial dotado de las más excelentes cualidades: Escritor prolífico, excelente orador, sacerdote intachable, incansable peregrino de la Palabra de Dios, que habría de llegar a ser el Patrón del Clero español y Doctor de la Iglesia.
 Se llamaba Juan de Ávila y había nacido el 6 de enero de 1499, en Almodóvar del Campo (Ciudad Real), hijo de Alfonso de Ávila y de Catalina Gijón. Su padre poseía unas minas de plata en Sierra Morena que le proporcionaban bastantes ingresos, lo cual le permitió mandar a su hijo a estudiar Derecho a Salamanca, pero al joven esto no le gustaba y a los 4 años lo deja y regresa al hogar y allí en una cueva de la casa, se dedica a la oración y a la penitencia. Esta cueva, convertida en capilla, conserva todavía algunas reliquias del santo.
Por consejo de un P. franciscano marcha después a Alcalá de Henares, a estudiar Teología. Allí mantiene contactos con grandes figuras de la Iglesia, como Domingo de Soto o Francisco de Osuna y probablemente con Ignacio de Loyola. Ordenado sacerdote a los 25 años, regresa a su pueblo a celebrar su primera Misa, ofreciéndola por sus padres, ya fallecidos. Después vende todos sus bienes y los reparte entre los pobres, para dedicarse después a su tarea evangelizadora.
Su primera intención es irse de misionero a lo que ahora es México, pero el arzobispo de Sevilla, Alonso Manrique, le hace desistir de esta idea, al señalarle la prioridad que tenía Andalucía de ser evangelizada por misioneros como él, que fueran por los pueblos y ciudades convirtiendo a las gentes.

En Andalucía pasaría el resto de su vida, adquiriendo gran fama como predicador y como santo, por eso pasa por ser “el apóstol de Andalucía” y como nunca faltan enemigos, fue denunciado, por envidias, a la Inquisición y estuvo encarcelado 2 años en Sevilla. Escribió muchas obras, dedicadas a la Eucaristía, al sacerdocio y a la Virgen, pero una de las más conocidas es “Audi filia”, un excelente compendio de la vida espiritual. De ella llegó a decir el Cardenal Astorga, Arzobispo de Toledo, que con esta obra había convertido más almas que letras tenía. Muy alabada también por Felipe II, quien decía que esta obra no debía faltar nunca en El Escorial.
En 1535 marcha a Córdoba y allí tiene la gran suerte de conocer a Fray Luis de Granada. Se entrega de lleno a la predicación y se le unen varios sacerdotes jóvenes, que ven en él al guía y maestro perfecto y con ellos organiza una especie de “congregación”, sin votos ni ataduras de ningún tipo, pero viviendo en “comunidad”, apoyándose mutuamente y teniendo a Juan de Ávila como director. Nuestro santo daba mucha importancia a la preparación intelectual de los sacerdotes, sin embargo decía que más prefería ver sus rodillas desgastadas por las muchas horas de oración, que sus ojos desgastados por las horas de estudio.
Funda Seminarios y Colegios y organiza la Universidad de Baeza. A sus discípulos los envía de dos en dos, a predicar por los pueblos, viviendo de la caridad de las gentes de los pueblos por donde pasaban. Ayudó a la fundación de la Compañía de Jesús y se carteó con Ignacio de Loyola, siendo consultado también por Teresa de Jesús. Enfermó en 1554, pero aun siguió activo durante otros 15 años, para fallecer el 1559 en Montilla (Córdoba), a los 70 años de edad.
 Sus restos reposan en la Basílica de la Encarnación de Montilla, siendo beatificado por León XIII el 15 de abril de 1894 y canonizado por Pablo VI en 1970. Desde 1946 es Patrón del Clero español y Benedicto XVI lo proclamó Doctor de la Iglesia, a petición de la Conferencia Episcopal Española.
Reflexión desde el contexto actual:
Partimos del hecho de que el sacerdocio no es una “profesión” sino una “vocación”. Así fue entendido de forma admirable Juan de Ávila ¡Cuánta falta hacen hoy en día sacerdotes como él, que además de saber predicar la palabra de Dios, sepan ante todo y sobre todo, ser hombres de oración y de intensa interioridad! A través de su vida se pueden ver reflejadas las enseñanzas del evangelio, por eso su apostolado fue fructífero, pues como dice el refrán: “las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra”.