San Antón

San Antonio Abad (Protector de los animales domésticos)

Conocido popularmente como “San Antón”. Es el patrón de los animales, especialmente los de compañía. Asceta solitario, modelo de anacoretas, vencedor de grandes tentaciones. Soledad y caridad son sus grandes lecciones. Fundador, casi sin proponérselo, del monacato oriental

San Antonio Abad (Protector de los animales domésticos)

Por Francisca Abad Martín

Conocido popularmente como “San Antón”. Es el patrón de los animales, especialmente los de compañía. Asceta solitario, modelo de anacoretas, vencedor de grandes tentaciones. Soledad y caridad son sus grandes lecciones. Fundador, casi sin proponérselo, del monacato oriental.

Es curioso que la vida de un santo anacoreta y solitario, que tuvo pocos contactos con las personas y apenas ninguna con los animales, sea hoy día el “protector” de las “mascotas” y todos los años, el 17 de enero, la gente los lleve a las puertas de las iglesias para ser bendecidos con agua bendita por un sacerdote. Pero vayamos por partes y tratemos primero de conocer quién era este santo.

Existió en Egipto, a mediados del siglo III, una ciudad llamada Comán, cerca de Heraclea, entre el bajo Egipto y la Tebaida, donde vivía un joven llamado Antonio, que había quedado huérfano, con una hermana más pequeña a su cargo. La hacienda de sus padres parece ser que era extensa. Un día oyó comentar la frase del Evangelio: “Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes, distribuye el dinero a los pobres y sígueme” y ni corto ni perezoso decidió ponerlo en práctica. En consecuencia, se despojó de todo, lo repartió entre los pobres y confiando el cuidado de su hermana a un grupo de vírgenes que vivían en comunidad, comenzó una vida de asceta en una ermita apartada.

Ya en este primer retiro, el “enemigo” le asaltaba constantemente con fuertes tentaciones. Antonio lucha con todas sus fuerzas. Siguiendo el consejo evangélico se entrega a la oración y al ayuno, pero cerca había otros ermitaños y él lo que buscaba era la soledad absoluta. Entonces huye hacia los montes, encuentra una tumba vacía y un amigo se presta a llevarle comida, que él mismo se ganaba con su propio esfuerzo pues según nos cuenta su biógrafo Atanasio, trabajaba según la recomendación evangélica y lo que ganaba con su trabajo parte lo empleaba en su propio sustento y la otra lo repartía entre los pobres, puede que por esto haya sido considerado como el patrono de los tejedores de cestos. Mientras tanto, el demonio no dejaba de redoblar sus ataques, apareciéndosele de mil formas distintas. Estando aquí nuevamente volvió a sentir la llamada apremiante de la soledad; pasa a la orilla derecha del Nilo y encuentra, en medio del desierto, una vieja fortaleza abandonada y medio en ruinas, pero tiene abundancia de agua y allí se cobija. Levanta un muro para estar aislado por completo de la vista y el trato con los hombres. El amigo le arrojaba el pan por encima del muro. Tenía ya 35 años. Aquí pasó otros 20 años. Las tentaciones arreciaban.

Hay un famoso tríptico pintado por El Bosco, que se titula “Las tentaciones de San Antonio”, cuyo original se encuentra en el Museo de Artes Antiguas en Lisboa, del que existen varias copias, una de ellas está en el Museo del Prado de Madrid.

Su fama se fue extendiendo y sus admiradores llegaron a derribar el muro. Pronto se llena la montaña de hombres que querían imitarle, entre ellos el joven Atanasio, luego obispo de Alejandría, que fue quien después escribió su vida. Antonio llegó a ser para ellos un verdadero “abad”, aunque nunca llegaron a formar un monasterio “stricto sensu”. Era el año 305 y de esta forma acababa de nacer, aún sin proponérselo, el monacato oriental. Nunca escribió reglas, ni usaron hábito. Hacían una vida similar a la que después hicieron los cartujos o los camaldulenses. Según nos relata Atanasio, todos los habitantes del lugar, y personas honradas le veían como amigo de Dios y le querían como a un hijo o como a un hermano”.

¿Y qué hay de los animales? Cabe citar sus relaciones con un ermitaño llamado Pablo, a quien un cuervo le llevaba todos los días en el pico un pan y cuando Antonio se juntaba con él les llevaba dos. Cuando muere Pablo, Antonio lo entierra, ayudado por unos leones.  Hay más, existe la leyenda de que una jabalina con sus cachorros, que estaban ciegos, un día se acercó a Antonio y le miraba suplicante, entonces Antonio curó a los jabatillos y ya no se separaron de él. Cuando Antonio era atacado por alguna alimaña, la jabalina le defendía en agradecimiento. Puede que de aquí venga todo.  Con leyenda o sin leyenda, lo cierto es que los dueños de “mascotas” se sienten satisfechos creyendo que éstas vivirán más tiempo y más seguras después de haber recibido la bendición de su santo patrón.  Murió, según cuentan, sonriendo, a una avanzada edad en el monte Colzim, próximo al Mar Rojo.

Reflexión desde el contexto actual:

Sucede a veces que a un santo se le identifica con una personalidad que no es la que le corresponde y se le venera en razón de unos milagros de dudosa verosimilitud. Algo de esto es lo que ha sucedido con S. Antonio, que fue un hombre dotado de unas cualidades excepcionales y con una rica personalidad , habiendo llevado una vida que le hace acreedor de no pocos títulos de gran relevancia; pues bien la paradoja está en que su fama ha llegado hasta nosotros  por algo intrascendente que muy posiblemente  poco tiene que ver con la realidad; pero vete tú a decir a las gentes  devotas amantes de los animales que San Antonio no tiene bien merecido el ser nombrado Patrón de los animales , aunque solo sea por la devoción que le tienen

San Juan Evangelista

San Juan Apóstol y Evangelista (El discípulo amado de Jesús)

Juan Evangelista. El Greco.

Jesús sintió cierta predilección por él, fue el elegido para que cuidara de su madre, convirtiéndose así en hijo adoptivo y protector de María después de la Resurrección de Jesús. Es el evangelista que más ha penetrado en el “misterio” de Jesús, luz del mundo y vida de los hombres

Por Francisca Abad Martín

Jesús sintió cierta predilección por él, fue el elegido para que cuidara de su madre, convirtiéndose así en hijo adoptivo y protector de María después de la Resurrección de Jesús. Es el evangelista que más ha penetrado en el “misterio” de Jesús, luz del mundo y vida de los hombres.

Era natural de Betsaida, localidad próxima a Cafarnaún, en las orillas del lago de Genesaret, hermano de Santiago el mayor, hijos de Juan Zebedeo y de Salomé, parientes de Jesús y amigos de los hermanos Andrés y Simón Pedro. Vivían de la pesca, pero a diferencia de Andrés y Simón, los Zebedeo tenían una posición acomodada, con una barca grande y jornaleros a su servicio. A Santiago y a Juan les dio Jesús el apodo de “boanerges” (hijos del trueno), tal vez por su carácter intrépido y fogoso.

En la vida de Juan, aunque hay algún periodo del que apenas tenemos noticias, dentro de su biografía se pueden considerar varias etapas. En primer lugar, ambos hermanos se sintieron cautivados por la predicación del Bautista y le siguieron junto al Jordán, siendo unos de los discípulos que lo acompañaban. Cuando Jesús se acerca al Jordán, Juan exclama: “¡He aquí el Cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo!”. Aquella expresión debió dejarles perplejos, aparte de que ellos mismos comprobarían que aquel “Hombre” tenía algo especial, quedando subyugados por Él desde el primer momento. El hecho es que le siguieron hasta Cafarnaún y se quedaron con Él aquel día y pronto pudieron comprender que entre el Bautista y Jesús había diferencias.

Tal vez por ser Juan el más joven de los apóstoles, más joven aún que Jesús, dicen que podría tener unos 20 años, es por lo que Jesús, previendo que sería también el que más sobreviviría después de su muerte, le consideró desde el principio un “pilar” básico a la hora de transmitir sus enseñanzas. Debió ser hombre de temple, de recio carácter y personalidad riquísima adornada con estimables cualidades humanas, robusto y vigoroso, acostumbrado a las exigentes faenas marineras, nada pues tiene que ver con ese personaje acaramelado con que a veces se nos pinta. En los evangelios aparece unido a Pedro, su paisano, con quien mantiene una amistad entrañable, juntos los vemos en la detención, juicio y resurrección del Maestro. Por los evangelios sabemos que Pedro, Santiago y Juan, estuvieron presentes en los principales acontecimientos: la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración de Jesús en el Tabor, o su agonía en Getsemaní, aparte de que Juan, junto con su Madre y alguna de las mujeres, fue el único apóstol que estuvo en el Calvario al pie de la Cruz, momento en el que le hace depositario del bien más preciado, encomendándole el cuidado de su Madre.

A la muerte del Maestro, Juan permanece en Jerusalén, allí le encuentra S. Pablo por el año 49 quien junto con Pedro eran considerados “Columna de la Iglesia” desde esa fecha hasta el año 90 en que aparece desterrado en Patmos poco sabemos de él. 

 Casi con toda seguridad, después de Jerusalén pasó a Asia, en la zona de la actual Turquía, siendo Éfeso el centro de su actividad apostólica. La situación especial en que se encontraba la Comunidad Cristiana de Éfeso exigía la presencia de Juan para continuar la obra de Pablo, él sería el encargado de asumir la tarea de fecundar la semilla esparcida, en estas tierras habría de ejercer su actividad misionera. En Asia precisamente dejaría una profunda huella hasta el punto de que en este continente le consideran “Su apóstol” pero, aun siendo importante su función misionera, Juan iba a ser, sobre todo,  el escritor sublime  y excelso, que pasaría  a la historia como  el teólogo que, sin dejar de apacentar a la grey, supo encaramarse a las cumbres teológicas y místicas como ningún otro escritor neotestamentario lo hizo, ni siquiera Pablo, se le puede comparar.  El símbolo del águila con el que es representado lo dice todo. Tal como queda apuntado, a pesar de las controversias en torno a si Juan apóstol es la misma persona que Juan evangelista, aquí damos por descontado que así debió de ser.

Sabemos que fue bastante perseguido y que tuvo que refugiarse en la isla de Patmos; allí existe un monasterio ortodoxo dedicado a su memoria, algo parecido a una fortaleza en lo alto de la isla y más abajo hay una cueva en la que, según la tradición, escribió el Apocalipsis, parte del precioso legado que nos dejó, junto a su evangelio, anónimo en su origen, y aunque hubo quien cuestionó su autoría, no hay duda que la tradición cristiana más antigua fue a Juan a quien se le atribuyó. Lo escribió para un público poco familiarizado con las costumbres judías, pensando seguramente en las Iglesias de Asia. Su libro del Apocalipsis es otra obra de excepcional interés que bien podía ser considerado el precedente de la literatura mística cristiana. También se le atribuyen tres cartas o epístolas, con un contenido similar al de su Evangelio. Se ignoran los destinatarios de estas cartas y la fecha en que fueron escritas, pero se cree que podría haber sido a finales del siglo I, estando dirigidas a los cristianos de Éfeso, especialmente la primera. Con sus escritos durante muchos años Juan fue el orientador espiritual de los cristianos de Asia  y lo sigue siendo para la Iglesia universal. Sus destellos de luz iluminan los misterios cristocéntricos que nos acercan a Dios, por ser Cristo el revelador del Padre, nos acercan también a María y nos ayudan a comprender su vocación maternal y corredentora con Cristo 

 Sobre el final de la vida de Juan también surgió la polémica.  Durante algún tiempo se habló de la “Asunción de Juan “ bajo la creencia de que el apóstol preferido de Jesús había subido al cielo en cuerpo y alma, ya que sus restos nadie los había encontrado, nada hace suponer que así fuera, tampoco la tesis del martirio tiene visos de verosimilitud, aunque hay quien la sostiene, dando cobertura a la premonición de Cristo: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado” Aún con todo, lo más probable es  que   muriera en Éfeso, hacia el tercer año del reinado de Trajano, de muerte natural, siendo el único apóstol que falleciera anciano y de muerte no violenta.

Reflexión desde el contexto actual:

Aunque los cuatro evangelistas nos narran muchos sucesos acaecidos durante la vida pública de Jesús, es en el de Juan en el que encontramos una doctrina teológica más elaborada, que nos permite profundizar más hondamente en el sentido de su misión redentora y aunque tal vez no sea el más difícil de comprender, puede sernos de gran utilidad a la hora de acercarnos a toda la hondura de Jesús como Mesías. Su consejo final en el que todo queda resumido como si fuera la herencia espiritual que quería trasmitirnos, quedó reflejado en estas cuatro palabras “Hijitos, amaos los unos a los otros” y cuando alguien quiso saber por qué repetía siempre lo mismo, Juan respondió: “Porque ése es el mandamiento del Señor y, si lo cumplís, lo habréis hecho todo”. El discípulo amado de Jesús estuvo empeñado en hacernos comprender a todos que el cristianismo es la religión del amo

San Juan de la Cruz (Doctor místico y poeta de lo sublime)

San Juan de la Cruz

Es el gran místico español del siglo XVI. Reformador, junto con Santa Teresa de Jesús, de la Orden del Carmelo. En palabras de Dámaso Alonso “se condensa en él uno de los mayores torrentes de luz y calor que haya producido el espíritu del hombre”

Por | Francisca Abad Martín

Es el gran místico español del siglo XVI. Reformador, junto con Santa Teresa de Jesús, de la Orden del Carmelo. En palabras de Dámaso Alonso “se condensa en él uno de los mayores torrentes de luz y calor que haya producido el espíritu del hombre”

Juan de Yepes Álvarez nació en Fontiveros (Ávila) en el año 1542. Era el menor de tres hermanos. Hijo de Gonzalo de Yepes, de familia acomodada toledana, dedicada al negocio de sedas pero que, al casarse con Catalina Álvarez, huérfana y pobre, a la que había conocido en Medina del Campo, es repudiado por su familia y entonces montan un pequeño taller de tejidos en Fontiveros. Después de nacer su tercer hijo fallece el padre y después fallece Luis, el hijo mediano. Ambos están enterrados en la iglesia parroquial de Fontiveros. Entonces la madre, con los dos hijos se traslada primero a Arévalo y luego a Medina del Campo, donde montó un telar.

Juan trabajó desde los 15 años como enfermero en el hospital que regía un piadoso caballero, llamado Alonso Álvarez de Toledo, quien se hizo cargo de su educación, pagándole los estudios en el Colegio de la Compañía de Jesús que acababa de inaugurarse. Alternaba la atención al hospital con los estudios, con lo cual tenía que quitarle horas al descanso. En la casa vivían también con su madre, su hermano mayor ya casado y su mujer.

En 1563 vistió el hábito del Carmelo, en el Convento de Santa Ana en Medina del Campo, haciéndose llamar a partir de entonces Fray Juan de San Matías, siendo ordenado sacerdote en 1567. Como había destacado tanto en los estudios lo envían al convento de San Andrés en Salamanca, para que pueda completar sus conocimientos en esa famosa universidad.

Dios había inspirado a doña Teresa de Ahumada (Teresa de Jesús) la fundación de un nuevo convento en Ávila, el de San José, donde se viviese la pobreza y el seguimiento, según la Regla Primitiva del Carmelo. Su segunda fundación, en la rama femenina, sería en Medina del Campo, pero no se había atrevido con la reforma de los frailes, pues la primera dificultad era encontrar personas que quisieran llevarla a cabo. Al confiar su proyecto al prior de Santa Ana, el P. Antonio de Heredia, y viendo que, aunque mayor estaba dispuesto a colaborar, es cuando él le habla de un fraile joven, llamado Fray Juan, menudo de estatura y en apariencia “poca cosa”, quien deseando una mayor perfección estaba dispuesto a irse a la Cartuja.

Tienen una entrevista y enseguida lo gana para su causa. Al llegar a su convento les dijo a las monjas: “¡Alégrense hermanas, ya tenemos fraile y medio!”.

Un caballero de Ávila le ofreció una casa en un pueblecillo llamado Duruelo y allí, entre Fray Antonio y Fray Juan, que a partir de entonces se habría de llamar Fray Juan de la Cruz, comenzó la reforma de la rama masculina del Carmelo. Desde ese momento Fray Juan comienza a “crecer” (aunque no en estatura). Su vida espiritual fue de “ascensión” constante. Escribe poemas místicos, de una belleza sublime, donde trata de explicar cómo es su experiencia con Dios. Tiene éxtasis y visiones, pero también “cruces” y no solo por su nombre. La detracción y la calumnia se cebaron con él y los “calzados” le tuvieron prisionero en su convento en Toledo, de donde escapó descolgándose por una ventana.

Pasada la tormenta fue llamado a desempeñar varios cargos en servicio de la Comunidad. Fue rector en Baeza, prior en Granada, Vicario General en Andalucía y prior en Segovia; en definitiva, estamos ante un hombre que desplegó gran actividad, pero sobre todo este fraile carmelita habría de ser recordado por su espíritu contemplativo, autor entre otras joyas místico-literarias, tituladas “Cantico espiritual”, “Noche oscura del alma”, o Llama de amor viva”. De él se ha dicho que es el poeta místico más intenso de la literatura española. La crítica de su obra, con Dámaso Alonso a la cabeza, reconoce en ella una triple influencia, por una parte, tendríamos la tradición culta italianizante por otra, la tradición popular española renacentista y finalmente como envolvente general, estaría la influencia bíblica que hace de catalizador general.

Los últimos años de su vida quiso pasarlos en la sosegada paz del espíritu por lo que se retiró al desierto de La Peñuela, falleciendo en Úbeda (Jaén) a los 49 años, en la madrugada del 13 de diciembre de 1591. Sus últimas palabras, al despedirse de los frailes fueron: “Me voy a cantar los maitines al Cielo”. La Iglesia lo canonizó en 1674. Sus restos mortales descansan en una urna de plata en la iglesia del convento de los Padres Carmelitas de Segovia.

Reflexiones desde el contexto actual:

Sabrosos y abundantes frutos de santidad y sabiduría fue lo que nos dejó en herencia este frailecillo de Fontiveros. Aparte de su ejemplaridad de vida y sus aportaciones valiosísimas en la reforma carmelitana, Juan de la Cruz nos ofrece una obra de enorme belleza y de una profundidad mística incomparable. Sus libros han sido traducidos a casi todas las lenguas cultas, para deleite de unos lectores enamorados de las bellezas espirituales, repartidos por todos los rincones de la tierra. Mejor que hablar de Juan de la Cruz es ponerse en contacto con sus escritos y a través de ellos, ir descubriendo su apasionante vida interior, llena de experiencias místicas, sublimes e intensas, profundas y serenas. Como bien dijera de él Juan Pablo II “su figura y sus enseñanzas atraen el interés de los más variados ambientes religiosos y culturales, que en él hallan acogida y respuesta a las aspiraciones más profundas del hombre y del creyente” En este momento crucial de nuestra historia, tal vez sea más necesario que nunca, ponerse a la escucha de este maestro incomparable del espíritu

San Lucas evangelista

            (Un valedor de las mujeres al estilo de Jesús)

San Lucas evangelista

Es el evangelista de la misericordia, de la penitencia y de la oración. Es el que más se acerca a las figuras femeninas, describiéndolas con rasgos sobrios y fuertes

 | Francisca Abad Martín

Es el evangelista de la misericordia, de la penitencia y de la oración. Es el que más se acerca a las figuras femeninas, describiéndolas con rasgos sobrios y fuertes. Expone los datos con una rigurosa cronología y sencillez. Es representado por un toro porque su evangelio comienza con la visión que tuvo Zacarías en el templo donde se sacrificaba a Dios este tipo de animales

No sabemos casi nada acerca del origen de San Lucas. La mayoría de los autores coinciden en afirmar que probablemente llegó al cristianismo hacia el año 40, sin haber tenido un contacto directo con Jesús, al igual que San Pablo. Debieron encontrarse ambos en Antioquía y desde entonces se convirtieron en incansables misioneros, sembradores del mensaje de Cristo. Es cierto que esta faceta como predicador, ha quedado ensombrecida ante el Lucas escritor del Tercer Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles.

San Pablo escribe desde la prisión “Lucas solo queda conmigo” (2 Tim 4, 11). Fue el Compañero fiel que permaneció siempre al lado de su maestro Pablo, solo la muerte los pudo separar. La intimidad entre ambos era grande, por eso los escritos de Lucas reflejan muchos puntos de contacto con los de Pablo. Tertuliano, al hablar de Pablo, le llama “iluminador de Lucas”. Lucas compone su Evangelio de cara al mundo gentil, en defensa del cristianismo frente a los peligros de la frivolidad pagana. Conoce sus errores y busca instruirles, tratando de eludir aquellas escenas que pudieran herirles como, por ejemplo, el episodio de la “cananea”. Las páginas de su evangelio, según opinión de exégetas autorizados responden más bien a un carácter historiográfico que teológico.

Insiste presentando a la mujer con rasgos sobrios y fuertes, dignificándola frente a toda la marginación y a veces hasta desprecio, del que era objeto en aquella época. Con esto se asemeja mucho al pensamiento y opinión de Jesús sobre ellas. Tanto su Evangelio como los Hechos de los Apóstoles debieron ser escritos alrededor del año 63, antes de que estallara la persecución de Nerón y los cristianos fuesen declarados fuera de la Ley. Gracias a él conocemos en parte la Historia de la Iglesia en sus comienzos.

Es generalizada la opinión de que Lucas fuera médico, así parece afirmarlo Pablo, cuando le llama “médico querido”; probablemente Lucas se ocupaba de la salud de Pablo. Pero hay otro aspecto que también hay que destacar, algunos autores opinan que además de médico era pintor, incluso han llegado a decir que conoció a María, la Madre de Jesús, de quien, muchos opinan, que pueden proceder las narraciones del comienzo de su Evangelio, incluso hay quien dice que llegó a pintar el rostro de María, como por ejemplo un icono que hacia el año 420 estaba en poder de la emperatriz Eudoxia. El Icono conocido con el nombre de “Salus Populi Romani” a él atribuido se encuentra en La Basílica de Santa María la Mayor de Roma. También consideran salidos de sus pinceles otros cuadros que se conservan en Bolonia, en Salamanca o en Roma. Esta debe ser la razón por la que le atribuyen ser el patrón de los pintores cristianos, pero aún en el caso de que esto no fuera cierto ¿no son acaso verdaderos “cuadros” los que nos ofrece en las narraciones primeras de su Evangelio? Si como anteriormente apuntábamos, conocemos poco sobre sus orígenes, lo mismo podemos decir a acerca del final de su vida.

Reflexiones desde el contexto actual:

Mucho de lo que sabemos sobre los primeros tiempos del cristianismo se lo debemos a Lucas, quien a través de “Los Hechos de los Apóstoles” nos ha trasmitido valiosa información, a manera de crónicas puntuales. Su Evangelio también está lleno de bellísimas páginas, rebosantes de ternura y plasticidad, sobre el origen y los primeros años de la vida de Jesús. Sus escritos siempre nos acompañarán y seguirán siendo nuestra guía espiritual y alimento de nuestra fe cristiana. Su perenne actualidad estará por siempre asegurada. En consonancia con nuestra actual cultura, es digno de resaltar el respeto y la admiración con que este evangelista trata a la mujer

San Juan XXIII. (El Papa Bueno)

Juan XXIII
Juan XXIII

Renovador de la Iglesia, promotor del ecumenismo y defensor de la paz, el “papa bueno” que unía en su persona la mansedumbre de David y la astucia de Salomón

Por | Francisca Abad Martín

Renovador de la Iglesia, promotor del ecumenismo y defensor de la paz, el “papa bueno” que unía en su persona la mansedumbre de David y la astucia de Salomón.

Giovanni Giuseppe Roncalli nació en Sotto il Monte, provincia de Bérgamo (Italia) el 25 de noviembre de 1881. Era el tercer hijo de Giovanni Baptista Roncalli y Marianna Giulia Mazzola, sencillos labradores, de gran confianza en la Providencia. Angelino, como era llamado familiarmente, comenzó pronto a ayudar a su padre en las labores agrícolas, quien soñaba con hacer de él un buen campesino. Cuando tenía 6 años su padre lo llevó a una escuela elemental, que regentaba el cura de un pueblo a 2 Km. del suyo. Este sacerdote le enseñó gramática y latín. Era muy aficionado a la lectura y aprovechaba cualquier rato libre para entregarse a estos menesteres.

A los 10 años va a estudiar a Celania, a unos 10 Km., que recorría a pie diariamente. Pronto comenzó a soñar con poder ir al seminario, pero el coste, por pequeño que fuera, suponía un sacrificio imposible para los Roncalli. El Seminario era la única escuela donde se impartía la enseñanza superior. Entonces la Providencia puso de por medio a un monseñor de la familia Molani, para los que trabajaban los Roncalli como aparceros, quien se ofreció a pagarle los estudios en el Seminario de Bérgamo. Los últimos años los cursó en Roma, en el Apolinar, por expreso deseo del obispo de Bérgamo, pero al año siguiente fue llamado a filas para hacer el servicio miliar; tuvo que cambiar la sotana por el “caqui” de los soldados. Al cabo de un año regresó a Roma.

Fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1904. La Primera Misa la celebró en San Pedro, junto a la tumba del primer Vicario de Cristo y la segunda, el día de la Asunción en Sotto il Monte con su familia. Cuando Radini-Tedeschi fue nombrado arzobispo de Bérgamo, elige a Roncalli como secretario y durante 10 años se convirtió en su sombra, hasta su fallecimiento a consecuencia de un cáncer. En marzo de 1916 Roncalli fue nombrado teniente capellán para atender espiritualmente a los soldados combatientes en la Primera Guerra Mundial. Al regresar a Bérgamo fue nombrado director espiritual del Seminario. Eran tiempos duros y difíciles con la vuelta de los seminaristas del frente.

Es imposible tratar en esta breve biografía toda la dilatada trayectoria de su vida. No hay más remedio que resumir. Estuvo en Grecia como obispo titular, en Bulgaria como visitador apostólico, en Turquía como delegado apostólico y en Francia como nuncio apostólico, hasta 1953. En todos estos destinos al principio tuvo problemas con otras confesiones religiosas, pero en todos ellos, gracias a su “mano izquierda”, salió bien parado y acabó haciendo amigos. Nombrado después cardenal, fue asignado como Patriarca de Venecia, donde estuvo hasta su elección como Sumo Pontífice en el Cónclave de octubre de 1958. De todos los destinos que había tenido, el de Venecia fue el que le llenó de más satisfacción. ¡Por fin un trabajo puramente pastoral! Fueron los años más serenos y relajados de toda su trayectoria sacerdotal. A su palacio podían acudir todos los días durante tres horas todos los venecianos que quisieran consultarle algo. Se consideraba un “pastor de almas”. Fueron jornadas trepidantes, pero de una intensidad tranquila y serena.

Canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II
Canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II

Su pontificado, relativamente breve, fue sin embargo sumamente intenso. Los que le consideraban “un Papa de transición”, debido a su avanzada edad, quedaron asombrados de su actividad, con la convocatoria del Concilio Vaticano II y sus ocho Encíclicas. Su magisterio social en dos de ellas, “Mater et Magistra” y “Pacem in Terris”. Su labor en general fue profundamente apreciada, muy especialmente la de haber sido el alma y promotor del Concilio Vaticano II, que fue visto como una naciente primavera para la Iglesia, si bien nunca llueve a gusto de todos y no faltan opiniones para todos los paladares. Falleció el 3 de junio de 1963 en el Palacio Apostólico de la ciudad del Vaticano.  A su muerte la prensa escribió: “Un reinado demasiado breve para un pontífice que ha devuelto al mundo la sonrisa”. El 27 de abril de 2014 el Papa Francisco le canonizó junto a Juan Pablo II.

Reflexiones desde el contexto actual:

Podemos decir que con Juan XXIII la Iglesia inicia una nueva etapa de renovación y acercamiento a los fieles y seguramente una cierta reconciliación con el mundo moderno. Sin duda el Concilio Vaticano II, que él inicia, supuso un aggiornamento, es decir una actualización de la Iglesia.  Por lo que respecta a sus encíclicas “Mater et magistra” y “Pacem in terris” bien puede decirse que marcan un nuevo rumbo del pensamiento de la Iglesia en torno a la justicia social y a la paz universal. Pasado ya un tiempo razonable podemos ver la obra del “Papa bueno” con cierta perspectiva, equidistante tanto de los admiradores incondicionales como de los detractores a ultranza, porque de todo ha habido en la viña del Señor. Ni con la llegada de Juan XXIII cambió el curso de la historia y la Iglesia explosionó en una eterna primavera como quieren unos, ni tampoco por supuesto fue un papa hereje, que puso en peligro la fe, como quieren otros.  Digamos que la iglesia posconciliar sigue sumida en sus luces y en sus sombras, que sigue navegando cautelosa en medio de dudas y vacilaciones, tanto que hay quienes piensan que se hace necesario un nuevo concilio, que pueda hacer frente a las nuevas exigencias que los tiempos actuales demandan¿Se cumplirá esta premonición? 

El poverello

San Francisco de Asís. (El santo por todos admirado y querido)

Francisco de Asís. Giotto
Francisco de Asís. Giotto

Conocido popularmente como “el Poverello”. Es el santo de la pobreza, de la sencillez y la alegría. Vivió el Evangelio de la manera más radical. Su definición de Dios es la más sencilla y maravillosa que pueda dar el más encumbrado teólogo: “Dios es la sencillez y la paz, es la alegría»

Por Francisca Abad Martín

Conocido popularmente como “el Poverello”. Es el santo de la pobreza, de la sencillez y la alegría. Vivió el Evangelio de la manera más radical. Su definición de Dios es la más sencilla y maravillosa que pueda dar el más encumbrado teólogo: “Dios es la sencillez y la paz, es la alegría”

Francisco Bernardone nació en Asís (Italia) a finales del siglo XII, en el seno de una acomodada familia de comerciantes de telas. Disfrutó de una infancia feliz, una adolescencia y una juventud plagadas de fiestas y sueños de gestas militares. De carácter alegre, jovial y desprendido, parecía que estaba hecho para triunfar en la vida, pero a pesar de las fiestas y el bullicio, él nunca olvidaba la honda educación cristiana que le había inculcado su piadosa madre, Madonna Pica. Ella le había llevado a bautizar, estando su padre de viaje de negocios, imponiéndole el nombre de Giovanni (Juan), pero al regresar su padre, no le gustó y se lo cambió por el de “el francesito”, que por entonces no era frecuente en Italia y que por derivaciones de la gente acabaría en Francesco,

En su ciudad natal se declaró la guerra entre nobles y plebeyos, los nobles apoyados por la vecina ciudad de Perusa. Francisco se puso a favor de los plebeyos, pero como ganaron los nobles le llevaron prisionero y con sus 20 años tuvo que soportar un año de prisión. Al regresar a su hogar débil y enfermo, algo había cambiado en su interior. En 1205 se alistó para luchar en la Cruzada al lado de las tropas pontificias, pero nada más llegar a la ciudad de Spoleto volvió a sentirse enfermo y tuvo que regresar.  Una vez aquí nuevamente se vio envuelto en las fiestas y banquetes, si bien dentro de este ambiente comenzó a sentir un gran vacío en su interior.

 A partir de ese momento se vuelve introvertido y busca la soledad. Emprende una peregrinación a Roma y al regresar, visita un día la vieja capilla de San Damián. Allí oyó una voz que parecía provenir del Cristo que le decía: “Francisco, repara mi casa”. Él pensando que se refería a la ermita, fue a casa de su padre, cogió las mejores telas, las vendió y se lo entregó al anciano sacerdote para que reparara la ermita. Pero no era esa la casa que Dios quería que reparara, sino la Iglesia como institución, que necesitaba una urgente reforma y todos anhelaban un cristianismo más impregnado de Evangelio. 

Cuando regresó su padre se enfadó mucho, pero Francisco desnudándose delante de todos, le entregó sus ropas y el dinero que le había sobrado y se marchó a vivir pobremente. El obispo que estaba presente cubrió su desnudez con su propio manto. La pobreza y el desprendimiento de Francisco, impulsó a otros jóvenes a seguir su ejemplo uniéndose a él. Había nacido una nueva Orden Religiosa. En 1212 se le unió Clara de Asís, formando la rama femenina de las Clarisas y en 1221, para dar cabida en la Fraternidad a quienes, por diversas circunstancias, no podían abrazar la vida religiosa, instituyó la Orden Tercera, es decir los Terciarios Franciscanos, para los seglares comprometidos con el espíritu franciscano. A él le debemos también la tradición de fabricar los típicos “belenes” por Navidad.

Íntimamente asociado a la vida y obra de Francisco estuvo Domingo de Guzmán. Ambos con sus respectivas órdenes mendicantes estaban llamados a representar las columnas más sólidas de la Iglesia de los siglos posteriores. Su encuentro se produjo por primera vez en una iglesia de Roma, allí se conocieron asistiendo a una misa. Ambos se abrazaron y se besaron al tiempo que Domingo le dirigía estas palabras: “Tú eres mi compañero; conmigo recorrerás el mundo. Establezcamos entre nosotros un compromiso de colaboración. Seamos fieles a Cristo y no habrá adversario que pueda vencernos” y así fue.

 Como fecha importante en la vida del pobrecito de Asís hay que señalar el 14 de septiembre de 1224, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. El Señor imprimió en las manos y pies de Francisco sus propias llagas, lo que conocemos como los “estigmas”. Enfermo y casi ciego y con el dolor constante de las llagas, falleció en Asís al atardecer del 3 de octubre de 1226, a los 44 años.  Fue canonizado el 16 de julio de 1228. El patronazgo de S. Francisco es múltiple. Es invocado como santo patrón de los animales, del medio ambiente, de los belenistas y de los comerciantes, especialmente los de tejidos. 

Reflexión desde el contexto actual:

Nos resulta difícil hoy, entender el gesto de Francisco, quien dejándolo todo se abrazó a la más absoluta pobreza y que a partir de entonces habría de ser su dilecta hermana. Esto solo lo podremos entender cuando leamos en profundidad el Evangelio como lo hizo fray Francisco. Cristo es el que dice: “Quien no deja todo lo que tiene para seguirme a mí y solo a mí, no puede ser discípulo mío”.  En “El pobre de Asís” de Nikos Kazantzakis se nos presenta a un hombre, despreciador del mundo y de todos los bienes materiales, encarnando el ideal de pobreza y entonando un canto al amor universal. En el espíritu de Francisco en medio de toda su pobreza podemos ver la reconciliación de todo lo creado con su Creador.

Festividad de Las Candelas

La Presentación de Jesús en el Templo y Purificación de María.

Candelas que alumbran el mundo
Candelas que alumbran el mundo

La fiesta que celebramos hoy es conocida desde muy antiguo como la fiesta de la Candelaria, importada de Oriente e impulsada por el papa Sergio I, en la que se intentó dar protagonismo a la Virgen, hasta el punto de que se conocía como la Purificación de María y que pasaría a ser una de las festividades marianas más importantes, juntamente con la Natividad, Anunciación y la Asunción

 | Francisca Abad Martín

Hoy celebra la Iglesia la fiesta de la Presentación del Señor y Purificación de María, festividad que se suele confundir con la circuncisión, siendo así que se trata de acontecimientos diferentes. La circuncisión tenía lugar a los ocho días del nacimiento y ésta se celebraba a los 40 días. La fiesta que celebramos hoy es conocida desde muy antiguo como la fiesta de la Candelaria, importada de Oriente e impulsada por el papa Sergio I, en la que se intentó dar protagonismo a la Virgen, hasta el punto de que se conocía como la Purificación de María y que pasaría a ser una de las festividades marianas más importantes, juntamente con la Natividad, Anunciación y la Asunción. Del carácter eminentemente mariano que esta festividad tuvo en tiempos pasados nos da idea el antiguo Misal Romano, donde figuran oraciones y antífonas dedicadas especialmente a la Virgen y que ponen de manifiesto su papel relevante en la celebración de esta festividad.  Esto cambió desde el Concilio Vaticano II, a partir del cual la candelaria comenzó a tener otro significado y se la quiso vincular a nuestro Señor, haciendo de ella una festividad más cristológica que mariana, en la que Jesús es reconocido por Simeón y Ana como el Salvador de Israel y Mesías, pasando a ser conocida como la Presentación de Jesús en el templo. Este nuevo giro, se aprecia claramente si echamos una ojeada al actual calendario litúrgico, vigente a raíz del Concilio Vaticano II.

María y José llevan a Jesús al Templo de Jerusalén y según la costumbre, ofrecen como rescate dos tórtolas (era la ofrenda de los pobres). Se dan también en ese momento los episodios, sobradamente conocidos, del anciano Simeón y la Profetisa Ana.

Es preciso aclarar que, según la costumbre en Israel, todo hijo primogénito debía ser ofrecido al Templo y para “rescatarlo” había que presentar una ofrenda (adecuada al nivel económico de los padres).

Así mismo las mujeres, según la ley judía, tenían que pasar por un rito de purificación, una vez transcurrida la cuarentena después del parto, cosa innecesaria en el caso de María, debido a la milagrosa concepción de su Hijo, sin haber tenido contacto con varón, aun así, ella voluntariamente quiso someterse a lo establecido legalmente y no diferenciarse en nada a las mujeres de su época.

Candelas
Candelas

Con respecto a la Fiesta actual de las Candelas, muchos pueblos tienen celebraciones especiales en este día. Todas tienen como base la luz de las candelas y la purificación con el fuego. Es muy famosa la fiesta de La Candelaria, Patrona de Tenerife. Todas ellas tienen su fundamento en considerar a Jesús como “La Luz del mundo”.

Reflexión desde el contexto actual:

María y José quieren ajustarse en todo momento a la ley y comportarse como un matrimonio “normal”, aceptando todas las normas, tanto religiosas como sociales, de su época. De ellos los hombres de hoy debiéramos aprender a no escaquearnos de cumplir, incluso nuestras obligaciones con el fisco, pues viviendo en sociedad la carga que a ti te toca llevar, si tu no la soportas se la endosas al vecino. Otra lección que se desprende de este acontecimiento nos viene sugerida por las palabras del anciano Simeón:“Y a ti una espada te traspasará el alma”, debieron despertar en el alma de María sentimientos contradictorios y un anuncio de lo que habría de ser su vida en adelante, pero aun así nunca perdió la paz. De Ella debiéramos aprender nosotros que enseguida perdemos los papeles, cuando las cosas no salen a nuestro antojo.

San Lucas Evangelista

San Lucas Evangelista. (Un valedor de las mujeres al estilo de Jesús) 

San Lucas Evangelista.  

Es el evangelista de la misericordia, de la penitencia y de la oración. Es el que más se acerca a las figuras femeninas, describiéndolas con rasgos sobrios y fuertes 

Por | Francisca Abad Martín 

Es el evangelista de la misericordia, de la penitencia y de la oración. Es el que más se acerca a las figuras femeninas, describiéndolas con rasgos sobrios y fuertes. Expone los datos con una rigurosa cronología y sencillez. Es representado por un toro porque su evangelio comienza con la visión que tuvo Zacarías en el templo donde se sacrificaba a Dios este tipo de animales 

No sabemos casi nada acerca del origen de San Lucas. La mayoría de los autores coinciden en afirmar que probablemente llegó al cristianismo hacia el año 40, sin haber tenido un contacto directo con Jesús, al igual que San Pablo. Debieron encontrarse ambos en Antioquía y desde entonces se convirtieron en incansables misioneros, sembradores del mensaje de Cristo. Es cierto que esta faceta como predicador, ha quedado ensombrecida ante el Lucas escritor del Tercer Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles. 

San Pablo escribe desde la prisión “Lucas solo queda conmigo” (2 Tim 4, 11). Fue el Compañero fiel que permaneció siempre al lado de su maestro Pablo, solo la muerte los pudo separar. La intimidad entre ambos era grande, por eso los escritos de Lucas reflejan muchos puntos de contacto con los de Pablo. Tertuliano, al hablar de Pablo, le llama “iluminador de Lucas”. Lucas compone su Evangelio de cara al mundo gentil, en defensa del cristianismo frente a los peligros de la frivolidad pagana. Conoce sus errores y busca instruirles, tratando de eludir aquellas escenas que pudieran herirles como, por ejemplo, el episodio de la “cananea”. Las páginas de su evangelio, según opinión de exégetas autorizados responden más bien a un carácter historiográfico que teológico. 

Insiste presentando a la mujer con rasgos sobrios y fuertes, dignificándola frente a toda la marginación y a veces hasta desprecio, del que era objeto en aquella época. Con esto se asemeja mucho al pensamiento y opinión de Jesús sobre ellas. Tanto su Evangelio como los Hechos de los Apóstoles debieron ser escritos alrededor del año 63, antes de que estallara la persecución de Nerón y los cristianos fuesen declarados fuera de la Ley. Gracias a él conocemos en parte la Historia de la Iglesia en sus comienzos. 

Es generalizada la opinión de que Lucas fuera médico, así parece afirmarlo Pablo, cuando le llama “médico querido”; probablemente Lucas se ocupaba de la salud de Pablo. Pero hay otro aspecto que también hay que destacar, algunos autores opinan que además de médico era pintor, incluso han llegado a decir que conoció a María, la Madre de Jesús, de quien, muchos opinan, que pueden proceder las narraciones del comienzo de su Evangelio, incluso hay quien dice que llegó a pintar el rostro de María, como por ejemplo un icono que hacia el año 420 estaba en poder de la emperatriz Eudoxia. El Icono conocido con el nombre de “Salus Populi Romani” a él atribuido se encuentra en La Basílica de Santa María la Mayor de Roma. También consideran salidos de sus pinceles otros cuadros que se conservan en Bolonia, en Salamanca o en Roma. Esta debe ser la razón por la que le atribuyen ser el patrón de los pintores cristianos, pero aún en el caso de que esto no fuera cierto ¿no son acaso verdaderos “cuadros” los que nos ofrece en las narraciones primeras de su Evangelio? Si como anteriormente apuntábamos, conocemos poco sobre sus orígenes, lo mismo podemos decir a acerca del final de su vida. 

Reflexiones desde el contexto actual: 

Mucho de lo que sabemos sobre los primeros tiempos del cristianismo se lo debemos a Lucas, quien a través de “Los Hechos de los Apóstoles” nos ha trasmitido valiosa información, a manera de crónicas puntuales. Su Evangelio también está lleno de bellísimas páginas, rebosantes de ternura y plasticidad, sobre el origen y los primeros años de la vida de Jesús. Sus escritos siempre nos acompañarán y seguirán siendo nuestra guía espiritual y alimento de nuestra fe cristiana. Su perenne actualidad estará por siempre asegurada. En consonancia con nuestra actual cultura, es digno de resaltar el respeto y la admiración con que este evangelista trata a la mujer 

San Jerónimo

San Jerónimo. (Padre de la Iglesia, autor de la Vulgata) 

San Jerónimo

Las Fraternidades Jerónimas, la voz de San Jerónimo para el s. XXI 

Fallece en Belén a los 80 años el 30 de septiembre del año 420. El 20 de septiembre de 1295 es proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa Bonifacio VIII 

29.09.2021 | Francisca Abad Martín 

Gran erudito, estudioso de los clásicos, anacoreta entregado a las más austeras penitencias, profundo conocedor y traductor de las Sagradas Escrituras, Doctor de la Iglesia y considerado uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia Latina. 

Eusebio Hierónimo nació en Estridonón (Dalmacia) en la primera mitad del siglo IV. Su padre, Eusebio, gozaba de buena posición, con lo cual pudo enviar a su hijo a Roma para que estudiara con los mejores maestros. Allí aprendió gramática, retórica, filosofía y griego. Esto despertó en él una gran afición por los libros y comenzó a formar su propia biblioteca, unos los compraba y otros los copiaba de su puño y letra. 

Hacia el año 366 pidió el bautismo y una vez recibido éste, consideró que debía cambiar completamente de vida, iniciándose en la práctica de penitencias y ayunos. Toma la decisión de viajar y se embarca sin rumbo fijo. Llega a Grecia y después a Capadocia y Cilicia, donde visita varios monasterios. Hacia el 374 llega a Antioquía, donde sufre una grave avitaminosis debido a tantos ayunos, que estuvo a punto de costarle la vida. Ya recuperado, comienza a profundizar en el estudio de las Sagradas Escrituras, perfecciona sus conocimientos de griego y más tarde, en la soledad del desierto, aprende el hebreo con un maestro judío, para poder tener acceso directo a la lengua original de las Sagradas Escrituras. 

En el 375 sale de Antioquía y se va al desierto de Calcis, para seguir con sus ayunos y austeridades. Allí sufre grandes tentaciones, pasando un tiempo de fuertes luchas interiores, encontrando solo alivio en el estudio y la penitencia. Tendría poco más de 30 años cuando se dejó ordenar sacerdote por el obispo Paulino de Antioquía, pero a condición de seguir siendo monje solitario, sin tener que dedicarse al servicio del culto. Al finalizar el 378 reanuda su vida peregrinante. Atraído por la elocuencia de Gregorio de Nacianzo llega a Constantinopla, convirtiéndose en discípulo suyo. Permaneció allí tres años. Vuelve un tiempo a la soledad, pero regresa de nuevo a Roma hacia el año 382. Allí el Papa San Dámaso ve en él un instrumento útil a su política eclesiástica y le hace su secretario. El asceta ayuda al Pontífice y éste le otorga su protección. Allí comienza a tratar con un grupo de mujeres, viudas de patricios romanos, para las que se convierte en su amigo, consejero y guía espiritual, aunque exigente, rudo y autoritario. Les impulsa a estudiar la Biblia y a poner sus bienes al servicio de los pobres y enfermos. 

Una vez fallecido el Papa Dámaso, comienza a despertar envidias y suspicacias, le tildan de indiscreto y exagerado en su espiritualidad y se decide abandonar de nuevo Roma. Otra vez va a Oriente y emprende el camino hacia Jerusalén. Hacia el 386 se establece definitivamente en Belén. Una de las viudas romanas, Santa Paula, le acompaña en su viaje, junto con su hija. Allí, gracias a los bienes aportados por ella, construyen dos monasterios femeninos y otro masculino, en el que se recluye San Jerónimo. Allí termina la traducción al latín de la Biblia, que había comenzado con San Dámaso, la que conocemos como “La Vulgata”, por su universalidad y que mereció la aprobación del Concilio de Trento, no sin la colaboración de Paula y su hija. 

Fallece en Belén a los 80 años el 30 de septiembre del año 420. El 20 de septiembre de 1295 es proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa Bonifacio VIII. 

Reflexión desde el contexto actual: 

Jerónimo es uno de esos hombres que han dejado un gran legado cultural a la humanidad sobre todo por lo que hace referencia a la traducción de los textos bíblicos al latín, conocido como la “Vulgata”, lo que supuso una unificación de las distintas versiones y de este modo favoreció el conocimiento de las Sagradas Escrituras. A partir de la Edad Media “La Vulgata” fue ampliamente difundida, sirviendo como base de las traducciones cristianas en Europa Occidental,  gozando siempre de la oficialidad de la Iglesia  Católica, que se ha perpetuado hasta el día hoy, si bien a partir del Concilio Vaticano II esta oficialidad ha ido perdiendo fuerza. Debido a este servicio a la Comunidad, Francisco con motivo del XVI centenario de su muerte, pudo decir que “hoy mil seiscientos años después, su figura sigue siendo de gran actualidad para nosotros cristianos del siglo XXI”. Sin menoscabo alguno de la importancia histórica de la Vulgata, es obligado decir que su sacralización por parte de la Iglesia pudo obstaculizar en algún momento el que se hicieran otras versiones más perfectas y ajustadas al buen criterio exegético, pero este inconveniente no hay que achacárselo a S. Jerónimo

María Magdalena

Santa María Magdalena (Un alma enamorada del Maestro) de Frederick Sandys

Después, el escepticismo de los Apóstoles “¡Están locas!” ¿Cómo iban ellos a asumir que fueran las mujeres quienes les anunciaran la Resurrección, si las mujeres entonces tenían una credibilidad similar a la de los niños? …
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