Carta a los dirigentes de la república iraní

González Faus

Todas las medidas que estáis tomando contra Elnaz Recabí son una grave ofensa a Dios: estás profanando su Nombre.

No os hablo desde la distancia ni desde la condena, sino desde la fraternidad, desde aquella experiencia tan humana y tan universal que ya formularon los romanos: “la corrupción de lo mejor se convierte en lo peor”. Ni desde la hostilidad a vuestro pueblo tan injsutamente tratado por nosotros los occidentales

EEUU no tiene ningún derecho ni autoridad para imponeros una sanción

Si un país tiene derecho a poser armas nucleares, lo tenéis también vosotros. No vale aquello de «nosotros tenemos derecho porque somos los buenos; ellos no porque son los malos». Así nunca podrá haber paz en el mundo.

No podéis comportaros con las mujeres como los EEUU se comportan con Irán

Por José Ignacio González faus

Me dirijo a vosotros como creyente en Dios: en el Dios único del que todos somos creaturas y servidores. Quisiera hablaros en nombre de ese Dios Santo, para deciros que son una grave ofensa a Dios todas las medidas que estáis tomando contra Elnaz Recabí la atleta iraní que compitió sin velo.

En nombre del Dios Altísimo quiero deciros que no hay nada inmoral en el uso o no uso del velo, tanto en las competiciones deportivas como en la vida ordinaria: son hábitos culturales que no debemos sacralizar porque eso es manipular a Dios en provecho propio, lo cual constituye la mayor perversión de toda religiosidad. Bien dijo el gran místico musulmán Dû-l-Nûn: “conoce mejor a Dios el hombre más perplejo respecto de Él”. Y por eso: “aquellos a quienes separa de Dios un velo más espeso son el devoto por su devoción y el doctor de la Ley por sus conocimientos”.

Todo esto se agrava cuando quienes efectúan esa falsa sacralización son varones contra mujeres: porque eso ofende a Dios, padre de todos los seres humanos (ellos y ellas) haciéndole cómplice de un pecado propio de machismo. Y mucho más cuando las penas por esa conducta indiferente son tan enormes y crueles.

Los dos primeros nombres de Alá (sacados del Coran y de la Sunna) son “el Misericordioso” y “el Clemente” (Ar-Rahman y Ar-Rahim). Y todavía más adelante aparece el de Perdonador (Al-Ghaffar). Nada de eso puede entreverse en vuestra conducta para con Elnaz. Cuidado pues porque podéis estar ofendiendo mortalmente a Dios y falsificándole en vez de servirle. Me diréis que vosotros solo juzgáis sobre lo que está legislado; pero la pregunta que queda es quién legisla y desde dónde lo hace.

Y no quiero deciros nada de eso desde la distancia ni desde la condena, sino desde la fraternidad, desde aquella experiencia tan humana y tan universal que ya formularon los romanos: “la corrupción de lo mejor se convierte en lo peor”… A nosotros cristianos también nos acusaron nuestros propios profetas (Isaías y Pablo de Tarso), más de lo que nos ha podido acusar ningún increyente, diciéndonos: “por vuestra causa es blasfemado el nombre de Dios entre las gentes”. ¡Cuidado pues!

Tampoco os digo lo anterior desde una hostilidad a vuestro pueblo, tan injustamente tratado por nosotros los occidentales. Por supuesto, Estados Unidos no tiene ningún derecho a imponer sanciones a Irán ni por el mal trato a las mujeres, ni por los drones vendidos a Rusia. También tendría derecho Irán a castigar a los EEUU por el enorme pecado de proclamar un derecho de cada individuo a poseer armas: si no lo hace no es porque carezca de rectitud sino porque carece de poder. Pero, en este mundo nuestro tan injusto, el poder no tiene nada que ver con la rectitud. Lo único que está obligado a hacer EEUU es entrar en el Tribunal Penal Internacional (donde no se dignó ingresar), y trabajar para que ese tribunal sea aceptado por todo el planeta y se constituya de la forma más justa y más independiente posible.

Todavía más: hay un principio de justicia elemental, bien fácil de comprender: si un país tiene armas atómicas, todos los países tienen derecho a poseerlas. Porque los derechos humanos son universales. Os digo por eso que Irán tiene derecho a poseer armas nucleares si las posee Israel y si las poseen tantos otros países. Irán ha sido injustamente tratado y no debe ser castigado si enriquece uranio. Nuestra conducta occidental se ha basado en el falso principio de que “nosotros somos los bueno y ellos son los malos; por eso nosotros tenemos unos derechos que ellos no tienen”. Así nunca podrá haber paz en el mundo: el profeta Jesús de Nazaret tachó de fariseísmo esa actitud de “los buenos”; y avisó del pecado de “ver la paja en el ojo ajeno cuando no se ve la viga en el propio”, digamos: ver el uranio en Irán y no ver el arsenal nuclear en uno mismo. Lo que hay que hacer pues es trabajar sin descanso para que todas las armas nucleares desaparezcan, por imposible que esto parezca. Y aquí es otra vez donde EEUU aparece como el mayor responsable, por haber sido quien utilizó y más contribuyó a propagar ese armamentismo inmoral.

Pues bien: vosotros no podéis comportaros con las mujeres como los EEUU se comportan con Irán. Ojalá estas reflexiones sirvieran para que comprendáis que no hablo desde ningún odio ni hostilidad hacia vosotros, sino desde un afán de fraternidad y desde otro afán que compartimos por tributar el máximo respeto al Misterio Sobrecogedor y Acogedor al que llamamos Dios, y buscando cumplir aquel precepto de Moisés de “no tomar el santo Nombre de Dios en vano”. Pues si comprendéis esto, comprenderéis que os pida con voz bien alta que, por favor, cambie vuestra actitud no solo contra Elnaz Recabí, sino contra todas las mujeres: pues son hermanas nuestras, libres como nosotros y de ninguna manera esclavas: ni de nuestros caprichos sexuales (como pensamos a veces en Occidente) ni de nuestros caprichos morales como pensáis vosotros.

Y ojalá que así demos un paso más (por pequeño que sea) hacia esa humanidad renovada, una a pesar de las diversidades y fraterna a pesar de las diferencias. “Al.lahu àkbar: está por encima de las mentiras de los opresores y es la mejor defensa de los oprimidos”.

Somos una pasión esperanzada, no pasión inútil

Faus: «El objeto del amor de Dios es el mundo, no la Iglesia»

Búsqueda De Dios Aamir Suhail

Hablando con gentes que buscan “algo más”, en las que el vacío es casi una herida, que quieren volver, pero no saben a dónde…, he pensado a veces en remitirlos directamente al evangelio

Los humanos podemos tener pequeñas experiencias de comunión: asombrosas a veces pero relativas y finitas. Hasta dónde puede llegar ese atisbo nuestro en el Ser Infinito y Absoluto, no podemos ni imaginarlo. Solo cabe el asombro adorador, sobrecogido y confiado ante esa Buena Noticia

El anuncio cristiano se atreve a decir que no somos una pasión inútil, sino una pasión esperanzada

Por José I. González Faus

Hablando con gentes que buscan “algo más”, en las que el vacío es casi una herida, que quieren volver pero no saben a dónde porque (me dicen) la catequesis que recibieron ni les sirvió ni la recuerdan…, he pensado a veces en remitirlos directamente al evangelio. Pero tampoco eso es fácil: porque los evangelios, por inspirados que sean, tampoco se libran del sello y los tonos de hace veinte siglos. Pues Dios actúa siempre respetando lo humano, y no sustituyendo lo humano.

Quiero proponer por eso un resumen de lo que quieren decir los evangelios, con la aportación de cada uno y comenzando por el último:

1.- “Dios ama tanto a este mundo que le envió a su Hijo no para condenar al mundo sino para salvarlo” (Jn 3). El objeto del amor de Dios es el mundo, no la Iglesia. La Iglesia, si no es una señal viva y eficaz de ese amor, es infiel a Dios.

2.-¿Qué significa ese amor de Dios al mundo? Pues que: “dichosos los pobres, los hambrientos, los que lloran; y malditos los ricos, los hartos y los que persiguen a los anteriores” (Lc 6).

3.- ¿Qué significa eso para cada ser humano? Pues que dichosos los que ante la situación anterior reaccionan con un hambre de justicia que brota de la misericordia y con una misericordia que llega hasta el hambre y sed de justicia, con todas las consecuencias que de ahí puedan seguirse (Mt 5; y si eso no queda bastante claro puede añadir el lector la célebre frase de Mt 25: “tuve hambre y Me disteis de comer: a Mí me lo hicisteis”.

4.-¿Qué consecuencias puede tener esa opción para nosotros? Pues que (inesperadamente) alguna vez gritemos “pase de mí este cáliz” y “Dios mío ¿por qué me has abandonado?” (Mc 14 y 15).

Desde este marco pueden leerse los evangelios como cada cual guste. Añadiendo, por si ayuda a decidir, que el Jesús de Marcos es el de la libertad, el de Lucas el de la misericordia (por eso la pasión de Marcos es un drama más existencial y la de Lucas tiene más pinceladas políticas). El de Mateo es el Jesús de la unidad de la historia (de ahí la forma como está construido y sus aparentes contradicciones). Y el de Juan es la afirmación de que, en esos tres rasgos, se revela Dios.

La Trinidad

Puede quedar una última pregunta para todos los que intentan volver: ¿qué caray es eso de la Trinidad? Pues recuerdan que aprendieron a santiguarse “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu”, sin saber lo que decían.

Un detalle significativo, previo a la respuesta: los grandes místicos han sido por lo general profundamente trinitarios. Los intelectuales y los teólogos no demasiado. Y es que la Trinidad significa más o menos esto: el Nuevo Testamento concluye con la frase: “Dios es Amor”. Y eso significa: la Clave Última de todo lo que existe (llámala Dios o como quieras llamarla), es un Misterio de Comunión Infinita y Absoluta. Eso es todo.

Jesús

Los humanos podemos tener pequeñas experiencias de comunión: asombrosas a veces pero relativas y finitas. Hasta dónde puede llegar ese atisbo nuestro en el Ser Infinito y Absoluto, no podemos ni imaginarlo. Solo cabe el asombro adorador, sobrecogido y confiado ante esa Buena Noticia.

Porque se trata de una gran noticia. Que sale al encuentro de la lucidez de un Sartre, cuando proclama que “el hombre es una pasión inútil”: porque somos una pasión de Absoluto y el Absoluto no existe. El anuncio cristiano se atreve a decir que no somos una pasión inútil, sino una pasión esperanzada.

¿Un mundo de buenos y malos?

El mundo no es una película del Oeste

Todos somos de la misma pasta…

Jesús de Nazaret usaba mucho la palabra hipócritas. Y la mayor parte de las veces drigiéndose a los «buenos»

Ante la alteridad solo caben tres posturas primarias: el respeto, la apropiación o la eliminación. Y solo de la primera podrá surgir más tarde el amor.

La maldad y la bondad existen, ¡por supuesto! Pero quizá no allí donde nosotros pretendemos situarlas con tanta nitidez y tanta seguridad.

Por JeséIgnacio González Faus

En este mundo donde se matan y se atormentan unos a otros ¿como es posible  que aquellos que aún poseen cierta noción de cuáles son los verdaderos valores, no los pongan en práctica en su vida cotidiana?         (Diario de Etty Hillesum, 19 mayo 1942).

Tengo la sensación de que, a la era de la postverdad, le está siguiendo otra era de un fundamentalismo acrítico que divide el mundo en “buenos y malos” y donde, por supuesto, los buenos -totalmente buenos- somos nosotros. Y los malos -totalmente malos- son los que no coinciden con nosotros.

Ya no es aquello elemental de que todos somos buenos y malos y ahí unos serán mejores y otros peores aunque, de esto último, no podemos juzgar bien nosotros porque no tenemos acceso al corazón del hombre que solo es visible para Dios. No: ahora sabemos sin dudar que los buenos son los que están donde yo estoy y que además son totalmente buenos. La autocrítica se está convirtiendo en una infidelidad, y el intento de comprender al otro en una traición. En definitiva, estamos convirtiendo el mundo en una película del Oeste (aunque sin las fotografías y las secuencias memorables de alguna de aquellas películas).

Piensa uno si eso puede ser una extensión de la economía neoliberal a los otros campos de la vida. Porque en economía ya sabemos que los ricos son los buenos, cuya riqueza es solo fruto de sus propios méritos. Y los pobres lo son solo por su culpa: porque no han sabido guardar la Ley del dios Mercado. Marx ya decía aquello de que todo suele tener un determinante económico “en última instancia” (aunque nunca dejó claro el significado de esas palabras entrecomilladas).

No sé si también la evolución desagradable de la atrocidad de Putin en Ucrania nos obliga a sentirnos totalmente buenos para poder creernos al menos víctimas inocentes de un país monstruo. Y no es así porque ni nosotros hemos sido inocentes, ni Rusia es lo mismo que Putin (como no era lo mismo Alemania que Hitler ni España que Franco).

Pero hoy los matices nos resultan cada vez más insoportables: simplemente necesitamos decir y proclamar que tengo derecho a esto o lo otro, pero sin ninguna responsabilidad ni en la fundamentación ni en el ejercicio de ese derecho. En temas eclesiales, de género, de política y de convivencia en general, se proclaman a gritos tesis que coinciden con lo que a cada cual le gustaría, pero que no nos hemos preocupado de fundamentar bien históricamente ni de matizar socialmente.

Parece pues como si, a la era de la postverdad, le esté siguiendo no una era de desconcierto sino la era de nuevos fundamentalismos. Pues, si nosotros somos los buenos, los totalmente buenos ¿para qué necesitamos más estudio ni más investigación? Volviendo al símil del western, lo que necesitamos no es argumentar bien sino disparar bien.

Recuerdo que otras veces, hablando de “santos” que nos asombran, me permití decir: “¡son de nuestra misma pasta!”. Puede ser que ahora, una contemplación de hasta dónde puede llegar la maldad humana nos sacuda también un poco, si conseguimos decirnos que esa es también “nuestra misma pasta”.

Siguen pues dos ejemplos (grande y pequeño) de hasta dónde puede llegar la monstruosidad humana:

El primero ha de ser el holocausto. El olvido del holocausto puede ser el gran pecado de nuestra hora actual. Ese olvido que (según parece) hizo suicidarse a Primo Levi quien, salido de Auschwitz, creyó que debía dedicar su vida a mantener viva siempre la memoria de aquella atrocidad y vio que no lo conseguía. Y realmente es muy difícil comprender hoy aquella planificación tan serena y tan impasible de todo el camino que había de llevar hasta la “solución final”: desde las primeras obligaciones de llevar las estrellas y la J, o la prohibición de acceder a determinados locales y caminar por determinadas calles…, hasta las primeras concentraciones, los traslados en trenes (hacinados como animales), los campos de concentración y las cámaras de gas. Toda una logística bien montada, como fruto no de una ceguera pasional, sino de una frialdad impasible. Hanna Arendt habló de “la banalidad del mal”. Igualmente podría haber hablado de la monstruosidad del mal. Y eran seres humanos como nosotros, de nuestra misma pasta.

El segundo (cuantitativamente mucho más reducido pero cualitativamente igual de monstruoso) fue el asesinato de Miguel Ángel Blanco que hemos recordado estos días pasados. Puedo remitir a las páginas estremecedoras que le dedica Javier Marías en su última novela (Tomás Nevinson). Pero basta con pensar otra vez en la frialdad con que se planifica: el secuestro, el chantaje y luego, tranquilamente, sacar al campo aquel pobre inocente, darle fríamente un tiro en la cabeza y volver a casa a cenar y dormir aquella noche como un día cualquiera. No sé qué habrá pasado luego por las cabezas de los autores: si seguirán pensando como Eichmann que ellos solo tenían una orden y se limitaron a cumplirla, o si en algún momento se les habrán abierto los ojos de dentro para contemplar su monstruosidad. Por eso es importante repetir que son seres como nosotros, “de nuestra misma pasta”. Y que por eso sigue habiendo posibilidad de redención para ellos. Como sigue valiendo para nosotros el aviso de que la causa por la que ellos luchaban tenía sus razones válidas, aunque esas razones nunca podrán justificar aquella crueldad fría e impasible.

Ahora bien: cuando existía la barbarie de ETA lo que todos les decíamos era que dejaran de matar y defendieran sus derechos o ideales desde la política democrática (lo mismo se pedía a los independentistas catalanes). Pues bien: eso lo ha conseguido Bildu, no sin dificultades entre sus militantes. Ese es un gran mérito, aunque podríamos desear que no solo lamenten los procedimientos pasados y el dolor causado sino que pidan expreso perdón por ellos. Pero aun así, me parece una bajeza moral argumentar contra el gobierno diciendo que saca sus propuestas “con la complicidad de los terroristas y de los independentistas”. En el Parlamento no hay terroristas; y los independentistas tiene tanto derecho a estar en él y a votar, como lo tiene Vox: pues la democracia consiste precisamente en parlamentar con aquellos cuyas ideas no te gustan nada.¡ Ojalá quienes argumentan de esa manera tan innoble comprendan que eso también les hace daño a ellos!: pues da entender que si arguyen así es porque no tienen otros argumentos de más calado.

Ojalá se comprenda ahora por qué, en un mundo como este y con unos protagonistas como nosotros, esa tranquila (y justificadora) división entre buenos y malos puede ser tan mala como la explosión de un arma nuclear. Haciendo caso a Pablo de Tarso es mejor comenzar diciendo “todos somos pecadores” (Rom 3,23). Si luego, como hemos dicho, hay niveles diversos de bondad y de maldad, recordemos que nosotros no podemos conocer la historia y los episodios que han hecho cuajar a cada cual: que (como he escrito en otros sitios) el pecador es, a la vez, víctima y pecador; como el bondadoso es a la vez afortunado y bueno.

Jesús de Nazaret usaba mucho la palabra hipócritas y hay pocas dudas de que ese término (que, en los evangelios, solo aparece en sus labios) era una expresión típica suya. Y lo que ahora importa destacar es que, la mayor parte de las veces, Jesús usa esa palabra dirigiéndose a los “buenos” (“escribas y fariseos hipócritas”). Por supuesto, los buenos no le perdonaron eso. Y como afirmé en uno de mis primeros textos, fueron precisamente los buenos los que le crucificaron.

Quizá no nos vendría mal meditar esto un poco más. Al menos para ver si superamos esa tendencia a mirar el mundo como una película del Oeste con sus buenos y malos tan bien colocados. Ante la alteridad solo caben tres posturas primarias: el respeto, la apropiación o la eliminación. Y solo de la primera podrá surgir más tarde el amor.

La maldad y la bondad existen, ¡por supuesto! Pero quizá no allí donde nosotros pretendemos situarlas con tanta nitidez y tanta seguridad. El camino humano es aprender a criticar conductas pero sin satanizar personas. Y admirar y agradecer bondades, pero sin mitificar a nadie.

En definitiva: es el camino del verdadero diálogo.

Los impuestos

Faus: «Quien quiera ser cristiano, tiene la obligación grave de pagar impuestos»

Dinero
Dinero T. Barbhuiya

«Ahora hablamos de los impuestos directos, no de los indirectos (el IVA): estos segundos son los que habría que rebajar, y son más injustos porque no son progresivos, sino que afectan de igual manera al muy rico y al pobre»

«La enseñanza social de la Iglesia nos dice que cuando una persona tiene cubiertas sus necesidades de manera suficiente y digna, el resto de sus haberes deja de ser suyo»

«Para el cristiano no son impuestos, sino meras devoluciones»

«Hurto no es solo arrebatar lo ajeno, sino también no dar parte de lo propio a otros (San Juan Crisóstomo)»

Por | José Ignacio González Faus

Lo que voy a decir aquí, vale solo para aquellos que se confiesan cristianos. Quienes no lo son, podrán mirar el valor humano de los argumentos o decir cínicamente “qué suerte la mía”. Pero quien quiere ser de veras cristiano, debe saber que tiene obligación grave de pagar impuestos (progresivos, democráticamente aprobados y con posibilidades de controlar el uso que se hace de ellos, por supuesto): porque para el cristiano no son impuestos, sino meras devoluciones. Es obvio que ahora hablamos de los impuestos directos, no de los indirectos (el IVA): estos segundos son los que habría que rebajar, y son más injustos porque no son progresivos, sino que afectan de igual manera al muy rico y al pobre.

En efecto, según la enseñanza cristiana, la propiedad privada no es un derecho sagrado, sino secundario: está al servicio de otro derecho más primario que es el que los bienes de la tierra lleguen a todos los hombres. Cuando impide esto, se convierte en un robo: de ahí la frase de san Juan Crisóstomo tantas veces citada: “el rico es un ladrón o hijo de ladrón”, que viene a ser la conclusión de otras muchas frases como estas, del mismo Crisóstomo: “hurto no es solo arrebatar lo ajeno, sino también no dar parte de lo propio a otros”. O “los ricos tienen lo que pertenece al pobre”; “no dar a los pobres de los bienes propios es robarles y atentar contra su vida”.

Y naturalmente, el robo obliga a restituir para poder ser perdonado. Dejando ahora de lado las conductas personales que esto pueda imponer a cada individuo en particular, a nivel de la sociedad global los llamados impuestos son un camino de practicar esta restituciónSi resultan injustos o mal administrados, no vale como respuesta el negar la moralidad de los impuestos, sino declarar una objeción de conciencia: hace años vivimos el ejemplo (que no cuajó por demasiado minoritario) de gentes que detraían de su obligación fiscal la parte que el gobierno destina a armamentos. Pero no para quedársela ellos, sino para darla a una ONG o a Cáritas o mantenerla en reserva.

Y esta misma es la enseñanza social de la Iglesia: cuando una persona tiene cubiertas sus necesidades de manera suficiente y digna, el resto de sus haberes deja de ser suyo. Por citar un poco a boleo, basta ver la Gaudium et spes (ns. 69-71) del Concilio Vaticano II, la Populorum Progressio (n.22), de Paulo VI o la Sollicitudo rei socialis (n. 42), de Juan Pablo II, o la Evangelii gaudium y la Laudato si’ (93), de Francisco.

Y para que se vea la utilidad de esta enseñanza (por imperfectamente cumplida que esté) puede ser útil el siguiente dato que tomo del número de setiembre de Le Monde Diplomatique en castellano: “en tiempos de la Unión Soviética, la persona más rica lo era 6 veces más que la más pobre; el año 2000 esa proporción pasó a ser de 250.000”. Este dato clama al cielo tanto como la dictadura de Stalin o la invasión de Ucrania. Y es inmoral gritar solo contra aquellas inmoralidades cuya crítica nos favorece a nosotros, y silenciar las otras que nos afectan también a nosotros.

Curiosamente, ahí está también la razón de nuestra derrota ante la amenaza ecológica. La propuesta de Ignacio Ellacuría de una civilización de la sobriedad compartida como única solución para nuestro mundo, no vale solo para el campo social, sino también para el problema ecológico. 

(Nota Bene.- Doy por sentado y comprendo que todo lo dicho irritará sobremanera a algunos lectores que reaccionarán recurriendo al insulto, metiéndose conmigo, con la Compañía de Jesús o con la Iglesia. Acepto todas esas críticas. Solo quisiera sugerir dos cosas a sus autores: a) que el recurso al insulto suele ser una prueba patente de que no se tienen otros argumentos. Y b) que el argumento del “tú más” no sirve para excluir el “pero yo también”: mi pecado no excusa el tuyo y ahora estamos tratando del segundo, no del primero. Del primero se puede hablar en otro momento

Y recuerdo la advertencia anterior: lo aquí dicho va dirigido a quienes se profesan cristianos: porque es enseñanza bíblica fundamental que a Dios hay que servirle como Él quiere ser servido, no como nos gustaría servirle nosotros

La justicia

«La justicia no es solo un imperativo o un moralismo de los profetas, sino también una enseñanza y un consejo de los sabios»

J. I. González Faus

Jesuita. Miembro del Área Teológica de Cristianisme i Justícia. Entre sus obras, cabe mencionar <i>La Humanidad nueva. Ensayo de cristología</i> (1975), <i>Acceso a Jesús</i> (1979), <i>Proyecto de hermano. Visión creyente del hombre</i> (1989) o <i>Vicarios de Cristo: los pobres en la teología y espiritualidad cristianas</i> (2004). Sus últimos libros son <i>El rostro humano de Dios</i>,  <i>Otro mundo es posible… desde Jesús</i> y <i>El amor en tiempos de cólera… económica</i>. Escribe habitualmente en el diario La Vanguardia. Autor de numerosos cuadernos de Cristianisme i Justícia.

En esta entrevista, J. I. González Faus, teólogo y miembro del área teológica de Cristianisme i Justícia, presenta su última publicación, el Cuaderno CJ n. 227, «Los pobres en los libros sapienciales de la Biblia»

Recuperar a Rusia

¿Va por buen camino la guerra de Ucrania?

J.I. González Faus

Rusia no es Putin. Como Alemania no era Hitler y como Israel no es el Likud. Putin es solo algo así como el Likud ruso. Como Netanyahu viene a ser el Putin de Israel: la perversión de una realidad tan grande como el judaísmo

si Putin no es Rusia sino la perversión de lo ruso, es importante para Europa una recuperación de lo ruso, que forma parte de nuestra identidad europea mucho más que Wall Street

Por José Ignacio González Faus

Francisco no se cansa de repetir que la guerra de Ucrania no tiene más salida que sentarsey más fuerte que Ucrania y Occidente se cansará de ir ayudando), lo cual sería desastroso para la misma Ucrania. O bien: una internacionalización de la guerra, lo cual será aún más catastrófico. Y que, además de todos los desastres de rigor, contribuiría a una falsa identificación entre Rusia y Putin.

Y Rusia no es Putin. Como Alemania no era Hitler y como Israel no es el Likud. Putin es solo algo así como el Likud ruso. Como Netanyahu viene a ser el Putin de Israel: la perversión de una realidad tan grande como el judaísmo, al que tanto debe la humanidad, y que en estos momentos está aprovechando el horrible holocausto que sufrió, como título colorado para producir su pequeño holocausto palestino. Y en esto tiene toda la razón Mahmud Abbas, aunque no nos guste reconocerlo, por la mala conciencia latente en Europa por su pasado antisemita.

Se puede objetar a eso que Putin tiene apoyo de la mayoría del pueblo ruso.  Pero este es un dato típico de todas las dictaduras: Hitler tuvo apoyo de la mayoría del pueblo alemán, como lo tiene el Likud del pueblo de Israel y como lo tuvo Franco de la mayoría de los españoles (aunque, en cuanto llegó la transición, resultó que todos eran “demócratas de toda la vida”). ¡Quien lo hubiera dicho antes! Pero ese es un rasgo de la psicología de los pueblos que viene a constituir la “ley de la gravedad” política.

Y volviendo adonde íbamos: si Putin no es Rusia sino la perversión de lo ruso, es importante para Europa una recuperación de lo ruso, que forma parte de nuestra identidad europea, mucho más que Wall Street. Nuestros son, entre otros, Tolstoi y Dostoievski, Boris Pasternak, Rachmaninov y Chaikovski, Alekhine, Navalny (que viene a ser el J. Assange norteamericano), Maria Skobtsov y Svetlana Aleksiévich (al menos por la lengua), Mendelejev y Andréi Sajarov, el autor de esa frase fundamental que no me canso de repetir y que pone en evidencia a Putin: “la intolerancia es la angustia de no tener razón”. Por eso nada hay más intolerante que el talibanismo (que es la perversión de lo religioso) y que El Capital (que es la perversión de lo humano): porque ambos temen o adivinan, allá en el fondo, que no tienen razón.

Rusos son todos esos y otros más. Por eso, lamento decirlo pero yo me siento mucho más ruso que norteamericano. Por eso me duele tanto la actitud ciega del patriarca Kirill que ha confundido la defensa de Rusia con la defensa de lo peor de lo ruso, mostrando una vez más lo ciegos que pueden llegar a ser los nacionalismos absolutizados.

Ya es un poco tarde pero, al menos, miremos de actuar antes de que sea demasiado tarde

¡qué calor hace!

Lo que ya no podemos decir

La batalla ecológica la hemos perdido. Y la hemos perdido por culpa nuestra.

Asistimos a los demoledores incendios que arrasan el sur y a las devastadoras inundaciones que ahogan el norte… La característica típica de nuestra economía (repartir pesimamente lo que hay), se ha traspasado a la tierra con consecuencias desoladoras: en un lado sobra todo lo que falta en el otro.

Por José Ignacio González Faus

Pues sí: a pesar de las temperaturas cuarentonas ya no podemos decir aquello de “¡qué calor!”: porque esa expresión aludía siempre a algo excepcional y pasajero que no forma parte de nuestra normalidad. Ya no podremos hablar de “una ola” o un golpe de calor: porque el calor se ha convertido en nuestro mar y nuestra atmósfera. Por supuesto, cambiarán las cosas porque la naturaleza tiene sus ritmos: Pero cuando volvamos a la situación actual dejemos de pensar en un accidente o una excepción.

Con eso quiero decir simplemente: la batalla ecológica la hemos perdido. Y la hemos perdido por culpa nuestra. Se ha cumplido el aviso de Francisco: “Dios perdona siempre, la naturaleza no perdona nunca”. Porque además, en los meses futuros iremos tomando medidas protectoras que aún dañarán más a la tierra. Y creo que alguna vieja máxima militar decía algo así: cuando las medidas que se toman para defenderse fortifican al adversario, es la señal de una guerra perdida.

Además parece ser que a nuestros políticos todo eso les importa un comino: ellos son el mejor ejemplo de ese inmediatismo de nuestra modernidad que, prometía “para mañana mismo”, convertir la tierra en un cielo, y ha acabado convirtiéndola en un infierno. Esa obsesión por lo inmediato nos ha configurado: y hace que a los políticos solo les importe mantenerse en el poder o llegar a él cuanto antes.

Y así, por un lado se toman por fin unas medidas (muy razonables por otra parte), pero solo cuando hay un bache en las encuestas. Y por el otro se dice que esas medidas no se han tomado para ayudar al pueblo sino para comprar “los votos de los etarras”; un juicio bastante sorprendente en quienes a veces presumen de católicos: porque pretende conocer no solo los hechos y las palabras, sino las intenciones y el corazón del otro. Y si algo repiten los evangelios y el nuevo testamento es que los corazones humanos solo son accesibles a Dios que es el único que puede conocerlos. Estamos pues como en aquel pasaje del evangelio en el que sus enemigos decían de Jesús que expulsaba demonios “en nombre del príncipe de los demonios”. No me parece la manera más ética de hacer política.

Pero volvamos al drama ecológico: estos días asistimos a los demoledores incendios que arrasan el sur y a las devastadoras inundaciones que ahogan el norte. En el sur, el antiguo gesto de aplaudir por las tardes a los sanitarios, debería continuarse ahora con los bomberos: alguno de ellos ya ha pagado con su vida, mientras nosotros aún podemos decir: “¡qué calor!”. La característica típica de nuestra economía (repartir pesimamente lo que hay), se ha traspasado a la tierra con consecuencias desoladoras: en un lado sobra todo lo que falta en el otro. España y Portugal formarán parte climática de África dentro de poco.

La tierra tiene cáncer: no se lo estábamos tratando bien porque ya sabemos que las terapias anticáncer son muy sacrificadas. Pero ahora, al revés: vamos a aplicarle medidas más cancerígenas, porque la necesidad de salir del frío o del calor es inmediata, mientras que la venganza de la naturaleza solo llega a largo plazo. Y todos llevamos dentro un pequeño tenorio acostumbrado a argumentar diciendo: “qué largo me lo fiais”.

Políticas terapéuticas que parece que aliviarían a la tierra (y a nuestro sufrimiento futuro) no son económicamente aconsejables: la obsesión por una plantada masiva y constante de árboles y de placas solares para energías renovables, suena a bello ideal: pero rinde mucho menos que una construcción de apartamentos en algún lugar de la costa (si es que queda aún algún espacio aprovechable): “comamos y bebamos que mañana moriremos”. O construyamos y cobremos, que mañana moriremos también.

Y, aunque hemos criticado a los políticos, es también claro que la culpa no es solo de ellos sino nuestra y bien nuestra. Y que si una formación o grupo o partido intentara implantar unas políticas ecológicas radicales, perdería las siguientes elecciones con gran regocijo de la oposición. Quedan solo esos grupos minoritarios bien intencionados que intentan hacer todo lo que pueden, invitándonos a los demás a seguirles: porque la vida está tan llena de milagros como de crímenes y siempre queda esa vaga esperanza de: quién sabe…

 Yo ya no lo veré y no sé qué es lo que podrán hacer (aunque temo que poco). Pero quedaría al menos el detalle de que después de los sanitarios (y de los bomberos) fuesen ellos los que reciben en aplauso desde los balcones al anochecer. Y la posibilidad de preguntarse si cuando Jesús hablaba de un fin del mundo calamitoso, en contraste con lo que había sido su primer lenguaje (cf. Mc 13, Lc 21 y Mat 24), no estaba dándonos un aviso.

Pero ya, con estos calores, ¿qué más da?

Contra la violencia machista

Basta ya!

¡Basta ya! de violencia de género
¡Basta ya! de violencia de género

Pensando en todas aquellas mujeres que serán noticia por asesinadas en los próximos días

1.- Llamar a las cosas por su nombre

2.- Nuestro mundo de hoy

3.- Abordaje religioso

4.- Abordaje laico

5.- Reconocer y tratar la propia fragilidad

6.- Dos peticiones

7.- El verdadero problema humano

Por José I. González Faus

De las 17 puñaladas que le dio en Parla a una chavala de 19 años, la bestia de su pareja sexual, una al menos se me ha clavado a mí y duele mucho. Podría ser mi nieta, ¡con toda la vida por delante! Es como para que se te salten las lágrimas. Y encima se fue acompañada por otra mujer de 50 años en Dos Hermanas…

Al ritmo aproximado de un crimen de estos por semana, estoy pensando en otra chavala que en estos momentos quizá se pregunta si el chico que a ella le atrae la encontrará guapa, y no sabe que dentro de unas semanas o meses será una nueva víctima de violencia machista. Estoy pensando en la mujer que ahora quizás va a la compra mientras evoca su difícil situación de pareja, y no sabe que dentro de unos días o semanas, ella será noticia como nueva víctima de violencia sexual.

Pensando en el señor que ahora quizá juega una partida de dominó en el bar, mientras despotrica contra su mujer y, dentro de un tiempito, será noticia como nuevo asesino machista… Estoy pensando en todos esos adolescentes que ahora consumen pornografía a diario por internet y no saben que eso los prepara para ser asesinos sexuales dentro de unos años: porque creen que las mujeres reales son como las que aparecen en esos videos-porno. Pensando en esos y otros parecidos que ahora quizás no lo saben, pero pronto serán nuevos casos. Pensando en lo que me han dicho dos mujeres que fueron maltratadas: “no sabes lo que significa que las mismas manos que te habían acariciado, te abofeteen un día” (te apuñalen, habría que decir hoy).

Machismo

No lo sé, desde luego. Pero me lleva a pensar que hay que hacer algo más que ese recurso tranquilo al 016 que muchas mujeres no se atreven a utilizar porque es como reconocerse fracasadas como mujeres en su tarea de conquistar a un hombre. Como si los gobiernos quisieran quitarse de encima el problema en vez de intentar resolverlo. Estas líneas solo intentan pedir que afrontemos más seriamente el problema.

1. Llamar a las cosas por su nombre. – Para empezar, hay que hablar de violencia sexual: dije otra vez que si fuera violencia “de género” el asesino mataría a todas las mujeres posibles y no solo a la suya propia. Hay que reconocer después que tenemos un problema no resuelto en nuestra concepción de la sexualidad. Hay que reconocer que la sexualidad tiene, a la vez, algo de divino y algo de diabólico: puede ser la sexualidad del Cantar de los cantares, y puede ser la sexualidad del marqués de Sade (con mala pluma) o de Henry Miller (con magnífica pluma, pero que no llama a sus parejas Mary o Jane sino “el coño Mary” y “el coño Jane”… 

2. Nuestro mundo.- Ampliando un poco el ámbito de reflexión, creo que estamos en el fin de un proceso cultural que comenzó negando a Dios y sus leyes (con una aparente sensación de gran libertad), pero seguía sometido a la naturaleza y sus leyes. El siguiente paso fue negar la existencia, no de Dios, sino de la naturaleza y sus leyes: todo es solo cultura y, como decía el primer Sartre, “la existencia precede a la esencia”. Que luego Sartre modificara eso descubriendo la ética, mejor dejarlo estar ahora.

Y sin Dios ni naturaleza, el resultado ha sido una egolatría no ya tácita sino explícita: un robustecimiento de nuestra tendencia egolátrica (más vieja que Buda) que antes intentábamos camuflar hablando de todos los otros; pero ya nos dijo Sartre también que los otros pueden ser “el infierno”. El resultado de ese proceso pseudoliberador ha sido que, donde antes se decía que la naturaleza nos da un placer para que actuemos (alimentándonos o reproduciéndonos o fortaleciéndonos), ahora hablamos simplemente de que tenemos un “derecho al placer” sin otra finalidad. No comemos para vivir sino que vivimos para comer (y, paradójicamente, eso nos mata antes).

Mujeres
Mujeres

3. Abordaje religioso.- Volviendo a nuestro tema, las religiones han tendido a abordar el problema sexual desde el reconocimiento de una evidente fragilidad humana ante el sexo. Ese reconocimiento pudo llevar a soluciones muy discutibles (desde el infierno hasta el burka), olvidando que el miedo puede aquí muy poco: san Agustín ya decía que si alguien guarda castidad por miedo al infierno, ese no es casto sino cobarde. Y aquella espléndida Fortunata de Pérez Galdós “se conformaba con ir al infierno” con tal de no perder a su delfín[1].

Galdós conocía mejor al ser humano que muchos eclesiásticos mal formados y que muchos políticos de hoy: ni el infierno, ni la sífilis, ni el SIDA sirven en algunos casos para frenarnos. A lo más actúan como un freno de mano con el que bien o mal seguimos circulando hasta quemarlo. ¿Cómo es posible, mi querido Manuel, hijo mío, que después de dos años de cárcel, cuando habías logrado una satisfactoria situación laboral, en la que te encontrabas tan bien, con buen sueldo y apreciado, mandes todo eso al carajo y te expongas a varios años de cárcel por volver a cometer abusos con una niña? ¡Y encima sabiendo que tu pobre madre no tiene más ingresos que los tuyos!

Pero así somos de frágiles[2]. Algunos machos violentos prefieren ir a la cárcel (o matarse) antes que no saciar su posesividad ególatra y patológica. En este contexto egolátrico, no cabe olvidar ese detalle de que, en la violencia sexual, el asesino acaba muchas veces suicidándose o entregándose él a la policía. Eso revela un grado de dependencia inaudito y patológico: “la maté porque era mía”, que cantaban antaño…

4. Abordaje laico. – Si las religiones reconocen la fragilidad humana (aunque no la resuelvan bien), nuestra querida modernidad laica optó por negar esa fragilidad: somos muy normales y la única condición para el sexo es que el otro acepte. No se dieron cuenta de que nuestra fragilidad puede llevarnos hasta a prescindir de esa condición. Después intentamos arreglar eso con aquello de que “sí es sí”: una solución digna de aquellos doctores de “El rey que rabió”[3]. Porque el problema no está en distinguir el sí del no, sino en distinguir el verdadero sí de otros muchos sís inauténticos. Y eso es muy difícil, precisamente por nuestra fragilidad.

5. Tratar la propia fragilidad. – Comencemos pues por reconocer la seriedad del problema y nuestra fragilidad. Fragilidad más bien física en el varón y afectiva en la mujer, por lo general, pero fragilidad que crea dependencia. Recordemos entonces que Pablo de Tarso afirma que cuando alguien reconoce su fragilidad (hasta clamar aquello de: “desgraciado de mí ¿quién me librará…?”), la respuesta es que “no hay ninguna condena”[4]. Recordemos la observación de muchos sabios antiguos: una victoria desde nuestra fragilidad (incluso aunque pueda ir acompañada de algún tropezón), vale más que muchas “buenas conductas” de quienes viven una temporada sin problemas. Sepamos que hay gente que ha conseguido lidiar con ese toro que todos llevamos dentro, y que los modelos son hoy mucho más eficaces que las ideas.

Rebeldes de género
Rebeldes de género

6. Dos peticiones.- Reconocido todo eso, me atrevo también a pedir dos cosas: a las feministas que, dado que los políticos no van a resolver esta peste, se pongan ellas a tratar al menos de aliviarla, no limitándose a lanzar excomuniones contra los machos (que, por merecidas que sean, solo sirven para engrandecerse), sino poniéndose a estudiar el problema, detectar sus causas últimas, analizar casos y personas concretas…, que es como la ciencia humana resuelve los problemas humanos[5].

Me atrevo también a remitir a una autora “neutral”: hace tiempo que pensé en la oportunidad de una buena tesis doctoral (que podría servir tanto para psicología como para moral) sobre la sexualidad en el diario completo de Etty Hillesum[6]. Además de su gran capacidad de introspección y de formulación, aquella muchacha tenía la extraña virtud de decirse a sí misma claramente lo que nosotros preferimos pasar de largo y mirando a otro lado[7].

7. El problema humano.- Pero conviene que sepamos también que el problema último está más allá de la religión y más allá de la naturaleza. Está en nosotros mismos los humanos, que hemos de recibir gratuitamente aquello que más necesitamos para ser humanos. Y eso, o nos lleva a Dios, o a la buena suerte, o a una de estas dos variantes de una frase clásica: “dime que me quieres aunque sea mentira” (Monserrat Roig). O: “finge que te importo; es cuanto necesito” dicho además a una prostituta por Jeremy Irons (en La casa de los espíritus).

El problema está pues en que, ante esa dura realidad de nuestra situación, preferimos optar por la mentira. Si luego esa mentira social, trae algunos crímenes particulares, ¿qué le vamos a hacer?

Pues no: ¡Basta ya! Hagamos algo más.

Violencia de género

[1] La comenté hace ya casi 30 años en un viejo folleto titulado: Sexo, verdades y discurso eclesiástico, (parodia del título de otra vieja película: Sexo, mentiras y cintas de video).

[2] Y al menos, todos los moralistas del miedo, deberían recordar que hace ya casi un siglo un tal cardenal Billot (quizás equivoco su nombre) solía decir que si tomamos en serio la noción de “pecado mortal” y la fragilidad humana, “en París cada noche solo se cometen uno o dos pecados mortales”. Dejemos el sentido del humor y pensemos que las metas y los ideales dan muchas más fuerza que las meras amenazas.

[3] En aquel dictamen final de doctores sapientísimos: “el perro está rabioso, o no lo está”.

[4] Cf. Romanos 7,24-8,1.

[5] Acabado este artículo salgo a caminar un poco por mi querido sant Cugat y, buscando la sombra, me encuentro en un rincón un letrero que dice en catalán: “deposita aquí tu machismo”. Dudo de que ese gesto disminuya ni un uno por mil de machismo, aunque supongo que sirvió para que sus autoras se sintieran superiores. Y dada la importancia que tiene el feminismo como signo de los tiempos y promesa de futuro, me atrevo a añadir que la división que se constató con dolor el pasado 8M entre las feministas, se debe en buena parte a esto: unas buscan que las mujeres que más sufren dejen de sufrir. Otras parecen buscar que las mujeres que de hecho y de derecho sufren menos, tengan más poder. Atención pues.

[6] Acaba de aparecer en castellano: Etty Hillesum Obras completas (ed. Fonte, 2020, preparada por el director de la Fundación «Etty Hillesum en España») y que contiene el diario completo y no la edición recortada que con tanto éxito había circulado entre nosotros. Me permito recomendarlo mucho por varias razones. Pero mi consejo desanimará porque es un volumen de casi 1500 páginas. Pero aviso: el diario solo ocupa las dos terceras partes del volumen: las otras son cartas y textos menos importantes. Son además páginas de tamaño menor al habitual (17 x 12 cms.). Y además el diario está plagado de largas notas al pie que pueden saltarse todas porque son informaciones de tipo más académico que personal. A pesar de todo, intuyo que la tesis doctoral (o el estudio) que recomiendo, no será una tarea fácil.

[7] Un único ejemplo entre cientos: “Por un lado me gustaría hacer de mi vida un todo fuerte, puro y pleno; por otro lado podría irme a la cama con el primer hombre que se cruzara en mi camino… Sé que mañana me maquillaré y me vestiré lo más seductora posible y luego le diré que solo quiero una amistad pura y decente. Y mientras se lo digo, con pleno convencimiento además, anhelaré que me estreche con fuerza entre sus brazos. Así es como me siento ahora” (25, marzo 1941; p, 113)

La sinodalidad

«La sinodalidad no es una excursión de un grupo sino un caminar de todos»

¿Entre gálatas y corintios? A propósito de las noticias sobre la Iglesia alemana

El Sínodo es una forma de mantener vivo el espíritu de colegialidad que nació del Concilio
El Sínodo es una forma de mantener vivo el espíritu de colegialidad que nació del Concilio

Tras el Vaticano II hubo una serie de reacciones desaforadas, precipitadas o egoístas que dieron argumentos a los enemigos del Concilio y contribuyeron a retrasar su aceptación

El miedo (no cristiano) de las derechas y la impaciencia (poco cristiana) de las izquierdas son dos grandes causas que dificultan el buen funcionamiento de la historia. Ojalá eso no se repita hoy con la línea de Francisco

Yo siento que, en España, un amplio sector supuestamente católico, no acaba de aceptar ni el Vaticano II ni la vuelta al Evangelio del pontificado de Francisco, sobre todo en buena parte de su clero diocesano más joven y de algunos obispos

Por José I. González Faus

La intervención de Roma en el llamado camino sinodal alemán me hizo temer que hubiera allí algún desvío. Por otro lado, en estos casos desconfío siempre de los medios de comunicación: porque no les interesa la verdad sino la audiencia. Y la audiencia se consigue con asuntos de cama y peleas (ahí está ese bochornoso programa “Corazón” de nuestra TVE 1). Un amigo jesuita alemán me habló claramente de “tergiversaciones” y eso ya me tranquilizó. El camino sinodal alemán había nacido como intento de respuesta al drama de los abusos y hubiese sido una pena que eso se desvirtuara.

Esos días de dudas que pasé me han servido para una reflexión sobre los peligros que amenazan a la Iglesia y que luego encontré ya formulados en el Nuevo Testamento. Los llamaré: la tentación de Galacia y la de Corinto. Yo siento que, en España, un amplio sector supuestamente católico, no acaba de aceptar ni el Vaticano II ni la vuelta al Evangelio del pontificado de Francisco, sobre todo en buena parte de su clero diocesano más joven y de algunos obispos. Suelo comparar a ese sector con aquellos que en Galacia combatían la predicación de Pablo y les aplico las palabras del Apóstol a los gálatas: “si alguien (aunque sea un ángel) os anuncia otro evangelio, sea anatema”.

Sinodalidad
Sinodalidad

Esta tentación de Galacia me hizo pensar que las acusaciones de algunos contra el camino sinodal alemán (prescindiendo ahora de su verdad) podían evocar una situación de cierta impaciencia o ligereza como la que se daba en los cristianos de Corinto, cuando Pablo se sintió llamado a escribirles: “ante vosotros no quiero saber nada más que a Cristo y este crucificado”. La afirmación es unilateral: Pablo en otros momentos sabe más cosas. Pero ante los corintios recurre deliberadamente a esa unilateralidad para añadir que el Libertador en que creemos es “locura para los sabios y escándalo para los hombres religiosos” (1 Cor 1, 23). Es importante por eso que nuestro proceder y la impresión que damos sea siempre aquella que tan bién definió D. Bonhoeffer: “estar con Dios en su pasión”.

Evoquemos aquí esa palabra tan de moda: la sinodalidad[1]. Que la sinodalidad marca el camino de la Iglesia es algo de lo que no puede caber duda. Pero, usando el lenguaje de Jesús, habría que añadir que la sinodalidad es una senda estrecha y empinada y no una autopista de varios carriles. Pues la sinodalidad alude a la totalidad de la Iglesia: no es una excursión de un grupo sino un caminar de todos. Y no cabe que un grupo reducido (por valioso que sea) se identifique con ella, como cuando Pío IX dijo: “la Tradición soy yo” (y antes Luis XIV: “el estado soy yo”). La sinodalidad somos todos.

La Iglesia debe salir de su armario
La Iglesia debe salir de su armario

Ahí podría estar el contenido de la acusación que algunos han lanzado contra el camino alemán. Por discutible que sea la acusación, creo que sirve para esa otra reflexión más amplia sobre los peligros que pueden amenazar a la Iglesia. Y quiero rescatar esa acusación porque el mayor peligro para las reformas de Francisco no lo veo en la ceguera de los que intentan pisar el freno como sea, sino en la otra de quienes se empeñasen en apretar el acelerador a toda costa y por su cuenta. Y creo que ese mismo daño se lo hicieron algunos al Vaticano II, dando argumentos a todos los enemigos del Concilio. Permitidme contar un viejo recuerdo.

Hacia 1965 coincidí en Roma con Henri de Lubac (yo pobre alumno del Instituto Bíblico –tan denostado entonces- y él perito conciliar): algunos estudiantes salíamos con él luego del almuerzo de mediodía a tomar un café en un bar muy cercano a la Via del Seminario. Recuerdo cómo le gustaba a De Lubac el “capuccino”. Y recuerdo sobre todo con qué entusiasmo nos hablaba de las sesiones conciliares y de la constitución Dei Verbum a punto ya de aparecer. Por eso me dolió y me sorprendió que, poco después de terminado el Vaticano II, el mismo De Lubac levantara con dureza su voz contra determinadas explicaciones (o explotaciones) irresponsables que algunos católicos estaban dando de la apertura conciliar: como aquellos cristianos de Corinto que pretendían que “ya hemos resucitado” y que, por consiguiente, ya no había frenos para los deseos humanos.

Logo del Sínodo 2021-2023, 'Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión'
Logo del Sínodo 2021-2023, ‘Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’

Yo sufrí desolado aquella reacción de De Lubac (y alguna otra parecida) como un descrédito del Vaticano II al que los jóvenes de entonces intentábamos activar a toda costa. Y recordé una anécdota de la historia de mi país: cuando en 1931 después de tantas voces y tantos deseos llegó por fin la república, al poco tiempo comenzaron a aparecer voces de intelectuales autorizados que clamaban: “no es eso, no es eso”…

Volviendo al Vaticano II, entonces parece que sí hubo algo de verdad en aquella reacción: quienes tengan mi edad recordarán la cascada de salidas de seminarios y de vocaciones abandonadas en aquellos primeros años posconciliares… (Algún caso he podido acompañarlo yo, años después, en su vuelta a la fe o a la práctica cristiana). Aquella reacción irresponsable contribuyó a fortificar las fuerzas hostiles al Concilio y ha retardado su asimilación y su digestión plena por el cuerpo eclesial. Y no sé si pudo contribuir a que, muy poco después, se produjera el error de la Humanae Vitae, contraria a la opinión de la gran mayoría de la comisión convocada, y debida al miedo que infundieron en Pablo VI los conservadores. Y que el entonces cardenal Luciani trató de evitar a toda cosa (y solo por eso ya merece ser beatificado).

Desde un punto de vista psicológico es tópico recurrir a la imagen de las aguas represadas a las que no se les fue dando salida y que cuando se desbordan provocan una inundación. Desde un punto de vista histórico yo aprendí entonces la lección que he citado en otro sitio: que el miedo (no cristiano) de las derechas y la impaciencia (poco cristiana) de las izquierdas son dos grandes causas que dificultan el buen funcionamiento de la historia. Ojalá eso no se repita hoy con la línea de Francisco: pues por mucho que se diga que “la historia es maestra de la vida”, parece evidente que los hombres no solemos aprender sus lecciones.

El Camino Sinodal alemán, por el celibato opcional y los ministerios para la mujer
El Camino Sinodal alemán, por el celibato opcional y los ministerios para la mujer

Tranquiliza saber que los problemas y dificultades de la Iglesia no son nuevos sino muy viejos, como sugerían las anteriores alusiones a la época neotestamentaria. Por eso puede ser útil evocar también la vía de solución que se dio entonces para mantener la unidad en medio de las divisiones, y que Pablo asegura haber cumplido plenamente: “acordarse de los pobres” (Gal 2, 10). Esa atención primaria a los pobres puede ser una fuente de paciencia. Nos ofrece además el verdadero fundamento de algunas reivindicaciones (celibato opcional, ministerio de la mujer[2]…): que no broten de un mero afán burgués individual, sino de la necesidad de que todo el pueblo de Dios pueda tener acceso a la eucaristía a la que tiene pleno derecho.

Recordemos una frase de las que más me impresionaron del diario de Etty Hillesum: “cuando dejo de sentirme pura por dentro no puedo abrirme a los demás” (14 enero 1942). Así no se oscurecerá el anuncio jesuánico del reinado de Dios: el de la libertad de hijos y la fraternidad de hermanos.

——— 

[1] Traté un poquito más el tema en: “Sinodalidad eclesial (importancia, problemas, sugerencias)”, en Razón y Fe. n. 1454 (noviembre-diciembre 2021), pgs. 335-43.

[2] Por cierto, en este punto queda una pregunta para los que analizan documentos papales: tras haber leído el último sobre la liturgia me quedé con la impresión de que Francisco, al referirse a los curas, nunca usa la palabra “sacerdotes”: habla de presbíteros, de ministerio eclesial… pero, no sé si deliberadamente, parece rehuir el vocabulario sacerdotal en este campo concreto. Si es así, esta podría ser una de esas revoluciones secretas (y tan evangélicas) que Francisco deja ahí, para que fructifiquen algún día. No lo sé: el amigo Jesús Martínez, buen analista, tiene aquí una sugerencia

La teología, a debate en los XXXVIII Jueves de RD

Faus: “La teología tiene futuro, pero ahora está dormida”

Rafael Luciani, José Ignacio González Faus y Jesús Bastante
Rafael Luciani, José Ignacio González Faus y Jesús Bastante

¿Cuál es la misión de los teólogos y teólogas en la Iglesia del siglo XXI? ¿Cuál es el papel de la teología en la vida de la Iglesia y su aportación al mundo? ¿Cuál es el papel de la mujer en la teología? Estas y otras cuestiones vertebraron los XXXVIII Jueves de RD

Rafael Luciani: “Hoy la Iglesia está tomando decisiones por presiones de la sociedad y no por decisión propia, y esto es muy interesante, porque significa que tiene que saber escuchar a la sociedad aunque no sea católica. Es el caso de los abusos, como en España, donde la sociedad reclamó y la Iglesia tuvo que reconocerlos”

González Faus: “En la sinodalidad, una cosa es esperar a los que no llegan, y otra esperar porque la Iglesia no entiende al mundo. Ese retraso, a Juan Pablo II le costó 200 años decir que la libertad, la igualdad y la fraternidad eran palabras cristianas”

Martínez Gordo: “El Camino Sinodal alemán creo que va a marcar el futuro de la Iglesia en buena parte del siglo XXI, sobre todo en lo que tiene que ver con el poder y control del poder en la Iglesia”

Por José Lorenzo

¿Tiene futuro la teología? ¿Cuál es la misión de los teólogos y teólogas en la Iglesia del siglo XXI? ¿Cuál es el papel de la teología en la vida de la Iglesia y su aportación al mundo? ¿Cuál es el papel de la mujer en la teología? ¿Hay nuevos autores trabajando en esta disciplina? Estas y otras cuestiones vertebraron los XXXVIII Jueves de RD, con las aportaciones de destacados especialistas, moderados por Jesús Bastante, redactor jefe de RD, y cuyo diagnóstico, sin ser optimista, tampoco acaba de enterrar una disciplina a la que se le pide que se encarne y no se encastille.

Abrió el debate, salpicado por distintas aportaciones para el debate, José Ignacio González Faus quien señaló que a sus 88 años, “la teología sirve para entretener a alguien como yo”, y puso, como quien no quiere la cosa, el dedo en la llaga al dejar caer que “la teología depende mucho de la calidad espiritual interior de quien la hace”.

Aunque mucha gente “cree que no sirve para nada”, añadió, el futuro de la teología “depende de que los teólogos sepamos comunicar algo antropológico, sobre el hombre, sobre la situación en que esta ahora”, aunque, dado que “han desaparecido los grandes teólogos, también los religiosos, y los laicos, aunque los hay, no acaban de aparecer”, consideró “la teología tiene futuro, pero quizás está dormida ahora”

“Una pasión inútil o esperanzada”

“Una teología -prosiguió el teólogo jesuita- que estudia porque cree, porque de Dios no podemos decir nada de sobre cómo es, solo que es amor, una comunicación infinita, que le da a la realidad un sentido, y por eso la teología tiene que desentrañar el sentido, la pregunta a la que ha de responder la teología hoy es esa, si somos una pasión inútil o una pasión esperanzada”

Rafael Luciani también extrañó a los grandes referentes de la teología con los que estudiaba extraño los grandes referentes con los que estudiaba, pero apuntó el reto actual de “buscan entrar en temas más amplios, de articular la vida cotidiana de donde nace la teología y el contexto desde dónde se hace”, pues varía de entre países y continentes».

“Como laico -advirtió-, veo mucha fragmentación, una gran ausencia en instituciones eclesiales por favorecer y promover al laicado en el ámbito teológico, y cuando se forman, no encuentran trabajo, y ese es también otro reto, porque hay muchos laicos y laicas que estudian la teología, pero luego no encuentran dónde poder desarrollarse

Recordó el profesor y teólogo que él ni siquiera podía estudiar teología en su país, y puso de relieve que, cuando se consigue hacer y termina la formación, resulta que no logran de ella “un sustento económico para vivir”, aunque señaló que en su caso “yo vivió la teología como un servicio que me humaniza”

Una teología encerrada en sí misma

Lamentó Faus el hecho de que, en su opinión, “cada teología se está encerrando mucho en sí misma, en cada tierra parece que ya no se lee lo de los demás, es algo que se está perdiendo, por lo que sería bueno que los teólogos mantuviéramos el contacto entre nosotros”.

Coincidió Luciania en que “el localismo se está viendo cada vez más, perdiéndose el aprendizaje de otras realidades y contextos”, aunque ve “algo bonito que está emergiendo, el trabajo en redes entre teólogos, continentales e intercontinentales, lo que ayuda a salir del ego en que se encierran”, por lo que consideró que “la única manera de salir es integrar disciplinas distintas en redes de distintos países”.

“Esto puede tener que ver con algo característico de nuestra época: en vez de un Karl Rahner, hay cinco o seis figuras, ojalá que con las redes sociales se pueda logra lo que dice Rafael”, concedió Faus.

La primnea de las aportaciones al debate “a dos” vino por parte de Jesús Martínez Gordo. El teólogo. Sacerdote vasco no dejó indiferente con una reflexión que era una carga de profundidad. En realidad, cuatro, como las pistas que ofreció: “La teología tiene que abordar la presencia de los cristianos en el mundo; abordar el tema de la relación entre la eucaristía y la espiritualidad con carne, como yo la llamo; la dimensión del anuncio y la evangelización, porque es importante que la teología aborde la relación entre la riqueza de carismas en la Iglesia y la legitimidad de opciones, es decir, quiénes son los preferidos y las razones, contrastadas por el Evangelio, porque no todo vale; y en la organización de la comunidad cristiana, yo seguiría muy de cerca el Camino Sinodal alemán, que creo que va a marcar el futuro de la Iglesia en buena parte del siglo XXI, sobre todo en lo que tiene que ver con el poder y control del poder en la Iglesia”.

Coinició Luciani en que el Camino Sinodal alemán está desarrollando temas que se están planteando, “por ejemplo en América Latina, con el tema de los nuevos ministerios, y en Alemania desde los años 80 tienen laicos coordinando parroquias, lo que significa que las Iglesia locales también marcan la teología que se hace, es una eclesiología que hemos recuperado del Concilio y que se había perdido por el universalismo”.

Faus también cree que “el camino de la Iglesia es la sinodalidad, pero me da un poco de miedo, porque caminar juntos no es posible, unos van delante y otros más atrasados, por eso la sinodalidad tiene la responsabilidad de recoger a los últimos, tiene que suponer paciencia para que podamos caminar todos, porque una cosa es esperar a los que no llegan, y otra esperar porque la Iglesia no entiende al mundo. Ese retraso, a Juan Pablo II le costó 200 años decir que la libertad, la igualdad y la fraternidad eran palabras cristianas”.

Para Luciani, “la sinodalidad llevará una generación, es una cultura lenta, pero humanizadora, y donde tenemos que aprender a reconocer los disensos y los consensos, es un aprendizaje para la Iglesia actual, si no hay una conversación, las decisiones seguirán tomándose con la mentalidad de pontificados anteriores”.

En este sentido, valoró el hecho de que “hoy la Iglesia está tomando decisiones por presiones de la sociedad y no por decisión propia, y esto es muy interesante, porque significa que tiene que saber escuchar a la sociedad, aunque no sea católica. Es el caso de los abusos, como en España, donde la sociedad reclamó y la Iglesia tuvo que reconocerlos”.

En la intervención de Sara Nocetti la teóloga italiana, reivindicó una “presencia creciente de los laicos, su modo de hacer teología es aportar el lenguaje  y categorías de nuestro tiempo, la experiencia de ser creyentes laicos profundamente arraigados en el mundo de hoy, lo que abre a la teología un enfoque sapiencial y narrativo de la praxis”.

Desde una perspectiva feminista, “las teólogas -añadió- se preguntan cómo deconstruir un enfoque jerárquico, que es lo contario de una Iglesia sinodal y participativa, y cómo pensar a Dios más allá de las categorías simbólicas masculinas”, mostrando su deseo de que “la teología fuese un espacio crítico ante todos los poderes del mundo”.

La participación de Xabier Pikaza tampoco dejó indiferentes, lo que se tradujo también en un interesante debate en el chat habilitado. “He dedicado 60 años a la teología -arrancó el teólogo vasco-, pero estoy confuso, alegre por esa dedicación, pero con la sensación de haber avanzado poco. A partir del Vaticano II, la teología ha quedado desfasada, muerta, al servicio del adoctrinamiento y de una Iglesia que no es la nuestra ni la del Evangelio; por eso hay que volver a ras de tierra, de la vida, al camino que hizo Jesús, volver al principio de la Iglesia, una teología que pueda ser escuchada, hablada, vivida en este mundo, sobre todo en Occidente”

“Queremos imponer en algunas escuelas nuestra forma de entender el cristianismo y todo eso se queda vacío, por lo que creo que debemos empezar de nuevo, con una teología comprensible para el conjunto de la gente”, señaló el teólogo, que confesó al respecto que “no soy muy optimista, nada optimista”.

Tiempo para hablar de Jesús 

 “Las cosas tardan años en crecer”, quiso animar José Ignacio González Faus, quien reconoció que “lo que nos puede unir es Jesús” y lamentó, a esas alturas del debate, que “nos ha faltado tiempo para hablar de Jesús”.

Luciani, por su parte, incidió en la importancia de las deformas como las que ha emprendido el papa Francisco. “El Vaticano II nos dio el horizonte pero nosotros tenemos que pensar esta reforma, en este camino de sinodalidad vemos que a veces el primer obstáculo es el párroco o el seminario, que no quiere abrir la puerta a estos temas, y la teología tiene que hacer un aporte a estas instituciones, planteando proyectos concretos de ministerialidad”.

“La teología -prosiguió el teólogo laico- se conecta con cambios concretos, gracias a la reflexión teológica. Hoy en día, cuando Francisco hace la reforma de la Curia, tenemos laicos y laicas donde hace seis meses tenía que estar un obispo, es decir, la teología reflexionando tiene una incidencia en lo práctico siempre, la teología si es teología tiene que tener un impacto den la realidad”.

El intenso debate finalizó con la intervención de la teóloga Pepa Torres,  quien reconoció que “vivimos tiempos difíciles para la teología, pero también de oportunidades”, y aseguró esta disciplina tiene mucho que ver con la cocina, “porque un teólogo o teóloga no puede estar al margen y atención de lo concreto, no se puede ser solo teólogo, sino ciudadano y ciudadana, servidores y servidoras en la mesa del Reino, la teología tiene que ser experta en hacer y hacerse preguntas incómodas, preguntarse qué nos duele a los teólogos y teólogas”.

Los Jueves de RD son posibles gracias al patrocinio de Instituciones Religiosas del Banco Sabadell y el apoyo técnico de Católicos en Red.