¡qué calor hace!

Lo que ya no podemos decir

La batalla ecológica la hemos perdido. Y la hemos perdido por culpa nuestra.

Asistimos a los demoledores incendios que arrasan el sur y a las devastadoras inundaciones que ahogan el norte… La característica típica de nuestra economía (repartir pesimamente lo que hay), se ha traspasado a la tierra con consecuencias desoladoras: en un lado sobra todo lo que falta en el otro.

Por José Ignacio González Faus

Pues sí: a pesar de las temperaturas cuarentonas ya no podemos decir aquello de “¡qué calor!”: porque esa expresión aludía siempre a algo excepcional y pasajero que no forma parte de nuestra normalidad. Ya no podremos hablar de “una ola” o un golpe de calor: porque el calor se ha convertido en nuestro mar y nuestra atmósfera. Por supuesto, cambiarán las cosas porque la naturaleza tiene sus ritmos: Pero cuando volvamos a la situación actual dejemos de pensar en un accidente o una excepción.

Con eso quiero decir simplemente: la batalla ecológica la hemos perdido. Y la hemos perdido por culpa nuestra. Se ha cumplido el aviso de Francisco: “Dios perdona siempre, la naturaleza no perdona nunca”. Porque además, en los meses futuros iremos tomando medidas protectoras que aún dañarán más a la tierra. Y creo que alguna vieja máxima militar decía algo así: cuando las medidas que se toman para defenderse fortifican al adversario, es la señal de una guerra perdida.

Además parece ser que a nuestros políticos todo eso les importa un comino: ellos son el mejor ejemplo de ese inmediatismo de nuestra modernidad que, prometía “para mañana mismo”, convertir la tierra en un cielo, y ha acabado convirtiéndola en un infierno. Esa obsesión por lo inmediato nos ha configurado: y hace que a los políticos solo les importe mantenerse en el poder o llegar a él cuanto antes.

Y así, por un lado se toman por fin unas medidas (muy razonables por otra parte), pero solo cuando hay un bache en las encuestas. Y por el otro se dice que esas medidas no se han tomado para ayudar al pueblo sino para comprar “los votos de los etarras”; un juicio bastante sorprendente en quienes a veces presumen de católicos: porque pretende conocer no solo los hechos y las palabras, sino las intenciones y el corazón del otro. Y si algo repiten los evangelios y el nuevo testamento es que los corazones humanos solo son accesibles a Dios que es el único que puede conocerlos. Estamos pues como en aquel pasaje del evangelio en el que sus enemigos decían de Jesús que expulsaba demonios “en nombre del príncipe de los demonios”. No me parece la manera más ética de hacer política.

Pero volvamos al drama ecológico: estos días asistimos a los demoledores incendios que arrasan el sur y a las devastadoras inundaciones que ahogan el norte. En el sur, el antiguo gesto de aplaudir por las tardes a los sanitarios, debería continuarse ahora con los bomberos: alguno de ellos ya ha pagado con su vida, mientras nosotros aún podemos decir: “¡qué calor!”. La característica típica de nuestra economía (repartir pesimamente lo que hay), se ha traspasado a la tierra con consecuencias desoladoras: en un lado sobra todo lo que falta en el otro. España y Portugal formarán parte climática de África dentro de poco.

La tierra tiene cáncer: no se lo estábamos tratando bien porque ya sabemos que las terapias anticáncer son muy sacrificadas. Pero ahora, al revés: vamos a aplicarle medidas más cancerígenas, porque la necesidad de salir del frío o del calor es inmediata, mientras que la venganza de la naturaleza solo llega a largo plazo. Y todos llevamos dentro un pequeño tenorio acostumbrado a argumentar diciendo: “qué largo me lo fiais”.

Políticas terapéuticas que parece que aliviarían a la tierra (y a nuestro sufrimiento futuro) no son económicamente aconsejables: la obsesión por una plantada masiva y constante de árboles y de placas solares para energías renovables, suena a bello ideal: pero rinde mucho menos que una construcción de apartamentos en algún lugar de la costa (si es que queda aún algún espacio aprovechable): “comamos y bebamos que mañana moriremos”. O construyamos y cobremos, que mañana moriremos también.

Y, aunque hemos criticado a los políticos, es también claro que la culpa no es solo de ellos sino nuestra y bien nuestra. Y que si una formación o grupo o partido intentara implantar unas políticas ecológicas radicales, perdería las siguientes elecciones con gran regocijo de la oposición. Quedan solo esos grupos minoritarios bien intencionados que intentan hacer todo lo que pueden, invitándonos a los demás a seguirles: porque la vida está tan llena de milagros como de crímenes y siempre queda esa vaga esperanza de: quién sabe…

 Yo ya no lo veré y no sé qué es lo que podrán hacer (aunque temo que poco). Pero quedaría al menos el detalle de que después de los sanitarios (y de los bomberos) fuesen ellos los que reciben en aplauso desde los balcones al anochecer. Y la posibilidad de preguntarse si cuando Jesús hablaba de un fin del mundo calamitoso, en contraste con lo que había sido su primer lenguaje (cf. Mc 13, Lc 21 y Mat 24), no estaba dándonos un aviso.

Pero ya, con estos calores, ¿qué más da?

Contra la violencia machista

Basta ya!

¡Basta ya! de violencia de género
¡Basta ya! de violencia de género

Pensando en todas aquellas mujeres que serán noticia por asesinadas en los próximos días

1.- Llamar a las cosas por su nombre

2.- Nuestro mundo de hoy

3.- Abordaje religioso

4.- Abordaje laico

5.- Reconocer y tratar la propia fragilidad

6.- Dos peticiones

7.- El verdadero problema humano

Por José I. González Faus

De las 17 puñaladas que le dio en Parla a una chavala de 19 años, la bestia de su pareja sexual, una al menos se me ha clavado a mí y duele mucho. Podría ser mi nieta, ¡con toda la vida por delante! Es como para que se te salten las lágrimas. Y encima se fue acompañada por otra mujer de 50 años en Dos Hermanas…

Al ritmo aproximado de un crimen de estos por semana, estoy pensando en otra chavala que en estos momentos quizá se pregunta si el chico que a ella le atrae la encontrará guapa, y no sabe que dentro de unas semanas o meses será una nueva víctima de violencia machista. Estoy pensando en la mujer que ahora quizás va a la compra mientras evoca su difícil situación de pareja, y no sabe que dentro de unos días o semanas, ella será noticia como nueva víctima de violencia sexual.

Pensando en el señor que ahora quizá juega una partida de dominó en el bar, mientras despotrica contra su mujer y, dentro de un tiempito, será noticia como nuevo asesino machista… Estoy pensando en todos esos adolescentes que ahora consumen pornografía a diario por internet y no saben que eso los prepara para ser asesinos sexuales dentro de unos años: porque creen que las mujeres reales son como las que aparecen en esos videos-porno. Pensando en esos y otros parecidos que ahora quizás no lo saben, pero pronto serán nuevos casos. Pensando en lo que me han dicho dos mujeres que fueron maltratadas: “no sabes lo que significa que las mismas manos que te habían acariciado, te abofeteen un día” (te apuñalen, habría que decir hoy).

Machismo

No lo sé, desde luego. Pero me lleva a pensar que hay que hacer algo más que ese recurso tranquilo al 016 que muchas mujeres no se atreven a utilizar porque es como reconocerse fracasadas como mujeres en su tarea de conquistar a un hombre. Como si los gobiernos quisieran quitarse de encima el problema en vez de intentar resolverlo. Estas líneas solo intentan pedir que afrontemos más seriamente el problema.

1. Llamar a las cosas por su nombre. – Para empezar, hay que hablar de violencia sexual: dije otra vez que si fuera violencia “de género” el asesino mataría a todas las mujeres posibles y no solo a la suya propia. Hay que reconocer después que tenemos un problema no resuelto en nuestra concepción de la sexualidad. Hay que reconocer que la sexualidad tiene, a la vez, algo de divino y algo de diabólico: puede ser la sexualidad del Cantar de los cantares, y puede ser la sexualidad del marqués de Sade (con mala pluma) o de Henry Miller (con magnífica pluma, pero que no llama a sus parejas Mary o Jane sino “el coño Mary” y “el coño Jane”… 

2. Nuestro mundo.- Ampliando un poco el ámbito de reflexión, creo que estamos en el fin de un proceso cultural que comenzó negando a Dios y sus leyes (con una aparente sensación de gran libertad), pero seguía sometido a la naturaleza y sus leyes. El siguiente paso fue negar la existencia, no de Dios, sino de la naturaleza y sus leyes: todo es solo cultura y, como decía el primer Sartre, “la existencia precede a la esencia”. Que luego Sartre modificara eso descubriendo la ética, mejor dejarlo estar ahora.

Y sin Dios ni naturaleza, el resultado ha sido una egolatría no ya tácita sino explícita: un robustecimiento de nuestra tendencia egolátrica (más vieja que Buda) que antes intentábamos camuflar hablando de todos los otros; pero ya nos dijo Sartre también que los otros pueden ser “el infierno”. El resultado de ese proceso pseudoliberador ha sido que, donde antes se decía que la naturaleza nos da un placer para que actuemos (alimentándonos o reproduciéndonos o fortaleciéndonos), ahora hablamos simplemente de que tenemos un “derecho al placer” sin otra finalidad. No comemos para vivir sino que vivimos para comer (y, paradójicamente, eso nos mata antes).

Mujeres
Mujeres

3. Abordaje religioso.- Volviendo a nuestro tema, las religiones han tendido a abordar el problema sexual desde el reconocimiento de una evidente fragilidad humana ante el sexo. Ese reconocimiento pudo llevar a soluciones muy discutibles (desde el infierno hasta el burka), olvidando que el miedo puede aquí muy poco: san Agustín ya decía que si alguien guarda castidad por miedo al infierno, ese no es casto sino cobarde. Y aquella espléndida Fortunata de Pérez Galdós “se conformaba con ir al infierno” con tal de no perder a su delfín[1].

Galdós conocía mejor al ser humano que muchos eclesiásticos mal formados y que muchos políticos de hoy: ni el infierno, ni la sífilis, ni el SIDA sirven en algunos casos para frenarnos. A lo más actúan como un freno de mano con el que bien o mal seguimos circulando hasta quemarlo. ¿Cómo es posible, mi querido Manuel, hijo mío, que después de dos años de cárcel, cuando habías logrado una satisfactoria situación laboral, en la que te encontrabas tan bien, con buen sueldo y apreciado, mandes todo eso al carajo y te expongas a varios años de cárcel por volver a cometer abusos con una niña? ¡Y encima sabiendo que tu pobre madre no tiene más ingresos que los tuyos!

Pero así somos de frágiles[2]. Algunos machos violentos prefieren ir a la cárcel (o matarse) antes que no saciar su posesividad ególatra y patológica. En este contexto egolátrico, no cabe olvidar ese detalle de que, en la violencia sexual, el asesino acaba muchas veces suicidándose o entregándose él a la policía. Eso revela un grado de dependencia inaudito y patológico: “la maté porque era mía”, que cantaban antaño…

4. Abordaje laico. – Si las religiones reconocen la fragilidad humana (aunque no la resuelvan bien), nuestra querida modernidad laica optó por negar esa fragilidad: somos muy normales y la única condición para el sexo es que el otro acepte. No se dieron cuenta de que nuestra fragilidad puede llevarnos hasta a prescindir de esa condición. Después intentamos arreglar eso con aquello de que “sí es sí”: una solución digna de aquellos doctores de “El rey que rabió”[3]. Porque el problema no está en distinguir el sí del no, sino en distinguir el verdadero sí de otros muchos sís inauténticos. Y eso es muy difícil, precisamente por nuestra fragilidad.

5. Tratar la propia fragilidad. – Comencemos pues por reconocer la seriedad del problema y nuestra fragilidad. Fragilidad más bien física en el varón y afectiva en la mujer, por lo general, pero fragilidad que crea dependencia. Recordemos entonces que Pablo de Tarso afirma que cuando alguien reconoce su fragilidad (hasta clamar aquello de: “desgraciado de mí ¿quién me librará…?”), la respuesta es que “no hay ninguna condena”[4]. Recordemos la observación de muchos sabios antiguos: una victoria desde nuestra fragilidad (incluso aunque pueda ir acompañada de algún tropezón), vale más que muchas “buenas conductas” de quienes viven una temporada sin problemas. Sepamos que hay gente que ha conseguido lidiar con ese toro que todos llevamos dentro, y que los modelos son hoy mucho más eficaces que las ideas.

Rebeldes de género
Rebeldes de género

6. Dos peticiones.- Reconocido todo eso, me atrevo también a pedir dos cosas: a las feministas que, dado que los políticos no van a resolver esta peste, se pongan ellas a tratar al menos de aliviarla, no limitándose a lanzar excomuniones contra los machos (que, por merecidas que sean, solo sirven para engrandecerse), sino poniéndose a estudiar el problema, detectar sus causas últimas, analizar casos y personas concretas…, que es como la ciencia humana resuelve los problemas humanos[5].

Me atrevo también a remitir a una autora “neutral”: hace tiempo que pensé en la oportunidad de una buena tesis doctoral (que podría servir tanto para psicología como para moral) sobre la sexualidad en el diario completo de Etty Hillesum[6]. Además de su gran capacidad de introspección y de formulación, aquella muchacha tenía la extraña virtud de decirse a sí misma claramente lo que nosotros preferimos pasar de largo y mirando a otro lado[7].

7. El problema humano.- Pero conviene que sepamos también que el problema último está más allá de la religión y más allá de la naturaleza. Está en nosotros mismos los humanos, que hemos de recibir gratuitamente aquello que más necesitamos para ser humanos. Y eso, o nos lleva a Dios, o a la buena suerte, o a una de estas dos variantes de una frase clásica: “dime que me quieres aunque sea mentira” (Monserrat Roig). O: “finge que te importo; es cuanto necesito” dicho además a una prostituta por Jeremy Irons (en La casa de los espíritus).

El problema está pues en que, ante esa dura realidad de nuestra situación, preferimos optar por la mentira. Si luego esa mentira social, trae algunos crímenes particulares, ¿qué le vamos a hacer?

Pues no: ¡Basta ya! Hagamos algo más.

Violencia de género

[1] La comenté hace ya casi 30 años en un viejo folleto titulado: Sexo, verdades y discurso eclesiástico, (parodia del título de otra vieja película: Sexo, mentiras y cintas de video).

[2] Y al menos, todos los moralistas del miedo, deberían recordar que hace ya casi un siglo un tal cardenal Billot (quizás equivoco su nombre) solía decir que si tomamos en serio la noción de “pecado mortal” y la fragilidad humana, “en París cada noche solo se cometen uno o dos pecados mortales”. Dejemos el sentido del humor y pensemos que las metas y los ideales dan muchas más fuerza que las meras amenazas.

[3] En aquel dictamen final de doctores sapientísimos: “el perro está rabioso, o no lo está”.

[4] Cf. Romanos 7,24-8,1.

[5] Acabado este artículo salgo a caminar un poco por mi querido sant Cugat y, buscando la sombra, me encuentro en un rincón un letrero que dice en catalán: “deposita aquí tu machismo”. Dudo de que ese gesto disminuya ni un uno por mil de machismo, aunque supongo que sirvió para que sus autoras se sintieran superiores. Y dada la importancia que tiene el feminismo como signo de los tiempos y promesa de futuro, me atrevo a añadir que la división que se constató con dolor el pasado 8M entre las feministas, se debe en buena parte a esto: unas buscan que las mujeres que más sufren dejen de sufrir. Otras parecen buscar que las mujeres que de hecho y de derecho sufren menos, tengan más poder. Atención pues.

[6] Acaba de aparecer en castellano: Etty Hillesum Obras completas (ed. Fonte, 2020, preparada por el director de la Fundación «Etty Hillesum en España») y que contiene el diario completo y no la edición recortada que con tanto éxito había circulado entre nosotros. Me permito recomendarlo mucho por varias razones. Pero mi consejo desanimará porque es un volumen de casi 1500 páginas. Pero aviso: el diario solo ocupa las dos terceras partes del volumen: las otras son cartas y textos menos importantes. Son además páginas de tamaño menor al habitual (17 x 12 cms.). Y además el diario está plagado de largas notas al pie que pueden saltarse todas porque son informaciones de tipo más académico que personal. A pesar de todo, intuyo que la tesis doctoral (o el estudio) que recomiendo, no será una tarea fácil.

[7] Un único ejemplo entre cientos: “Por un lado me gustaría hacer de mi vida un todo fuerte, puro y pleno; por otro lado podría irme a la cama con el primer hombre que se cruzara en mi camino… Sé que mañana me maquillaré y me vestiré lo más seductora posible y luego le diré que solo quiero una amistad pura y decente. Y mientras se lo digo, con pleno convencimiento además, anhelaré que me estreche con fuerza entre sus brazos. Así es como me siento ahora” (25, marzo 1941; p, 113)

La sinodalidad

«La sinodalidad no es una excursión de un grupo sino un caminar de todos»

¿Entre gálatas y corintios? A propósito de las noticias sobre la Iglesia alemana

El Sínodo es una forma de mantener vivo el espíritu de colegialidad que nació del Concilio
El Sínodo es una forma de mantener vivo el espíritu de colegialidad que nació del Concilio

Tras el Vaticano II hubo una serie de reacciones desaforadas, precipitadas o egoístas que dieron argumentos a los enemigos del Concilio y contribuyeron a retrasar su aceptación

El miedo (no cristiano) de las derechas y la impaciencia (poco cristiana) de las izquierdas son dos grandes causas que dificultan el buen funcionamiento de la historia. Ojalá eso no se repita hoy con la línea de Francisco

Yo siento que, en España, un amplio sector supuestamente católico, no acaba de aceptar ni el Vaticano II ni la vuelta al Evangelio del pontificado de Francisco, sobre todo en buena parte de su clero diocesano más joven y de algunos obispos

Por José I. González Faus

La intervención de Roma en el llamado camino sinodal alemán me hizo temer que hubiera allí algún desvío. Por otro lado, en estos casos desconfío siempre de los medios de comunicación: porque no les interesa la verdad sino la audiencia. Y la audiencia se consigue con asuntos de cama y peleas (ahí está ese bochornoso programa “Corazón” de nuestra TVE 1). Un amigo jesuita alemán me habló claramente de “tergiversaciones” y eso ya me tranquilizó. El camino sinodal alemán había nacido como intento de respuesta al drama de los abusos y hubiese sido una pena que eso se desvirtuara.

Esos días de dudas que pasé me han servido para una reflexión sobre los peligros que amenazan a la Iglesia y que luego encontré ya formulados en el Nuevo Testamento. Los llamaré: la tentación de Galacia y la de Corinto. Yo siento que, en España, un amplio sector supuestamente católico, no acaba de aceptar ni el Vaticano II ni la vuelta al Evangelio del pontificado de Francisco, sobre todo en buena parte de su clero diocesano más joven y de algunos obispos. Suelo comparar a ese sector con aquellos que en Galacia combatían la predicación de Pablo y les aplico las palabras del Apóstol a los gálatas: “si alguien (aunque sea un ángel) os anuncia otro evangelio, sea anatema”.

Sinodalidad
Sinodalidad

Esta tentación de Galacia me hizo pensar que las acusaciones de algunos contra el camino sinodal alemán (prescindiendo ahora de su verdad) podían evocar una situación de cierta impaciencia o ligereza como la que se daba en los cristianos de Corinto, cuando Pablo se sintió llamado a escribirles: “ante vosotros no quiero saber nada más que a Cristo y este crucificado”. La afirmación es unilateral: Pablo en otros momentos sabe más cosas. Pero ante los corintios recurre deliberadamente a esa unilateralidad para añadir que el Libertador en que creemos es “locura para los sabios y escándalo para los hombres religiosos” (1 Cor 1, 23). Es importante por eso que nuestro proceder y la impresión que damos sea siempre aquella que tan bién definió D. Bonhoeffer: “estar con Dios en su pasión”.

Evoquemos aquí esa palabra tan de moda: la sinodalidad[1]. Que la sinodalidad marca el camino de la Iglesia es algo de lo que no puede caber duda. Pero, usando el lenguaje de Jesús, habría que añadir que la sinodalidad es una senda estrecha y empinada y no una autopista de varios carriles. Pues la sinodalidad alude a la totalidad de la Iglesia: no es una excursión de un grupo sino un caminar de todos. Y no cabe que un grupo reducido (por valioso que sea) se identifique con ella, como cuando Pío IX dijo: “la Tradición soy yo” (y antes Luis XIV: “el estado soy yo”). La sinodalidad somos todos.

La Iglesia debe salir de su armario
La Iglesia debe salir de su armario

Ahí podría estar el contenido de la acusación que algunos han lanzado contra el camino alemán. Por discutible que sea la acusación, creo que sirve para esa otra reflexión más amplia sobre los peligros que pueden amenazar a la Iglesia. Y quiero rescatar esa acusación porque el mayor peligro para las reformas de Francisco no lo veo en la ceguera de los que intentan pisar el freno como sea, sino en la otra de quienes se empeñasen en apretar el acelerador a toda costa y por su cuenta. Y creo que ese mismo daño se lo hicieron algunos al Vaticano II, dando argumentos a todos los enemigos del Concilio. Permitidme contar un viejo recuerdo.

Hacia 1965 coincidí en Roma con Henri de Lubac (yo pobre alumno del Instituto Bíblico –tan denostado entonces- y él perito conciliar): algunos estudiantes salíamos con él luego del almuerzo de mediodía a tomar un café en un bar muy cercano a la Via del Seminario. Recuerdo cómo le gustaba a De Lubac el “capuccino”. Y recuerdo sobre todo con qué entusiasmo nos hablaba de las sesiones conciliares y de la constitución Dei Verbum a punto ya de aparecer. Por eso me dolió y me sorprendió que, poco después de terminado el Vaticano II, el mismo De Lubac levantara con dureza su voz contra determinadas explicaciones (o explotaciones) irresponsables que algunos católicos estaban dando de la apertura conciliar: como aquellos cristianos de Corinto que pretendían que “ya hemos resucitado” y que, por consiguiente, ya no había frenos para los deseos humanos.

Logo del Sínodo 2021-2023, 'Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión'
Logo del Sínodo 2021-2023, ‘Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’

Yo sufrí desolado aquella reacción de De Lubac (y alguna otra parecida) como un descrédito del Vaticano II al que los jóvenes de entonces intentábamos activar a toda costa. Y recordé una anécdota de la historia de mi país: cuando en 1931 después de tantas voces y tantos deseos llegó por fin la república, al poco tiempo comenzaron a aparecer voces de intelectuales autorizados que clamaban: “no es eso, no es eso”…

Volviendo al Vaticano II, entonces parece que sí hubo algo de verdad en aquella reacción: quienes tengan mi edad recordarán la cascada de salidas de seminarios y de vocaciones abandonadas en aquellos primeros años posconciliares… (Algún caso he podido acompañarlo yo, años después, en su vuelta a la fe o a la práctica cristiana). Aquella reacción irresponsable contribuyó a fortificar las fuerzas hostiles al Concilio y ha retardado su asimilación y su digestión plena por el cuerpo eclesial. Y no sé si pudo contribuir a que, muy poco después, se produjera el error de la Humanae Vitae, contraria a la opinión de la gran mayoría de la comisión convocada, y debida al miedo que infundieron en Pablo VI los conservadores. Y que el entonces cardenal Luciani trató de evitar a toda cosa (y solo por eso ya merece ser beatificado).

Desde un punto de vista psicológico es tópico recurrir a la imagen de las aguas represadas a las que no se les fue dando salida y que cuando se desbordan provocan una inundación. Desde un punto de vista histórico yo aprendí entonces la lección que he citado en otro sitio: que el miedo (no cristiano) de las derechas y la impaciencia (poco cristiana) de las izquierdas son dos grandes causas que dificultan el buen funcionamiento de la historia. Ojalá eso no se repita hoy con la línea de Francisco: pues por mucho que se diga que “la historia es maestra de la vida”, parece evidente que los hombres no solemos aprender sus lecciones.

El Camino Sinodal alemán, por el celibato opcional y los ministerios para la mujer
El Camino Sinodal alemán, por el celibato opcional y los ministerios para la mujer

Tranquiliza saber que los problemas y dificultades de la Iglesia no son nuevos sino muy viejos, como sugerían las anteriores alusiones a la época neotestamentaria. Por eso puede ser útil evocar también la vía de solución que se dio entonces para mantener la unidad en medio de las divisiones, y que Pablo asegura haber cumplido plenamente: “acordarse de los pobres” (Gal 2, 10). Esa atención primaria a los pobres puede ser una fuente de paciencia. Nos ofrece además el verdadero fundamento de algunas reivindicaciones (celibato opcional, ministerio de la mujer[2]…): que no broten de un mero afán burgués individual, sino de la necesidad de que todo el pueblo de Dios pueda tener acceso a la eucaristía a la que tiene pleno derecho.

Recordemos una frase de las que más me impresionaron del diario de Etty Hillesum: “cuando dejo de sentirme pura por dentro no puedo abrirme a los demás” (14 enero 1942). Así no se oscurecerá el anuncio jesuánico del reinado de Dios: el de la libertad de hijos y la fraternidad de hermanos.

——— 

[1] Traté un poquito más el tema en: “Sinodalidad eclesial (importancia, problemas, sugerencias)”, en Razón y Fe. n. 1454 (noviembre-diciembre 2021), pgs. 335-43.

[2] Por cierto, en este punto queda una pregunta para los que analizan documentos papales: tras haber leído el último sobre la liturgia me quedé con la impresión de que Francisco, al referirse a los curas, nunca usa la palabra “sacerdotes”: habla de presbíteros, de ministerio eclesial… pero, no sé si deliberadamente, parece rehuir el vocabulario sacerdotal en este campo concreto. Si es así, esta podría ser una de esas revoluciones secretas (y tan evangélicas) que Francisco deja ahí, para que fructifiquen algún día. No lo sé: el amigo Jesús Martínez, buen analista, tiene aquí una sugerencia

La teología, a debate en los XXXVIII Jueves de RD

Faus: “La teología tiene futuro, pero ahora está dormida”

Rafael Luciani, José Ignacio González Faus y Jesús Bastante
Rafael Luciani, José Ignacio González Faus y Jesús Bastante

¿Cuál es la misión de los teólogos y teólogas en la Iglesia del siglo XXI? ¿Cuál es el papel de la teología en la vida de la Iglesia y su aportación al mundo? ¿Cuál es el papel de la mujer en la teología? Estas y otras cuestiones vertebraron los XXXVIII Jueves de RD

Rafael Luciani: “Hoy la Iglesia está tomando decisiones por presiones de la sociedad y no por decisión propia, y esto es muy interesante, porque significa que tiene que saber escuchar a la sociedad aunque no sea católica. Es el caso de los abusos, como en España, donde la sociedad reclamó y la Iglesia tuvo que reconocerlos”

González Faus: “En la sinodalidad, una cosa es esperar a los que no llegan, y otra esperar porque la Iglesia no entiende al mundo. Ese retraso, a Juan Pablo II le costó 200 años decir que la libertad, la igualdad y la fraternidad eran palabras cristianas”

Martínez Gordo: “El Camino Sinodal alemán creo que va a marcar el futuro de la Iglesia en buena parte del siglo XXI, sobre todo en lo que tiene que ver con el poder y control del poder en la Iglesia”

Por José Lorenzo

¿Tiene futuro la teología? ¿Cuál es la misión de los teólogos y teólogas en la Iglesia del siglo XXI? ¿Cuál es el papel de la teología en la vida de la Iglesia y su aportación al mundo? ¿Cuál es el papel de la mujer en la teología? ¿Hay nuevos autores trabajando en esta disciplina? Estas y otras cuestiones vertebraron los XXXVIII Jueves de RD, con las aportaciones de destacados especialistas, moderados por Jesús Bastante, redactor jefe de RD, y cuyo diagnóstico, sin ser optimista, tampoco acaba de enterrar una disciplina a la que se le pide que se encarne y no se encastille.

Abrió el debate, salpicado por distintas aportaciones para el debate, José Ignacio González Faus quien señaló que a sus 88 años, “la teología sirve para entretener a alguien como yo”, y puso, como quien no quiere la cosa, el dedo en la llaga al dejar caer que “la teología depende mucho de la calidad espiritual interior de quien la hace”.

Aunque mucha gente “cree que no sirve para nada”, añadió, el futuro de la teología “depende de que los teólogos sepamos comunicar algo antropológico, sobre el hombre, sobre la situación en que esta ahora”, aunque, dado que “han desaparecido los grandes teólogos, también los religiosos, y los laicos, aunque los hay, no acaban de aparecer”, consideró “la teología tiene futuro, pero quizás está dormida ahora”

“Una pasión inútil o esperanzada”

“Una teología -prosiguió el teólogo jesuita- que estudia porque cree, porque de Dios no podemos decir nada de sobre cómo es, solo que es amor, una comunicación infinita, que le da a la realidad un sentido, y por eso la teología tiene que desentrañar el sentido, la pregunta a la que ha de responder la teología hoy es esa, si somos una pasión inútil o una pasión esperanzada”

Rafael Luciani también extrañó a los grandes referentes de la teología con los que estudiaba extraño los grandes referentes con los que estudiaba, pero apuntó el reto actual de “buscan entrar en temas más amplios, de articular la vida cotidiana de donde nace la teología y el contexto desde dónde se hace”, pues varía de entre países y continentes».

“Como laico -advirtió-, veo mucha fragmentación, una gran ausencia en instituciones eclesiales por favorecer y promover al laicado en el ámbito teológico, y cuando se forman, no encuentran trabajo, y ese es también otro reto, porque hay muchos laicos y laicas que estudian la teología, pero luego no encuentran dónde poder desarrollarse

Recordó el profesor y teólogo que él ni siquiera podía estudiar teología en su país, y puso de relieve que, cuando se consigue hacer y termina la formación, resulta que no logran de ella “un sustento económico para vivir”, aunque señaló que en su caso “yo vivió la teología como un servicio que me humaniza”

Una teología encerrada en sí misma

Lamentó Faus el hecho de que, en su opinión, “cada teología se está encerrando mucho en sí misma, en cada tierra parece que ya no se lee lo de los demás, es algo que se está perdiendo, por lo que sería bueno que los teólogos mantuviéramos el contacto entre nosotros”.

Coincidió Luciania en que “el localismo se está viendo cada vez más, perdiéndose el aprendizaje de otras realidades y contextos”, aunque ve “algo bonito que está emergiendo, el trabajo en redes entre teólogos, continentales e intercontinentales, lo que ayuda a salir del ego en que se encierran”, por lo que consideró que “la única manera de salir es integrar disciplinas distintas en redes de distintos países”.

“Esto puede tener que ver con algo característico de nuestra época: en vez de un Karl Rahner, hay cinco o seis figuras, ojalá que con las redes sociales se pueda logra lo que dice Rafael”, concedió Faus.

La primnea de las aportaciones al debate “a dos” vino por parte de Jesús Martínez Gordo. El teólogo. Sacerdote vasco no dejó indiferente con una reflexión que era una carga de profundidad. En realidad, cuatro, como las pistas que ofreció: “La teología tiene que abordar la presencia de los cristianos en el mundo; abordar el tema de la relación entre la eucaristía y la espiritualidad con carne, como yo la llamo; la dimensión del anuncio y la evangelización, porque es importante que la teología aborde la relación entre la riqueza de carismas en la Iglesia y la legitimidad de opciones, es decir, quiénes son los preferidos y las razones, contrastadas por el Evangelio, porque no todo vale; y en la organización de la comunidad cristiana, yo seguiría muy de cerca el Camino Sinodal alemán, que creo que va a marcar el futuro de la Iglesia en buena parte del siglo XXI, sobre todo en lo que tiene que ver con el poder y control del poder en la Iglesia”.

Coinició Luciani en que el Camino Sinodal alemán está desarrollando temas que se están planteando, “por ejemplo en América Latina, con el tema de los nuevos ministerios, y en Alemania desde los años 80 tienen laicos coordinando parroquias, lo que significa que las Iglesia locales también marcan la teología que se hace, es una eclesiología que hemos recuperado del Concilio y que se había perdido por el universalismo”.

Faus también cree que “el camino de la Iglesia es la sinodalidad, pero me da un poco de miedo, porque caminar juntos no es posible, unos van delante y otros más atrasados, por eso la sinodalidad tiene la responsabilidad de recoger a los últimos, tiene que suponer paciencia para que podamos caminar todos, porque una cosa es esperar a los que no llegan, y otra esperar porque la Iglesia no entiende al mundo. Ese retraso, a Juan Pablo II le costó 200 años decir que la libertad, la igualdad y la fraternidad eran palabras cristianas”.

Para Luciani, “la sinodalidad llevará una generación, es una cultura lenta, pero humanizadora, y donde tenemos que aprender a reconocer los disensos y los consensos, es un aprendizaje para la Iglesia actual, si no hay una conversación, las decisiones seguirán tomándose con la mentalidad de pontificados anteriores”.

En este sentido, valoró el hecho de que “hoy la Iglesia está tomando decisiones por presiones de la sociedad y no por decisión propia, y esto es muy interesante, porque significa que tiene que saber escuchar a la sociedad, aunque no sea católica. Es el caso de los abusos, como en España, donde la sociedad reclamó y la Iglesia tuvo que reconocerlos”.

En la intervención de Sara Nocetti la teóloga italiana, reivindicó una “presencia creciente de los laicos, su modo de hacer teología es aportar el lenguaje  y categorías de nuestro tiempo, la experiencia de ser creyentes laicos profundamente arraigados en el mundo de hoy, lo que abre a la teología un enfoque sapiencial y narrativo de la praxis”.

Desde una perspectiva feminista, “las teólogas -añadió- se preguntan cómo deconstruir un enfoque jerárquico, que es lo contario de una Iglesia sinodal y participativa, y cómo pensar a Dios más allá de las categorías simbólicas masculinas”, mostrando su deseo de que “la teología fuese un espacio crítico ante todos los poderes del mundo”.

La participación de Xabier Pikaza tampoco dejó indiferentes, lo que se tradujo también en un interesante debate en el chat habilitado. “He dedicado 60 años a la teología -arrancó el teólogo vasco-, pero estoy confuso, alegre por esa dedicación, pero con la sensación de haber avanzado poco. A partir del Vaticano II, la teología ha quedado desfasada, muerta, al servicio del adoctrinamiento y de una Iglesia que no es la nuestra ni la del Evangelio; por eso hay que volver a ras de tierra, de la vida, al camino que hizo Jesús, volver al principio de la Iglesia, una teología que pueda ser escuchada, hablada, vivida en este mundo, sobre todo en Occidente”

“Queremos imponer en algunas escuelas nuestra forma de entender el cristianismo y todo eso se queda vacío, por lo que creo que debemos empezar de nuevo, con una teología comprensible para el conjunto de la gente”, señaló el teólogo, que confesó al respecto que “no soy muy optimista, nada optimista”.

Tiempo para hablar de Jesús 

 “Las cosas tardan años en crecer”, quiso animar José Ignacio González Faus, quien reconoció que “lo que nos puede unir es Jesús” y lamentó, a esas alturas del debate, que “nos ha faltado tiempo para hablar de Jesús”.

Luciani, por su parte, incidió en la importancia de las deformas como las que ha emprendido el papa Francisco. “El Vaticano II nos dio el horizonte pero nosotros tenemos que pensar esta reforma, en este camino de sinodalidad vemos que a veces el primer obstáculo es el párroco o el seminario, que no quiere abrir la puerta a estos temas, y la teología tiene que hacer un aporte a estas instituciones, planteando proyectos concretos de ministerialidad”.

“La teología -prosiguió el teólogo laico- se conecta con cambios concretos, gracias a la reflexión teológica. Hoy en día, cuando Francisco hace la reforma de la Curia, tenemos laicos y laicas donde hace seis meses tenía que estar un obispo, es decir, la teología reflexionando tiene una incidencia en lo práctico siempre, la teología si es teología tiene que tener un impacto den la realidad”.

El intenso debate finalizó con la intervención de la teóloga Pepa Torres,  quien reconoció que “vivimos tiempos difíciles para la teología, pero también de oportunidades”, y aseguró esta disciplina tiene mucho que ver con la cocina, “porque un teólogo o teóloga no puede estar al margen y atención de lo concreto, no se puede ser solo teólogo, sino ciudadano y ciudadana, servidores y servidoras en la mesa del Reino, la teología tiene que ser experta en hacer y hacerse preguntas incómodas, preguntarse qué nos duele a los teólogos y teólogas”.

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Celibato, mujer, ministerio eclesial

González Faus

Dos frases de K. Rahner escritas hace ¡50 años!: “si la Iglesia no puede encontrar un número suficiente de dirigentes de la comunidad sin renunciar al celibato, entonces es evidente que ha de renunciar a esa obligación de celibato”. Y sobre la ordenación de la mujer: “fundamentalmente no veo ningún motivo para contestar negativamente a esa pregunta

¿No puede eso crearle una dificultad sobreañadida a las reformas de Francisco y convertirse en un factor que refuerce la inaudita oposición y el solapado trabajo contra él, de toda la derecha eclesial y norteamericana?

Por José I. González Faus

Pues sí: de repente se ha convertido en noticia en todos los medios: lo reclaman en Alemania, lo piden en Cataluña, lo exigen en San Sebastián y en no sé cuánto sínodos: acabar con el celibato ministerial y ordenar mujeres. Hasta el diario La Vanguardia, que nunca toca temas eclesiásticos en su breve editorial de primera página, le dedica unas reflexiones del director que buscan ser serenas y razonables.

Quizá pues valga la pena reflexionar un poco, distinguiendo el qué y el cuándo.

1.- LOS CONTENIDOS

Quiero comenzar proclamando que siento un gran respeto hacia el celibato por el Reino. Pero reconociendo que no se identifica sin más con el celibato por el ministerio eclesial. En este otro campo creo que el verdadero problema reside en el derecho de las comunidades a la eucaristía.  Un derecho que no puede quedar supeditado al deseo de la autoridad eclesiástica por imponer determinadas normas al ministerio. Todo otro tipo de argumentación de que el celibato rompe la fraternidad o ataca la libertad, me pregunto si no debería pasar antes por la consulta del señor Freud.

Por lo que toca al ministerio de la mujer escribí otra vez que, desde mis limitados conocimientos bíblicos, no veo objeción. La Iglesia debe preguntarse qué es lo que Jesús haría hoy y no solo qué es lo que hizo entonces. Y a la entrada del Vaticano, en vez del texto ese de “tú eres Pedro…” quedaría mucho mejor otro texto, también de san Mateo: “ay de vosotros que quebrantáis la voluntad de Dios, por acogeros a venerables tradiciones de vuestros mayores”. Esas palabras las necesitamos hoy mucho más.

Pero añado que no se trata de mujeres sacerdotisas, como dicen algunas. Sacerdotes en la Iglesia no lo son ni ellos ni ellas, sino solo Jesucristo y el “pueblo sacerdotal”: ese es el lenguaje del Nuevo Testamento. Ese falso título sacerdotal está en la raíz de la plaga clerical tan denostada por Francisco.

Se trata pues del acceso de la mujer no al sacerdocio sino al ministerio eclesial (llámese presbiterado, cura de almas u otro nombre mejor). Incluso es probable que la supresión del término “sacerdote” (sustituido por el de “pastor” que tampoco sé si hoy es el más apto) fue algo que pudo facilitar el acceso de la mujer al ministerio en las iglesias de la Reforma. En el escaso contacto tenido con dos o tres pastoras protestantes alemanas, he creído percibir hasta qué punto la mujer (cuando está de buenas) es capaz de crear comunión[1]. Y, en fin de cuentas, de eso se trata tanto en la presidencia de la eucaristía como en la presidencia de la comunidad: de crear comunión.

Me parece además que la actitud de algunas feministas norteamericanas de no ir a comulgar mientras diga la misa un varón, daña la misma causa que quieren defender porque pone el interés propio (por legítimo que sea) por delante de algo tan serio como la eucaristía.  Se parece a la actitud que he visto por aquí de algunas pocas gentes que, si no les dan la comunión en la boca, se marchan sin comulgar…

Dicho lo cual, debo añadir también que no entiendo de ningún modo cómo Juan Pablo II y Benedicto XVI podían estar tan seguros de que el acceso de la mujer al ministerio es “contrario a la voluntad de Dios”. La voluntad de Dios es algo intrínsecamente comunitario (o a buscar comunitariamente). Y ambos papas debieron recordar cómo Pío IX proclamaba que era “contrario a la voluntad de Dios” que él renunciase a los estados pontificios[2]; que era contrario a la voluntad de Dios que el papa se reconciliase con el mundo moderno[3] (con lo que Juan XXIII y el Vaticano II quebrantaron gravemente la voluntad de Dios); cómo Gregorio XVI proclamó en 1832 que era contrario a la voluntad de Dios que Polonia resistiese a la invasión rusa (una resistencia en la que participaban clero y obispos)… Y cómo en la Iglesia primitiva hubo quien proclamó que era contrario a la voluntad de Dios y que rompía la comunión eclesial la supresión de la circuncisión. Hoy todas aquellas demandas nos parecen elementales y no nos crean problema. Pero entonces sus detractores las vivían como algo tan serio e inaudito como viven hoy el ministerio femenino sus detractores.

¡Por favor pues! La voluntad de Dios y la comunión eclesial son algo demasiado serio como para que las identifiquemos sin más con mi posición personal. Son algo que hay que buscar entre todos.

Y acabo con dos frases de K. Rahner escritas hace ¡50 años!: “si la Iglesia no puede encontrar un número suficiente de dirigentes de la comunidad sin renunciar al celibato, entonces es evidente que ha de renunciar a esa obligación de celibato”. Y sobre la ordenación de la mujer: “fundamentalmente no veo ningún motivo para contestar negativamente a esa pregunta[4].

2.- EL MOMENTO

Si lo anterior afecta al contenido de esas demandas, permítase también una palabra sobre su oportunidad. ¿Es este el momento de reivindicarlas y reclamarlas con urgencia, cuando llevan tiempo esperando? ¿No puede eso crearle una dificultad sobreañadida a las reformas de Francisco y convertirse en un factor que refuerce la inaudita oposición y el solapado trabajo contra él, de toda la derecha eclesial y norteamericana?

Me sugiere esta pregunta la dolorosa experiencia vivida de joven con el Chile de Allende. El “pinochetazo” fue obra de EEUU; pero se vio facilitado por la impaciencia y la inmadurez de aquel MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), empeñados en pedir la luna cuando era de día y el sol cuando era de noche; y que le creó a Allende más problemas de los que ya tenía. Hay también un fundamentalismo de izquierdas que se niega a aprender estas lecciones.

“Acabar con el hambre también es cosa de la sinodalidad” decía alguien estos días por las ventanas de Religión Digital. En La Cañada Real llevan un año sin luz. Contribuir a que eso se arregle es también tarea de la Iglesia (aunque más indirecta) y es más urgente que el que una mujer presida la eucaristía. Jesús parece que distinguía muy bien entre cosas que no pueden esperar, ni aunque sea sábado (como la salud de aquella mujer en Lc 13) y otras que podían esperar aunque a los Apóstoles les impacientasen más.

¿Significa eso que hay que aparcar aquellas otras demandas? ¡Ni mucho menos! Significa solo que no hay que exigirlas para hoy, pero que se puede seguir trabajando en su estudio, su explicación y su difusión, para que se conviertan en auténtico “sensus fidelium”: de todos los fieles y no solo de la porción más consciente de ellos. ¿Cuántos de esos obispos que creen saber tan bien dónde está la comunión eclesial, conocen las frases de K. Rahner antes citadas? Quiero decir que estamos en la hora de la pedagogía más que en la hora de la confrontación. Leer en la prensa que se le va a decir al papa que la mujer necesita más poder en la Iglesia (prescindiendo de la palabra poder que no me gusta nada), habría estado muy bien en tiempos de Wojtila o de Ratzinger. Pero precisamente hoy, cuando este papa va dando pasos en esa dirección, parece más propio de esas izquierdas burguesas que solo hablan cuando no corren ningún peligro.

Y es importante conocer los tiempos. Por razones éticas y por razones tácticas. Como en el tenis: a veces para conseguir el punto es necesario alargar más el juego: porque si das  precipitadamente el golpe ganador, lo más probable es que pierdas el punto.

Por eso quiero terminar con una anécdota del gran liturgista J. A. Jungman, padre en buena parte de la Constitución del Vaticano II sobre la liturgia. Nos daba una charla en Innsbruck hacia 1964. Constataba que la Constitución no iba a aplicarse al ritmo que él esperaba. Y añadió cuatro palabritas que se me quedaron grabadas: “das Tempo der Kirche…”: el ritmo de la Iglesia no es el nuestro. Y esto hay que saber aceptarlo para ser universales.

[1] Cuando está de malas, mejor dejarlo ahora…

[2] En 1860, en la encíclica Nullis certe verbis, donde aprovecha para tratar de “sacrílegos” a todos los opuestos al poder temporal de Roma.

[3] Última proposición del Syllabus, de 1864.

[4] pp. 156-57 y 161 de Cambio estructural en la Iglesia. Se trata de unas charlas tenidas ante el Sínodo de la iglesia alemana.

¿DERECHO AL ABORTO?

González Faus

Written by José Ignacio González Faus

Una de las cosas más serias que dijo Simone Weil es que la Declaración de los derechos humanos será papel mojado si no va acompañada por otra declaración universal de los deberes humanos. Temo que así va ocurriendo. Y un ejemplo de ellos puede ser el derecho al aborto, vuelto a poner sobre la mesa por la decisión del tribunal supremo de EEUU.     Vaya por delante que aunque no creo que exista un “derecho” al aborto (como luego explicaré) soy totalmente partidario de una “despenalización” del aborto. En este caso cabría hablar de un derecho meramente “legal” y local (según países). Pero está claro que quienes invocan el derecho al aborto se refieren a un derecho de los que antes llamábamos “naturales” o un derecho moral, y universal por tanto.

1.- Despenalización.- Soy partidario de la despenalización del aborto porque el pensamiento occidental ha dicho en sus mejores exponentes que la misión del legislador no es imponer la moral sino buscar el bien común. ¡Si eso se decía en una sociedad confesional, de cristiandad, cuánto más valdrá para una sociedad plural y laica! Con el ejemplo que solía ponerse entonces, despenalizar la prostitución no significa que exista un derecho a prostituirse ni a irse de putas, sino solo que aquello resultaba entonces mejor para el bien común. (Este ejemplo puede que ya no valga para hoy y así es atacado por muchas feministas; pero lo que importa ahora no es el contenido del ejemplo sino el modo social de proceder).                                                                                                                       

Dicho lo cual, repito que defiendo una despenalización del aborto por razones de bien común; y no iré a Madrid a manifestarme este domingo, por más que me inviten a ello obispos y correos electrónicos: los abortos se evitarían mucho más proporcionando salidas que promulgando leyes. Y además me temo que esa manifestación tan cacareada y con tantos autobuses montados desde toda España, no es para defender el derecho a la vida sino para atacar al gobierno. ¿Por qué no montan otra manifestación para protestar contra muchas cosas que ocurren en los CIEs? A lo mejor a esa sí que me apuntaba…

2.- Derecho.- Dicho todo eso, quiero proclamar que no creo que exista un derecho al aborto. Me refiero a un derecho no meramente positivo sino natural y universal, como antes dije. Pues, si al final resultara como dicen algunos, que la razón definitiva dada por el Tribunal Supremo de EEUU para negar el derecho al aborto, es que ese derecho “no está contenido en la Constitución estadounidense”, entonces estaríamos ante un caso particular de un país particular, del que no podrían sacarse las consecuencias morales universales que se pretende sacar. Y lo único que cabría deducir es que, a los autores de tamaño argumento, cuando eran niños, no debieron ponerles en los informes escolares aquello de “progresa adecuadamente”…                                                                                  

No creo que exista ningún derecho a eliminar una vida con destino humano. Sé además, por haberlas tratado, que mujeres que se profesan de izquierdas, ateas o creyentes, comparten esa opinión aunque no tengan audiencia en nuestros medios de comunicación.  Otras voces protestan indignadas porque eso puede poner en peligro la vida de muchas mujeres. Y da la casualidad de que esa protesta se levanta el mismo día en que mueren en Melilla 18 jóvenes (que añadir a los centenares de muertos en pateras) por ejercer un derecho bien natural, como es el derecho a emigrar del propio país cuando uno no puede vivir en él. Parece que unas muertes son simplemente noticias y otras son canalladas. Y conviene añadir que, en la manera individualista con que gestionamos hoy los derechos humanos, resulta que los más amenazados son los derechos de aquellos que no tienen voz y, por eso, no pueden defenderse: los derechos de los niños, de los bebés, de muchos seres humanos del mundo pobre.

3.- Derechos.- La importancia que tiene el caso que tratamos no es meramente la del tema del aborto. Es que parece ser un ejemplo de cómo estamos degradando el sagrado tema de los derechos humanos convirtiéndolo en una legitimación de deseos o caprichos propios. Si el hombre es un lobo para el hombre, el derecho es algo mío, que defenderé como la presa que ha encontrado un animal. Si el hombres es “el ser supremo para el hombre”, el derecho es la llamada a un enorme respeto, que solo querrá resolver los conflictos dialogando.

En cambio hoy, los mismos que proclaman que no hay un derecho al aborto, defienden a capa y espada el derecho a portar armas, aunque luego sucedan todas las matanzas que hemos ido conociendo estos últimos días (y recordemos aquí las últimas palabras de Francisco: ¡ningún país tiene derecho a poseer armas nucleares!). El “sacrosanto derecho de propiedad” es el más falseado y absolutizado: porque tiene una extensión reducida y se le da una extensión ilimitada. Pero ¿quién se atreve a tocar eso? Porque no es precisamente una zona erógena, sino una zona superirritable.

Hay también gente que nos habla de los derechos “de los animales”, desconociendo que los derechos son propiedad solo de seres personales y que la seriedad de lo personal es tanta que una persona puede tener deberes para con realidades carentes de personalidad. Pero una cosa es decir que una persona tiene obligación de no maltratar a los animales (por eso aspiro a la supresión de la llamada “fiesta nacional” por muchos rasgos atractivos que tenga), y otra que los animales son sujetos de derechos. Tampoco la tierra tiene derechos y sin embargo el ser humano tiene deberes muy serios para con la tierra. Que, por cierto, tanto Putin como Biden se los están pasando por el forro: porque ahora construirán oleoductos para llevar el gas ruso a Asia y el americano a Europa (como se habla también de que Alemania va a volver al carbón), y todo eso será la última puñalada mortal a la tierra, que desbaratará todas las aspiraciones y obligaciones ecologistas. Hablé otra vez del derecho de todo catalán a ser independentista: pero eso no sirve para camuflar un inexistente “derecho a decidir” que, desde el punto de vista internacional, no está reconocido por todos los juristas y, desde el punto de vista nacional, no está reconocido hoy (y ojalá lo esté algún día) por la Constitución española.                                                           Todas esas alusiones aspiran a poner sobre la mesa la pregunta que hoy me parece muy importante: ¿Estamos desfigurando y prostituyendo todo el tema de los derechos humanos convirtiéndolo en una falsa justificación de egoísmos propios? Porque, de ser así, estamos poniendo en un serio peligro, tanto la convivencia humana como la llamada “casa común” (que solo merecerá ese nombre si de veras hay convivencia entre todos). Esto era lo importante.                                                                                                               Volviendo al tema del aborto con el que abrimos estas reflexiones quisiera evocar otra vez un viejo artículo de Gustavo Bueno, ateo convicto y confeso, quien declaró hace años en “Nueva España” que él, como materialista y hombre de izquierdas, era contrario al derecho al aborto. Más tarde explicó en una entrevista a “El Mundo” (11.07.2009): que el problema del aborto no es asunto de moral sino de estupidez. ¡Con la cantidad de medios que hay para no quedarse embarazada, quien se embaraza solo puede ser porque es imbécil! (habría que añadirle a Gustavo: “o porque es víctima” como es el caso de muchas prostitutas). Así el mal llamado derecho al aborto se convierte en el “derecho a follar irresponsablemente”. Y no está mal darles a las cosas a veces otro nombre, a ver si eso nos hace pensar un poco.                                                                                              Porque, como diría Graham Greene, a lo mejor está ahí “the heart of the matter”. 

¿Vergüenza de ser occidental?

Manifestación en Madrid contra la cumbre de la OTAN

La gran habilidad de la política está en conseguir que el otro se porte de la peor manera posible.

Nuestro sistema socioeconómico es tan profundamente injusto que necesita un enemigo común para mantenerse en pie. Mientras existió la URSS, la cosa funcionó. Caída la URSS, anduvimos buscando ese enemigo común en la yihad y el terrorismo árabe; pero no funcionó porque, por salvaje que sea, es demasiado reducido y poco global.

El fútbol y la OTAN han cambiado sus papeles: en el fútbol pensamos hoy que el mejor ataque es una buena defensa. En la OTAN resulta que la mejor defensa es un buen ataque

Representa más a Rusia un Tolstoi que mil Putines (como un Marcelino Camacho o un Ruíz-Jiménez representaban a España mejor que Franco)

01.07.2022 | José I. González Faus teólogo

Muchos recordarán un incidente que se produjo hace años en un partido de fútbol Francia-Italia, final de un mundial o de una Eurocopa (no recuerdo). De repente Zidane dio un cabezazo en la cara al defensa italiano que le marcaba. Recibió una tarjeta roja y salió impertérrito del campo. Después se supo que su marcador se había dedicado durante todo el partido a meterse con la madre o la hermana de Zidane cada vez que se encontraban juntos, con frases como si la puta querrá acostarse conmigo esta noche etc., o parecidas…

Evoco la anécdota porque puede servir como ejemplo gráfico de las relaciones OTAN-Rusia durante los últimos años. Aunque Putin no sea, ni de lejos, comparable a Zidane, la OTAN sí que parece hermana gemela de aquel futbolista italiano: la gran habilidad está en conseguir que el otro se porte de la peor manera posible.

Antaño parece que Zidane tuvo paciencia para aguardar hasta siete minutos antes del final, y no perjudicar así a su equipo. Putin, por supuesto, es incapaz de esa elegancia y acabará hundiendo a Rusia. Pero ahí queda la frase triunfal del secretario de la OTAN: “Putin quería menos OTAN en sus fronteras, pues ahora tiene más”. Frase que muestra cómo la OTAN no es una organización defensiva sino imperialista y que a mí me produce vergüenza de ser occidental: porque esos no son nuestros valores y encima vamos de buenos por el mundo. Putin ha acabado siendo el más culpable, sin duda. Pero no ha sido el primero; exactamente igual que Zidane con su marcador.

La clave de la hipócrita conducta occidental reside para mí en este pequeño detalle: nuestro sistema socioeconómico es tan profundamente injusto que necesita un enemigo común para mantenerse en pie. Mientras existió la URSS, la cosa funcionó. Caída la URSS, anduvimos buscando ese enemigo común en la yihad y el terrorismo árabe; pero no funcionó porque, por salvaje que sea, es demasiado reducido y poco global.

Contra Alguien vivíamos mejor: como los españoles contra Franco. Al no tener ese alguien, nuestro sistema injusto y embustero iba cada vez peor y venía cuarteándose poco a poco: descrédito de los partidos, disminución del voto, aparición de extremas derechas sin casi más ideología que la ira, 15Ms, proliferación de nuevos partidos… Necesitábamos un enemigo común. Ahora que ya lo tenemos, estamos mejor. Hasta nos dicen satisfechos que es “la amenaza más significativa y directa”. Pero eso es lo que queríamos.

Luego, el presidente de un gobierno que él califica “de progreso”, nos llama a “fortalecer esa alianza”. A lo mejor al gobierno le pasa como a la ensaladilla rusa: que le han cambiado el nombre y ahora se llama “tradicional”. Nos aseguran que esa alianza a fortalecer es “solo defensiva”, por supuesto.  Pero ocurre que el fútbol y la OTAN han cambiado sus papeles: en el fútbol pensamos hoy que el mejor ataque es una buena defensa. En la OTAN resulta que la mejor defensa es un buen ataque. La OTAN nació, literalmente, como “compromiso de resolución pacífica de diferencias”. Y luego vemos cómo ha pretendido resolverlas en Afganistán, Irak, Libia o los Balcanes…

Por eso, si los ucranianos quieren un consejo (aparte del de reconocer que ellos no eran un país sin corrupción y limpiamente democrático), les diría que, cuando oigan decir a nuestros políticos que “siempre nos interesará ayudar a Ucrania”, entiendan que eso puede ser verdad si lo dicen el P. Ángel o sor Lucía; pero en boca de un político occidental solo significa: “siempre nos interesará tener a Rusia como enemigo”.

Y qué quieren que les diga: vale más un Dostoievski que mil Stoltenbergs; y representa más a Rusia un Tolstoi que mil Putines (como un Marcelino Camacho o un Ruíz-Jiménez representaban a España mejor que Franco). Siempre nos hará más bien leer “la historia de un peregrino ruso” que la de un militar norteamericano. Y Rusia siempre será más parte de Europa que esos Estados Unidos que han conseguido convertir a la Europa en gestación, en su perrito faldero.

Algún día sabremos además si dos países tan respetables como Suecia y Finlandia se han bajado los pantalones ante Turquía abandonando a los kurdos a su suerte, como se los bajó ante Marruecos nuestro presidente, defendiendo a los autores de al menos 23 muertos en Melilla, y echando la culpa de eso a las mafias: ¡exactamente el mismo argumento que daba Rajoy! Pero sin añadir que esas mafias surgen cuando hay gente que busca realizar derechos pisoteados. Porque no podemos aumentar el presupuesto ni para educación ni para sanidad ni para acoger a los migrantes. Pero sí lo vamos a aumentar para armarnos mejor (defensivamente, por supuesto).

Umberto Eco se precipitó: porque ahora es cuando podría escribir su gran novela, dejando estar la rosa y titulándola: “El nombre del progreso”. Y a propósito del progreso social se preguntaba hace muchísimos siglos el profeta Amós (6,12): “¿se puede arar con vacas? Pues vosotros convertís en veneno el derecho y la justica en acíbar».

 Y ya que sale la Biblia, me viene a la memoria una parodia de Jesús de Nazaret: “¿por qué miras la astilla en el ojo de Rusia y no ves la viga que llevas en el tuyo? Saca primero lo que llevas en tu ojo, y entonces verás bien para poder decirle a Putin: hermano, déjame que saque la astilla que llevas en tu ojo” (cf. Lucas 6, 41-42)

La cosa es tan seria que me pregunto si no obliga a UP a romper la coalición gubernamental aunque, seguramente, le irá mal en unas próximas elecciones. Pero al menos salvaría eso mínimo que es lo máximo: la ética. Y si hay que hacer políticas de derechas, pues mejor que gobierne la derecha. Las izquierdas siempre podrán aprender a rezar y pedir que no llegue un día en que estemos aún más tristes que hoy, porque la política “pacificadora” de la OTAN nos ha metido en una tercera guerra mundial (defensiva por supuesto).

Adiós, planeta… ¿adiós?

Adiós, planeta... ¿adiós?
Adiós, planeta… ¿adiós?

Una guerra mundial atómica o una catástrofe ecológica global son amenazas sólidamente probables desde un punto de vista científico

Aunque a Putin no le hayan salido las cosas a su gusto, Occidente parece estar fracasando en la guerra de Ucrania: ni ha conseguido la ayuda de todo el Sur, incluso de sus aliados árabes, ni parece que Ucrania podrá resistir una guerra muy larga)

Por José I. González Faus

El título no significa que puedo irme pronto (eso se da por descontado), sino quizá es el planeta el que se nos despide antes de lo previsto. Más que una despedida quiere ser un lamento.

Normalmente los gritos de alarma o los avisos de peligros muy graves suele tomarlos la gente como “jeremiadas” o anuncios de Casandra (única que predijo la derrota de Troya sin que nadie le hiciera caso). El hecho es que, cuando nos dicen que hoy podríamos estar ante otra caída, más mortal y más global que la de Jerusalén o la de Troya, nos limitamos a subir el volumen de nuestras orquestas para poder seguir “bailando tranquilamente sobre la cubierta del Titanic”. Esa frase no es mía pero me parece una descripción muy gráfica de lo que puede ser nuestro momento histórico.

Ucrania
Ucrania

Veamos. Aunque a Putin no le hayan salido las cosas a su gusto, Occidente parece estar fracasando en la guerra de Ucrania: ni ha conseguido la ayuda de todo el Sur, incluso de sus aliados árabes, ni parece que Ucrania podrá resistir una guerra muy larga. Llevar a Putin ante un tribunal internacional (¡que EEUU no reconoce!) implicaría llevar también a EEUU ante ese mismo tribunal por la masacre de Irak, que fue tan “injustificada y brutal” como la de Ucrania, como acaba de reconocer el mismo G. Bush, aunque no sepamos si sus palabras fueron un lapsus inconsciente, o una tardía confesión deliberada.

La entrada de Finlandia y Suecia en la OTAN es una calamidad (fruto de esas cegueras del miedo) que nos vuelve a la antigua situación de guerra fría, por más que la OTAN la célebre insensatamente. Las sanciones impuestas a Rusia están haciéndonos más daño a los ciudadanos de la Europa occidental que a los rusos: porque estos ya están acostumbrados a pasarlo mal, mientras que nosotros, como nos alteren un grado el aire acondicionado, parece que ya no podemos soportar tanta molestia. Y si todo esto va llevando a una prolongación de la guerra y acabamos llegando a una tercera guerra mundial, con armas atómicas en ambas partes…, prefiero no seguir pensando. Pero “científicamente hablando”, hay que reconocer que esa es una amenaza sólidamente probable.

Creemos que los rusos están peor porque están sometidos a una desinformación total por la censura política. Es cierto; pero no nos damos cuenta de que nosotros estamos sometidos a una censura parecida y más sutil, que no proviene de los poderes políticos sino de los mediáticos: no se prohíbe nada, por supuesto. Pero se guisa y se escatima todo, según los intereses del sistema.

Vacuna al planeta
Vacuna al planeta

Por otro lado, la ocupación con la guerra ha llevado a un abandono casi total de nuestra preocupación por el planeta que ya era bastante irresponsable (la describí una vez como “tratar el cáncer con paracetamoles”). Hace poco, un grupo de científicos ha lanzado un manifiesto muy serio denunciando que el planeta está cada vez más enfermo, que no cumplimos ninguno de los objetivos propuestos, que el calentamiento se acentúa y que es urgente modificar casi todos nuestros parámetros de conducta. Esas cosas podemos permitirnos incluso publicarlas un día (¡faltaría más! ¡Con el respeto que tenemos nosotros de la libertad de expresión!). Pero al día siguiente se entierran, y se cumple aquella máxima tan sabia de que “nada hay más viejo que el diario de ayer”. Prometemos que “mañana mismo” atenderemos a esa advertencia y luego cumplimos el sabio verso de Lope de Vega: “siempre mañana y nunca mañanamos”. Y además hacemos bien: porque ya sabemos que la democracia es una cuestión de mayorías, y que todas esas advertencias son minoritarias; y el gobernante que intente un programa ecológico radical perderá las próximas elecciones.

Armas nucleares
Armas nucleares

Pero, otra vez: todos esos peligros no son puras fantasías o imaginaciones, sino amenazas sólidamente probables desde el punto de vista científico.

Esos creo que son los datos. La pregunta que queda es cuál será nuestra reacción si un día esas serias probabilidades pasan a ser realidades. Por un lado, un grupito criminal repetirá tranquilamente las conductas que viene denunciando Oxfam y que ya no sé si calificar de “Putinianas” o de “Otanianas”: “los diez hombres más ricos del mundo duplicaron su fortuna durante la pandemia”; durante la covid, “cada día ha habido un milmillonario más y varios miles de hambrientos más”… Otro grupo mucho mayor, echará la culpa a Dios (aunque no crea en Él), porque no puede concebir otra explicación de lo que ha ocurrido. Muchos otros buscarán desesperadamente una salida individual para ellos solos, sin lograr encontrarla. Otros creerán oír la voz de Dios que grita como en el libro del Génesis: “Adán ¿dónde estás?”… Y quizás a unos pocos les pasará como al profeta Jeremías: que después de haber anunciado desesperadamente, contra la incredulidad y las protestas de casi todos, la próxima caída de Jerusalén, cuando se produjo por fin esa caída, lloraba desesperadamente con más dolor que nadie… 

Por mi parte, “solo le pido a Dios”… como cantaba Mercedes Sosa. Sólo le pido a Dios que todo esto sean chocheces de viejo.

La reforma de la Curia

La reforma “franciscana” de la curia romana

Praedicate Evangelium

«Se ha cumplido así la que, seguramente, será la gran obra de este pontificado. Y Francisco puede entonar gozoso su propio ‘nunc dimittis'»

«La reforma parece buscar que la curia romana, en lugar de ser un muro entre papa y obispos, sea un verdadero lazo»

«La limitación de los cargos a cinco años prorrogables por una vez, que evitará probablemente las posibilidades y tentaciones de ese “carrerismo” tantas veces denunciado por Francisco»

«El carácter episcopal de personas que trabajan en oficinas quebranta el canon VI del concilio de Calcedonia de que no haya obispo sin diócesis»

Por | José I. González Faus teólogo

El próximo 3 de junio será proclamada oficialmente la Constitución Apostólica para la reforma de la curia romana, que lleva como título Praedicate evangelium y, como subtítulo: “una nueva curia para un tiempo nuevo”. 

Sin necesidad de llamar a la Curia “la gran prostituta” como hacía el hermano Martín Lutero, tan fino él siempre, su reforma era una de las tareas pendientes desde el Vaticano II, cuando Ottaviani protestaba a gritos contra las demandas no recuerdo ya si del cardenal König o de Lercaro. Los intentos de Paulo VI o de Juan Pablo II fracasaron por resistencias de la misma curia y se quedaron en meros retoques cosméticos. Francisco, siguiendo más su modo de gobernar, encargó la tarea a una comisión de nueve cardenales de todo el mundo, creada en el 2013 y que reconocen haber trabajado intensamente. Se ha cumplido así la que, seguramente, será la gran obra de este pontificado. Y Francisco puede entonar gozoso su propio “nunc dimittis”.

Cuando me encargaron este comentario, pensé negarme porque soy de aquella generación que, de jóvenes, presumían de alergia al derecho canónico. Pero los años también suavizan cosas y enseñan algo. Y además, me animó saber que el texto jurídico estaba precedido por una reflexión teológica, que será quizá lo más importante de mi comentario. 

Manos al texto, pues. Para ayudar al lector lo que sean puros comentarios míos (no resúmenes o exposiciones del texto), irán siempre en letra más menuda o en notas al pie.

ECLESIOLOGÍA PREVIA

Siguiendo la propuesta de Paulo VI durante el Vaticano II, podemos estructurar esa eclesiología del Documento hablando de la Iglesia hacia fuera y hacia dentro.

 Ecclesia ad extra

La primera creo que cabe en estas cuatro tesis.

–   La misión de la Iglesia y su razón de ser es predicar el evangelio, no simplemente organizarse. El documento habla expresamente de una “conversión misionera” de la Iglesia (n. 2); y busca armonizar mejor el servicio de la Curia con esa misión evangelizadora (n. 6).

-Esa misión no es solo tarea de los clérigos sino de todo cristiano por el bautismo, y se concreta en ser “luz del mundo” (n. 2). 

–   Y eso lo será la Iglesia (como dijo Vaticano II) siendo una señal eficaz de “comunión nueva”: una comunión de caminantes (syn-odalidad) en la que cada uno tiene algo que aprender del otro (n. 4).

–   La evangelización no consiste solo en un anuncio sino también en el cuidado de los más débiles, más enfermos o más sufridos (n. 1 y 11).

1.2.- Ecclesia ad intra

Para subsistir la Iglesia tiene una especie de osamenta, o estructura que fue el grupo de los 12 con Pedro a la cabeza, y que hoy se continúa en el episcopado con el sucesor de Pedro. De ahí el carácter no solo local sino universal del ministerio episcopal. Por eso, el Documento quiere dar expresión también a la dimensión colegial del ministerio episcopal, más descuidada hasta hoy. 

Y solo después de dicho esto, es en esa eclesiología donde hay que situar a la Curia romana.

1.3.- Curia

La Curia romana está también en relación con ese colegio episcopal. No se sitúa entre el papa y los obispos sino que se pone al servicio de ambos (n. 8). Está pues “al servicio del papa y de los obispos”, respetando la responsabilidad señalada que les corresponde como sucesores de los Apóstoles (pp. 138-39)1. La reforma de la curia no es un fin en sí misma sino un medio para la evangelización, el ecumenismo y el diálogo constructivo entre todos (n 12), desde la espiritualidad del buen samaritano que parece tan querida a Francisco (n. 11).

Pero lo dicho vale también de algún modo para todo cristiano que, por el bautismo, -y si ha encontrado el Amor de Dios en Cristo-, participa de la misión evangelizadora de la Iglesia. Por tanto, la reforma de la Curia debe prever la implicación de los laicos incluso en funciones de gobierno y responsabilidad (n. 10): cualquier fiel puede presidir un dicasterio o un organismo (II, 5).

Ojalá estos principios se conviertan en el alma de toda la praxis futura y anime a la Iglesia a practicar ese “principio de solidaridad” que tanto ha enseñado y tan poco practicado. La redacción del texto deja la impresión de que a veces usa como un doble lenguaje (como pasa también en la constitución del Vaticano II sobre la Iglesia): frases más nítidas se acompañan a veces con algunas expresiones más tradicionales que parecen hechas para tranquilizar a los conservadores. Comento esto porque me ha sugerido la consideración y el cuidado con que habrán querido trabajar los redactores. Y repito: como ocurrió en el Vaticano II para obtener así votaciones cercanas a la unanimidad.

2.-PRINCIPIOS PARA LA REFORMA

El célebre refrán castellano “hecha la ley hecha la trampa” puede tener una interpretación menos sarcástica que diga: “hecha la ley hecha la interpretación”. Por algo existe en todos los países la llamada jurisprudencia, para ayudar a aplicar las leyes. Pues, en definitiva, lo importante no son solo las leyes sino cómo se cumplan: ahí estará la verdadera reforma.

Quizá por eso, una de las novedades de esta Constitución es que, entre los principios teológicos comentados, y los diversos cánones o normas, existe un capítulo intermedio que intenta marcar los criterios con que han de ser leídos. Son los siguientes

1.- Servicio a la misión del papa. Pero un servicio no exclusivo y que está dirigido no meramente a la autoridad sino a la misión.

2.- Corresponsabilidad en la comunión. Lo cual parece que debe implicar una clara descentralización.

3.- Servicio también a la misión de los obispos. Mediante: consejo, apoyo, protección de vulnerables, servicio a la paz, justicia y familia.

Este tercer principio completa al primero; y el segundo da su fundamento: la Iglesia es una comunión corresponsable. Hasta ahora daba la impresión de que la curia no tenía autoridad sobre el papa, pero sí sobre los obispos. El lenguaje de servicio evita también eso: la Curia no tiene autoridad sobre los obispos como no la tiene sobre el papa. La reforma parece buscar que la curia romana, en lugar de ser un muro entre papa y obispos, sea un verdadero lazo.

4.- Apoyo también a las iglesias orientales

5.- Carácter vicario. Es decir: no actúa en nombre propio como hasta ahora, sino en nombre del papa. Por eso (porque cualquier fiel, aunque no sea obispo, puede presidir un dicasterio u organismo de la Curia) queda claro que esta no actúa en nombre propio. 

Si no hace falta ser obispo para presidir un dicasterio, se evita que el carácter episcopal de sus miembros dé a la Curia la misma dignidad que un obispo diocesano, para poder tratarlo autoritariamente. Además, ese carácter episcopal de personas que trabajan en oficinas quebranta el canon VI del concilio de Calcedonia de que no haya obispo sin diócesis. El recurso a nombrarlos obispos de una diócesis inexistente resulta hoy una hipocresía demasiado clara. Parece ser que Benedito XVI ya intentó arreglar esto, pero la Curia se le opuso. El acierto de Francisco habrá sido que esa decisión no la ha tomado el papa solo por su cuenta, sino el consejo de cardenales que trabajó esta reforma. La Curia, pues, ya no podrá pretender que su propia palabra funcione como palabra del papa (2).

6.- Espiritualidad: una relación con Cristo que lleve a gastarse por los planes de Dios (no por los propios) y un servicio a la Iglesia-misterio más que a la iglesia institución.

Vale la pena recordar aquí las duras palabras de Francisco, en uno de sus primeros discursos a la Curia, alertando sobre el peligro de lo que él llamó “un alzhéimer espiritual”.

7.- Integridad personal y profesionalidad.- De entre todas las cualidades exigidas destaco aquí la de “capacidad para discernir los signos de los tiempos”. Ello pide también atención cuidadosa a la selección y formación del personal.

8.- Colaboración entre los dicasterios.- Recupera el viejo eslogan latinoamericano de “comunión y participación” y lo concreta en reuniones periódicas con el obispo de Roma (individuales y en grupo). Pero también:

9.- Reuniones interdicasteriales e intradicasteriales. Necesarias porque puede haber temas que involucran a varios dicasterios. Incluye también reuniones periódicas plenarias entre los miembros de un dicasterio.

10.- Expresión de catolicidad.- Con colaboradores provenientes de diversas culturas. Y que se refleje en la elección de sus miembros.

11.- Reducción de dicasterios.- Uniendo aquellos cuya finalidad era muy similar y haciendo así más eficaz el trabajo.

12.- Termina esta parte con una cita de Pablo VI: “que la caridad pueda encender todos los principios, doctrinas y propósitos para poder realizar aquella renovación que fue el fin del Vaticano II”.

      3.- ARTICULADO


250 cánones (algunos con varios párrafos) son demasiados para el profano comentarista y para el profano lector. Elegiré, pues, los que me parecen más importantes o novedosos, evitando sutilezas canónicas (como tareas y competencias, reuniones –en las que se insiste muchas veces-, nombramientos, relación entre organismos, competencias…), y evitando también repeticiones de lo ya expuesto. Pero el lector debe saber que todo lo que sigue es una panorámica muy a vuelapluma.

3.1.- Algunos principios generales

Artículo 6.- Que los miembros de la curia que son clérigos tengan también cura de almas. Y los que pertenecen a algún instituto o sociedad colaboren también en otras realidades eclesiales.

Art. 11.- Seguir (ad intra) los criterios de la doctrina social de la Iglesia.

Art. 12.- Se compone de: secretaría de estado, dicasterios, organismos, y oficinas (instituciones curiales).

Art. 17: cargos por cinco años; cesan a los 80

Art. 21: cada institución de la Curia “estudia los problemas más graves del tiempo presente para promover la acción pastoral de la iglesia de manera más adecuada coordinada y eficaz…” (En lugar de responder desde criterios fijos).

Art. 29: cuando una institución prepara un documento, ha de ser visto y mejorado por todas las otras instituciones de la Curia antes de ser presentado al papa. 

Art. 30: Una institución curial “no puede dictar decretos generales con fuerza de ley”, ni puede derogar las prescripciones del derecho universal; ni hacer nada en asuntos importantes o extraordinarios sin la aprobación del papa (A 31).

Importantes son también los AA 36 y 37: “la curia romana al servicio de las iglesias particulares”, donde nunca se habla de ordenar o mandar, sino de “colaborar…, tener en cuenta el parecer de las conferencias episcopales, responder con celeridad, consultar a los nuncios y comunicar las decisiones tomadas antes de publicarlas”.

Un primer detalle que me ha llamado la atención es que se habla generalmente de obispo de Roma o pontífice romano, y no de su Santidad. Más seria es la obligación de estudiar los problemas de cada tiempo (en otro lugar se habla de los “signos de los tiempos”) en lugar de responder con fórmulas prefabricadas. Todavía más seria es la limitación de los cargos a cinco años prorrogables por una vez, que evitará probablemente las posibilidades y tentaciones de ese “carrerismo” tantas veces denunciado por Francisco y que parecía una de las lacras de la curia actual. Habrá que contar, no obstante, con la posible dificultad de que no será fácil encontrar tantos miembros (bien preparados además) como los que exige esta reforma. 

Además, el que estas personas (que prestan ese servicio imprescindible de la burocracia) tengan también cura de almas, será un gran beneficio no solo para ellos sino para la iglesia universal. (Recuerdo cómo hace años me explicaba algo de esto el P. Simón Decloux, uno de los Asistentes Generales de Pedro Arrupe que, mientras estuvo en ese cargo, no dejó de visitar las barriadas más míseras de Roma). 

Finalmente, el artículo 29 me deja la pregunta de si, con las posibilidades digitales de hoy, sería posible que algunas instituciones de la Curia tuvieran su sede fuera de Roma, en diversos lugares del planeta. Quizá sería una ayuda para ese interés (bien presente en este documento) por “hacer visible la catolicidad de la iglesia”.

3.2.- Dicasterios

Se ha procurado reducirlos y han quedado 16. Son los siguientes:

–    Para evangelización. Y llama la atención que este dicasterio esté presidido directamente por el papa (art.54), en consonancia con la primera de las tesis teológicas antes citadas. Como también que este dicasterio tenga una sección de estudio sobre todo para signos de los tiempos y para las condiciones de los destinatarios del evangelio (art. 57). 

-Para la doctrina de la fe. Además de “conservar el depósito”, y más que “condenar errores”, se propone aquí hacer que resplandezca la verdad del evangelio, investigando hacia “una comprensión cada vez más profunda de la fe antes las nuevas cuestiones” (art. 69). Aquí entran la pontificia comisión bíblica, la comisión teológica internacional y una comisión para la protección de menores.

–   Para el servicio de la caridad. Este puede ser uno de los rasgos más llamativos de la reforma: la antigua “limosnería apostólica” convertida en dicasterio. Y además para que trabaje “a partir de la opción por los pobres, vulnerables y excluidos” (art. 79), concretando “la solicitud y cercanía del romano pontífice hacia quienes viven en situaciones de indigencia, marginación o pobreza” (art. 80)(3). 

–    Para las iglesias orientales

–  Para culto y sacramentos, que comienza con una alusión expresa a “promover la renovación emprendida por el Vaticano II” (art. 88), y que deja las traducciones a cada lengua en manos de las conferencias episcopales y no en manos de la Curia que solo se limita a confirmarlas (4).

–    Para causas de los santos, para obispos, para el clero, para institutos de vida consagrada. Estos cuanto dicasterios quedan prácticamente igual, pero: en el de los obispos se dice que los nombramientos se harán “tomando en consideración las propuestas de las iglesias particulares, de las Conferencias Episcopales y de las Representaciones Pontificias, previa consulta a los miembros de la Presidencia de la Conferencia episcopal y del Metropolitano” (art. 105) (5). 

-Para asuntos del clero: queda en manos de las Conferencias Episcopales la elaboración de los planes de formación, pero para que “los alumnos sean adecuadamente educados con una sólida formación humana, espiritual, intelectual y pastoral” (art. 114, y creo que vale la pena notar la intención de los cuatro adjetivos). Además se añade un nuevo dicasterio:

–    Para laicos, familia y vida. Para que los laicos “compartan, tanto en la pastoral como el gobierno de la iglesia, sus experiencias creyentes y sus propias habilidades seculares” (art. 129) y con una especial preocupación “por los jóvenes” (130), por la identidad y misión de la mujer (131), por los “modelos para la transmisión de la fe en las familias” (136), por las crisis matrimoniales y las personas involucradas en fracasos matrimoniales (a. 137,2) y por el tema del aborto (138). 

–    Para la unidad de los cristianos. 

–   Para diálogo interreligioso, en este artículo se indica que el trato con las demás religiones sea “con actitud de escucha, estima y respeto”; y que se dirija “a promover la libertad, la justicia social, la protección y salvaguarda de la creación” (art. 148). 

Una relación, por tanto, que sea mucho más de “diapraxis” que mero diálogo teórico (que, en mi opinión, solo podrá ser algo fecundo tras el mutuo conocimiento y estima que generan los compromisos y luchas conjuntas.

–   Para cultura y educación (dicasterio muy reciente, que unifica muchas entidades distintas y que ha tenido ya a un laico, Paolo Ruffini, como director

–   Para el servicio humano integral (que integra antiguos consejos pontificios: Justicia y paz, pastoral de emigrantes y de la salud, cor unum) para promover la dignidad de la persona humana, los derechos humanos y la integridad de la creación… (art. 163) cooperando además con todas las religiones y organizaciones civiles dispuestas a eso (art. 164) (6).  Y que, finalmente “promueve y defiende modelos de economía equitativos y estilos de vida sobrios, sobre todo promoviendo iniciativas contra la explotación económica y social de los países pobres” (art. 168)

–    Para textos legislativos, para comunicación. (16 dicasterios en total)

3.3.- Organismos

Penitenciaría apostólica, tribunal de la rota, consejo y secretaría de asuntos económicos, administración del patrimonio, auditoría general, materias reservadas, inversiones (7 en total).

De ellos el más importante me parece la secretaría de asuntos económicos que constará de 15 miembros (ocho cardenales u obispos y siete laicos, elegidos también por cinco años) y que, según rumores, ha exigido un gran esfuerzo y donde se comienza diciendo que el Consejo actúe “a la luz de la doctrina social de la Iglesia” (a. 205). Entre otras tiene la misión de “elaborar herramientas adecuadas que hagan eficaz y transparente la gestión administrativa y financiera” (a. 216). Espléndidos deseos de los que solo cabe comentar que ojalá no se queden en meros deseos.

3.4.-Oficinas

Prefectura de la casa pontificia, celebraciones litúrgicas del papa, camarlengo.

3.5.-Abogados

3.6.- Instituciones vinculadas a la sede apostólica

Al leer esta última parte un poco más despacio, haciendo decir a las palabras más de lo que suenan para nosotros los profanos en cánones, creo que la impresión que deja “Praedicate evangelium” es francamente buena. Habrá que añadir, parodiando a Calderón, aquello de que “las leyes, leyes son”. Lo cual significa que lo importante ahora será su cumplimiento, para el cual y en ejercicio de una colegialidad plena, todo el episcopado con el sucesor de Pedro a la cabeza, deberá sentirse responsable de la guarda óptima de toda esta ley. Para bien de la Iglesia pero también para ejemplo de este mundo desanimado y en el que la Iglesia siente en sus hombros aquel mandato tan aparentemente sencillo de Jesús: “vosotros sois la luz del mundo”.

 1. Cito según la edición de Publicaciones claretianas, Madrid 2022.

 2. Se aclara eso con lo que cuenta el obispo australiano G. Robinson, en el libro Sexualidad y poder en la Iglesia. Encargado por la conferencia episcopal de su país, para investigar los casos de pederastia, fue llegando a la conclusión de que, aún más que un problema de sexualidad, se daba en esos casos un problema de poder. El poder de un clero sacralizado e inapelable por eso. Pues bien: Robinson recibió un aviso de la Curia de que al papa no le gustaba la manera como estaba enfocando su investigación. Todo apunta a que papa no sabía nada de eso. Pero a la Curia le molestaba ese ataque al poder clerical. Y en carta de octubre de 1996 avisó al obispo de que se iba a informar de su proceder a la Congregación de la fe. Robinson cuenta que, sintiéndose tildado de “hereje”, abandonó la investigación y decidió contar la historia en el libro mencionado. En España existe el caso de otro obispo, trasladado de una diócesis a otra con intención de castigo, y a quien el papa preguntó cómo estaba en aquel lugar: “porque Ud. me trasladó” fue más o menos la respuesta, a la que el papa comentó que él no sabía nada de aquel traslado. Es de suponer que la comisión de cardenales que redactó nuestro Documento, conocía bien esos sucesos.

3. El cardenal Maradiaga cuenta que, al nombrar actual Limosnero, le dijo Francisco: “no te quiero encerrado en esta oficina. Tu trabajo comienza a las 10 de la noche porque tienes que salir a buscar a los pobres que duermen debajo de los puentes de Roma o en las aceras tirados con una vieja manta, y tienes que llevarlos a la casa de Madre Teresa” (pp. 66-67).

 4. Así ha sucedido ya que, en el misal italiano, el texto de la consagración del cáliz dice expresamente “por todos” y no “por muchos”. También hubiera sido bueno plantear una reforma de la invocación constante “Dios todopoderoso” y sustituirla por la de “Dios todo misericordioso”, más cristiana. Y otra reformulación de las colectas más antiguas que parecen pedir la ayuda de Dios solo para la otra vida y no para esta. Eso pudo ser comprensible en épocas de vida muy breve y que habían olvidado la historia pero, en sí mismo, resulta heterodoxo. Y esperemos que, en el futuro, pierda todo sentido aquel viejo chiste que evoca también, irónicamente, el cardenal Maradiaga: “¿Cuál es la diferencia entre un terrorista y un liturgista? Pues que con el terrorista, al menos puedes dialogar”.

 5. Parece que ha quedado una redacción muy vaga, por lo que toca a la elección de los obispos por las propias iglesias locales, aunque se abren algunas rendijas para ello.

6.  A diferencia con la mentalidad del papa Wojtila que quería a la Iglesia directora más que colaboradora

Jesús y Francisco: mismos enemigos, mismos ataques

Jesús y Francisco: mismos enemigos, mismos ataques
Jesús y Francisco: mismos enemigos, mismos ataques

“Éste ha venido para que salgan a la luz los pensamientos de fondo de muchos corazones”.

Escritas por un periodista español: “Juan Pablo II fue un papa santo; Benedicto XVI un papa sabio, Francisco es un papa-natas”

“Si al Señor de la casa le han llamado Beelcebul ¿qué no llamarán a sus servidores?” (Mt 10,25)

«Ya no es simplemente que se le llame comunista o tercermundista, ni que todo un cardenal le acuse de no cumplir el evangelio, ni que se le llame el papa de los ateos. Es la furia de todo un diputado brasileño que le tacha simplemente de “sinvergüenza”»

Por José I. González Faus *aparecido en el n. 289 de Iglesia Viva

Hay en los evangelios un dicho sobre Jesús que parece repetirse en el actual obispo de Roma. No en plan de igualdad, por supuesto, pero sí como el ejemplo y el estilo del Maestro que se reflejan en el discípulo. Me estoy refiriendo a la frase de Lucas (2,35): “este ha venido para que salgan a la luz los pensamientos de fondo de muchos corazones”.

Datos.-

En efecto: Jesús puso en evidencia lo que había en el fondo de muchos sumos sacerdotes, de muchos saduceos y de muchos “judíos respetables”. Tanto que todos los evangelios repiten varias veces que la reacción ante algunas conductas de Jesús fue que “tomaron la determinación de acabar con Él”.

Crucifixión de la catedral de Burgos
Crucifixión de la catedral de Burgos

Encontramos esa reacción en Marcos (3,6), ya al comienzo de su relato y cuando las cosas iban mejor. Y con el significativo detalle de que en esa decisión se unen enemigos irreconciliables como eran “los fariseos y los herodianos”. La encontramos también en Mateo (26,4) en una reunión celebrada ex profeso para eso, y con el cuidado de hacerlo de manera “que no se amotine el pueblo”. La encontramos repetida en Juan, el evangelio que parece presentar a un Jesús más celestial: “pretendían matarle porque no solo curaba en sábado sino que se hacía igual a Dios” (5,18), lo que acabará en la decisión “oficial” de 11,53: “acordaron matarle”. Lucas habla de un intento de despeñarle (4,29) y de un afán por “tenderle lazos” (11,53). Y eso que Lucas parece mucho menos preocupado por la reacción de los poderosos y más por la del pueblo sencillo que alababa y daba gracias a Dios porque sentían que un gran Profeta les había visitado (cf. 7,17).

Razones.-

Si nos preguntamos qué es lo que provocaba esas decisiones tan furiosas y tan retorcidas, creo que hay tres rasgos en la conducta de Jesús que las explican suficientemente, y que sacan a la luz lo que hay, por debajo de las apariencias, en el fondo de nuestros corazones:

a.- Por un lado, Jesús parece poner a las personas concretas (y sobre todo: sus necesidades más primarias) por encima de las instituciones más sagradas. Suena muy aceptable la argumentación del jefe de la sinagoga en Lc 13,14: “la semana tiene seis días para que vengáis a curaros en vez de hacerlo en día de precepto”. Pero Jesús considera que aquella enferma tiene derecho a no esperar ni un día más, tras tantos años de sufrimiento y porque (en el lenguaje de la época) la enfermedad es obra de Satán y no de Dios; mientras que los hombres ponemos las excepciones a la ley en nuestros animales antes que en las personas (cf. Lc 13,15 y 14,5). Algo parecido se refleja en alguna parábola como la del buen samaritano: pues, según explican los exegetas, aquellos que pasan de largo tenían buenas razones sociales para obrar así.

 b.- Por otro lado, Jesús da la sensación de ser acogedor y comprensivo con “los de fuera”, mientras resulta autocrítico y hasta duro con los de dentro. En los evangelios, los samaritanos quedan mejor que los judíos. Recordemos además que las dos únicas veces que Jesús alaba la fe de alguien (Él que tanto se quejaba de la “poca fe” de los suyos), se trata de dos personas no judías: el centurión y la mujer cananea. Y recordemos también la amenaza de que vendrán muchos “de fuera” a sentarse a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob, mientras los hijos del pueblo no entrarán (Mt 8, 11.12).

c.- Finalmente Jesús es implacable con los ricos, a los que dice: “ay de vosotros porque ya tenéis aquí vuestro consuelo” (Lc 6,24), y les enseña que es imposible que se salven mientras no pongan su riqueza al servicio de los pobres (cf. Mc 10, 22-24): porque el ídolo más contrario a Dios es precisamente la riqueza privada (“Mammon”, Mt 6,24)[1].

Evangelizar a los ricos
Evangelizar a los ricos

Es muy comprensible que esos tres rasgos del proceder de Jesús fueran desatando poco a poco recelos, hostilidades y finalmente una ira y una rabia mal contenidas: porque, efectivamente, pueden poner en evidencia lo que hay en el fondo de nuestros corazones.

Pues bien: lo curioso es que este mismo proceso parece ser el de las reacciones de muchos bienestantes frente al actual obispo de Roma. Veamos algunas:

En Francisco.-

Ya no es simplemente que se le llame comunista o tercermundista, ni que todo un cardenal le acuse de no cumplir el evangelio, ni que se le llame el papa de los ateos. Es la furia de todo un diputado brasileño que le tacha simplemente de “sinvergüenza”[2]: aquí, la crítica con algún contenido aparente, se ha transformado sin más en insulto barriobajero. Y eso mismo parecen reflejar (aunque no sé si son ciertas) estas palabras que me envía un amigo como escritas por un periodista español: “Juan Pablo II fue un papa santo; Benedicto XVI un papa sabio, Francisco es un papa-natas”[3]. Semejante falta, no ya de respeto sino de educación elemental, refleja esa rabia impotente y descontrolada de quien, si pudiera, acabaría con él. Pero claro: al reflejar esa rabia pone otra vez en evidencia lo que hay en el fondo de muchos corazones…

La canonización de los cuatro papas
La canonización de los cuatro papas

Y es que las tres formas de conducta destacadas en Jesús atacaban nuestra estabilidad, nuestra vanidad autocomplaciente y nuestra seguridad y pretensión de ser superiores. “Una mica massa” que dirían mis hermanos catalanes.

Pues bien: algo de eso parecen amenazar también algunas conductas de este papa que prefiere viajar a Irak, a Lampedusa, a Palestina, a Cuba, a la República Centroafricana y a Marruecos, antes que a “la católica España”. O que se reúne con los gitanos, que grita a favor de los inmigrantes y se deja quitar el solideo por un niño de diez años… Ya en los comienzos de su ministerio, se le acusó con razón de “desacralizar el papado”[4]. Lo cual es muy serio: porque el papa era antes una especie de “depósito de sacralidad” que funcionaba muy bien como arma defensiva de los bienestantes. Y eso se ha evaporado.

Por otro lado, aunque muchas de las cosas que Francisco dice de economía, las habían dicho ya sus predecesores, estos las dijeron en largas encíclicas[5] (que muy pocos leían), entre mil frases teológicas, donde perdían sabor como un trago de un vino fuerte disuelto en un litro de agua… En cambio Francisco ha dicho muchas de esas cosas sin aguarlas y en cualquier sitio, de modo que todo el mundo se entera y hasta las repite como eslóganes: “una economía que mata; “la cultura del descarte”… Así se comprende lo furibundo de algunas reacciones y lo que el mismo Francisco dijo en Eslovaquia: “algunos me querrían muerto”. ¡Y tanto!

Papamóvil en San Pedro
Papamóvil en San Pedro

Seguramente ya es tarde para planear algún atentado bien disimulado. Quedan recursos como desacreditar a la Iglesia presentándola como la única culpable del horror de la pederastia, a pesar de que Francisco ha sido quien más valientemente ha actuado contra esa plaga. En cualquier caso, me temo que a Francisco le queden días harto difíciles. Porque, por el otro lado, se le acusa de ser remiso en el tema de la mujer, a pesar de que es el papa que más ha hablado de la necesidad de un mayor protagonismo de la mujer en la marcha de la Iglesia, y que más cargos de cierta entidad ha procurado cubrirlos con mujeres. Pero una impaciencia, más humana que divina, impide comprender que Francisco tiene aquí las manos muy atadas no solo por declaraciones aún muy cercanas de sus predecesores inmediatos[6], sino por razones ecuménicas, como son las iglesias de la llamada “Ortodoxia”. Olvidamos aquí que la sinodalidad, a la que tanto cantamos ahora, muchas veces ha de significar “paciencia”[7]. Por lo demás, es esta una conducta muy frecuente en las sociedades humanas: en el campo político hemos sido testigos muchas veces de que reivindicaciones extremas, que estaban muy calladas cuando el gobierno estaba en manos de la derecha, se levantan con urgencia cuando acceden al poder las izquierdas, creando problemas innecesarios a gobiernos de mayoría frágil. Humano, demasiado humano…

Acusaciones concretas.-

Un último punto a destacar puede ser la vacuidad de contenidos de esas acusaciones tan furibundas en los dos casos que comentamos: de Jesús se dice que: “ha blasfemado”, “amotina al pueblo”, quiere proclamarse rey… Y por eso “reo es de muerte”. Pero resulta que Jesús enseñaba la paternidad y el amor de Dios, curaba al pueblo y huyó cuando quisieron proclamarlo rey. Una vacuidad parecida podemos encontrarla en el insulto contra Francisco antes citado, que hablaba de Wojtila como papa santo, de Ratzinger como papa sabio y de Bergoglio como papanatas. Vale la pena analizar esas comparaciones.

Personalmente, no tengo nada contra la santidad personal del papa Wojtila. Incluso escribí un pequeño librito para hacer comprensible a Juan Pablo II, situándolo en su contexto polaco[8]. Digo esto como muestra de que no hay, en lo que sigue, nada contra él. Simplemente sucede que los santoscanonizados deben ser modelos para nosotros.

El Vaticano, ante los abusos a menores, y el encubrimiento
El Vaticano, ante los abusos a menores, y el encubrimiento

Y bien: no resulta nada modélica la conducta de quien encubrió al monstruo de Maciel, lo presentó como modelo a la juventud y hasta se negó a actuar cuando las pruebas llegadas a Roma eran más que evidentes[9] (recordemos que una de las primeras decisiones que tomó Ratzinger, nada más llegar a la silla de Pedro fue ordenar a Maciel que se retirara de toda actividad sacerdotal y se dedicara a la oración y silencio). Tampoco impidió esa santidad las profundas diferencias con otro santo canonizado: San Oscar Romero, amenazado por Roma con ponerle un “coadjutor con derecho a sucesión” que le apartaba prácticamente del gobierno de la diócesis[10]. Tampoco resulta muy modélica la sospecha de connivencia de Roma, en aquella época, con las dictaduras sudamericanas donde el anticomunismo justificó crueldades increíbles: estamos simplemente ante la reacción típica de un mundo dividido en dos sistemas, donde las víctimas de uno de los dos sistemas no toleran las críticas al otro al que miran como alternativa. Una reacción que ha sido típica tanto de las derechas como de las izquierdas. Finalmente, queda lo irregular de su proceso de beatificación que se saltó las normas canónicas establecidas[11]. El grito de “santo súbito” no quiso ser un grito piadoso sino un grito interesado: el papa enemigo feroz del comunismo era una excelente vacuna contra todo intento de reforma social entre nosotros.

Por lo que hace al papa sabio, a cuyas clases asistí en Tübingen en el curso 1966-67, queda la pregunta de si su sabiduría está en lo que los comentaristas llaman “el primer Ratzinger” o en su evolución posterior[12]. Probablemente estuvo en su valiente e insólita decisión de dimitir, cuando comprendió que no era él la persona adecuada para afrontar el dossier sobre la situación de la Curia, que luego hizo que los cardenales eligieran a Bergoglio: al “papanatas” le cayó aquel problemón. Y basta, por ejemplo, con leer las declaraciones de Francisco a la curia romana, para comprender que quien tuvo el valor de hablar así, podía estar sembrando hostilidades ciegas que algún día mirarían de pasarle factura.

Jesús y Francisco

 Por eso podemos cerrar este paralelismo entre el destino de Jesús y el de Bergoglio, con las mismas palabras del Maestro: “si al Señor de la casa le han llamado Beelcebul ¿qué no llamarán a sus servidores?” (Mt 10,25). Donde lo de papanatas todavía casi resulta caritativo. Creo, pues, que lo mejor que podrían hacer esos críticos es releer la carta de Pablo a los romanos, como dirigida no a una comunidad cristiana del pasado, sino a ellos mismos y a todo el género humano. Verían así cómo la liberación por Cristo de nuestro afán de autoafirmación (Rom 1-8), es una espléndida ayuda para construir comunidad (Rom 12-16)[13].

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[1] Sobre esa palabra aramea, que en los evangelios solo aparece en labios de Jesús, pero que luego se conservó en arameo en algún texto griego posterior al Nuevo Testamento, remito a lo dicho en el capítulo 2 de Otro mundo es posible… desde Jesús, sobre todo pgs. 71-74.

[2] Así informaba la revista Vida Nueva en su número del 23-29 de octubre, p. 37, dando incluso el nombre del diputado, que yo prefiero omitir aquí.

[3] Aunque no he podido ver el texto escrito, lo que me hace creíble la información que me enviaron es ese procedimiento tan típico de la ultraderecha hispana que, no teniendo argumentos, se dedica a sustituir las razones por los insultos,

[4] Intenté responder a esa acusación insensata en un artículo en La Vanguardia en octubre del 2014.

[5] Me he cansado de citar el n, 22 de la Populorum Progressio, que contradice toda la visión actual sobre el derecho de propiedad. Para no abrumar ahora con citas, remito al breve capítulo sobre la enseñanza social de la Iglesia en ¿El capital contra el s. XXI?, Santander 20152, pgs. 177-180

[6] “Declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a mujeres y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia”. Eso escribió Juan Pablo II en 1994 en la carta apostólica Ordinatio sacerdotalis. Unos quince años después, en el libro-entrevista Luz del mundo, Benedicto XVI declaraba que la ordenación presbiteral de mujeres es “contraria a la voluntad de Dios”. En mi recensión de ese libro (en Actualidad bibliográfica) me preguntaba cómo estaba Ratzinger tan seguro de que esa es la voluntad de Dios, cuando mucha gente profundamente cristiana cree que la voluntad de Dios es la contraria. Y proponía una temporada de oración en todas las iglesias, pidiendo que se cumpla la voluntad de Dios en este punto. Tampoco comparto la opinión citada de Wojtila; pero es fácil comprender que esos textos tan recientes, atan mucho a un papa, tan combatido por otro lado. Pienso por ello que (como ha ocurrido otras veces) habrá que ir esperando a que las cosas se disuelvan (y se resuelvan) por si solas, por la marcha misma de la historia.

[7] Remito a Sinodalidad eclesial (importancia, problemas, sugerencias) en el último número de “Razón y fe”, pgs. 335-343.

[8] Comprender a Karol Wojtila, Santander 2005. Y aunque pueda sonar a autobombo, añadiré que recibí más de dos cartas de gratitud por personas a las que el libro les había ayudado-

[9] Así consta en el libro La voluntad de no saber (México 2012) donde los autores (Alberto Athié, José Barba y Fernando González) terminan citando estas palabras del entonces cardenal Ratzinger, tras haberle hecho llegar un dossier completo, por vía diplomática: “Monseñor, lo lamento mucho, pero el caso del P. Maciel no se puede abrir porque es una persona muy querida del santo padre y ha hecho mucho bien a la Iglesia” (p. 199). El mismo Ratzinger reconoció en la entrevista citada con Peter Seewald: “hemos actuado con mucha lentitud y gran retraso”.

[10] El entonces provincial de los jesuitas centroamericanos (César Jerez) me contó un día, paseando por la Via della Conziliazione, que allí mismo le había dicho Romero: “prefiero ser humillado públicamente que traicionar a mi pueblo”.

[11] El derecho canónico exige que pasen cinco años antes de introducir la causa. ¿Qué necesidad había de saltar esa norma tratándose de un personaje discutido?

[12] De aquel curso de cristología en 1967 me permito repetir la anécdota que ya conté en otra ocasión. Ratzinger explicaba las dos escuelas teológicas de la antigüedad (Alejandría y Antioquía) con sus trifulcas, una más atenta a la divinidad y otra a la humanidad de Jesús. De pronto se para, nos mira y pregunta: “¿Y en Roma?”. Una pausa, se abrocha la chaqueta y responde con una sonrisa: “en Roma, ya lo saben ustedes, no se hace buena teología”. Todavía tengo en mis oídos el aplauso de los alumnos, en aquellos días en que ya estaba cociéndose el 68.

[13] Remito, para eso, a mi reciente Carta a los humanos, Santander 2020.