Carta a la secretaría del Sínodo sobre sinonalidad

        He enviado esta carta a Cristina Inogé, de la Secretaría metodológica del Sínodo en Roma:

Estimada Sra. Inogé, de la comisión metodológica de la Secretaría del Sínodo de Roma; el domingo escuché la entrevista que le hicieron en Últimas preguntas (TVE-2) y me alegró ver su interés y su eficiente trabajo en la realización del Sínodo en esta fase diocesana. En especial me interesó el interés que mostró por contactar con aquellos que estamos alejados de la vida parroquial y de algunas prácticas habituales de nuestra Iglesia.

Mi nombre es Gonzalo Haya Prats, teólogo jesuita secularizado, colaborador de los blogs Fe Adulta y Atrio. Personalmente estoy muy interesado en apoyar al Papa Francisco en su valiente propuesta de este Sínodo. Me temo sin embargo que termine en una decepción como el sínodo de la Amazonia, y me temo que en España está claramente rechazado por las derechas pero también por los teólogos progresistas que desearían algo mucho más radical. Por mi parte creo que ya sería un éxito si se logra movilizar a los fieles en un proceso de sinodalidad en el que nos sintamos responsables y logremos una importante cuota de corresponsabilidad.

Ya había contactado con  mi parroquia en Madrid y tuve muy poca acogida; me dijeron que no habían recibido material para difundirlo con los feligreses, que me enviarían el boletín parroquial. No he recibido nada y ayer me pasé por la puerta de la Iglesia y no vi ningún cartel que dijera algo del Sínodo. He visto el programa de la diócesis de Palencia y he respondido el cuestionario, pero comprendo que ellos tienen que ceñirse a su diócesis. También he consultado el boletín informativo de sinodo.archimadrid.es pero me queda una cuestión por aclarar.

Creo que los grupos programados se centran en cómo se ha practicado la sinodalidad y qué proponen para mejorarla. La sinodalidad simplemente no ha existido hasta ahora, debido a la brecha entre los clérigos y los laicos. Íbamos a una iglesia o a la parroquia “a oir misa”. Creo que es necesario, pero no sé si está previsto en “el sistema”, dejar más libertad a grupos de religiosos, teólogos, intelectuales, obreros… para que expresemos nuestro sentir cristiano sobre la reforma de la iglesia, principal objetivo de este sínodo. Si sólo van a responder los cristianos de misa dominical, poca reforma van a proponer. Sería un contrasentido que la metodología del Sínodo dificultara proponer reformas más profundas y estructurales. Comprendo que convendría atenerse a un o unos cuestionarios tipo para facilitar la recogida de tanta variedad de respuestas.

Y pregunto ¿Existen estos cuestionarios? ¿Se aceptan estas aportaciones? ¿Adónde enviar las que promuevan revistas como Atrio, Fe Adulta, Paradigmas emergentes, y muchas otras que son leídas en toda España, América latina, y algún otro país?

Le agradezco su trabajo por la promoción de este Sínodo y añado mi correo digital y postal, y mi teléfono por si prefiere comentar verbalmente y contagiarnos su entusiasmo.

Gonzalo Haya Prats

Tema: 2. RENOVACION DE LA IGLESIA, Atrio, Sinodalidad

  • Juan Cejudo

22 enero 2022, 23:58 pm · Responder

Nuestro grupo en Cádiz ha elaborado un cuestionario propio para facilitar la pregunta que está en el documento preparatorio del Sínodo. La hemos contestado entre todos y debatido en varias reuniones y ya hemos hecho la redacción final recogiendo lo que todos han dicho. No participamos a nivel de parroquia ni diócesis porque en Cádiz ya se sabe cómo están las cosas.

El documento lo enviaremos directamente a la secretaría del Sínodo, sin filtros de obispos ni párrocos a través de una persona que se nos ha ofrecido a mediar para que llegue directamente donde tiene que llegar….

Creemos que debemos apoyar a Francisco, tan atacado desde fuera y dentro de la Iglesia y que debemos hablar los que nunca somos tenido en cuenta por los estamentos oficiales de lsa diócesis y estamos más bien en las periferias… Animo a todos a que  hablen y envíen sus aportaciones.

Se puede enviar también directamente a:

Secretaría General para el Sínodo de los obispos.

Vía della  Conciliazione, 34

00120 Cittá del Vaticano

Phone: (39) 0669884821

(39) 0669884324

Correo: synodus@synod.va

Web: sinod.va

Para participar en el proceso sinodal

PUERTAS ABIERTAS A PARTICIPAR EN EL SÍNODO

col haya

En vista de las pocas facilidades que estoy viendo en algunas parroquias para facilitar la intervención de los fieles en el Sínodo, y menos aún para escuchar a los que no frecuentamos las parroquias o incluso están alejados de las prácticas habituales, dirigí esta…

…consulta a la Comisión metodológica:

Estimada Sra. Inogés, de la comisión metodológica de la Secretaría del Sínodo de Roma; el domingo escuché la entrevista que le hicieron en Últimas preguntas (TVE-2) y me alegró ver su interés y su eficiente trabajo en la realización del Sínodo en esta fase diocesana. En especial me interesó el interés que mostró por contactar con aquellos que estamos alejados de la vida parroquial y de algunas prácticas habituales de nuestra Iglesia.

Mi nombre es Gonzalo Haya Prats, teólogo jesuita secularizado, colaborador de los blogs Fe Adulta y Atrio. Personalmente estoy muy interesado en apoyar al Papa Francisco en su valiente propuesta de este Sínodo. Me temo sin embargo que termine en una decepción como el sínodo de la Amazonia, y me temo que en España está claramente rechazado por las derechas pero también por los teólogos progresistas que desearían algo mucho más radical. Por mi parte creo que ya sería un éxito si se logra movilizar a los fieles en un proceso de sinodalidad en el que nos sintamos responsables y logremos una importante cuota de corresponsabilidad.

Ya había contactado con  mi parroquia en Madrid y tuve muy poca acogida; me dijeron que no habían recibido material para difundirlo con los feligreses, que me enviarían el boletín parroquial. No he recibido nada y ayer me pasé por la puerta de la Iglesia y no vi ningún cartel que dijera algo del Sínodo. He visto el programa de la diócesis de Palencia y he respondido el cuestionario, pero comprendo que ellos tienen que ceñirse a su diócesis. También he consultado el boletín informativo de sinodo.archimadrid.es pero me queda una cuestión por aclarar.

Creo que los grupos programados se centran en cómo se ha practicado la sinodalidad y qué proponen para mejorarla. La sinodalidad simplemente no ha existido hasta ahora, debido a la brecha entre los clérigos y los laicos. Íbamos a una iglesia o a la parroquia “a oír misa”. Creo que es necesario, pero no sé si está previsto en “el sistema”, dejar más libertad a grupos de religiosos, teólogos, intelectuales, obreros… para que expresemos nuestro sentir cristiano sobre la reforma de la iglesia, principal objetivo de este sínodo. Si sólo van a responder los cristianos de misa dominical, poca reforma van a proponer. Sería un contrasentido que la metodología del Sínodo dificultara proponer reformas más profundas y estructurales. Comprendo que convendría atenerse a un o unos cuestionarios tipo para facilitar la recogida de tanta variedad de respuestas.

Y pregunto ¿Existen estos cuestionarios? ¿Se aceptan estas aportaciones? ¿Adónde enviar las que promuevan revistas como Atrio, Fe Adulta, Paradigmas emergentes, y muchas otras que son leídas en toda España, América latina, y algún otro país?

Le agradezco su trabajo por la promoción de este Sínodo y añado mi correo digital y postal, y mi teléfono por si prefiere comentar verbalmente y contagiarnos su entusiasmo.

Y he recibido la siguiente respuesta de Cristina Inogés

Cristina Inogés

Buenas tardes, Gonzalo:

¿Nos tuteamos? Por mi parte no hay inconveniente.

La verdad es que estamos en un momento sumamente atractivo. Va a tener inconvenientes y negarlo sería tonto, pero creo que pese a todo y todos, algo habrá cambiado cuando llegue 2023.

Los grupos para trabajar el Sínodo no tienen por fuerza que estar asociados a una parroquia. Pueden ser grupos de todo tipo y, por lo tanto, sí se puede participar. Lo normal va a ser hacerlo a través del cauce diocesano. Me permito enviarte (aunque sé que lo tendrás) el Documento Preparatorio y el Vademecum, además del enlace a la web del Sínodo. Todo está en varios idiomas. Es esta: 

https://www.synod.va/en.html

En el Documento Preparatorio y en el Vademecum, hay 10 bloques de preguntas. Se pueden trabajar todos o bien aquellos bloques que se consideren más interesantes o importantes para ese grupo. Además, está la posibilidad de aportar la reflexión sobre algún tema que no aparezca en esos bloques.

También te adjunto el enlace que he encontrado en la diócesis de Madrid donde, al final, están los cauces de participación diocesana:  https://sinodo.archimadrid.es/

Estoy a tu disposición para todo lo que quieras preguntarme.

Te paso también mi número de móvil por si te puedo ayudar puntualmente en algo.

Seguimos caminando…

Cristina Inogés Sanz

crisinogsanz@gmail.cpm

Twitter: @Crisinogessanz

Facebook: cristina.inogessanz

Instagram: cristinainogessanz 

Creo que esto abre posibilidades para que nosotros podamos elaborar nuestro cuestionario, quizás junto con otras organizaciones, y enviarlo por vía más directa a la Secretaría del Sínodo, evitando así los resúmenes (los posibles filtros) parroquiales y diocesanos

EL SÍNODO Y EL CONCILIO DE JERUSALÉN

El amigo Santiago Villamayor encabeza su artículo sobre los falsos supuestos (los errores subyacentes) en el Documento Preparatorio del Sínodo con una cita sobre el llamado concilio de Jerusalén tomada del nº 23 de este documento (Atrio 28.01.22).

Creo que es un acierto de este documento, y de Santiago, el comparar la situación actual de la Iglesia con la situación planteada por Pablo y la comunidad de Jerusalén, que consideraba una infidelidad el incumplimiento de la Ley dada por Dios a Moisés.

Recomiendo a los interesados que lean los capítulos 10 y 15 del Libro de los Hechos de los Apóstoles y que se centren en el mensaje que Lucas quiere transmitirnos, aunque lo haya fabulado al estilo de la época como fabuló la venida del Espíritu en Pentecostés (que el evangelio de Juan narra con toda sencillez en Jn 20,22). Lo que Lucas presenta como visiones de ángeles que hablan podemos interpretarlo como ideas o imágenes que surgen en nuestra conciencia. Me arriesgaré a explicar este episodio en términos más actuales.

Pablo había experimentado que el peso de la Ley era el mayor inconveniente para que los paganos acogieran el mensaje salvador de Jesús, porque comprendió que este mensaje no se basaba en el esfuerzo humano de cumplir unas normas sino en la oferta gratuita del amor de Dios (que él formuló teológicamente como la fe en Jesús).

La Iglesia de Jerusalén, fiel al judaísmo, sentía que prescindir de la Ley de Moisés significaba romper la Alianza a la que Yahvé había condicionado la salvación. Hay que reconocer que no constaba claramente, ni a unos ni a otros, que Jesús hubiera renunciado a la Ley.

Sí constaba lo que había dicho que “El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado” (Mc 2,27). Esto puede resultar demasiado abstracto, pero Jesús lo concretó curando en sábado (aunque podría haber retrasado la curación para el día siguiente) y declarando  que no hay alimentos impuros sino que la impureza sale del corazón del hombre (Mc 7,14-23; Mt 15,10-20).

Sin embargo parece que Pedro no había entendido esta enseñanza tan explícita hasta que le ocurrió la visión citada en Hechos c.10, que le decía que comiera de aquellos animales (entonces recordó y reelaboró esta idea en su conciencia).

Marcos, el evangelio más radical, simboliza el rechazo del Templo y de la Ley en la parábola de la maldición de la higuera, que sería totalmente absurda si se toma al pie de la letra que Jesús maldijo a una higuera porque no le daba higos fuera de su tiempo (es muy ilustrativo comparar las versiones de Mc 11,12-5; 18,19; con Mt 21,18-21; y Lc 13,6-9). Sin embargo tanto Pedro como el apóstol Juan seguían subiendo al Templo “para la oración de media tarde” (Hechos 3,1).

En este conflicto entre Pablo y Santiago, entre las comunidades paganocristianas y judeocristianas, Lucas sitúa a Pedro como mediador. Pedro se siente impulsado por el Espíritu (por su conciencia iluminada por el Espíritu) a aceptar la llamada del centurión Cornelio, superando la prohibición de entrar en casa de una pagano; y al escucharlo reconoce “Ahora comprendo verdaderamente que Dios no es parcial, sino que acepta a quien lo respeta y procede honradamente, de cualquier nación que sea” (Hechos 10,34) y repite este testimonio en la asamblea de Jerusalén añadiendo “Pues ahora ¿por qué tentáis a Dios imponiendo al cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos sido capaces de soportar?” (Hechos 15,10).

Creo que estos textos, y otros que se podrían citar, nos muestran el difícil equilibrio en que se movió Jesús, y en el que se mueve hoy la Iglesia, entre la importancia del cumplimiento de unas normas tradicionales y la confianza en el amor gratuito e incondicional que Dios nos muestra, y que nos pide ejerzamos con nuestros hermanos.

Jesús no rechazó explícitamente la Ley de Moisés pero, prescindió de ella cuando le impedía actuar en beneficio de judíos o paganos y, según Marcos, murió repitiendo el salmo 22 (21) “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

Para terminar esta comparación entre el Sínodo convocado por el Papa y el llamado concilio de Jerusalén, digamos que Santiago Villamayor se siente proféticamente movido como Pablo a reclamar una libertad ante las creencias y las leyes establecidas en la Iglesia; la curia clerical que acosa al Papa, interesadamente o de buena fe, ejerce el papel de Santiago que preside la comunidad de Jerusalén; y Francisco, como Pedro, trata de dar testimonio en favor de esta libertad proclamando una “Iglesia en salida” hacia toda la humanidad.

¿Cuál es nuestro papel? El Papa aconseja el discernimiento que cada uno debe ejercer para escuchar en su conciencia lo que el Espíritu le inspira a su comunidad y a él mismo, ya sea el mantenimiento de unas normas tradicionales o la superación de esas normas para acoger a otros hermanos, que buscan otros modos de comprender y vivir la Trascendencia.

Para Dios no hay acepción de personas, y Jesús puso como ejemplo al buen samaritano; y en la fe (confianza) de la mujer cananea (Mc 7,25-30) comprendió que la salvación (fraternidad) del Reino de Dios se extendía también a los paganos.     

La Iglesia no es el Reino, es un camino para extender el Proyecto de Jesús, el plan de Dios desde la creación, el Reino de la fraternidad universal

LEER LA BIBLIA CON FE ADULTA

leer la biblia
col inma calvo

Después de leer el último libro de Gonzalo Haya “Leer la Biblia con fe adulta” tengo la satisfacción de estar completando nuestra colección de Exégesis con una pieza fundamental. La Biblia está presente en muchos de nuestros hogares, pero ¿sabemos leerla? ¿O más bien se nos cae de las manos cuando lo hemos intentado?

“Entre los protestantes es frecuente que cada uno tenga su Biblia, la subraye, o pueda decir cuáles son los pasajes que más les han afectado. Entre los católicos, la Biblia frecuentemente coge polvo en la estantería. ¿Por qué esta diferencia?”

“Hasta hace poco se prohibía, y todavía no se recomienda, la lectura de la Biblia. Fue la Reforma protestante la que se atrevió a traducir la Biblia a la lengua de cada pueblo. Los protestantes establecieron la libre interpretación personal; los católicos solamente admitieron como válida la interpretación oficial de Roma, del Papa y sus Dicasterios. Se entiende fácilmente que el mundo católico se haya desinteresado de la lectura personal de la Biblia y se conforme con la interpretación oficial que se les dio en la escuela o la que se le sigue dando en la homilía dominical”.

Leer la Biblia puede ser una forma de revisar mis creencias acudiendo a la fuente de nuestra tradición religiosa. En ese sentido este libro puede llevarnos de la mano por un magnífico camino para repensar y revivir nuestro cristianismo.

Como libro de consulta también puede ser una pequeña joya en nuestra biblioteca. Tener un comentario sencillo de cada libro de la Biblia seguro que resulta muy útil para preparar nuestras intervenciones en grupos, Eucaristías y encuentros comunitarios.

Por último, pero no menos importante, podría utilizarse como un guion muy adecuado para esa catequesis diferente que llevamos años demandando. Seguir el recorrido por los libros de la Biblia desde el Antiguo al Nuevo Testamento es una forma muy práctica para transmitir la fe. La catequesis que se viene impartiendo generalmente tiene un enfoque doctrinal y magisterial que lleva siglos de desviaciones sucesivas. El resultado es un alejamiento enorme entre el catecismo de la iglesia católica y lo que vivió y predicó Jesús.

Qué necesario es releer los textos “sagrados” sustituyendo las interpretaciones mágicas por otras lecturas más adultas que tengan en cuenta los géneros literarios de la época y el análisis de las circunstancias históricas y sociales de los individuos que los escribieron.

“La Biblia no ha sido dictada por Dios a los autores sagrados; estos autores han tenido una más o menos confusa experiencia de Dios y la han expresado con su lenguaje, su cultura y sus propios intereses y prejuicios. El lector actual tiene que separar el trigo de la paja (y de la cizaña)”.

“Ya hemos mencionado que la Biblia no es palabra de Dios, volveremos a repetirlo varias veces porque tenemos esta idea muy arraigada y es necesario superarla para no caer en una interpretación literal de la Biblia y buscar en ella su mensaje empleando nuestra inteligencia racional y nuestra inteligencia emocional y espiritual”.

“En una conferencia comencé leyendo este texto del Primer Libro de Samuel: Así dice el Señor de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos (1Sam 15,3). ¿Alguien se atreve a decir que esto es palabra de Dios? La orden de matar a los niños de pecho no es palabra de Dios; atribuirla hoy a Dios sería una blasfemia. Aniquilar a los enemigos actuales y futuros fue una táctica de un exaltado nacionalismo en una época muy atrasada en la evolución de la conciencia”.

“La Biblia no es Palabra de Dios; los evangelios no son Palabra de Dios, las Encíclicas de Juan Pablo II o de Francisco no son Palabra de Dios; el Credo no es Palabra de Dios”.

“Dios no se reduce a la experiencia de Abraham, ni a la de los evangelistas. Dios es un misterio indecible, y tenemos que buscarlo en las experiencias de nuestros antecesores, en la experiencia personal y en las de otras culturas”.

“Si me permiten una confidencia, mis libros preferidos del Antiguo Testamento son el Génesis, los Salmos, el Cantar de los Cantares, y los Profetas, aunque a veces resulten lentos, como las películas antiguas. En el Nuevo Testamento prefiero el evangelio de Marcos porque es el más cercano a Jesús y nos presenta a un Cristo muy humano. Me atrae más el Jesús de los evangelios que el Cristo resucitado de Pablo; Me acojo al Padre del hijo pródigo antes que al Dios que me perdona por la sangre derramada de su Hijo”.

He querido copiar varias citas como botón de muestra. El libro propone cantidad de temas fundamentales y estupendos para propiciar un diálogo, una reflexión o una enseñanza.

Para terminar, copio el índice para que podáis valorar el gran trabajo que ha realizado el teólogo sevillano que sin duda nos facilitará a muchos nuestras tareas. Muchas gracias Gonzalo.

Inma Calvo Torrejón

El éxito de este Sínodo

El éxito de este Sínodo no estará en lo que los obispos determinen al final; el éxito estará en que los cristianos practiquemos la sinodalidad durante todo el proceso. El éxito estará en que tomemos conciencia de nuestra responsabilidad en la reforma de la Iglesia, de que somos portavoces del Espíritu Santo. 

La reforma de la Iglesia no depende de la Curia vaticana ni de los obispos (¡así nos va!) depende de nuestra sinodalidad, de nuestra experiencia de Dios y del mensaje Jesús; experiencia personal y comunitaria. 

No se trata de saber mucha teología para discernir entre complejas tesis especulativas; no es un sínodo teológico sino pastoral. Se trata de sentir el mensaje que nos transmiten los evangelios, de trasladar al mundo actual el testimonio de amor y solidaridad por el que eran conocidas las primeras comunidades cristianas: “mirad cómo se aman”. 

¿Qué podemos aportar nosotros? 

Cada día podemos constatar que, en nuestro mundo occidental, las iglesias se van quedando vacías, los jóvenes se desinteresan, faltan vocaciones al sacerdocio, conocemos los escándalos de pederastia que los obispos nos habían ocultado, la Iglesia pierde autoridad y credibilidad. El Papa muestra su deseo de una profunda reforma, pero encuentra resistencia en las altas jerarquías (“como un pastor entre lobos” dijo el prudente Benedicto XVI) y pide nuestro apoyo a todos los cristianos que sientan la necesidad de esta reforma. 

¿Cómo percibe todo esto nuestra conciencia? Quizás lo lamentamos pero no sabemos cómo podemos reaccionar. 

Lo primero que podemos expresar es si sentimos la necesidad de esta reforma y si queremos apoyar y realizar las líneas que el Papa está proponiendo. Podemos y debemos dialogar estas preocupaciones con nuestra comunidad cristiana. 

En cuanto a propuestas de reforma, podemos expresar las que se nos ocurren espontáneamente a cada uno, releyendo algunos pasajes de los evangelios, consultando los comentarios de otros cristianos, o acudiendo a los diversos artículos que se van publicando en revistas y webs sobre estos temas. Muchas webs y comunicados de grupos cristianos tratan de la reforma de la Iglesia y proponen medidas más o menos urgentes. La web de Fe Adulta ha abierto una sección sobre el Sínodo (https://www.feadulta.com/es/sinodalidad.html) en la que recoge artículos, sugerencias, experiencias personales, y ejemplos de buenas prácticas. 

En este artículo quiero destacar dos perspectivas sobre las que podemos reflexionar en conciencia y compartir nuestras conclusiones con nuestras comunidades. 

En términos concretos, prácticos e inmediatos, podemos centrarnos en la corrección de la hipertrofia del clericalismo, sobre la que viene insistiendo el Papa, porque el clericalismo ha dominado la institución eclesiástica y ha provocado la pasividad de los laicos, su desinterés y su abandono. 

El concilio Vaticano II resaltó el papel del pueblo de Dios, la importancia de los carismas que el Espíritu suscita en los diversos miembros, y el sentido de servicio del carisma de gobierno que se ejerce en la comunidad. 

Para volver a equilibrar la relación entre la comunidad y la jerarquía convendría volver a la costumbre original de que el pueblo elija a sus presbíteros y obispos; y la ordenación de mujeres y hombres casados. 

En términos más generales y a largo plazo pero más fundamentales, podemos insistir en la vuelta al evangelio, al predominio de la misericordia sobre la ley, de la ortopraxis sobre la ortodoxia; y rechazar claramente los tristes ejemplos de posesión de poder y dinero, que son las dos mayores tentaciones que Jesús señaló contra el espíritu evangélico. 

Para evitar la tentación del dinero podríamos proponer separar por una parte la economía necesaria para desarrollar el ministerio asistencial de la Iglesia -centrándola en Cáritas y dirigida por laicos independientes del clero- y por otra la economía del desarrollo de la pastoral y de la misma institución eclesiástica. Reconocer que para superar el injusto abismo entre la situación económica entre los pueblos (¡la distribución de las vacunas!), y lograda con la sobreexplotación de la tierra y de las riquezas naturales de otros pueblos menos industrializados, es imprescindible (y a la larga inevitable) el decrecimiento de nuestro nivel de vida. Y los cristianos deberíamos ser promotores de esta dura empresa. 

Para evitar la tentación de poder político habría que renunciar al Estado Vaticano, y para evitar el poder interno habría que renunciar a la absorbente curia vaticana. En ambos casos bastaría la autoridad que les atribuya el pueblo cristiano, basada en el servicio evangélico de sus representantes más que en la imposición de leyes. 

¡Ven, oh Santo Espíritu! llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. 

El éxito del Sínodo

¿De qué depende el éxito de este Sínodo? 

Por | Gonzalo Haya, teólogo 

El éxito de este Sínodo no estará en lo que los obispos determinen al final; el éxito estará en que los cristianos practiquemos la sinodalidaddurante todo el proceso. El éxito estará en que tomemos conciencia de nuestra responsabilidad en la reforma de la Iglesia, de que somos portavoces del Espíritu Santo. 

La reforma de la Iglesia no depende de la Curia vaticana ni de los obispos (¡así nos va!) depende de nuestra sinodalidad, de nuestra experiencia de Dios y del mensaje Jesús; experiencia personal y comunitaria. 
No se trata de saber mucha teología para discernir entre complejas tesis especulativas; no es un sínodo teológico sino pastoral. Se trata de sentir el mensaje que nos transmiten los evangelios, de trasladar al mundo actual el testimonio de amor y solidaridad por el que eran conocidas las primeras comunidades cristianas: “mirad cómo se aman”

¿Qué podemos aportar nosotros? 

Cada día podemos constatar que, en nuestro mundo occidental, las iglesias se van quedando vacías, los jóvenes se desinteresan, faltan vocaciones al sacerdocio, conocemos los escándalos de pederastia que los obispos nos habían ocultado, la Iglesia pierde autoridad y credibilidad. El Papa muestra su deseo de una profunda reforma, pero encuentra resistencia en las altas jerarquías (“como un pastor entre lobos” dijo el prudente Benedicto XVI) y pide nuestro apoyo a todos los cristianos que sientan la necesidad de esta reforma. 
¿Cómo percibe todo esto nuestra conciencia? Quizás lo lamentamos pero no sabemos cómo podemos reaccionar

Lo primero que podemos expresar es si sentimos la necesidad de esta reforma y si queremos apoyar y realizar las líneas que el Papa está proponiendo. Podemos y debemos dialogar estas preocupaciones con nuestra comunidad cristiana. 

En cuanto a propuestas de reforma, podemos expresar las que se nos ocurrenespontáneamente a cada uno, releyendo algunos pasajes de los evangelios, consultando los comentarios de otros cristianos, o acudiendo a los diversos artículos que se van publicando en revistas y webs sobre estos temas. Muchas webs y comunicados de grupos cristianos tratan de la reforma de la Iglesia y proponen medidas más o menos urgentes. La web de Fe Adulta ha abierto una sección sobre el Sínodo en la que recoge artículos, sugerencias, experiencias personales, y ejemplos de buenas prácticas. 

En este artículo quiero destacar dos perspectivas sobre las que podemos reflexionar en conciencia y compartir nuestras conclusiones con nuestras comunidades. 

En términos concretos, prácticos e inmediatos, podemos centrarnos en la corrección de la hipertrofia del clericalismo, sobre la que viene insistiendo el Papa, porque el clericalismo ha dominado la institución eclesiástica y ha provocado la pasividad de los laicos, su desinterés y su abandono. 

El concilio Vaticano II resaltó el papel del pueblo de Dios, la importancia de los carismas que el Espíritu suscita en los diversos miembros, y el sentido de servicio del carisma de gobierno que se ejerce en la comunidad. 
Para volver a equilibrar la relación entre la comunidad y la jerarquía convendría volver a la costumbre original de que el pueblo elija a sus presbíteros y obispos; y la ordenación de mujeres y hombres casados

En términos más generales y a largo plazo pero más fundamentales, podemos insistir en la vuelta al evangelioal predominio de la misericordia sobre la ley, de la ortopraxis sobre la ortodoxia; y rechazar claramente los tristes ejemplos de posesión de poder y dinero, que son las dos mayores tentaciones que Jesús señaló contra el espíritu evangélico. 

Para evitar la tentación del dinero podríamos proponer separar por una parte la economía necesaria para desarrollar el ministerio asistencial de la Iglesia -centrándola en Cáritas y dirigida por laicos independientes del clero- y por otra la economía del desarrollo de la pastoral y de la misma institución eclesiástica. 

Reconocer que para superar el injusto abismo entre la situación económica entre los pueblos (¡la distribución de las vacunas!), y lograda con la sobreexplotación de la tierra y de las riquezas naturales de otros pueblos menos industrializados, es imprescindible (y a la larga inevitable) el decrecimiento de nuestro nivel de vida. Y los cristianos deberíamos ser promotores de esta dura empresa. 

Para evitar la tentación de poder político habría que renunciar al Estado Vaticano, y para evitar el poder interno habría que renunciar a la absorbente curia vaticana. En ambos casos bastaría la autoridad que les atribuya el pueblo cristiano, basada en el servicio evangélico de sus representantes más que en la imposición de leyes. 

¡Ven, oh Santo Espíritu! llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. 

El Sínodo de la sinodalidad

No es un trabalenguas. Sínodo significa caminar juntos. En la Iglesia se han celebrado muchos sínodos en los que los obispos han caminado junto a los Papas para resolver los problemas de la Iglesia. 

El domingo 17 de octubre comienza en todo el mundo el Sínodo de la sinodalidad proclamado por el Papa, en el que se reconoce la sinodalidad como la constitución propia de toda la Iglesia; no de una sinodalidad de los obispos con el Papa, sino de una sinodalidad en que se exprese todo el pueblo de Dios.                                     El Espíritu Santo no está reservado para el clero; el Espíritu inspiró a los profetas, no a los sacerdotes ni a los reyes. La sinodalidad eclesial se apoya más en lo carismático que en lo institucional.                                                                       “Vosotros sois cuerpo de Cristo y miembros singulares suyos. Dios lo dispuso en la Iglesia: primero apóstoles, segundo profetas, tercero maestros, después milagros, después carismas de curaciones, de asistencia, de gobierno, de lenguas diversas” (1 Cor 12, 27-28). Notemos que los profetas figuran antes que los maestros (los teólogos) y mucho antes que los carismas de gobierno (jerarquía).                         Y estos profetas no eran seres extraordinarios como los del Antiguo Testamento; eran gente sencilla y tan frecuentes que Pablo los agrupa en un estamento. Pedro recuerda las palabras del profeta Joel: “En los últimos días, dice Dios, concederé mi Espíritu a todo mortal: vuestros hijos y vuestras hijas hablarán inspirados por mí…” (Hechos 2,16-18). 

El Papa en su reunión con los obispos italianos el 24 de mayo expresó su intención de que el Sínodo proceda “de abajo hacia arriba” y que comience en las comunidades y parroquias locales pequeñas. No se trata de escuchar a los obispos, sino de que los obispos escuchen al pueblo y trasladen esa voz al Papa y al conjunto de los obispos.                                                                             Este Sínodo se extenderá hasta mediados de 2022, pero los seis primeros meses constituyen la fase de escuchar al pueblo, para sintetizar sus aportaciones y presentarlas ante la universalidad de los obispos.                                                   Estos primeros seis meses son el tiempo adecuado para expresar nuestra visión y nuestros deseos para adaptar a la Iglesia con “los signos de los tiempos”. No los gastemos en titubeos, ni esperemos a que nos pregunten. No esperemos a ver qué nos dicen en la misa del domingo.                                                                       La organización diocesana española ha expresado su deseo, y su necesidad, de escuchar también a los cristianos que han abandonado la misa dominical y los sacramentos porque se sienten defraudados por el desfase entre la institución y el evangelio. 

Es tarde, pero es nuestro tiempo” (Pedro Casaldáliga). Animémonos a expresar en la parroquia, en las revistas, en los blogs, en las redes sociales… nuestros anhelos de una Iglesia más fiel al evangelio de Jesús. 

 Gonzalo Haya Prats  

Panorama Bíblico

AÑO DE LA BIBLIA (DICIEMBRE). PANORAMA BÍBLICO

Al terminar mi relectura de la Biblia vuelvo la vista al panorama que he ido recorriendo y veo la Biblia como el diario de la vida de un pueblo durante más de trece siglos, que ha percibido destellos de lo trascendente y los ha ido expresando y acomodando conforme a los moldes culturales de cada momento, y a su instinto de supervivencia entre los pueblos vecinos.
La Biblia es vida y, como la vida, tiene altibajos y contradicciones. Es poesía y es realismo, es espíritu y es barro, es esperanza y es escepticismo. Es la humildad de Rut y la audacia de Judit. Es la obediencia de Abraham y la huida de Jonás. Es la parábola del hijo pródigo y la del juicio final.
En este panorama destacan las experiencias místicas en que se manifestó Dios a Abraham, Jacob, Moisés, y Elías, que fueron descritas con espontánea ingenuidad (Génesis, Éxodo, 1 Reyes 19). Estas experiencias tuvieron que ser explicadas y aplicadas al pueblo mediante normas y ritos que socializaran una práctica común (Deuteronomio). Necesariamente la espiritualidad se convirtió en religión. La religión no pudo impedir la corrupción en el pueblo, en sus jefes, y en sus sacerdotes. La auténtica experiencia religiosa suscitó profetas que denunciaron las injusticias y anunciaron la llegada de un Mesías que establecería un reinado de paz y concordia para el pueblo elegido, al que se acogerían todos los pueblos.
Los historiadores estuvieron más atentos al sentido religioso y nacionalista de la historia que a la exactitud de los hechos narrados. Job, Jonás y el Eclesiastés se rebelaron contra las soluciones simples.
Jesús de Nazaret tuvo la gran experiencia mística de sentir a Dios como padre y de anunciar ese reino prometido, pero no un reino basado en el poder y la riqueza, en leyes y ritos, sino en la fraternidad y el servicio gratuito libremente aceptados.
Pablo, perseguidor de Jesús como falso Mesías, tuvo la experiencia de ver a Jesús resucitado como verdadero Mesías, abierto a todos los pueblos. Marcos reconoció al Jesús terreno como Mesías. Lucas le añadió el discurso programático de llevar a los pobres la buena noticia, y las parábolas de la misericordia.
“Muchas veces y de muchas formas habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas. En esta etapa final nos ha hablado por medio de un Hijo” (Hebr 1,1).
Me gustaría acabar aquí la historia sagrada, pero la realidad se impuso una vez más. Las cartas del Nuevo Testamento muestran la adaptación de estos ideales a la realidad de unas comunidades dispersas que necesitaban organización y unidad. La doctrina, los preceptos y los ritos volvieron a predominar sobre la espiritualidad y la misericordia.
Ha habido corrupción y ha habido mártires y profetas. Hoy acaba de morir Pedro Casaldáliga. Ha habido experiencia de Dios y ha habido explicaciones doctrinales y jurídicas. Ha habido libertad y ha habido obligaciones. La historia avanza en espiral, pasando una y otra vez por los mismos ideales y por los mismos errores, pero acercándose cada vez más al centro, al reino de fraternidad.
La Biblia no es palabra de Dios, es mensaje de Dios en palabras humanas. “Dios escribe derecho con renglones torcidos” dice el refrán; y en la Biblia hay muchos renglones torcidos, y muy torcidos. Todas las referencias a Dios que encontramos en la Biblia son relativas, son aproximaciones a Dios, porque Dios es indecible; pero todas nos predisponen a descubrir nuestra propia experiencia de Dios.
Jesús no fue el final de la historia. Los discípulos seguían esperando la segunda venida de Cristo, el cristo místico, el cristo cósmico. El Apocalipsis, el último libro de nuestra Biblia termina con la exclamación: “¡Ven Señor Jesús!”.

Gonzalo Haya

LIBROS SAPIENCIALES (II)


Written by Gonzalo Haya
C) Etapa final
A esta etapa pertenecen dos libros del canon católico que no están incluidos en el canon hebreo, El Eclesiástico y La Sabiduría, y los capítulos 1 – 9 de Proverbios que fueron añadidos en el siglo IV como comienzo de ese libro. Sicre señala que esta etapa presenta tres características comunes en los tres escritos: la reacción ante la cultura griega, la importancia creciente de la historia, y la personificación de la sabiduría; “y esto tendrá gran repercusión en la teología del Nuevo Testamento, que considerará a Jesús la sabiduría de Dios encarnada. Ver 1Cor 1,24; Col 1,15-17; Heb 1,3” (Sicre).
Eclesiástico, Ben Sira, el Sirácida (Eclo) 200 – 180 a. C.
El libro del Eclesiástico ha sufrido un accidentado proceso. Ha sido un libro muy leído tanto por los judíos como por la Iglesia en los primeros siglos, y por eso recibió el título de El Eclesiástico; los judíos no lo incluyeron en su canon porque el texto original hebreo había desaparecido, pero se conservó su traducción griega del año 132 a. C., incluida en los LXX, y una adaptación latina que recogió la Vulgata.
Posteriormente se fueron encontrando fragmentos que han permitido rehacer casi todo el texto hebreo original, al que muchos expertos dan más valor que al texto griego, como reconoce el mismo traductor griego en el Prólogo del libro. La traducción de Schökel se basa en el texto hebreo, teniendo en cuenta las variantes de las traducciones griega y siríaca.
El eclesiástico es un maestro-escriba piadoso que quiere educar en las tradiciones religiosas y culturales judías para evitar las crecientes influencias de la cultura griega. Considera que la sabiduría sólo se encuentra en Israel: “Del Señor procede toda la sabiduría… fue creada antes que todas las cosas… sólo hay uno que es sabio y temible sobremanera… En honrar al Señor está el comienzo de la sabiduría” (1,1-14). Busca en el pasado la solución a los nuevos problemas que plantea la cultura griega (39,1-11), y ataca a los que se dejan influenciar por el helenismo. Rechaza la antropología dualista griega de alma y cuerpo, y sitúa en esta vida tanto el premio como el castigo.
Su difícil equilibrio entre la realidad y los principios doctrinales le plantea situaciones difíciles de conciliar, que procura resolver insistiendo a veces en un extremo y a veces en el otro. La contradicción entre la prosperidad del malvado y el sufrimiento del justo, la resuelve con un modo de predestinación: “a unos los bendijo y encumbró… y a otros los maldijo y humilló… barro que el alfarero moldea con sus manos, y todo lo moldea conforme a su gusto… Los retribuirá según su criterio” (33, 7-19); pero en otro pasaje afirma la libertad: “El creó al ser humano en el comienzo, y le dio la capacidad de obrar libremente: si lo deseas, cumplirás sus mandamientos” (15,14-17).
Se muestra sensible al comportamiento social y al falso culto: “Los pobres viven con pan racionado, quien se lo quita es un criminal. Asesina al prójimo quien le roba el sustento” (34, 18-36). Se abre tímidamente al universalismo, pero se afianza en el nacionalismo: “Cuando distribuyó sobre la tierra a las naciones, al frente de cada una puso un gobernante; pero la porción del Señor es Israel” (17,1-23).
También vacila entre un leve pesimismo: “Todo viviente envejece como un vestido, porque así está decretado desde siempre: morirás sin remisión” (14,11-19); “¿Quién es el ser humano? ¿Cuál es su utilidad” (18,8-14); “¡Oh muerte, que amargo resulta tu recuerdo…” (41,1-4); y un moderado optimismo: “El Señor formó de la tierra a los seres humanos…los hizo partícipes de una fuerza semejante a la suya y a su propia imagen los creó” (17,1-14).
El autor confiesa que su proyecto de vida es la búsqueda de la sabiduría (51,13-30), y la busca en la Naturaleza (42,15 a 43,33) y en la Historia de Israel (c 44 – 50), y la personifica en un autoelogio: “La sabiduría difunde su propia alabanza… abre su boca en la asamblea del Altísimo… Salí de la boca del Altísimo… puse mi tienda en las alturas…” (c. 24).
El Eclesiástico y el Eclesiastés dos personajes contradictorios ¡y titulados con nombres tan parecidos que se prestan a confundirlos! Dos personajes que merecerían un estudio más detenido.
El Eclesiastés es un escéptico que rechaza las soluciones piadosas, porque se contradicen con su experiencia de la vida; especialmente respecto al problema del mal y al poder o la justicia de Dios. El eclesiástico es un escriba que quiere frenar el escepticismo aferrándose a las soluciones piadosas.
En estos tiempos nos sentimos más identificados con el Eclesiastés, sin embargo observamos que, a pesar de su escepticismo, el Eclesiastés sigue creyendo en Dios y renuncia a resolver el problema del mal. El eclesiástico trata de explicar el problema con un modo de predestinación, pero afirmando al mismo tiempo la libertad humana. Ambos son incongruentes porque la realidad y la vida se nos manifiestan en forma contradictoria, y nuestra racionalidad es incapaz de coordinar ambos extremos: ¿retribución según los méritos o gratuidad incondicional?
Eclesiástico y Eclesiastés ¿qué es preferible, renunciar a resolver el problema o afirmar ambos extremos? Job lo resolvió con una experiencia personal de Dios. En lenguaje actual podríamos comprender mejor etas contradicciones (aunque no lleguemos a resolverlas) mediante la experiencia personal del amor.
Proverbios 1 – 9, s. IV a. C.
Ya hemos visto que los capítulos 1– 9 fueron escritos hacia el siglo IV, en un estilo más doctrinal, como una introducción teológica al Libro de los Proverbios, igualmente atribuida a Salomón. Pikaza compara estas instrucciones con las que hace Diótima, en el Banquete de Platón, a los hombres en nombre de la divinidad.
“Hijo mío, atiende a la educación paterna / y no olvides la enseñanza materna” (1,8); “Vigila atentamente tu interior, pues de él brotan fuentes de vida” (4,23). Estas instrucciones tratan, sin un orden sistemático, sobre las malas compañías, las tentaciones con la mujer ajena, el adulterio, y sobre todo hace un gran elogio de la sabiduría.
“Hay siete cosas que detesta el Señor / y una séptima que aborrece del todo: / ojos altaneros, lengua mentirosa, / manos manchadas de sangre inocente, / mente que trama planes perversos, / pies ligeros para correr hacia el mal, / testigo falso que difunde mentiras, / y el que atiza discordias entre hermanos” (6,16-19). “Feliz quien encuentra sabiduría… es de más valor que la plata, y más rentable que el oro; es más valiosa que las joyas; ningún placer se le puede comparar” (3,3-20). Es de destacar el segundo himno de la sabiduría por su relación con el Prólogo del evangelio de Juan “La Sabiduría está pregonando, la inteligencia levanta su voz… a vosotros, seres humanos, os llamo… El Señor me estableció al principio de sus tareas… antes de comenzar la tierra… cuando colocaba el cielo, allí estaba yo” (8,1-36).
Sabiduría 30 a. C. al 15 d. C
El libro de la Sabiduría es el último del Antiguo Testamento en el canon católico; su autor anónimo es casi contemporáneo de Jesús, aunque tiene más afinidad con Pablo; vive en Alejandría y escribe este libro en griego con el título de Sabiduría de Salomón, aunque no fue incluido en el canon hebreo, ni protestante. Los teólogos lo han tomado como cumbre de la teología del Antiguo Testamento y punto de partida de sus reflexiones.
El tema fundamental del libro de la Sabiduría es la teología de la historia desde la perspectiva israelita, aunque desde la primera línea se extiende expresamente a todos los pueblos
“Gobernantes de la tierra, amad la justicia” (1,1), “Porque del Señor habéis recibido el poder / del Altísimo procede la autoridad!…” (6,3). Se trata por tanto de una teología política o de la justicia en el gobierno del pueblo.
El autor es un judío anónimo que escribe principalmente para los judíos de la diáspora en Egipto. Conoce bien tanto los escritos hebreos como la cultura griega y establece un ejemplar diálogo entre la teología judía y la filosofía griega; acepta algunas novedades como el dualismo alma-cuerpo y la retribución en la otra vida. Utiliza los recursos hebreos como el paralelismo y los midrás, y los recursos griegos, riqueza de vocabulario, conceptos helenistas, rimas y juegos de palabras; con el resultado de una “brillante prosa rítmico-poética” (BTI).
El libro está estructurado en tres partes:
1) c. 1-5. Destino de la vida humana en los planes de Dios, justicia divina, inmortalidad feliz para los buenos, castigo y perdición para los impíos. La sabiduría viene de Dios y se identifica con la justicia: “Pues el santo espíritu educador se aleja de lo falso, se separa del pensamiento insensato, y se retira cuando la injusticia se hace presente” (1,5). Los impíos piensan que la vida pasa “como la sombra de una nube” y se proponen disfrutar del presente; pero se equivocan “porque Dios creó al ser humano para no conocer la corrupción” (2,23). Después de la muerte hay un premio o un castigo, aunque no queda claro en qué consisten.
2) c. 6-9. Elogio de la sabiduría como una realidad personificada vinculada a la divinidad. Propone como Ejemplo a Salomón “Yo la amé y la busqué desde mi juventud” (8,1), “Por eso oré a Dios y me concedió prudencia / le rogué y me dio el espíritu de la sabiduría” (7,7); “Es efluvio del poder de Dios, emanación de la gloria del omnipotente” (7,25).
3) c. 10-19. La providencia de Dios se manifiesta en la historia de Israel, que libera y colma de bienes a su pueblo, y castiga con las plagas a los egipcios opresores. “A tu pueblo, en efecto, lo probaste como padre que reprende; con los egipcios, en cambio, te portaste como rey implacable que condena” (11,10); con los cananeos se muestra algo menos duro (quizás porque es consciente de le habían invadido sus tierras) : “Pero también a ellos, seres humanos al fin, los trataste con más indulgencia…; al castigarlos lentamente, les diste la oportunidad de arrepentirse…” (12, 8-11).
El universalismo que se apuntaba en los capítulos anteriores parece reducirse ahora al nacionalismo judío; la contraposición era entre el justo y el impío, ahora se establece entre el pueblo judío y sus adversarios: “las naciones se confabularon para cometer el mal y fueron confundidas” (1, 5). Sabiduría abierta a una cultura superior que estaba imponiéndose, pero que permanece firmemente arraigada en las propias tradiciones y creencias.
En la sabiduría de Israel ha habido escépticos como el Eclesiastés, o rebeldes como Jonás y Job ante el misterio de Dios, pero siempre fieles al Dios de la Alianza.
Pikaza compara la sabiduría académica de estos libros con la sabiduría popular de Jesús, enraizada en su cultura religiosa, pero basada fundamentalmente en su experiencia de la vida y en su experiencia de Dios. Existe también la sabiduría de los sencillos, de la mujer cananea, del centurión romano, de los que son como niños. Y la sabiduría del Reino de Dios. “Bendito seas, Padre, Señor del cielo y tierra, porque, si has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla” (Mt 11,25).
Vídeos de la Escuela de Formación en Fe Adulta (EFFA)
José Luis Sicre: Libros poéticos y sapienciales. El profesor Sicre hace un comentario general a los conceptos de sabio y sabiduría y glosa algunos libros con más detalle, como por ejemplo el libro de Job y el Eclesiastés o también llamado Cohelet.
Bibliografía
José Luis Sicre: “Introducción al Antiguo Testamento”. Ed Verbo Divino, 2016. c. 21 El fenómeno sapiencial

LIBROS SAPIENCIALES ( I )

Written by Gonzalo Haya)
Introducción
Los temas sapienciales, como los poéticos, están dispersos en los libros de la Ley y en los Profetas, pero de manera específica se encuentran en el tercer grupo del canon hebreo denominado Escritos. La clasificación de los libros de este tercer grupo es más discrecional; nosotros hemos adoptado la clasificación como históricos, poéticos, y sapienciales, y hemos incluido en este último Proverbios, Eclesiastés, Job, Eclesiástico, y Sabiduría.
No es fácil definir en qué consiste la sabiduría, pero todos entendemos que se trata de una reflexión sobre los grandes problemas humanos (sabiduría teórica) o de una apreciación sensata sobre nuestro comportamiento diario (sabiduría popular).
La sabiduría de Israel se desarrolló en el ambiente de la sabiduría babilónica, egipcia, siropalestina, y griega. Algunos de sus escritos consideran la sabiduría como un don de Dios, incluso como una manifestación del mismo Dios, pero siempre expresada como una reflexión propia, a diferencia de los profetas que consideraban su predicación como “oráculo del Señor”. Veremos también que algunos de estos escritos sapienciales son reflexiones basadas en la experiencia humana sin referencia a ninguna ley divina ni a ningún don especial de Dios, porque las reflexiones de una conciencia honrada ya son un don de Dios: “Toda sabiduría viene del Señor” (Eclesiástico 1,1).
En una teología no-teísta, sin un Dios que hable con Moisés y escriba sus mandamientos en una tabla, ¿qué diferencia hay entre un profeta, un salmista, y un sabio? Creo que la diferencia está más en la expresión que en la intuición de donde brota. El profeta interpreta esa intuición como una comunicación de Dios y habla como su portavoz; el salmista la interpreta como sentimiento personal o colectivo; el sabio, como fruto de su experiencia en la vida. Esa sabiduría, esa intuición, ¿es humana o divina? Es una manifestación del espíritu, que es a la vez humano y divino, porque el espíritu es una participación de Dios.
Sicre encuadra la sabiduría israelita en tres etapas: A) Desde los orígenes hasta el siglo VI. B) La crisis de los siglos V – III. C) Etapa final III a. C. hasta I d. C.
Evolución de la sabiduría de Israel
A) Desde los orígenes hasta el siglo VI
Salomón (s. X) es el gran referente de la sabiduría israelí, a él se le atribuyen los libros posteriores. La etapa de esplendor que vivió Israel, y los contactos con la cultura egipcia y siropalestina suponen para el pueblo la época cumbre de su historia. Tenemos abundantes testimonios sobre Salomón en el Libro de los Reyes; su sabiduría es un don de Dios, gobierna con justicia, tiene amplios conocimientos, y emprende la construcción del Templo.
Proverbios c. 10 a 31. Tratamos ahora de los capítulos 10 a 31, que son el texto original de este libro, y dejamos para su época los capítulo 1 – 9 que fueron añadidos hacia el siglo IV a. C.
Estos capítulos son el primer texto sapiencial escrito, aunque se pueden encontrar diversos pasajes de sabiduría desde el Génesis hasta los libros históricos y los profetas. Su título en el texto hebreo es Proverbios de Salomón, y en la Vulgata Libro de los Proverbios.
Este libro es una recopilación de dichos populares, refranes, sentencias, aforismos, enigmas, poemas o instrucciones, de muy diverso origen, reunidos y amparados en el prestigio del rey Salomón. No trata de grandes cuestiones teológicas, aunque en el fondo está el convencimiento de que existe un orden en la creación que el sabio ha de investigar, pero que se manifiesta también en la sensatez y la sabiduría popular. Este orden de la creación debe ser respetado por todos para mantener el orden social, la ética, y las buenas costumbres ciudadanas.
Se recogen aquí cuatro colecciones de dichos procedentes de los siglos VIII al V a. C. La primera (10,1 – 22,16) está atribuida a Salomón y trata de la conducta personal y familiar, el orden social y las riquezas: “Quien acepta la corrección camina a la vida / quien desprecia la corrección se extravía”; “El ser humano proyecta su camino / pero es el Señor quien dirige sus pasos”; “La mujer sabia edifica su casa / la necia la arruina con sus manos”.
La segunda (22,17 – 24,34) recoge dichos de otros sabios sobre la justicia, la prudencia, los buenos modales, las instrucciones paternas, y la embriaguez: “Escucha a tu padre que él te engendró / y no desprecies a tu madre, aunque envejezca”.
La tercera (25 – 29) está atribuida a “nuevos proverbios de Salomón, recopilados por los hombres de Ezequías, rey de Judá”: “Es gloria de Dios ocultar cosas / es gloria de reyes investigarlas”; “El hierro se aguza con hierro; / la persona, en contacto con su prójimo”.
La cuarta (30 – 31-9) recoge dichos atribuidos a dos sabios no israelitas. Agur trata del escéptico y del creyente “No he aprendido sabiduría / no conozco la ciencia santa. ¿Quién subió hasta el cielo y luego bajó?”. Lemuel, rey de Masá transmite “Palabras… que le enseñó su madre”, “¿Qué decirte, hijo mío / hijo de mis entrañas, / hijo de mis promesas? / Que no entregues tu energía a las mujeres, / ni tu vigor a las que pierden a reyes”.
El libro termina con la descripción de la mujer ideal (31,10-31) que ha servido durante muchos siglos como modelo de la mujer cristiana.
B) La Crisis de la idea de Dios. Siglo V–III
A finales del siglo VI, con el decreto de Ciro, Israel vuelve de la cautividad en Babilonia e inicia la restauración del Segundo Templo de Jerusalén; pero la experiencia de la destrucción del Templo y de la nueva esclavitud había socavado su ciega confianza en la alianza con Dios, que ellos habían entendido como incondicional e infalible.
Esta situación, junto con el contacto de una cultura superior como la griega, provocó un ambiente de escepticismo y un replanteamiento de sus relaciones con Dios, especialmente referido al problema del mal, que ya no podía explicarse como castigo por los pecados, porque también afectaba, tanto o más, a los justos y a todo el pueblo.
Eclesiastés, tambien conocido como Qohélet, El Predicador (Ecl) s. IV–III a. C.
Aunque el libro es atribuido a Salomón, el autor es un “hombre de la asamblea” (eclesiastés), que confronta su sabiduría con su experiencia de la vida, y escribe una especie de diario en el que se muestra serenamente desengañado, pero mantiene su fe a pesar de la crisis de los valores tradicionales. Su reflexión no parte del dolor como Job, pero sí del hastío incluso de una vida holgada: “Entonces reflexioné sobre todas mis obras y sobre la fatiga que me habían costado, y concluí que todo era ilusión y vano afán, pues no se saca ninguna ganancia bajo el sol… Así que quedé decepcionado de todo mi trabajo y fatiga bajo el sol” (2,1-20). Tampoco llega a una solución religiosa como Job, sino a una solución práctica mediante el disfrute de los placeres sencillos: “Así que yo recomiendo la alegría, porque no hay más felicidad para el ser humano bajo el sol que comer, beber y disfrutar, pues eso le acompañará en sus fatigas durante los días que Dios le conceda vivir bajo el sol” (8,15). Los comentaristas se preguntan por qué este libro está en el canon hebreo y cristiano. El autor se presenta como hijo de David (1,1) y concluye recomendando el temor de Dios y la observancia de los mandamientos (12,9-14), aunque este texto parece añadido por el editor del libro. Habla de Dios, pero es un Dios distante poco implicado en la historia de los mortales. Su principal mérito puede estar en que se plantea los problemas con honradez intelectual, sin acudir a las falsas soluciones piadosas, “sigue creyendo en Dios a pesar de las desilusiones de la vida” (Sicre), y “en él la sabiduría se apea, llega al borde del fracaso; así encuentra su límite y se salva” (Schökel).
Libro de Job IV – III a. C. Este libro es una especie de novela de tesis sobre las relaciones de Dios con el ser humano y especialmente sobre el tema del mal que afecta a los justos, y en mayor medida que a los pecadores. Su autor vivió después del destierro, conoce perfectamente los Salmos y los libros de los profetas, tiene experiencia de la vida, y examina sus creencias con gran honradez intelectual. Tiene como protagonista a Job, un personaje legendario, ”justo, honrado, respetuso de Dios, y apartado del mal”, que vive en un país extranjero. Este personaje ha quedado como ejemplo en la tradición israelita, en la cristiana (Santiago 5,11), y en el Corán. Está estructurado en dos planos, uno espiritual de diálogo entre Dios y Satán sobre la fidelidad de Job, que Satán cree meramente interesada y propone enviarle desgracias para comprobar si mantiene su fidelidad (1,6-9). El segundo plano se juega en la tierra entre las quejas de Job por sus sufrimientos, “Maldito el día en que nací, y la noche que anunció: ha nacido un varón… ¿Por qué no morí en las entrañas… ahora descansaría en paz…con esos reyes que se hacen construir mausoleos… Allí acaba la agitación de los canallas…” (3,1-26) y del sufrimiento de muchos justos que sufren como él más desgracias que los malvados que no respetan a Dios ni los derechos de sus conciudadanos. A estas quejas responden los diálogos de los tres amigos que le apremian a indagar algún mal oculto que haya cometido para que se arrepienta y Dios cese en el castigo que le envía (capítulos 4-37).
Ante la enseñanza tradicional, de que Dios premia a los buenos y castiga a los malos, Job se rebela y plantea con crudeza la realidad “¿Por qué siguen vivos los malvados y al envejecer se hacen más ricos?…. ¿Me queréis consolar con vaciedades? Vuestras respuestas son puro engaño” (21,17-34). (Algunos, hoy, dicen lo mismo).
Finalmente Dios se manifiesta a Job (38-41), y le hace ver la incapacidad del hombre para comprender su modo de actuar. Esta visión le transforma y “Job respondió al Señor: reconozco que lo puedes todo, y ningún plan es irrealizable para ti; yo, el que empañó tus designios con palabras sin sentido, hablé de grandezas que no entendía, de maravillas que superan mi comprensión… te conocía sólo de oídas, ahora te han visto mis ojos; por eso me retracto y me arrepiento echándome polvo y ceniza”. (42,1-6).
Los discursos académicos de pretendido consuelo que le hacen sus tres amigos pueden resultar tediosos, pero conviene hacerse una idea de ellos porque siguen aplicándose después de 25 siglos, y nos invitan a indagar una imagen de Dios más realista y sincera. Tenemos que integrar la experiencia del dolor y de la muerte con el despliegue de la vida y el misterio de Dios amor. Probablemente su solución final no satisfaga a muchos, porque apela a una experiencia personal de Dios que cambia nuestras rutinarias respuestas, e invita a la aceptación de su proyecto. Con la mera razón discursiva no se encuentra una explicación concluyente (“La imposible Teodicea” de Juan Antonio Estrada); es necesario sentir la experiencia de la justicia y del amor, la experiencia de Dios, como nos dice el autor del libro de Job.
Vídeos de la Escuela de Formación en Fe Adulta (EFFA)
José Luis Sicre: Libros poéticos y sapienciales. El profesor Sicre hace un comentario general a los conceptos de sabio y sabiduría y glosa algunos libros con más detalle, como por ejemplo el libro de Job y el Eclesiastés o también llamado Cohelet.
Bibliografía
José Luis Sicre: “Introducción al Antiguo Testamento”. Ed Verbo Divino, 2016. c. 21 El fenómeno sapiencial.
Xabier Pikaza: “Ciudad Biblia. Una guía para adentrarse, perderse y encontrarse en los libros bíblicos”. Ed verbo divino 2019. Antiguo Testamento 5 Libros sapienciales.
John Shelby Spong, obispo anglicano: “Orígenes de la Biblia”, c. 23 y 26. Traducción digital facilitada por: Asociación Marcel Légaut, http://marcellegaut.orghttp://johnshelbyspong.es
Luis Alonso Schökel: Nueva Biblia española. Ed Cristiandad 1975. Introducción a cada uno de estos libros.
Biblia Traducción Interconfesional (BTI). Ed Biblioteca de Autores cristianos, Editorial verbo divino, Sociedades Bíblicas Unidas, 2008. Introducción a cada uno de estos libros tanto de los pertenencientes al canon hebreo como de los deuterocanónicos.