Causas y consecuencias de la guerra en Ucrania

Fernando Bermúdez: «Esta guerra se podía haber evitado con diálogo y respeto a los acuerdos firmados»

Ucrania sangra
Ucrania sangra

«La invasión de Ucrania por el ejército ruso es una violación del derecho internacional y un acto criminal contra la población civil»

«Esta guerra se podía haber evitado si la OTAN no hubiera rodeado a Rusia con misiles tal como se acordó con Gorbachov en 1991»

«En la guerra de Ucrania existe dos relatos contrapuestos. Uno el que se da desde el Kremlin y otro el que se da en Occidente. Ninguno de los dos dice toda la verdad»

«Esta guerra se podía haber evitado con diálogo y respeto a los acuerdos firmados y con una ONU eficiente y libre frente a las grandes potencias»

Por Fernando Bermúdez López

La invasión de Ucrania por el ejército ruso es una violación del derecho internacional y un acto criminal contra la población civil. Los bombardeos del ejército de Putin están ocasionando millares de muertos y más de 5 millones de personas refugiadas, sobre todo mujeres y niños. Toda guerra genera un cúmulo de sufrimiento. Es una tragedia humana, un absurdo de la humanidad.

Esta guerra se podía haber evitado si la OTAN no hubiera rodeado a Rusia con misiles tal como se acordó con Gorbachov en 1991.  Sin embargo, Estados Unidos, a través de su maquinaria de guerra, la OTAN, instaló misiles en los países de la antigua URSS en las fronteras con Rusia. Incluso el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, estaba haciendo gestiones para entrar también en la OTAN. Esto exasperó a Rusia, provocando la intervención militar.  Recordemos que en 1962 la URSS comenzó a instalar misiles en Cuba y el presidente estadounidense John Kennedy lo consideró como una grave amenaza para Estados Unidos. Entonces, para evitar un conflicto bélico mundial, la URSS suspendió el proyecto.  ¿Cómo hubiera reaccionado hoy Estados Unidos si México instalara misiles en su frontera norte?

Otan y Ucrania

Pero hay algo más. En el verano de 2021  (junio y julio) la Armada ucraniana y la Sexta Flota  de la Armada de Estados Unidos realizaron ejercicios militares conjuntos en el Mar Negro, que consistieron en adiestramientos y operaciones  navales, terrestres y aéreos, frente a Rusia, señalando a este país como un oponente en un futuro conflicto. No hay duda de que esta guerra obedece en gran medida a una provocación de Estados Unidos y la OTAN, que va buscando expandirse por los países de la antigua URSS. Barak Obama reconoce que Rusia carece de la vasta red de alianzas y bases militares que le permite proyectar su poder en todo el globo, mientras que Estados Unidos y su brazo armado busca hundir a sus rivales para controlar el planeta (Obama. Una tierra prometida, Madrid 2020).

Otra causa de la guerra es la violación sistemática de los derechos humanos por parte del gobierno de Ucrania contra la población ruso-parlante de Donbass. En el año 2014 Estados Unido apoyó el golpe de estado en Ucrania contra el gobierno de Viktor Yanukovich, elegido democráticamente. Los protagonistas de este golpe fueron agrupaciones de carácter fascista y marcadamente supranacionalistas. Asumió el poder Poroshenko, una de las personas más ricas de  Ucrania. Ilegalizó el partido socialista y el partido comunista y prohibió hablar ruso en todo el país.

Grupos armados neonazis asesinaron a destacados líderes sindicales e incendiaron las sedes de los sindicatos de Odesa. Estas políticas generaron un profundo malestar en la región de Donbass, cuyos habitantes son ruso-parlantes y muchos de ellos de tendencia socialista, troskista y antiimperialistas tanto frente a Rusia como frente a USA-OTAN. Es por ello que lucharon por la proclamación de la independencia de Donetsk y Luhansk en el Donbass.

Zelenski visita el Este de Ucrania
Zelenski visita el Este de Ucrania

En 2019 Poroshenko deja el poder y le sucede Zelenski, quien ha gobernado utilizando el batallón Azov, marcadamente neonazi, para reprimir a la población de Donbass, utilizando la tortura y el asesinato de líderes de la región. Desde 2014 más de13.000 personas fueron asesinadas. Putin dice que trata de proteger a las personas de esta región que son objeto de abusos y del genocidio del régimen de Kiev durante ocho años, desde el golpe de estado ucraniano.

Cito la editorial de Redes Cristianas, que señala que  “Ucrania, apoyada por la OTAN, dio el golpe de Maidan (2014) contra Victor Yanukovich. Desde entonces, grupos neonazis (batallón Azov) integrados en la Guardia Nacional han mantenido una guerra sangrienta en la región rusófila de Donbass, (Donetsk y Luhansk). Ucrania ha incumplido los acuerdos firmados en Minsk (Bielorrusia) con Rusia, Francia y Alemania, el 12 de febrero de 2015…  Asimismo, la OTAN, brazo armado de Estados Unidos, incumplió el pacto con la “perestroika” y “glasnost” de Gorbachov interviniendo, desde los años 90, en Yugoslavia, Kuwait, Irak, Libia, Siria, Afganistán, Yemen, en nombre de la presunta “seguridad” y “libertad” y dejando tras de sí una estela de millones de civiles heridos, mutilados, muertos, mucha hambre…¡y mayor contaminación del planeta!”.

En la guerra de Ucrania existe dos relatos contrapuestos. Uno el que se da desde el Kremlin y otro el que se da en Occidente. Ninguno de los dos dice toda la verdad, ambos ponen el acento en sus  intereses y los medios de comunicación irradian la información de sus amos.

ONU y Ucrania

Ante esta crítica situación la Unión Europea no supo o no quiso mediar. Le faltó capacidad y voluntad política para favorecer el diálogo en el conflicto entre los gobiernos de Rusia, Estados Unidos, la OTAN y el gobierno de Ucrania.  Analistas independientes de prestigio internacional, incluidos varios norteamericanos, señalan que esta guerra es una confrontación entre Estados Unidos y Rusia, dos imperios que se disputan la hegemonía militar y la geopolítica mundial. Y Europa en medio, como un  perrito faldero de Estados Unidos, en palabras de González Faus.

Por otra parte, Naciones Unidas -ONU- no tienen autoridad moral ni poder físico para resolver este conflicto. Su organización, controlada por el Consejo de Seguridad, en donde Estados Unidos, Rusia y China tienen poder de veto, no puede condenar coherente y éticamente a Rusia sin condenar a la vez otras invasiones como la de Irak, Siria, Palestina, Yemen, Somalia, Libia, entre otras muchas. Todo ello nos está indicando que la ONU necesita con urgencia una refundación, tal como la propuso en su día Miguel d’Escoto Brortmann, siendo presidente de la asamblea de Naciones Unidas.

Hoy Estados Unidos y los países de la Unión Europea están enviando armamento bélico y grandes sumas de dinero para la guerra de Ucrania. Este no es el camino. La paz no se construye con armas sino con el diálogo, que es la única vía para la resolución de conflictos. No es enviando armas a Ucrania como se apaga la guerra. Es echar más leña al fuego y generar una espiral de violencia que, incluso, puede llegar a la utilización de armas nucleares y esto sería una catástrofe mundial.

Armas nucleares
Armas nucleares

Entre las consecuencias de esta guerra (como de todas las guerras) es la muerte y sufrimiento de multitud de ciudadanos, sin dejar de lado el incremento del odio entre las diferentes etnias dentro del mismo país de Ucrania. A nivel socioeconómico la guerra está afectando además a todo el mundo, particularmente a los ciudadanos europeos por la subida del coste de la vida, debido al encarecimiento del petróleo, gas y electricidad. La guerra la pagamos todos.

La gran ganadora en toda guerra es la industria armamentista. Este es uno de los negocios más exitosos del mundo. No solo ha creado un sistema económico que sigue creciendo, sino que ha normalizado la guerra y las respuestas de seguridad a todas las crisis sociales, como señala Waldo Fernández.

Las grandes empresas europeas de armas son Thales (francesa), Leonardo (italiana), Indra Sistemas (española) y Airbus (Países Bajos). Las cuatro empresas cuentan entre sus accionistas con estos cuatro estados y con los mismos fondos de inversión estadounidenses que poseen acciones de la industria armamentística de Estados Unidos. Esto crea una creciente concentración de armamentos en manos de unos pocos gigantes. Solo Estados Unidos tiene 800 bases e instalaciones militares en el planeta y representa el 46% del gasto militar en todo el mundo.

Rusia, China y Estados Unidos tienen miles de armas nucleares, mucho más potentes que las que arrasaron Hiroshima y Nagasaki en 1945. Cada uno de esos países tiene unas 1.600 armas capaces de alcanzar objetivos en todo el mundo. Otros muchos países tienen cientos de armas nucleares: Francia, el Reino Unido, Corea del Norte, Israel, India… Una guerra nuclear podría acabar con la vida en el planeta. Este es el riesgo que corremos.

Papa y Ucrania

Ante la escalada armamentista, el 24 de marzo el Papa Francisco dijo:

“Me avergüenzo de los Estados que incrementan el gasto militar al 2%. ¡Están locos! La verdadera respuesta no está en más armas, más sanciones y más alianzas político-militares, sino en una actitud diferente, una forma diferente de gestionar un mundo ya globalizado, no para enseñarnos los dientes, sino para establecer relaciones internacionales… El mundo sigue siendo tratado como un ‘tablero de ajedrez’ donde los poderosos estudian los movimientos para extender su dominio en detrimento de los demás”.

Es lamentable que en el mundo se destine 195 veces más dinero en armas que para las inversiones sociales de salud, educación, investigación o apoyo a las familias y superación de la pobreza. Las guerras, y en concreto la que hoy vivimos en Ucrania, es una dolorosa tragedia que hiere el alma de todo ser humano y que se podía haber evitado con el diálogo y la conciencia ética del respeto a la vida y al derecho internacional.  Pero Putin y los dirigentes de Estados Unidos y la OTAN y, de alguna manera también la Unión Europea, están demostrando una falta de humanidad, llevando al mundo a un conflicto bélico de incalculables consecuencias.

Finalmente, termino esta reflexión, lanzando un grito:

¡No al odio,

No a las armas,

No a la guerra,

No a los imperios,

No a la opresión y explotación de los seres humanos

No al patriarcalismo

No a la discriminación entre refugiados,

No al racismo y a la xenofobia,

No a los fanatismos ultranacionalistas,

No a la depredación de la Naturaleza y contaminación del medio ambiente.

Sí al dialogo,

Sí al respeto y a la convivencia pacífica entre etnias, culturas y religiones,

Sí al respeto y promoción de los derechos humanos

Sí a la igualdad social y de género

Sí a la libertad con justicia social,

Sí a la amistad entre los pueblos,

Sí a la solidaridad con la humanidad sufriente,

Sí a la fraternidad universal,

Sí a la paz que nace del respeto al diferente,

Sí al cuidado de la Casa Común,

Sí a la vida!

“Por utópico que sea soñar,

hay situaciones en la vida

en que solo soñando se consigue algo”

(J.Moltmann)

División en la Iglesia Ortodoxa

Onufriy se declara “independiente” y Kirill se queda solo

Kirill, patriarca de Moscú, y el patriarca ecuménico Bartolomé I, durante su encuentro en Estambul

El Patriarcado Ortodoxo de Kiev sigue la vía de Epifaniy y ya no reconoce la autoridad espiritual de Moscú

Ahora falta conocer si se culmina una posible reunificación eclesial de la ortodoxia ucraniana, rota desde 2018

Kirill, patriarca ortodoxo de Moscú, se ha quedado más solo que nunca a causa de su apoyo incondicional a la invasión rusa a Ucrania por parte de Vladímir Putin. Un debilitamiento en su autoridad espiritual que ya comenzó en diciembre de 2018, cuando del Patriarcado Ortodoxo de Kiev, subordinado desde hacía tres siglos al de Moscú, surgió una escisión en forma de Iglesia Autocéfala Ucraniana. Pastoreada por Epifaniy, se constituyó en la decimoquinta Iglesia ortodoxa a nivel mundial y, desde el principio, se situó bajó la órbita del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, la otra gran corriente ortodoxa, liderada por el patriarca Bartolomé.


Hasta ahora, a Kirill le quedaba el apoyo del Patriarcado Ortodoxo de Kiev, quien reconocía la autoridad espiritual de Moscú pese a mostrar desde el inicio de la invasión (hace ahora 100 días) su rechazo tajante a la acción violenta de Putin contra su pueblo. Pero la situación, enquistada ya, ha dado un giro definitivo y, desde este pasado 27 de mayo, la Iglesia encabezada por el patriarca Onufriy ya declara su “plena independencia” espiritual.

¿Posible acuerdo?

Basta por comprobar si habrá un acuerdo o no entre Epifaniy y Onufriy de cara a una posible reunificación eclesial de la ortodoxia ucraniana (hasta ahora, lo único que las enfrentaba era su posición de subordinación respecto a Moscú), pero parece que estamos ante un cambio irreversible y Kirill, quien tanto denigró lo que él entendía como un “cisma” en la sombra provocado por Bartolomé (llegó a acusarle formalmente de ello en una reciente carta al Consejo Mundial de Iglesias), ha perdido toda influencia sobre una Iglesia en la que él ve “la pila bautismal” de la ortodoxia rusa.

En esta ocasión, el patriarca utilizó un tono diplomático y, como manifestó en su homilía de este domingo 29 en la catedral de Cristo Salvador de Moscú, aseguró que “comprendemos perfectamente el sufrimiento actual de la Iglesia ortodoxa ucraniana y entendemos que Su Beatitud, el metropolitano Onufriy y su episcopado, deben actuar de la manera más sabia posible para no complicar la vida de su pueblo creyente”. Eso sí, aunque sin citar a nadie expresamente, Kirill añadió que “nunca alcanzarán su objetivo” quienes buscan “dividir” y “destruir la unidad espiritual” de las Iglesias rusa y ucraniana.

Difusión de una “herejía”

La crisis en el seno de la ortodoxia eslava parecía haber superado un punto de no retorno cuando, días atrás y con el apoyo explícito de Epifaniy, quien compartió la resolución en sus redes, el Consejo de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana llegó a solicitar formalmente a Bartolomé que le retirara a Kirill su condición de patriarca, culpándole de “interferir” en sus “asuntos internos” y de “propagar la herejía de una doctrina etno-racial basada en la ideología del ‘mundo ruso’”, entendiendo, en definitiva, que promovía un “cisma”.

En declaraciones a RT1, el patriarca de Constantinopla, aunque no contestó a esa petición concreta de decenas de sacerdotes ortodoxos ucranianos, sí reconoció que Kirill había “defraudado” a quienes esperaban una condena unánime de la invasión de Putin desde el seno de la ortodoxia. Además, reconoció que se pregunta sobre “cómo se lo justificará ante su conciencia”. Finalmente, también lamentó el hecho que a su juicio está en la base de todo: “La Iglesia rusa codicia la primacía de Constantinopla”

La Iglesia ortodoxa ucraniana contra Kirill

Los ortodoxos ucranianos piden a Bartolomé que despoje a Kirill del título de patriarca de Moscú

El Consejo de Iglesias ortodoxas de Ucrania
El Consejo de Iglesias ortodoxas de Ucrania

¿Por qué? Por «la propagación de la herejía de la doctrina etno-racial basada en la ideología del «mundo ruso», así como por la provocación de un cisma en la Iglesia»

El Papa reza por que «el Espíritu Santo nos renueve y fortalezca en el ministerio del Evangelio, especialmente en nuestros esfuerzos por proteger el valor y la dignidad de toda vida humana»

Bartolomé lamenta que Kirill «no ha estado a la altura de las circunstancias en este momento crítico e histórico»

Por Jesús Bastante

Onomástica de Cirilo, fiesta de Kirill de Moscú. Una festividad polémica, que se ha visto manchada por la invasión rusa, y que ha sido respondida por varios líderes religiosos. Así, aunque el Papa Francisco le ha felicitado, el Consejo de Obispos de la Iglesia de Ucrania decidió suspender la conmemoración, al tiempo que hizo un llamamiento al patriarca ecuménico de Constantinopla y al resto de primados para que priven a Kirill de su trono.

¿Con qué razón? Por «la propagación de la herejía de la doctrina etno-racial basada en la ideología del «mundo ruso», así como por la provocación de un cisma en la Iglesia», resaltan los ortodoxos ucranianos, que acusan al patriarca de Moscú de «interferir en los asuntos internos de Ucrania».

«La Iglesia de Rusia nos ha defraudado»

Por su parte, Bartolomé subrayó, en una entrevista en ERT1, que «sería posible que todas las Iglesias condenaran la violencia, la guerra. Pero la Iglesia de Rusia nos ha defraudado. No quería que la Iglesia de Rusia y el hermano Patriarca Kirill fueran esta trágica excepción».

Bartolomé

«No sé cómo podrá justificarse ante su conciencia. Cómo lo justificará, cómo lo juzgará la historia», apuntó el patriarca de Constantinopla, quien insiste en que Kirill «debería reaccionar ante la invasión de Ucrania y condenar la guerra como hicieron todos los demás primados ortodoxos».

«No lo hizo, lo que le perjudica y lo lamento mucho. Podemos haber tenido otras diferencias, la conocida por la autocefalia de la Iglesia de Ucrania, la que tenemos desde hace siglos porque la Iglesia rusa codicia la primacía de Constantinopla, y socava los fundamentos del trono de Constantinopla, pero esperaba que el hermano Kirill en este momento crítico e histórico estuviera a la altura de las circunstancias«, denunció Bartolomé.

KIrill y Francisco en Cuba
KIrill y Francisco en Cuba

Mensaje papal

Finalmente, el Papa Francisco envió un mensaje al patriarca con motivo de la fiesta de Cirilo. En la misiva, Bergoglio reza para que «el Espíritu Santo nos renueve y fortalezca en el ministerio del Evangelio, especialmente en nuestros esfuerzos por proteger el valor y la dignidad de toda vida humana».

Francisco destaca la fiesta de San Cirilo, «el gran apóstol de los eslavos», dirigiendo sus saludos y oraciones al Patriarca de Moscú y a la «Iglesia confiada a su cuidado pastoral»

La guerra en Ucrania: una tragedia humana

El arzobispo de Kiev compara a la Iglesia Ortodoxa rusa con el ISIS

Sviatoslav Shevchuk señala que el apoyo del patriarca Kirill a Putin “sigue la lógica de los fundamentalistas islámicos”

La invasión de Ucrania por Putin tiene un nuevo frente. El arzobispo grecocatólico de Kiev, Sviatoslav Shevchuk, ha denunciado la idea, defendida por el patriarca Kirill de la Iglesia Ortodoxa Rusa, de que la agresión “está defendiendo la moral cristiana”, y destacó que es un “argumento propio de los fundamentalistas islámicos


Durante una videoconferencia titulada “Ucrania: Una paz que construir”, Shevchuk criticó la “justificación cristiana de esta guerra” de Kirill, diciendo que él y otros que repiten la misma retórica “están explotando realmente el mensaje cristiano para una ideología nacionalista rusa”. Algo que obispos católicos, como el cardenal Juan José Omella, han denunciado también públicamente.

El arzobispo de Kiev denunció que la justificación de la guerra por motivos religiosos “se acerca cada vez más a la doctrina del ISIS, del Estado Islámico”.  Así, los partidarios de la guerra entre los ortodoxos rusos, incluyendo a Kirill, “proponen los mismos argumentos, pero en este caso bajo la bandera de los cristianos“, dijo Shevchuk, señalando que el conflicto está siendo utilizado por parte de muchas élites ortodoxas rusas como “una guerra metafísica… contra la globalización universal, sobre todo la occidental y estadounidense”.

Ucrania, “semilla del Anticristo”

“Advierten de los peligros de la globalización religiosa, el peligro contra la verdadera y auténtica ortodoxia”, dijo. “Esta guerra metafísica es una guerra contra la moral occidental. Intentan presentar cada vez más a la sociedad ucraniana como si estuviera bajo la influencia de la inmoralidad occidental, y por ello, es una ideología del anticristo.” Según este punto de vista, dijo, “Ucrania lleva en su interior la semilla del anticristo, y por ello debe ser eliminada. Esto es una locura, pero en nombre de esto, están matando gente”.

El arzobispo también condenó el uso de la violación y la violencia sexual como arma, diciendo que se han registrado “cientos” de casos de mujeres, hombres e incluso niños violados en las ciudades ocupadas con el fin de humillar y aterrorizar al pueblo. Recordando su propio servicio militar en la época soviética, Shevchuk dijo que en aquella época, cuando se producían violaciones, se pensaba que los comandantes habían perdido el control de sus tropas, pero en el caso de la guerra actual, las víctimas dicen que los soldados “son alentados y reciben órdenes” de violar.

Violación como arma de guerra

Hasta hace tres meses, “nunca en mi vida hubiera imaginado estar al frente de mi Iglesia en tiempos de guerra“, dijo Shevchuk, afirmando que se pensaba en la guerra como algo del pasado, pero cuando empezaron a caer los primeros misiles en la madrugada del 24 de febrero, “nos despertamos en una realidad completamente diferente a la que estábamos acostumbrados”. “Desde ese día, Rusia y Ucrania tal y como eran antes ya no existen“, dijo, y calificó la propia guerra de “locura” y la intensidad de los combates en el campo de batalla de “diabólica”.

“Esta guerra está causando realmente una tragedia humana nunca vista en Ucrania“, dijo, diciendo que esto es muy significativo, dado que Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial fue llamada “la tierra de la sangre”. “Desgraciadamente, hoy esto se repite”, dijo, señalando que desde el comienzo de la guerra, alrededor de 500 personas se han refugiado en el interior de su catedral, incluyendo el búnker subterráneo donde los civiles han ido a refugiarse de las bombas.

Shevchuk relató haber visto a familias enteras, niños incluidos, asesinadas y quemadas, y haber escuchado historias de soldados rusos que disparaban a civiles ucranianos en función de su profesión, para “eliminar toda expresión del pueblo ucraniano“. “Esta cuestión debe afectarnos a todos… También a los centros culturales y a todas las instituciones: ¿Por qué? En el tercer milenio, ¿cómo es posible?”.

Dimisión del Consejero de Rusia ante la ONU

El Consejero de Rusia ante la ONU en Ginebra dimite: «Nunca me he sentido tan avergonzado de mi país»

Putin

La ONU hace ahora hace un llamado a todos los demás diplomáticos rusos en las Naciones Unidas, y en todo el mundo, para que sigan su ejemplo moral y renuncien.

Guerra Rusia-Ucrania

El Consejero de Rusia ante la ONU en Ginebra, Boris Bondarev, ha dimitido de sus funciones por la invasión de Ucrania ordenada por Vladimir Putin el pasado 24 de febrero. «Nunca me he sentido tan avergonzado de mi país», dice el consejero en una declaración escrita enviada a los medios. 

«Durante veinte años de mi carrera diplomática he visto diferentes giros de nuestra política exterior, pero nunca me he sentido tan avergonzado de mi país como el 24 de febrero de este año. La guerra  desatada por Putin contra Ucrania, y de hecho contra todo el mundo occidental, no es solo un crimen contra el pueblo ucraniano, sino también, quizás, el crimen más grave contra el pueblo de Rusia. Con una letra Z en negrita ha tachado todas las esperanzas y perspectivas de una sociedad libre próspera en nuestro país», dice el diplomático

Bondarev acusa a los promotores de la guerra de querer perpetuarse en el poder y de no importarle la vida de sus conciudadanos. «Aquellos que concibieron esta guerra solo quieren una cosa: permanecer en el poder para siempre, vivir en palacios pomposos e insípidos, navegar en yates comparables en tonelaje y costo a toda la Armada rusa, disfrutar de poder ilimitado y total impunidad», acusa. 

«Para lograrlo están dispuestos a sacrificar tantas vidas como sea necesario. Miles de rusos y ucranianos ya han muerto solo por esto», denuncia.

El diplomático afea también el comportamiento de su país a nivel internacional en los últimos años y señala directamente al ministro de Exteriores ruso, Sergey Lavrov: «Lamento admitir que durante estos veinte años el nivel de mentiras y falta de profesionalismo en el trabajo del Ministerio de Relaciones Exteriores ha ido en aumento. En lugar de información imparcial, análisis imparcial y pronósticos sobrios, hay clichés de propaganda en el espíritu de los periódicos soviéticos de la década de 1930. Se ha construido un sistema que se engaña a sí mismo. El ministro Lavrov es un buen ejemplo de la degradación de este sistema». 

Para Bondarev, hoy, «el Ministerio de Relaciones Exteriores no se trata de diplomacia», «se trata de belicismo, mentiras y odio». «Sirve a los intereses de unos pocos, de muy pocas personas, contribuyendo así a un mayor aislamiento y degradación de mi país», concluye.

Ahora, hablemos de paz

Paz frente a guerra

Hay quien dice que hablar de paz en tiempos de guerra es un signo de debilidad; pero es lo contrario. Es la valentía de los manifestantes por la paz en todo el mundo la que impidió que algunos gobiernos se involucraran en docenas de otros conflictos en curso.

POR  JEREMY CORBYN

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Con una lluvia de proyectiles rusos cayendo sobre las ciudades ucranianas, un inquietante alto el fuego en Yemen, el ataque a las y los palestinos durante la oración en Jerusalén y muchos otros conflictos en todo el mundo, a algunos puede parecerles inapropiado hablar de paz.

Sin embargo, cuando hay una guerra, es cuando se hace aún más imprescindible hacerlo. ¿De qué otra forma podemos evitar que se pierdan más vidas o que más millones de personas se vean obligadas a refugiarse en otros lugares del mundo? Se agradece que – por fin – las Naciones Unidas hayan tomado la iniciativa, con la oportuna petición del Secretario General, António Guterres, de reunirse cara a cara con el Presidente ruso Vladimir Putin y el Presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy.

Debe haber un alto el fuego inmediato en Ucrania, seguido de una retirada de las tropas rusas y un acuerdo entre Rusia y Ucrania sobre los futuros acuerdos de seguridad.

Todas las guerras se acaban con algún tipo de negociación, entonces … ¿Por qué no hacerlo ahora?

Todo el mundo sabe que esto es lo va a ocurrir en algún momento. No hay ninguna razón para retrasarlo, para que sigan los bombardeos y la muerte, para que haya más refugiados, más muertos y más familias en duelo en Ucrania y Rusia. Pero en lugar de instar a la paz, la mayoría de las naciones europeas han aprovechado la oportunidad para incrementar el suministro de armas, alimentar la maquinaria de guerra y aumentar los precios de las acciones de los fabricantes de armas.

También es tiempo para hablar sobre nuestra humanidad, o de la falta de ella, a las personas que se encuentran en una situación de profunda angustia como consecuencia de un conflicto armado, de la violación de sus derechos o de la pobreza extrema a la que muchos y muchas se enfrentan como consecuencia del sistema económico mundial.

Casi el 10% de la población de Ucrania está ahora exiliada, sufriendo traumas, pérdidas y miedo. La mayoría de los países de Europa han apoyado a las y los refugiados ucranianos. El Gobierno británico pretende hacerlo también, pero luego atrapa a estas personas en la pesadilla de la burocracia deliberadamente laberíntica del Ministerio del Interior, buscando disuadirles. En vez de esto, debería apoyar y acoger a las y los refugiados ucranianos. Eso es lo que quiere el pueblo británico en general: la enorme generosidad de la gente de a pie está mostrando lo mejor de nuestra humanidad.

Sin embargo, en el trato hacia los refugiados desesperados, procedentes de guerras en las que Gran Bretaña tiene una responsabilidad directa – como Afganistán, Irak, Libia y Yemen – la historia es dolorosamente diferente.

Si alguien está tan desesperado que lo arriesga todo intentando cruzar el Canal de la Mancha en un peligroso y endeble bote, merece simpatía y apoyo. Pero en vez de eso, el plan del Ministerio del Interior es trasladarles a Ruanda. Si creemos en la humanidad y en los derechos de las personas refugiadas, entonces habría que tratar a todos y todas de forma equitativa y decente y se les debería permitir contribuir a nuestra sociedad, no criminalizarles y encarcelarles. Si el Partido Conservador se sale con la suya en esta externalización, otros países europeos harán lo mismo. El Gobierno danés ya se ha pronunciado sobre esta propuesta, cruel e inviable.

“la onu ha actuado con demasiada lentitud, y gran parte del sistema de estados ha impulsado la escalada, no la negociación.”

Los efectos de esta guerra sobre la política y las esperanzas de nuestra sociedad van a ser enormes, sobre todo para las instituciones mundiales. Las Naciones Unidas se crearon tras la Segunda Guerra Mundial para “salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”. Desde entonces, podemos enumerar la larga y extensa lista de conflictos y guerras por delegación que el mundo ha soportado y que se han cobrado la vida de millones de personas. Corea, Vietnam, Irán-Irak, Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria, India-Pakistán, la República Democrática del Congo y muchos otros conflictos apenas han sido reseñados por los medios de comunicación convencionales, quizá porque eran conflictos contra la ocupación colonial, como el de Kenia.

A la ONU hay que hacerle una gran pregunta con respecto al conflicto de Ucrania. Cuando Rusia invadió brutal e ilegalmente Ucrania, ¿no era ese el momento para que este organismo enviara a su secretario general a Moscú para exigir un alto el fuego? La ONU ha actuado con demasiada lentitud, y gran parte del sistema de Estados ha impulsado la escalada, no la negociación.

El llamado por unas instituciones internacionales más eficaces y proactivas para apoyar la paz se hizo con fuerza en abril de 2022 en Madrid, durante un congreso organizado por Podemos, tras un diálogo iniciado por la Internacional Progresista, una organización de activismo de izquierda. Cada uno de los 17 oradores condenó la guerra y la ocupación y pidió un alto el fuego y un futuro de paz para los pueblos de Ucrania y Rusia. Los participantes conocían los peligros de la escalada de este conflicto y de las nuevas guerras calientes, así como la violencia que traería una nueva Guerra Fría. Hay 1.800 cabezas nucleares en el mundo preparadas y listas para ser utilizadas. Un arma “táctica” mataría a cientos de miles de personas; una bomba nuclear mataría a millones. No se puede contener, ni limitar sus efectos.

En junio, Viena acogerá una importante serie de actos por la paz en torno al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares. Este tratado, apoyado por la Asamblea General de la ONU y con la oposición de los Estados declarados poseedores de armas nucleares, ofrece la mejor esperanza y oportunidad para un futuro sin armas nucleares. Debemos aferrarnos a esta oportunidad con todas nuestras fuerzas.

Hay quien dice que hablar de paz en tiempos de guerra es un signo de debilidad; pero es lo contrario. Es la valentía de los manifestantes por la paz en todo el mundo la que impidió que algunos Gobiernos se involucraran en Afganistán, Irak, Libia, Siria, Yemen o cualquiera de las docenas de otros conflictos en curso.

La paz no es sólo la ausencia de guerra; es la seguridad real. La seguridad de saber que podrás comer, que tus hijas e hijos tendrán educación y cuidados y que un servicio de salud estará ahí cuando lo necesites. Hoy, para millones de personas, esto no es una realidad. Las consecuencias de la guerra en Ucrania se lo arrebatarán a otros millones.

Mientras tanto, muchos países están aumentando el gasto en armamento e invirtiendo recursos en armas cada vez más peligrosas. Los Estados Unidos acaban de aprobar el mayor presupuesto de defensa de su historia. Todos los recursos que se destinan a armamento son recursos que no se utilizan para salud, educación, vivienda o protección del medio ambiente.

Este es un momento peligroso y arriesgado. Contemplar el horror y prepararse para más conflictos en el futuro no garantizará que se aborde la crisis climática, la crisis de la pobreza o el suministro de alimentos. De todas y todos nosotros depende construir y apoyar movimientos que puedan trazar otro rumbo hacia la paz, la seguridad y la justicia para todos y todas.

Ucrania: el naufragio de la democracia

Pedro Pierre

“In God we trust”. Estas cuatro palabras son las que aparecen en letras mayúsculas sobre las monedas y los billetes norteamericanos. Significan “En Dios confiamos”. Recordamos también que los presidentes norteamericanos se posesionan con una mano sobre la Biblia prometiendo respetar y hacer respetar la Constitución del país. La frase “En Dios confiamos” apareció sobre los dólares en 1864, sabiendo que Estados Unidos proclamó su independencia apenas un siglo antes, en 1776. En Estados Unidos, la mayoría de su población es protestante y evangelista.

El sentido de esta frase la dio el presidente norteamericano Dwight D. Eisenhower en 1954. “De esta manera estamos reafirmando la transcendencia de la fe religiosa en la herencia y el futuro de Estados Unidos. Con esto fortaleceremos que esas armas espirituales serán para siempre el recurso más poderoso de nuestro país en la paz y guerra”. Así se resume la identidad y el proyecto de EE.UU. Es como decir: Nuestro proyecto de sociedad se inspira en Dios que nos confía la misión de extenderlo mediante el capitalismo por todo el planeta, por las buenas y por las malas. El gobierno de EE.UU. se siente investido por Dios de una misión universal, queriendo imponer el sistema capitalista a todos los países.

Esto nos permite entender el origen de la intervención rusa en Ucrania. Desde el comienzo de este siglo, ya EE.UU. no es el país hegemónico que logró ser después de la segunda guerra mundial. Ahora China es primera para el comercio mundial y el armamento ruso es más sofisticado y eficaz que el de los EE.UU. Además, los problemas internos norteamericanos aparecen más agudos, en particular el racismo contra los negros y los migrantes latinos. Está también el protagonismo violento y armado de la “minoría blanca” que quiere volver al poder con el ex presidente Donald Trump. El desempleo y el aumento del costo de la vida abren grandes espacios de pobreza y descontento.

Para superar estas dificultades, el gobierno de EE.UU. ha abierto dos frentes que le permiten unificar su población y contener su decadencia. En el extremo oriente, mediante alianzas, Japón es su principal aliado contra China y en occidente es Europa mediante su brazo armado, la OTAN (Organización militar del Atlántico Norte). Se busca así debilitar las economías china y rusa. Europa se presta a este propósito desde la caída del muro de Berlín en 1989, ampliando su zona de influencia incluyendo en la OTAN con nuevos países cercanos a la frontera rusa, a pesar de la molestia, los acuerdos y los avisos del gobierno de Rusia.

Para Rusia, el disgusto mayor fue cuando el gobierno de Ucrania solicitó entrar en la Unión Europea y en la OTAN con el beneplácito de EE.UU. y Europa. El gobierno ruso no quería que se implantaran en Ucrania misiles norteamericanos que estarían a unos 5 minutos de llegar a Moscú en caso de conflicto bélico. Por eso decidió previamente intervenir militarmente en Ucrania para que se respete los acuerdos firmados entre Rusia, EE.UU. y Europa-OTAN, que el gobierno ucraniano tome una posición neutral y reconozca la independencia de 2 regiones (Donbás) de Ucrania con mayoría de población rusa.

Una vez comenzada la intervención rusa en Ucrania, EE.UU. y Europa-OTAN decidieron no intervenir militarmente porque saben que su armamento es inferior al de Rusia y que Rusia activó su poderío nuclear. Pero sí, además de aumentar su presupuesto militar, envían millones de dólares al gobierno de Ucrania, armamentos en grandes cantidades, y soldados mercenarios para combatir con el ejército ucraniano. Para frenar la intervención rusa en Ucrania, han decidido sanciones económicas muy drásticas contra Rusia que congelan la mitad de sus reservas monetarias, ¡nada más que 300’000 millones de dólares!

Cierran el espacio europeo a los aviones rusos. Disminuyen sus intercambios comerciales con Rusia. Todo esto tiene grandes repercusiones en el comercio mundial en particular con América Latina. Ecuador tiene grandes limitaciones para la venta, por una parte, del banano a Rusia y Ucrania, que representa una cuarta parte de sus exportaciones y, por otra, de las flores con más o menos la misma proporción. Además, no llega a Ecuador la harina que importa de Rusia y Ucrania…

¿Qué podemos hacer para detener la guerra en Ucrania y fortalecer la paz entre las 3 grandes potencias mundiales? Tenemos, de un lado, tomar conciencia de las relaciones mundiales entre países que EE.UU. busca principalmente controlar en su único beneficio. De otro lado, tenemos que presionar a nuestros gobiernos para que no se sometan sin parpadear a los proyectos norteamericanos, tales como son los TLC (Tratado de Libre Comercio).

Eso representa nuestro aporte a una verdadera democracia que comienza con nosotros. Se llama conciencia ciudadana, defensa de nuestra soberanía, respeto a nuestra dignidad y originalidad, promoción de los derechos humanos, lucha con la pobreza, mayor repartición de la riqueza, empeño por el bien común. Eso es el establecimiento de la “fraternidad sin frontera, la amistad social y el amor político”, tal como lo escribió el papa Francisco en su carta encíclica “Todos somos hermanos y hermanas”, afín de lograr la ansiada “hermandad universal”.

Si no aportamos nuestra parte, colaboramos al naufragio de la democracia y preparamos nuevas guerras. Todos somos responsables de la paz por la manera activa y pacífica de nuestro vivir y convivir cotidianos. Somos un ladrillo indispensable en la gran construcción de la convivencia armoniosa de nuestro país y de nuestro planeta. Eso es el precio de nuestra felicidad y la seguridad de una vida plenamente humana.

Las claves de una catástrofe anunciada

El lamentable papel de Europa en la guerra Rusia – Ucrania y las lágrimas que desató

El reconocido sociólogo portugués analiza cómo se llegó al conflicto y la incapacidad de los dirigentes europeos para desarmar una guerra largamente preparada. El papel de Estados Unidos y lo que le espera a la política y la economía internacional.

Boaventura de Sousa Santos

Por Boaventura de Sousa Santos

Debido a que Europa no ha sido capaz de hacer frente a las causas de la crisis, está condenada a hacer frente a sus consecuencias. El polvo de la tragedia está lejos de haberse asentado, pero, aun así, nos vemos obligados a concluir que los líderes europeos no estaban ni están a la altura de la situación que estamos viviendo. Pasarán a la historia como los líderes más mediocres que Europa ha tenido desde el final de la Segunda Guerra Mundial. 

Seguí en vivo el minuto a minuto de la guerra entre Rusia y Ucrania 

Ahora están haciendo todo lo posible en la ayuda humanitaria, y no se puede cuestionar el mérito de dicho esfuerzo. Pero lo hacen para salvar las apariencias ante el mayor escándalo de este tiempo. Gobiernan los pueblos que, en los últimos setenta años, más se han organizado y manifestado contra la guerra en cualquier parte del mundo donde sea que esta se haya producido. Y no fueron capaces de defenderlos de la guerra que, al menos desde 2014, se venía gestando en casa. 

Las democracias europeas acaban de demostrar que gobiernan sin el pueblo. Hay muchas razones que nos llevan a esta conclusión.

Una guerra preparada hace mucho

Esta guerra estaba siendo preparada hace mucho tiempo tanto por Rusia como por Estados Unidos. En el caso de Rusia, la acumulación de inmensas reservas de oro en los últimos años y la prioridad otorgada a la asociación estratégica con China, concretamente en el ámbito financiero, con miras a la fusión bancaria y la creación de una nueva moneda internacional, y en el comercio, donde hay enormes posibilidades de expansión con la iniciativa Belt and Road en Eurasia. 

En las relaciones con los socios europeos, Rusia ha demostrado ser un socio creíble, dejando claras sus preocupaciones de seguridad. Preocupaciones legítimas, si por un momento pensamos que en el mundo de las superpotencias no hay buenos ni malos, hay intereses estratégicos que hay que acomodar. Este fue el caso en la crisis de los misiles de 1962 con la línea roja de Estados Unidos, que no quería misiles de mediano alcance instalados a 70 km de su frontera. Que no se piense que fue solo la Unión Soviética la que cedió. Estados Unidos también desistió de los misiles de mediano alcance que tenía en Turquía. Cedieron de manera recíproca, se acomodaron, y tuvieron un acuerdo duradero. ¿Por qué no fue posible lo mismo en el caso de Ucrania? Veamos la preparación en el lado estadounidense.

La democracia es solo la pantalla de EE.UU.

Ante el declive del dominio global que ha tenido desde 1945, EE.UU. busca consolidar a toda costa zonas de influencia, que garanticen facilidades comerciales para sus empresas y acceso a materias primas. Lo que escribo a continuación se puede leer en documentos oficiales y think tanks, por lo que se prescinde de teorías conspirativas. La política del regime change no está dirigida a crear democracias, solo gobiernos que sean fieles a los intereses de Estados Unidos. 

No fueron estados democráticos los que surgieron de las sangrientas intervenciones en Vietnam, Afganistán, Iraq, Siria, y LibiaNo fue para promover la democracia que alentaron golpes de Estado que depusieron a presidentes elegidos democráticamente en Honduras (2009), Paraguay (2012), Brasil (2016), Bolivia (2019), sin mencionar el golpe de 2014 en Ucrania. 

Desde hace algún tiempo, el principal rival es China. En el caso de Europa, la estrategia estadounidense tiene dos pilares: provocar a Rusia y neutralizar a Europa (especialmente a Alemania). La Rand Corporation, una conocida organización de investigación estratégica, publicó en 2019 un informe preparado a petición del Pentágono, titulado «Extendiendo Rusia. Competir desde terreno ventajoso». En él se analiza cómo impactar a los países para que la provocación pueda ser explotada por Estados Unidos. 

Cómo desestabilizar a Rusia

Con respecto a Rusia, dice: «Hemos analizado una serie de medidas no violentas capaces de explotar las vulnerabilidades y ansiedades reales de Rusia como un medio para presionar al ejército y la economía de Rusia y el estatus político del régimen en el país y en el extranjero. Los pasos que hemos examinado no tendrían la defensa ni la disuasión como objetivo principal, aunque podrían contribuir a ambos. Por el contrario, tales pasos se consideran elementos de una campaña diseñada para desestabilizar al adversario, obligando a Rusia a competir en campos o regiones donde Estados Unidos tiene una ventaja competitiva, llevando a Rusia a expandirse militar o económicamente, o haciendo que el régimen pierda prestigio e influencia a nivel nacional y/o internacional». 

¿Necesitamos saber más para entender lo que está sucediendo en Ucrania? Rusia fue provocada a expandirse para luego ser criticada por hacerlo. La expansión de la OTAN hacia el este, en contra de lo que se había acordado con Gorbachov en 1990, fue la pieza clave inicial de la provocación. La violación de los acuerdos de Minsk fue otra pieza. Cabe señalar que Rusia comenzó por no apoyar el reclamo de independencia de Donetsk y Lugansk después del golpe de 2014. Prefería una fuerte autonomía dentro de Ucrania, como está establecido en los acuerdos de Minsk. Estos acuerdos fueron rotos por Ucrania con el apoyo de Estados Unidos, no por Rusia.

El papel destinado a Europa

En cuanto a Europa, el principio es consolidar la condición de socio menor que no se atreva a perturbar la política de las zonas de influencia. Europa debe ser un socio fiable, pero no puede esperar reciprocidad. Por eso la UE, ante la ignorante sorpresa de sus líderes, fue excluida del AUKUS, el tratado de seguridad para la región del Índico y el Pacífico entre EE.UU., Australia e Inglaterra. 

La estrategia del socio menor requiere que se profundice la dependencia europea, no solo en el ámbito militar (ya garantizado por la OTAN) sino también en el económico, es decir, en términos energéticos. La política exterior (y la democracia) de EE. UU. está dominada por tres oligarquías (no solo hay oligarcas en Rusia y Ucrania): el complejo militar-industrial; el complejo gasífero, petrolero y minero; y el complejo bancario-inmobiliario. Estos complejos tienen ganancias fabulosas gracias a las llamadas rentas monopólicas, situaciones privilegiadas de mercado que les permiten inflar los precios.

El objetivo de estos complejos es mantener al mundo en guerra y crear una mayor dependencia de los suministros de armas estadounidenses. La dependencia energética de Europa en relación con Rusia era inaceptable. Desde el punto de vista de Europa, no se trataba de dependencia, se trataba de racionalidad económica y diversidad de socios. 

Con la invasión de Ucrania y las sanciones, todo se consumó como estaba previsto, y la apreciación inmediata de los precios de las acciones de los tres complejos tenía champán esperándolosUna Europa mediocre, ignorante y sin visión estratégica cae impotente en manos de estos complejos, que ahora les dirán los precios a cobrar. Europa está empobrecida y desestabilizada por no haber tenido líderes a la altura del momento. 

Además de eso, se apresura a armar a los nazis. Tampoco recuerda que, en diciembre de 2021, la Asamblea General de la ONU adoptó, a propuesta de Rusia, una resolución contra la «glorificación del nazismo, el neonazismo y otras prácticas que promuevan el racismo, la xenofobia y la intolerancia». Dos países votaron en contra, Estados Unidos y Ucrania.

¿Para qué sirve la OTAN?

Las negociaciones de paz en curso son una equivocación. No tiene sentido que sean entre Rusia y Ucrania. Deberían ser entre Rusia y EE.UU./OTAN/Unión Europea. La crisis de los misiles de 1962 se resolvió entre la URSS y Estados Unidos. ¿Alguien se acordó de llamar a Fidel Castro para las negociaciones? 

Es una cruel ilusión pensar que habrá una paz duradera en Europa sin compromiso real por parte de Occidente. Ucrania, cuya independencia todos queremos, no debería unirse a la OTAN. ¿Finlandia, Suecia, Suiza o Austria han necesitado hasta ahora la OTAN para sentirse seguros y desarrollarse? 

De hecho, la OTAN debería haber sido desmantelada tan pronto como acabó el Pacto de Varsovia. Solo entonces la UE podría haber creado una política y una fuerza de defensa militar que respondiera a sus intereses, no a los intereses estadounidenses. ¿Qué amenaza había para la seguridad de Europa que justificara las intervenciones de la OTAN en Serbia (1999), Afganistán (2001), Irak (2004), y Libia (2011)? Después de todo esto, ¿es posible seguir considerando a la OTAN como una organización defensiva?

El nuncio en Ucrania:

“Esta guerra no se puede ganar, lo único que queda es detenerla”

soldados heridos Ucrania

El arzobispo Visvaldas Kulbokas aplaude “la cohesión y el diálogo” entre todas las confesiones presentes en Ucrania

El arzobispo lituano Visvaldas Kulbokas, nuncio apostólico en Kiev volvió a hacer un llamamiento a alcanzar la paz en Ucrania “cuanto antes”, y acabar con una guerra “que no se puede ganar”. El prelado, que no abandonó la ciudad ni siquiera en los peores momentos de los ataques rusos, y testigo de excepción del horror, pidió que las balas y las bombas dejen paso a la diplomacia y el diálogo.


Kulbokas lamentó que todavía haya países que sigan hablando de “cómo ganar la guerra”. El nuncio, sin embargo, se remite a su experiencia propia sobre el terreno para explicar que esto es imposible: “¿Qué significa “ganar” cuando hay decenas de miles de muertos? Lo único que queda es detenerla, la guerra. Si alguien tiene la oportunidad de hacerlo, que lo haga ahora. La guerra mata a todos”.

Desbordados por las urgencias

La situación provocada por el conflicto, les lleva al límite cada día. “Estamos desbordados por las urgencias, empezando por las cuestiones humanitarias, a veces con intervenciones puntuales sobre el terreno, a veces -y este es el ámbito de competencia de la nunciatura- las que requieren el uso de los canales diplomáticos…”

No obstante, es realista sobre su capacidad para influir en las partes: “No tenemos la fuerza de las superpotencias políticas y militares, habría que preguntarles a ellos. Somos pequeños. Pero lo que podemos hacer es quedarnos aquí y hacer nuestra parte, nuestra labor de persuasión moral, que tiene muchas facetas y que obviamente debe ser confidencial. Estar ahí y recordar lo esencial”.

Ejemplo de unión ecuménica contra la guerra

En este aspecto, el lituano quiso destacar la comunión entre las distintas confesiones que están en Ucrania. “Un aspecto alentador es la cohesión entre los hombres de fe. Aquí en Ucrania existe un Consejo de Iglesias y Organizaciones Religiosas que reúne a representantes de las principales confesiones, cristianas y no cristianas, y que constituye un importante ejemplo de cohesión y diálogo. Un arma espiritual y positiva que muestra cómo toda la humanidad debe estar unida en la lucha contra la guerra“.

Al ser cuestionado por la esperanza de que la guerra se detenga pronto, Kulbokas abrió una ventana a la esperanza con la ayuda de Dios. “Humanamente hablando, parece que no hay posibilidades. Pero, como hombres de fe, tenemos la vocación de esperar contra viento y marea, porque sabemos que Dios está ahí e intervendrá en cuanto hayamos hecho nuestra parte”.

Causas y consecuencias de la guerra de Ucrania

¡No a la Guerra!

Fernando Bermúdez López, Coordinador Comisión de Migración. Alianza Convida20

La invasión de Ucrania por el ejército ruso es una violación del derecho internacional y un acto criminal contra la población civil. Los bombardeos del ejército de Putin están ocasionando millares de muertos y más de 5 millones de personas refugiadas, sobre todo mujeres y niños. Toda guerra genera un cúmulo de sufrimiento. Es una tragedia humana, un absurdo de la humanidad.

Esta guerra se podía haber evitado si la OTAN no hubiera rodeado a Rusia con misiles tal como se acordó con Gorbachov en 1991. Sin embargo, Estados Unidos, a través de su maquinaria de guerra, la OTAN, instaló misiles en los países de la antigua URSS en las fronteras con Rusia. Incluso el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, estaba haciendo gestiones para entrar también en la OTAN. Esto exasperó a Rusia, provocando la intervención militar. Recordemos que en 1962 la URSS comenzó a instalar misiles en Cuba y el presidente estadounidense John Kennedy lo consideró como una grave amenaza para Estados Unidos. Entonces, para evitar un conflicto bélico mundial, la URSS suspendió el proyecto. ¿Cómo hubiera reaccionado hoy Estados Unidos si México instalara misiles en su frontera norte? Esta guerra obedece en gran medida a una provocación de Estados Unidos y la OTAN.

Asimismo, otra causa de la guerra es la violación sistemática de los derechos humanos por parte del gobierno de Ucrania contra la población ruso-parlante de Donbass. En el año 2014 Estados Unido apoyó el golpe de estado en Ucrania contra el gobierno de Viktor Yanukovich, elegido democráticamente. Los protagonistas de este golpe fueron agrupaciones de carácter fascista y marcadamente supranacionalistas. Asumió el poder Poroshenko, una de las personas más ricas de Ucrania. Ilegalizó el partido socialista y el partido comunista y prohibió hablar ruso en todo el país. Esto generó un profundo malestar en la región de Donbass, cuyos habitantes son ruso-parlantes, y muchos de ellos de tendencia socialista o troskista. En 2019 le sucede Zelenski, quien ha gobernado utilizando el batallón Azov, marcadamente neonazi, para reprimir a la población de Donbass, utilizando la tortura y el asesinato de líderes de la región. Desde 2014 se calcula alrededor de13.000 asesinados. Putin dice que trata de proteger a las personas de esta región que son objeto de abusos y del genocidio del régimen de Kiev durante ocho años, desde el golpe de estado.

Cito la editorial de Redes Cristianas, que señala que

Ucrania, apoyada por la OTAN, dio el golpe de Maidan (2014) contra Victor Yanukovich. Desde entonces, grupos neonazis (batallón Azov) integrados en la Guardia Nacional han mantenido una guerra sangrienta en la región rusófila de Donbass, (Donetsk y Luhansk). Ucrania ha incumplido los acuerdos firmados en Minsk (Bielorrusia) con Rusia, Francia y Alemania, el 12 de febrero de 2015… Asimismo, la OTAN, brazo armado de Estados Unidos, incumplió el pacto con la “perestroika” y “glasnost” de Gorbachov interviniendo, desde los años 90, en Yugoslavia, Kuwait, Irak, Libia, Siria, Afganistán, Yemen, en nombre de la presunta “seguridad” y “libertad” y dejando tras de sí una estela de millones de civiles heridos, mutilados, muertos, mucha hambre…¡y mayor contaminación del planeta!

En la guerra de Ucrania existe dos relatos contrapuestos. Uno el que se da desde el Kremlin y otro el que se da en Occidente. Ninguno de los dos dice toda la verdad, ambos ponen el acento en sus intereses y en sus medios de comunicación.

Ante esta crítica situación la Unión Europea no supo mediar. Le faltó capacidad para favorecer el diálogo en el conflicto entre los gobiernos de Rusia, Estados Unidos, OTAN y el gobierno de Ucrania. Analistas independientes de prestigio internacional, incluidos varios norteamericanos, señalan que esta guerra es una confrontación entre Estados Unidos y Rusia, dos imperios que se disputan la hegemonía militar y el poder mundial.

Por otra parte, Naciones Unidas -ONU- no tienen autoridad moral ni poder físico para resolver este conflicto. Su organización, controlada por el Consejo de Seguridad, en donde Estados Unidos, Rusia y China tienen poder de veto, no puede condenar coherente y éticamente a Rusia sin condenar a la vez otras invasiones como la de Irak, Siria, Palestina, Yemen, Somalia, Libia, entre otras muchas.

Hoy Estados Unidos y los países de la Unión Europea están enviando armamento bélico y grandes sumas de dinero para la guerra de Ucrania. Este no es el camino. La paz no se construye con armas sino con el diálogo, que es la única vía para la resolución de conflictos. No es enviando armas a Ucrania como se apaga la guerra. Es echar más leña al fuego y generar una espiral de violencia que, incluso, puede llegar a la utilización de armas nucleares y esto sería una catástrofe mundial.

Entre las consecuencias de esta guerra, como de todas las guerras, es la muerte y sufrimiento de multitud de ciudadanos, sin dejar de lado el incremento del odio entre las diferentes etnias dentro del mismo país de Ucrania. A nivel socioeconómico la guerra está afectando además a todo el mundo, particularmente a los ciudadanos europeos por la subida del precio de la vida, debido al encarecimiento del petróleo, gas y electricidad. La guerra la pagamos todos.

La gran ganadora en toda guerra es la industria armamentista. Este es uno de los negocios más exitosos del mundo. No solo ha creado un sistema económico que sigue creciendo, sino que ha normalizado la guerra y las respuestas de seguridad a todas las crisis sociales, como señala Waldo Fernández.

Las grandes empresas europeas de armas son Thales (francesa), Leonardo (italiana), Indra Sistemas (española) y Airbus (Países Bajos). Las cuatro empresas cuentan entre sus accionistas con estos cuatro estados y con los mismos fondos de inversión estadounidenses que poseen acciones de la industria armamentística de Estados Unidos. Esto crea una creciente concentración de armamentos en manos de unos pocos gigantes. Solo Estados Unidos tiene 800 bases e instalaciones militares en el planeta y representa el 46% del gasto militar en todo el mundo.

Rusia, China y Estados Unidos tienen miles de armas nucleares, mucho más potentes que las que arrasaron Hiroshima y Nagasaki en 1945. Cada uno de esos países tiene unas 1.600 armas capaces de alcanzar objetivos en todo el mundo. Otros muchos países tienen cientos de armas nucleares: Francia, el Reino Unido, Corea del Norte, Israel, India… Una guerra nuclear podría acabar con la vida en el planeta. Este es el riesgo que corremos.

Ante la escalada armamentista, el 24 de marzo el Papa Francisco dijo:

“Me avergüenzo de los Estados que incrementan el gasto militar al 2%. ¡Están locos! La verdadera respuesta no está en más armas, más sanciones y más alianzas político-militares, sino en una actitud diferente, una forma diferente de gestionar un mundo ya globalizado, no para enseñarnos los dientes, sino para establecer relaciones internacionales… El mundo sigue siendo tratado como un ‘tablero de ajedrez’ donde los poderosos estudian los movimientos para extender su dominio en detrimento de los demás”.

Lo triste es que en el mundo se destina 195 veces más dinero en armas que para las inversiones sociales de salud, educación, investigación, apoyo a las familias, superación de la pobreza… Las guerras, y en concreto la que hoy vivimos en Ucrania, es una dolorosa tragedia que hiere el alma de todo ser humano y que se podía haber evitado con el diálogo y la conciencia ética del respeto a la vida y al derecho internacional. Pero Putin y los dirigentes de Estados Unidos y la OTAN y de alguna manera también de la Unión Europea, están demostrando una falta de humanidad, llevando al mundo a un conflicto bélico de incalculables consecuencias.

Finalmente, termino esta reflexión, lanzando un grito:

¡No al odio,
no a las armas,
no a la guerra,
no a los imperios,
no a la discriminación entre refugiados,
no a la xenofobia,
no a los fanatismos ultranacionalistas.

Sí al dialogo,
sí al respeto y convivencia pacífica entre etnias, culturas y religiones,
sí a la amistad entre los pueblos,
sí a la solidaridad con la humanidad sufriente,
sí a la fraternidad universal,
sí a la paz que nace de la justicia,
sí a la vida!