Otra misionera asesinada en Haití

Luisa Dell’Orto, la última misionera que derrama su sangre en la martirizada Haití

Luisa Dell'Orto, misionera asesinada en Haití

Religiosa de las Hermanitas del Evangelio (la congregación de Carlos de Foucauld), ha sido asesinada este 25 de junio en Puerto PríncipeLlevaba 20 años en la misión y se entregaba en cuerpo y alma al Kay Chal, un hogar infantil en un suburbio de la capital haitianaUna vez más, Haití ha visto derramar sangre misionera en su ya de por sí martirizado suelo. Tristemente, el último caso lo ha protagonizado la religiosa italiana Luisa Dell’Orto, misionera de las Hermanitas del Evangelio (la congregación de Carlos de Foucauld), asesinada este pasado 25 de junio en Puerto Príncipe.


La religiosa milanesa llevaba 20 años de misión en la capital haitiana, donde se entregaba en cuerpo y alma al Kay Chal, un hogar infantil en un suburbio marcado por la vulnerabilidad extrema. Además, daba clases de Filosofía con una comunidad de salesianas en el Seminario de Notre Dame.

Posible robo

Las reacciones a su asesinato, del que apenas hay datos confirmados (se habla de que trataron de robarla y asaltaron su coche), han sido numerosas en las últimas horas. Empezando por el papa Francisco, que la recordó ayer en el ángelus dominical, destacando que “la hermana Luisa” llevaba dos décadas “al servicio de los niños de la calle”. Un servicio que se ha cortado drásticamente, por lo que Bergoglio ofreció su oración por “su alma” y “por el pueblo haitiano, especialmente por los más pequeños, para que puedan tener un futuro más sereno, sin miseria ni violencia. Sor Luisa hizo de su vida un don para los demás, hasta el martirio”.

El arzobispo de Milán, Mario Delpini, también ha recordado a la religiosa, nacida hace hoy 65 años en la localidad lombarda de Lomagna, destacando que “su muerte nos deja desconsolados y desconcertados; se convierte en una revelación del bien que hizo y de la vida santa que vivió; se convierte en dolor y oración”.

Alabanza de los misioneros

En este sentido, el prelado milanés ensalza la labor de todos los misioneros, quienes “no van en busca de peligros, sino de signos del Reino de Dios que viene, entre los pobres, entre los que solo son importantes para Dios e ignorados por todos. Aman la vida, no van a buscar la muerte donde cuatro monedas cuentan más que una mujer santa; van a sembrar palabras del Evangelio para que incluso los países desesperados se abran a la esperanza”.

Para Delpini, además, los misioneros, quienes “no salen en las noticias” y “no van con programas y presunciones, con doctrinas y pretensiones; van a ofrecer amistad, en nombre del Señor; van a decir su impotencia perseverando en la oración. No eligen a dónde ir, van a donde son llamados por el gemido menos escuchado; van a donde son enviados para convertirse en oración, en ofrenda, en amigos, en semilla que muere para dar fruto”.

“Me dirán que estoy un poco loca”

Si cabe, aún resuenan con más fuerza estas palabras que Luisa Dell’Orto, quien antes fue misionera en Camerún y Madagascar, escribió en octubre a un grupo de misioneros y que hoy recupera ‘Vatican News’: “Me dirán que estoy un poco loca. ¿Por qué permanecer aquí? ¿Por qué exponerse al riesgo? ¿Qué sentido tiene vivir con tanta incomodidad? ¿No sería mejor que la gente resolviera sus propios problemas? No podemos callar lo que hemos visto y oído. ¡Poder contar con alguien es importante para vivir! Y dar testimonio de que se puede contar con la solidaridad que surge de la fe y el amor a Dios es el mayor don que podemos ofrecer”.

El medio vaticano también reproduce unas declaraciones de su hermana Adela que son muy significativas del grado de entrega de la misionera: “Ella era consciente de que podía pasar algo, porque es evidente, incluso en su última carta lo decía, que la situación era muy difícil. Pero ella quería quedarse y dar su testimonio”.

Inseguridad

La Conferencia Haitiana de Religiosos (CHR) ha recordado con mucho cariño a Luisa Dell’Orto y ha denunciado que “la inseguridad sin nombre de nuestro querido Haití ha tocado una vez más a la puerta de nuestra hermanda

Haití: ¿cuándo demasiado es demasiado?

Haití

escrito por  Clara Temporelli

En un mundo donde existe una pandemia global, las continuas guerras en Yemen, Etiopía, Myanmar, Siria, AfganistánCongo, Mozambique, Mali, Nigeria, Somalia, el interminable conflicto armado entre Palestina e Israel, la actual guerra entre Rusia y Ucrania, la guerra contra el narco tráfico en México, la falta de paz en Colombia desde 1962, la violencia doméstica y de género, el maltrato los abusos de poder, de conciencia, sexuales, los femicidios, la trata de personas, el hambre, los refugiados, los inmigrantes, los empujados al exilio, la desigualdad y el mayor empobrecimiento de la población mundial. La realidad que nos reclama a no ser indiferentes y, paradójicamente, ser portadores y portadoras de esperanza.

En noviembre de 2020 Pau Farrás tituló el Cuaderno CJ número 220 así: ¿Por qué Haití? Y puede parecer al lector, a la lectora, repetir una realidad conocida. Desde octubre de 2016, en mi investigación continua-discontinua sobre las monjas y cristianas mártires, durante los siglos XX y XXI, en América Latina y El Caribe, tengo pendiente este escrito sobre Isabel Solà y Haití -por diversas razones otros trabajos pasaron por delante- y lo digo con pena, pues Isabel, la Vida Consagrada y los pobres de la tierra como los haitianos se merecen estar en este sitio[1].

Contexto: una realidad que no podemos olvidar

Hace más de 200 años una población de esclavos africanos y analfabetos logró echar a los colonizadores franceses y establecer una nación haitiana (una lucha que duró desde 1791 a 1804) Desde entonces las potencias extranjeras aliadas a una pequeña élite local no han cesado de buscar controlar el país. Sin embargo, estas acciones siempre encontraron resistencia: primero con  la Revolución Haitiana a fines del siglo XVIII; en 1915 los soldados estadounidenses llegaron para ocupar el país y se encontraron con una milicia campesina (los Cacus); luego un golpe de Estado en 2004, apoyado por EE.UU, Francia y Canadá, que depuso y exilió al presidente Arístides -ex sacerdote salesiano- elegido por una aplastante mayoría de votos (67%) y la participación del 70% de su población; ante el despliegue de los Cascos Azules, grupos civiles armados condujeron una guerrilla urbana en la capital para luchar contra el invasor. Estados Unidos, la ONU y la Unión Europea perdieron toda credibilidad ante los ojos haitianos y centenares de organizaciones campesinas, barriales y el sector privado se unieron para enfrentar el poder de los actores internacionales y rechazar la perpetuación del “Estado asistido”.

La batalla en Haití no ha terminado. El 7 de julio de 2021 el Presidente de la República, Jovenel Moïse, fue asesinado por un comando de mercenarios[2]. Tras su muerte, el ex primer ministro interino, Claude Joseph, solicitó el regreso de Estados Unidos, mientras el Washington Post subrayaba en su editorial la urgencia de desplegar en Haití una fuerza de mantenimiento de la paz de Naciones unidas con el objetivo de “evitar una situación de caos que podría tener consecuencias terribles” (7 de julio de 2021).       Haití es un “Estado fallido”, por ser un “Estado asistido” moldeado por intervenciones extranjeras que a través de “las ayudas”, que ocultan un colonialismo rapiñador, perpetúan su ocupación. 

Afirma Pau Farràs:

“Un pasado colonial como herencia y una guerra como herida; una deuda con Francia como lastre (25.700 millones de euros castigo francés en sus 150 primeros años de independencia, lo que supone el 350% de la riqueza del país, su PBI es de 7.600 millones) y la ocupación estadounidense de castigo (con el envío de 7.500 soldados de la ONU para mantener el orden a partir del 2004)”[3].

Corrupción, desigualdad y violencia marcaron los dos últimos siglos, a los que se suman fraudes, desvío de los fondos de ayuda solidaria tras la mayor catástrofe producida por el  terremoto del 2010, analfabetismo, epidemias como VIH, la pandemia de Covid, malas infraestructuras, ya no para comunicar a sus pueblos, sino para procurar agua potable, persistencia de las bandas armadas e intentos de asesinatos…

El primer ministro de Haití Ariel Henry sale ileso de un ataque de un grupo armado (03/01/2022)[4]

Al menos una persona murió y varias resultaron heridas en la ciudad haitiana de Gonaives durante el ataque de una banda armada contra el primer ministro, Ariel Henry, y su comitiva que salían de una iglesia tras el oficio de una misa en conmemoración del 218º aniversario de la independencia. En el interior de la parroquia Saint Charles de Borome no había fieles, solo autoridades locales y la delegación del gobierno. Haití atraviesa una grave crisis en prácticamente todos los órdenes, siendo uno de los más difíciles de superar la operación de bandas fuertemente armadas que controlan parte de Puerto Príncipe y otras zonas del país[5]. “Lo que nuestros amigos haitianos realmente quieren y necesitan es la oportunidad de trazar su propio rumbo, sin titiriteros internacionales ni candidatos favorecidos, pero con un apoyo genuino a ese rumbo”, apuntó Daniel Foote (enviado especial de EE.UU. para Haití), quien también se refirió al apoyo de las embajadas de EE.UU. y otros países al primer ministro Ariel Henry, “promocionando su acuerdo político por encima de otro acuerdo anterior, más amplio y propuesto por la sociedad civil”. “La arrogancia que nos hace creer que debemos elegir al ganador, una vez más, es impresionante. Este ciclo de intervenciones políticas internacionales en Haití ha producido sistemáticamente resultados catastróficos”[6].

«Un atentado a la vida, a la justicia y a la paz” (septiembre 2020) [7] La Conferencia Episcopal de Haití hizo pública una declaración en la que estigmatizan la “inseguridad endémica, la violencia de las bandas armadas que afligen al país, sembrando muerte, duelo, aflicción, desolación y miedo en las familias”. “Estas situaciones -advierten los prelados- llevan a Haití directo al abismo”.

“… La población que ahora vive en estado de shock, con trauma, rabia, indignación, revuelta y preocupación”; “los asesinatos son un ataque extremo y grave a la vida, que así se banaliza, pero también un ataque a la justicia, al derecho, a la paz, a la convivencia social, a la convivencia para la construcción de una sociedad justa, fraterna, armoniosa y pacífica” .

Ante las autoridades preguntan: “¿Por qué las autoridades y la policía permanecen indiferentes, con los brazos cruzados, sin hacer nada? ¿Por qué se ha entregado el país a bandidos y asesinos? Ya no podemos seguir adelante”, advierten.

Y destacan que “la población pacífica y civil está cansada. La gente se cansó de la retórica vacía, las falsas promesas y las indagaciones infructuosas. Hay que actuar de inmediato con acciones concretas y contundentes para erradicar definitivamente la inseguridad y la impunidad que aumentan la miseria y la desesperación. Decimos junto a la población: ¡Cuándo es demasiado es demasiado!”. Piden una “acción inmediata”, temiendo que, si no se retoman con prontitud, “será demasiado tarde”. “El país se hunde en la oscuridad del estancamiento económico, el sufrimiento y la desesperación.

Es absolutamente necesario que haya una acción nacional, por parte de todas las fuerzas morales y espirituales del país, de lo contrario se hundirá en el abismo para siempre. Y todos seremos perdedores, gobernantes y gobernados”, concluye el texto de los obispos.

Según un informe de la Comisión de Justicia y Paz de los Obispos de Haití, entre enero y junio del año 2020, unas 243 personas fueron víctimas de la violencia armada solo en la capital de Haití. A fines de junio y principios de julio, dos manifestaciones pacíficas organizadas en Puerto Príncipe para denunciar este clima de inseguridad fueron objeto de represión policial. Parte de los últimos episodios de violencia se deben a los enfrentamientos entre bandas armadas en la zona de la capital Bel Air, que obligaron a sus habitantes a huir de sus hogares para refugiarse en los Campos de Marte, la plaza principal de Haití. El último fin de semana de septiembre las bandas prendieron fuego a varias casas y las víctimas perdieron la vida en el fuego cruzado. Según los medios, al menos 20 personas murieron en lo que sería una nueva masacre en un barrio desfavorecido de Puerto Príncipe.

Nuevos terremotos (14 de agosto 2021 y 24 de enero 2022) y tormenta tropical (16 de agosto 2021)

Por el asesinato del presidente, el terremoto, el huracán: Haití suma titulares, país pobre, en el que llueve sobre mojado. En el verano de 2021, como hace 11 años, ha vuelto a temblar la tierra sacudiendo el sur del país. Dos días después, llegó la tormenta tropical Grace dificultando las operaciones de rescate. Se estima que hay unos 2.000 fallecidos, 10.000 heridos y más de 100.000 casas destruidas. Los ríos están secos y falta agua, y cuando ésta llega, cae en forma de fuerte precipitación que, en ausencia de árboles, debido a la tala abusiva, desciende en forma de cataratas, devastando el campo e inundando las casas. El analfabetismo es del 80% y la esperanza de vida apenas supera los 60 años. Las ciudades están dominadas por las bandas criminales. La vida cotiza poco[8]. Ya el 4 de noviembre de 2019 nos compartían las hermanas de la Orden de la Compañía de María (Lestonnac): “El descontento comenzó a manifestarse en el momento en que la población conoció el asunto de Petrocaribe[9], hace más de un año. (…) la inflación galopante, la corrupción generalizada, la escasez de gasolina hicieron crecer la exasperación de una población de la que la mayor parte vive por debajo del umbral de la pobreza”.[10]

El 24 de enero de 2022 se registró un nuevo terremoto en Haití de magnitud 5,3 en la escala de Richter con sus subsiguientes réplicas y seis días después otro sismo de magnitud 4,3. Sucedió a 130 Km de Puerto Príncipe el primero y a 20 Km al sur el segundo. Al menos dos personas murieron. El geólogo integrante de la Academia de Ciencias de Santo Domingo, Osiris de León, sugiere la existencia de una rotura sísmica en el área central de la península sur de Haití[11].

La Comisión Pontificia de ayuda a las iglesias necesitadas (AIN), el 18 de agosto de 2021, aprobó una ayuda de emergencia de 500.000 euros para la población haitiana damnificada y afirmó:

«En medio de la ola de violencia y secuestros que está arrasando el país, sumándose a las noticias que nos llegan sobre la falta de lluvia y agua que ha sumergido a la población rural en la pobreza; después de todo esto, el terremoto del sábado anega a miles de familias a una situación terrible como ninguna otra. El escenario es insostenible. La población está en shock”[12].

Sismo migratorio. Éxodo silencioso. Respuestas

Durante el año 2021 más de 10.000 haitianos forzados al exilio por la extrema pobreza, llegaron a la frontera sur de EE.UU., con la esperanza de solicitar un pedido de asilo, al cabo de una semana de ser reprimidos por las fuerzas policiales con imágenes de latigazos al igual que en el tiempo de la esclavitud, la administración de J. Biden reenvió a su país a más de 4.000 personas[13].

En marzo de 2022 la República Dominicana comenzó a edificar un muro en la frontera con Haití. La pared tendrá 160 Km, una extensión que recorre casi la mitad de la frontera entre ambos países. El gobierno dominicano afirma: “Queremos poner fin a los graves problemas de la inmigración ilegal, narcotráfico y tránsito de vehículos robados”. El muro despierta resentimiento, xenofobia y racismo. Según Luis Abinader, presidente de la República Dominicana, ésta «no puede hacerse cargo de la crisis política y económica, ni resolver el resto de los problemas» de Haití. El mandatario reiteró que esta crisis «debe ser superada por los mismos haitianos y atendida por la comunidad internacional», en particular Estados Unidos, Francia y Canadá, con apoyo de la Unión Europea y la Organización de Naciones Unidas (ONU). Por su parte, el alcalde de Dajabón, Santiago Riverón, expresó que está en desacuerdo «con este tipo de muro» porque «el verdadero muro es el económico» y la corrupción. «Se va a hacer un muro físico. Ahora tenemos que trabajar con el muro en la mente de los militares, que son los que se aprovechan en la frontera y reciben un soborno de 100 o 200 pesos (dos o cuatro dólares) para dejar cruzar a los haitianos ilegales a territorio dominicano”[14].

En los últimos años se ha producido un fuerte movimiento migratorio de haitianos a Chile. A esto se le atribuye la presencia de tropas chilenas en la misión de estabilización luego de la Crisis de Haití de 2004 y luego como parte de los cascos azules en la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití, lo que provocó un acercamiento entre la población haitiana con la población militar chilena. Viven preferentemente en el Gran Santiago, en comunas como Renca, Quilicura, Recoleta, Independencia y Estación Central. ​ A Quilicura le ha valido el apodo de «la petit Haití». ​Es una de las migraciones que más ha crecido en Chile en los últimos años, con un 731%. Junto a las comunidades colombiana y dominicana son las llamadas «comunidades emergentes», dado su gran crecimiento por la búsqueda de mejores condiciones de vida. Sólo en el año 2017 llegaron 105.000 haitianos. Ante esta realidad migratoria, las autoridades consideran que la llegada masiva de haitianos «ha derivado en situaciones de vulneración de derechos a los mismos migrantes, problemáticas de convivencia local, así como delicadas situaciones de trata de personas y tráfico ilícito de migrantes». La socióloga María Emilia Tijoux, académica de la Universidad de Chile, asegura que “la sociedad chilena en general evalúa negativamente a las personas migrantes” y “la comunidad haitiana ha sido especialmente castigada y sometida a maltratos y abusos de todo tipo”. Los que se quedan, dice, “saben que deben resistir a un modo de ser nacional y racista”, afirma. Entre los factores que han obstaculizado la inclusión de los haitianos en la sociedad chilena, Figueroa, el investigador del Servicio Jesuita, apunta a la discriminación, a las dificultades para conseguir un trabajo digno ­—consiguen empleos que suelen ser precarios en comparación con otras nacionalidades— y a los problemas para regularizar sus papeles, porque el Gobierno pide un documento de antecedentes penales que resulta especialmente complejo de conseguir para los haitianos[15].

Esta realidad que acrecienta sus dificultades fue vivida por la mártir Isabel Solà i Mata, religiosa de Jesús María, asesinada el 2 de septiembre de 2016. Mucho se ha escrito sobre Isabel, sólo resaltaré algunas cuestiones.

 Para conocer de manera completa su vida y su misión consultar a la escritora Mey Zamora, que recupera su biografía en el libro Lo que no da se pierde[16].

En uno de sus escritos Isabel Solá explicaba que le había resultado injusto ser de las personas que habían sobrevivido al terremoto:

“Estoy viva, sí; de milagro. No sé por qué estoy viva, y me da rabia estar siempre entre los que tienen suerte. No sé qué quiere Dios de mí y de todo esto”.

“He trabajado en el Hospital cinco días interminables… Todos, todos, todos, con piernas y brazos amputados, cabezas abiertas, desangrados… Hemos perdido a muchos sin poder hacer nada. Mi lucha estaba entre llorar o seguir aguantando para soportar el dolor de tanta gente… Nos llegaban a treintenas en camillas. Indescriptible”.

Con sencillez y humildad consideraba:

“Pensareis cómo puedo seguir viviendo en Haití, entre tanta pobreza y miseria, entre terremotos, huracanes, inundaciones y cólera. Lo único que podría decir es que Haití es ahora el único lugar donde puedo estar y curar mi corazón. (…) Haití es mi casa, mi familia, mi trabajo, mi sufrimiento y mi alegría, y mi lugar de encuentro con Dios”.

In memoriam

El Obispo auxiliar de Barcelona, Sebastiá Taltavull, presidió el funeral por Isabel en la capilla del colegio de Jesús María en el barrio de San Gervasio y entre otras palabras expresó:

«Con la muerte de Isa, tan fiel al Señor en su vida religiosa y, por ello, tan entregada a la causa de los pobres, vivimos el reconocimiento de una mujer mártir que empieza a dar frutos en aquellas personas que valoran el paso del buen samaritano en su vida. Así me gusta contemplar a Isa en su vida consagrada, en su forma de amar, de detenerse ante el enfermo, de ayudar al necesitado, de ofrecer cultura al analfabeto, de ayudar la mujer a recuperar su dignidad… Cuántas prótesis materiales y espirituales no habrá colocado Isa a los afectados por la violencia y la enfermedad[17].

“Las manos y el corazón de Haití” (Barcelona, Misa en Jesús María, 02 sept2021)

Expresa Marcos Recolons sj:

“Hoy cinco años después del terremoto en el que Isabel va a perder compañeros y amigos, la misionera será enterrada en la capital haitiana envuelta por todas las personas que la han estimado. Después del seísmo del 2010, mucha gente va a quedar mutilada, e Isa va a decidir hacer un taller de prótesis para la población local. Ahora centenares de personas tienen brazos y piernas artificiales gracias a ella. Su muerte ha sido la cosa más absurda

Una luchadora malograda por la violencia. Lamentablemente no es un hecho. Hay bandas organizadas que, ignoramos si alertadas por algún infiltrado en los bancos, avisan a sus miembros que alguien ha retirado dinero. Si no pueden robarles por las buenas no dudan en recurrir al asesinato. Los brotes de violencia en la zona son habituales y las religiosas alojadas en casas más o menos aisladas, son a menudo un blanco fácil. Entre septiembre de 2014 y abril de 2015, va a haber una banda formada por 13 jóvenes que van a llegar a asaltar 27 casas religiosas. Algunas monjas van a ser violadas. Va a ser terrible”, rememora el jesuita. Estos episodios van a hacer tambalear a la sociedad haitiana y poco después va a haber una manifestación encabezada por el Cardenal de Haití y algunos de los miembros de la banda van a ser detenidos.

Pero ni la violencia, ni el hambre, ni la pobreza extrema asustaban a Isabel. El barrio donde trabajaba, Bel Air, es considerado uno de los más peligrosos de Puerto Príncipe. Nada que ver con su lugar de nacimiento hace 51 años: el privilegiado barrio de San Gervasio, en la zona alta de Barcelona. Enfermera de formación va a preferir dedicar 26 años de su vida a los últimos en Guinea Ecuatorial y en Haití.

La Isa tenía una empatía extraordinaria, visión, creatividad y un gran liderazgo. Su sensibilidad hacia los más pobres era extraordinaria, vivía completamente inmersa en su tarea solidaria”, explica Recolons. Isabel también dominaba perfectamente la lengua de la zona, el criollo haitiano, y su deseo desde hacía un tiempo era construir una escuela. Ya había conseguido el terreno y los que la estimaban se encargaban que su sueño viese la luz. Serán los mismos que hoy la acompañarán con la idea que, sin duda, tiene el cielo ganado”[18]

La violencia establecida hizo que perdiera la vida de manera injusta y dramática. Hacer el bien está muy bien pero, criticar a los gobiernos, suele ser perjudicial. En los países del Tercer Mundo, ni siquiera hace falta disimular con «enfermedades repentinas» o «accidentes» cuando quieres eliminar a alguien. Isabel denunció repetidamente al Gobierno de Haití por la falta total de ayuda y por la grave deforestación del país y la sobreexplotación de los bosques, la falta de inversión en educación y salud[19].

Sabemos que Isabel fue asaltada, que le arrebataron el bolso y la asesinaron con dos tiros en la cabeza. Puede ser que no se aclare el motivo exacto de su asesinato, ni se esclarezcan sus autores materiales e intelectuales, pero hemos de preguntarnos: ¿fueron miembros de bandas delincuentes con el único móvil de robar?, ¿era necesario matarla?, ¿fue asesinada por móviles políticos, por sus denuncias y su accionar? En un país corrupto, impune y violento todo es posible menos la verdad, la justicia, la igualdad y la paz.

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No al genocidio silencioso en Haití

Carta abierta: ¡En nombre de la ciudadanía mundial, atrévanse a decir no al genocidio silencioso piloteado por las Naciones Unidas y Washington en Haití!

 

Príncipe, 3 de febrero de 2022
Carta abierta a los miembros del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para solicitar una Revisión de la responsabilidad de la ONU y Washington en el deterioro sistemático de la situación de los derechos humanos en Haití con motivo de la cuadragésima sesión del Examen Periódico Universal (EPU)

¡EN NOMBRE DE LA CIUDADANÍA MUNDIAL, ATRÉVANSE A DECIR NO AL GENOCIDIO SILENCIOSO PILOTEADO POR LAS NACIONES UNIDAS Y WASHINGTON EN HAITÍ!
Distinguidos miembros del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Nosotros, ciudadanos de Haití, Estado Miembro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), habiendo participado en la comisión que dio origen a la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS del 10 de diciembre de 1948, aprovechamos la oportunidad de la celebración de la cuadragésima sesión del Periódico (EPU) para exponerles el cuadro lamentable de la intervención de la ONU-EE.UU. en Haití; y haciéndoles saber las desastrosas consecuencias de las acciones de la ONU y Washington sobre el presente y el futuro del pueblo haitiano. También aprovechamos esta oportunidad para exhortarlos, en nombre de la ciudadanía mundial, a ALZAR SU VOZ PARA DECIR NO AL GENOCIDIO INSTITUCIONAL Y FÍSICO ORQUESTADO POR LAS NACIONES UNIDAS Y WASHINGTON CONTRA EL PUEBLO HAITIANO.

El cuadro lamentable de la ONU a nivel institucional:

Primera maniobra
El 9 de julio de 2004, el representante de la ONU rubricó un acuerdo con el Primer Ministro haitiano para la llegada de tropas de la ONU a suelo nacional mientras que según los términos del artículo 139 de la Constitución entonces vigente en Haití, un Primer Ministro no está calificado ni autorizado para firmar cualquier tratado o acuerdo internacional. Esta prerrogativa corresponde únicamente al Presidente de la República. Lo cual es una violación del artículo 14 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, pues, “es el orden constitucional de cada Estado el que define la distribución de competencias entre las autoridades nacionales en el proceso de celebración de los tratados. Sólo su estricta observancia refleja el consentimiento del Estado en obligarse jurídicamente al tratado; condición sine qua non para la eficacia jurídica del tratado.”

Segunda maniobra
La constitución haitiana exige que todo acuerdo firmado por el Presidente de la República sea sometido a ratificación parlamentaria. Sin embargo, desde el 9 de julio de 2004 a la fecha, es decir, desde hace más de 17 años, este acuerdo nunca ha sido ratificado por el organismo correspondiente, lo que, de hecho, lo invalida. Porque, “Como todo acto jurídico, la validez es una condición esencial. La existencia de un defecto en el consentimiento (ya sea la incapacidad de los representantes del Estado para celebrar un tratado o una ratificación imperfecta) conduce a la nulidad del acto” (Convención de Viena, artículo 6, párrafo 1). En consecuencia, además de la anterior misión de estabilización MINUSTAH, la actual misión de la ONU/BINUH es escandalosamente inconstitucional y de hecho viola las disposiciones de la Convención de Viena.

Tercera maniobra
A través de una resolución (Res. 20 de septiembre de 2011), el Senado haitiano tuvo que declarar ilegal e inconstitucional a la MINUSTAH, exigiendo así que su salida ordenada sea concluida el 15 de octubre de 2012. Sin embargo, es sin pudor que la ONU introdujo después a los soldados de la MINUSTAH en la logística electoral los que se dedicaron a transportar, entre otras cosas, las papeletas de los candidatos a senadores. Representantes de la MINUSTAH al más alto nivel entraron incluso libremente en el recinto del Parlamento haitiano para reuniones.
Además, ignorando la resolución del Senado haitiano, los miembros del Consejo de Seguridad aprueban (aprobaron) un plan de consolidación de la MINUSTAH para el período de 2013 a 2016.

Cuarta maniobra
Las Naciones Unidas, cuya misión anunciada en 2004 era contribuir a la estabilización del país, más bien, han contribuido en complicidad con los líderes locales, títeres, a la desinstitucionalización y desestabilización de nuestro país. De hecho, la Constitución haitiana establece que las elecciones deben celebrarse bajo la administración de un Consejo Electoral Permanente. Sin embargo, escrutinio tras escrutinio, las Naciones Unidas han aprobado y validado sin reservas los Consejos Electorales Provisionales. En otras palabras, durante una presencia de casi veinte años con misiones renovadas de la ONU, los funcionarios electos haitianos son de hecho, al final de cada escrutinio, funcionarios electos inconstitucionales que son indecentemente legalizados. Ninguno de ellos puede esgrimir algún aporte estabilizador de la ONU en cuanto a un avance progresivo del país conforme a sus normas constitucionales establecidas.

Quinta maniobra
A lo largo de los escrutinios desfilan líderes catapultados a la presidencia con la complicidad de la ONU y Washington. Cabe retener la impactante declaración de un ex titular del Consejo Electoral Provisional revelando a la prensa haitiana en julio de 2015 que para la presidencia “Los resultados publicados para las elecciones de 2010 no fueron los del Consejo Electoral”.

Sexta maniobra
La ONU y Washington a menudo se enorgullecen de contribuir lealmente a la financiación de las elecciones en Haití. Sin embargo, en vista de lo anterior, sólo han utilizado las contribuciones financieras de los Estados miembros y de los/as ciudadanos/as estadounidenses en una empresa deshonesta de desestructuración constitucional permanente de Haití.

Séptima maniobra
El 8 de julio de 2021, la ONU asestó un nuevo desaire al orden constitucional haitiano al recibir en una reunión especial del Consejo de Seguridad a un Primer Ministro de facto, mal designado, inconstitucionalmente instalado.

Octava maniobra
El Consejo de Seguridad de la ONU no pretende conformarse con un solo Consejo Regional, a saber, el CORE GROUP. A partir de ahora, habrá que contar con el CORE GROUP nº 2 manejado desde 2021 al otro lado de la frontera por República Dominicana que celebra reuniones aquí y allá y se compromete a empujar a otros Estados latinoamericanos a votar por operaciones militares, obviamente, con vistas a “salvar” a Haití y por supuesto “estabilizarlo”, es decir estabilizar o aumentar la miseria, la inseguridad, el secuestro, la inestabilidad política, la injerencia, la posibilidad de federar las bandas armadas que aterrorizan a la población…

Novena maniobra
La ONU tiene su sede en el corazón de una ciudad estadounidense, Nueva York, a menos de una hora de vuelo de la capital, Washington. La organización siempre ha sido informada sobre los insultos lanzados contra Haití por el ex inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump.

Este último llamó a nuestro país “agujero de mierda”. ¿Consideró la ONU útil denunciar inmediatamente este comportamiento ofensivo y deshumanizador hacia Haití, Estado miembro fundador de la organización desde 1945? También es sorprendente notar la inconsistencia de Washington, que, después de estos comentarios, no llamó a su personal diplomático, ¡prefiriendo en cambio dejar que sus ciudadanos-diplomáticos se metieran hasta el cuello en el “agujero de mierda”!

Décima maniobra
Washington, a intervalos regulares, ubica al país en una escala que significa que el espacio haitiano es altamente inseguro. ¿No es esto una admisión del fracaso de la llamada estabilización ya que la MINUSTAH tenía el mandato de ayudar al gobierno haitiano a establecer un entorno seguro y estable, de garantizar el proceso político y la promoción de los derechos humanos, de seguridad ciudadana, de fortalecer el sistema judicial, el sistema penitenciario, el sistema electoral, y el estado de derecho?

Al mismo tiempo, Washington ha estado activo durante 17 años en el expediente Haití a través de sus representantes en el Consejo de Seguridad de la ONU, la Organización de los Estados Americanos (OEA) y dentro del CORE GROUP. Una pregunta interpela: si Haití se ha convertido bajo su mirada en propiedad de bandas armadas, que secuestran, roban, violan, hieren y matan sin olvidar que crean una masa silenciosa de niños, jóvenes y ancianos heridos de bala y psicológicamente convertidos de un día para el otro en personas con discapacidades físicas y psíquicas ¿quiénes son realmente los responsables de este desastre?

Surge, entonces, una segunda pregunta: ¿De qué sirven el Consejo de Seguridad de la ONU, la OEA y el CORE GROUP si después de 17 años, el país se ha vuelto más inseguro e inhabitable que antes de su presunta presencia estabilizadora? ¿Cuál es el papel fundamental que juegan Washington y la ONU en la fabricación de esta situación actual de gran inseguridad? Y finalmente, ¿Cuándo llegará la indemnización debida a Haití por los 30.000 muertos y los 800.000 contagiados, víctimas del cólera introducido por la misión de la ONU/MINUSTAH? Ricardo Seitenfus destaca el irrespeto de la ONU hacia las víctimas del cólera, cuestiona tal actitud y las violaciones que conlleva.

Precisa: “Además de una falta de respeto por las víctimas y sus seres queridos, la actitud de las Naciones Unidas es una afrenta a los principios jurídicos más elementales de las relaciones internacionales. La ONU es el guardián de los principales instrumentos que protegen los derechos humanos. ¿Cómo, entonces, podemos entender y aceptar que en estas condiciones se exima de los efectos de sus actos y omisiones?”

Distinguidos miembros del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Durante mucho tiempo en esta tierra de Haití habíamos aprendido a practicar una alta humanidad. Ya, la haitiana Claire Heureuse Félicité Bonheur Dessalines trabajó antes de 1804, ocultando a los soldados franceses enemigos heridos para curarlos. Así, este comportamiento imbuido de ciudadanía mundial colocó a ella a más de un siglo antes de la firma del Convenio internacional relativo al trato reservado a los heridos de guerra adoptado en Ginebra en 1949. En esta cuadragésima sesión del Examen Periódico Universal (EPU) que concierne a nuestro país en particular, nosotros, ciudadanos-ciudadanas de este Estado Miembro fundador de la ONU, instamos a Ustedes examinar en particular el nivel de responsabilidad de la ONU y de Washington en la fabricación de esta situación de inseguridad e insoportable de nuestro país y actuar para ayudarlos a salir de su infrahumanidad en el expediente Haití, el único país del Caribe y América Latina bajo tutela en este mismo período de la década de los afrodescendientes. Sí! ¡En nombre de la Ciudadanía Mundial, ATRÉVANSE A DECIR NO AL GENOCIDIO SILENCIOSO PILOTEADO POR LAS NACIONES UNIDAS Y WASHINGTON!!!

Siguen las firmas correspondientes:

Camille Chalmers/ Plataforma Haitiana para el Desarrollo Alternativo (PAPDA)

Ivito Mackandal/ Red Organización Zona Oeste

Guy Numa/ Konbit – Organizción Políticco Sindical y Popular (KONBIT)

Kerby Joseph/ Red de Organizaciones del Noroeste

Cilien Luxenat / Comité de Movilización de la Escuela Normal Superior

David Oxygène/ Movimiento de Libertad, Igualdad de los Haitianos por la Fraternidad (MOLEGHAF)

Paul Andre Garconet/ Rigaud Velumat /Latibonit Kanpe pou Ayiti ( LAKAY)

Josué Mérilien / Unión Nacional de Normalistas de Haití ( UNNOH)

Haití, un estado fallido

Haití ingobernable: corrupción, violencia y crisis humanitaria en un Estado fallido

Desde el asesinato del presidente Moïse en julio, el país caribeño sigue a la deriva, con un gobierno interino muy cuestionado, el auge de las pandillas criminales y la incompetencia de la comunidad internacional

CÉSAR G. CALERO

Al periodista haitiano Jean Dominique, azote de los poderosos, lo mataron el 3 de abril de 2000 a la puerta de la emisora de radio donde trabajaba en Puerto Príncipe. Había sido un feroz opositor a la dictadura de los Duvalier (1957-1986) y desde los micrófonos de Radio Haití-Inter también denunciaba la corrupción enquistada en las instituciones democráticas. A día de hoy todavía no se sabe quién lo mandó matar. Dos décadas después de ese crimen que conmocionó a Haití, nada parece haber cambiado en ese rincón del Caribe. La impunidad campa a sus anchas. El asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio pasado ha dejado un país ingobernable, cada vez más empobrecido, víctima de las constantes rencillas entre la clase política y dominado por unas violentas pandillas que pretenden suplantar al Estado ante la incompetencia de la comunidad internacional.

Secuestros, asesinatos y extorsiones son el pan de cada día en Haití. El año pasado se registraron casi mil secuestros, entre ellos los de 55 extranjeros, según el Centro de Análisis e Investigaciones de Derechos Humanos de Haití (CARDH). El primer ministro, Ariel Henry, salía ileso de un atentado a principios de este mes. Desde el gobierno se acusa del ataque a bandas del crimen organizado. Apoyado en un primer momento por el denominado Core Group (EE.UU., Canadá y Francia, entre otros países), Henry ha ido perdiendo credibilidad desde que la justicia lo vinculara con el magnicidio. El fiscal Bedford Claude reveló en septiembre que Henry había hablado por teléfono horas después del atentado con uno de los principales sospechosos del caso, Joseph Badio, y pidió que se abriera una investigación al respecto. Para defenderse, el primer ministro pasó a la ofensiva y ordenó al ministro de Justicia, Rockefeller Vincent, que cesara al fiscal. Como Vincent no le hizo caso, Henry destituyó al ministro y despidió al fiscal de una tacada.

Hay cerca de medio centenar de personas arrestadas por el asesinato de Moïse, entre ellas 18 mercenarios colombianos y varios mandos policiales haitianos. Pero no se ha podido demostrar todavía quiénes fueron los autores intelectuales de un atentado que tiene muchos interrogantes sin resolver. Los miembros de la seguridad del mandatario no opusieron resistencia al comando armado que irrumpió en la residencia presidencial el 7 de julio. En una entrevista con The New York Times, Rodolphe Jaar, empresario ligado en el pasado al narcotráfico, ha admitido su colaboración en la trama. Según su relato, puso 130.000 dólares de su bolsillo, armas y una casa para albergar a los exmilitares colombianos.

Ahora que acaba de ser detenido en República Dominicana a petición de Estados Unidos, tal vez tenga tiempo para dar más explicaciones. Entre otras revelaciones, Jaar le contó al diario norteamericano que Badio le había hablado maravillas de Henry, un aliado político al que supuestamente tenía bajo su control. El plan inicial era deponer a Moïse pero no matarlo, de acuerdo con la declaración de Jaar, quien se habría unido a la confabulación después de que Badio le asegurara que los conspiradores contaban con el apoyo de Estados Unidos. Según esa hipótesis, Moïse, en el poder desde 2017, habría perdido el favor de Washington por su errática forma de gobernar.

El académico haitiano Laennec Hurbon, lamentaba ya en febrero de 2021 la «deriva autoritaria» de Moïse. En un artículo publicado en la revista Nueva Sociedad, Hurbon señalaba también la responsabilidad de la Casa Blanca: «La situación de Haití se caracteriza por una doble impostura: la de un presidente, Jovenel Moïse, que se declara aún presidente del país cuando su mandato (de cinco años) finalizó el 7 de febrero de 2021, y la de una comunidad internacional, representada esencialmente por Estados Unidos, que apoya el camino de una nueva dictadura en Haití (…) Los cuatro años de Moïse en la presidencia se distinguen por una serie de masacres perpetradas todas en bidonvilles de Puerto Príncipe». Moïse pretendía permanecer en el poder hasta febrero de 2022, bajo el argumento de que tardó un año en asumir el cargo debido a las irregularidades detectadas en los comicios de finales de 2015 y la repetición electoral un año después. En enero de 2020 disolvió el Parlamento y se negó a convocar elecciones legislativas.

Haití precisa de un consenso social y político previo a cualquier proceso electoral

Mientras la investigación del magnicidio continúa, Haití sigue tan inestable como siempre. El asesinato de Moïse provocó una dura pugna por el control del poder. Henry, un neurocirujano de 72 años que ya fue ministro del Interior en el gobierno de Michel Martelly (2011-2016), se impuso a sus rivales con la promesa de una reforma constitucional y una convocatoria electoral. No ha cumplido su palabra todavía, aunque se espera que lo haga a lo largo de este año.

En todo caso, Haití precisa de un consenso social y político previo a cualquier proceso electoral, y un mayor esfuerzo de la comunidad internacional para aliviar la grave crisis humanitaria que padece. Como si se tratara de una maldición bíblica, la tierra tembló otra vez un mes después del magnicidio. Aunque el terremoto del 14 de agosto no fue tan devastador como el de 2010 (en el que murieron unas 300.000 personas), hubo más de 2.000 muertos y 300 desaparecidos.

El poder de las pandillas

A la inestabilidad política se suma la cada vez más violenta presencia de las pandillas criminales en las calles de la capital. Hombres armados mataron hace diez días a dos periodistas que investigaban precisamente sobre las disputas entre bandas rivales en un barrio de Puerto Príncipe. Históricamente, el poder político se ha valido de esas pandillas, a las que ha formado y financiado con la ayuda de empresarios sin escrúpulos. Los sátrapas François y Jean-Claude Duvalier tenían como fuerza de choque a los tristemente célebres Tontons-Macoutes. Ya en democracia, Jean-Bertrand Aristide contó en sus diferentes mandatos con el fanatismo de los Chimères. Y Moïse también se apoyó en varias pandillas.

El informe anual de Human Rights Watch denuncia esa connivencia entre actores institucionales y un centenar de grupos armados. Pero esa dinámica podría estar cambiando. Organizaciones de Derechos Humanos de Haití alertan sobre la creciente independencia de las bandas, cuyo perfil va pareciéndose al de las maras centroamericanas. Un caso paradigmático es el de la G-9 an fanmi (G9 y familia, una alianza de nueve pandillas), comandada por el expolicía Jimmy Chérizier, alias Barbecue, y acusada de varias masacres. A mediados de septiembre, las pandillas pusieron en jaque al país al tomar varios puertos y hacerse con el control de los depósitos de combustible.

La encrucijada en la que se encuentra Haití no tiene visos de resolverse a medio plazo. Dos millones de haitianos (casi el 20% de la población) han emigrado en los últimos años. Para el 50% de los que se quedan, la lucha por la vida se libra con menos de dos dólares al día. No hay soluciones fáciles para el país caribeño, hundido en una recesión económica y castigado también por la pandemia. Un reciente informe del International Crisis Group sugiere que antes de embarcarse en un proceso electoral, Haití debería acometer sin más dilación reformas profundas con la ayuda de la comunidad internacional: “Los donantes y organismos extranjeros deben actuar de inmediato para respaldar reformas al poder judicial, a la policía y al sistema penitenciario, enfocadas en la lucha contra los delitos graves de alto impacto».

Jean Dominique era la voz de los que no tienen voz. Desde los micrófonos de Radio Haití-Inter les hablaba en créole a esos miles de haitianos que nacen y mueren en una bidonville. Pese a las amenazas de muerte recibidas, denunció hasta el último momento a políticos y empresarios corruptos. Soñaba con un Haití más justo, menos desigual. Casi veintidós años después de que silenciaran su voz, la corrupción, la violencia institucional y una pobreza secular son todavía las señas de identidad de un territorio ingobernable.

Nuestro Caribe se desangra en Haití

Haitianos se agolpan en una estación de servicio ante el desabastecimiento de combustible


La Conferencia Episcopal Haitiana, en su reciente mensaje de Navidad, hizo tres llamados muy importantes para todos nosotros, estemos cerca o lejos del hermano atribulado país caribeño. Los señores obispos plantearon la necesidad de que la institución del Estado sea viable, advirtieron que con las armas no se negocia la paz entre hermanos y le rogaron al mundo que no deje solo a Haití.


Podemos ver ese mensaje como un lamento de dolor, un grito ante el terror y una súplica por que llegue una mano misericordiosa. Es más, podemos también usar el mensaje de los obispos para plantear que Haití debe servir de ejemplo de hasta dónde se pueden hundir nuestros otros países si no tomamos como advertencia lo que ha pasado allí. Es como tantas veces le advierten los padres a los hijos, con aquello de “mírate en ese espejo”, para que eviten los caminos del mal y se esfuercen en el trabajo y la superación.

Sin embargo, valoro el trascendental y firme mensaje de la CEH de otra manera. Para mí, Haití no es el espejo para que escarmiente nadie. Lo que veo es que en Haití se libra una batalla que no nos conviene perder. Por la herida abierta y profunda de Haití se desangra mi Caribe, nuestro Caribe. El lamento, el dolor y la súplica es por todos nosotros. El espejo que tenemos que ver no es el de lo que le pasa a los hermanos haitianos, sino el que refleja lo que hasta ahora ha sido nuestro fracaso para enfrentar y contener la barbarie que asedia nuestra región.

En Haití, lo único que pareciera no haber fracasado es la “voluntad férrea” del pueblo haitiano, que desde que sembró la semilla originaria de la libertad para todo el continente latinoamericano, ha seguido vivo enfrentando todas las formas en que se puede traducir la palabra miseria.  En este contexto, pienso que decir “haitiano” debería entenderse como admirable, indomable, valiente, decir haitiano es sinónimo de decir fe. Al decir de nuestro querido profesor, teólogo latinoamericano, Jon Sobrino, SJ , tenemos que “hacer todo lo posible para que la libertad sea victoria sobre la injusticia y el amor sobre el odio”.

Las pandillas controlan el 60% del territorio

Ahora bien, el menosprecio de lo mucho que tiene para enseñar Haití, ha llevado a demasiadas personas y organizaciones a ver ese país como objeto de laboratorio para las “ciencias fraudulentas” del estudio de los fracasados.  ¡Alerta!  Por supuesto, si no creo tener nada que aprender del otro, se hace más fácil olvidarme de él.  Así, muchos están interesados en lo que ellos pueden protagonizar para incursionar en Haití con aires de superioridad llevándole migajas disfrazadas de caridad, mientras dejan, sin mucho mirar, que los piratas y filibusteros imperiales extraigan de allí riquezas en grado obsceno.

Los esfuerzos de los imperios de “Estados Unidos y Europa” han fracasado y no han logrado producir una sociedad de gobernanza democrática de la miseria, el saqueo y la corrupción.  El dinero de los “inversionistas buitres”, disfrazados de donativos humanitarios, siguen fracasando, como también fracasan muchas otras formas de conducir desde afuera la historia de ese pueblo. Y esto, sin poner en acción la verdad solidaridad fraterna con respeto a la dignidad humana.

Mientras tanto, hoy en día, en el hermana nación Haitiana, los grupos armados irregulares –conocidos como pandillas– controlan con gran crueldad cerca del sesenta por ciento del territorio nacional y buena parte de la capital. Esos grupos, que parecen haber tenido su origen en el uso de las “jefaturas políticas y oligárquicas de pandilleros” para imponerse, dan señales de radicalización y de intentar hacer una revolución, mientras se pelean entre ellos.

¿Qué nos toca hacer a los caribeños ante tamaña crisis? Me siento como pienso que pudieron haberse sentido aquellos discípulos al que Jesús les ordenó que con dos peces y cinco panes le dieran de comer a una muchedumbre. Los grandes milagros requieren fe, mucha perseverancia, una resistencia que haga brillar en nuestros ojos un potente rayo de justicia social, y estamos llamados a ponerla en práctica, aunque tengamos apenas un poquito de fe, una fe tan pequeña como un diminuto grano de mostaza.  Por favor, les invito a cada minuto, cada día nos preguntemos: qué más podemos hacer por Haití? ¡No dejemos de preguntarnos hasta alcanzar juntos la verdadera justicia y paz para nuestro caribe empobrecido, pero con esperanza!  Nos encontraremos en el camino de las respuestas diarias. No claudiquemos.

Frente solidario de comunicación con Haití


Grito de auxilio con propuesta desde el corazón herido de Haití

“Señor, mi Dios, de día pido auxilio, y de noche grito en tu presencia” (Salmo 88,1).

Pedro Rafael Ortiz

  


El sacerdote haitiano Frantz Grandoit ha lanzado un “grito de auxilio con propuesta” para que surja lo que él llama “un frente solidario de comunicación” en nuestra región de América Latina y el Caribe que se pueda proyectar a nivel global. La propuesta de Padre Frantz me la hizo llegar el hermano y también sacerdote y teólogo dominicano Julín Acosta. Me uno a ella.


El propósito directo de la idea es que se mantenga abierto un canal de información para que se conozca la situación en la que vive y sobrevive Haití. Padre Frantz no se anda con muchos rodeos. En su carta dice que el objetivo es compartir la información y la conversación que ayude a “contrarrestar el nefasto apoyo que le está dando el gobierno norteamericano y sus aliados al gobierno haitiano actual para que este tenga la consolidación de la dictadura”, mediante unas elecciones amañadas, el uso de fuerzas paramilitares terroristas de bandas armadas y otras barbaridades.

Mientras tanto, en Haití la situación violenta y complicada continúa. En días recientes, hubo un ataque con armas de fuego y cocteles molotov a un cuartel de la Policía y una estación de radio con el saldo de dos muertos y llegaron informes del secuestro de un sacerdote. A esa triste realidad se suma el que amplios sectores de la oposición política junto a grupos sociales “proclamaron un nuevo presidente interino”, que, por supuesto, no tiene el reconocimiento del gobierno. Me refiero a que se está hablando de que ya la situación ha llegado al estado de beligerancia.

Con grandes sectores del país enfrentando una emergencia alimentaria y la Organización Panamericana de la Salud certificando que Haití tiene la tasa de mortandad neonatal más alta de América Latina, es claro que urge incrementar los esfuerzos de la llamada ayuda humanitaria. Pero es también muy urgente otro tipo de ayuda. En ese sentido es que tenemos que dar todo el apoyo a la idea del “frente solidario de comunicación” que propone este hermano sacerdote.

Una miseria asfixiante

Otra vez, desde la miseria asfixiante que vive, Haití hace una aportación caritativa para toda América Latina. Si logramos construir ese frente de comunicación solidaria, que además promueva acuerdos para el entendimiento socio-político se beneficiarán todos nuestros pueblos. ¡Gracias Padre Frantz, gracias Padre Julín, gracias Haití! porque en medio de la crisis se buscan alternativas de solidaridad.

¿Qué hacemos? La Conferencia Episcopal Haitiana está esforzándose en ayudar a levantar conciencias para solucionar la crisis. Muchos grupos en Haití están en el mismo esfuerzo. Pero no percibo que la “información” a través de nuestros países esté fluyendo como hace falta.

Nuestro amado papa Francisco ha marcado un camino muy importante al llamar a los creyentes del mundo –desde clérigos hasta las comunidades de feligreses– a “caminar juntos” en solidaridad, a desarrollar procesos participativos de comunicación para una Iglesia en salida. No se trata de que la responsabilidad la tengan los pastores; la tenemos todos en el rebaño, porque todos juntos somos el Pueblo de Dios. Para construir el frente solidario de comunicación necesitamos periodistas, comunicadores de todo tipo, gente dispuesta a aportar recursos y todo tipo de apoyos. Necesitamos mentes, brazos y corazones.

Quiero reiterar que no se trata de dolernos del pueblo haitiano para sentir que con eso somos buenos, como mucho menos se trata de que se repitan las fallidas intentonas de dictarle desde afuera al pueblo haitiano lo que tiene que hacer. Todo lo contrario, se trata de decir presente a un llamado que se ha lanzado desde Haití por el bien de toda América Latina.

Invito a la oración, a la solidaridad concreta a través del diálogo social, a poner en la mesa común nuestros propios espacios, entre otros detalles para mostrarle al mundo y decirle a los hermanos haitianos a qué estamos dispuestos

Solidaridad con Haití en esta Navidad

Los obispos de Haití lanzan un urgente llamamiento por Navidad

El Episcopado pide ayuda para “sanar la herida” del país, sumido en el caos

Haitianos se agolpan en una estación de servicio ante el desabastecimiento de combustible

La situación que vive hoy Haití, “¿no debería desafiar la conciencia de quienes tienen responsabilidades en la comunidad internacional y llevarlos a trabajar sin descanso para ayudarnos a sanar esta herida y promover el respeto por los derechos universales?”, se preguntan indignados los obispos del país caribeño. Un reclamo que extienden, por supuesto, a los líderes políticos locales: “¿No se sienten también más preocupados que nunca por esta situación caótica y catastrófica que no da señales de ralentizarse?”.



Así lo ponen de manifiesto en su mensaje navideño, publicado el pasado día 18 y que se convierte en un urgente llamamiento al mundo para que acuda en auxilio de un país sumido en el caos político, económico y social, que se ha visto acrecentado desde el asesinato en julio del entonces presidente Jovenel Moïse. Los prelados entienden que no pueden “permanecer indiferentes ante los trágicos acontecimientos de los últimos meses”, por lo que han querido aprovechar la tradicional felicitación de estas fechas para lanzar un nuevo grito de socorro, tanto a los principales líderes de la esfera internacional como a los funcionarios locales electos, con el propósito de encontrar una salida al estado de zozobra institucional y social que amenaza seriamente la estabilidad del país.

Salto moral y patriótico

El mensaje episcopal apela a la conciencia personal y colectiva para acometer “un salto moral y patriótico” que permita superar esa peligrosa sensación de descontrol que vive Haití desde hace años. Una deriva que se ha agravado en los últimos tiempos, especialmente tras el asesinato del primer mandatario y el terremoto que pocas semanas después asoló la comunidad costera de Los Cayos, al sur de la isla, con un balance de 2.200 muertos y más de 50.000 casas destruidas.

A todo ello cabe añadir que, desde principios de este 2021, se han producido cerca de mil secuestros. Por eso, “al mostrar nuestra solidaridad con el dolor de todos aquellos que son víctimas de secuestros, violaciones y violencias de todo tipo, confiamos a la misericordia de Dios las almas de nuestros hermanos y hermanas inocentes que han caído bajo las balas de grupos fuertemente armados”, lamentan los prelados, al tiempo que condenan sin paliativos “estos actos fratricidas” y exigen que “la verdad, el orden y la justicia sean restaurados con la autoridad del Estado”. (…)

S.O.S. por Haití


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Foto de archivo

Obispos de Haití llaman a la comunidad internacional a poner fin a la crisis en el país

La Navidad fue la ocasión para que los prelados lanzaran un grito al mundo y a los políticos locales para que encuentren una salida al estado de desorden institucional y social que amenaza la estabilidad del país

Anna Poce – Ciudad del Vaticano

«Como pastores, no podemos permanecer indiferentes ante los trágicos acontecimientos de los últimos meses», escribe la Conferencia Episcopal de Haití en su mensaje de Navidad, publicado en sus canales sociales y dirigido a todos los religiosos, fieles laicos y personas de buena voluntad del país. La Iglesia, reafirmando su voluntad de apoyar a sus hijos en sus angustias y esperanzas, lanza un llamamiento urgente al mundo para que acuda en ayuda de un país sumido en el caos político, económico y social, especialmente tras el asesinato del presidente Jovenel Moise en julio.

Ayuda para «curar esta herida»

En este tiempo de Navidad, que nos lleva a abrirnos «a nuevos horizontes, a un ideal de vida más grande y más noble» y a salir de la indiferencia, la Iglesia se pregunta si la situación de Haití no debería llevar hoy a «quienes tienen responsabilidades en la comunidad internacional a trabajar incansablemente para ayudar a curar esta herida y promover el respeto de los derechos universales». Esta petición se hace también extensiva a los políticos locales: «¿No están también más preocupados que nunca por esta situación caótica y catastrófica que no muestra signos de desaceleración?».

El país, uno de los más pobres del mundo, vive desde hace años una situación de inestabilidad política, agravada recientemente por el asesinato del presidente y la violencia desenfrenada. Las bandas y las organizaciones criminales abundan en varias regiones. Los secuestros se han convertido en una importante fuente de ingresos. A estos trágicos sucesos se sumó el terremoto del 14 de agosto, que devastó la comunidad costera de Los Cayos, en el sur de la isla, dejando 2.200 muertos y más de 50.000 viviendas destruidas, y una tormenta tropical. En este dramático contexto -escriben los obispos-, muchos compatriotas se ven obligados a abandonar el país, con la esperanza de encontrar la prosperidad en otro lugar, pero a menudo son víctimas de malos tratos y discriminación.

Despertar moral y patriótico

Ante el preocupante y continuo deterioro de la situación, los obispos piden «una toma de conciencia personal y colectiva», así como un «despertar moral y patriótico» para luchar contra las fuerzas del mal que generan atrocidades y sufrimiento en todas partes. Expresan su solidaridad con el dolor de quienes son víctimas de secuestros, violaciones y violencias de todo tipo, y confían a la misericordia de Dios las almas de los hermanos y hermanas inocentes que han caído bajo el fuego de los grupos armados. «Con toda nuestra fuerza, condenamos estos actos fratricidas -afirman- y pedimos que se restablezca la verdad, el orden y la justicia junto con la autoridad del Estado».

Recordando, por último, las palabras del Papa Francisco, pronunciadas durante el rezo del Ángelus el 31 de octubre, en la Plaza de San Pedro, cuando pidió «a los líderes de las naciones que apoyen a este país, que no lo dejen solo», en este momento de duras pruebas, gran sufrimiento y dolor, instan a los actores políticos, sociales y económicos a encontrar una solución definitiva y duradera a la crisis que atraviesa el país; a los grupos armados y a quienes los apoyan para que depongan las armas y contribuyan a la reconstrucción de un mundo más justo, humano y solidario; a todos los ciudadanos para que dejen de poner sus pequeños intereses por encima de los intereses de la nación

El drama de Haití

El drama de los 11 millones de haitianos dentro y de los 1,6 millones fuera de su país 

haitianos huyendo hacia el norte

Por Álvaro Verzi Rangel |Fuentes: Rebelión / CLAE 

En los últimas semanas se han difundido dramáticas imágenes de unos 13 mil migrantes haitianos varados en un precario e improvisado campamento bajo un puente que conecta la ciudad de Del Río, en Texas, con Ciudad Acuña, en México, a la espera de que sus peticiones sean procesadas por las autoridades estadounidenses, y muchos han terminado sufriendo persecuciones de la Patrulla Fronteriza, que en actitudes xenófobas los ha perseguido a caballo, como hace dos siglos hacían con los esclavos. 

En la última década Haití perdió un millón 600 mil compatriotas fronteras afuera. La migración, que había tenido su pico tras el terremoto de 2010, recrudeció por la grave crisis económica, social, financiera y política, agravada con el magnicidio del presidente Jovenal Moïse. 

El éxodo esconde también el negocio del tráfico de personas y la explotación sexual. Se ofrecen inciertos futuros a cambio de 350 dólares por cruzar el Caribe hasta Panamá, Colombia, México o cruzar hacia la otra mitad de la isla, hacia República Dominicana. Desde allí la mitad elige probar suerte en Estados Unidos y Canadá y el resto sigue camino hacia Chile, Argentina y Brasil. 

Pero para sorpresa de muchos, la mayoría de estos ciudadanos no viene directamente de Haití, sino de Chile y Brasil, confirmó el canciller mexicano Marcelo Ebrard. Y es que la falta de oportunidades, la xenofobia en varios países, sumado a los problemas para conseguir un estatus legal en estos países latinoamericanos, han generado que los haitianos vuelvan a mirar a Estados Unidos. 

Haití, un país que aún no se recuperó del terremoto de 2010, sufrió en agosto otro sismo de magnitud de y7,2 grados Richter que dejó unos mil 500 muertos. Fue otro golpe fuerte más para un país que sufre dos pandemias, la de la miseria y la del covid-19, que registra un 60 por ciento de pobreza y 24 por ciento de indigencia, donde apenas 400 personas, sobre 11 millones de habitantes ha sido vacunado con dos dosis. 

La desgracia de Haití, la primera nación de la región que declaró su independencia, tiene raíces ancestrales en la rapiña colonial, en especial de parte de Francia y Estados Unidos, y prosigue el pillaje de los recursos naturales, lo que se traduce en una deforestación del 98 por ciento del territorio. Y para peor de males, el 7 de julio un comando de mercenarios colombianos y estadounidenses asesinó al presidente Jovenal Moïse, lo que obligó a postergar las elecciones. 

Esta catástrofe llega en medio de una delicada transición política, dirigida por un primer ministro de facto, Ariel Henry, quien no tiene más legitimidad que la de haber sido nombrado por un presidente también de facto Jovenel Moïse -unos días antes de su asesinato- y ungido por el Core Group, un ente internacional que prácticamente viene dirigiendo Haití en los últimos años. 

Este grupo está integrado por los embajadores de Alemania, Brasil, Canadá, España, Estados Unidos, Francia, la Unión Europea, y los representantes especiales de la Organización de Estados Americanos y del secretario general de Naciones Unidas. 

Hoy se produce un peligroso entrecruce, entre crisis política y crisis humanitaria por un lado, y entre injerencia política e intervención humanitaria. Haití ha sido objeto de una lucha constante entre diferentes países injerencistas, preocupados por imponer en esta pequeña nación caribeña sus respectivas agendas políticas e intereses. 

Siguen en el país las multitudinarias manifestaciones callejeras donde quedó de manifiesto el malestar por las pésimas condiciones de vida de la mayoría de la población, que sigue pensando que las únicas soluciones están fuera del país. 

La presencia de migrantes haitianos, por ejemplo, le cambió el look a las ciudades chilenas más importantes, donde -para extrañeza de muchos- se podía ver gente negra (y hablando creole o francés) caminando por sus calles. La llegada del neoliberal Sebastián Piñera al gobierno significó el cierre de oportunidades y el crecimiento de la xenofobia no solo contra los haitianos sino, como quedó demostrado a finales de setiembre, contra migrantes venezolanos. 

Poco se sabe sobre el futuro de estos migrantes, pero su pasado, o lo que pasó después de un terremoto que cambió la historia de Haití en 2010. “Lo que estamos viendo ahora es el resultado de un proceso de una década en la que estas personas buscaron oportunidades de vida y seguridad en América Latina, y no las encontraron. La crisis actual es una evidencia de que no hay oportunidades para los migrantes haitianos en toda la región”, señaló la antropóloga estadounidense Caitlyn Yates 

Una diferencia es que no migraron hacia Estados Unidos de primeras, sino que llegaron a Brasil y Chile y estuvieron allí hasta que esas opciones se volvieron insostenibles. Es una migración doble, que evidencia los problemas estructurales de países como los dos citados, donde no encontraron oportunidades económicas, acceso a servicios sociales, empleo y hogar, añadió.. 

En 2013 miles de haitianos decidieron emigrar a Brasil atraídos por la demanda de mano de obra, principalmente para construir los estadios que luego se utilizaron en el mundial de Futbol de 2014. Luego, por falta de oportunjidades, comenzaron la marcha hacia el norte. 

Ésta es una crisis predecible, y que intentó invisibilizarse por mucho tiempo. Los cierres de las fronteras de los países por la pandemia aumentaron la precariedad de los traslados y los costos. Por la falta de empleo, problemas de radicación y un tipo de cambio adverso, últimamente se producen migraciones extracontinentales: los haitianos que miran a EEUU vuelven de sus destinos latinoamericanos, pero siguen huyendo. 

Lo cierto es que la migración haitiana deambula desde hace una década por América Latina y ha vuelto a hacerse visible hasta en lugares inhóspitos como la selvática frontera entre Colombia y Panamá, donde cientos de migrantes atascados en el municipio colombiano de Necolí, tratan de pasar el istmo por el Tapón del Darién y seguir su trayecto por Centroamérica hacia el norte, con Estados Unidos como destino anhelado y México como nuevo territorio de acogida. 

En Haití, la devastación es política, económica y social y, previsiblemente, sanitaria. A la fecha del magnicidio, el país no había aplicado ni una vacuna entre su población de las escasas 500 mil que recibió, donadas, por Estados Unidos. Se aplicaron unas 20 mil dosis, pero un nuevo sismo y la crisis hicieron que se suspendiera la vacunación. 

A su vez, las dificultades estructurales se agravaron con creencias culturales que ya habían hecho estragos hace una década y se volvió a escuchar «Mikwob pa touye Ayisyen” dicho creole que se traduce en la creencia de que un simple microbio no puede matar a los haitianos. Se equivocaron con el cólera: hubo 820 mil afectados y 10 mil muertos con el cólera en 2010. 

Tras el terremoto de julio, el país reclamó ayuda humanitaria: Estados Unidos le envió 40 marines. Recién la última semana Juan González, director principal del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos para el Hemisferio Occidental, se disculpó en Puerto Principe por el trato que recibieron migrantes haitianos en la frontera, afirmando que esa no es la forma en que se comportan los agentes fronterizos ni el Departamento de Seguridad Nacional. 

 “Quiero decir que fue una injusticia, que estuvo mal. El noble pueblo de Haití y cualquier migrante merecen ser tratados con dignidad”, dijo sin sonrojarse 

Haití es más que un terremoto

Manos Unidas advierte sobre la situación de Haití: “Es mucho más que un terremoto” 

Así lo certifican en una mesa redonda con motivo de los días internacionales de la Alimentación y de la Erradicación de la Pobreza 

“Es un país que mata sueños. Para muchos, la única forma de vivir mañana es salir de aquí hoy” 

“Haití es mucho más que un terremoto”. Así lo ha sentenciado Fidele Podga, coordinador del departamento de Estudios y Documentación de Manos Unidas, en una mesa redonda convocada por la organización con motivo de los días internacionales de la Alimentación y de la Erradicación de la Pobreza,  y que se ha celebrado bajo el título ‘Hambre, violencia y cambio climático: el caso de Haití’. 

Los ponentes han analizado en sus intervenciones la complejo situación que atraviesa Haití, como paradigma de las tendencias existentes en muchas regiones del planeta. Y es que, el país caribeño, golpeado por la pobreza multidimensional, la violencia política y social y las consecuencias de desastres naturales que cíclicamente obligan a la población a rehacer sus vidas, se enfrenta, además, a un incremento del hambre y la desnutrición que afecta, fundamentalmente, a la infancia. 

“El hambre y la pobreza crecen sin parar, pero los más afortunados no paran de ver como crecen sus fortunas”, ha señalado Podga, haciendo referencia a cómo la creciente desigualdad del mundo encuentra en Haití su paradigma. “Sería un dato irrelevante si no fuera porque ese incremento conlleva un fractura social que en América latina está costando vidas”, ha apostillado. 

Por su parte, Juan de Amunátegui, coordinador del departamento de Proyectos de América en Manos Unidas, ha explicado en su exposición los principales obstáculos para el desarrollo de Haití, aseverando, además, que “el pueblo haitiano es exponente de fortaleza, espiritualidad y dignidad, capaz de levantarse una y otra vez ante las mayores adversidades”. 

Dejar de lado el “yo” 

Asimismo, Amunátegui ha afirmado que esta realidad “es especialmente aplicable a las mujeres de Haití, quienes, a causa de la migración de los varones, tienen que verse solas para enfrentarse y sacar adelante a sus familias y a la comunidad en estas situaciones de emergencia”. 

En la mesa redonda ha participado también Richard Frechette, fundador de Nuestros Pequeños Hermanos (NPH). En su ponencia –en diferido por razones de agenda– ha compartido su perspectiva, tras casi 40 años en el país, sobre algunas de las necesidades y potencias del pueblo haitiano. 

“Las condiciones en Haití son muy duras y muy tristes, pero se puede avanzar gracias a un concepto que domina la mente del pueblo haitiano: el concepto de nosotros, dejando de lado el yo y buscando lo mejor para nosotros”, ha explicado. “Esto es muy importante, pero es muy complicado cuando uno no tiene acceso a un trabajo o a un salario que le permita vivir con dignidad y avanzar en educación y en seguir los sueños. Es un país que mata sueños. Para muchos, la única forma de vivir mañana es salir de aquí hoy”. 

“Haití puede salir adelante” 

Stevelson Edouard, director del área de Gestión Social de America Solidaria, ha explicado las consecuencias que los desastres naturales tienen sobre la población. “Si bien el cambio climático es mundial, Haití, así como los países del Caribe, es más vulnerable a esta situación“, ha señalado. “Además, está situada sobre varias fallas sísmicas, y en el camino de los huracanes habituales que se dan en la zona en ciertas épocas del año”. A 

Por otro lado, ha apuntado que las consecuencias del cambio climático “se ven agravadas por la deforestación y la importación masiva de plásticos”. Asimismo, “la situación política, desde la dictadura hasta la situación actual de lucha por el poder y el aumento de las bandas armadas en los últimos años”, tan solo provocan más inestabilidad en el país. 

Por último, Xavier Adsará, director de NPH España y presidente de NPH Europa, ha subrayado la importancia de un entorno no violento para el desarrollo de los jóvenes haitianos. Además, ha señalado “lo importante que es contar con los haitianos”, porque “ellos conocen mejor que nadie cuáles son sus necesidades”. “Son capacidades de, con ayuda, ejecutar sus proyectos. Hay que poner el foco a las capacidades que tiene Haití para salir adelante si se le da la oportunidad”, ha concluido.