Hollerich a Kirill:

«Pida a las autoridades rusas que cesen inmediatamente las hostilidades contra el pueblo ucraniano»

Putin y Kirill
Putin y Kirill

«En estos momentos oscuros para la humanidad, acompañados de intensos sentimientos de desesperación y miedo, muchos miran hacia usted, Su Santidad, como alguien que podría aportar un signo de esperanza para una solución pacífica de este conflicto»

Insta a que las autoridades rusas «muestren buena voluntad para buscar una solución diplomática al conflicto, basada en el diálogo, el sentido común y el respeto del derecho internacional, permitiendo corredores humanitarios seguros y un acceso ilimitado a la ayuda humanitaria»

| RD/Vatican News

«En estos momentos oscuros para la humanidad, acompañados de intensos sentimientos de desesperación y miedo, muchos miran hacia usted, Su Santidad, como alguien que podría aportar un signo de esperanza para una solución pacífica de este conflicto». El presidente de los episcopados europeos, Jean-Claude Hollerich, ha escrito una carta al patriarca de Moscú, Kirill, en el que le insta a hacer «un llamamiento urgente a las autoridades rusas para que cesen inmediatamente las hostilidades contra el pueblo ucraniano».

En su carta, el cardenal aboga «con espíritu de fraternidad» a Kirill para que pida a Putin y los suyos «muestren buena voluntad para buscar una solución diplomática al conflicto, basada en el diálogo, el sentido común y el respeto del derecho internacional, permitiendo corredores humanitarios seguros y un acceso ilimitado a la ayuda humanitaria».

Kirill
Kirill

«La locura de la guerra en Ucrania»

«Con el corazón roto», Hollerich relata a Kirill «la locura de la guerra en Ucrania». «Miles de personas, tanto soldados como civiles, ya han perdido la vida y más de un millón de personas -afirma el presidente de Comece- han sido desplazadas o han huido de su tierra; la mayoría de ellas son mujeres y niños vulnerables».

Ante los esfuerzos diplomáticos «infructuosos» y los ataques violentos, «no se puede excluir – se lee en la carta – la posibilidad de un conflicto europeo más amplio o incluso mundial con consecuencias catastróficas«. «En estos momentos oscuros para la humanidad, acompañados de intensos sentimientos de desesperación y miedo, muchos», explica el cardenal, «miran hacia usted, Su Santidad, como alguien que podría aportar un signo de esperanza para una solución pacífica de este conflicto».

Bombardeos en Ucrania

Fuerza pacificadora

Cabe recordar que en 2016, tanto el papa Francisco como Kirill habían deplorado, en una declaración conjunta, la hostilidad en Ucrania, que se había cobrado vidas, había infligido heridas a la población y había provocado una grave crisis económica y humanitaria. Ambos hicieron un llamamiento a la «acción encaminada a la construcción de la paz y la solidaridad social».

Recordando el peso de esas palabras y tras los sentimientos de angustia, el Cardenal Hollerich recordó las palabras de Kirill al Nuncio en la Federación Rusa: «la Iglesia puede ser una fuerza pacificadora», especialmente en Cuaresma, cuando rezamos al «Dios de la paz y no de la guerra». «Hagamos todo lo posible para contribuir a poner fin a esta guerra sin sentido, para que -concluye el presidente de Comece- la reconciliación y la paz vuelvan a habitar el continente europeo».

Entrevista al Cardenal Jean-Claude Hollerich

col loup

Redacción de Atrio

Acabo de leer esta entrevista que comparto para todos en ATRIO. Es como si a Masiá, tras sus años en Japón, le hubieran hecho arzobispo y cardenal y hablara con la misma sinceridad con que le hemos oído tantes veces. Pues Jean-Claude tiene especial revelancia en la Iglesia de hoy, con Francisco. No sé si se conocen de antes, pero he traducido “you” por “tú” en esta conversación con el redactor de La Croix. AD.

EXCLUSIVO: En una amplia entrevista con “La Croix”, el cardenal Jean-Claude Hollerich SJ habla con franqueza sobre temas candentes en la Iglesia católica

Por Loup Besmond de Senneville

La Croix International

La disminución del número de creyentes en Europa, la lucha de la Iglesia por seguir desempeñando un papel en la sociedad occidental, el debate sobre el celibato sacerdotal y las nuevas visiones sobre la sexualidad.

El cardenal Jean-Claude Hollerich, el jesuita de 63 años que dirige la Arquidiócesis de Luxemburgo y es presidente de COMECE (la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea), habla con franqueza sobre estos y otros temas candentes en esta entrevista exclusiva con Loup Besmond de Senneville de La Croix.

La Croix: Has sido misionero en Japón, eres jesuita, arzobispo de Luxemburgo, cardenal. ¿Siempre has buscado a Dios de la misma manera?

Cardenal Jean-Claude Hollerich: Cuando llegué a Japón siendo un joven sacerdote, fue un gran impacto. En ese momento yo era un joven empapado del catolicismo popular de Luxemburgo.

Con otros jesuitas, cada uno con un origen católico diferente, llegamos a un modelo de catolicismo que todos vimos muy rápidamente que no correspondía a las expectativas de Japón. Para mí, esto representó una crisis. Tuve que dejar de lado toda la piedad que había sido la riqueza de mi fe hasta entonces y abandonar los caminos que amaba.

Me enfrenté a una elección: renunciar a mi fe porque no podía encontrar los caminos que conocía, o emprender un viaje interior. Elegí la segunda opción. Antes de poder proclamar a Dios, tenía que convertirme en un buscador de Dios. Dije con insistencia: “Dios, ¿dónde estás? ¿Dónde estás, tanto en la cultura tradicional como en el Japón posmoderno?” Cuando regresé a Europa hace diez años, tuve que empezar de nuevo.

Para ser honesto, pensé que encontraría el catolicismo que había dejado en mi juventud. Pero ese mundo ya no existía. Hoy, en esta Europa secularizada, tengo que hacer lo mismo: buscar a Dios.

¿Ha vuelto Europa hoy a ser tierra de misión?

Sí, lo ha sido durante mucho tiempo.

El Luxemburgo de mi juventud era un poco como Irlanda, con grandes procesiones, mucha piedad popular, etc. Cuando yo era niño, todos los niños iban a la iglesia. Mis padres no fueron, pero me enviaron, porque era normal hacerlo. Recuerdo que en la escuela, una niña de mi clase no hizo su primera comunión y eso armó un escándalo. Ahora, lo que causa el escándalo es cuando un niño realmente la toma.

Pero al reflexionar, puedo ver que este pasado no fue tan glorioso. Obviamente no lo vi de niño, pero ahora me doy cuenta de que ya había muchas grietas e hipocresías en esa sociedad en ese entonces.

Básicamente, la gente no creía más de lo que cree hoy, incluso si iban a la iglesia. Tenían una especie de práctica dominical cultural, pero no estaba inspirada en la muerte y resurrección de Jesús.

¿Crees que este catolicismo cultural está acabado?

Todavía no. Varía en diferentes partes del mundo. Pero estoy convencido de que la Covid acelerará este proceso.

En Luxemburgo, tenemos un tercio menos de feligreses. Estoy seguro de que no volverán. Entre ellos hay personas de cierta edad a las que les resultará doloroso volver a la práctica religiosa, ir a una iglesia. Pero también están aquellos católicos para quienes la misa dominical era un ritual importante que brindaba estabilidad a sus vidas.

Para muchos, llamarse católico sigue siendo una especie de disfraz dotado de una moralidad general. Les ayuda a mantenerse al día con la sociedad, a ser “buenos cristianos”, pero sin definir realmente lo que eso significa.

Pero esta era debe terminar. Ahora debemos construir una Iglesia basada en la fe. Ahora sabemos que somos y seremos una minoría. Esto no debería sorprendernos ni entristecernos.

Tengo la dulce certeza de que mi Señor está presente en Europa hoy.

¿Y no tienes dudas al respecto?

Oh no. No hay dudas en absoluto. Ya no es una pregunta que me persiga.

Cuando era más joven, tenía miedo de no encontrarlo. Era como si estuviera obsesionado por este miedo. Tenía que averiguarlo o me hundiría. Ahora estoy mucho más tranquilo.

¿Es esa la sabiduría de la edad?

No sé si existe tal cosa como la sabiduría de la edad. (Risas). ¡Sería feliz si lo hubiera!

Pero en el fondo siempre hacemos las mismas estupideces y siempre nos topamos con la misma pared. Al menos sabemos que el muro está ahí y que dolerá.

También sé ahora que soy solo un instrumento del Señor. Hay muchos otros. Esta conciencia me hace siempre desconfiar un poco de todos aquellos que dicen tener la fórmula inmejorable para anunciar a Dios.

¿No hay una receta mágica?

No. Sólo existe la humildad del Evangelio.

Y cuando eras más joven, ¿creías en las recetas mágicas?

Sí, por supuesto, creía en ellos. Pero es una hermosa locura de juventud. También muestra el entusiasmo de los jóvenes.

¿Por qué el mensaje del cristianismo sigue siendo relevante hoy?

Porque la gente no ha cambiado en dos mil años. Seguimos buscando la felicidad y no la encontramos. Todavía tenemos sed de infinito y nos encontramos con nuestros propios límites.

Cometemos injusticias que tienen graves consecuencias para otras personas, lo que llamamos pecado. Pero ahora vivimos en una cultura que tiende a reprimir lo humano. Esta cultura de consumo promete satisfacer los deseos humanos, pero no lo hace.

Sin embargo, en momentos de crisis, de conmoción, la gente se da cuenta de que en su corazón hay un montón de preguntas latentes. El mensaje del Evangelio es excepcionalmente fresco al responder a esta búsqueda de sentido y felicidad.

El mensaje sigue siendo relevante, pero los mensajeros a veces aparecen con disfraces de tiempos pasados, lo que no es el mejor servicio hacia el mensaje en sí.

Por eso tenemos que adaptarnos. No para cambiar el mensaje en sí, por supuesto, sino para que se entienda, aunque seamos nosotros quienes lo anunciemos.

El mundo sigue buscando, pero ya no mira en nuestra dirección, y eso duele. Debemos presentar el mensaje del Evangelio de tal manera que las personas puedan orientarse hacia Cristo.

Precisamente por eso, el Papa Francisco inauguró en octubre pasado el Sínodo sobre la sinodalidad, del que eres relator general. ¿Dijiste recientemente que no sabes lo que escribirás en el informe?

Tengo que ser yo quien escuche. Si hago muchas propuestas, desanimaré a las personas que tienen una opinión diferente. Entonces son las personas las que tienen que llenar mi cabeza y las páginas.

Este es un sínodo. Debe estar abierto. Como dice el Papa, es el Espíritu Santo quien es el maestro de obras. Así que también debemos dejar espacio para el Espíritu Santo. Este método es importante hoy porque ya no podemos conformarnos con dar órdenes de arriba hacia abajo. En todas las sociedades, en la política, en los negocios, lo que cuenta ahora es la creación de redes.

Este cambio en la toma de decisiones va de la mano con un verdadero cambio de civilización, al que nos enfrentamos. Y la Iglesia, como siempre lo ha hecho a lo largo de su historia, debe adaptarse a ella. La diferencia es que esta vez el cambio de civilización tiene una fuerza sin precedentes. Tenemos una teología que nadie entenderá en 20 o 30 años. Esta civilización habrá pasado.

Por eso necesitamos un nuevo lenguaje que debe basarse en el Evangelio. Y toda la Iglesia debe participar en el desarrollo de este nuevo lenguaje: este es el sentido del sínodo.

Como presidente de COMECE, participaste en una reunión en Roma a principios de octubre con los partidos europeos de derecha y centro-derecha. A la salida, el cardenal Pietro Parolin les animó a no considerar el cristianismo como un supermercado del que sólo se pueden elegir determinados valores. ¿Existe esta tentación entre los políticos?

Sí, claramente. A la derecha, retoman símbolos cristianos. Les gustan los rosarios y los crucifijos, pero esto no siempre está ligado al misterio de Cristo. Esto está relacionado con nuestra cultura europea pasada. Quieren referirse a una cultura para conservarla. Este es un mal uso de la religión.

En la izquierda también conozco a políticos que se dicen cristianos comprometidos, que luchan contra el cambio climático, pero que votan en el Parlamento Europeo para hacer del aborto un derecho fundamental y para limitar la libertad de conciencia de los médicos. Eso también es tomar la religión como un supermercado.

Uno puede ser demócrata cristiano, socialista, ecologista, etc., y seguir siendo cristiano. Esta diversidad de formaciones políticas es de gran beneficio para la sociedad. Pero los políticos a menudo tienden a mantener en privado sus preferencias religiosas. En este caso, ya no se trata de una religión, sino de una convicción personal. La religión requiere un espacio público para expresarse.

Pero, ¿no es más difícil para los cristianos involucrarse en política?

En primer lugar, es cierto que hay menos cristianos. En segundo lugar, es cierto que cada vez se involucran menos en política. Vemos esto después de cada elección.

Por otro lado, es evidente que el mensaje de los obispos a la sociedad ya no llega. Usted ha experimentado esto en Francia durante varios años. Esta es la consecuencia de que estemos en minoría.

Para ayudar a la gente a entender lo que queremos, debemos entablar un largo diálogo con aquellos que ya no son cristianos, o que son sólo cristianos en la periferia. Si tenemos ciertas posiciones no es porque seamos conservadores, sino porque creemos que la vida y la persona humana deben estar en el centro.

Para poder decir esto, creo que necesitamos tener diálogos y amistades con tomadores de decisiones o políticos que piensan diferente. Aunque no sean cristianos, compartimos con ellos una sincera preocupación por colaborar por el bien de la sociedad. Si no queremos vivir en una sociedad compartimentada, debemos ser capaces de escuchar las historias de los demás.

¿Significa esto que la Iglesia debe renunciar a defender sus ideas?

No, no se trata de eso. Debemos intentar comprender al otro, construir puentes con la sociedad. Para hablar de antropología cristiana, debemos basarnos en la experiencia humana de nuestro interlocutor. Porque aunque la antropología cristiana es maravillosa, pronto dejará de ser comprendida si no cambiamos de método.

¿Y de qué nos sirve hablar si no somos oídos? ¿Hablamos por nosotros mismos, para asegurarnos de que estamos en el lado correcto? ¿Es para tranquilizar a nuestros propios seguidores? ¿O hablamos para ser escuchados? ¿Cuáles son las condiciones para esta escucha?

En primer lugar, la humildad. Pienso que aunque no sea necesariamente consciente, la Iglesia tiene la imagen de una institución que sabe todo mejor que otras. Por lo tanto, necesita mucha humildad, de lo contrario no puede entrar en un diálogo.

Esto también significa que debemos demostrar que queremos aprender de los demás. He aquí un ejemplo: me opongo totalmente al aborto. Y como cristiano, no puedo tener una posición diferente. Pero también entiendo que hay preocupación por la dignidad de la mujer, y hoy ya no se escucha el discurso que teníamos en el pasado para oponernos a las leyes del aborto.

Entonces, ¿qué más podemos hacer para defender la vida?

Cuando un discurso ya no pesa, no hay que obstinarse en utilizarlo, sino buscar otros caminos.

En Francia, muchos creen que la Iglesia ha perdido gran parte de su credibilidad a causa de los delitos sexuales que se cometen en su seno. ¿Cómo te posicionas frente a esta crisis?

Antes que nada, quiero decir que estos abusos son un escándalo. Y cuando vemos los números en el Informe Sauvé, podemos ver que no es el desliz de unos pocos. Hay una falla sistémica en alguna parte, y debe abordarse.

No debemos temer las heridas que esto nos pueda causar, que no son absolutamente nada comparadas con las de las víctimas. Por lo tanto, debemos ser muy honestos y estar preparados para recibir algunos golpes.

Hace unas semanas estuve en Portugal, donde estaba celebrando la Misa. Había allí un niño pequeño que, mientras servía la Misa, me miraba como si yo fuera el buen Dios. Pude ver que me vio como un representante de Dios, lo cual era, de hecho, durante la liturgia.

Abusar de tales niños es un crimen real. Es una falta mucho más grave que si un profesor o un entrenador deportivo cometiera tales actos. El hecho de que esto haya sido tolerado para proteger a la Iglesia duele. ¡Hicimos la vista gorda! Es casi irreparable.

Ahora llego a tu pregunta. Algunas personas han perdido la confianza. Para recuperarla, cuando sea posible, hay que tener una gran humildad. Cuando se acompaña a una comunidad o a una persona, se debe tener siempre presente el principio de absoluto respeto por aquellos a quienes se acompaña. No puedo dejar de lado ni siquiera a una persona.

Me parece obvio que estas preguntas estarán en la mente y en el corazón de todos durante el proceso sinodal. Tenemos que aceptar el cambio.

Si hay un fallo sistémico, ¿crees que se necesitan cambios sistémicos?

Si. Obviamente, en mi diócesis, como en muchas otras, tenemos una carta de buena conducta que todos tienen que firmar, tanto los sacerdotes como los laicos que trabajan para la Iglesia.

Antes de la ordenación, también sometemos a los seminaristas a ocho sesiones psicológicas diseñadas para detectar la pedofilia. Estamos haciendo todo lo que podemos, pero no es suficiente. Necesitamos una Iglesia que esté estructurada de tal manera que estas cosas ya no sean posibles.

¿Qué significa eso?

Si a las mujeres y los jóvenes se les hubiera dado más voz, estas cosas se habrían descubierto mucho antes. Debemos dejar de actuar como si las mujeres fueran un grupo marginal en la Iglesia. No están en la periferia de la Iglesia, están en el centro. Y si no damos voz a los que están en el centro de la Iglesia, tendremos un gran problema.

No quiero ser más específico: esta pregunta se hará inevitablemente en el Sínodo, en varias culturas, en diversos contextos. Pero las mujeres han sido ignoradas demasiado. Debemos escucharlas, como hacemos con el resto del pueblo de Dios.

Los obispos deben ser como pastores que escuchan a su pueblo. No es solo que digan: “Sí, escucho, pero eso no me interesa”. Necesitan estar en medio de su rebaño.

¿Qué otros cambios hay que hacer?

La formación del clero debe cambiar. No debe centrarse sólo en la liturgia, aunque entiendo que los seminaristas le dan gran importancia. Los laicos y las mujeres deben tener voz en la formación de los sacerdotes. Formar sacerdotes es un deber de toda la Iglesia, por lo que toda la Iglesia debe acompañar este paso, con hombres y mujeres casados ​​y solteros.

En segundo lugar, necesitamos cambiar nuestra forma de ver la sexualidad. Hasta ahora hemos tenido una visión bastante reprimida de la sexualidad.

Obviamente, no se trata de decirle a la gente que puede hacer cualquier cosa o de abolir la moralidad, pero creo que debemos decir que la sexualidad es un regalo de Dios.

Lo sabemos, pero ¿lo decimos? No estoy seguro. Algunas personas atribuyen el aumento de los abusos a la revolución sexual. Pienso exactamente lo contrario: en mi opinión, los casos más horribles ocurrieron antes de la década de 1970.

En esta área, los sacerdotes también deben poder hablar sobre su propia sexualidad y ser escuchados si tienen problemas para vivir el celibato. Deben poder hablar de ello libremente, sin temor a ser reprendidos por su obispo.

En cuanto a los sacerdotes homosexuales, que son muchos, sería bueno que lo hablaran con su obispo sin que éste los condene.

En cuanto al celibato y la vida sacerdotal, preguntémonos con franqueza si un sacerdote debe ser necesariamente célibe.

Tengo una opinión muy alta del celibato, pero ¿es indispensable? En mi diócesis tengo diáconos casados que desempeñan su papel diaconal de una manera maravillosa, que dan homilías a través de las cuales tocan a las personas mucho más poderosamente que nosotros que somos célibes.

¿Por qué no tener sacerdotes casados ​​también?

De la misma manera, si un sacerdote ya no puede vivir esta soledad, debemos ser capaces de comprenderlo, no de condenarlo. Soy ya viejo ahora, así que esto no me preocupa tanto.

¿Has sentido la dificultad de vivir esta soledad?

Sí, por supuesto.

En ciertos momentos de mi vida, fue muy claro. Y también es obvio que todo sacerdote se enamora de vez en cuando. La pregunta es cómo comportarse en este caso.

En primer lugar, uno debe tener la honestidad de reconocerlo a sí mismo, y luego actuar de tal manera que pueda continuar viviendo su sacerdocio.

Emigrantes en la frontera polaco-bielorrusia

La alarma de los obispos europeos: «No podemos permitir que la gente muera en nuestras fronteras» 

Cientos de migrantes en la frontera Bielorrusia-Polonia Reuters 

Cardenal Hollerich: «Todo ser humano debe ser tratado de forma humana. Los migrantes y los solicitantes de asilo merecen el pleno respeto de su dignidad y de sus derechos fundamentales, sea cual sea su situación legal» 

«Los migrantes y los solicitantes de asilo merecen el pleno respeto de su dignidad y sus derechos fundamentales» 

11.11.2021 | RD/COMECE 

En el contexto de la alarmante situación humanitaria en la frontera polaco-bielorrusa, la COMECE publica una declaración en la que insta a la UE y a sus Estados miembros a expresar su solidaridad práctica con los migrantes y los solicitantes de asilo. 

En su declaración, los obispos de la Unión Europea lamentan la pérdida de vidas que ya ha causado esta tragedia, y rezan por las víctimas y sus familias. «Todos debemos mostrar nuestro apoyo concreto a las familias y personas necesitadas, que emigran o buscan asilo», se lee en la declaración. 

La COMECE se hace eco de las palabras de la Conferencia Episcopal Polaca, expresadas en varias ocasiones a lo largo de los últimos meses, en las que se pide que se adopte principalmente un enfoque humanitario ante la crisis actual. «No podemos permitir que la gente muera en nuestras fronteras. Hay que hacer todos los esfuerzos para evitar estas tragedias y mitigar el sufrimiento de la gente», continúa la nota. 

No instrumentalizar a los migrantes 

Por su parte, el cardenal Jean-Claude Hollerish SJ, Presidente de la COMECE, hace un llamamiento a la Unión Europea y a sus Estados miembros para que apoyen a Polonia a la hora de afrontar este reto humanitario en su frontera, así como a otros países de la UE en la región que puedan enfrentarse a un escenario similar. «Aprovecharse e instrumentalizar la desesperación de los migrantes y solicitantes de asilo tiene consecuencias humanas graves y perjudiciales y debe evitarse», afirmó. 

Inmigrantes en la frontera entre Polonia y Bielorrusia 

Este tema se abordó durante el Grupo de Trabajo sobre Migración y Asilo de la COMECE a principios de octubre pasado, en un debate con miembros del personal de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). 

El 8 de octubre de 2021, tras la carta dirigida a la Comisión Europea por los ministros de 12 Estados miembros de la UE sobre los acontecimientos en las fronteras exteriores de la UE, el presidente de la COMECE pidió a la Unión Europea y a sus Estados miembros que acogieran, protegieran, promovieran e integraran a los migrantes y a los solicitantes de asilo, apoyando una percepción y una narrativa positivas en torno a la migración. 

En esa ocasión, el cardenal Hollerich también expresó el apoyo de la COMECE al aumento de los esfuerzos de reasentamiento por parte de los Estados miembros de la UE, la sociedad civil y los actores de la Iglesia, y a la creación de vías legales y seguras para los migrantes, a fin de evitar que caigan en manos de las redes criminales de contrabandistas y traficantes

El relator del Sínodo

Hollerich, relator del Sínodo de la sinodalidad: “Las páginas están en blanco, vosotros tenéis que rellenarlas” 

El arzobispo de Luxemburgo presentó el proceso como “un gigantesco rompecabezas en el que todos pueden participar, especialmente los más pobres, los que no tienen voz, los que están en la periferia” 

El cardenal Hollerich

Junto con el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, el cardenal Jean-Claude Hollerich, como relator general del sínodo de la sinodalidad ha saludado a los presentes en el encuentro de Reflexión con el que ha dado inicio en el Vaticano esta nueva cita que comprende una amplia consulta en todas las diócesis del mundo. “Cuando caminamos, alguien tiene que elegir la dirección del viaje. Este papel corresponde al Espíritu Santo”, destacó. 

Un viaje juntos 

El arzobispo de Luxemburgo definió el sínodo como “un gigantesco rompecabezas en el que todos pueden participar, especialmente los más pobres, los que no tienen voz, los que están en la periferia. Si excluimos a cualquier jugador, el rompecabezas no estará completo. Es el Espíritu Santo el que inspira nuestras intervenciones y nos lleva a completarlas”, añadió. 

“Vamos a empezar un viaje juntos, una Iglesia, un viaje en el que los Pastores tienen que escuchar la voz de las ovejas”, destacó. “La escucha es el paso de un “yo” a un “nosotros”. Escuchar es una cualidad divina”, añadió. “Las páginas están en blanco, vosotros tenéis que rellenarlas. Lo único que puedo decir es que no lo haré solo, un instrumento de trabajo sobre la sinodalidad sólo puede provenir de un trabajo en equipo”, apuntó sobre su tarea de relator. 

La comunión es la garantía de la participación 

“No somos los dueños del Evangelio, somos sus servidores. Nuestra escucha debe incluir siempre nuestra conversión al Evangelio, al Evangelio que es al mismo tiempo la palabra viva de Cristo y la palabra de la Iglesia”, interpeló directamente a los obispos. “El camino sinodal en la diócesis debe abrirse con una oración verdadera y profunda.Sólo la oración puede llevarnos a una actitud interior de apertura y disponibilidad (lo que se llama indiferencia) y a la paz para tomar decisiones en libertad”, recomendó. 

Ante los actos iniciales de este proceso sinodal, destacó que “podemos ver la Iglesia jerárquica en funcionamiento. También podemos ver aquí una garantía de catolicidad, es decir, de la universalidad del Sínodo, una garantía de que no estamos en camino sólo con un grupo de amigos que piensan como yo. Volviendo a la imagen del rompecabezas, éste sólo estará completo cuando los jugadores de los diferentes continentes, de las diferentes realidades eclesiásticas, hayan unido sus piezas”. “La comunión es la garantía de la participación y la participación universal”, sentenció. Y advirtió que “la comunión sin misión no durará en el tiempo”. 

Ante la «triste situación» de los refugiados de Moria

El Papa afronta la «triste situación» en el campo de refugiados de Moria con el presidente de COMECE

Hollerich, con el Papa

El presidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea ya había denunciado hace unos días la «vergüenza» para Europa que supone no haber evitado la emergencia en el campamento

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ha lamentado en un comunicado los hechos y ha confirmado el envío de un equipo para examinar las necesidades más acuciantes

La agencia de Naciones Unidas también ha apelado a la contención en la zona, después de que se hayan detectado tensiones entre los migrantes y los vecinos de una localidad cercana

12.09.2020 | RD/EP

El Papa recibió en la mañana de ayer en el Palacio Apostólico al cardenal Jean Claude Hollerich, presidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (COMECE), con el que ha tratado diversos temas, entre ellos «la triste situación» del campo de refugiados de Moria en Lesbos (Grecia), donde se hacinan cientos de refugiados con derecho a asilo y que quedó completamente devastado por un incendio.

«El Papa Francisco recibió al cardenal Jean Claude Hollerich, presidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (COMECE), para afrontar el proceso de diálogo entre la Iglesia católica y las instituciones europeas, así como la triste situación en el campo de refugiados de Moria en Lesbos (Grecia) y la necesidad de asistir a los más pobres y vulnerables», según ha confirmado la institución que engloba la jerarquía episcopal europea en su cuenta de Twitter.

Hollerich ya había denunciado que el incendio del martes en el campo de refugiados de Moria era «una vergüenza para Europa». «Creo que lo que está ardiendo o se ha quemado allí no es sólo el campo de Moria, el campo de refugiados. La esperanza del pueblo se ha quemado. La humanidad de Europa, la tradición del humanismo, del cristianismo, ya no existe tampoco», señaló en una entrevista con Radio Vaticana. En este sentido incidió en que esas personas «no tenían más esperanza». «Han perdido toda esperanza, están desesperados, no saben qué hacer. El fuego mismo me parece una expresión de toda esta desesperación», manifestó.

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ha lamentado en un comunicado los hechos y ha confirmado el envío de un equipo para examinar las necesidades más acuciantes. Las autoridades no tienen constancia de ningún daño personal por los incendios.

La agencia de Naciones Unidas también ha apelado a la contención en la zona, después de que se hayan detectado tensiones entre los migrantes y los vecinos de una localidad cercana. Asimismo, ha instado a quienes ya han dado positivo por COVID-19 a restringir los movimientos mientras se busca una solución para su aislamiento

 

Lo que se ha quemado: la humanidad de Europa, la tradición del humanismo…

Incendio en el campamento de refugiados de Moria: una «catástrofe anunciada»

Alambrada en Moria durante el incendio

El dramático incendio se ha producido después de meses de tensión dentro del campamento de la isla griega de Lesbos, en el que se han detectado 35 casos positivos de coronavirus

La coyuntura sanitaria (y la falta de garantías higiénicas con la que afrontarla) venía agravando la situación de hacinamiento que sufren los miles de refugiados encerrados en Moria, olvidados por las políticas europeas

Esperando una respuesta inmediata y «paneuropea», una de las propuestas de la Iglesia de Alemania ha sido trasladar a los damnificados de Moria a cruceros

09.09.2020 Lucía López Alonso

Tras años de estancamiento desde que la crisis de refugiados en Europa estallara en 2015, el campamento de Moria, en la isla griega de Lesbos, hoy ha amanecido en llamas. El dramático incendio se ha producido después de meses de tensión dentro del campamento, en el que se han detectado 35 casos positivos de coronavirus.

La coyuntura sanitaria (y la falta de garantías higiénicas con la que afrontarla) venía agravando la situación de hacinamiento que sufren los miles de refugiados encerrados en Moria, olvidados por las políticas europeas. Por eso el fuego ha sido recibido, según las declaraciones de Oliver Müller, jefe de Caritas Internacional, como una «catástrofe anunciada».

«Incluyo a todos los que sufren en mis oraciones», ha dicho en Bonn el Arzobispo Stefan Heße, presidente de la Comisión de Migración de la Iglesia Católica alemana. Este representante especial para asuntos de refugiados de la Conferencia Episcopal no ha tardado en manifestar su indignación por el suceso. Lamentando, como ha recogido katolisch.de, que podía haberse evitado si las condiciones de habitabilidad de Moria no fuesen tan inmundas.

Más dura si cabe ha sido la reacción del cardenal Hollerich. «Creo que lo que está ardiendo o se ha quemado allí no es sólo el campo de Moria, el campo de refugiados. La esperanza del pueblo se ha quemado. La humanidad de Europa, la tradición del humanismo, del cristianismo, ya no existe tampoco», ha declarado el Presidente de la COMECE. Recordando su visita a Moria junto al Limosnero del Vaticano (el Papa Francisco lo hizo en 2016), ha advertido de la xenofobia que esconde la inacción de Europa: «Creo que muchos gobiernos están escuchando a la derecha radical que no quiere refugiados».

Llamando a la sociedad civil y sobre todo a la clase política a «superar la crisis humanitaria en las fronteras exteriores de la UE», la Iglesia Católica Alemana ha sido respaldada también por la Protestante. «La extensión del fuego me hace temer lo peor. Todavía no está claro si han muerto personas», ha publicado en Facebook el presidente de su consejo, el obispo Heinrich Bedford-Strohm.

Tras conocerse el detalle de que un tercio del campamento de Moria ha sido arrasado por las llamas, el Comité Central de Católicos Alemanes ha denunciado que «el fuego puede estar bajo control, ¡pero el problema no lo está!». Esperando una respuesta inmediata y «paneuropea», una de las propuestas de la Iglesia de Alemania ha sido trasladar a los damnificados de Moria a cruceros de la costa que actualmente, debido a la Covid, no se están utilizando.