Agente de pastoral hondureño asesinado

La Iglesia en América Latina condena asesinato en Honduras de líder indígena y agente pastoral

Pablo Isabel Hernández se dirigía a su comunidad a “celebrar la palabra” cuando cayó a manos de sus verdugos

El agente eclesial fue asesinado camino a su comunidad

El asesinato de Pablo Isabel Hernández, líder indígena, defensor de derechos humanos y agente pastoral, ocurrida este 09 de enero, ha causado indignación en todo el ámbito eclesial latinoamericano.


Pablo, según informaron el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) y a Red Eclesial Ecológica Mesoamericana (Remam) en un comunicado, “la mañana del domingo se dirigía a la comunidad donde iba a realizar una celebración de la Palabra”.

Unos sujetos, sin mediar palabra, lo asesinaron disparándole por la espalda, en el municipio de San Marcos de Caiquín, departamento de Lempira.

Un hombre fiel a Dios

El líder de la etnia indígena lenca se desempeñaba como agente pastoral y además era presidente de la Red de Agroecólogos de la Biósfera Cacique Lempira, impulsor de la Universidad Indígena y de los Pueblos y Alcalde Mayor de La Auxiliaría de La Vara Alta de Caiquín, en el departamento de Lempira.

“Pablo era un hombre de Dios, que amaba a su familia, amaba a los suyos y respetaba y hacía respetar la ‘Casa Común’”, indicaron desde el Celam y Remam.

Asimismo han expresado sus condolencias a familiares al tiempo que “exigimos a las autoridades competentes el pronto esclarecimiento de este vil crimen, así como el sometimiento a la justicia penal de los responsables”.

Elecciones en Honduras

Los retos feministas de Xiomara Castro, la primera presidenta de Honduras 

Xiomara Castro saluda a sus seguidores tras conocer los resultados electorales.INTI OCON  

En el país con más feminicidios de la región, donde el aborto está prohibido bajo cualquier circunstancia y miles de familias son empujadas cada año a migrar, el cambio de Gobierno renueva las esperanzas de las mujeres 

SALLY PALOMINO 

Neesa Medina no recordaba cuándo había sido la última vez que sintió el impulso de encender la radio, sintonizar alguna cumbia y ponerse a bailar. Hacía mucho tiempo, años, que no sentía una pizca de esperanza que la motivara a pensar que Honduras, su país, podría tomar un rumbo diferente. Esta semana, con Xiomara Castro elegida como presidenta, la música ha vuelto a su casa y confiesa que la sensación de calma se siente extraña. “El país estaba de luto. Siempre estamos en duelo”, dice Medina, integrante de la plataforma Somos Muchas, una coalición de organizaciones y colectivos sociales de mujeres y feministas. 

Desde el golpe de Estado, hace doce años, el día después de cada jornada electoral estaba marcado por violentas protestas y los toques de queda nocturnos. “Se siente raro celebrar, temíamos que al final algo pasara, que hubiera otro golpe, que lograran hacer fraude”, relata por teléfono desde Tegucigalpa. En la mañana del lunes, intercambiaba mensajes por chat con otras que tenían un sentimiento parecido. “¿Qué es esta paz?, ¿qué es esta calma a la que no estamos acostumbradas?”, cuenta que se preguntaban. 

El respaldo a Xiomara Castro, de 62 años, es mayoritario. Así lo confirman los votos: con más del 67% de las actas escrutadas, la candidata ha obtenido el apoyo del 51,5% de la población frente al 35% del siguiente candidato, el oficialista Nasry Asfrura. Pero para las hondureñas, su victoria es el paso más grande que han dado las mujeres en el país, es una verdadera “revolución”, dice Medina. Y no lo es por el solo hecho de que Castro será la primera presidenta de Honduras, sino porque con su victoria ha logrado romper con el bipartidismo que se ha repartido el poder durante décadas y porque esperan que su victoria ponga fin a los últimos doce años de gobierno conservador en los que los ciudadanos no han hecho más que resistir. “El efecto inmediato de la elección de Xiomara es despertar con esperanza, hay gente que decidió suspender sus planes de migrar porque saben que la mujer que tomará el poder lo hará de forma distinta a lo que han sido los últimos gobiernos”, confía Medina. 

Honduras es un país difícil para ser mujer, los retos que tiene la nueva presidenta por delante no son pocos. Es el país con más feminicidios en la región: 4,7 por cada 100.000 mujeres, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Este año, hasta el pasado 25 de noviembre, habían sido asesinadas 321. Además, la impunidad en estos casos supera el 95%, no existe justicia y mucho menos reparación. Cada tres horas hay una denuncia por abuso, cada 17 matan a una mujer y cada mes al menos 20.000 casos violencia doméstica son denunciados. Neesa Medina se sabe las cifras casi de memoria porque en Honduras la violencia es cotidiana, cercana. “Siempre hay peligro”, dice. Las mujeres han tenido que aprender a vivir con miedo, a ser asesinadas o desaparecidas. Las madres se fijan muy bien en el color de la ropa, en las prendas que llevan sus hijas cuando salen de sus casas por si las desaparecen y necesitan describirlas para encontrarlas. 

“Desde el golpe de Estado, la situación de las mujeres no solo se ha estancado, sino que ha retrocedido. En 2014, las tasas de violencia superaban las de Siria, con Siria estando en guerra. Es urgente que haya control de armas. No es normal que una persona pueda andar hasta con tres armas, que las calles estén militarizadas. Todo esto en un país machista contribuye a la violencia contra las mujeres. Son armas que terminan dejando víctimas de feminicidios”, dice Medina. La lista de reclamos de las mujeres en Honduras es larga. También es el país con más niñas embarazadas. La tasa de natalidad de adolescentes en Honduras es de 89 por cada 1.000 niñas, superior al promedio regional de 61 por 1.000 y más del doble del promedio mundial, según el programa sobre salud sexual y reproductiva de Naciones Unidas. 

Honduras es uno de los cinco países de América Latina donde el aborto está penalizado bajo cualquier circunstancia. Y, desde 2009, ni siquiera las víctimas de violación pueden acceder a la píldora de emergencia. A las mujeres las fuerzan a ser madres en un contexto violento y en un país con una tasa de pobreza del 74%. Además, la economía de las mujeres hondureñas es más débil que la de los hombres porque sobre ellas recae el cuidado de las familias. “No hay oportunidades para las mujeres en Honduras y eso genera o dependencia económica o la necesidad de migrar”, afirma. El camino para buscar un mejor futuro en otro país también es peor para ellas: “Muchas sufren abuso sexual. No es un secreto, en los chats de las caravanas migrantes se hacen recomendaciones como llevar doble pantalón para que sea más difícil que las violen, o buscar en Guatemala pastillas para abortar, por si quedan embarazadas tras un abuso”, relata la activista. 

El camino que tiene por delante la nueva presidenta no será fácil y tomará tiempo, opina Regina Fonseca, investigadora y directora de incidencia política internacional del Centro de los Derechos de la Mujer en Honduras. “Muchos cambios tal vez no sean inmediatos porque no es posible con las condiciones en las que está el país. Tenemos que reconstruirlo. Los cambios que involucran al poder legislativo serán más difíciles porque en el Congreso hay fuerzas distintas, grupos conservadores”, señala Fonseca en un mensaje de voz. 

La propuesta de Xiomara Castro en campaña de despenalizar el aborto en las tres causales básicas, como en caso de violación, generó polémica en Honduras, un país donde el conservadurismo es aún muy fuerte. Según datos del Centro de Estudios de la Mujer, cada año unas 2.300 mujeres son violadas, el 60% de ellas son menores de edad y un 30% del total resulta embarazada tras el abuso. “Nos encontramos en un escenario de mucha esperanza de cambio. No porque Xiomara sea mujer, claro que eso influye, pero es sobre todo porque es una mujer sensible a los derechos humanos. Que haya ganado significa que se le ha dado un rotundo no al autoritarismo y a la corrupción que hemos vivido los últimos doce años”, dice Fonseca, quien lleva toda la semana atendiendo entrevistas. Nunca como ahora habían pensado tanto en las feministas tras una elección presidencial en Honduras. 

Castro no fue la única mujer que llenó de optimismo a las mujeres en estas elecciones. También lo hizo Rixi Moncada, miembro del Consejo Nacional Electoral, por su papel en la organización de los comicios. “Demostró ser una funcionaria capaz de oponerse a los intentos por manipular el proceso, su trabajo ofreció garantías. Había temor de que esta vez, como las anteriores, hubiera fraude”, dice Neesa Medina. Para ella, la calma tras la votación del domingo es extraña después de todo lo que ha pasado el país en poco más de un año. Dos huracanes seguidos, Eta e Iota, arrasaron con todo a finales de 2020, en el peor momento de la pandemia. “Fue muy doloroso ver el desprecio con el que el Gobierno trató a la población. Hoy todo es dimensionalmente distinto. Hoy le decía a mi papá que por fin me dieron ganas de poner cumbia todo el día”. 

Xiomara Castro, el renacer de Honduras

Xiomara Castro

 Ilka Oliva Corado 

Mucho han dolido las humillaciones que sufren los migrantes centroamericanos indocumentados que tratan de atravesar México para llegar a Estados Unidos, buscando salvarse de la violencia institucional del narco-Estado: en el caso de Guatemala, El Salvador y Honduras. El famoso triángulo norte que tanto cargan para acá y para allá los políticos en el discurso de las empresas transnacionales que a cambio de una migaja que lanzan desde la mecedora donde se hamaquean; plácidos y jampones, se llevan las entrañas de la tierra que están secando, porque no es la suya, es la de los pueblos mancillados desde hace siglos. 

Pueblos infestados de corrupción, empobrecidos y violentados que han sido obligados a emigrar en esas grandes peregrinaciones a las que la prensa ya no le pone atención porque son el pan nuestro de cada día. Violaciones, secuestros, asesinatos, nada espanta ya, son migrantes, los últimos de los últimos. Con la pequeña variante que desde hace una década son familias enteras las que migran, con sus hijos a tuto, con las lágrimas como mar salado surcándoles los pómulos reventados por el sol. Labios partidos, sangrando, pies rajados, el alma rota. 

Las mujeres hondureñas, por su fisonomía de mulatas: carnes macizas, robustas, lomos anchos, caderas de yegua, son las más explotadas en el tráfico sexual en el camino migratorio. Las fosas clandestinas en México están llenas de ellas, porque una vez inservibles las desaparecen. Y esas madres centroamericanas que claman año con año, buscándolas, jamás las encontrarán con vida. La realidad es cruel, pero la esperanza es el único aliento. 

Canadá y Estados Unidos están llenos de estos migrantes que van a dejar lo que les queda de lomo, en los campos de cultivo, en los jardines de las grandes mansiones en los suburbios del norte, en la albañilería, en los oficios de mantenimiento: en casas, oficinas y centros comerciales. Lo último de lo último lo hace el migrante indocumentado latinoamericano, pero bien sabido es que el mexicano y el centroamericano es el más buscado porque es el que más rinde y al que menos se le paga. Es el que migra desde las entrañas del arrabal y de los pueblos inhóspitos, en su gran mayoría sin saber leer ni escribir. 

El golpe de Estado a Manuel Zelaya en el 2009, fue un golpe al corazón del pueblo hondureño, los resultados los hemos visto: familias migrando en grandes caravanas. El narco-Estado de Felipe Calderón y Peña Nieto hicieron mella en territorio centroamericano, los canallas sin escrúpulo alguno decidieron hacer de Guatemala, El Salvador y Honduras la versión centroamericana de Colombia. 

El relato está escrito en calco, mares de lágrimas han sido derramados, el dolor como una herida abierta palpita en carne viva en la memoria de los migrantes que lloran a sus muertos y a sus desparecidos. Qué alzar la voz, que tener una ideología distinta, que buscar justicia, que luchar contra la impunidad no nos valga la vida. Que buscar comida, techo y una oportunidad tampoco. 

En el año de la post pandemia, sucedió lo inverosímil, Honduras decide ponerse en pie, honrando a todos los que fueron silenciados a la mala, a todos los que fueron lanzados al exilio y al olvido, a todos los que quedaron en el camino de la ruta migratoria, a todos los que jamás volverán, a todos los que sueñan con el regreso, a los que añoran. 

A los que aman ese pedacito de tierra: una jícara con atol de pinol, un pedazo de mango tierno con limón y sal, el agua fresca de los ríos, los retumbos del mar abierto, la sombra de los tamarindos, la teja mojada al amanecer. El olor a leña oreada, el ocote encendido en el polletón de la abuela, las manos del abuelo al que se le secó la vista esperando. A los que sueñan con llegar al camposanto del pueblo a enflorar a sus muertos. 

A los que esperan con los brazos abiertos el retorno de los suyos. A que la tierra florezca, a que los azahares perfumen las tardes, a que se pueda caminar sin temor en las calles de un país que ha sido arrodillado por hijos ingratos que irrespetaron la entraña que los parió. A los que esperan el la Ley de Aborto, el Matrimonio Igualitario, el derecho a la educación, a la salud, a la jubilación, la reforma agraria. En fin, a los que sueñan con el renacer de Honduras. 

No es tarea fácil la que tiene Xiomara Castro, pero sabemos que con dignidad, amor, humildad, memoria y ahínco podrá desempeñar a cabalidad la  responsabilidad que ha depositado el pueblo hondureño en ella. 

Las mujeres centroamericanas del pueblo, pueblo,  en memoria de Berta Cáceres y de tantos, saludamos a Xiomara Castro, esperando que cumpla las promesas de campaña sin olvidar a los pueblos originarios, al arrabal,  los derechos de género  que tanta falta nos hacen  y a los miles de hondureños que añoran el retorno desde la diáspora. 

Apoyo de obispos a la presidenta electa de Honduras

Los Obispos de Honduras saludan a la Presidenta electa y piden que promueva “un auténtico desarrollo” 

La presidenta electa, Xiomara Castro

  | Celam 

Tras las elecciones en Honduras el pasado 28 de noviembre, en la que fue elegida Iris Xiomara Castro como presidenta de esta nación centroamericana, los Obispos han saludado a la primera mandataria y han pedido que gobierne en pos de “un auténtico desarrollo y crecimiento de nuestro país y de cada familia”. 

En especial, abogan para que se busque el bien común en favor de los más pobres y excluidos, por ello han dicho que “nos sumamos a aquellos aspectos que la Sra. Xiomara ha señalado como prioridades de su gobierno y que nosotros también primamos”. 

Entre las que han señalado: “La erradicación de la pobreza, la lucha contra la impunidad, la generación de empleos, la dignificación del sistema de salud y de la educación”. 

Al respecto, mencionan al Papa Pablo VI, quien “había presentado el desarrollo de los pueblos como el paso de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas: esto es un verdadero acto de justicia y de solidaridad”. 

Transparencia en todos los niveles electivos 

Al tiempo han indicado que esta elección presidencial “es solo uno de los componentes de las elecciones celebradas recientemente”, puesto que “fueron elegidas autoridades edilicias para los 298 municipios del país y, además, los diputados al Congreso Nacional”. 

“Con mucho pesar y sincera preocupación, hemos visto cómo en los últimos días se han levantado innumerables voces, señalando que se ha efectuado un fraude en estos otros niveles electivos”, han añadido. 

Por tanto, “hacemos un llamado a los entes responsables a prestar la debida atención a estos reclamos y a resolverlos de manera expedita y en base a la ley”. 

“Por el bien de nuestro país, no pueden quedar dudas sobre la transparencia en el recuento de los votos y el respeto de la decisión de los votantes”, han dicho. 

PUEBLO HONDUREÑO HA ELEGIDO EL SOCIALISMO

Cardenal Madariaga y Xiomara Castro

 Noviembre ha sido un mes de muchas elecciones ( Chile, Venezuela, Honduras) 

Llamaron mucha la atencion las de Venezuela y las de Honduras. En los dos casos estaban en juego el socialismo versus el neoliberalismo. 

En el caso de Honduras, el cardenal Maradiaga se hizo muy presente en la iglesia para llamar al pueblo de no dejarse llevar por ideologias (socialismo) puras promesas sin mañanas. 

Importa recordar que Xiomara Castro es la esposa del ex-presidente Manuel Zelaya, vivtima del golpe de Estado de junio 2009. Golpe de estado sostenido por el cardenal Maradiaga. 

Por | Oscar Fortin 

Las elecciones del 28 de noviembre, en Honduras, nos revelan un pueblo soberano e independiente, capaz de tomar por si mismo, sus propias decisiones. Los llamados del cardenal Maradiaga, al no dejarse engañar por las ideologías, no dieron resultados. Desde los tiempos del golpe de estado de junio 2009, el pueblo ha tomado madurez y sabe, mejor que muchos otros, el camino a seguir para lograr los intereses del pueblo entero.  Sabe también los verdaderos intereses de los que tratan manipularlo.  

El tiempo en que el Pueblo se dejaba manipular, tanto por los políticos que por los episcopados, ya ha pasado. Fue el caso del Pueblo venezolano como fue, ahora, el caso del Pueblo hondureño. Un hecho que las instituciones y personalidades implicadas deben tomar en cuenta. Si ellos siguen respetados no son por lo tanto mas creíbles en sus reclamos políticos.  

Lo que mas recomiendo es profundizar la doctrina social de la Iglesia. Tenemos las encíclicas del Papa Juan XX111, las del papa Pablo II, y las del Papa J.P. II y del Papa Francisco, en su Evangelio Gaudium. De eso, obispos y sacerdotes deben ser enterados y capaces  de darla a conocer a los pueblos y políticos. 

Importa que el Vatican con los episcopados se dediquen mas a la doctrina social de la Iglesia que a la defenza del neo-liberalismo y que esten mas cerca de sus pueblos que de las oligarquias nacionales y interncacionales que alimentan el  capitalisme salvaje. 

Con el socialisme del siglo xxi ,promovido por Chavez, quize hacer una comparacion de este con el pensamiento social del Papa Juan XXIII. Vean por su cuenta. 

https://www.religiondigital.org/humanismo_de_jesus/Papa-Juan-XXIII-Socialismo-XXI_7_1840385968.html

Presidenciales en Honduras

La izquierdista Xiomara Castro proclama su victoria 

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Xiomara Castro

Honduras bascula hacia la izquierda. Con resultados aún parciales, los seguidores de Xiomara Castro han salido a las calles a celebrar su victoria en las presidenciales. 

Xiomara Castro llama a la reconciliación 

Xiomara Castro, candidata del partido de izquierda Libertad y Refundación (Libre) y esposa del depuesto expresidente Manuel Zelaya, ha hecho un llamamiento a la reconciliación. 

«Vamos a formar un Gobierno de reconciliación en nuestro país. Un Gobierno de paz y un Gobierno de justicia. Vamos a iniciar un proceso en toda Honduras para garantizar una democracia participativa, una democracia directa». 

Con casi el 40 % de los votos escrutados, Xiomara Castro obtenía más del 53 % de las papeletas, frente al 34% de su principal rival, el alcalde de Tegucigalpa, Nasry Asfura, del oficialista Partido Nacional. 

¿Regreso de la izquierda doce años después de la salida de Manuel Zelaya? 

De confirmarse estos resultados, la victoria de Castro acabaría con 12 años de Gobierno conservador en Honduras y devolvería a la izquierda al poder por primera vez desde que Manuel Zelaya fue depuesto por un golpe de Estado en 2009. 

La participación en estas elecciones, del 68 %, ha sido histórica. Los comicios se han celebrado sin incidentes significativos, pero en un contexto muy tenso, con el actual presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, haciendo frente a las sospechas de narcotráfico, mientras del país, sacudido por los efectos económicos de la pandemia y los desastres naturales, siguen saliendo olas de migrantes hacia Estados Unidos. 

Honduras contra las ZEDES

Obispos de Honduras: «Las ZEDES son anticonstitucionales»

Las Zonas de empleo y desarrollo económico (ZEDES), proyecto lanzado en 2013 pone en peligro los derechos humanos de la población y de los territorios que habitan

«Las ZEDES fueron creadas en abierta violación de la Constitución de la República de Honduras y en detrimento de nuestro ordenamiento territorial» afirman los obispos hondureños

Las ZEDES, reitera la CEH, no son más que «ciudades exclusivas y privilegiadas frente a una población que vive en la pobreza»

 | RD/Vatican News

El debate sobre las llamadas «ZEDES», o «Zonas de Empleo y Desarrollo Económico», está candente en Honduras. El proyecto, lanzado en 2013, prevé la creación de un nuevo tipo de división administrativa -llamada «ciudad modelo»- con un alto nivel de autonomía política, judicial, económica y administrativa. El objetivo es atraer a los inversores extranjeros y generar empleo, especialmente en las zonas más remotas del país.

La Asociación de Fiscales, el Colegio de Economistas, la Orden de Abogados y la Orden de Médicos, las universidades, los sindicatos y las organizaciones sociales y de derechos humanos se oponen al proyecto. Está en juego el papel del Estado como «garante de los derechos fundamentales»: en la ZEDES, esta tarea se encomendaría a los Camps (Comités de adopción de buenas prácticas), con el consiguiente riesgo de reservar el acceso al derecho a la salud, la educación y la seguridad social a unos pocos.

También hay fuertes movilizaciones en los territorios indígenas, que corren el riesgo de ser expropiados, mientras crece la preocupación de que las «ciudades modelo» se conviertan en realidad en paraísos fiscales y refugio de capitales ilícitos.Entre los que dicen no a las Zonas está ahora también la Conferencia Episcopal de Honduras (CEH), que en una nota afirma: «Las ZEDES fueron creadas en abierta violación de la Constitución de la República de Honduras y en detrimento de nuestro ordenamiento territorial». No sólo son inconstitucionales, sino que incluso violan el primer párrafo de la Ley de Independencia Absoluta de 1823, que evoca los derechos sagrados de la naturaleza.

Reclamo ante indolencia de autoridades

Al mismo tiempo, los obispos lamentaron la «insensibilidad e indolencia» con la que las autoridades y la mayoría política se han enfrentado al pueblo que «reclama justicia, respeto a los derechos fundamentales, defensa de la soberanía e integridad de la patria». «Pedimos pacíficamente la no aplicación de la ZEDES», dice la nota, «y con firmeza y respeto le decimos al Congreso Nacional que ha llegado el momento de demostrar si realmente quiere el bien del pueblo». «Muestren a quién representan realmente», piden los obispos a los diputados, «demuestren que les interesa el bien común y no salvaguardar sus intereses personales y egoístas». Al mismo tiempo, los obispos piden al Tribunal de Justicia que «mantenga su independencia, sin plegarse a intereses particulares», contrarios al bien del país. «En un ambiente de confusión y ofuscación, como el que ahora vivimos», continúa la declaración episcopal, «es de suma importancia evocar la necesaria separación e independencia de los poderes de la nación.

No se resuelven los verdaderos problemas del país

Además, la CEH define las ZEDES como «una cortina de humo que compromete a todo el mundo, mientras el tiempo pasa sin que se aborden los verdaderos problemas del país», y subraya que la Iglesia «no está en contra del desarrollo de Honduras, al contrario: está a favor de él, siempre que no se produzca de esta manera». Lo que está en juego, de hecho, es «el bien de la población y el bienestar de cada familia» porque no se trata de un mero enfrentamiento político, ya que «todos formamos parte del mismo país y estamos en el mismo barco: si uno gana, todos ganamos, pero si uno pierde, todos perdemos». Por la dignidad, la justicia y la patria», continúan los obispos, «no podemos ser espectadores pasivos de la expropiación y la desintegración irreversible de nuestra nación».

Las ZEDES, reitera la CEH, no son más que «ciudades exclusivas y privilegiadas frente a una población que vive en la pobreza». De hecho, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, cerca del 40% de la población hondureña vive en la pobreza extrema y el 67,4% en la pobreza relativa, concentrada principalmente en las zonas rurales. «Sin embargo, hoy más que nunca», dicen los obispos, «Honduras necesita el compromiso de todos para construir una nación más digna y próspera, donde la gente luche codo con codo, donde el bien de uno beneficie a todos y la felicidad de uno sea la alegría de todos». La nota de los obispos concluye: «Que se escuche el grito de justicia del pueblo».

Honduras, un país roto

Por Ismael Moreno

Honduras, un pequeño país con una privilegiada ubicación, con costas en dos océanos, cuyas fronteras terrestres lindan con tres países en la franja delgada de Centroamérica y con una amplia biodiversidad. Con más de nueve millones de habitantes en un territorio de 112,492 km2, es mayoritariamente mestizo, aunque con al menos nueve etnias distintas. La sociedad está conducida por un grupo de unas 250 familias que conforman la élite oligárquica hondureña, en el ensamblaje de un modelo organizado para concentrar las riquezas y ganancias en muy pocas manos, dejando a millones sin oportunidades para acceder a una vida en dignidad. Seguir leyendo

Caravana de hondureños frenada por ejército guatemalteco

Guatemala frena por la fuerza la caravana de migrantes que se dirige hacia México
Militares y policías cercan a miles de hondureños que buscan llegar a Estados Unidos, mientras el Gobierno de López Obrador redobla el blindaje de la frontera

La caravana es frenada por el ejército guatemalteco en Chiquimula, Guatemala.

La primera gran oleada migratoria de 2021 en América Latina, miles de hondureños que huyen de la violencia y de la miseria, ha quedado cercada este domingo por militares y policías a su paso por Guatemala. Las fuerzas armadas del país centroamericano detuvieron por la fuerza, con gases lacrimógenos y cargas, a los migrantes que se dirigen hacia México y buscan llegar a Estados Unidos con la esperanza de que la Administración de Joe Biden, que tomará posesión el miércoles, dé un giro a sus políticas de acogida. El viernes salió de la ciudad de San Pedro Sula, donde los huracanes Eta e Iota tuvieron efectos devastadores, un grupo de unas 3.500 personas. Con el paso de las horas, se sumaron otras columnas hasta llegar a 9.000 aproximadamente, según las estimaciones de las autoridades.
“Estamos viendo que esta gente que se sumó a esta caravana realmente está en una situación totalmente irregular y muy difícil de manejar. Sin embargo, tenemos la coordinación con PNC [Policía Nacional Civil], el Ejército y todas las instituciones de apoyo”, afirmó Guillermo Díaz, director del Instituto Guatemalteco de Migración. El eufemismo choca con las escenas de represión que se vieron en los alrededores del kilómetro 177 de la vía que cruza el Departamento de Chiquimula, en Vado Hondo, según los vídeos difundidos por los reporteros y el personal de organizaciones humanitarias desplegado en la zona. “Estamos muy preocupados porque viene otro grupo de la misma proporción que está saliendo de El Florido esta misma mañana”, agregó Díaz. “Esperamos que la situación se detenga y este flujo termine”.
Una de las razones que alegan las autoridades de Guatemala para detener la caravana es la pandemia de coronavirus. “Estamos preocupados con esta situación, que de alguna manera pone en riesgo a la población en términos de salud”, argumenta el responsable de Migración. México también advirtió de que todo migrante que quiera cruzar la frontera con el Estado de Chiapas deberá someterse a los controles y a los protocolos contra la covid-19. El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador redobló con efectivos militares el blindaje del Puente Internacional Rodolfo Robles entre Ciudad Hidalgo y Tecún Umán y en Tapachula.
Las organizaciones independientes dedicadas a la ayuda humanitaria como Cruz Roja y ONG de defensa de los derechos humanos llevan días alertando sobre la exposición de los migrantes y las posibles vulneraciones. “Muchas personas sufren accidentes y amputaciones, enfrentan extorsiones y violencia sexual, o desaparecen y son separadas de sus familias. Algunas son asesinadas o mueren a causa de enfermedades o inclemencias del tiempo”, declaró Lorena Guzmán, coordinadora de Migración del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Centroamérica y México. A esos peligros se añaden ahora los riesgos de la pandemia: la escasez de agua o acceso al lavado de manos y las aglomeraciones.
Varios migrantes hondureños descansan en una carretera después de que el ejército guatemalteco detuviera su paso.ESTEBAN BIBA / EFE
Esta oleada migratoria tiene especial trascendencia política porque se da en una coyuntura crucial. El demócrata Joe Biden está a punto de asumir el cargo de presidente de Estados Unidos y tiene en sus manos dar un giro a las decisiones adoptadas por Donald Trump en los últimos cuatro años. El mandatario saliente y López Obrador llegaron a cooperar para contener las caravanas y ante las amenazas del magnate, que agitó el fantasma de una guerra arancelaria a las exportaciones, México se avino a militarizar la frontera sur y endurecer los controles de los migrantes que ingresan desde Guatemala.
En una conversación telefónica entre López Obrador y el presidente electo Biden días antes de Navidad ambos acordaron iniciar un nuevo camino en materia de política migratoria y, al menos sobre el papel, se comprometieron a promover la “cooperación entre EE UU y México para garantizar una migración segura y ordenada, contener el coronavirus, impulsar las economías de América del Norte y asegurar la frontera común”. Eso supondrá también, según informaron ambos Gobiernos, “lidiar con las causas fundamentales de la migración en El Salvador, Guatemala, Honduras y el sur de México, para construir un futuro de mayor oportunidad y seguridad en la región”. Biden admitió en la recta final de la campaña electoral que durante los mandatos de Barack Obama, cuando él ocupó la vicepresidencia, no se atendió esta emergencia con la urgencia que merecía. Ahora planea regularizar a 11 millones de personas que se encuentran en Estados Unidos sin papeles en los primeros días de su Administración.

Prevención y ABC de Honduras:

Prevención y ABC de Honduras: ¿Por qué no convertirla en gran tarea nacional?
Ismael Moreno SJ (melo)
Descuido y ausencia de previsión
La pandemia del Covid-19, y últimamente los fenómenos naturales Eta e Iota, nos han despertado de un tajo a lo que somos como sociedad: una sociedad desprotegida y desprevenida. Ya lo sabíamos, ni que fuésemos insensibles ante nuestra deprimente realidad, que de acuerdo a los expertos y analistas más acreditados dentro del país como de reconocidos medios e instituciones internacionales, es conducida y gestionada por reducidos grupos de políticos ladrones e incompetentes.
Pero eventos extremos como los que nos han estremecido en el año, nos despiertan de nuestros tranquilos sueños, para unos tranquilos, para otros turbulentos. Ante estos eventos de riesgo damos respuestas improvisadas, dispersas, superficiales y con frecuencia populistas y demagógicas. Y alguna gente, la que duerme tranquila y a sus anchas, inevitablemente se despertó, pero volverá a su oficio y actitud de siempre: dormida y de espaldas a las realidades angustiosas de la inmensa mayoría de la sociedad.
En el caso de la tormenta Eta, todo mundo sabía dos semanas antes, incluso hasta pormenores de su intensidad y de su posible ruta, que en cualquier caso, siempre cruzaría territorio hondureño. El embate más fuerte de las intensas lluvias ocurrió en los días martes 3 y miércoles 4 de noviembre, pero sus aguaceros comenzaron desde el día domingo primero de noviembre.
Sin embargo, el día lunes 2 de noviembre, el gobierno siguió haciendo alharaca de la llamada semana de vacaciones morazánica. El propio titular del ejecutivo insistió en los más de doscientos mil pequeños empleos de turismo que se beneficiarían de esa semana, y que bajo ninguna circunstancia se suspendería. Esto se dijo y se ratificó mientras las alertas internacionales advertían de la peligrosa intensidad del evento y el indiscutible recorrido por territorio hondureño.
El miércoles 4 de noviembre, ya tarde de la noche, el gobierno convocó a Cadena Nacional para informar de los preparativos que se tenían, que incluía operativos de rescate y otras acciones a implementarse a partir del día siguiente. Esta información valiosa el gobierno la daba cuando decenas de miles de familias estaban damnificadas y muchas miles de personas llevaban más de 24 horas en los bordos de los ríos o en los techos de sus viviendas a lo largo de las comunidades del extenso valle de Sula.
El día viernes 6, siempre a altas horas de la noche, todo el equipo de gobierno responsable de conducir la emergencia, declaró en Cadena Nacional que las Fuerzas Armadas y las diversas instituciones del Estado estaban impulsando labores de rescate y emergencia, y se aprestaban a entregar 85 mil “comidas calientes” a las familias damnificadas. Sin embargo, las respuestas unánimes de los damnificados a la pregunta de si estaban atendidos por instancias del gobierno, ha sido que el gobierno está ausente, que nadie se ha hecho presente en las zonas inundadas y en los albergues. La inmensa mayoría de actividades, sea de rescate y atención urgente, fueron realizadas por iniciativas particulares de vecinos o de organizaciones improvisadas de jóvenes o personas que pusieron sus recursos al servicio de la magnitud de la emergencia.
El día sábado 7 de noviembre, el propio titular del Ejecutivo dijo que el operativo organizado para la emergencia se hacía bajo la consigna: “No están solos”. Sin embargo, para entonces se había extendido otra consigna por todos los ambientes de albergues y zonas inundadas: “Solo el pueblo salva al pueblo”, en base al testimonio universal de que el gobierno había dejado solo al pueblo, y que si no hubiese sido por las iniciativas particulares y de solidaridad surgidas de entre la gente, la población inundad habría muerto.
Mientras el gobierno declaraba que estaba destinando muchos recursos para la atención de los damnificados, un alto funcionario de COPECO confesaba en círculos muy íntimos que Casa Presidencial no respondía, que le suministraban nada para el trabajo de atención directa a la población afectada. Casa Presidencial dejó sola a la gente damnificada, así como unos pocos meses atrás había dejado sola a la población contagiada por el Covid-19, saqueando muchísimos de los millones aprobados para aliviar las consecuencias de la pandemia.
En el otro extremo, y siempre como expresión de la incompetencia e improvisación pública, el gobierno convocó a Cadena Nacional el día 12 de noviembre para decretar alerta roja a nivel nacional, cuando el fenómeno Iota estaba a 1500 kilómetros de territorio continental, faltaban al menos 92 horas para su llegada, y saltando los protocolos de las alertas verde y amarilla que significan preparación, organización y prevención inmediata, que preceden la alerta extrema de evacuación obligatoria. Esto conllevó no tanto a advertir a la población, sino a crear ambientes de pánico, de modo que a partir del anuncio del decreto de alerta roja, comenzaron a circular rumores de que rodo Lima desaparecería y que había de evacuarla, y que se avisaba a la población de El Progreso a desalojar por completo la ciudad porque las inundaciones arrasarían con toda la vida que encontraran a su paso.
Joh el desastre mayor
El régimen de Juan Orlando Hernández ha cumplido en diez años un imbatible y doble servicio destructor a la sociedad hondureña: por una parte ha destartalado la institucionalidad del Estado de derecho, y ha conducido a sus decisiones personales y discretas. Sea el Ministerio Público, sea la Corte Suprema de Justicia, sea COPECO o cualquier otra institución, subordinan sus acciones y funciones a los intereses del Titular del Ejecutivo, quien a su vez, no solo toma las decisiones por encima de los otros dos poderes del Estado, a través del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad, sino que se permite inconsultamente de crear nuevas instituciones, como el Ministerio de Transparencia, dejando de lado varias instituciones que tienen justamente ese el oficio de auditar el uso de recursos públicos.
Y por otra parte ha dejado a la población en la intemperie ante la comunidad internacional. Nunca el Estado había tenido tan poca respuesta por parte de la cooperación internacional, como ha ocurrido en este tiempo de pandemia, y especialmente con el paso de los eventos climatológicos actuales. En otros eventos, no habían pasado ni 24 horas cuando era notable el anuncio de la comunidad internacional expresando su solidaridad y con el compromiso palpable de ayudar a las víctimas a través de las instituciones del Estado. En esta ocasión el perfil de solidaridad y ayuda ha sido muy bajo.
¿Por qué pasa esto? Basta el alto deterioro y desprestigio que ha alcanzado la administración de Juan Orlando Hernández para tener una respuesta. La comunidad internacional no está dispuesta a volcarse en ayuda al país por la experiencia que tiene y conoce –y que se dice a baja voz –cuando no hay micrófonos o ambientes protocolarios, por todos los pasillos de las embajadas y de organismos cooperantes– de las sospechas de los desvíos millonarios de los recursos por parte de los miembros de los equipos más cercanos a Casa Presidencial. Esta administración ha dejado en el abandono a la gente, por arrasar con la institucionalidad, y por ganarse la desconfianza de la comunidad internacional. Y en ambas situaciones, la población más empobrecida, paga todas las consecuencias en su propia vida. Por Honduras han pasado y están pasando varios eventos que han dejado desgracias, destrozos y desastres. Sin embargo, el desastre más grande que le ha ocurrido al país, al menos a lo largo del presente siglo, es una administración esencialmente corrupta, delincuente e incompetente como la de Juan Orlando Hernández.
Sociedad rota
Tanto el Covid-19 como los fenómenos climatológicos, como Eta, nos encontraron desprevenidos, tanto a la institucionalidad del Estado, como a los diversos sectores y organizaciones sociales y movimientos de la sociedad civil. Los miles de damnificados que salieron a los bordos de los ríos para salvarse, que perdieron todos sus enseres que tanto les costó, y que han tenido que guarecerse en improvisados albergues, eran damnificados mucho antes del evento catastrófico. Lo eran mucho antes de la pandemia, cuando progresivamente, y en especial a lo largo de estas dos primeras décadas del siglo, sus vidas se fueron degradando a la par de la degradación ambiental y ecológica y de la institucionalidad del Estado de derecho y la democracia.
Todo se fue viniendo abajo, y cuando a la población le cayó de un porrazo el Eta, ya era desde hacía mucho tiempo una población rota en todos sus tejidos humanos, familiares, políticos, culturales y religiosos. Todo está roto. A lo largo de lo que va del siglo, el pueblo hondureño se ha ido configurando en torno a un estado de indefensión y de damnificación.
Desconfianza y despolitización
Esa ruptura de los tejidos, se expresa en la desconfianza hacia todas las instituciones públicas y políticas, como ha quedado dicho en los diversos sondeos de opinión pública del ERIC realizados cada año a lo largo de una década. Se expresa en la migración constante de una confesión religiosa a otra, que convierte al pueblo hondureño en religioso pero con raquítica estabilidad en una institucionalidad confesional.
Se expresa en la despolitización de un porcentaje que supera el 40 por ciento de ciudadanos que dicen no pertenecer a ningún partido político, pero tampoco pertenecen a organizaciones comunitarias, sindicales, ambientales o de derechos humanos. Esa despolitización convierte al pueblo hondureño en un pueblo amorfo, fácil de dejarse manejar por políticos o grupos de fuerza, como las pandillas o estructuras del crimen organizado, pero a su vez en un pueblo taimado, que dice sí a todo lo que viene de arriba, pero para hacer lo que le ronque la gana. Lo convierte en un conglomerado bajo la única divisa posible del sálvese quien pueda.
Huir de conflictos
Esa ruptura de tejidos se expresa en huir de los conflictos, evitar confrontaciones, y defenderse ante las amenazas con el silencio, la sumisión o la violencia activa, y cargada de crueldad. Y se expresa en huir hacia afuera. El pueblo hondureño es especialmente crítico de los políticos, y de estos políticos que conducen el Estado bajo el liderazgo de Juan Orlando Hernández. “Es un gobierno basura”, se suele escuchar en diversos ambientes. Pero nunca o casi nunca pasa de la palabra a la acción pública. Y en lugar de organizarse o de responder al llamado a emprender el camino interno hacia la capital demandar la salid de quien es responsable inmediato de sus males, la población agarra unos poquitos maritates y emprende el camino en caravana hacia el norte, así lo convierte en héroe mundial de las migraciones, pero ratifica su rasgo taimado, de no resolver de frente y con los demás sus problemas sino huir hacia otros lados, lejos, donde no tenga que dar cuenta de lo que hace más que a su familia, a través del envío de remesas.
Más miserables que pobres
Esa ruptura se expresa en la agudización del empobrecimiento de la población mayoritaria en Honduras. Según expertos, al finalizar el 2020 ocho de cada diez personas estará en la línea de pobreza, y un alto porcentaje, muy por debajo de esa línea. Los desempleados que comenzaron el año, seguirán desempleados, y miles de personas que comenzaron empleados en la industria de la maquila, en el comercio o en la industria del turismo, terminan el año desempleadas. Es decir, avanzamos, y ya estamos en ella, hacia una sociedad con una alta dosis de miserables. Y esto es de alta peligrosidad, porque puede ser tierra fértil para levantamientos espontáneos y sin control, o tierra fértil para populismos y mesianismos que se alimentan de poblaciones miserables a las que se pueden manipular por una bolsa solidaria o un mendrugo, y la miseria se transforma en votos que legitiman autoritarismos y dictadores.
Desprevenidos desde la organización de base
Y un rasgo fundamental de esa ruptura de tejidos es esa actitud de dejar pasar, de llegar a ser una sociedad hondureña desprevenida, ya no solo desde una institucionalidad improvisada y puesta a la altura de los manejos discretos de quienes ostentan altos cargos de responsabilidad, sino a nivel de las organizaciones sociales o la sociedad civil. En esta esfera de la sociedad es en donde con más fuerza se hace sentir la desprevención. Cuando la furia de un fenómeno natural actúa sobre las poblaciones aledañas a los ríos, las organizaciones actúan con muy bajo perfil, algunas incluso desaparecen como por arte de olvido, y elevan su presencia a través de las redes sociales, desde donde lanzan sus dardos implacables en contra de la corrupción, ineptitud y mentira de las autoridades públicas. No es por falta de voluntad. Es falta de previsión, y como expresión de los tejidos rotos.
Como organizaciones sociales y de sociedad civil, se llegó imperceptiblemente a la incapacidad para construir puentes sólidos y auténticas relaciones de horizontalidad entre las diversas organizaciones que con el correr de estos años se han multiplicado y han brotado a borbotones hasta en los lugares más inverosímiles del territorio hondureño. En lugar de puentes e hilos para tejer los tejidos rotos, se consolidó el archipiélago hondureño en donde caben todas las organizaciones sociales, siempre que cada una se sitúa indefectiblemente como isla. Así, las organizaciones sociales de todo tipo y de sociedad civil se han anclado sobre el mar de calamidades hondureñas, como isla. La existencia de miles de islas con sus planes estratégicos, marcos lógicos, estrategias y compromisos, tienen una línea muy fuerte de verticalidad con organismos de cooperación, los cuales en muchos casos son los definidores y constructores de muchas de las islas.
La imagen es fuerte: cada isla con hilos verticales movidos por encima de cada una de ellas por financiamientos y temáticas de organismos cooperantes, en una relación asemejada a las marionetas que no tienen vida propia, sus movimientos se definen por los intereses y voluntad de las manos que desde arriba mueven los hilos. Al ser tantas las energías, creatividades y compromisos por dar informes, a las organizaciones sociales y de sociedad civil les queda muy pocas iniciativas y capacidades para buscar horizontalmente a otras islas, y entonces se quedan aisladas, literalmente, unas de las otras. Cada organización resuelve con sus destinatarios en otra línea imaginaria de verticalidad, en un mar de confusiones e individualidades.
Archipiélago en mar de calamidades
Este síndrome de archipiélago es la consecuencia extrema de los tejidos rotos y sitúa a cada una de las organizaciones sociales y de sociedad civil en estado de desprevención. Desprevenida la institucionalidad pública y quienes la conducen, desprevenidos los sectores privados, las diversas iglesias y las múltiples organizaciones sociales y de la sociedad civil.
Esto significa que un problema estructural hondureño es la ausencia de prevención. No es solo de un sector, es asunto que cruza a la sociedad entera, y no es solo ausencia de prevención en cada una de las instituciones centralizadas y de los departamentos y municipios. Es ausencia de prevención que ha invadido los dinamismos más profundos de la sociedad y de los miembros de la misma, hasta convertirse en un problema cultural. No somos prevenidos mi institucional, ni social ni política y culturalmente. No es falta de trabajo o haraganería. La gente vive trabajando, las organizaciones sociales y de sociedad civil trabajan arduamente. Muchas veces el trabajo es extenuante, agotador y estresante. Solo en hacer informes para los organismos cooperantes los miembros de las organizaciones se pasan horas enteras del día y de la noche.
Cultura de supervivencia y del corto plazo
La ausencia de prevención no es por falta de dedicación de la gente. Es porque cada organización está sacando sus propias tareas para sobrevivir en el competitivo archipiélago de millares de individualidades, cada una buscando estar a flote ante un modelo sistémico que obliga a la sociedad entera a vivir bajo el lema del sálvese quien pueda. Porque las estructuras estatales han adquirido el tamaño de la improvisación de quienes las conducen, y a fin de cuentas son reflejo de una sociedad que ya no le quedó energías ni capacidades para invertir en futuro, sino para la sobrevivencia cotidiana. La sociedad hondureña ha sido condenada a la cultura de la improvisación y no para tener reservar para el mediano y largo plazo.
Unos años atrás a alguien se le ocurrió proponer invertir seis años para algo de prevención que se expresara en un plan que culminara con una propuesta nacional en 2021, a propósito del bicentenario de la firma del acta de independencia de Centroamérica. Mucha gente oyó la propuesta, y mucha gente asintió con su cabeza a la propuesta. Pero así como se escuchó así aquella propuesta de la llevó el viento. Era una propuesta a trabajar en seis años, y en Honduras es un tiempo demasiado prolongado, y la gente está atareada en resolver asuntos de sobrevivencia. La sociedad hondureña quedó atrapada en el corto plazo, no hay mirada de mediano y largo plazo, aunque los papeles y computadoras cargan con los más elegantes y técnicos lenguajes.
Llegamos al 2021, y entonces mucha gente está preparando foros y actividades políticas y culturales sobre los desafíos hondureños frente al Bicentenario. Todo se redujo al corto plazo, y con frecuencia a remolque o contrapartida a las festividades y eventos oficiales. Aunque se elaboren propuestas a diez años o veinte años, muy poca gente tiene la osadía de ver más allá de los tres meses o a lo sumo el año. Todo lo demás se lo lleva el viento, porque la sociedad está por entero sumergida en la lógica de lo inmediato, se vive muy a pecho aquello de que a “a cada día le basta su afán”. Es la actitud de la cabeza agachada y el cuerpo encorvado. Una vez que pasan los eventos, todo vuelve a lo de antes, quedan las tareas de reportar con verificadores a los organismos donantes. Y a seguir en otro evento que permita tener vigencia en la coyuntura, no hay respiros de largo aliento.
Una sociedad y un Estado estructuralmente desprevenidos
Todos los fenómenos naturales, políticos o humanos se convierten en amenaza, peligro y finalmente en mayores destrozos y deshumanización. Incluso asuntos como procesos electorales o el sistema de justicia se sitúan en esta desprevención estructural, porque en lugar de ser dinamismos e instituciones para fortalecer democracia y justicia, son amenazas y peligros para la misma democracia y para la aplicación de la justicia.
El hecho de que el Estado esté capturado por reducidos grupos políticos que lo usan para negocios y saquear recursos de las instituciones públicas, confirma la desprevención en la que la sociedad entera se encuentra. Cuando se habla de que Honduras es el tercer país más desigual del planeta después de Sur África y Haití, o el segundo país más vulnerable del planeta junto con Bangladesh o uno de los dos países más corruptos del continente, confirma la desprevención de la sociedad. Cuando el sistema de salud no logra controlar el dengue, o cuando en plena emergencia de la pandemia subordina sus decisiones a las de un grupo político que decide comprar discrecionalmente hospitales móviles que están muy por encima de los costos, y luego resultan en una estafa, confirma la ausencia de prevención sistémica de la sociedad.
Cuando la institucionalidad del Estado en varias de sus dependencias, como las Fuerzas Armadas, la policía, el Ministerio Público, la Corte Suprema de Justicia, y la propia Casa Presidencial, fueron contaminados y penetrados por sectores del crimen organizado, primordialmente por el narcotráfico, confirma la ausencia de prevención de la sociedad y el Estado. La ausencia de prevención condujo a estas desviaciones y debilitamientos institucionales, sociales, sanitarios y políticos, y una vez que estas instancias o políticas se encuentran en un estado de alta precariedad, contribuyen a que se profundice la desprevención, como en un círculo perverso de retroalimentación.
Cuando la violencia ha dejado de ser desde hace mucho tiempo un asunto administrado exclusivamente por el Estado, sino que el Estado mismo ha delegado esta administración, por activa y por pasiva, a diversos grupos privados, regulares e irregulares, bajo la égida de la ley, pero sobre todo para legales e ilegales, de manera que se ha avanzado inexorablemente hacia el imperio de la ley de los fuertes, en donde cada quien se toma la justicia en su propia mano, confirma que la prevención es un asunto ausente y la sociedad entera queda en indefensión o víctima de una violencia sin control, en manos de sectores que de muy diversas maneras actúan en la impunidad y bajo el amparo del Estado.
Cuando la sociedad hondureña es productora de desempleo, a extremos que de cada cien hondureños con derecho a trabajar, unos setenta se encuentran en el subempleo o en el desempleo abierto, explica por qué Honduras sea mundialmente conocida por las caravanas de migrantes. Su gente se siente tan amenazada en su país que organiza estas caravanas, no para reclamar derechos dentro del país, sino para renunciar a vivir en su territorio, tras el convencimiento que su vida dentro del país se encuentra amenazada, sea por la violencia, sea por la ley de los fuertes, sea por el desempleo, sea el propio Estado que lo discrimina o lo reprime. Esto confirma la ausencia de prevención estructural de la sociedad.
Cuando los dinamismos estructurales de la sociedad conduce a que las riquezas se acumulen multimillonariamente en unas 200 personas, cinco de las cuales concentren una fortuna equivalente al salario mínimo anual de 2 millones de hondureños, y que existan centenares de miles de mujeres y hombres del campo que ganan un salario que apenas alcanza para una libra de queso y una libra de tres productos básicos, confirma que la sociedad está gobernada por un sistema de vida productor de desigualdades, y por eso mismo que anula sistémicamente la prevención.
Cuando existen centenares, quizás miles, de organizaciones sociales y de sociedad civil con temas transversalmente comunes entre unas y otras, con un discurso explícito o tácito, igualmente común anti capitalista, anti racista, anti patriarcal, en contra del extractivismo y de la privatización de los bienes y servicios comunes, inclusión de género, y trabajando con grupos o entre grupos metas comunes, pero que nunca, y rara vez se juntan para compartir un caminar similar, o para articulaciones duraderas. Rara vez aceptan estar en espacios comunes sin reivindicar su nombre y su logo, confirma que la ausencia de prevención cruza e invade también a esta dimensión de la sociedad que se sitúa desde las sectores humanos y sociales más vulnerables.
¿Cómo hacer frente a la desprevención?
Si cada vez, y de todas las aristas del país, se advierte la ausencia de prevención, no solo como un problema regional o coyuntural, sino como un asunto estructural hondureño, ¿qué toca, cómo abordarlo? Sin duda que desde una perspectiva de cambio estructural, y por grande que sean las actividades, por puntuales o coyunturales que sean los compromisos, solo situados desde esa perspectiva de cambio estructural es como tendrán rumbo y capacidad para no quedar reducidos a acciones y eventos temporales o asistenciales. Una labor puede ser muy coyuntural, o tener una tonalidad de asistencia, como llevar alimentos o agua a un albergue de damnificados, y repartir miles de raciones de alimentos para paliar el hambre, o entregar semillas a familias o grupos campesinos para la siembra, pero si se sitúa en una amplia perspectiva de construir institucionalidad y cultura de prevención, adquieren un valor trascendental.
Todas las situaciones de vulnerabilidad, todas las amenazas y todos los peligros naturales sociales, ambientales, sanitarios y políticos son prevenibles. Todos. Como dicen los expertos, los fenómenos naturales nadie los puede detener, ni las más altas investigaciones han logrado hasta ahora mecanismos que detengan los fenómenos naturales. Lo que se puede prevenir son los desastres. Bien dicen, nadie detiene los fenómenos naturales. Los desastres sí se pueden prevenir y detener. Igual con una pandemia como el Covid-19, una vez que el virus se desata, es difícil detenerlo, pero sí prevenir sus desastres. Las caravanas son las expresión de de un modelo productor de desigualdades y de hechos de corrupción oficiales. Ambos desastres se pueden prevenir, porque no son fenómenos naturales, son sociales, políticos, institucionales y humanos.
La prevención: un estado estructural de estabilidad y confianza
Seguridad y confianza ante todas las amenazas, por grandes que sean, y alcanzar capacidad para reducirlas, reorientarlas y convertirlas siempre en oportunidades. La prevención es un estado estructural de la sociedad para asumir todas las situaciones o eventos con un nivel de desafío y advertencia, y antes de que se presenten, la sociedad ya está predispuesta en positivo para asumirlos como desafíos y tareas. Y esto vale para todos los ambientes. Valen para fenómenos naturales, climatológicos o pandémicos, económicos, políticos, militares, culturales e institucionales.
Cuanta más se involucren las diversas instancias de la sociedad para poner en marcha procesos de prevención, más capacidad se tendrá para reducir las consecuencias. Y cuánto más cerca se esté en procesos que aborden las causas de los desastres, más capacidad se estará para que la prevención sea estructural y no puntal o coyuntural. Frente a situaciones de desastre en el Valle de Sula, en la costa norte y atlántica en general, y en la zona de la capital del país, se requiere la voluntad y la decisión política de quienes tienen las más altas cuotas de responsabilidad en tomar decisiones, en franca alianza con los diversos sectores privadas, municipales, comunitarios, sociales, eclesiales y ambientales y en asocio con la comunidad internacional.
Rompe con arreglos de cúpulas y líneas verticales, condición para construcción de prevención
La prevención institucional y cultural al tener una perspectiva de cambio estructural, nunca deberá sostenerse solo desde las líneas verticales, y definida solo desde cúpulas, como es la lógica del sistema actual. Sin negar el aporte de las cúpulas políticas, empresariales, sindicales, religiosas y sociales, la dinámica conductora ha de sostenerse en acuerdos nacionales con fuerte componente popular, y con participación de las bases, no como correas de transmisión de líneas diseñadas desde las cúpulas, sino como iniciativas y liderazgos indispensables. La prevención institucional y cultural ha de cruzar el corto plazo, pero orientado hacia compromisos en el mediano y el largo plazo. Ha de sustentarse en hechos y compromisos específicos y coyunturales, pero trascendiéndolos.
Retomando el ABC para Honduras
Años atrás ya se habló de una propuesta institucional y cultural de prevención que se llamó el “ABC para Honduras”, es decir los Acuedos Básicos Compartidos. En esta ocasión retomamos esta propuesta tan necesaria para estos tiempos cada vez mas inciertos.
Expertos hablan de degradación de la sociedad, tanto de su modelo económico, como del ambiente y la institucionalidad política. Cuando se habla de sociedad degradada. Se hace referencia a una sociedad y un Estado que finalmente son gobernados desde decisiones e incluso desde estructuras criminales organizadas transnacionalmente; donde ciertamente Honduras es una realidad muy importante, pero al final es sólo un eslabón más en la cadena multinacional de la violencia y el crimen.
Las elecciones son un factor imprescindible de la democracia política, representativa y participativa. Sin embargo, la sociedad hondureña actual está damnificada y la institucionalidad del Estado no sólo es precaria sino también rehén de quienes ejercen arbitrariamente el poder porque son fuertes e impunes. Participar en procesos electorales no se discute. Lo que está en cuestión es en qué condiciones se hace y bajo qué lectura política, porque a fin de cuentas las elecciones han pasado a ser un problema más en un Estado degradado que una respuesta para la democracia. Así como estamos, cada vez que vamos a elecciones hemos de tener la seguridad que saldremos todavía con menos democracia y estabilidad que antes de las mismas.
Lo que no acabamos de entender es que en este momento estamos en unas condiciones de tanto deterioro que la situación de Honduras se ubica en un estadio muy anterior a la democracia. Nos hemos desesmocratizado. Si acaso logramos tener en las últimas décadas una base de democracia política, la misma retrocedió y actualmente podemos hablar de una involución de la democracia. Las elecciones son la expresión y a la vez la garantía de la democracia. Pero si no existe democracia, ni Estado de Derecho en el sentido real, la apuesta primordial se sitúa en construir esas condiciones para que en efecto la realización de elecciones expresen y contribuyan a desarrollarlas.
Las elecciones que se han celebrado después de 2009 nos han dejado más chamuscados y confrontados que satisfechos. ¿Han cambiado las condiciones para creer algo distinto de las elecciones que se celebrarán en noviembre de 2021? Claro que sí, dirán los que pactaron las llamadas reformas electorales. Pero al ser un pacto de cúpulas dejando intactos los dinamismos de la confrontación, nada indica que las elecciones y sus resultados serán distintos que las tres elecciones últimas.
Mientras no estén sentadas las bases de la democracia y del Estado de Derecho, o dicho de otra manera, si nos cerramos en hacernos creer a nosotros mismos que el remedo de Estado que tenemos es Estado de Derecho y que el sistema que nos gobierna es la democracia, entonces las elecciones que se organicen en tal contexto estarán en correspondencia con la legitimidad que necesita ese adefesio jurídico y político que de Estado de Derecho y de democracia tiene lo que de caliente pueda tener un témpano de hielo.
Para hablar de un proceso electoral en democracia hemos de abrirnos ante todo a sentar las bases de la democracia y del Estado de Derecho que necesitamos fundar, refundar, construir o reconstruir, según como mejor queramos llamar a este proceso. Dicho de otra manera, no se trata sólo de hablar de elecciones y de meternos en ellas. Se trata, más bien, de re-pensar el país para re-hacerlo desde una nueva democracia y un nuevo Estado de Derecho.
La sociedad hondureña atrapada entre la inseguridad y el empobrecimiento, la corrupción y el narcotráfico, los políticos y la violencia y delincuencia policial, es una sociedad deprimida y damnificada. Y si todo lo que se ofrece es más de lo mismo en el proceso del hundimiento humano y social, más vale lanzarse hacia las quimeras que participar en la complicidad con quienes no ofrecen más caminos que la exclusión y la impunidad. Este re-pensar el país ha de tener como punto de partida la aceptación consensuada de que así como estamos, al lugar que hemos llegado, nadie tiene la capacidad para impulsar un proyecto de país por su propia cuenta, y peor todavía, imponiéndose a los demás.
Mínimos consensos: lo máximo a lo que podemos aspirar
Un punto de partida imprescindible para poner en marcha un proceso de propuestas que rompan con la lógica política excluyente es la aceptación consensuada de que el país está tan resquebrajado que en el corto plazo, y previsiblemente en el mediano plazo, no estamos en capacidad para impulsar una propuesta buscando “máximos”; sencillamente porque la realidad no ofrece esas posibilidades.
Los “máximos” que podemos alcanzar se encuentran en los “mínimos” que pueden sentar las bases para iniciar un auténtico proceso hacia la construcción de democracia y Estado de Derecho. Y esto es así porque hemos perdido lo mínimo que una sociedad necesita de bien común para su convivencia armónica. Esos mínimos perdidos son los que hay que recuperar como condición para poner en marcha procesos auténticos de construcción de la democracia y un Estado de Derecho real. Esos mínimos son lo que han de estar representados en lo que llamaríamos el “ABC hondureño”, es decir, los “Acuerdos Básicos Comunes”.
Este ABC lo hemos de concretar en contenidos y temas nacionales en los cuales se encuentren identificados los diversos sectores y estratos de la sociedad hondureña, que podrían significar una respuesta para enfrentar las tentaciones a las respuestas fáciles y carentes de ciudadanía en el contexto de una sociedad humana, ética, social e institucionalmente deteriorada como la nuestra. Cuando estamos en una situación de tanta inseguridad, de “anomia” colectiva, las religiones, los caudillos, las armas y las regalías se presentan como factores salvíficos. He aquí el gran peligro hondureño, si es que seguimos conforme a las percepciones que nos arrojan las encuestas.
Convocatoria nacional, ¿quién la lidera?
Para ello, habría que poner en marcha una convocatoria en la que se pongan las bases, metodología, tiempos y responsables del proceso. ¿Quién convocaría? Quizás es la primera cuestión a resolver, porque un rasgo del deterioro social de lo institucional es la ausencia de credibilidad de los actores, instituciones y personalidades. La convocatoria y el proceso deberán estar bajo la responsabilidad de instancias que involucren tanto a actores nacionales del más alto reconocimiento, que también existen, como a representaciones internacionales.
Un punto de referencia compartido es que el gobierno actual no puede estar entre los convocantes. Las iglesias perdieron la base de credibilidad con la que contaban tradicionalmente. Pero no pueden quedar fuera. El empresariado está disperso y sin sustento común, pero no puede quedar fuera. Los organismos de incidencia o las llamadas ONG son tan diversas y dispersas que resulta muy difícil encontrar en ellas la base para una convocatoria creíble y movilizadora. Pero no deben quedar fuera, por sus implicaciones en tan variados campos de la vida nacional y especialmente por su involucramiento en procesos muy cercanos a los municipios y comunidades locales.
Lo mismo puede decirse de los diversos sectores políticos y del movimiento popular, frecuentemente muy ensimismados en sus dinamismos internos y viendo a la sociedad desde sus particulares intereses y cálculos. Seguramente se necesitaría un componente convocador internacional que pudiera estar ligado a la defensa de los derechos humanos, sin descartar la participación de representantes oficiales de la ONU, aún con el grado de descrédito y desconfianza que ha acumulado.
Este componente internacional es imprescindible, no sólo por la ausencia de consensos en torno a convocantes internos, sino porque cualquier propuesta de solución al caso hondureño ha de pasar por negociaciones que involucren a la comunidad internacional, puesto que los actores y condiciones que definen la ingobernabilidad tienen ramificaciones transnacionales. Cada uno de los sectores, tanto populares, políticos, empresariales como territoriales y temáticos, habría de organizar su propio proceso de elaboración del ABC, de manera que todo el país se ponga en movilización y estado de construcción del ABC. Desde las asambleas comunitarias, pasando por las sectoriales, municipales y departamentales, hasta llegar a las asambleas nacionales. Teniendo cada organización o sector poblacional su propuesta de ABC, se habría de tener la convocatoria nacional para debatir y negociar entre todos los sectores hasta lograr el ABC hondureño, el cual deberá ser refrendado en una consulta nacional.
¿ABC sobre qué?
Desde un punto de vista general, en un ABC de Honduras debían estar incluidas algunas categorías de acuerdos:
La primera podría incluir acuerdos socioeconómicos y ambientales como la tenencia de la tierra y políticas agrarias, la protección y manejo de las riquezas o recursos naturales, empleo y producción, la vulnerabilidad ambiental, la educación, la salud, la seguridad ciudadana, la política fiscal, la vivienda. Es decir, con el rumbo de un nuevo modelo de desarrollo y de inversiones que rompa con la galopante inequidad, factor decisivo de la violencia e inestabilidad.
La segunda categoría buscaría acuerdos sociopolíticos como los derechos humanos, la defensa de las comunidades y su territorio, los derechos étnicos, relaciones de género, medios de comunicación, libertad de expresión y derecho al acceso a la información y derechos culturales.
La tercera categoría sería la político-institucional-jurídica y tiene que ver con el derecho a la organización y participación en la toma de decisiones desde una institucionalidad que garantiza una democracia representativa, participativa y directa; la transformación del sistema de justicia, la reconfiguración del Congreso Nacional, las Fuerzas Armadas, los organismos contralores del Estado, especialmente el Tribunal Supremo Electoral y la Ley Electoral y de las Organizaciones Políticas, y en general el diseño de una institucionalidad con capacidad para responder a las transformaciones contenidas en las dos primeras categorías.
Estas categorías no están separadas entre sí, cada una está remitida a las otras. La primera categoría contiene acuerdos mínimos en torno al empleo y la producción, lo que de inmediato vincula con acuerdos que se han de establecer en torno a la legislación que regula el empleo, como es el caso del Código del Trabajo, hasta lograr un acuerdo mínimo de estabilidad laboral de las trabajadoras y trabajadores. De igual manera, si se buscan acuerdos básicos compartidos en torno al empleo, se deberá establecer el vínculo con acuerdos básicos compartidos relacionados con la defensa de los derechos humanos laborales de miles de obreras y obreros en toda la industria como las maquilas.
De entre todos estos temas habría que definir los prioritarios, por cuál orden comenzar su tratamiento y el proceso y mecanismos para su implementación. Un ABC de Honduras de esta naturaleza debería orientarse finalmente a su ratificación en una Asamblea Nacional Constituyente que redacte una nueva Constitución Política.
El diseño de un ABC de Honduras ha de ser una propuesta aglutinadora, es decir, que no sea más de la misma lógica de exclusión que ha caracterizado a tantas propuestas anteriores. Esto no significa que todo se ha de hacer desde cero, porque se pueden tomar en cuenta experiencias exitosas que se hayan realizado en algunas zonas, municipios u organizaciones del país. Este ABC de Honduras ha de garantizar que no sólo en los objetivos se busque la inclusión social y la democracia participativa, sino que el proceso mismo ha de ser una experiencia de inclusión y de democracia participativa.
Para lograr el ABC de Honduras será necesario que existan acuerdos previos entre sectores con formas de pensar e intereses afines, y que sea dentro de estos sectores afines donde se deberá practicar la inclusión y la democracia participativa, con el fin de que el clima de confrontación se comience a superar a partir de quienes son parecidos en concepciones e intereses. Así como los sectores empresariales debieran buscar sus propios acuerdos, los sectores sociales y populares debían buscar sus propios acuerdos, sin quedar atrapados en el cortoplacismo ni en los enredos propios de concepciones ideológicas inflexibles o en la búsqueda de la defensa de intereses muy particulares o de gremio.
El camino para el diseño del ABC de Honduras supone una condición previa: que cada sector haga frente a sus propias crisis internas y construya sus propias propuestas de ABC sectoriales, y desde allí avanzar hacia la búsqueda de acuerdos con los otros sectores desde la lógica del debate y la negociación. Los sectores populares y comunitarios, mucho más débiles y en desventaja frente a los grupos políticos tradicionales y empresariales, debían fortalecer sus propias instancias e identidades, y desde su fuerza organizada desarrollar sus propios acuerdos para convertirlos en fuerza y poder en una mesa de negociaciones, con el propósito de que al final se evite que se imponga la ley del más fuerte, sino los intereses nacionales.