Situación actual de la Iglesia en España


Del ‘Totus Tuus’ de Juan Pablo II a atacar a Francisco: una Iglesia española más ultra a 40 años de la primera visita de un papa

Por Jesús Bastante

Fue la primera visita de un Papa a España en la historia. Desde entonces, ha habido varias más –el propio Juan Pablo II viajó otras cuatro veces a nuestro país, y Benedicto XVI, dos– a lo que Karol Wojtyla llamó “Tierra de María”. Han pasado, desde el 31 de octubre de 1982, 40 años. Pero también un tsunami de radicalización ideológica de los grupos ultracatólicos bendecidos y apoyados por el Papa polaco: kikos, Opus Dei, Legionarios de Cristo o propagandistas. Y, a la vez, una creciente secularización del país, con datos de quienes se confiesan católicos o practicantes que no dejan de caer. “España ha dejado de ser católica”, dijo Manuel Azaña en 1931 y su proclamación ha resultado finalmente un vaticinio.

España fue dejando de ser católica de a poco. En el camino, la Iglesia dentro de las fronteras se escoró hacia una posición maximalista y conservadora que la vinculó estrechamente a las ideas de la derecha más ultra. Poco queda en España de la herencia del cardenal Tarancón, defenestrado por el propio Juan Pablo II pocos meses después de visitar nuestro país. En estas cuatro décadas, los obispos han aguado las esperanzas de quienes, tras el Concilio Vaticano II, confiaban en aquel episcopado capaz de enfrentarse al régimen y defender la salida democrática.

Hoy, pese a las múltiples invitaciones recibidas, nadie espera a Francisco en España. Al menos, no los ‘suyos’, que son clara minoría en nuestro país. «Juan Pablo II, te quiere todo el mundo», clamaban los fieles en 1982 al paso de Wojtyla. Hoy no podría decirse lo mismo: no todos quieren a Bergoglio. Al menos, no todos los católicos.

La renuncia que Tarancón nunca presentó, pero le fue sorpresivamente aceptada en Vaticano, fue el primer paso para el nombramiento de una línea de obispos netamente conservadores que, capitaneados primero por el cardenal Suquía y, posteriormente, por Antonio María Rouco Varela, iniciaron el camino de la Iglesia española que la convertiría en una de las más conservadoras de toda Europa. Todo con la inestimable ayuda de la Obra y los nuevos movimientos eclesiales, que buscaban competir en relevancia con órdenes históricas también nacidas en España, como los jesuitas. «España evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…; esta es nuestra grandeza y nuestra unidad. No tenemos otra», diría Menéndez Pelayo en un lema que hizo suyo Franco tras la «santa Cruzada» de 1936-39.

El plan estaba trazado de antemano: el Opus Dei y sectores de la democracia cristiana (que por entonces todavía existía en España) se volcaron en la organización de un viaje que iba a darse un año antes y que se pospuso por el atentado contra Wojtyla el 13 de mayo de 1981. Los seguidores de Escrivá de Balaguer idearon el logo del viaje: Totus tuus (Soy todo tuyo), toda una declaración de intenciones de una Iglesia que se puso en manos del Papa polaco en su tarea de demolición de las «veleidades progresistas» del clero obrero y los misioneros españoles, que exportaban sus ideas a Latinoamérica en forma de una Teología de la Liberación. Al mismo tiempo que se condenaba duramente a los curas rojos bajo la tutela de Wojtyla y de su sucesor, Ratzinger, lo que sí exportó el clero español al Nuevo Continente fue a decenas de curas y religiosos acusados de abusos, en una política de silenciamiento de la pederastia que aún hoy lastra el trabajo de la Iglesia.

El Papa polaco no defraudó a sus fieles: en los 50 discursos que pronunció a lo largo de diez días en España –es el viaje más largo de un pontífice al país, y sin duda el más intenso– Wojtyla arremetió contra el divorcio, el aborto, los preservativos e impulsó una moral tradicional que durante décadas siguió marcando el paso de la doctrina episcopal.                                                 Con una cuidada puesta en escena, más propia de un gira de una estrella de rock que de un Papa (20 millones de personas siguieron el viaje por TVE, y varios cientos de miles llenaron todos y cada uno de sus actos), Juan Pablo II trazó una hoja de ruta con una fórmula exitosa: doctrina dura, cara amable.

Los diez días que duró el viaje –en los que el pontífice visitó Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Ávila, Toledo, Zaragoza o Santiago de Compostela– se declararon día festivo en los colegios y cientos de miles de personas salieron a las calles con las banderitas de España y el Vaticano. Nadie se preguntaba, entonces, quién financiaba el viaje: se daba por supuesto que el Estado. Hasta Seat fabricó para Wojytla el papamóvil, que desde entonces se ha convertido en elemento indispensable de cualquier viaje papal.

Hoy, en cambio, instituciones como la ACdP y el CEU organizan congresos donde, con la excusa de homenajear al anterior Papa, Benedicto XVI, se jalea la oposición al actual pontífice, con prelados como Munilla, Reig, el imprescindible Rouco Varela y el cardenal Müller, considerado el mayor opositor interno a Bergoglio y que, para más inri, visitó el pasado martes el Valle de Cuelgamuros, oficiando misa con los benedictinos de Santiago Cantera. Incluso entre los prelados más afines a Francisco (como los cardenales Omella y Osoro, presidente y vicepresidente, respectivamente, de la Conferencia Episcopal) no se encuentran lo suficientemente arropados como para implementar los cambios que, desde hace casi una década, impulsa Francisco desde el Vaticano. Una España cada vez menos católica que ya no quiere, al menos tanto, al Papa.

El historiador Juan Mari Laboa se pregunta en RD, «cuarenta años después, ¿qué queda de Juan Pablo II? ¿Qué queda de Felipe González? ¿Qué queda de Julián Marías? ¿Qué queda de Tarancón? ¿Qué queda de la HOAC?… Hay más creyentes en España de los que parece, confusos como todos los demás, capaces de agarrarse a cualquier movimiento. Y eso nos tiene a todos absolutamente desconcertados».

Ciertamente, con los números en la mano, queda muy poco de la Iglesia que dio un baño de masas a un joven Juan Pablo II. Una España que, tres días antes, había dado la mayor victoria en la historia de la democracia al PSOE de Felipe González, que venía de organizar un Mundial y que acababa de superar un intento de golpe de Estado.

Entonces, el 90,2% de los españoles se declaraba católico, y una amplia mayoría iba a misa todos los domingos y fiestas de guardar. Hoy, el CIS nos muestra que no llegan a seis de cada diez, de los que dos tercios no va “nunca o casi nunca” a la Iglesia. Creyentes sin Iglesia.

En 1982, el 58% de los hogares españoles tenían un crucifijo colgado en su salón. Hoy, encontrarlos es una rara excepción. Entonces, el divorcio seguía siendo fuente de conflictos en España (el 98,3% de los matrimonios eran por la Iglesia), no existía derecho al aborto (se aprobó, con restricciones, en 1985) e incluso se consideraba “totalmente inmoral” las relaciones prematrimoniales, o los matrimonios sin hijos.

La realidad hoy es totalmente distinta. También en el interior de la institución, inmersa en una histórica crisis de vocaciones al sacerdocio o la vida religiosa, con las cifras de bautizos, bodas, comuniones y confirmaciones desplomándose, y con la popularidad por los suelos por escándalos como el de la pederastia clerical, las inmatriculaciones o la oposición a cualquier evolución social en lo que el mismo Juan Pablo II llamó «principios irrenunciables» (defensa de la vida, matrimonio hombre-mujer, privilegios de la Iglesia). En Roma, por primera vez en la historia, un Papa jesuita, venido de Argentina, y con ideas de reforma de la Iglesia que, al menos en la española, no han calado. Tal vez porque, cuarenta años después, los obispos españoles siguen mirando más a Wojtyla que a Bergoglio.

El proceso sinodal en la Iglesia española

La sinodalidad ya cala en la Iglesia española: más de 200.000 personas han participado en la fase diocesana

Todas las diócesis han enviado sus síntesis y más de 13.000 parroquias han remitido a la CEE sus reflexiones conjuntas

La gran mayoría de los participantes han sido laicos, mujeres y en torno a los 55 años, implicándose algo menos los sacerdotes

También se ha trabajado entre un millar de miembros de la pastoral penitenciaria (entre presos y voluntarios) en hasta 19 cárceles

El Sínodo sobre la Sinodalidad, a punto de terminar su fase diocesana, está empezando a dar sus primeros frutos en España, donde más de 200.000 personas han participado en distintos procesos de discernimiento.

Como ha explicado en la mañana de este jueves 2 de junio en la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE) Luis Manuel Romero, director de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida y secretario del Equipo Sinodal de la propia CEE, las 70 diócesis españolas (incluida la castrense) y más de 13.000 grupos parroquiales han acordado sus reflexiones conjuntas sobre la sinodalidad y las han remitido al Episcopado para que este, a su vez, las haga llegar a la Secretaría del Sínodo, en el Vaticano.

Sin precedentes

Como ha destacado Romero, “estamos ante un Sínodo diferente” en comparación con los 29 precedentes, siendo sus “dos grandes novedades” el hecho “de que este no concierna solo a los obispos” y su propia naturaleza y metodología, pues “el foco de la reflexión no un tema en concreto, sino la sinodalidad en sí”.

Partiendo de la base de que “el fin último es la evangelización”, estamos ante “un modo de trabajar en la Iglesia que es un proceso en el que buscamos caminar juntos, discerniendo y huyendo del clericalismo que a veces nos marca en la Iglesia en España y dando un protagonismo real a los laicos”.

Tres fases

Otra novedad es que este Sínodo se organiza en torno a tres fases, iniciándose la diocesana el 16 de octubre de 2021 y culminándose en nuestro país este próximo sábado 11 de junio, donde la Fundación Pablo VI de Madrid acogerá la Asamblea Sinodal que cerrará este primer momento. Tras esta fase, irá una segunda, a nivel continental, y este caminar de la Iglesia universal se rematará en Roma en octubre de 2023.

En cuando a la cita madrileña de este 11 de junio, se plantea como “una gran fiesta” de la Iglesia española, estando previsto que acudan 600 fieles de todas las diócesis. En su gran mayoría serán laicos, pero también estarán presentes 55 obispos, decenas de sacerdotes y religiosos, el nuncio y representantes de otras religiones.

Diversidad eclesial

Una diversidad que encaja con el perfil de los más de 200.000 participantes en esta primera fase diocesana en España. Además de los 13.000 grupos parroquiales, el Sínodo se ha trabajado entre un millar de miembros de la pastoral penitenciaria (entre presos y voluntarios) en hasta 19 cárceles, en grupos de Cáritas y CONFER, en unos 200 monasterios, entre representantes de partidos políticos y miembros de la cultura y hasta por parte de personas individuales que han remitido a la Conferencia Episcopal sus cuestionarios.

Más concretamente, “la gran mayoría de los participantes han sido laicos, mujeres y en torno a los 55 años. También ha habido muchos religiosos. En cuanto a los sacerdotes, se han implicado algo menos, aunque también ha sido significativa su participación”. Igualmente, “se percibe cómo se ha llegado algo menos a los niños, a los jóvenes, a los alejados y a los representantes de otras religiones”.

Resurgimiento de los laicos

Con todo, Romero ve “ilusión y esperanza, denotándose un resurgimiento de los laicos en España”. Y es que, como ha valorado, “en nuestro país se ha notado que no partimos de cero, sino que el Congreso de Laicos de 2020, que ya empezamos a trabajar en 2018, ya fue un primer impulso en este modo de caminar en la Iglesia, ya con un estilo marcadamente sinodal”.

En la propia Conferencia Episcopal también hay un Equipo Sinodal, configurado por dos obispos, dos sacerdotes (uno de ellos el propio Romero, su secretario), una religiosa y tres laicos, “guiándonos también ese mismo proceso de discernimiento ante todos los cuestionarios recibidos de todas las instancias y personas individuales”.

Síntesis final

Un material exhaustivo, el recabado en definitiva por parte de la Iglesia española, que se tratará de sintetizar en un documento de 10 páginas que se presentará en el encuentro del día 11 en Madrid: “Trataremos de que sea el reflejo de todo lo reflexionado en nuestro país por tanta gente. Además, fruto de ese discernimiento, después de que lo presentemos por la mañana, daremos un tiempo para que los presentes lo reflexionen y, por la tarde, quien lo desee podrá hacer sus propuestas y acotaciones”.

Pero, como ha insistido Josetxo Vera, responsable de prensa de la CEE y quien ha acompañado a Romero en el acto, “enviaremos a Roma todo el material recabado. Nuestra síntesis de 10 páginas, pero también todo lo que nos han mandado desde las diócesis, que a su vez han hecho sus síntesis con lo que les ha llegado desde las parroquias”.

Propuestas de Barcelona

Cuestionado sobre la síntesis de la Archidiócesis de Barcelona, en que la están presentes temas como la posible ordenación sacerdotal de mujeres o de hombres casados y con hijos, “el secretario del Equipo Sinodal de la CEE ha sostenido que “lo más importante es el estilo que ha de ir poco a poco consolidándose en nuestro ser eclesial, siendo todos escuchados y siendo conscientes de que estamos en un proceso en el que aún queda mucho por andar juntos. También hemos de ser conscientes de que habrá, como estas, cuestiones de calado teológico y doctrinal que van mucho más allá del propio Sínodo en sí”, correspondiéndole en todo caso al Papa tomar una decisión sobre las mismas.

Más allá de saber lo que deparará el final del proceso, allá por octubre de 2023 en Roma, Romero ha enfatizado que “lo esencial es que todos seamos conscientes de que, al menos en España, hemos sufrido un exceso de clericalismo y, pese a que los sacerdotes decimos tener en cuenta a los laicos, durante siglos no ha sido realmente así de un modo significativo, estando ante la hora de que, además de escucharles, les demos un protagonismo real en la toma de decisiones”.

La consulta sinodal española

La consulta sinodal española, sin tabúes: menos clericalismo, misas vivas, acogida a divorciados y homosexuales, celibato opcional, sacerdocio femenino….

El documento que resume las aportaciones realizadas por más de 215.000 personas llama a “una fuerte conversión” eclesial y el fin de la fractura entre Iglesia y sociedadTan solo un murmullo y un aplauso rompieron la lectura de la síntesis, cuando se sugirió la participación de la comunidad en el nombramiento de obispos

La síntesis del trabajo realizado desde el pasado mes de octubre en la Iglesia española es una realidad. Después de la participación de, al menos, 215.000 personas a lo largo de estos meses en las diócesis, congregaciones y diferentes realidades eclesiales, hoy se ha dado a conocer el documento que recoge las inquietudes de sacerdotes, religiosos y laicos sobre la Iglesia con la que sueñan. y como recoge el documento de trece páginas que fue compartido esta mañana en el auditorio de la Fundación Pablo VI hay “dos ideas fundamentales” que entroncan directamente con dos ejes del pontificado del Papa Francisco: “una fuerte conversión personal, comunitaria y pastoral” y el fin de “una Iglesia desde la lejanía”.

Los responsables de dar voz a estas inquietudes fueron Isaac Martín, laico de la diócesis de Toledo; Dolores García, presidenta del Foro de Laicos y Olalla Rodríguez, laica de la Renovación carismática católica.

Espíritu evangelizador

A partir de estas dos claves, se desarrollan algunas preocupaciones como “la secularización de los bautizados, la pérdida de la identidad cristiana de los creyentes y, por derivación, de las estructuras de las que formamos parte”.

Sin circunloquios, se habla de “una clara fractura entre Iglesia y sociedad”, que se traduce en una percepción de la institución como “reaccionaria y poco propositiva, alejada del mundo de hoy”. Por eso, se constata “falta espíritu evangelizador en nuestras comunidades, más centradas en sí mismas que en abrirse a todas las personas que habitan el territorio en el que se ubican”.

El papel de la homilía

Entre las sugerencias que se sitúan en primer plano se sitúa la crítica a una liturgia que “se vive de una forma fría, pasiva, ritualista, monótona, distante”. De la misma manera, se incluye un tirón de orejas a los sacerdotes, en tanto que se llama a “repensar el papel de la homilía”. Tal y como se recoge el documento, esto genera una “desconexión entre las celebraciones litúrgicas y nuestra vida”.

Por ello, se subraya que ·resulta imprescindible potenciar la formación en liturgia y promover una participación viva y fructuosa, a través de la creación de equipos de animación litúrgica”. “En definitiva, hemos de lograr que las celebraciones toquen el alma de los fieles”, se insiste.

Acogida cuidada

En las prioridades que también se destacan en el documento, se habla de un abrazo real a colectivos esquinados como los divorciados y los homosexuales. En el texto, “se pone de manifiesto la necesidad de que la acogida esté más cuidada en el caso de las personas que necesitan de un mayor acompañamiento en sus circunstancias personales por razón de su situación familiar –se muestra con fuerza la preocupación por las personas divorciadas y vueltas a casar– o de su orientación sexual”.

La síntesis apunta otra espinosa cuestión: “Andamos divididos”. Con esta contundencia se recoge la falta de comunión eclesial, frente a lo que se reclama una pluralidad que “ha de ser asumida en clave de complementariedad y hemos de ser capaces de lograr la unidad sin caer en la tentación de imponer la uniformidad”.  Para hacerlo realidad se pone en valor la complementariedad de las vocaciones sacerdotal, religiosa y laical, como punto de partida para la corresponsabilidad de los laicos.

Falta de entusiasmo

En este sentido, se incluye una apostilla: “Nos duele particularmente la falta de entusiasmo de una parte muy relevante de los sacerdotes de las distintas comunidades locales y nuestra falta de eficacia como comunidad a la hora de acompañarlos en la vivencia de su vocación”.

De la misma manera se cuestiona el que se presenta como “clericalismo bilateral”, o lo que es lo mismo, “un exceso de protagonismo de los sacerdotes y un defecto en la responsabilidad de los laicos”. Así, se lamentan tanto “las inercias” de los presbíteros que desembocan en “autoritarismo”, así como la “comodidad” de los laicos.

El aplauso del día

Durante la exposición del resumen, solo una cuestión suscitó un murmullo mayoritario acompañado de un aplauso posterior: “Hemos de destacar la insistencia acerca de la conveniencia de una mayor apertura del proceso de nombramiento de obispos y párrocos a la participación de la comunidad”.

En este sentido, se habla de la necesidad de una mayor profesionalización  “en los asuntos de gobierno”, transparencia en la gestión -no solo en lo económico- y una mayor presencia en los medios de comunicación, en especial en el mundo digital.

Seis prioridades

Junto a estos ejes cardinales, la síntesis final de la Iglesia española recogen otras seis prioridades que pasan por reclamar un mayor papel de la mujer, una alerta ante la ausencia de jóvenes, la familia como eje prioritario de evangelización, el perdón y la reparación en materia de abusos sexuales y el diálogo ecuménico e interreligioso.

Además, se exponen otras cuestiones apremiantes como una redefinición de la presencia de la Iglesia en el mundo rural, el potencial de la religiosas popular, la pastoral de los mayores y la atención a presos, enfermos y migrantes.

Sin cortapisas

Tampoco se eluden en el documento resumen otras cuestiones que se aprecian como “suscitadas solo en algunas diócesis y, en ellas, por un número reducido de grupos o personas”. Es en este epígrafe en el que se destacan temas habitualmente tabúes en el seno de la Iglesia como “el celibato opcional en el caso de los presbíteros y a la ordenación de casados”, y, “en menor medida, ha surgido igualmente el tema de la ordenación de las mujeres”.

Con esta radiografía de las inquietudes surgidas a lo largo de todo el país, la síntesis presenta tres urgencias en la que trabajar con acciones concretas:

  • Crecer en sinodalidad. Se detallan iniciativas tales como consultas anuales, parroquiales o diocesanas que permitan una mayor participación en los planes pastorales, además de estructuras que inviten a la corresponsabilidad. Así, incluso se apunta cómo “oportuno promover e impulsar el trabajo en los arciprestazgos y en el consejo del presbiterio, como órgano colegiado en orden a desarrollar procesos de discernimiento concernientes a la vida pastoral de la diócesis”.
  • Promover la participación de los laicos. De nuevo se hace hincapié en el papel de las mujeres en la Iglesia, de una mayor presencia de los católicos en el entramado social -de las asociaciones de vecinos a los partidos políticos-, o la creación de planes de acogida en las parroquias “para los que lleguen por primera vez”.
  • Superar el clericalismo. Se propone poner en marcha, allí donde no existen, los consejos parroquiales y de asuntos económicos.  Junto al cambio de estructuras, se habla de tener “muy presente la vida consagrada y su esencia profética, voz humilde que acerca las periferias”. De la misma manera, se apunta un mayor protagonismo a los movimientos eclesiales, las cofradías y hermandades.

La sinodalidad es el ADN de la Iglesia

«La sinodalidad es el ADN de la Iglesia», recalcan en su mensaje para Pentecostés

Los obispos españoles admiten que «el clericalismo es uno de los problemas más serios que existe en nuestra Iglesia actual»

Laicos en la Iglesia

«La vocación laical no es una vocación residual, ni hay que considerar al laico como un cristiano de segunda, ni un actor de reparto, sino protagonista de la misión evangelizadora de la Iglesia, junto a los pastores y la vida consagrada»

«Sigamos construyendo juntos. Sigamos creyendo que los sueños se construyen juntos, desde la fraternidad, la comunión eclesial. La sinodalidad consiste en ir creando un “nosotros” eclesial compartido, es decir, que todos sintamos como propia la biografía de la Iglesia»

«Debemos abandonar el criterio pastoral del «siempre se ha hecho así» y tenemos que reinventarnos, ser creativos, imaginativos…»

Por Jesús Bastante

«Sigamos construyendo juntos. Sigamos creyendo que los sueños se construyen juntos, desde la fraternidad, la comunión eclesial. La sinodalidad consiste en ir creando un “nosotros” eclesial compartido, es decir, que todos sintamos como propia la biografía de la Iglesia». En su mensaje para Pentecostés, que lleva por título ‘Sigamos construyendo juntos. El Espíritu Santo nos necesita’, los obispos destacan «el papel fundamental» del laicado en la transmisión del Evangelio, en mitad del «gran reto y desafío pastoral de la sinodalidad» y del proceso sinodal que, justo este mes de junio, tiene uno de sus momentos cumbre con la reunión el 11 de junio de los delegados de todas las diócesis.

Antes, Pentecostés, Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, instituciones de marcado carácter sinodal. Y es que, sostiene la nota, «la sinodalidad expresa la naturaleza de la Iglesia, es su dimensión constitutiva. No nos referimos a algo accidental, secundario, sino al ADN de la Iglesia», más allá de «una reflexión teórica».

La vocación del laico no es residual

«La vocación laical no es una vocación residual, ni hay que considerar al laico como un cristiano de segunda, ni un actor de reparto, sino protagonista de la misión evangelizadora de la Iglesia, junto a los pastores y la vida consagrada», sostiene el mensaje de la CEE, que insiste en que «los laicos no están en la Iglesia para pedir a los párrocos o a los obispos que les atribuyan funciones».

Mensaje de los obispos españoles

«No se trata de ejercer un poder o de ocupar espacios en las estructuras eclesiásticas, sino que la participación de los laicos en la vida y misión de la Iglesia brota del sacramento del bautismo, desde donde descubren su vocación a ser misión, enviados, sin olvidar que, como afirma el Concilio Vaticano II, lo propio y peculiar de los laicos es su compromiso en el mundo», recalcan, abundando en que «una Iglesia sinodal es aquella en la que la Iglesia reconozca a los laicos y los laicos se reconozcan Iglesia, evitando caer en el clericalismo, que es uno de los problemas más serios que existe en nuestra Iglesia actual».

Este proceso sinodal, añaden, «nos debe llevar a vivir más intensamente la comunión y a promover espacios en los que todos nos sintamos protagonistas de la vida de la Iglesia y de su vocación misionera». Para ello proponen «diálogo profundo y escucha mutua», dos cualidades que no siempre han estado presentes en la relación de la jerarquía eclesiástica española con el mundo. Y con los fieles.

Nadie se salva solo

«En estos tiempos, marcados aún por la pandemia y por el drama de la guerra, por la inestabilidad económica, recibimos una llamada urgente a descubrir que nadie se salva solo, porque estamos todos en la misma barca en medio de las tempestades de la historia, pero sobre todo que nadie se salva sin Dios», añade el mensaje, que recuerda que, también, el proceso sinodal es «un proceso espiritual y está orientado al discernimiento», porque «el Espíritu Santo es el garante de la comunión, de la unidad que no es igual a uniformidad, sino que se expresa en la diversidad que nos conduce a la complementariedad».

«La sinodalidad eclesial no es solo una cuestión organizativa, sino que su finalidad es relanzar el sueño misionero, es la evangelización», recalca el mensaje de la CEE, que concluye reclamando cambiar el modo de actuar, sin «mirar hacia atrás con añoranza, con nostalgia del pasado». «Debemos abandonar el criterio pastoral del «siempre se ha hecho así» y tenemos que reinventarnos, ser creativos, imaginativos…».

«Estamos ante la posibilidad de un cambio profundo (…). La tarea es enorme, sus contornos no están totalmente definidos; no conocemos por dónde y cómo discurrirá este camino. No sabemos qué nos aguarda»

«Estamos ante la posibilidad de un cambio profundo (…). La tarea es enorme, sus contornos no están totalmente definidos; no conocemos por dónde y cómo discurrirá este camino. No sabemos qué nos aguarda. Solo que debemos ponernos en camino porque el Espíritu Santo nos necesita, nos llama a escuchar, discernir y seguir construyendo juntos un Pueblo de Dios en salida, que anuncie el Evangelio con alegría y sea fuente de esperanza en el momento actual», finaliza el documento, firmado por el presidente de la comisión y arzobispo de Zaragoza, Carlos Escribano, y de la que forman parte Mazuelos, Reig, Gil Hellín, Pérez Pueyo, Santos Montoya, Arturo Ros, Jesús Orozco y Antonio Gómez Cantero, junto a Saiz Meneses y Sergi Gordo.

La reforma laboral esperada

La Iglesia avala la reforma laboral pactada por Gobierno, empresarios y sindicatos

Yolanda Díaz y representantes de sindicatos y CEOE, juntos
Yolanda Díaz y representantes de sindicatos y CEOE, juntos

«Es un hecho muy positivo que Gobierno, organizaciones empresariales y sindicales hayan recuperado con fuerza el diálogo social que ya ha dado resultados muy importantes en diversos acuerdos»

Los obispos abogan por «la defensa del trabajo digno y la dignidad del trabajo» para que «el trabajo sea humano»

La CEE pide «eliminar las desigualdades en las relaciones laborales, a acabar con la temporalidad, la precariedad y la inseguridad laboral, a reforzar la negociación colectiva en condiciones justas y eliminar las desigualdades que deterioran las condiciones laborales de muchos trabajadores y trabajadoras»

23.12.2021 Jesús Bastante

Un pacto histórico. Gobierno y agentes sociales (empresarios y sindicatos) han aprobado, por unanimidad, la reforma laboral. Un acuerdo que gusta a todos… incluso, a la Iglesia. «Es un hecho muy positivo que Gobierno, organizaciones empresariales y sindicales hayan recuperado con fuerza el diálogo social que ya ha dado resultados muy importantes en diversos acuerdos», constata, en una nota, el Departamento de Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal.

«En el diálogo sobre la reforma laboral es también deseable que se llegue a un acuerdo que supere los intereses particulares. Pero que, sobre todo, se deje guiar por la defensa del trabajo digno y la dignidad del trabajo, para que avancemos en que el trabajo sea un elemento central en la configuración de la economía, para que esta tenga un “rostro humano”, como tanto insiste el papa Francisco», apunta la nota, firmada por el obispo responsable, el titular de Osma-Soria, Abilio Martínez.

Dignidad del trabajo

«Esto es lo que está en juego en la reforma laboral en nuestro país», añade la nota, que apunta, siguiendo la doctrina social de la Iglesia y el magisterio tanto de Francisco como de Juan Pablo II, que «la legislación laboral tiene como objetivo fundamental colaborar a que se respete la dignidad del trabajo y que se realice en condiciones dignas, en definitiva, que el trabajo “sea humano”».

«Esta es la reforma que se necesita; no obstante, tampoco se puede olvidar que el principal problema laboral es la falta de trabajo que afecta a millones de personas, especialmente jóvenes, por lo cual habrá de facilitar a las empresas la creación de empleo y el acceso a un trabajo digno a tantas personas que ven con incertidumbre su futuro», continúa la nota.

Sínodo 2023: vivencia en España

Así se desarrolla en España la fase diocesana del Sínodo de 2023 

En octubre de 2023 tendrá lugar en Roma la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos, una reunión convocada por el papa Francisco para abordar el tema “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. 

Si bien este tipo de Asambleas Sinodales se han celebrado desde 1974 y son habituales, esta próxima de 2023 ha despertado una expectación inusitada en la Iglesia universal. ¿La razón? La petición expresa e insistente del papa Francisco para que la reflexión sinodal no sea solo una reunión de obispos con el Papa, sino que todos los miembros de la Iglesia: obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, familias, centros educativos, institutos de vida consagrada, hombres, mujeres, adultos, jóvenes… en definitiva, todos los bautizados tengan voz y sean escuchados[LEER: Qué es el Sínodo de 2023, por qué es novedoso y cómo se va a desarrollar] 

Para ello, el Papa ha diseñado un proceso en tres fases que durará dos años en total: la primera será la fase diocesana (octubre 2021-abril 2022), después la fase continental (septiembre 2022-marzo 2023) y por último la fase celebrativa, que será la propia Asamblea sinodal (octubre de 2023). 

¿Cómo va a participar la Iglesia en España en el Sínodo de 2021-2023? 

1. Equipo sinodal de la CEE 

2. Primera reunión entre el equipo de la CEE y los responsables diocesanos 

3. Los responsables diocesanos 

4. El Sínodo en las parroquias y comunidades 

5. El Documento Preparatorio 

6. El papel de la CEE 

7. La apertura del Sínodo en las diócesis españolas 

8. Jornada de Apostolado Seglar 

9. Página web para seguir el Sínodo de 2023 en España 

10. Participantes españoles en el Sínodo de 2023 

11. Todas las noticias sobre el Sínodo 

1. El equipo sinodal de la CEE 

La Secretaría General del Sínodo ha previsto que cada Conferencia Episcopal cree un equipo de trabajo para apoyar las fases diocesana y continental. Sus funciones son coordinar los trabajos de las diócesis y servir de enlace entre estas y la Secretaría General del Sínodo. 

En España, la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha constituido un equipo sinodal formado por ocho miembros: el director-coordinador (elegido por la Asamblea Plenaria de la CEE) y el resto de integrantes, designados por la Comisión Ejecutiva de la CEE según los criterios trazados por la Secretaría del Sínodo, que invita a una presencia de las diversas vocaciones de la Iglesia. 

Los integrantes del equipo sinodal de la CEE son: 

  • Vicente Jiménez Zamora, arzobispo emérito de Zaragoza, como coordinador del equipo sinodal. 
  • Luis Argüello, secretario general de la CEE y obispo auxiliar de Valladolid. 
  • Isaac Martín, laico de la Archidiócesis de Toledo. 
  • Olalla Rodríguez, laica de la Renovación Carismática Católica. 
  • Dolores García, presidenta del Foro de Laicos. 
  • Luis Manuel Romero, sacerdote, director del secretariado de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida (antes Apostolado Seglar). 
  • María José Tuñón, ACI, religiosa de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, directora del secretariado de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada. 
  • Josetxo Vera, sacerdote y director del secretariado de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales. 

El equipo se reunió por primera vez el 16 de septiembre de 2021, y entre otras cosas, se abordó de qué manera se iba a ayudar a las diócesis españolas para la fase diocesana del Sínodo. 

La segunda reunión tuvo lugar el 5 de octubre, esta vez ya con los responsables sinodales en cada diócesis. 

2. Primera reunión entre el equipo de la CEE y los responsables diocesanos 

El equipo sinodal de la CEE y los responsables de la fase sinodal en cada una de las diócesis se reunieron el 5 de octubre. Era la primera vez que se ponían cara, justo antes de la apertura del Sínodo en Roma. 

En ella, el obispo Vicente Jiménez Zamora presentó la hoja de ruta del Sínodo: habló de este “kairós” de la Iglesia universal y también de la Iglesia española, una oportunidad que hay que acoger “desde la docilidad y la escucha del Espíritu Santo. Iniciamos un proceso, un camino, y la sinodalidad es el elemento que debe marcar el modo de ser en la Iglesia”. 

Jiménez insistió en que la consulta en esta fase tiene que ser verdadera, real y profunda, sin excluir a nadie e incluso incorporando a los que se sienten alejados de la Iglesia: “Lo importante no es responder a un cuestionario, sino tener experiencia de sinodalidad, de caminar juntos”. 

3. Los responsables diocesanos 

En España hay 69 diócesis más la Castrense (que no es una demarcación territorial, sino el Arzobispado que presta asistencia espiritual a los militares españoles allí donde estén). En todas ellas ya hay un responsable o equipo específico encargado de aterrizar los trabajos sinodales, si bien la comunicación y difusión de esta petición del Papa está siendo diversa. 

Cada responsable diocesano será el punto de referencia de las parroquias y otros grupos de la diócesis para iniciar los trabajos y para recoger sus contribuciones; será la persona de contacto principal del obispo en cuanto al proceso sinodal; y servirá de enlace entre su diócesis y el equipo de la CEE. 

Entre otras cosas, el responsable debe ofrecer formación y acompañamiento para facilitar la consulta, usando todos los recursos a su alcance: talleres, seminarios, webinars, vídeos, materiales e incluso apoyo personal. La finalidad es ayudar a parroquias y comunidades a que comprendan el significado de la sinodalidad y los objetivos del actual proceso sinodal. 

Al finalizar las consultas locales, el responsable diocesano supervisará la organización de la reunión presinodal diocesana, analizará y sintetizará todas las aportaciones recogidas y enviará su informe a la CEE. 

4. El Sínodo en las parroquias y comunidades 

Todas las parroquias están invitadas a participar en el proceso de consulta, organizando encuentros a nivel local, uniéndose a otras parroquias si lo consideran oportuno, fomentando un espíritu de fraternidad, corresponsabilidad y participación plena y activa. 

¿Quién puede participar en estos trabajos? Están invitados todos: sacerdotes, personas consagradas, laicos, hombres, mujeres, niños, jóvenes, solteros, matrimonios, familias, ancianos, personas de cualquier condición social y cualquier origen cultural, también los alejados de la fe, los creyentes de otras confesiones cristianas y de otras religiones, e incluso las personas que viven en la comunidad local pero que no tengan ninguna relación con la parroquia. 

Y no solo las parroquias. En este Sínodo pueden participar los movimientos, asociaciones, organismos y comunidades eclesiales que lo deseen, realizando sus propias consultas o trabajando con las parroquias si quieren. 

Las parroquias y comunidades pueden nombrar a su propia persona o equipo de contacto, pueden reunirse las veces que hagan falta, pueden tomar nota de las reuniones o grabarlas o facilitar el intercambio de ideas vía Internet, tienen que establecer el plazo y forma en que harán llegar sus conclusiones al responsable diocesano, y deben fomentar las reuniones a posteriori, para realizar un seguimiento de las aportaciones y discernir los siguiente pasos para integrar la sinodalidad a nivel local. 

Esta consulta terminará con una reunión presinodal, que será el momento culminante del discernimiento. 

5. El Documento Preparatorio 

La Secretaría General del Sínodo ha elaborado varios materiales que ha enviado a las Conferencias Episcopales para que las Iglesias particulares empiecen a trabajar el Sínodo. 

Por una parte, está el Documento Preparatorio, una herramienta para animar esta primera fase de escucha y consulta en las parroquias y comunidades. Por otra, el Vademécum, una especie de manual que ofrece apoyo práctico a los equipos diocesanos para preparar y reunir al Pueblo de Dios y que incluye oraciones, fuentes litúrgicas y bíblicas, ejemplos de ejercicios sinodales anteriores y un glosario de términos del proceso sinodal. 

Ambos textos han sido enviados a todas las diócesis, Conferencias Episcopales, dicasterios de la Curia romana, Unión de Superiores Generales, Unión de Superioras Mayores, otras uniones y federaciones de Vida Consagrada, movimientos de laicos y Universidades y Facultades de Teología. 

6. El papel de la CEE 

La Conferencia Episcopal Española (como todas las Conferencias Episcopales) ha designado al equipo sinodal que coordina el trabajo de las diócesis y que sirve de enlace con la Secretaría General del Sínodo. 

Cuando todas las diócesis españoles celebren sus asambleas presinodales, redacten y envíen sus conclusiones, el equipo sinodal liderado por Vicente Jiménez elaborará una síntesis que será presentada a los obispos. 

Los obispos españoles se reunirán en asamblea para conocer las aportaciones diocesanas. El equipo sinodal de la CEE redactará una síntesis y la enviará a Roma, antes de abril de 2022. Con las aportaciones de todas las Iglesias particulares, la Secretaría General del Sínodo elaborará el primer Instrumentum laboris antes de septiembre de 2022, que servirá para iniciar los trabajos en la Asamblea de octubre de 2023. [LEER: Por qué hay dos Instrumentum laboris del Sínodo de 2023] 

7. La apertura del Sínodo en las diócesis españolas 

El 17 de octubre de 2021, todos los obispos españoles (o los administradores diocesanos en las sedes vacantes) celebrarán una solemne apertura del Sínodo de 2023 en sus respectivas diócesis, como lo hizo el papa Francisco el 10 de octubre en el Vaticano. 

Ese será el comienzo de la fase diocesana del Sínodo de 2023, que durará desde octubre de 2021 hasta abril de 2022. 

8. Jornada de Apostolado Seglar 

Inmersos ya en la fase diocesana del Sínodo, los días 23 y 24 de octubre de 2021 se celebrarán en Madrid (con formato presencial y online) unas Jornadas de Apostolado Seglar tituladas ‘Pueblo de Dios en camino’. En ellas participarán los delegados diocesanos de Apostolado Seglar, los responsables de movimientos y asociaciones de laicos, y los responsables diocesanos del Sínodo de 2023. 

El objetivo de este encuentro es triple: reflexionar sobre la sinodalidad a la luz de la convocatoria del Sínodo de 2023, diseñar la hoja de ruta del apostolado seglar teniendo en cuenta el Sínodo de los Obispos y el Congreso Nacional de Laicos de febrero de 2020, y hacer experiencia de sinodalidad (comunión) entre las delegaciones, movimientos y asociaciones. 

El sábado 23, abrirán la Jornada el obispo Carlos Escribano, presidente de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida y arzobispo de Zaragoza, y Luis Manuel Romero, director del Secretariado de dicha Comisión y miembro del equipo sinodal de la CEE

El invitado estrella de la Jornada de Apostolado Seglar es Luis Marín de San Martín, religioso agustino español y subsecretario del Sínodo de los Obispos. Será el encargado de impartir la primera ponencia, titulada ‘Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’.                                                                                                                                                  Después se desarrollará el taller ‘Sinodalidad en acción’ y se presentará la hoja de ruta de la Iglesia en España hacia el Sínodo. 

El domingo 24 se valorarán los frutos del Congreso Nacional de Laicos que tuvo lugar en febrero de 2020 y habrá tiempo para dialogar en grupos. 

9. Página web para seguir el Sínodo 2023 en España 

La CEE ha puesto en marcha una página web dedicada a este Sínodo sobre la sinodalidad donde se ofrecen los materiales y recursos para la organización de la fase diocesana. 

El sitio está alojado en el dominio que se creó para el Congreso de Laicos de febrero de 2020, ‘Pueblo de Dios en salida’, organizado por la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida (antes llamada Apostolado Seglar). Desde entonces, esta página reúne las iniciativas que se realizan en el laicado español. 

Web de la CEE dedicada al Sínodo 2023 

10. Participantes españoles en el Sínodo de 2023 

En la Asamblea de 2023 participarán alrededor de 200-250 padres sinodales: la mayoría, obispos de todo el mundo, pero también religiosos, teólogos, expertos, los jefes de los dicasterios de la Curia romana… [LEER: Quién puede participar en un Sínodo]. Y además están las personas que, aunque no asistan a la Asamblea Sinodal, han sido fundamentales en su preparación. 

Estos son los españoles que, de alguna manera, participan en los trabajos del Sínodo de 2023: 

  • Secretaría General del Sínodo: Luis Marín de San Martín, OSA, subsecretario del Sínodo de los Obispos. 
  • Comisión TeológicaEloy Bueno de la Fuente (Teología Dogmática, Misionología, Filosofía), Santiago Madrigal, SJ (Teología Dogmática) y Carmen Peña García (Derecho Canónico). 
  • Comisión para la MetodologíaCristina Inogés Sanz
  • Inauguración en Roma: Cristina Inogés ofreció una meditación antes del discurso de Francisco en la sesión de reflexión previa a la celebración de apertura. 
  • CEE: Vicente Jiménez Zamora, obispo coordinador del equipo sinodal español. 
  • Padres sinodales en la Asamblea de octubre de 2023: pendiente de confirmar. 

11. Noticias 

Todas las noticias sobre el Sínodo 2021-2023 

La reconciliación que falta en España

Todo lo que a la Iglesia aún le queda por hacer en España para la “reconciliación” con el siglo XX que pide el papa 

POR: ÁNGEL MUNÁRRIZ  

La institución católica ha asumido pecados en el Holocausto, la dictadura argentina y la persecución de pentecostales, pero no por el golpe del 36, la Guerra Civil, las delaciones y la represión en España. 

El papa, en una entrevista en la Cope, ha pedido esta última semana a España que se reconcilie con su propia historia, especialmente del siglo XX. La pregunta de Carlos Herrera había sido sobre Cataluña, pero Francisco se desvió hacia la historia para señalar lo que a su juicio es la “clave”: “No sé si España está totalmente reconciliada con su propia historia, sobre todo del siglo pasado. Y si no lo está, tiene que hacer un paso de reconciliación con la propia historia”. Pero, ¿está la Iglesia “reconciliada” con su propio papel en el convulso siglo XX español? La trayectoria de la institución –cómplice de la represión y hermanada con el franquismo–, su estatus actual –erigido sobre privilegios con origen en la dictadura y a los que la jerarquía se aferra–, su trato a las víctimas y su resistencia a oficializar un perdón y reconocimiento de culpa que sí ha emitido en otros casos indican claramente que la propia Iglesia no está a la altura del listón que pone el propio pontífice. 

Complicidad con el franquismo 

La historia no sólo sitúa a la Iglesia del lado de los sublevados contra la República, sino que muestra su consustancialidad con el régimen franquista. La jerarquía católica fue un elemento determinante del bloque de fuerzas que socavó la República desde su proclamación. “Enemigos de la Iglesia y del orden social”, clamaba contra los republicanos en 1931 el cardenal primado y arzobispo de Toledo, Pedro Segura. “Cuando se produjo el levantamiento militar, salvo algunas excepciones, la Iglesia se apresuró a apoyar el pronunciamiento y a sacralizarlo, convirtiéndolo pronto en una Cruzada. Durante la guerra civil y a su término, la jerarquía denunció la cruenta persecución a que habían sido sometidos sus sacerdotes y religiosos en la España republicana durante la guerra, mientras silenciaba larepresión”, sintetiza el historiador Francisco Moreno Sáez. 

“España será católica o no será”, proclamó el cardenal Isidro Gomá durante la guerra, en otra frase imprescriptible. En 1937, la Carta Pastoral Dirigida a los Obispos del Mundo Entero consagró el apoyo sin ambages de la Iglesia a Franco: “Hoy por hoy, no hay en España más esperanza para reconquistar la justicia y la paz y los bienes que de ellas derivan, que el triunfo del movimiento nacional”. Acabada la guerra, Pío XII telegrafió un mensaje a Franco: “Levantamos nuestro corazón al señor y agradecemos la deseada victoria católica en España”. Más tarde, el papa nombró “protocanónigo” al “Caudillo”. 

El Vaticano aportó a Franco reconocimiento y legitimidad desde primera hora. El régimen respondió con una legislación educativa (1945) e hipotecaria (1946) a la medida de la institución católica. El hermanamiento culminó con el acuerdo bilateral de 1953, el Concordato, consagrando un régimen de total confesionalidad. Con este acuerdo bilateral, Franco “compraba un privilegio para él muy valioso”, el “título oficial de Estado católico respaldado por la Iglesia”, escribe en Las relaciones entre la Iglesia y el Estado en España (1953-1974)Alberto de la Hera, que fue director general de Asuntos Religiosos con José María Aznar. El general ferrolano arrancó además al Vaticano el artículo VI, que obligaba a los curas a elevar preces diarias por el Caudillo. 

Múltiples historiadores han acreditado la complicidad estructural de la jerarquía católica con Franco, como Francisco Espinosa y José María García Márquez en Por la religión y la patria (Crítica, 2014). La Iglesia fue parte del aparato represor. La justicia militar de posguerra se sirvió de curas junto a falangistas, guardias civiles y alcaldes. Julián Casanova, en La Iglesia de Franco (Crítica, 2001), narra cómo la Iglesia se apresuró a apoyar a los sublevados, ofreciendo su bendición a la política de exterminio. La guerra fue considerada por la Iglesia un “plebiscito armado”. Y ganó su candidato, Franco, “Caudillo de España por la Gracia de Dios”, como decían todas las monedas acuñadas desde 1946. 

Como escribe Casanova, la jerarquía participó desde 1943 en la “farsa” de las Cortes franquistas y se hizo presente en las más altas instituciones del Estado. Franco, añade el historiador, “murió bendecido por la Iglesia, sacralizado, rodeado de una aureola heroico-mesiánica que le equiparaba a los santos más grandes de la historia”. Benedictinos y dominicos pidieron su canonización. 

Cabría preguntar: ¿Está la Iglesia reconciliada con su historia en el siglo XX español?Herencias y privilegios 

Juan José Tamayo, profesor emérito honorífico de la Universidad Carlos III de Madrid, conecta las reticencias de la jerarquía a la petición de perdón por su papel en el franquismo con el hecho de que, aún hoy, disfruta de privilegios con raíz en la dictadura. “Es una causa fundamental”, señala el también secretario general de la asociación teológica Juan XIII. ¿Cómo interpreta el autor de La Internacional del odio las palabras del papa? A su juicio, “deberían ser entendidas” como una llamada de atención no sólo a la sociedad española, sino también a la propia jerarquía, que “dio apoyo al golpe de Estado y legitimó la dictadura durante casi 40 años”. “La jerarquía y los grupos integristas”, entre los que menciona a la Asociación Católica de Propaganidstas, el Opus Dei y los “movimientos cristoneofascistas” actuales, han sido, a su juicio, uno de los actores clave en el déficit de reconciliación en España. “Y no sólo –añade– en la sociedad española, sino también en el seno de la propia Iglesia, ya que la jerarquía ha rechazado el diálogo que desde los años 80 le ha ofreciendo el movimiento comunitario de base”. 

El actual estatus educativo, simbólico, económico e institucional de la Iglesia en España sería impensable sin el Concordato, reformado –jamás derogado– entre 1976 y 1979, cuando adoptaron la forma de cinco acuerdos. El primero es el marco jurídico, de 1976, es decir, preconstitucional y todavía vigente. Dionisio Llamazares, en su artículo Los Acuerdos del Estado español con la Santa Sede, considera “vértice del sistema” y raíz de su inconstitucionalidad, por generar de facto una confesionalidad encubierta y cincelar en el BOE que “la mayoría del pueblo español profesa la Religión Católica”. Jamás la jerarquía católica ha hecho amago de querer renunciar a un estatus erigido antes de la democracia.  

Los otros cuatro son temáticos: 1) jurídico, 2) Fuerzas Armadas, 3) educación y cultura y 4) economía. La casilla de la Iglesia –unos 300 millones anuales de dinero público para la Iglesia–, los profesores de Religión y capellanes pagados por el Estado, las múltiples exenciones fiscales… todo ello tiene origen en unos acuerdos cuya primera pieza es de 1976, mientras las tres siguientes están fechadas el 3 de enero de 1979, hace ahora 40 años, tan sólo 29 días después de la aprobación de la Constitución en referéndum. Aunque cronológicamente caen dentro de la democracia, lo cierto es que los contactos para el cambio del Concordato venían de finales de los 60 y obedecían a una lógica propia de relaciones Estado a Estado, como se concluye de la lectura del artículo Las relaciones entre la Iglesia y el Estado en España (1953-1976), de Alberto de la Hera. 

La parte del trato que corresponde a la Iglesia, la autofinanciación, sigue siendo un mero “propósito” incumplido. Los acuerdos también recogen la “voluntad” de la Iglesia de poner al servicio de la sociedad su “patrimonio documental” . No obstante, han sido frecuentes las quejas de historiadores, entre ellos los que investigan los crímenes del siglo XX. “A pesar de que funcionan con subvenciones, estos archivos son privados y el acceso está controlado y decidido por ellos”, señala el historiador Francisco Espinosa, especializado en la guerra y la represión. Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, pone el énfasis en el mismo punto: “La Iglesia, por su posición, debe tener gran cantidad de información sobre víctimas que no han dejado rastro judicial”.  

Las masivas inmatriculaciones de bienes de la Iglesia también tienen su origen en legislación franquistaconcretamente en la Ley Hipotecaria de 1946, rematada por su reglamento un año después. La normativa permitía a las autoridades de la Iglesia inscribir por vez primera en el registro –inmatricular– un bien, necesitando sólo para ello una certificación de la propia diócesis. Es decir, el obispo se convertía en fedatario público: parte sustancial, funcionarial, del Estado, con potestad para apropiarse de bienes públicos en virtud de su propia palabra. La Iglesia utilizó su privilegio al menos hasta 2015 y no ha renunciado a los frutos del mismo. Es más, se aferra con toda su fuerza a ellos. 

¿Aportaría algo a a “reconciliación” que defiende el papa una renuncia de la Iglesia a privilegios heredados del franquismo? 

Falta de perdón 

La Iglesia, que hasta 2019 mantuvo enterrado con honores a Franco y aún mantiene así a Queipo de Llano en Sevilla, se ha resistido a pedir oficialmente perdón por su papel como institución en la Guerra Civil, la represión y la dictadura. Estuvo cerca en 1971, en la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes, que votó esta propuesta: “Reconocemos humildemente y pedimos perdón porque nosotros no supimos a su tiempo ser verdaderos ministros de reconciliación“. Hubo un voto favorable mayoritario, pero no se llegó a los dos tercios exigidos, con lo que la propuesta no se incorporó a las conclusiones. Hace 50 años.Desde entonces, la esencia de la versión oficial se resume en esta frase de 2000 de Juan José Asenjo, siendo portavoz de la Conferencia Episcopal (CEE): la Iglesia fue durante la guerra “sujeto paciente y víctima”. Bajo el liderazgo de Antonio María Rouco Varela, en 1999 fue aprobada la tesis episcopal sobre la guerra, que evitaba la autocrítica: “España se vio arrastrada a la guerra civil más destructiva de su historia. No queremos señalar culpas de nadie en esta trágica ruptura de la convivencia […]. Deseamos más bien pedir el perdón de Dios para todos los que se vieron implicados en acciones que el Evangelio reprueba, estuvieran en uno u otro lado de los frentes”. En 2006, durante el debate que desembocaría en la aprobación de la Ley de Memoria Histórica, la Conferencia Episcopal publicó sus Orientaciones morales ante la situación actual de España, en las que alertaba de una “mentalidad selectiva” que “abre de nuevo viejas heridas”

Algo más conciliador, Ricardo Blázquez, siendo presidente de la CEE en 2007, afirmó que “en el decenio de los treinta” hubo “actuaciones concretas” de miembros de la Iglesia contrarias al Evangelio. Y hasta ahí. Lo demás han sido declaraciones vagas o aisladas: en 2009 la Iglesia vasca pidió perdón por su silencio ante el fusilamiento de 14 sacerdotes nacionalistas entre 1936 y 1937. En 2013 el entonces cardenal arzobispo de Barcelona, Martínez Sistach, lanzó este tuit: 

De los errores que los miembros de la Iglesia hayamos podido cometer en un pasado más o menos lejano los obispos humildemente pedimos perdón 

— Cardenal Sistach (@sistachcardenal) October 25, 2013 

¿Suficiente para considerar que la Iglesia ha contribuido a la “reconciliación? No, a juicio de la plataforma por la Comisión de la Verdad, que agrupa a más de 100 asociaciones de memoria y solicitó en 2013 en una carta al papa Francisco que la Iglesia pida perdón por su apoyo a Franco. Además, acusó a la institución de “ensalzar a unas víctimas con beatificaciones y canonizaciones en masa y olvidar a las de la represión franquista”. El ensayo El resurgir del pasado en España. Fosas de víctimas y confesiones de verdugos(Taurus, 2018), de Paloma Aguilar y Leigh A. Payne, apunta a un diagnóstico parecido al señalar que “la jerarquía eclesiástica ha logrado que se reconozca a sus víctimas”, mientras –exceptuando salvedades en Navarra– “esa misma jerarquía se ha negado en repetidas ocasiones a apoyar los esfuerzos que las víctimas republicanas“. Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, explica que, por su experiencia, la Iglesia ha hecho una “lectura política” durante todo el proceso de recuperación de víctimas, dándose el caso de religiosos exhumados asesinados por los franquistas que no han recibido el tratamiento de “mártires” de las víctimas en suelo republicano. 

infoLibre preguntó a la Conferencia Episcopal cuál consideraba su “posicionamiento de referencia”, a lo que respondió remitiendo a su colección documental desde 1966. 

“En España, desde el intento del 71 que no salió adelante, se perdió la posibilidad” de una petición de perdón, opina Ángel Luis López Villaverde, autor de El poder de la Iglesia en la España contemporánea (Catarata, 2013). A su juicio, las palabras del papa son “correctas” y “bien intencionadas”. ¿Pero? “El problema es que son muy ambiguas, una buena iniciativa que no va más allá. Hay que darles contenido. Y no sé si en la jerarquía española alguien lo hará”, expone. “Roma –afirma– hace mucho tiempo que va por delante de la jerarquía católica española”. 

Las reticencias de la Iglesia a pedir perdón por el franquismo contrastan con su abundante caudal de autocrítica sobre otros episodios de la historia. ¿Ejemplos? Ha habido desde 1992 hasta cuatro públicos reconocimientos de culpa por los abusos cometidos contra los pueblos indígenas durante la colonización de América Latina. “Se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios. Pido humildemente perdón”, solemnizó Francisco. Juan Pablo II hizo en 2000 la petición de perdón más profunda de la milenaria historia de la institución. 

“Los cristianos han incumplido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, violado los derechos de etnias y pueblos […]. Nunca más ofensas hacia ningún pueblo, nunca más recurso a la lógica de la violencia, nunca más discriminaciones, exclusiones, opresiones, desprecio hacia los pobres y los desposeídos”. No hubo referencias al caso español. En otras ocasiones sí ha habido asunciones de culpa por hechos particulares. En 1998 el Vaticano –otra vez con Juan Pablo II– hizo un “acto de arrepentimiento” por su insensibilidad ante el Holocausto. Más contundente aún fue la Iglesia argentina en 2000 en la autocrítica sobre sus “pecados” durante la dictadura de la Junta Militar (1976-1983). El papa actual, Francisco, pidió perdón en 2015 a los evangélicos pentecostales por las persecuciones que sufrieron durante la época fascista de Benito Mussolini. Cuatro años después pidió perdón al pueblo gitano durante un viaje a Rumanía. 

A España el papa le pide que se reconcilie ella misma con su historia. Pero es la Iglesia la que tiene margen para dar pasos por sí misma hacia ese propósito 

El equipo sinodal de la Iglesia Española

El equipo sinodal de la Iglesia española da sus primeros pasos 

“Lo importante no es responder a un cuestionario, sino tener experiencia de sinodalidad, de caminar juntos”, señala Vicente Jiménez 

El camino hacia el Sínodo de la Sinodalidad ya es una realidad en la Iglesia española. Y es que, durante la tarde de ayer, 5 de octubre, el equipo sinodal de la Conferencia Episcopal Española (CEE) se reunía con los responsables de la fase sinodal de cada una de las diócesis españolas. “Estamos asistiendo a un kairós de nuestra Iglesia universal y en España”, dijo Vicente Jiménez Zamora, coordinador del equipo Sinodal de la CEE, quien presentó la hoja de ruta del Sínodo de los Obispos, bajo el lema ‘Por una Iglesia sinodal, comunión, participación y misión (2021-2023)’. 

“Debemos acoger esta oportunidad desde la docilidad y la escucha del Espíritu Santo”, continuó Jiménez Zamora. “Iniciamos un proceso, un camino y la sinodalidad es el elemento que debe marcar el modo de ser en la Iglesia”. Asimismo, señaló que “lo importante no es responder a un cuestionario, sino tener experiencia de sinodalidad, de caminar juntos“. 

En la reunión se presentó, además, la página del Sínodo, la cual pretende ser un punto de encuentro y de servicio a los equipos sinodales de la Iglesia en España. Está alojada en el dominio creado para el congreso de laicos de febrero de 2020, y que recoge las iniciativas que se realizan en España a raíz de aquel encuentro. En esta página se encuentran los materiales y recursos para la fase diocesana, su organización y difusión. 

El Equipo Sinodal español 

Este camino sinodal consta de tres fases: la fase diocesana, las asambleas regionales y continentales, y, finalmente, en octubre de 2023, la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos en el Vaticano. 

El Equipo Sinodal de la CEE tiene como funciones servir de enlace entre la Secretaría General del Sínodo y las diócesis y, al mismo tiempo, coordinar esta primera fase diocesana, que dará comienzo el próximo 17 de octubre y se prolongará hasta abril de 2022. 

Está formado por Luis Argüello, secretario general de la CEE; Isaac Martín, laico de la diócesis de Toledo; Olalla Rodríguez, laica de la Renovación carismática católica; Dolores García, presidenta del Foro de Laicos; Luis Manuel Romero, sacerdote, director de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y vida; María José Tuñón, religiosa, directora de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada; y Josetxo Vera, director de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales 

Los desafíos de las mujeres en la Iglesia española


Hace unos días, el 13 de agosto de 2021, el obispo de Orense afirmaba en el periódico Faro de Vigo, que “sin el papel de la mujer en la Iglesia tendríamos que cerrar”. Sin embargo, actualmente la mujer tiene muy poca responsabilidad y visibilidad en la Iglesia. Este es el mayor desafío de la mujer en la Iglesia española como afirma Ana María Vega Gutiérrez[1]: “La participación de la mujer en la Iglesia es uno de los desafíos más importantes que debe afrontar la Iglesia en este siglo XXI, como reconoce el propio Papa[2]”.

Son muchos los desafíos que tiene la mujer en la Iglesia católica en la España del siglo XXI. En este breve artículo me voy a referir solamente a los dos desafíos que me parecen más importantes, sin poder profundizar mucho en ellos por lo limitado del espacio.

El desafío de la responsabilidad en la Iglesia

El primer desafío que quiero mencionar por su importancia y entidad, es que la mujer esté presente, que tenga responsabilidades reales dentro de todos los organismos y centros de la Iglesia. El papa Francisco ha comenzado a dar responsabilidades a la mujer dentro del Vaticano, y esto falta hacerlo también dentro de la iglesia católica en España, donde la mujer es poco visible, a pesar que la mayoría de la población somos mujeres.

En enero de 2021, el porcentaje de mujeres en España es del 50,99 % de la población, actualmente la mujer en España ocupa importantes puestos de responsabilidad en organismos públicos y privados, pero no es así dentro de la Iglesia.

Solamente tres mujeres tienen responsabilidades en la Conferencia Episcopal Española: María José Tuñón, directora de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, Raquel Pérez Sanjuán, directora de la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura, y María Francisca Sánchez Vara, directora de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana. La mujer participa activamente en las parroquias y organizaciones, pero en tareas poco relevantes, en la gran mayoría de los casos sin capacidad de tomar decisiones.

allaway/Catholic New World

El desafío de la solidaridad y de la humanización

El segundo desafío de la mujer católica del siglo XXI es la solidaridad. En este periodo de pandemia, la “prevención”, el miedo, está provocando comportamientos poco humanizados, se está dejando solas a las personas más desfavorecidas.

Por ejemplo, en los hospitales y residencias de personas mayores y con discapacidad se impiden las visitas a las personas ingresadas que han de sufrir en soledad su proceso de dolor, enfermedad, final de vida. Este comportamiento va en contra de los fundamentos de la ética y, también, de los principios evangélicos. El principio ético de beneficencia, de ayuda a la otra persona, en estos últimos meses se ha quedado “aparcado”. Y me pregunto: ¿Qué sociedad estamos creando en esta etapa post-coronavirus?

En estos momentos la mujer en la Iglesia tiene un gran desafío: el de la solidaridad, el de la humanización de la sociedad.

El desafío de no dejarse distraer

El gran poeta Juan de la Cruz nos dice que para encontrar a “su Amado”, a Dios, no basta con rezar y pensar, junto con esto es necesario obrar, buscar en el ejercicio y obras de la solidaridad, de las virtudes, de la lucha por la justicia y los derechos humanos:

Buscando mis amores,

iré por esos montes y riveras,

ni cogeré las flores,

ni temeré las fieras,

y pasaré los fuertes y fronteras.

La búsqueda de Dios, la oración, ha de llevar al encuentro con el otro, ha de conducir al bien común. La propia Teresa de Jesús decía que no hay mejor “crisol” para conocer como se ha hecho la oración que los frutos y las obras que se realizan con los demás[3]. Para San Juan de la Cruz solo encuentra a Dios la persona que le busca por el ejercicio y las obras de las virtudes, superando el miedo, con determinación absoluta de que nada le parará.

Para el poeta “los montes y riveras” representarían los problemas, como; el coronavirus, las crisis económicas, las pandemias, lo profundo de la existencia, u otros. Pero venga lo que venga, suceda lo que suceda; enfermedad, salud o situación más o menos conflictiva, Juan de la Cruz nos anima a seguir buscando, nos alienta ha seguir caminando.

Las “flores” serían las comodidades, las seguridades, el bienestar que nos rodea y nos impide salir de nosotros, ser solidarios, ayudar a los demás. Si nos refugiamos en nuestro bienestar y seguridad no trabajaremos por el bien común, no ayudaremos a los demás.

Las “fieras” pueden interpretarse como los miedos que nos impiden hacer, ayudar a las personas vulnerables, defender los derechos de las personas. Los miedos son como una cárcel; nos paralizan, son los ladrones que nos quitan la libertad. Una fiera del siglo XXI es el miedo al contagio por el coronavirus. En España, a pesar de la vacunación, de las mascarillas, de la facilidad que tenemos para lavarnos las manos, por el miedo al contagio se están deshumanizando hospitales, residencias, centros de acogida, incluso las relaciones personales.

Y “pasaré los fuertes y fronteras”, representarían todos esos obstáculos que nos roban la libertad, la determinación de ser y hacer. También “los fuertes” podrían ser esas personas cautelosas y temerosas que mas que prevenir nos infunden miedo. Sus llamadas a la prudencia nos paralizan. “Las fronteras” bien puede ser el propio yo, nuestro ego, nuestros egoísmos: fronteras que hemos pasar para poder transcender a los demás.

En conclusión, señalar que ser una mujer católica hoy implica un compromiso de búsqueda de Dios y también un encuentro con las personas y con la sociedad. En este tiempo de pandemia es necesario que la mujer esté presente en la sociedad, en la Iglesia, y que realice una llamada constante a la humanización evangélica, a la solidaridad. El coronavirus obliga a cuidarnos más entre todos; vacunarnos, ponernos la mascarilla, lavarnos las manos, tener una cierta distancia entre unos y otros, pero NO tener miedo. Hoy más que nunca es necesario confiar en el encargo del Evangelio: “No tengáis miedo”.


[1] Ana María Vega. Catedrática de Derecho Eclesiástico del Estado, en la Universidad de La Rioja, España. La participación de la mujer en la Iglesia, uno de los desafíos más importantes para la Iglesia en este siglo XXI. Recuperado de http://www.laici.va/content/dam/laici/documenti/donna/teologia/espanol/La%20participación%20de%20la%20mujer%20en%20la%20Iglesia%20AMVegaGutierrez.pdf

[2] En la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, 24 de noviembre de 2013, el Papa sostiene: «las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres, a partir de la firme convicción de que varón y mujer tienen la misma dignidad, plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y que no se pueden eludir superficialmente» (n. 104).

[3] Santa Teresa de Jesús. Castillo interior. Morada 4, 2.8. “…mas en los efectos y obras de después se conocen estas verdades de oración, que no hay mejor crisol para probarse.”  Recuperado:
https://mercaba.org/FICHAS/Santos/TdeJesus/moradas_04.htm#CAPÍTULO%202


Escrito por Carmen Sánchez Carazo, Exconcejala del Ayuntamiento de Madrid (PSOE), doctora en Medicina, Master en Bioética y miembro de la Academia de Líderes Católicos

Urge una renovación espiritual, cultural y política en España

El objetivo de la Conferencia Episcopal para estos cinco años:  

     “Urge una gran renovación espiritual, cultural y política”

Los obispos españoles presentan su agenda de trabajo quinquenal, incluye entre los ocho desafíos principales la atención a las víctimas de abusos, la sanción de los culpables y la prevención

Entre las iniciativas más novedosas se encuentra la creación de un Centro Nacional de Vocaciones y un Consejo Asesor de Laicos

“Urge una gran renovación espiritual, cultural y política”. Es el llamamiento que lanzan los obispos españoles en sus nuevas ‘Orientaciones y líneas de trabajo para la Iglesia española en los próximos cinco años’. Esta tarde se publicaba el que va a ser el eje de la acción de la Conferencia Episcopal Española a través de un documento de 95 páginas del que se aclara no es un plan pastoral, labor que corresponde a “cada obispo en sus respectivas diócesis”.

A lo largo del texto, que fue aprobado en la Asamblea Plenaria de primavera, a partir de un análisis del contexto social, político y económico de nuestro país, los pastores  hacen suyo el llamamiento de Francisco de soñar “con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial”.

Los migrantes y descartados

“Misericordia, alegría, discipulado misionero y santidad son claves de la permanente llamada a la espiritualidad de esta propuesta de renovación eclesial para la salida misionera en el cambio de época”, relatan los prelados que plantean como “lugares privilegiados” para la evangelización “la familia (niños, jóvenes, ancianos), los migrantes y descartados y la casa común de la familia humana”. El documento está salpicado de todos los documentos magisteriales de Francisco, de ‘Evangelii gaudium’ a ‘Fratelli Tutti’, pasando por ‘Laudato si’’, ‘Gaudete et exultate’, ‘Amoris laetitia’ o ‘Christus vivit’.

Ocho son las apuestas de trabajo fundamental para el Episcopado en este quinquenio, entre los que destaca que se haya incluido como prioridad la puesta en marcha de medidas de atención “a las víctimas de abusos, la sanción de los culpables y la prevención de todo tipo de abusos”. Junto a ellas, se fija en lista preferente respaldar al laicado, renovar la formación sacerdotal, aplicar ‘Amoris laetitia’ en la pastoral familiar, una Iglesia pobre y para los pobres, reforzar la catequesis de iniciación cristiana, cuidar la piedad popular y atención a las personas con discapacidad.

Una salida misionera

Para ello, los obispos plantean como palabras clave el discernimiento y la sinodalidad para poder iniciar una “salida misionera” que implique “hacernos prójimos de nuestro contemporáneos” configurando “una Iglesia hospital de campaña que escucha a todos y quiere servir a la sociedad desde el testimonio personal y comunitario”. Así se propone generar espacios “donde escuchar a los de fuera trabajar conjuntamente con los de dentro”. “El mensaje central que hemos de comunicar hoy es que Dios existe y es bueno creer en Él”, aseguran los pastores, que centran esta labor de evangelización en promover una relación con Jesucristo como aquel que “da un horizonte a la vida”. 

 A  partir de ahí, creen necesario promover una comunidad cristiana que sea “ámbito de escucha y encuentro” que genere “amistad civil en la vida ciudadana”, para ser “signo e instrumento de la fraternidad en medio del mundo”.

Este planteamiento se traduce en cuatro itinerarios: el primer anuncio explícito de la fe a quienes no conocen a Cristo, generar procesos de acogida y acompañamiento para quienes estén en búsqueda y deseen vincularse a la Iglesia, ofrecer formación integral y permanente a los laicos comprometidos y aumentar la presencia de los católicos en la vida pública.

Aplicación real

Entre las principales acciones para aterrizar estas reflexiones se encuentra la participación en el Sínodo de los Obispos convocado por el Papa, aplicar los documentos sobre catequesis, formación de sacerdotes, las exhortaciones ‘Christus vivit’ de jóvenes y ‘Amoris laetitia’ de familias, sumarse al Pacto Educativo Global y al proyecto Economía de Francisco, crear un centro nacional de vocaciones y un congreso al respecto, poner en marcha un Comité de Estudios y Proyectos, impulsar un Consejo Asesor de Laicos, una posible instrucción sobre sinodalidad, reavivar las universidades católicas y la relación entre los colegios diocesanos. Además, los obispos se comprometen a continuar con reformas internas en la Conferencia Episcopal Española.

Pero si algo llama la atención es que, si bien a lo largo del documento hay una presencia más o menos latente de la Doctrina Social, sin duda alguna es la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción Humana la que aglutina el mayor número de propuestas y acciones tanto en sus dos subcomisiones y once departamentos, que pasan desde el fomento de espacios de acogida a las víctimas de trata en las diócesis a crear una comunidad parroquial no territorial para la pastoral del circo, sin olvidar la atención a la etnia gitana, elaborar un documento marco sobre ecología integral y la defensa de los derechos de los migrantes.