El equipo sinodal de la Iglesia Española

El equipo sinodal de la Iglesia española da sus primeros pasos 

“Lo importante no es responder a un cuestionario, sino tener experiencia de sinodalidad, de caminar juntos”, señala Vicente Jiménez 

El camino hacia el Sínodo de la Sinodalidad ya es una realidad en la Iglesia española. Y es que, durante la tarde de ayer, 5 de octubre, el equipo sinodal de la Conferencia Episcopal Española (CEE) se reunía con los responsables de la fase sinodal de cada una de las diócesis españolas. “Estamos asistiendo a un kairós de nuestra Iglesia universal y en España”, dijo Vicente Jiménez Zamora, coordinador del equipo Sinodal de la CEE, quien presentó la hoja de ruta del Sínodo de los Obispos, bajo el lema ‘Por una Iglesia sinodal, comunión, participación y misión (2021-2023)’. 

“Debemos acoger esta oportunidad desde la docilidad y la escucha del Espíritu Santo”, continuó Jiménez Zamora. “Iniciamos un proceso, un camino y la sinodalidad es el elemento que debe marcar el modo de ser en la Iglesia”. Asimismo, señaló que “lo importante no es responder a un cuestionario, sino tener experiencia de sinodalidad, de caminar juntos“. 

En la reunión se presentó, además, la página del Sínodo, la cual pretende ser un punto de encuentro y de servicio a los equipos sinodales de la Iglesia en España. Está alojada en el dominio creado para el congreso de laicos de febrero de 2020, y que recoge las iniciativas que se realizan en España a raíz de aquel encuentro. En esta página se encuentran los materiales y recursos para la fase diocesana, su organización y difusión. 

El Equipo Sinodal español 

Este camino sinodal consta de tres fases: la fase diocesana, las asambleas regionales y continentales, y, finalmente, en octubre de 2023, la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos en el Vaticano. 

El Equipo Sinodal de la CEE tiene como funciones servir de enlace entre la Secretaría General del Sínodo y las diócesis y, al mismo tiempo, coordinar esta primera fase diocesana, que dará comienzo el próximo 17 de octubre y se prolongará hasta abril de 2022. 

Está formado por Luis Argüello, secretario general de la CEE; Isaac Martín, laico de la diócesis de Toledo; Olalla Rodríguez, laica de la Renovación carismática católica; Dolores García, presidenta del Foro de Laicos; Luis Manuel Romero, sacerdote, director de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y vida; María José Tuñón, religiosa, directora de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada; y Josetxo Vera, director de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales 

Los desafíos de las mujeres en la Iglesia española


Hace unos días, el 13 de agosto de 2021, el obispo de Orense afirmaba en el periódico Faro de Vigo, que “sin el papel de la mujer en la Iglesia tendríamos que cerrar”. Sin embargo, actualmente la mujer tiene muy poca responsabilidad y visibilidad en la Iglesia. Este es el mayor desafío de la mujer en la Iglesia española como afirma Ana María Vega Gutiérrez[1]: “La participación de la mujer en la Iglesia es uno de los desafíos más importantes que debe afrontar la Iglesia en este siglo XXI, como reconoce el propio Papa[2]”.

Son muchos los desafíos que tiene la mujer en la Iglesia católica en la España del siglo XXI. En este breve artículo me voy a referir solamente a los dos desafíos que me parecen más importantes, sin poder profundizar mucho en ellos por lo limitado del espacio.

El desafío de la responsabilidad en la Iglesia

El primer desafío que quiero mencionar por su importancia y entidad, es que la mujer esté presente, que tenga responsabilidades reales dentro de todos los organismos y centros de la Iglesia. El papa Francisco ha comenzado a dar responsabilidades a la mujer dentro del Vaticano, y esto falta hacerlo también dentro de la iglesia católica en España, donde la mujer es poco visible, a pesar que la mayoría de la población somos mujeres.

En enero de 2021, el porcentaje de mujeres en España es del 50,99 % de la población, actualmente la mujer en España ocupa importantes puestos de responsabilidad en organismos públicos y privados, pero no es así dentro de la Iglesia.

Solamente tres mujeres tienen responsabilidades en la Conferencia Episcopal Española: María José Tuñón, directora de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, Raquel Pérez Sanjuán, directora de la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura, y María Francisca Sánchez Vara, directora de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana. La mujer participa activamente en las parroquias y organizaciones, pero en tareas poco relevantes, en la gran mayoría de los casos sin capacidad de tomar decisiones.

allaway/Catholic New World

El desafío de la solidaridad y de la humanización

El segundo desafío de la mujer católica del siglo XXI es la solidaridad. En este periodo de pandemia, la “prevención”, el miedo, está provocando comportamientos poco humanizados, se está dejando solas a las personas más desfavorecidas.

Por ejemplo, en los hospitales y residencias de personas mayores y con discapacidad se impiden las visitas a las personas ingresadas que han de sufrir en soledad su proceso de dolor, enfermedad, final de vida. Este comportamiento va en contra de los fundamentos de la ética y, también, de los principios evangélicos. El principio ético de beneficencia, de ayuda a la otra persona, en estos últimos meses se ha quedado “aparcado”. Y me pregunto: ¿Qué sociedad estamos creando en esta etapa post-coronavirus?

En estos momentos la mujer en la Iglesia tiene un gran desafío: el de la solidaridad, el de la humanización de la sociedad.

El desafío de no dejarse distraer

El gran poeta Juan de la Cruz nos dice que para encontrar a “su Amado”, a Dios, no basta con rezar y pensar, junto con esto es necesario obrar, buscar en el ejercicio y obras de la solidaridad, de las virtudes, de la lucha por la justicia y los derechos humanos:

Buscando mis amores,

iré por esos montes y riveras,

ni cogeré las flores,

ni temeré las fieras,

y pasaré los fuertes y fronteras.

La búsqueda de Dios, la oración, ha de llevar al encuentro con el otro, ha de conducir al bien común. La propia Teresa de Jesús decía que no hay mejor “crisol” para conocer como se ha hecho la oración que los frutos y las obras que se realizan con los demás[3]. Para San Juan de la Cruz solo encuentra a Dios la persona que le busca por el ejercicio y las obras de las virtudes, superando el miedo, con determinación absoluta de que nada le parará.

Para el poeta “los montes y riveras” representarían los problemas, como; el coronavirus, las crisis económicas, las pandemias, lo profundo de la existencia, u otros. Pero venga lo que venga, suceda lo que suceda; enfermedad, salud o situación más o menos conflictiva, Juan de la Cruz nos anima a seguir buscando, nos alienta ha seguir caminando.

Las “flores” serían las comodidades, las seguridades, el bienestar que nos rodea y nos impide salir de nosotros, ser solidarios, ayudar a los demás. Si nos refugiamos en nuestro bienestar y seguridad no trabajaremos por el bien común, no ayudaremos a los demás.

Las “fieras” pueden interpretarse como los miedos que nos impiden hacer, ayudar a las personas vulnerables, defender los derechos de las personas. Los miedos son como una cárcel; nos paralizan, son los ladrones que nos quitan la libertad. Una fiera del siglo XXI es el miedo al contagio por el coronavirus. En España, a pesar de la vacunación, de las mascarillas, de la facilidad que tenemos para lavarnos las manos, por el miedo al contagio se están deshumanizando hospitales, residencias, centros de acogida, incluso las relaciones personales.

Y “pasaré los fuertes y fronteras”, representarían todos esos obstáculos que nos roban la libertad, la determinación de ser y hacer. También “los fuertes” podrían ser esas personas cautelosas y temerosas que mas que prevenir nos infunden miedo. Sus llamadas a la prudencia nos paralizan. “Las fronteras” bien puede ser el propio yo, nuestro ego, nuestros egoísmos: fronteras que hemos pasar para poder transcender a los demás.

En conclusión, señalar que ser una mujer católica hoy implica un compromiso de búsqueda de Dios y también un encuentro con las personas y con la sociedad. En este tiempo de pandemia es necesario que la mujer esté presente en la sociedad, en la Iglesia, y que realice una llamada constante a la humanización evangélica, a la solidaridad. El coronavirus obliga a cuidarnos más entre todos; vacunarnos, ponernos la mascarilla, lavarnos las manos, tener una cierta distancia entre unos y otros, pero NO tener miedo. Hoy más que nunca es necesario confiar en el encargo del Evangelio: “No tengáis miedo”.


[1] Ana María Vega. Catedrática de Derecho Eclesiástico del Estado, en la Universidad de La Rioja, España. La participación de la mujer en la Iglesia, uno de los desafíos más importantes para la Iglesia en este siglo XXI. Recuperado de http://www.laici.va/content/dam/laici/documenti/donna/teologia/espanol/La%20participación%20de%20la%20mujer%20en%20la%20Iglesia%20AMVegaGutierrez.pdf

[2] En la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, 24 de noviembre de 2013, el Papa sostiene: «las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres, a partir de la firme convicción de que varón y mujer tienen la misma dignidad, plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y que no se pueden eludir superficialmente» (n. 104).

[3] Santa Teresa de Jesús. Castillo interior. Morada 4, 2.8. “…mas en los efectos y obras de después se conocen estas verdades de oración, que no hay mejor crisol para probarse.”  Recuperado:
https://mercaba.org/FICHAS/Santos/TdeJesus/moradas_04.htm#CAPÍTULO%202


Escrito por Carmen Sánchez Carazo, Exconcejala del Ayuntamiento de Madrid (PSOE), doctora en Medicina, Master en Bioética y miembro de la Academia de Líderes Católicos

Urge una renovación espiritual, cultural y política en España

El objetivo de la Conferencia Episcopal para estos cinco años:  

     “Urge una gran renovación espiritual, cultural y política”

Los obispos españoles presentan su agenda de trabajo quinquenal, incluye entre los ocho desafíos principales la atención a las víctimas de abusos, la sanción de los culpables y la prevención

Entre las iniciativas más novedosas se encuentra la creación de un Centro Nacional de Vocaciones y un Consejo Asesor de Laicos

“Urge una gran renovación espiritual, cultural y política”. Es el llamamiento que lanzan los obispos españoles en sus nuevas ‘Orientaciones y líneas de trabajo para la Iglesia española en los próximos cinco años’. Esta tarde se publicaba el que va a ser el eje de la acción de la Conferencia Episcopal Española a través de un documento de 95 páginas del que se aclara no es un plan pastoral, labor que corresponde a “cada obispo en sus respectivas diócesis”.

A lo largo del texto, que fue aprobado en la Asamblea Plenaria de primavera, a partir de un análisis del contexto social, político y económico de nuestro país, los pastores  hacen suyo el llamamiento de Francisco de soñar “con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial”.

Los migrantes y descartados

“Misericordia, alegría, discipulado misionero y santidad son claves de la permanente llamada a la espiritualidad de esta propuesta de renovación eclesial para la salida misionera en el cambio de época”, relatan los prelados que plantean como “lugares privilegiados” para la evangelización “la familia (niños, jóvenes, ancianos), los migrantes y descartados y la casa común de la familia humana”. El documento está salpicado de todos los documentos magisteriales de Francisco, de ‘Evangelii gaudium’ a ‘Fratelli Tutti’, pasando por ‘Laudato si’’, ‘Gaudete et exultate’, ‘Amoris laetitia’ o ‘Christus vivit’.

Ocho son las apuestas de trabajo fundamental para el Episcopado en este quinquenio, entre los que destaca que se haya incluido como prioridad la puesta en marcha de medidas de atención “a las víctimas de abusos, la sanción de los culpables y la prevención de todo tipo de abusos”. Junto a ellas, se fija en lista preferente respaldar al laicado, renovar la formación sacerdotal, aplicar ‘Amoris laetitia’ en la pastoral familiar, una Iglesia pobre y para los pobres, reforzar la catequesis de iniciación cristiana, cuidar la piedad popular y atención a las personas con discapacidad.

Una salida misionera

Para ello, los obispos plantean como palabras clave el discernimiento y la sinodalidad para poder iniciar una “salida misionera” que implique “hacernos prójimos de nuestro contemporáneos” configurando “una Iglesia hospital de campaña que escucha a todos y quiere servir a la sociedad desde el testimonio personal y comunitario”. Así se propone generar espacios “donde escuchar a los de fuera trabajar conjuntamente con los de dentro”. “El mensaje central que hemos de comunicar hoy es que Dios existe y es bueno creer en Él”, aseguran los pastores, que centran esta labor de evangelización en promover una relación con Jesucristo como aquel que “da un horizonte a la vida”. 

 A  partir de ahí, creen necesario promover una comunidad cristiana que sea “ámbito de escucha y encuentro” que genere “amistad civil en la vida ciudadana”, para ser “signo e instrumento de la fraternidad en medio del mundo”.

Este planteamiento se traduce en cuatro itinerarios: el primer anuncio explícito de la fe a quienes no conocen a Cristo, generar procesos de acogida y acompañamiento para quienes estén en búsqueda y deseen vincularse a la Iglesia, ofrecer formación integral y permanente a los laicos comprometidos y aumentar la presencia de los católicos en la vida pública.

Aplicación real

Entre las principales acciones para aterrizar estas reflexiones se encuentra la participación en el Sínodo de los Obispos convocado por el Papa, aplicar los documentos sobre catequesis, formación de sacerdotes, las exhortaciones ‘Christus vivit’ de jóvenes y ‘Amoris laetitia’ de familias, sumarse al Pacto Educativo Global y al proyecto Economía de Francisco, crear un centro nacional de vocaciones y un congreso al respecto, poner en marcha un Comité de Estudios y Proyectos, impulsar un Consejo Asesor de Laicos, una posible instrucción sobre sinodalidad, reavivar las universidades católicas y la relación entre los colegios diocesanos. Además, los obispos se comprometen a continuar con reformas internas en la Conferencia Episcopal Española.

Pero si algo llama la atención es que, si bien a lo largo del documento hay una presencia más o menos latente de la Doctrina Social, sin duda alguna es la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción Humana la que aglutina el mayor número de propuestas y acciones tanto en sus dos subcomisiones y once departamentos, que pasan desde el fomento de espacios de acogida a las víctimas de trata en las diócesis a crear una comunidad parroquial no territorial para la pastoral del circo, sin olvidar la atención a la etnia gitana, elaborar un documento marco sobre ecología integral y la defensa de los derechos de los migrantes.

¿Qué queda del 15-M en la sociedad y en la Iglesia?

-Una tarea ilusionante

“Este 15 de mayo celebramos los diez años del acontecimiento del 15M, la manifestación española de un movimiento social que ha marcado la evolución social y política de los últimos años”

“Muchos sentíamos que no había instrumentos políticos para manifestar la indignación y revertir la situación, pues los partidos del régimen coincidían en el consenso austericida”

“La iglesia jerárquica española, liderada por obispos ultraconservadores, mantenía un discurso público en sus radios y medios de comunicación claramente solidario con el bipartidismo y la oligarquía dominante”

“La conexión de estos movimientos y la alianza con la iglesia oficial más progresista es probablemente la tarea que toca realizar si queremos ser fieles al Espíritu que suscitó el 15M y al Papa Francisco”

 José Antonio Vázquez Mosquera

Este 15 de mayo celebramos los diez años del acontecimiento del 15M, la manifestación española de un movimiento social que ha marcado la evolución social y política de los últimos años y que posiblemente siga influyendo positivamente en la transformación de la sociedad en el futuro.

El origen remoto de aquel movimiento del año 2011 habría que buscarlo en la gran crisis económica iniciada el año 2008, que evidenció las carencias democráticas y humanas del modelo neoliberal imperante en el mundo. España fue especialmente golpeada por esta crisis:  los desahucios, el desempleo, la corrupción política, la primacía de los rescates a los bancos sobre la ayuda a las personas… hicieron tomar conciencia de la débil democracia social, económica y política que representaba el sistema bipartidista de la restauración postfranquista.

Personalmente viví aquel momento siendo miembro de una comunidad monástica; como tal, daba retiros a personas de fuera del monasterio y comencé a escuchar en primera persona las historias reales de mujeres y hombres, que hasta ese momento trabajaban y vivían con cierto confort, explicando como habían perdido su trabajo o su empresa y se encontraban desahuciados, subsistiendo gracias a Caritas.La escucha de aquellas historias despertó en mí la tristeza y la indignación, sus casos quitaban definitivamente la careta al modelo social imperante, a la vez, que producía enorme frustración la aplicación de continuas e insolidarias medidas de austeridad contra los ciudadanos, mientras se daba el dinero público a los bancos, causantes de la crisis por su manipuladora política de especulación financiera.

Muchos sentíamos que no había instrumentos políticos para manifestar la indignación y revertir la situación, pues los partidos del régimen coincidían en el consenso austericida, y esta impresión fue confirmada cuando se produjo la reforma del artículo 135 de la Constitución, realizada por consenso del PP y el PSOE en contra de los intereses de la nación, ante las exigencias de una Unión Europea dominada por el capitalismo alemán.

Por otro lado, la iglesia jerárquica española, liderada por obispos ultraconservadores, mantenía un discurso público en sus radios y medios de comunicación claramente solidario con el bipartidismo y la oligarquía dominante, en especial, con el ala conservadora de ese bipartidismo, el PP, manifestando que formaba parte de los intereses del bloque hegemónico y oligárquico de la España oficial, y vivía ajena al creciente malestar social del pueblo.En ese clima, y precedida de la llamada primavera árabe, se produjo en España la toma espontánea de las plazas por la gente, pidiendo democracia real tanto económica, como social y política. Fue algo inesperado para el régimen, una verdadera explosión democrática en las calles, en las que se comenzó a escuchar y dialogar en asambleas, a expresar el malestar con la situación y a soñar una sociedad más humana y democrática.

Para muchos fue una verdadera experiencia democrática y ciudadana, como no se había vivido en España desde hacía mucho tiempo. Escuché aquellos días a algunos que decían en la Puerta del Sol (epicentro del movimiento) que aquellas asambleas les recordaban simbólicamente a la Atenas de Pericles. Muchos cristianos progresistas participaron también en aquellas asambleas, mientras la iglesia oficial era ajena al movimiento.

Visto con perspectiva, creo que el 15M español fue una manifestación especialmente intensa de un deseo de cambio profundo, que se vivió y se vive en muchas partes del mundo (el 15M está emparentado con otros movimientos como el Movimiento Occupy, YoSoy1328 o la Nuit debut). Incluso la elección del Papa Francisco en la Iglesia Católica en el año 2013, con el deseo de renovación institucional y la intensificación  oficial de la sensibilidad social y ecológica  dentro de la Iglesia, puede verse como otra manifestación de un movimiento análogo al 15M en el ámbito de la Iglesia.Siguiendo al filósofo Alain Badiou, creo quepodríamos entender el movimiento del 15M, y los movimientos que produjo en la sociedad y en la iglesia, como la expresión de lo que él denomina un “acontecimiento”,una situación histórica inesperada para el sistema dominante en la que se revela una “novedad” que había quedado oscurecida de modo interesado; esa novedad tiene que ver con el  aumento de la conciencia de la dignidad humana y de las exigencias sociales que se derivan de la protección de  esa dignidad: la  igualdad, la justicia, la fraternidad sororal… Sin duda, en el 15M se vivió esta toma de conciencia.

Si hacemos una lectura profunda, creo que, debajo de todo auténtico acontecimiento en el sentido que  Badiou da al término , se puede detectar una experiencia que podríamos llamar espiritual o ética, que se hace posible al darse un  verdadero encuentro empático  de unos con otros, de modo que disminuye la conciencia individualista y egoísta y se aumenta la conciencia relacional o fraternal y como consecuencia natural,  se reclama en la sociedad y en las instituciones un aumento de la justicia, la igualdad, los derechos humanos, el cuidado a todos los seres…

En las asambleas del 15M tuvimos una experiencia de encuentro, de empatía, una experiencia transcendente (entendiendo por tal la apertura más allá de mí mismo a un otro con el que me siento solidario) y de ahí nació una ética o espiritualidad solidaria que era el núcleo central del movimiento. Esa sería la “verdad” o “novedad” de aquel acontecimiento, que podría encontrarse también en los otros movimientos similares que se dieron fuera de España.Badiou señala que todo “acontecimiento” necesita de un sujeto que sea fiel a la novedad humanizadora que ese acontecimiento ha puesto al descubierto, de modo que se implemente en la sociedad esa mayor humanización. Sin ese “sujeto” el acontecimiento no produciría cambios sociales reales. De la necesidad de un instrumento que ayudara a promover una mayor democratización y humanización dentro de nuestra sociedad surgió Podemos, el partido político que se convirtió en el medio para producir cambios estructurales reales. Podemos ha sido en gran medida, sin duda también con errores, el sujeto fiel al acontecimiento y la novedad del 15M.

Frente al sujeto fiel al acontecimiento del 15M, surgieron pronto en España los otros dos sujetos de los que también habla Badiou: el sujeto reactivo y el sujeto oscuro.¿A qué se refiere?

Explica Badiou que, ante la novedad que trae el acontecimiento, surge también la oposición de los que no desean un avance ético auténtico por tener beneficios o privilegios en el (des)orden establecido cuestionado por el acontecimiento. Una manera de oponerse al acontecimiento es la que toma la forma del “sujeto reactivo”como se denominaría a aquellos que quieren asimilar el nuevo movimiento a lo ya existente, intentando usar su fuerza emergente  simplemente para apuntalar reformas superficiales que permitan salvar el statu quo. Cambiarlo todo de modo superficial para que en profundidad nada cambie.Si aplicamos esta lectura al panorama político español actual es inquietante (a la vez que quizá clarificador) interpretar así ciertas actitudes del PSOE, al que, en ocasiones, se adivina ansioso por lograr la marginación de Podemos, o explicaría la promoción de escisiones dentro de Podemos, con gran apoyo mediático, que se interpretan como más “moderadas” o quizá, en realidad, más ajenas al espíritu del 15M y mucho más cercanas al consenso del régimen.

Más agresivo es el llamado por Badiou como “sujeto oscuro”; por tal hay que entender a todos aquellos que se oponen al cambio y desean de modo directo impedirloTrump a nivel internacional y Vox en el ámbito español podrían entenderse como manifestaciones sin complejos del “sujeto oscuro”.

Ahora bien, no son las únicas, existen formas menos directas y, por ello, más eficaces en su labor destructiva; entre otras, podríamos señalar: la normalización pública de un discurso cercano a la ultraderecha, la difusión masiva de bulos contra los migrantes y la brutal campaña de acoso constante a Podemos y a Pablo Iglesias por parte de los grandes medios de comunicación, muchos de ellos en manos de los bancos… todas pueden ser leídas como  expresiones de esta emergencia del sujeto oscuro que intenta impedir todo cambio real.La Iglesia oficial también ha sido uno de los más activos “brazos” de este sujeto oscuro; sus medios de comunicación han difundido uno de los discursos más agresivos con Podemos y con el movimiento 15M (hoy todavía podemos escuchar a locutores estrella de la COPE- la radio de los obispos- usar un lenguaje en el que no falta el insulto directo, dirigiendo  términos como loco, payaso, psicópata…  a todo aquel que sea cercano a Podemos o simplemente de izquierda, habiéndose convertido, por desgracia, en un ejemplo de cómo hacer un periodismo muy alejado de los valores del evangelio, como han denunciado muchas comunidades cristianas y hasta obispos, siendo ignorados sistemáticamente por la conferencia episcopal).

Es más, las agresiones de la iglesia oficial no se han limitado a su discurso público, han incluido la persecución interna a cristianos comprometidos con el 15M. Yo mismo he sufrido esta persecución por parte de la institución eclesial, al manifestar mi apoyo a Podemos y colaborar en fundar un círculo de espiritualidad afín a él; nada más hacerse pública mi opción fui acosado, manipulado y engañado sin escrúpulos de ninguna clase por parte mi comunidad religiosa, aprovechándose de mi afecto hacia ella, sin encontrar ninguna garantía para defender mis derechos dentro de la institución.

Estas experiencias nos deberían servir para tomar conciencia intraeclesial de todo el daño que la institución ha realizado con sus abusos y a poner soluciones que  favorezcan una iglesia más democrática y más evangélica, pues la iglesia debería ser  mucho más que ese rostro enfermo de autoritarismo que tantos conocemos por haberlo sufrido.15 M. Puerta del Sol, 2011

¿Qué queda del 15M en la sociedad y en la Iglesia?

La fundación de Podemos y su resistencia frente al acoso despiadado de todo el régimen y sus medios de comunicación, ha logrado que el 15M y sus ansias de humanización y democratización verdadera se hayan mantenido.

Su llegada al gobierno, rompiendo el bipartidismo, ha permitido que la nueva crisis se haya vivido con un escudo social, insuficiente ciertamente, pero que no tuvimos en la crisis del 2008. Su existencia permite adivinar un futuro que parece avanzar para que en un plazo no lejano se profundice en la democracia social, económica y política que reclamaba el 15M, con la construcción de una sociedad republicana, laica, democrática, solidaria, feminista y ecológica.

Podemos, en la medida que sea fiel al 15M, es una esperanza para nuestra sociedad. La nueva etapa en Podemos que parece abrirse tras la dimisión de Pablo Iglesias, más colegial y feminista, parece la forma más adecuada de encarnar esa fidelidad al 15M ahora. Queda mucho por hacer, pero tenemos un instrumento para poder ir avanzando en la dirección que señaló el 15M. Cuidémoslo.

Si el acontecimiento del 15M tiene un paralelismo con la llegada del Papa Francisco a la dirección de la Iglesia católica, habría que señalar también la ausencia de un “sujeto fiel” adecuado a este acontecimiento dentro de la Iglesia. Si el 15M encontró en Podemos el instrumento para transformar la sociedad, en la iglesia católica no se ha dado todavía la constitución de este sujeto.

Las verdaderas reformas eclesiales, como nos recordaba Y. Congar, nacen de las bases no desde arriba, solo el impulso del Papa no será suficiente para vivir ese 15M en la Iglesia. Sería necesario un movimiento organizado que fuera transformando realmente la iglesia desde sus bases para que se vaya viendo libre de su autoritarismo y patriarcalismo, verdaderas enfermedades espirituales que padece. Un “sujeto fiel” al acontecimiento del Papa Francisco.

Creo que hoy habría tres movimientos en los márgenes eclesiales que podrían contribuir para constituir ese sujeto que fuera fiel al acontecimiento del Papa Francisco, al 15M eclesial. Las comunidades de base y todo el movimiento de cristianos progresistas y ecologistas, el movimiento de rebelión de las mujeres en la iglesia y el movimiento de denuncia de los abusos dentro de la institución, abusos que no son solo sexuales, sino que incluyen todos los que se derivan de la falta de verdadera garantía de los derechos humanos dentro de una institución enferma de autoritarismo.

La conexión de estos movimientos y la alianza con la iglesia oficial más progresista es probablemente la tarea que toca realizar si queremos ser fieles al Espíritu que suscitó el 15M y al Papa Francisco. Nos queda pues a los cristianos el reto de constituir el nuevo sujeto fiel al 15M eclesial.

Manifiesto por el 1º de Mayo

‘Iglesia por el trabajo decente’ advierte que la pandemia debilita el derecho al trabajo, y pone en crisis el pacto social y la democracia

Insta a garantizar el acceso medidas de protección social para quienes no puedan trabajar o sus condiciones laborales no les permitan llegar “a fin de mes”

Reclama un amplio diálogo para configurar un nuevo contrato social basado en la centralidad de la persona, el trabajo decente y el cuidado del planeta

Nuevo manifiesto de Cáritas, Conferencia Española de Religiosos CONFER, Hermandad Obrera de Acción Católica HOAC, Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica JEC y Juventud Obrera Cristiana JOC)

27.04.2021

Bajo el lema «¡Ahora más que nunca: Trabajo Decente!», la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD), lanza un Manifiesto con motivo del 1ª de Mayo en el que alerta cómo el impacto de la pandemia está debilitando el derecho al trabajo, y empobreciendo, precarizando y descartando a millones de trabajadoras y trabajadores, principalmente mujeres y jóvenes.

Este deterioro —advierten las entidades de inspiración cristiana que impulsan en España esta iniciativa (Cáritas, Conferencia Española de Religiosos CONFER, Hermandad Obrera de Acción Católica HOAC, Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica JEC y Juventud Obrera Cristiana JOC)— provoca que “el derecho al trabajo esté en riesgo, lo que supone que el pacto social entre en crisis y, con ello, la propia democracia”.

Cambiar el sistema productivo: las personas en el centro

Para ITD, esta profunda crisis pone de relieve la necesidad de un cambio de sistema productivo, basado en trabajos que aporten valor, sujetos de unas condiciones laborales dignas, y donde las personas estén en el centro. Es urgente subrayar, en ese sentido, la importancia del trabajo como actividad humana que acrecienta la dignidad de cada persona y de sus familias, al tiempo que participamos en el cuidado del conjunto de la sociedad y del planeta.

El Manifiesto denuncia la destrucción en el último año de miles de empleos y que muchos de los ERTE puestos en marcha se hayan resuelto en despidos. Asimismo, los empleos considerados esenciales –muchas veces ejercidos en condiciones precarias, tanto a nivel laboral como de protección sanitaria—, tampoco se han visto reconocidos en una mejora de sus condiciones. “Y las medidas de protección social diseñadas para paliar los efectos de la crisis –se afirma— no ha llegado a las personas que más lo necesitan, como tampoco ha sucedido con el subsidio temporal previsto para las trabajadoras del hogar o el ingreso mínimo vital”.

Otra de las consecuencias sociales de la pandemia es el agravamiento de las condiciones de pobreza entre la población migrante en situación administrativa irregular, donde el desempleo y la economía informal son mayoritarios, sin posibilidad de acceso al sistema de protección.

Medidas urgentes

Ante este panorama, ITD insta “ahora más que nunca a adoptar las medidas necesarias para conseguir que el trabajo decente sea una realidad accesible para todas las personas, con condiciones que permitan mantener una vida digna y una protección social que llegue a todas las personas que lo necesitan”. En el Manifiesto se plantean algunas medidas urgentes para reconducir la situación, como son:

– Redefinir la idea del trabajo como actividad humana y configurar nuevas políticas que aseguren a cada persona trabajadora “alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo” a la construcción del bien común.

– Potenciar el trabajo con derechos y seguro en cualquier relación laboral y para todas las personas, sin distinción de edad, sexo o procedencia.

– Garantizar el acceso a medidas de protección social para quienes no puedan trabajar o sus condiciones laborales no les permitan llegar “a fin de mes”.

– Lograr el reconocimiento social y laboral de los empleos esenciales para la vida, con unas condiciones laborales dignas.

– Promover un diálogo con toda la comunidad política, sociedad e instituciones para configurar un nuevo contrato social basado en la centralidad de la persona, el trabajo decente y el cuidado del planeta.

– Impulsar la incorporación de la juventud al mercado laboral en una sociedad golpeada por una crisis sanitaria social y económica, creando oportunidades reales de acceso al trabajo digno.

Dadas las limitaciones actuales para llevar a cabo actos de calle, ITD invita a celebrar en este Primero de Mayo mediante gestos de oración personal o comunitaria, junto a una “movilización de los balcones” para dar visibilidad a estas reivindicaciones en las ventanas de nuestros domicilios.

Integrismo e intolerancia en la Iglesia

“Los cismas son mucho más frecuentes en la derecha que en la izquierda”
Juan Mari Laboa: “Francisco es calumniado como ningún grupo progresista calumnió a Juan Pablo II”

• Juan Mari Laboa: “Francisco es calumniado como ningún grupo progresista calumnió a Juan Pablo II”
“Es muy fuerte que, en un siglo, una parte del catolicismo español haya puesto verdes a cuatro Papas”
El sacerdote e historiador publica Integrismo e intolerancia en la Iglesia (PPC)
“Los más progresistas pueden ser muy críticos, pero les cuesta más llegar al cisma”
Por Jesús Bastante Sigue leyendo

Las mujeres católicas “toman” las catedrales en España

Las mujeres católicas ‘toman’ las catedrales de media España para exigir el fin de la Iglesia patriarcal
• “Queremos una iglesia que reconozca e incluya a las mujeres lesbianas, trans y bisexuales dentro de la iglesia y reconozca la diversidad de familias”, sostiene el colectivo ‘Revuelta de mujeres en la Iglesia’
Movilización de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia de Madrid, en la Parroquia de San Carlos Barromeo, en Madrid.
Jesús Bastante Sigue leyendo

Con la pandemia ha aumentado la desafección de la Iglesia Católica en España

Los españoles se alejan de Dios con la pandemia: más de tres millones de católicos abrazan la incredulidad
La sociedad intensifica su avance hacia el laicismo coincidiendo con la crisis sanitaria y las medidas preventivas de recogimiento mientras el peso de los creyentes que practican algún tipo de religión se reduce a apenas el 8% entre los jóvenes.
EDUARDO BAYONA
La pandemia está intensificando la tendencia a la desafección de la iglesia católica en la sociedad española. Las respuestas de los ciudadanos a las preguntas del barómetro en las que el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) se interesa por saber “¿Cómo se define usted en materia religiosa: católico/a practicante, católico/a no practicante, creyente de otra religión, agnóstico/a, indiferente o no creyente, o ateo/a?” recogen cómo en los meses se ha producido un notable trasvase, de casi cinco puntos y medio, entre el segundo de esos grupos y los tres últimos, mientras el primero perdía más de uno y medio. Y siete puntos, en un país con 47,43 millones de habitantes empadronados, supone más de 3,3 millones de personas.
La evolución de los últimos nueve meses, desde febrero, el último previo a la pandemia, hasta noviembre, reflejan cómo el grupo de quienes se definen como católicos practicantes ha pasado del 20,4% al 18,8% de los encuestados y cómo el de los no practicantes ha caído del 46,6% al 41%, en ambos casos con altibajos aunque con una tendencia a situar su suma por debajo del 60% del total.
En ese mismo periodo, y también con altibajos y mientras los creyentes de otras religiones se mantenían relativamente estables por debajo del 3%, la suma de los ateos, que no creen en la existencia de un Dios; los agnósticos, que consideran que, en todo caso, eso sería algo incomprensible para el intelecto humano, y los indiferentes ante las creencias religiosas se consolidaba por encima de la tercera parte de la población, con avances de entre dos y cuatro puntos en cada uno de esos segmentos y una tendencia alcista.
“La laicidad es un valor que debería respetarse”, reivindica Juanjo Picó, portavoz de Europa laica, que plantea “cómo con este nivel social de secularización es posible que se sigan dando comportamientos de confesionalidad en el Estado”.
“La secularización es algo creciente en la sociedad española, con unas prácticas dogmáticas que quienes se presentan como fieles cumplen cada vez menos”, añade, al tiempo que apunta cómo los estudios demoscópicos revelarían una mayor tendencia a la laicidad si incluyeran entre las variables de estudio prácticas legales como el divorcio, con más de 100.000 casos al año; la interrupción del embarazo, con más de 90.000 intervenciones por ejercicio en la última década; el uso de anticonceptivos, las relaciones sexuales prematrimoniales o la vida en pareja de hecho, que alcanzó los 1,78 millones, casi una de cada seis, el año pasado. “Esos aspectos no se calibran”, dice.
El sostenido avance de la laicidad
No se trata, en cualquier caso, de un proceso reciente. Ni mucho menos. Quienes se definen como católicos pasaron en los últimos veinte años, de 1999 a 2019, de suponer el 83,6% de la población a quedarse en el 66,9%, un desplome de más de dieciséis puntos simultáneo a un avance de los incrédulos, que se han triplicado desde el 11,9% del final del siglo XX.
Esa pérdida de adeptos, que se ha desarrollado en paralelo con un envejecimiento del clero y una reducción del número de curas y religiosos, ha llegado al punto de que los diecisiete millones de ateos, agnósticos e indiferentes superan holgadamente a los 13,3 de creyentes de alguna fe que van con mayor o menor frecuencia a sus oficios y duplican con creces a los casi 7,8 que asisten con una frecuencia mensual, semanal o diaria.
Las respuestas a la pregunta “¿Con qué frecuencia asiste usted a misa u otros oficios religiosos, sin contar las ocasiones relacionadas con ceremonias de tipo social, por ejemplo, bodas, comuniones o funerales?” arrojan, por otro lado, un resultado paradójico según el cual ha aumentado la asistencia a ceremonias religiosas por parte de los creyentes pese a las restricciones de aforo por la pandemia.
La tasa de quienes no asisten a ellas nunca o casi nunca cayó diez puntos entre febrero/marzo y noviembre mientras se daban aumentos en todas las franjas de asistencia.
“La gente siente que puede disentir y manifestarlo”
Ese dato no altera, en cualquier caso, la mar de fondo de laicidad que se da en la sociedad española, que se refleja en datos del CIS como que tan solo un 8,1% de los jóvenes de 18 a 24 años se declaren creyentes (un 3,6% católicos y un 4,5% de otras religiones mientras los ateos ya son el 23,7%, los agnósticos el 11,2% y los indiferentes el 17,9%.
Los tres últimos suman un 52,8% netamente superior tanto al 37,1% de los católicos no practicantes como al 40,7% que suman estos con los que sí van a misa con mayor o menor frecuencia. “Es algo inequívoco. Cada año se incorpora más gente a la laicidad, y se trata de gente más instruida y formada. El salto es claro en la juventud, y la juventud es el futuro de la sociedad”, anota Picó.
Para el psicólogo Santiago Boira, profesor de la Universidad de Zaragoza, ese progresivo aumento de la laicidad responde a la manifestación de algo latente. “Antes mucha gente se definía como católica no practicante, pero ahora hay más consciencia y posicionamientos que llevan a visibilizar esas posturas” de laicismo, explica.
“La gente sale del armario espiritual, hay más empoderamiento”, anota, al tiempo que apunta que “eso es algo que tiempo atrás no se hacía por la presión social, pero hora ocurre lo contrario. Hay menos disonancia cognitiva, y la gente siente que puede disentir del ‘mainstream’ y manifestarlo”, añade.
“La disidencia de la opinión cultural dominante se ha empoderado”
Para el psicólogo, ese grupo de incrédulos “ya existía, pero estaba disimulado bajo el paraguas del católico no practicante”, en un fenómeno que comparte rasgos con otros como la expansión de la objeción de conciencia o, también, con la salida del armario de las personas LGTBI. “No hay más que antes -explica-. Lo que hay es un empoderamiento para ser disidente con la opinión cultural dominante. La disidencia se ha empoderado” también en materia religiosa.
“Lo esperable era lo contrario, que la gente hubiera buscado refugio en la religión” ante la crisis sanitaria, porque “quiere certezas y seguridades, y más cuando se trata del futuro”, lo que en ocasiones lleva a agarrarse a discursos de salvación, señala Jaime Minguijón, sociólogo y profesor de la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo de Zaragoza, quien, no obstante, apunta que los datos sobre la espiritualidad del CIS podrían ser matizables por los cambios metodológicos que la pandemia le ha obligado a adoptar.
La escasa confianza de la sociedad española en las religiones ya había comenzado a aflorar en los primeros meses de la pandemia, en los que una encuesta de la Universidad de Zaragoza detectó cómo solo uno de cada seis ciudadanos, el 16,5% del total, seguía considerándola una tabla de salvación mientras la ciencia y la tecnología por un lado, y la naturaleza por otro, superaban el 60%; la primera, pese a las carencias que ha ido demostrando durante la crisis sanitaria, y la segunda, a pesar de responder a una visión idealizada.

La Iglesia española ofrece al Gobierno los salones parroquiales como aulas

Los obispos ofrecieron al Gobierno utilizar los salones parroquiales como aulas durante este curso

“Hablamos de ello como una posibilidad a concretar en cada región y diócesis sin concretar nada. Muchas parroquias no tienen locales adecuados, otras sí”, admite el secretario general de la CEE, Luis Argüello, a RD

El portavoz episcopal y la ministra de Educación hablaron de esta posibilidad, que ya es una realidad en diócesis como la de Roma, durante su último encuentro

Especialmente en pequeñas localidades, donde no existen infraestructuras para garantizar que los alumnos regresen a clase con normalidad, y respetando las distancias de seguridad. Pero también en grandes ciudades, como Madrid, donde la saturación de alumnos es especialmente preocupante

La Iglesia también es una potencia en materia educativa en España. Según los datos de la propia Conferencia Episcopal, en nuestro país existen 2.586 centros educativos de inspiración católica

27.08.2020 Jesús Bastante

¿Aulas en las parroquias? La semana que viene comienza la ‘vuelta al cole’ más atípica que se recuerda, en plena segunda ola del coronavirus, con el miedo en el cuerpo de padres, alumnos y personal docente y con distintos protocolos. Uno de los mayores problemas es la falta de espacios adaptados a la ‘nueva normalidad’, que implica un menor ratio de alumnos/aula para favorecer la seguridad.

Una labor para la que la Iglesia ha ofrecido toda su colaboración al Gobierno, según adelanta La Razón y ha podido confirmar RD de fuentes oficiales. El ofrecimiento lo hizo el secretario general de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, a la ministra de Educación, Isabel Celáa, durante el encuentro que mantuvieron el pasado 30 de julio.

Hablamos de ello como una posibilidad a concretar en cada región y diócesis sin concretar nada. Muchas parroquias no tienen locales adecuados, otras sí”, confirmó Argüello en conversación con RD. Por el momento no ha habido respuesta por parte de las autoridades.

Como ya hicieran algunas diócesis, ofreciendo sus instalaciones como albergues, hospitales de campaña o centros logísticos, ahora la Iglesia española ha puesto a disposición de las autoridades las 23.000 parroquias, o más bien sus salones parroquiales, así como otro tipo de instalaciones en desuso para que puedan ser utilizadas, en su caso, como aulas. Algo que ya se está haciendo, por ejemplo, en Roma, donde se ha firmado un acuerdo de cesión de espacios. 

El ejemplo de Valencia

Especialmente en pequeñas localidades, donde no existen infraestructuras para garantizar que los alumnos regresen a clase con normalidad, y respetando las distancias de seguridad. Pero también en grandes ciudades, como Madrid, donde la saturación de alumnos es especialmente preocupante.

Un ejemplo que se está dando en España es el del Colegio Pío XII de Valencia, cuya capilla será reconvertida en un aula en la que podrán estudiar cada día 35 alumnos de bachillerato y así poder asegurar la distancia de al menos 1,5 metros que exige la norma para evitar contagios de COVID-19, informa Efe. También el salón de actos de este centro valenciano se ha adaptado con pupitres para servir de clase durante este curso que está a punto de comenzar.

El curso escolar va a comenzar y todos estamos llamados a colaborar -administraciones, equipos directivos, profesores, personal de servicios, alumnos y familias. Que el miedo no nos paralice, ni el echarnos las culpas unos a otros nos distraiga. ¡Ánimo, por el bien común!

— Mons. Luis Argüello (@MonsArguello) August 20, 2020

Hace pocos días, en su perfil de Twitter, el portavoz episcopal recordaba que, ante el nuevo curso, “todos estamos llamados a colaborar -administraciones, equipos directivos, profesores, personal de servicios, alumnos y familias”. “Que el miedo no nos paralice, ni el echarnos las culpas unos a otros nos distraiga. ¡Ánimo, por el bien común”, sostenía Argüello.

La Iglesia también es una potencia en materia educativa en España. Según los datos de la propia Conferencia Episcopal, en nuestro país existen 2.586 centros educativos de inspiración católica. A dichos centros acuden más de un millón y medio de alumnos, atendidos por 130.448 trabajadores. 3,3 millones de chicos y chicas está apuntados a clases de Religión.

 

Una mujer para Nuncio en España. ¿Por qué no?

Tras la polémica salida del nuncio Renzo Fratini y el ataque del diplomático al Gobierno español a cuenta de la exhumación de Franco –”han resucitado a Franco”, llegó a decir–, el Vaticano quiere que el próximo representante del papa Francisco en España sea un símbolo de los nuevos tiempos para la Iglesia española.

Un hombre que muestre a las claras la necesidad de reforma y la apertura en las relaciones Iglesia-Estado, y que pueda servir de esperanza para muchos. ¿Un hombre? ¿Por qué no una mujer? La legislación canónica no lo impide, y asociaciones de cristianos y cristianas de base de todo el Estado así lo han pedido, en una carta enviada al Vaticano: “¡Queremos una Nuncia!”

La iniciativa, lanzada por la Asociación Mulleres Cristiás Galegas Exeria, con el apoyo de la Asociación de Teólogas Españolas, Mujeres y Teología Zaragoza y Sevilla, DonesCreients València, Red Miriam de Espiritualidad Ignaciana Femenina, Col-lectiu de Donnes en l’Esglesia y Colectivo AGAR, también ha sido respaldada por colectivos de Iglesia de base, como Redes Cristianas y las Comunidades Cristianas Populares. En el escrito, las firmantes ven “con preocupación la dificultad para encontrar a una persona que se ponga al frente de la Nunciatura Española”.

Voz en el Concilio

¿Por qué no una mujer?, se pregunta el texto, que recuerda “la voz de Pilar Bellosillo, mujer española que participó en el Concilio Vaticano II”, para “hacer oír nuestra voz en este proceso de elección”, apelando al Papa que “este es el momento de echar a andar un sueño: el sueño de ver a una mujer dirigir una Nunciatura en la Iglesia Católica”.

Y es que, afirma la carta, “las mujeres llevamos mucho tiempo haciendo mucho y buen trabajo callado en la Iglesia, demostrando con nuestros hechos ser buenas gestoras, buenas teólogas y estar implicadas a fondo en la gestión eficiente del trabajo pastoral”.

Pese al patriarcado reinante en la Iglesia española, ésta “cuenta con mujeres en muchos y muy diversos puestos: elaborando pensamiento teológico tenemos un buen grupo”. Así, recuerdan que una mujer, Miram Cortés, “gestiona y dirige la Universidad Pontificia de Salamanca”. Otra preside la Asociación Bíblica Española, una mujer es la presidenta de la CONFER, “y hay buenas y generosas mujeres dirigiendo diferentes movimientos sociales de la Iglesia como Manos Unidas o Cáritas”.

“Y, por supuesto, hay mujeres preparadas y formadas en diplomacia, diplomáticas de carrera, posibles candidatas a gestionar y dirigir una Nunciatura”, resaltan. Mujeres “que son capaces de dar forma a un equipo de gestión y gobierno inspirado en el Concilio Vaticano II, con los ojos puestos en los últimos, trabajando por favorecer una presencia de la Iglesia en la sociedad española que se caracterice por el servicio, poniendo los cuidados en el eje de su acción”.

Por eso, concluye la nota –enviada en castellano, gallego, euskera y catalán– “queremos solicitarle a Su Santidad que tenga presente en sus deliberaciones a las mujeres de esta Iglesia que se renueva cada día con sus gestos y palabras, acciones que nos hacen sentir a todos que otra Iglesia es posible”.