La Iglesia latinoamericana, líder en sinodalidad

Austen Ivereigh: “Estoy aquí para aprender las lecciones de la Iglesia líder en la sinodalidad” 

Austen Ivereigh en la sede de la Conferencia Episcopal Mexicana

 «La Iglesia latinoamericana es líder en sinodalidad, porque ha desarrollado a lo largo de los años mecanismos y costumbres de escucha al pueblo» 

«El proceso sinodal global que se acaba de iniciar, será el proceso de escucha más grande de la historia, y yo creo que, hasta la fecha, eso es lo que ha logrado la Iglesia latinoamericana» 

«Es importante no dejar que los límites de espacio y de tiempo limiten el proceso de escucha» 

«Algunos teólogos hablan de que la Iglesia latinoamericana es hoy la Iglesia fuente de la Iglesia universal, en el sentido de que el resto de la Iglesia refleja hasta cierto punto ese dinamismo» 

«Estoy seguro que me va a dar una experiencia de eclesialidad muy rica y muy profunda, y eso va a contribuir a mi propia fe, que siempre ha sido muy, muy enriquecida por la Iglesia latinoamericana» 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

Un privilegiado, así se siente Austen Ivereigh ante la posibilidad de participar como asambleísta en la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe. El biógrafo del Papa Francisco será uno de las más o menos 80 personas que participan de la Asamblea desde Ciudad de México. 

Ivereigh dice venir “para aprender, sobre todo, las lecciones de la Iglesia líder en la sinodalidad en el mundo”. Una Iglesia que “ha desarrollado a lo largo de los años mecanismos y costumbres de escucha al pueblo”, algo en lo que el Sínodo para la Amazonía tuvo un papel decisivo. El periodista inglés también reflexiona sobre la virtualidad de la Asamblea, afirmando que “toda la Iglesia tenemos que aprender métodos de escucha muy variados, muy flexibles”. 

Para él, refiriéndose a la opinión de algunos teólogos, “la Iglesia latinoamericana es hoy la Iglesia fuente de la Iglesia universal, en el sentido de que el resto de la Iglesia refleja hasta cierto punto ese dinamismo”. Por eso dice estar seguro de que se llevará de vuelta recuerdos muy bonitos de un pueblo y una Iglesia que se ha reunido para “preguntarse qué es lo que el Espíritu Santo está pidiendo de nosotros”. 

Para alguien que llega de fuera, que vive otra realidad eclesial, ¿cómo reacciona ante este momento inédito en la historia de la Iglesia, como es una Conferencia Eclesial a nivel continental? 

Con todavía pocas horas aquí, estoy en este momento con una mezcla de emociones. Primero, sensación de privilegio, porque voy a participar en un acontecimiento inédito en la historia de la Iglesia, donde toda una Iglesia continental, se reúne después de un proceso de escucha, largo y profundo, que realmente ha llegado al pueblo, y estoy aquí para aprender, sobre todo, las lecciones de la Iglesia líder en la sinodalidad en el mundo. 

Por eso, están aquí tantas otras personas que han venido de fuera de América Latina, incluso bastantes cardenales, incluso el cardenal Grech y el cardenal Hollerich, que han venido también para aprender estas lecciones. Así que personalmente una gran emoción, pues es un gran privilegio estar aquí y estar entre tantos amigos. 

En la presentación de la Asamblea Eclesial, el 24 de enero de este año, el Papa Francisco envió un video donde dijo que no quería que fuese algo de una élite. ¿Cree que esa Iglesia sin élites, es más fácil de descubrir en América Latina y cuesta más verla en otros continentes, en otras realidades, como por ejemplo en Europa? 

Sin duda. Por eso digo que la Iglesia latinoamericana es líder en sinodalidad, porque ha desarrollado a lo largo de los años mecanismos y costumbres de escucha al pueblo. También la larga tradición que tiene de colegialidad continental, precisamente por el Celam, por las conferencias generales del episcopado que ha habido. 

Pero yo diría que es algo que me impacta que esto no es simplemente la continuación de lo anterior. Si uno piensa en Aparecida, que fue la gran conferencia general de América Latina, después de 15 años, en un momento importantísimo en la historia, no solo en América Latina sino en la Iglesia universal, que ha producido este pontificado, y antes de Aparecida hubo muchas reuniones a nivel continental y local. Pero la impresión que tengo es que era más reuniones de expertos, de comisiones especializadas en ciertos temas. 

Yo creo que la primera experiencia de escucha real al pueblo, fue en la preparación del Sínodo amazónico, donde se logró escuchar a 87.000 personas en la región amazónica. El proceso de preparación de esta Asamblea Eclesial se parece más a ese proceso preparatorio del Sínodo amazónico. Ahora ha habido muchos obstáculos, sobre todo el Covid, sin la pandemia hubiera habido por supuesto más participación, pero lo que se logró, aún así, ha sido un hito en la historia de la Iglesia y en la historia de la humanidad. El proceso sinodal global que se acaba de iniciar, será el proceso de escucha más grande de la historia, y yo creo que, hasta la fecha, eso es lo que ha logrado la Iglesia latinoamericana. 

Otra novedad de esta Asamblea es que se va a realizar con un pequeño grupo presencial y unas mil personas virtualmente. Se ha insistido en que todos van a participar de igual para igual, tanto quien está aquí en México como quien está en su casa delante del ordenador. ¿Qué puede suponer eso de cara al Sínodo sobre la Sinodalidad, de cara al futuro de la Iglesia? 

Si el gran objetivo del proceso sinodal global es una Iglesia sinodal, es obvio que toda la Iglesia tenemos que aprender métodos de escucha muy variados, muy flexibles. En estos meses hemos aprendido a comunicar de mil formas simultáneamente, hemos aprendido a hacer muchas más cosas por zoom, por Skype, además de encuentros personales. 

Yo creo que la Iglesia tiene que reflejar eso, o sea, es necesario que el proceso de escucha sea a veces en persona, cuando puede ser en persona, por supuesto eso es mejor, pero también es importante no dejar que los límites de espacio y de tiempo limiten el proceso de escucha. En ese sentido, los métodos virtuales pueden ser un gran don para la Iglesia en ese sentido. 

El Papa Francisco fue quien sugirió esta Asamblea Eclesial cunado le propusieron la VI Conferencia General del Episcopado latinoamericano y caribeño. Parece que él ha estado atento a todo el proceso, y para alguien que conoce su pensamiento, ¿qué podría decir que el Papa Francisco espera de esta Asamblea? 

El Papa Francisco ha insistido varias veces en que la Iglesia latinoamericana está convocada por el Espíritu Santo a jugar un papel muy importante en la Iglesia universal de hoy. Algunos teólogos hablan de que la Iglesia latinoamericana es hoy la Iglesia fuente de la Iglesia universal, en el sentido de que el resto de la Iglesia refleja hasta cierto punto ese dinamismo. Sobre todo, en cómo ser una Iglesia sinodal, de escucha, de participación, de comunión, de misión, mi impresión es que el Papa ve a la Iglesia latinoamericana como una maestra que puede ayudar a todos nosotros a ser más sinodales. 

Es interesante que su reacción a la propuesta de una nueva conferencia general fue, no, tenemos que implementar la Conferencia de Aparecida. Es un poco también como su visión del Concilio vaticano II. La cuestión no es convocar un nuevo concilio ecuménico, sino implementar el Vaticano II. Estamos a mitad del camino de esa implementación, y es su misma convicción, algo que ha dicho varias veces, que para él estamos al 50 por ciento del proceso de implementación de Aparecida. 

Por eso, esta Asamblea Eclesial es una idea, es un fenómeno también muy rico, porque muestra que después de hacer un gran discernimiento a nivel continental, como fue Aparecida, 14 años más tarde, uno puede convocar al Pueblo de Dios para ver donde estamos en cuanto a la implementación de ese Documento. Eso podría convertirse en una práctica regular de la Iglesia universal. 

¿Cuándo se suba al avión de vuelta para Europa, qué es lo que le gustaría recordar de esta Asamblea? 

Estoy seguro que voy a llevar conmigo recuerdos de unas experiencias muy, muy bonitas del pueblo latinoamericano, que se ha reunido con sus pastores, con sus religiosos, a realmente preguntarse qué es lo que el Espíritu Santo está pidiendo de nosotros. Estoy seguro que me va a dar una experiencia de eclesialidad muy rica y muy profunda, y eso va a contribuir a mi propia fe, que siempre ha sido muy, muy enriquecida por la Iglesia latinoamericana. 

Aportes de las CEBS a la Asamblea eclesial latinoamericana 

Por Pedro Pierre 

Desde el final del Encuentro Continental de las CEBs en Guayaquil en marzo del año pasado, los asesores nacionales de las CEBs (Comunidades Eclesiales de Base) hemos seguido reuniéndonos por zoom unas 2 veces cada mes. En estos últimos tiempos hemos buscado reunir desde las CEBs aportes para la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe. He aquí un resumen de la realidad eclesial latinoamericana, sus retos y lo que están aportando las CEBs, en particular en la sinodalidad -tema de la Asamblea- desde sus 60 años de vida 

A. INQUIETUDES Y PREOCUPACIONES POR NUESTRA IGLESIA CATÓLICA 
1. La deserción que se vive en la Iglesia Católica. 
Desde varios decenios la deserción de los católicos no ha dejado de aumentar. Por una parte, se dejan conquistar por las Iglesias evangélicos y por otra, caen en la indiferencia religiosa. La gran mayoría de los católicos lo son sólo de nombre porque no participan de la vida eclesial ni viven un compromiso por el Reino inaugurado por Jesús. 
Es muy llamativo el comentario de un pastor evangélico: “Entre los que fueron bautizados como evangélicos, el 90% van a seguir participando; los católicos, apenas el 10%. Normalmente, el 100% de los evangélicos saben por qué lo son; entre los católicos, cuando mucho, el 2%. El 90% de los evangélicos son misioneros; los católicos misioneros, excluyendo los religiosos/as, cuando mucho, el 2%.” 

2. Un pronunciado clericalismo patriarcal 
Es generalizado el acentuado clericalismo de los sacerdotes, sacerdotes y religiosas y se manifiesta por un autoritarismo absoluto, a pesar de las orientaciones del papa Francisco en la materia. Esto impide la participación de los seglares que desean ser miembro con plenos derechos, adulto, participativo, porque han descubierto que su bautismo les hace herederos de la misión del discipulado. Jesús nos confía a todos y todas la tarea evangelizadora, sin que tengamos necesariamente que depender del clero. 

3. El crecimiento de los fundamentalismos religiosos 
En todos los países se nota un marcado incremento de organizaciones religiosas de corte fundamentalista tanto en las Iglesias católicas y evangélicas como en los nuevos movimientos religiosos en los sectores populares como la buscada de poder político y económico en las instancias nacionales. 

4. La pérdida de credibilidad de la Iglesia católica 
Principalmente, el clericalismo, la pederastia y la marginación de las mujeres en la Iglesia Católica han mermado la credibilidad, la influencia y diversos tipos de presencia de la Iglesia católica. Esta tiene serias dificultades para ser fermento en la masa. Respalda movimientos que congregan, en eventos y liturgias, a miles de personas, pero que pasan sin crear comunidad ni compromiso social y mucho menos impulso misionero y seguimiento de Jesús. 

5. La vitalidad de las CEBs en todo el continente 
La realización en Guayaquil el año pasado del XI Encuentro Continental de CEBs, con la presencia de CEBs juveniles de 13 países, manifestó su vitalidad, su testimonio vivo y martirial, su capacidad de renovación eclesial y transformación social. Las CEBs son conscientes de su identidad como Iglesia completa en igualdad de las parroquias, siendo el “primer y fundamental núcleo eclesial” en los sectores populares de la ciudad, el campo y el mundo indígena. Están animadas por una espiritualidad liberadora que se nutre de la meditación de la Palabra de Dios, la acción contemplativa, la opción por los pobres y las orientaciones del magisterio latinoamericano y papal. Sufren de la falta de reconocimiento y valoración de sus pastores tanto parroquiales como diocesanos. 

PROPUESTAS FRENTE A ESTOS DESAFÍOS 

1. Reafirmar la eclesialidad y el valor de las Comunidades Eclesiales de Base para la Iglesia y la vida de nuestros pueblos, especialmente, para quienes viven en las periferias urbanas y zonas rurales. 
A pesar de las dificultades impuestas por la actual situación política, económica, social, sanitaria, ambiental y eclesial de América Latina y del Caribe, la experiencia de más de cinco décadas de existencia confirma su definición por la Conferencia de Medellín como “célula inicial de estructuración eclesial y foco de evangelización” (Med. 15,10). Muestra que las CEBs desempeñan fielmente su misión evangelizadora. Medellín señaló, además, que “ellas son un factor primordial de promoción humana y desarrollo”. El avance del fundamentalismo en América Latina exige de una propuesta eclesial que vuelva a Jesús desde la base, y en eso trabajan incesantemente las CEBs. 

2. Las CEBs son Iglesia en salida, desde los descartados. 
Ellas apuntan a un camino privilegiado de la renovación misionera y sinodal que el papa Francisco solicita a toda la Iglesia. “Las comunidades eclesiales de base son expresión del amor preferencial de la Iglesia por el pueblo sencillo” (Puebla 643), funcionan como lugar de oración, vida fraterna y compromiso con los pobres y marginados, ellas son expresión privilegiada de “una Iglesia pobre para los pobres” (EG 198). En cuanto comunidades de “discípulos y discípulas misioneros y misioneras” (EG 119), “sujetos activos de la evangelización” (EG 120), son “fuentes y semilla de variados servicios y ministerios que promueven la vida en la sociedad y en la Iglesia” (Aparecida 179); de especial relevancia es hoy el cuidado de la casa común como un ministerio permanente. 

3. Las CEBs promueven nuevos ministerios eclesiales 
Hace falta un reconocimiento del ministerio de animación comunitaria que realizan laicos y laicas que concilian sus responsabilidades bautismales, familiares, y laborales con talante profético. Urge la participación de los seglares en las instancias de decisión para reorganizar la vida de la Iglesia desde la base. Las CEBs, en comunión con sus pastores, necesitan de autonomía para extenderse por los más amplios espacios del compromiso cristiano. Las CEBs preparan gentes, muchos de ellos jóvenes, para una verdadero compromiso misionero que abre grietas en la indiferencia religiosa, la falta de compromiso social y la inmovilidad de la institución eclesial. 

4. Las CEBs saldan la deuda histórica de la Iglesia con las mujeres. 
En la Exhortación Apostólica Querida Amazonia, el papa Francisco llama la atención sobre “la fuerza y el don de las mujeres” en las comunidades. Reconoce la necesidad de que ellas “tuvieran una incidencia real y efectiva en la organización, en las decisiones más importantes y en la guía de las comunidades, pero, sin dejar de actuar en el estilo propio de su perfil femenino” (QA 103). Esta perspectiva está presente en la vida ordinaria de nuestras CEBs y en el rol de ´animadoras de comunidad’ que ya practican ministerialmente muchas de nuestras hermanas. 

5. La nube de mártires latinoamericanos abre camino a la Iglesia de mañana 
Hay que agradecer el testimonio de entrega total al ofrendar la propia vida, por parte de un sinnúmero de miembros y acompañantes de las CEBs. Como atestigua innumerables mártires del Pueblo de Dios, podemos mencionar algunos: delegados de la palabra, catequistas, religiosas, presbíteros, teólogos, biblistas, misioneros y misioneras, y obispos. Ninguna otra expresión eclesial cuenta con tantos mártires como las Comunidades de Base en América Latina. Este hecho nos da la certeza de que están en el camino señalado por Jesús a sus discípulos. 

C. UNOS 5 ASPECTOS A INCORPORAR EN LA AGENDA DE LA ASAMBLEA ECLESIAL DE MÉXICO 
Teniendo en cuenta el camino recorrido, sus logros y dificultades, es hora de reafirmar el apoyo y la opción pastoral por las CEBs y su articulación en las diócesis, en los diferentes países y en el Continente, tal como han sido confirmados en los grandes documentos episcopales latinoamericanos (Medellín, 1968; Puebla, 1979; Santo Domingo, 1992 y Aparecida, 2007). 

1. Revalorizar y recrear, de acuerdo a los signos de los tiempos, las comunidades eclesiales, pequeñas y desarrolladas en la base como “célula inicial de estructuración eclesial y foco de evangelización” porque “la comunidad cristiana de base es el primero y fundamental núcleo eclesial” (Med.10 Apa.193). Sería desconocer la acción del Espíritu en nuestras Iglesias latinoamericanas no asumir lo vivido en los últimos 60 años por las CEBs de América Latina y el Caribe como un modelo aún vigente y posible, aunque no necesariamente único. 

2. Protagonizar el desarrollo y funcionamiento de las Comunidades Eclesiales y estimulando su surgimiento, creadas y animadas por laicas y laicos, en los diferentes lugares donde viven o se encuentran las personas, quizás se podrá generar el impulso misionero, militante y amplio que permita frenar la embestida conservadora y alienante de los grupos neopentecostales. Las pequeñas comunidades generadas en la base podrían ser la respuesta más adecuada que podríamos dar, pero que no estamos utilizando. 

3. Fomentar Comunidades Eclesiales cercanas, alternativas a la masificación, la individuación y el anonimato de las ciudades, insertas en la vida de los pueblos y comprometidas en sus movimientos y organizaciones sociales. Son indispensables para hacer realidad la opción por los pobres, la participación en la lucha por la vida digna y la justicia y el servicio a los empobrecidos, a los sectores vulnerables, marginados y excluidos. Es imprescindible reformular la organización eclesial desde abajo, en base al desarrollo de comunidades en torno a la Palabra de Dios y de la vida de la gente: Comunidades de pobres y comprometidas con la vida del pueblo pobre, pequeñas, a escala humana donde el conocimiento y la fraternidad sean posibles, insertas en la base del pueblo y con una forma circular y horizontal de funcionamiento. La historia de las CEBs muestra que de esta manera se vive, sostiene y desarrolla una verdadera forma de ser Iglesia sinodal. 

4. Superar la división y oposición clero-laicos para ir hacia una autocomprensión de las comunidades eclesiales desde el binomio comunidad-ministerios, para hacer posible la conversión sinodal, superar el clericalismo y poner el anuncio de la fraternidad y la amistad social como ejes estructurantes de la misión de la Iglesia. 

5. Reconocer y asumir los diversos ministerios, de mujeres y hombres, nuevos y antiguos, ordenados y no ordenados, suscitados por el Espíritu Santo en las comunidades locales como signos e instrumentos de vitalidad, compromiso y corresponsabilidad en la vida y misión de la Iglesia. 

Hacemos votos para que la Asamblea Eclesial a realizar en México a final de noviembre próximo sea un nuevo impulso a nuestra Iglesia católica en su impulso misionera de ser testiga del Reino de Dios en una nueva organización y un mayor compromiso con los pobres. Que las CEBs sean reconocidas como el motor privilegiado de estas transformaciones y novedades