Las claves de la Reforma de la Curia

‘Praedicate Evangelium’: la apuesta definitiva del Papa por una Iglesia sinodal, universal, más laica y profundamente samaritana

El Vaticano, de reformas
El Vaticano, de reformas

El Papa reclama «tiempo, determinación y, sobre todo, la colaboración de todos»

 “Esta nueva Constitución Apostólica se propone armonizar mejor el ejercicio actual del servicio de la Curia con el camino de evangelización que la Iglesia, especialmente en este tiempo, está experimentando”

“Esta vida de comunión da a la Iglesia el rostro de la sinodalidad; una Iglesia, es decir, de escucha mutua, en la que cada uno tiene algo que aprender»

“La Curia Romana no se interpone entre el Papa y los Obispos, sino que se pone al servicio de ambos en las formas propias de la naturaleza de cada uno”

«El Papa, los obispos y otros ministros ordenados no son los únicos evangelizadores en la Iglesia”

«La actualización de la Curia debe prever la participación de los laicos, también en funciones de gobierno y responsabilidad”

«La reforma de la Curia romana será real y posible si surge de una reforma interior”

«Debe quedar claro que la reforma no es un fin en sí mismo, sino un medio para dar un fuerte testimonio cristiano; para fomentar una evangelización más eficaz; para promover un espíritu ecuménico más fructífero; para fomentar un diálogo más constructivo con todos»

Por Jesús Bastante

Nueve años de pontificado, decenas de encuentros con el grupo de cardenales que lo asesora, dificultades, trabas y un trabajo que ya estaba siendo realizado, de facto, en los distintos dicasterios. Todo, con el único objetivo de “predicar el Evangelio”. Y hacerlo mejor, pensando en los preferidos del Señor, y no tanto en una Curia anquilosada y autorreferencial. Estos son los ejes de ‘Praedicate Evangelium’, la esperada reforma de la Curia, que hoy ha visto la luz, completamente por sorpresa, coincidiendo con el noveno aniversario del comienzo del Pontificado de Francisco, y que entrará en vigor el próximo 5 de junio, fiesta de Pentecostés.

“Se trata de un ejercicio que refuerza la unidad de la fe y la comunión del Pueblo de Dios, y promueve la misión de la Iglesia en el mundo. Ciertamente, alcanzar tal objetivo no es fácil: requiere tiempo, determinación y, sobre todo, la colaboración de todos”, apunta el Papa en su preámbulo.

Y es que, más allá de la reducción y reordenación de los dicasterios, y de la reforma económica, que ya estaba en marcha, Francisco hace hincapié en que el servicio de la Iglesia no es otro que “anunciar el Evangelio del Hijo de Dios, Cristo el Señor, y con él incitar a todos los pueblos a escuchar la fe”, y que “la Iglesia cumple su mandato sobre todo cuando da testimonio, de palabra y de obra, de la misericordia que ella misma ha recibido gratuitamente”.

Continuidad con otras reformas 

Para Francisco, es vital “la conversión misionera” de la propia Iglesia, que debe ir renovándose continuamente. Porque la Iglesia solo es útil “cuando sirve al Evangelio”. En ese contexto es donde sitúa Bergoglio la reforma de la Curia romana, que compara con otros momentos de la historia de la Iglesia, como la reforma de Sixto V en 1588, tras el vendaval de la Reforma; o en 1908, durante el Pontíficado de Pío X. También tras el Concilio Vaticano II, recuerda Francisco, cuando “Pablo VI, refiriéndose explícitamente a los deseos expresados por los Padres Conciliares”, acometió una profunda reforma. También Juan Pablo II, en 1988, promulgó la “Pastor Bonus” para “promover siempre la comunión en todo el organismo de la Iglesia”.

 “Esta nueva Constitución Apostólica se propone armonizar mejor el ejercicio actual del servicio de la Curia con el camino de evangelización que la Iglesia, especialmente en este tiempo, está experimentando”, explica el Papa, quien invita a comprender que, “en la Iglesia la misión está tan estrechamente ligada a la comunión que se puede decir que la finalidad de la misión es precisamente la de ‘dar a conocer y hacer experimentar a todos la nueva comunión que en el Hijo de Dios hecho carne es la nueva comunión de la Iglesia”. 

El rostro de la sinodalidad 

“Esta vida de comunión da a la Iglesia el rostro de la sinodalidad; una Iglesia, es decir, de escucha mutua, en la que cada uno tiene algo que aprender», subraya. Y cuando dice todos, se refiere a todos: “El pueblo fiel, el Colegio de Obispos, el Obispo de Roma: cada uno escuchando a los demás, y todos escuchando al Espíritu Santo, el Espíritu de verdad, para saber lo que dice a las Iglesias”.

Esta sinodalidad de la Iglesia, confirma el Papa, se entenderá como el «caminar juntos del rebaño de Dios por los caminos de la historia hacia Cristo el Señor».

“La renovación de la Iglesia y, en ella, también de la Curia Romana, no puede sino reflejar esta reciprocidad fundamental para que la comunidad de creyentes se acerque lo más posible a la experiencia de comunión misionera vivida por los Apóstoles con el Señor durante su vida terrenal y, después de Pentecostés, bajo la acción del Espíritu Santo, por la primera comunidad de Jerusalén”. Esto es: una Iglesia en la que todos tengan voz.

El Papa y el Colegio de Obispos

En cuanto al papel del Papa y de los obispos, Francisco admite que, aún hoy, “en la Iglesia, una sociedad jerárquicamente organizada, el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores de los Apóstoles, están unidos en un único cuerpo episcopal”, con “comunión jerárquica con la cabeza del Colegio y con sus miembros, es decir, con el propio Colegio”.

En este sentido, el Papa reconoce la misión de las conferencias episcopales, como símbolo de la comunión episcopal, y que suponen, hoy, “uno de los modos más significativos de expresar y servir a la comunión eclesial en las distintas regiones junto con el Romano Pontífice, garante de la unidad de la fe y de la comunión”. 

En lo tocante a la Curia Romana, el Papa estima que su labor “está también en relación orgánica con el Colegio de los Obispos y con los Obispos individuales, y también con las Conferencias Episcopales y sus Uniones regionales y continentales, y las estructuras jerárquicas orientales, que son de gran utilidad pastoral y expresan la comunión afectiva y efectiva entre los Obispos”.

 Potenciar el papel de las conferencias episcopales

“La Curia Romana no se encuentra entre el Papa y los Obispos”, explica el Pontífice. “La Curia Romana no se interpone entre el Papa y los Obispos, sino que se pone al servicio de ambos en las formas propias de la naturaleza de cada uno”. De hecho, otro de los objetivos de la reforma, tal y como explica Bergoglio, es “potenciar” las conferencias episcopales, “sin que actúen como una interposición entre el Romano Pontífice y los Obispos, sino que estén a su pleno servicio”.

De hecho, las competencias que se recogen en el documento “tienen por objeto expresar la dimensión colegial del ministerio episcopal e, indirectamente, reforzar la comunión eclesial”, concretando el ejercicio conjunto de determinadas funciones pastorales en bien de los fieles de sus respectivas naciones o de un determinado territorio.

Todos somos evangelizadores

Pese a esto, Francisco deja claro que “todo cristiano es un discípulo misionero”, y que “el Papa, los obispos y otros ministros ordenados no son los únicos evangelizadores en la Iglesia”.

Más aún: “Todo cristiano, en virtud del Bautismo, es discípulo misionero”, por lo que “la actualización de la Curia debe prever la participación de los laicos, también en funciones de gobierno y responsabilidad”.

“Su presencia y participación es también indispensable, porque cooperan al bien de toda la Iglesia y, por su vida familiar, su conocimiento de las realidades sociales y su fe que les lleva a descubrir los caminos de Dios en el mundo, pueden hacer aportaciones válidas, especialmente en lo que se refiere a la promoción de la familia y al respeto de los valores de la vida y de la creación, al Evangelio como fermento de las realidades temporales y al discernimiento de los signos de los tiempos”, señala el Papa, dando así un espaldarazo definitivo al papel de laicos, matrimonios, mujeres y jóvenes en el presente y futuro de la Iglesia.

Un reforma interior

¿Cuál es la importancia de esta reforma? El Papa lo explica: “La reforma de la Curia romana será real y posible si surge de una reforma interior”, que tenga como foco al Buen Samaritano, “el hombre que se desvía de su camino para hacerse cercano a un medio muerto que no pertenece a su pueblo y al que ni siquiera conoce”.

“Se trata de una espiritualidad que tiene su fuente en el amor de Dios que nos amó primero, cuando todavía éramos pobres y pecadores, y que nos recuerda que nuestro deber es servir a nuestros hermanos como Cristo, especialmente a los más necesitados, y que el rostro de Cristo se puede ver en el rostro de todo ser humano, especialmente del hombre y la mujer que sufren”, sostiene Bergoglio, quien añade que  “debe quedar claro que la reforma no es un fin en sí mismo, sino un medio para dar un fuerte testimonio cristiano; para fomentar una evangelización más eficaz; para promover un espíritu ecuménico más fructífero; para fomentar un diálogo más constructivo con todos».

“La reforma -concluye Bergoglio-, fuertemente deseada por la mayoría de los cardenales en las Congregaciones Generales antes del Cónclave, deberá ser perfeccionada antes del Cónclave, debe afinar aún más la identidad de la propia Curia Romana, que debe asistir al Sucesor de Pedro en el ejercicio de su supremo oficio pastoral para el bien y el servicio de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares”.

«Humildad» para reformar las estructuras eclesiásticas

De Kesel: «Es necesaria una reforma de la Iglesia y aceptar que la sociedad ya no es cristiana»

La presente crisis es la de «una Iglesia que se da cuenta de que el mundo ya no es el mundo cristiano que ha conocido durante dieciséis siglos», y que es precisa una reforma, estructural y paciente, porque «no vamos a cambiar la Iglesia en unos años»

Por Jesús Bastante

«Es necesaria una reforma de la Iglesia». El cardenal de Malinas-Bruselas, Josef De Kesel, ofreció su particular visión sobre la crisis del catolicismo y las fórmulas para continuar evangelizando y ofreciendo vida, en una entrevista con el teólogo y periodista Christophe Herinckx en Cathobel.

En la conversación, el purpurado sostiene que la presente crisis es la de «una Iglesia que se da cuenta de que el mundo ya no es el mundo cristiano que ha conocido durante dieciséis siglos», y que es precisa una reforma, estructural y paciente, porque «no vamos a cambiar la Iglesia en unos años».

«Tenemos que reposicionarnos, no vamos a cambiar la Iglesia en unos años», recalcó De Kesel, quien señaló cuatro áreas prioritarias. En primer lugar, «aceptar la situación», sin «posicionarse frente a una sociedad que, de hecho, ya no es cristiana»; en segundo término, una conversión espiritual que revise las estructuras y el ‘corazón’ de la fe.

Volver a las fuentes

«Necesitamos una Iglesia que vuelva a las fuentes para estar presentes en un mundo secularizado, porque tenemos un tesoro», insistió el cardenal, quien se mostró convencido de que «nuestro testimonio y comportamiento pueden traer al mundo ese gran tesoro de poder creer en Dios».

En tercer lugar, el primado de Bélgica invitó a salir del reflejo de identidad, poniendo en valor, como hace el Papa Francisco, cuestiones como la migración, la ecología y la pobreza, «que son eminentemente cristianas». «Se necesita una mente abierta al mundo y partícipe de los grandes desafíos de la humanidad», añadió.

Finalmente, humildad, apostando por «una iglesia modesta que no quiere imponerse sino estar presente y cercana».

Sinodalidades

La sinodalidad, una exigencia en la que la Iglesia está llamada a realizarse

Revista Concilium
Revista Concilium

El pasado octubre fue convocado por el papa Francisco el Sínodo “Por una Iglesia sinodal”, que sin duda será un gran acontecimiento para el futuro de la Iglesia

Desde Editorial Verbo Divino queremos destacar el número 390 de CONCILIUM, Revista Internacional de Teología, titulado Sinodalidades, ya que puede ser un gran aporte y apoyo para la preparación de esta gran iniciativa eclesial

Contiene relatos de experiencias en prácticas sinodales, enfoques bíblicos, antropológicos y prácticas de la realidad sinodal, y perspectivas concretas para establecer y mantener la vida y práctica de una Iglesia Católica sinodal

(Editorial Verbo Divino).- El pasado octubre fue convocado por el papa Francisco el Sínodo “Por una Iglesia sinodal”, que sin duda será un gran acontecimiento para el futuro de la Iglesia. En este momento somos muchísimas las personas convocadas e inmersas en este “caminar juntos”. Todo ello está siendo roca y estímulo para las diócesis, que han tenido que animar y organizar el proceso sinodal con la formación de grupos, la elaboración de materiales que sirvan de guía y otras recomendaciones para el desarrollo de las reuniones donde se favorezca la escucha, el diálogo y el discernimiento comunitario.

En esa línea, desde Editorial Verbo Divino queremos destacar el número 390 de CONCILIUM, Revista Internacional de Teología, titulado Sinodalidades, ya que puede ser un gran aporte y apoyo para la preparación de esta gran iniciativa eclesial.

El Sínodo es un amplio proceso de consulta en el que puede participar todo el Pueblo de Dios, incluyendo también a quienes se encuentren en situación de marginalidad; brindará descubrir y aprovechar la diversidad, los diferentes carismas; facilitará la importancia de ser conscientes de la importancia de escuchar y discernir en ese “caminar juntos”.

Tal como se indica en la presentación de la revista, “Esto requiere una Iglesia que escuche al mundo y escuche a las personas que la constituyen, y que se convierten en sujeto de su historia, es decir de cada uno de sus miembros, sin excluirlos, empezando por los más pobres, los más humildes, los olvidados, protegiéndonos de las presiones que ejercen sobre ellos los poderosos”.

Son tres partes las que componen este número dedicado a Sinodalidades: una en la que se relatan experiencias en prácticas sinodales en el mundo; otra en la que se ponen de relieve los enfoques bíblicos, antropológicos y prácticas de la realidad sinodal; y una final en la que se ofrecen perspectivas concretas para establecer y mantener la vida y práctica de una Iglesia Católica sinodal.

Desde Editorial Verbo Divino, os invitamos a leer las primeras páginas como anticipo de todos estos contenidos con el deseo de que sirvan a cuantos participan de este proceso sinodal. Más información en la página web de Verbo Divino.

Iglesia sinodal: Atenta, acogedora y misionera


por Academia de Líderes Católicos 

La sinodalidad entendida desde la acción solidaria para con los que son la opción preferencial de Jesús, suscita la escucha y un querer abrazar la misión de ser Iglesia desde un sentido muy amplio de familia. Cuando se camina de manera confiada y conforme al modelo del Evangelio de Jesús, podemos con autenticidad testimoniar su amor providencial que nos sostiene pese a todas las incoherencias que puedan existir. Porque se llega a la convicción de que Él nunca nos deja


El reconocernos necesitados de Dios nos hace dóciles para imitar sus pasos y para ser capaces de dejar  huellas en la vida de quienes Dios mismo se encarna para escribir nuestra propia historia de salvación. “Nadie se salva solo” (Gal 2:16) sino que desde la dimensión comunitaria es en donde podemos cultivar constantes cambios con el fin de convertirnos en una mano amiga para quienes en todos los aspectos son menos favorecidos.

La escucha atenta

Por medio de la acción solidaria, la escucha de la voz de Dios, ya no pasa desapercibida, sino que se experimenta cierta estrechez en cuanto a descubrir su presencia viva en los demás, se aprende a encontrar algún aspecto suyo en cada persona con la cual nos vinculamos. Cuando se anhela y se busca la equidad en todo y para con todos, se llega asimismo a apreciar en profundidad al otro. Ya no se asume, sino que la gracia de Dios nos auxilia para que no perdamos la capacidad de asombro ante la verdad que Él quiere comunicarnos. Desde esa otra realidad que quizás es totalmente ajena a la de uno, es que el mismo Dios entabla un diálogo.

Ese proceso de intercambio que la misma comunidad propicia nos cuestiona de muchas formas. Puntualmente en cómo vivimos nuestra fe, como escuchamos ante todo la voluntad del Señor y la plasmamos en las relaciones humanas. Desde allí la lectura que hagamos en relación a los propios sentimientos nos impulsará probablemente a compromisos aún mayores. Porque si en medio de situaciones difíciles prevalece la alegría, podemos tener la certeza de que la presencia real de Cristo es la que verdaderamente  nos anima e invita a permanecer en ese diálogo fecundo con los que Él escoge.

Abrazar el ser Iglesia

El ser iglesia, más allá del contexto que cada uno se encuentre implica abrazar a los que padecen cruces aún mayores.  La misión en sí, entendida desde nuestra propia vida, se cultiva a través de la empatía y del compromiso con los demás.  Por ello, es imperioso caminar juntos como iglesia, pero desde una perspectiva que pastoralmente este mucho más envuelta en lo social. Es decir que se caracterice por personas cristianas que tengan compasión ante los más necesitados, que opten por vivir en solidaridad con la iglesia, que tengan formación o aspiren ser formados, que se ejerciten en una fe profunda para que puedan ser testimonios coherentes de una vida totalmente renovada.

La Misión puente para llegar a Dios

“El Señor me ha favorecido…caminare en su presencia” (Sal 116).

A principios de este año, el Señor me permitió llegar a Ouanaminthe, Haití. Allí estuve seis meses acompañando puntualmente a niños que carecen de lo esencial, una familia. En medio de esa realidad pude fortalecerme en el encuentro con un Jesús que no dejo de sorprenderme y que me impregnó de una alegría diferente. Valoré cada momento, logré reconocerlo a través de la situación de abandono y de desprotección en todas sus formas de muchos niños. Cada situación me reafirmó en mi SI ser Iglesia.

El simple hecho de “estar” para y con el otro, me abrió paso a dejarme evangelizar. Al palpar tantas historias,  crearse vínculos afectivos muy fuertes, sentir como el mismo contexto me cuestionaba, me hizo apreciar como los pobres con todo son felices, ya que en medio de sus limitaciones y desde su total sencillez viven en verdad agradecidos. Especialmente los niños, son pequeños héroes, que han aprendido a abrazar sus propias cruces. ¿Cómo no dejarse abrazar? ¿Cómo no ansiar  conocer a un Jesús encarnado en la vida de cada uno de ellos? ¿Cómo pasar por alto el amor? Estas criaturas te enseñan a vivir  esperanzados y confiados pese a lo que, día tras día, les toque enfrentar. Historias que son impensables, difíciles de asimilar, niños que no se victimizan sino que buscan sencillamente amar y ser amados. “Solo el amor nos hace humanos” (Jn 15, 9-17). Es que si no se aprende a relacionarse por lo que se es internamente, seguirán prevaleciendo formas efímeras con las cuales se intenta y se cree amar.

Sus vidas sencillas te nutren y te enseñan a ser humilde. Las relaciones verdaderas tienen el mismo trasfondo, porque en definitiva el amor del Señor es puro y sin dobleces. Lastimosamente, una gran mayoría,  hoy en día, vive atado a un sistema que  es dañino y egoísta.  En ese sentido, el ver otras realidades te facilita  entender en vez de menos preciar o encasillar a la gente. Te ayuda a solidarizarte con quienes no les han dejado opciones. La pobreza verdaderamente te enseña a ser solidario y a saber compartir,  lo mucho o lo poco que se tenga. Y se expresa en un sentirse alegre muy diferente acompañado de cierta nostalgia. Se aprende con los humildes, y con todos los que nos hemos encargado de dejar por fuera. Estando de manera desprendida en los zapatos de otros, Dios no solo nos premia por los lazos afectivos que se crean sino que se aprende a valorar este modo particular de amar de Dios. Solo alcanzando cierta libertad interior se puede abrazar su iniciativa, que desde una aptitud  fraterna de escucha   recobra vida en el darse y no en el negarse.

Después de seis meses en Haití, llegué a República Dominicana para compenetrarme con las familias haitianas migrantes, quienes tratan de sobrevivir pese a todo, con el fin de buscar un porvenir más digno. En medio de lo que palpé en dicho país vecino, entendí que no hay mayor riqueza que descubrirse en equidad y aspirar el encuentro con un Jesús encarnado que se revela en los que sufren. La misión de ser Iglesia es definitivamente un puente que te acerca y te llena del amor de Cristo. Un amor que valora la dignidad del otro, que anuncia y plasma el Evangelio con la convicción del porque y para quien la vida se vuelve una auténtica misión.


Por Valeria Zaffuto. Teóloga, misionera laica y miembro de la Academia Latinoamericana de Líderes Católico

El Celam pugna por un cambio de chip para que haya una Iglesia diferente

Fuente: Observatorio Eclesial
Para tener una Iglesia diferente, sinodal y misionera se debe cambiar el chip, afirmó Miguel Cabrejos Vidarte, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Ce-lam) al término de los trabajos de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.Por separado, al encabezar la misa de clausura en la Basílica de Guadalupe en el primer domingo de Advien-to, el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congrega-ción de Obispos del Vaticano, aseguró que en el con-texto dramático de la pandemia que no acaba, en este contexto difícil, la Igle-sia de la región vuelve a tomar consciencia de su iden-tidad misionera.

Mientras, en las sesiones el arzobispo de San Juan de Cuyo, Argentina, Jorge Lozano, secretario general del Celam, aseguró que la escucha que realizó la Iglesia latinoamericana en la Asamblea Eclesial ―no tiene una finalidad de marketing religioso‖, sino un deseo genuino de volver al origen.Cabrejos, arzobispo metropolitano de Trujillo, Perú, dijo que estamos llamados a cambiar, a convertir perma-nentemente la sinodalidad no un eslogan, no es una frase, es algo inherente, es la esencia de la Iglesia.

La sinodalidad es caminar juntos. Eso cuesta a veces. La sinodalidad en los textos y do-cumentos es maravillosa y extraordinaria, pero en la práctica está la dificultad. Para eso tenemos que con-vertirnos, como dicen los jóvenes, cambiar el chip que tenemos en la cabeza.En la Basílica, Ouellet, presidente de la Pontificia Comi-sión para América Latina del Vaticano, dijo que la espe-ranza en medio de pruebas y dolores nos afectan tanto como al resto de nuestros hermanos y hermanas en otras partes del mundo.Aseguró que la asamblea que reunió a laicos, sacerdo-tes, religiosas, obispos y a cardenales, tendiente a cambiar la Iglesia de la región y hacerla más cercana a la realidad, rindió frutos.

Nuestros días de convivencia presencial y digital han contribuido a fraguar aún más la unidad de este nuestro continente cristiano, mariano y cada vez más sinodal.La pandemia profundizó las desigualdadesEn el mensaje final, denunciamos el dolor de los más pobres y vulnerables frente al flagelo de la miseria y las injusticias. Nos duele el grito de la destrucción de la ca-sa común (el planeta) y la cultura del descarte que afec-ta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendien-tes.

También lamentó el impacto y las consecuencias de la pandemia que incrementa más las desigualdades so-ciales, comprometiendo incluso la seguridad alimentaria de gran parte de nuestra población y que les llega el clamor de los que sufren a causa del clericalismo y el autoritarismo en las relaciones, que lleva a la exclusión de los laicos, de manera especial a las mujeres en las instancias de discernimiento y toma de decisiones so-bre la misión de la Iglesia, constituyendo un gran obs-táculo para la sinodalidad.Cabrejos consagró a la Guadalupana las 22 conferen-cias episcopales del continente.(jornada.com.mx) 29/11/2021

Carta del Papa a la Asamblea Eclesial

Francisco a la Asamblea Eclesial: «Escucha y desborde», claves hacia la sinodalidad 

A través de un mensaje escrito, el Papa Francisco se une a los participantes de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, reunidos en Ciudad de México del 21 al 28 de noviembre de 2021. En el escrito, el Pontífice hace hincapié en tres claves para caminar hacia la sinodalidad -comunión, participación y misión- a la vez que propone dos palabras fundamentales para avanzar en el camino sinodal: «escucha y desborde». 

Ciudad del vaticano 

El domingo 21 de noviembre, se publicó el mensaje del Papa Francisco dirigido a los participantes de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, reunidos en Ciudad de México del 21 al 28 de noviembre de 2021, con el deseo -escribe el Santo Padre- de impulsar una Iglesia en salida sinodal, «reavivar el espíritu de la V Conferencia General del Episcopado que, en Aparecida en 2007, nos convocó a ser discípulos misioneros, y animar la esperanza, vislumbrando en el horizonte el Jubileo Guadalupano en 2031 y el Jubileo de la Redención en 2033». 

Comunión, participación y misión 

En su mensaje (firmado en San Juan de Letrán, Roma, el 15 de octubre de 2021), el Pontífice agradece a todos por su presencia en esta Asamblea, «que es una nueva expresión del rostro latinoamericano y caribeño de nuestra Iglesia, en sintonía con el proceso preparatorio de la XVI Asamblea general del Sínodo de los Obispos que tiene como tema ‘Para una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión’». 

En base a estas claves que «vertebran y orientan la sinodalidad», es decir, comunión, participación y misión; el Papa reflexiona brevemente sobre dos palabras que exhorta «a tener en cuenta de modo especial en este camino que están haciendo juntos: escucha y desborde». 

Procuren escucharse mutuamente 

La primera palabra propuesta por Francisco es escucha

«El dinamismo de las asambleas eclesiales está en el proceso de escucha, diálogo y discernimiento», escribe el Obispo de Roma, destacando que en una Asamblea, «el intercambio facilita escuchar la voz de Dios hasta escuchar con Él el clamor del pueblo, y escuchar al pueblo hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama». 

Les pido -se lee en el mensaje del Papa- que procuren escucharse mutuamente y escuchar los clamores de nuestros hermanos y hermanas más pobres y olvidados. 

Que esta Asamblea»desborde” el amor creativo de su Espíritu 

La segunda palabra es desborde

«El discernimiento comunitario requiere mucha oración y diálogo para poder hallar juntos la voluntad de Dios, y también requiere encontrar caminos superadores que eviten que las diferencias se conviertan en divisiones y polarizaciones», escribe Francisco manifestando que, en este proceso, pide al Señor que esta Asamblea sea expresión del “desborde” del amor creativo de su Espíritu, «que nos impulsa a salir sin miedo al encuentro de los demás, y que anima a la Iglesia para que, por un proceso de conversión pastoral, sea cada vez más evangelizadora y misionera». 

Por ello, el Pontífice alienta a todos a vivir estos días «acogiendo con gratitud y alegría este llamado al desborde del Espíritu en el Pueblo fiel de Dios que peregrina en América Latina y el Caribe». 

«Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide con su protección maternal. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí», concluye Francisco 

Testigos del Evangelio

 
SE NOS FUE JAVIER RODRÍGUEZ COUCE, UN CURA BUENO, DE TRATO FÁCIL, UN HOMBRE DE FE Y SENTIDO COMÚN 

Javier Rodríguez Couce

Ordenado en Mondoñedo- Ferrol en 1999, actualmente era párroco-moderador de la UPA Castro Ribeiras de Lea, en el arciprestazgo de Terra Chá, que integra unas treinta y cinco parroquias. También era capellán de la residencia de mayores de Castro de Rei y Castro Ribeiras de Lea, en la provincia de Lugo. Anteriormete había atendido pastoralmente varias parroquias en municipios como Cedeira, Ortigueira o Mañón. 

Una de las grandes satisfacciones que tiene el ser humano en su vida cotidiana, es la gran seguridad de contar con grades amigos como lo era Javier Couce. Con el paso del tiempo, la amistad se fortalece sin darnos cuenta, la convivencia ha traído consigo aficiones, gustos e intereses en común, compartiendo preocupaciones, alegrías, tristezas, y la seguridad de contar siempre con su apoyo incondicional. 

El fallecimiento de Javier ha sido una gran pérdida en nuestra diócesis, Javier era compasivo, misericordioso, hombre para los demás. Tres cosas convierten al hombre en humano (la justicia, la misericordia y la fidelidad: Mt 23,23), y en medio de ellas se encuentra la misericordia, entendida como amor que brota de la entraña de Dios y se expresa en obras de justicia y fidelidad humanas. 

Tenía 50 años con lo que era de los sacerdotes más jóvenes de la diócesis y le habían encomendado 35 parroquias. 

Los sacerdotes como él que conservan en el tiempo el entusiasmo del corazón, acogen con alegría la frescura del Evangelio, hablan con palabras capaces de tocar la vida de la gente; y sus manos, ungidas por el obispo en el día de la ordenación, son capaces de ungir a su vez sus heridas, las esperas y las esperanzas del pueblo de Dios. 

Los magnánimos como este sacerdote bueno se pueden reconocer muy bien porque están siempre disponibles cuando les necesitamos y siempre nos ayudan a resolver situaciones difíciles creando optimismo y esperanza. Cuando se les pide algo siempre responden sí. Son un oasis en medio del mundo en el que vivimos. También fue un gran creyente, un hombre de corazón limpio como el de las bienaventuranzas de Mateo. 

Javier podía llegar a oficiar misa hasta en siete lugares distintos en un mismo día. Sin apenas tiempo para cambiarse, no era extraño verle viajar con el alba siempre puesta. 

Casi 2.000 feligreses estaban a cargo  de Javier, que no daba abasto con tanto trabajo. Su estilo de vida simple y esencial, siempre disponible, lo hacía creíble a los ojos de la gente y lo acercaba a los humildes, en una caridad pastoral. En la actualidad era responsable de 35 parroquias y de dos residencias de mayores de Castro de Rei. 

«La celebración del culto acaba con los curas, tenemos que hacer el trabajo de tres y dar misa requiere una concentración que termina agotándote” afirmaba Javier en una entrevista. Pero eso parece que algunos obispos no lo entendieron bien. Las UPA (unidades pastorales) no son la solución, hay que recrearlo todo, para que se anuncie, celebre y practique el evangelio, en formas cercanas (casa a casa, grupo a grupo), en apertura a la nueva humanidad.  Cada parroquia puede y debe presentarse como espacio donde los creyentes pueden encontrarse en amor, para ayudarnos mutuamente, para crecer y ser personas, en gesto de caridad, de asistencia y de liberación mutua. No se tratará, pues, de una pastoral para tener más cristianos, para que haya más bautizos y más sacramentos, sino para que haya espacios abiertos de libertad, para que pueda haber más personas (hombres y mujeres) que asumen el ideal creador de Dios que está dirigido al despliegue de la persona humana. Pues bien, este es un tiempo para que los grupos de cristianos sin cura externo se animen a celebrar por sí mismos, desde el evangelio. 

Para él la sencillez fue lo primero. «Lo importante es que la gente te vea como una persona normal y accesible, con la que pueden hablar y contar sus penas y alegrías» Javier sabía que su vocación nace de un encuentro de amor: el de Jesús y el del pueblo de Dios. 

La Iglesia necesita sacerdotes y laicos capaces de anunciar el Evangelio con entusiasmo y sabiduría, de encender la esperanza allá donde las cenizas han cubierto los brazos de la vida, y de generar la fe en los desiertos de la historia. Javier tenía un carácter moldeado por el Espíritu Santoque a su vez influía en sus predicaciones edificándonos a los que le escuchamos, un carácter que debería estar presente en todos los sacerdotes para enseñar y capacitar a los hijos de Dios, es lo que requiere y necesita la iglesia para que pueda crecer, ser edificada y llevar a cabo su llamado. 

Hablar de la persona de Javier Rodríguez Couce seguro que  el susbstantivo bondad es el más acertado: bondad de corazón, bondad de conducta. Bondad: condición de las personas –recurro al diccionario académico-  “natural inclinación a hacer el bien.” Según Aristóteles, la bondad se dice de varias maneras. Por lo menos de las que aluden los versos famosos de Antonio Machado: “Y más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy en el buen sentido de la palabra bueno.” 

Cuando nos despegamos de nuestras comodidades, de las rigideces de nuestros esquemas y de la presunción de haber llegado ya, y tenemos la valentía de ponernos en la presencia del Señor Él puede retomar su trabajo en nosotros, nos plasma y nos transforma. 

“Reconoced que el Señor es Dios; él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos y ovejas de su prado” (Sal. 100:3). El gran propósito de Dios respecto a Su pueblo es hacerlo conforme a la imagen de Su Hijo Jesús. Dios se siente tan complacido con Jesús que quiere que nosotros y otros sean semejantes a Él. El objetivo que tiene Dios para con nosotros, es transformar nuestra vida, eliminar todo lo que estorba y moldearnos hasta que en nosotros surja la imagen de Cristo. 

Necesitamos  testimonios como el de Javier Rodríguez Couce, de curas santos, que se entregan y desviven por los demás. 

Su partida ha dejado entre nosotros los frutos abundantes de quien, como San Pablo, ha «corrido bien la carrera». Para quienes tenemos fe, sabemos que, como dice San Pablo, todo sucede para bien de los que aman a Dios (Rm. 8:28) Existen eventos en nuestra vida, sin embargo, episodios que nos recuerdan que aceptar esta verdad no siempre es fácil 

En su memoria traigo aquí dos pensamientos de Benedicto XVI sobre el sacerdote. Los dos pueden aplicarse a este hombre bueno que se nos marchó a la Casa del Padre con cincuenta años. Decía el papa Emérito: “Jesús nos ha mirado con amor precisamente a cada uno de nosotros, y debemos confiar en esta mirada (…) No debemos dejarnos llevar de la prisa, como si el tiempo dedicado a Cristo en la oración silenciosa fuera un tiempo perdido.  

Descansa en paz amigo, Javier 

José Carlos Enríquez Díaz 

Propuestas para vivir una Iglesia más sinodal

por Academia de Líderes Católicos  

La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia ha sido rescatada por la reforma del Concilio Vaticano II y está inserida en la perspectiva eclesiológica de “Pueblo de Dios”. Sus intuiciones y proposiciones contadas en los documentos conciliares apuntan a la sinodalidad en la vida eclesial. Una gran contribución para el rescate de la sinodalidad eclesial promovida por el Vaticano II, sin dudas, actualmente, viene del Papa Francisco

Eso se refiere de manera muy clara y transparente en la actuación de su vida pública como también por sus numerosos documentos publicados. Se menciona aquí algunos de estos documentos: Evangelii Gaudium (2013), Amoris Laetitia (2016), Laudato Si (2015), la gran alocución por ocasión de la Conmemoración del Sínodo de los Obispos (2015) en Roma sobre el tema de la sinodalidad como camino de la Iglesia en el tercer milenio, la Exhortación Apostólica Gaudete et exultate refiriéndose a la santidad en el mundo de hoy (2018), la consulta al Pueblo de Dios sobre el Sínodo de los Obispos en Roma, etc. Muchas otras cosas se dieron posterior a su elección, sobretodo el papel que el Papa asume para gobernar la Iglesia. 

Una nueva Iglesia más sinodal 

El Papa Francisco pide una Iglesia distinta, más abierta y que dialogue con la realidad de hoy. Una Iglesia donde haya una escucha recíproca, donde todos tienen algo que aprender. El camino sinodal empieza por escuchar el pueblo y las  Iglesias Particulares. Con esta convicción, el Papa inauguró en el día 09 de octubre del 2021 la sección de apertura del proceso sinodal 2021-2023, con la temática: “Por una Iglesia Sinodal: comunión, participación y misión” (2021) donde pide una Iglesia “diferente” que sea capaz de superar visiones verticalizadas, distorsivas y parcializadas. 

El Papa Francisco propone un Sínodo precedido por un proceso inédito de consultas y de manera descentralizada, por la primera vez, con asambleas diocesanas y continentales que culminará con la Asamblea General de los Obispos, en octubre de 2023 en Roma. Este Sínodo envolverá toda la Iglesia, Iglesia local, Diócesis en un proceso de escucha y discernimiento. 

Todos nosotros somos llamados a participar en la vida de la Iglesia y en su misión. Lo que está en pauta es la necesidad de promover un modo nuevo de hacer con las características de una participación activa de todos los bautizados. Francisco (2021) exhorta que nosotros “somos llamados a la unidad, a la fraternidad que nace del sentimiento de que somos abrazados por el único amor de Dios”. Nos deja claro que las tres palabras del Sínodo: “comunión, participación y misión” expresan y recuerda el misterio de la Iglesia. 

En ese sentido, implementar una Iglesia sinodal es una tarea muy compleja y difícil, porque implica cambios en el ser y en la manera de hacer de la Iglesia. Se impone cambios en las relaciones de igualdad y autoridades en la Iglesia, con los ojos en decisiones ya tomadas. En la sinodalidad, el sujeto de la Iglesia no es el clero sino que la comunidad eclesial, pues existe una corresponsabilidad de todos en todo lo que compite a la Iglesia. 

Ministerios al servicio del bien común 

Hay numerosos y distintos ministerios, más todos en el seno de la comunidad eclesial y a su servicio. Los mismos que presiden, deciden o comandan la comunidad, pero ante todo, ejercen el “ministerio de la coordinación”  co-ordenan a todos para el servicio de todos a todos; crean armonización en la diversidad en función de la unidad de la comunidad eclesial. Una comunidad-sujeto de pastoral se fundamenta en cuatro principios base: 

  • Intervención de todos: para una comunidad-sujeto, todos los interesados tienen el derecho de participar con su voz y voto, para que se pueda promover decisiones y provoquen cambios estructurales con el consenso de todos. 
  • Discernimiento comunitario: un discernimiento que tenga la capacidad de valorar las diversidades y las distintas maneras de pensar, sobretodo de las mujeres en distintas instancias y decisiones. De esta manera, se va resolviendo y teniendo la verdad de pensamiento delante las diferencias. 
  • Decisión compartida: todos tienen poder de decisión, pero jamás solos; se toman las decisiones con todos los demás que integran el proceso. Para esto, se hace necesario mantener la persistencia en el movimiento de rompimiento con el poder institucional abierto cada vez más para las causas del Reino. Un paso fundamental para la decisión compartida es desarrollar la apertura y la escucha entre clérigo y el laico. 
  • Acción desconcentrada: sin autonomía, no hay responsabilidades, sujetos. Autonomía de las personas y de los espacios eclesiales, en relación a la autoridad y a la institución.  La sinodalidad exige una administración según el principio de la subsidiariedad: todo lo que está en la superioridad sirve/subsidia/apoya todo lo que está en la base, pues la sinodalidad solo tiene vida si es de abajo para arriba, condiciones estas para el ejercicio de un poder-servicio. 

Una sinodalidad en comunión de saberes 

En síntesis, el ejercicio de la sinodalidad implica en un proceso apoyado en estructuras de comunión, como estas: los organismos de globalización y acción, que son la asamblea y el consejo de pastoral en los distintos espacios eclesiales en comunidad, parroquia, diócesis; y los mecanismos de coordinación, que son equipos de coordinación de los distintos servicios de pastoral y los equipos de coordinación de los ámbitos eclesiales. 

Son estos organismos que posibilitan una pastoral orgánica y de conjunto: orgánica en el sentido de que cada servicio de pastoral o espacio eclesial es un componente de un mismo y único cuerpo que es la Iglesia Local; y de conjunto, donde cada servicio pastoral o espacio eclesial convergen para el mismo objetivo. 

En el documento final del Sínodo de la Amazonía (26 de octubre de 2020), varias expresiones se refieren a la sinodalidad: conversión sinodal de la Iglesia; inculturación de la organización y el ministerio eclesial (85); cultura del diálogo, escucha mutua, discernimiento espiritual, consenso y comunión, decisiones conjuntas para responder a los desafíos pastorales (88); reconocimiento, expansión y participación de los laicos, especialmente de las mujeres en la toma de decisiones en las distintas instancias de la Iglesia (92; 94); “… se pide que las voces de las mujeres sean escuchadas, consultadas y sean partícipes en la toma de decisiones y así poder contribuir con su sensibilidad a la sinodalidad eclesial (101). 

Concluyendo podemos afirmar que la sinodalidad no es una mera opción, es el único modo autentico de ser una Iglesia misionera, una Iglesia participativa, una Iglesia más acogedora y una Iglesia más armoniosa. Es en esta Iglesia que vemos manifestado el primado de los bautizados y el papel dinámico de la acción del Espírito Santo. 

Por Clélia Peretti. Doutora em Teologia pelas Faculdades EST. Pós-doutora em Fenomenologia pelo Centro Italiano di Ricerche Fenomenologiche — CIRF. Professora do Programa de Pós-Graduação em Teologia — PPGT da Pontifícia Universidade Católica do Paraná y membro da Academia de Líderes Católicos 

Asamblea Eclesial de A.L. y E.C.

Miguel Cabrejos: En la Asamblea Eclesial “nos hermanamos en diversidad de ministerios y carismas” 

La Asamblea Eclesial en Guadalupe

En vez de haber realizado la VI Conferencia General de los Obispos, el Papa Francisco, propuso esta Asamblea Eclesial, integrada por representantes de todo el Pueblo de Dios” 

«Inaugura un nuevo organismo sinodal en el ámbito continental, que sitúa la colegialidad episcopal en el seno de la sinodalidad eclesial» 

A María de Guadalupe también le pedía “que nos señale el camino que Dios desea para su Iglesia en nuestra región” 

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica 

En la Solemnidad de Cristo Rey, a los pies de María de Guadalupe, la Iglesia de América Latina y el Caribe se ha reunido para abrir la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe. En una Eucaristía presidida por Mons. Miguel Cabrejos, el presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), ha afirmado que los participantes de la Asamblea, más de mil, entre los presentes en Ciudad de México y quienes participan virtualmente, estaban allí para dar “gracias a Dios por esta nueva experiencia de vivir, sentir y participar en la Iglesia”. 

En su homilía, el arzobispo de Trujillo, afirmaba que la Asamblea Eclesial llega después de “un largo camino recorrido juntos, escuchando a todos, sintiendo lo hermoso que es ser miembro del Cuerpo Místico de Cristo, protagonistas y corresponsables de la evangelización como discípulos misioneros”. Pedía a Dios que abra nuestro corazón para dejarnos guiar en espíritu de escucha, sinodalidad y unidad eclesial, y descubrir lo que Él quiere decirnos como pueblo de Dios en camino”. 

Llamando a hacer la Voluntad de Dios, dijo que “la verdadera grandeza está en dejarse iluminar por la Luz de la Verdad, en descubrir la acción de Dios en la historia, en adherirse al proyecto de Jesucristo y tener la verdad como norma suprema de comportamiento”. El prelado peruano comparaba esta Asamblea con la Conferencia de Medellín, que definía como “la ‘recepción creativa’ del Concilio Vaticano II en un contexto marcado por la pobreza y la exclusión”. Del mismo modo, ha dicho ver esta Asamblea Eclesial como momento “para ‘reavivar Aparecida’, que reafirmó la renovación conciliar, busca contribuir para una ‘segunda recepción’ del Vaticano II en el nuevo contexto en que vivimos”

Según Mons. Cabrejos es una Asamblea histórica, “pues, en vez de haber realizado la VI Conferencia General de los Obispos, el Papa Francisco, propuso esta Asamblea Eclesial, integrada por representantes de todo el Pueblo de Dios”. Estamos ante “el paso de una asamblea donde participaban sólo Obispos, a una Asamblea plenamente Eclesial”, insistió el presidente del Celam. 

Destacando la amplia participación, Mons. Cabrejos señaló que en la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, “nos hermanamos en diversidad de ministerios y carismas”. Junto con ello, “inaugura un nuevo organismo sinodal en el ámbito continental, que sitúa la colegialidad episcopal en el seno de la sinodalidad eclesial, expresión de la vinculación del Obispo con el Pueblo de Dios en su Iglesia Local, y de concepción de la Iglesia universal como una ‘Iglesia de Iglesias Locales’, presididas en la unidad por el Obispo de la Iglesia de Roma, con Pedro y bajo Pedro”. 

Es un nuevo Pentecostés, en el que también está presente “Nuestra Madre, María del Tepeyac, quien representa a todas las advocaciones que sostienen y sustentan la vida e identidad de nuestros pueblos Latinoamericanos y Caribeños”. A ella invocaba “su fiel y potente intercesión, para que nos muestre el rostro y la mirada de Cristo en esta etapa de encuentro presencial y virtual. 

A María de Guadalupe también le pedía “que nos señale el camino que Dios desea para su Iglesia en nuestra región”, y docilidad “para asumir un proceso de conversión permanente, en comunión con el Concilio Vaticano II y el Papa Francisco, en camino al Sínodo sobre la Sinodalidad, y lo que signifiquen las exigencias pastorales hacia el Jubileo del acontecimiento Guadalupano (2031) y el de la Redención (2033)”. A ella le ofrecía el camino recorrido desde Aparecida, de la que, recordando las palabras del Papa Francisco, “todavía tiene mucho que ofrecer”. 

Mostrando la voluntad de acompañarle en este Kairós, Mons. Cabrejos ha dicho querer, “en la difícil unidad en la diversidad, responder y acompañar a todo el pueblo de Dios en una hora profundamente compleja y difícil”, insistiendo en no olvidar que en los vulnerables, “¡Cristo sigue crucificado en ellos!”. 

A la luz del Evangelio del día, denunciaba la ruptura de comunión y de fraternidad, lo que se hace presente “en la inequidad; en la violencia extendida; en los falsos testimonios de líderes que abandonan el sentido de servicio de sus responsabilidades; en la crisis sin precedentes de nuestra casa común, donde los preferidos del Señor son los más afectados”. Junto con ello se sentía interpelado por el dolor de las mujeres, “quienes han sufrido abusos o exclusión sistemática”, también por los migrantes, muchas veces rechazados. 

Para la Asamblea que se inicia, el presidente del Celam ha pedido “el don de la escucha, aquella que nos lleve a salir de nuestras reducidas posiciones particulares, y nos acerque a los hermanos y hermanas para buscar a Dios en común y en comunión”. También pedía seguir el ejemplo de San Juan Diego, “para abrir nuestros corazones a la interculturalidad, sin temores ni dudas” 

Aportes de las CEBS a la Asamblea eclesial latinoamericana 

Por Pedro Pierre 

Desde el final del Encuentro Continental de las CEBs en Guayaquil en marzo del año pasado, los asesores nacionales de las CEBs (Comunidades Eclesiales de Base) hemos seguido reuniéndonos por zoom unas 2 veces cada mes. En estos últimos tiempos hemos buscado reunir desde las CEBs aportes para la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe. He aquí un resumen de la realidad eclesial latinoamericana, sus retos y lo que están aportando las CEBs, en particular en la sinodalidad -tema de la Asamblea- desde sus 60 años de vida 

A. INQUIETUDES Y PREOCUPACIONES POR NUESTRA IGLESIA CATÓLICA 
1. La deserción que se vive en la Iglesia Católica. 
Desde varios decenios la deserción de los católicos no ha dejado de aumentar. Por una parte, se dejan conquistar por las Iglesias evangélicos y por otra, caen en la indiferencia religiosa. La gran mayoría de los católicos lo son sólo de nombre porque no participan de la vida eclesial ni viven un compromiso por el Reino inaugurado por Jesús. 
Es muy llamativo el comentario de un pastor evangélico: “Entre los que fueron bautizados como evangélicos, el 90% van a seguir participando; los católicos, apenas el 10%. Normalmente, el 100% de los evangélicos saben por qué lo son; entre los católicos, cuando mucho, el 2%. El 90% de los evangélicos son misioneros; los católicos misioneros, excluyendo los religiosos/as, cuando mucho, el 2%.” 

2. Un pronunciado clericalismo patriarcal 
Es generalizado el acentuado clericalismo de los sacerdotes, sacerdotes y religiosas y se manifiesta por un autoritarismo absoluto, a pesar de las orientaciones del papa Francisco en la materia. Esto impide la participación de los seglares que desean ser miembro con plenos derechos, adulto, participativo, porque han descubierto que su bautismo les hace herederos de la misión del discipulado. Jesús nos confía a todos y todas la tarea evangelizadora, sin que tengamos necesariamente que depender del clero. 

3. El crecimiento de los fundamentalismos religiosos 
En todos los países se nota un marcado incremento de organizaciones religiosas de corte fundamentalista tanto en las Iglesias católicas y evangélicas como en los nuevos movimientos religiosos en los sectores populares como la buscada de poder político y económico en las instancias nacionales. 

4. La pérdida de credibilidad de la Iglesia católica 
Principalmente, el clericalismo, la pederastia y la marginación de las mujeres en la Iglesia Católica han mermado la credibilidad, la influencia y diversos tipos de presencia de la Iglesia católica. Esta tiene serias dificultades para ser fermento en la masa. Respalda movimientos que congregan, en eventos y liturgias, a miles de personas, pero que pasan sin crear comunidad ni compromiso social y mucho menos impulso misionero y seguimiento de Jesús. 

5. La vitalidad de las CEBs en todo el continente 
La realización en Guayaquil el año pasado del XI Encuentro Continental de CEBs, con la presencia de CEBs juveniles de 13 países, manifestó su vitalidad, su testimonio vivo y martirial, su capacidad de renovación eclesial y transformación social. Las CEBs son conscientes de su identidad como Iglesia completa en igualdad de las parroquias, siendo el “primer y fundamental núcleo eclesial” en los sectores populares de la ciudad, el campo y el mundo indígena. Están animadas por una espiritualidad liberadora que se nutre de la meditación de la Palabra de Dios, la acción contemplativa, la opción por los pobres y las orientaciones del magisterio latinoamericano y papal. Sufren de la falta de reconocimiento y valoración de sus pastores tanto parroquiales como diocesanos. 

PROPUESTAS FRENTE A ESTOS DESAFÍOS 

1. Reafirmar la eclesialidad y el valor de las Comunidades Eclesiales de Base para la Iglesia y la vida de nuestros pueblos, especialmente, para quienes viven en las periferias urbanas y zonas rurales. 
A pesar de las dificultades impuestas por la actual situación política, económica, social, sanitaria, ambiental y eclesial de América Latina y del Caribe, la experiencia de más de cinco décadas de existencia confirma su definición por la Conferencia de Medellín como “célula inicial de estructuración eclesial y foco de evangelización” (Med. 15,10). Muestra que las CEBs desempeñan fielmente su misión evangelizadora. Medellín señaló, además, que “ellas son un factor primordial de promoción humana y desarrollo”. El avance del fundamentalismo en América Latina exige de una propuesta eclesial que vuelva a Jesús desde la base, y en eso trabajan incesantemente las CEBs. 

2. Las CEBs son Iglesia en salida, desde los descartados. 
Ellas apuntan a un camino privilegiado de la renovación misionera y sinodal que el papa Francisco solicita a toda la Iglesia. “Las comunidades eclesiales de base son expresión del amor preferencial de la Iglesia por el pueblo sencillo” (Puebla 643), funcionan como lugar de oración, vida fraterna y compromiso con los pobres y marginados, ellas son expresión privilegiada de “una Iglesia pobre para los pobres” (EG 198). En cuanto comunidades de “discípulos y discípulas misioneros y misioneras” (EG 119), “sujetos activos de la evangelización” (EG 120), son “fuentes y semilla de variados servicios y ministerios que promueven la vida en la sociedad y en la Iglesia” (Aparecida 179); de especial relevancia es hoy el cuidado de la casa común como un ministerio permanente. 

3. Las CEBs promueven nuevos ministerios eclesiales 
Hace falta un reconocimiento del ministerio de animación comunitaria que realizan laicos y laicas que concilian sus responsabilidades bautismales, familiares, y laborales con talante profético. Urge la participación de los seglares en las instancias de decisión para reorganizar la vida de la Iglesia desde la base. Las CEBs, en comunión con sus pastores, necesitan de autonomía para extenderse por los más amplios espacios del compromiso cristiano. Las CEBs preparan gentes, muchos de ellos jóvenes, para una verdadero compromiso misionero que abre grietas en la indiferencia religiosa, la falta de compromiso social y la inmovilidad de la institución eclesial. 

4. Las CEBs saldan la deuda histórica de la Iglesia con las mujeres. 
En la Exhortación Apostólica Querida Amazonia, el papa Francisco llama la atención sobre “la fuerza y el don de las mujeres” en las comunidades. Reconoce la necesidad de que ellas “tuvieran una incidencia real y efectiva en la organización, en las decisiones más importantes y en la guía de las comunidades, pero, sin dejar de actuar en el estilo propio de su perfil femenino” (QA 103). Esta perspectiva está presente en la vida ordinaria de nuestras CEBs y en el rol de ´animadoras de comunidad’ que ya practican ministerialmente muchas de nuestras hermanas. 

5. La nube de mártires latinoamericanos abre camino a la Iglesia de mañana 
Hay que agradecer el testimonio de entrega total al ofrendar la propia vida, por parte de un sinnúmero de miembros y acompañantes de las CEBs. Como atestigua innumerables mártires del Pueblo de Dios, podemos mencionar algunos: delegados de la palabra, catequistas, religiosas, presbíteros, teólogos, biblistas, misioneros y misioneras, y obispos. Ninguna otra expresión eclesial cuenta con tantos mártires como las Comunidades de Base en América Latina. Este hecho nos da la certeza de que están en el camino señalado por Jesús a sus discípulos. 

C. UNOS 5 ASPECTOS A INCORPORAR EN LA AGENDA DE LA ASAMBLEA ECLESIAL DE MÉXICO 
Teniendo en cuenta el camino recorrido, sus logros y dificultades, es hora de reafirmar el apoyo y la opción pastoral por las CEBs y su articulación en las diócesis, en los diferentes países y en el Continente, tal como han sido confirmados en los grandes documentos episcopales latinoamericanos (Medellín, 1968; Puebla, 1979; Santo Domingo, 1992 y Aparecida, 2007). 

1. Revalorizar y recrear, de acuerdo a los signos de los tiempos, las comunidades eclesiales, pequeñas y desarrolladas en la base como “célula inicial de estructuración eclesial y foco de evangelización” porque “la comunidad cristiana de base es el primero y fundamental núcleo eclesial” (Med.10 Apa.193). Sería desconocer la acción del Espíritu en nuestras Iglesias latinoamericanas no asumir lo vivido en los últimos 60 años por las CEBs de América Latina y el Caribe como un modelo aún vigente y posible, aunque no necesariamente único. 

2. Protagonizar el desarrollo y funcionamiento de las Comunidades Eclesiales y estimulando su surgimiento, creadas y animadas por laicas y laicos, en los diferentes lugares donde viven o se encuentran las personas, quizás se podrá generar el impulso misionero, militante y amplio que permita frenar la embestida conservadora y alienante de los grupos neopentecostales. Las pequeñas comunidades generadas en la base podrían ser la respuesta más adecuada que podríamos dar, pero que no estamos utilizando. 

3. Fomentar Comunidades Eclesiales cercanas, alternativas a la masificación, la individuación y el anonimato de las ciudades, insertas en la vida de los pueblos y comprometidas en sus movimientos y organizaciones sociales. Son indispensables para hacer realidad la opción por los pobres, la participación en la lucha por la vida digna y la justicia y el servicio a los empobrecidos, a los sectores vulnerables, marginados y excluidos. Es imprescindible reformular la organización eclesial desde abajo, en base al desarrollo de comunidades en torno a la Palabra de Dios y de la vida de la gente: Comunidades de pobres y comprometidas con la vida del pueblo pobre, pequeñas, a escala humana donde el conocimiento y la fraternidad sean posibles, insertas en la base del pueblo y con una forma circular y horizontal de funcionamiento. La historia de las CEBs muestra que de esta manera se vive, sostiene y desarrolla una verdadera forma de ser Iglesia sinodal. 

4. Superar la división y oposición clero-laicos para ir hacia una autocomprensión de las comunidades eclesiales desde el binomio comunidad-ministerios, para hacer posible la conversión sinodal, superar el clericalismo y poner el anuncio de la fraternidad y la amistad social como ejes estructurantes de la misión de la Iglesia. 

5. Reconocer y asumir los diversos ministerios, de mujeres y hombres, nuevos y antiguos, ordenados y no ordenados, suscitados por el Espíritu Santo en las comunidades locales como signos e instrumentos de vitalidad, compromiso y corresponsabilidad en la vida y misión de la Iglesia. 

Hacemos votos para que la Asamblea Eclesial a realizar en México a final de noviembre próximo sea un nuevo impulso a nuestra Iglesia católica en su impulso misionera de ser testiga del Reino de Dios en una nueva organización y un mayor compromiso con los pobres. Que las CEBs sean reconocidas como el motor privilegiado de estas transformaciones y novedades