Los muros de la UE ante los migrantes 

La UE se blinda al ‘estilo Trump’: crecen los muros mientras se reduce la llegada de refugiados 

En lo que va de año, Grecia, Polonia y Lituania han comenzado la construcción de fortalezas para impedir el paso de personas migrantes. Ante la falta de una política de asilo común, Europa se fortifica con más de 1.000 kilómetros de hormigón, vallas y alambradas. 

Muro: elemento destinado a soportar cargas o cerrar y dividir espacios. Algunos tan emblemáticos como el de Berlín cayeron hace poco más de 30 años simbolizando el fin de una de las épocas más oscuras de Europa. Pero tres décadas después, la UE cuenta con alambradas y paredes de hormigón que multiplican por seis la longitud del muro de Berlín. 

A día de hoy, diez Estados miembros (España, Grecia, Hungría, Bulgaria, Austria, Eslovenia, Polonia, Letonia, Estonia y Lituania) cuentan con algún tipo de fortificación para frenar el paso de personas migrantes. Las alambradas se han multiplicado en las últimas décadas pasando de dos en la década de los 90 a 15 en 2017. La mayoría de ellos brotaron tras la crisis migratoria de 2015, cuando más de un millón de personas –procedentes en su mayoría de Siria- alcanzaron las costas del Viejo Continente. Los muros pasaron ese año de cinco a 12, según el informe Políticas del miedo y securitización en la Unión Europea, elaborado por el Transnational Institute (TNI). Incluso Eslovaquia cuenta con un muro de separación interno para separar a la comunidad gitana. 

A los más de 1.000 kilómetros de muros que el espacio Schengen albergaba en 2018 se le unen otros cientos levantados este 2021 como escudo ante las potenciales crisis migratorias de Afganistán y de BielorrusiaGrecia inició tras la toma talibán una construcción de 40 kilómetros para contener a los refugiados afganos que podrían llegar a través de Turquía. Y durante los últimos días, Polonia ha iniciado el levantamiento de un muro de 130 kilómetros en su frontera con Bielorrusia Lituania espera culminar el suyo de 500 kilómetros dentro de un año. 

ALBA CAMBEIRO CERNADAS 

Los tres países han blindado estas fronteras externas de la UE con hormigón y alambrado 

Alexander Lukahsenko, conocido como último dictador de Europa, ha amenazado con «inundar la UE con migrantes, drogas y narcóticos». Durante los últimos meses ha empujado a unas 6.000 personas procedentes de Irak, Afganistán, Irán o Siria a sus fronteras con Lituania, Letonia o Polonia, desatando en lo que en Bruselas llaman una «guerra híbrida». Los tres países han blindado estas fronteras externas de la UE con hormigón y alambrado, declarado el estado de emergencia y endurecido los procedimientos para pedir asilo. También han pedido a sus socios comunitarios financiar los nuevos muros con dinero europeo

De momento, esta no es una opción. Sería para la Comisión Europea asumir un precio muy alto en términos de principios e imagen. Además, tampoco hay mayoría en el Consejo Europeo para ello. Solo doce Estados miembros (Austria, Bulgaria, Chipre, Chequia, Dinamarca, Estonia, Grecia, Hungría, Lituania, Letonia, Polonia y Eslovaquia) lo aprueban y piden que sea incluido en los fondos europeos «como asunto prioritario». Pero la propia Ursula von der Leyen, líder del Ejecutivo comunitario, atajó esta petición en la última cumbre europea: «La UE no financiará alambradas o muros en sus fronteras». 

No financiarán muros, pero tampoco se oponen a que los Estados miembros los edifiquen 

Sin embargo, los europeos sí han virado durante el último lustro a una posición más severa con el drama migratorio. No financiarán muros, pero tampoco se oponen a que los Estados miembros los edifiquen. Una posición que contrasta con las críticas a Donald Trump, ex presidente estadounidense, y su apuesta por sellar la frontera con México con un muro «artístico», «bonito» y «pagado por los mexicanos». «Nosotros no construimos muros, nosotros queremos construir puentes. Europa tiene que estar preparada para forjar alianzas fuertes con México», señaló Manfred Weber, actual líder del Partido Popular Europeo en enero de 2017. «No entendemos por qué la UE no puede financiar una valla en la frontera con Bielorrusia. Hay una guerra híbrida en marcha. No podemos ser naïve. Lituania, Letonia y otros países se merecen nuestro apoyo total, incluyendo fondos para construir barreras físicas si son necesarias», afirmó hace unos días. 

Sin visos de una política migratoria 

Crear una política de asilo común es la eterna asignatura pendiente del bloque comunitario. La UE lleva años intentando poner una solución a la malherida reforma de Dublín (que establece que el primer país al que llega un refugiado es el que debe gestionar su procedimiento de asilo). Esta legislación saltó por los aires en 2015, cuando países mediterráneos como Grecia, Italia o Malta quedaron desbordados ante la llegada sin precedentes de refugiados a las costas europeas. 

El objetivo es encontrar el balance entre solidaridad y responsabilidad. Dos virtudes poco atractivas para países anti-inmigración como Chequia, Polonia o Hungría. El fracaso para consensuar una política de migración europea sostenible, justa y que respete el Derecho Internacional fue una de las sombras del legado de la anterior Comisión liderada por Jean-Claude Juncker. La actual, encabezada por Von der Leyen, cruza el ecuador de su mandato sin visos de reconciliar las insalvables diferencias entre los Veintisiete. El precio a pagar son parches en el Mediterráneo, que dejan cada año a miles de migrantes a la deriva a esperas de un puerto y un destino seguro. En lo que va 2021, al menos 1.163 personas han desaparecido en el Mediterráneo Central, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). 

Los muros ‘invisibles’ 

Los muros físicos están acompañados de separaciones imaginarias. El discurso europeo es ya el de disuadir. El mensaje es que los migrantes no son bienvenidos en una Europa con un enfoque de refugiados cada vez más frontal. Y la política que impera es la de establecer alianzas con países terceros para externalizar la migración y mantener a los migrantes alejados de suelo comunitario, como demuestra el pacto con Turquía o con los guardacostas libios. 

MARTA MONFORTE JAÉN 

Hay que remontarse al 11-Septiembre para entender esta postura europea. Los atentados en el corazón del gigante norteamericano dejaron una lección en Bruselas: la seguridad fronteriza es una cuestión común y de máxima prioridad. Tres años después del ataque que marcó el inicio de una nueva era, nació la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex). Con el paso del tiempo se ha convertido en la agencia más dotada de la UE tanto a nivel logístico como presupuestario en medio de polémicas y acusaciones de vulneración de derechos humanos . «Las fronteras comienzan a ser vistas como zonas de guerra, incluso cuando no hay amenaza de pérdida territorial. Hay un gran despliegue militar», señala el informe de TNI

Todo ello coincide con un texto global marcado por la movilidad de las personas. Nunca antes ha sido tan fácil. Pero ello contrasta con las restricciones a aquellos que huyen de la guerra, la hambruna, la sequía o el conflicto, que cada vez afrontan travesías más peligrosas, siendo el Mediterráneo Central la ruta migratoria más mortífera del mundo durante estos años. 

Qué dicen los números 

En los pasillos de Bruselas hay cierta tranquilidad sobre la situación migratoria en las fronteras externas. Las cifras de llegadas a través de las vías irregulares nada tienen que ver con las alcanzadas en 2015. En lo que va de año han llegado a la UE unas 120.000 personas, algo superior a las 77.000 del mismo periodo de 2020 y de las 91.000 en 2019. Sin embargo, muy por detrás del más de un millón registradas hace un siglo. 

El negocio de los muros y de la seguridad es además muy lucrativoUn informe elaborado por el Centro Delàs de Estudios por la Paz, el Transnational Institute (TNI) y Stop Wapenhandel revela que en 2018 el mercado mundial de seguridad de fronteras movió unos 17.500 millones de euros y las perspectivas para los próximos años eran muy superiores. 

Los muros son la herramienta más visible, pero detrás del control en las fronteras externas existe un jugoso arsenal de tecnología puntera como drones o sistemas biométricos de huellas dactilares. «Los barcos, aviones y drones utilizados para patrullar el Mediterráneo han creado una muralla marítima y un cementerio para miles de personas migrantes y refugiadas que carecen de acceso legal a la seguridad o a ejercer su derecho a solicitar asilo», reza la investigación, que cuantifica en 900 los millones en euros invertidos en la UE en muros y vallas desde la Guerra Fría

Denuncia de SJM por la reapertura de los CIEs

La denuncia de los jesuitas: «Los CIEs estuvieron cerrados entre mayo y septiembre y el país no se destruyó»
«Es un puro ejercicio de propaganda política europea. Es un mensaje a la Unión Europea diciendo ‘aunque ese pacto no refleja las pretensiones y las posiciones de España, ahí estamos como el que más'», denuncia Josep Buades
«No es de recibo que la Comisaría General de Extranjería y Fronteras no haya elaborado un protocolo marco» para el riesgo de contagio de covid-19
16.10.2020 | RD/EFE
El redactor del informe del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) sobre los CIE, el sacerdote Josep Buades, ha destacado este jueves que «entre mayo y septiembre hubo cero personas» en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) y el país «no se destruyó por no tener a nadie internado».

Esta organización de los jesuitas presentará en los próximos meses un anexo a su informe de 2019 con información relativa al proceso de vaciamiento de los CIE durante el estado de alarma y a determinados aspectos que se están observando en su reactivación.

Así lo ha anunciado Josep Buades este jueves en Las Palmas de Gran Canaria, durante la presentación en las islas «Informe CIE 2019. Diez años mirando para otro lado», elaborado por el SJM.
Los CIE se han reactivado tras haber permanecido vacíos por la pandemia de covid-19, aunque el redactor de este informe considera que su reapertura «no responde a una necesidad
«Es un puro ejercicio de propaganda política europea. Es un mensaje a la Unión Europea diciendo ‘aunque ese pacto no refleja las pretensiones y las posiciones de España, ahí estamos como el que más'», ha opinado.

Buades sostiene que «canta mucho que se haya anunciado la reactivación de los CIE el 23 de septiembre, día en que se presenta el nuevo Pacto Europeo sobre Inmigración y Asilo».

Se han detectado también «incidencias en la reactivación» de los centros de internamiento del país, como en Tenerife, donde «afortunadamente una juez de instrucción no autorizó el internamiento de personas que veía que tenían un perfil de protección internacional”; al igual que en Gran Canaria, donde el magistrado que supervisa su funcionamiento se dio cuenta en una visita de que había personas susceptibles de pedir asilo.
Además, «en Barranco Seco (el CIE de Gran Canaria) el juez de control hizo una crítica demoledora de las obras» realizadas en la reforma a la que se sometió el centro, ha añadido.
Sin protocolos contra el coronavirus
Otro de los aspectos relativos a la reactivación de los centros y que se plasman en el informe de Buades es la protección contra el coronavirus.

«No es de recibo que la Comisaría General de Extranjería y Fronteras no haya elaborado un protocolo marco» para el riesgo de contagio de covid-19, sino que lo han hecho los propios jueces de control, como ha ocurrido en Gran Canaria y en varios de otros lugares del país, ha lamentado.

En su presentación de este jueves, el redactor del informe del SJM ha repasado el «intenso» repunte de entradas de inmigrantes a Canarias entre los años 2005 y 2007, su disminución a partir de 2008 por la recesión en España y cómo a partir de 2016 comienza un fenómeno creciente a nivel nacional en el que las entradas en patera aumentan y suponen más que las entradas por vía terrestre.
«La intensidad que ahora se vive en Canarias se vivía en Andalucía» alrededor del año 2018, mientras que «en 2019 esas cifras de entradas irregulares caen a la mitad» en el caso de las costas del sur de la península, ha añadido.

En la actualidad, «la sensibilidad que puede haber en las islas es distinta. Hay una presión migratoria por vía marítima que hace que se sientan las cosas de un modo distinto, pero recordemos que en las cifras en conjunto de toda España las entradas irregulares y las entradas de inmigrantes ahora son pocas», ha alegado.

«En general, disminuye el número de internamientos, pero puede seguir disminuyendo y debe hacerlo. Podemos llegar a cero. Entre el 6 de mayo y el 25 de septiembre hubo cero y España no se destruyó por no tener a nadie internado”, ha aseverado