El 3 de sept inicia online el 40 Congreso de Teología

“La economía de la exclusión y de la iniquidad mata”: el Papa Francisco y la Teología de la Liberación 

Del 3 al 5 de septiembre celebramos on line el 40 Congreso de Teología, convocado por la Asociación Española de Teólogas y Teólogos Juan XXIII, sobre “El neoliberalismo mata. No se puede servir a Dios y al dinero” 

Por primera vez el título está inspirado en el texto de un Papa, en este caso en la contundente afirmación del Papa Francisco en la Exhortación Apostólica La alegría del Evangelio 

01.09.2021 Juan José Tamayo 

Del 3 al 5 de septiembre celebramos on line el 40 Congreso de Teología, convocado por la Asociación Española de Teólogas y Teólogos Juan XXIII, sobre “El neoliberalismo mata. No se puede servir a Dios y al dinero”.  Por primera vez el título está inspirado en el texto de un Papa, en este caso en la contundente afirmación del Papa Francisco en la Exhortación Apostólica La alegría del Evangelio, de 2013: “Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y de la inequidad’. Esa economía mata (subrayado mío). 

Es esta afirmación la que da pie a la presente reflexión sobre el Papa Francisco y la Teología de la Liberación (TL). 

Desde su elección se está produciendo un cambio de paradigma en la Iglesia católica, que implica también un cambio de actitud ante la TL: del anatema de los pontificados anteriores al diálogo del actual, del silenciamiento a la escucha, del ocultamiento a la visibilidad, del alejamiento a la proximidad. Varios han sido los gestos de acercamiento. Poco después de ser elegido papa, Francisco recibió a Gustavo Gutiérrez en audiencia privada. L’ Osservattore Romano publicó un artículo suyo muy crítico con el neoliberalismo. 

El teólogo peruano intervino como orador principal en la presentación del libro Pobre para los pobres. La misión de la Iglesia, escrito en coautoría con el cardenal Gerhard Muller y prologado por el papa Francisco,junto con Müller, el cardenal hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga y el entonces portavoz del Vaticano Federico Lombardi. Otro gesto de acercamiento de Francisco al cristianismo liberador en América Latina fue el levantamiento de la suspensión a divinis que pesaba sobre el religioso de Maryknoll Miguel d´ Escoto desde que fuera ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno sandinista de Nicaragua presidido por Daniel Ortega en la década de los 80 del siglo pasado. Unos años después levantó al poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal la suspensión a divinis que le había impuesto Juan Pablo II, tras la humillación de que fue objeto en el aeropuerto de Managua en 1983. 

La crítica del papa al capitalismo, su teología del bien común y de la solidaridad y su propuesta de “Iglesia pobre y de los pobres” van en la dirección, o mejor, se inspiran en la TL. Más aún, creo que sus documentos constituyen un ejercicio práctico de TL. Un ejemplo es la citada Exhortación Apostólica La alegría del Evangelio (Francisco, 2013), que hace la más severa crítica papal contra el neoliberalismo, en continuidad con las tradiciones anti-idolátricas de ayer y de hoy: de ayer, los profetas de Israel, Jesús de Nazaret y los movimientos proféticos y utópicos medievales; de hoy, los Foros Sociales Mundiales, los movimientos alter-globalizadores y los Indignados, sin espiritualismos, ni trascendentalismos, ni evasiones de la realidad. Estamos ante un texto revolucionariamente inusual en la doctrina social de la Iglesia. 

            La metodología que utiliza es la de la TL: análisis de la realidad, desafíos, reflexión teológica desde una hermenéutica liberadora de los textos bíblicos, juicio ético e invitación a la praxis. 

 Análisis de la realidad 

El análisis que hace de la realidad no es ingenuo, ni idealista, sino dialéctico. Constata la negatividad de la historia, pero también las potencialidades del ser humano por revertir la realidad injusta. Denuncia “la globalización de la indiferencia” que nos vuelve “incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros” y de llorar “ante el drama de los demás”; la “anestesia de la cultura del bienestar” y la consideración de los excluidos por parte de los mercados como “desechos” y población sobrante. “La mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo –afirma- vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas” (n. 32). 

            Interpreta la crisis como resultado de un capitalismo salvaje dominado por la lógica del beneficio a cualquier precio y pronuncia cuatronoes, que deberían hacer templar al sistema: “no a una economía de la exclusión y la inequidad”; “no a la nueva idolatría del dinero”; “no a un dinero que gobierna en lugar de servir: “no a la inequidad que genera violencia”. 

Economía de la exclusión y de inequidad (nn. 53-54). Dicha economía considera al ser humano como bien de consumo, de usar y tirar, y da lugar a la cultura del “descarte”, hasta el punto de que cada vez más personas y grupos humanos son excluidos, expulsados de la sociedad. La consecuencia es que “grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida”. Y una consecuencia peor: la economía de la exclusión y la inequidad “mata”. 

Nueva idolatría del dinero (nn. 55-56). El dinero predomina sobre nosotros y nuestras sociedades con la consiguiente negación de la primacía del ser humano. Lo que demuestra que estamos ante una profunda crisis antropológica y ante una nueva idolatría, que se manifiesta en el fetichismo del dinero y la dictadura de la economía sin rostro ni objetivo humano, que lleva al crecimiento exponencial de las ganancias de unos pocos y a la exclusión de la mayoría del bienestar. Todo queda sometido a “los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta” (n. 56) 

            En la base de ese desequilibrio intervienen los siguientes factores: la consideración del ser humano como ser consumista; la ideología que defiende la autonomía absoluta de los mercados (dictadura económica); la especulación financiera y la imposición de una tiranía invisible que impone sus reglas implacablemente. (n. 56). El resultado es una deuda y unos intereses que anula el poder adquisitivo de la ciudadanía, la evasión fiscal y la corrupción ramificada. 

El dinero no sirve, sino que gobierna el mundo(nn. 57-58). En la base está el rechazo de la ética y de Dios, afirma Francisco. El mercado considera la ética algo contraproducente, ya que relativiza el poder y el dinero, y constituye una amenaza, ya que condena la manipulación y la degradación de la persona. La ética, recuerda Francisco, lleva a compartir: “no compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos” (Juan Crisóstomo). La Exhortación pastoral llama a que la economía y las finanzas se rijan por una ética en favor del ser humano”. “¡El dinero debe servir y no gobernar!” (n. 58). La idolatría del dinero excluye del horizonte económico a Dios, tenido por peligroso porque es inmanipulable e incontrolable por el mercado. Eso explica su rechazo.  

La inequidad genera violencia (nn. 59-60). Suele acusarse a los pueblos pobres de ser los causantes de la violencia, cuando en realidad es la inequidad la que está en la raíz de la violencia y el sistema que es un injusto en su raíz. La injusticia, que es el mal consentido, se expande dañinamente y socava las bases de todo sistema político y social. El mal enquistado en las estructuras tiene un fuerte potencial de muerte y disolución (n. 59). Critica la teoría del fin de la historia del ideólogo norteamericano del capitalismo, Francisc Fukuyama, ya que, a el juicio de Francisco, estamos muy lejos de las condiciones de un desarrollo sostenible y en paz. 

Nuevas formas de pobreza y de vulnerabilidades humanas (nn. 210 ss). Francisco se refiere a las personas sin techo, tóxicodependientes, refugiados, pueblos indígenas, migrantes, trata de personas, mujeres doblemente pobres, niños por nacer, los más indefensos e inocentes, la creación entera (n. 213). 

Desafíos 

            Los principales desafíos a los que nos enfrentamos son (nn. 63-67): la cultura de la apariencia, de lo superficial, de lo provisional; el deterioro de las raíces culturales y la falta de respeto de la fisonomía cultural de los pueblos del Sur por mor de una globalización culturalmente uniformadora impuesta por el Norte; la proliferación de los nuevos movimientos religiosos, algunos con tendencia al fundamentalismo; la  reducción de la Iglesia al ámbito privado; la superficialidad en el planteamiento de las cuestiones morales; la profunda crisis cultural de la familia; el individualismo posmoderno y globalizado, que afecta a todas las culturas y cosmovisiones, debilita los vínculos sociales y desnaturaliza los vínculos familiares. La alternativa es una educación crítica y en valores

Francisco se refiere también a los desafíos de la inculturación de la fe (nn. 68-80), en  cuya respuesta sigue la hoy superada teoría de las “semillas del Verbo” y propone la necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio y purificar y madurar las culturas y los grupos sociales (n. 69); fomentar y acompañar la riqueza existente en los pueblos de tradición católica; procurar nuevos procesos de evangelización de la cultura en los pueblos de otras tradiciones religiosas o secularizados; sanar ciertas debilidades de las culturas populares de pueblos católicos: alcoholismo, machismo, violencia doméstica, creencias fatalistas y supersticiosas con recurso a la brujería, cuyo mejor punto de partida para su sanación es la piedad popular. 

            La parte dedicada a la inculturación de la fe es, a mi  juicio, la más débil y discutible porque responde a una concepción cristiano-céntrica de la fe, que es corregida, en buena medida, por el planteamiento más inter-cultural e interreligioso que hace en otros apartados de la Exhortación pastoral ( nn. 115, 131,  250-254). 

Reflexión teológica y juicio ético 

            La reflexión teológica está muy en sintonía con la TL y se articula en torno a la opción por los pobres (198 ss), que es una categoría teológica antes que sociológica, cultural filosófica o política, y de la que ofrece una sólida fundamentación bíblica, basada en el Éxodo, los Profetas y Jesús de Nazaret. Existe un vínculo inseparable entre la fe y los pobres, a quienes nunca podemos dejar solos,  la confesión de la fe y el compromiso social, la evangelización y la promoción integral. La consecuencia de dicho vínculo es el compromiso de los cristianos en la construcción de un mundo mejor. Esto exige no relegar la religión al ámbito privado, sin influencia social, sino activar las dimensiones liberadoras en el espacio público y en todas las esferas de la existencia humana, sin caer en la confesionalización de la realidad. 

El juicio ético de Francisco es contundente: “el sistema social y económico es injusto en su raíz” (n. 59); la crisis es el resultado de un capitalismo salvaje dominado por la lógica del beneficio a cualquier precio; “la iniquidad es raíz de los males sociales” (n. 202) y genera violencia. 

            La Exhortación coloca en el centro de su mensaje las palabras que molestan al sistema neoliberal: ética, solidaridad mundial, distribución de bienes, preservación de las fuentes del trabajo, dignidad de los débiles, Dios que exige un compromiso con la justicia (nn. 188-190, 203). La dignidad de la persona y el bien común son los criterios que  deben estructurar la vida económica. Especial importancia concede a la palabra “solidaridad” que corre el riesgo de ser eliminada del diccionario y que, para los mercados, es “una palabra incómoda, casi una palabrota”. Para Francisco, la solidaridad: 

– “Es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad”. 

            – “Supone crear una nueva mentalidad que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos” (n. 188). 

            – Es “una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada”. La única justificación de la propiedad privada de los bienes es cuidarlos y acrecentarlos para un servicio mejor al bien común (n. 189). 

            – Es la decisión de devolver a los pobres lo que les pertenece. 

            Francisco critica la utilización de los derechos humanos como justificación para la defensa exacerbada de los derechos individuales o, peor todavía, de los derechos de los pueblos más ricos. 

2.4. Propuestas 

            La respuesta al problema de la pobreza en el mundo exige como condiciones necesarias: 

-entender y aplicar la economía como “el arte de alcanzar una adecuada administración de la casa común, que es el mundo entero” (n. 206). 

            – interacción y actuación coordinada de todos los gobiernos en favor del bien común. Cada vez son más difíciles las soluciones locales porque las contradicciones son globales. 

            -No confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. 

            -Atacar las causas estructurales de la inequidad. 

            – Renunciar a la autonomía absoluta de los mercados

  – Crecimiento en equidad, que no se reduce al crecimiento económico, sino que  requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, creación de fuentes de trabajo y promoción integral de los pobres”, que vaya más allá del asistencialismo. 

La Exhortación fundamenta las anteriores propuestas en una serie de principios para para construir un mundo en paz, justicia y fraternidad (221 ss): 

  1. a) Superioridad del tiempo sobre el espacio: trabajar a largo plazo, privilegiar los tiempos de los procesos sobre los espacios de poder, tener convicciones claras y tenacidad, frente a la ansiedad. 
  1. b) Prevalencia de la unidad sobre el conflicto: no esquivar el conflicto, sino asumirlo, sin instalarse en él; resolverlo y transformarlo en eslabón de un nuevo proceso; superar el conflicto en una nueva síntesis; trabajo por la paz; pacto cultural, que consiste en armonizar las diversidades, hasta dar con una diversidad reconciliada 
  1. c) Conceder mayor importancia a la realidad que a la idea: no disociación, sino diálogo constante entre la realidad y la idea; la realidad debe estar iluminada por la razón. 
  1. d) Superioridad del todo sobre la parte. 
  1. e) Compaginar lo global y lo local: glocalización 

.           f) Trabajar en lo cercano, pero con una perspectiva más amplia. El modelo a tener presente es el poliedro, figura geométrica en la que confluyen todas las parcialidades. 

            Los peligros a evitar son los siguientes: el ocultamiento de la realidad, los purismos angelicales, la absolutización de lo relativo, el nominalismo declarativo, el intelectualismo; el universalismo abstracto y globalizante y el folklorismo de ermitaños localistas. 

El texto es una reelaboración del capítulo que dedico a la teología de la liberación en mi libro Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, 2021, 2ª ed,) 

Memoria histórica de las mujeres

“María Magdalena: apóstola de los apóstoles y una de las pioneras en la lucha por la libertad y la liberación de las mujeres”


Memoria histórica de las mujeres, las grandes olvidadas de la Iglesia
Son las religiones –o mejor, sus jerarquías- las que imponen a las mujeres una moral de esclavas y subalternas, resumida en estos siete verbos: obedecer, someterse, aguantar, soportar, sacrificarse por, cuidar de, perdonar
A dicha moral el feminismo opone como alternativa una ética sustentada en los verbos: resistir, rebelarse, negarse a, empoderarse, ser autónoma, compartir los cuidados, exigir perdón, arrepentimiento, propósito de la enmienda, reparación y no repetición
El sexismo es inherente al patriarcado que recurre sistemáticamente a la violencia contra las mujeres y los sectores más vulnerables de la sociedad, niños y niñas, en todas sus modalidades desde su silenciamiento e invisibilidad hasta los feminicidios, que se cuentan por millones a lo largo de la historia
Por Juan José Tamayo Sigue leyendo

En el primer aniversario de D. Pedro Casaldáliga

Cuando va a cumplirse un año del fallecimiento de Pedro Casaldáliga (1928-2020), obispo de São Félix do Araguaia, el obispo de los pobres, creo conveniente hacer un repaso al libro del profesor Juan José Tamayo. Pedro Casaldáliga, Larga caminada con los pobres de la tierra, que es un canto a la vida de este religioso revolucionario, de este obispo-poeta-profeta subversivo.
Juan José Tamayo nos ofrece una extraordinaria visión de conjunto del obispo del Mato Grosso, que nos ayuda a acercarnos a su vida y su pensamiento, así como a continuar y mantener vivo su legado y la lucha de los pobres.
Juan José Tamayo es uno de los más importantes teólogos de España, así como uno de los principales conocedores de la teología de la liberación latinoamericana, con la cual está comprometido y sobre la que ha trabajado en profundidad. Él mismo es teólogo, de la liberación. Este libro viene a demostrar todo esto mediante un excelente recorrido a modo de homenaje, por la vida y las causas de Pedro Casaldáliga. No se trata de una biografía al uso, sino de una propuesta liberadora. Nos presenta a un Pedro Casaldáliga comprometido y activo, para poder continuar un legado que no acaba con su muerte, sino que sigue vivo. Mientras existan injusticias, las causas de este religioso seguirán vivas. «¿Qué queda de la teología de la liberación?», le preguntaron una vez a Casaldáliga. «Dios y los pobres», fue su respuesta.
Juan José Tamayo nos acerca a su vida y su pensamiento para poder mantener con vida su subversión, para reclamar la figura de Pedro Casaldáliga, seguir sus huellas, que no son otras que las de Jesús de Nazaret el Cristo liberador, y proseguir sus causas, sin darse por vencidos ni dar ninguna por perdida. Nos presenta a un subversivo, y reclamamos poder utilizar este término de forma elogiosa, pues eso fue Pedro Casaldáliga, un hombre comprometido con la liberación, con «fe de guerrillero y amor de revolución», como él mismo se define. Sigue leyendo

Un fantasma recorre el mundo: l@s undignad@s

 (Reflexión diez años después) porJuan José Tamayo
Seguro que recuerdan cómo comienza el Manifiesto Comunista: “Un fantasma recorre Europa: el comunismo. Contra este fantasma se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el Zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizones alemanes”. Lo redactaron en 1848, en pleno periodo revolucionario, Marx y Engels, quienes de ese hecho sacaron dos consecuencias: la primera, “que el comunismo se halla ya reconocido como una potencia por todas las potencias europeas”; la segunda, “que ya es hora de que los comunistas expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones”.
Hace diez años el fantasma que surgió fueron L@s Indignad@s, un movimiento que comenzó en la madrileña Puerta del Sol, tomó la antorcha de la utopía alter-globalizadora de “Otro Mundo Posible”, recorrió con ella el planeta entero y lo llenó de luz. Fue el movimiento de una nueva Ilustración decolonial y más global que la eurocéntrica del siglo XVIII y que apunta a un cambio civilizatorio como condición necesaria para la supervivencia de la humanidad y del planeta. Sigue leyendo

Las mujeres en las religiones

Liderazgo y empoderamiento de las mujeres en las religiones

[Por: Juan José Tamayo]
El 12 de marzo de 2019 participé en Lima en el Seminario Internacional “Liderazgo de la mujer: política y libertad religiosa” organizado por la Dirección de Política de Derechos Humanos y la Dirección de Asuntos Interconfesionales del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos del Perú y moderado por María Esperanza Adrianzén, directora de Asuntos Interconfesionales. En el intervinimos el viceministro Fernando Castañeda: Laura Vargas, secretaria ejecutiva del Consejo Interreligioso del Perú; Jisen Oshiro, líder la Comunidad Budista soto Zen en el Perú; Ana Jara, Notaria Pública y ex Presidenta del Consejo de Ministros y yo mismo. Este es el resumen de mi intervención en dicho Seminario, que de manera más extensa he incorporado en mi libro La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye? (Icaria, 2021, 2ª ed.). Sigue leyendo

El Dios necrófilo de Bolsonaro


                                      Los brasileños se movilizan contra Bolsonaro Agencias

“El dios negacionista del calentamiento global, insensible a la violencia de género, supremacista blanco, militarista, hecho a imagen y semejanza del militar Bolsonaro”
“Además de homicida, el dios de Bolsonaro es ecocida que exige sacrificar la naturaleza, sobre todo la destrucción de la selva amazónica, sin reparar que la naturaleza es la fuente de la vida, y Dios es dador de vida frente a los ídolos de muerte del cristoneofascismo”
24.04.2021 Juan José Tamayo Sigue leyendo

La extrema derecha de Dios

La internacional cristo-neofascista al asalto del poder blandiendo la Biblia

Juan José Tamayo

ECLESALIA,.- En América Latina, Estados Unidos y Europa estamos asistiendo a un avance de las organizaciones y partidos políticos de extrema derecha, que conforman un entramado perfectamente estructurado y coordinado a nivel global y están en conexión orgánica con grupos fundamentalistas cristianos, hasta conformar lo que Nazaret Castro llama “la Internacional neofascista” y yo califico de “Internacional Cristo-neofascista” y “Extrema derecha de Dios”.

Uno de los ejemplos más emblemáticos de esta Internacional en España es la complicidad y total sintonía entre las organizaciones católicas españolas ultraconservadoras HazteOír,El YunqueInfocatólica y otras, y el partido de extrema derecha Vox.

En Colombia fracasaron los acuerdos de paz porque los evangélicos fundamentalistas y los católicos integristas hicieron campaña en contra alegando que en ellos se defendían el matrimonio igualitario, el aborto y la homosexualidad. En la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Costa Rica en 2018 ganó el pastor evangélico Fabricio Alvarado con un discurso a favor de los “valores cristianos” y del neoliberalismo y contra el aborto y el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos favorable al matrimonio entre personas del mismo sexo.

En Brasil, los partidos evangélicos fundamentalistas fueron decisivos en la reprobación de Dilma Rousseff y en la elección del exmilitar Jair Messias Bolsonaro como presidente del país. Son ellos realmente los que inspiran y legitiman su política declaradamente homófoba, sexista, xenófoba y antiecológica.

El Gobierno de El Salvador parece seguir similares derroteros. En su toma de posesión el presidente de la República, Nayib Bukele, invitó a dirigir una oración al pastor evangélico argentino Dante Gebel, conocido por sus vínculos con pastores ultraconservadores de Estados Unidos. La diputada de Conciliación Nacional, Eileen Romero, presentó en la Asamblea Legislativa una moción para decretar la lectura obligatoria de la Biblia en las escuelas.

En Bolivia, los militares y los grupos religiosos fundamentalistas dieron un golpe de Estado contra Evo Morales, presidente legítimo de la República Plurinacional, que colocó a las comunidades indígenas en el centro de su política social, cultural, económica y en la cartografía mundial. Y lo hicieron con la Biblia y el crucifijo para legitimar el golpe, lavar las muertes producidas por el mismo, confesionalizar cristianamente la política, negar la identidad de las comunidades indígenas, justificar la represión contra ellas y desprestigiar sus cultos, calificándolos de “satánicos”. Felizmente la ciudadanía ha devuelto la democracia a Bolivia en las elecciones del 18 de octubre, en las que el candidato del partido de Evo Morales, Movimiento al Socialismo(MAS), Luis Arce, ex ministro de Economía con Evo, ha obtenido la mayoría absoluta en la primera vuelta con el 53% de los votos y tomará posesión de su cargo como presidente de la República Plurinacionalde Bolivia el 8 de noviembre para un periodo de 2020 a 2025.

Tras los fenómenos aquí analizados producidos en diferentes países creo puede hablarse de una alianza cristo-bíblico-militar-neoliberal-patriarcal neofascista que actúa coordinadamente en todos los continentes, muy especialmente en América Latina, y utiliza irreverentemente el nombre de Cristo. Estamos ante una crasa manipulación de la religión y una perversión de lo sagrado que se alimenta del odio, crece e incluso disfruta con él, lo fomenta entre sus seguidores y pretende extenderlo a toda la ciudadanía y que nada tiene que ver con la orientación liberadora e igualitaria del cristianismo originario.

La Internacional cristo-neofascista ha cambiado el mapa político y religioso en Estados Unidos, está cambiándolo en América Latina y va camino de hacerlo en Europa. El salto a la política del movimiento religioso fundamentalista en alianza con la extrema derecha supone un grave retroceso en la autonomía de la política y de la cultura, en la secularización de la sociedad, en la separación entre Estado y religión, en la autonomía de la ciencia, en las políticas ecológicas y en la opción por las personas, los colectivos y los pueblos oprimidos.

El cristo-neofascismo no tiene intención de abandonar el escenario político y religioso. He venido para quedarse, posee un importante protagonismo en la agenda política internacional y está consiguiendo cada vez más seguidores. Actúa coordinadamente en todos los continentes, y muy especialmente en América Latina, utiliza irreverentemente el nombre de Cristo y defiende la “teología de la prosperidad” como legitimación del sistema capitalista en su versión neoliberal. Y, a decir verdad, lo hace con excelentes resultados: refuerza gobiernos autoritarios, derroca a presidentes elegidos democráticamente, da golpes de Estado enseguida legitimados por otros Estados y organismos internacionales, impide la aprobación de leyes en defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, de los derechos LGTBI y de los derechos de la Tierra, encarcela a dirigentes políticos, etc.

¿Tendremos que resignarnos ante esta extrema derecha de Dios y sus violentas manifestaciones? En absoluto. Coincido con la intelectual alemana Carolin Emcke en su brillante ensayo Contra el odio (Taurus) en la necesidad de hacer un elogio de lo diferente y lo “impuro”, enfrentarnos al odio como condición necesaria para defender la democracia, adoptar una visión abierta de la sociedad y ejercer la capacidad de ironía y duda, de la que carecen los generadores de odio.

*Este artículo es una reelaboración actualizada y ampliada del publicado en la Agenda Latinoamericana 2021. Una exposición más amplia y fundamentada se encuentra en mi libro La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye?, que aparecerá a mediados de noviembre en la editorial Icaria (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia)

H.Küng, 91 años en camino: “Libertad conquistada”

“La etapa del cardenal Ratzinger al frente de la Congregación para la Doctrina de la fe fue una de las de mayor rigidez doctrinal y moral, de más dura persecución a las teólogas y los teólogos del Concilio Vaticano II, de la teología de la liberación, de la teología feminista, de la teología del pluralismo religiosos y de la teología moral”

No quiero dejar pasar el 91 cumpleaños de mi maestro, amigo y colega Hans Küng sin expresarle mi felicitación y mi reconocimiento por la “libertad conquistada” durante su larga y fecunda existencia. Y lo hago ofreciendo algunas imágenes de su vida que reflejan su coherencia, honestidad e integridad. Hans Küng tenía 34 años cuando fue nombrado por Juan XXIII perito del Concilio Vaticano II, junto con otros prestigiosos teólogos como Karl Rahner, Yves M. Congar, Bernhard Häring, Henri de Lubac, Gérald Philips, Joseph Ratzinger, etc.
Todo cambió diecisiete años después con el Papa Juan Pablo II, quien le retiró la licencia eclesiástica para enseñar por haber cuestionado la infalibilidad papal. Lo cuenta el propio Küng refiriéndose abiertamente a la Inquisición:
“En 1979 años experimenté personalmente la Inquisición bajo otro papa. La Iglesia me retiró el permiso para la enseñanza, pero aun así mantuve mi cátedra y mi Instituto (que quedó segregado de la Facultad Católica)”
(La iglesia católica, Mondadori, Barcelona, 2002, 14). El teólogo suizo considera dicha condena “jurídicamente impugnable, teológicamente infundada y políticamente contraproducente”.
Sin embargo, la condena no consiguió destruir su reputación ni dentro de la Iglesia católica entre el pueblo creyente y los colegas teólogos y teólogas, ni en el mundo intelectual del pensamiento crítico, y menos aún en el diálogo ecuménico entre las iglesias cristianas, donde el reconocimiento teológico de Küng era muy elevado. Sucedió todo lo contrario: la condena contribuyó a abrir el debate sobre la infalibilidad, generó una corriente cálida de sintonía expresada a través de numerosas declaraciones de solidaridad con el teólogo sancionado y de denuncia de los comportamientos inquisitoriales del Vaticano. Sigue leyendo

Hans Küng(I): Teólogo en la frontera con lealtad crítica

Por Juan José Tamayo

Bajo el impacto de la muerte de Hans Küng, maestro, colega y amigo, con quien he mantenido una larga correspondencia desde 1981, en que me invitó a escribir un artículo sobre Movimientos contestatarios en la Iglesia en la Revista Internacional de Teología Concilium, publico el primero de una serie de artículos sobre su figura, una de las más relevantes de la teología cristiana del siglo XX, que, con su extensa y rigurosa obra elaborada ininterrumpidamente durante más de sesenta años de actividad docente e investigadora, ha ejercido una significativa influencia en el panorama religioso mundial. Es la expresión de mi reconocimiento, sintonía y amistad.

La teología de Hans Küng es, sin duda, una de las más sólidas y creativas del cristianismo actual. Se caracteriza por la búsqueda de la identidad cristiana en diálogo con otras identidades religiosas y culturales a la luz de la conciencia crítica de la Modernidad, el cuestionamiento de las instituciones eclesiásticas desde una rigurosa fundamentación histórica, filosófica y teológico-bíblica, la crítica de los dogmatismos y fundamentalismos religiosos, el trabajo ecuménico en favor de la reconciliación entre las iglesias cristianas en el seguimiento de Jesús de Nazaret y la fidelidad evangélica, el diálogo entre las religiones como contribución necesaria a la paz en el mundo, la construcción de una ética mundial en tiempos de globalización, la sensibilidad hacia las inquietudes de los hombres y mujeres de nuestro tiempo y por su ubicación en la frontera con lealtad crítica a la Iglesia católica.

Convergencias entre catolicismo y protestantismo

Su tesis doctoral sobre la doctrina de la justificación en la obra de su compatriota el teólogo evangélico suizo Karl Barth (La justificación. Doctrina de Karl Barth y una interpretación católica, Editorial Estela, Barcelona, 1967) constituye el horizonte ecuménico en el que va a moverse su trabajo teológico y marca un hito en la teología ecuménica. En ella intenta demostrar la coincidencia entre la doctrina de la justificación de Barth y la católica en sus elementos fundamentales.

El propio teólogo suizo reconocía que la exposición de Küng respondía en lo esencial a su reflexión sobre la justificación y que le había interpretado correctamente: “Usted me hace decir lo que yo digo y yo pienso como usted me hace hablar”, comenta Barh en “Una carta al autor”, fechada el 31 de enero de 1957, cuando Küng tenía 28 años. (La diferencia de edad entre ambos es de 42 años: Barth nació en 1886; Küng, en 1928).

Tras leer el libro de Küng –yo lo hice en 1970 y sigo leyéndolo cincuenta años después-, no puedo menos que preguntarme con el prologuista de la edición castellana, R. Muñoz Palacios, si todas las guerras de religión, tanta sangre como ha corrido, las luchas teológicas, los enfrentamientos y las divisiones entre católicos y protestantes no habían sido un inmenso error. La respuesta tiene que ser afirmativa. El problema es que las guerras religiosas siguen produciéndose.

El papa, ¿infalible?

En la década de los sesenta y principios de los setenta, Küng se centró en temas eclesiológicos como el ecumenismo, el Concilio Vaticano II, la Iglesia y la infalibilidad, siempre en clave ecuménica, que adquirió carácter académico con la creación del Instituto de Investigaciones Ecuménicas en la universidad de Tubinga, del que fue director. Tres son las principales obras de este período: Estructuras de la Iglesia, La Iglesia –fue el tratado de eclesiología que yo estudié en la Universidad Pontificia de Comillas a principios — e ¿Infalible? Una pregunta. Elabora una eclesiología crítica a partir del Evangelio y bajo la inspiración del Concilio Vaticano II. Aborda la “esencia” de la Iglesia en su forma histórica mutable. Parte de la Iglesia real encarnada en el mundo, y no de una Iglesia ideal que se encuentre en las abstractas esferas de la teoría teológica.

Con honestidad teológica y lucidez intelectual se pregunta si la Iglesia puede apelar razonablemente a Jesús de Nazaret y si está fundada en su Evangelio. Su respuesta es que entre Cristo y la Iglesia no se da una compenetración física y necesaria, sino una unidad peculiar: unidad en la dualidad y dualidad en la unidad; unidad como dinamismo histórico y no como estatismo ontológico. La Iglesia no se encuentra al mismo nivel que el reino de Dios, sino bajo el reino de Dios y a su servicio. La índole carismática no es algo accidental en la Iglesia, sino que forma parte de su estructura fundamental.

En su obra La Iglesia católica Küng avanza algunas líneas de futuro por las que habrán de caminar las iglesias cristianas. Deben enraizarse en el Evangelio, en el movimiento de Jesús de Nazaret y en los orígenes cristianos, que es donde se encuentra su inspiración más auténtica. No pueden depender de modelos organizativos jerárquico-patriarcales del pasado, que excluyen a las mujeres de los ministerios y de las funciones directivas en las iglesias en razón de su sexo. En continuidad con Küng, creo que las iglesias deben reconocer a las mujeres como sujetos morales, eclesiales y teológicas, y a partir de ahí desarrollar una reflexión teológica desde la perspectiva de género, que no justifica la lucha de las mujeres contra los varones ni la de éstos contra aquéllas, sino que es inclusiva de hombres y mujeres.La unidad de las iglesias cristianas no se logra con el retorno de una iglesia a otra o con la salida de una hacia la otra, y menos aún con la sumisión de una iglesia a la otra, sino a través del retorno al Evangelio por ambas partes, la mutua aceptación, la comunión en un dar y recibir recíprocos, y, en definitiva, la conversión de todas a Cristo y su mensaje.

Una de las cuestiones más problemáticas y conflictivas de las tratadas por Küng es la infalibilidad del Papa, que divide a la cristiandad –incluso dentro de la Iglesia católica-y que, desde que se produjo la Reforma protestante, espera una respuesta de la teología católica. Küng aborda esta cuestión de manera sistemática, con profundidad teológica, rigor histórico y fundamentación exegética, pero sin hablar ex cátedra. Lo que Küng se pregunta es si “la infalibilidad de la Iglesia necesita proposiciones infalibles”.

Ateniéndose a la filosofía del lenguaje establece una serie de principios que deben aplicarse también a las distintas proposiciones de fe, cuales son las fórmulas de fe, los símbolos de la fe y las definiciones de fe. Ninguna de ellas está exenta de seguir las leyes que rigen todo tipo de proposiciones y todas ellas participan del carácter problemático de las proposiciones humanas.Las proposiciones van a la zaga de la realidad; son equívocas; sólo pueden traducirse condicionalmente; están en movimiento; propenden a las ideologías. La teología debe tomar en serio la dialéctica de verdad y error, si no quiere caer en el dogmatismo, el juridicismo, el autoritarismo, el formalismo, el objetivismo y el positivismo.

para confirmarlo apela a la historia, siguiendo las investigaciones del teólogo francés Yves Marie Congar (1904-1995) –con quien coincidió como asesor teológico en el Concilio Vaticano II (1962-1965)- sobre la Iglesia en la Edad Media, marcada como estuvo por el absolutismo papal. Durante esa época se admite en general que el Papa puede errar y caer en la herejía. Lo que se enseña es la indefectibilidad de la Iglesia, no la infalibilidad del Papa.

Durante las épocas oscuras del cristianismo la indefectibilidad de la Iglesia no se manifestó precisamente en la vida de los papas, con frecuencia muy alejada de la vita evangélica, ni en la jerarquía, a veces aliada con el poder, ni siquiera en la teología, legitimadora del cesaropapismo, tampoco entre los reyes y príncipes por muy cristianos que se declararan, sino entre la gente humilde del pueblo, las místicas y los místicos, los movimientos utópicos y proféticos, críticos de la alianza entre el torno y el altar.¿Hans Küng contra el papado? No exactamente. Escribe en su libro La Iglesia católica: “Defiendo el papado para la Iglesia católica, pero al mismo tiempo reclamo infatigablemente una reforma radical de acuerdo con los criterios del Evangelio” (Mondadori, Barcelona, 2002, p. 14).

La publicación del libro sobre la infalibilidad provocó una investigación en la Congregación para la Doctrina de la Fe, que culminó en 1979 con la retirada del reconocimiento de “teólogo católico” y la prohibición de enseñar como tal. Hubo también reacciones muy críticas al libro por parte de colegas como Karl Rahner y Karl Lehmann -posteriormente cardenal y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana-, a las que Küng dio contestación respetuosa asumiendo los aspectos positivos de las críticas y aportando nuevos argumentos en defensa de los planteamientos de su polémico libro. Lo hizo en Respuestas a propósito del debate sobre “Infalible. Una pregunta (1971), que concluye con un capítulo titulado “Por qué permanezco en la Iglesia”.

Entrevista a Juanjo Tamayo

Juan José Tamayo: “Tiene que protegerse la libertad religiosa, pero también exigir democracia e igualdad de género a las organizaciones religiosas”

Comparto la entrevista publicada por el Ayuntamiento de Barcelona en el marco de la Jornada “Libertad religiosa en Barcelona: estado de la cuestión”.

Entrevistamos al doctor Juan José Tamayo*, teólogo, sociólogo, filósofo y profesor emérito de la Universidad Carlos III de Madrid, de larga trayectoria académica y activista. Activista, decimos, porque es un crítico duro y sin tabúes de la institución actual de la Iglesia católica y de otras religiones mayoritarias, en cuanto a democracia y perspectiva de género. Aboga por unas instituciones eclesiásticas para todo el mundo, pero especialmente para los más necesitados, en la línea de la teología de la liberación.

Conversamos con él en Barcelona, en el marco de la jornada “Libertad religiosa en Barcelona: estado de la cuestión”, que se celebró, hace un año, para hacer balance del estado del derecho a la libertad religiosa en Barcelona y recoger las aportaciones de comunidades y entidades religiosas y personas expertas. Como ponente tenía encargada la tarea de hacer un recorrido por el reconocimiento jurídico internacional de la libertad religiosa, pero añadió una perspectiva de “deberes” también, insistiendo en la necesidad de exigir democratización e igualdad de género a las instituciones de cualquier confesión.

Durante la jornada “Libertad religiosa en Barcelona: estado de la cuestión”, hizo un recorrido por las leyes desde los principios de las religiones. Según usted, la libertad de culto está en la misma base de las religiones. ¿Por qué entonces esta libertad es inexistente en muchos lugares del mundo?

Las religiones surgen como propuestas de valores morales para fomentar la convivencia y traducir cívicamente las ideas de trascendencia y, por lo tanto, se desarrollan con el pluralismo, la libertad y el respeto por la diferencia como base. El cambio del diálogo al anatema y la contraposición entre las diferentes religiones se debe a la intervención del poder en la gestión y la orientación de las religiones. Cuando adquiere carácter institucional, el poder se apropia de ella y la utiliza como arma en los conflictos que tiene con otros poderes. Sin negar que la religión tiene una vertiente política irrenunciable, debe mantener una relación dialéctica con ella. No puede estar a su servicio porque entonces pierde su razón de ser original: la relación directa con la divinidad y el compromiso ético con los más desfavorecidos.

Fue muy contundente en sus conclusiones en la Jornada “El estado español protege la libertad religiosa pero no la igualdad de las religiones”. Incluso dijo: “La transición no fue tal en cuanto a religión y quedan demasiados rastros del nacionalcatolicismo”.

Primero, quiero confirmar o asegurar que a partir de la transición democrática se establece la libertad religiosa. No conozco a ninguna persona presa por sus creencias o prácticas espirituales. Pero estamos muy lejos de conseguir la igualdad entre religiones. Me explico: hay tres tipos de religiones en España, la católica, que recibe todo tipo de privilegios por parte del Estado, las de “notorio arraigo”, que también disponen de determinadas prerrogativas a través de acuerdos directos, y las que, a pesar de que están inscritas como tal en los registros de asociaciones, se consideran minoritarias y no tienen ningún reconocimiento especial.

España es uno de los ejemplos más flagrantes de contradicción entre el presupuesto laicismo y la realidad, muy próxima todavía al nacionalcatolicismo franquista. Hay miles de ejemplos: hasta hace tres años los miembros del gobierno firmaban y juraban el cargo delante de un crucifijo y de la Biblia; el ejército tiene un arzobispo a su servicio, pero lo más grave, creo, es el tema de la financiación. ¿Cómo se puede hablar de igualdad de las religiones cuando una de ellas, la católica, está recibiendo unos honorarios de entre 250 y 280 millones de euros al año a través de la asignación tributaria? Seguimos bajo una concepción nacionalcatólica en el imaginario político y social.

¿Las religiones minoritarias o de “notorio arraigo” qué reivindican?

Tener privilegios como las mayoritarias, pero yo más bien creo que a las religiones de primera y segunda clase les sobran todos los privilegios que el Estado les concede y, por lo tanto, la igualación sería hacia retirárselos y no tanto hacia otorgar prerrogativas a las minoritarias. Ya sé que por razones electorales eso es casi imposible, pero ellas mismas, las grandes, por coherencia con su ética de la pobreza y la solidaridad, tendrían que renunciar a ello.

¿La democratización y la feminización de las instituciones religiosas, de cualquier confesión, le parece que son deberes imprescindibles para seguir disfrutando de apoyo institucional?

La Constitución establece que todas las personas españolas son iguales ante la ley, pero en el seno de las organizaciones religiosas no existe ni esta igualdad en la gobernanza ni de género. Si se exige a sindicatos y otras organizaciones sociales que sean democráticas y no sexistas (y se les requieren planes de igualdad de género, por ejemplo), ¿por qué no a las instituciones religiosas?

Las ciudades son los espacios donde se practican los cultos y las enseñanzas religiosas, pero ¿qué puede hacer una ciudad para hacer realidad esta democratización y feminización?

Pues lo mismo que digo para el Estado lo digo para el resto de poderes políticos: tienen que velar por que todas, y digo todas, las instituciones se rijan por principios democráticos y todas las personas miembros de estas instituciones puedan ejercer el derecho a escoger a sus representantes. No hay ninguna exclusión y, por lo tanto, un ayuntamiento que pide democracia a las asociaciones de vecinos y vecinas, a la gestión de las escuelas, a los clubs y a otros espacios de la ciudadanía tendría que exigir lo mismo a las organizaciones religiosas para financiar proyectos. Y todavía tendrían que ser más exigentes con respecto a la discriminación de la mujer. Concretamente, la Iglesia católica es la organización más machista y patriarcal de la sociedad española. No permite el acceso de las mujeres a los ámbitos de la representación, ni del pensamiento, ni al espacio de lo sagrado. La discriminación de las mujeres clama al cielo.

Lógicamente, debe hacerse de una manera pedagógica, pero la financiación o la participación en los espacios de decisión o de consulta municipales tendrían que estar condicionadas a prácticas democráticas y no discriminatorias en su seno.

Hablando de mujeres… en el 2003, en una entrevista que le hicieron en El País, ya hablaba del sexismo de la Iglesia católica y utilizaba el desdoblamiento lingüístico “cristianos y cristianas”. ¿Era usted un comunicador feminista avant la lettre? ¿Cómo se puso con el feminismo, para llegar a ser hoy una de las voces de la teología feminista?

Yo tengo una formación completamente patriarcal, evidentemente también con respecto al lenguaje, pero he tenido la suerte de que mi pareja es una teóloga feminista y desde los inicios me corregía el lenguaje sexista de mis escritos, y me hacía ver las contradicciones del patriarcado dentro y fuera de las religiones. Una segunda experiencia es el encuentro, a principios de los años 2000, con un grupo de filósofas feministas que me invitaron a unirme a ellas, al pensamiento feminista. Te diré la verdad: me lo estuve pensando, porque el patriarcado tiene eso, te hace hacer balances de pérdidas y ganancias: por una parte, temía perder ciertos privilegios que te otorga la masculinidad hegemónica, pero, por la otra, sabía que ganaría en cuanto a coherencia y justicia.

Renuncié a unos privilegios que no me correspondían, solo por ser hombre, y conocí y abracé una nueva vertiente de afectos, de sentimientos, de la razón sensible y de una manera de ver la vida menos rígida. Dejo de lado la autoridad convertida en autoritarismo, la fraternidad, en nombre de la que se han cometido tantos crímenes, y me paso a la fraternidad-sororidad, incluso en la manera de trabajar, más colaborativa y horizontal. Ya son veinte años de mi conversión al feminismo, hasta el punto de que estoy preparando un libro que probablemente se titulará Soy un teólogo feminista.

Volviendo a la jornada “Libertad religiosa en Barcelona: estado de la cuestión”, propuso derogar todas las leyes y acuerdos del Estado con las diferentes estructuras religiosas y empezar de cero con la creación de un estado laico. ¿En qué consiste exactamente?

Sí, hice distintas propuestas: elaborar una ley de libertad de conciencia (la religiosa incluida); un estatuto de laicidad para quitar el protagonismo de las religiones en los espacios laicos; un modelo educativo cívico, sin presencia confesional en las escuelas y centros educativos, y la autofinanciación de las instituciones religiosas. En definitiva, un estado laico donde se vele por la democracia y la igualdad de género en todas partes y donde las libertades de todo el mundo, creyentes o no, se garanticen.

Uno de sus referentes es el papa Juan XXIII, y su Concilio Vaticano II, con el que pretendía precisamente devolver la Iglesia a la gente, en la idea original del cristianismo. ¿El papa Francisco, el actual, también es un referente para usted?

Yo diría que para el papa actual el papa Juan XXIII es un referente, y quiere recuperar el espíritu del Concilio Vaticano II, que se quedó en papel mojado porque los papas posteriores eran neoconservadores. De entrada, ya proyecta imágenes de la Iglesia diferentes: habla de la iglesia de las periferias, de la iglesia campamento, de la iglesia de los pobres. Pero, sobre todo, para mí, la gran aportación del papa Francisco es la crítica, dura, de hecho, al sistema económico neoliberal. Llega a afirmar que es nocivo en su raíz, no solo en sus consecuencias. Es de los pocos dirigentes políticos que critican también la globalización neoliberal.

Otro elemento que creo que es crucial en sus aportaciones es el giro ecológico. Ningún otro papado se había preocupado por la ecología. Con la encíclica “El cuidado de la casa común” sintoniza mucho con los movimientos ecologistas y de defensa de la dignidad de la tierra.
Quizás una tercera característica que valoro muy positivamente es la crítica que hace a su propio gobierno, la curia romana. Pero aquí también es donde veo uno de los grandes déficits: por mucho que haga una crítica, las acciones de reforma que ha tomado no son tan coherentes: para hacer cambios ha escogido una comisión completamente interna, de cardenales que no tienen visión desde fuera; todo sigue muy endogámico. Es cierto también que tiene muchos adversarios dentro, pero así no conseguirá que nadie renuncie a ningún privilegio.

Y siguiendo con los déficits, el otro que me sorprende también es la falta de perspectiva feminista, no ha hecho ninguna, ninguna acción para permitir o favorecer la incorporación de las mujeres a los ámbitos del culto, en la elaboración de la doctrina. Creo que sigue siendo una persona muy clerical, jerárquica y patriarcal.

¿Cómo se relaciona un teólogo progresista como usted con el resto de personas teólogas católicas pero, sobre todo, los/las de otras religiones?

Con respecto a los católicos y las católicas creamos la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, con unas ideas progresistas, ecológicas y feministas comunes que nos ayudan a protegernos los unos a los otros. Y de hecho a esta asociación se han añadido algunas personas teólogas protestantes.

Con el resto de religiones, yo mismo, por ejemplo, he creado un proyecto de la teología islamocristiana de la liberación. Me reúno con colegas musulmanes y musulmanas de todas partes, con los que estamos de acuerdo en el hecho de que toda teología se tiene que hacer al servicio de la liberación de las personas marginadas y oprimidas.

¿Existe o tiene fuerza la teología de la liberación? No se oye hablar de ella casi nunca…

No solo existe, sino que afirmo que tiene fuerza y está más extendida: empezó en América latina, pero ahora mismo la encontramos también en África y Asia, e incluso en países del norte global, en comunidades afrodescendientes y otras. Se desconoce y, sobre todo, tiene muchos adversarios que anuncian su muerte constantemente. Pero tiene mucho vigor, mientras haya comunidades marginadas y precarizadas, existirá.

Usted transita entre la creencia y la crítica a las instituciones religiosas. En una ocasión dijo que la religión “es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de la sociedad sin corazón”. ¿Sin la religión no hay suspiro? ¿Hay alternativas laicas?

Yo planteo más bien la necesidad de hacer convergir las diferentes religiones con las organizaciones o personas no creyentes, alrededor de dos ejes: uno “anti”, anticapitalista, anticolonial y antipatriarcal, y después un eje “pro”, una propuesta de sociedad interreligiosa, interétnica, intercultural, en la que las diferencias no sean un obstáculo para la convivencia. Muchos movimientos, religiosos o no, tienen ideas que pueden ser comunes, integradoras y alejadas del neoliberalismo excluyente. Por ejemplo, el perdón en el catolicismo, la interdependencia en el budismo, la comunidad y la comunión con la naturaleza de la Pachamama o la identificación de las raíces en los afrodescendientes… hay muchas más. No se trata de una coordinadora institucional, sino de un proyecto donde ninguna persona sea excluida.