Asociación de los Sacerdotes del Prado

Diego Martín Peñas, nuevo responsable en España de la Asociación de Sacerdotes del Prado

 | VIDA NUEVA

El cura abulense sustituye al que ha sido responsable regional desde 2013, Lucio Arnáiz, de la diócesis de Alicante

El abulense Diego Martín Peñas ha sido elegido nuevo responsable regional de la Asociación de Sacerdotes del Prado. Será el encargado de coordinar esta asociación en España, durante los próximos cinco años. La elección ha tenido lugar en el transcurso de la asamblea que estos sacerdotes celebran en Ávila, del 23 al 27 de enero. Diego Martín tiene 56 años de edad y es sacerdote de la diócesis de Ávila.

Una vez elegido mediante votación, los responsables del Prado han llamado al administrador apostólico de Ávila, el obispo emérito Jesús García Burillo, para que concediera el plácet, sin el cual Martín Peñas no podría asumir el cargo.

Diego Martín sustituye al que ha sido responsable regional desde 2013, Lucio Arnáiz, de la diócesis de Alicante. Desde este momento se inicia un proceso de relevo en la dirección de esta asociación en España, que contará, además con el nombramiento de un equipo de consejeros, que saldrá también de esta asamblea celebrada en Ávila.

No es el primer cargo de responsabilidad que Diego Martín tiene en la Asociación de Sacerdotes del Prado. Actualmente es miembro del Consejo Regional y responsable de formación. Además, en el equipo que dirige la asociación a nivel internacional, es miembro del Consejo General.

Asamblea general

Los sacerdotes que forman parte de esta asociación en España se han encuentrado reunidos en asamblea durante la pasada semana. Se trata de una asamblea que se celebra cada 5 años, en la que se proponen las líneas de acción para el siguiente quinquenio y en la que se elige al responsable de la asociación para esos años. En esta ocasión, se han reunido en la ciudad de Ávila, en el CITeS, el Centro Internacional Teresiano Sanjuanista, desde el 23 al 27 de enero.

En Ávila se han reunido más de 70 sacerdotes de toda España. Asisten también el responsable general, el italiano Armando Pasqualotto, y miembros de los Prados regionales de Francia e Italia. En el mundo, esta asociación, que nació en Francia a finales del siglo XIX de la mano del beato Antoine Chevrier, está presente en 40 países y cuenta con sacerdotes, diáconos, seglares, religiosas y laicas consagradas. El estudio del Evangelio, el amor a la Eucaristía y el compromiso por la evangelización de los pobres desde una opción de pobreza, son algunos de los distintivos que marcan el carisma de los Sacerdotes del Prado

Resetear el cristianismo

Cristina Inogés llama a “resetear” el cristianismo: desde la empatía hasta la transparencia

Por | RUBÉN CRUZ

La teóloga ha intentado responder, en la Semana de Teología Pastoral, a la pregunta que guía las jornadas: ¿Qué cristianismo crea futuro?

¿Qué cristianismo crea futuro? A la pregunta que ha guiado la XXXIII Semana de Teología Pastoral del Instituto Superior de Pastoral (ISP) –que se ha celebrado desde el martes 24 de enero hasta hoy en el Auditorio Ángel Herrera del ISP en Madrid– ha intentado responder la teóloga Cristina Inogés durante su reflexión en la ponencia que pone fin a las jornadas.

“Saber claramente qué cristianismo crea futuro sería tener la clave con la solución a muchos problemas. Esa clave no la tengo, pero sí tengo claro que el cristianismo que crea futuro deberá ser un cristianismo cada vez más ‘des-eclesializado’, porque la Iglesia con su estructura de difícil dominio, su visión narcisista de sí misma como meta y no camino, que es lo que siempre debió ser, ha terminado por ahogar la frescura, la fuerza subversiva y transgresora del cristianismo original”, ha comenzado denunciando.

Según Inogés, “cuando se pasa y emplea mucho tiempo hablando con personas de toda clase, se ve claramente que ni Dios, ni el Evangelio son los problemas para creer. El problema es esta forma de Iglesia que tenemos ahora”.

Para la teóloga, “el hecho de ser más o menos numerosos debería ser lo último que nos preocupara, ya que, al acercarnos al Evangelio, cuando Jesús busca algo con lo que comparar el Reino de Dios, siempre acude a lo más pequeño para mostrar lo que es más grande, a lo más humilde para alejarlo del peligro del poder, y a lo menos numeroso para manifestar que la cantidad no es importante”.

Qué resetear del cristianismo

Como ha señalado, “cuando digo resetear, me refiero a recuperar, o a intentarlo al menos, el cristianismo como forma de vida que, en el origen del Maestro que nos lo enseñó, Jesús de Nazaret, no tenía estructura religiosa alguna. Eso vino muy poco después con Pablo. A nosotros nos va a tocar repensar y resetear algunas cuestiones que tenemos oxidadas”.

1. La empatía

“Empatizar es una de las formas de acariciar el alma más sutiles, y a la vez evidentes que podemos manifestar como cristianos. En un mundo cada vez más individualista y egocéntrico, dedicar tiempo sin tiempo a alguien, es decir, sin límites, es una gran apuesta y, en algunas ocasiones, la prueba de fuego a superar”, ha señalado.

2. La contemplación

“Necesitamos un cristianismo que, poco a poco deje emerger a la Verdad, una Verdad que se muestra en un continuo desvelamiento… No me refiero al desvelamiento que se produce en el misticismo de los éxtasis y los arrobamientos, me refiero al que transforma la vida tras el encuentro con Cristo resucitado”, ha destacado.

3. La libertad

“Hay que sentirse cristianos libres, lo que no significa ir cada uno por un lado, sino ser coherentes con la vida evangélica frente a la vida cuadriculada de preceptos y normas, de leyes y tradiciones que pudieron tener su valor en su día y que, sin embargo, ahora como mucho resultan sorprendentes y no para bien”, ha mantenido Inogés.

4. La humildad

En este sentido, la teóloga ha destacado que “la humildad nos hace personas, la soberbia, masa”.

5. El profetismo

“Ser profetas no es ir siempre y solamente clamando y gritando. Muchas veces el profetismo es voz tan susurrante como implacable”, ha dicho Inogés, para luego resaltar: “Ese profetismo susurrante tiene que ser a la vez transgresor, no tranquilizador por la sencilla razón de que su fuente, el Evangelio, ayuda y serena, pero también cuestiona, provoca y descentra”.

6. La mesa

Para Inogés, “lo que debemos resetear es cómo entendemos la mesa, la llamada a la mesa, los lugares que ocupamos en ella, y si todos tenemos cabida en ella”. “La mesa puede ser un excelente lugar para volver a construir esa comunidad perdida -ha continuado-, esa comunidad ansiada y deseada. Sin embargo, para eso, habrá que hacer algunos cambios.

7. La transparencia

“Este es el tema más espinoso porque, evidentemente, la transparencia atraviesa las dos realidades que más cuestionan el poder crear futuro honestamente: la realidad de los abusos y la formación en los seminarios“, ha subrayado. “Ambas realidades necesitan ser vistas con la nitidez de un cristal impoluto, sin la menor sombra. Ambas realidades no afectan solo a la Iglesia, sino al cristianismo”, ha añadido.

El futuro del cristianismo

“El cristianismo no es algo del pasado, el cristianismo sigue aconteciendo en la historia, por lo tanto habrá que hablar y actuar consecuentemente con sus cuatro puntos fundamentales: la encarnación, la crucifixión, la resurrección y Pentecostés”, ha apuntado.

1. Encarnación

“Si el misterio de la Encarnación continua formando parte de nuestra historia, Cristo seguirá entrando en ella de mil maneras inimaginables para nosotros ahora, pero tan válidas y ciertas como la que aconteció hace ya dos mil años. Y no solo seguirá entrando en la historia, sino que lo hará en diferentes culturas y, por tanto de maneras diferentes”, ha dicho convencida.

2. Crucifixión

También la muerte, “la crucifixión, sigue presente en la historia”. “La muerte es un paso más de la vida hacia la Vida. Esto, en un mundo que oculta el sufrimiento en el entorno cercano, que no acepta la fealdad de la muerte y también la esconde, no será fácil de mostrar, pero sí necesario porque sin muerte no habrá Pascua posible”, ha puntualizado.

3. Resurrección

Como ha indicado, “la resurrección no es creer solamente que estamos llamados a compartir la inmortalidad de Dios, es ese continuo pasar de las muchas muertes que caben en la vida, a una vida más plena; pasar de la violencia de la muerte, a la vida del perdón; pasar del silencio miedoso a la fiesta de la Palabra compartida; pasar de los obstáculos que nos empeñamos en crear, a la libertad que el amor implica”.

4. Pentecostés

Este último punto, “quizá sea el punto más revolucionario para nosotros. Saber contar de forma clara y sencilla, pero no simplista, será una clave. El mensaje debe ser el mismo solo que dicho de otra manera, al menos en su aspecto lingüístico, porque el mensaje tiene que ser creíble para ser un espacio de encuentro, de diálogo, de conocimiento mutuo, de respeto, y de reconciliación que tanta falta hace”.

Inogés ha concluido su exposición llamando a “aprender a estar y no tanto a hacer”. Según sus palabras, “el retorno de muchos, la llegada de nuevas personas al cristianismo no se conseguirá con documentos, conciertos, apertura de puertas, o concentraciones juveniles. Crearemos futuro si nos atrevemos a estar fuera de los muros de las iglesias”, ha subrayado.

La Buena Noticia del Dgo. 4º-A

Bienaventurados

Lectura de la Palabra

Mateo 5,1-12a

                                                            Dichosos los pobres en el espírituEn aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Comentario a la lectura

Mateo, al formular las Bienaventuranzas, se preocupa de trazar los rasgos que han de caracterizar a los seguidores de Jesús. De ahí la importancia que tienen para nosotros en estos tiempos en que la Iglesia ha de ir encontrando su propio estilo de vida en medio de una sociedad secularizada.

No es posible proponer la Buena Noticia de Jesús de cualquier forma. El Evangelio solo se difunde desde actitudes evangélicas. Las bienaventuranzas nos indican el espíritu que ha de inspirar la actuación de la Iglesia y de los cristianos en su peregrinación hacia el Padre.

Dichosa la Iglesia «pobre de espíritu» y de corazón sencillo, que actúa sin prepotencia, sin riqueza ni esplendor, sostenida solo por la autoridad humilde de Jesús.

Dichosa la que «llora» con los que lloran y sufre al ser despojada de privilegios y de poder, pues podrá compartir mejor la suerte de los perdedores y el destino de Jesús.

Dichosa la Iglesia que renuncia a imponerse por la fuerza, practicando siempre la mansedumbre de su Maestro y Señor.

Dichosa la Iglesia que tiene «hambre y sed de justicia», pues buscará su propia conversión y trabajará por una vida más justa y digna para todos.

Dichosa la Iglesia compasiva que renuncia al rigorismo y prefiere la misericordia antes que los sacrificios, pues acogerá a los pecadores y no les ocultará la Buena Noticia de Jesús.

Dichosa la Iglesia de «corazón limpio» y conducta transparente, que no encubre sus pecados ni promueve el secretismo o la ambigüedad, pues caminará en la verdad de Jesús.

Dichosa la Iglesia que «trabaja por la paz» y lucha contra las guerras, que aúna los corazones y siembra concordia, pues contagiará la paz de Jesús.

Dichosa la Iglesia que sufre la hostilidad y persecución a causa de la justicia sin rehuir el martirio, pues sabrá llorar con las víctimas y conocerá la cruz de Jesús

La sociedad actual necesita conocer comunidades cristianas marcadas por este espíritu de las bienaventuranzas. Solo una Iglesia evangélica tiene autoridad y credibilidad para mostrar el rostro de Jesús a los hombres y mujeres de hoy.       (José Antonio Pagola)

Testigos de la Palabra

Cristian Javá Ríos, mártir de la Amazonía

Cristian Javá Ríos era un indígena Kukama, defensor de su territorio y monitor ambiental en la comunidad indígena La Petrolera, ubicada en el distrito de Urarinas del departamento nororiental de Loreto en Perú. Murió a tiros tras ser emboscado por bandas criminales que estarían intentado expulsar a las comunidades indígenas de esa zona de la Selva Amazónica.

Según ACODECOSPAT, una asociación que agrupa a 64 comunidades indígenas Kukama y Urarina, el 17 de abril una delegación de la comunidad indígena La Petrolera se dirigió a una zona dentro de su territorio comunal que había sido invadida con el objeto de retomar posesión de ella; pero los invasores les tendieron una emboscada causando la muerte a Cristian Javá y dejando a otras cinco personas heridas.

Testimonios locales aseguran que las bandas llevaban meses amenazando a la población de La Petrolera; impidiendo incluso labores de remediación ambiental y vigilancia en zonas cercanas a sus asentamientos. Esto habría sido denunciado ante la Fiscalía de Nauta, pero según un boletín de prensa de ACODECOSPAT la institución no habría tomado ninguna acción.

ACODECOSPAT denuncia que las invasiones a los territorios comunales en el Chambira y Patoyacu responden a intereses de personas que acuerdan con la empresa y el Estado la implementación de proyectos de «desarrollo» (como sistemas de saneamiento) para lucrarse a través de ellos. La misma organización sugiere que habría un relación entre los ataques a los oleoductos de la zona y las empresas encargadas de remediación.

Cristian Javá era un joven esposo y padre de un bebé de seis meses

La aplicación “Jesuit Pilgrimage”

John Dardis, SJ: «Hay una gran oportunidad de llegar a la gente con todo tipo de nuevos medios»

John Dardis, SJ

«Ahora hay una gran oportunidad de comunicar con imágenes. Y nuestra misión es ir al mundo entero y proclamar la Buena Nueva. Así que…»

John Dardis, director de la Oficina de Comunicación de la Curia General de los jesuitas, habla sobre la aplicación ‘Jesuit Pilgrimage’, que puede ser la mayor peregrinación de la historia, según sus palabras

«Estamos muy contentos de poder llevar la experiencia de la peregrinación a los que están en casa y ayudar a transformar las visitas turísticas habituales en una profunda aventura espiritual para los que están in situ»

 John Dardis, director de la Oficina de Comunicación de la Curia General de los jesuitas, habla sobre la aplicación ‘Jesuit Pilgrimage’, que puede ser «la mayor peregrinación de la historia», según sus palabras. La plicación, gratuita y lanzada hoy para smartphone, es una herramienta con la que los usuarios pueden visitar cada una de las paradas transformadoras en el viaje de Ignacio, ya sea virtualmente desde casa, o in situ en cada uno de los 44 lugares cubiertos.

-Mikołaj Cempla, humanstories.studio: Padre John, creo que es muy inusual que la Curia General de una orden religiosa lance una aplicación para smartphone. ¿Por qué se ha comprometido con este apostolado? ¿Fue difícil crear una aplicación?

-John Dardis, SJ: A la Iglesia siempre se le han dado bien los documentos y las palabras. Pero ahora hay una gran oportunidad de comunicar con imágenes. Y de llegar a la gente con todo tipo de nuevos medios. Nuestra misión es ir al mundo entero y proclamar la Buena Nueva. Así que… si esa es nuestra misión, tenemos que utilizar todos los medios disponibles.

-MC: En casa. Mientras viajas. Este es el lema de la aplicación Jesuit Pilgrimage. ¿Por qué han dirigido su proyecto tanto a viajeros como a personas que no pueden hacer un viaje físico?

-JD: Bueno… ¡¿por qué no?! Queremos encontrarnos con la gente donde está y hemos visto que esos dos grandes grupos pueden ser atendidos básicamente con la misma aplicación, quizá con algunas funcionalidades específicas dedicadas a cada uno de ellos, por ejemplo, herramientas de navegación para los viajeros. Pero estamos muy contentos de poder llevar la experiencia de la peregrinación a los que están en casa y ayudar a transformar las visitas turísticas habituales en una profunda aventura espiritual para los que están in situ.

-MC: Muchas personas hoy en día, especialmente los jóvenes del Norte del mundo, se alejan de las estructuras religiosas organizadas y practican la fe a su manera, o la abandonan por completo. ¿Cree que el viaje de San Ignacio puede seguir siendo un ejemplo atractivo para ellos?

-JD: El viaje de Ignacio fue, en muchos sentidos, muy moderno. Vincula las doctrinas y enseñanzas externas con el viaje interior de cada persona. Es algo asombroso. Francisco Javier, uno de los primeros compañeros de Ignacio, quería ir por todas las universidades europeas y hablar a los jóvenes de su misión y de lo que Dios estaba haciendo. Ignacio nos ayuda a encontrar a Dios… y ayuda a Dios a encontrarnos.

-MC: Tengo que decir que el contenido de la aplicación es muy rico. 4 idiomas, 44 lugares con descripciones, meditaciones en audio, fotos de 360 grados… realmente puedes sumergirte en una experiencia de peregrinación. Pero, ¿quiénes están detrás del proyecto? Habrán necesitado muchos talentos: escritores, voces, traductores, desarrolladores… ¡por nombrar algunos!

-JD: Sí, tuvimos la suerte de contar con un gran equipo en la Curia. Fue un gran esfuerzo en equipo. Nos llevó mucho más tiempo del que pensábamos. Pero lo conseguimos. Tomó su tiempo. Ahora queremos crear este movimiento global de peregrinación ignaciana, que puede ser la mayor peregrinación de la historia.

-MC: ¿Tiene algún lugar ignaciano favorito?

-JD: Mi lugar favorito son las habitaciones de San Ignacio, donde hay tanta sencillez… y al mismo tiempo obras de arte tan hermosas. Es mágico… místico… una experiencia sobrecogedora.

-MC: ¿Cuál es el futuro de la aplicación? ¿Planean desarrollarla más? ¿Necesitan apoyo?

-JD: Esperamos que otras Provincias jesuitas puedan añadir lugares ignacianos donde haya oración, pasión y compromiso al servicio del Evangelio. Estamos dispuestos a ayudar y a proporcionar apoyo. Veo tanta creatividad y energía cuando voy por el mundo y visito a los jesuitas y a nuestros compañeros de misión. Si todos se suman… no hay límite a lo que, con la ayuda de Dios… podemos hacer.

-MC: ¡Gracias!

No tengas miedo

por Rosa Ruiz 

  No temer es un mandamiento. No aparece entre los 10 de la llamada Ley de Dios. Y sin embargo atraviesa todo el Antiguo y el Nuevo Testamento. En boca de Dios se repite una y otra vez este mandato, este imperativo, ¡esta súplica!: no tengas miedo.

He contado 40 veces, quizá haya más. Lo escuchó Abrán antes de renovar su vida y su futuro con el nuevo nombre de Abrahán (Gn 15,1). Lo escuchó Agar, la esclava, a quien Dios la recordó que era fecunda y libre (Gn 21,17). Y también Isaac, hijo de Sara, la mujer que osó reírse de Dios y Él la bendijo (Gn 26,24). Y su nieto Jacob (Gn 46,3).

Por supuesto, también se lo repite a los profetas, esos hombres y mujeres que reciben la cansada carga de ver y escuchar lo que otros no ven ni escuchan y por eso se les pide que actúen, que abran caminos, que incomoden, que consuelen, que sostengan. Y eso siendo normalitos, que no hay profetas especialmente guapos ni fuertes ni listos: “No digas que eres muy joven. No tengas miedo, pues yo estaré contigo para protegerte” (Jer 1,7). El miedo es una experiencia común. Da igual que sea un jovenzuelo sensible y afectivo como Jeremías, o un servidor del Templo de corte más tradicional como Ezequiel, te llamen “el profeta mayor”, como a Isaías o seas el mismísimo Elías.

¡Es un mandato!

Da igual que seas varón o mujer (la nuera de Elí, Rut, Judith o Tobías). Da igual que seas un gran creyente o estés abonado a la duda. Da igual que social o eclesialmente te sitúen entre los ortodoxos o los hetero. Todos tenemos miedo. Por eso Dios tiene que decirnos tantas veces: no tengas miedo. No te acobardes. Fíate. ¡Es un mandato!

Pero no creas que solo es un mandato para personas especiales o para momentos críticos. Dios se lo repite a todo el pueblo, a todos y cada uno, en varios momentos: si vas a salir de tu tierra (zona de confort lo llaman algunos), “no temas ni te acobardes” (Dt 1,21). Si ya saliste y estás en ese momento intermedio, tan incómodo como incierto, en que aún no has encontrado otra tierra prometida donde habitar y sentirte en casa, “no temas ni te acobardes” (Dt 31,8) porque Él camina contigo aunque no lo parezca, tantas veces.

Con Jesús no parece que hayamos mejorado demasiado porque los Evangelios y los relatos apostólicos siguen repitiéndolo: ¿Por qué tenéis miedo?, ¿por qué no te fías de mí? Le pasó a Zacarías, padre de Juan Bautista; le pasó a María y a José, a los mismísimos discípulos, a san Pablo

Lo curioso es que sin miedo posiblemente nos habríamos extinguido. Es el mecanismo de defensa que tenemos para percibir un peligro real y evitarlo. Aristóteles decía que “el miedo es el dolor que sentimos al ver venir el mal”. Pero, a veces, el miedo también nos obnubila y hace temer por peligros que no existen. Lo decía Sófocles: “Para quien tiene miedo, todo son ruidos”.

Igual así se entiende mejor el mandamiento: no temas. Por eso quizá nos equivocamos cuando nos empeñamos en no tener miedo. El miedo viene solito. Nos avisa. Nos protege. El problema es cuando nos encoge. Cuando consigue quitarnos las ganas y la esperanza. Quizá por eso le importa tanto a Dios que nada nos acobarde, que el miedo que sintamos no sea el que decide cuándo sonrío o cuándo me decido, cuándo silencio o cuándo canto. Quizá por eso tendríamos que arrepentirnos más veces de ser miedosos y pusilánimes y menos de otras historias que igual nos influyen menos a la hora de afrontar la vida y disfrutarla. Con todos los riesgos que vengan. Tenemos todo un año por delante.

Actualizar el Evangelio

El papa Francisco a la Curia: “La herejía verdadera consiste en dejar de traducir el Evangelio a los lenguajes y modos actuales”

El papa Francisco en su mensaje de Navidad a la curia romana

“Si a veces digo cosas que pueden sonar duras, no es porque no crea en el valor de la dulzura, sino porque es bueno reservar las caricias para los cansados”, afirma en su felicitación de Navidad a los cardenales

“La herejía verdadera no consiste solo en predicar otro Evangelio (cf. Ga 1,9), como nos recuerda Pablo, sino también en dejar de traducirlo a los lenguajes y modos actuales, que es lo que precisamente hizo el Apóstol de las gentes”. Mensaje para la Curia romana. Esta es la manera que el papa Francisco tiene de felicitar la Navidad a los suyos

¿Es para mostrar su enfado? No. Así lo ha explicado él mismo: “Si a veces digo cosas que pueden sonar duras y fuertes, no es porque no crea en el valor de la dulzura y de la ternura, sino porque es bueno reservar las caricias para los cansados y los oprimidos”.

Ante todos los cardenales y superiores que trabajan en el Vaticano, el Pontífice ha recordado que “lo contrario a la conversión es el fijismo, es decir, la convicción oculta de no necesitar ninguna comprensión mayor del Evangelio. Es el error de querer cristalizar el mensaje de Jesús en una única forma válida siempre. En cambio, la forma debe poder cambiar para que la sustancia siga siendo siempre la misma”.

Pobreza, gratuidad, conversión y paz

El discurso que ha dirigido esta mañana Jorge Mario Bergoglio, lo ha dividido en cuatro temas. En primer lugar, invitando a vivir la pobreza. “Así como Él elige la pobreza, que no es simplemente ausencia de bienes, sino esencialidad, del mismo modo cada uno de nosotros está llamado a volver a la esencialidad de la propia vida, para deshacerse de lo que es superfluo y que puede volverse un impedimento en el camino de santidad”, ha señalado.

En segundo lugar, ha recalcado que “la actitud interior a la que habríamos de dar más importancia es la gratitud”. En tercer lugar, se ha centrado ampliamente en la necesaria conversión, pues esta “nunca es un discurso acabado”. “Lo peor que nos podría pasar es pensar que ya no necesitamos conversión, sea a nivel personal o comunitario”, ha asegurado.

Según ha indicado, “convertirse es aprender a tomar cada vez más en serio el mensaje del Evangelio e intentar ponerlo en práctica en nuestra vida. No se trata sencillamente de tomar distancia del mal, sino de poner en práctica todo el bien posible. Ante el Evangelio seguimos siendo siempre como niños que necesitan aprender. Creer que hemos aprendido todo nos hace caer en la soberbia espiritual”.

En este sentido, ha celebrado también los sesenta años de la apertura del Vaticano II. “La conversión que nos dio el Concilio es la oportunidad de comprender mejor el Evangelio, de hacerlo actual, vivo y operante en este momento histórico”, ha aseverado.

Tampoco se ha olvidado del Sínodo de la Sinodalidad. “Tal como ha sucedido otras veces en la historia de la Iglesia, también en nuestra época, como comunidad de creyentes, nos hemos sentido llamados a la conversión. Y este itinerario no ha concluido en absoluto. La actual reflexión sobre la sinodalidad de la Iglesia nace precisamente de la convicción de que el itinerario de comprensión del mensaje de Cristo no tiene fin y continuamente nos desafía”, ha agregado.

Como ha reconocido el Pontífice, “denunciar el mal, aun el que se propaga entre nosotros, es demasiado poco. Lo que se debe hacer ante ello es optar por una conversión. La simple denuncia puede hacernos creer que hemos resuelto el problema, pero en realidad lo importante es hacer cambios, de manera que no nos dejemos aprisionar más por las lógicas del mal, que muy a menudo son lógicas mundanas”.

“La mayor atención que debemos prestar en este momento de nuestra existencia es al hecho de que formalmente nuestra vida actual transcurre en casa -ha continuado-, tras los muros de la institución, al servicio de la Santa Sede, en el corazón del cuerpo eclesial; y justamente por esto podríamos caer en la tentación de pensar que estamos seguros, que somos mejores, que ya no nos tenemos que convertir”.

¿Cuánta amargura hay en nuestro corazón?

En cuarto lugar, se ha fijado en la paz. “Nunca como ahora hemos sentido un gran deseo de paz. Pienso en la martirizada Ucrania, pero también en tantos conflictos que están teniendo lugar en diversas partes del mundo. La guerra y la violencia son siempre un fracaso”, ha dicho.

Y ha agregado en clara referencia, aunque sin citarlo, al Patriarca Kirill de Moscú, “la religión no debe prestarse a alimentar conflictos. El Evangelio es siempre Evangelio de paz, y en nombre de ningún Dios se puede declarar ‘santa’ una guerra”.

Para Francisco, la cultura de la paz no solo se construye entre los pueblos y las naciones, “sino que comienza en el corazón de cada uno de nosotros”. “Mientras sufrimos por los estragos que causan las guerras y la violencia, podemos y debemos dar nuestra contribución en favor de la paz tratando de extirpar de nuestro corazón toda raíz de odio y resentimiento respecto a los hermanos y las hermanas que viven junto a nosotros”, ha aseverado.

Así, el Papa ha invitado a quienes le escuchan a hacerse preguntas: “¿Cuánta amargura hay en nuestro corazón? ¿Qué es lo que la alimenta? ¿Qué es lo que causa la ira que muy a menudo crea distancias entre nosotros y alimenta rabia y resentimiento? ¿Por qué los insultos, en cualquiera de sus formas, se vuelven el único modo que tenemos para hablar de la realidad?”.

“Si es verdad que queremos que el clamor de la guerra cese dando lugar a la paz, entonces que cada uno comience desde sí mismo”, ha insistido. Y ha continuado: “No existe solo la violencia de las armas; existe la violencia verbal, la violencia psicológica, la violencia del abuso de poder, la violencia escondida de las habladurías. Ante el Príncipe de la Paz, que viene al mundo, depongamos toda arma de cualquier tipo”.

Hablando sobre la misericordia, ha recalcado que “una Iglesia pura para los puros es solo la repetición de la herejía cátara”. “Si no fuera así, el Evangelio, y la Biblia en general, no nos hubieran narrado los límites y los defectos de muchos de aquellos que hoy nosotros reconocemos como santos”, ha añadido.

También ha hecho hincapié en el perdón, que “significa conceder siempre otra oportunidad, es decir, comprender que uno se hace santo a base de intentos. Dios hace así con cada uno de nosotros, nos perdona siempre, vuelve a ponernos siempre en pie y nos da aún otra oportunidad. Entre nosotros debe ser así”. “Toda guerra, para que se extinga, necesita del perdón. De lo contrario, la justicia se convierte en venganza”, ha puntualizado

Una espiritualidad política

José María Marín: «Necesitamos una espiritualidad profundamente comprometida, rebelde y política»

Liberación

«Son necesarios laicos y laicas con espiritualidad política que luchan, sin partidismos ni enfrentamientos, por erradicar la corrupción y la acumulación de la riqueza en manos de unos pocos»

«Es profundamente paradójico que, precisamente estos días, en los que consumimos de forma convulsiva y tiramos más comida a la basura, se multiplica nuestra creatividad inventando formas para compartir con los pobres, las ‘migajas’ de nuestros excesos»

«La literalidad y la rutina han convertido esta tradición en algo insustancial, sino fuera porque es otro negocio más, del perverso sistema económico en el que nos movemos y existimos. Belenes sin estiércol, con paja limpia y sin malos olores. Belenes sin frio, ni soledad»

«Una espiritualidad que, en Navidad, apague todas las luces ridículas y contaminantes y nos permita ver, en el cielo y en la tierra, una Luz grande»

Por | José María Marín Sevilla sacerdote y teólogo

Necesitamos una espiritualidad profundamente comprometida, rebelde y política, que recupere la fuerza transformadora de la fe en su dimensión profética y reivindicativa de la igualdad entre los seres humanos, de la justicia y de la paz.  

De igual modo, es necesaria una política con espíritu, cargada de credibilidad por su promoción eficaz del bien común y su prioridad por los más pobres. 

Una espiritualidad laica y creyente que anime la militancia en las organizaciones del pueblo. Son necesarios laicos y laicas con espiritualidad política que luchan, sin partidismos ni enfrentamientos, por erradicar la corrupción y la acumulación de la riqueza en manos de unos pocos. 

Navidad es un tiempo propicio para reflexionar sobre todo esto. Un tiempo propicio, como afirma el Papa, para rechazar la tentación de una espiritualidad oculta e individualista, que poco tiene que ver con las exigencias de la caridad y con la lógica de la Encarnación. (Evangelii Gaudium, 262).

RECUPERAR LA NAVIDAD PRIMERA

Podríamos empezar por recuperar una actitud de espiritualidad profética y valiente, para liberar la Navidad de la formalidad y la rutina en la que, año tras año, la vamos alejando más del mensaje original y de su fuerza transformadora. 

Resulta disparatada la “necesidad” que sentimos de ser unos días más caritativos y solidarios. Es profundamente paradójico que, precisamente estos días, en los que consumimos de forma convulsiva y tiramos más comida a la basura, se multiplica nuestra creatividad inventando formas para compartir con los pobres, las “migajas” de nuestros excesos.

 Esa creatividad deberíamos tener cada día hasta desterrar las desigualdades que nos deshumanizan a todos.

Necesitamos profetas. Tenemos algunos, a los que deberíamos escuchar con mayor atención. No abundan en nuestro mundo occidental, ni en la sociedad ni en la Iglesia, mucho menos entre sus jerarquías. Se encuentran entre los que dedican su tiempo, y su experiencia de Dios, a compartir la vida y los anhelos de los pobres. Siempre hay excepciones. Leía estos días una valerosa felicitación de Navidad que envió en su día el obispo Tonino Bello que contrasta enormemente con otras felicitaciones formales, prefabricadas, doctrinales y palaciegas. Transcribo uno de sus párrafos: “Los ángeles, que anuncian la paz, traigan la guerra a vuestra somnolienta tranquilidad incapaz de ver que, a un metro de distancia, con el agravante de vuestro silencio cómplice, se consuman injusticias, se explota a la gente, se fabrican armas, se militariza la tierra de los humildes, se condenan pueblos al exterminio por hambre”.

Los textos litúrgicos de estos días (generalmente los relatos del Nacimiento de Jesús y de su infancia) han sido edulcorados y desposeídos de su carga social original. Leídos al pie de la letra los hemos convertido en cuentos para niños, llenos de magia y fenómenos sobrenaturales.

Este artículo no deja margen para extenderse, así que me limitaré a señalar algunos aspectos que pueden darnos una ligera idea de cómo, estos relatos, interpretados como narraciones teológicas, pueden darnos luz para nuestro discernimiento espiritual y, sobre todo para tratar de integrarlos en nuestro compromiso cristiano por la igualdad y la justicia, sin las cuales “nuestras navidades” seguirán siendo una impostura y una perversión.

Alégrate mujer

Frente al patriarcado y sus abusos, Dios elige a la mujer, lo femenino frente a lo masculino, a las más vulnerables frente a los abusadores. José, un israelita auténtico, temeroso de Dios y cumplidor de la ley, no solo queda relegado a un segundísimo lugar, sino que tendrá que aceptar que, en los planes de Dios, María, pese a su inexperiencia, su poca relevancia y su condición de “sospechosa”, ha sido la elegida para dar el “sí quiero” al mismísimo Dios. 

Anunciación Cerezo

María, joven y enamorada, acepta el plan de Dios, consciente de las consecuencias que puede acarrearle semejante atrevimiento: las dudas de su amado, el peligro de ser repudiada e incluso la muerte, porque así lo exigía la ley para las adulteras. Ella sabe escuchar al Espíritu que llega para “hacer nuevas todas las cosas”. Ya no hay lugar para un Dios alejado, temeroso y legalista. Ha llegado la hora de “anunciar” que Dios no da legitimidad a los que han convertido la religión en un negocio y en la alienación de un pueblo que ansía libertad, pan, un trabajo digno y un techo donde vivir en paz con su familia ya sea regular o irregular, tradicional o nueva. Dios está cerca de su pueblo, sin amenazas, ni leyes que convierten impuros a los que más sufren. 

José, por su parte, necesitará tiempo y discernimiento para abandonar su orgullo. Tiempo para abandonar la oscuridad, dejar de dudar y finalmente aceptar “llevarse a María a su casa”. 

Lo mismo ocurre con Isabel, otra mujer, otra generación. Ella será la elegida, mientras que Zacarías su esposo, profesional del culto y fiel cumplidor de los ritos del templo, quedará “mudo” hasta que finalmente deje de dudar y acepte la prioridad de Dios con ellas, con todas las mujeres despreciadas y juzgadas, solo por serlo. El relato es inequívoco: Isabel, una anciana mujer, estéril pasa a ser la que asume el “privilegio” (antes reservado exclusivamente a los varones) de poner nombre a su primogénito.

Visitación de McGrath CNS photo

Alegría en las “periferias”

Dios elige las “afueras de la ciudad” (las periferias de las que habla el Papa Francisco) y se aleja definitivamente de los palacios ya sean de los magnates, los políticos o las autoridades religiosas. Nace como los pobres y será perseguido como los pobres.

Un pesebre es “la señal”, la prueba del lugar donde está Dios y donde no está. La señal irrefutable de lo que Dios “aprueba” y de lo que, ese mismo Dios “reprueba”.

Nos emocionan los “nacimientos” de corcho o papel, los pesebres con animalitos de plástico o barro. La literalidad y la rutina han convertido esta tradición en algo insustancial, sino fuera porque es otro negocio más, del perverso sistema económico en el que nos movemos y existimos. Belenes sin estiércol, con paja limpia y sin malos olores. Belenes sin frio, ni soledad. 

Bien haríamos en imaginar de otra manera, bien podríamos contemplar a María y a José abrazados al recién nacido, sin tanta tontería, y acercarnos a los recién nacidos que hoy, como el bebé de Belén, nacen entre las ruinas de un bombardeo, en un campo de refugiados, o en una de las miles chabolas que, en las “afueras” rodean nuestras ciudades, sin luz, sin agua, en soledad. 

Bien podemos “visibilizar el nacimiento del niño Jesús” contemplando y venerando a dos jóvenes padres primerizos, rebuscando en los contenedores de basura hasta encontrar algo que comer, o pidiendo limosna en la cola de nuestros recursos “paliativos” porque no hay justicia. El relato bíblico del nacimiento de Jesús merece más respeto, más fe y más valentía.

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Hasta aquí algunas pistas donde alimentar una espiritualidad revolucionaria, rebelde, como lo es todo el Evangelio. Una espiritualidad que, en Navidad, apague todas las luces ridículas y contaminantes y nos permita ver, en el cielo y en la tierra, una Luz grande, que aúne razones y corazones, proyectos y fortalezas, para construir el futuro desde los últimos. Que, por cierto, el Niño de Belén, ya de adulto, se jugó la vida reivindicando que son éstos, precisamente, los que ocupan los primeros puestos, en la fiesta del Reino de Dios.

Jesús y la Nueva Política

Extracto de la obra de Rubén Dri «La utopía de Jesús», donde el autor analiza la relación entre la practica de Jesús y la política emancipadora.

POR  RUBÉN DRI

 Tratar la relación que Jesús tuvo con la política significa enfrentarse a uno de los obstáculos epistemológicos más serios. La práctica de Jesús, en efecto, tradicionalmente ha sido desvinculada completamente de toda actividad política y enmarcada en un ámbito puramente religioso. Debemos, pues, en primer lugar, tratar de dilucidar las principales variantes de esta interpretación apolitizadora de la práctica de Jesús.

Nos encontramos, en primer lugar, con la interpretación tradicional de los medios eclesiásticos, según la cual los ámbitos religioso y político se encuentran completamente separados, de tal manera que la práctica de Jesús hay que entenderla como estrictamente religiosa, sin atisbos de compromiso ideológico y político. En este sentido, se afirma en el documento de Puebla: “El Evangelio de Cristo no habría tenido tanto impacto en la historia sí Él no lo hubiera proclamado como un mensaje religioso, separando la tentación de mezclar “las cosas de Dios” con actitudes meramente políticas” (p.388); por ello, la Iglesia “no necesita (…) recurrir a sistemas de ideologías para amar, defender y colaborar en la liberación del hombre; en el centro del mensaje del cual es depositaria y pregonadora, ella encuentra inspiración para actuar en favor de la fraternidad, de la justicia, de la paz, contra todas las dominaciones, esclavitudes, discriminaciones, atentados a la libertad religioso, opresiones contra el hombre y cuanto atenta contra la vida” (p.411).

En este documento se trata en cierta manera de conectar los dos ámbitos, el religioso y el político, pero de hecho no se logra hacerlo, porque se parte de su sepación. El texto clásico mediante el cual se pretende fundamentar esta separación es la frase mediante la cual Jesús se deshace de sus enemigos cuando le preguntan si es licito pagar el tributo al César, Jesús entonces les dice, luego de pedir que le muestren la moneda: “Lo que es del César, devuélvanselo al César, y lo que es de Dios, a Dios” (Mc, 12, 17). Más adelante analizaremos su significado, que erróneamente se ha tomado para justificar la separación e independencia de los ámbitos religioso y político.

Esta separación de ámbitos ha llevado a algunos pensadores a colocar a Jesús en la categoría de “alma bella”, como hace Hegel, o del “amor acósmico”, como lo hace Max Weber. El “alma bella” es aquella que se retira del mundo por temor a mancharse. “La verdad de los dos opuestos, de la valentía y de la pasividad, se unifica en la belleza del alma, de tal manera que del primero se conserva la vida y se elimina la oposición, mientras que del segundo se conserva la pérdida del derecho sin sufrimientos, una elevación viviente y libre por encima de la lucha”.

El alma bella, por una parte, es valiente, pues se requiere una gran fuerza de voluntad para el auto renunciamiento; pero, por otra, es pasiva, no participa de las luchas reales del mundo. Es una “elevación” “por encima de la lucha”, “como una planta hipersensible se retrae más y más en sí misma cada vez que alguien la toca. Antes de convertir la vida en su enemigo, antes de suscitar frente a si un destino (particular), huye de la vida”. Esta huida de las luchas de la vida, este recontrarse en la pura interioridad, hará posible el tener el corazón siempre abierto a la reconciliación, el perdonar todo, incluso a los enemigos, el no juzgar a los demás.

De esta manera, el alma se encuentra en su refugio más íntimo, ante el que desaparece toda exterioridad como tal.”3 Naturalmente que se desinteresa completamente del Estado, de la política, de los problemas sociales, depurándose continuamente a sí misma. Pero de esa manera no se transforma en la figura más rica de la conciencia sino en “su figura más pobre, y la pobreza, que constituye su único patrimonio, es ella misma un desaparecer”.

Ello es así porque “le falta fuerza de la enajenación, la fuerza de convertirse en cosa y de soportar el ser. Vive en la angustia de manchar la gloria de su interior con la acción y la existencia; y para conservar la pureza de su corazón, rehúye todo contacto con la realidad y permanece en la obstinada impotencia de renunciar al propio sí mismo llevado hasta el extremo de la última abstracción”. “Ha renunciado a toda acción, su obrar es un anhelar” de tal manera que “arde consumiéndose en sí misma y se evapora como una nube informe que se disuelve en el aire”.

“La práctica de Jesús, en efecto, tradicionalmente ha sido desvinculada completamente de toda actividad política y enmarcada en un ámbito puramente religioso”

En sentido parecido, Max Weber interpreta la práctica de Jesús como perteneciente, junto con la de Buda, al tipo de “amor acósmico”, amor que se salta todas las barreras interpuestas por lo económico, lo social y lo político. Jesús no habría estado “interesado en absoluto en las reformas sociales en cuanto tales”6, sino que se ocupa de éstas en cuanto la injusticia provoca la ira de Dios, punto central de su pensamiento y preocupación.

“La experiencia universal que nos enseña que el poder engendra poder” habría dado origen “a la exigencia radical de la ética fraternal común al budismo y a las predicaciones de Jesús: no resistir al mal con la violencia”7. De esta manera se produce realmente la identificación de Jesús con Buda, y la interpretación de la famosa distinción entre Dios y el César como una expresión de “absoluta indiferencia por las cosas de este mundo”8. Por cierto, que no es la primera vez que se identifica la práctica de Jesús con la de Buda. Ya Nietzsche lo había hecho, subrayando, sin embargo, que en este sentido el budismo es mucho más coherente que el cristianismo.

Línea Profética-Apocalíptica y dilema de Jesús

Antes de enfocar directamente la actitud de Jesús frente a la política, es necesario echar un vistazo a la actitud frente a la misma que tuvieron los profetas y los autores del Apocalipsis, porque, como hemos considerado, la opción de Jesús es clara y definitivamente profética y asume rasgos apocalípticos fundamentales.

En cuanto a los profetas, no cabe la menor duda sobre su participación política. Más aún, ellos, debido al contexto monista en el que se movían, no podían concebir un ámbito religioso que no estuviese íntimamente conectado con el político. El Reino, meta final de su concepción de la historia, si significaba la plenitud de la presencia de Yavé, su reinado sin ningún tipo de limitaciones, también y esencialmente significaba la plenitud de la liberación, y en primer lugar la liberación política, que para los más radicalizados era la liberación de la monarquía.

En el horizonte de su pensamiento siempre está presente la confederación, la destrucción de los aparatos burocráticos; del ejército, con sus carros de guerra y sus caballos, con sus levas, con sus depredaciones; de los impuestos que el Estado exige para el mantenimiento de la corte y del ejército y para la construcción de las obras públicas; de la esclavitud por deudas en la que caían los pequeños campesinos; del crecimiento de los latifundios.

Esta actitud materialista, profundamente política, estaba en todos los profetas, si bien se presentaba con un grado de más radicalidad en los del norte, como Elías, Amós y Oseas, que en los del sur, más cercanos al poder real, si bien aquí se dan casos de radicalización extrema, como el de Miqueas. Pero en todos la realización del Reino implicaba la liberación en el ámbito político. Para algunos como Miqueas y Oseas, ello significa la destrucción del Estado monárquico y la refundación de la confederación. Para otros, como Isaías, en cambio, significa un Estado monárquico justo.

En los escritores del Apocalipsis, las posiciones se radicalizan. El Estado monárquico es el gran monstruo que será destruido. Ya no habrá reyes, nobles, ni palacios. “Ya no habrá más nobles, ni se nombrarán nuevos reyes, pues todos los príncipes habrán desaparecido. En sus palacios crecerán las zarzamoras, y en sus castillos las ortigas y los cardos. Serán una guarida de lobos, y un escondite para los avestruces. Allí se juntarán los gatos salvajes con los pumas… Allí tendrá su cueva la serpiente” (Is. 34, 12-15).

Resurge en los apocalipsis el tema del reconocimiento de Yavé como único Señor: “Otros señores fuera de ti nos han dominado, mas no recordaremos otro nombre que el tuyo, a ti solo conoceremos. Han muerto y no vivirán y sus sombras no se levantarán, pues los has castigado y exterminado, has borrado hasta el recuerdo de su nombre” (Is. 26, 13-14).

No se puede negar, sin embargo, que frente a esta poderosa vertiente profético-apocalíptica que ve la realización del Reino en la eliminación del estado monárquico, y, en consecuencia, a los humildes, los pobres, como sujetos de la liberación, se alza otra, la vertiente mesiánico-davídica, que ve en un rey al estilo David, más aún, perteneciente a la estirpe de David, al autor de la liberación.

Podemos hablar, pues, de una línea profética que mayoritariamente ve en los pobres el sujeto del Reino, y en la eliminación del Estado monárquico la realización plena de la liberación. Hay variantes matizadas, pero podemos poner estas características como propias de la corriente profético-apocalíptica. Esta línea encontrará su expresión gráfica en la figura del Mesías-siervo que describe el Deutero-Isaías.

Frente a ella se alza la otra línea, la davídica, la del Mesías-rey, según la cual el Mesías ha de ser un rey con todos los atributos y los poderes de tal, que ha de poner al servicio de la liberación del pueblo.

Menester es tener presentes estas dos líneas, ambas con fundamento en la Biblia, para entender las tentaciones de Jesús en el desierto. Trataremos de ver que se trata de optar entre ambas líneas de acción, y Jesús o las primeras comunidades cristianas interpretaran que una de ellas, la del Mesías-rey, constituye una verdadera tentación que es necesario rechazar.

“Una línea profética que mayoritariamente ve en los pobres el sujeto del Reino, y en la eliminación del Estado monárquico la realización plena de la liberación”

Jesús y el poder de las clases dominantes

Los tres sinópticos colocan las tentaciones en el desierto, espacio mítico, lugar ambivalente, habitado tanto por Dios como por el demonio. El desierto es el caos que rodea al cosmos de Palestina. Desde el desierto irrumpían en los lugares habitados de Palestina los beduinos, con sus secuelas de rapiña, violaciones, sufrimiento y muertes. Éste es el aspecto del desierto que aquí le interesa al evangelista.

Allí es llevado Jesús por el Espíritu y tentado (peiradsómenos) por el demonio (Lc. 4, 2). “Ser tentado” aquí significa ser puesto a prueba. Para que haya efectivamente tentación no es suficiente una incitación externa, sino que es necesario que en el interior del hombre tentado la incitación encuentre una determinada inclinación a una respuesta positiva. Si sólo se da una incitación externa, propiamente no existe la tentación: una invitación a beber vino no es una tentación si el invitado no siente alguna inclinación por esa bebida; una invitación al baile no es una tentación para quien no experimenta placer al bailar; una invitación a leer una novela no es tentación para quien no tiene inclinación a tal género de lectura.

Aclaramos esto porque el estereotipo religioso de Jesús implica su absoluta inmunidad a cuantas solicitaciones puedan venir de fuera si no están absolutamente de acuerdo con la misión que debe realizar. Los Evangelios nos hablan de tentaciones, y en consecuencia tomamos en serio el pasaje, tratando de analizar en qué consistieron tales tentaciones.

Tanto Mateo como Lucas – los únicos que las desarrollan, pues Marcos sólo las nombra- nos hablan de tres tentaciones. Así presenta la primera Lucas: “El diablo dijo entonces: -Si eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan-… Pero Jesús le contestó: -Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan-“ (Lc. 4, 3-4).

Si nos fijamos bien en la propuesta o tentación del demonio, ésta consiste en que Jesús manifieste su naturaleza de Hijo de Dios mediante una demostración de poder. Ser Hijo de Dios Significa, en primer lugar, antes que todo, tener poder. Si Jesús demuestra que tiene poder suficiente como para convertir las piedras en pan, con ello habrá demostrado que es el Hijo de Dios, el verdadero Mesías.

Si tenemos presente la práctica mediante la cual Pedro reconoció a Jesús como Mesías, nos daremos cuenta del abismo existente entre esta concepción que ubica al Mesías como un ser dotado de un poder extraordinario, semejante a los héroes o semidioses griegos, y la que lo ubica como un ser capaz de realizar la práctica del don.

Precisamente en las escenas que describen la práctica del reparto del pan se intercala una que está directamente relacionada con la tentación del demonio que estamos considerando. En efecto, “se acercaron los fariseos para discutir con él, y le pidieron una señal del cielo como prueba. Jesús, suspirando profundamente, les dijo: “Por qué esta gente pide una señal? Yo les aseguro: No se dará a esta gente ninguna señal” (Mc. 8, 11-12). Una señal del cielo es una demostración de fuerza, de poder. Lo que el demonio le pidió en el desierto es lo que ahora le piden los fariseos. Demonios y fariseos tienen la misma concepción del Mesías. Éste ha de ser un señor poderoso, más poderoso que todos los reyes de la tierra. Por ello le exigen a Jesús una señal de su poder.

Con más claridad todavía aparece el sentido de las tentaciones en la segunda escena: “Habiendo llevado a una altura, le mostró todos los reinos de la tierra (tés oikuoménés) en un instante de tiempo; y le dijo el diablo: “Te daré todo este poder y su gloria, porque a mí me ha sido entregado y a quien quiero se lo doy. Si pues, te postrares ante mi todo será tuyo”. Respondiendo Jesús, le dijo: “Escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto” (Lc. 4, 5-8).

El demonio habla aquí de “todos los reinos de la tierra”. A él le pertenecen, pues todos están basados en el poder y la acumulación de los sectores dominantes. El poder (eksousía) va acompañado de gloria (dóksa) o prestigio. Poder y prestigio significan también riqueza. Riqueza, poder y prestigio. Bienes inestimables que están en manos del demonio. Éste no es otra cosa que la conjunción de los tres. Basta adorarlos, quererlos por sí mismos, no importa cuántos crímenes, cuántos atropellos deban cometerse para alcanzarlos. Pero se requiere adorarlos.

“Si nos fijamos bien en la propuesta o tentación del demonio, ésta consiste en que Jesús manifieste su naturaleza de Hijo de Dios mediante una demostración de poder. Ser Hijo de Dios Significa, en primer lugar, antes que todo, tener poder”

Finalmente, “lo llevó a Jerusalén, lo puso sobre el alero del templo y le dijo: ¨Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para guardarte, y: En sus manos te llevarán para que no tropiece contra una piedra tu pie¨ Pero Jesús le replicó: ¨Se ha dicho: No tentarás al Señor, tu Dios¨” (Lc. 4, 9-12).

La escena se conecta directamente con la primera. Jesús debe probar que es el Mesías, que es el Hijo de Dios, haciendo una demostración de fuerza. Esta vez se trata de un acto espectacular que todos verán y aplaudirán, un verdadero acto de superhombre. Llama la atención que después de la insurrección popular que Jesús lidera, los “sacerdotes jefes, los escribas y los ancianos le preguntan ¨Con qué autoridad haces estas cosas?¨” (Mc. 11, 28).

El termino griego que emplea Marcos es eksousía que aquí hemos traducido por “autoridad” y que en las escenas de las tentaciones traducimos por “poder”. De hecho, se trata de que Jesús debe mostrar poder para tener autoridad frente a la sociedad, o sólo tendrá autoridad, es decir, poder aceptado socialmente, si demuestra que tiene poder.

De esta manera los fariseos, los sacerdotes jefes, los escribas y los ancianos son asimilados al demonio. Todos ellos conforman una constelación de intereses que se enfrentan a Jesús como obra del demonio. Jesús, si quiere obrar con autoridad, debe mostrar ante ellos su poder. Pero él rechaza este poder. Es obra del demonio.

De esta manera, recoge la tradición profética que siempre se opuso al poder opresor. Es el caso de Moisés enfrentándose al poder del faraón; de Elías, enfrentándose al poder de Ajab y Jezabel; de Amós, luchando contra el poder de jeroboam. Así también Jesús rechaza el poder del demonio, que es el de Herodes al que Jesús despectivamente denomina “zorra” (Lc. 13, 32); que es el del César que debe ser echado fuera, al que no hay que pagarle tributo (Mc. 12, 17); que es el de los jefes de Israel, ciegos que guían a otros ciegos, a los que la viña les será quitada y entregada a otros (Mc. 12, 9).

Jesús se opone terminantemente, sin concesiones, al poder de las clases dominantes. Un primer problema que ahora se nos plantea es en qué sentido este poder pudo ser para Jesús una tentación. Evidentemente no podemos suponer que fue tentado por él para oprimir a las clases dominadas, a los campesinos y al pueblo pobre en general; pero sí en cambio por la oportunidad de aprovechar ese poder para realizar la liberación del pueblo, o, en otras palabras, para apresurar el advenimiento del Reino.

A los hombres idealistas, a los revolucionarios, cuando realmente están entregados a la causa, como es el caso de Jesús, el aprovechar las oportunidades que puede dar el poder dominador constituye una verdadera tentación. ¿Por qué estar luchando desde el llano, con medios escasos o insuficientes, cuando se puede aprovechar la oportunidad de manejar resortes de poder que ponen al alcance de la mano abundancia de medios con los cuales apresurar el proceso de liberación? Es ésta una verdadera tentación a la que muchos revolucionarios e idealistas han sucumbido a lo largo de la historia.

Jesús se encuentra frente a dos tradiciones firmemente asentadas en la Biblia, como hemos visto. La tradición propiamente profética, la del Mesías-siervo, que supone que la liberación, el advenimiento del Reino de Dios, se ha de hacer desde abajo, con la práctica de los pobres; y la del Mesías-rey davídico, que supone que el Reino ha de llegar por la acción fulgurante y llena de fuerza de un Rey. Se trata en este caso de una acción a realizarse desde arriba, desde el poder y la fuerza. Por otra parte, ésta era la línea en la que creían los zelotes, el partido más importante de los sectores populares.

¿Por qué motivo Jesús considero que esta posibilidad era una verdadera tentación del demonio, y no una posibilidad real de obrar para apresurar la venida del Reino? Aquí sí es pertinente la observación sobre el círculo diabólico del poder. El poder de las clases dominantes es esencialmente corruptor porque se basa en la opresión. Entrar en él es entrar en el círculo opresor-oprimido y la opresión se introyecta en el mismo sujeto que se transforma en opresor para liberar.

Jesús, retomando la línea profética, rechaza el entero ámbito de la opresión. La figura del rey davídico como liberador del pueblo, o es un engaño de las clases dominantes, o es un espejismo de los dominados que, en su impotencia, sueñan con el superhombre que los ha de liberar. Jesús condenó a tales liberadores: “Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas y los que ejercen la autoridad sobre ellas se llaman bienhechores” (euérgetai) (Lc. 22, 25).

El pueblo de Israel tenía muchos dirigentes, muchos conductores, todos ellos conocedores de la Biblia, pero Jesús los ve “como ovejas sin pastor” (Mc. 6, 34) pues en vez de pastorear las ovejas las oprimen: ve que las autoridades, en vez de cultivar la viña (Mc. 12, 1-11) la explotan. Así es siempre el poder de las clases dominantes.

“La tradición propiamente profética, la del Mesías-siervo, que supone que la liberación (…) se ha de hacer desde abajo, con la práctica de los pobres; y la del Mesías-rey davídico, que supone que el Reino ha de llegar por la acción fulgurante y llena de fuerza de un Rey”

¿Significa ello que Jesús renuncia a todo poder? ¿Se apartará por lo tanto él de toda acción política, puesto que la política necesariamente entraña búsqueda del poder o ejercicio del mismo? ¿Será cierto que Jesús se proclama completamente indiferente frente a este mundo dominado por la política? ¿Será un “alma bella” que se rehusará a obrar para no mancharse? ¿Habrá separado tajantemente su acción como acción religiosa, referida enteramente a Dios, de la acción política, referida al César? Es lo que debemos pasar a considerar.

Jesús y el poder de los pobres

En las respuestas al tentador, Jesús siempre recurre al Deuteronomio, el libro que concibe a la sociedad con la lógica del sistema de la deuda-don. El demonio le habla con la lógica de la acumulación. En las tentaciones, el tema central es el poder, que supone necesariamente riqueza, poder y prestigio (mammón, eksousía, dóksa). Jesús le responde con otra lógica, la del don o reparto.

En efecto, frente a la invitación a la demostración personal, individual de fuerza de convertir la piedra en pan, Jesús acude al poder de Dios: “El Hombre no vive solamente de pan” (Lc. 4, 4). Mateo Completa la frase del Deuteronomio: “Sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4, 4).

El texto del Deuteronomio está ubicado en el contexto de la travesía del desierto, donde el pueblo fue probado en su fidelidad al sistema del don sintetizado en el Decálogo. Ésta es la frase en su contexto: “Cuiden de cumplir con los mandamientos que hoy les ordeno, para que puedan vivir y ser numerosos y conquistar la tierra que prometió Yavé con juramentos a sus padres. Acuérdate de todos los caminos por donde te ha conducido Yavé, tu Dios, en el desierto, por espacio de cuarenta años para probarte y humillarte y conocer lo que había en tu corazón: si ibas o no a guardar sus mandamientos. Y después de tus pruebas, cuando pasaste hambre te dio a comer maná, que ni tú ni tus padres habían conocido, para mostrarte que no sólo de pan vive el hombre, sino todo lo que sale de la boca de Dios es vida para el hombre” (Dt 8, 1-3).

El lugar de la tentación es el desierto. Ya sabemos el motivo. Es el lugar del caos. Allí habitan tanto el tentador como Dios. También el pueblo, durante su travesía, fue tentado; pero entonces por Yavé, para saber si era capaz de vivir de acuerdo con la lógica del don, o sea, de las diez palabras o decálogo. La abundancia no se crea mediante el acto individualista del Superhombre, sino con el cumplimiento del decálogo, mediante la mutua donación que es también donación del hombre a Dios y de Dios al hombre. El problema del hambre no se soluciona haciendo un milagro para satisfacer el hambre individual, ni, como se lo hará entender más tarde a los discípulos, llevando dinero para comprar pan – pues ello significa acumulación individual – sino siendo fieles a Dios, es decir a las diez palabras, al amor a Dios y al prójimo, o, en otros términos, compartiendo.

A las otras dos tentaciones, la de adorar al demonio para recibir el poder y la gloria de todos los reinos de la tierra, y la de arrojarse desde lo alto del Templo, para que todo el pueblo admire el poder de Jesús al caer a tierra sin el menor daño, Jesús responde con frases que pertenecen al capítulo sexto del Deuteronomio. El tema de este capítulo es la observancia del decálogo que fue formulado en el anterior, y especialmente el amor a Yavé. Allí se dice al pueblo: “Escucha, pues, Israel, guárdalos (a los mandamientos o palabras) y ponlos en práctica. Así te irá bien y te multiplicarás en esta tierra que mana leche y miel, como lo prometió Yavé, el Dios de tus padres” (Dt. 6, 3). Como se ve, la abundancia está ligada a la observancia de las diez palabras, o sea, a la práctica del don.

Luego, desde el versículo 10 al 19, el tema está centrado en el amor que se debe a Yavé, el único, con exclusión de todos los demás dioses. “Temerás a Yavé tu Dios, a él servirás e invocarás su nombre si debes hacer algún juramento. No vayas tras otros dioses… No pondrás a prueba a Yavé, como lo hiciste en el desierto. Guarda los preceptos, los mandamientos y las normas que te ha dado. Haz lo que es recto y bueno a los ojos de Yavé, para que seas feliz. Haz lo que es recto y llegues a tomar posesión de la espléndida tierra que prometió con juramento a tus padres, pues él destruirá delante de ti a tus enemigos” (Dt. 6, 13-14; 16-19).

Las tentaciones del demonio quieren sacar a Jesús de esta lógica del don, lógica comunitaria, según la cual los hombres deben vivir los unos para los otros, de acuerdo con las normas del berith. En este vivir de los unos para los otros, está el vivir para Yavé, el cual a su vez vive para la comunidad, para el pueblo. Todo esto es posible cumpliendo los mandamientos.

Jesús no ha de adorar un ídolo, el demonio que es aquí el poder y el prestigio, pues ello sería adorar a otros dioses frente al único Señor que solo puede ser Señor, paradójicamente en el espacio de la liberación que es mutuo don: no puede “tentar” a Dios queriendo utilizarlo para su beneficio personal, manipulándolo mágicamente. Jesús retoma la lógica del don a la que está prometida la “tierra que mana leche y miel”.

De esta manera él no renunció a todo poder, sino sólo al poder idolátrico, el de las clases dominantes, para optar por otro poder, el de Yavé, que solo se realiza en el seno del pueblo pobre, por cuanto Yavé, por medio del berith, sólo actúa por medio de su pueblo. Frente al poder que viene de arriba, el poder opresor que encierra en su diabólico circulo a quien lo toca, el poder que viene de abajo, poder liberador, el poder del amor de los oprimidos.

Es éste el poder del que hizo uso Moisés para liberar al pueblo hebreo. Él participa del poder de los opresores, pues pertenecía a la corte del faraón. Pero no pudo aprovechar esa situación para la liberación del pueblo oprimido. Para ello hubo de cambiar de lugar social, pasarse a los oprimidos. Allí encontró a Yavé y todo su poder liberador, con el cual pudo conducir al pueblo hasta las puertas de la tierra prometida.

Jesús expresó gráficamente este poder mediante la parábola del grano de mostaza: “Es semejante (el Reino de Dios) a una semilla de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra. Pero una vez sembrada crece y se hace más grande que todas las plantas del huerto. Entonces echa raíces tan grandes que los pájaros del cielo pueden refugiarse bajo su sombra” (Mc. 4, 31-34). El grano de mostaza, “la más pequeña de todas las semillas”, es la práctica del pobre. Ésta es la más pequeña de todas las practicas. Está completamente desprovista de poder, de prestigio y de riquezas. ¿Qué se puede hacer con ella? Jesús descubre que esta carencia es meramente aparente, es un espejismo que se padece desde los sectores de la riqueza y el privilegio: que en realidad la práctica del pobre es poderosa, rica y prestigiosa. Tan es así que se siembra y luego se transforma en la planta más grande. Es decir, toda la sociedad resulta transformada por la práctica del pobre.

Ello es así porque en esa práctica, que brota del amor entre los pobres, del don entre ellos y con Dios, está presente Dios y todo su poder. Este poder no tiene las apariencias del poder de los ricos, los que viven según la lógica de la acumulación, pero en realidad es muchísimo más efectivo, tan efectivo que creará abundancia para todos y sobrará.

La práctica del pobre “es semejante a la levadura que una mujer mezcla con tres partes de harina, hasta que toda la masa fermenta” (Mt. 13, 33) o como “la sal de la tierra” (Mt. 5, 13). La levadura, en la medida en que realiza su trabajo con eficacia, desaparece, pero impregna, transforma toda la masa; la sal desaparece, pero impregna completamente el alimento. De la misma manera la práctica del pobre no tiene el brillo, el prestigio, la dóksa de la práctica de los líderes de los sectores dominantes.  Es humilde, se realiza comunitariamente, de forma escondida, pero tiene la máxima eficacia. Todo es transformado por ella. El Reino de Dios comienza a ser una realidad.

El poder como Diaconía

Naturalmente que esto conlleva una nueva concepción del poder. Jesús la explicitará a sus discípulos momentos antes de la insurrección popular en la que la pondrá en práctica, según la narración de Marcos. Mateo le da el mismo encuadre (Mt. 20, 20-28), mientras que Lucas sitúa la explicación en el contexto de la Última Cena (Lc. 22, 24-30). De cualquier manera, el contexto en los tres sinópticos es el que precede inmediatamente a los acontecimientos que precipitarán la muerte de Jesús –Mateo y Marcos- o se sitúa en el corazón mismo de los acontecimientos –Lucas-. Son los momentos decisivos en los que lo que Jesús hace y dice adquiere una relevancia especial.

Según el evangelio de Marcos ya se ha producido la decisión de Jesús de salir de Galilea, después del reconocimiento por parte de Pedro de su mesianismo (Mc. 8, 29-30) e ir a Jerusalén a enfrentar al poder opresor en su mismo centro. Evidentemente se está viviendo entre los discípulos un clima afiebrado. Se presienten grandes acontecimientos. Entonces se adelantan los hijos de Zebedeo –Juan y Santiago- para pedirle a Jesús los primeros puestos en la instauración del Reino que sin duda se siente cercana (Mc. 10, 35-40). Al enterarse los demás discípulos se enfuerecen contra los dos que se les habían adelantado (Mc. 10,41).

Entonces interviene Jesús expresando estos conceptos fundamentales en torno al poder: “Los que son tenidos por jefes (árchein) de las naciones, se enseñorean (katakyriéuousin) de ellas; y los grandes de entre ellos, ejercen poder (katekyriéuousin) sobre ellas” (Mc. 10,42). Ahora vienen las recomendaciones para los discípulos: “No así pues, será entre ustedes; sino el que quiera ser grande, será servidor (diákonos) de los demás: y el que quiera ser el primero de ustedes, será el siervo (doúlos) de todos: porque aún el Hijo del Hombre no vino a ser servido (diakonethénai) sino a servir (diakonesai)” (Mc. 10, 43-45).

Se está hablando del poder. Los discípulos disputan sobre la manera de ejercerlo cuando se instaure el Reino que presienten cercano. Jesús va a contestar sobre el mismo tema, explicando cuándo el poder es del demonio opresor, y cuándo es de Dios liberador.

En primer lugar, el poder opresor. Los términos mediante los cuales lo caracteriza son gráficos: “jefes”, traducción de un término griego (arché) que significa, por una parte, principio, causa primera, fundamento, y por otra, mando, dominio, autoridad. Evidentemente aquí la palabra está tomada en este segundo significado. Los jefes, dice Jesús, “se enseñorean”, se hacen “señores” es decir, dominadores, y “ejercen el poder”, esto es, oprimen. El jefe se hace “señor” (kyrios), ejerce el poder (eksousía), lo que equivale a oprimir. Todo esto es condenable. Jesús lo condena. Después de la condenación viene la propuesta. El que quiera ser grande, primero, no se hará kyrios, sino doúlos –siervo-; no se hará arché sino diákonos –servidor-, de manera que no va a “enseñorearse” o a “ejercer el poder”, sino que va a “servir”.

Esto significa subvertir completamente los conceptos. Los antiguos conceptos de mando, dominio, señorío, son declarados odres viejos que deben ser tirados a la basura, y reemplazados por odres nuevos, cuales son los conceptos de servicio y diaconía. Entendidos estos conceptos en el contexto monista de los profetas, nunca pueden dar lugar a la monstruosa concepción dualista de dominar materialmente, efectivamente, para “servir” espiritualmente. Autoridades eclesiales embebidas de poder, prestigio y dinero pretenden ser “siervos”. Hasta los dictadores militares, asesinos y torturadores, tienen la pretensión de estar “al servicio” de los más altos intereses de la comunidad.

“El que quiera ser grande, será servidor (diákonos) de los demás: y el que quiera ser el primero de ustedes, será el siervo (doúlos) de todos: porque aún el Hijo del Hombre no vino a ser servido (diakonethénai) sino a servir (diakonesai)” (Mc. 10, 43-45)”

Insurrección popular y toma del Templo

El capítulo decimoprimero del evangelio de Marcos señala el final del camino que Jesús ha emprendido desde Galilea hacia Jerusalén, desde el momento del reconocimiento de su mesianismo por parte de Pedro (Mc. 8, 29-30). En las cercanías de Jerusalén se produjo la discusión sobre el poder que hemos comentado. A ella sigue la curación del ciego de Jericó (Mc. 18, 46-51), y luego viene el capítulo decimoprimero, con la entrada de Jesús en Jerusalén.

En Marcos 11, 1-3 se narran los preparativos clandestinos que ya hemos comentado, comparándolos con los de la cena. Todo se realiza según lo planeado (Mc. 11, 4-6), y, en consecuencia, “trajeron el asno a Jesús, le pusieron sus capas encima y Jesús montó en él. Muchos extendieron sus capas a lo largo del camino, y otros, ramas cortadas de los árboles. Tanto los que iban delante como los que seguían a Jesús gritaban ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el Reino que viene de nuestro Padre David! ¡Hosanna en las alturas!” (Mc. 11, 7-10). Así entró Jesús en Jerusalén y se fue al templo, y después de revisarlo todo, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania” (Mc. 11, 11). Al día siguiente, al volver a Jerusalén, Jesús maldice a la higuera que no da frutos (Mc. 11, 12-14) y “llegaron a Jerusalén, y Jesús fue al templo. Ahí comenzó a echar fuera a los que se dedicaban a vender y comprar en el templo. Tiró al suelo las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los vendedores de palomas, y no dejó que transportaran cosas por el templo. Y les hizo esta advertencia: “¿No dice Dios en la Escritura: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones”” (Mc. 11, 15-17).

Los sacerdotes jefes y los escribas al saber esto, se preguntaron cómo lo matarían: porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba admirada de su doctrina (Mc. 11, 18-19.).

Esta sucesión de escenas culmina con la constatación de que la higuera maldecida se ha secado (Mc. 11, 20-26).

Varios puntos de suma trascendencia se presentan a nuestro análisis:

El centro de todo este relato lo ocupa la insurrección popular, conocida comúnmente como “entrada triunfal en Jerusalén”. El clima insurreccional no es nuevo en Palestina. Se lo vive desde el siglo II a. de C. a partir de la ocupación griega realizada por Alejandro Magno, y especialmente a partir de Antíoco IV Epífanes (175-164 a. de C.), rey seléucida que pretendió hacer perder al pueblo judío su identidad, para lograr la homogeneización del imperio.

Los libros de los Macabeos narran la atmósfera de insurrección que vive el pueblo, atmósfera que se continúa en la época de la ocupación romana, a partir del 63 a. de C., cuando Pompeyo se apodera de Jerusalén. Se suceden los movimientos mesiánicos, cuyos actores principales son los zelotes, que culminarán con los alzamientos del 66 y de 131 d. de C. cuando Pompeyo se apodera de Jerusalén. Se suceden los movimientos mesiánicos, cuyos actores principales son los zelotes, que culminarán con los alzamientos del 66 y de 131 d. de c. y la total destrucción y dispersión del pueblo judío.

La insurrección nos coloca en un clima apocalíptico y esto tiene extraordinaria importancia. Más adelante desarrollaremos ampliamente las características del movimiento apocalíptico, pero es necesario desde ahora tener presente que, si en toda la práctica de Jesús dicho movimiento tiene mucha importancia, encontrándose íntimamente relacionado con el profético, en las escenas estamos comentando adquiere una relevancia de primer orden, tanto que, luego de las discusiones con las autoridades del pueblo judío, Jesús desarrollará ampliamente su concepción apocalíptica de la realidad.

Jesús lidera esta insurrección montando un asno. Esto adquiere una significancia particular. No significa que Jesús esté contra la violencia. Un movimiento apocalíptico que esté en contra del uso de la violencia es un contrasentido. El uso del asno y no del corcel alude directamente al ideal de la confederación, cuando los campesinos israelitas luchaban en asnos, y el jefe circunstancial también iba montado en un asno, en contra de los ejércitos monárquicos que iban en corceles, como vimos.

Es este mismo ideal que había sido evocado por el profeta Zacarías: “Salta llena de gozo, oh hijo de Sion. Lanza gritos de alegría, hija de Jerusalén. Pues viene tu rey hacia ti; él es santo y victorioso, humilde y va montado sobre un burro, sobre el hijo pequeño de una burra. Destruirá los carros de Efraim y los caballos de Jerusalén. Desaparecerá el arco con flechas y dictará la paz a las naciones. Extenderá su dominio desde el mediterráneo hasta el mar rojo y desde el Éufrates hasta el fin del mundo” (Zac. 9, 9-10).

Aparece claramente la contraposición entre el asno del rey y los carros y caballos de los enemigos. El asno, símbolo de los campesinos, los pobres; y los carros y caballos, símbolo de los ejércitos monárquicos. Los pobres, liderados por su rey, vencerán a los ejércitos de las monarquías, y “desaparecerá el arco con flechas”, se inaugurará la paz del reino mesiánico.

La confederación campesina es comunista. Es el comunismo el que se pone en marcha con la insurrección. En efecto, un poco más adelante, en el capítulo decimocuarto, Marcos relatará la cena, el reparto del pan entre los pobres.

Hemos visto que los preparativos de la insurrección fueron clandestinos. Pero no es éste el único signo de clandestinidad que nos presentan los textos que estamos analizando. Después de entrar en Jerusalén y en el templo, “salió con los Doce para Betania” (Mc. 11, 11). Ya hemos visto que Betania es uno de los lugares donde Jesús se esconde. Finalmente, después de echar a los mercaderes del templo, “al anochecer salió de la ciudad” (Mc. 11, 19).

De día Jesús no tiene miedo, se mueve con libertad, porque tiene el apoyo del pueblo enfervorizado que, acompañándolo, ha experimentado el triunfo sobre sus odiados enemigos y opresores, al apoderarse del templo y arrojar de allí a los mercaderes, el negocio de los sacerdotes. Marcos relate que los sacerdotes jefes y los escribas “le tenían mucho miedo, ya que su enseñanza producía un gran impacto entre la gente” (Mc. 11, 18).

El problema era de noche, cuando la gente se retiraba a descansar. En esos momentos Jesús toma precauciones, sale de la ciudad que se ha tornado insegura y recurre a algunos escondites que tiene preparados. La clandestinidad es el lugar fértil donde germinan los apocalipsis. Es el contexto en el que es necesario leer el apocalipsis del capítulo decimotercero, junto al contexto clandestino de la comunidad romana a quien va destinado.

La insurrección que Jesús lidera tiene todos los rasgos de una insurrección zelote, apareciendo Jesús como un líder zelote. En efecto, la multitud gritaba “¡Hosanna en las alturas!” (Mc. 12, 20). “¡Hosanna!” significa “¡Sálvanos!”. ¿De quién? Si luego se habla de la instauración del reino davídico, evidentemente el pueblo clama a Jesús que lo salve de sus opresores, los romanos, y todos sus aliados internos.

El sentido es completamente claro. Pero aparece todavía con más claridad si efectivamente la traducción correcta no es “¡Sálvanos en las alturas o en los cielos!” sino “¡Sálvanos de los romanos!”.
Otro grito de la multitud era: “¡Bendito (eugeménos) el que vine en nombre del Señor (Kyrios)” y “¡Bendito (eugeméne) el reino que viene de nuestro padre David!” (vv. 10-11). Ya conocemos el significado de la bendición. En este caso sobresale particularmente su significado político. La bendición es el augurio de victoria sobre el enemigo, el romano y sus aliados.

Jesús viene en nombre del único Kyrios, el único Señor, y viene para instaurar el reino davídico. No podemos menos de notar aquí una contradicción entre el asno que monta Jesús y el único Kyrios en cuyo nombre entra en Jerusalén y toma el templo, por una parte, y la alusión al comienzo o restauración del reino davídico, por la otra. El asno apunta a la confederación en la cual no existía el Estado, es decir, la monarquía davídica, que se estableció en contra de los ideales libertarios e igualitarios representados por la antigua confederación. ¿Cómo se explica esta contradicción? Su explicación no nos parece complicada si tenemos en cuenta que se trata fundamentalmente de un hecho político protagonizado por los zelotes. Evidentemente, la masa popular que sigue a Jesús está formada por elementos pobres, cuya expresión política más connotada era la de los zelotes. Por otra parte, los eslóganes que se agitaron: ¡Hosanna! ¡Bendito el Reino davídico que viene!, eran zelotes. Junto a estos estaba el grupo de Jesús. Este tiene un proyecto con características propias, distinto en varios aspectos del proyecto zelote. El proyecto de Jesús está simbolizado por el asno, el de los zelotes, por la aclamación del reino davídico. Ahora bien, en todo movimiento político en el que confluyen fuerzas que tienen una gran franja de intereses comunes frente a un enemigo común, es natural que se expresen los matices distintos de los proyectos de las distintas fuerzas. En este sentido debe destacarse cómo Jesús no se mantiene en una actitud purista intransigente a nivel ideológico. Lo importante por el momento es enfrentar al poder opresor movilizando a todos los sectores populares. Además, como veremos, Jesús irá perfilando su estrategia a medida que el proceso avance.

La maldición de la higuera que no frutos se produce en dos tiempos significativamente entrelazados con la toma del templo y la expulsión de los mercaderes. En efecto, Jesús la maldice –según el relato de Marcos- luego de la toma del templo al frente del pueblo, y el efecto de la maldición a los mercaderes. La expulsión de los mercaderes es la condenación de la religiosidad del templo con todo lo que ello significa – economía de acumulación, política de poder de las clases dominantes, religiosidad cultural, de la pureza-. Así como la higuera se secó después de la maldición, también acontecerá con el templo.

No caben dudas de que la higuera significa el templo. El texto subraya que “no era tiempo (kairos) de higos” (Mc. 11, 13), significando con ello que la maldición no está dirigida directamente a la higuera, sino a lo que ella representa, el templo. El que no da frutos es el templo. Los frutos que debiera dar son los de liberación del pueblo, realización de la comunidad de hermanos donde se reparta el pan, donde los hombres puedan amar los unos a los otros. En cambio de ello, sirve para legitimar la opresión y es su mismo centro, el lugar donde se guarda el tesoro que sale de las manos de los campesinos, el lugar donde los sacerdotes hacen sus negocios aprovechando el sentimiento religioso del pueblo.

Desde ese momento el templo ha sido condenado a la destrucción. Los sacerdotes jefes y los escribas lo supieron muy bien, por lo cual “buscaban como lo matarían” (Mc. 11, 18). El texto esta inmediatamente después de la expulsión de los mercaderes, e inmediatamente antes de la constatación del efecto de la maldición sobre la higuera.

Discusiones Ideológicas – políticas

En este contexto insurreccional, en presencia del pueblo enfervorizado por el triunfo sobre sus enemigos tradicionales se produce una acalorada discusión ideológica – política entre Jesús y representantes de los sectores dominantes. El evangelio de Marcos las distribuye a lo largo del capítulo decimoprimero, inmediatamente después de la expulsión de los mercaderes, y del capítulo decimosegundo. Las seguiremos en el orden en que las dispone el Evangelio.

Pero es menester, para interpretarlas correctamente, tener presente el contexto en el que se realizan y los objetivos que persiguen:

1. El contexto es el de un pueblo insurreccionado que se ha apoderado de la ciudad y del templo. La victoria que ha obtenido evidentemente no es decisiva, y los hechos lo probaran fehacientemente, pero en los momentos en que se produce la discusión se sienten vencedores, en situación de imponer condiciones. Las condiciones estarán teñidas por la exaltación que se vive en esos momentos.

2. El objetivo que persiguen tanto Jesús como sus enemigos es ganarse al pueblo, obtener su aprobación y la descalificación del adversario. Esto reviste importancia. Será necesario interpretar en cada intervención de Jesús el momento estrictamente político, dirigido a descalificar al adversario frente al pueblo, y el momento del mensaje, es decir, lo que Jesús quiere transmitir como fondo, como significado ultimo de su intervención.

En las intervenciones de Jesús siempre están presentes ambos momentos. Si se los tiene en cuenta, no se caerá en el error de dogmatizar lisa y llanamente sobre ellas. El pueblo, a su vez, interviene aprobando, desaprobando, aceptando, rechazando. Se vuelve a producir la actuación de los tres actores que hemos visto en el capítulo IV de la segunda parte.

Primera Escena: Legitimidad de la práctica de Jesús

Lo primero que entra en discusión es la legitimidad de la práctica de Jesús: “Se le acercaron los sacerdotes Jefes, los escribas y los ancianos” (Mc. 11, 27). Son los representantes de la totalidad de las clases dominantes, pues a todas ha dañado Jesús con su práctica.

La respuesta de Jesús contiene los dos momentos indicados, el político y el del mensaje, poniendo en primer lugar el político, pues se trataba de destruir el ataque que acababa de sufrir.

 En la pregunta – trampa que le hacen se supone que la legitimidad de la práctica de Jesús podía provenir de dos fuentes: o de la autorización recibida por parte de quienes podían autorizar en nombre de Dios, es decir, de parte de los componentes del Sanedrín –sacerdotes jefes, escribas y ancianos – o de una demostración de poder que hiciese Jesús para mostrar que actuaba en nombre de Dios.

Evidentemente a Jesús no lo podía haber autorizado el Sanedrín, pues su actuación dañaba sus intereses; ni podía recibir autorización mediante la demostración de un poder que pertenecía a la lógica de la dominación, como ya lo hemos examinado a propósito de las tentaciones y de la “señal del cielo” que le pedían los fariseos.

El trasfondo, o sea el mensaje, que contiene la respuesta de Jesús es que su práctica está legitimada por Dios y eso aparece con claridad en cuanto el Bautista lo anunció como envidado por Dios; pero como Dios está presente en el pueblo pobre, se lo otorgó mediante el poder que le dio el pueblo.

Sin embargo, Jesús trasmite el mensaje políticamente, reduciendo al silencio a sus enemigos: “Jesús les contestó: Les voy a preguntar una sola cosa. Si me contestan les diré con qué autoridad (eksousía) lo hago: ¿El bautismo de Juan era del cielo o de los hombres?” Ellos comentaban entre sí: si decimos “del cielo”, dirá: “¿Por qué, pues, no creen en él?” Pero, ¿Vamos a decir “de los hombres”? Tenían miedo de la gente. Todos en efecto pensaban que Juan era verdaderamente un profeta. Por eso respondieron a Jesús: “No Sabemos”, y Jesús les contesto: “Tampoco yo les digo con qué autoridad hago estas cosas” (Mc. 11, 29-33).

Subrayamos que los enemigos de Jesús “tenían miedo a la gente”, al pueblo presente. Jesús, políticamente, les planteó una cuestión que ellos no podían resolver satisfactoriamente para sus intereses, por miedo al pueblo presente, Jesús, aquí, no es ni el “alma bella” ni “el profeta del amor acósmico”, ni el “rey de otro mundo”, sino el hombre que emplea la astucia para no caer en la trampa de sus adversarios y para hacer caer a éstos en la suya.

Segunda Escena: Los viñadores asesinos (Mc. 12, 1-12)

Avanzando en la discusión, Jesús comparó a las autoridades de Israel con unos viñadores a los que el dueño les alquilo su viña. Ellos intentaron adueñarse de ésta y mataron a cuantos el verdadero dueño envió para cobrar la parte de los frutos que le correspondía. Finalmente, el dueño manda a su propio hijo, quien corre la misma suerte.

El relato – parábola – termina: “Díganme, ¿Qué hará entonces el señor (kyrios) de la viña? Vendrá, dará muerte a esos trabajadores y entregará la viña a otros. ¿No has leído el pasaje de la Escritura que dice: la piedra que los constructores desecharon llegó a ser la piedra principal del edificio –(literalmente: cabeza del ángulo)? De parte del Señor se hizo esto y es cosa maravillosa a nuestros ojos” (Mc. 12, 9 -12).

Las alusiones eran de una claridad meridiana. El viñador es Dios. La viña es el pueblo de Dios, como ya lo hemos visto al comentar el pasaje de Isaías (Is. 1 – 7; 27, 1 – 13), que ha sido confiado a las autoridades. Éstas, en lugar de considerarse simples delegadas para cuidar, cultivar, limpiar y regar la viña, se consideraron dueñas y la explotaron. En consecuencia, Dios castigará a los culpables y pasará la viña a otros. La bendición, con todo lo que ella significa, pasará a otras manos.

La alusión fue comprendida sin lugar a dudas. “Pretendieron apoderarse de él, pero tuvieron miedo de la gente: comprendieron, en efecto, que la parábola se refería a ellos. Y dejándolo se fueron” (Mc. 12, 12). Jesús gana la discusión. El pueblo amotinado está con él. Sus enemigos temen al pueblo.

Todavía debemos remarcar dos elementos de esta escena: por una parte, que los otros a los que aquí se refiere Jesús son sin duda los paganos. El evangelista tiene en cuenta la comunidad de Roma a la que se dirige. Por otra parte, la figura de la viña para expresar al pueblo prepara el terreno para interpretar la célebre escena del “tributo al César”.

Tercera escena: El tributo al César (Mc. 12, 13-L7)

Viene luego la célebre y tergiversada escena del impuesto al César. La reproduciremos tal cual la relata Marcos, porque toca un aspecto importante del mensaje de Jesús. Además, es la escena que clásicamente se cita para probar la separación de lo político con relación a lo religioso. Es menester no mezclar los asuntos que se refieren a Dios con los que se relacionan con la política. De esta manera, por ejemplo, se pretende condenar a los cristianos, y sobre todo a los sacerdotes, que toman un compromiso activo junto a las clases populares.

El relato dice así: “Enviaron donde Jesús a algunos fariseos junto con partidarios de Herodes. Esa gente venía con una pregunta que era una verdadera trampa. Y dijeron a Jesús: ¨Maestro, sabemos que eres sincero y no te preocupas de quien te oye, ni te dejas influenciar por él, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios. Dinos, ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?¨ Pero Jesús, desenmascarándolos, les dijo: ¿Por qué me ponen trampas? Tráiganme una moneda para verla. Le mostraron un denario y Jesús les preguntó: ¿De quién es esta cara y lo que está escrito? Ellos le respondieron: Del César. Entonces Jesús les dijo: Lo que es del César, devuélvanselo al César y lo que es de Dios, a Dios. (Mc. 12, 13-17).

Para interpretar correctamente la escena es menester primero conocer la posición de los distintos sectores sociales frente al problema del impuesto, que era objeto de amplios debates en esa época en Palestina. En un extremo se ubicaban los zelotes, quienes en su estrategia de enfrentamiento al Imperio Romano incluían la negativa a pagar el impuesto. En el extremo contrario, los colaboracionistas en general – como herodianos, saduceos, sacerdotes- quienes propagaban que era necesario pagarlo. En el medio los fariseos, teóricamente pensaban que no había que pagarlo, pero en la práctica lo pagaban. Típico comportamiento de los sectores medios. Siempre incluimos a los fariseos entre las clases dominantes porque en la práctica su política dependía de la de aquellas.

Si nos fijamos bien en la respuesta que da Jesús a la pregunta tramposa que le dirigen los fariseos y herodianos, veremos que se centra en la imagen, en la cara del César. Siendo del César debe ser devuelta a él, es decir, debe ser arrojada fuera. En otras palabras, no hay que pagar el tributo. Rechazo abierto del impuesto y, en consecuencia, también de la ocupación.

Por otra parte, “lo que es de Dios, a Dios” ¿Qué es de Dios? La viña, el pueblo oprimido. Es necesario tener una práctica de acuerdo con la tradición profética, la del reparto del pan, la del óbolo de la viuda… y entonces el pueblo será de Dios. Jesús habla aquí del Dios de su práctica, el Dios de los vivos, del que tratará directamente en la próxima discusión. El Dios de la práctica de Jesús está diametralmente opuesto al César, el elemento central del poder económico opresor.

La pretendida separación entre Dios y política, entre lo religioso y lo político, no tiene ningún asidero en esta discutida frase de Jesús. De ninguna manera podría Jesús predicar una separación entre lo sagrado y lo profano, entre lo religioso y lo político, pues se inscribe plenamente en el ámbito de la tradición que, como sabemos, es monista.

Además, el contexto en el que se da la discusión coloca a Jesús en una posición totalmente contraria al dualismo de la interpretación tradicional. En efecto, Jesús viene de liderar insurrección política, de haber tomado el templo y arrojado violentamente a los mercaderes. Son hechos de denso contenido político. Poco después compartirá en una casa anónima, profana. Por otra parte, léase detenidamente no sólo el evangelio de Marcos, sino todos los demás evangelios, se verá a Jesús asumiendo un compromiso pleno, totalmente ajeno al contexto dualista de la religión.

Convivencia anual del IEME

El IEME aborda el primer anuncio como “una pastoral en clave misionera”

El Instituto Español de Misiones Extranjeras celebra su convivencia anual para sacerdotes y diáconos

Por LUIS CARLOS RILOVA HURTADO

Con el hilo conductor ‘El Primer anuncio: una pastoral en clave misionera’, se ha celebrado del 9 al 12 de enero de 2023 la 42 Convivencia de Animación Misionera para sacerdotes y diáconos que el IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras) ofrece todos los años en enero. Se trata de un espacio de encuentro y formación donde compartir la amistad, intercambiar experiencias e inquietudes y conocer diferentes realidades misioneras que nos ayuden a recobrar y acrecentar el ímpetu apostólico en la dulce y confortadora alegría de evangelizar.

Este año se desbordaron las previsiones y han participado una veintena de sacerdotes provenientes de las diócesis de Orense, Santiago de Compostela, Oviedo, Zamora, Astorga, León, Burgos, Bilbao, Calahorra-Logroño, Cuenca, Cartagena, Jaén, Almería y Tenerife.

El fin de la Iglesia de Cristiandad

El segundo día, parte del Equipo de Primer Anuncio de la CEE, Tote Barreda, antiguo director de cursos Alpha y cofundador de Pastores Gregis Christi, y Jesús Úbeda, vicario de Primer Anuncio de la diócesis de Getafe, dirigieron la reflexión partiendo del cambio de paradigma cultural actual.

El final de la época de una Iglesia de Cristiandad ha llegado y ya no podemos dar por supuesta la fe en tantos bautizados que se acercan a las parroquias como usuarios que consumen sacramentos y catequesis pero que no se han encontrado con Jesús ni le conocen. Urge pasar a otro modelo, el de una Iglesia que evangeliza y prepara discípulos para enviarlos a la misión.

Oportunidades y dificultades

En el contexto de un mundo secularizado, los métodos de primer anuncio son como la chispa que provoca la conversión personal pero deberán completarse con itinerarios y procesos que formen verdaderos discípulos misioneros. La ponencia abrió paso a la reflexión por grupos con el objetivo de descubrir las oportunidades y dificultades para embarcar a las parroquias en esta dinámica.

En la tarde, Julián Palencia, sacerdote de la diócesis de Burgos, nos ofreció su testimonio de búsqueda hacia un modelo de parroquia de discípulos y misioneros ayudándonos a ser creativos, dejando de lado esquemas y modelos pasados y poner manos a la obra porque “no existen varitas mágicas”.

Otros encuentros

En la mañana del tercer día, José Antonio Cano y Angelines Morales, miembros de la Comisión Permanente de la Acción Católica General (ACG) presentaron el proyecto y los materiales de los obispos españoles de cara a la evangelización y formación de discípulos misioneros.

El proyecto “Encuentros Cuatro-40” es un itinerario que abarca desde la infancia, pasando por la juventud hasta la madurez, y ayuda a provocar la conversión y el encuentro con Jesús, la formación del corazón del discípulo, y su vocación que lo alienta a la misión.

Itinerarios que acompañan

En la tarde nos desplazamos a la localidad de Villanueva de la Cañada donde tuvimos un encuentro con el párroco de San Carlos Borromeo, Gonzalo Pérez-Boccherini, y con Myriam Gahinet, miembro del consejo de evangelización de la parroquia y responsable de los cursos Alpha en España, con el objetivo de conocer cómo trabajan la convocatoria del primer anuncio y los itinerarios que acompañan y forman discípulos misioneros.

La Eucaristía de cada día y los momentos de oración funcionaron como catalizador del encuentro junto a los abundantes momentos de convivencia que ayudan al enriquecimiento personal y el intercambio de experiencias como salidas a la ciudad, concierto de Joaquín Achúcarro y de la Orquesta Sinfónica de Madrid en el Auditorio Nacional, compartir y degustar los productos típicos de cada región…

Durante este curso, tres sacerdotes se preparan para salir en breve, a través del IEME, a la misión ad gentes: Jesús Campos (Zamora), Pablo Jareño (Cartagena) y Alejandro Rodríguez (Oviedo).

Semana de oración por la Unidad de los cristianos (18-25 enero)

Unidos para el bien y la justicia. Octavario oración por la unidad de los cristiano

La ortodoxia de la fe cristiana – El que cree tiene ya la vida eterna- pasa por la ortopraxis del amor – venid benditos de mi Padre porque tuve hambre y me distéis de comer-. El camino del ecumenismo ha de ir por la misma senda en la que Dios se nos ha revelado: en la humanidad, por la encarnación. El hombre es el camino para llegar a Dios. Por eso la fe y la justicia van de la mano y caminan por la paz. Don Celso Morga anima a vivir unidos en el camino del bien y de la justicia a sus diocesanos.

Por| José Moreno Losada

“HAZ EL BIEN; BUSCA LA JUSTICIA” (Cf Isaias, 1,17)

Una vez más, a comienzo de año en torno a la fiesta de la conversión de San Pablo apóstol, la Iglesia nos propone celebrar la semana de oración por la unidad de los cristianos. En esta ocasión tanto la elección del tema del octavario, como la preparación de los materiales, ha sido llevado a cabo por un grupo de cristianos de los Estados Unidos de América (EEUU) convocado por el Consejo de Iglesias de Minnesota.  Este grupo eligió un versículo del primer capítulo del profeta Isaías como el texto central de la Semana de Oración: “aprended a hacer el bien, tomad decisiones justas, restableced al oprimido, haced justicia al huérfano, defended la causa de la viuda” (1,17).  De ahí nace el lema de la semana: “Haz el bien; busca la justicia”.

Isaías desafió al pueblo de Dios en su tiempo a aprender a hacer el bien juntos; para buscar juntos la justicia, para rescatar juntos a los oprimidos, para defender juntos al huérfano y a la viuda. El desafío del profeta se aplica igualmente a nosotros hoy. ¿Cómo podemos vivir nuestra unidad como cristianos afrontando los males e injusticias de nuestro tiempo? ¿Cómo podemos entablar un diálogo, aumentar la sensibilidad, la comprensión y el entendimiento recíproco de la propia experiencia vital? Las oraciones y encuentros del corazón programados en estos días tienen el poder de transformarnos, individual y colectivamente. Estemos abiertos a la presencia de Dios en todos estos encuentros en los que se obrará nuestra transformación, para desmantelar los sistemas de opresión y sanar los pecados del racismo. Juntos, trabajemos en la lucha por la justicia en nuestra sociedad. Todos pertenecemos a Cristo. Este octavario podrá ayudarnos a traer ante Dios, para orar como hermanos, los males y sufrimientos que aquejan a nuestro mundo, a toda la humanidad y que también afectan a nuestro planeta. Será un tiempo especial para poder descubrir también la dimensión sociocaritativa de nuestra fe, de hacerlo junto a los demás hermanos cristianos, sabiendo de la interrelación entre la ortodoxia y la ortopraxis, entre la fe y el amor, uniendo textos entrañables bíblicos como el de Juan cuando nos dice que “el que cree tiene ya la vida eterna” (Cfr. Jn 3,15) y el de Mateo cuando nos habla del juicio final y afirma “venid benditos de mi Padre, porque tuve hambre, sed… y me distéis de comer, beber…”(Cfr. Mt 25,31-42). Sin olvidar el deseo de Jesús: “Que todos sean uno”.

Como podréis observar este año se subraya en la oración el deseo de luchar contra lo que nos separa como seres humanos sabiendo que hemos sido creados en igual dignidad, a imagen y semejanza de Dios. El cuidado de nosotros mismos, de los demás, de la creación es un lugar común de los cristianos en la fidelidad al único Señor que nos salva y que ha dado la vida por nosotros. Cuando caminamos juntos en el compromiso por la justicia y hacemos el bien avanzamos en la senda de la unidad. Cuando el mundo nos ve preocupados y unidos ante el mal, descubren que nos une el evangelio del bien, del Dios que se ha encarnado, ha entregado su vida en la cruz y ha resucitado dándonos la esperanza de una justicia definitiva.

Quiero animaros a toda la comunidad diocesana, sacerdotes, religiosos, laicos a participar en la semana en el modo que creáis conveniente y podáis: Usando el modelo de celebración ecuménica allí donde puedan encontrarse distintas iglesias; incorporando a las propias celebraciones oraciones y textos de la Semana de Oración; con estudios bíblicos compartidos en torno a las reflexiones bíblicas ofrecidas; En las intenciones de las  comunidades religiosas contemplativas; y haciendo llegar el material a personas que deseen orar en privado desde cualquier lugar y situación. Este año me alegra también, según me informa la delegación, que se ha elaborado un material muy sencillo para poder tratar con los niños y jóvenes, en una sesión el tema del ecumenismo, invito a todos los profesores de religión para que lo puedan utilizar en el aula.

                              Delegación de Ecumenismo, diálogo interreligioso y para la ecología integral.