La fiesta del vino

Xabier Pikaza: «Lo que falta a la iglesia es ser fiesta del vino»

Bodas de Caná
Bodas de Caná

Algunos pensarán que faltan otras cosas. Un Papa de “altura”, mejores obispos, buenos curas, cristianos más eficientes, quizá algo de dinero, instituciones que funcionen… A pesar de ello, mantengo lo dicho: Lo que falta es vino. Hay tuberías y fontaneros, maestre-salas y criados… Pero como dijo la madre de Jesús, hace 2000 años, falta vino.

Hay novios compuestos, hay agua en abundancia, ritos de purificaciones (misas y todo lo demás, con fontaneros añadidos), pero falta el vino, y mientas falta la «cosa»no funciona.

     Así lo vio Jesús y, después de haber resuelto el tema de Caná(Jn 2, 1,-13). Tomó a sus discípulos (que eran unos siete), a los que había llamado de entre los seguidores del Bautista, y  subió con ellos a Jerusalén, donde querían celebrar grandes fiestas de Pascua. Pero los sacerdotes habían abandonado la “tarea” que Dios les había encomendado y (¡por hacer algo!)  se dedicaron a crear un emporio de dinero en el templo.

Viendo destruir así la «fiesta de la religión», Jesús Sintió que le crecía por dentro la “ira de Dios” y expulsó a todos los “mercaderes” (compradores y vendedores…) del templo, diciendo “habéis convertido la casa de “mi padre (casa de vino, de fiesta de vida y amor en un emporio de egoísmo, de sometimiento y dinero» (Jn 2, 14-17).

Por | Xabier Pikaza teólogo

Introducción.

    Así comienza el evangelio. Después de haber presentado  (Jn 1)  su origen y su relación con Juan Bautista, tras llamar a siete amigos para que le siguieran, Jesús llegó a Cana de Galilea, para ofrecer vino de reino en unas bodas, y subió  después a Jerusalén (pasando por Cafarnaúm) para echar del templo a unos sacerdotes que habían rechazado la fiesta de Dios y se dedicaban a su «dinero religioso».

    Como dije ayer, el lema y proyecto de Jesús era “convertir el agua en vino”, inaugurando así la verdadera “fiesta de la vida”. Y para ello no tuvo más remedio que subir al templo de Jerusalén con el látigo. Éste es un tema sobre el que vengo pensando desde que, en el 2003, dejé la enseñanza oficial de teología en una Universidad de la Iglesia. Si Dios me da salud,si la Covid 19 lo impide y Mabel sigue acompañando, quiero escribir un comentario al evangelio de Juan destacando estos morivos, desde la perspectiva de la iglesia actual,2022. Tengo para ello  bastantes materiales,  tanto en un libro titulado Fiesta del Pan, fiesta del vino, como en el Diccionario de la Biblia.

Comprenderá el lector amigo que no es momento ni lugar para presentar aquí esos materiales. Me limitaré a evocar algunos de sus elementos centrales. No hará falta decir que el vino no sólo  es un simple licor producido a partir de la uva, sino un signo de la fiesta de la vida, de la vida de la Iglesia.

   El pan es necesario para vivir (se puede vivir a pan y agua, sin fiesta). El vino, en cambio es la fiesta. A no ser que seamos capaces de crear una fiesta mejor de vino y esperanza, de gozo y gratuidad, de enamoramiento y bodas (si nos quedamos en los novios tristes de Jn 2, 1-12, a puro pan y agua, y en los sacerdotes y políticos avaros de Jn 2, 14-17), de puro negocio económico y opresores) la vida humana se seca y muere en unas pocas generaciones.  Esto se nos va. Se nos va la religión, al estilo antiguo, pocos años le queda. Se nos va le economía y la política, sólo le quedan algunos decenios…

Esto de animar la “fiesta de la vida”, en gozo y esperanza, en gratuidad y enamoramiento… esto que llamo “vino” es la verdad y futuro de la vida humana. En esa línea he querido resumir aquí algunas reflexiones (recogiendo algunos apuntes) que he venido publicando en los dos libros arriba indicados y en algunos otros. Buen día de vino para todos. 

 1.APUNTES SOBRE EL ANTIGUO TESTAMENTO

 Con el pan y (y el aceite) el signo básico de la sacralidad y abundancia de la tierra es el vino. Tiene un carácter ambiguo: está vinculado al riesgo de embriaguez, pero se utiliza, de un modo especial, en las fiestas y ofrendas del templo. El vino se menciona frecuentemente en las listas de ofrendas que se presentaban a las divinidades en los sepulcros o en los templos del oriente y aparece en los cultos de los dioses del entorno, de  Attis o Mitra , lo mismo que de Dionisio. La famosa «confesión de fe» de Sal 16, 3-4 está vinculada al rechazo de las libaciones paganas: «No ofreceré sus libaciones con mis manos, ni mis labios pronunciarán sus nombres» (el nombre de los dioses a quienes se consagra el vino).  

Fiesta del vino. El libro de los Jubileos.

Los israelitas celebraban una fiesta del vino, vinculada a los → Tabernáculos; pero los textos actuales de la Biblia parecen haberla silenciado, quizá para evitar malos entendidos dionisíacos (de embriaguez). Por eso, los grandes catálogos legales (Ex 23, 14-19; 34, 18-23; Dt 16, 1-16; Lev 23) no han transmitido o legislado nada sobre ella. Por otra parte, el relato donde podía haberse trasmitido el origen de la fiesta del vino (Gen 9, 20-27) está dedicado en la Biblia actual a la embriaguez de Noé y al comportamiento de sus hijos. Pero lo que no ha conservado la Biblia oficial o canónica, lo han conservado algunos apócrifos, como el libro de los Jubileos, que tenía un gran influjo en tiempos de Jesús y que cuenta la instauración de la fiesta del vino:

 «En el séptimo septenario de este jubileo, en su primer año, plantó Noé una viña en el monte donde se había posado el arca… Dio fruto al cuarto año, la vendimió ese año, en el mes séptimo guardó su fruto. Hizo así mosto, lo puso en una vasija y lo conservó hasta el quinto año, hasta el primer día del primer mes. Celebró ese día la Fiesta con regocijo e hizo un holocausto al Señor… Colocó toda la grasa en el altar en el que ofrecía el holocausto al Señor y añadió la carne de la ternera, el carnero y las ovejas. Puso encima masa (de harina) con aceite, luego derramó vino en el fuego que había encendido sobre el altar y echó incienso encima, levantando un buen aroma agradable al Señor, su Dios. Se regocijó y bebió de este vino él y sus hijos con gozo» (Jub 7, 1-6).

          Este pasaje del libro de los Jubileos, que los judíos del tiempo de Jesús conocían de memoria,  recoge el nacimiento de la cultura humana tras el diluvio. Este pasaje  conserva la tradición más antigua de Israel en la que Noe aparece como figura paradigmática: patriarca de nueva humanidad, iniciador de las fiestas de Israel, una de las cuales estaba dedicada a la elaboración y bebida del vino nuevo. Aquí se dice que Noé ha elaborado el vino para Dios y así lo derrama cuidadosamente sobre el altar donde, con la grasa de los animales sacrificados y la masa de harina amasada en aceite, se iba consumiendo la carne de los sacrificios.

            La libación de vino va unida al incienso aromático y el humo de la combustión se eleva hacia la altura, siendo recibido por Dios. Sólo después de haber sacralizado las primicias del vino, Noé y sus hijos consumen regocijados el resto, en fiesta de gozo. Por eso, toman ritualmente la bebida que el mismo Dios ha recibido y sacralizado, inaugurando el tiempo del vino, que se repite y actualiza cada año, el primer día del mes primero.

            La cultura antigua ha nacido y se ha desarrollado a partir de la fiesta y gozo del vino,  con los grandes valores (y los grandes riesgos) que ello ha supuesto. Podemos dejar aquí a un lado otros elementos de la fiesta del vino en al AT y en el judaísmo, tato en los grupos un poco “heterodoxos” (los de Qumrán) como en los más ortodoxos que desembocan en la Misná, con el judaísmo rabínico. De todos ellos he tratado con cierta detención en mi libro Fiesta del pan, fiesta del vino.  No es momento de repetir lo allí dicho. 

2.ANOTACIONS SOBRE JESUS

 A Jesús le han acusado de comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores (Mt 11, 19; Lc 7, 34). Evidentemente, ha sabido disfrutar del vino y lo ha bebido, en solidaridad con los marginados de su pueblo, ofreciéndoles la promesa y garantía del reino de que podrán terminar celebrando la fiesta del vino en el Reino de Dios. Así lo ha recogido, con toda precisión  uno de los más significativos (¡y más históricos)  de los evangelios, donde Jesús (tras subir a Jerusalén para su obra final)  jura y promete a sus amigos diciendo:

  • «En verdad os digo,
  • ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beba nuevo
  • en el reino de Dios» (Mc 14, 25 par).

Éste ha  sido el último brindis de Jesús, el brindis de la última cena, el compromiso final de su vida.  Ha prometido un “reino de vino” para todos, no un reino de ayuno y penitencia, no un reino de ley, con muchos mandamientos…. Les ha prometido una fiesta de bodas. Les ha dicho “no ayunéis”. Les ha dicho: Vestid vuestras mejores vestiduras, vivid de bodas, pues la vida de los creyentes es una boda de amor… No ayunéis, amaos y compartir la vida en amor unos con otros (Mc 2, 18-22).

Éste es uno de los pasajes más enigmáticos y fuerte de Jesús, el más arriesgado de todos. Ha echado del templo a los compradores y vendedores, se ha liberado de todos los “legalistas religiosos” que han convertido la vida en ayuno de ley (al servicio del poder de algunos), y les ha dicho a todos que aprendan a gozar, viviendo de bodas compartidas, abiertas a todos los hombres y mujeres del mundo.  

           En esa línea se mantienen y culminan las palabras de la última cena. En un sentido “Jesús ha fracasado”; los “grandes” de su tiempo, centuriones de legión y sacerdotes de templo no han creído en su mensaje, no han aceptado su camino de fiesta universal, y han decidido meterle, porque la vida de los hombres y mujeres no es fiesta de amor abierto a todos, sino ley de sometimiento religioso, político y económico. Y por eso han decidido matarle.

           Pero él, sabiendo que iban a matarle, dejó en herencia, dejó como testamento  la fiesta del Pan y del Vino. La fiesta del pan: (A) Creer en él, en el Dios de su reino, es compartir entre todos el pan, el pan de cada día (Padrenuestro), con el perdón de las deudas…Comer juntos, compartir el pan, esa es la fe del Dios de Jesús, ese es el comienzo de la fiesta de la vida de Jesús.

Jesús, Amigo de los Pecadores: ¿Pero cómo? |

     Pero él no ha querido que sus amigos se limiten a comer… Ha querido que beban juntos, que compartan la fiesta del vino, del gozo y la belleza de la vida. Desde aquí se entiende su “testamento” de vino:

(a) Tomó una copa (potêrion)…La copa de vino compartido es la señal más honda de amistad, de compromiso de fiesta y comunión de vida, como decía el Sal 116, 5: «Dios es mi  Copa de vino”, Dios es nuestra fiesta.  Así bebe Jesús la última copa, con sus amigos.  No les dejav abandonados, perdidos, sobre un mundo adverso. El mismo vino que bebe con ellos, fruto de la tierra y del trabajo humano, producto de fermentación de la uva, es signo del cuidado de Dios, expresión del valor de la vida, camino de esperanza de amor, de futuro.

(b)  Jesús no les ofrece una sesión de ayuno, hierbas amargas, en plano de sudores, sino el más gozoso y bello producto de la tierra mediterránea: el vino. El vino no es bebida diaria de los pobres, sino que implica riqueza y alegría. En ese sentido, Jesús quiere que sus discípulos puedan vivir en alegría y riqueza, bebiendo ya en este mundo el vino prometido para el Reino (cf. Mc 14, 25).  

(c)Y bebieron todos de ella, de la copa, en gesto muy preciso de participación. Por un lado se dice que bebieron todos, por otro que bebieron de la misma copa, compartiendo de esa forma el mismo vino En esta fiesta emerge la más honda exigencia de solidaridad y justicia humana. En sentido estricto, las palabras interpretativas: «esta es la Sangre de mi alianza» (Marcos y Mateo), «es la nueva Alianza en mi Sangre» (Pablo y Lucas), no eran necesarias, pues el gesto en sí resulta elocuente: Jesús, un perseguido, mensajero del reino, amenazado de muerte, ofrece a sus amigos una copa de vino, en signo de solidaridad y esperanza escatológica (como ha destacado Mc 14, 25). Pero ayudan a entender el gesto. Para los israelitas, la sangre es el mayor de todos los tesoros, la sangre es la vida (como dice el libro del Levítico). Jesús les da su propia “invitándoles a vivir” por él y como él, superando así   los pecados y egoísmos del mundo.

 Volvamos desde aquí al texto anterior. Jesús ha dicho a sus discípulos (Mc 2, 12) que el vino nuevo del Reino (que es el propio de Jesús) debe guardarse en odres nuevos  para conservarse y transmitirse, pues rompe (rompería) los odres viejos de un tipo de tradición cerrada en sí misma, de un modo legalista o egoísta. Desde ese fondo podemos hablar de varios tipos de vino en el contexto de su evangelio.               Jesús ha presentado presenta su evangelio como tiempo de bodas, momento en que los hombres y mujeres (empezando por los esposos) comparen el vino de la vida. Por eso, sus discípulos (=amigos del novio, en boda permanente) no ayunan. El mensaje de reino es para ellos como vino nuevo(oinon neon) que rompe los odres viejos del ayuno y de la práctica legal judía, el vino de la verdadera alianza de la vida, como en las bodas de Caná, de varones y mujeres. 

Evangelio de Juan, el vino de las bodas (Caná de Galilea, (Jn 2, 1-11)

   El autor del evangelio es, sin duda, un judío que ha reinterpretado en clave cristiana los símbolos fundamentales de la vida de su pueblo, el paso del agua de las purificaciones al vino de las bodas mesiánicas, donde viene a superarse para siempre la muerte de la vieja historia. En este contexto resulta ejemplar la presencia de la madre, que marca la continuidad y ruptura entre la búsqueda anterior y la nueva eucaristía:

Al tercer día se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús.  Fue invitado también a la boda también Jesús con sus discípulos. 

  Y, faltando el vino, le dijo la madre de Jesús: No tienen vino….

Ella pertenece al espacio y tiempo de bodas. No era necesario invitarla: ¡estaba!  Jesús, en cambio, empieza siendo un invitad:  viene de fuera, no pertenece por sí mismo al espacio de bodas: él y sus discípulos parecen venir de un mundo aparte, están como de paso. Lógicamente, no se preocupan de temas de organización. Esta es la paradoja de la escena: Jesús viene como por casualidad y, sin embargo, luego actúa como animador de las viejas y las nuevas bodas de la tierra.

– Y faltando el vino  (2, 3). Todas las explicaciones puramente historicistas (los novios serían pobres, se habrían descuidado al calcular los invitados…), quedan cortas.  La carencia de vino es un elemento constitutivo de la escena. Si Jesús no estuviera allí quizá no se hubiera notado: ¡por siglos y siglos los humanos se habían arreglado sin (buen) vino! Sólo ahora, cuando llega Jesús, su madre nota la carencia y se establece una especie de fuerte desnivel entre lo antiguo (bodas sin vino) y lo nuevo (el posible regalo del Cristo).

Bodas de Caná - Diócesis de Salamanca

– Le dijo la madre de Jesús: ¡no tienen vino! (Jn 2, 3). Parece que nadie advertía la carencia.  Sólo la Madre la advierte, mostrándose así vidente o profetisa, en la línea del Bautista que, viendo a Jesús, dijo a los: ¡este es el Cordero de Dios que quita el pecado, presentando así a Jesús como Redentor de los pecados.  La Madre de Jesús ha descubierto la falta de vino en las bodas.  Pero ella no ha empezado diciendo eso a los hombres; se lo dice al mismo Cristo en palabra de riquísima advertencia, de iluminación y  velado mandato (como pidiéndole que actúe).

–  La madre, a quien Jesús llama ¡mujer!, acepta esa respuesta y no le pide nada ni argumenta. Ella se pone al lado de los servidores de las bodas (de la eucaristía) y como primer ministro de la nueva iglesia dice: ¡haced lo que él  os diga!

–  Jesús acaba cumpliendo, en forma diferente, por su propia voluntad, lo que ella le pedía: ¡ofrece vino abundante y mejor a los novios de las bodas! De esa forma realiza con creces el deseo más profundo de María (2, 6-10)

– Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos (2, 6). Eran necesarias y debían encontrarse llenas de agua, para que los fieles de la ley se purifiquen conforme al ritual de lavatorios, abluciones y bautismos. Pues bien, el tiempo de esas ánforas (¡son seis! ¡el judaísmo entero!) ha terminado cuando llega el día séptimo del Cristo de las bodas. Los judíos continúan manteniendo el agua, el rito de purificación en que se hallaba inmerso Juan Bautista (cf. Jn 1, 26).

La petición de la Madre (¡no tienen vino!) acaba enfrentando a Jesús con aquellos que quieren encerrarse en el agua del templo antiguo, con sus ritos de purificación. Ciertamente, sabemos que en el templo había vino); pero, a los ojos de Jesús y los primeros cristianos, aquel vino terminaba siendo simple agua de purificaciones, ritual del mundo viejo, no sacramento de encuentro universal para todos los humanos.

Al convertir el agua de purificación de Israel en vino de bodas mesiánicas, Jesús ha comenzado su tarea allí donde culminaban los sinópticos: en el logion escatológico del vino de bodas del reino (Mc 14, 24 par).  El último signo de Jesús se convierte así en primero: lo hizo Jesús en Caná y manifestó su gloria, de manera que sus discípulos creyeron (Jn 2, 11). El signo mesiánico del vino, que aparece a modo de culminación del Antiguo Testamento (petición de la Madre), viene a presentarse como punto partida del camino eucarístico de Jesús, sacramento originario. Así lo ha vivido sin duda la iglesia.

Llenad Estas tinajas de agua - YouTube

Conclusión. Jesús es la Viña, él mismo es el vino, es la fiesta de la vida (Jn 15, 1-8).

 La disputa anterior dejaba el tema eucarístico pendiente: sabemos que Jesús ha venido a ofrecer vino de bodas (Jn 2), quiere dar su cuerpo como auténtico alimento (Jn 6), pero no sabemos si puede conseguirlo. Pues bien, de eso trata, en forma bellísima el texto que ahora sigue: la alegoría de la viña. No hará falta presentar sus motivos, pues nos han venido acompañando a lo largo de este libro, desde las evocaciones de la viña y vino en la BH hasta la parábola de los viñadores (Mc 12, 1-9 par) y las palabras de la Cena, sobre el Vino Nuevo, en el reino de Dios y en el camino de la iglesia (cf. Mc 14, 22-25). Recogiendo y culminando esos motivos, Juan ha presentado en la Cena de Jesús esta alegoría,  donde desemboca y culmina el evangelio de Juan:

 [1. Vid del Padre]– Yo soy la Vid verdadera, y mi Padre el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé fruto más pleno. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Si no hay “vino” la vida se destruye, el hombre mueres… Si no hay fiesta, la iglesia desaparece

[2. Vid con frutos] – Permaneced en mí, como yo en vosotros. Como  el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Esto significa que estamos llamados a recrear la fiesta del vino de Jesús, la fiesta de la libertar, del amor mutuo, de la entrega gozosa de la vida, esperanzo la resurrección (es decir, la llegada del Reino)

[3. Vid, sarmientos] – Yo soy la vid; vosotros los sarmientos.  Quien  permanece en mí y yo en él, da mucho fruto; pues sin mí no podéis hacer nada. Quien no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca… Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, (15, 1-8). ). Eso significa que Jesús es nuestro vino, la vida de nuestra vida, la fiesta de nuestra fiesta.

Conclusión.

       Empezaba diciendo que en las bodas de Caná no había vino…Tuvo que venir Jesús para que hubiera vida, enamoramiento de amor, locura de gozo… Vino Jesús para que las bodas de la vida no fuera a pan y agua… a pura ley de un templo convertido en “casa de negocios egoístas…”

     Han pasado 2000 años. Posiblemente hacen falta otros cambios en la Iglesia,  en la administración social y económica, como he dicho al principio. Pero el cambio mayor, el único importante, es que haya vino. Se trata de recrear la Iglesia desde el vino de Caná de Galilea, desde el vino del evangelio de Jesús, desde el vino de su testamento en la Última Cena. En eseo estamos, en eso queremos estar.

La Buena Noticia del Dgo. 2º-C

Haced lo que El os diga

Este fue el primero de los signos de Jesús

Jn 2, 1-11

En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.»

Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»

Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.»

Y las llenaron hasta arriba.

Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»

Ellos se lo llevaron.

El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»

Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

Comentario a la lectura

«Nadie en Occidente ha tenido un poder tan grande sobre los corazones»Pagola: «Jesús es de todos, no solo de los cristianos. Su vida y su mensaje son patrimonio de la humanidad»

Cena. Mino Cerezo
Cena. Mino Cerezo

«Nadie ha despertado tanta esperanza. Nadie ha comunicado una experiencia tan sana de Dios sin proyectar sobre él ambiciones, miedos y fantasmas»

«El paso del tiempo no ha borrado su fuerza seductora ni amortiguado el eco de su palabra»

«Hoy, cuando las ideologías y religiones experimentan una crisis profunda, la figura de Jesús escapa de toda doctrina y trasciende toda religión»

«Jesús puede ser hoy fermento de nueva humanidad. Su vida, su mensaje y su persona invitan a inventar formas nuevas de vida sana»

Por José Antonio Pagola

Jesús ha sido conocido siempre como el fundador del cristianismo. Hoy, sin embargo, comienza a abrirse paso otra actitud: Jesús es de todos, no solo de los cristianos. Su vida y su mensaje son patrimonio de la humanidad.

Nadie en Occidente ha tenido un poder tan grande sobre los corazones. Nadie ha expresado mejor que él las inquietudes e interrogantes del ser humano. Nadie ha despertado tanta esperanza. Nadie ha comunicado una experiencia tan sana de Dios sin proyectar sobre él ambiciones, miedos y fantasmas. Nadie se ha acercado al dolor humano de manera tan honda y entrañable. Nadie ha abierto una esperanza tan firme ante el misterio de la muerte y la finitud humana.

Dos mil años nos separan de Jesús, pero su persona y su mensaje siguen atrayendo a muchos. Es verdad que interesa poco en algunos ambientes, pero también es cierto que el paso del tiempo no ha borrado su fuerza seductora ni amortiguado el eco de su palabra.

Epifanía

Hoy, cuando las ideologías y religiones experimentan una crisis profunda, la figura de Jesús escapa de toda doctrina y trasciende toda religión, para invitar directamente a los hombres y mujeres de hoy a una vida más digna, dichosa y esperanzada.

Los primeros cristianos experimentaron a Jesús como fuente de vida nueva. De él recibían un aliento diferente para vivir. Sin él, todo se les volvía de nuevo seco, estéril, apagado. El evangelista Juan redacta el episodio de la boda de Caná para presentar simbólicamente a Jesús como portador de un «vino bueno», capaz de reavivar el espíritu.

Jesús puede ser hoy fermento de nueva humanidad. Su vida, su mensaje y su persona invitan a inventar formas nuevas de vida sana. Él puede inspirar caminos más humanos en una sociedad que busca el bienestar ahogando el espíritu y matando la compasión. Él puede despertar el gusto por una vida más humana en personas vacías de interioridad, pobres de amor y necesitadas de esperanza.

Vino nuevo

La Iglesia y la política

Castillo: «¿Debe la Iglesia meterse en política? Por supuesto. Pero haciéndolo como lo hizo Jesús» 

Dios y el César

 “Lo que es del César, devolvédselo al César; y lo que es de Dios, a Dios” (Mc 12, 13-17; Mt 22, 15-22; Lc 20, 20-28). La política en su sitio y la Iglesia en el suyo 

«No con la pretensión de mandar y acaparar el poder y el capital, sino con el proyecto de gestionar una sociedad en la que se respetan los derechos humanos» 

«cuando los políticos tienen la libertad y el valor de aplicar este criterio al gobierno de la sociedad, se hunde y desaparece el principio determinante del capitalismo» 

«lo que debe hacer la Iglesia es tener la libertad y la audacia de decir y hacer no lo que le conviene a la Religión para sacar tajada al capitalismo, sino decir y hacer lo que necesita la gran mayoría de la humanidad» 

Por José María Castillo 

Leyendo y releyendo los escritos del Nuevo Testamento, no es posible encontrar argumentos que puedan justificar el hecho, tan repetido en la historia, de intromisiones (directas o indirectas) de los dirigentes de la Iglesia en asuntos políticos. Herodes mandó degollar a Juan Bautista y Jesús, por lo que relata el Evangelio, no dijo ni palabra. En otra ocasión, cuando Jesús le hablaba a la gente, algunos informaron en público que Pilatos había matado a unos galileos cuando ofrecían un sacrificio en el Templo. La reacción de Jesús fue sorprendente. Porque no dijo ni palabra contra Pilatos, sino que fue a sus oyentes a quienes les dijo: “si no os enmendáis, todos vais a terminar lo mismo” (Lc 13, 5). 

A lo dicho, hay que sumar la respuesta que Jesús les dio a quienes querían crearle un grave problema con las autoridades romanas, utilizando el tema de pagar o no pagar el tributo al César. A lo que Jesús hábilmente respondió: “Lo que es del César, devolvédselo al César; y lo que es de Dios, a Dios” (Mc 12, 13-17; Mt 22, 15-22; Lc 20, 20-28). La política en su sitio y la Iglesia en el suyo

Y a lo dicho, hay que añadir un hecho elocuente: en los relatos de la pasión y muerte de Jesús, quien se resistió a condenar a muerte a Jesús no fue el Sanedrín de los sacerdotes, sino el gobernante de los romanos (Mt 15, 6-15 par). 

¿Debe la Iglesia meterse en política? Por supuesto. Pero haciéndolo como lo hizo Jesús. No con la pretensión de mandar y acaparar el poder y el capital, sino con el proyecto de gestionar una sociedad en la que se respetan los derechos humanos, y sobre todo, si es que hay que proteger y favorecer a ciertos sectores de la población, los más favorecidos deben ser los más necesitados. Si la política se entiende de esta manera, es evidente que la Iglesia tiene que meterse en política. Así lo hizo Jesús. Y así lo tienen que hacer los que “siguen” a Jesús. 

Pero es un hecho que la política no se suele ejercer al servicio de la “igualdad”, sino para defender (e incluso potenciar) las “diferencias”. Ahora bien, los que piensan así y actúan en consecuencia, no se han enterado – o no quieren enterarse – de que la diferencia es un “hecho”, mientras que la igualdad es un “derecho” (Luigi Ferrajoli). Y, como es bien sabido, el “hecho” procede de la naturaleza (hombre y mujer, por ejemplo), mientras que el “derecho” procede de la decisión humana, según sus conveniencias (el “derecho” de hombres y mujeres no procede de la naturaleza, sino de la conveniencia de los hombres). 

Pues bien, cuando los políticos tienen la libertad y el valor de aplicar este criterio al gobierno de la sociedad, se hunde y desaparece el principio determinante del capitalismo. El capitalismo se basa en un “derecho”, que han inventado los capitalistas. Como en la antigüedad se inventaron derechos que no tenían las mujeres, ni los esclavos, ni los recién nacidos, ni los extranjeros, ni los homosexuales, etc. Tiene sobrada razón Peter G. Stein, en su excelente estudio de El Derecho romano en la historia de Europa (Sioglo XXI, 2006, pg. 57), cuando afirma que “la Iglesia no redujo sus enseñanzas al Evangelio”, sino que “incluía el Derecho romano”. O sea, la privación de derechos a Los olvidados de Roma (Robert C. Knapp). 

Es lamentable que siga siendo de actualidad el texto que Walter Benjamin redactó em 1921: Capitalismo como religión. Según este autor, “el cristianismo en tiempo de la Reforma no propició el ascenso del capitalismo, sino que se transformó en capitalismo”. La “gente de Iglesia”, con bastante frecuencia y cuanto más arriba esté, justifica su situación justificada echando mano de la Religión, que, con sus prácticas y observancias, tranquiliza las conciencias. 

¿Debe la Iglesia meterse en política? Tal y como se entiende y se practica la política, lo que debe hacer la Iglesia es tener la libertad y la audacia de decir y hacer no lo que le conviene a la Religión para sacar tajada al capitalismo, sino decir y hacer lo que necesita la gran mayoría de la humanidad, que, desde varios siglos antes de Cristo, millones de seres humanos indefensos tienen que someterse y soportar, no las “diferencias”, sino las “desigualdades” que inventaron lo que mandan. 

El proyecto de Jesús

¿JESÚS FUE COMUNISTA? EL EVANGELIO Y LA PREOCUPACIÓN POR LOS POBRES

Cuando pensamos en el Evangelio y en lo que supone la persona de Jesús, quizás, desde algunos sectores, siempre parece que nos viene a la cabeza la figura de alguien muy “angelical”, en el sentido de una persona “que no se metía en problemas de ningún tipo”, y que su objetivo era “dedicarse a las cosas de su Padre”, entendiendo precisamente por esas cosas, “las del cielo”, es decir lo que está apartado del mundo y de la vida de cada día. Pero entender así a Jesús, el Evangelio y el proyecto que El llamó “Reino de Dios”, y que le llegó a costar la vida, es no entender nada, a mi juicio, de quién es realidad Jesús de Nazaret, y cual es realmente su proyecto de felicidad para todos los hombres y mujeres del mundo.

El proyecto de Jesús, el llamado Reino de Dios, solo puede entenderse desde el texto que El mismo proclama en lo alto del monte, según el Evangelio de San Mateo (lugar típico de encuentro con Dios en el mundo judío), y en un llano, según el Evangelio de San Lucas (entendiendo por llano el lugar donde está la persona, el ser humano, y donde en ese lugar se encuentran Dios y el hombre). Pero lo que está claro es, que en cualquiera de las dos versiones, no podemos entender el evangelio de Jesús y su proyecto de vida por antonomasia, si no es desde la preocupación que tiene, el Hijo de Dios, por los pobres, los sufridos, los desgraciados, los que en definitiva no contaban en su sociedad y siguen sin contar en la nuestra.

Los pobres y los marginados, los que nadie quiere, son los preferidos del Jesús del Evangelio, y son por ellos por los que Jesús da la vida. Por ellos es vilmente asesinado y por eso son precisamente los pobres, los que entienden el mensaje de Jesús. Y frente a ellos, los ricos, los poderosos, los que se creen los buenos y cumplidores de la fe judía, son los que no solo no lo entienden, sino que son los que precisamente lo asesinan.

El poder es el que da muerte a Jesús de Nazaret, justamente porque no aguanta que alguien, desde abajo, desde la llamada “exousía”, o la autoridad moral que tiene, les pueda arrebatar lo que para ellos es el sentido de su vida: el poder como opresión, incluso desde su mismo “sillón religioso”. Ese poder encarnado en los que detentan la fuerza a nivel civil y religioso en la sociedad judía de su tiempo: sumos sacerdotes, fariseos, escribas….Y es curioso, que ese mismo poder es el que sigue matando a millones y millones de seres humanos en todo el mundo.

Ese poder sigue haciendo que cada día la brecha entre pobres y ricos, sea cada vez mayor. Y por eso igual que a Jesús, a los que se ponen de su parte también se les martiriza y se les llega a asesinar. El poder de cualquier tipo e institución, no entiende “de lavar los pies”, sino solo entiende “de comer del fruto prohibido”, para llegar a ser como Dios, porque desde ese poder llegan a considerarse auténticos dioses, que atentan como Caín, contra aquel que quiere solo insinuar que todos somos iguales, que todos nos merecemos lo mismo, que todos somos Hijos e Hijas de Dios y que “no hay distinción entre judíos, y gentiles, esclavos y libres” ,en el lenguaje paulino de Gálatas (Gal 3, 28).

Dichosos los pobres, y Ay de vosotros los ricos, llegará a decir el Evangelio, dichosos los que lloran y son perseguidos por causa de la justicia, y ay de aquellos satisfechos que tenemos de todo. Y esas palabras le causaron a Jesús de Nazaret la entrega de la vida; el Jesús del Evangelio no puede soportar que sean los ricos los que avasallen y que los poderosos sean siempre los primeros. Por eso la comunidad lucana pone en boca de María el maravilloso himno del Magnificat, después de su visita a Isabel: “Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos” (Lc 1, 52-53). Y no entender esto, en el fondo es no entender el Evangelio, aunque vayamos a misa “todos los domingos y fiestas de guardar”. No entender esto, significa no entender la causa auténtica de la muerte de Jesús: su preocupación por los pobres y crucificados de la tierra y su crítica feroz hacia los poderosos que crean millones de desheredados cada día, en la sociedad judía de entonces y en el hoy de nuestro mundo.

Pero tuvieron que pasar muchos siglos, para que surgiera un pensador, llamado Carlos Marx, ateo como él se confesaba, que criticaba profundamente la religión y la manera de entender equivocadamente a Dios, y ese pensador creara el marxismo, para decirnos a los creyentes que había cosas que nuestro Dios no podía entender, y que a nuestro Dios seguro que le dolían: la brecha entre pobres y ricos, tan criticada por Marx, hizo que la Iglesia también se fuera preguntando en aquella sociedad de mediados del siglo diecinueve, cuál era su papel en esa sociedad dividida y dual que estábamos creando los seres humanos. Pero Marx, no fue el autor de ese pensamiento, ya lo había dicho el Evangelio, muchos siglos antes. Ya había dicho Jesús que Dios y el dinero eran incompatibles y que no se podía servir a dos señores. Ya el Evangelio de San Mateo había juzgado a aquellos que “no asistían a los pobres, los encarcelados, los hambrientos, los sedientos, los enfermos, los desnudos….” (Mt 25, 31 ss   ) .

Y por eso, desde que Marx nos lo recordó, parece que todos los que se preocupan por el destino y la vida de los pobres, son tachados de comunistas, y de ir en contra del Evangelio. Esta crítica no es nueva, no es de los que ahora lo dicen.  Y son tachados de ellos por los que tienen el poder y la riqueza; en tiempos de Jesús, Él era tachado de blasfemo por el poder establecido, en nuestros tiempos, los que así actúan son tachados de comunistas, por los mismos que detentan el poder en nuestro tiempo.

Hace unos días, la vicepresidenta del gobierno español, Yolanda Díaz, fue recibida por el papa Francisco, y desde la derecha reaccionaria y poderosa, se tachó esa visita de “cumbre comunista”.  Pero precisamente porque ha tenido que venir un papa del hemisferio sur, un papa del otro lado del atlántico, a recordarnos que la Iglesia tiene que estar al servicio de los pobres, y que solo cuando es pobre y acoge en su seno a los más pobres, es la auténtica Iglesia de Jesús. Desde el comienzo de su pontificado, así lo anuncio Francisco, en su mismo nombre, diciendo que la Iglesia es la comunidad de los pobres, es el espacio de acogida para todos. Y a lo largo de todos estos años, así lo ha ido manteniendo; su preocupación fundamental son los inmigrantes, los encarcelados, los enfermos… los que nadie quiere. En el fondo, los mismos a los que prefirió Jesús de Nazaret. De nuevo los poderosos, no lo entienden, y quizás no se atreven a asesinarlo, como hicieron con el maestro, pero si se atreven a difamarlo y a crear corrientes en su contra, por la misma razón: porque se les quita su poder, porque son criticados por hacer del poder el eje de su vida, incluso a algunos eclesiásticos, que también lo detentan hoy sí.

Es conocida la anécdota del papa Francisco, en el cónclave donde fue elegido papa: “En las elecciones, tenía a mi  lado al arzobispo emérito de Sao Paulo, el cardenal Claudio Humes, un gran amigo. Cuando la cosas se iba poniendo peligrosa (iba ganando), él me  confortaba, ja ja… Y cuando los votos llegaron a los dos tercios, vino el aplauso porque había sido elegido papa. Y él me abrazó, me besó y me dijo: no te olvides de los pobres. Y aquella palabra entró aquí (señalándose la cabeza). Los pobres, los pobres. Mientras continuaba el recuento, pensé en San francisco, el hombre de la paz. Y así llegó el nombre a mi corazón. El hombre de paz. El hombre pobre. ¡Cómo desearía una Iglesia pobre y para los pobres…!”.

Y sin duda que está siendo el eje de su vida y su desvelo en cada momento. Por eso es criticado. Y por eso también ha sido criticada esta visita con la vicepresidenta del gobierno español, y ella misma ha dicho que con el papa le unen muchas cosas y planteamientos.

No ha sido al único que han tachado de comunista, en los últimos tiempos, incluso desde dentro de la propia Iglesia. Son conocidas las palabras del gran don Helder Cámara, obispo de Brasil, “Cuando doy pan a u pobre, dicen que soy un santo. Cuando pregunto por qué el pobre no tiene pan, me llaman comunista”. Este hombre que vivió y murió para los pobres fue tachado por eso de lo mismo, cuando lo único que hacía era llevar a cabo a la vida de cada día el Evangelio de Jesús.

De la misma manera se hablaba del comunismo de San Romero de América, la voz de los sin voz en América latina, que fue asesinado por los poderosos de El Salvador, mientras celebraba la Eucaristía. Muchas veces dijeron que era un “obispo comunista”, incluso también le han criticado ahora al papa Francisco que lo haya canonizado. San Romero, canonizado por los pobres de El Salvador, desde el mismo momento de su asesinato, ha tenido que esperar a que venga un papa del otro hemisferio para reconocer lo que los pobres ya hicieron. Lo que la misma Iglesia  le negó, es lo que ahora Francisco ha reconocido.

Porque lo más espectacular de su asesinato es  que, como en el caso de Jesús de Nazaret, Romero fue asesinado por el poder opresor de los mismos creyentes. A Jesús lo mató el poder judío, a Romero lo mató el poder de los falsos cristianos de la sociedad salvadoreña, que se sentían criticados por él. “El cristiano no debe tolerar que el enemigo de Dios, el pecado, reine en el mundo. El cristiano tiene que trabajar para que el pecado sea marginado y el Reino de Dios se implante. Luchar por esto no es comunismo. Luchar por eso no es meterse en política. Es simplemente el Evangelio que le reclama al hombre, al cristiano de hoy, más compromiso con la historia” (Homilía 16 de Julio de 1977). La misma derecha poderosa que criticó y apoyó Santo de América, y que sin duda estuvo detrás de su asesinato, es la que critica ahora de cumbre comunista, el encuentro entre el papa Francisco y Yolanda Díaz.

Los “mismos comunistas” que fueron asesinados en la UCA, en El Salvador, en la madrugada del 16 de noviembre de 1989, simplemente por defender que los pobres tienen algo que decir, y que los ricos son los causantes de que el mundo haya crucificados. Los poderosos tampoco pudieron soportarlos, y por eso los asesinaron vilmente, junto a Elba, la mujer que los cuidaba, y su hija Celina, de 16 años. Su asesinato, como el de muchos mártires, fue por causa de la justicia y por hacer del Evangelio la norma de su vida, en todo momento.

De comunista fue también tachada la llamada “Teología de la liberación”, que surgió en la década de los 70 en el continente latino americano, y que era simplemente una manera nueva de leer el evangelio desde los pobres. “He oído el clamor de mi pueblo”, que dice el texto del Éxodo, es lo que oyeron esos teólogos y teólogas que intentaron vivir esa experiencia del evangelio, a partir de la realidad crucificada y machada por el poder de los poderosos en ese continente.  Teólogos como Jon Sobrino, que se salvó milagrosamente de la matanza de la UCA, ha sido calumniado y difamado, incluso desde el interior de la misma Iglesia católica.

El otro Santo de América, Pedro Casaldáliga, fallecido hace poco más de un año fue también “apodado de comunista”, por su lucha en favor de los sin tierra brasileños, y haciendo de su episcopado y de su poder como obispo, un servicio al pueblo, a los más débiles, a los más sufrientes de su diócesis. Cuando se jubiló quería “dedicarse a los más pobres”, quería ir a morir a Africa, porque él decía que allí eran aún más pobres que en su América, donde vivió siempre. La enfermedad terrible del parkinson se lo impidió, pero resulta emocionante que alguien que ha vivido como él en el Brasil pobre, diga que quiere irse con los pobres, muchos pensamos, dónde había estado toda su vida; el obispo sin anillo y sin mitra tradicionales vivió, y murió entre los desheredados, y con ellos encontró la “plena bienaventuranza y felicidad de la que habla el Evangelio”; hizo carne en su vida el proyecto de Jesús: conseguir que todos fuéramos felices, desde la igualdad y el servicio a los más débiles.

El 12 de marzo de 1977 asesinaron “a otro comunista” en la carretera de Aguilares a El Paisnal, Rutilio Grande,  y su único delito fue decir y anunciar que todos somos iguales, que Dios no acepta la pobreza, y que los ricos son responsables de la pobreza de muchos seres humanos. Rutilio fue asesinado, acribillado su coche a balazos, junto a un campesino de 72 años, Manuel, y un adolescente de 15, Nelson Rutilio y un niño. Los pobres de Aquilares le recuerdan como un “hombre tremendamente humano que se comprometió con la causa y la vida de los pobres”. Fueron asesinados cuando iban a celebrar la Eucaristía en medio de su pueblo, y su  asesinato tanto conmovió a Monseñor Romero que fue capaz de producir en él, el gran milagro.

Romero, amigo personal de Rutilio descubre un nuevo rostro de Dios al contemplar el cadáver de su amigo asesinado. Y desde ahí comienza una andadura nueva que le llevará a él también al martirio. Ahora “el comunista Rutilio”, va a ser beatificado por el papa Francisco; será el segundo santo salvadoreño, que el pontífice venido de América beatifique. Muchos serán también los que incluso dentro de nuestra iglesia critiquen este acontecimiento, porque el padre Tilo, como así le llamaban popularmente a Rutilio, tuvo la osadía de hacer vida el mensaje de Jesús en el Evangelio. Y de nuevo será, Francisco, el que después de más de cuarenta años, reconozca que este hombre, modesto, pobre, humilde y ejemplar sacerdote de Jesús, es modelo para los que queremos seguir al Jesús del Evangelio.

Y habrá quien siga diciendo que “de nuevo un comunista, beatifica a otro comunista, el próximo 22 de enero de 2022”. Será beatificado en la catedral de San Salvador, donde yace también Monseñor Romero, su amigo íntimo y personal, y seguramente a esa celebración, además de acudir obispos, sacerdotes y gente venida de otros países, acudirá “todo el pobrerío salvadoreño”, como llamaba cariñosamente Monseñor Romero a los pobres. El pobrerío por el que Rutilio se sacrificó,  será el auténtico protagonista de la celebración, como lo fue hace más de dos mil años en aquel calvario de Jerusalén, donde fue crucificado el mártir Jesús de Nazaret.

Pero hace apenas unos días me decían lo mismo de un sacerdote jesuita, salvadoreño, discípulo de Monseñor Romero, que tiene como único lema de su vida sacerdotal y cristiana la entrega al evangelio. Miguel Vasquez, jesuita de Arcatao, en el departamento de Chalatenango, uno de los sitios más vapuleados en la cruenta guerra civil salvadoreña, me decía: “Me trasladan a Honduras, porque el obispo le ha dicho a mi provincial que yo soy más político que pastor”. De nuevo la Iglesia impoluta, que no quiere mancharse, que nunca va a ser criticada ni asesinada, es la que quiere lavarse las manos, como Pilato, en la causa de los pobres y del Evangelio.

¿Cumbre comunista la celebrada hace unos días en Roma? ¿Comunistas Jesús de Nazaret, Monseñor Romero, los mártires de la UCA, don Helder Cámara, Pedro Casaldáliga, la monjas estadounidenses asesinadas en El Salvador, los miles de catequistas salvadoreños asesinados, los maristas del Congo, Rutilio Grande, los teólogos y teólogas de la liberación,  Monseñor Agrelos, Miguel Vasquez….? Si ellos son comunistas, ojalá yo también lo sea, si ellos viven el evangelio desde ahí, ojalá también yo sea capaz de vivirlo así. Y toda la comunidad de cristianos y cristianas.

Ojalá que el poder establecido, desde cualquier institución, política, religiosa, militar, económica, cultural…. no tape el auténtico poder que emerge de las bienaventuranzas y del lavatorio de pies del jueves santo, porque sólo así los cristianos, me parece, entenderemos el auténtico sentido del Evangelio. “Lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mateo 25, 40)

¿Dónde está la Buena Nueva?

La Buena Nueva, ni dramatizada llega 

Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP* 

¡Atrevida! ¡Blasfema! ¿Cómo se te ocurre decir eso? Es la verdad. ¿Qué clase de “Buena Nueva” estamos esperando? 
Por más de 2000 años el cristianismo viene anunciando la Buena Nueva, y la gente muy tímidamente, hasta con miedo, se pregunta, ¿por qué no llega? ¿Será que a la mensajería se le olvidó hacer la entrega? 

Nos dicen que, si sufrimos y aguantamos, tendremos derecho a la Buena Nueva, al Reino. Cuánto dolor y sufrimiento hay en nuestros pueblos, torturas, genocidios, feminicidios, masacres, hambre, injusticias, enfermedades, muerte, autoflagelaciones=subir de rodillas al santuario, rezar rosarios de rodillas y hacer novenas. 

Ellos, no nos bajan de la categoría de pecadoras/os. Nos castigan, marginan y desprecian. 

Que cierto es aquella denuncia que Jesús hace: 

“Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Mateo 23:4 

¿Dónde está la Buena Nueva, quién la tiene secuestrada, atrapada? 

Ha llegado la hora de conocer la verdad. No podemos confundir el mensaje cristiano con promesas que no se cumplen. No podemos permitir que el mensaje de la Buena Nueva nos lo sigan presentando como algo que tiene que venir de fuera y que no nos atañe involucrarnos en ella. 

La Buena Nueva no son aquellas promesas que se escriben y se quedan en el papel. La Buena Nueva no puede ser confundida con el mensaje de quienes detentan el poder o aspiran a él, ni en lo político ni en lo religioso. 

Es hora de reconocer la Buena Nueva, aquí y ahora. Está en nuestras manos. 

No está en documentos escritos, no está en el templo, no está en el gobierno, no está el discurso, ni en el sermón que nos dicen. 

Es hora de anuncias la Buena Nueva, sin disfraces ni mentiras. 

La Buena Nueva, es el verdadero cambio social y religioso, que no quieren anunciar, para no perder sus buenos privilegios de autoridad y poder de por vida. 

La Buena Nueva, la lleva todo hijo e hija de Dios, desde el momento en que fue creado. Está en aquellos niños/as que nacen y llenan de gozo nuestra vida, son ellos la ilusión y la esperanza hecha retoños de vida. 

La Buena Nueva, está en las calles, en aquellos jóvenes, que gritan y piden justicia. 

La Buena Nueva esta en las mujeres, victimas, viudas, solteras, jóvenes, adultas mayores que pregonan su decisión de paz, desafiando la guerra, en las redes sociales, creando rutas pacíficas. 

La Buena Nueva, está lista y está en salida, como esperanza, allí donde nos reunimos, nos encontramos con gente positiva, con gente en resistencia, luchando, allí dónde hay expresiones y actitudes de solidaridad en sororidad que nace desde abajo, y sube hasta alcanzar la Buena Nueva. 

La Buena Nueva, está allí en la olla comunitaria del barrio, haciendo Eucaristía. 

La Buena Nueva, está allí donde no falta nada, porque si no lo tienes, otro tiene lo que necesitas, es tuyo lo compartes. 

En la Buena Nueva, no se escuchan discursos de injusticias y mentiras. 

Ahí está la Buena Nueva, cada vez que hacemos realidad la Fracción del Pan, hecha Eucaristía. 

La Buena Nueva, es aquella Fracción del Pan, hecha realidad en la actitudes generosas y positivas de nuestra vida. 

No esperamos que la Buena Nueva nos venga de allá, arriba. 

*Presbiteras católicas romanas

Los mártires de la UCA

Giro inesperado en El Salvador: se reabre el caso los mártires de la UCA

La Sala de lo Constitucional del Tribuna Supremo invalida el sobreseimiento anterior y juzgará a los acusados por el asesinato de los seis jesuitas y sus dos colaboradorasLa resolución es tan relevante que el presidente Nayib Bukele, ha sentenciado que “no se tolerará la impunidad”

Giro inesperado. Para bien. Cuando prácticamente se daba por perdida la posibilidad de que la Justicia salvadoreña diera un paso al frente para abordar el asesinato de los mártires de la UCA. La Sala de lo Constitucional del Tribunal Supremo del país centroamericano ha avalado la reapertura del caso del asesinato en 1989 de seis religiosos jesuitas -cinco españoles encabezados por Ignacio Ellacuría-, una empleada doméstica y su hija en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.


En septiembre la Sala de lo Penal del Supremo cerró el expediente con el argumento de que los delitos habían prescrito. Dos de los tres votos de sus miembros confirmaron un sobreseimiento que ahora queda cuestionado. Sin embargo, ahora ha prosperado el recurso contra la resolución que declaraba la nulidad del proceso y deja todo en manos de la Sala del Constitucional. “Invalídese la resolución del 8 de septiembre de 2020 (…) por lo que las cosas vuelven al estado en que se encontraban antes de la emisión de dicha providencia”, dicta la resolución hecha pública el 5 de enero.

Obstaculización a las familias

En el nuevo dictamen se subraya que la Sala de lo Penal vulneró los derechos fundamentales de las víctimas, sus familiares y de la sociedad la cerrar el proceso. Incluso se lamenta de que esa decisión “devino en una obstaculización a los familiares de las víctimas y a la sociedad en general del acceso al órgano jurisdiccional para que este se pronunciara sobre su pretensión y, por ello, no han sido posibles la justicia ni la posterior reparación. integral”.

De esta manera, se abriría la puerta a que el ex presidente Alfredo Cristiani y otros altos cargos de las Fuerzas Armadas se sienten en el banquillo de los acusados, en lo que podría marcar un antes y un después en el camino hacia la reconciliación de El Salvador tras una guerra civil que trajo consigo 75.000 muertos. La ONU estima que el 80% de los asesinatos cometidos fueron a manos de las fuerzas armadas. De hecho, en el caso de los mártires de la UCA, también están encausados tres militares considerados como autores intelectuales de la masacre: Orlando Zepeda, Francisco Herrera Fuentes y Rafael Humberto Larios.

Conseguir justicia

La postura adoptada ahora por el Supremo es de tal relevancia que el propio presidente salvadoreño, Nayib Bukele, se posicionó cuando apenas trascendió. Así, el líder salvadoreño advirtió de que “no se tolerará la impunidad”: “Ahora se reabre la posibilidad de conseguir justicia”.

Bukele apreció además que “es importante que se sepa que de ahora en adelante no se tolerará ningún crimen por más alto (el cargo) de la persona que lo cometa”. “No es justo que una persona que se roba una gallina pase una década en la cárcel y las personas que estaban en altos puestos en el gobierno ordenen masacres y básicamente el crimen pase en impunidad total con la complicidad del sistema de justicia”, sentenció el mandatario.

Para el fiscal general Rodolfo Delgado, este recursos supone un aval clave: “Durante años, tanto voces nacionales como internacionales reclamaron justicia en el Caso Jesuitas”, ha expuesto en su cuenta de Twitter, al considerar que “la Sala de los Constitucional nos da la razón” y, por tanto, “el caso será reabierto”. “Vamos a perseguir a los responsables para lograr justicia entre estos viles asesinatos”, subraya Delgado

Domingo del Bautismo.

Nacer de Dios, ser en Dios. Crisis de bautismo en la iglesia

Este es mi Hijo amado - Alfa y Omega

La navidad (Nacimiento de Jesús: 25.12.2021) y la epifanía (su manifestación a las naciones:6.1.22) culmina este Domingo del Bautismo (9.1.22), cuando Dios dice a Jesús “tú eres mi hijo” (Lc 3, 21-22).

El nacimiento de Jesús sólo es Navidad si desemboca en su Bautismo (Dios le llama «Hijo»y le confía la tarea de «crear» una Iglesia o comunidad de renacidos).

Nuestro «nacimiento»culmina también en el Bautismo, con Jesús, cuando Dios nos reconoce «hijos» suyos, de forma que en Él nos movemos y somos. Esto es lo que importa, esto es lo que define a los cristianos, como «renacidos», vivientes recreados en amor, en comunión de vida con todos los hombres y mujeres, porque la Navidad no es sólo nuestra (de los cristianos), sino de todos, aunque muchos no lo sepan.

Pues bien, en este contexto, esta mañana (8.1.22) me han impactado especialmente tres noticias de la página inicial de RD (Religión digital), que son importantes,pero no son de Navidad, no son de Batismo:

1.El Gobierno de España ha propuesto un obispo especial para las fuerzas militares, y él se ha defendido diciendo que eso no es “necesariamente negativo”. No entiendo la expresión, quizá se trata de una “excusatio non petita”, pero pienso que lo importante no son las fuerzas armadas y su obispo (por importante que sea), sino el hecho de que todos podamos renacer a la vida en amor (y no sé si las fuerzas armadas de todas las naciones están al servicio de eso).

2.Otro obispo ha tomado “posesión” de una Diócesis cercana, y algunos me han dicho que con eso se ilumina el futuro del cristianismo… porque es un buen obispo. No tengo duda de que lo sea (fue además alumno mío). Pero lo que de verdad me importa es que  mucha gente de nuestras tierras (casi un 50%), gente por otra parte muy buena, está dejando de bautizar a sus hijos, como si eso no importara, como si la Iglesia no les ofreciera ni les diera nada. ¿A qué se debe? ¿A los nuevos padres? ¿A la Iglesia? Éste es el tema clave. Debemos preocuparnos, con esperanza, pero también seriamente. 

3.Otro obispo, nombrado igualmente para una diócesis en discusión, por la «salida» del obispo anterior ha dicho que “la manera en que ha salido es lamentable». No sé en  qué sentido lo afirma. Como dicen en 1º de sociología, el problema de ciertas instituciones  no es entrar, sino salir… y actualmente, en algunos lugares de Iglesia, estamos más de salidas que de entradas.

   Desde ese fondo, ésta víspera del bautismo de Jesús que es el culmen de la Navidad, nacimiento de la Iglesia, he querido reflexionar sobre el bautismo, en una iglesia está dejando de bautizar, quizá porque no vienen, quizá porque ella no busca,ni invita de verdad, ni ofrece con transparencia de amor y verdad.

El panorama parece triste, pero creo que en el fondo puede ser esperanzador, si volvemos todos al evangelio de la Navidad. Puede nacer con nosotros (desde Jesús) una nueva iglesia. De eso quieren tratar las reflexiones que siguen. Buen día de bautismo a todos.

Por | X Pikaza Ibarrondo

1.El bautismo se ha vuelto un problema en países de “arraigo” cristiano, como España

Hace unos años bautizaba a todos, prácticamente a todos los nacidos. Hoy está bautizando a poco más que a la mitad. Se podrían “buscar” culpas:

-El bautismo era un “hecho social”, no un acontecimiento espiritual, de comunidad creyente, una experiencia de renacimiento. Ahora que ese hecho ha perdido relevancia social la gente-gente está dejando de bautizar a sus hijos.

Por otra parte, la Iglesia había relegado en parte el bautismo al trastero de los edificios parroquiales, como celebración privada, de unos pocos familiares, con “padrinos” traídos a lazo… De un modo  lógico, ahora que la pertenencia eclesial ha perdido el sentido que antes tenía (y nadie-nadie cree que los no bautizados van al limbo o al infierno, o están en pecado) mucha gente está dejando de bautizar a los hijos y de educarles en cristiano (¡ellos verán cuando se hagan mayores! Y evidentemente la mayoría no ven). La vida es corta, los garbanzos caros, los temas urgentes son otros ¿para qué bautizarse?

     Por eso, mientras sigue habiendo cristianos, nos vamos entreteniendo con obispos castrenses, sí o no, con el poder social de los obispos… y con los posibles escándalos de obispos  que dejan el episcopado por crisis de otro tipo y de obispos que acceden al episcopado con declaraciones que a la gente-gente no le suenan

     En ese contexto me he animado a retomar y re-escribir para este blog un par de paginitas tomadas en parte de mi teología de la Biblia (la Palabra hace carne). Mañana es el día del bautismo. Para mí es un día grande, uno de los mayores días de la Iglesia. Quizá sería bueno empezar por el bautismo, no por los obispos.

   Yo me atrevería a decir: “Si uno quiere ser obispo” (animador de una comunidad de seguidores de Jesús) empiece haciendo cristianos. ¿Cómo hacerlo hoy, año 2022, cuando muchos cristianos están dejando de ofrecer el bautismo a sus hijos? ¿Habrá que empezar casi de cero? Buen día a todos.

 2.Comunidad de renacidos. Nacer por bautismo

La Iglesia no es una comunidad de nacimiento físico o raza, como otras religiones, ni un estado político‒militar, fundado en el poder de algunas, o en la riqueza de otros, sino una comunión de “renacidos”, es decir, de personas “re-nacidas”, que tienen la experiencia de “haber nacido de “ y de vivir en él.   Éste es el tema: La iglesia es una comunidad de bautizados, que tienen la experiencia de “haber nacido” de Dios, a ejemplo de Jesús, y de vivir en una comunidad de “renacidos” a la vida en Dios.

No tomo por tanto el bautismo como rito de una iglesia particular, sino como signo del “nacimiento superior” de todos los cristianos, que no se vinculan por biología o raza, ni por presión político‒económica (o militar), sino por asociación voluntaria de fidelidad (de fe en el Dios de Jesús, que es fe de unos en otros) … En ese sentido, los creyentes‒bautizados de la Iglesia se integran entre sí como iniciados, renacidos en un grupo que les acoge y sella como “hijos de Dios”, en la línea del bautismo de Jesús (Mc 1, 9‒11) o del mandato pascual de Mt 28, 16‒20 (bautismo en la trinidad).

El arquetipo inicial de la Iglesia cristiana como tal es el bautismo, como expresión de un nacimiento superior, universal, de hombres y mujeres, de pueblos y razas, como iniciación mesiánica universal, que tiene un precedente en el judaísmo, pero que lo desborda. Los judíos “nacían” biológicamente por pertenencia a un pueblo (judío es el hijo de una judía) y ratificaban ese nacimiento por la circuncisión realizada en familia y por unas leyes de tipo alimenticio, sexual y social. Por el contrario, los cristianos no nacen, sino que se hacen por re-nacimiento, por integración personal, ratificada por el bautismo, que no se realiza en pequeña familia, sino en la comunidad de los cristianos, sin más exigencia o compromiso que la fidelidad mutua de todos los hermanos, dentro de un espacio de vida entendida como regalo y experiencia de comunicación humana, en línea de Jesús.

 3.Prehistoria judía.Bautismo en el Jordán

Las casas de los judíos puros (ricos) teníanpiscinas purificatorias (miqvot), para «limpiarse» a través de bautismos rituales. Los esenios de Qumrán se bautizaban al menos una vez al día, para la comida pura (cf. 1Q 5, 11-14). Había también hemero-bautistas, como Bano, que se purificaban cada día (incluso varias veces), para estar limpios ante Dios, compartiendo la pureza del principio de la creación. En aquel tiempo había surgido además la figura y mensaje de Juan Bautista, que anunciaba e impartir un bautismo, para purificación de los pecados (cf. cap 13‒14)[1].

Pues bien, en un momento dado, Jesús fue a bautizarse, haciéndose discípulo de Juan. Abandonó la familia, dejó el trabajo como tekton y se integró en una intensa “escuela bautismal”, asentada en el río Jordán, que era límite de la tierra prometida. Superando así la cultura social del entorno, en unión con Juan Bautista, Jesús pensó que el orden socio‒sacral de este mundo acaba, y que todo termina con un juicio de Dios, que hará posible la nueva entrada de los verdaderos israelitas, que cruzarán el Jordán, como en tiempos de Josué (cf. Jos 1-6) y podrán vivir en la Tierra Prometida. En ese contexto se inscribe su bautismo, con su gran novedad:

 Y sucedió entonces que llegó Jesús, de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio los cielos rasgados y al Espíritu descendiendo sobre él como paloma. Se oyó entonces una voz desde los cielos: Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido (Mc 1, 9-11).

El bautismo fue expresión de su “estado naciente”, es decir, de su nuevo nacimiento mesiánico, para el Reino de Dios, que trazó una ruptura respecto a lo anterior, definiendo su nueva opción mesiánico‒profética al servicio de la presencia creadora de Dios:

Iniciación y promesa mesiánica. Así lo ha destacado la tradición cuando afirma que vio los cielos abiertos y escuchó la voz de Dios Padre diciéndole ¡tú eres mi Hijo! y confiándole su tarea creadora y/o salvadora (¡por medio del Espíritu Santo!). Ciertamente, esa escena (cf. Mc 1, 9-11 par.), ha sido recreada por la Iglesia, pero en su fondo hay un gesto histórico firme, que anticipa la acción posterior de Jesús, vinculada a la promesa del Hijo de David: “Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo” (2 Sam 7, 14), tal como ha sido proclamada por Sal 2, 7: “Tú eres mi hijo, yo hoy te he engendrado”.

‒ Inversión, cumplimiento profético y revelación mesiánica. El bautismo es la visualización y celebración comunitaria de esa experiencia de inversión, en la que viene a revelarse un Dios que actúa a contrapelo de un tipo de egoísmo humanoPrecisamente allí donde, habiendo llegado al fin de su mensaje apocalíptico, Juan se había colocado ante una meta de juicio y destrucción de la humanidad anterior, Jesús experimentó y descubrió su vocación davídica, como impulso y llamada mesiánica de Reino, como si aquello que Juan anunciaba se hubiera cumplido, de tal forma que allí donde todo había terminado (ha llegado el juicio) vino a comenzar de otra manera todo, en línea de vida y no de muerte[2].

‒ Nacimiento de Dios, para su Reino. No fue un proceso racionalista en plano objetivo, algo que se puede demostrar por argumentos, sino una “intuición” vital, un acontecimiento que recompuso las coordenadas de su imaginación y de su voluntad, su forma de estar en el mundo y su decisión de transformarlo. En ese sentido decimos que el bautismo de Jesús fue un signo de su “vocación”, una llamada que Jesús ha “recibido” y acogido en lo más profundo de su ser. En un momento crucial de su vida, él escuchó la voz de Dios que le llamaba Hijo y sintió la experiencia del Espíritu, confiándole su tarea de Reino.

Es difícil trazar suposiciones de tipo psicológico sobre lo que Jesús sintió en el bautismo, pero es evidente que, al recibirlo, él se vinculó con los “pecadores” de su pueblo, con su carga de trabajo y/o falta de trabajo, como tekton, artesano galileo (Mc 6,1‒5), en una sociedad que se desintegraba. Venía a bautizarse para asumir el camino de Juan, quizá para “despedirse” del Dios de las promesas fracasadas, como Elías sobre el Horeb (1 Rey 19). Pero el Dios de su fe más profunda, vinculada a su tradición familiar mesiánica, el Dios de sus deseos más hondos, le salió al encuentro tras (en) el agua, en la brisa del Espíritu, y escuchó una voz que decía: ¡Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido!

La primera voz del Cielo (de Dios) no es ya Soy el que soy, Yahvé(cf. Ex 3, 14 9), sino la afirmación engendradora del Dios Padre, que sale de sí y suscita al otro (a su Hijo), diciéndole ¡Tú eres! Un tipo de judaísmo había partido del Yo Soy de Dios como misterio incognoscible. El evangelio en cambio se fundamenta y expresa en el descubrimiento del Dios que es en sí mismo diciendo Tú EresDios no empieza asegurando su dominio, sino dando ser al otro; no es un Yo soy en mí, sino un Yo soy para y contigo, diciendoTú eres mi Hijo. En el origen de la vida no está un Yo-Soy, planeando por encima de las cosas, ni la voz del hombre angustiado pidiendo la ayuda de Dios o de los dioses, sino la Palabra (Dios) que dice ¡Tú eres mi hijoquerido! (jhjd, agapêtos), y la respuesta del Hijo (Jesús), como Oyente original de esa Palabra[3].

4.Bautismo cristiano. Nacimiento personal y eclesial

                      Al asumir como propio el bautismo (signo fundante) de Jesús, reinterpretado desde la experiencia de su muerte, la iglesia ha ratificado su opción fundacional, definiéndose a sí misma como nuevo pueblo, por gracia de Dios, por inmersión creyente de sus miembros. No sabemos quién fue el primero en impartirlo, quizá Pedro (cf. Hech 3, 38). Tampoco sabemos si al principio entraban todos en el agua o bastaba el «bautismo en el Espíritu», como renovación interior. Sea como fuere, el bautismo vino a convertirse en paradigma de iniciación y pertenencia cristiana: la primera institución o sacramento visible y escondido, público y privado, paradigma) de los seguidores de Jesús, como signo de renacimiento personal y eclesial, como nueva creación (en cada bautizado se actualiza la misma experiencia de Jesús), para todos los pueblos.

 ‒ Bautismo escatológico y pascual. Por un lado, el bautismo mantiene a los creyentes en continuidad con Juan Bautista y su judaísmo. Pero, al mismo tiempo, expresa y expande la experiencia de la vida, muerte y pascua de Jesús, en cuyo nombre se bautizan sus seguidores, identificándose con él, ya en este mundo, sin esperar la llegada del Reino futuro, pues el Reino ha comenzado aquí, es la vida de Cristo en los creyentes.

‒ Iniciación y demarcación. Quienes lo reciben renacen, insertándose en la vida, muerte y resurrección de Jesús, por obra de Dios Padre en el Espíritu (cf. Rom 6). De esa forma se distinguen y definen los creyentes, como indicará la fórmula trinitaria de Mt 28, 16-20 (en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu: cf. cap. 20), que les introduce creyentes en el espacio total del Dios de Cristo.

Entendido así, el bautismo supera la división de naciones, estados sociales y sexos, como sabe Gal 3, 28, retomando un pasaje clave de la liturgia: «ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, macho ni hembra…». La circuncisión discriminaba, como signo en la carne del sexo masculino, a judíos de los no judíos, a varones de las mujeres… Por el contrario, el bautismo es el mismo para varones y mujeres, libres y esclavo, judíos y gentiles, como sacramento de nuevo nacimiento personal en la comunidad de los creyentes.

                      Ciertamente, el hombre o mujer que se bautiza de adulto ha tenido un primer nacimiento humanidad”, en un plano social y cultural, con padre y madre, en una familia que le define en sentido muy preciso como “ser natal”, como alguien que re‒nace de un modo personal, por encima del engendramiento puramente biológico. Pues bien, en la línea de ese “primer nacimiento”, la iglesia cristiana insiste en otro más alto, vinculado a lo que pudiéramos llamar la nueva individuación en “Cristo”, esto es, al surgimiento personal, desde Dios, como experiencia radical del creyente, con sus tres elementos:

‒ El neófito (nuevamente implantado, neonato) se descubre nacido de Diossegún Cristo, en libertad de amor, en perdón, en apertura infinita a la Vida (es decir, al Selbst divino). Esta experiencia de “nacer de Dios” constituye el signo de identidad radical de los cristianos que, siendo seres de este mundo, se descuben nacidos y arraigados en el Dios de Cristo (el Dios universal), en cuyo Espíritu viven, se mueven y existen, es decir, son ellos mismos (seres individuados), siendo presencia de Dios (de su Selbst o arquetipo originario).

‒ El neófito se descubre nacido de sí mismo (desde su interior divino), desplegando sus posibilidades, como persona que crece y se despliega desde el mimo “dios”, superando así la “condena” de la muerte o, mejor dicho, descubriendo y potenciando su destino para la vida. Este Dios del que nace el cristiano (Dios Padre, en Cristo, por el Espíritu Santo: cf. Mt 28, 19) no es alguien extraño, de fuera, sino que es su propia identidad más honda (su Selbst) del que nace cada uno, surgiendo de su propia hondura divina, en comunión con otros, en diálogo de amor.

‒ En tercer lugar, el neófito nace de (en) una comunidad o iglesia, entendida como familia, que le acoge, le potencia y acompaña, integrándole en su cuerpo mesiánico. Sin Iglesia (es decir, sin comunidad de creyentes) no puede haber bautismo, pues la vida cristiana no se reduce a una relación individual con Dios, sino que es comunidad‒familia de bautizados, que comparten su experiencia y la comunican. Ciertamente, podría haber un renacimiento personal en (desde) Dios, sin una comunidad‒familia de creyentes, pero no sería un renacimiento cristiano, que es inseparable de una comunidad de bautizados.

                      El bautismo enmarca y ratifica la institución cristiana, que es universal y concreta, en un plano de fe y vida, en un nivel de experiencia interior de renacimiento y de experiencia compartida, pues de/con otros nacemos, y a otros hemos de legar nuestra vida por la muerte/resurrección. El bautismo es para “perdón de los pecados”, esto es, para superar un plano de vida en el pecado, pero se expresa como más hondo nacimiento en amor con y para todos. Entendido como unión con Cristo y aceptación de su misterio, el bautismo ratifica y expresa la apertura personal y universal de Dios, por encima de otros ritos parciales, incluida la circuncisión judía (cf. Jn 3,1-21 y Gal 3,27- 28; 6, 15; 2 Cor 5,17; Rom 6, 1-14; Ef 4,29):

‒ El bautizado confiesa que ha muerto con Jesús (que se inserta/injerta en su entrega hasta la muerte como principio de reconciliación universal), y de esa forma supera un tipo de lucha de todos contra todos, propia de un mundo que camina hacia la muerte, recordando que en el fondo de la vida del hombre sigue habiendo una “concupiscencia” de ruptura y finitud, que ha de ser superada a través un cambio interno y comunitario, de una “meta-noia”, superando así una vida dominada por la muerte (cf. Mc 1, 14-15).

‒ El bautismo es la expresión simbólica (sacramental) de una experiencia de muerte y de renacimiento, no por castigo del pecado (cf. Gen 2‒3), sino por descubrimiento y aceptación de un don más alto de vida,por gracia de Dios en Cristo, en fe y perdón, es decir, en comunión de vida de creyentes. En nombre de Cristo (o de la Trinidad: Mt 28, 16-20), en total desnudez, como recién nacido, el bautizado sale del agua y se reviste de una nueva vestidura, en gesto (experiencia) que troquela radicalmente su vida.

‒ De esa forma, renaciendo en la Iglesia de Jesús, el creyente supera una vida anterior en división, como lucha entre varón-mujer, judío-griego, esclavo-libre, como ratifica la palabra bautismal de Gal 3,28: “No hay hombre ni mujer, judío ni griego, libre y esclavo, pues todos sois uno en Cristo”. Por eso, el bautismo en Cristo es un renacimiento mesiánico, en una iglesia o comunidad donde hombres y mujeres, judíos y gentiles, se vinculan desde y por Dios en comunión personal de amor[4].

Según eso, los cristianos, en cuanto tales, no nacen (no surgen) por origen biológico, sino que surgen, nacen de Dios, y en el viven (se hacen), por un renacimiento personal, expresado en su propia opción y en el gesto de la comunidad que les acoge, en la “pila” natal del bautismo. Eso significa que su pertenencia eclesial constituye una experiencia públicamente ratificada de nuevo nacimiento, no en una pequeña familia, sino en la comunidad de creyentes, como paradigma de inmersión en el Dios de Cristo y de opción mesiánica a favor de Cristo (o del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo).

Estas palabras (bautismo en el nombre del Padre, Hijo y espíritu Santo) constituyen la mayor audacia teológica (experiencial) de la Iglesia cristiana que aparece así como “institución creyente” de iniciados, que quieren abrir y compartir con todos los hombres y mujeres su experiencia de iniciación y “renacimiento” en un Dios concebido como Padre universal del que nacemos, como Hijo Jesús con quien compartimos el camino y como Espíritu de vida en el vivimos[5].  

 Notas

[1] Muchos judíos destacaban el carácter lustral (purificador) y legal de los bautismos, que limpian las manchas de sacerdotes y fieles, capacitándoles para realizar legalmente los ritos. De todas formas, el rito básico de la identidad de los israelitas (varones) era la circuncisión, y el perdón oficial no se lograba con agua, sino con sacrificios, como diceLev 17, 11: «Os he dado la sangre para expiar por vuestras vidas» (cf. Lev 17,11; cf. Ex 12, 13.23; 24, 3-8; Lev 14, 4-7; 16, 16-19), aunque la misma Ley pedía lavatorios y bautismos, para sacerdotes (cf. 2 Cron 4, 2-6; Lev 16, 24-26) y no sacerdotes que habían contraído alguna mancha ritual…

[2] Ciertamente, las cosas no pasaron externamente como dice el texto, pero los hilos posteriores de su vida sólo pueden entenderse desde aquí, en una línea que lleva del antiguo Elías, profeta del juicio (como Juan Bautista), al nuevo Elías, mensajero de la brisa suave y del nuevo comienzo. Sólo en ese contexto, allí donde descubre que todo lo anterior se ha cumplido (ha muerto), puede iniciar Jesús su nueva trayectoria, desde la voz del Padre, que le dice “tú eres mi hijo”, y con la brisa del Espíritu (que le envía a realizar su obra).

[3] Esa expresión (tú eres) identifica a Dios como Bien que es diffusivum sui, esto es, expansivo, pero también como Persona/Padre creadora de alteridad, haciendo que surja Alguien (Jesús) que escuche esa Palabra, se identifique con ella y responda llamando a Dios Padre. En ese contexto, decir es hacer, pero no “fabricar una cosa”, sino engendrar una persona que puede situarse ante su padre/creador y responderle en libertad.

[4] Toda la Biblia aparece así como preparación para el bautismo, es decir, para el nacimiento de una humanidad nueva, fundada en Cristo, como sabe Ef 4, 5‒7: “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre (epi) todos y por medio (dia) de todos y en todos”.

[5] El bautismo no es “un” sacramento entre otros (confirmación, penitencia, matrimonio, ordenación sacerdotal…), sino más bien “el” sacramento, la gran audacia de la iglesia que se atreve a ofrecer a unos hombres y/o mujeres un signo y lugar (camino) de renacimiento superior, y también la audacia de los bautizados que se atreven a descubrirse renacidos, desde el Dios de Cristo, recibiendo y cultivando su identidad como resucitados en el Cristo. Al impartir más tarde el bautismo a los niños y al presentarlo de hecho como un rito de pertenencia a la Iglesia como institución sacral, cierto cristianismo ha mutilado las posibilidades recreadoras del bautismo.

Ciertamente, como rito de limpieza, el bautismo había recibido en Israel gran importancia, y así lo supo Jesús, bautizado por Juan (cf. 3 13-17). Pero la Iglesia vinculó su bautismo a la experiencia del mismo Jesús (Mc 1, 9‒11) y a su muerte pascual, entendiéndolo así como inmersión en su muerte y resurrección. (cf. 1 Cor 1, 13; 6, 3; Gal 3, 27; Hch 2, 36-8; 10, 48; 19, 5), desde una perspectiva trinitaria: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu (Mt 28, 16‒20). Ese final del evangelio de Mateo recoge y transmite la experiencia de una iglesia posterior, que ya no bautiza sólo en nombre de Jesús, como las comunidades antiguas. Mateo, el más judío de los evangelistas, vinculado a la confesión del único Dios (cf. Mt 22, 34-40), ha tenido el atrevimiento de formular, como culmen y compendio de su catequesis cristiana, esta palabra de bautismo, que reinterpreta el monoteísmo israelita desde el despliegue del conjunto de la Biblia, culminado en el Dios Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo).

La Buena Noticia del Bautismo del Señor

Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto

El os bautizará con Espíritu Santo y fuego

Lc 3, 15-16.21-22

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espiritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»

Comentario a la lectura

¿PARA QUÉ CREER?

Son bastantes los hombres y mujeres que un día fueron bautizados por sus padres y hoy no sabrían definir exactamente cuál es su postura ante la fe. Quizá la primera pregunta que surge en su interior es muy sencilla: ¿para qué creer? ¿Cambia algo la vida por creer o no creer? ¿Sirve la fe realmente para algo?

Estas preguntas nacen de su propia experiencia. Son personas que poco a poco han arrinconado a Dios de su vida. Hoy Dios no cuenta en absoluto para ellas a la hora de orientar y dar sentido a su existencia.

Casi sin darse cuenta, un ateísmo práctico se ha ido instalando en el fondo de su ser. No les preocupa que Dios exista o deje de existir. Todo eso les parece un problema extraño que es mejor dejar de lado para asentar la vida sobre bases más realistas.

Dios no les dice nada. Se han acostumbrado a vivir sin él. No experimentan nostalgia o vacío alguno por su ausencia. Han abandonado la fe y todo marcha en su vida tan bien o mejor que antes. ¿Para qué creer?

Esta pregunta solo es posible cuando uno «ha sido bautizado con agua», pero no ha descubierto qué significa «ser bautizado con el Espíritu de Jesucristo». Cuando uno sigue pensando erróneamente que tener fe es creer una serie de cosas enormemente extrañas que nada tienen que ver con la vida, y no conoce todavía la experiencia viva de Dios.

Encontrarse con Dios significa sabernos acogidos por él en medio de la soledad; sentirnos consolados en el dolor y la depresión; reconocernos perdonados del pecado y la mediocridad; sentirnos fortalecidos en la impotencia y caducidad; vernos impulsados a amar y crear vida en medio de la fragilidad.

¿Para qué creer? Para vivir la vida con más plenitud; para situarlo todo en su verdadera perspectiva y dimensión; para vivir incluso los acontecimientos más triviales e insignificantes con más profundidad.

¿Para qué creer? Para atrevernos a ser humanos hasta el final; para no ahogar nuestro deseo de vida hasta el infinito; para defender nuestra libertad sin rendir nuestro ser a cualquier ídolo; para permanecer abiertos a todo el amor, la verdad, la ternura que hay en nosotros. Para no perder nunca la esperanza en el ser humano ni en la vida.

José Antonio Pagola

También hoy recibimos “bautismos de agua”

Por Rufo González

Comentario: “Os bautizará con Espíritu Santo y fuego” (Lc 3,15-16.21-22)

Jesús tiene unos treinta años, “una persona mayor” en aquella época (R. Aguirre). Su bautismo implica capacidad de decidir por sí mismo. Ante la vida de Juan, decide unirse a su movimiento. Antes su familia y paisanos no habían advertido nada extraordinario (Mt 13, 53-56; Mc 6, 2-3; Lc 4, 22). La experiencia bautismal de Juan le “convierte”. Hay también “conversión” cuando, al sentir la fuerza del Espíritu bueno, la vida se ilumina, se llena de sentido y nos vemos movidos a una acción generosa en favor de los demás, y más aún, si los demás son los más débiles. Es Amor gratuito, es Dios (1Jn 4,8).

En su primera parte (vv. 15-16), el texto contrapone el bautismo de Juan al de Jesús. Se hace eco del ambiente de espera mesiánica en el pueblo judío. Pretensiones que se verán frustradas con el levantamiento popular y derrota por parte de Roma a partir del año 66. Sólo los que siguieron a Jesús creerán realizada dicha pretensión en el hecho “Jesús”: “Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él…” (He 10, 37ss). Serán testigos de su resurrección y encargados de anunciar que “de él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados” (He 10,43).

Juan marca la gran diferencia entre su bautismo y el de Jesús. “Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”. Es un segundo nacimiento (Jn 3,5). “Recibimos el Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: `¡Abba, Padre!¨. Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo…” (Rm 8,15-17). Somos bautizados por el Espíritu divino. Quien libremente recibe la Palabra de Dios (a Jesús), “le da poder para ser hijos de Dios” (Jn 1,12). He aquí la misteriosa interacción entre la libertad humana y la acción divina. En el bautismo, Dios nos entrega, al aceptar a Jesús como Hijo suyo, el mismo Espíritu que alentó su vida y le llevó a amar como Dios ama. El “fuego” es un símbolo del Espíritu, como el “viento” y el “agua”. Dan a entender el significado del Espíritu de Dios: fuerza transformadora que quema, aventa y arrastra lo que perjudica al ser humano; y aquilata, dinamiza y fecunda todo lo que perfecciona y realiza.

En la segunda parte (vv. 21-22) leemos el bautismo de Jesús, fruto de su decisión libre. En un bautismo general fue bautizado. No dice quién le bautizó. Parece, como subrayan muchos comentaristas, que Lucas no quiere destacar la conexión, históricamente muy probable, entre Juan y Jesús, de maestro y discípulo. Con ello destaca a Jesús como “centro del tiempo” nuevo, difuminando a Juan como colofón del tiempo pasado.

Mientras oraba, se abrieron los cielos”. Teofanía mítica de contenido cristológico. Es un modo de explicar la fe en la divinidad de Jesús. En la oración se oye en lo profundo de la conciencia la voz de Dios. Ahí en lo profundo, Jesús experimenta la convicción íntima de ser “el Hijo amado” de Dios, “viendo al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma” (Mc 1,10). Recuerda el descenso del mismo Espíritu sobre los Apóstoles en Pentecostés para iniciar el ministerio (He 2,1-4). “Vino una voz del cielo: `Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco´”. Alusión al salmo: “Tú eres mi Hijo…” (Sal 2,7), y a Isaac, “el hijo único, al que amas” (Gn 22,2), y lo entrega como Abrahán.

Oración: “os bautizará con Espíritu Santo y fuego” (Lc 3,15-16.21-22)

Jesús resucitado, “convertido en espíritu vivificante” (1 Cor 15,45):

“por tu Espíritu ofreces luz y fuerzas para responder a nuestra vocación” (GS 10);

“derramas el Espíritu de caridad en los corazones humanos” (GS 78);

“con el don de tu Espíritu creas una nueva comunidad fraterna” (GS 32);

“actúas en los corazones humanos por la fuerza de tu Espíritu, 

suscitando el deseo del siglo futuro,

animando, purificando y robusteciendo propósitos generosos 

de humanizar más la vida y plegar la tierra a este fin (GS 38). 

También hoy recibimos “bautismos de agua”:

“bautismos” como el de Juan, que ayudan mucho:

consejos de salud que intentan sanear nuestra vida;

lecciones de economía para controlar nuestros bienes;

ofertas de divertimiento limpio que nos armonizan;

mejoras educativas y profesionales para acertar en el trabajo;

lecciones de honradez para evitar conductas indeseables; 

compromisos a favor de la justicia y la dignidad de todos…

Pero seguimos en expectación de un bien mayor:

nuestra conciencia siente en lo profundo el deseo

de liberarnos de todo mal,

de realizarnos plenamente;

buscamos un amor que no se canse de nosotros;

que sea manantial de vida, más fuerte que el dolor y la muerte;

que nos dinamice activamente en tareas necesarias y urgentes.

San Juan de la Cruz, experto en vida interior, dice:

necesitamos “otra inflamación mayor de otro amor mejor”;

sólo el amor mueve y llena humanamente.

Este es el regalo de tu bautismo, Jesús:

Amor que responde al Amor” del Padre (Jn 1,16).

Recibimos el Espíritu de hijos de adopción,

en el que clamamos: `¡Abba, Padre!¨.

Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu

de que somos hijos de Dios” (R(Rm 8,15s).

Necesitamos, Jesús, tu bautismo de Espíritu y fuego:

bautismo que nos revista de tus entrañas amorosas;

bautismo que nos distinga por “hacer el bien” (He 10,38);

bautismo que nos capacite para amar como nos ama el Padre;

bautismo que nos reúna en comunidad de hermanos;

bautismo que nos impulse a la acción, sobre todo por los más débiles…

Renueva, Señor, la Iglesia con tu Espíritu:

de pobreza que nos desnude de añadidos no evangélicos;

de consuelo eficaz que libere de cadenas prescindibles;

de respeto a los derechos humanos en nuestras relaciones;

de diálogo sincero, abierto a la verdad y a la libertad;

de fortaleza ante la persecución de tiranos y envidiosos;

de amor desinteresado “que hace salir el sol sobre malos y buenos,

ymanda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5,45).

Preces de los Fieles (Bautismo del Señor (10.01.2016)

Hoy es una fiesta adecuada para renovar nuestro bautismo. Si estamos de acuerdo con la causa de Jesús, el Reino de Dios, manifestemos nuestra conversión bautismal diciendo: Reaviva nuestro espíritu con tu Espíritu, Señor”.

Por la Iglesia:

– que el Evangelio del Reino sea su causa, su trabajo;

– que siga humildemente al Espíritu de Jesús.

Roguemos al Señor: Reaviva nuestro espíritu con tu Espíritu, Señor”.

Por las intenciones del Papa (enero 2022):

– por “todas las personas que sufren discriminación y persecución religiosa”;

– que “encuentren en las sociedades en las que viven el reconocimiento

de sus derechos y la dignidad que proviene de ser hermanos y hermanas”.

Roguemos al Señor: Reaviva nuestro espíritu con tu Espíritu, Señor”.

Por la pastoral del bautismo:

– que sea fruto del amor a la verdad y a la vida, como la pastoral de Jesús;

– que el bautismo sea signo de la conversión al Espíritu de Jesús.

Roguemos al Señor: Reaviva nuestro espíritu con tu Espíritu, Señor”.

Por los padres y padrinos:

– que cuiden y ofrezcan su propia fe a sus hijos y ahijados;

– que sean testigos y educadores de la vida cristiana.

Roguemos al Señor: Reaviva nuestro espíritu con tu Espíritu, Señor”.

Por la catequesis de niños y adultos:

– que el Espíritu anime a todos a crecer en la fe cristiana;

– que suscite vocaciones de catequistas para todos.

Roguemos al Señor: Reaviva nuestro espíritu con tu Espíritu, Señor”.

Por esta celebración:

– que nos ayude a contactar con Jesús que está en medio de nosotros;

– que sintamos su Espíritu de amor que nos habita.

Roguemos al Señor: Reaviva nuestro espíritu con tu Espíritu, Señor”.

Queremos escuchar al Espíritu Santo que nos habita, que nos asegura que somos hijos de Dios,  que nos hace a todos hermanos de Jesús y coherederos de vida eterna por los siglos de los siglos.

Amén.

Leganés (Madrid), 9 de enero de 2022

Cómo ver la pandemia

La Pandemia vista con una mentalidad apocalíptica o con una mirada cristiana

Observando los discursos y actitudes que han ido surgiendo con actual la crisis del Covid me ha parecido descubrir, entre las diversas narrativas sociales que reflexionan sobre la situación, dos perspectivas o tendencias que parecen responder a arquetipos arraigados en la humanidad desde la antigüedad: una tendencia que creo recuerda a la mentalidad apocalíptica y otra más cercana a la mentalidad escatológica de origen cristiano.

 Mi reflexión no pretende abordar las situaciones concretas vividas ni la validez o no de las medidas adoptadas, sino reflexionar sobre estas perspectivas, que creo han influido en el modo de actuar, y sobre las consecuencias que se derivan de adoptar cada una de ellas, de modo que cada persona discierna, si lo desea, cual puede ser la más apropiada para afrontar mejor esta situación de crisis.

angel apocalipsis
angel apocalipsis

La mentalidad apocalíptica suele estar vinculada a una visión espiritualista y gnosticista,  una mentalidad en  la que la  historia queda desvalorizada por la “metahistoria”, un mundo espiritual por encima de la historia;  para esta mentalidad, el mundo celeste o espiritual se considera lo único verdaderamente real, de modo que el apocalipsis, que significa revelación, se entiende  como la toma de conciencia del carácter ilusorio del mundo histórico, que es visto de manera desfavorable, y, en el fondo, la aspiración a que ese mundo histórico profano y poco espiritual desaparezca irremediablemente cuando el mundo celeste, espiritual, se revele.

El que acepta esta mentalidad apocalíptica suele tener, por tanto, una mirada que da poco valor a la historia y a la materia, y no pocas veces, busca que esa historia termine lo antes posible para que llegue ya la verdadera realidad, la realidad espiritual, que estaría oculta por la realidad histórica y por la materia. No es raro, por eso, que los movimientos apocalípticos interpreten la historia como un drama en el que los poderes malignos son realmente los que guían, de modo disimulado, y oculto para los ojos de los poco espirituales, el transcurrir de los acontecimientos. La historia estaría en manos del mal y el camino espiritual consistiría en salir de la historia o vivir al margen de la historia colectiva en grupos de “puros” o espirituales que han captado el carácter negativo del mundo. La historia no tendría posibilidad de transformación real pues sería una ilusión que ya está condenada a desaparecer cuando lo real se manifieste, cuando se viva el apocalipsis pues.

No es esta la visión cristiana. La perspectiva escatológica cristiana no pierde de vista la dimensión espiritual como la más importante de lo real, a la vez que es consciente del valor de la historia y la materia como elementos también imprescindibles de lo real, pues han nacido de Dios. No considera, por tanto, que sea indiferente o negativo el compromiso humano en la construcción final de la plenitud de la historia, sino que es necesaria esa colaboración del ser humano en ese caminar hacia la meta final de la historia. La historia no es fruto, en último término, de un plan maligno urdido por poderes que buscan alejarnos del mundo real (el espiritual) sino una historia de salvación, pese al dolor, la injusticia y el mal, que están en ella fruto de nuestra libre actuación egoísta; Dios guía la historia, pese a ese mal, con nuestra libre colaboración con él mediante el ejercicio del amor, para que lleguemos todos a la comunión final con él y, en él, con nosotros y con la creación.

 La visión escatológica cristiana confía, con humildad, realismo y sin triunfalismos, en que Cristo ha vencido ya y que transformar la historia es el camino para que esa victoria se haga visible mediante nuestra colaboración en el plan de amor de Dios, combatiendo desde nuestra vulnerabilidad y con el ejercicio del amor afectivo y efectivo, personal y social, las enormes injusticias y males que se siguen dando hasta que esa victoria se haga visible y plena para todos. El cristianismo es un escatologismo encarnado, pues el cristiano busca colaborar con Dios en la construcción de la historia y de la sociedad, no busca separarse y aislarse en grupos de puros, sino ayudar en último término a que todos se salven, construyendo, mediante el amor, el Reino en la historia y más allá.

Cristo victorioso
Cristo victorioso

Frente a la actual crisis del Covid, los “apocalípticos” y los “escatológicos” actuaran probablemente de modo muy diverso. La mentalidad apocalíptica tenderá a poner su foco en buscar signos que le confirmen su creencia en el carácter negativo de las fuerzas que rigen la historia. Su esfuerzo se centrará, muchas veces, no tanto en promover el cuidado corporal de la vida en la sociedad, como en convencer a los demás de la ilusión en la que viven y buscar una salvación, individual o en agrupaciones de “puros”, que prefiere el bien espiritual personal relegando a un segundo término el esfuerzo social por cuidar el bien de la vida corporal. Al ser una una mentalidad que prima lo espiritual probablemente dirigirá sus deseos altruistas de ayuda y humanitarismo a salvar solo, o principalmente, la dimensión espiritual de los demás, menospreciando la dimensión corporal, y tendiendo a ver como exageradas o erróneas las medidas sanitarias que quieren salvar también el bien de la vida corporal en el ámbito social.

Un apocalíptico puede negarse a tomar precauciones sanitarias básicas en aras del “humanitarismo” espiritual, creyendo que solo o principalmente hay que cuidar el bien espiritual y que el corporal carece de importancia o puede quedar relegado. Creerá además que esto es un gesto que lo hace más humano y más espiritual que el que busca proteger ambos bienes, la salud corporal y la espiritual, promoviendo medidas que abarcan el cuidado sanitario responsable.

No es raro a lo largo de la historia que movimientos con rasgos apocalípticos y gnósticos hayan llevado a formas de suicidio directo o indirecto como si fuera un acto de valor espiritual (recordemos la endura de los cátaros). Para confirmar esta visión el apocalíptico no dudará en acudir a la experiencia del martirio de algunos santos o a gestos de entrega extremos que interpretará de un modo absoluto.

Los movimientos de espiritualismo radical suelen caer en formas de actuación poco prudentes, pues no parecen capaces de incluir en su discernimiento lo que los antiguos moralistas llamaban la circunspección, un elemento de la prudencia, que lleva a tener en cuenta las circunstancias en las actuaciones para poder discernir su validez. Así, sin circunspección, por ejemplo, no se puede captar el hecho de que el martirio (u otras acciones nobles que anteponen el bien espiritual al material), que en algunas ocasiones es sin duda un acto heroico, no siempre tiene porque ser la actuación más adecuada y, por ello, no puede convertirse sin más en un modelo a imitar en toda circunstancia. De hecho, la iglesia ha condenado la búsqueda intencional del martirio como una forma desordenada de deseo espiritual que no cuidad adecuadamente el valor de la vida.

negacionistas
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Frente a la actuación del apocalíptico, la perspectiva escatológica cristiana buscará el seguir impulsando en la historia la plenitud de la vida, combatirá pues la enfermedad con los medios que la ciencia aporte atendiendo también a la dimensión ética (no todo es ético, aunque pueda ser propuesto por la ciencia) para que la vida siga desarrollándose en plenitud.

Su posición se preocupará en buscar el mayor bien para todos y evitar el mal en lo posible, no opondrá el bien espiritual al bien corporal sino que intentará salvar ambos bienes, sin caer en espiritualismos imprudentes que sacrifican el bien corporal al bien espiritual sin discernimiento adecuado.

La dimensión encarnacionista del cristianismo le llevará a preocuparse por el bien común, y por tanto, por la dimensión política y social de la crisis sin limitarse a dirigir su mirada a la dimensión personal o grupal, sin olvidarlas tampoco. Más que poner el foco en supuestos culpables de la situación, que también puede haberlos y conviene ponerles límite, buscará ver los problemas estructurales que hacen que puedan darse abusos o circunstancias poco cuidadosas con las exigencias de la ética al abordar la crisis.  Tomará conciencia, por ejemplo, de las consecuencias de las políticas de aquellas ideologías que promueven desmantelar lo público, de modo que ante las crisis no se puede responder adecuadamente ni en el ámbito sanitario ni el educativo, por la ausencia de personal y de inversiones suficientes en áreas sociales fundamentales.

Su espiritualidad se alimentará de la oración y del compromiso social, no buscará refugiarse y salvarse al margen de todos, sino colaborar con todos en el cuidado de los bienes corporales y espirituales, sin sacrificar ni olvidar unos en favor de otros.

Cuidar-curar-tiempos-pandemia
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Su fe en un Cristo que ha vencido al mal, le mantendrá la mirada abierta para descubrir la luz diaria del amor, expresada en múltiples gestos de responsabilidad y humanidad, que brilla con creces en medio de la oscuridad; unirá su esfuerzo al de todos para cuidar el cuerpo y el espíritu, lo personal, lo grupal y lo social sin extremismos espiritualistas ni idolatrías que buscan cuidar solo las dimensiones materialistas  o utilitaristas olvidando las dimensiones espirituales; intentará cultivar el discernimiento y la prudencia, a la vez que evitará sembrar más desorientación y alarma con discursos extremistas.

Será siempre sembrador de esperanza pues, como dice San Pablo: “Si Dios está con nosotros ¿Quién estará contra nosotros?” (Romanos 8,31)

El legado de Rutilio (13)

Los funerales en Aguilares, en San Salvador y en El Paisnal

El P. Jerez presidió la Misa de las 10 de la mañana del domingo 13 en Aguilares con unos diez sacerdotes. Llegó el secretario de la nunciatura Mons. Baldisseri pidiendo presidirla, pero el P. Jerez le dijo que eso le correspondía a él.

Los féretros permanecieron todo el día en el templo parroquial, abarrotado de campesinos descalzos pobremente vestidos, de señoras con niños en brazos y de jóvenes visiblemente emocionados. La multitud lloraba y cantaba la esperanza y la liberación que Rutilio había representado para ellos. En la noche se conformaron grupos de reflexión para dialogar sobre el significado de la muerte de Rutilio y compañeros. Mientras tanto los mensajes de la YSAX se escuchaban en todas las casas. En la noche llegaron a San Salvador algunos jesuitas de Guatemala para asistir a los funerales del día siguiente en catedral.

En la madrugada del lunes , la multitud se desplazó hacia San Salvador. Los tres coches fúnebres salieron de Aguilares a eso de las 8 de la mañana. La Misa en la catedral fue presidida por Mons. Romero, Mons. Rivera y Mons. Chávez y concelebrada por más de 150 sacerdotes en una catedral abarrotada. El centro de San Salvador se paralizó.

Mons. Romero visiblemente emocionado ante la inmensa multitud y la enorme audiencia que tenía en ese momento a través de la YSAX, dijo que esa mañana, la catedral era un signo de la Iglesia universal:

“Es aquí la convergencia de toda una rica pastoral de una Iglesia particular que engarza con la pastoral de todas las diócesis y de todo el mundo, y sentimos entonces que la presencia no solo de los vivos, sino de estos tres muertos, le dan a esta figura de la Iglesia su perspectiva abierta al Absoluto, al infinito, al más allá: Iglesia universal, Iglesia más allá de la historia, Iglesia más allá de la vida humana…

Si fuera un funeral ordinario, hubiera hablado de unas relaciones humanas y personales con el P. rutilio Grande, a quien siento como un hermano. En momentos culminantes de mi vida, él estuvo muy cerca de mí, y esos gestos jamás se olvidan…

La clave de la vida y la muerte de Rutilio Grande, según Mons. Romero, se encontraba en la Evangelii Nuntiandi, de manera especial en el nº 38 y en el Sínodo de 1974. Según Pablo VI, “la Iglesia no puede estar ausente en esa lucha de liberación” de “tanta miseria” humana. Esa había sido, justamente, la lucha de Rutilio.

“La liberación que el P. Grande predicaba es inspirada por la fe que nos habla de una vida eterna, una fe que ahora él, con su rostro levantado al cielo, acompañado de dos campesinos, la ofrece en su totalidad, en su perfección…es la liberación que se apoya en Cristo, la única fuerza salvadora; esta es la liberación que Rutilio Grande ha predicado y por eso ha vivido el mensaje de la Iglesia”.

Por lo tanto su lucha “por levantar , por dignificar al hombre” fue “una presencia muy original”, porque la llevó a cabo desde la “iluminación de la fe que hace distinguir cualquier liberación de tipo político, económico, terrenal, que pasa más allá de ideologías, de intereses y de cosas que se quedan en la tierra”. Por esa razón, tal como “dice el Papa no puede confundirse con otros movimientos liberadores sin horizontes espirituales. Ante todo, es una inspiración de fe”. Por eso “el mundo no podrá comprender”.

La “motivación de amor” había sido la razón última de la vida y de la muerte de Rutilio

“El amor verdadero es el que trae a Rutilio Grande, en su muerte, con dos campesinos de la mano. Así ama la Iglesia. Muere con ellos y con ellos se presenta a la trascendencia del cielo. Los ama y es significativo que mientras el P. Grande caminaba para su pueblo, a llevar el mensaje de la misa y de la salvación, allí fue donde cayó acribillado. Un sacerdote con sus campesinos, camino a su pueblo, para identificarse con ellos; no una inspiración revolucionaria, sino una inspiración de amor”.

Por lo tanto en él no había odio, ni violencia, como habían dicho sus detractores.

“Quienes lo escuchamos, quienes compartimos los ideales del P. Rutilio, sabemos que es incapaz de predicar el odio, que es incapaz de azuzar a la violencia. Quizá por eso Dios lo escogió para este martirio, porque los que le conocimos sabemos que jamás de sus labios salió un llamado a la violencia, al odio, a la venganza”.

Este mensaje de amor no se podía perder, sino que había que darle continuidad. Por lo tanto, Mons. Romero invitó al clero a recoger “esta herencia preciosa” y a construir la unidad alrededor de esa misión. Uno de los frutos de la muerte de Rutilio era, según Mons. Romero, la visible unidad de la Iglesia en catedral.

Finalmente Mons. Romero hizo un llamado a la esperanza:

“Somos una Iglesia peregrina, expuesta a la incomprensión, a la persecución; pero una Iglesia que camina serena porque lleva esa fuerza del amor. Hermanos salvadoreños, cuando en estas encrucijadas de la patria parece que no hay solución y se quisieran buscar medios de violencia, yo les digo, hermanos, bendito sea Dios que en la muerte del P. Rutilio la Iglesia está diciendo que sí hay solución. La solución es el amor, es la fe, la solución es sentir la Iglesia como el círculo donde Dios se quiere encontrar con los hombres”.

Al llegar a El Paisnal, se procedió a dar sepultura a Rutilio y a sus dos compañeros frente al altar del templo. Mientras la gente se retiraba, a eso de las tres de la tarde, un conjunto de guitarras campesinas interpretó varias veces, entre nutridos aplausos, un corrido compuesto en memoria de Rutilio y sus compañeros.

El 19 de marzo, festividad de San José, salieron muy de mañana dos peregrinaciones, una desde Aguilares y otra desde El Paisnal, hacia el sitio donde había tenido lugar el asesinato. Allí plantaron tres cruces donde habían caído Rutilio y los dos que le acompañaban, en medio de cantos, poemas y prédicas sencillas pero profundas.

Después todos se dirigieron a El Paisnal donde Mons. Romero con unos quince sacerdotes celebraron la Eucaristía en la puerta principal que da a la plaza po la inmensa multitud que participaba. Al terminar una fila enorme visitaba las tumbas depositando una gran cantidad de flores y velas.

Se recibieron una enorme cantidad de telegramas y mensajes de condolencia procedentes de todas partes del mundo, así como muchos testimonios de Rutilio.

Uno de esos mensajes fue el del provincial de los jesuitas de Argentina, el P. Jorge Mario Bergoglio, dirigida al P. Jerez:

Quiero -desde hace días- ponerte estas líneas que te lleven mi fraternal saludo y mis sentimientos por los momentos que están viviendo ustedes allí.

Lo de Rutilio aquí nos ha conmovido mucho. Es verdad que el Señor tiene sus caminos… pero a veces son duros. En la Provincia hemos tenido una celebración y, por mi intermedio, todos los hermanos hacen llegar sus sentimientos más profundos.

Un fuerte abrazo, no me olvides en tu oración.

Puedes ver el documental sobre El P. Rutilio Grande en el siguiente link:

http://www.youtube.com/watch?v=IXFRuIVZXoQ