Ante la reapertura del caso Jesuítas

José María Tojeira: «No queremos que el caso jesuitas sea el único en el que se busque justicia. Hay casos más graves, como la masacre de el Mozote»

Mártires de la UCA
Mártires de la UCA

«Desde el primer día del asesinato de los jesuitas y sus dos colaboradoras, los jesuitas dijimos que queríamos justicia y no venganza»

«El Gobierno y las instituciones judiciales bajo su control se ven más interesados en hacer propaganda de sí mismos que en hacer justicia»

«Darle seguimiento al caso “masacre de la UCA” en los próximos meses no será fácil y podrá verse envuelto en manipulaciones y ataques contra personas que rebasen el ámbito judicial»

«Pero merece la pena seguir en esta lucha a favor de la verdad, de la ampliación de la justicia y la reparación a víctimas en peor estado que quienes fuimos golpeados por el asesinato de nuestros compañeros y amigos»

Por| José María Tojeira sj

El hecho de que el caso de la masacre de la UCA se reabra es coherente con la legislación salvadoreña y con los deseos de justicia tanto de las víctimas como de la mayoría de la población. Participar como querellantes es importante para asegurar el debido proceso y para insistir en la apertura y adecuado desarrollo de muchos otros casos que permanecen pendientes o estancados, como el del Mozote y otras masacres.

Sin embargo, el contexto político y judicial salvadoreño es hoy más complejo que en otros momentos. Tenemos una Sala de lo Constitucional básicamente impuesta desde el poder ejecutivo, previa una destitución inconstitucional de la anterior Sala. El propio Presidente de la Sala, que es además Presidente de la Corte Suprema, ha tratado de denigrar a la Compañía de Jesús afirmando que los jesuitas no parecen tener mucho interés en la justicia, dadas las medidas de gracia que hemos pedido para un coronel condenado en El Salvador a treinta años de cárcel por su participación en la masacre. La seriedad de la justicia es muy relativa, dado que el propio Presidente de la Corte Suprema miente con respecto a la medida de gracia que solicitamos. Poner algunas cosas en contexto se hace necesario.

Mártires de la UCA. Jardín de las rosas
Mártires de la UCA. Jardín de las rosas

Hace ya más de un año la Sala de lo Penal de la Corte Suprema salvadoreña dio una sentencia a todas luces ilegal, dando legitimidad a un sobreseimiento de los acusados como autores intelectuales de la masacre de la UCA. La reacción de la UCA fue presentar en la Fiscalía una acusación de prevaricato contra los dos magistrados de la Sala Penal que firmaron la sentencia. La Fiscalía no ha dado curso a la acusación, a pesar de la evidencia de los hechos. Pero recientemente presentó un amparo constitucional contra la dicha sentencia de la Sala de lo Penal que fue aceptada.

La Sala de lo Constitucional aceptó la demanda, anuló la sentencia de la otra Sala por inconstitucional y le ordenó dar una nueva sentencia en el plazo de 10 días. Distintos funcionarios de Gobierno han repetido sistemáticamente que ahora sí se va a hacer justicia después de 30 años. El discurso entusiasta choca directamente con las dificultades que de parte del Ejecutivo y del sistema judicial se le está poniendo al caso emblemático de la masacre del Mozote, donde fueron asesinados aproximadamente mil campesinos en 1981. Tampoco hay actividad respecto a los casos mencionados por la Comisión de la Verdad en 1993, o respecto a otros muchos casos de graves violaciones de Derechos Humanos, entre ellos cerca de 70 casos presentados en la Fiscalía por el Instituto de Derechos Humanos de la UCA.

En la actualidad, cuando el Fiscal General habla de cazar como animales a los que se comportan como animales, y cuando desde el Gobierno se habla de mano dura contra los delincuentes mientras se negocia con el crimen organizado, o se persigue a los críticos de la actual situación, se acrecienta la complejidad de la reapertura de la masacre de la UCA. La Universidad ha manifestado que lamenta el poco diálogo con las víctimas a la hora de iniciar este tipo de procesos y que se mantiene vigilante sobre el desarrollo del proceso en el que es querellante.

Mártires UCA
Mártires UCA

Su posición tiene lógica en el contexto actual, en el que el Gobierno y las instituciones judiciales bajo su control se ven más interesados en hacer propaganda de sí mismos que en hacer justicia. A ello se añade el irrespeto habitual a los derechos de los detenidos, a quienes con frecuencia se les exhibe cruelmente como culpables antes de ser juzgados, violando claramente el derecho a la presunción de inocencia, o se les niega arbitrariamente medidas sustitutivas de cárcel durante el proceso.

Desde el primer día del asesinato de los jesuitas y sus dos colaboradoras, los jesuitas dijimos que queríamos justicia y no venganza. Mucho menos se querrá 30 años después que lo que domine en la actualidad sea la propaganda hipócrita en el campo de la justicia, el olvido de casos igual o más graves que el asesinato de los jesuitas, y el maltrato vengativo contra algunos de los acusados.

En un artículo publicado recientemente en un periódico salvadoreño escribí lo siguiente:

“…La presunción de inocencia y el enjuiciamiento en libertad deben ser respetados en la gran mayoría de los casos. No queremos que el caso jesuitas sea el único en el que se busque justicia. Hay casos más graves, como la masacre de el Mozote, y ciertamente (y al menos) todos los casos expuestos por la Comisión de la Verdad debían estar abiertos simultáneamente, aunque a la hora de la sentencia hubiera distintos tiempos y resultados”.Los jesuitas de la UCA

Lo que no se puede es elegir un solo caso y hacerse los sordos con los demás. Desde hace tiempo venimos insistiendo en una ley de justicia transicional que permita juzgar estos casos acaecidos hace 30 años o más, respetando y reparando a las víctimas y buscando medidas de reconciliación. A los diputados del actual Gobierno y de gobiernos anteriores les hemos recordado repetidas veces las palabras de Ban Ki Moon pronunciadas en 2011 ante el Consejo de Seguridad de la ONU  insistiendo en la importancia de las leyes de justicia transicional para “afrontar un legado de abusos a gran escala del pasado, para asegurar responsabilidad, rendir justicia y lograr reconciliación”. La Comisión legislativa encargada de esos temas, en respuesta, ha dicho que no va a dialogar con las víctimas y, mucho menos con quienes las defienden legalmente.

¿Debemos alegrarnos por la reapertura del caso jesuitas? Más que hablar de alegría, hay que hablar de comprometerse con el desarrollo de la justicia frente a los graves crímenes del pasado. La reapertura del caso jesuitas es sin duda una oportunidad para presionar al Gobierno actual y a sus instituciones judiciales excesivamente dependientes del mismo en favor de un cambio verdadero a favor de una justicia de transición que afronte lo más ampliamente posible los “legados de abusos en gran escala” cometidos en el país.

La tendencia internacional de los derechos humanos insiste en que las leyes de justicia transicional garanticen el establecimiento de la verdad de los hechos, ofrezcan reparación a las víctimas y a sus descendientes, hagan justicia y busquen caminos de reconciliación.

José María Tojeira

Lamentablemente ese no es el contexto actual de la justicia salvadoreña, muy afectada por presiones políticas y propagandísticas. Darle seguimiento al caso “masacre de la UCA” en los próximos meses no será fácil y podrá verse envuelto en manipulaciones y ataques contra personas que rebasen el ámbito judicial. Pero merece la pena seguir en esta lucha a favor de la verdad, de la ampliación de la justicia y la reparación a víctimas en peor estado que quienes fuimos golpeados por el asesinato de nuestros compañeros y amigos y, en suma, a favor de la reconciliación de un país que tiene la necesidad de crecer en fraternidad y acuerdos de construcción de futuro solidario con todos. 

«La mirada de Lucía», la película sobre la matanza de los Jesuítas

Imanol Uribe regresa al cine con «La mirada de Lucía»: la historia real de la única testigo de la matanza de los jesuitas en El Salvador
Más allá de su trasfondo político y social, la película es una historia de personajes, de su lucha por la verdad y la justicia en un país en guerra y de su afán por superar ese momento de horror
Juana Acosta dará vida a Lucía, la empleada de la limpieza que fortuitamente presenció la matanza sin que los asesinos repararan en ella. Una mujer anónima y valiente
Carmelo Gómez encarnará al Padre Tojeira, el otro protagonista vivo de la historia, que ha participado en el proceso de elaboración del guión
10.11.2020 | Relabel Comunicación
El cineasta Imanol Uribe (La fuga de Segovia, Días contados, El Rey Pasmado) se pone de nuevo tras las cámaras para dirigir un apasionante guión basado en la historia real de la única testigo de la matanza de los jesuitas en El Salvador en la que fue asesinado el sacerdote y teólogo de la liberación, Ignacio Ellacuría.
Narrada en tono de thriller, la película que recoge los acontecimientos que sobrecogieron a toda una generación, es, más allá de su trasfondo político y social, una historia de personajes, de su lucha por la verdad y la justicia en un país en guerra y de su afán por superar ese momento de horror.
Juana Acosta dará vida a Lucía, la empleada de la limpieza que fortuitamente presenció la matanza sin que los asesinos repararan en ella. Una mujer anónima y valiente empeñada en que prevalezca la verdad. Junto a ella, el colombiano Juan Carlos Martínez en el papel de su marido y leal compañero de viaje.
Carmelo Gómez encarnará al Padre Tojeira, el otro protagonista vivo de la historia, siempre dispuesto a buscar el entendimiento, en defensa de la verdad y la justicia. El propio Tojeira ha colaborado en el proceso de elaboración del guión aportando detalles precisos y que contribuyen a construir una historia fiel a lo que ocurrió aquellos días.
Y Karra Elejalde será el Padre Ellacuría, el sacerdote vasco que junto a sus compañeros de la Compañía de Jesús proclamaba la teología de la liberación dando voz a los más desfavorecidos, haciendo frente tanto a la guerrilla como a la férrea dictadura militar que gobernaba el país en aquel momento.
Con guión de Daniel Cebrián, escrito tras un exhaustivo trabajo que ha supuesto varios años de documentación, la historia de La mirada de Lucía cobra plena actualidad tras el juicio celebrado el pasado mes de septiembre en la Audiencia Nacional y en el que el excoronel y exviceministro de Seguridad Pública de El Salvador, Inocencio Montano, uno de los militares salvadoreños implicados en el crimen, extraditado a nuestro país por EEUU hace tres años, resultó condenado a 133 años y 4 meses de cárcel por el asesinato de los jesuitas españoles aquella noche del 15 al 16 de noviembre de 1989.
Sin embargo, por otra parte, el rodaje coincide en el tiempo también con la anulación, por parte de la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador, del proceso penal contra los supuestos autores intelectuales, declarando la nulidad del mismo y reafirmando los sobreseimientos definitivos de los allí imputados.
Mientras tanto, la única testigo de los hechos continúa fuera de El Salvador en un discreto lugar que aún prefiere no dar a conocer, donde ha rehecho su vida. “Mi nacimiento en El Salvador, mi educación con los jesuitas y la admiración que sentía por Ellacuría y su grupo, están en el origen de esta película”, afirma el director, ganador de un Goya.
«La admiración que sentía por Ellacuría y su grupo está en el origen de esta película», afirma el director, ganador de un Goya
El guión cuenta con el visto bueno de la Compañía de Jesús, que ha asesorado en los últimos meses a los productores tanto desde España como desde El Salvador. “Tomamos la idea de Uribe de hacer esta película con una gran ilusión. Lo importante del proyecto es que nos invita a tener memoria. A no caer en el olvido de lo que ocurrió en 1989 y de lo que ha estado ocurriendo en muchos lugares de Latinoamérica y Centroamérica que es la vivencia persistente de la injusticia y la violencia y que todavía hoy, la Compañía de Jesús trata de responder a través de las instituciones que tiene en esos países”, apuntó el provincial de la Compañía en nuestro país, Antonio España, quien visitó el rodaje el mismo día que arrancaba.
“Llevo varios años preparando este proyecto que tuvo que ser suspendido la pasada primavera cuando íbamos a comenzar el rodaje en Colombia. Ahora, a pesar de estar inmersos en esta segunda ola, hemos arrancado todavía con más ilusión y el trabajo fluye sin problema. Somos unos privilegiados”, apunta Imanol Uribe, consultado sobre las peculiaridades de un rodaje condicionado por los protocolos COVID.
Producida por Bowfinger International Pictures, Maria Luisa Gutiérrez, Tornasol Media, del reconocido productor Gerardo Herrero y Nunca digas nunca AIE y en coproducción de la colombiana de 64A Films, la película arranca su rodaje en Navarra haciendo frente a la segunda ola de la pandemia, con intensos protocolos de seguridad sanitaria, para continuar en Colombia. El país sudamericano acogerá gran parte de la trama, ante la dificultad que entraña rodar esta historia en el propio Salvador. La mirada de Lucía cuenta con la participación de RTVE y Movistar+ y el apoyo del ICAA e IBERMEDIA.
Sinopsis
La madrugada del 16 de noviembre de 1989, en plena guerra civil salvadoreña, seis sacerdotes jesuitas, profesores universitarios, y dos empleadas fueron asesinados en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) en San Salvador. La noticia tiene una inmediata repercusión internacional, porque además de la barbarie, entre los sacerdotes asesinados se encuentra un intelectual de prestigio, Ignacio Ellacuría.
La posición de los jesuitas de la UCA era inmejorable para mediar en un previsible acuerdo de paz y su talante sin tacha, la herramienta ideal para poner fin a una década de guerra cruenta.
Inmediatamente el gobierno culpabiliza a la guerrilla del FMLN pero una testigo presencial echa por tierra la versión oficial. Se llama Lucía Barrera De Cerna y trabaja como empleada de la limpieza en la UCA. Ella ha visto quienes son los verdaderos asesinos: el ejército. Aquella mirada será clave para esclarecer la verdad y hacer justicia, pero además cambiará para siempre su vida y la de su familia

Justicia para la UCA

11/06/2020 | Iosu Perales

Inocente Orlando Montano es todo menos inocente. El lunes día 8 de junio ha comenzado el juicio en Madrid contra el ex coronel y ex viceministro de Defensa de El Salvador, por su responsabilidad en los crímenes de la Universidad Centro Americana (UCA), donde fueron asesinados el 16 de diciembre de 1989 seis padres jesuitas y dos mujeres, Elba y su hija Celina. Y, ¿saben una cosa? Me duele que este juicio sea posible por la decisión de Estados Unidos que siempre estuvo del lado del ejército de la dictadura, de extraditar a España a Inocente Orlando Montano, toda vez que las autoridades salvadoreñas poco o nada hicieron por la extradición de los culpables reclamados por la justicia española. Eran 17 militares los extraditables, entre los cuales se encontraban los coroneles René Ponce y Guillermo Alfredo Benavides, dos de los máximos responsables, en confabulación con los también coroneles Rafael Bustillo, Juan Orlando Zepeda, Francisco Elena Fuentes, entre otros.

Inocente Orlando Montano fue entregado a España en agosto de 2017 tras dos años de espera en una prisión estadounidense. Desde entonces está en prisión por orden del juez Manuel García Castellón.

Es cierto que Benavides terminó siendo juzgado en El Salvador y fue condenado a treinta años de cárcel, siendo beneficiado por la amnistía decretada pocos meses después de firmada la paz el 16 de enero de 1992. La justicia española reclamó a Benavides por ser el jefe del operativo que ejecutó los crímenes. La Corte Suprema de justicia salvadoreña, en agosto de 2006, resolvió por unanimidad que el coronel Guillermo Alfredo Benavides no fuera extraditado a España, donde un juzgado inició su procesamiento por el crimen de los sacerdotes, pero también decidió que el coronel volviera a prisión para cumplir la condena de 30 años de cárcel que le había sido impuesta en 1992 y de la que se había librado gracias a la ley de amnistía de 1993.

Todo empezó con las acusaciones radiales contra Ignacio Ellacuría y sus compañeros en aquellos días de diciembre en los que la guerrilla del FMLN cercaba la capital. Desde la emisora radio Cuscatlán, el coronel Juan Orlando Zepeda, lanzaba acusaciones contra la UCA de ser el centro de operaciones de los terroristas del FMLN. El coronel Inocente Orlando Montano, viceministro de Seguridad Pública, dijo que los jesuitas estaban «plenamente identificados con movimientos subversivos». En este ambiente, en la noche del 15 de diciembre de 1989, el coronel René Ponce, en el marco de una reunión con otros cinco coroneles de la llamada Tandona, dio la orden de dar muerte a Ellacuría, sin dejar testigos, y para ello dispuso de la utilización del Batallón Atlacalt. Los conjurados asintieron.

Lo cierto es que los padres jesuitas eran hombres de paz. En sus diálogos con el gobierno y con los guerrilleros siempre insistieron en el fin de la violencia y en el inicio de un proceso de diálogo que desembocara en una negociación y la firma de la paz. Además, desde la asunción de la teología de la liberación, se identificaban con los sectores sociales más pobres y defendían la justicia social.

Lo que ocurrió después fue una farsa, se abrió un proceso judicial fraudulento y sin garantías jurídicas, orientado a proteger a los culpables.

Pero a finales de 2004, abogados salvadoreños y españoles, entre ellos Benjamín Cuellar del Instituto de DDHH de la UCA y sobre todo la abogada Almudena Bernabeu, valenciana, y que junto a otras cuatro mujeres forman el The Guernica Group que persigue judicialmente a dictadores, decidieron presentar una demanda en la Audiencia Nacional. Lo hicieron a finales de 2008. Para este esfuerzo se basaron en el Informe de la Comisión de la Verdad de la ONU, De la locura a la esperanza. El resultado lo podemos valorar hoy.

Lo realmente importante es que, con Inocente Orlando Montano, en el banquillo de acusados se sientan las Fuerzas Armadas de El Salvador como institución. Es una lástima que numerosos militares que intervinieron en aquel crimen no sean juzgados de manera directa. Pero queda el consuelo de que para que estos tipos, su propio país, El Salvador, es su cárcel, pues salir por sus fronteras podría suponer ser detenidos por la Interpol.

Las autoridades salvadoreñas que rechazaron la extradición de hasta 17 militares de alta y media graduación, lo hicieron esgrimiendo el pobre argumento de una soberanía nacional que nunca respetaron durante la guerra y afirmando tener un poder judicial fuerte, capaz de dictar justicia. De hecho, no lo hicieron, mostrando una vez más que casi todos los militares que conspiraron y participaron en los asesinatos, son intocables.

Hubo que esperar a julio de 2016 para que se derogara la ley de amnistía. Cuando se hizo, ya los conjurados, coroneles y algunos generales, y otros oficiales y suboficiales estaban a salvo por un juicio fraude y por el paso del tiempo. La amnistía ya había jugado su papel. Salvo en el caso de Benavides que años después de andar libre fue devuelto a la cárcel, como ya he citado. La votación en la Corte Suprema, para enviarlo a la cárcel fue de 11 votos contra 4.

El que se sienta en el banquillo, en Madrid, Inocente (ironías de la vida) Orlando Montano estaba preso en Estados Unidos y nunca ha mostrado arrepentimiento. Como miembro de la llamada Tandona, ha protegido al resto de asesinos. Por cierto, aunque en retiro, sigue siendo coronel del ejército y supongo que cobrando. Dice el juez García Castellón que Montano fue uno de los líderes de la Tandona, una asociación de veinte oficiales en puestos claves del Ejército y del Gobierno de El Salvador «temida por anteponer sus intereses y los de sus miembros a los intereses del gobierno o de la propia institución militar».

Han pasado ya 30 años y nunca pagarán por lo que hicieron. La justicia para ser justicia no puede dilatarse tanto. Este es un caso más que demuestra que hace falta una justicia universal.

Un detalle, el fiscal pide para Inocente Orlando Montano 150 años de prisión. Lo considera culpable, no inocente.

 

La Buena Noticia del Dgo. 33º-C

La hora de la Palabra

La hora de la paciencia y la perseverancia

Lc 21, 5-19

Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

La realidad que estamos viviendo está generando desconcierto y desesperanza para muchas personas. El Evangelio de hoy nos invita a la perseverancia en la construcción del Reino.

Suceda lo que suceda, el Reino de la verdad, de la justicia, de la paz y del amor, siempre llama y hay que realizarlo. Muchos cristianos están luchando por construir una nueva historia y por eso son perseguidos. Estos días estamos celebrando el 30º Aniversario de los Mártires de la UCA.

Es el momento de cultivar un estilo de vida cristiana, paciente y tenaz, que nos ayude a responder a nuevas situaciones y retos sin perder la paz y la lucidez

Testigos de la Palabra

Los mártires de la UCA

El 16 de diciembre hace 30 años fueron asesinados en El Salvador, juntamente con dos empleadas domésticas, seis jesuítas en la Universidad Católica (UCA). Ignacio Ellacuría era el rector y los demás, el equipo principal de la Universidad Centro Americana. Habían tomado en serio lo que es hoy la Misión de la Compañía de Jesús: “Comprometerse , bajo el estandarte de la cruz, en la lucha crucial de nuestro tiempo: la lucha por la fe y la lucha por la justicia, que la misma fe exigte”.

Ese compromiso los llevó a la muerte. La sangre derramada de nuestros seis hermanos y de las dos empleadas se convierte en clamor de los desposeídos de la tierra. Los jesuítas murieron luchando por una paz en justicia.

Así “los jesuítas de San Salvador”, “Ignacio y compañeros mártires”…,cristianamente hablando, hay que decir que merecieron la palma y la gracia del martirio.