55ª Jornada Mundial de la Paz

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Mensaje del Papa Francisco.-
55 Jornada Mundial de la Paz / 1 de enero de 2022

Diálogo entre generaciones, educación y trabajo:

instrumentos para construir una paz duradera.

1. «¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del mensajero que proclama la paz!» (Is 52,7).

Las palabras del profeta Isaías expresan el consuelo, el suspiro de alivio de un pueblo exiliado, agotado por la violencia y los abusos, expuesto a la indignidad y la muerte. El profeta Baruc se preguntaba al respecto: «¿Por qué, Israel, estás en una tierra de enemigos y envejeciste en un país extranjero? ¿Por qué te manchaste con cadáveres y te cuentas entre los que bajan a la fosa?» (3,10-11). Para este pueblo, la llegada del mensajero de la paz significaba la esperanza de un renacimiento de los escombros de la historia, el comienzo de un futuro prometedor.

Todavía hoy, el camino de la paz, que san Pablo VI denominó con el nuevo nombre de desarrollo integral [1],permanece desafortunadamente alejado de la vida real de muchos hombres y mujeres y, por tanto, de la familia humana, que está totalmente interconectada. A pesar de los numerosos esfuerzos encaminados a un diálogo constructivo entre las naciones, el ruido ensordecedor de las guerras y los conflictos se amplifica, mientras se propagan enfermedades de proporciones pandémicas, se agravan los efectos del cambio climático y de la degradación del medioambiente, empeora la tragedia del hambre y la sed, y sigue dominando un modelo económico que se basa más en el individualismo que en el compartir solidario. Como en el tiempo de los antiguos profetas, el clamor de los pobres y de la tierra [2] sigue elevándose hoy, implorando justicia y paz.

En cada época, la paz es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido. Existe, en efecto, una “arquitectura” de la paz, en la que intervienen las distintas instituciones de la sociedad, y existe un “artesanado” de la paz que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente. [3] Todos pueden colaborar en la construcción de un mundo más pacífico: partiendo del propio corazón y de las relaciones en la familia, en la sociedad y con el medioambiente, hasta las relaciones entre los pueblos y entre los Estados.

Aquí me gustaría proponer tres caminos para construir una paz duradera. En primer lugar, el diálogo entre las generaciones, como base para la realización de proyectos compartidos. En segundo lugar, la educación, como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo. Y, por último, el trabajo para una plena realización de la dignidad humana. Estos tres elementos son esenciales para «la gestación de un pacto social» [4], sin el cual todo proyecto de paz es insustancial.

2. Diálogo entre generaciones para construir la paz

En un mundo todavía atenazado por las garras de la pandemia, que ha causado demasiados problemas, «algunos tratan de huir de la realidad refugiándose en mundos privados, y otros la enfrentan con violencia destructiva, pero entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo. El diálogo entre las generaciones» [5].

Todo diálogo sincero, aunque no esté exento de una dialéctica justa y positiva, requiere siempre una confianza básica entre los interlocutores. Debemos recuperar esta confianza mutua. La actual crisis sanitaria ha aumentado en todos la sensación de soledad y el repliegue sobre uno mismo. La soledad de los mayores va acompañada en los jóvenes de un sentimiento de impotencia y de la falta de una idea común de futuro. Esta crisis es ciertamente dolorosa. Pero también puede hacer emerger lo mejor de las personas. De hecho, durante la pandemia hemos visto generosos ejemplos de compasión, colaboración y solidaridad en todo el mundo.

Dialogar significa escucharse, confrontarse, ponerse de acuerdo y caminar juntos. Fomentar todo esto entre las generaciones significa labrar la dura y estéril tierra del conflicto y la exclusión para cultivar allí las semillas de una paz duradera y compartida.

Aunque el desarrollo tecnológico y económico haya dividido a menudo a las generaciones, las crisis contemporáneas revelan la urgencia de que se alíen. Por un lado, los jóvenes necesitan la experiencia existencial, sapiencial y espiritual de los mayores; por el otro, los mayores necesitan el apoyo, el afecto, la creatividad y el dinamismo de los jóvenes.

Los grandes retos sociales y los procesos de construcción de la paz no pueden prescindir del diálogo entre los depositarios de la memoria ―los mayores― y los continuadores de la historia ―los jóvenes―; tampoco pueden prescindir de la voluntad de cada uno de nosotros de dar cabida al otro, de no pretender ocupar todo el escenario persiguiendo los propios intereses inmediatos como si no hubiera pasado ni futuro. La crisis global que vivimos nos muestra que el encuentro y el diálogo entre generaciones es la fuerza propulsora de una política sana, que no se contenta con administrar la situación existente «con parches o soluciones rápidas» [6], sino que se ofrece como forma eminente de amor al otro [7], en la búsqueda de proyectos compartidos y sostenibles.

Si sabemos practicar este diálogo intergeneracional en medio de las dificultades, «podremos estar bien arraigados en el presente, y desde aquí frecuentar el pasado y el futuro: frecuentar el pasado, para aprender de la historia y para sanar las heridas que a veces nos condicionan; frecuentar el futuro, para alimentar el entusiasmo, hacer germinar sueños, suscitar profecías, hacer florecer esperanzas. De ese modo, unidos, podremos aprender unos de otros» [8]. Sin raíces, ¿cómo podrían los árboles crecer y dar fruto?

Sólo hay que pensar en la cuestión del cuidado de nuestra casa común. De hecho, el propio medioambiente «es un préstamo que cada generación recibe y debe transmitir a la generación siguiente» [9]. Por ello, tenemos que apreciar y alentar a los numerosos jóvenes que se esfuerzan por un mundo más justo y atento a la salvaguarda de la creación, confiada a nuestro cuidado. Lo hacen con preocupación y entusiasmo y, sobre todo, con sentido de responsabilidad ante el urgente cambio de rumbo [10] que nos imponen las dificultades derivadas de la crisis ética y socio-ambiental actual [11].

Por otra parte, la oportunidad de construir juntos caminos hacia la paz no puede prescindir de la educación y el trabajo, lugares y contextos privilegiados para el diálogo intergeneracional. Es la educación la que proporciona la gramática para el diálogo entre las generaciones, y es en la experiencia del trabajo donde hombres y mujeres de diferentes generaciones se encuentran ayudándose mutuamente, intercambiando conocimientos, experiencias y habilidades para el bien común.

3.  La instrucción y la educación como motores de la paz

El presupuesto para la instrucción y la educación, consideradas como un gasto más que como una inversión, ha disminuido significativamente a nivel mundial en los últimos años. Sin embargo, estas constituyen los principales vectores de un desarrollo humano integral: hacen a la persona más libre y responsable, y son indispensables para la defensa y la promoción de la paz. En otras palabras, la instrucción y la educación son las bases de una sociedad cohesionada, civil, capaz de generar esperanza, riqueza y progreso.

Los gastos militares, en cambio, han aumentado, superando el nivel registrado al final de la “guerra fría”, y parecen destinados a crecer de modo exorbitante [12].

Por tanto, es oportuno y urgente que cuantos tienen responsabilidades de gobierno elaboren políticas económicas que prevean un cambio en la relación entre las inversiones públicas destinadas a la educación y los fondos reservados a los armamentos. Por otra parte, la búsqueda de un proceso real de desarme internacional no puede sino causar grandes beneficios al desarrollo de pueblos y naciones, liberando recursos financieros que se empleen de manera más apropiada para la salud, la escuela, las infraestructuras y el cuidado del territorio, entre otros.

Me gustaría que la inversión en la educación estuviera acompañada por un compromiso más consistente orientado a promover la cultura del cuidado [13]. Esta cultura, frente a las fracturas de la sociedad y a la inercia de las instituciones, puede convertirse en el lenguaje común que rompa las barreras y construya puentes. «Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, la universitaria, la juvenil, la artística, la tecnológica, la cultura económica, la cultura de la familia y de los medios de comunicación» [14]. Por consiguiente, es necesario forjar un nuevo paradigma cultural a través de «un pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes, que involucre en la formación de personas maduras a las familias, comunidades, escuelas y universidades, instituciones, religiones, gobernantes, a toda la humanidad» [15]. Un pacto que promueva la educación a la ecología integral según un modelo cultural de paz, de desarrollo y de sostenibilidad, centrado en la fraternidad y en la alianza entre el ser humano y su entorno [16].

Invertir en la instrucción y en la educación de las jóvenes generaciones es el camino principal que las conduce, por medio de una preparación específica, a ocupar de manera provechosa un lugar adecuado en el mundo del trabajo [17].

4. Promover y asegurar el trabajo construye la paz

El trabajo es un factor indispensable para construir y mantener la paz; es expresión de uno mismo y de los propios dones, pero también es compromiso, esfuerzo, colaboración con otros, porque se trabaja siempre con o por alguien. En esta perspectiva marcadamente social, el trabajo es el lugar donde aprendemos a ofrecer nuestra contribución por un mundo más habitable y hermoso.

La situación del mundo del trabajo, que ya estaba afrontando múltiples desafíos, se ha visto agravada por la pandemia de Covid-19. Millones de actividades económicas y productivas han quebrado; los trabajadores precarios son cada vez más vulnerables; muchos de aquellos que desarrollan servicios esenciales permanecen aún más ocultos a la conciencia pública y política; la instrucción a distancia ha provocado en muchos casos una regresión en el aprendizaje y en los programas educativos. Asimismo, los jóvenes que se asoman al mercado profesional y los adultos que han caído en la desocupación afrontan actualmente perspectivas dramáticas.

El impacto de la crisis sobre la economía informal, que a menudo afecta a los trabajadores migrantes, ha sido particularmente devastador. A muchos de ellos las leyes nacionales no los reconocen, es como si no existieran. Tanto ellos como sus familias viven en condiciones muy precarias, expuestos a diversas formas de esclavitud y privados de un sistema de asistencia social que los proteja. A eso se agrega que actualmente sólo un tercio de la población mundial en edad laboral goza de un sistema de seguridad social, o puede beneficiarse de él sólo de manera restringida. La violencia y la criminalidad organizada aumentan en muchos países, sofocando la libertad y la dignidad de las personas, envenenando la economía e impidiendo que se fomente el bien común. La respuesta a esta situación sólo puede venir a través de una mayor oferta de las oportunidades de trabajo digno.

El trabajo, en efecto, es la base sobre la cual se construyen en toda comunidad la justicia y la solidaridad. Por eso, «no debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más el trabajo humano, con lo cual la humanidad se dañaría a sí misma. El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal» [18]. Tenemos que unir las ideas y los esfuerzos para crear las condiciones e inventar soluciones, para que todo ser humano en edad de trabajar tenga la oportunidad de contribuir con su propio trabajo a la vida de la familia y de la sociedad.

Es más urgente que nunca que se promuevan en todo el mundo condiciones laborales decentes y dignas, orientadas al bien común y al cuidado de la creación. Es necesario asegurar y sostener la libertad de las iniciativas empresariales y, al mismo tiempo, impulsar una responsabilidad social renovada, para que el beneficio no sea el único principio rector.

En esta perspectiva hay que estimular, acoger y sostener las iniciativas que instan a las empresas al respeto de los derechos humanos fundamentales de las trabajadoras y los trabajadores, sensibilizando en ese sentido no sólo a las instituciones, sino también a los consumidores, a la sociedad civil y a las realidades empresariales. Estas últimas, cuanto más conscientes son de su función social, más se convierten en lugares en los que se ejercita la dignidad humana, participando así a su vez en la construcción de la paz. En este aspecto la política está llamada a desempeñar un rol activo, promoviendo un justo equilibrio entre la libertad económica y la justicia social. Y todos aquellos que actúan en este campo, comenzando por los trabajadores y los empresarios católicos, pueden encontrar orientaciones seguras en la doctrina social de la Iglesia.

Queridos hermanos y hermanas: Mientras intentamos unir los esfuerzos para salir de la pandemia, quisiera renovar mi agradecimiento a cuantos se han comprometido y continúan dedicándose con generosidad y responsabilidad a garantizar la instrucción, la seguridad y la tutela de los derechos, para ofrecer la atención médica, para facilitar el encuentro entre familiares y enfermos, para brindar ayuda económica a las personas indigentes o que han perdido el trabajo. Aseguro mi recuerdo en la oración por todas las víctimas y sus familias.

A los gobernantes y a cuantos tienen responsabilidades políticas y sociales, a los pastores y a los animadores de las comunidades eclesiales, como también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, hago un llamamiento para que sigamos avanzando juntos con valentía y creatividad por estos tres caminos: el diálogo entre las generaciones, la educación y el trabajo. Que sean cada vez más numerosos quienes, sin hacer ruido, con humildad y perseverancia, se conviertan cada día en artesanos de paz. Y que siempre los preceda y acompañe la bendición del Dios de la paz

La Jornada de la Paz

EL MENSAJE DEL PAPA POR LA PAZ DEL MUNDO (comentario)

Cada año, el Papa de la Iglesia catolina manda al mundo un mensaje de paz, aclarando los caminos a seguir para conseguirla.

Recien, el Papa Francisco mandó su mensaje de paz al mundo.

Su mensaje nos dice la comprensión que se hace de los conflictos que ponen en peligro la paz en el mundo

23.12.2021 | Oscar Fortin

paz en el mundo

He leído con mucha atención el mensaje de paz que el Papa Francisco ha dirigido al mundo. 

https://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2021/12/21/0867/01823.html

Es cierto que los tiempos que vivimos tienen mas olor de fin del mundo que del amanecer de un mundo nuevo. Mas allá de la pandemia del Covid-19, cuya origen nos parece bien misteriosa, hay la dominación de los poderosos que quieren hacer a su propia imagen la Humanidad: reducción de la populación del mundo, hacer de los pueblos sus propios servidores, establecer un Nuevo Orden Mundial (NOM). EL ESTADO PROFUNDO DEL NÉOLIBÉRALISMO SE DEDICA A PROMOVER ESOS OBJETIVOS: “Modular el mundo a su gusto y ponerlo a sus ordenes.” 

Por supuesto que el mensaje del Papa no dice nada al respecto de ese Estado profundo que manea un poder que  puede en cualquier momento generar un conflicto mundial  con otros poderes que no comparten los mismos objetivos como es el caso de China y Rusia, entre otros. Parece que el Papa Francisco esta mas preocupado por el “populismo” que por este Estado profundo que actúa como un imperio en el mundo.

En su intervención, el Papa Francisco no se refiere a la necesidad de los Pueblos de respetar la “Carta magna” de las Naciones Unidas. El intervencionismo de súper potencias como Estados Unidos que actúan, contra pueblos, con sanciones, bloqueos económicos, sin preocuparse del derecho internacional y, aun menos, de las Naciones Unidas.  Se trata de una manera de actuar que se aparenta a la de los mafiosos que deciden del bien y del mal como lo entienden ellos mismos. El Papa no puede callar tales comportamientos. La paz será posible si las súper-potencias respetan el derecho internacional y las prorrogativas de las Naciones Unidas. Por el momento Estados Unidos se destaca como el país que mas actúa fuera del derecho internacional. Que tenga un Presidente católico no ha cambiado nada. Las sanciones, los bloqueos, el intervencionismo sobre sus distintas formas siguen iguales. 

Que las generaciones se hagan mas cercanas, que los jóvenes se dedican al estudio y que haya trabajo para todos son buenas cosas pero que no tienen influencia sobre los imperios. La paz será posible si el “imperio” que cuadra bien con Estados Unidos se ponga a la orden de las N.U. y del derecho internacional.

Pienso sinceramente que el Papa y el Estado del Vaticano pueden hacer mucho para llevar a Estados Unidos a respetar el derecho internacional.

Jornada Mundial de la Paz

‘Educación, trabajo y diálogo entre generaciones’: Claves de Francisco para construir una paz verdadera 

Paz mundial 

«Educación, trabajo, diálogo entre generaciones: herramientas para construir una paz duradera», es el título propuesto de su mensaje para la jornada de la paz, el 1° de enero de 2022 

El organismo vaticano puntualiza que tras la «cultura del cuidado», para el próximo año el pontífice propone una lectura innovadora que responda a las necesidades de los tiempos actuales y futuros 

La invitación es a «leer los signos de los tiempos con los ojos de la fe, para que la dirección de este cambio despierte nuevas y viejas preguntas con las que es justo y necesario enfrentarse» 

13.11.2021 

(AICA).- «Educación, trabajo, diálogo entre generaciones: herramientas para construir una paz duradera», es el títulopropuesto por elpapa Franciscopara la próxima Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el 1° de enero de 2022, según anunció hoy el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. 

El organismo vaticano puntualiza que tras la «cultura del cuidado», un camino propuesto en 2021 para erradicar la cultura de la indiferencia, el descarte y la confrontación, imperante hoy en el mundo, para el próximo año el pontífice propone una lectura innovadora que responda a las necesidades de los tiempos actuales y futuros

La invitación a través de este tema, subraya, es por tanto -como ya dijo el Papa en su discurso a la Curia Romana con motivo de las felicitaciones de Navidad del 21 de diciembre de 2019- «leer los signos de los tiempos con los ojos de la fe, para que la dirección de este cambio despierte nuevas y viejas preguntas con las que es justo y necesario enfrentarse»

«Así pues, partiendo de los tres contextos identificados, podemos preguntarnos cómo pueden la educación y la formación construir una paz duradera. ¿El trabajo en el mundo responde más o menos a las necesidades vitales de justicia y libertad del ser humano? Y por último, ¿son las generaciones realmente solidarias entre sí? ¿Creen en el futuro? ¿En qué medida, el gobierno de las sociedades consigue fijar un horizonte de pacificación en este contexto?», plantea el dicasterio. 

La Jornada Mundial de la Paz fue establecida por el papa Pablo VI en su mensaje de diciembre de 1967 y se celebró por primera vez en enero de 1968. En el trasfondo estaba la guerra de Vietnam y el llamamiento a un alto el fuego en el conflicto que se prolongaba desde 1955. 

El arte de cuidar

ALINEADOS CON EL PAPA: EL ARTE DE CUIDAR

Se volvieron a disparar las redes sociales, –esta vez en reconocimiento–, por el acierto de la Escuela de Contemplación SALMOS, al predicar en noviembre pasado sobre las artes de ‘cuidar’, ‘amar’ y ‘contemplar’, como ‘trabajos por la paz, para ser llamados hijos de Dios’, tal como lo dice la bienaventuranza, pues es el tema de la LIV jornada mundial por la paz 2021.
El papa Francisco eligió este motivo para la jornada mundial por la paz del 1º. de enero, luego de un difícil año 2020: “Estos y otros eventos, que han marcado el camino de la humanidad en el último año, nos enseñan la importancia de hacernos cargo los unos de los otros y también de la creación, para construir una sociedad basada en relaciones de fraternidad. Por eso he elegido como tema de este mensaje: La cultura del cuidado como camino de paz. Cultura del cuidado para erradicar la cultura de la indiferencia, del rechazo y de la confrontación, que suele prevalecer hoy en día”.
Y es que la Espiritualidad Integral propuesta por la Escuela SALMOS, definitivamente está alineada con la predicación de Francisco: El concurso Iberoamericano de Cuentos Laudato si’, las bienaventuranzas como camino de espiritualidad, los salmos como fuentes de oración contemplativa y hasta la figura de san José, como modelo de aquel que ‘Ora y Labora’, han sido entre otros los aciertos que ponen en evidencia que la línea de Francisco está siendo bien acogida por grandes sectores de espiritualidad latinoamericana, entre los que destaca la propuesta audaz de la Escuela SALMOS.
Imposible llegar a la paz, sin una cultura del cuidado, es lo que desde esta tribuna anunciamos al mundo, – dice Víctor Ricardo, director de SALMOS-, pues como dice Francisco: “En muchas tradiciones religiosas, hay narraciones que se refieren al origen del hombre, a su relación con el Creador, con la naturaleza y con sus semejantes. En la Biblia, el Libro del Génesis revela, desde el principio, la importancia del cuidado o de la custodia en el proyecto de Dios por la humanidad, poniendo en evidencia la relación entre el hombre (’adam) y la tierra (’adamah), y entre los hermanos. Los verbos “cultivar” y “cuidar” describen la relación de Adán con su casa-jardín e indican también la confianza que Dios deposita en él al constituirlo señor y guardián de toda la creación”.
Pero ese cuidado se enfoca principalmente en aquellos que sufren, más acusa de la pandemia y las consecuencias que esta trae a los diferentes pueblos: “Las obras de misericordia espirituales y corporales constituyen el núcleo del servicio de caridad de la Iglesia primitiva. Los cristianos de la primera generación compartían lo que tenían para que nadie entre ellos pasara necesidad (cf. Hch 4,34-35) y se esforzaban por hacer de la comunidad un hogar acogedor, abierto a todas las situaciones humanas, listo para hacerse cargo de los más frágiles”, recalca Francisco en su mensaje.
Porque, así fue la vida del Maestro, Jesús de Nazaret, anuncia Francisco al mundo, en esta jornada 2021: “En la sinagoga de Nazaret, Jesús se manifestó como Aquel a quien el Señor ungió «para anunciar la buena noticia a los pobres, ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dejar en libertad a los oprimidos» (Lc 4,18). Era el Buen Samaritano que se inclinaba sobre el hombre herido, vendaba sus heridas y se ocupaba de él (cf. Lc 10,30-37)”.
Un papa como Francisco, sin lugar a dudas, ha trazado una línea de espiritualidad, esta entendida como modo de ver y vivir en el mundo, con una impronta de misericordia, solidaridad y apertura, que se predica de distintas maneras en la Escuela de Contemplación SALMOS: “La brújula de los principios sociales, necesaria para promover la cultura del cuidado, es también indicativa para las relaciones entre las naciones, que deberían inspirarse en la fraternidad, el respeto mutuo, la solidaridad y el cumplimiento del derecho internacional”, concluía Francisco en su mensaje a toda la humanidad.
Casi con las mismas palabras, sobre la bienaventuranza de Mt 5, 9: “Bienaventurados los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios”, habíamos gustado la predicación de la Escuela SALMOS, rompiendo todos los estereotipos, la aparición del padre Víctor Ricardo, meditando sobre una roca, descalzo, rodeado de sus mascotas, con un fondo natural montañoso, ambientado por los sonidos de las aves y de la fauna silvestre, con su vestido típico latinoamericano, resaltaba el carácter humilde, franciscano y latinoamericano de su lectura del Evangelio, y que ahora se ve abrazado por el mensaje de Francisco sobre ‘La Cultura del Cuidado, camino de paz’:
“La cultura del cuidado, como compromiso común, solidario y participativo para proteger y promover la dignidad y el bien de todos, como una disposición al cuidado, a la atención, a la compasión, a la reconciliación y a la recuperación, al respeto y a la aceptación mutuos, es un camino privilegiado para construir la paz. «En muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia».
RD respalda la obra de Víctor Ricardo: la Escuela SALMOS, que, desde la Arquidiócesis de Bogotá, sirve en toda Latinoamérica, también ha sido creada como una puerta abierta a estas nuevas sensibilidades que acogen a todos aquellos que se han distanciado: toda una apuesta auténtica propia del Concilio Vaticano II. ¡No nos podemos quedar cuidando a las 10 ovejas que nos quedan, cuando hay noventa esperando una atención especial! Sigamos alineados con Francisco, también en el arte de cuidar.
Esta meditación, la Fundación SALMOS, televisada en noviembre pasado, que recibió tantas críticas como reconocimientos, nos ayuda a profundizar en la Jornada mundial por la Paz propuesta por el papa Francisco para este año 2021: ‘La cultura del cuidado como camino de paz’

Jornada de la Paz

Francisco llamó a construir una «cultura del cuidado» mundial para fomentar la paz

El pontífice convocó a las naciones a respetar el derecho internacional y advirtió por el «nuevo impulso» que toman el racismo y xenofobia
«La brújula de los principios sociales, necesaria para promover la cultura del cuidado, es también indicativa para las relaciones entre las naciones, que deberían inspirarse en la fraternidad, el respeto mutuo, la solidaridad y el cumplimiento del derecho internacional»
«Lamentablemente, muchas regiones y comunidades ya no recuerdan una época en la que vivían en paz y seguridad»
17.12.2020 Hernán Reyes Alcaide, corresponsal en el Vaticano
El papa Francisco convocó hoy a reafirmar «la protección y la promoción de los derechos humanos fundamentales» a nivel mundial, con la promoción de una «cultura del cuidado» en la que las naciones respeten el derecho internacional y humanitario.
En su mensaje para la próxima Jornada Mundial de la Paz que se celebra el 1 de enero, el Papa lamentó además la aparición de «nuevas formas» de racismo y xenofobia, al tiempo que convocó a la humanidad a poner en práctica una «cultura del cuidado» que respete el derecho internacional y humanitario.
«Es doloroso constatar que, lamentablemente, junto a numerosos testimonios de caridad y solidaridad, están cobrando un nuevo impulso diversas formas de nacionalismo, racismo, xenofobia e incluso guerras y conflictos que siembran muerte y destrucción», planteó el Papa en el mensaje que lleva por título «La cultura del cuidado como camino de paz».
En el escrito, Jorge Bergoglio aseguró que «nuestros planes y esfuerzos siempre deben tener en cuenta sus efectos sobre toda la familia humana, sopesando las consecuencias para el momento presente y para las generaciones futuras».
La pandemia y la fragilidad
«La pandemia de Covid-19 nos muestra cuán cierto y actual es esto, puesto que nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, porque nadie se salva solo y ningún Estado nacional aislado puede asegurar el bien común de la propia población», sostuvo.
En el día de su cumpleaños 84, el pontífice planteó que «la brújula de los principios sociales, necesaria para promover la cultura del cuidado, es también indicativa para las relaciones entre las naciones, que deberían inspirarse en la fraternidad, el respeto mutuo, la solidaridad y el cumplimiento del derecho internacional». «A este respecto, debe reafirmarse la protección y la promoción de los derechos humanos fundamentales, que son inalienables, universales e indivisibles», pidió Francisco.
No recuerdan cuando vivían en paz
Para el Papa, «también cabe mencionar el respeto del derecho humanitario, especialmente en este tiempo en que los conflictos y las guerras se suceden sin interrupción».
«Lamentablemente, muchas regiones y comunidades ya no recuerdan una época en la que vivían en paz y seguridad», lamentó en ese marco.
Así, el mensaje del Papa recordó además que «muchas ciudades se han convertido en epicentros de inseguridad: sus habitantes luchan por mantener sus ritmos normales porque son atacados y bombardeados indiscriminadamente por explosivos, artillería y armas ligeras».
Francisco criticó además que en ese contexto «los niños no pueden estudiar. Los hombres y las mujeres no pueden trabajar para mantener a sus familias. La hambruna echa raíces donde antes era desconocida. Las personas se ven obligadas a huir, dejando atrás no sólo sus hogares, sino también la historia familiar y las raíces culturales».
Retomando el planteamiento que hizo en su reciente encíclica Fratelli tutti, el Papa abogó por «constituir con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares un Fondo mundial» para poder derrotar definitivamente el hambre y ayudar al desarrollo de los países más pobres».