¿Tiene futuro la Iglesia Católica?…

libro '¿Tiene futuro la Iglesia Católica?
por José Francisco Gómez Hinojosa 

  

‘¿Tiene futuro la Iglesia Católica?…’ es el título de mi reciente obra, hospedada por PPC. El sub-título, ‘Su actuación ante la situación actual’, busca manifestar que se trata de una reflexión sobre la Iglesia a propósito del coronavirus. En la introducción recuerdo que, a principios de los 90’s del siglo pasado, realicé tres investigaciones para la Universidad Pontificia de México, sobre el futuro del socialismo, del capitalismo y de la postmodernidad, respectivamente. El contexto mundial y latinoamericano de la época ponía en entredicho los grandes proyectos económicos, políticos y sociales que regían hasta ese momento, y me pareció interesante analizarlos, desde la óptica de la filosofía.

Pensé, a inicios del 2020, que algo semejante vivíamos en la Iglesia católica, con un gran distanciamiento de sus miembros, en especial de los jóvenes ‘millennials’, quienes no encontraban en su mensaje las respuestas a las preguntas que se plantean a diario. En esos pensamientos estaba cuando apareció, primero en China y luego en el mundo entero, el Covid-19 o coronavirus.

Me propuse, entonces, buscar una aproximación prospectiva al futuro de la Iglesia Católica, partiendo del arribo a nuestras vidas del terrible flagelo que tantas vidas ha cobrado. La primera parte, ‘La actuación de la Iglesia Católica frente a la pandemia del coronavirus’, la he abordado desde la óptica de la filosofía de la religión. La segunda: ‘Entonces: ¿tiene futuro la Iglesia Católica?’, desde la teología narrativa.

En ambas sigo la clásica tríada: reflexión, vivencia y celebración de la fe. En la primera me pregunto qué se reflexionó -vivió y celebró- durante la pandemia, cómo se iluminó tal reflexión, vivencia y celebración, y qué podríamos esperar de ellas en el horizonte post-pandemia. En la segunda me cuestiono cómo enfrentó Jesús estas dimensiones, y de qué manera puede impactar su legado en el futuro de la Iglesia católica.

Como lo anuncia la editorial: “La tesis central de esta obra es la necesidad que tiene la Iglesia católica de regresar a sus orígenes si quiere tener futuro. Pero también ha de evitar el retorno a actividades, prácticas, doctrinas, actitudes, esquemas, estructuras e instituciones que precisamente han afectado a su presente y que ponen en grave riesgo su futuro”.

Me inspiró en el intento la súplica del papa Francisco: “Líbranos de convertirnos en una iglesia de museo, hermosa pero muda, con mucho pasado y poco futuro”.

El texto ya está disponible en las principales librerías de España y, próximamente, en las de México.

Pro-vocación

Y en medio del tira-tira que vivimos la semana pasada entre el presidente mexicano y la jerarquía católica, la CEM (Conferencia del Episcopado Mexicano) ha distribuido ¡116! mensajes, comunicados o cartas de los obispos de este país, publicados en diferentes años, empezando desde 1968, y cuya principal preocupación es la búsqueda de la paz y la condena de los innumerables asesinatos. Esto ante el reciente reclamo presidencial: “¿Por qué callaron cuando se ordenaron las masacres?”. Tales pronunciamientos demuestran que los pastores católicos no guardaron silencio cómplice, no

El papa Francisco: ¿vegano?

por José Francisco Gómez Hinojosa 

  

Desde los inicios de su pontificado, Jorge Bergoglio-papa Francisco ha dado muchas sorpresas. La mayor parte de ellas son doctrinales, pues a diferencia de sus predecesores, más dados a cerrar y detener en materia teológica y pastoral, el argentino ha buscado abrir e impulsar.o se diga en su estilo de vida. Desde pagar su hospedaje durante el cónclave en que se dio su elección, hasta vivir de manera permanente en la Casa Santa Marta, en vez de habitar en los apartamentos papales del Palacio Apostólico.

¿Estamos ante otra posible característica de Francisco de Roma que puede causar extrañeza? ¿El Papa es vegano?

La pregunta viene a colación porque, en una reciente carta dirigida a los participantes de la ‘EU Youth Conference’, reunidos en Praga del 11 al 13 de julio, recomendó a los jóvenes no comer carne.

¿Quiere el Papa poner a dieta a los jóvenes del mundo entero? ¿Ha hecho suya alguna doctrina esotérica que busca proteger a los animales?

No va por ahí la invitación. Francisco considera que disminuir el consumo de carne ayudaría a detener el grave impacto ambiental causado por la producción cárnica y el uso de energía no renovable.

Y es que según la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el sector cárnico emite más gases de efecto invernadero que la totalidad del transporte mundial. El ganado y sus subproductos generan el 51% de tales gases. Hay más datos abrumadores: para producir 1 kg de carne de vaca, se necesitan 15 mil litros de agua; para la de cerdo unos 8 mil litros, y para la de pollo 4 mil litros.

No estamos, entonces, ante una ‘ocurrencia’ más del Papa, sino a la continuidad de su mensaje, ejemplificado en la ‘Laudato Si’, Encíclica publicada en 2015, y en donde invita de manera decidida a la protección del medio ambiente.

Francisco no nos quiere más esbeltos. Lo que sí quiere es que nos comprometamos a cuidar a la naturaleza. No hacerlo durante años nos tiene en la actual crisis climática.

Pro-vocación

¿Qué cualidades debe tener un candidato a obispo? Hace muchos años era fundamental una excelente preparación académica: si no había estudiado en Roma, disminuían sus posibilidades. Tiempo después se preguntaba con insistencia si sería capaz de mantener buenas relaciones con las autoridades civiles. Recientemente, y a causa de los escándalos de pederastia, se ha enfatizado que no presente en su historial algún comportamiento moral indebido. Con el insólito arribo de tres mujeres a la Congregación para Obispos, quizá surjan otros criterios de selección como: ¿es misericordioso?, ¿vive cercano a los fieles?, ¿es austero? Veremos.

Paz: fuente y culmen

por José Francisco Gómez Hinojosa 

  

Ya ronda los tres meses la invasión de Rusia a Ucrania, mismos en que personas de buena voluntad en todo el mundo oran por el fin de la guerra y el arribo de la paz. El papa Francisco ha sido particularmente insistente en llamar al cese de hostilidades, calificando al conflicto como cruel e insensato.


Llama la atención la actualidad de lo que hoy nos dice Jesucristo en el evangelio de Juan (14,23-29): “la paz les dejo, mi paz les doy”. Y añade que no nos deja lo que entiende el mundo por ella: un sinónimo de inmovilismo, de pasividad. No. La paz no es una forma barata de ocultar los problemas, ni una manera infantil de sacarle la vuelta a las dificultades, ni sólo la ausencia de conflictos. Por el contrario. Es en medio de los ellos en donde tenemos que encontrarla, propiciando condiciones de justicia, de verdad, de amor, de fraternidad, en una palabra, de paz.

Y es aquí en donde, me parece, está el meollo del problema: la paz es fuente y culmen del Reino de Dios.

Fuente, porque es propia de aquellas personas que llevan a Dios en su corazón; que no son liosas, pero que tampoco rehúyen el conflicto; que son asertivas, pero no agresivas; que son capaces de combinar ternura con firmeza; que ponen la otra mejilla, pero que defienden a quien ya fue golpeado en las dos; que no se alteran, salvo cuando presencian una injusticia; que lloran de alegría, pero también de tristeza. Quienes viven así, con la paz de Dios en su corazón, son constructores del Reino de Dios, del Padre de Jesús.

Culmen, porque es el resultado de una cultura impregnada por la verdad y no por la mentira; porque para lograrse no atenta contra la dignidad de las personas y los pueblos, sino que la defiende: es justa; porque depende de relaciones amorosas, plenas de fraternidad y sororidad para poder concretarse. No habrá paz, entonces, si no se soporta en una comunicación veraz, en estructuras justas, en relaciones amorosas.

La paz que nos hereda Jesús de Nazaret, va mucho más allá de acabar con bombas atómicas, misiles nucleares y batallas galácticas -en lo macro-, y de prohibir el uso de metralletas cuerno de chivo, revólveres dorados o navajas asesinas -en lo micro-. Implica corazones y estructuras amantes de la justicia, de la verdad y del amor, constructores del Reino de Dios.

Pro-vocación

Pues el arzobispo de San Francisco, California, ya dijo que Nancy Pelosi, la poderosa presidenta de la Cámara de Representantes norteamericana, no será aceptada si se acerca a comulgar. ¿La razón? Ella ha dicho que trabajará para que una ley confirme el derecho de las mujeres a interrumpir el embarazo en ciertas circunstancias. No es que esté a favor del aborto, sino de que las mujeres decidan libremente si hacerlo o no. Ya el papa Francisco dijo que, en el caso semejante de Biden -darle o no la comunión por estar a favor de esa legislación-, estábamos ante una decisión política, no pastoral. En fin.

Las cuatro proximidades según el Papa

por José Francisco Gómez Hinojosa  

En su reciente visita a Hungría, Francisco de Roma dirigió a sus obispos un mensaje que en mucho se parece al dedicado al episcopado mexicano hace cinco años. En aquella ocasión les dijo: “No se necesitan príncipes, sino una comunidad de testigos del Señor”, y también, “… Si tienen que pelearse, peléense como hombres, a la cara”. Ahora se dirigió con palabras semejantes al episcopado húngaro: “Por favor, sean sirvientes. Siervos, no príncipes“, y “… Procuren llevar sus diferencias a la unidad y no busquen el camino de los enredos”. 
 

Es de resaltar tal semejanza. ¿Será que todos los obispos del mundo presentan actitudes principescas, y en vez de dirimir sus disensos de frente lo hacen cubiertos con la sombra del cuchicheo? ¿O sólo los mexicanos y húngaros padecen de tales trastornos eclesiales? 

Más allá de esta afinidad episcopal, llamaron la atención las “cuatro proximidades” que el Papa argentino compartió con los obispos magiares. En primer lugar, la cercanía a Dios, que sólo se logra a través de una permanente oración. También entre ellos mismos, los obispos. Se preguntó Francisco: “¿Discutimos? Discutimos. ¿Gritamos? Gritamos, pero como hermanos”. 

Una tercera proximidad es con los sacerdotes, quienes con frecuencia se quejan de no ser escuchados por sus obispos, a los que no sienten como un padre cercano. La cuarta cercanía es con el pueblo de Dios, de donde han salido todos los obispos. 

Creo que las orientaciones papales valen no sólo para los jerarcas católicos, sino para todos nosotros. 

En efecto. Cercanos con Dios, a través de un diálogo constante, en el que escuchamos más de lo que hablamos. 

Próximos con nuestros pares, enriqueciéndonos con sus aportes y compartiéndoles nuestras certezas. 

Cercanos con nuestros equipos de trabajo, con nuestros familiares más cercanos, dispuestos a servirles, prestos para lo que se les ofrezca. 

Próximos con los pobres y vulnerables, en especial con los migrantes, con quienes el respeto se traduce en trato igualitario.