¿Adelantarse o ir juntos?

por José Francisco Gómez Hinojosa


En mi reciente libro ‘¿Tiene futuro la Iglesia Católica?’, escribí: “Esta discriminación -de las mujeres en los puestos de decisión y en su veto para ejercer el sacerdocio- sabemos que será superada en el futuro, como otras que ha venido corrigiendo la Iglesia Católica a lo largo de su historia. Pero: ¿por qué esperar años o siglos para dar ese paso?”.

Pues porque nuestra querida Iglesia tiene miedo a adelantarse, y ha apostado siempre por la prudencia en vez del arrojo. La Congregación para la Doctrina de la Fe, por ejemplo, se siente con la obligación de guardar, conservar, el tesoro de los dogmas, de ahí que se conciba más como un freno que como un acelerador.

Es cierto que la prisa es mala consejera, y anticiparse no ayuda a vivir plenamente las diferentes etapas que necesitamos recorrer. La rapidez impide saborear lo que se está viviendo, y quien se acelera corre el riesgo de trastabillar.

Pero detenerse de manera constante, pausar los procesos en forma innecesaria, pensar que mientras más despacio se camina más se previene de riesgosas sorpresas, impide el responder con atingencia a los retos que la vida nos plantea.

El Concilio Vaticano II, por ejemplo, representó un notable impulso para acabar con un letargo que tenía postrada a la Iglesia, incapaz de responder a las exigencias de su tiempo. Es fecha que no se alcanza a cumplir con todas sus propuestas a causa de quienes las consideraron demasiado aventuradas.

Ese evento, quizá el más significativo del Siglo XX -y no sólo para la Iglesia Católica-, también nos enseñó que el mundo no puede ser un enemigo, sino un compañero de viaje.

Pues ese acompañante de camino ha ido abriendo cada vez más puertas a la participación de las mujeres. En terrenos como el económico y el político, el de la educación y la cultura, en los deportes y los espectáculos, las damas están cada vez más presentes en órganos directivos.

¿Y en la Iglesia Católica por qué no? Ya vendrán tiempos y circunstancias diferentes -me dicen calmando mis ansias de cambio, curiosamente, colegas mucho más jóvenes que yo-, hay que esperar a que se den las condiciones adecuadas, todavía hay muchas resistencias, y un machista etcétera…

Es cierto que la doctrina eclesiástica no debe adaptarse a cualquier modificación que la sociedad proponga. Pero también lo es que no tiene por qué rechazar esas propuestas sin más. Continuidad y adaptación es la clave: la primera se refiere a principios innegociables, la segunda a los ajustes que se pueden hacer sin transgredir dogmas de fe. No se trata, entonces, de adelantarse sin freno, sino de ir juntos.

Pero esperaremos, y sentados, porque si con Francisco de Roma estas mutaciones no se han podido dar en su totalidad, sólo Dios sabe qué pasará con futuros Papas.

Pro-vocación

Y volviendo al tema del Concilio. Gran consternación causó lo dicho por el cardenal Walter Kasper -cuyo libro, ‘La Misericordia’, fue recomendado por el papa Francisco a inicios de su pontificado-, quien acaba de declarar: “La Iglesia Católica sólo podrá tener futuro si continúa el camino emprendido por el Vaticano II… algo que el camino sinodal (alemán) no ha hecho”. Llama la atención pues Kasper es un firme impulsor de las reformas emprendidas por Francisco. Vuelvo a afirmar que quien pregunta se aguanta, y el Sínodo de la Sinodalidad es un ejercicio de escucha, aunque no nos guste lo que nos digan.

¿Todavía se teme a los obispos?

por José Francisco Gómez Hinojosa   

En sociedades tan secularizadas como las europeas, es probable que la respuesta sea un rápido “no”. Quizá se les obsequie el debido respeto en protocolos oficiales y diplomáticos, y una pequeña grey, compuesta casi en su totalidad por adultos mayores, les seguirá llamando “excelencia”, y buscará besar su anillo episcopal. El progresivo alejamiento de los fieles ha significado, también, un desconocimiento de estas figuras, otrora fundamentales en un Continente que desde hace décadas es de misión.

¿Pero en América Latina, en donde todavía la mayoría de la población se dice católica, y en la que las comunidades sumidas en la miseria ven en su Iglesia un resguardo vital? Si quienes viven en rancherías o favelas tienen aprecio por el cura que está con ellos, que sufre sus carestías y angustias, cuando saben que los visitará el obispo, ese señor que cada vez menos vive en ostentosos palacios y se traslada en automóviles de lujo, hay una gran alegría: gracias a él cuentan con un párroco cercano y sensible a sus penas.

De ser cierta esta genérica descripción, los pastores latinoamericanos gozan todavía de una favorable atención por parte de sus ovejas, y no sólo en materia religiosa, sino inclusive política. Este dato, repito, si es efectivo, causaría desasosiego en las élites políticas, temerosas de que los influyentes clérigos pusieran a la población en su contra.

Tal tesis, más sociológica que pastoral, ha vuelto a plantearse en México, a raíz del ‘Mensaje al Pueblo de México sobre la Iniciativa de una Reforma Constitucional en Materia Electoral’. El documento de la Conferencia Episcopal Mexicana sostiene que tal iniciativa, capitaneada por el partido en el poder y el presidente de la república, es “claramente regresiva”.

No pocos comentaristas advirtieron que el belicoso primer mandatario había recibido un fuerte golpe, a manos de también fuertes líderes sociales. ¿En verdad tienen tanto peso los obispos? ¿Es real su capacidad para poner en aprietos a la clase política? ¿Esta les sigue viendo con la capacidad de armar una revuelta semejante a la época cristera?

Hay prelados que, todavía con una vieja mentalidad -y es paradójico pero con frecuencia son jóvenes cronológicamente-, acuden a la teoría de las dos espadas, que coloca en igualdad de poder al sagrado y al mundano.

Otros obispos, más cercanos a los cambios epocales que estamos viviendo, relativizan esta autoridad, y asumen con humildad un liderazgo testimonial, más basado en la humildad del evangelio que en los entresijos políticos de los cabildeos palaciegos.

La actual dirigencia del episcopado mexicano en su conjunto, me parece, está optando por este segundo modelo que, a final de cuentas, quizá pueda resultar todavía más peligroso que el primero para las élites dominantes. Veremos.

Pro-vocación

Y si en vez de pan…  ¿tortillas? La ancestral escasez de productos básicos en Cuba ha llegado hasta la harina con la que se fabrican las obleas para las misas, las hostias. Este hecho ha ocasionado que las celebraciones eucarísticas se pongan en entredicho, por la falta de este insumo. Pero, ante la emergencia: ¿no se podría apelar a la creatividad y buscar la manera de mantener el necesario culto con… tortillas, por ejemplo? Se trataría de una medida excepcional y, de paso, se asumiría una encarnación litúrgica en esas comunidades para quienes la tortilla es el alimento básico.

“Ensancha el espacio de tu tienda”

por José Francisco Gómez Hinojosa


“Ensancha el espacio de tu tienda” es el título -tomado de Isaías 54,2- del Documento de Trabajo para la Etapa Continental, del Sínodo de la Sinodalidad, recién publicado en esta semana que termina.

El texto consta de cuatro partes: inicia con un recuento de la experiencia vivida a lo largo de este su primer año, y concluye con una indicación de los próximos pasos, reservándose los apartados dos y tres para recordar la necesidad de escuchar la Palabra, y una reflexión sobre la Iglesia sinodal y misionera. En muchos de los números aparecen citas textuales, y la referencia de los obispos de toda la Iglesia universal.

Del escrito, y de lo que se ha sabido en torno a esta primera fase diocesana, me llaman la atención tres cosas.

En primer lugar, es significativa la respuesta que se obtuvo de las instancias eclesiales en estos 12 meses: mientras lo hicieron 112 de las 114 conferencias episcopales de todo el mundo -el 98%-, sólo respondieron 17 de los 23 Dicasterios de la Curia romana -el 70%-. Tal numeralia confirma que los más cercanos al papa Francisco son, paradójicamente, los más lejanos en su seguimiento, y quienes más pretenden obstaculizar sus propuestas.

Por otra parte, diversas fuentes que han tenido acceso a los reportes diocesanos sostienen que una constante en ellos es la solicitud para una mayor inclusión de las mujeres, sobre todo en las estructuras eclesiásticas de gobierno de las diócesis, y en la Curia Vaticana. Es cierto que ya se han dado algunos pasos en niveles intermedios, pero falta que ellas se empoderen aún más.

Tercero. El que pregunta se aguanta, y es sintomático que algunos opositores al sínodo se quejan de algunas respuestas. Tal actitud refleja lo lejos que, en muchos casos, la jerarquía está de los fieles, quienes no sienten en las homilías y mensajes, en las orientaciones y enseñanzas de la Iglesia Católica, una atención a sus verdaderas problemáticas.

¿Qué es lo que sigue? Las cuestiones claves para esta próxima etapa continental se mencionan en el #106: ¿cuáles son las intuiciones -que aparecen en el Documento de Trabajo- más recurrentes? ¿y las interrogantes que debieran responderse? ¿y las prioridades a trabajar en la siguiente etapa?

Queda, pues, mucho trabajo por hacer, ahora a nivel continental. Hay que seguir ensanchando el espacio de la tienda, para que todos y todas puedan entrar en ella.

Pro-vocación

Los “antiFrancisco” siguen en pie de guerra. Convocados para reflexionar en torno al legado de Benedicto XVI, con motivo de su cumpleaños 95, personajes como los cardenales Müller y Cipriani, y los obispos españoles Reig y Munilla, arremetieron contra el modelo de Iglesia avalado por Francisco de Roma, y sustentado en el Concilio Ecuménico Vaticano II, que acaba de cumplir 6 décadas de su inicio. Lo dicho: ¿para qué queremos un nuevo Concilio si el anterior no acaba de consolidarse?

Pastoral urbana

Nuevos Sujetos de la Pastoral Parroquial Urbana

gente Ciudad de México

por José Francisco Gómez Hinojosa 

  

Participé, el pasado miércoles, en el Congreso Internacional de Pastoral Urbana, organizado por la Arquidiócesis de México. Compartí el panel con la doctora Tricia Colleen Bruce (EUA) y la maestra Veronika Eufinger (Alemania). Además de presentar mi propuesta sobre las nuevas estructuras pastorales de la parroquia urbana en el futuro, ofrecí los que, en mi opinión, serán los nuevos sujetos de esas parroquias: niños y jóvenes, mujeres, minorías y laicos.


La pandemia encontró a la Iglesia Católica en una de sus peores crisis, debida a los escándalos por el abuso de menores, a cargo de prominentes jerarcas. Los jóvenes, por su parte, no encuentran en nuestras predicaciones y celebraciones la respuesta a sus inquietudes. Necesitamos hacer de la parroquia urbana del futuro un espacio seguro para los niños, y un lugar en el que los jóvenes no sólo se puedan reunir -cosa que extrañaron mucho durante la pandemia-, sino incrementar su compromiso evangelizador.

Las mujeres son otro protagonista indispensable en las parroquias urbanas del futuro, pero no sólo para coordinar las fiestas patronales, o para encargarse de las tareas más pesadas en la catequesis, la pastoral social y la liturgia, como lo han hecho hasta ahora. Si ya nuestras parroquias urbanas cuentan con las mujeres en términos cuantitativos, ahora necesitarán de ellas de manera cualitativa, aportando su experiencia de Dios, su sensibilidad, su fortaleza, su teología, de las que podemos aprender mucho.

Un tercer sujeto emergente en las parroquias urbanas postpandemia lo constituirán las minorías que hemos excluido. Y van desde los migrantes, a quienes unas cuantas comunidades los reciben, dando la impresión de que tal acogida es un carisma particular del párroco y no una obligación de quien quiere ser discípulo de Jesús, hasta divorciados vueltos a casar y personas homosexuales, a quienes se les niega el acceso a los sacramentos para no “abaratar” los mismos. No incluir a estas “minorías” significa privarnos de la riqueza que pueden aportar.

Por último, nuestras parroquias urbanas tendrán que ser cada vez más laicas. Y es que detrás, por ejemplo, de los escándalos provocados por la pederastia en la Iglesia Católica, no estaba ni el celibato obligatorio ni la homosexualidad de algunos jerarcas, sino el clericalismo. Esta lacra eclesiástica ha hecho que los párrocos, por ejemplo, se sientan dueños de “su” parroquia, en lo administrativo y en lo pastoral, y que tanto los vicarios como los laicos sean ayudantes de segundo nivel, quedando a su discrecionalidad las tareas que se les pueden asignar.

Si seguimos haciendo lo mismo en nuestras parroquias urbanas, obtendremos los mismos resultados de siempre. Necesitamos incorporar a estos sujetos para que las comunidades cristianas sean verdaderos espacios del seguimiento de Jesús.

Pro-vocación

No existe en español palabra más bella, fonética y significativamente, que “gracias”. El evangelio de este domingo nos invita a repetirla hasta la saciedad. Que nunca nos cansemos de agradecer a Dios sus bendiciones, pero también a quienes tantos favores y servicios nos prodigan.

¿Tiene futuro la Iglesia católica?

Vida Nueva habla con el vicario general de la arquidiócesis de Monterrey, José Francisco Gómez, quien asegura que el futuro de la Iglesia católica está en el regreso a sus orígenes

El sacerdote mexicano José Francisco Gómez Hinojosa, vicario general de la arquidiócesis de Monterrey, asegura que el futuro de la Iglesia católica está en el regreso a sus orígenes: Jesús de Nazaret, así como en “evitar el retorno a actividades, prácticas, doctrinas, actitudes, esquemas, estructuras e instituciones que, precisamente, han afectado su presente y que ponen en grave riesgo su futuro”.

El sacerdote regiomontano, ha publicado el libro: ‘¿Tiene futuro la Iglesia Católica? Su actuación ante la situación actual’ de editorial PPC. Él asegura que esta obra  puede servir para hacer un buen examen de conciencia y, desde abajo -sin esperar a que el Papa lo haga, porque no lo dejan-, intentar los cambios que le permitan a nuestra Iglesia católica recuperar su carisma original“.

Asimismo, consideró que el libro es útil tanto para platicar en familia, como en “los grupos de Jesús, en las comunidades parroquiales”, sobre el papel que la Iglesia católica jugó en su atención a la pandemia, y cómo podría ella enfrentar su futuro, de acuerdo al seguimiento de Jesús.

Un distanciamiento en especial de los millennials

PREGUNTA.- ¿Cómo decidió el título del libro; será que en algún momento se cuestionó la posibilidad de que la Iglesia católica pudiera no tener futuro?

RESPUESTA.- Allá por los 90’s del siglo pasado me pregunté en tres ensayos por el futuro del capitalismo, del socialismo y de la postmodernidad, sistemas económico-político-sociales que atravesaban por una fuerte crisis. Pensé, ya a inicios del 2020, que algo semejante vivíamos en la Iglesia católica, con un gran distanciamiento de sus miembros, en especial de los jóvenes millennials, quienes no encontraban en su mensaje las respuestas a las preguntas que se plantean a diario.

Ya desde fuera de ella, con un opinión pública indignada por los escándalos que se sucedían semana a semana, y cuyos protagonistas eran clérigos encumbrados en el escalafón eclesiástico; ya desde dentro, con un Francisco de Roma empeñado en renovarla, y enfrentando una terrible oposición, sobre todo de la Curia Vaticana, lo cierto es que -me pareció- valía la pena una reflexión semejante a la que había hecho casi 30 años atrás.

¿Una Iglesia Católica capaz de salir fortalecida?

P.- ¿A quién va dirigido el libro y cómo está estructurado?

R.- A cualquier persona, católica o no, que le interese el futuro de la Iglesia Católica, y que quiera penetrar, al menos un poco, en la vida de Jesús de Nazaret.

A lo largo de todo el libro me planteo tres preguntas: ¿Cuáles fueron los temas doctrinales que más se predicaron durante la contingencia? ¿Y los que predicó Jesús?; ¿Y las acciones caritativas en beneficio de los enfermos y de los fieles en general? ¿Y las que hizo Jesús?, y ¿De qué manera se celebró la fe? ¿Y Jesús, cómo la celebró?

En las respuestas iremos intercalando el proceso que llevaba la Iglesia católica, antes del surgimiento de la pandemia, en la atención a estos tres aspectos fundamentales de su evangelización: una fe que se predica en la pastoral catequética, que se vive en la pastoral social y que se celebra en la pastoral litúrgica, con su actuación una vez que surgió la contingencia, en la primera parte del ensayo. En la segunda responderemos las mismas preguntas, pero de acuerdo a las palabras y hechos de Jesús. Los tres temas los abordaremos desde la metodología ‘Ver – Juzgar – Actuar’.

P.- ¿Considera usted, con base en lo escrito en su libro, que la situación de la pandemia ayudó de alguna manera a la Iglesia católica o la hizo madurar en algún sentido?

R.- Eso está por verse, y en ocasiones soy un poco pesimista. El coronavirus vino a agravar una crisis que ya se veía por el paulatino alejamiento de los fieles, y no siempre se dio una respuesta adecuada a ello. Sí, hubo muchas luces, pero creo que más sombras. Sólo el futuro nos dirá si la Iglesia Católica fue capaz de salir fortalecida de la contingencia o si, por el contrario, regresó a esquemas y actitudes que le dan mucha seguridad, pero que le impiden cumplir con su misión a cabalidad

El Concilio: ¿proyecto inacabado?

por José Francisco Gómez Hinojosa 

Desde hace algunos años me preguntan si Francisco de Roma convocará a un nuevo concilio. He respondido que no lo creo. Tanto el Papa argentino como muchos teólogos y pastoralistas consideran que el Vaticano II -acaba de cumplir 60 años de haber sido iniciado- es fecha que no ha sido suficientemente aplicado.


En efecto. Convocado por San Juan XXIII desde el 25 de enero de 1959, fue hasta el 11 de octubre de 1962 que dio comienzo el acontecimiento más importante del Siglo XX, y no sólo desde la perspectiva eclesial. El aparentemente inofensivo Papa, el abuelito tierno y cariñoso de la Iglesia, sorprendía con su decisión. El mundo, y no sólo la institución eclesiástica, atravesaba por una profunda crisis económica, política y con la amenaza de una guerra atómica entre la entonces URSS y los EUA. Cualquier proyecto que buscara insertarse en ese ambiente conflictivo corría muchos riesgos.

La teología y pastoral católicas, por su parte, vivían en un inmovilismo que exigía cambios profundos y radicales, impulsados por especialistas, en particular alemanes y franceses, que abrían brecha en medio del dogmatismo imperante y que aparecerán como asesores de los obispos conciliares.

El ala conservadora de la Iglesia Católica, con gran poder en aquel entonces y todavía ahora, buscó -y lo sigue haciendo- impedir que el sueño renovador cristalizara, y aunque los documentos postconciliares trazaron una ruta de transformación, el inmediato postconcilio no continuó por esa vía. Una suerte de involución, de invierno eclesial, se dejó sentir hacia finales del siglo pasado.

Pero llegó el papa Francisco, y una de sus primeras directrices fue, precisamente… ¡aplicar el Concilio 50 años después de haber concluido! Y es que el aporte conciliar en la eclesiología, quizá el más importante inclusive sobre la misma renovación litúrgica, ha venido sufriendo ataques conservadores, muchas veces exitosos, que dejan la propuesta del Vaticano II como algo todavía no logrado.

Bergoglio ha intentado, a través de sus proyectos sinodales, recuperar esa propuesta, que tuvo en expresiones como “pueblo de Dios”, “signos de los tiempos”, “diálogo con el mundo”, “inculturación del mensaje evangélico”, etc., una nueva nomenclatura que quería manifestar unas renovadas teología y pastoral. Hoy hablamos de “camino sinodal!, “comunión”, “participación”, “misión”, etc.

Más que plantearnos, entonces, un nuevo Concilio, habría que saldar cuentas con el Vaticano II, que a 60 años de iniciado sigue todavía como un propósito inconcluso.

Pro-vocación

En Nicaragua no sólo se arresta a obispos como monseñor Rolando Álvarez, a sacerdotes, diáconos y seminaristas, y a infinidad de críticos al régimen de Daniel Ortega. Ahora resulta que las imágenes de San Miguel Arcángel y San Jerónimo, generadoras de profunda devoción popular, también han sido encarcelados en los templos en los que se les venera. La policía nica ha acordonado sus iglesias con tropas antimotines, y prohibido que los fieles los lleven en andas a lo largo de las procesiones. Al igual que a los presos políticos, se les acusa de subvertir el orden público y de terrorismo. “Santitos” peligrosos.

Nuevas estructuras y nuevos sujetos

por José Francisco Gómez Hinojosa


Me han invitado a participar, el próximo miércoles, en el congreso ‘Parroquia urbana en salida, sinodal y samaritana’, y que tiene como objetivo: Impulsar la transformación de la parroquia en su identidad y sentido, activando procesos de Iglesia en salida, sinodal y samaritana, para responder a los retos de las grandes ciudades en tiempos de pandemia,organizado por la Arquidiócesis de México.

Se me asignó el tema ‘Nuevas Estructuras Eclesiales para la Parroquia de la Gran Ciudad, y Nuevos Sujetos de la Pastoral Parroquial Urbana’. Comparto algunas reflexiones que voy a plantear en ese foro.

Propondré atender a los tres aspectos fundamentales de la evangelización, y que serían las tres tareas básicas de una parroquia urbana: una fe que se reflexiona en la pastoral catequética, que se vive en la pastoral social y que se celebra en la pastoral litúrgica.

Creo que, a partir de lo experimentado en la pandemia, necesitaríamos la renovación de  estructuras relacionadas con la comunicación -pastoral catequética-, la salud -pastoral social- y el culto -pastoral litúrgica-.

Necesitaremos, entonces, una nueva estructura en las instalaciones de las parroquias urbanas: una oficina cibernética, capaz de comunicarse con todos los fieles, alimentada por jóvenes universitarios, expertos en este tipo de transmisión. Y sí, la contingencia incrementó algo que ya se venía dando, quizá de manera incipiente, pero que se ha consolidado en estos últimos dos años: la presencia de las parroquias urbanas en las redes sociales.

También requeriremos de una oficina sanitaria, capaz quizá no de ofrecer intervenciones quirúrgicas muy especializadas, pero sí medicamentos, pruebas y vacunas con precios accesibles. Y es que, así como los primeros misioneros de estas tierras asumieron de manera prioritaria la procuración de la salud entre los nuevos miembros de la comunidad, tal y como lo hizo Jesús de Nazaret, cuya actividad curativa estaba al mismo nivel de su intensidad narrativa, así también la parroquia del futuro.

En tercer lugar, el terreno en que más afectó la pandemia la religiosidad de nuestros fieles fue en lo relacionado con la celebración de la fe. Durante algunas semanas, y en muchas partes del mundo, se suspendieron los actos de culto, acatando recomendaciones o indicaciones de las autoridades civiles. Precisaremos de una oficina de innovación litúrgica, capaz de potencializar toda la creatividad de pastores y laicos, con miras a lograr celebraciones no aparatosas y cargadas de protagonismo, pero sí conectadas con las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias de nuestro pueblo.

De los nuevos sujetos que serán protagonistas en las parroquias urbanas del futuro… platicamos la próxima semana, Dm.

Pro-vocación

Ya pasaron 100 días desde el asesinato de los jesuitas Javier Campos Morales, Joaquín César Mora Salazar, y el guía turístico Pedro Eliodoro Palma, en Chihuahua, México, y es fecha de que el presunto asesino, José Noriel Portillo Gil, sigue prófugo.

Llama la atención que un ejército cada vez más omnipresente a lo largo de todo el país, con el apoyo de la inteligencia norteamericana -que ya ha colaborado en la captura de otros criminales-, no haya podido encontrar a un sospechoso que ni siquiera es de los capos más notables de la delincuencia organizada y, por lo mismo, es de suponerse que no cuenta con apoyo logístico capaz de facilitarle la evasión de la búsqueda por autoridades entrenadas y competentes.

Es muy difícil no pensar que hay complicidad en esta omisión

Jornada del Migrante y Refugiado

Construir el futuro con los migrantes y los refugiados

por José Francisco Gómez Hinojosa 


  Construir el futuro con los migrantes y los refugiados’ es el título del mensaje del Santo Padre Francisco para la 108ª Jornada Mundial del Migrante y Refugiado 2022. Y me da mucho gusto la coincidencia de este texto papal y mi reciente libro: “¿Tiene futuro la Iglesia Católica? Su actuación ante la situación actual”, publicado por el sello PPC.


En mi ensayo menciono, en la p.79, que en la Iglesia del futuro, quienes se dedican a la atención de migrantes y refugiados, deberán ser reconocidos como verdaderos ministros de la pastoral social, superando la extendida idea de que los servicios pastorales reconocidos y asignados -ministerios- se reducen a la catequesis y a la liturgia.

El papa Francisco inicia su llamado citando a Hebreos 13,14: No tenemos aquí abajo una ciudad permanente, sino que buscamos la futura, y este versículo nos invita, “a la luz de lo que hemos aprendido en las tribulaciones de los últimos tiempos, a renovar nuestro compromiso para la construcción de un futuro más acorde con el plan de Dios, de un mundo en donde todos podamos vivir dignamente en paz”.

Y a mediación del manifiesto aparece la tesis central de la propuesta: la construcción del futuro -del futuro de la Iglesia Católica diría yo- supone la justicia en las relaciones interpersonales, y ella exige la inclusión de las personas más vulnerables, como lo son los migrantes y los refugiados.

Pero: ¡atención! Ellos no sólo serán los beneficiarios de esta nueva armazón, sino que -textualmente- “Construir el futuro con los migrantes y los refugiados significa reconocer y valorar lo que cada uno de ellos puede aportar al proceso de edificación”.

Y Francisco de Roma acude a Isaías 60,10-11, en donde se resalta la llegada de los extranjeros como fuente de enriquecimiento. Ellos no son, entonces, para el profeta -como habitualmente sí lo son para muchos de nosotros- un problema y un peligro.

Concluye el mensaje con una advertencia, especialmente a los jóvenes: “No podemos dejar a las próximas generaciones la responsabilidad de decisiones que es necesario tomar ahora, para que el proyecto de Dios sobre el mundo pueda realizarse y venga su Reino de justicia, de fraternidad y de paz”.

La clave, me parece, es considerar a migrantes y refugiados como una contrariedad que debemos enfrentar, o como una ventaja que podemos aprovechar. Ojalá optemos por la segunda.

Pro-vocación

Conmoción internacional entre los grupos conservadores ha causado la reciente decisión de los obispos belgas, comunicada la semana pasada, de establecer un rito para la inclusión en la Iglesia de parejas homosexuales.

Quienes quieren amarrar navajas se preguntan cómo responderá el Vaticano ante esta iniciativa, en apariencia contraria a la rígida disciplina eclesiástica en la materia.

El episcopado de Bélgica respondió que es sólo un “momento de oración” -ni siquiera una bendición y mucho menos un sacramento- y destinado a quienes quieren vivir en pareja, en relaciones duraderas y fieles. ¿Alguna objeción?

¿Tiene futuro la Iglesia Católica?…

libro '¿Tiene futuro la Iglesia Católica?
por José Francisco Gómez Hinojosa 

  

‘¿Tiene futuro la Iglesia Católica?…’ es el título de mi reciente obra, hospedada por PPC. El sub-título, ‘Su actuación ante la situación actual’, busca manifestar que se trata de una reflexión sobre la Iglesia a propósito del coronavirus. En la introducción recuerdo que, a principios de los 90’s del siglo pasado, realicé tres investigaciones para la Universidad Pontificia de México, sobre el futuro del socialismo, del capitalismo y de la postmodernidad, respectivamente. El contexto mundial y latinoamericano de la época ponía en entredicho los grandes proyectos económicos, políticos y sociales que regían hasta ese momento, y me pareció interesante analizarlos, desde la óptica de la filosofía.

Pensé, a inicios del 2020, que algo semejante vivíamos en la Iglesia católica, con un gran distanciamiento de sus miembros, en especial de los jóvenes ‘millennials’, quienes no encontraban en su mensaje las respuestas a las preguntas que se plantean a diario. En esos pensamientos estaba cuando apareció, primero en China y luego en el mundo entero, el Covid-19 o coronavirus.

Me propuse, entonces, buscar una aproximación prospectiva al futuro de la Iglesia Católica, partiendo del arribo a nuestras vidas del terrible flagelo que tantas vidas ha cobrado. La primera parte, ‘La actuación de la Iglesia Católica frente a la pandemia del coronavirus’, la he abordado desde la óptica de la filosofía de la religión. La segunda: ‘Entonces: ¿tiene futuro la Iglesia Católica?’, desde la teología narrativa.

En ambas sigo la clásica tríada: reflexión, vivencia y celebración de la fe. En la primera me pregunto qué se reflexionó -vivió y celebró- durante la pandemia, cómo se iluminó tal reflexión, vivencia y celebración, y qué podríamos esperar de ellas en el horizonte post-pandemia. En la segunda me cuestiono cómo enfrentó Jesús estas dimensiones, y de qué manera puede impactar su legado en el futuro de la Iglesia católica.

Como lo anuncia la editorial: “La tesis central de esta obra es la necesidad que tiene la Iglesia católica de regresar a sus orígenes si quiere tener futuro. Pero también ha de evitar el retorno a actividades, prácticas, doctrinas, actitudes, esquemas, estructuras e instituciones que precisamente han afectado a su presente y que ponen en grave riesgo su futuro”.

Me inspiró en el intento la súplica del papa Francisco: “Líbranos de convertirnos en una iglesia de museo, hermosa pero muda, con mucho pasado y poco futuro”.

El texto ya está disponible en las principales librerías de España y, próximamente, en las de México.

Pro-vocación

Y en medio del tira-tira que vivimos la semana pasada entre el presidente mexicano y la jerarquía católica, la CEM (Conferencia del Episcopado Mexicano) ha distribuido ¡116! mensajes, comunicados o cartas de los obispos de este país, publicados en diferentes años, empezando desde 1968, y cuya principal preocupación es la búsqueda de la paz y la condena de los innumerables asesinatos. Esto ante el reciente reclamo presidencial: “¿Por qué callaron cuando se ordenaron las masacres?”. Tales pronunciamientos demuestran que los pastores católicos no guardaron silencio cómplice, no

El papa Francisco: ¿vegano?

por José Francisco Gómez Hinojosa 

  

Desde los inicios de su pontificado, Jorge Bergoglio-papa Francisco ha dado muchas sorpresas. La mayor parte de ellas son doctrinales, pues a diferencia de sus predecesores, más dados a cerrar y detener en materia teológica y pastoral, el argentino ha buscado abrir e impulsar.o se diga en su estilo de vida. Desde pagar su hospedaje durante el cónclave en que se dio su elección, hasta vivir de manera permanente en la Casa Santa Marta, en vez de habitar en los apartamentos papales del Palacio Apostólico.

¿Estamos ante otra posible característica de Francisco de Roma que puede causar extrañeza? ¿El Papa es vegano?

La pregunta viene a colación porque, en una reciente carta dirigida a los participantes de la ‘EU Youth Conference’, reunidos en Praga del 11 al 13 de julio, recomendó a los jóvenes no comer carne.

¿Quiere el Papa poner a dieta a los jóvenes del mundo entero? ¿Ha hecho suya alguna doctrina esotérica que busca proteger a los animales?

No va por ahí la invitación. Francisco considera que disminuir el consumo de carne ayudaría a detener el grave impacto ambiental causado por la producción cárnica y el uso de energía no renovable.

Y es que según la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el sector cárnico emite más gases de efecto invernadero que la totalidad del transporte mundial. El ganado y sus subproductos generan el 51% de tales gases. Hay más datos abrumadores: para producir 1 kg de carne de vaca, se necesitan 15 mil litros de agua; para la de cerdo unos 8 mil litros, y para la de pollo 4 mil litros.

No estamos, entonces, ante una ‘ocurrencia’ más del Papa, sino a la continuidad de su mensaje, ejemplificado en la ‘Laudato Si’, Encíclica publicada en 2015, y en donde invita de manera decidida a la protección del medio ambiente.

Francisco no nos quiere más esbeltos. Lo que sí quiere es que nos comprometamos a cuidar a la naturaleza. No hacerlo durante años nos tiene en la actual crisis climática.

Pro-vocación

¿Qué cualidades debe tener un candidato a obispo? Hace muchos años era fundamental una excelente preparación académica: si no había estudiado en Roma, disminuían sus posibilidades. Tiempo después se preguntaba con insistencia si sería capaz de mantener buenas relaciones con las autoridades civiles. Recientemente, y a causa de los escándalos de pederastia, se ha enfatizado que no presente en su historial algún comportamiento moral indebido. Con el insólito arribo de tres mujeres a la Congregación para Obispos, quizá surjan otros criterios de selección como: ¿es misericordioso?, ¿vive cercano a los fieles?, ¿es austero? Veremos.