La crisis sanitaria

«Nuestros pastores, tan celosos defendiendo siempre la moral sexual, se olvidan de denunciar la privatización de la sanidad»

Panorámica de la manifestación contra la privatización de la sanidad en Madrid

«En Madrid, pero no solo en Madrid, (ya que las protestas están generalizadas), los sanitarios se han revuelto contra la política del gobierno autonómico, con centros de salud sin médico y por lo tanto, desatendidos sanitariamente, además de la sobrecarga de pacientes que tienen cada facultativo»

«Como dice el profesor Castillo, no podemos seguir así con esta crisis sanitaria. Y los obispos, con valentía, habrían de levantar su voz para denunciar el desmantelamiento de la sanidad»

«s una vergüenza que el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, haya defendido la Sanidad Digital, seguro que él no se visitaría digitalmente, sino que pediría una visita presencial. Y es también vergonzoso que, mientras aplaudíamos a los sanitarios durante la pandemia, ahora se esté dejando de lado a los magníficos médicos y enfermeros que tenemos»

Por Josep Miquel Bausset

“Crisis sanitaria y religiosa: así no podemos seguir”

Éste es el título del excelente artículo de José Mª Castillo (Religión Digital, 11 de noviembre  de 2022). El profesor Castillo, con toda la razón del mundo, ponía sobre la mesa el problema sanitario que estamos viviendo, con escasez de médicos y de enfermeras, con un horario exagerado e inhumano de los profesionales de la salud y con unos emolumentos más bajos que los que cobran los políticos. Y eso que el trabajo de los sanitarios es mucho (pero mucho) más importante que el de los políticos, porque ellos salvan vidas y los segundos, (aunque no todos) a menudo nos la complican e incluso se ríen de nosotros.

José Mª Castillo también hacia referencia a la Iglesia que, en la situación sanitaria que vivimos, no es capaz de denunciar las privatizaciones y los artilugios de algunos políticos que no solo no favorecen la atención sanitaria, como se merecen, los ciudadanos, sino que incluso hacen negocio con la sanidad. Son los horarios abusivos que han de sufrir médicos y enfermeras, la atención de las urgencias por video-llamadas, las listas de espera (de meses), las video-consultas, la reducción de profesionales de la salud, las deficiencias o incluso el desmantelamiento de las urgencias rurales y sobre todo la menor inversión en Sanidad, hace que la ciudadanía no tenga una atención sanitaria más humana, de calidad y más eficiente. Solo un dato: en el Hospital General de València los pacientes están en urgencias cuatro días, (sí. No me he equivocado: cuatro días) a la espera de tener una cama en planta (Levante, 12 de  noviembre de 2022).

En Madrid, pero no solo en Madrid, (ya que las protestas están generalizadas), los sanitarios se han revuelto contra la política del gobierno autonómico, con centros de salud sin médico y por lo tanto, desatendidos sanitariamente, además de la sobrecarga de pacientes que tienen cada facultativo. Como dice el profesor Castillo, no podemos seguir así con esta crisis sanitaria. Y los obispos, con valentía, habrían de levantar su voz para denunciar el desmantelamiento de la sanidad.

Pero también es importante la crisis económica que estamos sufriendo. Y no me refiero a la crisis de los bancos, sino a la crisis que sufren los ciudadanos que confían su dinero a los buitres de las entidades financieras. Lo digo con conocimiento de causa, ya que unas personas conocidas, se han visto estafadas (sí, estafadas) por un banco conocido y sin escrúpulos.

Marc Verdaguer (Diari de Girona, 23 de octubre de 2022) daba unos datos escalofriantes y vergonzosos: “El Banco de Santander ha ganado 7316 millones de euros en los primeros nueve meses de este año. Eso es un 25% más que en el mismo periodo de 2021, unas cifras nunca vistas en la entidad que preside Ana Botín”.

Unas personas que conozco y que contrataron en este banco un producto, han tenido que pagar unas comisiones de 900 euros, este verano, y de 600 el pasado mes de octubre. Por eso no me extraña que con esas comisiones, el Santander ganara “7316 millones de euros en los primeros nueve meses de este año”. Lo indecente y vergonzoso de estas comisiones (una verdadera tomadura de pelo y una injusticia) es que cuando estas amigas mías contrataron el producto, el banco no les avisó que habrían de pagar esas elevadas comisiones.

La codicia y la avaricia de los bancos es tal, que exprimen como sanguijuelas a sus clientes, olvidando (vergonzosamente), que hace unos años los bancos fueron rescatados con dinero público, con miles de millones de todos los ciudadanos. Y ahora estos mismos bancos, indecentemente, no son capaces de ayudar a los que ayudaron al rescate de estas entidades financieras. Por eso la actitud de los bancos es vergonzosa y del todo inmoral.

Creo que nuestros pastores, tan celosos defendiendo siempre la moral sexual, frecuentemente (aunque no todos), se olvidan de denunciar las injusticias sociales y de una manera particular la inmoralidad de los bancos y a los gobiernos que privatizan la sanidad con el objetivo de hacer negocio, despreciando el dolor de la gente. Y es que en vez de defender a los ciudadanos que tienen el derecho a una sanidad universal y de calidad y de defender también a los clientes de unos bancos que los asfixian con mentiras y medias verdades, nuestros pastores se olvidan de denunciar esas indecencias.

Jesús habló siempre con libertad y desde la libertad. Y siempre puso primero a las personas, sobretodo a las más necesitadas, como eran los enfermos. Por delante del templo y del culto (como podemos ver en la parábola del Buen Samaritano), Jesús puso primero a las personas, a diferencia de los bancos, que son unas sanguijuelas y de los gobiernos que no atienden la salud de los ciudadanos.

La codicia inmoral de los bancos y la avaricia vergonzosa de algunos políticos, claman al cielo, ante la indefensión de la gente más vulnerable y el sufrimiento de tantas familias que se sienten estafadas por entidades financieras y por gobiernos que no ponen por delante a las personas y el derecho a una sanidad universal.

Como decía el profesor Castillo, el problema no son los médicos ni los enfermeros, por otra parte, magníficos y heroicos. El problema está en algunos políticos que gestionan la sanidad y que privilegian sus bolsillos, además de otros aspectos, del todo superfluos, mucho menos necesarios que el derecho a la atención sanitaria. El problema económico que sufren muchos ciudadanos en esta crisis, está también en unas entidades financieras sin alma ni sensibilidad, ni sentimientos, que se aprovechan, como buitres, de los más necesitados.

La desvergüenza de los bancos es antológica, ya que estas entidades financieras hacen negocio con el dinero que los ciudadanos ingresan en ellas. Por que ¿qué pasaría si todos los ciudadanos retiraran su dinero de los bancos? Estos no podrían hacer negocio con un dinero que es prestado. Y aún así, sabiendo los bancos que trabajan (y ganan pingües beneficios) con el dinero de sus clientes, asfixian a estos a base de comisiones abusivas i vergonzosas.

Es una vergüenza que el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, haya defendido la Sanidad Digital, seguro que él no se visitaría digitalmente, sino que pediría una visita presencial. Y es también vergonzoso que, mientras aplaudíamos a los sanitarios durante la pandemia, ahora se esté dejando de lado a los magníficos médicos y enfermeros que tenemos.

La salvaje crisis económica, que se ceba siempre con los más débiles, ha de ser denunciada por la Iglesia. Y la inhumana crisis sanitaria que maltrata a médicos, enfermeros y pacientes, ha de ser también denunciada por nuestros pastores

Jesús denunció la avaricia y la codicia de aquellos que acumulaban dinero y siempre estuvo al lado de los enfermos, acogiéndolos, curándolos y atendiendo sus necesidades. Por eso los obispos, los sacerdotes y los religiosos, habrían de apoyar las reivindicaciones de los sanitarios y denunciar, con valentía, a aquellos bancos que, sin piedad, se aprovechan de los más necesitados.

La salvaje crisis económica, que se ceba siempre con los más débiles, ha de ser denunciada por la Iglesia. Y la inhumana crisis sanitaria que maltrata a médicos, enfermeros y pacientes, ha de ser también denunciada por nuestros pastores.

La Iglesia, para ser fiel a Jesús, habría de estar siempre al lado de los más desfavorecidos, recordando a los poderosos y a los prepotentes, que el Dios de Jesús no es el Dios de los opresores sino que es el Dios de los oprimidos. Y con ellos, con los oprimidos, ha de estar siempre la Iglesia. A favor de ellos y con ellos, siempre defendiéndoles, para convertirse en la voz de los que no tiene voz.

Como si estuviese pensando en los buitres de los bancos que asfixian a sus clientes más desfavorecidos y en los políticos que maltratan la sanidad, el papa Francisco decía este domingo: “No os dejéis seducir por los cantos de sirena del populismo que instrumentaliza las necesidades del pueblo” (Religión Digital, 13 de noviembre de 2022).

Crisis sanitaria

Crisis sanitaria y crisis religiosa: así no podemos seguir

Sanitarias
Sanitarias

«Los responsables de la crisis sanitaria, que estamos padeciendo, no está ni en los médicos ni en los enfermos. Los responsables de esta crisis son los políticos, por motivos económicos. Por toda Europa hay sanitarios españoles. Porque todos ellos saben que, fuera de España, están mejor pagados que en nuestro país»

«Cualquiera que se ponga a leer los cuatro evangelios auténticos, pronto se dará cuenta de un hecho fundamental:  en la “Buena Noticia” que nos transmite el Evangelio, la “curación de enfermos” es el dato repetido con más insistencia. Sin duda alguna, el problema sanitario era, para Jesús, el problema más urgente y apremiante»

Por José María Castillo

Como es bien sabido, uno de los problemas que más nos preocupan a los españoles, desde hace ya bastantes años, es el tema de la sanidad, tal como se gestiona desde el poder político, sea quien sea el que lo ejerza. Este problema, como es bien sabido, se ha agudizado con motivo de la pandemia y, desde la crisis económica mundial, se ha complicado más y concretamente en España, en los últimos años. De ahí, que ha llegado el momento en el que enfermos y médicos están protestando más y más. Hasta vernos, metidos de lleno, en la preocupante situación de quienes dicen: “¡Basta ya! Así no podemos seguir”.

El problema no está en que los médicos sean malos profesionales o malas personas. Nada de eso. Los médicos que hacen sus estudios en las Universidades españolas son de lo mejor que se conoce y reconoce en España y generalmente en Europa. Los responsables de la crisis sanitaria, que estamos padeciendo, no está ni en los médicos ni en los enfermos. Los responsables de esta crisis son los políticos, por motivos económicos. Por toda Europa hay sanitarios españoles. Porque todos ellos saben que, fuera de España, están mejor pagados que en nuestro país.

Sin duda alguna, no pocas afirmaciones, de las que estoy diciendo, necesitan matizaciones importantes. No soy especialista en asuntos sanitarios. Pero hay un dato, en el que casi nadie piensa, pero que, para quienes tenemos creencias cristianas, representa un problema de notable importancia. ¿De qué se trata?

Para los cristianos, lo más importante que hay en la Biblia es el Evangelio. Pues bien, cualquiera que se ponga a leer los cuatro evangelios auténticos, pronto se dará cuenta de un hecho fundamental:  en la “Buena Noticia” que nos transmite el Evangelio, la “curación de enfermos” es el dato repetido con más insistencia. Sin duda alguna, el problema sanitario era, para Jesús, el problema más urgente y apremiante.

Es más, Jesús le daba tanta importancia a la sanidad, que la anteponía al cumplimiento de la Religión. Un ejemplo elocuente, a este respecto, es la curación del hombre que tenía un brazo atrofiado (Mc 3, 1-7; Mt 12, 9-14; Lc 6, 6-11). Jesús realizó esta curación en sábado, cuando estaba prohibido. Es más, aquella curación fue considerada de tal gravedad, que allí mismo (en la sinagoga) los fariseos y los herodianos tomaron la decisión de matar a Jesús. Sin duda alguna, para Jesús la “sanidad”de los humanos es más importante que la Religión de los estrictos observantes.

Teniendo en cuenta que las curaciones o hechos prodigiosos, que Jesús realizaba con los enfermos, no se relatan en el Evangelio, como argumentos para demostrar que aquel modesto ciudadano de Nazaret era el Mesías. Todo lo contrario. Cuando Jesús sanaba a un enfermo, prohibía divulgar el prodigio (Mc 1, 43; 5, 43… par.), que se podría interpretar como un argumento para demostrar la divinidad de Jesús. Lo que a Jesús le preocupaba no era el poder de la divinidad, sino el sufrimiento de la humanidad.

En definitiva, lo que todo esto nos viene a decir es que resulta difícil entender cómo se explica algo que, con frecuencia ocurre en España, un país que constitucionalmente es aconfesional, acepta la Religión, la protege y la costea, este mismo país está entre los países europeos que menos dinero gastan en atender debidamente a los enfermos que tienen que aguantarse con la falta de médicos, la falta de hospitales, la falta de medicamentos, etc.

Así las cosas en nuestro país, yo me pregunto por qué los representantes oficiales de la Iglesia no suelen decir ni palabra sobre un problema tan serio como el que acabo de plantear. Y conste que, a mis ya muchos años, ésta es la primera vez que escribo estas letras sobre un problema tan grave.

De Juan Pablo II a Francisco: 40 años y más

Romero y Wojtyla

Wojtyla ha sido el papa que, según el lema de “santo súbito”, fue beatificado y canonizado por su sucesor, el papa Benedicto XVI. Y para colmo, por lo que respecta a nuestro país, Juan Pablo II ha sido el primer papa que ha visitado detenidamente gran parte de España

En estos 40 años, la sociedad y sus condicionantes han experimentando cambios que no podíamos imaginar. La tecnología, la economía mundial, el poder político y otros factores, que no vamos a analizar aquí, han desencadenado transformaciones tan hondas, que (hace 40 años) no podíamos ni sospechar

Wojtyla, educado en la religiosa Polonia, pensó – sin duda – que el poder político podría ser determinante para contener el mencionado declive

Romero – cuando era arzobispo de San Salvador – se desahogó con un sacerdote y le contó lo que estaba sufriendo por causa de su relación epistolar con el Vaticano. Sencillamente, la correspondencia epistolar de Romeo con el Papa era controlada y censurada por la embajada norteamericana

No todo está perdido, Ni mucho menos. El papa que tenemos en este momento, el padre Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco, ha orientado a la Iglesia por otro camino. Es el camino de la sencillez desconcertante, de la cercanía a los más humildes, a los marginados y excluidos

José María Castillo

Juan Pablo II ha sido – después de Pío IX (s. 19) – el papa que ha ejercido un pontificado más duradero (1978 – 2005). A este pontificado tan prolongado hay que sumarle otro dato importante: Juan Pablo II ha sido también el papa que más ha viajado por el mundo entero. Nada más que por estos dos hechos (duración y presencia extensiva), Juan Pablo II merece un reconocimiento singular. Además, ha sido el papa que, según el lema de “santo súbito”, fue beatificado y canonizado por su sucesor, el papa Benedicto XVI. Y para colmo, por lo que respecta a nuestro país, Juan Pablo II ha sido el primer papa que ha visitado detenidamente gran parte de España. Tenemos motivos (hablando desde España) para expresar nuestro reconocimiento y nuestra gratitud en el 40 aniversario de su detenida y amplia visita a nuestro país.

Pero ocurre que, en estos 40 años, la sociedad y sus condicionantes han experimentando cambios que no podíamos imaginar. La tecnología, la economía mundial, el poder político y otros factores, que no vamos a analizar aquí, han desencadenado transformaciones tan hondas, que (hace 40 años) no podíamos ni sospechar. Baste pensar, por ejemplo, en el cambio climático que estamos empezando a padecer.

Juan Pablo II, con Rouco y Suquía en Compostela

El hecho es que, a partir de los años 80 del siglo pasado, empezó a acelerarse el declive de la Religión en los países más desarrollados. Y el papa Wojtyla, educado en la religiosa Polonia, pensó – sin duda – que el poder político podría ser determinante para contener el mencionado declive. De ahí, los acuerdos que, mediante el catedrático de Harvard, Z. Brzezinski, se realizaron entre el papa Wojtyla y el presidente de EE.UU. Ronald Reagan.

¿Qué resultado dieron estos acuerdos? Una cosa es cierta: se reforzó el poder militar en Centro-América. El poder que había matado a Mons. Romero (1980), mató también a seis jesuitas en la UCA (Universidad Centroamericana de San Salvador) (1979). Ambas ejecuciones con el visto bueno de la embajada de EE.UUU. en San Salvador. Como es lógico, en ninguno de estos crímenes nada tuvo que ver san Juan Pablo II.

En todo caso, es indiscutible que el papa Wojtyla puso gran confianza en el poder político para cumplir con su deber. Ya han muerto las personas que vivieron lo que voy a contar: Mons. Romero – cuando era arzobispo de San Salvador – se desahogó con un sacerdote y le contó lo que estaba sufriendo por causa de su relación epistolar con el Vaticano. Sencillamente, la correspondencia epistolar de Romeo con el Papa era controlada y censurada por la embajada norteamericana. Como es lógico, esto era un comportamiento inmoral y grave.

Reivindicando a Romero

Pero el asunto llegó más lejos. Un buen día, Mons. Romero vio que tenía que informar urgentemente a Juan Pablo II de un asunto de extrema gravedad. Como la “valija diplomática” no era de fiar, la carta de Romero al Papa vino, de San Salvador a Roma, en la cartera del Provincial de los jesuitas de Centroamérica. El Provincial se la entregó al P. Arrupe. Y éste, por medio del P. Dezza, dejó la carta en la mesa del despacho del Juan Pablo II.

Pues bien, lo sorprendente es que, unos días después, aquella carta tan importante, que trataba asuntos de enorme gravedad, estaba en la embajada de EE.UU. en San Salvador.

No cabe duda: san Juan Pablo II dio motivos para sospechar que confiaba más (en aquel gravísimo asunto) en Ronald Reagan que en Mons. Romero. Y conste que relato estas cosas, tan graves y delicadas, porque, en la década de los 80, me habían expulsado de mi cátedra y de la Facultad de Teología de Granada. Decisiones que se tomaron sin hacerme juicio alguno. Es más, sin explicarme por qué se tomaron aquellas decisiones. Por eso, pude ir a Centro América. Porque la UCA no era una Universidad que dependía de la Iglesia, sino de un Patronato civil. Es más, no es que “pude”, sino que “tuve” que ir a la UCA. Porque el poder político-militar había asesinado a seis jesuitas y dos mujeres. Cinco de los asesinados eran profesores de la Universidad.

Francisco, desde el Coliseo: «Pongamos la paz en el centro»

Todo esto no es más que un ejemplo – uno más – de un comportamiento, que ha durado siglos en la Iglesia: la Religión ha confiado más en el poder político que en la ejemplaridad del Evangelio. ¿Y nos va a sorprender que la Religión esté en declive, al tiempo que los poderes de este mundo son los que nos dominan?

Pero no todo está perdido, Ni mucho menos. El papa que tenemos en este momento, el padre Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco, ha orientado a la Iglesia por otro camino. Es el camino de la sencillez desconcertante, de la cercanía a los más humildes, a los marginados y excluidos. “Si no creéis en mí, creed en mis obras” (Jn 10, 37-38). La conducta de Jesús tiene que ser la conducta de la Iglesia.

Bienvenidos al capitalismo de escasez

Por José Castillo

La pandemia iba a ser algo pasajero, pero ha terminado suponiendo cambios trascendentales en nuestra cotidianidad; la crisis inflacionaria también iba a ser algo pasajero, vaticinaban los principales gurús económicos, pero ha provocado una desvalorización de los salarios sin parangón en las últimas décadas; finalmente, el periodo de ahorro o racionamiento energético también claman que será pasajero, pero ya no es tan fácil de creer. ¿Estamos ante un episodio pasajero provocado por la guerra de Ucrania o ante una gran mutación del modo de regulación en la gobernanza del sistema capitalista mundial?

Que el sistema-mundo capitalista está en una fase crítica de cambio y cronificación de la crisis económica es asumido por todas las grandes corporaciones del capital y sus instituciones gobernantes, el Foro Económico Mundial lleva hablando desde el inicio de la pandemia de covid19 de un plan de “Gran Reset” para reconstruir la economía mundial y dirigirla a un nuevo ciclo de acumulación. Este cambio de paradigma se enmarca como la finalización y profundización lógica a lo que podemos denominar, siguiendo las palabras del sociólogo Andrés Piqueras, como la Segunda Gran Crisis de Larga Duración del capitalismo que comenzó hacia 1973 y que encontró su salida temporal en el marco de regulación en el modelo financiarizado-neoliberal. El fin de este modelo puede estar llevándonos en la actualidad hacia otra Gran Mutación del modelo de acumulación-regulación capitalista.

Sin embargo, pese a los cantos de sirena que se lanzaron a comienzos de la pandemia augurando un nuevo modelo de “keynesianismo pandémico”, sobre todo desde ámbitos políticos progresistas, que se basaría en una suerte de vuelta al paradigma del Estado redistribuidor, la actual crisis inflacionaria y bélica demuestran que los derroteros de la gobernanza capitalista apuntan hacia un modelo de escasez marcado por la pobreza y proletarización crecientes. Todo esto junto al intento de control de la exclusión y sus problemas sociales vía políticas estatales de subsistencia mínima.

Es evidente que vivimos un periodo de transición hacia algo nuevo, y que a todos ojos no se parece en nada a los “felices años” posteriores a la Segunda Guerra Mundial

Tal y como plantea Giovanni Arrighi, uno de los autores más destacados del paradigma del sistema-mundo capitalista, cada vez que sucede una crisis por los excesos del capital financiero sobre el productivo, esta marca la señal de la decadencia de cierto modelo de crecimiento y de la potencia que se ha hecho hegemónica con el mismo. En esa fase nos encontramos, a una década del estallido del sistema financiero y con tensiones geopolíticas crecientes por el dominio mundial. Pese a no poder vislumbrar todas las características de esta nueva fase, es evidente que vivimos un periodo de transición hacia algo nuevo, y que a todos ojos no se parece en nada a los “felices años” posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Los cambios de fase capitalista

Como hemos mencionado, el capitalismo occidental lleva décadas en crisis, destacados economistas marxistas y heterodoxos hablan de una larga depresión al menos desde la década de 1970 hasta la actualidad. Y los datos estadísticos oficiales demuestran esta tesis; las tasas de reinversión y productividad no han hecho más que caer en las últimas décadas, pese a que se ha tratado de mantener viva la demanda agregada vía crédito fácil, burbuja que estalló con la crisis del 2008. Pero esta vez nos encontramos ante una nueva dimensión de la crisis, ya que el capitalismo se acerca a lo que podemos llamar sus límites biofísicos; por lo tanto, además de sus límites internos debe enfrentarse a los externos, a que los recursos del planeta que han asegurado su reproducción en el tiempo son finitos.

Arabía Saudí ha advertido de que ya ha llegado a su techo de producción de petróleo y que, pese a seguir siendo el principal productor de petróleo del mundo, no tendrá capacidad adicional para aumentar la producción por encima de los 13 millones de barriles por día que se comprometió a tener para 2027. El petróleo sigue siendo una pieza clave en todos los procesos productivos e imprescindible para todo el sistema de transportes. La crisis no es solo un bache puntual, sino que va a traer cambios que serán instaurados como temporales, pero vendrán para quedarse, como el del racionamiento de energía a todos los niveles.

Pero, además, el sistema capitalista arrastra la habitual contradicción entre el valor ficticio generado por el entramado financiero mundial y la plusvalía y valor real producido, lo que responde a un estancamiento de la tasa de ganancia que vuelve a caer en nuestros días. Muestra de ello es que la producción industrial global cayó un 2,7% en abril, tras haber caído un 1% en marzo. Concretamente, en Alemania, la principal potencia industrial europea, el componente de compras prospectivas e inventarios manufactureros medido por el índice PMI (Índice de Gestores de Compras, por sus siglas en inglés) ha caído en picado hasta los niveles de 2008, por lo que es probable que la fabricación alemana y la demanda industrial mundial ya estén en recesión.

El fin del ciclo financiarizado con centro en Estados Unidos lleva en declive más de una década, pero ninguna otra zona de la geografía del sistema-mundo capitalista muestra de momento el suficiente dinamismo como para poder arrastrar al sistema mundial en su conjunto a un nuevo ciclo de acumulación basado en la producción real de valor y ganancia. Además de que este nuevo ciclo se enfrentaría a los mencionados límites biofísicos. Ante este agotamiento de reservas energéticas y primarias vitales puede surgir un modo de regulación y gobernanza capitalista nuevo, con la guerra por los recursos como elemento de regulación a nivel externo y la imposición de medidas de racionamiento a la población a nivel interno. De todas maneras, el impacto y alcance de este nuevo modo de regulación capitalista tendría distintos efectos y formas en la periferia o en el centro del sistema.

Capitalismo de escasez en la periferia

Está claro que esta posible transición hacia un modelo de regulación capitalista donde la escasez y el racionamiento sean la norma social no afectará por igual a los países del llamado centro del sistema que a los de la periferia. Ya que en estos segundos la escasez material real ha sido la norma más que la excepción durante los siglos de modernización capitalista. Sin embargo, podemos decir que, en esta fase bélica de reconfiguración de las relaciones capitalistas globales, la llamada periferia de tardía industrialización se verá especialmente golpeada por las interrupciones en las cadenas de suministros de alimentos, pudiendo producirse hambrunas a gran escala como la que ya se vislumbra por el bloqueo del trigo ucraniano y la solución que han tenido que buscar las potencias globales para su desbloqueo provisional.

El trigo de Ucrania y Rusia se exporta principalmente a Oriente Medio y al norte de África. Por su parte, Rusia es el mayor exportador mundial de fertilizantes, con un 15% del suministro mundial. En la actualidad, de los 195 países del mundo, al menos 34 son incapaces de producir su propia comida debido a limitaciones de agua o de tierra, de estos 34 la mayoría se sitúan en la lista de los principales importadores alimenticios de Rusia y Ucrania, situados en la región del Norte de África y Oriente Medio. Entre estos países también hay claras diferencias, los países productores de petróleo del Golfo pueden acceder a otras vías de suministro de alimento gracias a sus divisas procedentes de los hidrocarburos, pero existen otros países africanos que no, ya que dependen de que el trigo ruso y ucraniano es más barato por su calidad proteica inferior respecto a otros exportadores de esta materia prima.

Por ejemplo, Egipto, que obtenía hasta ahora más del 85% de sus importaciones de trigo de la región del Mar Negro y necesitará encontrar proveedores alternativos, que serán más caros. Otros países de la región, como Yemen y Siria, están en una posición aún más grave a causa de su dependencia de las ayudas alimentarias, ya que el Programa Mundial de Alimentos (World Food Program) tiene también dificultades para aprovisionarse. En una época donde el índice de precios alimenticios ha llegado a récords históricos, la predicción del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas es que 2022 será “un año de hambre catastrófica”.

Precisamente, los datos de la misma FAO ya alertan de que la inflación alimentaria mundial ha hecho subir de manera considerable y en el rango temporal de un solo año el porcentaje de personas en situación de inseguridad alimentaria, sobre todo en África, América Latina y el Caribe. En este contexto, los países más desfavorecidos ya han optado por una estrategia de proteccionismo alimentario. Uganda y Ghana han prohibido la exportación de granos y otros productos agrícolas. Este último país ha vivido una subida repentina del 27% de la inflación y numerosas protestas recorrieron las calles del país el mes de mayo por la situación de hambre que empezaba a expandirse.

Al problema del hambre se le une en la periferia global el de la deuda y la subida de tipos de interés generalizada, que dificultará la refinanciación de los Estados más débiles y mermará su capacidad importadora de alimentos y de otros bienes básicos. La quiebra de Sri Lanka puso de relieve que el problema de financiación de los países capitalistas es de máxima actualidad. Según una información publicada por el portal de noticias económicas Bloomberg, hay al menos 15 países con riesgo de incurrir en impago en los próximos meses, con una prima de riesgo por encima del 10% (>1000 bps), entre los que destacan países como Líbano, Bielorrusia, Ucrania o Túnez.

Las consecuencias de las turbulencias económicas globales son claras, más de 260 millones de personas adicionales podrían verse sumidas en la pobreza extrema este año 2022, según un reciente informe de la ONG Oxfam Intermón. Tal es la situación, que la clase capitalista ha comenzado a alertarse por las posibles consecuencias sociales de esta desigualdad creciente. Larry Flink, CEO de BlackRock, se ha pronunciado advirtiendo de que le preocupa mucho más la subida de los precios alimentarios que la de los de la gasolina u otros carburantes.

Capitalismo de escasez en el sistema central

En los países del centro del sistema-mundo capitalista, como en Europa, la situación no llegará hasta el extremo de una escasez tan generalizada, pero sí que se instaurará un nuevo régimen regulatorio en el que los precios altos de la energía y su racionalización de uso se instaurarán como realidades permanentes. Pese a la intervención que distintos gobiernos puedan realizar sobre la factura de la luz, la verdad es que el tiempo de la energía barata parece haber llegado a su fin. Por ejemplo, y pese a la relativa prontitud para un juicio absoluto, el tope al precio de la energía impuesto por el Gobierno de España ha rebajado la factura de la luz, pero según datos de Facua, la factura de junio de este año fue la tercera factura más cara de la historia: el usuario medio abonó 133,85 euros, un 65% más que hace un año.

En cuanto a la cantidad de gas real que acumula la Unión Europea actualmente, en total, los Estados miembros acumulan 597 TWh de gas (teravatios por hora) de los 1.100 TWh de capacidad total con la que cuenta la UE, una cantidad cercana al 55%. Para octubre la UE espera tener sus depósitos de gas al 90%. Para ello, y debido a que los gasoductos provenientes de Rusia están funcionando a capacidades bastante alejadas de sus máximos, la UE ha propuesto ya a sus Estados miembros un plan de ahorro energético, que ha comenzado a aplicarse en pleno verano, sin esperar al invierno.

El país que más va a sufrir es Alemania, ya que cuenta con la industria europea más dependiente del gas natural ruso, debido a su política de descarbonización y cierre de centrales nucleares y escasa sustitución por otras fuentes de energía

El objetivo es que entre familias y empresas se ahorren entre 45.000 millones y 30.000 millones de metros cúbicos de gas. Sin embargo, no es lo mismo el ahorro que puede realizar una familia al de una rama industrial totalmente dependiente del gas natural, como es el caso de los hornos de las fundiciones de algunas industrias. En este sentido, el país que más va a sufrir es Alemania, ya que cuenta con la industria europea más dependiente del gas natural ruso, debido a su política de descarbonización y cierre de centrales nucleares y escasa sustitución por otras fuentes de energía.

La Comisión Europea lo ha dejado claro, por ahora, este ahorro energético no responde directamente a ninguna política climática, el objetivo es amortiguar la situación de emergencia que supondría un parón en la industria alemana por la falta de energía y que supondría un “momento Lehman” de hundimiento para toda la economía europea. Por eso los Estados miembros ya están aplicando políticas de ahorro energético. Desde controlar las temperaturas de aires acondicionados y calefactores en lugares públicos, hasta recomendaciones de duchas más cortas o de mantener todos los electrodomésticos apagados en caso de no estar usándose. Las medidas son variopintas, pero sin duda está claro que este invierno va a ser más oscuro y frío de lo que los países occidentales estaban acostumbrados.

El alcance del racionamiento energético dependerá de dos factores: el primero, el clima, ya que un invierno duro y frío podría disparar la demanda de gas natural para calentar los hogares. El segundo factor es la demanda internacional de gas, si países con un gran consumo industrial como China recuperan su consumo prepandemia podemos encontrarnos en una situación donde el flujo de gas ruso se incremente hacia el sureste asiático en detrimento de Europa. De todas maneras, un corte total a Europa por parte de Rusia parece imposible, ya que supondría un gran desbarajuste en los ingresos gubernamentales rusos; dado que, hoy por hoy, los países europeos son los mayores clientes de gas ruso. Una situación que no puede revertirse en el corto plazo, debido a todas las infraestructuras que requeriría construir en poco tiempo.

En consecuencia, independientemente del alcance que finalmente tenga el racionamiento energético, lo que ya se puede vislumbrar es que de este invierno la clase obrera europea saldrá notablemente más empobrecida, ya que la mayoría de la población europea ha estado enfrentando durante todo el año 2022 unas cifras de inflación cercanas al 10%. Al contrario, como ejemplo paradigmático, según datos del ministerio de Trabajo español, los salarios subieron en el primer trimestre una media del 2,36%, lejos de las cifras que marcaba el IPC, siempre superior al 6%.

Por tanto, el relato del ahorro energético también tiene consecuencias psicosociales en el sentido de que gran parte de la población percibe que sus ahorros se han reducido, pero ahora existe un relato en pro del ahorro y de una vida más austera justificado por el escenario bélico. En este contexto, la tasa de ahorro de los hogares españoles ha entrado en negativo en el primer trimestre por primera vez en tres años, lo que presupone que los ahorros acumulados durante la pandemia no eran tan grandes como el relato oficial presuponía. El índice de confianza de los consumidores de la eurozona se ha hundido también hasta niveles mínimos desde el año 2012, en plena crisis del euro.

Este escenario de capitalismo de escasez va a tener repercusión en las legislaciones nacionales, que preparan un escenario de mayor castigo para controlar a una población más pauperizada. El Congreso de los Diputados español dio luz verde en junio a una reforma del Código Penal que prevé castigar con prisión pequeños hurtos en caso de reincidencia. Todo ello con el objetivo de estigmatizar a quienes más va a afectar este encarecimiento de la vida, como menciona el juez Ramiro García de Dios Ferreiro, por regla general, de 23 juicios señalados en el conjunto de los juzgados, 20 son exclusivamente de tentativa de hurto de productos de menos de 400 euros en comercios.

Otros Estados europeos preparan también un endurecimiento de su normativa legal en el ámbito laboral. Noruega, uno de los principales sustitutos exportadores de gas y petróleo en detrimento de Rusia, intervino el derecho a huelga de los trabajadores de la empresa estatal energética a finales de junio por el miedo de que las reclamaciones huelguísticas de los trabajadores por un alza salarial pudieran disminuir en un 13% el suministro de gas del país.

Conclusiones políticas

No es la primera vez en la historia del sistema capitalista mundial en la que coinciden una crisis energética y una crisis inflacionaria, ya que el mismo escenario se vivió en los años posteriores a la conocida crisis del petróleo de 1973. Sin embargo, en aquel entonces la economía capitalista mundial solamente comenzaba a vivir el largo declive que sufriría en las siguientes cinco décadas, con la concatenación incesable de crisis de mayor o menor medida solamente paliadas vía crédito y crecimiento artificial, al menos en el polo europeo-estadounidense. Ojo, que el escenario sea de escasez no quiere decir que las grandes empresas oligopólicas que gestionen esta escasez vayan a dejar de tener beneficios extra, ya que el precio al alza les favorece, como demuestran las cuentas de récord de las principales empresas energéticas.

Tras el shock pandémico, que ya introdujo nuevas modalidades en la regulación social, bajo el escenario bélico podemos avanzar a lo que todas luces se puede caracterizar como un capitalismo donde el consumo de energía y ciertos recursos será el primer objetivo social a regular

Además, al contrario que en la década de 1970, hoy no existe un movimiento obrero fuertemente organizado en la mayoría de países occidentales. Coincidiendo con la crisis inflacionaria de los años 70, la mayoría las patronales doblaron el brazo de la clase obrera organizada imponiendo pactos de rentas muy por debajo de la inflación, al estilo de los Pactos de la Moncloa. Sin embargo, lo que en el contexto actual destaca es la existencia de una amplia capa de población excluida temporal o permanentemente de los circuitos del trabajo asalariado, lo que la hace todavía más dependiente de las ayudas estatales de subsistencia mínima que se le puedan ofrecer. Tras el shock pandémico, que ya introdujo nuevas modalidades en la regulación social, bajo el escenario bélico podemos avanzar a lo que todas luces se puede caracterizar como un capitalismo donde el consumo de energía y ciertos recursos será el primer objetivo social a regular. Bienvenidos al capitalismo de escasez.

José CastilloEs investigador doctoral en el departamento de Geografía Política de la Universidad Complutense de Madrid.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/opinion/bienvenidos-al-capitalismo-de-escasez

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José María Castillo: «Cuando se comparte, hay para todos»

Cuando se comparte, hay para todos
Cuando se comparte, hay para todos

«El miedo a la escasez y la inseguridad ante tantas cosas, nos tienen agobiados. He dedicado mi larga vida a la Teología y a las creencias, por eso pienso que puede ser pertinente indicar que lo más importante, que hay en los evangelios, no es su ‘historicidad’, sino su ‘significatividad'»

«Me llama la atención el episodio de la multiplicación de los panes porque es el relato que más veces se repite en los evangelios. es obvio lo más patente del relato: cuando lo que se tiene, se comparte, hay para todos y sobra»

«Tenemos que pensar muy en serio en las palabras del profesor Piketty: la riqueza privada está en manos del 10 por ciento más rico de la población… ¿Hasta dónde va a llegar? Se trata de una distancia que representa un grito incesante que clama humanidad»

«Es evidente que este clamor no se resuelve con limosnas. Y menos aún con violencias y guerras. Más que nunca, urge, apremia y clama tomar en serio y manos a la obra, con la seguridad de que será el paso decisivo para un mundo sencillamente humano»

Por José María Castillo teólogo

El miedo a la escasez y la inseguridad ante tantas cosas, nos tienen agobiados. Esto es algo tan patente, que no es necesario ni conveniente ponerse a ponderar lo que estamos viendo y soportando. Por eso, vamos a reflexionar brevemente desde nuestras convicciones más profundas.

Yo no soy político. Ni economista. Quienes me conocen, saben que he dedicado mi larga vida a la Teología y a las creencias, que pueden ayudarnos a superar situaciones como la que estamos viviendo. Por eso, ni más ni menos, me vienen con frecuencia a la memoria relatos del Evangelio que son, para mí al menos, horizontes de esperanza.

Me explico. Es un hecho que la experiencia religiosa de muchos de nosotros ya no es de fiar (cf. Thomas Ruster, El Dios falsificado, pg. 228). Por eso pienso que puede ser pertinente indicar que lo más importante, que hay en los evangelios, no es su “historicidad”, sino su “significatividad”. Yo no dudo que sean libros que relatan lo más importante de la vida de Jesús de Nazaret. Pero lo decisivo no es saber lo que pasó en aquella vida, sino lo que significa para nosotros lo que vivió Jesús.

Pues bien, dicho esto, a mí – por lo menos – me llama la atención el episodio de la multiplicación de los panes. Y me he fijado en este episodio porque es el relato que más veces se repite en los evangelios. Hasta seis veces se repite lo mismo: un gentío enorme y necesitado, carente de lo indispensable para seguir tirando de la vida (Mt 14, 18-23; Mc 6, 38-46; Lc 9, 14-17; Jn 6, 1-15; Mc 8, 1-8; Mt 15, 31-39). Y Jesús dando una solución, que, además de la interpretación eucarística, que sin duda tiene este episodio, es obvio lo más patente del relato: cuando lo que se tiene, se comparte, hay para todos y sobra. Y repito lo que ya he dicho antes: lo más importante, que tienen los relatos evangélicos, es “lo que significan” para nuestras vidas y nuestro comportamiento en la sociedad.

Ahora bien, quienes decimos que el Evangelio debe ser el modelo ejemplar de nuestras vidas, tenemos que pensar muy en serio que “a la mitad de la población le sigue correspondiendo una parte insignificante del patrimonio total de la humanidad, mientras que el fuerte aumento de la riqueza privada está en manos del 10 por ciento más rico de la población…, lo cual implica que la parte correspondiente al resto de los habitantes del mundo se ha desmoronado”. Y se seguirá desmoronando de forma más inquietante de año en año (cf. Th. Piketty, Capital e ideología, Barcelona, Planeta, 2019, pg. 822).

Por supuesto, lo que he copiado del profesor Piketty, necesita abundantes explicaciones y no menos aplicaciones a la tremenda situación que estamos viviendo. En todo caso, me parece que hay dos hechos evidentes: 1º) La distancia de los más ricos a los más pobres aumenta de día en día. ¿Hasta dónde va a llegar? 2º) Se trata de una distancia que representa un grito incesante que clama humanidad, justicia y lo más elemental de la bondad.

Desde luego, es evidente que este clamor, que brota de toda la tierra, no se resuelve con limosnas. Y menos aún (indeciblemente menos), con violencias y guerras. Nos estamos jugando el ser o no ser del mundo entero. Por eso insisto que ahora, más que nunca, urge, apremia y clama tomar en serio y manos a la obra, con la seguridad de que será el paso decisivo para un mundo sencillamente humano

El Papa Francisco

La genialidad del Papa Francisco: su fidelidad al Evangelio

Francisco, con los Evangelios
Francisco, con los Evangelios

«Si algo resulta indiscutible es que la Religión mató a Jesús»

«El Evangelio está compuesto por una recopilación de relatos, en los que se destaca el enfrentamiento de Jesús y su Evangelio con la Religión y sus dirigentes. Un enfrentamiento que fue en aumento creciente»

«A mí me parece (y creo que se palpa) es que lo determinante, para el papa Francisco, no es la Religión, sino el Evangelio. Por eso el papa Francisco no entusiasma a los teólogos “de oficio”. Pero entusiasma a los necesitados “de respeto y cariño»

Por José María Castillo

Genialidad, según el diccionario de la RAE, es la “singularidad propia del carácter de una persona”. Esto supuesto, la genialidad del papa Francisco se distingue, sobre todo, por su fidelidad al Evangelio. Y por eso ha sido – y sigue siendo – un papa tan desconcertante. Tan elogiado por unos y tan mal visto por otros. Así es, aunque parezca mentira. O pueda parecer una explicación sin pies ni cabeza. Lo cual obviamente es un problema que mucha gente no imagina. ¿Por qué?

A mí me parece que el problema no está en que los conservadores ven este problema de una manera, mientras que los progresistas piensan lo contrario. Sin duda que eso puede influir. Pero a mí me parece que el problema de fondo, que nos ha planteado a todos el padre Jorge Mario Bergoglio, es bastante más profundo. ¿En qué consiste este problema?

Mandato nuevo
Mandato nuevo

Lo diré, según yo veo este asunto, de la manera más sencilla y breve que me es posible. La Iglesia, desde los siglos III-IV, dio un giro – tan comprensible como desacertado – que llevó (a esta Iglesia nuestra tan querida) a fundir y confundir la Religión con el Evangelio. Más aún, esto se hizo (y se sigue haciendo) de manera que el Evangelio ha venido a ser un acto o un componente de la Religión. Es más, ha sucedido (y sigue sucediendo) que, en la Iglesia, está más presente la Religión que el Evangelio. De ahí que (por poner un ejemplo) las personas, que van a misa, piensan y dicen que van a un “acto religioso”. Es decir, un acto de la Religión que dedica unos minutos a leer (o escuchar) el Evangelio y la consiguiente explicación, si es que el sacerdote predica la homilía.

¿Y qué tiene todo esto de problemático? Pues algo tan patente como estremecedor. Todo consiste en que, si leemos atentamente los cuatro evangelios canónicos (Mc, Mt, Lc, Jn), lo que queda más patente es que la Religión y sus dirigentes se enfrentaron a Jesús y su Evangelio. De manera que, si algo resulta indiscutible, es que la Religión mató a Jesús.

En efecto, el Evangelio está compuesto por una recopilación de relatos, en los que se destaca el enfrentamiento de Jesús y su Evangelio con la Religión y sus dirigentes. Un enfrentamiento que fue en aumento creciente. Hasta que llegó el momento en que los dirigentes de la Religión (sacerdotes, doctores de la ley…), cuando se dieron cuenta de que el Evangelio de Jesús atraía a la gente más que la Religión de los sacerdotes, se vio claramente que Religión y Evangelio son incompatibles. El relato más claro es el capítulo once del evangelio de Juan: cuando Jesús le devolvió la vida a Lázaro, aquello causó tal y tanta impresión, que el Sanedrín se reunió de urgencia y los dirigentes de la Religión vieron que tenían que matar a Jesús (Jn 11, 53).

El Papa, con los misioneros Padres Blancos
El Papa, con los misioneros Padres Blancos

¿Por qué se produjo (y se sigue produciendo) este enfrentamiento entre la Religión y el Evangelio? Porque la Religión pone el centro en el sujeto, en lo que el mismo sujeto religioso necesita o desea (bienestar, seguridad, poder, su propia salvación…). Por el contrario, el Evangelio pone el centro en los demás, en lo que los demás necesitan (salud, comida, dignidad, respeto, cariño…). Son dos dinamismos opuestos: lo primordial es “uno mismo” (Religión); lo primordial es “el otro» o los demás; y tanto más, cuanto más necesitados están los otros (Evangelio).

Ahora bien, el gran error, que ha cometido la Iglesia, ha sido fundir y confundir dos realidades contrapuestas. Pero ha unido estas dos realidades dando más importancia y más presencia a la Religión que al Evangelio. Por eso – de facto – en la Iglesia se ve y se palpa más la presencia de la Religión que la presencia del Evangelio. Por poner un ejemplo: ¿por qué la Iglesia tiene un dicasterio para la doctrina de la fe (Santo Oficio) y no tiene otro dicasterio para el seguimiento de Jesús?

Comprendo que todo esto necesita una explicación más amplia, mucho más amplia. Pero, con lo que acabo de apuntar, se puede empezar a comprender en qué está y en qué consiste “la genialidad del papa Francisco”. No sé si el Padre Bergoglio “lo ha pensado así”. Pero lo que importa, en la vida, no es “lo que uno piensa”, sino “lo que uno hace”. Y a mí me parece (y creo que se palpa) es que lo determinante, para el papa Francisco, no es la Religión, sino el Evangelio. Por eso el papa Francisco no entusiasma a los teólogos “de oficio”. Pero entusiasma a los necesitados “de respeto y cariño”.

La importancia de la educación

Castillo: «Se palpa un descontento y hasta un notable desprecio de la política y de los políticos»

No nos representan
No nos representan

«Jesús de Nazaret, no le prestó el menor interés a la política»

«Los dos pilares sobre los que se basan las deseos y anhelos más profundos de todo ser humano son el poder y la riqueza»

«Lo primero, lo más importante y lo más urgente, que tiene que gestionar – y gestionar bien – la política es la educación. Que no es sólo, ni principalmente, “enseñar”, sino sobre todo y antes que nada HUMANIZAR la sociedad, la convivencia, la vida toda»

«Los dos pilares sobre los que se basan las deseos y anhelos más profundos de todo ser humano son el poder y la riqueza»

Por | José María Castillo teólogo

La pandemia, la guerra de Ucrania, la inseguridad económica y política, que tanto malestar están causando en tanta gente, todo eso y las contrariedades que lleva consigo la vida, son cosas de las que hacemos responsables a los políticos en buena medida. Cada cual, según sus ideas o sus conveniencias, culpa o disculpa a los gobernantes que rechaza o a los que le agradan, según los casos. El hecho es que se palpa un descontento y, en no pocos casos, hasta un notable desprecio de la política y los políticos. ¿Tiene esto remedio? Y si lo tiene, ¿en qué tendría que consistir?

Yo no he estudiado ciencias políticas. Ni he pertenecido nunca a un partido político. He dedicado mi vida al estudio y enseñanza de la teología. Y es por eso, por lo que yo me pregunto, si el “saber teológico” puede aportar algo que nos ayude a salir del enredo en que vivimos

Políticos

Está visto que la ciencia política y la experiencia de los políticos no nos sacan de este embrollo. Ni la dictadura ni la democracia, ni la derecha ni la izquierda, ni la monarquía ni los demás sistemas, que hasta hoy se han inventado, ninguno de tales sistemas, han podido sacarnos del malestar y los conflictos provocados, en gran medida, precisamente por quienes tenían que resolverlos. Además, por lo que sabemos hasta ahora, ni la economía, ni las ciencias sociales, han podido aportar la solución

Como ya he dicho, yo he dedicado mi vida a estudiar y enseñar la teología. Concretamente, la teología cristiana, en la que ocupa un puesto central el Evangelio. Pues bien, en las muchas horas, que he dedicado al estudio del Evangelio, me ha llamado la atención que el personaje central, Jesús de Nazaret, no le prestó el menor interés a la política. En una ocasión, cuando Jesús estaba enseñando a un gentío, algunos de los presentes informaron públicamente a Jesús del crimen que había cometido Pilatos al degollar a unos galileos que ofrecían un sacrificio sagrado. Ante semejante noticia, lo lógico habría sido que aquello era delito político insoportable.

Sin embargo, Jesús aprovechó aquella brutal noticia, no para ponderar el crimen de Pilatos, sino para decirle a la gente: “Os digo que no; y si no os enmendáis, todos vosotros pereceréis también” (Lc 13, 3). Y no es que Jesús les tuviera miedo a los políticos. Cuando le dijeron que Herodes quería matarlo, Jesús respondió: “Id a decirle a ese zorro…” (Lc 13, 32). Por lo demás, cuando Herodes mató a Juan Bautista, en una noche de juerga, el Evangelio relata el terrible episodio y se limita a decir que los discípulos de Juan lo enterraron. Jesús no dijo ni palabra (Mc 6, 14-29; Mt 14, 1-12; Lc 9, 7-9). Como no le respondió a Herodes cuando le estaban juzgando para matarlo (Lc 21, 9). Por lo demás, Jesús cumplió fielmente con sus deberes cívicos: “Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” (Mc 12, 13-17; Mt 22. 15-22; Lc 20, 20-26). 

Políticos

Quien presionó, para conseguir la muerte de Jesús, no fue Pilatos, que se resistió hasta lavarse las manos en aquel asunto. La condena a muerte de Jesús vino de los dirigentes de la religión (el Sanedrín) (Jn 11, 47-53). 

¿Qué nos viene a decir todo esto? Los dos pilares sobre los que se basan las deseos y anhelos más profundos de todo ser humano son el poder y la riqueza. Como es lógico, los que no tienen ni para comer, lo que más anhelan es vivir. Pero, en el fondo, las dos apetencias, que son determinantes en la sociedad, son la “importancia”, que tiene su origen en el poder, y el “disfrute de la vida”, que solo es posible para los ricos. 

Ya sé que estas dos apetencias tienen muchos disfraces: en la política, en la ciencia, en la religión, en los negocios, los deportes… ¡qué sé yo! Pero lo que no admite dudas es que lo primero, lo más importante y lo más urgente, que tiene que gestionar – y gestionar bien – la política es la educación. Que no es sólo, ni principalmente, “enseñar”, sino sobre todo y antes que nada HUMANIZAR la sociedad, la convivencia, la vida toda. 

Y termino: si todo esto se piensa despacio y a fondo, no hay que ser un sabio para comprender dónde y por qué se destaca tanto “el fracaso de la política”.   

Políticos

Rutilio Grande, el cura que cambió a su obispo

Lugar del asesinato de Rutilio y de sus dos compañeros
Lugar del asesinato de Rutilio y de sus dos compañeros

La grandeza de Rutilio se explica porque fue un cura que se empeñó en “superar la idea de un sacerdote patriarcal, supervisor de una religión expresada en cultos y prácticas rutinarias”. Y sustituir eso por “una comunidad de hermanos comprometidos en la construcción de un mundo nuevo, sin opresores ni oprimidos”

Una de las consecuencias más gratificantes y duraderas, que produjeron aquellas muertes, fue la influencia que los tres mártires han tenido en aquel país, concretamente en la zona de la ciudad de Aguilares

Por | Margarita Orozco

El próximo sábado, día 22, será beatificado el jesuita Rutilio Grande. El acto se celebrará en San Salvador, capital de El Salvador. La grandeza de Rutilio se explica porque fue un cura que se empeñó en “superar la idea de un sacerdote patriarcal, supervisor de una religión expresada en cultos y prácticas rutinarias”. Y sustituir eso por “una comunidad de hermanos comprometidos en la construcción de un mundo nuevo, sin opresores ni oprimidos”. Este proyecto fue tan genial, que llegó a cambiar a Monseñor Romero, un santo de caridad y limosna a los pobres, que se transformó en santo de cambio social en igualdad para todos.

Pues bien, estas ideas, llevadas a la práctica diaria de la vida, fue lo que le costó la vida misma, primero al propio Rutilio y dos hombres más; Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus. En segundo lugar, a Mons. Romero que se enfrentó a las desigualdades e injusticias que eran la causa de tanto sufrimiento en El Salvador.

Una de las consecuencias más gratificantes y duraderas, que produjeron aquellas muertes, fue la influencia que los tres mártires han tenido en aquel país, concretamente en la zona de la ciudad de Aguilares. En esta ciudad, fue párroco Rutilio, que vivía en El Paisnal, desde donde atendía a 58 comunidades, 12 cantones y 3 barrios.

El Paisnal, donde nació Rutilio Grande
El Paisnal, donde nació Rutilio Grande

Por todo esto, podemos y debemos dar gracias a Dios porque tenemos un papa, el actual P. Jorge Mario Bergoglio (papa Francisco), que le está dando un giro a la Iglesia, que se concreta en casos como el de Rutilio Grande y sus dos compañeros.

Concretando más, puedo y debo decir que yo he vivido numerosas temporadas, en la casa donde Rutilio vivió y llevó adelante todo su trabajo. Yo he tenido la suerte de ir a el Salvador durante más de 25 años. Y allí, a poco más de un quilómetro, he acompañado eficazmente, a una comunidad, radicada a poco más de un kilómetro de El Paisnal.

Es la comunidad Dimas Rodríguez. Que se estrenó en una palpable pobreza y hoy tiene estudiantes universitarios y algunos ya titulados. Es de agradecer la ayuda que nos han prestado no pocos granadinos y hasta nuestra Universidad de Granada. Tenemos sobrados motivos para dar gracias a la vida y a todos los que han compartido nuestra ilusión.

La Iglesia y la política

Castillo: «¿Debe la Iglesia meterse en política? Por supuesto. Pero haciéndolo como lo hizo Jesús» 

Dios y el César

 “Lo que es del César, devolvédselo al César; y lo que es de Dios, a Dios” (Mc 12, 13-17; Mt 22, 15-22; Lc 20, 20-28). La política en su sitio y la Iglesia en el suyo 

«No con la pretensión de mandar y acaparar el poder y el capital, sino con el proyecto de gestionar una sociedad en la que se respetan los derechos humanos» 

«cuando los políticos tienen la libertad y el valor de aplicar este criterio al gobierno de la sociedad, se hunde y desaparece el principio determinante del capitalismo» 

«lo que debe hacer la Iglesia es tener la libertad y la audacia de decir y hacer no lo que le conviene a la Religión para sacar tajada al capitalismo, sino decir y hacer lo que necesita la gran mayoría de la humanidad» 

Por José María Castillo 

Leyendo y releyendo los escritos del Nuevo Testamento, no es posible encontrar argumentos que puedan justificar el hecho, tan repetido en la historia, de intromisiones (directas o indirectas) de los dirigentes de la Iglesia en asuntos políticos. Herodes mandó degollar a Juan Bautista y Jesús, por lo que relata el Evangelio, no dijo ni palabra. En otra ocasión, cuando Jesús le hablaba a la gente, algunos informaron en público que Pilatos había matado a unos galileos cuando ofrecían un sacrificio en el Templo. La reacción de Jesús fue sorprendente. Porque no dijo ni palabra contra Pilatos, sino que fue a sus oyentes a quienes les dijo: “si no os enmendáis, todos vais a terminar lo mismo” (Lc 13, 5). 

A lo dicho, hay que sumar la respuesta que Jesús les dio a quienes querían crearle un grave problema con las autoridades romanas, utilizando el tema de pagar o no pagar el tributo al César. A lo que Jesús hábilmente respondió: “Lo que es del César, devolvédselo al César; y lo que es de Dios, a Dios” (Mc 12, 13-17; Mt 22, 15-22; Lc 20, 20-28). La política en su sitio y la Iglesia en el suyo

Y a lo dicho, hay que añadir un hecho elocuente: en los relatos de la pasión y muerte de Jesús, quien se resistió a condenar a muerte a Jesús no fue el Sanedrín de los sacerdotes, sino el gobernante de los romanos (Mt 15, 6-15 par). 

¿Debe la Iglesia meterse en política? Por supuesto. Pero haciéndolo como lo hizo Jesús. No con la pretensión de mandar y acaparar el poder y el capital, sino con el proyecto de gestionar una sociedad en la que se respetan los derechos humanos, y sobre todo, si es que hay que proteger y favorecer a ciertos sectores de la población, los más favorecidos deben ser los más necesitados. Si la política se entiende de esta manera, es evidente que la Iglesia tiene que meterse en política. Así lo hizo Jesús. Y así lo tienen que hacer los que “siguen” a Jesús. 

Pero es un hecho que la política no se suele ejercer al servicio de la “igualdad”, sino para defender (e incluso potenciar) las “diferencias”. Ahora bien, los que piensan así y actúan en consecuencia, no se han enterado – o no quieren enterarse – de que la diferencia es un “hecho”, mientras que la igualdad es un “derecho” (Luigi Ferrajoli). Y, como es bien sabido, el “hecho” procede de la naturaleza (hombre y mujer, por ejemplo), mientras que el “derecho” procede de la decisión humana, según sus conveniencias (el “derecho” de hombres y mujeres no procede de la naturaleza, sino de la conveniencia de los hombres). 

Pues bien, cuando los políticos tienen la libertad y el valor de aplicar este criterio al gobierno de la sociedad, se hunde y desaparece el principio determinante del capitalismo. El capitalismo se basa en un “derecho”, que han inventado los capitalistas. Como en la antigüedad se inventaron derechos que no tenían las mujeres, ni los esclavos, ni los recién nacidos, ni los extranjeros, ni los homosexuales, etc. Tiene sobrada razón Peter G. Stein, en su excelente estudio de El Derecho romano en la historia de Europa (Sioglo XXI, 2006, pg. 57), cuando afirma que “la Iglesia no redujo sus enseñanzas al Evangelio”, sino que “incluía el Derecho romano”. O sea, la privación de derechos a Los olvidados de Roma (Robert C. Knapp). 

Es lamentable que siga siendo de actualidad el texto que Walter Benjamin redactó em 1921: Capitalismo como religión. Según este autor, “el cristianismo en tiempo de la Reforma no propició el ascenso del capitalismo, sino que se transformó en capitalismo”. La “gente de Iglesia”, con bastante frecuencia y cuanto más arriba esté, justifica su situación justificada echando mano de la Religión, que, con sus prácticas y observancias, tranquiliza las conciencias. 

¿Debe la Iglesia meterse en política? Tal y como se entiende y se practica la política, lo que debe hacer la Iglesia es tener la libertad y la audacia de decir y hacer no lo que le conviene a la Religión para sacar tajada al capitalismo, sino decir y hacer lo que necesita la gran mayoría de la humanidad, que, desde varios siglos antes de Cristo, millones de seres humanos indefensos tienen que someterse y soportar, no las “diferencias”, sino las “desigualdades” que inventaron lo que mandan. 

La condición sinodal de la Iglesia

«Recuperemos, sin miedo, la tradición más original de la Iglesia» 

La condición sinodal de la Iglesia no es un invento de ahora 

Sinodalidad

«Ahora que tanto se habla de la ‘sinodalidad’ de la Iglesia, es más importante que nunca saber lo que se dice cuando hablamos de este asunto. No es un invento de ahora; se dio casi la mitad del tiempo que la Iglesia lleva existiendo en este mundo» 

«Lo confirma el escrito más importante (después de la Didaché) que las Constituciones eclesiásticas de la antigüedad nos legaron, la Tradición Apostólica de Hipólito» 

«De este principio básico nos dejó constancia Cipriano de Cartago: ‘Que se ordene como obispo al que ha sido elegido por el pueblo, que es irreprochable… con el consentimiento de todos'» 

«Y todavía más. Según el canon sexto del concilio ecuménico de Calcedonia, la dependencia del obispo en relación a su comunidad era tal, que se tenían por inválidas las llamadas ‘ordenaciones absolutas'» 

Por José María Castillo 

Ahora que tanto se habla de la “sinodalidad” de la Iglesia, es más importante que nunca saber lo que se dice cuando hablamos de este asunto. No es un invento de ahora. La “sinodalidad” fue la forma de gobierno que asumió la Iglesia en sus orígenes. Sin duda alguna, desde sus primeros años hasta finales del primer milenio. O sea, casi la mitad del tiempo que la Iglesia lleva existiendo en este mundo. 

Voy a confirmar lo que acabo de decir relatando un caso elocuente, que sucedió en el s. III. Era la práctica habitual de la Iglesia en aquellos primeros siglos. En efecto, a comienzos del s. III, afirmaba la Tradición Apostólica de Hipólito, el escrito más importante (después de la Didaché) que las Constituciones eclesiásticas de la antigüedad nos legaron (J. Quasten, Patrología, vol. I, Madrid, BAC, 1968, pg. 486-487), este principio básico, del que nos dejó constancia Cipriano de Cartago: 

“Que se ordene como obispo al que ha sido elegido por el pueblo, que es irreprochable… con el consentimiento de todos, que éstos (los obispos) le impongan las manos y que el presbiterio permanezca sin intervenir” (“Quod et ipsum videmus de divina auctoritate descenderé, t sacerdos plebe praesente sub omnium oculis deligatur et dignus adque idoneus publico iudicio ac testimonio comprobetur”. Cipriano, Epist. 67, 4. Cf, CSEL. 738, 3-5). 

Pues bien, esto supuesto, años más tarde, concretamente en el 250la persecución de Decio fue cruel. Y en aquella persecución, hubo tres obispos, el de León, el de Astorga y el de Mérida, que – por miedo a la muerte – negaron su fe y dieron otros escándalos a sus fieles. Este escándalo episcopal fue tan público y notorio, que las tres comunidades cristianas, que presidían estos obispos, se reunieron (cada una en su ciudad) y los fieles tomaron la decisión de deponer (o sea, quitarles el cargo) a los tres obispos cobardes. De todo esto tenemos clara y exacta información por lo que nos dejó escrito, en su Carta 67, san Cipriano de Cartago

Estando así la situación de la Iglesia de España, uno de los obispos cesados, un tal Basílides, acudió al Papa Esteban, sirviéndose de un informe que mandó a Roma. Pero se sabe que era un informe que se basaba en mentiras que favorecían al tal Basílides. El hecho fue que el Papa Esteban repuso a Basílides en su cargocon todos sus privilegios

Pero la comunidad, que dirigía Basílides y estaba en total desacuerdo con el obispo depuesto de su cargo, ante la decisión (basada en engaños) que había venido de Roma, acudió al hombre con más prestigio en la Iglesia de España, que era Cipriano de Cartago. Se informó debidamente a Cipriano. Y éste, ante la gravedad del asunto, reunió un sínodo (concilio) en el que participaron 37 obispos. Y este sínodo dio un decreto, que se contiene en la Carta 67 de Cipriano

¿Qué decía aquella carta sinodal? En ella, se decían tres cosas. 1ª) El pueblo tiene poder, por derecho divino, para elegir a sus ministros, como ya ha quedado dicho. 2ª) El mismo pueblo tiene también poder para quitar a los ministros cuando son indignos (“propter quod plebs obsequens praeceptis dominicis et Deum metuens a peccatore praeposito separare se debet…” (Cipriano, Epist. 67, 3. CSEL, 737-738, 20-22). 3ª) Ni el recurso a Roma debe cambiar la situación, cuando ese recurso no se basa en la verdad (“Nec rescindere ordinationem iure perfectam potest quod Basilides post crimina sua detecta et conscientiae… Romam pergens Stephanum… ignarum fefellit”. O. c., n. 5. CSEL, 739, 18-24). 

Como se palpa, en este documento, el gobierno de la Iglesia era, en los primeros siglos, muy distinto del que tenemos ahora. El centro de la vida de la Iglesia estaba en la comunidad, de tal manera que el mismo Cipriano afirma con toda naturalidad: “Desde el principio de mi episcopado determiné no tomar ninguna resolución por mi cuenta sin vuestro consejo y el consentimiento de mi pueblo” (Epist. 67, 5. CSEL, 739, 18-24). 

Así se pensaba, en quienes dirigían la Iglesia, en casi todo el primer milenio. O sea, durante casi mil años. Son elocuentes los testimonios de San León Magno (Epist. X, 6. PL 54, 634 A. Cf. José I. Gonzáles Faus, Hombres de la comunidad. Apuntes sobre el ministerio eclesial, Santander 1989, 104-105) y del Papa Celestino I, en un texto que pasó al Decreto de Graciano: “No se imponga como obispo a los que no lo aceptan” (“Nullus invitis detur episcopus”) (Epist. IV, 5. PL 50, 439). 

Y todavía un dato más. Según el canon sexto del concilio ecuménico de Calcedonia, la dependencia del obispo en relación a su comunidad era tal, que se tenían por inválidas las llamadas “ordenaciones absolutas”, es decir, las ordenaciones episcopales en las que el sujeto era ordenado sin que previamente una comunidad de cristianos lo hubiera elegido y aceptado. Es decir, en tal caso, una ordenación así, se consideraba sencillamente inválida (Conciliorum Oecumenicorum Decreta, ed. J. Alberigo, Bolonia 1973, 90. Cf. E. Schillebeeckx, El ministerio eclesial, Los responsables de la comunidad cristiana, Madrid 1983, 67-83). 

Termino ya. La Iglesia católica está iniciando un prolongado estudio en el que se va a estudiar a fondo su dimensión sinodal. La condición sinodal de la Iglesia no es un invento de ahora. Es una tradición que tiene sus orígenes desde que se empezaron a organizar las primeras comunidades cristianas. Según el libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando Pablo y Bernabé iniciaron su primer viaje misionero, lo primero que dejaban establecido era el nombramiento de los primeros presbíteros. Pero no los designaban ni Pablo, ni Bernabé, sino la asamblea del pueblo. Y esto se hacía “votando a mano alzada”, que es exactamente lo que significa el verbo “heirotoneo”, tal como lo indica el texto oficial de la Iglesia (Hech 14, 23). 

Querer una “Iglesia sinodal” no es un invento de ahora. Es recuperar la tradición más antigua de la Iglesia naciente. Pero, ya que se inicia este camino, no tengamos miedo, seamos consecuentes y recuperemos la tradición más original de la Iglesia, desde sus orígenes y fieles a las exigencias y necesidades del tiempo en que vivimos.