Un kairós en la vida de la Iglesia

Carlos Schickendantz: «El proceso sinodal representa un kairós para una renovación de toda la vida de la Iglesia»

Carlos Schickendantz
Carlos Schickendantz

«Como decía Pablo VI, ‘en cuanto institución terrena y humana’ la Iglesia está llamada por Cristo a una ‘perenne reforma'»

«La renovación de las personas y la reforma de la institución deben ser pensadas como tareas permanentes»

«Cada generación de creyentes tiene la responsabilidad de llevar a cabo esta ‘perenne reforma’ dejándose guiar por el evangelio y su tradición, por una parte y, por otra, por los signos de los tiempos»

«El principio de accountability, que describe una forma de gobernanza y liderazgo adecuados para nuestra época, reclama ajustes profundos en las formas de proceder a todos los niveles de la vida de la Iglesia»

Por José Manuel Vidal

El teólogo Carlos Schickendantz (Córdoba, Argentina, 1957), doctor en Teología por la Eberhard Karls Universität Tübingen (Alemania) e envestigador del Centro Teológico Manuel Larraín de la Universidad Alberto Hurtado (Santiago de Chile) es especialista en el Vaticano II y en las reformas de la Iglesia. Profesor del curso intercontinental ‘Discernimiento en común y toma de decisiones en una Iglesia Sinodal‘, que comienza este mes de julio online, asegura que «el proceso sinodal representa un kairós para una renovación de toda la vida de la Iglesia». Además, exige «una conversión personal» y «una reforma de estructuras, de las diversas formas de proceder en las distintas instancias diocesanas, nacionales y universales», especialmente «el principio de accountability, que describe una forma de gobernanza y liderazgo adecuados para nuestra época, reclama ajustes profundos en las formas de proceder a todos los niveles de la vida de la Iglesia».

¿Por qué hablar de una reforma en la Iglesia? ¿En qué sentido?

En el documento sobre el ecumenismo el Vaticano II recordó una expresión de Pablo VI formulada en 1964: “en cuanto institución terrena y humana” la Iglesia está llamada por Cristo a una “perenne reforma” (UR 6). Por tanto, la renovación de las personas y la reforma de la institución deben ser pensadas como tareas permanentes. Cada generación de creyentes tiene la responsabilidad de llevar a cabo esta “perenne reforma” dejándose guiar por el evangelio y su tradición, por una parte y, por otra, por los signos de los tiempos. 

Curso sobre sinodalidad
Curso sobre sinodalidad

 ¿Cómo puede contribuir la sinodalidad a una reforma eclesial y que dimensiones incluye?

El proceso sinodal representa un kairós para una renovación de toda la vida de la Iglesia. Incluye una conversión personal de cada una y de todas las personas creyentes y, al mismo tiempo, una reforma de estructuras, de las diversas formas de proceder en las distintas instancias diocesanas, nacionales y universales. En la tarea de renovación no debe escogerse uno u otro aspecto, la conversión espiritual personal o la reforma de la institución. Tampoco debe impulsarse un aspecto primero y dejar el otro para un tiempo posterior. Hay que impulsar simultáneamente los cambios personales y las transformaciones institucionales, incluso jurídicas. Solo así se verifica una renovación profunda y una reforma efectiva y duradera. En particular, el principio de accountability, que describe una forma de gobernanza y liderazgo adecuados para nuestra época, reclama ajustes profundos en las formas de proceder a todos los niveles de la vida de la Iglesia

El Papa y Ucrania

El Papa clama de nuevo: “La agresión armada de estos días, como toda guerra, representa un ultraje a Dios, una traición blasfema del Señor de la Pascua”

El Papa y Ucrania
El Papa y Ucrania

«Es así como Cristo lleva la paz en el mundo: a través de la mansedumbre y la  docilidad, representadas en ese pollino»

«La paz que Jesús nos da en Pascua no es la paz que sigue las estrategias del mundo, que cree  obtenerla por la fuerza, con las conquistas y con varias formas de imposición»

«La tentación de una paz falsa, basada en el poder, que después conduce al odio y a la  traición de Dios»

«En este momento difícil, de  agresión armada, estamos llamados a ser portadores de la paz de Cristo con las ‘armas’ del  Evangelio, que son la oración, la ternura, el perdón y el amor gratuito a todos, sin distinción»

Por José Manuel Vidal

En la catequesis de la audiencia de miércoles santo, el Papa Francisco aborda el tema de ‘la paz de la Pascua’, es decir la paz de Cristo “con las ‘armas’ del  Evangelio, que son la oración, la ternura, el perdón y el amor gratuito a todos, sin distinción”. Por eso, los seguidores de Jesús han de vitar “la tentación de una paz falsa, basada en el poder, que después conduce al odio y a la  traición de Dios”. Y el Papa concluye: “La agresión armada de estos días, como toda  guerra, representa un ultraje a Dios, una traición blasfema del Señor de la Pascua, un preferir el falso dios  de este mundo a su rostro manso”

Catequesis de la audiencia

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!  

Estamos en el centro de la Semana Santa, que va desde el Domingo de Ramos al Domingo de  Pascua. Ambos domingos se caracterizan por la fiesta que se hace en torno a Jesús. Pero son dos fiestas  diferentes.  

Paz y el Papa

El domingo pasado vimos a Cristo entrar solemnemente en Jerusalén, acogido como Mesías: por  Él se extienden mantos a lo largo del camino (cfr Lc 19,36) y ramos cortados de los árboles (cfr Mt 21,8).  La multitud exultante bendice a grandes voces al «Rey que viene», y aclama: «Paz en el cielo y gloria en  las alturas» (Lc 19,38). Esa gente celebra porque ve en el ingreso de Jesús la llegada de un nuevo rey, que  traería paz y gloria. Esta era la paz esperada por esa gente: una paz gloriosa, fruto de una intervención  real, la de un mesías poderoso que liberaría Jerusalén de la ocupación de los romanos. Otros,  probablemente, soñaban el restablecimiento de una paz social y veían en Jesús el rey ideal, que daría de  comer a la multitud con el pan, como ya había hecho, y realizado grandes milagros, llevando así más  justicia al mundo.  

Pero Jesús nunca habla de esto. Tiene delante de sí una Pascua diferente. Lo único que le preocupa  para preparar su ingreso en Jerusalén es ir sobre «un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía  ningún hombre» (v. 30). Es así como Cristo lleva la paz en el mundo: a través de la mansedumbre y la  docilidad, representadas en ese pollino atado, sobre el que no había montado nadie. Nadie, porque la  forma de hacer de Dios es diferente a la del mundo. Jesús, de hecho, antes de Pascua, explica a los  discípulos: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo» (Jn 14,27). 

La paz que Jesús nos da en Pascua no es la paz que sigue las estrategias del mundo, que cree  obtenerla por la fuerza, con las conquistas y con varias formas de imposición. Esta paz, en realidad, es  solo un intervalo entre las guerras. La paz del Señor sigue el camino de la mansedumbre y de la cruz: es  hacerse cargo de los otros. Cristo, de hecho, ha tomado sobre sí nuestro mal, nuestro pecado y nuestra  muerte. Así nos ha liberado. Su paz no es fruto de algún acuerdo, sino que nace del don de sí. Esta paz  mansa y valiente, sin embargo, es difícil de acoger. De hecho, la multitud que alababa a Jesús es la misma  que unos días después grita “Crucifícale” y, asustada y desilusionada, no mueve un dedo por Él. 

Los hermanos Karamazov

En este sentido, siempre resulta actual un gran relato de Dostoievski, la llamada Leyenda del Gran  Inquisidor. Narra que Jesús, después de varios siglos, vuelve a la Tierra. En seguida es acogido por la  multitud alegre, que lo reconoce y lo aclama. Pero después es arrestado por el Inquisidor, que representa  la lógica mundana. Este lo interroga y lo critica ferozmente. El motivo final del reproche es que Cristo,  aun pudiendo, nunca quiso convertirse en César, el rey más grande de este mundo, prefiriendo dejar libre  al hombre en vez de someterlo y resolver los problemas con la fuerza. Habría podido establecer la paz en  el mundo, doblegando el corazón libre pero precario del hombre en virtud de un poder superior, pero no  quiso. «Si hubieses aceptado – dice el Inquisidor a Jesús –, la púrpura de César, habrías fundado el imperio universal y dado la paz al mundo» (Los hermanos Karamazov, Milán 2012, 345); y con sentencia  cortante concluye: «Pues nadie ha merecido más que Tú la hoguera» (348). Este es el engaño que se repite en la historia, la tentación de una paz falsa, basada en el poder, que después conduce al odio y a la  traición de Dios. 

Al final, el Inquisidor querría que Jesús «le dijera algo, quizá también algo amargo, terrible». Pero  Cristo reacciona con un gesto dulce y concreto: «se le acerca en silencio, y lo besa dulcemente en los  viejos labios ensangrentados» (352). La paz de Jesús no domina a los demás, nunca es una paz armada.  Las armas del Evangelio son la oración, la ternura, el perdón y el amor gratuito al prójimo, a todo  prójimo. Es así que se lleva la paz de Dios al mundo. Por esto la agresión armada de estos días, como toda  guerra, representa un ultraje a Dios, una traición blasfema del Señor de la Pascua, un preferir el falso dios  de este mundo a su rostro manso. Siempre la guerra es una acción humana para llevar ala idolatría del poder.

Jesús, antes de su última Pascua, dijo a los suyos: «No se turbe vuestro corazón ni se acobarde»  (Jn 14,27). Sí, porque mientras el poder mundano deja solo destrucción y muerte, su paz edifica la  historia, a partir del corazón de cada hombre que la acoge. Pascua es entonces la verdadera fiesta de Dios  y del hombre, porque la paz, que Cristo ha conquistado sobre la cruz en el don de sí, se nos distribuye.  Por eso el Resucitado, el día de Pascua, se aparece a los discípulos y repite: «La paz con vosotros» (Jn 20,19.21). 

La paz de Cristo

Hermanos, hermanas, Pascua significa “paso”. Es, sobre todo este año, la ocasión bendecida para  pasar del dios mundano al Dios cristiano, de la codicia que llevamos dentro a la caridad que nos hace  libres, de la espera de una paz llevada con la fuerza al compromiso de testimoniar concretamente la paz  de Jesús. Pongámonos delante del Crucificado, fuente de nuestra paz, y pidámosle la paz del corazón y la  paz en el mundo.  

Saludo en español

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy reflexionamos sobre la paz que Cristo nos da. El domingo pasado,  domingo de Ramos, contemplábamos la entrada de Jesús en Jerusalén, aclamado por la gente como  rey. Muchos esperaban un Mesías poderoso que instaurara una “paz social”, obtenida por medio de  la imposición y la fuerza. Jesús, en cambio, recorre otro camino, su paz no es la paz que ofrece el  mundo. El modo de actuar de Dios siempre nos sorprende. 

Jesús nos da su paz como rey de mansedumbre y humildad, con la entrega total de sí mismo.  Mientras que el poder mundano trae destrucción y muerte, la paz de Cristo edifica la historia,  transformando los corazones de los que acogen su presencia salvadora. En este momento difícil, de  agresión armada, estamos llamados a ser portadores de la paz de Cristo con las “armas” del  Evangelio, que son la oración, la ternura, el perdón y el amor gratuito a todos, sin distinción.  

Paz

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los jóvenes que  participan en el Encuentro internacional Univ 2022. En estos días santos acompañamos a Jesús en  su Pasión, Muerte y Resurrección. Pidámosle que, así como Pascua significa “paso”, también  nosotros seamos capaces de “dar pasos” de reconciliación. Y que su paz reine en nuestros corazones  y en el mundo entero. Que Dios los bendiga. Muchas gracias. 

Saludo en polaco

Saludo cordialmente a todos los polacos. Este año celebran la Semana Santa y la Pascua de una manera especial: junto a muchos invitados ucranianos. La Pascua es una fiesta familiar y ustedes, al abrirles sus casas, se han convertido en sus familiares. Aunque la mayoría celebrará estas fiestas una semana después, según la tradición oriental, ya ahora todos juntos contemplan el Crucifijo, y esperan la resurrección de Cristo y la paz en Ucrania. Te bendigo de corazón.

Las migraciones, un escándalo de la humanidad

El clamor dolorido del Papa en Navidad: “La emigración hoy es un escándalo social de la humanidad”

Sagrada Familia, emigrante
Sagrada Familia, emigrante

«San José, tú que has experimentado el sufrimiento de los que deben huir  para salvar la vida de sus seres más queridos, protege a todos los que huyen a causa de la guerra,  el odio, el hambre»

«Recemos hoy por todos los migrantes, por  todos los perseguidos»

«Herodes y José son dos  personajes opuestos, que reflejan las dos caras de la humanidad de siempre»

«La historia está llena de personalidades que, viviendo a  merced de sus miedos, intentan vencerlos ejerciendo el poder de manera despótica y realizando actos de  violencia inhumanos»

«San José como un migrante perseguido y valiente»

 José Manuel Vidal

En la última catequesis del año, el Papa Francisco tiene presentes a sus preferidos, los emigrantes y los perseguidos, al glosar ‘la huída a Egipto” de la Sagrada Familia. Y por los emigrantes, el Papa clama, alto y claro, que “la emigración hoy es un escándalo social de la humanidad”, ante el que no podemos mirar para otro lado. A su juicio, en la vida hay que optar por ser Herodes o José, “dos  personajes opuestos, que reflejan las dos caras de la humanidad de siempre”. Y, desgraciadamente, “la historia está llena de personalidades que, viviendo a  merced de sus miedos, intentan vencerlos ejerciendo el poder de manera despótica y realizando actos de  violencia inhumanos”.

Ante esta situación de la emigración actual, el Papa invita a rezar por los emigrantes y perseguidos con esta oración a San José: “San José, tú que has experimentado el sufrimiento de los que deben huir, para salvar la vida de sus seres más queridos, protege a todos los que huyen a causa de la guerra, el odio, el hambre”.

Sagrada Familia emigrante

Texto íntegro de la catequesis del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

Hoy quiero presentarles a San José como un migrante perseguido y valiente. Así lo describe el  evangelista Mateo. Este acontecimiento concreto de la vida de Jesús, en el que también están implicados  José y María, se conoce tradicionalmente como «la huida a Egipto» (cf. Mt 2,13-23). La familia de  Nazaret sufrió tal humillación y experimentó en primera persona la precariedad, el miedo y el dolor de  tener que abandonar su tierra natal. Incluso hoy en día, muchos de nuestros hermanos y hermanas se ven  obligados a experimentar la misma injusticia y sufrimiento.  

El motivo es casi siempre la prepotencia y la violencia de los poderosos. También para Jesús ocurrió así. El rey Herodes se entera por los Reyes Magos del nacimiento del «rey de los Judíos», y la  noticia lo trastorna. Siente su poder amenazado. Así que reúne a todas las autoridades de Jerusalén para  averiguar el lugar del nacimiento, y ruega a los Reyes Magos que se lo comuniquen con precisión, para  que -dice falsamente- él también pueda ir a adorarle. Pero cuando se dio cuenta de que los Reyes Magos  se habían ido en otra dirección, concibió un malvado plan: matar a todos los niños de Belén de dos años  para abajo. 

Mientras tanto, un ángel ordena a José: «Levántate, toma al niño y a su madre contigo, huye a  Egipto y quédate allí hasta que te avise. Porque Herodes quiere buscar al niño para matarlo». (Mt 2,13). Tanta gente que hoy piensa esto: Huyamos, huyamos, porque aquí hay peligro. El plan de Herodes recuerda al del faraón de arrojar al Nilo a todos los hijos varones del pueblo  de Israel (cf. Ex 1,22). Y la huida a Egipto evoca toda la historia de Israel, desde Abraham, que también  se quedó allí (cf. Gn 12,10), hasta José, hijo de Jacob, vendido por sus hermanos (cf. Gn 37,36) y luego  convertido en «líder del país» (cf. Gn 41,37-57); y a Moisés, que liberó a su pueblo de la esclavitud de los  egipcios (cf. Ex 1,18). 

Herodes y los inocentes

La huida de la Sagrada Familia a Egipto salva a Jesús, pero desgraciadamente no impide que  Herodes lleve a cabo su masacre. Nos encontramos así con dos personalidades opuestas: por un lado  Herodes con su ferocidad y por otro José con su premura y valentía. Herodes quiere defender su poder  con una crueldad despiadada, como atestiguan las ejecuciones de una de sus esposas, de algunos de sus  hijos y de cientos de opositores. Era un hombre cruel. Es el símbolo de muchos tiranos de ayer y de hoy; es el hombre que se  convierte en «lobo» para los otros hombres. Y, para los tiranos, la gente no cuenta; cuenta el poder. Y esto pasa hoy.

La historia está llena de personalidades que, viviendo a  merced de sus miedos, intentan vencerlos ejerciendo el poder de manera despótica y realizando actos de  violencia inhumanos. Pero no debemos pensar que sólo vivimos en la perspectiva de Herodes si nos  convertimos en tiranos; de hecho, todos podemos caer en esta actitud, cada vez que tratamos de disipar  nuestros miedos con la prepotencia, aunque sea sólo verbal o hecha a base de pequeños abusos realizados  para mortificar a los que nos rodean.  También nosotros llevamos dentro del corazón la posibilidad de ser pequeños Herodes.

José es todo lo contrario a Herodes: en primer lugar, es «un hombre justo» (Mt 1,19); además,  muestra valor al cumplir la orden del Ángel. Cabe imaginar las vicisitudes que tuvo que afrontar durante  el largo y peligroso viaje y las dificultades que comportaron la permanencia en un país extranjero. Su  valentía surge también en el momento de su regreso, cuando, tranquilizado por el Ángel, supera sus comprensibles temores y se instala con María y Jesús en Nazaret (cf. Mt 2,19-23).

Huida a Egipto

Herodes y José son dos  personajes opuestos, que reflejan las dos caras de la humanidad de siempre. Es un error común considerar  la valentía como la virtud exclusiva del héroe. En realidad, la vida cotidiana de cada persona requiere  valor para afrontar las dificultades de cada día. En todas las épocas y culturas encontramos hombres y  mujeres valientes que, por ser coherentes con sus creencias, han superado todo tipo de dificultades,  soportado injusticias, condenas e incluso la muerte. La valentía es sinónimo de fortaleza, que, junto con la  justicia, la prudencia y la templanza forma parte del grupo de virtudes humanas conocidas como  «cardinales».  

La lección que hoy nos deja José es la siguiente: la vida siempre nos depara adversidades, y ante  ellas también podemos sentirnos amenazados, con miedo, pero sacar lo peor de nosotros, (como hace  Herodes), no es el modo para superar ciertos momentos, sino actuando como José, que reacciona ante el  miedo con la valentía de confiar en la Providencia de Dios. Recemos hoy por todos los migrantes, por  todos los perseguidos y por todos aquellos que son víctimas de circunstancias adversas y que por esto se  sienten desanimados y abandonados. Pensemos en tanta gebte víctima de la guerra, que quieren escapar y no pueden. Pensemos a los emigrantes que acaban su vida en el mar. Veamos en María y José a cada uno de los emigrantes de hoy. La emigración hoy es un escándalo social de la humanidad.

San José, 

tú que has experimentado el sufrimiento de los que deben huir  

para salvar la vida de sus seres más queridos,  

protege a todos los que huyen a causa de la guerra,  

el odio, el hambre. 

Sosténlos en sus dificultades,  

Fortalécelos en la esperanza y haz que encuentren acogida y solidaridad. 

Guía sus pasos y abre los corazones de quienes pueden ayudarles. Amén.

Sagrada Familia emigrante

Saludo en español

Queridos hermanos y hermanas: 

Reflexionamos hoy, en este fin de año, sobre san José como emigrante perseguido y valiente,  según lo que nos refiere san Mateo en el pasaje de la Huida en Egipto que hemos escuchado. La  Sagrada Familia, como tantos de nuestros hermanos y hermanas en la actualidad, experimentó  también la injusticia y el sufrimiento de tener que dejar la propia patria debido a la prepotencia y  violencia del poderoso de turno.  

En este escenario se contraponen dos personajes. Por una parte, Herodes, que sintiéndose  amenazado por el nacimiento del “rey de los judíos” y, defender su propio poder, decide asesinar a  todos los niños de Belén menores de dos años. Él es símbolo de muchos tiranos de ayer y de hoy que  quieren vencer sus miedos ejerciendo el poder de manera despótica y violenta. Por otra parte, san  José, hombre justo y valiente, que para salvar la vida del niño y de la Virgen, se fía de la indicación  del ángel y afronta todas las dificultades y peligros del viaje.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En este tiempo de Navidad,  imploremos al Señor Jesús, por intercesión de la Virgen y de san José, que nos conceda la gracia de  fiarnos de la Providencia divina en todo momento, y también la valentía de acoger con espíritu  cristiano de caridad y solidaridad a todos nuestros hermanos y hermanas que han tenido que huir de  su tierra y abandonar sus hogares. Que el Señor nos conceda un año nuevo lleno de sus dones y sus  bendiciones. Muchas gracias. 

En el día de la beatificación de Rutilio

Los Gerrikagoitia-Serrano, la familia adoptiva española del mártir Rutilio Grande

Los Gerrikagoitia-Serrano y Rutilio Grande
Los Gerrikagoitia-Serrano y Rutilio Grande

Con la familia Gerrikagoitia vivió en la casa que tenían en la calle bilbaína General Concha y en la casa de verano que disfrutaban en Sanfelices, un pueblo de la provincia de Burgos, cercano a Oña

En Oña, Rutilio se ordenó sacerdote el 30 de julio de 1959, apadrinado por sus padres adoptivos, y después celebró su primera misa en Sanfelices

Miren se siente afortunada “por haber conocido y querido a Rutilio”, al que define como “un hombre suave, dulce, cercano, diferente, que se hacía querer y, además, era guapo”

Su martirio es reconocido y premiado con los altares, de la mano de Francisco. Un Papa que, como dice Miren, “va por el camino de Jesús”

Por José Manuel Vidal

El 22 de enero, frente a la catedral metropolitana, en la Plaza del Divino Salvador del Mundo de San Salvador, el mismo escenario que acogió la misa de canonización de monseñor Romero, la Iglesia elevará a los altares al sacerdote jesuita salvadoreño Rutilio Grande, sus dos compañeros laicos, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, y el fraile Cosme Spessotto. Lo que pocos saben es que el nuevo beato jesuita tuvo en España una familia de adopción: los Gerrikagoitia-Serrano de Bilbao.

Rutilio perdió a sus padres cuando era muy pequeño y, quizás por eso, cuando vino a España, concretamente a Oña (Burgos), a estudiar Teología y ordenarse sacerdote jesuita, encontró una familia de adopción en Bilbao y consideró a José María y Consuelo sus nuevos padres, a los que cariñosamente llamaba en vasco ‘aitatxo’ y ‘amatxo’. Lo recuerda perfectamente una de las hijas de la familia, Miren Gerrikagoitia, que lo trataba como “un hermano más”.

La relación con la familia surgió a través del hermano mayor, José Mari Gerrikagoitia, que estuvo unos años con los jesuitas de El Salvador, donde conoció a Rutilio y trabó amistad con él. Por eso, cuando Rutilio tiene que venirse a España a cursar la Teología al seminario de los jesuitas de Oña, es acogido es su casa como uno más.

Con la familia Gerrikagoitia vivió en la casa que tenían en la calle bilbaína General Concha y en la casa de verano que disfrutaban en Sanfelices, un pueblo de la provincia de Burgos, cercano a Oña. Fue precisamente en Oña, donde Rutilio se ordenó sacerdote el 30 de julio de 1959, apadrinado por sus padres adoptivos, y después celebró su primera misa en Sanfelices.

Como recuerda Miren, que entonces tenía 26 años, “su primera misa en Sanfelices fue todo un acontecimiento, con todo el pueblo, las autoridades, mis padres de padrinos de honor y todos los hermanos juntos. Y, después, el banquete por todo lo alto en casa con la familia, los amigos y los invitados”.

Tan grabado se le quedó el acontecimiento a Miren que todavía recuerda incluso el regalo de ordenación que sus padres le hicieron a Rutilio. Mi padre, “una flamante máquina de afeitar eléctrica, de aquellas que causaban furor en aquellos años” en la España que pasaba de la maquinilla a la afeitadora eléctrica. “Y mi madre, una muda completa”.

Una vez ordenado sacerdote, Rutilio regresó a su país, pero nunca perdió el contacto con su familia española. De hecho, Miren conserva una carta que Rutilio le escribió a sus padres el 17 de julio de 1972, que rezuma nostalgia y confianza y que comienza con un “mis queridos y siempre recordados Aitatxus”.

En ella, con su delicadeza habitual, Rutilio dice: “Sigilosamente, de puntillas y con gran timidez, quiero hoy entrar suavemente en el tercero derecha del número 48 de General Concha, algo así como el perro con la cola entre las patas, cuando algo ha sucedido…”

Y reconoce con nostalgia: “La cartita de aita de fecha 4 de julio me trajo aire fresco y oxigenante…Fue como si se abriera de pronto un ventanal agradabilísimo hacia un paisaje lejano y encantador, el vivido con ustedes en otros tiempos. De pronto, todos aquellos recuerdos de antaño han comenzado a cobrar vida, y las palabras escritas por aita me parecía que las estaba escuchando, con el acento de su voz un poco socarrona y su cara expresiva”.Rutilio, con los Gerrikagoitia

Y, a continuación, les relata su periplo vital en Roma y El Salvador, “desde el año 1965 (enero), en que los vi por última vez, cuando pasé por Bilbao procedente de Roma y ya con dirección hacia El Salvador”.

Primero, sus cinco años de “superior inmediato” de los seminaristas mayores y filósofos del seminario central de San José, donde comenzó a entablar relación con el “clero joven e inquieto” y más comprometido “de nuestro país, en el que una minoría feudal lo tiene todo, mientras la gran mayoría está en condiciones lamentables de opresión y coloniaje”.

Cada vez más comprometido, Rutilio cuenta que redactó un manifiesto, dirigió un retiro a todo el clero de la archidiócesis y predicó en la catedral, “en la fiesta patronal de la República, ante el episcopado y ante el Gobierno en pleno. Fui explícito y claro”.

Como él mismo reconoce “todos estos acontecimientos me fueron colocando en la punta de lanza de una serie de situaciones que se fueron sucediendo”. Primero, los obispos que eran amigos suyos “mientras era agua mansa”, después se dividen en dos bandos, “unos a favor y otros decididamente en contra”. La Compañía, siempre prudente, “presentó otro candidato, gran amigo mío por cierto” y Rutilio decidió salir del seminario, para aterrizar “en un colegio de la alta burguesía del país”, donde sólo pasó 9 meses, para pedir su traslado a Quito, “buscando dentro de mi vocación general a la vida religiosa, mi propia vocación específica”.

Desde Quito les escribe a los Gerrikagotia y ya les anuncia en su carta que, terminado el curo en la capital ecuatoriana, su decisión está tomada: “Trabajar con otros compañeros jesuitas en una zona marginada de San Salvador, en la línea de la concientización cristiana, para una promoción integral de la comunidad que elijamos”. Y es que, como él mismo confiesa, “cada vez más, siento que el Señor me llama a un compromiso sincero y sin temor a los riesgos”. Y se despide con “abrazos para todos y con el afecto de siempre”.

Rutilio se fue a la zona marginada de los Aguilares y comenzó su labor de concienciación, que pronto le colocó en la diana de las fuerzas represoras. El 12 de marzo de 1977 fue asesinado, con el catequista Manuel Solórzano y el joven Nelson Rutilio, cuando se dirigían a El Paisnal. En el camino, sufrieron una emboscada y su coche fue ametrallado brutalmente.

Lugar del asesinato de Rutilio y de sus dos compañeros
Lugar del asesinato de Rutilio y de sus dos compañeros

Miren trabajaba, en aquel entonces, como asistente social en Ermua: “Oi la noticia por la radio e, inmediatamente llamé a Jon Sobrino, que me lo confirmó. Nos quedamos todos desolados en la familia y con una gran pena. En aquel momento no pude ir a El Salvador, pero fui años más tarde y visité el sitio donde lo mataron”. Allí, Miren sintió que “Rutilio estaba vivo” y que la gente ya acudía a él como a un santo, aunque todavía no lo fuese.

Ahora, Miren se siente afortunada “por haber conocido y querido a Rutilio”, al que define como “un hombre suave, dulce, cercano, diferente, que se hacía querer y, además, era guapo”. El que vayan a hacerle beato, a Miren le parece que es “una decisión que le hace justicia”. Por eso, Miren dice que lleva años rezándole al ‘hermano’ adoptivo, que tanto marcó su vida.

De hecho, Miren forma parte de la Comunidad Fe y Justicia, que se define así: “Una comunidad cuyos miembros queremos vivir uniendo contemplación y acción, espiritualidad y compromiso, oración y política, o como el propio nombre indica, la fe y la justicia”. Por esos mismos ideales Rutilio fue asesinado y, ahora, por fin, su martirio es reconocido y premiado con los altares, de la mano de Francisco. Un Papa que, como dice Miren, “va por el camino de Jesús”.

Vías legales para los migrantes

Los obispos europeos piden «vías legales» para «evitar que los migrantes caigan en manos de contrabandistas y traficantes» 

La urgencia de una regulación extraordinaria de migrantes 

Esta semana doce Estados miembros de la UE se han dirigido a la Comisión Europea para pedir formalmente que Bruselas financie «barreras físicas» que protejan las fronteras europeas de la llegada de nuevos inmigrantes 

«Debe protegerse su derecho a solicitar asilo y los Estados deben respetar el principio de no devolución de las personas en peligro en su país de origen» 

RD. José Manuel Vidal

Esta semana doce Estados miembros de la UE se han dirigido a la Comisión Europea para pedir formalmente que Bruselas financie «barreras físicas» que protejan las fronteras europeas de la llegada de nuevos inmigrantes. 

Los ministros de Interior de Austria, Bulgaria, Chipre, Chequia, Dinamarca, Estonia, Grecia, Hungría, Lituania, Letonia, Polonia y Eslovaquia, los firmantes de esa solicitud, consideran que «esta medida legítima debería ser financiada de manera adicional y adecuada de manera prioritaria a partir del presupuesto de la UE». Ven en ella un instrumento válido para combatir los «intentos de instrumentalización de la migración ilegal con fines políticos», en clara referencia a gobiernos de países como Bielorrusia, Turquía o Marruecos. La carta constituye una novedad, pues el control fronterizo (incluida la construcción de vallas o no) es competencia exclusiva de los Estados. 

En este contexto, y en el de nuevas denuncias de «expulsiones en caliente» por parte de las policías de Grecia y Croacia, la Comisión de Episcopados de la Unión (Comece) considera necesario recordar que «ser europeo significa también poner en práctica la solidaridad». Su presidente, el cardenal luxemburgués Jean-Claude Hollerich, expresa su preocupación por la situación de los migrantes y los solicitantes de asilo en situación de vulnerabilidad que llegan a Europa, «cuya dignidad humana y derechos fundamentales —ha recordado— deben ser defendidos». «Debe protegerse su derecho a solicitar asilo y los Estados deben respetar el principio de no devolución de las personas en peligro en su país de origen», señala el purpurado jesuita. 

La Unión Europea trabaja desde hace tiempo en la adopción de un «nuevo marco» para gestionar la migración de manera «justa y predecible». En septiembre de 2020, la Comisión Europea presentó el Pacto Europeo sobre la Migración y el Asilo. Unos meses después el grupo de trabajo sobre Migración y Asilo de Comece analizó los pros y contras del documento. 

«En el contexto de las negociaciones en curso sobre la propuesta de Pacto de la UE sobre Migración y Asilo —dice ahora monseñor Hollerich—, pedimos a la Unión Europea y a sus Estados miembros que acojan, protejan, promuevan e integren a los migrantes y a los solicitantes de asilo, apoyando una percepción y una narrativa positivas de los migrantes y sus familias»

Los obispos europeos apoyan, asimismo, «los esfuerzos de reasentamiento por parte de los Estados (…), la sociedad civil y los actores de la Iglesia, y la creación de vías legales y seguras para los migrantes, para evitar que caigan en manos de las redes criminales de contrabandistas y traficantes»

Entrevista a Pedro Castelao

Pedro Castelao

«Encrucillada lleva más de cuatro décadas fielmente comprometida con la reforma de la Iglesia»

Pedro Castelao: «Las reformas del Papa se encuentran en una crucial encrucijada: o cuajan estructuralmente o pueden quedarse diluidas en buenos deseos»

«Probablemente sea necesario un nuevo Concilio Ecuménico en el que el obispo de Roma, en comunión con todas las Iglesias locales, pueda estudiar y evaluar en profundidad esas cuestiones tan graves y urgentes para poder decantarlas con toda precisión y con una autoridad máxima y plenamente vinculante. Sólo así se podrán sortear las eventuales amenazas de cisma»

«Tengo la impresión de que la dinámica reformista en España, en general, está aún pendiente de transitar desde el puente de mando a la sala de máquinas»

El clericalismo es «esa enfermedad estructural de la Iglesia que fractura en dos el Cuerpo de Cristo y vulnera la igualdad ontológica de todos los bautizados»

«No hay peor clericalismo que el de los laicos inconscientes del triple munus que todos hemos recibido en el bautismo»

Por José Manuel Vidal

Laico, casado y con hijos, Pedro Castelao (Ribeira, 1975) es una rara avis en el mundillo teológico español. El teólogo gallego es profesor de Antropología Teológica en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid y director de la revista ‘Encrucillada’. Como tal va a dirigir y moderar la Jornada sobre ‘retos pastorais: desafíos e reforma’, que se celebran en el Liceo de Ourense el día 29 de julio a las 20 horas, con la presencia del obispo de la diócesis, monseñor Lemos, y del autor de la entrevista.

Rompiendo el tópico del gallego que nunca se pronuncia claramente, Castelao asegura que «las reformas del Papa se encuentran en una crucial encrucijada: o cuajan estructuralmente o pueden quedarse diluidas en buenos deseos». Para eso, es necesario algo más que «el impulso unipersonal del Papa» y, de ahí que abogue por la celebración de «un nuevo Concilio Ecuménico» y, así, «sortear las eventuales amenzas de cisma». Y, por supuesto, acabar con la «enfermedad estructural» del clericalismo tanto de los curas como de algunos laicos.¿Cuáles son los objetivos de la Jornada sobre ‘retos pastorais: desafíos e reforma’, que se celebra en Ourense el día 29 de julio?

El objetivo principal es propiciar un espacio de diálogo y reflexión sobre la situación actual de la Iglesia. Encrucillada siempre ha querido ser un lugar eclesial de encuentro entre la fe cristiana y la cultura gallega, igualmente abierta a los problemas del mundo.

¿Por qué en Ourense?

El año pasado estuvimos en Mondoñedo. En este tocaba Ourense. En nuestro Consello de Redacción, de una u otra forma, siempre han estado representadas las cuatro provincias gallegas y sus cinco diócesis. Nuestro deseo es ir rotando por toda Galicia, siempre y cuando sea posible. Además, los miembros ourensanos del Consello se ofrecieron con gusto a colaborar activamente en la preparación del encuentro.

¿’Encrucillada’ está comprometida con la dinámica reformista del Papa Francisco?

Encrucillada lleva más de cuatro décadas fielmente comprometida con la reforma de la Iglesia. Lo estuvo ya desde su nacimiento público, en febrero de 1977, con los aires renovadores del Concilio Vaticano II y lo sigue estando hoy, en 2021, apoyando toda aquella iniciativa que trabaje, con sensatez y mesura, por profundizar en el núcleo esencial del cristianismo: la persona y el misterio de Jesús de Nazaret. Es en la proximidad a él donde se encuentra la clave y la autenticidad de las verdaderas reformas de la Iglesia. Es claro que el Papa Francisco rema en esa dirección.Encrucillada ¿En estos momentos del pontificado (con el Papa que acaba de superar una operación de colón) es necesario un impulso definitivo a las reformas papales?

Las reformas del Papa se encuentran en una crucial encrucijada: o cuajan estructuralmente dando lugar a procesos profundos de verdadero cambio o pueden quedarse diluidas en buenos deseos. Tengo para mí que los temas de mayor calado que la Iglesia tiene aún pendientes de afrontar, con verdadero arrojo y con creativa fidelidad evangélica, están empezando a germinar en el camino sinodal de la Iglesia alemana. También creo que, para que ese camino particular acabe siendo el de la Iglesia universal, tal vez, se necesite algo más que el impulso unipersonal del Papa. Probablemente sea necesario un nuevo Concilio Ecuménico en el que el obispo de Roma, en comunión con todas las Iglesias locales, pueda estudiar y evaluar en profundidad esas cuestiones tan graves y urgentes para poder decantarlas con toda precisión y con una autoridad máxima y plenamente vinculante. Sólo así se podrán sortear las eventuales amenazas de cisma.

¿Las iglesias diocesanas han asumido la dinámica reformista en lo concreto y no sólo de palabra?

Es evidente que no todas caminan con igual ritmo. Pero también es cierto que yo no tengo un conocimiento suficiente de la realidad particular de cada una como para responder con fundamento a esa cuestión. No obstante, tengo la impresión de que la dinámica reformista en España, en general, está aún pendiente de transitar desde el puente de mando a la sala de máquinas.Pedro F. Castelao ¿Cómo acabar con el clericalismo, sin duda uno de los mayores estorbos para las reformas?

La primera persona a la que le oí denunciar el clericalismo —él lo llamaba «espíritu clerical»— fue a Manuel Guerra Campos, el médico de Santa Uxía de Ribeira, hermano del que fue obispo de Cuenca. En 1998 publicó La confesión de un creyente no crédulo en la editorial Verbo Divino y en ese libro pude leer algunas de las cosas que le escuché de muy viva voz y con mucha frecuencia, en su casa, en años anteriores. Entre otras, su crítica de esa enfermedad estructural de la Iglesia que fractura en dos el Cuerpo de Cristo y vulnera la igualdad ontológica de todos los bautizados. Me causó una profunda alegría escuchar al Papa denunciando esa misma dolencia que Manolo Guerra ya había diagnosticado certeramente mucho antes. ¿Cómo curarse de ese mal? No lo sé. Me imagino que con buena teología, humildad y oración. Y no sólo para los presbíteros y obispos, sino para todo el pueblo de Dios, porque no hay peor clericalismo que el de los laicos inconscientes del triple munus que todos hemos recibido en el bautismo.

Jornada sobre retos pastorales: desafíos y reforma de Francisco

José Manuel Vidal: «Es hora de que las parroquias funcionen como cajas de resonancia de lo que hace y dice el Papa»

El pasado jueves, 29 de julio, tuvo lugar en el Liceo de Ourense la Jornada sobre ‘retos pastorais: desafíos e reforma’, organizada por la revista de carácter religioso ‘Encrucillada’

Guiada por su director, el teólogo gallego Pedro Castelao y con el propósito de profundizar en la figura del papa Francisco y sus reformas, la jornada contó con José Manuel Vidal y Carme Soto Varela como invitados

Pedro Castelao: «‘Encrucillada’ Es una revista eclesial, de teología, testimonios, pastorales, espiritualidad. De compromiso con la Iglesia universal y con los desafíos concretos de las Iglesias particulares de Galicia»

Vidal: «Francisco, desde mi punto vista, está descongelando el Concilio Vaticano II. Sacándolo del congelador donde lo guardaron, los dos papas que le precedieron, por miedo. Por esa falsa prudencia tan eclesiástica»

«Lo que Francisco quiere es primero el evangelio y después la doctrina»

Carme Soto: «El feminismo tiene algo que decir en la Iglesia, y también Francisco. Necesitamos dignidad, de hecho y de derecho, dentro de la comunidad eclesial: en ministerios, en la palabra, en la reflexión, en la actuación»

«Si esto fuera así, tendríamos la llave que puede ayudarnos a hombres y mujeres a construir esa Iglesia en sinodalidad para todos”

Por Carmen Maestro

El pasado jueves, 29 de julio, tuvo lugar en el Liceo de Ourense la Jornada sobre ‘retos pastorais: desafíos e reforma’, organizada por la revista gallega ‘Encrucillada’, y dirigida por su director, el teólogo Pedro Castelao, que además es profesor de Antropología Teológica en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.

Con el propósito de profundizar en la figura del papa Francisco y sus reformas, la jornada contó con José Manuel Vidal y Carme Soto Varela como invitados. Vidal, ourensano y director del portal de información religiosa Religión Digital, habló, desde una perspectiva universal, sobre la reforma de Francisco en relación con los desafíos actuales de la Iglesia.

Por su parte, Carme Soto Varela, viguesa, licenciada en Historia Contemporánea por la U. de Santiago de Compostela y doctora en Teología, especializada en Biblia, por la U. P de Comillas y autora de numerosas publicaciones vinculadas en su mayoría al tema de la mujer, relfexionó sobre los desafíos que la Iglesia de hoy tiene que enfrentar en relación con el tema del feminismo.

El obispo de Ourense, José Leonardo Lemos Montanet, invitado a formar parte de esta Jornada, no pudo asistir a causa de la muerte de su padre, al que enterraba ese mismo día en Ferrol, y al que desde aquí le hacemos llegar nuestras condolencias.

De la esfera al poliedro

“Dios es una esfera infinita cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna”. Así comenzó la introducción de esta Jornada Pedro Castelao, parafraseando a Empédocles de Agrigento, la primera persona en utilizar esta figura geométrica para definir a Dios, por su característica de equidistar todos los puntos que la componen. “Una figura adoptada también en el Concilio de Nicea”, añadió, “que muchos siglos después utilizó una imagen luminosa para definir la relación entre Dios padre y Jesús de Nazaret, teniendo como razón última de comprensión la difusión esférica de todo punto luminoso, la relación eterna del hijo con el padre”.

Es en este marco geométrico donde podemos empezar a vislumbrar a un Papa que marca la diferencia, puesto que Francisco, acudiendo a su vez a la geometría, nos propone otra figura: “cuando habla de poder, lo representa como una pirámide invertida en cuya parte superior se sitúa el pueblo de Dios y en la inferior la jerarquía; los obispos y él mismo, siguiendo la lógica de los ministerios entendidos como ‘servicio desinteresado’”. “Y cuando piensa en la sociedad, en la conformación de las comunidades eclesiales, ahonda en el simbolismo geométrico y coloca la figura del poliedro por delante de la esfera, que iguala y no revela la diversidad: ­

«El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad. Tanto la acción pastoral como la acción política procuran recoger en ese poliedro lo mejor de cada uno” … “Es la conjunción de los pueblos que, en el orden universal, conservan su propia peculiaridad; es la totalidad de las personas en una sociedad que busca un bien común que verdaderamente incorpora a todos»” (Evangelii gaudium, núm 236).

Estas palabras de Francisco que destaca Castelao para explicar la cosmovisión del pontífice, nos descubren a un papa caminante de la tierra, de la realidad.

‘Encrucillada’

Tras esta introducción, Castelao define el espíritu que anima su revista, muy en consonancia con la idea geométrica del Papa: “Encrucillada tiene la vocación de ser punto de intersección, de avanzar con el único y verdadero centro que tiene el cristianismo, la persona de Jesús de Nazaret. Punto de convergencia, cruce de caminos, lugar reencuentro. Huyendo de extremos simplistas y abiertos a la complejidad de una realidad siempre en transformación. Es una revista eclesial, de teología, testimonios, pastorales, espiritualidad. De compromiso con la Iglesia universal y con los desafíos concretos de las Iglesias particulares de Galicia. No abanderamos ninguna ideología política, tan solo queremos y luchamos por un mundo mejor. Nuestro único centro está en Dios, pero tenemos los pies puestos en nuestra tierra”.

Dicho esto, da paso a José Manuel Vidal, quien habla de la figura del papa Francisco desde su perspectiva de periodista que sigue su labor día a día y de “alguien que le admira profundamente y que le quiere”: “Es un regalo de Dios para el mundo y para la Iglesia”, asegura. Comparando al Papa con un gran delantero, afirma que la revista que dirige está ‘a sus pies’ para dar relevancia a esas “jugadas tan bonitas” que hace, tanto de palabra como, sobre todo, de gestos: “Ocho años siguiéndole de cerca, escribiendo sobre él, soñando con él”.

“Un Papa incansable y transparente que está llevando a cabo una primavera de la Iglesia”. Una primavera realizable porque se hace sobre un terreno abonado durante 35 años: “Lo que está haciendo Francisco, desde mi punto vista, es descongelar el Concilio Vaticano II. Sacándolo del congelador porque lo metieron ahí, en la época anterior, los dos papas que le precedieron, por miedo. Por esa falsa prudencia tan eclesiástica”.

Reivindica a los teólogos y teólogas, laicos y laicas, monjas, curas y ‘algún obispo’ que sufrieron por mantenerse firmes en la línea del Concilio Vaticano II, durante los años oscuros: “Esta espera fue abonada por gente que se dejó la vida por mantenerse fiel al espíritu del Concilio; todos conocemos ejemplos de las parteras de esta nueva primavera de la Iglesia: el obispo Casaldáliga, muerto recientemente; la revista Encrucillada, durante cuatro décadas defendiendo una Iglesia encarnada, samaritana. Y Andrés Torres Queiruga, que sufrió en sus carnes, y no hace mucho tiempo, por defender la Iglesia del Concilio. “Hubo mucho sufrimiento durante estos años entre los teólogos, algunos han sido rehabilitados públicamente por el propio Papa, como J María Castillo. Jon Sobrino, Gutierrez, Leonardo Boff… Otros quedan sin rehabilitar”.

Primero el evangelio y después la doctrina

“Con Francisco, estamos asistiendo un nuevo pentecostés”, afirma. “Había tierra abonada, pero él puso el arado en funcionamiento. Sin programa establecido, pero con las ideas claras. En todo caso, si lo tiene, es un programa hecho en conjunto con el pueblo santo de Dios, poco a poco. Y lo está haciendo con el método de los sínodos. Un método de pequeños concilios temáticos, instrumentos permanentes de participación en el gobierno de la Iglesia, implicando a millones de personas”. “Por lo menos es lo que él quiere, otra cosa es que le ayudemos a hacerlo en cada país, en cada diócesis”, apunta.

“El Papa tiene una idea clara de lo que quiere: una Iglesia que sea la casa del Padre. Que deje de ser aduana”.

Señala que el cambio de orientación y de tendencia está siendo brutal, aunque casi no nos demos cuenta. “Estamos acostumbrándonos a la normalidad de un papa normal, por primera vez en la historia. Un papa que deja de ser rey para convertirse en una persona normal. Que pasea, que viaja con un coche sencillo, que vive en una casa y no en un palacio. Que ríe, que se acerca a las personas, que llena con su presencia. Y que cuando habla, le entendemos todos. Esto hace unos años era inconcebible”. “Lo que él quiere es primero el evangelio y después la doctrina”.

“Estamos perdiendo los ritos de paso porque nos guiamos demasiado por la doctrina y poco por el evangelio. Para conseguir ese cambio de rumbo, de una Iglesia-casa, el Papa propone abrir una serie de puertas para que entre el aire fresco y ventile, que falta hace”.

«Francisco no tiene programa, pero sí tiene una especie de hoja de ruta»

“El Papa habla de cuatro o cinco principios muy importantes que dice que son los que nuclean su forma de ser y de pensar. Uno de esos principios es que el tiempo es superior al espacio. La revolución tiene que ser de abajo a arriba. Por eso, no será de la noche a la mañana; es un proceso que ha de madurar en el tiempo”. “Esto es una revolución y tiene que ver con esta dinámica: que ya no caben ‘remiendos’. Si queremos una renovación tenemos que tener la valentía de estar dispuestos a todo”.

“Esto se está plasmando en tres ámbitos principales: Reforma ‘hacia adentro’ (la más costosa y donde más resistencia encuentra). Pide que hagamos cosas concretas; a los obispos, menos grandes palabras y más caminar en medio de la gente… Pero cambiar cuesta. El clericalismo es el gran mal de nuestra Iglesia”.

Reforma ‘hacia afuera’, mediante la cultura del encuentro, y la ‘transformación interior’, de conversión personal, a una espiritualidad distinta: misionera, empática, samaritana, compasiva. Que no cuestiona. Que no condena. Que camina con la gente”. Y la teología de la mujer, “que queda también por delante”.

“Es hora de que nuestras parroquias funcionen como cajas de resonancia de lo que hace y dice el Papa”

Es hora de que nuestras parroquias funcionen como cajas de resonancia del evangelio, pero también de lo que hace y dice el Papa. Hay muchas en las que no se le nombra para nada. Se oculta todo lo que hace y dice. Y resulta que tenemos un ejemplo para enorgullecernos de él y para mostrarle al mundo. Tengo al Papa Francisco en la más alta estima; es la autoridad moral más importante de este planeta, con mucha diferencia a todos los niveles. Todo el mundo lo reconoce, menos en nuestras parroquias. En ellas no se nos invita a hacer lo que él hace. Y lo tenemos muy fácil”, asegura, y concluye:

“La tentación de acomodación será incapaz de impedir que siga soplando el viento del Espíritu para que podamos seguir conjugando la vida en gerundio: esperando, perdonando, llorando, riendo, compartiendo y amando, sabedores de que nadie puede parar la primavera en primavera”.

Carme: «El feminismo tiene algo que decir en la Iglesia, y también Francisco»

“Me toca hablar de un tema que parece anexo a los temas importantes. Es el tema de qué hacemos las mujeres creyentes en esta primavera, en este mundo de reformas de Francisco. O cuál es la presencia de la mujeres dentro de la Iglesia y qué tiene que ver con las mujeres creyentes todo ese gran movimiento que es el feminismo”. Así comienza su ponencia Carme Soto, quien desde su perspectiva de mujer, teóloga y creyente, plantea las preguntas fundamentales respecto al lugar de las mujeres dentro de la Iglesia, aún sin las respuestas que serían “la llave para crear, entre todos, una Iglesia sinodal”.

“Pienso que en esta reforma que Francisco quiere emprender, las mujeres tenemos una palabra. Por un lado, reivindicativa: dónde estamos las mujeres cristianas en la Iglesia. Dónde están las mujeres cristianas en la Teología. Dónde están -lo más importante-, las mujeres en las tomas de decisiones dentro de la Iglesia.

Es verdad que está habiendo cambios significativos pero son cambios que llevamos pidiendo desde antes del Concilio Vaticano II, donde 23 mujeres actuaron como auditoras e influyeron muchísimo en la redacción de Gaudium et spes, y hoy no las recordamos”.

“Francisco, en muchas de sus intervenciones y en documentos oficiales condena la violencia contra las mujeres, la desigualdad…, pero también cae en el tópico de resaltar de lo femenino su peculiaridad, la ternura, que no es que sea negativo, pero podemos decir que las mujeres somos algo más”:

«Las mujeres tenemos una mirada concreta de mirar a Dios y de hablar de él, de leer la sagrada escritura”.

 “El malestar que tenemos las mujeres en la Iglesia: Mi pregunta”

“Hoy sabemos que hay auditoras para los sínodos, en secretarías y en subscretarías… pequeña puertas que se van abriendo a las mujeres en la estructura eclesial, pero, sin duda, son puertas pequeñas”, continúa la teóloga.

“Mi pregunta es, en gran medida, por qué es tan difícil, dentro de la Iglesia, comprender que las mujeres somos, por lo menos, la mitad del pueblo de Dios”.

“¿Por qué es tan difícil entender el tema de la igualdad? También hay que preguntarnos a nosotras cómo entendemos a Dios, cómo es nuestra espiritualidad”.

“Por qué no hablar de quiénes son las mujeres que nos ha precedido y que son testimonio, también, del origen, y no solamente los apóstoles varones…”

“Las mujeres tenemos un lugar, pero queremos un lugar diferente. No es cuestión de darle la vuelta a la tortilla, sino que juntos, hombres y mujeres podamos hacer una Iglesia distinta”.

Una petición al Papa

“Me gustaría hacer una petición a Francisco: necesitamos que se nos pregunte más, que se nos pregunte quiénes queremos ser dentro de la Iglesia”.

“La dignidad de hecho y de derecho dentro de la comunidad eclesial, en ministerios, en la palabra, en la reflexión, en la actuación, en el escuchar, es necesaria. Si esto fuera así, tendríamos la llave que puede ayudarnos a hombres y mujeres a construir esa Iglesia en sinodalidad para todos”.

Termina su ponencia en la esperanza de que “este montón de preguntas pueda calar y podamos llegar, juntos, a darle respuesta”. Así sea.

Oposición a Francisco dentro de la Iglesia. Cómo lo vive

Llega el turno de preguntas y el teólogo Andrés Torres Queiruga, presidente de la Asociación Encrucillada, uno plantea a Vidal cómo cree que vive el Papa la fuerte oposición que está encontrando dentro de la Iglesia.

“Le duele profundamente”, contesta el periodista. “Ocurren cosas que no se vieron nunca en un cardenal: la saña de los ataques; una especie de odio ideológico. Como que sienten que les están tirando el tinglado y arremeten con todo porque se les viene la vida abajo, en todos los sentidos”.

“El papa lo vive con serenidad. Está muy acostumbrado a estas cosas. Él sabía perfectamente, desde que llegó, que si quería cambiar algo, tendría que someterse a un pim pam pum constante, brutal. La visceralidad con que le están atacando es nueva y le duele, sobre todo en la cuestión de ideología. De que no seamos capaces de llegar a un acuerdo, pero tiene una capacidad inmensa de asumir el disenso”. “Siempre dice que tiene muy claro que el Espíritu de Dios está con él; que tiene una misión que cumplir. Y estoy seguro de que va a llegar hasta el final”.

Termina Jornada en un aplauso y una cosa queda clara: el barco avanza, a pesar del temporal. Y yo, me pregunto si esos ataques desesperados de los que es víctima el Papa, no son una afirmación de su poderío y su grandeza. Los últimos estertores de una Iglesia que agoniza por decadente y alejada de la vida, la piel de la serpiente que quedará en el camino. El ruido de una renovación que no tiene vuelta atrás, probablemente.

Una Navidad más religiosa y menos consumista

El Papa desea que las dificultades de la pandemia lleven a vivir una «Navidad más religiosa y que huya del consumo»
«La Iglesia, en todos sus miembros, tiene la misión de practicar la oración de intercesión»
«Quien reza no deja nunca el mundo a sus espaldas»
«Si la oración no recoge las alegrías y los dolores, las esperanzas y las angustias de la humanidad, se convierte en una actividad decorativa, intimista»
«Todo cristiano está llamado a convertirse en las manos de Dios, en pan partido y compartido»
«Cualquiera puede llamar a la puerta de un orante y encontrar en él o en ella un corazón compasivo»
«Quien no ama al hermano no reza seriamente»
«La oración verdadera no nos evade de la realidad. El que reza presenta al Señor los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren»
16.12.2020 José Manuel Vidal
El Papa Francisco aborda, en su catequesis, la “oración de intercesión”, que debe practicar toda la Iglesia, y que, a su juicio, no consiste en “evadirse de la realidad” ni en “una actividad decorativa o intimista”. En la oración de intercesión, el cristiano se convierte “en las manos de Dios”, porque “quien no ama al hermano no reza seriamente”. Ante la proximidad de las Navidades, el Papa reconoce las “restriccionese inconvenientes de este año”, pero pide a los fieles que recuerden las dificultades de María y José: “¡No eran rosas y flores! ¡Cuántas dificultades! ¡Cuántas preocupaciones!”. Por eso, concluye con este deseo: «Que nos ayude esta dificultad en la forma de vivir y festejar la Navidad, huyendo del consumismo y que sea más religioso, más auténtico y más verdadero».
De la carta de San Pablo a los Efesios: “Orad en toda ocasión con la ayuda del Espíritu…”
Texto íntegro de la catequesis del Papa
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Quien reza no deja nunca el mundo a sus espaldas. Si la oración no recoge las alegrías y los dolores, las esperanzas y las angustias de la humanidad, se convierte en una actividad “decorativa”, intimista. Todos necesitamos interioridad: retirarnos en un espacio y en un tiempo dedicado a nuestra relación con Dios. Pero esto no quiere decir evadirse de la realidad. En la oración, Dios “nos toma, nos bendice, y después nos parte y nos da”, para el hambre de todos. Todo cristiano está llamado a convertirse en las manos de Dios, en pan partido y compartido. Una oración concreta, que no sea una fuga.
Así los hombres y las mujeres de oración buscan la soledad y el silencio, no para no ser molestados, sino para escuchar mejor la voz deDios. A veces se retiran del mundo, en lo secreto de la propia habitación, como recomienda Jesús mismo (cfr Mt6,6), pero, allá donde estén, tienen siempre abierta la puerta de su corazón: una puerta abierta para los que rezan sin saber que rezan; para los que no rezan en absoluto pero llevan dentro un grito sofocado, una invocación escondida; para los que se han equivocado y han perdido el camino…
Cualquiera puede llamar a la puerta de un orante y encontrar en él o en ella un corazón compasivo, que reza sin excluir a nadie. En la oración, nuestro corazón y nuestra voz se hacen voz y corazón de todos los que no saben rezar.En la soledad se separa de todo y de todos para encontrar todo y a todos en Dios. Así el orante reza por el mundo entero, llevando sobre sus hombros dolores y pecados. Reza por todos y por cada uno: es como si fuera una “antena” de Diosen este mundo.
En cada pobre que llama a la puerta, en cada persona que ha perdido el sentido de las cosas, quien reza ve el rostro de Cristo. El Catecismo escribe: «Interceder, pedir en favor de otro […] lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios. En el tiempo de la Iglesia, la intercesión cristiana participa de la de Cristo: es la expresión de la comunión de los santos» (n. 2635). Cuando rezamos estamos en sintonía con la misericordia de Dios. Jesús es nuestro intercesor. Rezar es hacer un poco como Jesús.
A la oración le importa el hombre. Simplemente el hombre. Quien no ama al hermano no reza seriamente. En medio del odio y de la indiferencia no se puede rezar. En la Iglesia, quien conoce la tristeza o la alegría del otro va más en profundidad de quien indaga los “sistemas máximos”. Por este motivo hay una experiencia del humano en cada oración, porque las personas, aunque puedan cometer errores, no deben ser nunca rechazadas o descartadas.
Cuando un creyente, movido por el Espíritu Santo, reza por los pecadores, no hace selecciones, no emite juicios de condena: reza por todos. Y reza también por sí mismo. En ese momento sabe que no es demasiado diferente de las personas por las que reza. Se siente pecador entre los pecadores. La lección de la parábola del fariseo y del publicano es siempre viva y actual (cfr Lc18,9-14): nosotros no somos mejores que nadie, todos somos hermanos en una comunidad de fragilidad, de sufrimientos y en el ser pecadores. Por eso una oración que podemos dirigir a Dios es esta: “¡Señor, no es justo ante ti ningún viviente (cfr Sal143,2), todos somos deudores que tienen una cuenta pendiente; no hay ninguno que sea impecable a tus ojos. Señor ten piedad de nosotros!”.
El mundo va adelante gracias a esta cadena de orantes que interceden, y que son en su mayoría desconocidos… ¡pero no para Dios! Hay muchos cristianos desconocidos que, en tiempo de persecución, han sabido repetir las palabras de nuestro Señor: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).
El buen pastor permanece fiel también delante de la constatación del pecado de la propia gente: continúa siendo padre también cuando sus hijos se alejan y lo abandonan. Persevera en el servicio de pastor también en relación con quien lo lleva a ensuciarse las manos; no cierra el corazón delante de quien quizá lo ha hecho sufrir.
La Iglesia, en todos sus miembros, tiene la misión de practicar la oración de intercesión. En particular tiene el deber quien está en un rol de responsabilidad: padres, educadores, ministros ordenados, superiores de comunidad… Como Abraham y Moisés, a veces deben “defender” delante de Dios a las personas encomendadas a ellos. En realidad, se trata de mirar con los ojos y el corazón de Dios, con su misma invencible compasión y ternura.
Todos somos hojas del mismo árbol: cada desprendimiento nos recuerda la gran piedad que debemos nutrir, en la oración, los unos por los otros.
Saludo en español
Queridos hermanos y hermanas: La oración verdadera no nos evade de la realidad. El que reza presenta al Señor los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren. Todos necesitamos tiempos y espacios de silencio y soledad para la relación con Dios, para escuchar su voz. En la oración, el Señor nos bendice y nos hace pan partido y repartido para la vida del mundo.
La oración de intercesión abre las puertas del corazón de quien reza a los demás. Es una puerta abierta para los que rezan sin saberlo, para los que no rezan pero esconden un grito sofocado en su interior, para los que se equivocaron y no encuentran el rumbo. Cualquiera puede encontrar en la persona orante un corazón compasivo que ruega por todos sin excluir a nadie. Es como una “antena” de Dios, que está en sintonía con su misericordia y ve a Cristo en los rostros de las personas por las que reza.
En la oración experimentamos que todos somos hermanos, que pertenecemos a la misma humanidad frágil y pecadora. El que reza lo hace por todos, y reza también por sí mismo. La Iglesia, en todos sus miembros, tiene la misión de practicar la oración de intercesión, especialmente quienes tienen un rol de responsabilidad: padres, educadores, sacerdotes, superiores de comunidad. Este modo de oración nos ayuda a mirar a los otros con los ojos y el corazón de Dios, con su misma ternura y compasión.
Saludo cordialmente a los fieles de lengua española. Mañana comenzamos las Ferias Mayores de Adviento, y la liturgia se centra con mayor énfasis en la preparación de la Natividad del Redentor.
En estos días tan especiales, los animo a dedicar más tiempo a la oración de intercesión: recemos con mayor intensidad pidiendo unos por otros, en particular por los que más sufren. Que Dios los bendiga.

Omella, el nuevo Tarancón

Cardenal Omella, el nuevo Tarancón: “Hagamos ahora lo mismo que en la Transición”
Con un estilo llano, directo, concreto, sencillo. Al estilo del Papa Francisco. Sin alardes retóricos
No cree en una Iglesia fortaleza acosada por unos políticos anticlericales, sino en una Iglesia samaritana y humilde, que tiende siempre su mano a la sociedad y a sus dirigentes.
Su presencia en la cúpula de la Iglesia española representa el ejemplo perfecto de la nueva sintonía de la jerarquía con Roma
Pertenece a ese grupo de obispos que, durante la involución eclesiástica de Juan Pablo II y Benedicto XVI, estuvo marginado y que, con la llegada del Papa Francisco, pasó al centro de la escena eclesial
16.11.2020 José Manuel Vidal
Su estreno, como todo en esta pandemia, fue peculiar. El cardenal Juan José Omella pronunció su primer discurso como presidente de los obispos españoles en una sala de la Casa de la Iglesia semivacía, desangelada. En la presidencia, estuvo acompañado a su derecha por el cardenal Osoro y a su izquierda, por el cardenal Blázquez. Y más lejos, a un lado el Nuncio de Su Santidad en España, Bernardito Auza, y al otro, el secretario del episcopado, Luis Argüello. En el hemiciclo, un puñado de arzobispos: Martínez, Barrio, del Rio, Sanz, Herráez, entre otros.
Aún sin alharacas, Omella tiene algo. Desprende carisma. Hace pensar en el cardenal Tarancón, incluso. Con su mismo sentido del humor, aunque menos socarrón que el cardenal de Burriana. Con su voz radiofónica y menos aguardentosa que la del cardenal de la Transición. Con su misma personalidad y carisma, que, desde la sencillez, le permite conseguir autoridad moral ante sus pares.
Su presencia en la cúpula de la Iglesia española representa el ejemplo perfecto de la nueva sintonía de la jerarquía con Roma. Porque Omella es el purpurado más cercano al Papa, con el que departe a menudo. Quizás por eso, es también el ejemplo perfecto del obispo ‘resistente’. Es decir, ese grupo de obispos que, durante la involución eclesiástica de Juan Pablo II y Benedicto XVI, estuvo marginado y que, con la llegada del Papa Francisco, pasó al centro de la escena eclesial.
Como hombre del Concilio Vaticano II, Omella no guarda rencor ni apuesta por la revancha, sino por el diálogo. No se considera el jefe de los obispos (como en la época del cardenal Rouco, el vicepapa español), sino como uno más, el ‘primus inter pares’.
Y estas convicciones profundas se plasman en su primer discurso. Con un estilo llano, directo, concreto, sencillo. Al estilo del Papa Francisco. Sin alardes retóricos. Sin elucubraciones teológicas, con realismo crítico. Y, siempre desde la dinámica del ver-juzgar y actuar, que aprendió de joven cura.
Un discurso largo (38 páginas), pero intenso y, sobre todo, preñado de parresía. Habla claro y con valentía, buscando siempre la colaboración y el diálogo, las claves que le han acompañado siempre a los largo de su ejercicio pastoral. No esconde nada. No oculta la preocupación de la Iglesia, por ejemplo, en el ámbito educativo, pero sin levantar muros. No cree en una Iglesia fortaleza acosada por unos políticos anticlericales, sino en una Iglesia samaritana y humilde, que tiende siempre su mano a la sociedad y a sus dirigentes.
Un discurso centrado en la realidad actual de un mundo y un país arrodillado ante la Covid-19. Por eso, comenzó pisando realidad. Con un recuerdo a los difuntos de la pandemia y solidaridad con los que “están sufriendo las consecuencias económicas, sociales y laborales”
Y remontándose a uno de los hitos del actual pontificado: el 27 de marzo, cuando el Papa Francisco se mostró solo ante el mundo en oración “en una oscura plaza de San Pedro sacudida por una gran tormenta”. Y, en medio de la plaza vacía y en silencio, el Papa lanzó al mundo el grito de ‘todos o ninguno o todo o nada’, con la imagen de la barca, en la que estamos todos, par remar juntos, si queremos salir de la pandemia. Una pandemia que, a juicio de Omella, está descosiendo las costuras de la civilización mundial y dejando al descubierto las desigualdades y el ecocidio.
Pero la Covid, que es catalizador de todos lo males, también se presenta como un crisol de solidaridad mundial, que ha abierto nuestros ojos y corazones a los que están tirados en la cuneta de la vida. Y, ahí está, para demostrarlo, el ejemplo de los sanitarios y de los propios clérigos, atendiendo a miles de personas.
Según Omella, la pandemia también puso al descubierto el lado oscuro de la sociedad. Por ejemplo, “el espectáculo del enfrentamiento casi continuo de los líderes políticos”, que puede “incentivar a desesperanza y hundir la autoestima colectiva”. Y critica abiertamente la dinámica de la “desconfianza constante, aunque se disfrace detrás de la defensa de algunos valores”, en clara referencia a la ultraderecha, pero sin hacer sangre ni descalificar por completo.
Eso sí, con claridad total: “El que se ha equivocado, que pida perdón. El que ha caído en la corrupción que devuelva lo robado”. Y, como es lógico, muchos pensamos en el Rey emérito y en una ristra de políticos.
Pero, una vez que les ha tirado de las orejas, Omella llama a la colaboración, siguiendo la lección política que el Papa dio a Sánchez en su reciente visita a Roma: “Es necesario construir la patria con todos”. Es decir, no es el momento de divisiones ni de populismos. O dicho de otra forma, “es el momento de la buena política”, la que mira el bien común.
La gran política, como en la época de la Transición, con concordia. Como recuerda el cardenal, “entonces, fuimos capaces de perdonarnos, de reconciliarnos, de programar unidos la España del futuro”. Y casi suplica: “Hagamos ahora lo mismo”. O dicho en terminología del Papa, “reducir la crispación y promover la cultura del encuentro”
En el ámbito económico, Omella señala la precariedad laboral y el desempleo en medio de la “peor recesión económica desde la II guerra mundial”. Y pide una política laboral que apueste por la dignidad de los trabajadores en una situación en que los más desfavorecidos lo están pasando cada vez peor, como certifica Caritas a diario.
Incluso para los Iglesia nos son buenos tiempos. De hecho, Omella reconoce que las colectas han menguado, “los cepillos se están quedando vacíos” y “a las parroquias les cuesta llegar a fin de mes”. Y, sin embargo, sigue siendo una Iglesia samaritana y hospital de campaña.
El otro ámbito que preocupa, desde siempre, a la Iglesia es el educativo y, como es lógico, al abordarlo lo hace barriendo para casa y pidiendo (también en esto como el Papa) un pacto educativo global a largo plazo, convertido en ley sólida. Lamentando, por supuesto, las trabas a la concertada y al derecho constitucional de los padres a elegir la educación que consideren para sus hijos. Y, por lo tanto, también la clase de religión en la escuela pública.
Tras asegurar que emigrar es un derecho de todo ser humano y condenar la eutanasia (“no hay enfermos ‘incuidables’ aunque sean incurables”), Omella terminó su discurso pidiendo una mayor integración europea e invitando a la sociedad a buscar lo esencial, acogiendo al Espíritu de Dios, que impulsa a nacer de nuevo a un deseo mundial de fraternidad. Un discurso con sabor taranconiano total

Claves contextuales de «Fratelli Tuti»

La “amistad social”, corazón de la nueva encíclica del Papa

  • Fratelli tutti

Para demostrar que la ‘amistad social’ es la clave de bóveda de su pensamiento, la expresión aparece en el mismo subtítulo de la encíclica

“Permitirá conocer a fondo el pensamiento social de Francisco”

Por centrarse en una de sus categorías preferidas y de las que mejor plasman su pensamiento social, la nueva encíclica marcará una diferencia fundamental respecto a la ‘Laudato si’

13.09.2020 José Manuel Vidal

Por ahora, apenas sabíamos su nombre: ‘Fratelli tutti’. Así, en italiano, para aludir, de nuevo, a una frase textual de Francisco de Asís. Pero los pocos que ya han tenido la fortuna de poder leerla aseguran que no será una encíclica más, sino que se trata de un texto fundamental en este pontificado.

Primero, porque recoge lo más característico del pensamiento social del Papa. Y, segundo, porque, al hacerlo, la encíclica permitirá conocer y entender a fondo a Francisco. Y es que, según nuestras fuentes, el texto se nuclea en torno a una categoría especialmente querida para Bergoglio, desde su época de arzobispo de Buenos Aires, la de “amistad social”.

Ya entonces, cuando regía la archidiócesis argentina, Bergoglio solía expresar con ella las relaciones positivas dentro de una sociedad. Y, por eso, prefería utilizar esta expresión frente a otras que suelen ideologizarse, como ‘reconciliación’ o ‘tolerancia’.

Por centrarse en una de sus categorías preferidas y de las que mejor plasman su pensamiento social, la nueva encíclica marcará una diferencia fundamental respecto a la ‘Laudato si’. Entre otras cosas, porque en ésta última, Francisco se sumergía en un tema que no solía frecuentar antes de ser Papa.

Y, de hecho, acaba de confesar que su “conversión ecológica” ha sido reciente. Es decir, escribió la ‘Laudato si’, porque le pareció un tema absolutamente crucial en este momento histórico, pero no era un leit motiv suyo, de los que le acompañaron durante toda su vida pastoral.

Por ejemplo, en el solemne Te Deum del año 2006, convocaba a promover «la fuerza transformadora de la amistad social», a la vez que condenaba «el internismo» y la «constante exclusión del que creemos contrario», así como las «desdichadas actitudes que nos encierran en el círculo vicioso de un enfrentamiento sin fin».

«(Seremos) felices si construimos un país donde el bien público, la iniciativa individual y la organización comunitaria no pugnen ni se aíslen, sino que entiendan que la sociabilidad y la reciprocidad son la única manera de sobrvivir y, Dios mediante, de crecer ante la amenaza de disolución», enfatizaba Bergoglio, quien sostenía que «nadie puede llegar a ser grande si no asume su pequeñez».

«Hoy se nos pide que redimamos y restauremos la amistad social, que está refundida. Y esto es trabajo artesanal, es trabajo que pasa por nuestras manos, por nuestra vida toda, por nuestro cuerpo, por nuestra carne», decía el cardenal e  2002, en la clausura de la V Jornada de Pastoral Social, que se realizó en el Instituto Sagrado Corazón de esta ciudad.

El arzobispo porteño pedía «restaurar la amistad social para que ya no se tenga en cuenta en las legislaciones o en los actos de gobierno lo formal sobre lo real».

«Cuando se pierde el señorío se le da primacía a lo formal sobre lo real. En cambio el señorío siempre nos lleva a la realidad tal cual es, y nos lleva a hacernos cargo de esa realidad aunque esté malherida», afirmaba el cardenal. Y pedía «restaurar lo que está roto, lo que se ha desgarrado, todo aquello que es fruto de la infidelidad, del pecado, del enanismo espiritual».

En cambio, toda la temática referente a la fraternidad humana y a la amistad social forman parte del núcleo de su pensamiento desde siempre y los ha desarrollado a fondo incluso antes de ser Papa.

Por eso, según nuestras fuentes, “será una encíclica que permitirá conocer y entender a fondo a Francisco y que recogerá lo más característico de su pensamiento social”.

De hecho, para demostrar que la ‘amistad social’ es la clave de bóveda de su pensamiento, la expresión aparece en el mismo subtítulo de la encíclica, en el que se indica que el texto trata sobre la fraternidad entre los pueblos, pero también sobre la ‘amistad social’.

Por su parte, el título será, de nuevo, en italiano: ‘Fratelli tutti’. Se trata de una expresión de San Francisco de Asís, que no cabe traducir, porque tiene gancho en italiano y es comprensible en todos los idiomas, al igual que ‘Laudato si’, el título de su anterior encíclica.