Corpus Christi

Un Dios a trozos y aparentemente destrozado

Corpus Christi: Un Dios que se da partido, a trozos.

Llamados a ser en común. La Eucaristía nos alimenta y nos empuja para construir y animar nuestra comunidad cristiana. No hay Eucaristía sin comunidad, ni comunidad cristiana si no es eucarística. La comunidad es el espacio donde creemos que podemos acompañar y ser acompañados, generar presencia, anuncio, denuncia y otro estilo de vida. En el detalle pequeño y oculto se despliega la fuerza radical del resucitado que se hace presencia real y oculta más allá de lo que tú comtemplas

Por José Moreno Losada

Queremos crear, desde el amor de Cristo que se nos da como pan, espacios liberados donde el que sufre, encuentra consuelo; donde el sediento, encuentra fuentes de vida y ánimo para saciarse y seguir caminando; donde el que necesita cuidado, acogida y cariño, encuentra la cercanía del otro que le dignifica y le reconoce en su dignidad de humano y de hijo de Dios. La dimensión socio caritativa de nuestra fe y de nuestras comunidades, alimentada eucarísticamente, ha de ser priorizada en nuestras parroquias, asociaciones, movimientos, congregaciones, en toda la Iglesia. Cáritas es un instrumento de concienciación y animación en este sentido, que nos invita a construir la casa de todos.

 Desde la comunidad cristiana, sabiendo que gente pequeña con cosas pequeñas y en pequeños lugares, vamos transformando como levadura y sal el mundo. El horizonte eucarístico de la Iglesia está claro: habitados y alimentados por la presencia real de Cristo en la Eucaristía, estamos llamados a ser eucarísticos, a ser pan partido y comido por los hermanos, especialmente por los que tienen hambre y sed de justicia. Así seremos los cristianos, prolongación de esta presencia real eucarística en medio del mundo, entre los hermanos, y seguiremos caminando hacia la Vida Eterna.

Correos de sacramentalidad y presencia real

ordenador

Así lo siento hoy al recibir un correo electrónico en mi dirección de la universidad:

“Soy …, alumna de doctorado de la facultad y ocasionalmente profesora sustituta en el departamento… Pero le conozco por otro motivo. Tuve el placer de conocerle cuando ofició el funeral de mi hermana. Tengo un agradable recuerdo de esa misa. Consiguió que el momento más doloroso de mi vida fuera bonito y mi hermana tuviera la despedida que se merecía, algo que alivió en gran medida nuestro dolor y que le agradeceremos siempre. Para que recuerde de quién se trata, le paso las bellas palabras que escribió en el periódico sobre ella… En esta ocasión le escribo porque el próximo año me gustaría casarme y desde el entierro de mi hermana supe que, llegado el momento, le pediría a usted si podría oficiar la boda. Para mí es importante porque creo que mi hermana estaría de alguna manera presente ese día con nosotros si usted oficiara la misa, pero también porque creo que tiene una sensibilidad especial para recoger el sentir de las personas a las que acompaña. A nosotras, en un ratito, supo conocernos bien. Por estos motivos, a mi pareja, Ángel, y a mí nos alegraría enormemente que pudiera estar con nosotros ese día.”

Repaso aquella nota del cuaderno de vida, ante la celebración del Corpus próximamente, y veo que es la mística del Dios troceado que hace pan de gloria y vida donde muchos sólo ven límites y exclusión… la presencia real de Cristo.

Un regalo divino y una madre “héroe”

madre

Me comunica el compañero de la parroquia que ha fallecido una persona de nuestra demarcación parroquial, que si puedo realizar su funeral el miércoles en la mañana. Me dice que es una chica de treinta y dos años, pero que no tenemos más referencias. Me paso hoy por el tanatorio, a última hora de la noche antes de regresar a casa, para conectar con la familia y situarme de cara al funeral que voy a celebrar mañana para orar por esta persona fallecida, junto a su familia y conocidos.

Al llegar me saludan conocidos de la parroquia que van a dar su sentido pésame a la familia y ya me dan pormenores interesantes de la situación. Alicia, la fallecida, tenía treinta y dos años y ha sufrido parálisis desde su nacimiento, siendo dependiente total. Su madre quedó viuda cuando ella tenía ocho años y otra hermana, Sara, cinco. Ha luchado  y se ha entregado por sus hijas como una “madre héroe”, sobre todo por la que más la necesitaba. Después del saludo, con su madre y su hermana, enseguida brota su sentir en estos momentos de dolor. Y según me van relatando lo que sienten y viven ante la muerte de la hija y la hermana, me voy sintiendo bañado de evangelio y de gracia vivida a borbotones. Su visión creyente y agradecida de la vida de esta criatura amada para ellas, me hace  emocionarme de encontrar tanta fe en la vivencia de una enfermedad y una limitación tan profunda.

Toda una vida llena de vida: presencia real

Al nacer, le pronosticaron un año de vida, consideran un regalo de Dios haberla tenido  más de treinta. Sara me dice, que la gente no puede imaginarlo, pero la sensibilidad que ella ha adquirido en la relación con su hermana es algo que no puede compararse con todos los estudios de su vida, ni con la riqueza. Su madre me dice que tiene una paz y una serenidad, en medio del dolor, de haber sido fiel en el amor, de haber amado y sentirse amada por ella, y que ahora todo su amor se centrará en Sara, a quien ha descuidado más porque podía volar por ella misma. Le sostiene la esperanza de que ahora va a ser cuidada por su padre, que ya la adelantó en el morir, y por el Buen Dios, que siempre ha estado junto a ella y ahora la tiene ya consigo para siempre. Tras orar con ellos ante el cadáver cuidado y rodeado de bellas flores blancas, de sencillez, pureza y hermosura, me vengo a casa, callado en el coche, dejando que el eco del encuentro se repita y se repita, y en él encuentro respuesta a esa pregunta tan constante para el hombre, sobre todo ante el dolor, la debilidad, la limitación: ¿Dónde está Dios?

Ante Alicia, ¿Dónde estaba Dios?

Y siento que el propio eco de lo recibido en minutos, se me hace grito y respuesta a la luz del evangelio que se ha hecho vida en esta persona y en la relación vivida con los suyos. Una vez más lo que dice el evangelio no es verdad porque lo diga el evangelio, sino porque es verdad en la vida, pasa realmente. Y así lo creo, se vuelve a cumplir lo de la verdadera señal de Dios:

“Esta es la señal, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”

Dios se ha revelado en Alicia:

–          Envuelta en pañales y acostada en un pesebre: dependiente.

Dios se ha hecho fuerte en tu debilidad. Tú has  vivido y has luchado en tu limitación, has sido un referente de esfuerzo y lucha por vivir. Has llegado a la meta, lo has conseguido, has entrado triunfante en la gloria.

Dios ha sacado lo mejor de mucha gente desde tu debilidad.

Has sido sentido y sentimiento de Dios por el camino de lo frágil, de lo que no cuenta para el mundo ni para la sociedad. Nadie puede imaginar lo que tú valías, tu verdadero valor en el amor, nada más que los que te han querido y el Dios de la vida que ahora te ha protegido para la vida eterna.

No hay duda de que serás tú la que les abras la puerta del cielo a todos tus seres queridos cuando allí lleguen.  Y  con cantos, salto, brincos y carreras les abrirás todas las estancias, los caminos, las praderas del gozo y de la vida.

–          Rodeada de cariño y cuidados: Mayores. Abuelas, tíos, primos, jóvenes, niños…cuidados.

Dios se ha revelado sonrisa en tu rostro.

Juego en tu inocencia

Alegría en tu relación.

Gozo en lo gozado por ti.

cruz

Y en ti, Dios, ha sido fuente de cariño y de bondad para muchos.

–          Piedra angular: Centro de vida para su madre y su hermana.

La piedra que desecharon los arquitectos –un año- ha sido piedra angular, un edificio triangular, rodeados de su familia. Nada de descarte, clara opción: no ha sido un castigo ha sido un regalo de Dios. Dice su madre: “Tu nos la diste y ahora te la entregamos agradecidos y esperanzados, sabiendo que tú la vas a cuidar con mimos divinos que acabarán con todos sus límites.”

–          Fuente y Lugar de la mayor sensibilidad.

Dice su hermana: No seríamos las personas que somos sin ella, no sentiríamos lo que sentimos, ni con todos los estudios del mundo.

Nos has dado la riqueza de sentir de un modo especial y único, que no todos lo entienden ni lo comprenden, lo que Dios enseña a los sencillos de corazón.

–          Oración de la madre ante la vida ultimada de Alicia:

¿Cómo te podremos pagar Señor, todo el bien que nos has hecho con Alicia?

–          Alzaremos la copa de la salvación e invocaremos tu nombre, y anunciaremos ante toda la asamblea que el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

 Grande porque nos eligió para ser portadores del tesoro de la vida de Alicia, un tesoro en vasija de barro, que hemos cuidado con amor hasta su último suspiro.

 Porque has atendido nuestro ruego pedigüeño de que no sufriera para morir y que  ella  me antecediera en la marcha  y se fuera abrazada maternalmente hasta el último momento, para que así me puedas abrir las puertas del paraíso cuando  llegue yo también a la plenitud, contigo y con papá, y  allí nos encontremos definitivamente para no morir ni sufrir, sino solo gozar llenos de vida y de ilusión sin fin”

 Aquel día como sacerdote, fui a conocer, consolar, y salí confortado, reconocido y fortalecido en mi fe. Gracias Alicia, gracias familia, que Dios os bendiga y sintáis pronto el ciento por uno de todo lo amado. Ya no te veremos en tus sillas de ruedas, en tus paseos por el barrio y la zona, ahora serás tú la que, gloriosa desde el cielo, nos veas, nos sonrías y nos alegres la vida a los que vamos deambulando y muchas veces tropezando por este valle de esperanza.

Ese día comulgamos con el Cristo glorioso en la celebración eucarística de despedida de Alicia, pronto, Dios mediante, lo haremos también con la misma presencia de Cristo resucitado en el pan de la Eucaristía, cuando celebremos el amor de esta pareja, Sara  -su hermana- y Ángel. Gracias Padre por hacerte cada día pan partido en el camino de la vida y alimentarnos a los que te buscamos en la vida de lo diario y en el corazón de lo humano.

Semana Laudato Si -2022

«Escuchar y caminar juntos»

Desde el discasterio romano encargado del tema de la ecología integral hacen una llamada a la celebración de la semana Laudato si´ del 22 de mayo al 29. Las parroquias, movimientos, diócesis comienzan a prepararse para dicha celebración buscando llevar la encíclica a la vida, al pensar, sentir y actuar de la ciudadanía creyente en medio del mundo.

 | José Moreno Losada

En Mérida – Badajoz nos vamos preparando  y abriendo a distintos actos que van a ir celebrándose en nuestra comunidad diocesana. La delegación anima a esta reflexión y toma de conciencia con un vídeo programático al hilo del lema: «Escuchar y caminar juntos».  La elaboración está planteada desde lo urbano en el parque de la universidad en Badajoz y  la peregrinación por las villuercas y a Guadalupe:

La Buena Noticia del Dgo de Ramos-C

 Domingo de Ramos para desear paz

Ramos

La paz y los ramos de olivos. Hoy, la puerta de la ciudad se abre de par en par, no puede resistirse ante la humildad profunda de la sencillez del hombre, sobre un sencillo asno, un ser desnudo de toda posesión y abierto a la mayor entrega que pueda darse en lo humano.

La comunidad siente en sus propias venas el vino de una alegría esperanzada, aquí está el sorbo de la vida que se da a borbotones y que no puede ser parada, la sangre de la alianza, el amor que no tiene medida y que se hace moneda sencilla en las manos de los pobres en una gratuidad absoluta. Este es el rey de una humanidad que se hace fraternidad que teje redes de comunidad y se salta todos los muros que separan y excluyen, que dilapidan y condenan.

El signo se hace celebración, las calles lo gritan, la sed es tan grande que nadie puede quedar indiferente ante esta agua que da la vida, este camino que lleva al ser, esta luz que ilumina el interior, esta verdad que declara inocente a los inocentes y denuncia, por amor, a los culpables. Mientras tanto los negociantes del mercado, los constructores de templos ficticios, los que ponen su fuerza en las armas y en la guerra, los que se idolatran a sí mismos con un poder y una gloria falsificada, solo buscan cómo apagar este deseo de verdad y de vida, como hacer el trueque con una esclavitud dulce y segura, cómo crucificar al verdadero para seguir viviendo en la mentira que produce muerte y exclusión, en la herida de una humanidad sufriente en la inocencia y en la sencillez.

Pero hoy, gocemos del sentimiento de la humanidad sencilla y desnuda que abre puertas y derriba muros por el camino de la mansedumbre y la paz. ¡Hosanna el hijo de David!

Por José Moreno Losada

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (22,14–23,56):

En aquel tiempo, los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas llevaron a Jesús a presencia de Pilato.
No encuentro ninguna culpa en este hombre
C. Y se pusieron a acusarlo diciendo
S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos
al César, y diciendo que él es el Mesías rey».
C. Pilatos le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. El le responde:
+ «Tú lo dices».
C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:
S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».
C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho.
Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo todo esto.
C. Pero ellos insitían con más fuerza, diciendo:
S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».
C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes,
que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio
C. Herodes, al vera a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre si.
Pilato entregó a Jesús a su voluntad
C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo:
S. «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Ellos vociferaron en masa:
S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».
C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando:
S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».
C. Por tercera vez les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío.
Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad.
Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí.
C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.
Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: «Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado». Entonces empezarán a decirles a los montes: «Caed sobre nosotros», y a las colinas: «Cubridnos»; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿que harán con el seco?».
C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen
C. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Jesús decía:
+ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».
C. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.
Este es el rey de los judíos
C. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo:
S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
C. Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:
S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
C. Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».
Hoy estarás conmigo en el paraíso
C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
C. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:
S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada».
C. Y decía:
S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
C. Jesús le dijo:
+ «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu
C. Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».
C. Y, dicho esto, expiró.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa
C. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo:
S. «Realmente, este hombre era justo».

Comentarios a la lectura

MURIÓ COMO HABÍA VIVIDO

¿Cómo vivió Jesús sus últimas horas? ¿Cuál fue su actitud en el momento de la ejecución? Los evangelios no se detienen a analizar sus sentimientos. Sencillamente recuerdan que Jesús murió como había vivido. Lucas, por ejemplo, ha querido destacar la bondad de Jesús hasta el final, su cercanía a los que sufren y su capacidad de perdonar. Según su relato, Jesús murió amando.

En medio del gentío que observa el paso de los condenados camino de la cruz, unas mujeres se acercan a Jesús llorando. No pueden verlo sufrir así. Jesús «se vuelve hacia ellas» y las mira con la misma ternura con que las había mirado siempre: «No lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos». Así marcha Jesús hacia la cruz: pensando más en aquellas pobres madres que en su propio sufrimiento.

Faltan pocas horas para el final. Desde la cruz solo se escuchan los insultos de algunos y los gritos de dolor de los ajusticiados. De pronto, uno de ellos se dirige a Jesús: «Acuérdate de mí». Su respuesta es inmediata: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso». Siempre ha hecho lo mismo: quitar miedos, infundir confianza en Dios, contagiar esperanza. Así lo sigue haciendo hasta el final.

El momento de la crucifixión es inolvidable. Mientras los soldados lo van clavando en el madero, Jesús dice: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que están haciendo». Así es Jesús. Así ha vivido siempre: ofreciendo a los pecadores el perdón del Padre, sin que se lo merezcan. Según Lucas, Jesús muere pidiendo al Padre que siga bendiciendo a los que lo crucifican, que siga ofreciendo su amor, su perdón y su paz a todos, incluso a los que lo están matando.

No es extraño que Pablo de Tarso invite a los cristianos de Corinto a que descubran el misterio que se encierra en el Crucificado: «En Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres». Así está Dios en la cruz: no acusándonos de nuestros pecados, sino ofreciéndonos su perdón

Por José Antonio Pagola

La Navidad

“Envuelto en pañales y acostado en un pesebre”: tejiendo comunidad desde lo pequeño y lo minoritario


Abrirnos al misterio de su nacimiento supone adentrarnos en la sacramentalidad de lo pequeño y lo minoritario. Dimensiones fundamentales que no son causadas por el mundo que nos atenaza y oprime, sino que nacen del amor profundo y compasivo de nuestro Dios, que nos salva y nos muestra su poder en la mayor debilidad de un amor que apuesta por los últimos, por lo pequeño, por el menor. La salvación sólo puede venir por la pobreza que enriquece. La navidad nos invita a escapar de la riqueza y el poder que empobrece. Por eso ofrece a la Iglesia los caminos de lo humano para la trascendencia.

Encuentro con él

Hoy como nunca hemos de volver a la humanidad de Jesucristo como clave de la Iglesia y su ministerialidad. Estamos llamados a creer e invitar a creer en Jesucristo tal cual él se nos manifiesta y se revela en su propia persona, en su nacimiento, vida, muerte y resurrección. Es apasionante el preguntarnos con verdad cómo vivir nuestra fe en Cristo y así poder proponerla a otros. La Navidad nos invita a vivir en el gozo de la fe como punto de partida, alegría de un Dios encarnado que nos hace posible el encuentro comunional con él.

Nos reconocemos profundamente agraciados por el don de la fe en Jesucristo. “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” (Sal 126,3). La fe en Jesucristo es el gran don que el Padre y el Espíritu Santo nos han regalado. El conocimiento de Jesucristo es la piedra preciosa por la que se puede vender todo lo demás (cf Mt 13,45-46). “Lo que entonces consideraba una ganancia, ahora lo considero pérdida por amor a Cristo. Es más, pienso que nada vale la pena si se compara con el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él he sacrificado todas las cosas, y todo lo tengo por estiércol con tal de ganar a Cristo” (Flp 3,7-8). El ángel a los pastores se lo anuncia con fuerza y gracia: “Alegraos… hoy os ha nacido un Salvador”.

Las celebraciones, los pasajes bíblicos de este tiempo litúrgico pretenden renovarnos en la verdadera alegría de nuestra fe, es momento de volver a la contemplación desnuda de lo humano como revelación de lo divino. Nada nos podrá separar de este amor que se ha hecho carne en Belén, somos el pueblo de la encarnación, señales de un misterio de amor revelado en lo pequeño e insignificante, de lo envuelto en pañales.

A partir de este acontecimiento cristológico somos conscientes de que “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en él, que no hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón” (EG 266).

La pobreza de Dios

Celebrar la Navidad es reconocer con alegría nuestro encuentro con Jesucristo y entender que este misterio es el que nos une a toda la humanidad y a toda la creación. Somos afortunados, porque hemos recibido algo que nadie nos podrá quitar, como es la alegría del Evangelio. Pero la alegría de este nacimiento, de este encuentro de Dios con la humanidad en la carne del niño de Belén no es propiedad privada, es el pueblo el que vive y encuentra a Jesús en su nacimiento, el pueblo pequeño y minoritario, pero pueblo.

El encuentro con Jesucristo nos remite siempre a la comunidad de hermanos, la Iglesia. La fe en Jesucristo es, a la vez, un acto personal y un acto comunitario; es una persona concreta la que se encuentra con Jesucristo y se fía de Él, pero ese encuentro acontece en el corazón de la comunidad eclesial y nos vincula a ella. La fe no puede nacer ni desarrollarse sin la compañía de otros creyentes. Sólo junto con otros creyentes podemos también nosotros profesar la fe en Jesucristo, narrarla, celebrarla y vivirla.

De la Iglesia, además, proceden los elementos que van nutriendo la fe: la predicación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y la praxis del amor. Todos los testigos de aquel nacimiento lo fueron en un sentido de lo comunitario y de lo compartido, nadie se pudo apropiar del espíritu libre de la pobreza de Dios, que se deshacía en luz para toda la humanidad, pero con los medios más sencillos y pobres de aquel lugar y en aquel momento. Y el anuncio de este Dios encarnado no puede realizarse al margen de la Iglesia; la Iglesia es necesaria para el anuncio de Jesucristo. Pero por eso mismo, a la hora de proponer la fe en Jesucristo no es insignificante la imagen pública de la Iglesia.

Estamos llamados eclesialmente a desnudarnos de todo aquello que obstaculiza la presentación de un misterio tan pequeño y tan débil en la comprensión del mundo y tan fuerte y profundo en la mirada teológica del amor de Dios. La navidad invita a despojarnos –desmundanizarnos– de los poderes y las estructuras que no nacen del espíritu y que deforman y disfrazan el verdadero anuncio a los pastores sencillos y al pueblo que espera un mensaje de salvación en la historia actual. Hemos de convertirnos a lo pequeño y a lo minoritario si no queremos pecar contra la encarnación de nuestro Dios.

Necesitados de Adviento

 

Acabamos de celebrar con perspectivas de universalidad cristiana y de humanidad fraterna “el tiempo de la creación” en el que el papa Francisco nos invitaba a preguntarnos y dejarnos interpelar en el deseo de construir una casa para todos, nos hemos sentido llamados una vez más a soñar y desear la renovación del Oikos –la casa- de Dios. La cumbre del cambio climático reciente nos ha dejado perplejos. Cáritas tocada por este sueño eclesial y evangélico, desde siempre, se abre ahora con fuerzas y con ganas para seguir trabajando en el compromiso de tejer redes de comunidad, para seguir avanzando en la construcción de una casa verdaderamente común. 

Por| José Moreno Losada 

Necesitados de Adviento, de esperanza. 

La situación concreta y actual que vivimos refuerza ese deseo de evangelio, las claves que hemos recibido tanto de la encíclica Laudato si, como de Tutti Fratelli nos lo están pidiendo y animando. Nos encontramos en un momento de gracia, un verdadero kairós, hoy más que nunca los cristianos estamos llamados a vivir la dimensión profética de nuestro bautismo, a sentir la eficacia de un crisma vivo, con el que hemos sido ungidos como sacerdotes que entregan su vida para un mundo mejor, como profetas que alimentan de esperanza los momentos más difíciles de la historia, y como reyes que organizan su compromiso a favor de una sociedad que debe estar regida por la compasión y la misericordia. Ahora es momento de ser nudos en la red de lo común, hemos de salir a alta mar para echar las redes a otros lados y no permitir que nadie se ahogue en nuestras orillas ni en las de lejos. La marea está fuerte pero nuestra fe está llamada a confiar en él que va con nosotros en nuestra barca, aunque esta parezca a veces que se va a hundir. Aquí está nuestro Adviento, siempre nuevo, que viene a alimentar nuestra esperanza, nuestro corazón para renovarnos en la alegría del evangelio para seguir creyendo en la comunidad de los hermanos. Ahora más que nunca estamos necesitados del adviento, ahora más que nunca tenemos que gritar con toda la creación y con toda la humanidad: Maranatha, ven Señor Jesús. 

El fundamento y la razón de nuestra esperanza: Alfa y Omega. 

La Ecología Integral como horizonte. 

En el pensamiento cristiano la relación cosmos, hombre y Dios viene transversalizada por la revelación divina como Dios creador, encarnado, crucificado y resucitado. Nuestro origen, nuestro alfa, está fundamentado en el amor de Dios, nuestro Dios creador se nos revela como Padre que todo lo que crea por puro amor, así lo confesaba el pueblo elegido y así lo confesamos nosotros.  

En el origen nos encontramos con el fundamento absoluto del amor que da razón de todo lo que existe, nuestro Dios creador es nuestro salvador, creación y salvación se interrelacionan y no son entendibles de otro modo para nosotros. Ese fundamento se nos manifiesta radicalmente cuando el creador, por el mismo amor, se hace criatura en la encarnación, en Jesús de Nazaret. Reconocemos la relación del absoluto con las criaturas en Cristo, sabiendo que nada de lo creado le es ajeno habiéndose él mismo hecho creatura en comunión de dependencia y de limitación, y así también de esperanza y de reino. Tocada la realidad en un amor divino hasta la muerte en cruz, sabemos que nada nos podrá separar del amor de Dios que se ha manifestado en Cristo, ni a nosotros ni a la creación. Y el crucificado resucitado nos abre el horizonte del verdadero sentido de una ecología integral que se dice de modo trascendente. Todo está llamado a la vida y a la plenitud, creemos en la resurrección de los muertos y en l vida del mundo futuro, por eso vivimos en continúo adviento, preñados de esperanza. Por eso nos abrimos de corazón a la preocupación y al mensaje evangelizador del deseo de una ecología verdaderamente integral, en la que nada nos es ajeno, y en la que proclamamos desde lo terreno, lo humano y lo divino que todo está interrelacionado y debe estar interconectado, nos abrimos a un horizonte de plenitud, esperamos la llegada de ese Reino de la armonía y el gozo completo. Con estos presupuestos teológicos necesitamos escuchar y acoger el grito de la tierra y el grito de lo humano como lugar de encuentro y de salvación. La cuestión y la urgencia de la ecología integral, es clave esencial del sentido del adviento, es una cuestión fundamental para nosotros hoy: “Dado que todo está íntimamente relacionado, y que los problemas actuales requieren una mirada que tenga en cuenta todos los factores de la crisis mundial, propongo que nos detengamos ahora a pensar en los distintos aspectos de una ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales.” LS 137 

Ante la realidad se nos abre el corazón en oración y esperanza, el adviento de lo nuevo. 

Nos aprietan, pero no nos aplastan… sentimos el peso cansado de una historia que a veces nos rompe en el camino, sentimos el dolor que dificulta la respiración de lo humano y de lo natural, pero nada puede acabar con nuestra esperanza. La esperanza ese valor fundamental para permanecer en la vida, la que viene con el Adviento de lo posible porque redescubrimos el amor y la fuerza de la justicia compasiva divina. Ahora es momento de sembrarnos en una historia que será nueva, venimos con la experiencia del dolor y de la dificultad, pero con la savia del amor descubierto que permanece más allá de lo que nos provoca la muerte. 

Hoy más que nunca tenemos razones para la esperanza y sentimos la responsabilidad de sembrarla y celebrarla con la humanidad entera. Hoy nos abrimos a este tiempo y a esta palabra que no deja rendijas a la desesperación y al desánimo. Ahora es el tiempo en el que no anunciamos éxito, ni siquiera progreso, pero sí fraternidad y compasión universal. Paz y armonía de lo común, somos una familia y toda la tierra es nuestra casa y lo será gloriosa. Ven Señor, Jesús. 

Un nuevo libro para una <iglesia sinodal

El sueño hecho realidad: un libro nuevo para una iglesia sinodal
«Proponer y presentar un libro de trabajo y reflexión no es usual, pero lo es menos que el trabajo presentado esté realizado con un planteamiento de verdadera sinodalidad entre muchos colaboradores»
«En esta pequeña aportación que hacemos se funde la verdad de un sínodo abierto, el sueño de un Papa inquieto, el eco de una feligresía universal, y el deseo de una iglesia de verdadera sinodalidad»
«No es baladí que los pueblos originarios se conviertan en punto de reflexión y conversión para toda la iglesia, sigue siendo cierto que Dios se hace fuerte en la debilidad»
El libro está prologado por el Cardenal Pedro Ricardo Barreto S.J., arzobispo de Huancayo, Vicepresidente de la Red Eclesial Panamazónica, REPAM
04.11.2020 José Moreno Losada
A pocos meses de la constitución de la CEAMA (Conferencia Eclesial de la Amazonia) y en el primer aniversario de la clausura de Sínodo para la región Panamazónica, nos alegra poder presentar a través de la Editorial PPC, el libro “Querida Amazonía. Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. La obra está enfocada a ayudar a todo tipo de personas y comunidades cristianas que quieran conocer la Exhortación apostólica Querida Amazonía y el Documento Final del Sínodo de los Obispos 2019. Incluye distintas propuestas pedagógicas que pueden adaptarse a niños, jóvenes y adultos.
La redacción del libro ha sido para nosotros una experiencia en línea sinodal con la esperanza de crecer en alegría del Evangelio y servicio a los pobres. El trabajo hunde sus raíces en el proceso de antes, durante y después del Sínodo. Con esta visión, aborda las condiciones de una pastoral en salida que busca la conversión eclesial y el encuentro. Desde realidades eclesiales de la región amazónica hemos compartido fe y vivencias con muy variadas personas, europeas y de la Amazonía, de la jerarquía eclesiástica y de la base popular, seglares con compromiso y sacerdores, líderes de comunidades, mayores y jóvenes, hombres y mujeres, del campo y de la Universidad. Un proceso de camino a la sinodalidad.
El libro está prologado por el Cardenal Pedro Ricardo Barreto S.J. (Arzobispo de Huancayo, Vicepresidente de la Red Eclesial Panamazónica, REPAM). Contiene Lecturas Creyentes de la Realidadde Ana Gamarra (Doctora en Economía y especialista en Finanzas P úblicas, Perú – Unión Europea); el Equipo Itinerante de la REPAM; Arturo Angulo (Consultor de la FAO en América Latina, Africa y España); Galo Bilbao (Profesor de la Universidad de Deusto, experto en Ética y Derechos Humanos); Oraciones de Arely de Dios Román (Licenciada en Turismo, de la Universidad Tecnológica de Honduras); Sonia Fernández Holguín, (Licenciada en Matemáticas, de Entreculturas, España) y Susana Guerrero (Máster en Gerencia Social y Estrategias y Tecnologías para el Desarrollo, de Perú) y Cesar Caro (Sacerdote y Misionero en Indiana, Perú).
También recoge Hechos de Vida de Patricia Gualinga (Defensora del pueblo originario kichwa de Sarayaku, Ecuador); Alirio Cáceres (Ingeniero Químico Ambientalista y Teólogo de Colombia); Noelia Morales, Educadora de los HH. Maristas en Bolivia; Thony Huera, Ingeniero Ambiental de la Universidad Estatal Amazónica de Ecuador y Pilar Cuevas, Misionera Carmelita Vedruna en España y Reflexiones de Jose Javier Travieso CMF, (Obispo del Vicariato Apostólico de San José del Amazonas, Perú), Fernándo Lopez SJ, (del Consejo Indigenista Misionero en Brasil), Andrez Piña (Sacerdote diocesano, Misionero en Aucayo, Perú; Dominik Skatula, (Misionera laica en Alto Napo, Perú); Eugenia Lloris, (Misionera de la Fraternidad del Verbum Dei en Brasil); Sebastián Taltavull , (Obispo de Mallorca, España); Tania Ávila , (Teóloga de la Red Amerindia en Cochabamba, Bolivia); Adela Salas, Arquitecta, (Instituto de Habitabilidad Básica ICHaB-UPM de Madrid, España) y Mauricio López (Primer Secretario Ejecutivo de la REPAM).
Esperamos que este libro, con sus textos originales del documento, metodología y propuestas de trabajo sea útil para acercarnos a “Querida Amazonía”, escucharnos mutuamente, reconocernos, dejarnos iluminar por la Palabra de Dios e interpretar los signos de los tiempos desde nuestra fe.