Yolanda: generosidad, magia y memoria

a ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, durante la presentación hoy viernes de su proyecto "Suma" en el espacio cultural El Matadero, en Madrid. EFE / Zipi Aragón.
La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, durante la presentación de su proyecto «Suma» en el espacio cultural El Matadero, en Madrid.

Sumar necesita sumandos, o de la magia creativa

El proceso Sumar que arrancó Yolanda Díaz en Madrid este domingo desde el Matadero  (también, vaya nombre) tiene que obrar alguna suerte de «magia creativa». Una alquimia que permita ver luz donde los mortales solo vemos sombras y callejones sin salida. Se trata de solventar asuntos que tienen, objetivamente, difícil solución y que afectan de manera central a esos males necesarios que son los partidos (los partidos políticos, como las comunidades de vecinos, son males necesarios). Magia crativa que sirva para superar los egos, lograr madurar a los frívolos, reconocer a los esforzados, tranquilizar a los urgidos, plantar cara a los canallas y sonreír a los dolientes. Problemas tan enredados que sólo personas con especiales cualidades pueden desplegar (y no lo podrán hacer solas). Por eso levanta tantas expectativas y activa las eergías utópicas). Es tarea para un gran liderazgo propio de, como dicen los chinos, tiempos interesantes. Es decir, tiempos jodidos.

Yolanda tiene que volver a sumar ese impulso que, nacido del 15M, quebró en España el bipartidismo y logró en 2015 seis millones de votos -cinco millones de Podemos y uno de Izquierda Unida-. Proceso que pilló a las élites con el pie cambiado -y al Emérito con la cadera partida-, pero al que le fueron quitando la frescura, haciéndole, poco a poco, el traje que desactivara su capacidad de transformación. Parte de ese proceso que nació en las plazas y mutó en partido se ha ido fragmentando en estos ocho años, a menudo con salidas que incluían portazos. Este primer grupo es el que más atención ha recibido hasta hoy de Yolanda Díaz.

Díaz tiene también que enamorar a los nuevos votantes, especialmente a los jóvenes que  empezaron a mirar el mundo comiéndose la crisis de 2008. Esa generación que cuando sus familias estaban levantando la cabeza tuvo que enfrentar el COVID-19 y su confinamiento distópico. Y para rematar -ahora bien traído- que cuando se vacunó y se quitó las mascarillas, cuando se inundó de la alegría de volver a verse las caras y tocarse, vio empañarse su suerte por la guerra en Ucrania, que está llenando Europa de incertidumbre y miedo. Una guerra que ha dado el empujón definitivo a los precios, augura nuevas crisis y promete nuevos argumentos a los neoliberales que habían perdido todos los argumentos durante la pandemia.

Por último, y es donde el proyecto levanta más recelos, Yolanda tiene que sumar a todas y todos los que en los últimos diez años han puesto el cuerpo, con éxito, para que España sea un país más decente (y donde estaría ella misma). Y digo con éxito, porque Unidas Podemos puede presentar una hoja de servicios abultada en su breve paso -y pese a su minoría- por el Gobierno. Esto es lo que marca la enorme diferencia con los partidos en el 15M, cuando todos, cada uno por sus razones, fueron reprobados por la ciudadanía. Recordemos que desde Izquierda Unida se disparó con dureza contra el 15M, algo menos comprensible en su momento que los ataques que lanzaba el PP o el PSOE. El gobierno de coalición no está sabiendo contarlo, pero ha cambiado este país. Como recordó la propia Yolanda Díaz en su presentación, si en vez del gobierno de coalición hubiera estado gobernando el PSOE en solitario o las derechas, la suerte de las mayorías habría sido otra y a peor.

Sumar no puede partir de cero ni presentar a Podemos a la misma altura que el PSOE, el PP, Vox  o Ciudadanos. En primer lugar porque es evidente que no es verdad (y sin la verdad no hay posibilidad de movilizar a un pueblo); en segundo, porque entonces tendría que llamarse Restar y no Sumar, lo que no nos llevaría muy lejos. Y en tercer lugar, porque, como se ha demostrado en Andalucía, pretender dejar fuera a Podemos conduce al desastre. Claro que mucha gente que está en el «grupo uno» -el de los desenamorados- tiene rencores con Podemos. En el encuentro en el Matadero había muchos antiguos miembros de Podemos que perdieron primarias y terminaron marchándose, y a los que les costaba esfuerzo incluso saludar.

Repetir que el proyecto va sin siglas y sin partidos ¿puede conducir a buen puerto? La derecha puede hacer Listas Macron o candidaturas como la de Manuela Carmena en Madrid. La izquierda necesita proyectos. Y estructuras, capacidad de diálogo, promesa de continuidad. Eso lo dan las organizaciones, no solo las personas (por otro lado, esenciales). Como apenas está arrancando, Yolanda Díaz y su equipo -donde tiene mucha importancia el PCE, lo que no deja de ser una paradoja- irán evaluando si esa hoja de ruta que prescinde de los partidos y del pasado es correcta y, en caso de que no lo sea, deberán corregir el rumbo. No deben perder mucho tiempo porque el calendario corre más de lo que se imaginan.

Ma-me-mi-memoria

De niños debieran enseñarnos a escribir con la palabra memoria. Ma-me-mi-memoria. Para que nunca se nos olvide que porque fuereon, somos.

Ya he contado alguna vez lo que me molestó en mi adolescencia la película El cielo puede esperar, dirigida y protagonizada por Warren Beatty,  seguramente el peor actor norteamericano del último medio siglo -intuyo a Pedro Vallín moviendo su liberal cuello mostrando justicieramente su acuerdo con esta aseveración-. Al argumento. Un jugador de fútbol americano, enamoradísimo de una bella joven, tiene un accidente menor en un partido y, contra todo pronótico, fallece. Nadie entiende nada al ver sobre el cesped su cuerpo sin vida. Al mismo tiempo en otro lugar, un piloto de riesgo choca estrepitosamente y su coche se incendia. Sin embargo, y también de manera incomprensible, sale ileso. Los caminos del Señor son inescrutables. Cuando el futbolista llega el cielo, los agentes de San Pedro constatan que ha habido un imperdonable error: el que tenía que haber fallecido era el piloto. La solución que buscan aún me persigue: para que el amor pueda triunfar, el deportista regresará a la tierra en otro cuerpo pero con la misma memoria, concediéndosele tres meses para que vuelva a enamorar a la joven. Si no lo logra, regresará al cielo a lamentar toda la eternidad el error. Pero si la chica se enamora, todo el pasado del jugador de rugby desaparecerá, se olvidará de su biografía y empezará una nueva vida en ese cuerpo y en esa memoria. Me levanté del asiento: ¡Pero cómo! grité en el cine. ¡Pero si le quitan los recuerdos es como si le mataran! ¡Sin memoria lo están volviendo a asesinar! No me echaron de la sala porque la película ya había acabado.

Tres días antes de presentar Podemos en el Teatro del Barrio, Pablo Iglesias y yo bajamos desde Madrid a Córdoba a presentarle el proyecto a Julio Anguita. Si no lo hubiera bendecido, no creo que yo hubiera participado de la fundación de Podemos.

Ofrecer, como ayer representó Yolanda Díaz, olvidar a partidos y siglas para volver a movilizar a nuestro pueblo es injusto y, además, un error. Sumar no le puede decir a las fuerzas que nacen del 15M lo que allí se expresó con un exceso de arrogancia: ¡Que no hablen los de siempre! ¿Serigne Mbaye, por poner el ejemplo más evidente, es un político de los que siempre han hablado? Al revés: nunca le dejaron hablar. Confrontar en el seno de lo que suma no sirve para avanzar. Olvidar la última década no puede servir para movilizar a una nueva mayoría. Melénchon en Francia o Gustavo Petro en Colombia han recuperado el pasado de la izquierda para convertirlo en una promesa de esperanza de futuro. Sin nostalgias e incluso convirtiendo ese dolor en República, en nación. Siempre con respeto. No es mirar por el retrovisor: es leer correctamente el esfuerzo de los que anticiparon nuestra rabia. Porque fueron somos.

Tres días antes de presentar Podemos en el Teatro del Barrio, Pablo Iglesias y yo bajamos desde Madrid a Córdoba a presentarle el proyecto a Julio Anguita. Si no lo hubiera bendecido, no creo que yo hubiera participado de la fundación de Podemos. Podemos tenía sentido si sumaba lo mejor del pasado, que en ese momento estaba huérfano de representación política por errores propios, no por la voluntad del sistema de aniquilarlo (como hemos visto que han intentado hacer con Podemos y sus líderes). De hecho, Anguita estaba impulsando en ese momento el Frente Cívico, que fue el más claro antecedente de Podemos. Porque Izquierda Unida no funcionaba. De la misma manera le decíamos a los votantes del PSOE: los verdaderos sociales están hoy en Podemos.

La lealtad, ha escrito en las redes Miguél Ángel Llamas, es un valor que se aprende en el barrio. Continuaba: «En mi cabeza no cabe que si eres vicepresidenta y líder del espacio del cambio gracias a Unidas Podemos, no dediques ni una palabra a la gente que lo hizo posible sufriendo acoso y cloacas». En la presentación de Yolanda Díaz no hubo ninguna referencia al acoso a Podemos. Repito: no es una queja moral por no reconocer todo lo realizado en lucha contra el Estado profundo, sino que expresa un error de cálculo que impide que el proyecto se desborde. Cada día más gente se da cuenta de lo que se ha hecho contra Podemos. Y sobre ese reconocimiento hay que ensanchar el espacio. Necesitamos que Sumar se desborde.

Esta semana pudo saber toda España que Podemos sufrió una conspiración donde participaron políticos, policías, jueces y medios de comunicación.  Ferreras, Inda, Villarejo, Cospedal todos caimanes del mismo foso. Me ha estremecido escuchar a Dolores de Cospedal, Ministra de Defensa de Rajoy, pactar con el presuntísimo corrupto Villarejo inventar pruebas para «arruinar la vida» a Pablo Iglesias y a un servidor.  Que Villarejo diga que arruinarme la vida es «fundamental» me preocupa. Aunque a veces se olvide, me temo que empezaron conmigo. También sabemos que acompañaron ese intento el Ministro del Interior Jorge Fernández Díaz,  la «policía política» -que se decía patriótica- y ya veremos si también algún colaborador necesario más, como Cristobal Montoro, al que en su día reprendió la Agencia Tributaria por abusar de ella para perseguirmos a los adversarios políticos. Todo con un fin muy claro, como lo expresaron Villerejo y Cospedal: arruinar la vida a estos hijos de puta. Es decir, a nosotros. ¿Y todo por qué? No es muy complicado: porque no pudieron comprarnos. Hemos sabido también que el periodista Antonio Ferreras publicó información falsa sobre Pablo Iglesias y Podemos sabiendo que era una manipulación. Fue el que le dio eco a las mentiras de Eduardo Inda, un sicario del periodismo que, ya sabemos, no es diferente de Ferreras. La jueza Gladys López Manzanares archivó la querella de Iglesias porque la información que habían manipulado Villarejo, Ferreras e Inda era «veraz».

Una democracia que se arranca su memoria no puede ser, porque si ha llegado llegado hasta ahí ha sido «siendo». Como el jugador de rugby al que le borran sus recuerdos: es un fake, porque es otra persona, la han matado definitivamente. El proyecto político que representa la lucha contra el neoliberalismo no puede arrancarse  sí misma su memori pensando que así le van a perdonar no sé qué pecados y va a arrasar en las urnas. Porque si no sabe de dónde viene no va a saber a dónde va. Y sin claridad en la ideología no puede haber claridad en la organización.

Apenas arrancando, mucha inteligencia, mucha generosidad

Podemos ha cometido errores -sobre todo por no haber evitado las divisiones internas y por no haber desarrollado una estructura de democracia interna más sólida-. Pero, a día de hoy, ha demostrado, pese a los ataques del Estado profundo, ser el espacio político que responde con más contundencia al momento actual de crisis del neoliberalismo. Podemos sola no puede, pero sin ella todo el mundo intuye que algo no funciona. Son tiempos, en todos sitios, de Frentes Amplios, donde tienen que aprender a convivir diferentes ideologías («El Frente Amplio -me dijo una vez Pepe Mujica en Montevideo- es más amplio que frente»). Por eso hace falta Yolanda Díaz. Y su magia creativa. Para sumar lo que está separado y tiene todas las papeletas para seguir separado. Por eso los que estuvimos en la primera hornada tenemos que marcar distancias. Es el momento de otra gente.

Podemos ha abierto camino. Es muy evidente ese liderazgo de Podemos en temas feministas, lo es con diferencia en cuestiones sociales, saca sobresaliente a la hora de ser valiente cuando señala los elementos judiciales, policiales y mediáticos que frenan la democracia en España, encabeza la reflexión republicana y  tiene en su debe hacer un mayor esfuerzo en cuestiones ecologistas. ¿Qué garantía hay de que el proyecto de Sumar va a ir más allá de lo alcanzado por Podemos? ¿No se corre el riesgo de tirar por la borda el esfuerzo de un pueblo que se echó a las calles el 15M, rompió el bipartidismo, entró en el Gobierno y ha logrado cosas tan señaladas como el freno radical a la corrupción desde el Gobierno, las subidas del ingreso mínimo vital, los ERTES, el escudo social, las leyes feministas, la ley Riders, la lucha contra los alquileres desmesurados, la defensa de las pensiones, la ley de infancia, la ley de eutanasia…? Podemos va a seguir consolidando su trabajo político. No tiene que preocuparse por su futuro porque apenas es ahora que está empezando a construirse como partido-movimiento. Pero es normal que a veces no entienda cuando no se le mira con generosidad. La misma que se le pide.

Sumar a los que se pelearon, sumar a los que aún no están y sumar a los que han seguido levantando en su pluralidad el espacio del cambio. Estos últimos son los que han permitido que Yolanda Díaz arranque, como Vicepresidenta y Ministra de Trabajo, un proceso que este viernes en la Plaza del Matadero, en la inauguración de Sumar, está lleno de esperanza, de alegría, de optimismo. Y de mucha gente joven, lo que es un mensaje de futuro.

Tanto por hacer y no poco lo hecho. Como la tarea es ingente, hay que convocar a la magia blanca -incluso un poco de la negra, que España es diversa- e invitar a la creatividad. La creatividad nace en contextos limpios. Para que generosidad y creatividad fluyan, hay que desterrar todas las suspicacias. La generosidad tiene que desbordarnos. A todas y todos. Porque como decía Agustín de Hipona, el que ama nunca hace daño. En la plaza del Matadero (qué nombrecito) nace un plan de regeneración. Con los mimbres que tenemos y con todo lo que nos inventemos. A trabajar y a cuidarnos. Todas y todos. Nadie dirá que estamos quietos. Será por eso que tanto les molestamos. Ya nos da lo mismo. Nos interesa lo que construyamos.

Sumar necesita sumandos, o de la magia creativa

Por Juan Carlos Monedero

El proceso Sumar que arrancó Yolanda Díaz en Madrid este domingo desde el Matadero  (también, vaya nombre) tiene que obrar alguna suerte de «magia creativa». Una alquimia que permita ver luz donde los mortales solo vemos sombras y callejones sin salida. Se trata de solventar asuntos que tienen, objetivamente, difícil solución y que afectan de manera central a esos males necesarios que son los partidos (los partidos políticos, como las comunidades de vecinos, son males necesarios). Magia crativa que sirva para superar los egos, lograr madurar a los frívolos, reconocer a los esforzados, tranquilizar a los urgidos, plantar cara a los canallas y sonreír a los dolientes. Problemas tan enredados que sólo personas con especiales cualidades pueden desplegar (y no lo podrán hacer solas). Por eso levanta tantas expectativas y activa las eergías utópicas). Es tarea para un gran liderazgo propio de, como dicen los chinos, tiempos interesantes. Es decir, tiempos jodidos.

Yolanda tiene que volver a sumar ese impulso que, nacido del 15M, quebró en España el bipartidismo y logró en 2015 seis millones de votos -cinco millones de Podemos y uno de Izquierda Unida-. Proceso que pilló a las élites con el pie cambiado -y al Emérito con la cadera partida-, pero al que le fueron quitando la frescura, haciéndole, poco a poco, el traje que desactivara su capacidad de transformación. Parte de ese proceso que nació en las plazas y mutó en partido se ha ido fragmentando en estos ocho años, a menudo con salidas que incluían portazos. Este primer grupo es el que más atención ha recibido hasta hoy de Yolanda Díaz.

Díaz tiene también que enamorar a los nuevos votantes, especialmente a los jóvenes que  empezaron a mirar el mundo comiéndose la crisis de 2008. Esa generación que cuando sus familias estaban levantando la cabeza tuvo que enfrentar el COVID-19 y su confinamiento distópico. Y para rematar -ahora bien traído- que cuando se vacunó y se quitó las mascarillas, cuando se inundó de la alegría de volver a verse las caras y tocarse, vio empañarse su suerte por la guerra en Ucrania, que está llenando Europa de incertidumbre y miedo. Una guerra que ha dado el empujón definitivo a los precios, augura nuevas crisis y promete nuevos argumentos a los neoliberales que habían perdido todos los argumentos durante la pandemia.

Por último, y es donde el proyecto levanta más recelos, Yolanda tiene que sumar a todas y todos los que en los últimos diez años han puesto el cuerpo, con éxito, para que España sea un país más decente (y donde estaría ella misma). Y digo con éxito, porque Unidas Podemos puede presentar una hoja de servicios abultada en su breve paso -y pese a su minoría- por el Gobierno. Esto es lo que marca la enorme diferencia con los partidos en el 15M, cuando todos, cada uno por sus razones, fueron reprobados por la ciudadanía. Recordemos que desde Izquierda Unida se disparó con dureza contra el 15M, algo menos comprensible en su momento que los ataques que lanzaba el PP o el PSOE. El gobierno de coalición no está sabiendo contarlo, pero ha cambiado este país. Como recordó la propia Yolanda Díaz en su presentación, si en vez del gobierno de coalición hubiera estado gobernando el PSOE en solitario o las derechas, la suerte de las mayorías habría sido otra y a peor.

Sumar no puede partir de cero ni presentar a Podemos a la misma altura que el PSOE, el PP, Vox  o Ciudadanos. En primer lugar porque es evidente que no es verdad (y sin la verdad no hay posibilidad de movilizar a un pueblo); en segundo, porque entonces tendría que llamarse Restar y no Sumar, lo que no nos llevaría muy lejos. Y en tercer lugar, porque, como se ha demostrado en Andalucía, pretender dejar fuera a Podemos conduce al desastre. Claro que mucha gente que está en el «grupo uno» -el de los desenamorados- tiene rencores con Podemos. En el encuentro en el Matadero había muchos antiguos miembros de Podemos que perdieron primarias y terminaron marchándose, y a los que les costaba esfuerzo incluso saludar.

Repetir que el proyecto va sin siglas y sin partidos ¿puede conducir a buen puerto? La derecha puede hacer Listas Macron o candidaturas como la de Manuela Carmena en Madrid. La izquierda necesita proyectos. Y estructuras, capacidad de diálogo, promesa de continuidad. Eso lo dan las organizaciones, no solo las personas (por otro lado, esenciales). Como apenas está arrancando, Yolanda Díaz y su equipo -donde tiene mucha importancia el PCE, lo que no deja de ser una paradoja- irán evaluando si esa hoja de ruta que prescinde de los partidos y del pasado es correcta y, en caso de que no lo sea, deberán corregir el rumbo. No deben perder mucho tiempo porque el calendario corre más de lo que se imaginan.

Ma-me-mi-memoria

De niños debieran enseñarnos a escribir con la palabra memoria. Ma-me-mi-memoria. Para que nunca se nos olvide que porque fuereon, somos.

Ya he contado alguna vez lo que me molestó en mi adolescencia la película El cielo puede esperar, dirigida y protagonizada por Warren Beatty,  seguramente el peor actor norteamericano del último medio siglo -intuyo a Pedro Vallín moviendo su liberal cuello mostrando justicieramente su acuerdo con esta aseveración-. Al argumento. Un jugador de fútbol americano, enamoradísimo de una bella joven, tiene un accidente menor en un partido y, contra todo pronótico, fallece. Nadie entiende nada al ver sobre el cesped su cuerpo sin vida. Al mismo tiempo en otro lugar, un piloto de riesgo choca estrepitosamente y su coche se incendia. Sin embargo, y también de manera incomprensible, sale ileso. Los caminos del Señor son inescrutables. Cuando el futbolista llega el cielo, los agentes de San Pedro constatan que ha habido un imperdonable error: el que tenía que haber fallecido era el piloto. La solución que buscan aún me persigue: para que el amor pueda triunfar, el deportista regresará a la tierra en otro cuerpo pero con la misma memoria, concediéndosele tres meses para que vuelva a enamorar a la joven. Si no lo logra, regresará al cielo a lamentar toda la eternidad el error. Pero si la chica se enamora, todo el pasado del jugador de rugby desaparecerá, se olvidará de su biografía y empezará una nueva vida en ese cuerpo y en esa memoria. Me levanté del asiento: ¡Pero cómo! grité en el cine. ¡Pero si le quitan los recuerdos es como si le mataran! ¡Sin memoria lo están volviendo a asesinar! No me echaron de la sala porque la película ya había acabado.

Tres días antes de presentar Podemos en el Teatro del Barrio, Pablo Iglesias y yo bajamos desde Madrid a Córdoba a presentarle el proyecto a Julio Anguita. Si no lo hubiera bendecido, no creo que yo hubiera participado de la fundación de Podemos.

Ofrecer, como ayer representó Yolanda Díaz, olvidar a partidos y siglas para volver a movilizar a nuestro pueblo es injusto y, además, un error. Sumar no le puede decir a las fuerzas que nacen del 15M lo que allí se expresó con un exceso de arrogancia: ¡Que no hablen los de siempre! ¿Serigne Mbaye, por poner el ejemplo más evidente, es un político de los que siempre han hablado? Al revés: nunca le dejaron hablar. Confrontar en el seno de lo que suma no sirve para avanzar. Olvidar la última década no puede servir para movilizar a una nueva mayoría. Melénchon en Francia o Gustavo Petro en Colombia han recuperado el pasado de la izquierda para convertirlo en una promesa de esperanza de futuro. Sin nostalgias e incluso convirtiendo ese dolor en República, en nación. Siempre con respeto. No es mirar por el retrovisor: es leer correctamente el esfuerzo de los que anticiparon nuestra rabia. Porque fueron somos.

Tres días antes de presentar Podemos en el Teatro del Barrio, Pablo Iglesias y yo bajamos desde Madrid a Córdoba a presentarle el proyecto a Julio Anguita. Si no lo hubiera bendecido, no creo que yo hubiera participado de la fundación de Podemos. Podemos tenía sentido si sumaba lo mejor del pasado, que en ese momento estaba huérfano de representación política por errores propios, no por la voluntad del sistema de aniquilarlo (como hemos visto que han intentado hacer con Podemos y sus líderes). De hecho, Anguita estaba impulsando en ese momento el Frente Cívico, que fue el más claro antecedente de Podemos. Porque Izquierda Unida no funcionaba. De la misma manera le decíamos a los votantes del PSOE: los verdaderos sociales están hoy en Podemos.

La lealtad, ha escrito en las redes Miguél Ángel Llamas, es un valor que se aprende en el barrio. Continuaba: «En mi cabeza no cabe que si eres vicepresidenta y líder del espacio del cambio gracias a Unidas Podemos, no dediques ni una palabra a la gente que lo hizo posible sufriendo acoso y cloacas». En la presentación de Yolanda Díaz no hubo ninguna referencia al acoso a Podemos. Repito: no es una queja moral por no reconocer todo lo realizado en lucha contra el Estado profundo, sino que expresa un error de cálculo que impide que el proyecto se desborde. Cada día más gente se da cuenta de lo que se ha hecho contra Podemos. Y sobre ese reconocimiento hay que ensanchar el espacio. Necesitamos que Sumar se desborde.

Esta semana pudo saber toda España que Podemos sufrió una conspiración donde participaron políticos, policías, jueces y medios de comunicación.  Me ha estremecido escuchar a Dolores de Cospedal, Ministra de Defensa de Rajoy, pactar con el presuntísimo corrupto Villarejo inventar pruebas para «arruinar la vida» a Pablo Iglesias y a un servidor.  Que Villarejo diga que arruinarme la vida es «fundamental» me preocupa. Aunque a veces se olvide, me temo que empezaron conmigo. También sabemos que acompañaron ese intento el Ministro del Interior Jorge Fernández Díaz,  la «policía política» -que se decía patriótica- y ya veremos si también algún colaborador necesario más, como Cristobal Montoro, al que en su día reprendió la Agencia Tributaria por abusar de ella para perseguirmos a los adversarios políticos. Todo con un fin muy claro, como lo expresaron Villerjo y Cospedal: arruinar la vida a estos hijos de puta. Es decir, a nosotros. ¿Y todo por qué? No es muy complicado: porque no pudieron comprarnos.

Una democracia que se arranca su memoria no puede ser, porque si ha llegado llegado hasta ahí ha sido «siendo». Como el jugador de rugby al que le borran sus recuerdos: es un fake, porque es otra persona, la han matado definitivamente. El proyecto político que representa la lucha contra el neoliberalismo no puede arrancarse  sí misma su memori pensando que así le van a perdonar no sé qué pecados y va a arrasar en las urnas. Porque si no sabe de dónde viene no va a saber a dónde va. Y sin claridad en la ideología no puede haber claridad en la organización.

Apenas arrancando, mucha inteligencia, mucha generosidad

Podemos ha cometido errores -sobre todo por no haber evitado las divisiones internas y por no haber desarrollado una estructura de democracia interna más sólida-. Pero, a día de hoy, ha demostrado, pese a los ataques del Estado profundo, ser el espacio político que responde con más contundencia al momento actual de crisis del neoliberalismo. Podemos sola no puede, pero sin ella todo el mundo intuye que algo no funciona. Son tiempos, en todos sitios, de Frentes Amplios, donde tienen que aprender a convivir diferentes ideologías («El Frente Amplio -me dijo una vez Pepe Mujica en Montevideo- es más amplio que frente»). Por eso hace falta Yolanda Díaz. Y su magia creativa. Para sumar lo que está separado y tiene todas las papeletas para seguir separado. Por eso los que estuvimos en la primera hornada tenemos que marcar distancias. Es el momento de otra gente.

Podemos ha abierto camino. Es muy evidente ese liderazgo de Podemos en temas feministas, lo es con diferencia en cuestiones sociales, saca sobresaliente a la hora de ser valiente cuando señala los elementos judiciales, policiales y mediáticos que frenan la democracia en España, encabeza la reflexión republicana y  tiene en su debe hacer un mayor esfuerzo en cuestiones ecologistas. ¿Qué garantía hay de que el proyecto de Sumar va a ir más allá de lo alcanzado por Podemos? ¿No se corre el riesgo de tirar por la borda el esfuerzo de un pueblo que se echó a las calles el 15M, rompió el bipartidismo, entró en el Gobierno y ha logrado cosas tan señaladas como el freno radical a la corrupción desde el Gobierno, las subidas del ingreso mínimo vital, los ERTES, el escudo social, las leyes feministas, la ley Riders, la lucha contra los alquileres desmesurados, la defensa de las pensiones, la ley de infancia, la ley de eutanasia…? Podemos va a seguir consolidando su trabajo político. No tiene que preocuparse por su futuro porque apenas es ahora que está empezando a construirse como partido-movimiento. Pero es normal que a veces no entienda cuando no se le mira con generosidad. La misma que se le pide.

Sumar a los que se pelearon, sumar a los que aún no están y sumar a los que han seguido levantando en su pluralidad el espacio del cambio. Estos últimos son los que han permitido que Yolanda Díaz arranque, como Vicepresidenta y Ministra de Trabajo, un proceso que este viernes en la Plaza del Matadero, en la inauguración de Sumar, está lleno de esperanza, de alegría, de optimismo. Y de mucha gente joven, lo que es un mensaje de futuro.

Tanto por hacer y no poco lo hecho. Como la tarea es ingente, hay que convocar a la magia blanca -incluso un poco de la negra, que España es diversa- e invitar a la creatividad. La creatividad nace en contextos limpios. Para que generosidad y creatividad fluyan, hay que desterrar todas las suspicacias. La generosidad tiene que desbordarnos. A todas y todos. Porque como decía Agustín de Hipona, el que ama nunca hace daño. En la plaza del Matadero (qué nombrecito) nace un plan de regeneración. Con los mimbres que tenemos y con todo lo que nos inventemos. A trabajar y a cuidarnos. Todas y todos. Nadie dirá que estamos quietos. Será por eso que tanto les molestamos. Ya nos da lo mismo. Nos interesa lo que construyamos

Elecciones en Chile

Chile: una lucha contra el neoliberalismo y la tercera vía

Las protestas en todo el mundo en los últimos treinta años, de las protestas en México por el robo electoral de 1988 a la constituyente chilena, pasando por la década ganada en América Latina, las primaveras árabes o el 15M, están marcadas por la lucha contra el modelo neoliberal. Un modelo que se articuló con la crisis del keynesianismo y que fue aprovechado por las élites para vengarse de la derrota en la Segunda Guerra Mundial y la aplicación posterior de los Estados sociales y desarrollistas. Por eso, el modelo neoliberal -apertura de fronteras al capital y mercancías, privatización del sector público y desregulación financiera y laboral- tuvo como laboratorio el Chile de Pinochet donde, tras el asesinato de Allende y otros 4.000 chilenos, se impusieron unas recetas económicas durísimas en un país donde estaban prohibidos los sindicatos y los partidos políticos de izquierda.

Las luchas populares en el siglo XX habían sido contra el capitalismo pero, a partir de los 80, la agenda era una suerte de «postneoliberalismo» que tenía como problema añadido que la socialdemocracia había abrazado también el desmantelamiento del Estado social. En España, el PSOE ponía en marcha la reconversión industrial, eufemismo para el desmantelamiento de la industria. Decía que bajar impuestos a los ricos era de izquierdas y empezaba la venta de las joyas de la corona del sector público que culminaría Aznar. No en vano, Margaret Thatcher diría aquello de que su principal obra no fueron las Malvinas ni crujir a los sindicatos mineros, sino «Tony Blair».

La discusión que ha habido, está habiendo y habrá en España entre el PSOE y Unidas Podemos en torno a la derogación de la reforma laboral, las pensiones y los alquileres o la manera que se asumió para frenar las protestas por el empeoramiento de las condiciones de vida –Ley Mordaza-, vienen de cuando la socialdemocracia europea tiró la toalla y se entregó a los principios neoliberales. En Chile, lo hicieron a los tiros. En Europa, lo hizo la socialdemocracia. Hay transformaciones que no podría hacer la derecha. De esas se encargaron los que se llamaban «socialistas».

Recordemos que la estela de Nadia Calviño, Escrivá o María Jesús Montero viene de los tiempos de la tercera vía de Tony Blair, del Neue Mitte de Gerhard Schröder y de Bill Clinton afirmando que la España de Felipe González le había inspirado para el corrimiento del Partido Demócrata hacia posiciones republicanas (¿se entiende mejor de dónde viene Donald Trump?). Blair, por cierto, terminó enriquecido –junto a Aznar- al calor del magnate de los medios, Rupert Murdoch, que fue el que propagó mintiendo que en Irak había armas de destrucción masiva (dos de los europeos de la foto de los Azores, que funcionó como detonante de la invasión, entraron en nómina del que inventó la mentira. Mientras, el tercero, Durao Barroso, recibió el premio de dirigir la Comisión Europea. Roma paga bien a los traidores). Schröder terminó, igualmente enriquecido, pero trabajando para Gazprom, el oleoducto ruso que tenía que ser el principal suministrador de gas a Europa.

La batalla digital en el plebiscito 2.0 por el ‘sí’ o ‘no’ a Pinochet

Los términos del manifiesto que firmaron Blair y Schröder, que aquí fue secundado por José María Aznar y Felipe González, son los mismos que hoy comparte el PP y que hemos escuchado a algunos sectores del PSOE muy influenciados por la retórica de ajuste europea. Era la lectura económica en el PSOE cuando Pedro Sánchez empezaba sus primeros pasos en el partido.

En ese Manifiesto -«The Third Way/Die Neue Mitte»-, la declaración conjunta de 1999 del Primer Ministro británico Tony Blair y del Canciller alemán Gerhard Schroeder, se sentaron las bases igualmente del giro de la Unión Europea que solo con la crisis del covid-19 parece haber empezado a virar. Aparentemente, ese manifiesto era una celebración del éxito de los partidos socialdemócratas, si bien gran parte del mismo podría haber venido fácilmente de los partidos de la denominada derecha: «Las empresas deben tener margen de maniobra para beneficiarse de la mejora de las condiciones económicas y aprovechar las nuevas oportunidades: no deben estar amordazadas por las normas y los reglamentos»; «las reducciones del impuesto de sociedades aumentan la rentabilidad y refuerzan los incentivos para invertir (…). Ayuda a crear un círculo virtuoso de crecimiento»; «hay que simplificar la fiscalidad de las empresas y reducir los tipos del impuesto de sociedades»; «la conciencia social no puede medirse por el nivel de gasto público. La verdadera prueba para la sociedad es la eficacia con la que se utiliza este gasto»; «la responsabilidad del individuo para con su familia, su vecindario y la sociedad no puede descargarse en el Estado»; «en el sector público debe reducirse la burocracia a todos los niveles, deben formularse objetivos de rendimiento y controlarse rigurosamente la calidad de los servicios públicos».

Todo un programa para una socialdemocracia que asumió, junto al liberalismo político -la vía electoral parlamentaria como la única vía para expresar los conflictos sociales-, el liberalismo económico, que en el siglo XX ya era neoliberalismo, esto es, un Estado al servicio del beneficio empresarial, con el necesario acompañamiento del incremento de las desigualdades, de la impotencia redistributiva del Estado, de los paraísos -refugios- fiscales y del incremento de la represión.

Chile decide su futuro tras un estallido, una pandemia y una constituyente

Es en este marco en el que las élites, ante el nacimiento de una fuerza política claramente antineoliberal como Podemos, reclamaban una gran coalición entre el PSOE y el PP para mantener el statu quo. Y por eso, cada vez que el PSOE renuncia a pactar con Unidas Podemos el ahondamiento en  la agenda postneoliberal está trabajando para la gran coalición con la derecha, de la misma manera que cada vez que cede y cumple los acuerdos del Gobierno de coalición, el presidente Sánchez aprovecha y saca pecho y le dice a sus militantes lo socialistas que se han vuelto.

La agenda neoliberal, acordamos buscando una fecha, empezó en Chile con el golpe contra Allende -1973 fue también el año de la Guerra del Yon Kippur y la subida de los precios del petróleo y, sobre todo, del fin del capitalismo ordenado en Bretton Woods en 1945, con la liberalización de las monedas y pistoletazo de salida de la globalización-. A partir de entonces, con el Plan Condor y la represión de la izquierda de manera global, al igual que con la creación de la Trilateral (primer gobierno de la globalización en la sombra), comienza una arquitectura financiera internacional, mezcla de látigo económico y de pérdida de libertades ordenado supranacionalmente, que se ha comido buena parte de la soberanía de nuestros países.

Por eso, lo que hoy se juega en Chile si gana Gabriel Boric va más lejos de la expulsión de Kast, un neonazi que quiere regresar el pinochetismo a Chile y seguir los pasos de Bolsonaro. Es una señal regional del agotamiento del modelo neoliberal que debe llegar también a Europa. No en vano, la derecha y la ultraderecha mundial se han movilizado a favor de Kast, mientras la izquierda postneoliberal apuesta por Boric. No es extraño el apoyo entusiasta de Podemos a la candidatura de Boric ni tampoco el silencio del PSOE -después de haber entregado al canciller de Piñera, que apoya a Kast, la Secretaría Iberoamericana-. En Chile se está dirimiendo la misma pelea que hay en Europa entre una salida democrática a la crisis de 2008 y la del coronavirus, o un regreso a la noche de los tiempos. Y entendemos el apoyo del PP y de VOX a la apuesta reaccionaria de Kast, pero hace falta más firmeza en la socialdemocracia para no hacer el juego a cualquier forma de gran coalición. Gran coalición que no deja de ser la apuesta de las élites una vez que han fracasado con el plan de Ciudadanos y a las que el Gobierno del PP con Vox les abriría muchas incertidumbres como pasó en Alemania en 1933.

Se nos ha ido Arcadi Oliveres

Arcadi Oliveres nos deja dicho: sed buenos, mendrugos.

Por Juan Carlos Monedero

Ardadi Oliveres. Un economista que siempre supo que detrás de las cifras había gente. Se nos ha ido y no porque nos hubiera avisado, la tristeza se acomoda. Porque es una tristeza, como él diría, esperanzada. No es esa melancolía que te paraliza y te afloja las tuercas del cuerpo y de las ganas, sino una tristeza cómplice que sabe que el cuerpo es finito, y que por eso se esfuerza por dejar este mundo un poco mejor que como lo encontró. Todos los días desde hace mucho tiempo.

Arcadi era anticapitalista porque sabía que a fuerza de revolucionar los medios de producción en el molino satánico del mercado llegábamos a marte pero se nos morían niños en la costa, y se llenaban de plomo los ríos y de plástico los mares, y se hacían guerras para que se pudieran vender las armas y se desahuciaban a las familias para que los bancos tuvieran más dinero y se permitía a los fondos buitre que arrodillaran a los pueblos.

Arcadi era un hombre tranquilo, pero se enfadaba con los ladrones del tiempo, con ese enfado del que no te compra que una hora de la vida de un rico tiene más valor que una hora de la vida de un pobre. Le indignaba que todas las semanas hubiera un partido del siglo y esa ostentación de días de la patria llenos de generales impotentes que necesitan desfiles para demostrar lo larga que es la boca de sus cañones.

Le indignaba esa España que fusila rosas, obreros y poetas y ensalza a reyes puteros de un puterío aristocrático, a histriones que gritan en las teles y las radios, a aristócratas famosos porque no han trabajado nunca y a tránsfugas del sentido común a los que les huelen los pies, bajo la colonia cara, a franquismo y dictadura.

Arcadi era de una generación de luchadores de toda la vida, que se reían de la frase de Bertold Brecht de los imprescidibles todas las muchas veces que se la dedicaban los discípulos agradecidos, porque lo que hacía no lo hacía por las medallas de un verso o un Ministro, sino porque si no eras digno, tu vida era una mierda y eso era un lujo que no podía permitirse. Imagínate que hay un Dios y cómo le explicas tanto desperdicio…

Con los comunistas, igual que Bergamín, Arcadi iba hasta la muerte. Pero ni un paso más allá. Porque de essotra parte en la rivera era imposible que Arcadi dejará la memoria en donde ardía. Que de los asuntos de lo divino sabían Antígona, Jesucristo, los poetas y los enamorados como Arcadi.

Quería a Catalunya como se quierea un amor prohibido por la autoridad pertinente y le dolía España porque a fuerza de hacerse daño a sí misma se lo hacía también a los demás.

Entendía la justicia como reparación y reconocimiento y le dejaba las cárceles, los castigos, las multas y los linchamientos para los que preferían habitar la venganza que el despliegue del espíritu, ese que hacía crecer la libertad, la igualdad y la fraternidad.

La fraternidad, esa familia amplia y disidente de la izquierda que siempre supo que era la tradición que le había acompañado toda su vida.

En verdad, Arcadi se ha ido lo justo que nos tenemos todos que ir, y en la escuela que deja, en la memoria que regala, en el método de cielo cernido que construyó, ese camino para saber quitar la paja e ir al grano, nos queda la mejor de las enseñanzas: sed buenos, mendrugos.

Que los hombres realmente inteligentes son los hombres buenos. Porque el amor es la más destilada forma de inteligencia. Tanta que esa gente sabia te enseña y no te das cuenta de que te ha convertido en otra persona, que te ha hecho aflorar lo mejor de ti y ellos se ponen rojos solo de pensarlo porque les daría vergüenza hacerte pasar al otro lado del espejo.

Gente que aprendían tanto y se esforzaban tanto sobre todo para contárnoslo precisamente para eso: para que supiéramos después contárselo a otros.

Para ser porque ellos fueron.

Hoy que la primavera trae rayos de sol y despide un invierno feo y solitario, me voy a ir a pasear un rato con Arcadi, que seguro que se ha declarado insumiso del cielo.

Me ha parecido verle levantando con toda la dulzura el puño en una esquina de un barrio entre Nigeria y Casteldefells que está luchando