Día de Jueves Santo

Hoy, jueves santo, comenzamos el día con la Misa Crismal, en la que se bendicen los aceites perfumados que se utilizarán posteriormente en la mayoría de los sacramentos. Se conmemora además la realidad sacerdotal del pueblo cristiano. Se declara también este jueves como el día de los sacerdotes ministeriales, que presiden la Eucaristía en recuerdo y memoria del Señor. En esta primera misa se insiste en que la labor sacerdotal es una labor profundamente social. Se realiza en el banquete comunitario de la Eucaristía, desarrolla la fraternidad y conduce siempre a dar la buena noticia a los pobres y liberar a los oprimidos. La lectura del apocalipsis insiste en que esta labor sacerdotal nos incumbe a todos los cristianos, pues es un don del que “nos amó y nos purificó de nuestros pecados con su sangre y ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre”. Así como los sacerdotes ministeriales, los presbíteros, renuevan sus promesas sacerdotales, así también todos los cristianos y cristianas deben tomar conciencia de su sacerdocio general, que le llama a ser intermediarios entre los seres humanos y Dios a través del testimonio y de la acción.

En la tarde celebramos la Cena del Señor, con el signo fundamental del servicio plasmado en el lavatorio de los pies. Inicia con esta celebración el triduo pascual; el paso del Señor por la cruz que conduce a la resurrección. La Eucaristía queda reflejada en las lecturas como signo de liberación y servicio. Es la oración más perfecta de la Iglesia porque nos da siempre, en el sacramento, lo que este significa: entrega, confianza en Dios, caridad y comunión. Si en la oración mental o en la de petición podemos equivocarnos, en la Eucaristía siempre está el Señor con nosotros, incluso cuando nos distraemos y no le atendemos y escuchamos. Él se nos da en su totalidad de Hijo, verdadero Dios y verdadero ser humano. Y al dársenos, nos da también su Espíritu. Recibirlo, alegrarnos profundamente con este memorial eficaz, que repite en nuestra comunidad y en nuestro interior individual la muerte-resurrección salvadora del Señor, nos convierte siempre en discípulos y misioneros, amigos cercanos del Jesús que nos salva. “Les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”.

Por José Mª Tojeira

 

 

Jueves Santo

La eucaristía, cuidado singular de Jesús a sus discípulos

Que nos lavemos los pies unos a otros

Por | Rufo González

Comentario: “Lo que he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn 13,1-15)

Titulares sobresalientes del Vaticano II sobre la eucaristía: “Fuente y cima de toda la vida cristiana” (LG 11). “En ella se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo… Es fuente y culminación de toda evangelización… Es el centro de toda la asamblea de los fieles que preside el presbítero” (PO 5). “Ninguna comunidad cristiana se edifica sin que tenga su raíz y quicio (`radix´, `cardo´: bisagra, gozne, pernio, charnela) en la celebración de santísima Eucaristía” (PO 6). “El Señor dejó a los suyos prenda de su esperanza y alimento para el camino” en la Eucaristía (GS 38). Comentar estos titulares es una hermosa homilía.

La Cena de Jesús, “la original”, tiene pocas afinidades con la misa, su “reproducción” hoy. Celebra idéntico misterio: el cuidado de Jesús a sus discípulos: acompaña, inspira y alimenta. El modelo actual presenta casi toda la vida eclesial activa: une, reconcilia, habla, dialoga, recuerda la entrega de Jesús, reúne a vivos y difuntos, alimenta, agradece, envía al reino. Pero sigue, como escribe Pepe Mallo, “el excesivo ritualismo, ataviado con ropajes, expresiones, ademanes, que más bien asemejan una representación teatral que al recuerdo de la Cena del Señor. De expresar servicio ha pasado a “ser vicio”, de “cena” a “escena”. La ostentación es reflejo evidente de privilegio y poder… Afán exhibicionista: bicornios mitrales, lujosos báculos, vistosas cruces pectorales, casullas multicolores… Ostentación y segregación, separación de clero y fieles. ¿Qué aportan al recuerdo de la Cena del Señor los “ornamentos”? Lo define la propia palabra: adorno, suntuosidad, ornato. Jesús se pronunció contra el vestido como ostentación sacral: “¡No hagáis como ellos hacen!… pues agrandan sus distintivos religiosos (filacterias) y alargan los adornos (flecos) de sus mantos” (Mt 23,5)… Jesús y discípulos vistieron como hombres y mujeres de su tiempo, sin distinguirse por la ropa” (Blog “Atrévete a orar”. RD 05.03.2022). Sin duda, caben configuraciones nuevas, más inteligibles y eficaces pastoralmente. 

Juan sustituye el relato la Cena (ya en Jn 6, 23-50) por el lavatorio de los pies. Es un signo del cuidado fraternal que exige la Eucaristía. “El abuso de la celebración de la Eucaristía, según Pablo, no es la alteración de ritos, pues cada comunidad tenía sus ritos y y costumbres, sino el no compartir los alimentos con los hermanos más necesitados” (F. Bermúdez, “Nos va la fiesta. Recursos para celebraciones de la fe”. Pág. 19. Moceop. Albacete 2020) Sin cuidar de los hermanos, la eucaristía es una farsa, un sinsentido, un absurdo, un imposible cristiano: “vuestras reuniones causan más daño que provecho… ¿Tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los que no tienen?” (1Cor 11,22).

También en la cena de Jesús había egoísmo mezclado con amor. El egoísmo de Judas Iscariotes busca poder, dinero y brillo, produce envidia e insolidaridad, acarrea traiciones, mentiras… También la protesta de Pedro expresa egoísmo: no quiere que se pierdan las categorías y rangos mundanos. Tras la resurrección lo entenderá. El amor brilla en Jesús: “Os he dado ejemplo para lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. Jesús, Maestro y Señor, ama y cuida sin imposición. Contagia el amor gratuito del Padre. Nos da su Espíritu para que sigamos su camino de cuidados a toda la creación. Capacita para actuar como el Padre “que hacer salir el sol y bajar la lluvia sobre justos e injustos” (Mt 5,45). 

Oración: “Lo que he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn 13,1-15)

La eucaristía, Jesús, es “la hora” de tu entrega definitiva:

tras percibir que puedes ser asesinado de inmediato;

tras redoblar la confianza en el amor del Padre;

tras querer expresar a los discípulos el sentido de tu vida;

decides dejarles el memorial de tu presencia definitiva:

tu cuidado permanente, tu cercanía asombrosa…

Tu presencia resucitada nos cuida de muchos modos:

dándonos tu Espíritu en el agua bautismal;

fortaleciéndonos para ser tus testigos;

perdonando nuestros desvaríos sin cesar;

convocándonos en tu nombre:

para hacer memoria de tu vida entregada,

para dar gracias al Padre contigo por su Amor,

para alimentarnos con el pan y el vino de tu presencia;

consolándonos en la debilidad enferma de nuestra vida;

bendiciendo nuestros amores interpersonales;

desplegando carismas de servicio para el cuidado común;

haciéndonos ver tu presencia en cualquier necesitado…

El problema somos nosotros, tan limitados:

tardos en entender y en vivir tu presencia;

apegados a fuerzas opresoras por dentro y por fuera;

cegados por el ajetreo diario sin ver tu voluntad amorosa;

sordos al cuidado de los más débiles y empobrecidos.

Tu reino es fruto del cuidado fraternal:

que nace del amor del Padre, dador de vida;

que respeta y procura derechos y deberes humanos:

“derechos y deberes universales e inviolables… 

lo que necesitamos para una vida verdaderamente humana,

como son el alimento, el vestido, la vivienda,

el derecho a la libre elección de estado y a fundar una familia,

a la educación, al trabajo, a la buena fama, al respeto,

a una adecuada información,

a obrar de acuerdo con la norma recta de la conciencia,

a la protección de la vida privada

y a la justa libertad también en materia religiosa” (GS 26).

Adelantando muerte y resurrección, te haces cuidado ilimitado:

acompañas y trabajas como el Padre en nosotros (Jn 5,17);

creas una singular presencia de cuidado permanente:

presencia real, segura, de Hijo de Dios y Hermano nuestro.

Al comer el pan y beber el vino en memoria tuya,

nos dejamos asimilar por Ti, Jesús resucitado;

nuestra vida se va transformando en vida como la tuya;

nos “ceñimos con toalla” de servicio hasta la muerte;

“lavamos y secamos los pies” para que tengan vida;

no imponemos más leyes que el Evangelio;

alentamos ministerios y carismas de cuidado servicial;

así hacemos tu fraternidad, tu Iglesia.

Preces de los Fieles (Jueves Santo. 14.04.2022)

La Cena de Jesús y el Lavatorio de los pies son la esencia de nuestra fe, de nuestra vida cristiana, de nuestra Iglesia. Cenar con el Señor y lavar los pies a los hermanos es nuestra actividad esencial. Pidamos centrar nuestra vida en el cuidado servicial, diciendo: “Que nos lavemos los pies unos a otros”.

Por toda la Iglesia:

– que promueva y viva los derechos y deberes humanos;

– que sea espejo de transparencia, de respeto, de ayuda mutua…

Roguemos al Señor: “Que nos lavemos los pies unos a otros”.

Por las intenciones del Papa (abril 2022):

– que “los sanitarios atiendan enfermos y ancianos, sobre todo en los países más pobres”;

– que “el personal sanitario sea apoyado por los gobiernos y las comunidades locales”.

Roguemos al Señor: “Que nos lavemos los pies unos a otros”.

Por los servidores de las comunidades:

– que sean elegidos por todos, sin discriminación de género ni estado civil;

– que los obispos y presbíteros casados puedan ejercer su ministerio del Espíritu.

Roguemos al Señor: “Que nos lavemos los pies unos a otros”.

Por la comunidad internacional:

– que evite las tragedias humanas: guerras, refugiados, hambrunas…;

– que cuide el reparto de los bienes para que lleguen a todos.

Roguemos al Señor: “Que nos lavemos los pies unos a otros”.

Por los más vulnerables:

– que sean el centro de nuestra preocupación y cuidado;

– que se unan y trabajen por solucionar sus problemas.

Roguemos al Señor: “Que nos lavemos los pies unos a otros”.

Por esta celebración:

– que nos dé a gustar internamente la alegría del amor;

– que nos vincule a unos con otros para el cuidado mutuo.

Roguemos al Señor: “Que nos lavemos los pies unos a otros”.

Bendice, Señor, nuestros deseos. Danos tu Espíritu que nos anime al servicio y cuidado mutuos, siguiendo tu camino. Te lo pedimos a ti, Jesús resucitado, que vives por los siglos de los siglos.

Amén.

«Vive de la Eucaristía»

la Eucaristía nos convertimos con Cristo en pan partido para la vida del mundo

El pan partido
El pan partido

Por Carlos Osoro

Aprovechando el Jueves Santo, os escribo esta carta sobre la Eucaristía. Quiero que para nosotros sea un compromiso vivir de la Eucaristía. Gracias a ella la Iglesia renace de nuevo. Qué bueno es sentir a la Iglesia como una red: la comunidad cristiana, en la que recibimos al mismo Señor, nos transformamos en un solo cuerpo y abrazamos a todo el mundo. Esto tiene una trascendencia fundamental para la vida de los hombres y para cambiar la historia.

Ojalá siempre viviésemos lo que el Señor, en esa comunión con nosotros, engendra en nuestras vidas. Él hace posibles esas palabras que tantas veces hemos oído: «No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí». Es al Señor a quien dejamos actuar en nosotros: hacemos presente y regalamos su amor, su verdad, su justicia, su paz… Esto cambia el mundo. Aun con las incoherencias y defectos que tenemos cada uno, alimentar nuestra vida de Cristo Eucaristía transforma el mundo. Cambia nuestra vida, damos de lo que hemos recibido, damos de la vida de Cristo de la que nos alimentamos.

¡Qué maravilla descubrir la Eucaristía y ver que es el corazón de la Iglesia y de la vida cristiana! Como nos dijo el Papa san Juan Pablo II, «la Iglesia vive de la Eucaristía». Los discípulos de Cristo, con las distintas maneras de expresarnos que tenemos, vivimos de la Eucaristía: las familias cristianas que son pequeñas Iglesias domésticas, las parroquias, las pequeñas comunidades, los grupos apostólicos… ¡Qué bueno es contemplar a Cristo en la Eucaristía! Él se nos da, se nos entrega, nos edifica como su cuerpo. La Iglesia tiene la posibilidad de hacer la Eucaristía y la raíz está en la donación que Cristo hizo de sí mismo.

¿Os habéis dado cuenta de que es en la Eucaristía donde se realiza el proyecto de amor más grande para la redención del mundo? Jesús hace su entrega para la redención de la humanidad. Como también subrayaba san Juan Pablo II, «la Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no solo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación» (Ecclesia de Eucharistia, 11). 

Cuando celebramos la Eucaristía hacemos como los primeros cristianos que, según recoge los Hechos de los Apóstoles, «perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones» (Hch 2, 42). ¡Qué relato más profundo! Se dan estas características que nos posicionan en el mundo de una manera singular a los discípulos de Cristo: la fe, la predicación apostólica, el alimentarse con el partir el pan y la oración, y la preocupación por la construcción de la fraternidad y el servicio a los demás, muy especialmente a quienes más lo necesitan.

Recuerdo la carta que, con motivo del año 2000, nos escribió el Papa san Juan Pablo II, Novo millennio ineunte. Yo era obispo de Orense y señalabaalgo muy importante para la vida y la misión de la Iglesia: «Otro aspecto importante en que será necesario poner un decidido empeño programático, tanto en el ámbito de la Iglesia universal como de la Iglesias particulares, es el de la comunión (koinonía), que encarna y manifiesta la esencia misma del misterio de la Iglesia. […] Hace de todos nosotros “un solo corazón y una sola alma”». Y puedo añadir, sin dudarlo, que tampoco puede faltar la caridad; si falta esta, todo es inútil. Como han detallado santos como san Agustín, santo Tomás de Aquino o san Alberto Magno, siguiendo todos las huellas de san Pablo, la Eucaristía es el sacramento de la unidad de la Iglesia. 

¡Qué maravilla contemplar la Cena del Señor! Cuanto más la contemplamos, más vemos. En ella nació la Iglesia. En aquel lugar Jesucristo manifiesta el amor más grande que siempre impulsa a dar la vida. Me gusta ver y contemplar el lavatorio de los pies en el contexto eucarístico en el que se realiza; en él nos deja el mandamiento del amor, pero este mandato solamente es posible unidos a Él y, por eso, se queda entre nosotros en la Eucaristía.

En este momento que vive la humanidad, donde hay conflictos y las divisiones son manifiestas, vuelvo al apóstol san Pablo cuando dice que «el amor de Cristo (la caridad) no acaba nunca». La Eucaristía nos une a todos los que participamos en ella y nos alimentamos de ella. Cuando hay alguna división entre nosotros, nos reclama y nos llama e invita al amor, a difundirlo, a concederlo… En la Eucaristía nos convertimos con Cristo en pan partido para la vida del mundo. Gracias a la Eucaristía acabamos por ser cambiados misteriosamente.

El lavatorio de los pies del Jueves Santo

Francisco lavará mañana los pies a 12 personas privadas de la libertad

De nuevo, Francisco lavará los pies a 12 reclusos
De nuevo, Francisco lavará los pies a 12 recluso

Por Hernán Reyes Alcaide, corresponsal en el Vaticano

Una vez más, el Papa mostrará en Jueves Santo su cercanía con los detenidos. Pese a las reticencias vaticanas por confirmar la noticia, ya es seguro que el pontífice visitará a los presos de la Cárcel de Civitavecchia, un complejo penitenciario de la región Lacio que hospeda a 500 personas privadas de su libertad. 

Estamos agradecidos al Santo Padre por haber elegido, una vez más, una periferia existencial, un lugar de proximidad para relanzar un mensaje de cercanía y esperanza. al mundo», planteó en declaraciones a la prensa el jefe de los capellanes de las cárceles de Italia, el padre Raffaele Grimaldi.

Papa y presos

«Lavar los pies de 12 presos, inclinarse ante su pobreza y debilidad, lavar los pies de quienes han recorrido caminos de violencia, pisotear los derechos de los inocentes significa para nosotros trabajadores un gesto humilde, incomprensible y escandaloso que Jesús Buen Pastor, entregó a la humanidad”, agregó Grimaldi.

Francisco celebrará laMisa Crismal en la Basílica Vaticana a las 9.30 de la mañana de este jueves y al día siguiente, antes del Via Crucis, se hará la representación de la «Passio» del Señor en la Basílica de San Pedro a las 17:00 de la capital italiana. El Via Crucis del viernes santo, tras dos años de pandemia, volverá al tradicional Coliseo romano.

El 16 de abril, el Papa celebrará la Vigilia Pascual a las 19.30 en la Basílica de San Pedro y al día siguiente, Domingo de Pascua, la misa será a las 10en la Plaza de San Pedro.

Tras la misa, Francisco dará la bendición Urbi et Orbi desde la logia central de la Basílica a las 12, en la que el Papa hará su tradicional mensaje dedicado a las problemáticas de la actualidad, con epicentro en la guerra en Ucrania.

La de Civitavecchia será la quinta prisión que visita Francisco como Papa en Jueves Santo, tras la de Velletri en 2019; la cárcel Regina Coeli de Roma, a pocos pasos del Vaticano, en 2018; la de Paliano en 2017; la de Rebibbia en 2015; y el centro de detención para menores de Casal de Marmo en 2013, al poco de haber sido elegido Papa.

Jueves Santo

El lavatorio de los pies

JUAN 13, 1-15

1 Antes de la fiesta de Pascua, consciente Jesús de que había llegado su hora, la de pasar del mundo este al Padre, él, que había amado a los suyos que estaban en medio del mundo, les demostró su amor hasta el fin.

2 Mientras cenaban (el enemigo había ya inducido a Judas de Simón Iscariote a entregarlo), 3 consciente de que el Padre lo había puesto todo en sus manos y que de Dios procedía y con Dios se marchaba, 4 se levantó de la mesa, dejó el manto y, tomando un paño, se lo ató a la cintura. 5 Echó luego agua en el barreño y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con el paño que llevaba ceñido.

6 Al acercarse a Simón Pedro, éste le dijo:

– Señor, ¿tú a mí lavarme los pies?

7 Jesús le replicó:

– Lo que yo estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás dentro de algún tiempo.

8 Le dijo Pedro:

– No me lavarás los pies jamás.

Le repuso Jesús:

– Si no dejas que te lave, no tienes nada que ver conmigo.

9 Simón Pedro le dijo:

– Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.

10 Jesús le contestó:

– El que ya se ha bañado no necesita que le laven más que los pies. Está enteramente limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.

11 (Es que sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios»).

12 Cuando les lavó los pies, tomó su manto y se recostó de nuevo a la mesa. Entonces les dijo:

– ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? 13 Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y con razón, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. 15 Es decir, os dejo un ejemplo para que igual que yo he hecho con vosotros, hagáis también vosotros.

LA TERNURA NO SE PIENSA

Con estas meditaciones y reflexiones quisiéramos dar continuidad a una experiencia que la mayoría estamos practicando, que es ahondar en la oración afectiva, no como método, sino como experiencia vital que emerge de un seguimiento que deja atrás etapas principiantes que preceden a la madurez en una relación donde ya hay complicidad.

El discípulo será estos días en nuestra Pascua: Jesús. La discípula: tú, yo, y algunos personajes del NT que nos acompañarán.

El tema de fondo e ingrediente fundamental de estos días de profundización es: descubrir la ternura en la pasión, muerte y resurrección, como hilo conductor de cada gesto, mirada, palabra, silencio, entrega.

Si algún elemento da belleza y sentido a la vida, ése es, la ternura como la expresión más serena y firme del amor. Gracias a la ternura las relaciones afectivas crean raíces de vínculo.

La doctora Kübler-Ross, afirma que los recuerdos que nos acompañan en los últimos instantes de la vida no tienen que ver con el éxito o poder, sino con encuentros profundos con un ser amado. Y quedan grabados en la memoria gracias a la luz de la ternura.

Paradójicamente la ternura no es blanda, sino fuerte y audaz. Implica seguridad en uno mismo y expresa la calidad de una relación. Desde lo que hoy conocemos como inteligencia emocional, la ternura forma parte de ese bloque maravilloso que llamamos el cerebro del corazón. Así como nos dicen que la inteligencia está distribuida por todo el cuerpo, podemos deducir que la ternura es una exquisitez fruto de la empatía.

Desde ahí, tratemos de entrar en el mundo del discípulo y la discípula, durante estos cuatro días cargados hasta el borde de intensidad y ternura. De violencia respondida con no-violencia. De odio respondido con silencio. Y de actitudes de todo tipo provenientes de corazones egoístas que no pillan los pasos que da el discípulo del Abba.

No se comprende el Jueves Santo, esa cena con sus palabras y gestos, si no se ha recorrido, con Jesús, el trayecto anterior. El día a día, en el que nos vemos expuestos a tantas situaciones que debemos discernir, y decidir si las discernimos con el barómetro del Evangelio o con el propio.

Ella, una discípula, lo discierne así: te invitamos a leer el texto de Juan 12, 1-8.

(Por favor, toma tu Biblia en tus manos, y siente el amor y la vida de miles de años de historia de salvación, ahí, en estas páginas, para que las sintamos, comprendamos, acariciemos; son vida de nuestra vida, en ellas está también nuestra historia.)

Dicen algunos exégetas que este gesto de María, hermana de Lázaro según narrado en el Evangelio de Juan, inspiró a Jesús a realizar el gesto que hoy celebramos y que Juan nos relata en el capítulo 13.

María, apasionadamente agradecida, sobrecogida por la calidad de amor que ha experimentado, en un gesto expresa lo que muchas personas deseamos vivir y que el mismo Jesús, según Juan, realizará en su última cena:

María, en un solo gesto vive y reproduce lo que el corazón del evangelio nos indica:

* Amor apasionado: la ternura y cariño de la mujer son indescriptibles. No hay indicio de inhibición y sí hay una absoluta muestra de respeto infinito.

* Servicio entrañable como derroche de todo su perfume, de todo su amor, de su agradecimiento. Derroche de entrega gratuita sin medida. Gesto reprochado por los que no saben amar y con su rigidez legalista juzgan y condenan. La generosidad de esta mujer es libertad absoluta para amar hasta el extremo, en un vaciamiento de sí a través del perfume derramado.

* “Shema”: “escucha Israel: amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza…”Y María, “escucha” el latido alterado del corazón del amigo, alterado por la inminente traición que se percibe, que intuye…y ante ese dolor, ella muestra su fidelidad respondiendo con su gesto femenino, sensual, liberador. María obedece escuchando al Amor y realizando lo que su corazón y conciencia le sugieren.

Juan 13,1-32

Jesús se encuentra con aquellas personas más íntimas, a las que ha ido confiando todo lo que iba experimentando de su relación con el “Abba”, y de un estilo de vida capaz de transformarnos en hijos de Dios, y a las estructuras sociales en hogar para todos, y a los bienes del Planeta en casa común, compartida, respetada…

Jesús ya no tiene palabras para ellos: se ha vaciado totalmente y se da cuenta de que ellos están lejos de donde él se encuentra porque ha sido fiel, como los profetas, a una vida de “shema”.

Y en un último esfuerzo acude a un gesto que divide la historia en un antes y un después: el Señor prestando el servicio de sirviente-esclavo:

*mírale a tus pies, los lava con mimo, te lo dice todo con su beso, te deja sentir el amor de Dios que estremece y conmueve: amor de ágape, amor abierto; el gesto es para cada uno, pero a cada uno con toda la pasión del amor de Dios: personal, cercano, íntimo, gratuito.

¿Necesita Jesús en ese gesto, sentir él el calor de tu presencia a través de tu piel, ya que tantas veces, como los discípulos, estamos con la atención y el corazón en otra parte y el amigo languidece solo, sin nuestra presencia y cariño?

* El derroche de su amor, no se muestra, en este texto, con perfume, como en el caso de María, sino con la tremenda expresión “sangre y carne” comidas, compartidas, entregadas. Jesús llega a la pobreza máxima de comprender que sólo puede entregar ya su propio cuerpo, metáfora de su SER.

* ¿Por qué tanta radicalidad? Porque ha “escuchado” de nuevo el rugir del león, del ego, del miedo parapetado en el poder, el dinero, el deseo de los primeros puestos… “ha escuchado y percibido los miedos infantiles de aquellos que tienen que continuar la obra que el Abba ahora les encomienda a ellos, y se da cuenta de que “no llegan”, ante lo cual se enternece y conmueve aún más y pronuncia “tomad y comed todos, este es mi cuerpo, esta es mi sangre, entregada por todos. Haced esto cada vez que deseéis mi presencia, mi Amor”

Te invito a hacer Silencio “escuchando” tu latido al unísono del suyo. Sin prisa, dejando que en esa intimidad añorada, el Señor se te manifieste.

Y, de este silencio, emerge, gratuita, la ternura. Jesús no les lava los pies porque considere que los discípulos estén “sucios” por dentro o por fuera. Es otro el talante y significado del gesto.

El gesto lleva una carga enorme de sentimiento, de necesidad de abrazar y besar los pies de los que han andado con él en tantas situaciones y lugares. Abrazar y besar ante el presagio de un fuerte sufrimiento o ante la certeza de que se marcha y la vulnerabilidad de los y las discípulas le llena de ternura materna- paterna y fraterna- sororal.

Y repite el gesto por antonomasia de partir el pan, como estilo de vida: partir, compartir, dar de lo que no te sobra, de tu pan…partir tu salud, tu mente y corazón para que otros tengan luz, paz, alimento…

Y el otro gesto. Echarse a los pies de las personas a las que sirve. Él recibió este gesto de parte de María de Betania, y de otros que a lo largo del camino le han querido pedir o agradecer algo vital. Y revive cómo se sintió al ver a una persona a sus pies y al sentir su tacto delicado y profundamente ungidor. Desea contagiar esa ternura a estas personas atemorizadas y acobardadas ante la hecatombe que se avecina y que todos presienten.

El discípulo se convierte en Maestro a los pies de sus discípulos y se tergiversa la pirámide. El Maestro les levanta de su mediocridad abajándose más allá de los límites. Algo así como “basta de asuntillos de quien manda más, de quien es más importante…” es hora de que sintáis el estremecimiento del Amor a vuestros pies, la ternura de Dios abrazando vuestra humanidad. Lo cual es imprescindible para una madurez afectiva sana.

La ternura no se piensa, es una experiencia que brota, como un perfume que permea todo. Es un hecho pero no para filosofar o discutir, es la manera de comunicarse Dios con una humanidad que se ha hecho el centro de todo. Es el David frente al Goliat del ego.

La ternura es como la primavera que madre naturaleza pone delante de nuestros ojos estos días: espléndida, engalanada de flor y perfume. Derramando lo mejor de sí: lo que trabajó en lo escondido durante el largo invierno.

Jesús es esa primavera, siempre, en la vida de cada persona. Recientemente me encuentro con personas que van descubriendo la fuerza que da la experiencia de una oración madura, fiel, constante y fecunda.

Magdalena Bennasar, SFCC

Vivir el Jueves Santo desde el confinamiento

JUEVES SANTO DESDE EL CONFINAMIENTO. Juan Cejudo, miembro de MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares

Las lecturas de la eucaristía de este día nos deja dos mensajes fundamentales para un cristiano:

1ª Cor. 11,23-26: LA EUCARISTÍA

La importancia de la Eucaristía: debemos comer el pan y beber el vino en comunidad, como signo de la presencia de Jesús en medio de nosotros. Eucaristía en la  que hacemos presente a Cristo, que entregó su vida por nosotros y que resucitó.

Una vida, la de Jesús, de entrega total, enfrentándose al poder político y religioso que lo veían como revolucionario y peligroso, al que había que eliminar, porque las masas de pobres le seguían y escuchaban con interés sus mensajes liberadores y llenos de esperanza para construir una sociedad nueva, radicalmente distinta, igualitaria y justa, porque todos somos hermanos, hijos del mismo Padre y denunciadora de toda injusticia. de normas y leyes absurdas («el hombre no está hecho para el sábado, sino el sábado para el hombre») y denunciadora también de la hipocresía de aquellos religiosos de su época, que llegaron a convertir la casa de su Padre en una cueva de bandidos.

Cada vez que participamos de la Eucaristía hacemos presente a ese Jesús entregado hasta la muerte y muerte de cruz, al que su Padre resucitaría.

En muchas partes del mundo los cristianos no pueden celebrar la eucaristía porque, según normativa de la iglesia, debe ser con un sacerdote legítimamente ordenado. La Eucaristía está por encima de las normas. Se deben arbitrar formas para que los cristianos no puedan quedarse sin celebrar la eucaristía, como decía el Sínodo para la Amazonía, promoviendo a seglares casados, de las mismas comunidades para que puedan presidir las eucaristías

Pienso si con tantas misas como se dicen en nuestros tiempos, realmente se transmite y se vive ese mensaje liberador y denunciador de injusticias o si más bien están cargadas de unos ritos vacíos de contenido…No se entiende si no, tantas diferencias sociales y tanta falta de igualdad en los seres humanos en tantísimas partes del mundo. Ni que grandes defraudadores de lo público aparezcan en primer plano como cristianos. Mucho menos se entiende que políticos, que se les llena la boca de llamarse cristianos, pertenezcan a partidos que rechazan al inmigrante por ejemplo…Esto es ser anticristiano.

Todos deberíamos reflexionar sobre el sentido de nuestras eucaristías…Jesús tomo el pan y el vino en una cena normal con sus discípulos y los compartió con ellos.

Jn 13, 1-15: EL SERVICIO A LOS DEMÁS

Jesús nos da una lección ejemplar de lo que debemos ser los cristianos: servidores unos de otros. No pretender ser los primeros, ni querer protagonismo de ningún tipo. Hay que tener en cuenta que quienes lavaban los pies solían ser los esclavos. Jesús nos pide que seamos servidores de los demás, que nos ayudemos unos a otros, que fomentemos el apoyo mutuo, la ayuda mutua, el servicio a la colectividad…

En este sentido, estos días de pandemia de coronavirus, pienso en tantas y tantas personas que hoy están viviendo al máximo este mensaje de Jesús de servicio a los demás, de entrega máxima (a veces hasta entregar su propia vida) por ayudar a los demás: todos los sanitarios, personal de limpieza, fuerzas de orden y fuerzas armadas, cajeras de supermercado, transportistas, bomberos, policías…y tantísima gente que está apoyando a estos colectivos con iniciativas muy diversas para que puedan seguir cumpliendo esos servicios tan esenciales para los demás, llevándoles bocadillos a los hospitales,o poniendo puestos en las carreteras para los transportistas, o voluntarios colaborando con varias ONGS para ayudar a las personas sin techo, a personas muy mayores a los que les llevan alimentos  etc..etc…

Pienso en quienes están en países empobrecidos entregando su tiempo y su vida al servicio de los más pobres, entregando su vida : misioneros religiosos y seglares y muchos profesionales….

Todos ellos están cumpliendo el mensaje de Jesús de hoy en el Evangelio, están viviendo el amor fraterno, la entrega total a los necesitados..

Cada uno de nosotros debe vivir esta entrega en nuestra realidad concreta que nos rodea. Lamentablemente los contravalores de nuestro mundo van en la dirección opuesta: primero yo, segundo yo, tercero yo..egoísmo absoluto. Los cristianos y pienso que cualquier persona de buena voluntad, debemos ser solidarios, apoyarnos mutuamente, pensar en ayudar a los más desfavorecidos, en una palabra tener siempre una postura de servicio y ayuda a los demás.

Estas son mis reflexiones de Jueves Santo desde mi confinamiento.

 

Homilía del Papa el día de Jueves Santo en el Vaticano

Francisco, a los curas del mundo: «Sean grandes perdonadores, no se cansen de perdonar»

 Bergoglio, junto al Cristo de la Peste, en este inédito Jueves Santo en San Pedro

Homilía del Papa dedicada a todos los sacerdotes, especialmente a los «calumniados y a los que murieron». Pedido para que se «dejen lavar los pies» y tengan «coraje para perdonar»

«Son los santos de la puerta de a lado junto a médicos y enfermeros los que dieron la vida»

Pide «sacerdotes pecadores, que con el Papa pecador y obispos pecadores no se olvidan de pedir perdón»

09.04.2020 Hernán Reyes Alcaide, corresponsal en el Vaticano

En una inédita ceremonia en una Basílica de San Pedro vacía por las medidas para frenar el coronavirus, el papa Francisco dedicó hoy la misa de Jueves Santo a los sacerdotes de todo el mundo, en especial a los que murieron y los calumniados, y los animó a tener «coraje para perdonar».

«Hoy quiero estar cerca de los sacerdotes, desde el mas reciente ordenado hasta el Papa, todos somos sacerdotes, obispos, todos», afirmó Jorge Bergoglio, en una homilía que improvisó, sin texto previo, frente al puñado de diáconos y coristas que fueron su única compañía en la inédita celebración.

«No puedo dejar pasar esta misa sin recordar a los sacerdotes que dan la vida por el señor, que son servidores. En estos días murieron más de 60 en Italia, en atención de los enfermos en los hospitales. Son los santos de la puerta de a lado junto a médicos y enfermeros los que dieron la vida», recordó Bergoglio.

Como en su histórico rezo del viernes 27 de marzo en una Plaza San Pedo vacía, el Papa volvió a estar acompañado por los dos símbolos a los que ha confiado la salida de la pandemia: el crucifijo que según los católicos salvó a Roma de la peste en el siglo XVI y la imagen de la Virgen Salus Populi Romani, a la que le ha confiado cada uno de sus viajes fuera de Italia.

«Hay sacerdotes que van lejos a llevar el Evangelio y mueren allí, son los sacerdotes anónimos, párrocos de campo, que van de un pueblo a otro, que conocen a la gente. Uno me dijo que conocía el nombre de todas las personas de su pueblo, hasta el nombre de los perros. Es la cercanía de los buenos sacerdotes. Hoy los llevo en mi corazón al altar», planteó.

 

CELEBRACION DEL JUEVES SANTO-Semana Santa 2020

Celebración en la casa

Preparar: Biblia, velas, flores, cartel con una frase del día

Cantos: Donde hay amor, allí está Dios; Os doy un mandato nuevo; El Señor Dios nos amó…; Cantemos al amor de los amores…

Ambientación:  (Quien coordine o anime la celebración)

Nunca me hubiera imaginado yo que se podían suspender todas las cosas de la Semana Santa. Hoy, Jueves Santo, siempre teníamos la Misa de la Cena del Señor y en algunos sitios tenían procesiones muy bonitas. Pues por culpa del coronavirus no vamos a tener nada de eso. Las iglesias están cerradas. Pero para que no se nos pase este día como si nada, nosotros vamos a hacer aquí, en casa, nuestra pequeña oración, pensando en Jesús que en un día como este hizo una cena con sus amigos para despedirse de ellos porque lo iban a matar. Y vamos a pensar también en todos los que están sufriendo ahora por el coronavirus y en todos los que están luchando contra él, a veces, poniendo en riesgo su propia salud y la de su familia. Recordándolos hoy con cariño, vamos a empezar: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 OREMOS.

Dios Padre Bueno, tú ves que nosotros estamos asustados y que estamos sufriendo mucho por el virus que nos ataca. En este día en que Jesús ya veía que lo iban a matar, danos fuerza también a nosotros para vencer la enfermedad y danos fuerza también para ayudar a todos los que más nos necesitan. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

LECTURA

Ahora vamos a leer una lectura donde San Pablo decía cómo le contaron a él la última cena de Jesús. Se la contaron así:

Hermanos, yo he recibido una tradición que procede del Señor y que a mi vez os la he transmitido: que el Señor Jesús en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía”. Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar diciendo: “Este cáliz es la Nueva Alianza sellada con mi sangre. Haced esto en memoria mía”.

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva” Palabra de Dios.

EXPLICACIÓN BREVE.

Jesús sabía que lo iban a matar. Lo sabía porque por todas partes veía el odio que le tenían las autoridades. Jesús lo tenía clarísimo: en cualquier momento iban a venir a buscarlo para matarlo. Pues entonces Jesús decidió juntar a sus amigos en una cena para despedirse de ellos. Les diría: “mirad; las cosas están muy mal. Me van matar en cualquier momento”. Y Jesús se despidió de ellos. Sabéis que las despedidas son tristes. Pues seguro que aquella despedida también fue muy triste. Más de uno lloraría. Seguro. Y para que nunca se olvidaran de aquello, les dijo Jesús: “Haced esto en memoria mía”. Por eso en las misas siempre recordamos a Jesús. Lo recordamos con cariño. Pero todos se fijaron más en que Jesús les dio pan y vino y que les dijo que en ese pan y en ese vino estaba su cuerpo entregado y su sangre derramada. Sabéis que Jesús nunca vivió para sí mismo. Siempre vivió para los demás, preocupándose de todos y muriendo por todos. Pues ese estilo de vida es el que nos dejó a nosotros en aquel poquito de pan y en aquel poquito de vino. Podríamos decir que en cada misa nosotros también celebramos nuestro cuerpo entregado y nuestra sangre derramada por los demás y no por hacernos ricos. No. Nosotros queremos vivir ayudando a todos. En estos momentos en los que hay tanta gente enferma le pedimos al Señor que nos dé fuerzas para vencer y ganas para ayudar a todos. (Silencio breve)

Peticiones:

Nosotros también queremos parecernos a Jesús. Ahora mismo tenemos a muchísima gente sufriendo por el coronavirus. Pues vamos a rezar por ellos. A cada petición le decimos:  Señor, danos fuerza y valentía.

-Empezamos rezando por todos los que ya han muerto. Para ellos pedimos que Dios los lleve a su casa y que sean felices con él en el cielo. Oremos.

-También rezamos por todos los que están o han estado enfermos. Todos dicen que lo han pasado muy mal. Pues que Dios les dé fuerzas para salir de la enfermedad y que vuelvan otra vez a vivir felices en la vida diaria. Oremos.

-Por todos los que con su generosidad hacen funcionar el mundo: los médicos, los enfermeros, los que atienden las residencias de ancianos, los militares, los de las funerarias, los que se juegan la salud de ellos y de sus familias, los que producen los alimentos y todos los que trabajan duro por los demás. Por ellos, oremos.

-Por nuestro pueblo y por nuestra parroquia, para que en este tiempo de crisis vivamos con intensidad el amor a Dios y el amor a nuestros hermanos. Oremos.

-Y si queréis hacer alguna petición más …… Oremos.

Ayúdanos, Señor, con tu amor desbordante y acoge nuestra oración, por la entrega generosa de tu Hijo Jesús que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

PADRE NUESTRO.

Estamos terminando esta oración y para que no se nos olvide que no somos delincuentes ni gentes extrañas sino Hijos de Dios, vamos a rezar la oración de los hijos de Dios: el Padre Nuestro:

DESPEDIDA.

Hemos terminado esta oración del Jueves Santo. Le hemos pedido a Dios por nuestros enfermos y por todos los que están sufriendo. Si queréis, mañana, el día en que murió Jesús en una cruz, hacemos también otra pequeña oración como esta. Nos vamos. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Ya nos podemos ir en paz porque hemos terminado esta oración.

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OTROS MATERIALES

Preparándonos para el lavatorio de los pies y la Pascua

Olga Lucia Álvarez Benjumea* ARCWP

San Juan 13,1-15

Ha llegado la hora de prepararnos para celebrar la Pascua. Una Pascua en la que mujeres y hombres participemos plenamente, sin discriminaciones, en la que ya no sea más un solo personaje el protagonista.
En esta ocasión todas/os, somos los/as celebrantes. Les invito a colocarnos en la Presencia Divina, trayendo a nuestra mente a todas aquellas personas a quienes les queremos lavar los pies,-incluyendo miembros de la familia- con sentimientos de misericordia, amor, fraternidad, perdón y agradecimiento.

Habrá en nuestras mentes, varios “Pedro”, “Tomás”, “Judas I”, muchas mujeres Cananeas, otras muy “encorvadas”, en fin…No importa están todos/as invitadas, a este rito de sencillez y humildad.

Les invito a que nos lavemos los pies, unos/as a otras, a su vez dejárnoslo lavar. Necesitamos lavar y dejarnos lavar, nuestro orgullo, vanidad, competencia, celos, ambición, individualismo, egoísmo, abuso de poder, autoridad, acaparamiento, ceguera e indiferencia, falta de fraternidad y solidaridad…y habrá mucho más, cada una/o en nuestra conciencia lo sabrá.

Si no lo hacemos, y no nos lo dejamos hacer recordemos: “si no te lavo, no tendrás parte conmigo” ha dicho Jesús.

Este acto, también es para tener en cuenta, aquella enseñanza de nuestro Maestro: “Hagan, esto en Memoria mía”.

Hagámoslo mentalmente, y nos vamos disponiendo, a la Celebración de la Pascua, limpias/os, frescos y perfumadas/os que sea un acto para invitar a muchas/os, a un cambio real de actitudes digno de aquel otro comentario: “mirad cómo se aman”, dando deseos de pertenecer a esa familia, a ese grupo, que irradia, Reconciliación, Paz y Sororidad.

*Presbitera Católica Romana


Para participar online en las celebraciones del Triduo Pascual:

—-Con la Parroquia San Antón de Madrid: Entrar en http://sananton.net

—Entrar en el e-mail unapastoralrubio@gmail.com donde dan el enlace virtual a «Semana Santa en Casa»

 

 

 

Materiales para las celebraciones del Jueves y Viernes Santos

JUEVES SANTO

Materiales para la celebración dela Cena del Señor en las casas

Preparar: Biblia, velas, flores, cartel con una frase

Cantos: Donde hay amor; Os doy un mandato nuevo; El Señor Dios nos amó; Cantemos al amor de los amores

Ambientación:                                                                                                        (Quien coordine o anime la celebración)

Nunca me hubiera imaginado yo que se podían suspender todas las cosas de la Semana Santa. Hoy, Jueves Santo, siempre teníamos la Misa de la Cena del Señor y en algunos sitios tenían procesiones muy bonitas. Pues por culpa del coronavirus no vamos a tener nada de eso. Las iglesias están cerradas. Pero para que no se nos pase este día como si nada, nosotros vamos a hacer aquí, en casa, nuestra pequeña oración, pensando en Jesús que en un día como este hizo una cena con sus amigos para despedirse de ellos porque lo iban a matar. Y vamos a pensar también en todos los que están sufriendo ahora por el coronavirus y en todos los que están luchando contra él, a veces, poniendo en riesgo su propia salud y la de su familia. Recordándolos hoy con cariño, vamos a empezar: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 OREMOS.

Dios Padre Bueno, tú ves que nosotros estamos asustados y que estamos sufriendo mucho por el virus que nos ataca. En este día en que Jesús ya veía que lo iban a matar, danos fuerza también a nosotros para vencer la enfermedad y danos fuerza también para ayudar a todos los que más nos necesitan. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

LECTURA

Ahora vamos a leer una lectura donde San Pablo decía cómo le contaron a él la última cena de Jesús. Se la contaron así:

Hermanos, yo he recibido una tradición que procede del Señor y que a mi vez os la he transmitido: que el Señor Jesús en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía”. Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar diciendo: “Este cáliz es la Nueva Alianza sellada con mi sangre. Haced esto en memoria mía”.

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva” Palabra de Dios.

EXPLICACIÓN BREVE.

Jesús sabía que lo iban a matar. Lo sabía porque por todas partes veía el odio que le tenían las autoridades. Jesús lo tenía clarísimo: en cualquier momento iban a venir a buscarlo para matarlo. Pues entonces Jesús decidió juntar a sus amigos en una cena para despedirse de ellos. Les diría: “mirad; las cosas están muy mal. Me van matar en cualquier momento”. Y Jesús se despidió de ellos. Sabéis que las despedidas son tristes. Pues seguro que aquella despedida también fue muy triste. Más de uno lloraría. Seguro. Y para que nunca se olvidaran de aquello, les dijo Jesús: “Haced esto en memoria mía”. Por eso en las misas siempre recordamos a Jesús. Lo recordamos con cariño. Pero todos se fijaron más en que Jesús les dio pan y vino y que les dijo que en ese pan y en ese vino estaba su cuerpo entregado y su sangre derramada. Sabéis que Jesús nunca vivió para sí mismo. Siempre vivió para los demás, preocupándose de todos y muriendo por todos. Pues ese estilo de vida es el que nos dejó a nosotros en aquel poquito de pan y en aquel poquito de vino. Podríamos decir que en cada misa nosotros también celebramos nuestro cuerpo entregado y nuestra sangre derramada por los demás y no por hacernos ricos. No. Nosotros queremos vivir ayudando a todos. En estos momentos en los que hay tanta gente enferma le pedimos al Señor que nos dé fuerzas para vencer y ganas para ayudar a todos. (Silencio breve)

Peticiones:

Nosotros también queremos parecernos a Jesús. Ahora mismo tenemos a muchísima gente sufriendo por el coronavirus. Pues vamos a rezar por ellos. A cada petición le decimos:  Señor, danos fuerza y valentía.

-Empezamos rezando por todos los que ya han muerto. Para ellos pedimos que Dios los lleve a su casa y que sean felices con él en el cielo. Oremos.

-También rezamos por todos los que están o han estado enfermos. Todos dicen que lo han pasado muy mal. Pues que Dios les dé fuerzas para salir de la enfermedad y que vuelvan otra vez a vivir felices en la vida diaria. Oremos.

-Por todos los que con su generosidad hacen funcionar el mundo: los médicos, los enfermeros, los que atienden las residencias de ancianos, los militares, los de las funerarias, los que se juegan la salud de ellos y de sus familias, los que producen los alimentos y todos los que trabajan duro por los demás. Por ellos, oremos.

-Por nuestro pueblo y por nuestra parroquia, para que en este tiempo de crisis vivamos con intensidad el amor a Dios y el amor a nuestros hermanos. Oremos.

-Y si queréis hacer alguna petición más …… Oremos.

Ayúdanos, Señor, con tu amor desbordante y acoge nuestra oración, por la entrega generosa de tu Hijo Jesús que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

PADRE NUESTRO.

Estamos terminando esta oración y para que no se nos olvide que no somos delincuentes ni gentes extrañas sino Hijos de Dios, vamos a rezar la oración de los hijos de Dios: el Padre Nuestro:

DESPEDIDA.

Hemos terminado esta oración del Jueves Santo. Le hemos pedido a Dios por nuestros enfermos y por todos los que están sufriendo. Si queréis, mañana, el día en que murió Jesús en una cruz, hacemos también otra pequeña oración como esta. Nos vamos. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Ya nos podemos ir en paz porque hemos terminado esta oración.

VIERNES SANTO

(Materiales para celebrar en las casas la Muerte del Señor)

Preparar: Biblia, crucifijo, velas, flores,cartel con alguna frase

Cantos: Perdón oh Dios mío; Pequé, pequé, Dios mío; Cuando el pobre nada tiene…; Pueblo mío, qué te he hecho?

Ambientación. (Por alguien que coordine y anime la celebración)

Hoy es Viernes Santo y estamos encerrados en casa por la epidemia del coronavirus. Las iglesias están cerradas. Nunca se nos había pasado por la cabeza que un Viernes Santo no pudiéramos celebrar la muerte del Señor como siempre lo hemos hecho. Pues este año no podemos. Ahora nosotros, porque nuestras iglesias están cerradas, vamos a rezar en casa recordando la muerte del Señor y recordando también la muerte y los sufrimientos de todos los afectados por el virus que nos está haciendo sufrir mucho. Comenzamos: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

OREMOS.

Dios Padre bueno: hoy recordamos el Viernes Santo de Jesús cuando lo mataron en una cruz con unos sufrimientos horribles. Pues hoy también recordamos que es viernes santo para muchos seres humanos atrapados por el coronavirus. Es viernes santo, día de sufrimiento y de muerte. Ayúdales, Señor, a que salgan adelante por tu hijo Jesús que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

LECTURA.

Jesús no se equivocó en lo de su muerte. Fueron a por él para matarlo nada más terminar de cenar. Ahora vamos a leer la Pasión según la cuenta San Juan pero algo resumida para que no os canséis tanto.

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan.

En aquel tiempo Jesús salió hacia el torrente Cedrón donde había un huerto. Judas conocía bien aquel sitio porque Jesús se reunía allí a menudo con sus discípulos. Judas tomando la patrulla y unos guardias, entró allí con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que se venía sobre él, salió y les dijo: -¿A quién buscáis? Le contestaron: -A Jesús el Nazareno. Jesús les dijo: -Soy yo. Pero si me buscáis a mí, dejad marchar a estos. Entonces Simón Pedro que llevaba una espada hirió al criado del Sumo Sacerdote cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco.

La patrulla, el tribuno y los guardias prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás. Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. La portera le dijo a Pedro: -¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre? Pedro lo negó. Los criados y los guardias habían encendido un brasero porque hacía frío y se calentaban. También Pedro estaba con ellos calentándose. El Sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús contestó: -Yo he hablado abiertamente al mundo. Nunca he dicho nada a escondidas. Pregunta a los que me han oído. Apenas dijo esto uno de los guardias le dio una bofetada diciendo: -¿Así contestas al sumo sacerdote? Jesús le dijo: -si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas? Entonces Anás lo envió a Caifás. Pedro estaba de pie calentándose y le dijeron: -¿No eres tú también de sus discípulos? Pedro lo negó diciendo: -No lo soy. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien le cortó la oreja, le dijo: -¿Es que no te he visto yo con él en el huerto? Pedro volvió a negarlo y en seguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús al Pretorio. Era el amanecer y ellos no entraron para no incurrir en impureza y poder comer la Pascua. Pilato salió afuera y dijo: -¿Qué acusación presentáis contra este hombre? Le dijeron: -Si no fuera un malhechor no te lo entregaríamos. Pilato les dijo: -Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra Ley. Los judíos dijeron: -Nosotros no estamos autorizados para dar muerte a nadie. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: -¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús le dijo: -Mi reino no es de este mundo. Pilato le dijo: -¿Con que tú eres rey? Jesús le contestó: -Tú lo dices. Soy rey. Yo he venido al mundo para ser testigo de la verdad y todo el que es de la verdad escucha mi voz. Dicho esto, salió Pilato a donde estaban los judíos y les dijo: -No encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos? Ellos gritaron: -A ese no. A Barrabás. Entonces Pilato mandó azotar a Jesús. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron y le echaron por encima un manto de color púrpura, y acercándose a Jesús le decían: -Salve, Rey de los judíos. Y le daban bofetadas. Pilato lo sacó a fuera y les dijo: -Mirad que os lo saco fuera para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa. Jesús llevaba la corona de espinas y el manto de color púrpura. Pilato les dijo: -Aquí lo tenéis. Cuando lo vieron los sacerdotes y los guardias gritaron: -Crucifícalo. Crucifícalo. Pilato les dijo: -Lleváoslo vosotros y crucificadlo porque yo no veo ninguna culpa en él. Los judíos le contestaron: -Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley tiene que morir porque se ha declarado Hijo de Dios. Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo pero los judíos gritaban: -Si sueltas a ese no eres amigo del Cesar. Pilato, al oír estas palabras sacó a fuera a Jesús y lo sentó en el sitio que llaman el enlosado. Dijo Pilato a los judíos: -Aquí tenéis a vuestro Rey. Los judíos gritaron: -Fuera, fuera, Crucifícalo. No tenemos otro rey que el Cesar. Entonces se lo entregó a ellos para que lo crucificaran.

 Tomaron a Jesús y cargando con la cruz salió al sitio llamado de la “Calavera” (en hebreo Gólgota) donde lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz. En él estaba escrito: Jesús Nazareno, el Rey de los Judíos. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura. Y se dijeron: -No la rasguemos, sino echemos a suertes a ver a quién le toca.

Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: -Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: -Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel día el discípulo la recibió en su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: Tengo sed. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomo el vinagre dijo: -Está cumplido. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu. (pausa)

         Los judíos entonces, como era el día de la preparación de la Pascua, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran de allí. Fueron los soldados y le quebraron las piernas al primero, y luego al otro que habían crucificado con él, pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas sino que uno de los soldados con la lanza le traspasó el costado y al punto salió sangre y agua. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Se lo permitió y se llevó el cuerpo. Vino también Nicodemo y trajo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús, lo vendaron todo con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron y en el huerto había un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús. …

REFLEXION. Acabamos de leer los tormentos horrorosos a los que sometieron a Jesús. Hemos podido ver la traición de Judas, la cobardía de Pilatos que no se atrevió a defender a Jesús aunque sabía que era inocente; a Pedro, el preferido de Jesús, que en el Huerto llegó a sacar una espada para defender a Jesús, pero que luego dijo que no le conocía. Hemos podido ver las torturas a las que fue sometido y que fueron tan terribles que le hicieron morir antes de tiempo. Luego, dice el evangelio de San Juan que por allí apareció su Madre: la virgen María. ¡Pobre madre! Antes de morir, Jesús se la encomendó a su Discípulo Amado para que la cuidara en su casa. Y después de una penosísima agonía, Jesús murió en una tarde de viernes santo, como es hoy. Luego lo tuvieron que enterrar en una tumba prestada y de correprisa. Las mujeres se disgustaron con el entierro y decidieron volver a terminar el entierro en cuanto pasaran las fiestas. Quedaba mal enterrado un hombre absolutamente maravilloso que había pasado por la vida haciendo el bien y que había tratado con inmenso cariño a los enfermos, a los despreciados, a los pobres, a los pecadores, a las mujeres. Los que conocían a Jesús, jamás habían visto a un hombre tan maravilloso como él. Jamás. Pues un poco antes de morir ese hombre maravilloso había dicho: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no lleva fruto”. Pues Jesús era el grano de trigo que moría para dar fruto. Desde aquel viernes santo el grito de Dios recorre el mundo diciéndonos: “Sed buenas personas. Quereos y ayudaos los unos a otros”. Ese es el camino para hacer un mundo mejor. Pues ese camino lo terminó de recorrer Jesús en aquella tarde de viernes santo. Lo pensamos un momento.

Peticiones: En la tarde del Viernes Santo en las iglesias se hacían muchas peticiones por muchas cosas, pero nosotros que tenemos a tantas personas sufriendo por el coronavirus, vamos a rezar por ellos. A cada petición le decimos:

Por tu muerte, Señor, danos vida.

Todos: Por tu muerte, Señor, danos vida.

-Empezamos rezando por todos los que ya han muerto. Para ellos pedimos que Dios los lleve a su casa y que sean felices con él en el cielo. Oremos.

-También rezamos por todos los que están enfermos. Todos dicen que lo están pasando muy mal. Pues que Jesús les dé fuerzas para salir adelante y para que vuelvan otra vez a vivir la solidaridad cristiana en la vida de cada día. Oremos.

-Por todos los que hacen funcionar el mundo. Hay una larga lista: los médicos, los enfermeros, los que atienden las residencias de ancianos, los policías y militares, los de las funerarias, los que se juegan su salud y la de sus familias, los que producen los alimentos y todos los que trabajan por servir a los demás. Por ellos, Oremos.

-También pedimos por nuestro pueblo y por nuestra parroquia, para que en este tiempo de crisis vivamos

con intensidad el amor a Dios y el amor a los hermanos. Oremos.

-Y si queréis hacer hoy alguna petición más …… Oremos.

Ayúdanos, Señor, con tu amor desbordante y acoge nuestras peticiones por la entrega a muerte de tu Hijo Jesús que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Adoración de la Cruz. Todos los días en este momento rezábamos el Padre Nuestro. Pues hoy mientras lo rezamos vamos pasando de mano en mano un pequeño Crucifijo y lo besamos. Es nuestro homenaje cariñoso a la cruz de Jesús.

DESPEDIDA: En esta tarde, el día en que Jesús murió en una cruz, hemos terminado nuestra pequeña oración recordando con cariño a los enfermos del coronavirus y a todos los que trabajan duro por ellos. Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna, Amén. Podemos ir en paz. Hemos terminado.

 

 

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