Frente solidario de comunicación con Haití


Grito de auxilio con propuesta desde el corazón herido de Haití

“Señor, mi Dios, de día pido auxilio, y de noche grito en tu presencia” (Salmo 88,1).

Pedro Rafael Ortiz

  


El sacerdote haitiano Frantz Grandoit ha lanzado un “grito de auxilio con propuesta” para que surja lo que él llama “un frente solidario de comunicación” en nuestra región de América Latina y el Caribe que se pueda proyectar a nivel global. La propuesta de Padre Frantz me la hizo llegar el hermano y también sacerdote y teólogo dominicano Julín Acosta. Me uno a ella.


El propósito directo de la idea es que se mantenga abierto un canal de información para que se conozca la situación en la que vive y sobrevive Haití. Padre Frantz no se anda con muchos rodeos. En su carta dice que el objetivo es compartir la información y la conversación que ayude a “contrarrestar el nefasto apoyo que le está dando el gobierno norteamericano y sus aliados al gobierno haitiano actual para que este tenga la consolidación de la dictadura”, mediante unas elecciones amañadas, el uso de fuerzas paramilitares terroristas de bandas armadas y otras barbaridades.

Mientras tanto, en Haití la situación violenta y complicada continúa. En días recientes, hubo un ataque con armas de fuego y cocteles molotov a un cuartel de la Policía y una estación de radio con el saldo de dos muertos y llegaron informes del secuestro de un sacerdote. A esa triste realidad se suma el que amplios sectores de la oposición política junto a grupos sociales “proclamaron un nuevo presidente interino”, que, por supuesto, no tiene el reconocimiento del gobierno. Me refiero a que se está hablando de que ya la situación ha llegado al estado de beligerancia.

Con grandes sectores del país enfrentando una emergencia alimentaria y la Organización Panamericana de la Salud certificando que Haití tiene la tasa de mortandad neonatal más alta de América Latina, es claro que urge incrementar los esfuerzos de la llamada ayuda humanitaria. Pero es también muy urgente otro tipo de ayuda. En ese sentido es que tenemos que dar todo el apoyo a la idea del “frente solidario de comunicación” que propone este hermano sacerdote.

Una miseria asfixiante

Otra vez, desde la miseria asfixiante que vive, Haití hace una aportación caritativa para toda América Latina. Si logramos construir ese frente de comunicación solidaria, que además promueva acuerdos para el entendimiento socio-político se beneficiarán todos nuestros pueblos. ¡Gracias Padre Frantz, gracias Padre Julín, gracias Haití! porque en medio de la crisis se buscan alternativas de solidaridad.

¿Qué hacemos? La Conferencia Episcopal Haitiana está esforzándose en ayudar a levantar conciencias para solucionar la crisis. Muchos grupos en Haití están en el mismo esfuerzo. Pero no percibo que la “información” a través de nuestros países esté fluyendo como hace falta.

Nuestro amado papa Francisco ha marcado un camino muy importante al llamar a los creyentes del mundo –desde clérigos hasta las comunidades de feligreses– a “caminar juntos” en solidaridad, a desarrollar procesos participativos de comunicación para una Iglesia en salida. No se trata de que la responsabilidad la tengan los pastores; la tenemos todos en el rebaño, porque todos juntos somos el Pueblo de Dios. Para construir el frente solidario de comunicación necesitamos periodistas, comunicadores de todo tipo, gente dispuesta a aportar recursos y todo tipo de apoyos. Necesitamos mentes, brazos y corazones.

Quiero reiterar que no se trata de dolernos del pueblo haitiano para sentir que con eso somos buenos, como mucho menos se trata de que se repitan las fallidas intentonas de dictarle desde afuera al pueblo haitiano lo que tiene que hacer. Todo lo contrario, se trata de decir presente a un llamado que se ha lanzado desde Haití por el bien de toda América Latina.

Invito a la oración, a la solidaridad concreta a través del diálogo social, a poner en la mesa común nuestros propios espacios, entre otros detalles para mostrarle al mundo y decirle a los hermanos haitianos a qué estamos dispuestos