El legado de Rutilio (10)

La parroquia y la organización popular

Las misiones dejaron profundamente gravadas tres ideas: la exigía la lucha contra la injusticia, el amor al prójimo se concretaba en la lucha por el hermano oprimido y todos tenían el derecho y el deber de aspirar a una vida digna. Sin embargo el equipo no estimó corectamente, ni podía hacerlo, la proyección social y política de la evangelización, ni la magnitud de la crisis económica y política del país.

La profundización de las ideas sembradas por las misiones, los cursos y cursillos hizo surgir una nueva forma de pensar y de actuar, o como decían los mismos campesinos, “ahora nos hemos designorado”. En efecto, la explotación y la opresión experimentadas, pero no explicadas ni ocmprendidas suficientemente, fueron sometidas al análisis y a la reflexión crítica.Las comunidades concluyeron que su situación era injusta y, por lo tanto, no querida por Dios. Entonces los campesinos tomaron la palabra por primera vez para reclamar sus derechos y para expresar sus aspiraciones, y decidieron luchar para cambiar la situación.

Desde mediados de 1973 hasta su muerte, Rutilio vivió con un desgarramiento interior profundo entre la pureza de sus ideales y la dura realidad. Por un lado, quiso realizar estríctamente su labor de líder religioso en medio de su pueblo sin comprometerse directamente en actividades de la organización campesina. Pero por el otro lado, ese mismo vivir en medio del ppueblo le llevó algunas veces a verse comprometido en situaciones con repercusiones políticas en el sentido amplio del término. Situaciones en las que lo político resultaba  el deber insoslayable del compromiso cristiano de sus feligreses. Sitaciones ambiguas, pero de las que en conciencia, no podía ausentarse dada su opción previa y fundamental de anunciar el Reino de Dios en medio de ese pueblo.

Su fidelidad sin reservas le llevó a serios conflictos externos e internos. Algunas veces tuvo dolorosas diferencias con los miembros de las organizaciones, que, a lavez, eran también miembros de las comunidades cristianas.

En los primeros meses de 1974, la ornización campesina Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS) fundó bases en las comunidades cristianas de la parroquia. Dicha organización, al menos de nombre, ya existía en la parroquia antes de que llegaran Rutilio y su grupo. El equipo misionero no fue el fundador de tales bases. Tampoco impidió su crecimiento. Solo procuró que diversas organizaciones no se pelearan las comunidades. La organización era un derecho del campesino y una obligación el organizarse. En cierto sentido FECCAS recogió los frutos que la evangelización había madurado.

En la Navidad de 1975, el 21 de diciembre, FECCAS realizó su primera manifestación política en Aguilares. Para entonces ya tenían alcance nacional. Algunos dirigentes, que también eran Delegados de la Palabra, pidieron a Rutilio celebrar una Misa para dar inicio a la manifestación. Rutilio y su equipo no accedieron a la petición, pero para no causar malestar entre su mejor gente, decidieron celebrar una “Navidad Campesina” en la hora de la Misa normal de la parroquia. La organización podría luego salir del templo y tener su manifestación con tal de no entrar en el templo con carteles ni lanzar gritos en las puertas.

En su homilía Rutilio advirtió: “No podemos casarnos con agrupaciones políticas de ninguna clase, pero no podemos permanecer indiferentes ante la política del bien común de las grandes mayorías del pueblo…de eso no podemos desentendernos ni hoy ni nunca”.

Pronto la Presidencia de la República se quejó al Arzobispo acusando a Rutilio y al equipo. Rutilio informó al Arzobispo que FECCAS, por tratarse de una organización gremial no partidista, entraba en el ámbito de las organizaciones intermedias, las cuales tenían un derecho humano innegable y estaban apoyadas por ls documentos papales, por los de Medellín y por las cartas pastorales del mismo Arzobispo. “Sé que no puedo oponerme a ellos como pastor, sino al contrario, tratar de iluminarlos como cristianos a partir de la fe, `para que sus actuaciones se adecúen a los valores del Evangelio”.

Rutilio creyó que en aquel momento esa era la mayor responsabilidad de la parroquia ante un buen número de cristianos de las comunidades…”quienes en virtud del dinamismo de conversión y crecimiento en la fe, pasan a convertirse normalmente en agentes de cambio, como lo quiere la Iglesia misma, en orden a las conquistas tan fundamentales a niverl del campesino como es la sindicalización, la defensa de los derechos laborales…” Después Rutilio tuvo que dar las mismas explicaciones en la Nunciatura, donde el Presidente también había pedido una aclaración.

Ante los campesinos, Rutilio y su equipo dejaron bien clara la diferencia entre la misión parroquial, la comunidad y la organización campesina. Una comunidad cristiana, en cuanto célula institucional de la Iglesia, no se identificaba con ninguna agrupación política, aunque de ella recibiera su impulso o inspiración. La misión parroquial no se identificaba en modo alguno con los objetivos y fines de una organización determinada, incluso con aquellas que se confesabqan cristianas.

La tesis fundamental de Rutilio era que la evangelización era algo más amplio que un determinado proyecto político. La misión parroquial no pretendía ninguna clase de poder, aunque en su acción pastoral incluyera a diversos grupos que legítimamente lo pretendían en plan de servicio y búsqueda de los mejores proyectos históricos realizables…La fuerza moral de la parroquia era el Evangelio y, al mismo tiempo, ésa era su mayor debilidad.

La Buena Noticia del Dgo de Resurrección-B

¡ALLELUYA, ALLELUYA! ¡EL SEÑOR RESUCITÓ!

Vio y creyó que Jesús había de resucitar de entre los muertos (Dibujo Cerezo Barredo)
Vio y creyó que Jesús había de resucitar de entre los muertos (Dibujo Cerezo Barredo)

LA HORA DE LA PALABRA

JESÚS TENÍA RAZÓN

¿Qué sentimos los seguidores de Jesús cuando nos atrevemos a creer de verdad que Dios ha resucitado a Jesús?¿Qué vivimos mientras seguimos caminando tras sus pasos? ¿Cómo nos comunicamos con él cuando lo experimentamos lleno de vida?

Jesús resucitado, tenías razón.

Es verdad cuanto nos has dicho de Dios. Ahora sabemos que es un Padre fiel, digno de toda confianza. Un Dios que nos ama más allá de la muerte. Le seguiremos llamando «Padre» con más fe que nunca, como tú nos enseñaste. Sabemos que no nos defraudará.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora sabemos que Dios es amigo de la vida. Ahora empezamos a entender mejor tu pasión por una vida más sana, justa y dichosa para todos. Ahora comprendemos por qué anteponías la salud de los enfermos a cualquier ley o tradición religiosa. Siguiendo tus pasos, viviremos curando la vida y aliviando el sufrimiento. Pondremos siempre la religión al servicio de las personas.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora sabemos que Dios hace justicia a las víctimas inocentes: hace triunfar la vida sobre la muerte, el bien sobre el mal, la verdad sobre la mentira, el amor sobre el odio. Seguiremos luchando contra el mal, la mentira y los abusos. Buscaremos siempre el reino de ese Dios y su justicia. Sabemos que es lo primero que el Padre quiere de nosotros.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora sabemos que Dios se identifica con los crucificados, nunca con los verdugos. Empezamos a entender por qué estabas siempre con los dolientes y por qué defendías tanto a los pobres, los hambrientos y despreciados. Defenderemos a los más débiles y vulnerables, a los maltratados por la sociedad y olvidados por la religión. En adelante escucharemos mejor tu llamada a ser compasivos como el Padre del cielo.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora empezamos a entender un poco tus palabras más duras y extrañas. Comenzamos a intuir que el que pierda su vida por ti y por tu evangelio la va a salvar. Ahora comprendemos por qué nos invitas a seguirte hasta el final cargando cada día con la cruz. Seguiremos sufriendo un poco por ti y por tu evangelio, pero muy pronto compartiremos contigo el abrazo del Padre.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora estás vivo para siempre y te haces presente en medio de nosotros cuando nos reunimos dos o tres en tu nombre. Ahora sabemos que no estamos solos, que tú nos acompañas mientras caminamos hacia el Padre. Escucharemos tu voz cuando leamos tu evangelio. Nos alimentaremos de ti cuando celebremos tu cena. Estarás con nosotros hasta el final de los tiempos.

José Antonio Pagola

TESTIGOS DE LA PALABRA

Paul McAuley
Paul McAuley

El misionero y activista medioambiental británico Paul McAuley, de 71 años, fue encontrado sin vida en el albergue que él mismo fundó para escolares indígenas en un barrio de la ciudad de Iquitos, en plena Amazonía peruana.
Los primeros indicios señalaban que el religioso había sido quemado hasta la muerte, pero un experto forense peruano, según « The Washington Post», asegura que murió antes de que su cuerpo fuera quemado en la Comunidad Estudiantil Intercultural ‘La Salle’ al no encontrarse dióxido de carbono en su sangre.
Los fiscales todavía no han determinado si McAuley fue asesinado o cuál ha sido el motivo de su muerte, aunque el forense señala que el cuerpo fue quemado «en circunstancias sospechosas”.

ORACIÓN DESDE LA PALABRA

¡ Cristo el Señor resucitó!
¡Alegría! ¡Aleluya! ¡Cristo el Señor resucitó!
Como un grito en la mañana, ¡resucitó!
Como amigo en el camino, ¡resucitó!
Como aquel que da la vida, resucitó!
 
¿Dónde estás, Señor, dónde?
Auí estoy, en el silencio, provocando la sorpresa
Abre los ojos y mira hacia dentro y hacia fuera,
Que en el lugar del dolor, en el trajín de la fiesta
O en la noria del amor, yo, el Señor,
llamo a tu puesta.
Quien se siente caminante,
de seguro que me encuentra
Llamando por las esquinas
Voy de camino y sin tregua.
 
Peregrino hacia Emaús para sentarme a tu mesa
Partiendo el Pan con cariño,
descubrirás mi presencia.
 
¿Dónde estás, Señor, dónde?
Vivo estoy y para siempre
Resucitado a tu vera.
Grita conmigo: ¡Aleluya!
Que ha merecido la pena.
Resucité del sepulclo y el cielo se hizo tierra.
¿Dónde estoy? Preguntas…
Tu vida es la respuesta.
¡Alegría! ¡Aleluya! ¿Cristo el Señor resucitó!
Como amigo en el camino, ¡resucitó!
Como aquel que da la vida, ¡resucitó!
 
Isidro Lozano o.c.
 
Pastoral Bíblica de Daniel Sánchez Barbero en Fuente de Pedro Naharro (Cuenca).

La buena noticia del domingo 28.03.2021—Dgo de Ramos-B

Bendito el que viene en nombre del Señor

 

LA HORA DE LA PALABRA

Jesús se entrega por todos.

Ante la pasión de Jesús no podemos ser meros espectadores o un auditorio pasivo.

Dios sufre con nosotros

Ante los millones de personas que mueren de hambre, que son refugiados o están desaparecidos, nos preguntamos: ¿Dónde está Dios? ¿Qué dice ante el sufrimiento?

Si queremos conocer la respuesta de Dios al sufrimiento, la tenemos que descubrir en el rostro de un crucificado que ha muertotras un misterioso grito lanzado al cielo, pero no contra el cielo.

Ahora el dolor ya no es signo de la ausencia de Dios. Donde parece que no hay Dios o que ha desaparecido, es donde está más cercano que nunca.

La respuesta de Dios al sufrimiento humano se halla en su cruz y en nuestra cruz de cada día.

TESTIGOS DE LA PALABRA

“Donde la vida, pongo el fuego”. Guillermo Sotillos
“Donde la vida, pongo el fuego”. 
Guillermo Sotillos 
 
Hace dos años se nos fue nuestro  compañero y hermano Guillermo Sotillos… Nos acompañó a las gentes de la Red desde  su origen, en los tiempos más duros de las redadas racistas en Lavapiès.
Formó   parte de los primeros grupos de apoyo a detenidos. Siempre desde abajo, y desde lo invisible obedeció a su corazón más que a las leyes injustas luchando contra ellas desde la libertad de su pasión por la dignidad humana y su amistad con tantos compañeros y compañeras sin papeles…
 
Con él aprendimos  muchas cosas, entre ellas a terapeutizar el dolor y la rabia a través del teatro, la poesía y los cuentos.
Su jovialidad y su incondicionalidad en la amistad y en las luchas y sueños compartidos, su disponibilidad a cualquier hora del día o de la noche, permanecen vivos en nuestra memoria para siempre… y con él seguimos y seguiremos, a partir de ahora de otra manera, aunque su ausencia hoy nos rompa el corazón.

 

 

ORACIÓN DESDE LA PALABRA

 
¡Bendito el que viene en nombre del Señor! 
 
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Con tu entrada en Jerusalén, Señor, se cumple
lo que todo un pueblo soñó desde siglos,
lo que fue su grito de esperanza
ante todas las dificultades.
 
Bien sabes, Señor, 
Que nuestro sí de hoy, mañana será un no;
que nuestros cantos se quedarán
en boca cerrada;
Que nuestros vivas darán lugar a deserciones;
Que nuestros gritos se convertirán
en silencios de muerte. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Te pedimos, Señor, que ante las dificultades
de la vida,
no se apaguen nuestras voces porque somos
tu expresión;
Que no escondamos nuestra vida cristiana
porque somos tu cuerpo;
Que no neguemos tu evangelio ni tu presencia
porque somos tu palabra.
 
Bien lo sabes, Señor Dios,
hermano y amigo nuestro para siempre,
que ya no podemos vivir sin ti.
Isidro Lozano o.c.
 

Pastoral bíblica de Daniel Sánchez Barbero en Fuente de Pedro Naharro, Cuenca

 

Una Misión en El Salvador (25)

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  1. Vuelta a La Chacra e inicio de una etapa nueva

 Después de dos años, vuelvo de nuevo a La Chacra, pues me dijo el Arzobispo que él no quería que se cerraran los proyectos sociales de salud y educación.

También me enviaba para que se terminara la construcción de la iglesia, que habíamos dejado para el final, pues nos parecía que primero teníamos que construir la iglesia espiritual

La verdad es que habíamos terminado la etapa de la guerra, pero ahora venía una nueva etapa, un gran reto: la construcción de la paz, de la reconciliación y de la democracia.

Pero no comenzábamos de cero. Ya estábamos acostumbrados a trabajar con un Plan de trabajo pastoral para toda la parroquia, que cada año se actualizaba, según la evaluación de fin de año que se hace en noviembre y la nueva realidad del final de la guerra y los Acuerdos de Paz.

En febrero se elabora en nuevo plan de trabajo con los objetivos y metas. También se prepara el calendario de actividades en el año. En marzo-abril es el tiempo de Cuaresma-Pascua, y mayo es el mes dedicado a la Virgen, terminando el mes con las Fiestas patronales de la parroquia. El mes de septiembre está dedicado a preparar la Misión evangelizadora popular que se realiza en el mes de octubre, el mes misionero en toda la Iglesia.

En esta nueva etapa hemos tenido la suerte de poder contar con varios grupos de agentes de pastoral que se han integrado en la parroquia y nos han enriquecido mucho. Ha venido un grupo de Religiosas Apostólicas de México y España que se han integrado en los distintos proyectos pastorales.

Igualmente un grupo de estudiantes jesuitas, que ya llegaron antes del terremoto y ayudaron mucho para el trabajo de organización de las distintas directivas comunales. También ha llegado otro grupo de estudiantes paulinos que se han ido integrando en las distintas pastorales. E igualmente vienen unos seminaristas de la Diócesis de Santiago María, que su obispo quiere que vivan en la parroquia mientras estudian la teología en la UCA.

E igualmente siguen viniendo voluntarios de Europa y de Estados Unidos, que participan en los distintos proyectos sociales. Ya durante la guerra vinieron a apoyarnos en educación y en salud, que además de ayudarnos en la parroquia apoyaron a las repoblaciones y también en las áreas de educación y salud en las zonas de guerra: del Pais Vasco, Garbiñe, Juan Pablo y Fátima entre otros, de Cataluña Marga, Joan y Carmen Uroz entre otros y de Navarra, Fermín, Peio, Marcos y Mariajosé entre otros; de Francia la enfermera Isabel y de Madrid, Juan Carlos, José Luis y otros ópticos populares.

Hemos podido desarrollar la formación de los agentes de pastoral que era el primer objetivo pastoral de la parroquia y más ahora en esta nueva etapa que ya se tiene más libertad para desarrollar talleres de formación bíblica y en doctrina social de la Iglesia, así como promotores de salud y promotores de trabajo comunitario.

El tener estudiantes jesuitas, que después han tenido responsabilidades pastorales en los países centroamericanos de Guatemala, Honduras y Nicaragua, nos ha servido para promover Encuentros de parroquias populares, participando en las Misiones Populares que en cada lugar se organizan. Así siempre recibimos un equipo de misioneros cuando preparamos las Misiones Populares; y también vamos un grupito de aquí cuando ellos organizan la Misión en sus lugares.

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Por eso nosotros decimos que queremos intentar una evangelización global, no sólo en la evangelización directa como en las Misiones Populares y la formación bíblica para formar líderes que animen los grupos bíblicos y las comunidades cristianas de los distintos sectores de la parroquia, sino también la formación social y política, pues se tienen que preparar como buenos ciudadanos para construir un nuevo país.

Además de profundizar y ampliar las áreas de educación y salud, también se abren nuevos proyectos sociales para responder a las necesidades del momento actual, como el proyecto de Bancos Comunitarios, que se dan pequeños créditos a la gente con los que logran una economía de subsistencia para vivir dignamente con pequeños proyectos productivos o de comercialización.

Igualmente se crea la Cooperativa Madre de los Pobres para responder a la necesidad de aprender a vivir de una forma cooperativa teniendo posibilidad de créditos de ahorro, de producción y comercialización en la granja de Apopa, donde se cultivan productos básicos o se tiene una pequeña granja avícola. Se construyen locales que nos sirven para las convivencias y encuentros de la parroquia y también se alquilan a otros grupos como Centro de Retiros, cuando nosotros no lo utilizamos.

        Aracely, Jorge e  Israel en los terrenos de la Cooperativa

Como ya teníamos costumbre organizamos la Misión Popular llamando a la reconciliación y al trabajo por la paz. La práctica la hemos ido enriqueciendo con la experiencia del P. Rutilio en Aguilares.

Misión Popular

Después de hacer el estudio lo más exhaustivo posible de la zona que se va a misionar, tenemos también la formación específica de los misioneros, no solo formación bíblico-teológica, sino formación en la metodología y educación liberadora, de forma que tengan herramientas sencillas para ir al encuentro de la gente y saber escuchar sus problemas y necesidades. Se trata de crear lazos de amistad y fraternidad para poder invitarles a algún grupo de reflexión y oración en su colonia. Y así se participa en la clausura de Misión, al aire libre en esa misma zona, donde se les invita a participar después en algún grupo de comunidad cristiana del Sector y también a las distintas actividades o proyectos de la parroquia.

 

 

 

 

Año de la Biblia-Los Profetas II

LOS PROFETAS (II). DESDE AMÓS AL DESTIERRO

Written by Gonzalo Haya

Los cuatro grandes profetas del siglo VIII a. C. nos resultarán más cercanos porque vivieron una situación más parecida a la nuestra de prosperidad para los ricos y de extrema desigualdad con los empobrecidos. Denunciaron, con duro lenguaje la desigualdad social, la corrupción de los ricos, la corrupción religiosa, y una religión más centrada en unas prácticas superficiales que en la solidaridad humana.

Amós (780-740 a. C.)

Amós, el profeta de la justicia, era un pastor del reino del Sur que fue enviado por Dios al reino del Norte para denunciar las injusticias sociales, políticas y religiosas, hasta que fue expulsado por el sacerdote Ananías por sus invectivas contra el rey Jeroboán. Tuvo una acertada visión política al prever, contra todas las circunstancias, la deportación del pueblo, que anunció como castigo de Dios. Y una visión universalista sobre Dios, que superaba el nacionalismo judío: “Esto dice el Señor, cuyo nombre es Dios del universo” (Am 5,27).

Su lenguaje es duro, extremista, unilateral y sarcástico, con metáforas muy expresivas, pero también con nombres y situaciones concretas que resultarían ofensivas para muchos de sus oyentes, aunque a nosotros nos dicen poco porque desconocemos las situaciones a las que alude; podemos hacernos una idea recordando los sermones de fray Antonio de Montesinos a los militares y colonos en La Española.

Para que caigamos en la cuenta de la crudeza de este lenguaje, Sicre pone unos ejemplos de su equivalente a nuestra vida actual, como este oráculo (que seguramente nos escandalizará) sobre el culto y la falsa seguridad religiosa que se le atribuía.

 Así dice el Señor a la casa de Israel:

Buscadme y viviréis; no busquéis a Betel,

no vayáis a Guilgal,

no os dirijáis a Berseba;

que Guilgal irá cautiva y Betel se volverá Betavén

Buscad al Señor y viviréis (Am 5,4-5)

  Así dice el Señor a los católicos:

Interesaos por mí y viviréis;

Pero no os intereséis por el Pilar,

no vayáis a Santiago,

no acudáis al Rocío.

Que el Pilar caerá por tierra,

y el Rocío se volverá tormenta.

Interesaos por el Señor y viviréis.

Interesarse por Dios es denunciar y eliminar las injusticias sociales, como expresa más adelante: “Detesto y aborrezco vuestras fiestas, me disgustan vuestras asambleas. Me presentáis vuestros holocaustos, vuestras ofrendas que yo no acepto… Que fluya el derecho como agua, y la justicia como un río inagotable” (Am 5,21-24); “Y porque pisoteáis al indigente exigiéndole el impuesto del grano, no habitaréis esas casas construidas sirviéndoos de piedras talladas…” (Am 5,11).

Como dice Spong, “Después de Amós, adoración y justicia ya nunca más estarían separados para el judaísmo verdadero…la justicia entre los hombres sería la expresión de la verdadera liturgia divina”.

Oseas (800-725)

Igual que Amós, Oseas profetizó en el reino del Norte, denunció con duro lenguaje las injusticias sociales, la idolatría, la corrupción de los sacerdotes y de la casa real, y el culto superficial a Yahvé, pero su enfoque es distinto. Oseas es el profeta del amor, del amor de padre (c. 11) y del amor de esposo celoso que amenaza pero luego perdona las infidelidades del pueblo.

La profecía de Oseas es un gran poema de amor que cambia la imagen de un Dios legislador y juez por la de un amor ilimitado, expresado no sólo con palabras sino con su propia vida. Su lenguaje es claro, emocional, y perfectamente asequible para nosotros. Su vida fue un reflejo de la relación de amor sin límite de Yahvé con su pueblo. Vida y mensaje coinciden.

Se casó con una prostituta porque, como expresa al inicio del libro “El Señor dijo a Oseas: anda, cásate con una prostituta” (1,2), “porque así también el Señor ama los israelitas, aunque ellos se vuelvan a otros dioses” (3,1) porque adoran a los dioses de la abundancia y la fertilidad.

Algunos Santos Padres encontraron cierta inmoralidad en este consejo divino, y consideraron todo el relato como una parábola; pero la mayoría de los exegetas lo consideran una realidad, una acción simbólica y profética. Actualmente podemos interpretar que Oseas se enamoró de una prostituta, sufrió sus continuas infidelidades, se enfurecía pero seguía amándola y perdonándola; la experiencia de este profundo amor le llevó a comprender (y aquí estaría la inspiración) que así es el amor de Dios por su pueblo (Os 1,2 – 3,5).

Amor celoso y enfurecido que anuncia el castigo “seré para ellos un león, una pantera acechando el camino. Los atacaré como una osa cuando es privada de sus crías”, pero también la promesa de salvación “Seré para Israel como el rocío, florecerá como el lirio y sus raíces serán tan firmes como los árboles del Líbano” (c. 13 y 14)).

Miqueas (740-687)

Miqueas es un campesino que huye a Jerusalén por la invasión siria del sur de Judea. Su profecía denuncia, como Amós y Oseas, la opresión que los poderosos ejercen sobre los pobres, la corrupción de los jueces y los sacerdotes, y la superficialidad del culto.

El libro de sus profecías muestra una importante reelaboración y añadidos de otro autor. El estilo es muy expresivo con datos realistas y expresiones de gran crudeza: “arrancáis la piel de la gente y dejáis sus huesos al desnudo… Cortan su carne en pedazos para echarlos a la olla” (3,1-5).

En sus profecías encontramos la promesa de “congregar al resto de Israel”, “convertir sus espadas en arados” y atraer a todas las naciones “al monte de la casa del Señor”; y sobre todo su profecía de un rey mesiánico que nacerá en Belén (Miqueas 5,1-4; Mateo 2,4-6). En 1Reyes se narra su desafío al rey Josafat y el bofetón que recibió por contestar así al rey (posible precedente para elaborar la historia de la Pasión de Jesús).

Spong resume en el capítulo 6 el mensaje de Miqueas: “El Señor entabla juicio con su pueblo… Pueblo mío, qué te hice, en qué te molesté? Respóndeme”. El pueblo piensa cómo desagraviar al Señor: “¿Con qué me presentaré al Señor…con holocaustos, con becerros añojos?” y llega a pensar en sacrificios humanos: “Le ofreceré mi primogénito por mi culpa, o el fruto de mi vientre por mi pecado?”. Miqueas le responde al pueblo: “Hombre ya te ha explicado lo que está bien, lo que el Señor desea de ti: que defiendas el derecho y ames la lealtad, que seas humilde con tu Dios” (6,1-9).

Isaías I (c. 1-39) (760-701)

Es el profeta más conocido por sus predicciones sobre el Mesías: “la joven está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Dios-con-nosotros” (7,14).

Los exégetas han comprobado que este libro no puede ser de un solo autor, por lo que distinguen entre Isaías I, al que a atribuyen aproximadamente los capítulo 1-39 (aunque con intercalados posteriores), Isaías II, y III (siglo VI a. C).

Isaías es un profeta de la corte y del templo pero, como los profetas campesinos, denuncia las injusticias sociales: “¡Ay de los que especulan con casas, y juntan campo con campo…”(5,8-14) y el falso culto: “¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios? Dice el Señor. Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones…Vuestras solemnidades y fiestas las detesto… cesad de obrar el mal…” (1,10-17); pero se caracteriza especialmente por la gran manifestación de la majestad de Dios (teofanía del c. 6), la fidelidad de un “resto de Israel”, y la reconciliación final de todos en Jerusalén.

Su lenguaje es de gran calidad literaria, sereno y preciso, gran poeta, con imágenes originales, y cantos como el de la viña (5,1-7) y el de Ezequías en su enfermedad (38,9-20).

Los capítulos 24-27, el apocalipsis de Isaías, fue escrito durante el siglo IV.

Siglo VII – VI

A mediados del siglo VII el rey Josías realiza una gran reforma religiosa apoyado por algunos profetas: Sofonías, que había denunciado el contagio de idolatría; Nahum, que anunció la caída de Nínive; Habacuc, que interpela a Dios por su silencio ante la injusticia de los opresores y el clamor de los oprimidos; Joel, que predice la venida del Espíritu sobre todo el pueblo, como confirma Lucas en Pentecostés (Hechos 2,17-21).

Jeremías fue el principal apoyo de la reforma de Josías. Sacerdote de origen rural, ejerció el profetismo entre finales del s. VII y comienzos del VI; defendió las tradiciones de la Alianza con Yahvé y la reunión de los reinos del Norte y del Sur centrándolos en el Templo de Jerusalén. Denunció las injusticias y contribuyó en gran medida a la redacción del Deuteronomio. Sus escritos fueron reinterpretados por los deuteronomistas en un sentido más laical, hasta el punto de que la versión griega es notablemente más extensa que la original hebrea.

Su vida y su obra se dividen en dos periodos política y socialmente muy diferentes marcados por la muerte del rey Josías (609 a. C.); la restauración religiosa y social de Josías cayó de nuevo en la corrupción y la debilidad política, con la primera deportación a Babilonia (597 a. C.). Jeremías murió desterrado en Egipto.

Su estilo mezcla la narración con la poesía, poemas construidos con realidades de la vida diaria, y acciones simbólicas como la del cinturón que se pudre o la cesta de higos; pero se caracteriza por sus relatos biográficos (c. 26-45) en los que manifiesta abiertamente sus sentimientos especialmente en sus “confesiones” (c. 11; 15; 17; 18; 20) : “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir… ¡Maldito el día en que nací… ¿Por qué salí del vientre de mi madre para pasar trabajos y penas, y acabar mis días derrotado!” (Jer. 20).

En su teología puede resultarnos difícil de entender la crudeza con que le atribuye directamente a Dios estas devastadoras invasiones de castigo por la infidelidad del pueblo: “mandaré a buscar… a mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y los traeré contra esta tierra y sus habitantes” (25,9); pero él mismo afirma que “En aquellos días ya no dirán: los padres comieron los agraces y los hijos padecen dentera, sino que cada cual morirá por su propia culpa” (31,30), y que esta invasión de Nabucodonosor se debe al orgullo del rey Joaquín que lo desafía, y que se podría evitar con un pacto (c. 36-38).                                                                                                                            Esta teología del castigo se compensa con un mensaje de salvación: cambiaré la suerte de mi pueblo, Israel y Judá, dice el Señor, y los volveré a llevar a la tierra que di en posesión a sus padres” (30,3).

El libro de Las lamentaciones.

La Biblia griega y la Vulgata atribuyen este libro a Jeremías, pero los estudios muestran que sería obra de diversos autores de la misma época y con algunas semejanzas, pero con apreciables diferencias. (Lo veremos al tratar de los Libros poéticos).

Carta de Jeremías

Un autor anónimo, inspirado en la carta de Jeremías a los desterrados (Jeremías c. 29), compuso esta sátira contra la idolatría probablemente en el periodo helenista (s. IV-II a. C.). Está dirigida supuestamente a los hebreos deportados a Babilonia, pero en realidad a todos los judíos de la diáspora a fin de que no se contagiaran con las prácticas idolátricas. El texto está en griego, por lo que no fue incluida en el canon hebreo.          Se trata de diez secciones centradas en el estribillo “A la vista está que no son dioses; no les tengáis ningún temor”. Repite la argumentación de Jeremías pero en general emplea un tono burlesco y superficial, que podría emplearse igualmente hoy por quienes quisieran burlarse de nuestras imágenes religiosas.

La Buena Noticia del Dgo 34ª-A

Fiesta de Cristo Rey del Universo

4.2.7

Mt 25, 31-46

LA SORPRESA FINAL

Los cristianos llevamos veinte siglos hablando del amor. Repetimos constantemente que el amor es el criterio último de toda actitud y comportamiento. Afirmamos que desde el amor será pronunciado el juicio definitivo sobre todas las personas, estructuras y realizaciones de los hombres. Sin embargo, con ese lenguaje tan hermoso del amor, podemos estar ocultando con frecuencia el mensaje auténtico de Jesús, mucho más directo, sencillo y concreto.

Es sorprendente observar que Jesús apenas pronuncia en los evangelios la palabra «amor». Tampoco en esta parábola que nos describe la suerte final de los humanos. Al final no se nos juzgará de manera general sobre el amor, sino sobre algo mucho más concreto: ¿qué hemos hecho cuando nos hemos encontrado con alguien que nos necesitaba? ¿Cómo hemos reaccionado ante los problemas y sufrimientos de personas concretas que hemos ido encontrando en nuestro camino?

Lo decisivo en la vida no es lo que decimos o pensamos, lo que creemos o escribimos. No bastan tampoco los sentimientos hermosos ni las protestas estériles. Lo importante es ayudar a quien nos necesita.

La mayoría de los cristianos nos sentimos satisfechos y tranquilos porque no hacemos a nadie ningún mal especialmente grave. Se nos olvida que, según la advertencia de Jesús, estamos preparando nuestro fracaso final siempre que cerramos nuestros ojos a las necesidades ajenas, siempre que eludimos cualquier responsabilidad que no sea en beneficio propio, siempre que nos contentamos con criticarlo todo, sin echar una mano a nadie.

La parábola de Jesús nos obliga a hacernos preguntas muy concretas: ¿estoy haciendo algo por alguien?, ¿a qué personas puedo yo prestar ayuda?, ¿qué hago para que reine un poco más de justicia, solidaridad y amistad entre nosotros?, ¿qué más podría hacer?

La última y decisiva enseñanza de Jesús es esta: el reino de Dios es y será siempre de los que aman al pobre y le ayudan en su necesidad. Esto es lo esencial y definitivo. Un día se nos abrirán los ojos y descubriremos con sorpresa que el amor es la única verdad, y que Dios reina allí donde hay hombres y mujeres capaces de amar y preocuparse por los demás.

José Antonio Pagola

Testigos de la Palabra

Los mártires de la UCA

El 16 de diciembre hace 31 años fueron asesinados en El Salvador, juntamente con dos empleadas domésticas, seis jesuitas en la Universidad Católica (UCA). Ignacio Ellacuría era el rector y los demás, el equipo principal de la Universidad Centro Americana. Habían tomado en serio lo que es hoy la Misión de la Compañía de Jesús: “Comprometerse , bajo el estandarte de la cruz, en la lucha crucial de nuestro tiempo: la lucha por la fe y la lucha por la justicia, que la misma fe exige”.

Ese compromiso los llevó a la muerte. La sangre derramada de nuestros seis hermanos y de las dos empleadas se convierte en clamor de los desposeídos de la tierra. Los jesuitas murieron luchando por una paz en justicia.

Así “los jesuitas de San Salvador”, “Ignacio y compañeros mártires”…,cristianamente hablando, hay que decir que merecieron la palma y la gracia del martirio.

La Buena Noticia del Dgo 33º-A

Poner a producir los dones que Dios nos da

4.2.7

Mt 25,14-30

Tentación del conservadurismo

El gran pecado de los seguidores de Jesús puede ser siempre el no arriesgarnos a seguirlo de manera creativa.

Las actitudes que debemos cuidar hoy en el interior de la Iglesia no se llaman «prudencia», «resignación, «fidelidad al pasado»…Llevan más bien otro nombre: «búsqueda creativa», «audacia», «capacidad de riesgo», «escucha del Espíritu» que todo lo hace nuevo…

El principal quehacer de la Iglesia hoy no es tanto conservar el pasado, sino aprender a ser creativos anunciando la Buena Noticia de Jesús en una sociedad de cambios sin precedentes,

Testigos de la Palabra

Antonio Fragoso(1920-2006) fue obispo auxiliar de São Luís do Maranhão (1957-1964) y titular de Crateús (1964-1998). Destacó en la defensa de los derechos humanos en Brasil en numerosas asociaciones, particularmente durante los años de la dictadura. Fue uno de los firmantes del Pacto de las catacumbas. La primera vez que supe de Dom Fragoso, gran amigo de Casaldáliga, fue por sus breves páginas del Prólogo al libro de Fredy Kunz (Padre Alfredinho) La burra de Balaam (1973); un libro que algunos leímos con devoción en el seminario y que a mí me convirtió, entre otras cosas, en militante anti Coca-Cola. Allí decía este obispo brasileño: “Dios ha escogido a los pequeños y a los débiles para confundir a los fuertes. Dios revela sus maravillas a los pobres… Los pobres pondrán en marcha la más profunda revolución social”.

En el Año de la Biblia: Los Profetas III

Año de la Biblia (Septiembre). Los profetas (III): desde el destierro hasta el final de la profecía (s. VI-III)

Gonzalo Haya

Ezequiel (610 – 569 a. C.)
Ezequiel es el profeta de las visiones espectaculares y apocalípticas, que han inspirado la cábala judía. Comienza el libro narrando su vocación en una gran manifestación de Dios, llevado en una especie de carro, por cuatro vivientes como seres humanos, cada uno con cuatro rostros y brazos con alas, que caminaban en todas direcciones entre vientos huracanados, y relámpagos… (c 1-3). Esta imagen tan incongruente nos quiere transmitir la majestad (santidad, trascendencia) de Dios al que no se le puede pedir cuentas por la destrucción de Jerusalén. Y quizás nos venga bien ahora a los cristianos, que nos hemos acostumbrado a ver a Dios en el niño de Belén y le hablamos con amistosa familiaridad. Padre sí, pero misterio también.

Ezequiel nació en Judea en una familia sacerdotal pero sufrió muy joven la primera deportación a Babilonia en el 597, y allí experimentó su vocación profética en el 593, que ejerció hasta su muerte. Sus escritos sufrieron añadidos y modificaciones por parte de la escuela sacerdotal hasta el s.III.

En su profecía se distinguen dos etapas, antes y después de la destrucción del Templo. En la primera (c. 1-21) se enfrenta a la falsa esperanza de los deportados en un inminente regreso y anuncia la destrucción de Jerusalén. En la segunda etapa, denuncia la culpabilidad de los príncipes, sacerdotes, profetas y terratenientes en esta catástrofe, pero transmite la esperanza en la restauración, la unión del reino del Norte y del Sur, una nueva Alianza con Dios, y la construcción de un nuevo Templo al que dedica los capítulos 40-47 con detalle de las medidas del altar, de las vestiduras, y de cada habitáculo, pared o puerta.

Su teología se aparta de la creencia tradicional de que Dios estaba vinculado al Templo de modo que éste era indestructible. Ezequiel reivindica la universalidad de Dios, “la movilidad cósmica del Señor representada por el carro que transporta su gloria en todas direcciones” (BTI) y su independencia que dirige la historia. No ha sido derrotado por Nabucodonosor sino que ha sido él mismo quien ha abandonado Jerusalén y ha traído al invasor como castigo por las infidelidades de su pueblo.

Ezequiel ejerció gran influencia en “el nacimiento del judaísmo” potenciando su aislamiento mediante las el cumplimiento del sábado, la alimentación kosher, y la circuncisión. Otro aspecto importante es la retribución individual frente a la creencia popular expresada en el refrán “los padres comieron los agraces y los hijos padecen la dentera. / por mi vida os juro, oráculo del Señor, / que nadie volverá a repetir ese refrán en Israel… el que peca es el que morirá… os juzgaré a cada uno según su proceder” (c. 18,132).

Su expresión en prosa es repetitiva y tediosa, sus textos poéticos son de gran plasticidad, con imágenes y visiones patéticas como la resurrección de los huesos por obra del aliento creativo de Dios (37) (texto que posteriormente han interpretado los “espirituales negros”). Su expresión histriónica se vale de acciones simbólicas, mimos y danzas, que lo configuran como un juglar de Dios.

Isaías II (c. 40-55)
No conocemos al autor de los capítulos 40-55 del libro de Isaías, y por eso se le denomina el segundo Isaías o deuteroisaías. Este profeta ejerció en los últimos años del exilio (550-540 a. C.). Proclamó el retorno del exilio y la reconstrucción de Jerusalén, “el segundo éxodo”, impulsado por Ciro, rey Persia, ungido por Dios para la liberación del pueblo hebreo (45,1-8).
Su teología se basa en la soberanía universal del Dios único y creador del mundo (44,24-28); pero es especialmente importante por su descripción del Siervo Sufriente (42,1-9; 49,1-7; 50,4-9; 52,13 a 53,12). Estos cuatro cantos sobre el Siervo sufriente sirvieron a las primeras comunidades cristianas para superar el escándalo que producía para un judío reconocer como Mesías a un Jesús crucificado.

Ningún cristiano había presenciado de cerca la Pasión de Jesús, pero los evangelistas utilizaron estos cantos y el salmo 22 (21) para describirla: “ofrecí mi espalda a los que me apaleaban / las mejillas a los que mesaban mi barba; / no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.” (Isaías 50,6).

Estos cantos hablan de la actitud del Siervo que no rehúye los sufrimientos que Dios le envía como expiación por los pecados del pueblo: “por los pecados de mi pueblo lo hirieron /… El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento / y entregar su vida como expiación…” (53,8-10). Esta descripción del Siervo Sufriente inicialmente se refería al pueblo de Israel: “Tú, Israel, pueblo mío, Jacob, mi elegido, (…)Tú eres mi siervo, te he elegido y no te he rechazado” (41,8-9), pero luego parece concretarse en un personaje o en una parte del pueblo. Las comunidades cristianas lo reconocieron como una profecía sobre la Pasión de Jesús. Así lo reconoce Lucas en el relato de los discípulos de Emaús: “Jesús, entonces, les dijo: ¡Qué lentos sois para creer lo que a anunciaron los profetas! ¿No tenía el Mesías que padecer todo eso para entrar en su gloria? Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura” (Lc 24,25-27).

El tema de la expiación (que Dios necesite un mártir para perdonar los pecados del pueblo) es especialmente importante porque la teología cristiana, comenzando por Pablo y los relatos de la Última Cena lo han tomado como tema central: “Cristo murió por nuestros pecados, según las escrituras” (1Cor 15,3b); Mateo en la institución de la eucaristía dice explícitamente “es mi sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para perdón de los pecados” (Mt 26,27); 1Cor 11,24; Mc 14,24; Lc 22,20 emplean una expresión más general “por vosotros” o “por muchos” sin mencionar los pecados. La Iglesia ha mantenido “para el perdón de los pecados” incluso en la modificación del canon en 2017; y muchos cristianos se han convertido y mantienen su fe “porque Jesús ha muerto por mis pecados”.

La idea de la muerte expiatoria de Jesús es cada vez es más rechazada o reinterpretada por muchos teólogos. Una fe adulta explica el sufrimiento de Jesús y de todo ser humano que sufre con paciencia la injusticia, porque sabe que una reacción de venganza provoca enfrentamientos y guerras, y una espiral de represión y más duros enfrentamientos. Esta espiral de odio sólo se corta con amor y alguna forma de no violencia activa, como nos mostró Gandhi y actualmente tantos líderes nativos sudamericanos que defienden sus tierras contra la explotación de los poderosos. Esta experiencia humana de superar con amor la espiral del odio, es la que el segundo Isaías experimentó al anunciar la vuelta del exilio, y la proyectó en “el Siervo sufriente” en términos de “expiación” y “holocaustos”, que era la práctica habitual en las religiones del entorno.

Jesús encarnó la actitud del Siervo sufriente, pero no como expiación por mis pecados cometidos en el silo XXI, sino como defensa no violenta, y hasta sus últimas consecuencias, de una sociedad política y religiosa más justa. Ésta sería hoy la actitud del Siervo sufriente.
El estilo de Isaías II es emotivo y apasionado, considerado por muchos como el mejor poeta de Israel; sus imágenes son muy expresivas y los evangelistas y san Pablo hicieron amplio uso de estas imágenes: “En el desierto preparadle un camino al Señor; “Como un pastor… toma en brazos los corderos” (Isaías 40,1-11). “Y no podían creer por lo que dijo también Isaías: les ha cegado los ojos y les ha embotado la mente para que sus ojos no vean ni su mente discurra” (Jn 12,39-40; Isaías 9,6). “Mirad a mi siervo…. Al que prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu… la caña cascada no la quebrará…) (Isaías 42,1-7; Mt 12,15-21).

Isaías III
Tampoco sabemos nada de este autor o autores de los capítulos 56-66 del libro de Isaías, pero es bastante posterior entre el siglo VI-V y profetiza en los primeros tiempos de la restauración. El libro de Isaías sufrió nuevos retoques y no quedó cerrado hasta el siglo III.
Sus temas son semejantes a los de otros profetas: denuncia las injusticias, la falsa religiosidad y la idolatría “guarda el derecho, practica la justicia, que mi salvación está para llegar y se va a revelar mi victoria” (56,1). El texto más destacado es el que leyó y se aplicó Jesús como su programa al iniciar su vida pública “El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha enviado a dar la buena noticia a los que sufren… para proclamar el año de gracia del Señor” (Isaías 61,1, Lc 4,18) aunque con la significativa omisión del final del texto de Isaías “y el día del desquite de nuestro Dios”.

Otros textos importantes son la apertura a los extranjeros y a los eunucos (56,3-8), el falso ayuno (58,1-12), la invocación a Dios como Padre (63,15-19), la nueva creación (65,17-25), y, en tiempos de la restauración del Templo de Jerusalén, su proclamación del templo de la naturaleza: “El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies:¿qué templo podréis construirme o qué lugar para mi descanso? (66,1-2) que mencionará el protomártir Esteban ante los jueces (Hechos 6,49-50).

Ageo
Ageo es un profeta del postexilio. El Decreto de Ciro (538), rey de Persia, permite e impulsa al pueblo a volver de Babilonia a Palestina. Comienza la reconstrucción de Jerusalén, pero Ageo ve que no han aprendido la lección, y denuncia las mismas injusticias sociales. Centra su predicación y su profecía (años 520-515) en la transformación del pueblo, la reconstrucción del Templo, y la promesa de la independencia y la gloria de Jerusalén. Reprocha a los potentados que construyen sus palacios y se olvidan del Templo (1,1-6,). El libro fue escrito por algún discípulo que recogió las profecías de Ageo.

Zacarías I
Se conoce como Zacarías I al profeta del siglo VI a. C. autor de los capítulo 1-8 del libro de Zacarías. Este profeta prolonga la profecía de Ageo sobre la reconstrucción del Templo y la esperanza mesiánica, que Zacarías proyecta en términos escatológicos. Su estilo se caracteriza por las ocho visiones nocturnas, de estilo apocalíptico y de difícil interpretación: caballos, cuernos, recipiente de la maldad del que sale una mujer (!) carros, corona. Se refiere a Dios, igual que Ageo, como “el Señor del universo” (4,6), y dedica un oráculo al falso ayuno (c. 7).

Joel
Profeta postexílico del siglo V o IV a. C que, en el azote de una plaga de langostas, vio el anuncio el día de Yahvé como un día “grandioso y temible” (c. 1-3) y llamó al arrepentimiento y a la oración en el Templo. El Señor “que es misericordioso y compasivo” perdonará a su pueblo y lo compensará por aquellos años de calamidad y oprobio: “todo el que invoque al Señor quedará alcanzará la salvación”, aunque parece que este “todo” se refiere a “un resto de liberados… a quienes ha escogido el Señor”. Los exégetas hablan del “nacionalismo exacerbado” de Joel en contraste con el universalismo del libro de Jonás

Este “día del Señor” no es lo que nosotros entendemos como el Juicio final sino un punto y aparte en la Historia, porque “Después de estos sucesos derramaré mi espíritu sobre todo ser humano, y vuestros hijos e hijas profetizarán…”. Lucas se inspiró en este texto al describir la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés (Hechos 2,4-21).

Malaquías
Profeta del siglo V a. C. citado en los evangelios por su promesa de la venida de Elías para preparar al pueblo a recibir al Mesías: “Mirad yo envío un mensajero a prepararme el camino…y yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible, reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra” (Malaquías 3,1 y 23; Mc 1,1-2; Mt 11,14; 17,11-12; 27,49, Lc 1,17).
Su profecía se desarrolla cuando el Templo ya había sido reconstruido y trata los problemas cotidianos del culto, ofrendas, tributos, y condena las injusticias sociales “contra los que defraudan al jornalero en su salario” y los matrimonios mixtos, en sintonía con la reforma de Esdras y Nehemías.

Su estilo sigue un procedimiento dialéctico, Dios acusa al pueblo, éste le presenta objeciones, Dios justifica su acusación y propone su mensaje.
De este modo se plantea, como Job, el problema de la prosperidad de los malvados: “Decís: No vale la pena servir a Dios… los malvados prosperan, tientan a Dios impunemente” (3,13-15) y responde con la justicia que ejercerá el Señor en su venida en el último día.

Pueden verse en sus profecías una superación del nacionalismos y algunos atisbos universalistas, como propone Spong, pero más bien parecen acicates para estimular a su pueblo: “dice el Señor de los ejércitos: De levante a poniente es grande mi fama en las naciones y en todo lugar me ofrecen sacrificios y ofrendas puras… Vosotros, en cambio, la profanáis….” ” (1,11-14); “¿No tenemos todos un solo padre? ¿no nos creó un mismo Dios?“ pero la continuación parece reducir ese “todos” a las tribus hebreas. “¿Por qué uno traiciona a su hermano…Judá traiciona, en Jerusalén se cometen abominaciones…” (2,10-12).

Zacarías II
Conocemos como Zacarías II al profeta que escribió en el siglo IV a. C., ya en el período helenístico, los capítulos 9-14 del libro de Zacarías. En ellos retoma los temas del juicio a las naciones, y la restauración de Jerusalén, y el de los malos pastores, pero se caracteriza por su visión apocalíptica de la Historia, con una lucha entre Judá y los gentiles, y el triunfo final de Dios. “el Señor será rey de todo el mundo”. Todas las tribus y todos los pueblos subirán cada año a Jerusalén “a rendir homenaje al Rey, al Señor de los ejércitos” con los consiguientes castigos a los que no suban a Jerusalén (!) (c. 14).

Los evangelistas describen la entrada de Jesús en Jerusalén el domingo de ramos en referencia a la profecía de Zacarías: “Alégrate, ciudad de Sion, aclama, Jerusalén; mira a tu rey que está llegando: justo, victorioso y humilde, cabalgando un asno, y una cría de borrica” (Zacarías 9,9). La expulsión de los mercaderes también puede aludir al final de la profecía de Zacarías: “Y aquel día ya no habrá mercaderes en el templo del Señor de los ejércitos” (Zac. 14,21).

Es fácil suponer que los evangelistas aprovecharon estas descripciones de los profetas para ampliar una anécdota sencilla de la vida de Jesús. Quizás el mismo Jesús, que conocía estas dichos de los profetas, quiso destacarlos porque encajaban en su programa del Reinado de Dios. Pero esto nos lleva más lejos, ¿Por qué Zacarías, que acaba de decir que el Señor “hundirá en el mar“ el poderío de Tiro, imagina ahora que el Mesías entrará como Rey en Jerusalén con tanta sencillez montado en un borriquillo. La experiencia religiosa permanente en la Biblia es que Dios manifiesta su poder a través de la debilidad humana. Y esta experiencia es de Zacarías, de Marcos, o de Jesús, aunque nosotros seguimos esperando que llegue con todo su poder.

Baruc
El libro de Baruc es una recopilación de escritos realizada probablemente hacia el 150 a. C y atribuida a Baruc secretario de Jeremías (siglo VI). Está ambientada en Babilonia durante el exilio y dirigida a los que han quedado en Jerusalén, la primera parte en prosa es una oración penitencia, la segunda es un poema de reflexión sobre la sabiduría, y la tercera un poema de consolación y restauración.

Jonás
Jonás es un profeta atípico. Escribe entre los siglos IV-III antes de Cristo, final de la profecía y auge de los libros sapienciales; no escribe oráculos contra su pueblo ni contra otros pueblos; no quiere cumplir el mensaje que Dios le encarga; no se expresa mediante la poesía sino mediante un cuento corto en tono humorista y con final inesperado, una parábola en acción de la que él mismo es el protagonista. Más que profeta podría considerársele como un sabio que, como Job, se rebela contra la teología de su época (y de la nuestra). No hay que interpretarlo como narración histórica ni quedarse en la imagen de la ballena, que tanto ha impresionado a los pintores desde las catacumbas, y que sirvió a los evangelistas como imagen de la resurrección de Jesús al tercer día.

Dios lo envía a Nínive, ciudad pagana, corrupta, y opresora de Israel, para que proclame un castigo; Jonás huye y se embarca en dirección contraria, la tempestad va a hundir el barco, reconoce que es por su culpa, y dice que lo tiren al mar, se lo traga una ballena, suplica al Señor, y a los tres días lo deposita en la playa. El Señor lo envía de nuevo a Nínive, proclama la destrucción de la ciudad, el pueblo se arrepiente, el Señor los perdona, Jonás se enfada y discute amigablemente con el Señor porque si no quería ir era porque “yo sabía que tú eres un Dios benévolo y compasivo lento para enojarte y lleno de amor, y te retractas del castigo”. Termina con una parábola en acción sobre la misericordia.

Es un libro que hay que leer porque es una obra maestra y porque desafía el nacionalismo exclusivista de la reforma de Esdras y Nehemías, y ofrece un mensaje de la misericordia universal de Dios

 

En el Año de la Biblia (10)

LIBROS HISTÓRICOS (II). LA RESTAURACIÓN

Nehemías y Esdras

El regreso de los israelitas a Jerusalén con la protección de Ciro y la construcción del segundo Templo en Jerusalén a finales del siglo VI a. C. marcan una nueva época conocida como el nacimiento del “judaísmo”. Los principales artífices de esta restauración fueron Nehemías, designado por el rey de Persia para organizar la vida social en la Palestina judía (hacia el 445 a. C.), y Esdras (398 a. C.), escriba experto en la Ley, que completan la obra ya recogida en el Pentateuco. Ambos reorganizaron al pueblo basados en la fidelidad a la Alianza, y escribieron sus memorias, que nos han llegado en los libros de Esdras y Nehemías, con importantes documentos de su época.

1 y 2 Crónicas

Estos libros fueron escritos entre el siglo IV o III por un levita, y son designados en griego como Paralipoménon, que significa de las cosas omitidas, porque repite y revisa todo lo narrado anteriormente en el Pentateuco y en la Historia deuteronomista, desde Adán hasta Esdras. Su estilo es minucioso, repetitivo y cargado de listas.

Su punto de vista ya no es el de los deuteronomistas sino el sacerdotal, y resalta todo lo referente al culto en el Templo de Jerusalén. Con esta intención religiosa se centra en un David idealizado como rey mesiánico, suaviza sus errores y pecados, y los de Salomón; los describe “no como realmente fueron, sino como hubieran debido ser” (Spong).

Es muy significativo comparar esta descripción de los dos emblemáticos reyes con la que leemos sobre David en el segundo libro de Samuel y sobre Salomón en el primer libro de Reyes.

Historia novelada y/o ejemplar

Así clasifica Xabier Pikaza cuatro historias, como novelas cortas, de ámbito familiar o nacional, y de profundo valor humano y religioso, que fueron escritos entre los siglos IV y III a. C. Su lectura resulta más fácil y amena que las complicadas luchas políticas o las minuciosas prescripciones legales, pero ¿qué podemos aprender de estas novelas ejemplares?

Rut es un ejemplo válido universalmente porque presenta valores profundamente humanos. Judit muestra el valor y la astucia de una mujer en circunstancias excepcionales. El libro de Ester es una novela cortesana con final feliz para los judíos exiliados en Persia, que fueron liberados de la opresión y persecución; pero a nosotros nos desazona la despiadada e injustificada venganza que se toma el pueblo. Tobías es un cuento infantil sobre el ángel de la guarda. Desde luego que las cuatro novelas, como toda la Biblia, explícita o implícitamente, muestran la providencia de Dios, especialmente con los débiles.

Rut

Escrito probablemente en el siglo IV a. C., sobre un episodio de siglo IX. Tiene como protagonistas a dos viudas, Noemí y su nuera moabita Rut. En su desamparo regresan a Belén, Rut va a espigar al campo de Boaz, un pariente que la toma por esposa según la ley del levirato, y de su descendencia nace David (por lo que Rut figura en la genealogía de Jesús en Mt 1,5). Los personajes son ejemplo de fidelidad, generosidad, y piedad; el estilo es ágil, con breves diálogos, y contrastes de emociones.

Teológicamente es una muestra de apertura religiosa, un libro protesta, escrito en un siglo en que se rechazaba al extranjero y se prohibían los matrimonios mixtos para defender la pureza judía y evitar la contaminación de la idolatría. Este libro “es un espejo en el que descubrir nuestros propios prejuicios” (Spong).

Judit

Escrito en el siglo III o II a. C, es considerado deuterocanónico (apócrifo) por la Biblia hebrea y protestante, porque el texto más antiguo que se conservaba está en griego, aunque la versión original estaría en arameo.

No es una historia real, sino una novela con fondo teológico para mostrar la protección de Dios por el pueblo desvalido frente al poder imperial despótico. Atribuye la acción a personajes históricos famosos, en lugares y situaciones con evidentes anacronismos. Nabucodonosor, rey de Babilonia figura como rey de Asiria, y podría ser una alusión velada a Antíoco IV que profanó el Templo de Jerusalén. Su general Holofernes era un personaje de Persia.

La protagonista es Judit, mujer judía piadosa, símbolo del pueblo fiel a Dios. Se introduce en el campamento del ejército que sitia la ciudad, seduce a Holofernes, le corta la cabeza, regresa, la exhibe como trofeo, y provoca el terror y la huida de los sitiadores.

Ester

Escrito en el siglo IV, es una obra de ficción, quizás con fondo histórico. La reina Vashti se negó a asistir al banquete que Asuero celebraba con los nobles; esto sería un precedente para todas las mujeres del reino, porque las mujeres deben honrar a sus maridos porque esa es “la ley de los medos y los persas”. La reina fue destronada y se buscó otra mujer para el rey; la elección recayó en Ester, una joven judía.

El ministro Hamán había decretado la persecución y matanza de todos los judíos; pero Mardoqueo, padre adoptivo de Ester, descubre una conjuración contra el rey, se la comunica a Ester, y ésta consigue la destitución de Hamán y la liberación de los judíos.

El libro termina con la cruel venganza de los judíos y la institución de la fiesta de los Purim, que debía celebrarse “de generación en generación, en cada familia” (Ester 9,20-32). Su inclusión en el canon hebreo tuvo dificultades porque ni siquiera nombra a Dios, pero finalmente fue admitido porque era leído habitualmente en la fiesta de Purim. Posteriormente la traducción de Los LXX le agregó algunos párrafos para reforzar su sentido religioso.

Tobías

Escrito en el siglo III, es una novela del exilio que no está incluida en el canon hebreo, a pesar de que es un modelo de observancia de la Ley, porque sólo se conserva el texto griego. Tobit, un judío piadoso aquejado de ceguera, que vive en el exilio, envía a su hijo Tobías a cobrar una deuda. El ángel Rafael se presenta como un joven para acompañar a Tobías; en el camino pescan un pez enorme y el ángel le dice que guarde la hiel, el corazón y el hígado. En el camino conoce a Sara, pariente suya, que se había casado siete veces pero el demonio Asmodeo mataba a cada marido en la noche de la boda. Aconsejado por el ángel, Tobías cura con la hiel del pez la ceguera de su padre y se casa con Sara libre de la maldición.

La época griega

1 y 2 Macabeos

Desde la conquista de Alejandro Magno (331), la administración de Palestina estuvo en manos de Egipto (323) y de Siria (200). Los egipcios fueron tolerantes con la religión y el culto en el Templo, pero los sirios quisieron imponer la cultura griega, prohibieron las prácticas judías (la circuncisión, el sábado), y Epifanio IV robó los tesoros del Templo e instaló en él una estatua del dios Zeus (167 a. C.). Esta intolerancia provocó la rebelión armada de Matatías (167 a. C) y sus hijos, capitaneados por Judas Macabeo, Estas luchas son el tema de los dos libros de los Macabeos. Entre los mismos judíos hubo dos tendencias que lucharon entre sí, una exclusivamente religiosa y otra que daba más importancia a un estado político independiente.

El primer libro fue escrito hacia el año 100 a. C. en hebreo por un judío palestino, pero no está en el canon hebreo porque sólo se conservó la traducción griega. Es de tendencia político militar y narra las luchas y triunfos militares (175-134) con la institución del Sumo Sacerdote como rey y general del ejército. Este reino se prolongó con los asmoneos hasta que Pompeyo conquistó Jerusalén (63 a. C) y tras unos gobernadores fue designado rey Herodes el Grande (39-4 a. C).

El segundo, escrito también hacia el 100 a. C, no es continuación del primero, sino que trata aproximadamente sobre el mismo periodo (175-160) aunque con distinto enfoque. Está escrito en griego y dirigido a los judíos de Alejandría. Es de carácter religioso y moralizante, acepta la victoria de Judas Macabeo pero no el estado político-militar impuesto posteriormente. Abundan las intervenciones divinas, pondera la fidelidad de los que han sacrificado la vida por su religión, como el martirio de los siete hermanos Macabeos con su madre (2 Mac 7), y expresa, por primera vez en la Biblia, la creencia en la resurrección como justo premio a esta fidelidad. El estilo de este libro es tan aparatoso que Alonso Schöckel lo compara con un auto sacramental barroco.

Bibliografía

Xabier Pikaza: “Ciudad Biblia. Guía para adentrarse, perderse y encontrarse en los libros bíblicos”. Ed verbo divino 2019. p. 84-88

Biblia Traducción Interconfesional. Introducción a cada uno de los libros. Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, Verbo Divino, Sociedades Bíblicas Unidas, 2008.

John Shelby Spong, obispo anglicano: “Orígenes de la Biblia”, c. 24, 27 28. Traducción digital facilitada por: Asociación Marcel Légaut, http://marcellegaut.orghttp://johnshelbyspong.es

Luis Alonso Schökel: Introducción a cada uno de los libros, en Nueva Biblia Española. Ed. Cristiandad 1990

  1. Mendoza: “Judit, libro de” en Gran Diccionario enciclopédico de la Biblia, ed. Clie, 2013.

José Luis Sicre: Introducción al Antiguo Testamento. Ed verbo divino 2016. La época griega p. 432-436

 

La Buena Noticia del Dgo 32ª-A

Estar vigilantes

Mt 25, 1-13

Velad, pues no sabéis el día ni la hora

A las jóvenes imprudentes de la parábola se les apagaron las lámparas pues no llevaban aceite, y no pudieron entrar al banquete.

La fe, la esperanza y la práctica del amor son el «aceite» que no puede faltar a quienes desean seguir a Jesús. Un aceite que se consume constantemente y hay que renovar.

¿Qué significa hay para nosotros la llamada de Jesús a estar vigilantes? ¿Qué aceite necesitamos para que no se nos apaguen las lámparas?

Testigos de la Palabra

El argentino Eduardo Pironio (1920-1998) fue administrador apostólico de la diócesis de Avellaneda (1968-1972) y arzobispo de la de Mar del Plata (1972-1975), luego prefecto vaticano y cardenal (1976) muy querido por Paulo VI. Fue secretario general y presidente del (CELAM), teniendo una gran influencia en la conferencia de Medellín. Fue uno de los teólogos fundadores de la teología latinoamericana basada en la doctrina social de la iglesia; la suya es una de las ramas de la teología de la liberación llamada por Scannone Teología de la liberación desde la praxis pastoral. Como a los anteriores, su predicación comprometida con la opción preferencial por los pobres le valió ser tildado por algunos de comunista y montonero. En el marco de inseguridad de la dictadura en los años 70 recibió duras acusaciones e incluso amenazas de muerte. Publicó numerosas obras, entre ellas: Iglesia-Pueblo de Dios (1970), En el espíritu de Medellín. Escritos pastorales (1976), Evangelización y liberación (1976), María y los pobres (1980), Guiados por el Espíritu (1991) y Cristo entre nosotros (1998).