Mujeres en la Curia

El papa Francisco dará por primera vez voz a las mujeres en el nombramiento de obispos

Francisco  con el periodista de Reuters, Phil Pulella
Francisco con el periodista de Reuters, Phil Pulella

«De este modo, las cosas se abren un poco», le señaló Francisco al periodista de Reuters, Phil Pulella, durante la entrevista que mantuvo el pasado fin de semana en la Residencia Santa Marta

El Papa mencionó que en 2021, por primera vez, nombró a una mujer para el puesto número dos de la gobernación de la Ciudad del Vaticano, convirtiendo a la hermana Raffaella Petrini en la mujer de mayor rango en el Estado más pequeño del mundo

Por José Lorenzo Agencias

El papa Francisco quiere dar a las mujeres más puestos de alto nivel en la Santa Sede y reveló que por primera vez nombraría a mujeres en un comité del Vaticano que antes era sólo de hombres y que le ayuda a seleccionar a los obispos del mundo, según informa Reuters, agencia que entrevistó al Pontífice en la Residencia Santa Marta el pasado 2 de julio.

«Estoy abierto a darles una oportunidad (a las mujeres)», dijo en la parte de la entrevista en la que se habló de la nueva constitución apostólica Praedicate Evangelium, promulgada el pasado 19 de marzo y que entró en vigor el 5 de junio, aunque su contenido ha tardado más de tres meses en ser traducido…

Mujeres en la Curia

Mencionó que el año pasado, por primera vez, nombró a una mujer para el puesto número dos de la gobernación de la Ciudad del Vaticano, convirtiendo a la hermana Raffaella Petrini en la mujer de mayor rango en el Estado más pequeño del mundo.
«Dos mujeres serán nombradas por primera vez en el comité de elección de obispos en la Congregación para los Obispos«, afirmó Francisco en la entrevista mantenida con el vaticanista Phil Pulella, en lo que es una medida que no ha sido anunciada oficialmente, pero que es muy significativa porque las mujeres tendrán por primera vez voz en el nombramiento de los obispos del mundo». «De este modo, las cosas se abren un poco», añadió Francisco.

La reforma de la Curia

La reforma “franciscana” de la curia romana

Praedicate Evangelium

«Se ha cumplido así la que, seguramente, será la gran obra de este pontificado. Y Francisco puede entonar gozoso su propio ‘nunc dimittis'»

«La reforma parece buscar que la curia romana, en lugar de ser un muro entre papa y obispos, sea un verdadero lazo»

«La limitación de los cargos a cinco años prorrogables por una vez, que evitará probablemente las posibilidades y tentaciones de ese “carrerismo” tantas veces denunciado por Francisco»

«El carácter episcopal de personas que trabajan en oficinas quebranta el canon VI del concilio de Calcedonia de que no haya obispo sin diócesis»

Por | José I. González Faus teólogo

El próximo 3 de junio será proclamada oficialmente la Constitución Apostólica para la reforma de la curia romana, que lleva como título Praedicate evangelium y, como subtítulo: “una nueva curia para un tiempo nuevo”. 

Sin necesidad de llamar a la Curia “la gran prostituta” como hacía el hermano Martín Lutero, tan fino él siempre, su reforma era una de las tareas pendientes desde el Vaticano II, cuando Ottaviani protestaba a gritos contra las demandas no recuerdo ya si del cardenal König o de Lercaro. Los intentos de Paulo VI o de Juan Pablo II fracasaron por resistencias de la misma curia y se quedaron en meros retoques cosméticos. Francisco, siguiendo más su modo de gobernar, encargó la tarea a una comisión de nueve cardenales de todo el mundo, creada en el 2013 y que reconocen haber trabajado intensamente. Se ha cumplido así la que, seguramente, será la gran obra de este pontificado. Y Francisco puede entonar gozoso su propio “nunc dimittis”.

Cuando me encargaron este comentario, pensé negarme porque soy de aquella generación que, de jóvenes, presumían de alergia al derecho canónico. Pero los años también suavizan cosas y enseñan algo. Y además, me animó saber que el texto jurídico estaba precedido por una reflexión teológica, que será quizá lo más importante de mi comentario. 

Manos al texto, pues. Para ayudar al lector lo que sean puros comentarios míos (no resúmenes o exposiciones del texto), irán siempre en letra más menuda o en notas al pie.

ECLESIOLOGÍA PREVIA

Siguiendo la propuesta de Paulo VI durante el Vaticano II, podemos estructurar esa eclesiología del Documento hablando de la Iglesia hacia fuera y hacia dentro.

 Ecclesia ad extra

La primera creo que cabe en estas cuatro tesis.

–   La misión de la Iglesia y su razón de ser es predicar el evangelio, no simplemente organizarse. El documento habla expresamente de una “conversión misionera” de la Iglesia (n. 2); y busca armonizar mejor el servicio de la Curia con esa misión evangelizadora (n. 6).

-Esa misión no es solo tarea de los clérigos sino de todo cristiano por el bautismo, y se concreta en ser “luz del mundo” (n. 2). 

–   Y eso lo será la Iglesia (como dijo Vaticano II) siendo una señal eficaz de “comunión nueva”: una comunión de caminantes (syn-odalidad) en la que cada uno tiene algo que aprender del otro (n. 4).

–   La evangelización no consiste solo en un anuncio sino también en el cuidado de los más débiles, más enfermos o más sufridos (n. 1 y 11).

1.2.- Ecclesia ad intra

Para subsistir la Iglesia tiene una especie de osamenta, o estructura que fue el grupo de los 12 con Pedro a la cabeza, y que hoy se continúa en el episcopado con el sucesor de Pedro. De ahí el carácter no solo local sino universal del ministerio episcopal. Por eso, el Documento quiere dar expresión también a la dimensión colegial del ministerio episcopal, más descuidada hasta hoy. 

Y solo después de dicho esto, es en esa eclesiología donde hay que situar a la Curia romana.

1.3.- Curia

La Curia romana está también en relación con ese colegio episcopal. No se sitúa entre el papa y los obispos sino que se pone al servicio de ambos (n. 8). Está pues “al servicio del papa y de los obispos”, respetando la responsabilidad señalada que les corresponde como sucesores de los Apóstoles (pp. 138-39)1. La reforma de la curia no es un fin en sí misma sino un medio para la evangelización, el ecumenismo y el diálogo constructivo entre todos (n 12), desde la espiritualidad del buen samaritano que parece tan querida a Francisco (n. 11).

Pero lo dicho vale también de algún modo para todo cristiano que, por el bautismo, -y si ha encontrado el Amor de Dios en Cristo-, participa de la misión evangelizadora de la Iglesia. Por tanto, la reforma de la Curia debe prever la implicación de los laicos incluso en funciones de gobierno y responsabilidad (n. 10): cualquier fiel puede presidir un dicasterio o un organismo (II, 5).

Ojalá estos principios se conviertan en el alma de toda la praxis futura y anime a la Iglesia a practicar ese “principio de solidaridad” que tanto ha enseñado y tan poco practicado. La redacción del texto deja la impresión de que a veces usa como un doble lenguaje (como pasa también en la constitución del Vaticano II sobre la Iglesia): frases más nítidas se acompañan a veces con algunas expresiones más tradicionales que parecen hechas para tranquilizar a los conservadores. Comento esto porque me ha sugerido la consideración y el cuidado con que habrán querido trabajar los redactores. Y repito: como ocurrió en el Vaticano II para obtener así votaciones cercanas a la unanimidad.

2.-PRINCIPIOS PARA LA REFORMA

El célebre refrán castellano “hecha la ley hecha la trampa” puede tener una interpretación menos sarcástica que diga: “hecha la ley hecha la interpretación”. Por algo existe en todos los países la llamada jurisprudencia, para ayudar a aplicar las leyes. Pues, en definitiva, lo importante no son solo las leyes sino cómo se cumplan: ahí estará la verdadera reforma.

Quizá por eso, una de las novedades de esta Constitución es que, entre los principios teológicos comentados, y los diversos cánones o normas, existe un capítulo intermedio que intenta marcar los criterios con que han de ser leídos. Son los siguientes

1.- Servicio a la misión del papa. Pero un servicio no exclusivo y que está dirigido no meramente a la autoridad sino a la misión.

2.- Corresponsabilidad en la comunión. Lo cual parece que debe implicar una clara descentralización.

3.- Servicio también a la misión de los obispos. Mediante: consejo, apoyo, protección de vulnerables, servicio a la paz, justicia y familia.

Este tercer principio completa al primero; y el segundo da su fundamento: la Iglesia es una comunión corresponsable. Hasta ahora daba la impresión de que la curia no tenía autoridad sobre el papa, pero sí sobre los obispos. El lenguaje de servicio evita también eso: la Curia no tiene autoridad sobre los obispos como no la tiene sobre el papa. La reforma parece buscar que la curia romana, en lugar de ser un muro entre papa y obispos, sea un verdadero lazo.

4.- Apoyo también a las iglesias orientales

5.- Carácter vicario. Es decir: no actúa en nombre propio como hasta ahora, sino en nombre del papa. Por eso (porque cualquier fiel, aunque no sea obispo, puede presidir un dicasterio u organismo de la Curia) queda claro que esta no actúa en nombre propio. 

Si no hace falta ser obispo para presidir un dicasterio, se evita que el carácter episcopal de sus miembros dé a la Curia la misma dignidad que un obispo diocesano, para poder tratarlo autoritariamente. Además, ese carácter episcopal de personas que trabajan en oficinas quebranta el canon VI del concilio de Calcedonia de que no haya obispo sin diócesis. El recurso a nombrarlos obispos de una diócesis inexistente resulta hoy una hipocresía demasiado clara. Parece ser que Benedito XVI ya intentó arreglar esto, pero la Curia se le opuso. El acierto de Francisco habrá sido que esa decisión no la ha tomado el papa solo por su cuenta, sino el consejo de cardenales que trabajó esta reforma. La Curia, pues, ya no podrá pretender que su propia palabra funcione como palabra del papa (2).

6.- Espiritualidad: una relación con Cristo que lleve a gastarse por los planes de Dios (no por los propios) y un servicio a la Iglesia-misterio más que a la iglesia institución.

Vale la pena recordar aquí las duras palabras de Francisco, en uno de sus primeros discursos a la Curia, alertando sobre el peligro de lo que él llamó “un alzhéimer espiritual”.

7.- Integridad personal y profesionalidad.- De entre todas las cualidades exigidas destaco aquí la de “capacidad para discernir los signos de los tiempos”. Ello pide también atención cuidadosa a la selección y formación del personal.

8.- Colaboración entre los dicasterios.- Recupera el viejo eslogan latinoamericano de “comunión y participación” y lo concreta en reuniones periódicas con el obispo de Roma (individuales y en grupo). Pero también:

9.- Reuniones interdicasteriales e intradicasteriales. Necesarias porque puede haber temas que involucran a varios dicasterios. Incluye también reuniones periódicas plenarias entre los miembros de un dicasterio.

10.- Expresión de catolicidad.- Con colaboradores provenientes de diversas culturas. Y que se refleje en la elección de sus miembros.

11.- Reducción de dicasterios.- Uniendo aquellos cuya finalidad era muy similar y haciendo así más eficaz el trabajo.

12.- Termina esta parte con una cita de Pablo VI: “que la caridad pueda encender todos los principios, doctrinas y propósitos para poder realizar aquella renovación que fue el fin del Vaticano II”.

      3.- ARTICULADO


250 cánones (algunos con varios párrafos) son demasiados para el profano comentarista y para el profano lector. Elegiré, pues, los que me parecen más importantes o novedosos, evitando sutilezas canónicas (como tareas y competencias, reuniones –en las que se insiste muchas veces-, nombramientos, relación entre organismos, competencias…), y evitando también repeticiones de lo ya expuesto. Pero el lector debe saber que todo lo que sigue es una panorámica muy a vuelapluma.

3.1.- Algunos principios generales

Artículo 6.- Que los miembros de la curia que son clérigos tengan también cura de almas. Y los que pertenecen a algún instituto o sociedad colaboren también en otras realidades eclesiales.

Art. 11.- Seguir (ad intra) los criterios de la doctrina social de la Iglesia.

Art. 12.- Se compone de: secretaría de estado, dicasterios, organismos, y oficinas (instituciones curiales).

Art. 17: cargos por cinco años; cesan a los 80

Art. 21: cada institución de la Curia “estudia los problemas más graves del tiempo presente para promover la acción pastoral de la iglesia de manera más adecuada coordinada y eficaz…” (En lugar de responder desde criterios fijos).

Art. 29: cuando una institución prepara un documento, ha de ser visto y mejorado por todas las otras instituciones de la Curia antes de ser presentado al papa. 

Art. 30: Una institución curial “no puede dictar decretos generales con fuerza de ley”, ni puede derogar las prescripciones del derecho universal; ni hacer nada en asuntos importantes o extraordinarios sin la aprobación del papa (A 31).

Importantes son también los AA 36 y 37: “la curia romana al servicio de las iglesias particulares”, donde nunca se habla de ordenar o mandar, sino de “colaborar…, tener en cuenta el parecer de las conferencias episcopales, responder con celeridad, consultar a los nuncios y comunicar las decisiones tomadas antes de publicarlas”.

Un primer detalle que me ha llamado la atención es que se habla generalmente de obispo de Roma o pontífice romano, y no de su Santidad. Más seria es la obligación de estudiar los problemas de cada tiempo (en otro lugar se habla de los “signos de los tiempos”) en lugar de responder con fórmulas prefabricadas. Todavía más seria es la limitación de los cargos a cinco años prorrogables por una vez, que evitará probablemente las posibilidades y tentaciones de ese “carrerismo” tantas veces denunciado por Francisco y que parecía una de las lacras de la curia actual. Habrá que contar, no obstante, con la posible dificultad de que no será fácil encontrar tantos miembros (bien preparados además) como los que exige esta reforma. 

Además, el que estas personas (que prestan ese servicio imprescindible de la burocracia) tengan también cura de almas, será un gran beneficio no solo para ellos sino para la iglesia universal. (Recuerdo cómo hace años me explicaba algo de esto el P. Simón Decloux, uno de los Asistentes Generales de Pedro Arrupe que, mientras estuvo en ese cargo, no dejó de visitar las barriadas más míseras de Roma). 

Finalmente, el artículo 29 me deja la pregunta de si, con las posibilidades digitales de hoy, sería posible que algunas instituciones de la Curia tuvieran su sede fuera de Roma, en diversos lugares del planeta. Quizá sería una ayuda para ese interés (bien presente en este documento) por “hacer visible la catolicidad de la iglesia”.

3.2.- Dicasterios

Se ha procurado reducirlos y han quedado 16. Son los siguientes:

–    Para evangelización. Y llama la atención que este dicasterio esté presidido directamente por el papa (art.54), en consonancia con la primera de las tesis teológicas antes citadas. Como también que este dicasterio tenga una sección de estudio sobre todo para signos de los tiempos y para las condiciones de los destinatarios del evangelio (art. 57). 

-Para la doctrina de la fe. Además de “conservar el depósito”, y más que “condenar errores”, se propone aquí hacer que resplandezca la verdad del evangelio, investigando hacia “una comprensión cada vez más profunda de la fe antes las nuevas cuestiones” (art. 69). Aquí entran la pontificia comisión bíblica, la comisión teológica internacional y una comisión para la protección de menores.

–   Para el servicio de la caridad. Este puede ser uno de los rasgos más llamativos de la reforma: la antigua “limosnería apostólica” convertida en dicasterio. Y además para que trabaje “a partir de la opción por los pobres, vulnerables y excluidos” (art. 79), concretando “la solicitud y cercanía del romano pontífice hacia quienes viven en situaciones de indigencia, marginación o pobreza” (art. 80)(3). 

–    Para las iglesias orientales

–  Para culto y sacramentos, que comienza con una alusión expresa a “promover la renovación emprendida por el Vaticano II” (art. 88), y que deja las traducciones a cada lengua en manos de las conferencias episcopales y no en manos de la Curia que solo se limita a confirmarlas (4).

–    Para causas de los santos, para obispos, para el clero, para institutos de vida consagrada. Estos cuanto dicasterios quedan prácticamente igual, pero: en el de los obispos se dice que los nombramientos se harán “tomando en consideración las propuestas de las iglesias particulares, de las Conferencias Episcopales y de las Representaciones Pontificias, previa consulta a los miembros de la Presidencia de la Conferencia episcopal y del Metropolitano” (art. 105) (5). 

-Para asuntos del clero: queda en manos de las Conferencias Episcopales la elaboración de los planes de formación, pero para que “los alumnos sean adecuadamente educados con una sólida formación humana, espiritual, intelectual y pastoral” (art. 114, y creo que vale la pena notar la intención de los cuatro adjetivos). Además se añade un nuevo dicasterio:

–    Para laicos, familia y vida. Para que los laicos “compartan, tanto en la pastoral como el gobierno de la iglesia, sus experiencias creyentes y sus propias habilidades seculares” (art. 129) y con una especial preocupación “por los jóvenes” (130), por la identidad y misión de la mujer (131), por los “modelos para la transmisión de la fe en las familias” (136), por las crisis matrimoniales y las personas involucradas en fracasos matrimoniales (a. 137,2) y por el tema del aborto (138). 

–    Para la unidad de los cristianos. 

–   Para diálogo interreligioso, en este artículo se indica que el trato con las demás religiones sea “con actitud de escucha, estima y respeto”; y que se dirija “a promover la libertad, la justicia social, la protección y salvaguarda de la creación” (art. 148). 

Una relación, por tanto, que sea mucho más de “diapraxis” que mero diálogo teórico (que, en mi opinión, solo podrá ser algo fecundo tras el mutuo conocimiento y estima que generan los compromisos y luchas conjuntas.

–   Para cultura y educación (dicasterio muy reciente, que unifica muchas entidades distintas y que ha tenido ya a un laico, Paolo Ruffini, como director

–   Para el servicio humano integral (que integra antiguos consejos pontificios: Justicia y paz, pastoral de emigrantes y de la salud, cor unum) para promover la dignidad de la persona humana, los derechos humanos y la integridad de la creación… (art. 163) cooperando además con todas las religiones y organizaciones civiles dispuestas a eso (art. 164) (6).  Y que, finalmente “promueve y defiende modelos de economía equitativos y estilos de vida sobrios, sobre todo promoviendo iniciativas contra la explotación económica y social de los países pobres” (art. 168)

–    Para textos legislativos, para comunicación. (16 dicasterios en total)

3.3.- Organismos

Penitenciaría apostólica, tribunal de la rota, consejo y secretaría de asuntos económicos, administración del patrimonio, auditoría general, materias reservadas, inversiones (7 en total).

De ellos el más importante me parece la secretaría de asuntos económicos que constará de 15 miembros (ocho cardenales u obispos y siete laicos, elegidos también por cinco años) y que, según rumores, ha exigido un gran esfuerzo y donde se comienza diciendo que el Consejo actúe “a la luz de la doctrina social de la Iglesia” (a. 205). Entre otras tiene la misión de “elaborar herramientas adecuadas que hagan eficaz y transparente la gestión administrativa y financiera” (a. 216). Espléndidos deseos de los que solo cabe comentar que ojalá no se queden en meros deseos.

3.4.-Oficinas

Prefectura de la casa pontificia, celebraciones litúrgicas del papa, camarlengo.

3.5.-Abogados

3.6.- Instituciones vinculadas a la sede apostólica

Al leer esta última parte un poco más despacio, haciendo decir a las palabras más de lo que suenan para nosotros los profanos en cánones, creo que la impresión que deja “Praedicate evangelium” es francamente buena. Habrá que añadir, parodiando a Calderón, aquello de que “las leyes, leyes son”. Lo cual significa que lo importante ahora será su cumplimiento, para el cual y en ejercicio de una colegialidad plena, todo el episcopado con el sucesor de Pedro a la cabeza, deberá sentirse responsable de la guarda óptima de toda esta ley. Para bien de la Iglesia pero también para ejemplo de este mundo desanimado y en el que la Iglesia siente en sus hombros aquel mandato tan aparentemente sencillo de Jesús: “vosotros sois la luz del mundo”.

 1. Cito según la edición de Publicaciones claretianas, Madrid 2022.

 2. Se aclara eso con lo que cuenta el obispo australiano G. Robinson, en el libro Sexualidad y poder en la Iglesia. Encargado por la conferencia episcopal de su país, para investigar los casos de pederastia, fue llegando a la conclusión de que, aún más que un problema de sexualidad, se daba en esos casos un problema de poder. El poder de un clero sacralizado e inapelable por eso. Pues bien: Robinson recibió un aviso de la Curia de que al papa no le gustaba la manera como estaba enfocando su investigación. Todo apunta a que papa no sabía nada de eso. Pero a la Curia le molestaba ese ataque al poder clerical. Y en carta de octubre de 1996 avisó al obispo de que se iba a informar de su proceder a la Congregación de la fe. Robinson cuenta que, sintiéndose tildado de “hereje”, abandonó la investigación y decidió contar la historia en el libro mencionado. En España existe el caso de otro obispo, trasladado de una diócesis a otra con intención de castigo, y a quien el papa preguntó cómo estaba en aquel lugar: “porque Ud. me trasladó” fue más o menos la respuesta, a la que el papa comentó que él no sabía nada de aquel traslado. Es de suponer que la comisión de cardenales que redactó nuestro Documento, conocía bien esos sucesos.

3. El cardenal Maradiaga cuenta que, al nombrar actual Limosnero, le dijo Francisco: “no te quiero encerrado en esta oficina. Tu trabajo comienza a las 10 de la noche porque tienes que salir a buscar a los pobres que duermen debajo de los puentes de Roma o en las aceras tirados con una vieja manta, y tienes que llevarlos a la casa de Madre Teresa” (pp. 66-67).

 4. Así ha sucedido ya que, en el misal italiano, el texto de la consagración del cáliz dice expresamente “por todos” y no “por muchos”. También hubiera sido bueno plantear una reforma de la invocación constante “Dios todopoderoso” y sustituirla por la de “Dios todo misericordioso”, más cristiana. Y otra reformulación de las colectas más antiguas que parecen pedir la ayuda de Dios solo para la otra vida y no para esta. Eso pudo ser comprensible en épocas de vida muy breve y que habían olvidado la historia pero, en sí mismo, resulta heterodoxo. Y esperemos que, en el futuro, pierda todo sentido aquel viejo chiste que evoca también, irónicamente, el cardenal Maradiaga: “¿Cuál es la diferencia entre un terrorista y un liturgista? Pues que con el terrorista, al menos puedes dialogar”.

 5. Parece que ha quedado una redacción muy vaga, por lo que toca a la elección de los obispos por las propias iglesias locales, aunque se abren algunas rendijas para ello.

6.  A diferencia con la mentalidad del papa Wojtila que quería a la Iglesia directora más que colaboradora

La reforma de la Curia

‘Praedicate Evangelium’: Cómo empezar a superar el ‘infarto teológico’ del Vat II

Praedicate

«Ya en el número con el que se inicia el Preámbulo emergen algunas verdades que, evidentes, no han sido muy usuales hasta el presente en bastantes medios teológicos, espirituales y eclesiales»

«La Iglesia está llamada a insertarse en la vida cotidiana de los demás, acortando sus distancias, asumiendo la vida humana y tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo»

«Sospecho que el Papa Francisco acaba de abrir, como le gusta decir, un “proceso” sobre dicho “plus” de poder; reservado, hasta el presente en exclusiva, al ministerio ordenado tanto en el gobierno como en el magisterio de la Iglesia»

«¿En qué medida, esta reforma de la Curia es -en sintonía con la “conversión del papado” que lidera el Papa Bergoglio- más corresponsable que colegial o primacial?»

Por| Jesús Martínez Gordo teólogo

La Constitución Apostólica, “Praedicate Evangelium” es un magnífico trabajo, propio de un artista -o de un equipo de artistas-, atentos a los trazos finos. Nada que ver con la brocha gorda. Esta primera impresión no es sorprendente, habida cuenta de los nueve años que ha llevado su redacción y, supongo, que infinidad de retoques y enmiendas, algunas de las cuales son perceptibles en el cruce de lenguajes que atraviesa, de principio a fin, el texto: el teológico, el eclesiológico, el espiritual, el pastoral y, sobre todo, a partir del tercer capítulo, el jurídico y organizativo. Quien la lea se va a encontrar con un texto muy bien pensado y mejor redactado del que, exagerando, se podría decir que no falta ni sobra una coma

Es, además, un documento, que aconsejo examinar despacio, sobre todo, los capítulos primero (el Preámbulo) y segundo (dedicado a los Principios y Criterios). Ya en el número con el que se inicia el Preámbulo emergen algunas verdades que, evidentes, no han sido muy usuales hasta el presente en bastantes medios teológicos, espirituales y eclesiales: predicar el Evangelio del Hijo de Dios, Cristo Señor, pasa por dar testimonio -de palabra y obra- de la misericordia que la misma comunidad cristiana recibió gratuitamente, a ejemplo de Nuestro Señor y Maestro, lavando los pies a sus discípulos. Ello quiere decir que la Iglesia está llamada a insertarse en la vida cotidiana de los demás, acortando sus distancias, asumiendo la vida humana y tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Y es así, como el pueblo de Dios cumple el mandato del Señor que nos insta a cuidar de los hermanos y hermanas más débiles, más enfermos y más sufridos.

Y, otro tanto, hay que decir sobre los pasajes dedicados a la conversión misionera de toda la Iglesia, misterio de comunión; o sobre la sinodalidad, vivida y entendida como “escucha mutua”  entre “Pueblo fiel, Colegio Episcopal y Obispo de Roma” . E, igualmente, sobre los obispos individuales de los que se dice que representan a sus respectivas Iglesias “y todos, junto con el Papa, representan a la Iglesia universal en un vínculo de paz, de amor y de unidad” (nº 6). E, incluso, lo que se puede leer sobre las Conferencias Episcopales cuando sostiene que constituyen en la actualidad uno de los medios más significativos de expresión y servicio a la comunión eclesial que es preciso incrementar en su potencialidad. Ante ellas, se remarca, la Curia Vaticana no ha de “actuar como una interposición” (nº 9), sino como un servicio (nº 8). 

Reconozco que me ha resultado particularmente grato leer todos estos puntos (y otros de parecida relevancia); muchos de los cuales han sido objeto de no pocas dudas y retorcidas reinterpretaciones en el postconcilio. 

Pero, dejando para más adelante un posible análisis más detenido, me gustaría ofrecer un comentario de urgencia sobre dos puntos que me han brotado en la lectura que he realizado de esta Constitución Apostólica: el primero, referido a la capacidad gubernativa y magisterial del laicado y, el segundo, (que queda para una posterior entrega) sobre la reforma de la Curia Vaticana y su estrecha vinculación con lo que el Papa Francisco entiende y promueve como “conversión del papado”. 

1.- Un primer paso para superar el “infarto teológico” de la sinodalidad 

Sospecho que los comentarios a los números 10 del Preámbulo y al 5 del apartado dedicado a los Principios y Criterios van a requerir ríos de tinta. Ya están apareciendo, sin haber tenido tiempo para hacer una lectura medianamente reposada de toda la Constitución.

En el número 10 del Preámbulo, el Papa Francisco sostiene que en la reforma de la Curia se ha de “prever la implicación de los laicos, incluso en funciones de gobierno y responsabilidad”. Una sorprendente tesis que se remarca más adelante, en el número 5 del apartado dedicado a los Principios y Criterios, cuando proclama que “cualquier fiel puede presidir un Dicasterio o un Organismo”, habida cuenta de que “cada institución curial cumple su misión en virtud de la potestad recibida del Romano Pontífice, en cuyo nombre opera con potestad vicaria en el ejercicio de su munus primacial”. 

Se trata, como se puede apreciar, de una clara y contundente afirmación que, entre otros, se han encargado de matizar Gianfranco Ghirlanda, profesor emérito de la Facultad de derecho canónico de la Pontificia Universidad Gregoriana; el cardenal Macello Semeraro, actual prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y el secretario del Consejo de Cardenales, Marco Mellino. 

Es indiscutible, ha explicado G. Ghirlanda, la bondad de que haya laicos en Dicasterios como el de Laicos, la Familia y la Vida. Pero no se puede obviar que esta Constitución Apostólica no deroga el Código de Derecho Canónico cuando establece “que los clérigos deben decidir en asuntos que afectan al clero”. Tal sería el caso de los Dicasterios de obispos, sacerdotes y culto, urgidos, por ello, a tener ministros ordenados al frente de los mismos. Esta observación, ha indicado seguidamente, no entorpece la tesis central de la nueva Constitución Apostólica (“los laicos tienen el mismo poder vicario que las personas consagradas”), sino, más bien, llama la atención sobre la necesidad de articular “la igualdad fundamental entre todos los bautizados” con la “diferenciación y complementariedad”.

¿Qué es lo que está en juego en esta proclamación papal sobre la implicación de los laicos en funciones de gobierno y responsabilidad y en las matizadas consideraciones, entre otros, de Gianfranco Ghirlanda?

De una manera rápida: la cuestión del “plus” de poder que se confiere a un bautizado por la recepción del ministerio ordenado. Sospecho que el Papa Francisco acaba de abrir, como le gusta decir, un “proceso” sobre dicho “plus” de poder; reservado, hasta el presente en exclusiva, al ministerio ordenado tanto en el gobierno como en el magisterio de la Iglesia. Y creo que lo hace partiendo de una máxima que, tradicional en la Iglesia, ha sido olvidada durante mucho tiempo: “lo que afecta a todos debe ser decidido por todos”, no solo por los ministros ordenados: obispos, presbíteros y diáconos. Habrá que debatir y, por supuesto, actualizar debidamente, la apropiación del “poder” en la Iglesia por parte del ministerio ordenado. Y tendremos que adentrarnos por esos caminos sacándolo de su tradicional marco de comprensión y ejercicio, absolutista y autoritario, en favor de otro corresponsable y sinodal. 

En concreto, creo que ello quiere decir que hay que dar explicaciones, teológica y dogmáticamente fundadas, sobre por qué los laicos y las laicas solo pueden intervenir en el gobierno y magisterio de la Iglesia por “participación” en la autoridad o poder del ministerio que, cristológica, es propia de los ministros ordenados: es el Señor -se viene sosteniendo durante siglos- quien los “escoge y designa”, dándoles “desde arriba” las tareas que, “reconocidas y ejercidas” en su nombre, les corresponden a ellos en exclusiva, gracias al sacramento del orden. Por eso, al laicado -y, concretamente, al ministro laico- solo le concierne “colaborar más directamente en el apostolado de la jerarquía”, dejando bien claro que su encomienda “no debe ser global”.

A diferencia de esta interpretación -todavía muy usual, incluso en círculos eclesiales progresistas- en el Vaticano II existe, junto con este modelo de apropiación de la raíz cristológica de la ministerialidad (y de la eclesiología y modo de gobierno que apadrina), otro, que funda la “participación” del laicado en la dirección de la Iglesia, no en el ministerio ordenado, sino en el sacerdocio de Cristo (LG 10)

Por tanto, la noción de “participación” tiene dos sentidos: o bien, como una dependencia del laicado ante el clero en una eclesiología jerárquica o, bien, como una articulación estructurante en el seno de una participación conjunta -corresponsable y sinodal- de todos los bautizados (incluida la diferenciada por el sacramento del orden) en la triple función de la celebración, de la enseñanza y también del gobierno. 

En el Vaticano II nos encontramos con un doble modelo eclesiológico, ministerial, magisterial y gubernativo: uno, jerárquico y marcadamente clerical. Y otro, muy prometedor, cuando explicita el fundamento cristológico de los “tria munera” (palabra, santificación y gobierno) y, concretamente, el sacerdocio común de los fieles: éste no es por participación del sacerdocio ministerial, sino del sacerdocio de Cristo. 

Como es sabido, en el postconcilio se ha asistido a un aparcamiento -y posterior olvido- de este segundo modelo. Es lo que, antes de ahora, he tipificado como “el infarto teológico” del Vaticano II ya que es más importante la “colaboración” con el ministerio ordenado que “la “participación” en el gobierno y magisterio (“realeza”), conferida por Cristo en el bautismo.

La experiencia de los equipos ministeriales en la diócesis de Poitiers (1994-2011), en sintonía con muchas iglesias del Tercer Mundo, sigue siendo referencial en lo que toca al desarrollo postconciliar de este modelo. Y, con él, a una necesaria revisión de la identidad y espiritualidad del ministerio ordenado que, en aquella ocasión, fue acompañada por Ch. Theobald y torpedeada, en sus implicaciones y consecuencias organizativas, durante el pontificado de Benedicto XVI; por supuesto, con su aquiescencia

Pero éste es un viento del Espíritu muy difícil de aplacar; y, menos, de acallar. Así lo evidencia por ejemplo, el reciente nombramiento de un laico, de una religiosa y de un diácono como “representantes del obispo” (los llamados “vicarios”) en los renombrados “territorios pastorales” (las antiguas “vicarías”) en las diócesis suizas de Lausana, Friburgo y Ginebra por iniciativa de su arzobispo, Charles Morerod; todo un adelantado -supongo que porque no ha estado ayuno de coraje evangélico- a esta Constitución Apostólica; al menos, en este punto.

Hay una segunda cuestión de fondo que me plantea la lectura de este texto y que dejo para un momento posterior:¿en qué medida, esta reforma de la Curia es -en sintonía con la “conversión del papado” que lidera el Papa Bergoglio- más corresponsable que colegial o primacial? Ya adelanto que Francisco está dando algunos pasos en este sentido, pero, en mi opinión, se trata de un “proceso” que, según cómo se mire, es percibido como muy lento y desmedidamente colegial y poco corresponsable; al menos, por una buena parte de los cristianos en la Europa occidental. Pero también como desbocado por otros sectores. 

Empiezo a sospechar que se trata de una tarea que sobrepasa al mismo papado y que -no tardando mucho- debiera llevar a la convocatoria y celebración de un Concilio Vaticano III para afrontarlo; la única manera de calibrar y salir al paso de la amenaza de cisma que gustan airear las minorías eclesiales.

La reforma de la Curia

Reforma de la Curia: impresiones de primera hora. Destellos a vuelo de pájaro

El abrazo en Mitilene
El abrazo en Mitilene

Sorpresivamente para muchos, pero no para Francisco: es muy propio de él, sin ruidos ni estertores, ejercer –hacer más que decir- su ministerio desde la confianza plena en Dios y sus intercesores

Para Francisco la Iglesia no debe ser un molde fijo e intocable en el cual deben entrar obedientemente todos bajo la vigilancia obtusa y manipuladora de algunos pastores

La Iglesia es de abajo hacia arriba y no al revés. La Iglesia se ejerce, no se explica. La Iglesia de Francisco es una Iglesia viva y concreta. Por lo tanto la Curia Romana debe responder a esta premisa

La Iglesia no se ocupa sólo puertas adentro. También es tarea y misión anunciar a quienes no están bautizados, evitando el peligro antievángélico de hacer comunidades más parecidas a un quiste donde sólo entran los que coinciden con el pastor en lugar de ser anunciadores de esperanza para todoserto Roselli

Por | Alberto Roselli. Diácono y periodista

Desde septiembre de 2013 cuando se anunció la creación del consejo de Cardenales como equipo que junto al Papa Francisco trabajarían en una nueva Constitución que regule la críptica y poderosa Curia Romana, se espera el documento que, a medida que pasaba el tiempo sólo pudo saberse que se llamaría “Praedicate evangelium”.

sorpresivamente en el mediodía romano en la solemnidad de San José, vió la luz.

Sorpresivamente, porque nada indicaba que ya estaba lista, sino en proceso de revisión y correcciones.

Sorpresivamente para muchos, pero no para Francisco: es muy propio de él, sin ruidos ni estertores, ejercer –hacer más que decir- su ministerio desde la confianza plena en Dios y sus intercesores.

San José, clave

Por eso, ahora que se piensa, no es nada sorpresivo que el Papa Francisco haya publicado este esperado documento en el día de uno de los santos más potentes y venerados por la Iglesia desde siempre. Y uno de los que Francisco mismo se confesó muy devoto.

Por eso estas líneas son apenas impresiones primarias y básicas de quien escribe, pero que han causado una verdadera conmoción interior que pretende compartirse.

La sonrisa de Jesús (en todas partes)
La sonrisa de Jesús (en todas partes)

Ya vendrán multitudes de análisis concienzudos y detallados del documento.

Lo primero a decir es que además del transparente perfil profético de Francisco, anunciar, hacer, caminar, recibir afrentas, seguir caminando, sonreír, acoger, integrar, ocuparse, anunciando al Único que salva y llena los corazones de paz y de vida aún en medio del dolor, el Papa deja bien claro lo que tiene seguro que el Espíritu Santo quiere en estos tiempos: una nueva mirada de Iglesia.

Es, sin dudas, uno de los ejes principales del pontificado de Francisco lo que la teología propone como Eclesiología.

Para Francisco la Iglesia no debe ser un molde fijo e intocable en el cual deben entrar obedientemente todos bajo la vigilancia obtusa y manipuladora de algunos pastores.

Jesús y los gays
Jesús y los gays

«La Iglesia es la gente concreta»

La Iglesia es la gente concreta, los rostros concretos, las vidas reales de los bautizados, en el día a día que constituyen un concreto modo de afrontar esa realidad, la que debe ser iluminada por Cristo.

La Iglesia para Francisco no es una institución fija e intocable. Es lo que nos dejó el Señor para salir al encuentro de todos, bautizados y no bautizados a través del servicio y del respeto como semejantes. Misteriosamente sinodal, caminando juntos, cada uno su camino.

La Iglesia es de abajo hacia arriba y no al revés. La Iglesia se ejerce, no se explica.

La Iglesia de Francisco es una Iglesia viva y concreta. Por lo tanto la Curia Romana debe responder a esta premisa.

El tiempo, la historia, deberá agradecer a Francisco este novedoso y a la vez originario –desde Cristo- redescubrir el latido del mismísimo corazón de la Iglesia, que es el de Cristo.

No significa que lo que la Iglesia viene enseñando todos estos siglos sobre ella misma haya muerto. De ninguna manera.

Significa que quizás debamos atrevernos a dejar entrar la vida de cada día, dejarnos sorprender por esa estructura que no fue creada ni fija, ni estática, ni exclusivista. Y ponerle rostros, nombres, situaciones bien concretas de nuestro hoy.

Misioneros en la Amazonía
Misioneros en la Amazonía

Dimensión misionera

Ya en el punto 2 del Preámbulo habla de que la Curia debe responder a la dimensión misionera (constitutiva) del ser de la Iglesia, además de fundamentar con los cuatro documentos que preceden a éste, el primero del siglo XVI.

En el punto 5 Francisco deja clarito lo que sabemos pero tememos decirlo: el Papa no es Dios, sino que junto a los obispos forman unidos entre ellos un único cuerpo.

En el 6 lo fundamenta nada menos que con un texto del Vaticano II.

En el 11 retoma la figura del Buen Samaritano, como en Fratelli Tutti, para ilustrar el sentido propio del servicio en la Iglesia, sobre todo en una instancia como la Curia Romana.

En el punto 12 descentra la misión de discípulos misioneros de los ministros ordenados y comienza a referirse a la tarea de los laicos, siendo coherente con su incansable denuncia del cáncer del clericalismo en la Iglesia.

Por supuesto, Francisco aclara la obvio: toda reforma hacia afuera supone la reforma personal e interior (13).

El Sínodo es una forma de mantener vivo el espíritu de colegialidad que nació del Concilio
El Sínodo es una forma de mantener vivo el espíritu de colegialidad que nació del Concilio

En el capítulo II, “Principios y Criterios para el servicio de la curia romana”, el Papa plantea 11 puntos prácticos,

Me resonó fuertemente el número 5, donde habla de la potestad vicaria de la Curia. Cuando aún resuena que los nombramientos serán por cinco años –para que ya que serán funcionarios sepan que no es esa el alma del cristiano sino el servicio- aclara que cualquier fiel puede presidir un Dicasterio u Organismo siempre y cuando sea competente.

Ya entre las Normas Generales, compuesta por 250 artículos, en el mismo comienzo resalta una vez más la índole pastoral de la actividad curial (art. 2).

Luego siguen indicaciones y determinaciones concretas de funcionamiento, aunque en el artículo 36 retoma la importancia de no olvidar que la Curia está al servicio de las Iglesias particulares, asuntos que debe atender con diligencia (parágrafo 3).

Al comenzar con el detalle de cada Dicasterio se refiere inicialmente al de Evangelización.

Quisiera compartir mi impresión de cuando se refiere a que ese organismo tendrá dos secciones: la Evangelización en el mundo y la de la primera evangelización (art. 53).

Más claro imposible: la Iglesia no se ocupa sólo puertas adentro. También es tarea y misión anunciar a quienes no están bautizados, evitando el peligro antievángélico de hacer comunidades más parecidas a un quiste donde sólo entran los que coinciden con el pastor en lugar de ser anunciadores de esperanza para todos.

Krajewski carga la ayuda del Papa para Ucrania
Krajewski carga la ayuda del Papa para Ucrania

Dicasterio de la caridad

En el artículo 79 anuncia el cambio de nombre de la Limosnería Apostólica por el de Dicasterio de la Caridad. Todo un signo, sobre todo viendo cómo desde ese espacio curial se sale al encuentro concreto de las realidades dolorosas concretas en todo el mundo.

Otro punto concreto y significativo es la definición de la tarea del Dicasterio de los Laicos, la Familia y la Vida.

En el artículo 128 deja claro el objeto concreto:

“Valorizar el apostolado de los fieles laicos, la cura pastoral de los jóvenes, de la familia y de su misión según el diseño de Dios, de los ancianos y para la promoción de la tutela de la vida”.

El parágrafo 2 asume que el alcance será mundial y concreto.

Imperdible recorrerla instancia por instancia. Respira y transpira misericordia y sentido común, como muestra de un profundo amor a la Iglesia de Cristo, la que sale, toca, consuela y redime en su Nombre.

El último artículo, el 250, son normas transitorias donde se destaca la fecha de entrada en vigencia del documento: 5 de junio de 2022, día de Pentecostés.

Quizás para que recordemos que no somos nosotros quienes debemos cuidarla a la Iglesia, justificando así nuestra inacción evangélica, sino que para eso, para cuidarla, animarla y garantizar su presencia, el Señor dejó al Espíritu Santo.

Constitución Apostólica «Praedicate Evangelium»

Las 7 claves de la nueva Constitución Apostólica del papa Francisco

Papa Francisco, audiencia general niño

Francisco ha promulgado hoy su reforma sobre la Curia Romana y su servicio a la Iglesia en el mundo, en la que establece que cualquier fiel puede estar al frente de un Dicasterio del Vaticano

Más de 240 artículos en 11 capítulos componen la nueva constitución apostólica ‘Praedicate Evangelium’. En este documento, publicado por la Santa Sede hoy, solemnidad de San José, el papa Francisco promulga su reforma sobre la Curia romana y su servicio a la Iglesia en el mundo. Entrará en vigor el 5 de junio de 2022, solemnidad de Pentecostés, perdiendo así vigencia la constitución apostólica ‘Pastor bonus’, de Juan Pablo II.


Este es el documento que consolida la organización que Francisco ha puesto en marcha durante los últimos años, con cambios en los organismos esenciales del funcionamiento de la Santa Sede. A continuación, las 7 claves de la nueva constitución apostólica que regirá la Iglesia durante los próximos años:

1. Cualquier fiel puede dirigir un Dicasterio

En el texto se detalla no solo el funcionamiento de la Curia y de los organismos del Vaticano, sino que se da una especial importancia a la sinodalidad como medio de evangelización y de crear conexiones más fuertes en la vida de la Iglesia. Tanto es así que, entre los principios generales de ‘Praedicate Evangelium’ se especifica que “todos”, lo cual incluye a los laicos y laicas, pueden ser nombrados para llevar a cabo funciones de gobierno y responsabilidad de la Curia romana.

2. Gran importancia a la protección de menores

El documento traspasa la Comisión Pontificia para la Protección de Menores al seno de la Curia, uniéndola al Dicasterio para la Doctrina de la Fe: “La tarea es asesorar y aconsejar al Romano Pontífice y también proponer las iniciativas más adecuadas para la protección de los menores y de las personas vulnerables”.

3. Reforma de la Curia

La Curia romana ya no estará únicamente al servicio del Papa, sino que pasa a estarlo de todas las diócesis –no solo para comprobar su funcionamiento–. Asimismo, el texto insiste en la necesidad de crear mecanismos de colaboración y trabajo en red entre los dicasterios. Por último, se exige a los miembros de la Curia, así como a quienes trabajen en los distintos dicasterios, “integridad personal y profesionalidad”.

4. Reducción de dicasterios

La nueva Constitución Apostólica reduce el número de Dicasterios, uniendo aquellos cuya finalidad fuera muy similar o que se complementaban entre sí con el objetivo de hacer más eficaz el trabajo. Al mismo tiempo, se suprimen los Consejos Pontificios y las Congregaciones para pasar a llamarse, todos ellos, Dicasterios.

5. Dicasterio al Servicio de la Caridad

Nace el nuevo Dicasterio para el Servicio de la Caridad (Limosna Apostólica), que “ejerce en cualquier parte del mundo la obra de asistencia y ayuda” hacia los necesitados en nombre del Papa.

6. Dicasterio para la Evangelización

La Constitución Apostólica crea, asimismo, un gran ‘ministerio’ para la Evangelización en el que se unifica la labor que hacen hoy la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (Propaganda Fide) y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. Ambos se fusionan y pasan a ser el Dicasterio para la Evangelización, presidido directamente por el Papa.

7. Un gran ‘Ministerio de Cultura’

Por otro lado, la Constitución Apostólica fusiona también el Consejo Pontificio para la Cultura y la Congregación para la Educación Católica, que pasan a ser el Dicasterio para la Cultura y la Educación. Estará dividido en dos secciones: una dedicada a la promoción cultural y la animación pastoral; y la otra para desarrollar los principios de la educación en los centros de estudio católicos.