La vejez que habla de humanismo

por Rixio Portillo 


Durante los días de navidad, la productora de contenidos en streaming Netflix, ha publicado una docuserie con la participación del papa Francisco, llamada: ‘Historias de una generación’, la cual, está inspirada en el libro del mismo pontífice, publicado en 2018: ‘La sabiduría del tiempo’.


Los episodios giran en torno a cuatro temáticas: amor, sueño, lucha y trabajo; y presentan diversas historias que relacionan con breves comentarios realizados por el papa en una entrevista, en el Vaticano, la cual fue conducida por el jesuita, y partner de producción de la miniserie, Antonio Spadaro.

Sin renunciar a ser ancianos, con dignidad

Entre los muchos aspectos a destacar de la producción audiovisual es que sean personas de más de 70 años las que conduzcan al espectador en un viaje de experiencias profundamente humanas y esperanzadoras, frente a un mundo en el que los ancianos son desechados y descartados porque no tienen capacidad productiva monetaria.

Solo con ver las protestas de los pensionados en nuestros pueblos de América Latina es posible reconocer como son mal tratadas las personas mayores, y cómo muchos jóvenes engañados creen que no van a llegar a la vejez.

Resulta interesante la reivindicación de la dignidad del anciano, desde la absoluta realidad de su experiencia de vida, y no desde el ilusionismo que se apoya en el complejo de Peter Pan, o la utopía pueril de la eterna juventud.

Transmitir la vida a las generaciones

Otro elemento, que vale la pena destacar, es el diálogo entre las generaciones. Son personas ancianas que están en contacto con hijos, nietos, amigos, personas a su cargo, o simplemente con quienes les ha tocado compartir esta etapa de la vida, en disposición siempre de dar y transmitir, en no quedarse con nada, sino en vivir a plenitud la alteridad.

Aunque la religión no es el tema central, el documental es una forma extraordinaria de hablarle a la generación millennial y centennials, que son los principales suscriptores de la plataforma, con un lenguaje y narrativa audiovisual impecable, sobre los aspectos realmente importantes de la vida. No el tener, o el ser, o el ganar, sino el dar(se).

El pontífice recuerda, como en otras ocasiones, lo aprendido de su abuela Rosa, que no le vio de Papa, pero que desde el cielo le ha acompañado en tal difícil tarea, y como esas lecciones han sido la savia para que las ovejas de la iglesia universal puedan también alimentarse. En un sentido trascendente, la abuela Rosa representa a todos aquellos abuelos y abuelas anónimas que dieron, dan y siguen dando el todo por sus hijos y nietos, y que su semilla sigue viva en una sociedad que necesita de valores humanos para poder ser mejor.

Una serie del papa en el que no es protagonista

La narración versa sobre diferentes historias, desde científicos reconocidos,  hasta el gran cineasta Martin Scorsese, pasando por la madre de una luchadora social en Centroamérica, o un agricultor en Costa Rica, o una de las promotoras del movimiento Plaza de Mayo, en Argentina, o un anciano zapatero en Vietnam, entremezcladas por los comentarios de Francisco que no ha querido ser el protagonista autorreferencial.

Todos los ancianos de la serie tienen en común ese sentido de humanismo en el corazón, de poder trascender en el otro, en la dignidad del trabajo y del esfuerzo diario; en las luchas cotidianas sin pretensiones de heroísmo; en la esperanza de la reconciliación y el perdón.

El humanismo, ese es el eje central de la serie, un humanismo cristiano que desde la antropología del don, puede comprender que quién pierda la vida en Jesús (en aquellos últimos descritos en Mateo 25) realmente la salva, y es capaz de defenderla, desde la mirada alargada del horizonte universal del bien y la solidaridad.


Por Rixio Portillo. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey