Hablemos de liderazgo parroquial III

 
   
Este ejercicio es como tirar una botella al mar: encerrado, no solo va un mensaje, sino la esperanza de que alguien más lo lea y reflexione sobre el tema; también la intención de conectar con otras mentes y otros corazones que alimentados del Evangelio ardan en deseos de seguir mejorando nuestra Iglesia. Y es que este ejercicio de autorreflexión es vital para todos, no solo como una mera retórica, sino confrontados siempre por el Evangelio que custodia e interpreta el magisterio de la Iglesia. Porque al hablar de liderazgo parroquial, debemos buscar, más allá de las recetas, esquemas, modos en los que alguien lo está construyendo, el entender el espíritu de este liderazgo, que no es cualquier liderazgo, sino es uno compasivo al modo del Evangelio
 
Muchas veces nos quedamos con palabras bonitas que revisten nuestros discursos y reflexiones, pero entre tantas palabras nos vamos quedando con aquellas que más se acomodan a nuestra mejor conveniencia. Por ejemplo, en una ocasión estaba escuchando cómo los líderes en la Iglesia deberían ser los que “cuidan, acompañan y conducen a los demás a modo de ser luz de las naciones, sal para encontrar el sentido de la vida y levadura que fermente en la sociedad la presencia del Reino de Dios”. Y por supuesto que tiene razón, pero cuando solo nos quedamos con esta frase y nos olvidamos del Evangelio, terminamos justificándonos, por ejemplo, en el “conducir” para ejercer actos violentos que nada tienen que ver con el mensaje de Nuestro Señor Jesucristo y con la propagación de una Buena Nueva esperanzadora. 
Un auténtico liderazgo desde la compasión 
Y es que corremos el riesgo de caer en la tentación de los absolutismos que nos llevan a vivir una dictadura que termina por arruinarlo todo, y para mantener el control comenzamos a compensar el liderazgo con una tiranía que se expresa en un esquema de castigo-recompensa que no refleja en absoluto al Padre amoroso que nos reveló Nuestro Señor. Por poner un ejemplo, preguntémonos cuántas veces nuestros laicos ven el hacer una lectura en la Misa como un premio, incluso muchos de ellos no se sienten dignos de hacerlo, o merecedores, o ven en los que lo hacen como alguien que ya ha hecho los méritos suficientes. Si no rompemos este esquema de castigo – recompensa, no podremos hablar de un auténtico liderazgo desde la compasión. Es verdad, es un esquema que tenemos sembrado en nuestra cultura, pero que es anti hospitalaria y sobre todo, anti evangélica. En todo momento, pero hoy más que nunca, la compasión no es un lujo, sino una necesidad
Este sistema violento de castigo – recompensa es sumamente perverso, pues hunde sus raíces directamente en el ser de la persona y en su quehacer, provocando tres reacciones devastadoras que, si el líder no lo sabe y lo sana, primero en sí mismo y luego en su apostolado, no podrá ser verdaderamente hospitalario al estilo de Jesús. Estas tres reacciones son la culpa, la vergüenza y el miedo. Cuando estamos cargados de estas energías, puede estar la gente muriendo a nuestro alrededor y no darnos cuenta, como lo hizo el Sacerdote de Israel y el Levita que aparecen en la parábola del buen Samaritano. 
La culpa siempre va a calificar el quehacer de la persona, se va a sentir culpable porque piensa que ha actuado mal, y esto puede suceder incluso si su actuación ha sido buena, pero por el rechazo lo ve de forma negativa o culposa, y cuando nuestra Iglesia se llena de personas que actúan “mal”,  ya sea porque cometen una equivocación, porque no están suficientemente capacitadas o hasta porque sucede un accidente no previsto, terminan por alejarse; como no sabemos romper ese sistema violento que lo provoca y seguimos instalados en el castigo – recompensa, empezamos a competir, y tratamos de ser menos “malas” que el de junto. 
La compasión evangélica 
La vergüenza en cambio califica el ser de la persona; cuando el sentimiento de vergüenza se siente es porque nos juzgamos indignos, malos, ajenos. Los pensamientos que alientan la vergüenza tienen raíces muy complejas en nuestra infancia, porque se fueron entre tejiendo con la dinámica de nuestros apegos y las reacciones que creímos necesarias para tener aceptación. Los apodos que en casa eran una muestra de cariño como “gordita”, en la escuela pasan a tener una carga negativa, de rechazo, y provoca conflictos que muchas veces terminamos reflejando en nuestras relaciones en la iglesia o con Dios mismo. Pero solo habitan en nuestros pensamientos, porque nos juzgamos así, indignos o malos delante de Dios o para su servicio. 
El miedo es una fuerza paralizante, que teniendo su parte útil, porque nos alerta para salvarnos la vida; sin embargo, cuando se alimenta de todo lo que hemos dicho anteriormente, terminan siendo irracionales como el miedo de que me regañe el padre o de que me corran de la iglesia. El miedo encierra el corazón y hace que veamos en Dios a un fantasma (Mc 6,49). En la práctica de nuestra fe cotidiana, vivimos con el miedo a equivocarnos y que nos castiguen o vivimos haciendo méritos para que nos premien y ese no es el Dios que nos mostró Nuestro Señor Jesucristo. 
La compasión evangélica, por otro lado, no es una actitud, sino es más bien una fuerza que llena a la persona cuando la vive realmente, entonces no hablamos de ningún modo de algo sentimental, sino una “dínamis” del Espíritu. Esta fuerza que proviene de Dios nos permite ver con claridad la naturaleza del sufrimiento conectando no con el dolor, sino con las necesidades no cubiertas de la persona que sufre y lo más maravilloso de este movimiento interno es que conectamos con nuestras propias necesidades y ahí, es ese espacio íntimo de las necesidades humanas y universales, se da una profunda y auténtica comunión; por eso otra cualidad a destacar de la compasión evangélica es que aspira a transformar la realidad violenta con acompañamiento, sin aferrase al desenlace, porque las virtudes cardinales le dan la certeza del cielo
El auténtico liderazgo de Jesús 
Los principales enemigos de la compasión son la lástima, la indignación moral y el mismo miedo. ¿Cuántas veces nosotros mismos o las personas que asisten a nuestras iglesias viven en estas trampas? Con ellas solo se aleja a los más necesitados de Dios y muestran un rostro hostil de una Iglesia que es Madre antes que todo. Y este sistema violento que algunos llaman “sistema chacal”, lo podemos encontrar en todas las esferas de nuestra Iglesia. 
Ahora la neurociencia ha destacado varias propiedades de vivir en la compasión evangélica como lo he descrito aquí, las principales son la resiliencia, la integración neutral y hasta el fortalecimiento del sistema inmune. En estudios que se han hecho en Oakland por el Doctor Gilbert, P., o los de Lutz, A., y otros que con resonancias magnéticas han demostrado que un cerebro que actúa en compasión como fuerza vital, trabaja con ambos hemisferios cerebrales de forma coordinada, y esto es solo un ejemplo. 
Y aunque todo esto nos puede llevar a pensar que la compasión nos debe venir del cielo, y no debe cabernos la menor duda de que así puede ser; sin embargo, podemos entrenarnos para ser líderes compasivos al estilo de Jesús. Desde las cabezas de nuestra iglesia que muchas veces dan despensas a los “más pobres”, pero a los “lázaros” sentados a sus puertas no dan ni las sobras; tal vez porque dar muchas despensas infla nuestros números o porque no hemos desarrollado eficazmente nuestra propia bondad que Dios ha sembrado en cada corazón humano. Este, creo yo, es el espíritu del liderazgo que debemos vivir y desarrollar en cada una de nuestras parroquias, para desguarnecer nuestros corazones y abrirlos al hijo que arrepentido busca a su madre la Iglesia o al que está tirado en el camino, sin ver en ellos al que desperdició su herencia o al que no piensa como yo porque es samaritano. 
Como conclusión quisiera preguntarte: ¿Estás dispuesto a reflexionar sobre el auténtico liderazgo de Jesús y amoldarte a él? ¿Estás dispuesto a no oprimir al prójimo sino buscar sus necesidades auténticas? ¿Estás dispuesto a adoptar la compasión como la fuerza vital? ¿Estás dispuesto a romper con todo sistema violento de tu vida y de tu Iglesia? “Ánimo, no tengan miedo”. 

La participación de todos en el Sínodo

Involucrar a la gente en los sínodos del Papa Francisco 

A los Obispos y Pastores de la Iglesia Católica: 

El Papa Francisco ha llamado a la participación de todo el Pueblo de Dios para caminar, discernir, gobernar y evangelizar juntos y así hacer fructífero el Sínodo sobre sinodalidad que pronto comenzará a nivel local este otoño. Esperamos que todas las diócesis del mundo celebren un sínodo (reunión de obispos para escuchar las voces de los laicos) entre octubre de 2021 y abril de 2022. 

La iglesia primitiva era una comunidad de iguales, gobernada por el “nuevo mandamiento” de Cristo de que nos amemos unos a otros. La comunidad se reunía en “iglesias domésticas” dirigidas por hombres y mujeres que celebraban la Eucaristía y mantenían viva la fe. La actual Iglesia patriarcal y jerárquica estandarizada en la monarquía no es lo que Cristo imaginó, porque todos somos uno en Cristo (Gal.3:28). 

Nosotros, los abajo firmantes, pedimos a los obispos y pastores de la Iglesia Católica  que nos involucren plenamente, al Pueblo de Dios, en el próximo proceso de sínodos convocado por el Papa Francisco. Comenzando a nivel diocesano, queremos que nuestras voces sean escuchadas e incluidas en todas las discusiones, continuando a nivel nacional y finalmente el Sínodo Universal en Roma en 2023. 

Estamos entusiasmados por los comentarios del Papa Francisco a los obispos italianos (24 de mayo) sobre que el Sínodo debería tener un enfoque “de abajo hacia arriba”, con el proceso comenzando en pequeñas comunidades locales y parroquias. Pidió paciencia, permitiendo que todos hablen libremente, dando paso a la “sabiduría del Pueblo de Dios”. 

Esperamos unirnos a otros en nuestra comunidad local para hablar en apoyo de los cambios que queremos y necesitamos en nuestra Iglesia. Aunque algunos de nosotros hemos dejado la Iglesia por frustración o decepción, reconocemos que ahora es el momento de decirles a los líderes de nuestra iglesia lo que nos ha alejado. 

Además, nos comprometemos a enviar una carta a nuestro obispo o pastor para asegurarnos de que las opiniones de los laicos estén bien representadas. 

Para que el Espíritu sea escuchado, los laicos de Dios deben estar bien representados en estos sínodos. Creemos que es esencial incluir los siguientes temas (1) en el cuestionario que se publicará pronto, y (2) en todas las discusiones a todos los niveles. 

  • Cómo la Iglesia puede ser más acogedora, indulgente, amorosa e inclusiva 
  • El papel de la mujer en el ministerio de la Iglesia 
  • Un camino de regreso a los Sacramentos para divorciados y vueltos a casar 
  • Lugar de la comunidad LGBTQ en la Iglesia 
  • Papel de las pequeñas comunidades cristianas (SCCs) en la estructura oficial de la Iglesia 
  • Laicos capacitados para administrar  parroquias y pequeñas comunidades cristianas, donde no se espera que haya sacerdote disponible 
  • El celibato para los sacerdotes debe ser opcional 
  • Transparencia y rendición de cuentas en el abuso sexual clerical, los delitos financieros y su uso del poder en la Iglesia. 

En el 60 Aniv. del Vat II: El giro de una Iglesia romanizada a una Iglesia mundial

Rafael Luciani: “La ‘opción preferencial por los pobres’ ha de ser ‘a la luz de los jóvenes'”



Rafael Luciani, profesor y teólogo venezolano, explica lo que que aún queda por recorrer del camino para lograr una Iglesia en salida como pide el Papa
“Es fundamental la ‘conversión pastoral’, haciendo a los jóvenes participes y no solamente observadores desde afuera de la Iglesia”
“Recordemos que Francisco siempre ha dicho, desde la Evangelii Gaudium inspirada en Aparecida, que debemos pasar de una ‘pastoral de conservación’a una ‘conversión pastoral'”
‘El giro’ de una Iglesia occidental y romanizada, bajo un modelo centralizado, hacia una Iglesia mundial que da el Vaticano II, donde las diferentes realides han de ser integradas, representa “el mayor reto de la recepción del Concilio”, asegura
“No se trata de obedecer a ciegas a alguien que me dice lo que debo de hacer” sino que el Concilio me constituye como parte de una comunidad y son igual de responsables ‘los laicos, los obispos y el Papa'”

Por| Mireia Bonilla
(Vatican News).- Hoy se cumplen 60 años del anuncio, por parte del Papa Juan XXIII, del Concilio Vaticano II bajo el objetivo de renovar la vida de la Iglesia y adaptar la disciplina de la eclesiástica a las condiciones de la época. También se trata de una fecha muy importante “porque es la que inspira y mueve el proceso de la reforma que el Papa Francisco está llevando adelante”, tal y como ha declarado el teólogo Rafael Luciani, profesor en el Boston College y la Universidad Católica “Andrés Bello” en Caracas.
Concilio Vaticano II: una apertura de la Iglesia al mundo
Según explica Rafael Luciani para Vatican News, el Concilio Vaticano II tiene el gran mérito de haber hecho “un giro” de una Iglesia occidental y romanizada, bajo un modelo centralizado, hacia una Iglesia mundial, que significa una Iglesia donde la interculturalidad, la diversidad de los pueblos que la integran y la diversidad de las maneras de vivir el cristianismo, tienen que ser integradas, y esto – puntualiza – “representa el mayor reto de la recepción del Concilio”.
En esta recepción del Concilio, el Papa Francisco desde su primer año de Pontificado, “ha promovido como punto central la Eclesiologíadel Pueblo de Dios, la cual llama a que todos los bautizados, con todos nuestros rostros y con toda nuestra diversidad cultural, tenemos parte en esta construcción de una Iglesia en conjunto” asegura el teólogo venezolano.
 
El Concilio: la gran resistencia que ha encontrado Francisco
Luciani además señala que “no se trata de obedecer a ciegas a alguien que me dice lo que debo de hacer”sino que el Concilio me constituye como parte de una comunidad y son igual de responsables “los laicos, los obispos y el Papa” en este caminar juntos. Es por ello que el Concilio “es la gran resistencia que ha encontrado Francisco” y la cual sigue siendo un reto – dice Luciani – porque “implica un modelo de Iglesia que no se cambia de un día para otro, pero que si no lo hacemos juntos no lo vamos a ver realizado en un tiempo cercano”.
Recepción del Concilio en América Latina
En América Latina se recibe el Concilio muy especialmente a través de la Constitución Pastoral Gaudium et spes, que implica “un compromiso profundo de la Iglesia con el mundo, una apertura, una acogida y un discernimiento de lo que se vive en el mundo” explica Luciani y pone de ejemplos los 50 años de Medellín (celebrados el año pasado) y la celebración de este año por los 40 años de Puebla.

En Medellín se nos dice que la Iglesia está llamada a auscultar las actitudes de los jóvenes porque ellos son manifestación de los signos de los tiempos”; una expresión hermosa – dice Luciani – para decir lo que hoy Francisco tanto insiste: “la escucha a los jóvenes”. Y diez años después de Medellín, en Puebla, “no sólo se ratifica la opción preferencial por los pobres sino que el documento habla de esa opción preferencial por los jóvenes y los términos que utiliza es una escucha nuevamente – o sea Iglesia en clave sinodal -, incorporación de los jóvenes y formación”.
Opción preferencial por “los pobres” a la luz de “los jóvenes”
Y en esa opción preferencial por los jóvenes, dice Luciani, también entra el compromiso social, político y de integración en las comunidades locales que tiene un joven “y que no debe limitarse solamente a un movimiento juvenil dentro de la parroquia”. Ejemplo de ello fue “Acción Católica” y los “Movimientos de Jóvenes en las universidades” que dieron pie a formación de comunidades de base y a la llamada Teología de la Liberación, así como a la existencia de una juventud “que luego se ha convertido en líderes políticos que influenciaron a todo el continente en la transformación social”. De manera que este reto por la “opción preferencial por los pobres” hoy en día – concluye Luciani – “tiene que ser pensado a la luz de los jóvenes, pero más allá de los movimientos parroquiales locales; tiene que ser pensado en función de la sociedad y de los cambios políticos”.
La Iglesia debe cambiar su modelo parroquial exclusivamente litúrgico
Hablando acerca de qué puede hacer la Iglesia ante las problemáticas a las que se enfrentan los jóvenesde hoy a nivel mundial, Rafael Luciani asegura que, antes que “hacer programas”, la Iglesia tiene que “cambiar el modelo parroquial y la estructura centrada solamente en lo litúrgico y sacramental”. “El joven cuando llega a la comunidad local no puede ser que lo único que se le ofrezca es como una especie de menú, a qué grupo pertenece o a cuantas misas asistir” asegura el profesor del Boston College, si no que tiene que encontrar en la comunidad “una identidad” y la comunidad debe ser para ese joven “un lugar desde donde pueda incorporarse y trabajar por la sociedad”.
Y el cambio de este modelo es lo que el Papa Francisco llama “conversión pastoral”, finaliza Luciani: “recordemos que Francisco siempre ha dicho, desde la Evangelii Gaudium inspirada en Aparecida, que debemos pasar de una “pastoral de conservación”, o sea una pastoral que se limita a la parroquia, a los litúrgico y a lo sacramental, a una “conversión pastoral”, o sea, reformar las estructuras para que podamos realmente incorporar y hacer a los jóvenes participes y no solamente observadores desde afuera de la Iglesia”.
 

Dos patologías en la Iglesia: clericalismo y patriarcalismo

“La minusvaloración de la mujer en la Iglesia es innegable”
“En la Biblia escrita por hombres y en una cultura patriarcal, la mujer aparece como inferior y debe estar sometida sumisamente al hombre”
“Magisterio y teología con frecuencia vienen recomendando a las mujeres que estén sujetas a su esposo, y han dado pie a un machismo cada vez más intolerable que aún hoy sufren muchas mujeres en matrimonios cristianos”
“La minusvaloración de la mujer en la Iglesia es innegable dado que no tiene acceso ninguno a las instancias de poder hoy en manos de los ministerios ordenados que sólo pueden ejercer los varones”
“En el clericalismo se excluye a los laicos que son la mayoría de los bautizados, y en el patriarcalismo se excluye a las mujeres que son la mayoría de los creyentes”
09.02.2021 | Jesús Espeja teólogo Sigue leyendo

El turno autocrítico del laicado

Gabriel María Otalora

La crítica al clericalismo está socializada en la medida que se ha ido verbalizando una
ideología en formato de estrategia de poder estructural legalizada y alejada de la esencia
evangélica. En este grupo amplio con bastantes clérigos está incluido un buen ramillete
de laicos y laicas, encantados de pertenecer a una doctrina clerical que les da seguridad
y oculta en buena medida el compromiso que supone la evangelización.
La “religión” del poder clerical es una manera desviada -herética- de entender la Buena
Noticia; no solo enturbia lo esencial sino que a veces escandaliza. Pero afanados en
denunciar este adoctrinamiento bastante más materialista que espiritual, se nos olvida la
autocrítica que los laicos debemos hacernos y aceptar por la falta de gancho social que
tiene el Mensaje de Jesús. Apenas existe nada que nos cuestione en los muchos portales
mediáticos específicamente católicos. Y eso que, en palabras de Karl Rahner, hay clero
porque hay laicos; es al servicio de los laicos que los ordenados encuentran su razón de
ser en la Iglesia. Sigue leyendo

Los laicos en el camino sinodal de la iglesia alemana

Los laicos, con voz y voto en el Camino Sinodal de la Iglesia alemana

En el proceso sinodal que está viviendo Alemania, los laicos no son unos meros convidados de piedra sino que participan con voz y voto. Y por todo ello vela Thomas Sternberg, presidente del Comité Central de Católicos Alemanes (ZdK, por sus siglas en alemán). El propio profesor Sternberg forma parte de la presidencia del Camino Sinodal junto al presidente y al vicepresidente de la Conferencia Episcopal –Georg Bätzing y Franz-Josef Bode, respectivamente– y la política Karin Kortmann, vicepresidenta del ZdK.
Este comité representa al laicado alemán y cuenta con 230 miembros: un 40% provienen de asociaciones y organizaciones católicas, y otro 40%, de los consejos de las diócesis. Ambos grupos, movimientos y diócesis, eligen cada uno a 45 personas de los participantes en las asambleas del Sínodo.
“Los obispos alemanes, como representantes del laicado, nos pidieron que lleváramos a cabo un proceso con ellos para abordar las cuestiones que un estudio científico había formulado como causas sistémicas del abuso sexual del clero”, relata Sternberg sobre los orígenes del proceso. “Después de deliberar y decidir, la Asamblea Plenaria acordó seguir este camino en una organización en igualdad de condiciones con los obispos”. Sigue leyendo

Los laicos, presidentes excepcionales de la comunidad cristianas

Los laicos, presidentes excepcionales de la eucaristía y de la comunidad
“Según el teólogo suizo, que los laicos presidieran la eucaristía era una posibilidad que –habiendo sido real en las comunidades paulinas o helénicas de primera hora- estaba llamada a ser recuperada, siempre que se dieran –y se respetaran- determinadas condiciones”
Con la formulación de esta propuesta se abrió un debate que presentó una doble vertiente, escriturística y dogmática
La investigación histórica y exegética llevaría a sostener la existencia simultánea de las comunidades paulinas de primera hora (carismáticas) con las judeocristianas o institucionalizadas
Como resultado de estas y otras críticas, quedó desactivado el supuesto fundamento exegético de la propuesta, pero no así -por sorprendente que pueda parecer- su posible consistencia dogmática
“Sigo entendiendo que las utopías de hoy son las evidencias de mañana. Y porque lo creo, escribo estas líneas, a medio camino entre el recuerdo agradecido por lo ya andado y la invitación a no olvidar un debate que nos permita anticipar el futuro al que estamos convocados”
27.01.2021 | Jesús Martínez Gordo teólogo Sigue leyendo

La Buena Noticia del Dgo. 4º-B

Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen

Mc, 1, 21-28

“Las personas más desvalidas e indefensas ante el mal”

Pagola: “¿Qué lugar ocupan los enfermos mentales en nuestras comunidades cristianas? ¿No son los grandes olvidados?”

Unos están recluidos definitivamente en un centro. Otros deambulan por nuestras calles. La inmensa mayoría vive con su familia. Están entre nosotros, pero apenas suscitan el interés de nadie. Son los enfermos mentales.

No resulta fácil penetrar en su mundo de dolor y soledad. Privados, en algún grado, de vida consciente y afectiva sana, no les resulta fácil convivir. Muchos de ellos son seres débiles y vulnerables, o viven atormentados por el miedo en una sociedad que los teme o se desentiende de ellos.

Desde tiempo inmemorial, un conjunto de prejuicios, miedos y recelos ha ido levantando una especie de muro invisible entre ese mundo de oscuridad y dolor, y la vida de quienes nos consideramos «sanos». El enfermo psíquico crea inseguridad, y su presencia parece siempre peligrosa. Lo más prudente es defender nuestra «normalidad», recluyéndolos o distanciándolos de nuestro entorno.

Hoy se habla de la inserción social de estos enfermos y del apoyo terapéutico que puede significar su integración en la convivencia. Pero todo ello no deja de ser una bella teoría si no se produce un cambio de actitud ante el enfermo psíquico y no se ayuda de forma más eficaz a tantas familias que se sienten solas o con poco apoyo para hacer frente a los problemas que se les vienen encima con la enfermedad de uno de sus miembros.

Hay familias que saben cuidar a su ser querido con amor y paciencia, colaborando positivamente con los médicos. Pero también hay hogares en los que el enfermo resulta una carga difícil de sobrellevar. Poco a poco, la convivencia se deteriora y toda la familia va quedando afectada negativamente, favoreciendo a su vez el empeoramiento del enfermo.

Es una ironía entonces seguir defendiendo teóricamente la mejor calidad de vida para el enfermo psíquico, su integración social o el derecho a una atención adecuada a sus necesidades afectivas, familiares y sociales. Todo esto ha de ser así, pero para ello es necesaria una ayuda más real a las familias y una colaboración más estrecha entre los médicos que atienden al enfermo y personas que sepan estar junto a él desde una relación humana y amistosa.

¿Qué lugar ocupan estos enfermos en nuestras comunidades cristianas? ¿No son los grandes olvidados? El evangelio de Marcos subraya de manera especial la atención de Jesús a «los poseídos por espíritus malignos». Su cercanía a las personas más indefensas y desvalidas ante el mal siempre será para nosotros una llamada interpeladora.

José A, Pagola

Testigos de la Palabra

 

Kath.ch).- Leo Karrer, nacido el 10 de abril de 1937 en Röschenz (Suiza), comenzó sus estudios de bachillerato en el Instituto de los benedictinos en Einsiedeln. En la misma clase estaban entre otros, Othmar Keel, que sería como él profesor en Friburgo. Luego se unió a los Misioneros del Verbo Divino (Verbitas), y después del noviciado estudió filosofía, teología y psicología en Viena y Chicago.

Antes de su ordenación sacerdotal dejó la orden, entre otras cosas porque, según solía decir, optó “conscientemente” por una existencia cristiana laical. En Munich se doctoró en teología dogmática en 1967 bajo la dirección de Michael Schmaus: “Die historisch-positive Methode des Theologen Dionysius Petavius”.

Uno de los últimos ayudantes de Karl Rahner.

En Münster (Westfalia) fue uno de los últimos ayudantes de Karl Rahner. En 1976 se habilitó allí bajo la dirección de Adolf Exeler en teología pastoral sobre un tema de influencia rahneriana: “Glaube in Kurzformeln: zur theologischen und sprachtheoretischen Problematik und zur religionspädagogischen Verwendung der Kurzformeln des Glaubens”.

Durante ese tiempo conoció a su esposa María. Después trabajó en la diócesis de Münster como agente parroquial, mentor de los teólogos laicos en formación y conferenciante para los agentes pastorales.

Promovió una Iglesia sinodal

Tras varios años como agente pastoral en la diócesis de Basilea, obtuvo en 1982 la catedra de teología pastoral de la Facultad de Teología de la Universidad de Friburgo (Suiza).

Hasta su jubilación en 2008 se convirtió en un pionero en su campo: una figura de referencia en todo el mundo de habla alemana, un valiente amonestador para no olvidar el espíritu del Concilio Vaticano II y un promotor de estructuras eclesiales más participativas y sinodales.

En 2009 fue galardonado con el Premio Herbert Haag por su parresía en la Iglesia. De 1993 a 2001 fue presidente de la “Asociación de los pastoralistas de lengua alemana” y de 2001 a 2004 presidente de la “Sociedad Europea de Teología Católica”.

Le gustaba llamarse a sí mismo “discípulo” de Karl Rahner, y con la misma satisfacción se dejaba llamar “decano de los teólogos laicos”. Su trabajo teológico tiene varios puntos de enfoque.

“La hora de los laicos”, una obra estándar

En primer lugar, y siguiendo el Concilio, el compromiso por una iglesia en la que los laicos sean actores de la misión, y no meros objetos de la pastoral. Con el tiempo, esta preocupación adquirió un perfil inconfundible, reivindicativo, que encontró la expresión más madura en su libro “Die Stunde der Laien: Von der Würde eines namenlosen Standes” (1999). Puede considerarse una obra “estándar”.

En segundo lugar, desde que su puesto como profesor en Friburgo ha estado intensamente involucrado con la Iglesia Católica en Suiza. De ello da fe su monumental obra “Katholische Kirche Schweiz: der schwierige Weg in die Zukunft” (1991). Esto implica también su trabajo como mentor de un proceso sinodal con mayor protagonismo de los laicos y más estructuras participativas en la Iglesia Católica en Suiza.

El tercer enfoque son sus textos espirituales que lo muestran como un “pastoralista” atento y misericordioso, capaz de acompañar a las personas en apuros y fortalecerlas con su propio y creíble testimonio existencial. De llo dan muestra libros como “Gottes fremde Sprache: Das Kreuz mit dem Leid” (1990), “Glaube, der das Leben liebt. Christsein als Mut zu wahrer Menschlichkeit” (2014) o ” Glaube, der reift. Spiritualität im Alter” (2017).

Muerte por insuficiencia cardíaca

El 8 de enero de 2021, Leo Karrer murió de un fallo cardíaco en un hospital de Berna, donde estaba a punto de ser sometido a una grave operación. Con él, la Iglesia católica de Suiza pierde a un teólogo atento a los signos de los tiempos y comprometido con el Concilio Vaticano II.

Con su maestro Karl Rahner, Leo Karrer sabía que la Iglesia y la fe pasan a veces por un “período invernal”, pero que la renovación es siempre posible, si nos orientamos hacia el Buen Pastor.

La sinfonía de ministerios laicales en la Iglesia

Francisco: “Los laicos son la abrumadora mayoría del pueblo de Dios que no debe callar”
En el prefacio del libro “Sinfonía de los Ministerios” de Monseñor Fabio Fabene, Francisco pide que se reanude el camino para reconocer la vocación específica de los laicos
En el volumen, el autor, que es Subsecretario del Sínodo de los Obispos, resume el camino sinodal que ha reavivado el liderazgo laico en las últimas décadas
11.12.2020 | Fabio Colagrande
(Vatican News).- A través del camino sinodal la Iglesia, en las últimas décadas, ha llegado a identificar nuevos ministerios que concretan el protagonismo de los laicos en la vida eclesial. Los recientes Sínodos dedicados a la familia, a la juventud y a la Amazonía han sugerido nuevos ministerios laicales como el de la caridad, el de la protección de la creación, el del acompañamiento de la familia o de la juventud o el de la orientación pastoral de la comunidad.
Pero, como escribe el Papa Francisco en el prefacio del libro “Sinfonía de los Ministerios”, de Monseñor Fabio Fabene:
“Debemos verificar si somos fieles a esta identidad laica, reiniciando el reloj que parece haberse detenido. El tiempo es ahora”
Monseñor Fabene, quien desde el año 2014 es Subsecretario del Sínodo de los Obispos, retrata en el libro, publicado por la Librería Editora Vaticana y San Pablo, el camino eclesial que ha llevado a la expansión de los ministerios laicales y a una nueva conciencia de su centralidad en una Iglesia misionera y en salida. Así es como el autor presentó el libro ante los micrófonos de Radio Vaticano Italia.
Una Iglesia sinodal y misionera
En la entrevista, el Obispo Fabio Fabene afirma que el Santo Padre, desde el comienzo de su ministerio, en su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, habla precisamente del protagonismo que los laicos deben tener en una Iglesia sinodal y misionera. Francisco escribe que los laicos representan la abrumadora mayoría del pueblo de Dios y son una mayoría que no debe callar, sino ser protagonista. Porque el Espíritu Santo da a todos los bautizados carismas y ministerios para la construcción de la Iglesia y para la evangelización del mundo.
Ministerios instituidos
En cuanto al tema de los ministerios laicales – llamados también “ministerios instituidos” como decía Pablo VI para distinguirlos de los “ordenados” – que se recordó en diversas oportunidades en las recientes asambleas sinodales de 2018 y 2019, cabe destacar que este libro surge, precisamente, de la experiencia directa que tuvo en su calidad de Subsecretario del Sínodo de los Obispos.
“Ya antes, en el Sínodo dedicado precisamente a los laicos y en la Exhortación Apostólica Christifideles Laici de San Juan Pablo II, en 1988, se habló de la vocación y misión de los laicos y de sus ministerios. Fue una ocasión muy fructífera para que toda la Iglesia reflexionara sobre la vocación, sobre la misión de los laicos, pero también sobre el ministerio laical que San Pablo VI había reformado abriendo el camino ministerial, no sólo para los que iban camino al sacerdocio, sino también para los laicos, permitiéndoles el acceso a ser lector y acólito. Además, en el reciente Sínodo amazónico, se habló mucho del tema del ministerio y, en particular, de la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio Ministeria quaedam, el documento con el que el Papa Montini, en 1972, reformó los ministerios”.
Una nueva estación ministerial
Y afirmó que en su opinión habría que empezar desde ahí para una nueva estación “ministerial”, para una nueva creatividad en este sector.
“El Sínodo Panamazónico me estimuló ciertamente en este sentido, porque – como escribo en el libro – en el aula sinodal, así como en los grupos de estudio de los círculos menores, las palabras `ministerialidad’ y ministerio resonaban, casi como un estribillo, de un punto a otro del aula y esto me impulsó a profundizar un aspecto que concierne no sólo a la región amazónica sino a toda la Iglesia. Los laicos, de hecho, no están llamados a realizar un trabajo de sustitución porque, como sucede en ese territorio, hay falta de vocaciones al sacerdocio y de sacerdotes”
Y añadió que la obra de los laicos no es de sustitución, sino que su acción y su presencia, es verdaderamente necesaria para la construcción de la “Iglesia comunión” y para su misma naturaleza misionera.
Al considerar que en la Exhortación Apostólica postsinodal Querida Amazonia de este año, tal como Monseñor Fabio Fabene lo recuerda en su libro, el Papa Francisco incluso habla de “inculturación de la `ministerialidad’”, le hemos preguntado qué significa esto y si es un paso decisivo, a lo que respondió:
Un paso adelante
“Este es un paso muy importante. Creo que es un paso adelante que el Papa está dando en esta área al instar a las diferentes partes del mundo, a las diferentes culturas a arraigar la `ministerialidad’ en sus propios contextos sociales, culturales y eclesiales. Esto significa que, según las necesidades de la Iglesia en los diferentes territorios y culturas, hay que saber escrutar el tiempo y las necesidades de esas Iglesias y suscitar nuevos ministerios precisamente al servicio de la diversidad”.
“Recordemos siempre que los dos principios fundamentales de la Iglesia son la unidad y la diversidad. Y es precisamente en la diversidad donde encontramos el poder y la creatividad del Espíritu Santo. Si todos somos iguales en virtud del Bautismo, es el mismo Espíritu el que da lugar a la diversidad, incluso la diversidad ministerial, para el servicio de la Iglesia encarnada en cada continente, en cada lugar y en cada cultura, según las necesidades de esas comunidades eclesiales”
A la pregunta de qué tienen que ver con este tema la presencia y la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, Monseñor Fabene afirmó que “son fundamentales, porque la ‘ministerialidad’ no es un hecho sociológico o empírico, sino que proviene de los carismas que el Espíritu da a cada bautizado en la comunidad eclesial. El Concilio Vaticano II habla claramente de esta riqueza carismática y ministerial. Podríamos decir que el ministerio es el carisma puesto en acción. Por eso es necesario el discernimiento de los pastores que deben saber escrutar y captar el carisma de los laicos para luego instituirlo en un ministerio de servicio a sus comunidades”.
Un pueblo rico en esa diversidad que es el don del Espíritu
“Es el Espíritu quien da abundantemente a la Iglesia carismas, ministerios y servicios precisamente para construir el Cuerpo de Cristo. Este último no es una masa uniforme sino un pueblo rico, evidentemente, en esa diversidad que es el don del Espíritu”
Todos nosotros somos partícipes del sacerdocio de Cristo
Por otra parte, Monseñor Fabene explicó que “todos los bautizados participamos del sacerdocio de Cristo: el llamado ‘sacerdocio común’. Luego está el sacerdocio ministerial que reciben los que son llamados en la Iglesia a este ministerio específico y que participan, precisamente, en el ministerio de ‘Cristo sacerdote cabeza’ y actúan en la persona misma del Señor. Pero todos nosotros somos partícipes del sacerdocio de Cristo, y los laicos actúan en la Iglesia justamente porque están injertados en el sacerdocio de Cristo, que es el sacerdocio bautismal”.
En toda comunidad hay una riqueza carismática
Por último le hemos preguntado al Subsecretario del Sínodo de los Obispos qué quiere decir la expresión “Sinfonía de Ministerios” que da título a su libro. A lo que respondió: “Quería referirme a la ‘pluriformidad’ que existe en la Iglesia por obra del Espíritu Santo y al mismo tiempo a su unidad. Como dije antes, los pilares fundamentales de la Iglesia son la unidad, la comunión y la diversidad ministerial, que no es uniformidad, sino una ‘Iglesia pluriforme’ que manifiesta la riqueza que el Espíritu Santo da a todo el pueblo de Dios”.
“En este sentido espero que este libro sea una propuesta, una ayuda, precisamente para que los pastores puedan sacar a relucir esta riqueza carismática que hay en cada comunidad”

Lo que nos queda para este siglo

Silvia Martínez Cano: “Un pequeño cambio, con grandes consecuencias eclesiales”

Ese plural “laicos” hace referencia a hombres y mujeres, como el mismo Francisco argumenta, por lo que nos sitúa en una posición diferente a la hora de afrontar la vida celebrativa de la Iglesia
Con el decreto Francisco apoya y corrobora lo que las circunstancias, el sensus fidei y digámoslo así, el sentido común de nuestras comunidades hace cada semana
12.01.2021 | Silvia Martínez Cano
El motu propio de Francisco que modifica el canon 230.1 nos ha pillado por sorpresa en este día de frío invierno en el hemisferio norte. Con esta modificación Francisco hace un gesto esperado, para algunos nimio, para otros quizá muy evidente pues en algunos lugares hace ya muchas décadas que se ve en los altares de algunas iglesias a mujeres leyendo y siendo acólitas en la eucaristía dominical.
Francisco da continuidad a la reflexión de los últimos sínodos sobrenó el papel de la participación del laicado en los sacramentos a través de los ministerios y decreta un cambio pequeño en el apartado 1 del canon, pero muy sustancioso pues tiene grandes consecuencias eclesiales. Se suprime la palabra “varón” por el plural “laicos” para la asignación de tareas ministeriales en los sacramentos. Ese plural “laicos” hace referencia a hombres y mujeres, como el mismo Francisco argumenta, por lo que nos sitúa en una posición diferente a la hora de afrontar la vida celebrativa de la Iglesia. O ¿quizá este cambio va más allá de la liturgia? ¿Quizá Francisco con este decreto hace un guiño a un proceso tímido de modificaciones en algunas partes del derecho canónico? ¿Tendrá continuidad o será un cambio aislado?
Lo cierto es que ésta es la decisión de Francisco hoy. En principio, algunos y algunas podemos pensar que realmente es un cambio muy pequeño. Parece que llegue tarde como he dicho antes, pues que haya mujeres leyendo, repartiendo la comunión, o ayudando al sacerdote en la misa no es una situación extraña en algunos lugares. El cambio llega tarde podemos pensar, pues ya es un cambio de hecho y no de derecho. Con el decreto Francisco apoya y corrobora lo que las circunstancias, el sensus fidei y digámoslo así, el sentido común de nuestras comunidades hace cada semana.
Algunas y algunos pueden decir que es insuficiente, porque lo que ya se hace debe ser acompañado con otras decisiones de mayor alcance. No es suficiente “ayudar” en la liturgia para hablar de una verdadera sinodalidad, esta situación no desclericaliza la liturgia ni la sacramentalidad de la que participa toda la comunidad cristiana pero solo como observadora y destinataria. La sinodalidad no es solo permitir que las mujeres suban al altar como una concesión paternalista al Pueblo de Dios. La sinodalidad es hacer de la liturgia un espacio compartido y coordinado, repartido y corresponsabilizado.
Y ¿cómo llegar a esto si se dan pasos tan pequeños como dejar que las mujeres hagan lo que ya hacen? Necesitamos más pasos, decimos otros y otras, más rápidos, más propios del siglo XXI que del XX, pues se nos despedirá el siglo y no habremos respondido a sus signos. Este cambio es importante, sobre todo por lo que no se dice en el motu propio, pero queda implícito en él, porque afecta al tercer apartado del canon: que las mujeres puedan suplir al ministro en sus funciones como ejercitar el ministerio de la palabra, presidir algunas liturgias, administrar el bautismo y dar la comunión sin que algunos fieles se cambien de fila por el hecho de recibirla de una mujer.
Este cambio es importante, sobre todo por lo que no se dice en el motu propio, pero queda implícito en él, porque afecta al tercer apartado del canon: que las mujeres puedan suplir al ministro en sus funciones como ejercitar el ministerio de la palabra, presidir algunas liturgias, administrar el bautismo y dar la comunión sin que algunos fieles se cambien de fila por el hecho de recibirla de una mujer
Se reconoce que las mujeres tienen autoridad en su experiencia de Dios y en su palabra predicada, se reconoce que las mujeres pueden representar a la Iglesia al acoger a los bautizados en la gran comunidad. Pero ¿esto no se hacía ya también en algunos lugares? El sínodo de la Amazonía dejo claro que es más frecuente de lo que pensamos. Pues si ya se hace, dicen algunos, ¿para qué cambiar las cosas? parece como que las mujeres fomentaran con ello una actitud revanchista, “impropia” de la condición femenina, que debe ser sosegada y discreta.
No, el reconocimiento es importante, pues equilibra la igualdad y restituye lo usurpado por tantos siglos de mirada androcéntrica. El reconocimiento obliga a la reciprocidad, a la dignidad, a aprender a escuchar al que nunca escuchamos, en este caso las creyentes silenciadas, aunque sea de mala gana. Hace “apropiado” que se acepten las reivindicaciones de las mujeres como una forma de crecimiento comunitario. Así que el cambio de una palabra ya no es tan pequeño, pues obliga a seguir en el diálogo entre reivindicaciones y reconocimientos. Esperemos que no se rompa este diálogo, que lo pequeño e insuficiente nos lleve a otro cambio pequeño e insuficiente, o, por qué no, a varios más que se den a la vez, para acelerar el proceso de conversión de la Iglesia que nos piden los signos del siglo.
Esperemos que no se rompa este diálogo, que lo pequeño e insuficiente nos lleve a otro cambio pequeño e insuficiente, o, por qué no, a varios más que se den a la vez, para acelerar el proceso de conversión de la Iglesia que nos piden los signos del siglo
Quizá en este frío año se cumpla el refrán “año de nieves, año de bienes”, quizá estas nieves han estado cerca del corazón de Dios e impulsadas por el Espíritu nos abran camino de verdad a una real sinodalidad práctica. Quizá. Reivindiquemos pequeños cambios e insuficientes para que lo pequeño nos lleve a lo grande más rápidamente. Abranos muchos frentes de diálogo (reivindicación-reconocimiento), manifestemos sin miedo el sensus fidei de la inclusión que ya se expresa en algunos lugares, ocupemos con nuestras palabras y nuestros gestos de laicas y laicos las liturgias, las comunidades locales y las diócesis, sin esperar al reconocimiento, pues bien sabemos que llegará como éste, tarde. Así, quizá, mañana nos despertaremos con otras nieves y con otros bienes.