El 15-M de Francisco

Indignados de evangelio y hacia una primavera de la Iglesia: El 15M de Francisco

Papa de la primavera

«La tarea esencial de la Iglesia no consiste sólo en ofrecer una pequeña ayuda de consuelo a sus fieles, sino en defender y promover la vida humana, que es la creación que Dios ha puesto en manos de los hombres»

«Ésta es la primera tarea de la Iglesia: Salir de sí, para que los hombres descubran a Dios como Padre generoso que engendra vida y la mantiene porque quiere, es decir, porque nos quiere»

«La iglesia no existe simplemente para decir la verdad (como si fuera algo externo a ella), sino para ‘ser’ verdad, como el mismo Jesús»

«Jesús nos sigue llamando a la gran ‘indignación’ activa, al servició de la creación de Dios, es decir, de la resurrección»

 | Xabier Pikaza teólogo

Digo 15M en referencia a los “indignados” que hace diez años (15.5.2011) quisieron iniciar en Madrid un movimiento de transformación, que en parte ha sido asumido por el conjunto de la sociedad, en parte se ha vuelto un “partido” que genera interrogantes en el conjunto de la población, y en parte parece estar siendo rechazado por una política de seguridad económico/nacional triunfante.

Tomo como referencia (parábola de fondo) el 15M de Madrid, pero me ocupo más bien de un 15M de fondo de la Iglesia católica, partiendo del programa de Iglesia propuesto por Francisco en su exhortación Evangelii Gaudium (24N 2013), leída a la luz del Concilio Vaticano II, y en especial de una encíclica de Pablo VI (Ecclesiam Suam).

‒ La encíclica de Pablo VI Ecclesiam Suam (1964) constituye el mejor resumen a interpretación del Vaticano II. Aquel papa pedía a los cristianos que pasaran del paradigma de la verdad sabida, que se impone a la fuerza, al paradigma del diálogo humilde y fecundo con la cultura y vida de la humanidad. Como se sabe, aquel “programa” dejó pronto de aplicarse, en una iglesia que tuvo miedo del diálogo y quiso imponerse de nuevo como autoridad sagrada.‒ Francisco empezó su andadura eclesial con Evangelii Gaudium, 2013), pidiendo a la Iglesia no sólo que dialogue con los de fuera y los de dentro de sí misma, sino que salga de su estructura de seguridad sacral y social, volviendo con los “indignados” de Cristo en la Plaza de los descartados y excluidos, pobres, enfermos y oprimidos, para caminos de humanidad. Francisco pedía a los cristianos que primereen con Jesús, que abandonen su lugar asegurado y se involucren en la marcha de los rechazados y borrados de la vida. Este fue y sigue siendo su mensaje, reformulado de un modo “universal” en Laudato si (2015), una encíclica “indignada”, en contra de los “señores” del poder y el capital, que, por su egoísmo, están poniendo en riesgo la vida de todos, mientras ellos (los privilegiados) gozan por unos años, mientras provocan el “diluvio”.

Indignación ante un mundo en riesgo de muerte

La tarea esencial de la Iglesia no consiste sólo en ofrecer una pequeña ayuda de consuelo a sus fieles, sino en defender y promover la vida humana, que es la creación que Dios ha puesto en manos de los hombres. Éste es el principio de la indignación cristiana, que se muestra en el Éxodo como “ira creadora”, llamado a Moisés para que liberes a los hebreos de Egipto. Es la indignación de Jesús, formulada de manera fuerte por el evangelio de Marcos, cuando dice que él vino a llamar y liberar a las “ovejas” aplastadas, derribadas por el suelo, a merced de los prepotentes. Esta es la “ira” de Dios que San Pablo ha formulado de manera escalofriante en la carta a los Romanos (¡precisamente a los romanos).

Tanto Pablo VI como Francisco supieron que no podemos retroceder a unos planteamientos anteriores al Vaticano II. Han cambiado los tiempos, y debe cambiar la Iglesia, desde la raíz del Evangelio. En este momento (15M 2021), sólo podemos realizar nuestra “misión” y ser testigos de Jesús si nos arriesgamos a salir por fin de la fortaleza sitiada de una Iglesia que se había mantenido a la defensiva, como entidad social y espiritual. Se trata de salir con Jesús, para dialogar y aprender (Pablo VI), para ofrecer una experiencia y tesoro de vida en medio de un entorno amenazante, peligroso (Francisco).Como salió Jesús, como hizo Pablo

 Jesús abandonó los caminos asegurados de una buena Ley que santificaba un tipo de vida fijada en sí misma, para situarse “fuera”, en los lugares donde padecían cojos-mancos-ciegos, expulsados e impuros, para iniciar con ellos un camino de evangelio. Como salió Jesús, así debemos hacerlo nosotros, portadores de su mensaje, no para crear una Iglesia cerrada otra vez, sino para promover un movimiento de comunión (Pablo VI) y transformación desde evangelio (Francisco).

‒ Retomamos de esa forma la misión de Pablo, que descubrió sorprendido, emocionado, la nueva y más honda “estrategia” creadora de Dios, que no se revela a través de un Hijo de David triunfante, según la carne, sino por medio del Señor Crucificado (Rom 1, 2-3). Por eso, salió de la Iglesia-Sinagoga de un tipo de judeo-cristianismo, para plantar su “tienda” en el espacio público de la cultura helenista, en los suburbios y villas miseria del imperio romano, dialogando con un mundo que otros juzgaban condenado de antemano. Este Pablo pide a los cristianos que abandonen un tipo de “ley” inmutable, para ponerse al servicio de la revelación del Dios que ama a los gentiles, expulsados, condenados, para ser así de todos.

De esta “salida” de Pablo, que anuncia y promueve el mensaje del Cristo Crucificado en un mundo radicalmente distinto, sigue viviendo la Iglesia. Ciertamente, Pablo no fue el único misionero cristiano; estaban antes que él y con él las mujeres de la pascua, con Pedro y Santiago, con los zebedeos etc., pero su “salida” fue la más significativa, y a ella tenemos que volver, para recrear el evangelio, pues solamente aquello que cambia permanece.

Ésta es la primera tarea de la Iglesia: Salir de sí, para que los hombres descubran a Dios como Padre generoso que engendra vida y la mantiene porque quiere, es decir, porque nos quiere, empezando por los pobres, enfermos y excluidos, los antiguos y nuevos paganos (en sentido popular de la palabra: los que “pagan” por las culpas de los otros). Éste es el punto de partida de la experiencia radical de Pablo, que la nueva indignación de muchos en la “plaza” del sol de la vida nos ayuda a comprender.Ante los indignados de Francisco. Una iglesia de humanidad

Ésta a su juicio la tarea de la Iglesia: Poner su tienda caminante (como hizo Jesús, cf. Jn 1, 14-15) entre y con los hombres y mujeres de las plazas del mundo. Ésta es la tarea del “humanismo de Dios”, que ha salido de sí, que se ha encarnado, para que la vida de los hombres sea su Reino, es decir, el lugar de su presencia.

En este momento (15M 2021) debemos asumir y promover los valores de la creación, al servicio de la madurez de unos hombres y mujeres que quieren producir para gozar, pero, sobre todo, para desarrollarse y vivir como personas, como quiso Pablo VI (Populorum Progressio (1967), a fin de que ese progreso esté al servicio de todos, y en especial de los más pobres como ha puesto de relieve el Papa Francisco (Evangelii Gaudium y Laudato si).

Ésta es la tarea, el primer servicio de la Iglesia: Salir de sí, buscando el bien de los seres humanos, empezando por los menos valorados, promoviendo un progreso de humanidad. Entendida así, la Iglesia es una comunidad excéntrica: Tiene su centro fuera de sí misma. Sólo en la medida en que sale y busca el bien del ser humano es portadora de la salvación de Dios.

Ciertamente, la Iglesia ha realizado grandes obras; ella ha sido promotora de una globalización positiva de la humanidad, de una comunicación abierta a todos los hombres y los pueblos de la tierra, en forma de terapia personal y social:‒ Iglesia, una terapia personal. El evangelio presenta a Jesús como sanador, un hombre al lado de los hombres y mujeres más enfermos, aquellos que han caído en manos de una “cadena destructora” que podemos llamar “diabólica”, para curarles como personas, al servicio de la “mística de la vida”, de la madurez de conciencia, de la paz interna y externa.

 Iglesia, una terapia social. La Iglesia debe ofrecer signos de presencia de Dios (=de humanidad) que se concretizan en la experiencia social de sus miembros, llamados a compartir la fe, para convivir en amor abierto a todos. Ella ha de aparecer así como “ciudad elevada”, pero no en sí misma, sino en la montaña del mundo, no para sí misma, sino para que todos puedan venir, ofrecer y compartir vida, en clave libertad para el amor (cf. Mt 5, 14; Ap 21-22).

 Una iglesia que se convierte

No tiene que empezar pidiendo a los otros que lo hagan, sino convertirse ella misma, “a capite et in membris”, como se decía en otro tiempo, empezando por la cabeza, y siguiendo por los miembros:

‒ Parte de la Iglesia no ha superado un orden social clasista. Ciertamente, ella ha proclamado la comunión de todos los hombres (Gal 3, 28), pero de hecho ha terminado aceptando un tipo de estructura dominante, estableciéndose un modelo jerárquico de vida, que no responde al ideal de fraternidad universal del evangelio (cf. Mt 23, 8-12). De esa forma, ella ha dejado de apoyarse en el Jesús que muere al servicio del Reino, y, en contra de eso, ha querido fundarse en un Señor pascual de poder, no de comunión de vida.‒ Ella ha pactado con frecuencia con poderes de “seguridad” nacional y estatal. Ella comenzó a vivir fuera del orden del Estado, durante siglos (tiempo de las “catacumbas”), para ofrecer su testimonio de humanidad abierta a todos, pero luego pactó con el imperio romano y bizantino y, de un modo especial, con los nuevos reinos cristianos, identificándose con estados y naciones, a menudo enfrentadas entre sí, llegando a imponer su “poder” por medio de las armas.

‒ Finalmente, en los últimos siglos (decenios) la Iglesia no ha rechazado de un modo consecuente el orden capitalista, defensor en teoría de la libertad individual, pero creador de una estructura social injusta (satánica). Ella ha querido aparecer como promotora de un Reino de Dios, pero de hecho ha buscado su propio poder.

Éste es el contexto donde la Iglesia debe cambiar más hondamente, volviendo a salir fuera de sí misma, para poner su palabra (su enseñanza) y testimonio al servicio del Reino de Dios. La iglesia no existe simplemente para decir la verdad (como si fuera algo externo a ella), sino para “ser” verdad, como el mismo Jesús (Jn 14, 6). Sólo así, saliendo fuera de sus muros de poder sagrado, abandonando su alianza con los poderes establecidos y con una economía al servicio de sí mismo (del capital), ella puede ser signo y presencia del Reino de Dios (de Dios hecho Reino de los hombres).

 Una iglesia en contra del desencanto

Los deseos de cambio de los últimos decenios (especialmente de la década de los sesenta a los ochenta del siglo XX), que tanto prometían, en línea de progreso y liberación social, no lograron cumplirse, y parecen habernos dejado tan mal o peor de lo que estábamos. Las utopías ligadas en parte al marxismo han perdido su capacidad de convocatoria, por su propia violencia, sus errores y fracasos económicos, y también por la mayor capacidad de penetración del neo-capitalismo, con la adoración del Becerro de Oro. En esta situación nos cuesta creer en la política en la que, por otra parte, en contra de lo que sucedía en otro tiempo, parecen comprometerse y triunfar sólo los más aprovechados, al servicio del Capital, convertido de hecho en único poder dominante.En esa línea, parece que la sociedad se está estabilizando, encerrada en la “caja de hierro” del Sistema, bajo el dominio de los poderes fácticos (dinero, ansia de poder, grupos partidistas) sin que exista un deseo eficaz de transformación social en profundidad, al servicio de los hombres y los pueblos.

En esta situación resulta esencial que la Iglesia plante su tienda en la nueva ciudad del mundo, en la calle, en los barrios, no para tomar el poder (o actuar como aliada y justificadora de un nuevo Imperio), sino para devolver a las personas la confianza en sus posibilidades personales y sociales, de apertura a la Vida y de vinculación mutua. No se trata de inventar algo que no existiera, sino de que la iglesia sea sacramento del pan compartido, es decir, de la comunión social concreta, entre gentes que dialogan (Pablo VI) y se ofrecen mutuamente “vida”.

Frente al fracaso y desencanto de un tipo de política, la Iglesia ha de elevar más alta fe en la comunión interhumana. No se trata de crear un partido más (de ser partido), ni de bendecir naciones y estados, en sentido político, sino de animar la vida social, en todos los planos, sin tomar el poder de un modo directo, pero potenciando el surgimiento de una conciencia más honda de humanidad correlacionado en servicio mutuo, en forma social.

No se trata de crear simplemente una comunión de meros “indignados” que protestan en contra de las condiciones sociales de injusticia que han surgido, pero es evidente que la unión de los cristianos en forma de Iglesia tiene un elemento fuerte de “protesta”, es decir, de indignación en contra del poder social injusto que domina en gran parte del mundo. Sin esta fuerte “reserva profética” al servicio de la justicia y de la solidaridad carece de sentido la iglesia.No basta más dinero, y más libertad para el mero dinero

Parecía que la nueva economía capitalista podría resolver nuestros problemas, trayendo sobre el mundo la riqueza y reconciliación final, vinculando a todos los hombres en tono a un Capital y Mercado entendidos como espacio de comunicación universal. Pero, de hecho, esa economía se ha vuelto idolátrica, principio de opresión, pues ella pide cada día el sacrificio de más personas. Una pretendida “libertad económica”, en manos de algunos “sabios” que dirigen de un modo aparentemente científico, pero en realidad ilusorio, el mercado del capital ha desencadenado grandes crisis que están poniendo en riesgo el futuro de la humanidad. Pues bien, en esa situación, la iglesia está llamada a mantenerse en actitud de esperanza activa, de paciencia creadora, denunciando el tipo de “dinero actual” (simplemente “más dinero del sistema” como idolatría.

Un tipo de dinero que buscamos (por el que votamos) es un bien (mejor dicho, un mal) ilusorio, de carácter básicamente financiero, que se separa a los hombres de los “bienes reales” (tierra, comida, objetos de consumo) y especialmente del trabajo, para convertirse en un Mammón antidivino y antihumano, como dice Jesús en Mt 6, 24.

En esa línea, hombres y mujeres (incluso a veces el mismo Vaticano) han tenido que vender el alma (es decir, su libertad) poniéndola en manos del dinero. Eso no implica simplemente más “paro” (gente sin posibilidades trabajo), y más injusticia social (mayorías marginadas y hambrientas, sin medios de producción ni de consumo), sino un rechazo de los grandes valores religiosos y racionales (éticos) que habían dirigido por siglos la vida de los pueblos. Muchos hombres y mujeres (grandes masas, naciones enteras) se encuentran al borde del abismo, ante una nueva esclavitud, tan perversa o peor que las anteriores, descrita por la Biblia Biblia, desde Dan 2 y 7 hasta Ap 12-18.De la paciencia resignado a la indignación activa

En esa situación, la paciencia debe hacerse indignación, protesta en contra de la opresión del dinero/capital. Lógicamente, muchos siguen sintiéndose indignados, y otros quizá más numerosos simplemente derrotados. Ha nacido el desencanto, crece la indignación, y en un momento dado pueden surgir grandes protestas, con riesgo de violencia externa, aunque los medios técnicos y militares de los dueños del capital hacen difícil que las protestas puedan cristalizar en forma de auténticas revoluciones. En ese contexto ha de situarse la respuesta de la Iglesia, una actitud que está en el fondo del mensaje de Francisco:

‒ Fe comprometida contra el desencanto de fondo. La iglesia tiene que mostrar con su vida que nuestra situación no es “irremediable”, como no lo era la del Imperio Romano en tiempos del Apocalipsis, sino que deriva de una maldad “diabólica” creada por la misma historia humana, en contra de la voluntad de Dios. Lo peor del sistema financiero es que muchos sienten que resulta insuperable, que no tenemos más remedio que someternos y aceptarlo. Otros piensan que toda ideología engaña, que está hecha para enmascarar y pervertir, de tal forma que tras esta perversión actual vendrá otra, quizá mayor, de tal forma que no tenemos remedio.

‒ Abriendo caminos de esperanza, en medio de estas condiciones adversas. Se trata de mostrar, de manera práctica, que el Capital Financiero es un ídolo sin vida en sí (en sí mismo no es nada) y que, sin embargo, chupa la vida de los hombres. Hay que mostrar su falsedad, como los profetas de Israel mostraron la falsedad de los ídolos entonces, mostrando el engaño y perversión de aquellos que consiguen pronto (sin escrúpulos) mucho dinero, utilizando métodos injustos.

‒ Crear espacios reales de fraternidad, comunidades que resistan y vivan de un modo intenso y gozoso, compartiendo lo que son y lo que tienen, saliendo del sistema financiero que todo quiere controlarlo. En este contexto, la Iglesia tiene que ser ella un germen de fraternidad, saliendo de sí misma, situándose como protesta activa en medio de la plaza de este mundo, con un gesto que no es puramente testimonial, sino que va marcando caminos y signos de nueva humanidad.

En este contexto se sitúa la indignación profética de Jesús cuando eleva su voz y su gesto contra aquellos que oprimen a los pobres y manejan la ley a su servicio, manipulando la palabra de Dios. Cuando parece que no hay lugar para la protesta, que no tiene sentido enfrentarse con el mal, Jesús nos sigue llamando a la gran “indignación” activa, al servició de la creación de Dios, es decir, de la resurrección. En esa línea puede y debe reinterpretarse el mensaje de diálogo de Pablo VI (en contra de sus posibles contradicciones posteriores) y el programa de “salida evangélico-social” de Francisco (en contra de las posibles vacilaciones de su política eclesial).

Un fantasma recorre el mundo: l@s undignad@s

 (Reflexión diez años después) porJuan José Tamayo
Seguro que recuerdan cómo comienza el Manifiesto Comunista: “Un fantasma recorre Europa: el comunismo. Contra este fantasma se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el Zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizones alemanes”. Lo redactaron en 1848, en pleno periodo revolucionario, Marx y Engels, quienes de ese hecho sacaron dos consecuencias: la primera, “que el comunismo se halla ya reconocido como una potencia por todas las potencias europeas”; la segunda, “que ya es hora de que los comunistas expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones”.
Hace diez años el fantasma que surgió fueron L@s Indignad@s, un movimiento que comenzó en la madrileña Puerta del Sol, tomó la antorcha de la utopía alter-globalizadora de “Otro Mundo Posible”, recorrió con ella el planeta entero y lo llenó de luz. Fue el movimiento de una nueva Ilustración decolonial y más global que la eurocéntrica del siglo XVIII y que apunta a un cambio civilizatorio como condición necesaria para la supervivencia de la humanidad y del planeta. Seguir leyendo

El Papa Francisco con los indignados

José Arregi: «El Papa Francisco está con todos los indignados de este mundo»

«El papa Francisco –lo reconozco con gusto– es, por su figura y por el eco mediático de su mensaje, una de las grandes voces proféticas del mundo de hoy»

«Durante ocho años de pontificado, no ha tocado ni una letra del Derecho Canónico ni una coma del Catecismo con su doctrina y su teología más tradicional e inmovilista, enemiga de subversiones sociales y de nuevas reinterpretaciones»

«Y no vale decir que el papa sí quiere, pero no puede por miedo al cisma. La inacción y la inmovilidad está llevando al peor cisma: el abandono de los mejores y el vacío general creciente»

«Una Iglesia que ha dejado de ser creíble y de inspirar e impulsar movimientos como el 15M es un fracaso, y una traición a Jesús y su Evangelio»

 | José Arregi teólogo

Con ocasión del décimo aniversario del 15M, el movimiento de indignados hoy cargado de más razones que hace 10 años, se me pide que responda a dos preguntas: 1) ¿Se puede considerar un indignado al Papa Francisco? 2) ¿La sinodalidad de Francisco se corresponde con el 15M entendido como el tiempo de las plazas? Lo haré en tres puntos.

1.El papa Francisco está con los indignados. Aunque la figura de un papa de aspecto bonachón y ya muy mayor, vestido de impecable túnica blanca y presidiendo solemnes encuentros en lujosos salones renacentistas del palacio vaticano, se concilie mal con el porte de jóvenes indignados acampados en plazas, pienso que sí, que el papa Francisco está, como lo estaría el libre y pacífico Francisco de Asís, con todos los indignados de este mundo, de Madrid a Tinduf, de Palestina a Cali.

Iglesia hospital de campaña

En el insomnio del 15-M

En el insomnio del 15M

Hay quien dice que no hay nada menos 15M que la nostalgia del 15M. Sin embargo, estos días se multiplican los artículos que revisitan ese hito histórico, ya sea para reivindicarlo de manera encapsulada como para desprestigiarlo. Se cumplen diez años de la manifestación que dio lugar a la acampada que dio lugar al movimiento que supuso el inicio del fin del bipartidismo en nuestro país y a un estallido de activismo como no se había visto en décadas.

A pesar de esto, corre entre ciertos opinólogos de la verdadera izquierda, de estos que tienen un señor mayor encerrado en un cuerpo no tan viejo y que viven de polemizar en redes y hablar de su libro, una suerte de aquello no fue para tanto, cuando no directamente una necesidad de levantar sospechas y elucubrar conspiraciones. Que están a un paso de decir que el 15M fue facha, vaya.

Nos recordarán estas voces durantes estos días que el PP arrasó en las municipales de mayo de 2011 y en las generales de ese mismo año. Se apoyarán en esto para denostar la transversalidad y aquello del 99% porque, claro, ahí cabe cualquiera y vaya usted a saber. Retorcerán los datos y la hemeroteca para demostrar el apoyo de los grandes grupos mediáticos, cuando lo cierto es que, salvo algunos digitales incipientes (ahí estaba esa cuna de grandes que fue Periodismo Humano), las principales cabeceras solo hicieron caso cuando fue inevitable hacerlo: no se puede ocultar una acampada multitudinaria en la Puerta del Sol la semana antes de unas elecciones. 

No entendieron de qué iba entonces y no lo entenderán hoy. Había que estar en las plazas para ello

En fin, dirán estas voces denostadoras lo mismo que ya decían hace 10 años los que veían que esta nueva forma de pensar y pulsar el activismo les quitaba su protagonismo oxidado. Nada nuevo. Nada transformador. Nada que haya servido para cambiar nada. No entendieron de qué iba entonces y no lo entenderán hoy. Había que estar en las plazas para ello.

Del mismo modo, la crónica hagiográfica de lo que fue tampoco nos será muy útil hoy, diez años después, y puede incluso llegar a ser más contraproducente con los postulados y el espíritu del movimiento que la crítica de los rencorosos. Había que estar en las plazas, sí, pero no se puede seguir en “aquellas” plazas. Si el 15M es una reliquia intocable con sus propios cronistas oficiales, entonces el 15M ya no sirve para nada. Si el 15M solo es un hermoso recuerdo individual de una experiencia personal, entonces el 15M ya no sirve para nada.

Corre el riesgo esta visión reivindicadora del movimiento de convertir en fetiche lo que fue una chispa. El 15M como realidad perfecta e inalcanzable, el 15M como nuestro tiempo pasado que fue mejor, el 15M como “es que en la casa se vive todo más intensamente”. 

Pasa también que en el 15M éramos más jóvenes y, claro, igual donde quieres estar no es de nuevo en una asamblea de la Comisión de Política a Largo Plazo sino en tus veintitantos años. Comprensible pero poco eficaz en nuestro contexto.

A mí me pilló al filo de la treintena, recién llegado de una Honduras en resistencia frente a un golpe de Estado y siendo candidato de un pequeño partido por entonces bastante utópico (en la mejor de sus acepciones). Encontré entre todo lo que se movía bajo las carpas azules de Sol un catalizador que daba sentido a todas mis apuestas político-sociales y las unificaba.

Era evidente que la revolución empezaba ahí y de verdad sentíamos que estábamos cambiando el mundo

Era evidente que la revolución empezaba ahí y de verdad, de una forma muy auténtica, sentíamos que estábamos cambiando el mundo. De hecho, la segunda parada del 15M fue la increíble manifestación global del 15O. Todos los países de La Tierra manifestándose a la vez contra un sistema injusto. Queríamos cambiar el mundo.

Me sirvió esa primera semana de acampada, que me pilló en plena campaña electoral, para entender muchas de las cosas que luego se llamarían “nueva política”. Aquello era sin logos, sin banderas, sin siglas… Aquello iba de cooperar y no de competir. Aquello iba de unir fuerzas desde lo común y desde la diversidad para lograr objetivos mayores.

Aquello nos decía a voces que lo institucional era solo una herramienta y que los partidos tenían que estar en retaguardia y al servicio de la ciudadanía organizada y sin organizar, no eran un fin en sí mismos. Esa lucha llevé desde entonces al que fue mi partido y por eso mismo acabaría siendo invitado a salir 5 años después. El 15M fue de todo menos identitario y eso no lo llegó a entender todo el mundo. Por el camino se lograron cosas muy interesantes con algunos partidos y movimientos que durante algún tiempo sí que lo entendieron.

Pero vaya, que esto es mi experiencia y no quisiera hace totem de esto. Con el 15M pasa un poco como con el Camino de Santiago, que dicen que hay tantos como peregrinos lo recorren. Pues eso.Volviendo a nuestro contexto actual, resulta fundamental tenerlo en cuenta de cara a ponernos frente al espejo del 15M diez años después. Más allá de por el enésimo fin de ciclo dictado por la actualidad electoral, por el momento histórico mundial en el que nos encontramos.

Con un colapso climático y sistémico a la vuelta de la esquina, con un capitalismo en proceso de constante refundación desquiciada sobre los cadáveres que va dejando por el camino, con una ultraderecha global amenazando desde los discursos del miedo y el odio el consenso de la declaración de los Derechos Humanos… el décimo aniversario del 15M nos obliga a pensar qué queda de aquel movimiento que nos llenó de esperanza organizada y de qué puede servirnos ahora.

Por tanto, quizá no se trata tanto de hablar del 15M como del quincemayismo. No del momento sino de los aprendizajes. No del homenaje sino de la acción ahora. La década no como nostalgia sino como acicate.

Aunque sobre esto hay publicado mucho y muy variado, sí podríamos convenir que algunas de las claves principales del quincemayismo son la horizontalidad, la transversalidad, el asamblearismo, la no-violencia, el respeto, el internacionalismo, la creatividad, la proposición, la movilización y la repolitización.

Claves que nos hablan más de los “cómos” que de los “qués” en un momento en el que los “cómos” parecen haberse vuelto a reducir únicamente a la vía electoral y los “qués”, como digo, nos los están gritando las emergencias históricas del siglo. En un momento de polarización insoportable quizá sea bueno recordar que la mayor transformación que ha sufrido nuestro país desde el 78 parte de una movilización que contaba con el 81% de apoyo según el CIS. Si de verdad queremos cambiar las cosas, si de verdad queremos que el 15M siga siendo chispa que encienda fuegos necesarios, ahí tenemos unas cuantas claves válidas. A los poderosos enemigos capaces de apagar esa chispa y sus estrategias ya los hemos ido conociendo por el camino. No, nuestros sueños siguen sin caber en sus urnas. Van más allá.

La placa popular que se puso bajo la estatua de Carlos III en aquella semana frenética de 2011 decía “Dormíamos, despertamos”. Una de las pancartas más replicadas gritaba que “si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir”.

Hoy, diez años después, con una realidad que sigue sin dejarnos soñar y con una década de despertar colectivo a cuestas, estamos en pleno insomnio del 15M. Con los ojos como platos, comidos de ansiedad y sin fuerzas. Una vez que despiertas ya no puedes volver a dormir. Al menos hasta que alcances los sueños que te niegan y puedas sentarte a descansar. 

Mi profesor de Geografía e Historia de 2º de BUP, Julián Jimeno, explicaba el Renacimiento de una forma que aún hoy sigo recordando. Mientras que en la Edad Media habían estado intentando replicar sin éxito lo que hicieron los romanos, en el Renacimiento empezaron a pensar, desde su propio contexto, como pensaban los romanos. Y floreció todo. Quizá sea el momento de abandonar Sol y empezar a pensar como pensábamos cuando fuimos a Sol. Nos va el futuro (que sin ser ya jóvenes seguimos sin tener) en ello

A 10 años del 15-M


¿Qué queda en la Iglesia del movimiento de los indignados?

Hace una década que una ola de indignación propositiva llenó durante semanas las plazas y barrios
Jóvenes cristianos vinculados a la acción social se sumaron y soñaron con un mundo nuevo
 
Hace diez años, Madrid afrontaba lo que parecía una campaña electoral que a priori respondía a una convocatoria  autonómica y municipal… Hasta que la mecha surgió y el 15 de mayo de 2011, festividad de san Isidro, más que mirar a la pradera, a Las Vistillas o a Las Ventas, las miradas se clavaron en la Puerta del Sol.
Bajo la estela de ‘Indignaos’, un libro del nonagenario Stéphane Hessel que acabó convirtiéndose en una bandera para una juventud hastiada de la situación política, nació el llamado Movimiento 15-M. Lo que arrancó como una protesta más evolucionó a una acampada de miles de jóvenes en el centro de la capital. Durante semanas, celebraron todo tipo de asambleas en las que se soñaba con dirimir cómo habría de ser la sociedad del futuro y el presente. La mecha prendió y la ola se extendió a ciudades y pueblos de todo el país.
Si en materia política se ha quedado en el imaginario colectivo que el 15-M supuso una grieta en el bipartidismo y, tras los pasos previos de UPyD y Ciudadanos, surgió desde la izquierda Podemos, ¿qué rastro quedó en la Iglesia? ¿Supo interpretar el hartazgo social que entonces bullía y que hoy, en 2021, se manifiesta en plena pandemia, con una creciente crisis económica y las instituciones aún más debilitadas en su credibilidad?
Una década después, ¿qué ha quedado de un movimiento en el que también se implicaron muchos jóvenes católicos, provenientes de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), de la Juventud Estudiante Católica (JEC), del Sector Juvenil de la Acción Católica General, de las Comunidades de Vida Cristiana (CVX) o, sencillamente, de todo tipo de parroquias, universidades católicas o institutos de vida consagrada?

Un renacimiento
En Madrid vio nacer este movimiento el joven David González, militante de la Acción Católica Obrera (ACO). “El 15-M –detalla– fue un punto de inflexión para la sociedad. Descubrimos que algo fallaba. Fue un ‘hay que empezar de nuevo, lo que hay ya no vale… Vamos a hablar’”.
Para él, la concentración de los indignados “generó un inusitado interés por lo político y sirvió de altavoz y denuncia de muchas situaciones injustas, poniendo el foco en los desahucios, la precariedad y la pobreza de mucha gente que se queda al margen del crecimiento económico y de la acumulación de riqueza. No podemos olvidar que hay una parte minoritaria de la sociedad, lo que se llamó ‘el 1% contra el 99%’, que concentra mucho más que el resto”.
Para González, esas reivindicaciones han dado sus frutos a la larga, como evidencian “el subsidio de desempleo y, más tarde, el Ingreso Mínimo Vital”. Sin olvidar que “ayudó a tener una visión más global y menos localista de la realidad en la que vivimos”; lo que, a su vez, “inspiró a muchas personas en otras partes del mundo a realizar experiencias similares: en Brasil, Turquía, Estados Unidos, Inglaterra y el resto de Europa, África y Asia… El movimiento de los indignados se volvió algo nuevo e impredecible”.
De ahí que David no dude en celebrar que, tras “mutar a otros espacios, con mucha gente implicada en diferentes espacios nuevos o que ya existían”, el 15-M ha supuesto “un renacimiento”.
Así, recuerda que “tanto Sol como las asambleas de barrio estaban llenas de creyentes que trabajan como uno más, con una gran implicación desde su fe. Aún recuerdo a un compi que me decía sorprendido: ‘¡Eres cristiano! ¡Pero si eres un tío muy majo!’. Fue un espacio de encuentro y compromiso entre distintas experiencias”.

Aportar dones, capacidades y recursos
María Isabel Herrera Navarrete, cordobesa de 34 años que ha encarnado su fe como militante de la JOC durante 15 años, cree que estamos ante un hito histórico que se extiende aún en el presente.
Trabajadora social y siempre comprometida con la realidad desde el tejido asociativo de su ciudad, a través del Consejo de la Juventud y diferentes plataformas de participación juvenil y organizaciones de barrio, recuerda perfectamente cómo vivió el 15-M: “Sentada frente a mi televisor, observaba con el corazón encogido a los jóvenes manifestándose de manera pacífica en la Puerta del Sol y cómo estaban siendo violentamente agredidos por la policía. La empatía me llevó a situarme en su piel y sentí un puñetazo en el estómago, se me rajaron las entrañas”.
A los pocos días, se convocó en Córdoba “una manifestación como respuesta a tal brutalidad e injusticia, y así comenzó mi participación en el Movimiento de los Indignados. Lo primero fue montar la acampada y crear un hogar, un espacio habitable público en la calle. Nunca olvidaré las tres primeras noches durmiendo en la calle sobre cartones, sintiendo lo que puede sentir una persona sin hogar (frío, dolor, miedo, vulnerabilidad…)”.
Cada participante aportaba sus dones, capacidades y recursos (dinamizando la asamblea diaria, realizando charlas y talleres formativos, cocinando, aportando recursos materiales)”, expone la que después sería presidenta nacional de la JOC entre 2017 y 2019.
Visto en perspectiva, Herrera percibe numerosos cambios en la sociedad española en esta década que son el eco de lo que ella vivió: “Rompimos con la idea de reducir la participación política a votar cada cuatro años. Pusimos en marcha un nuevo sentido de participación ciudadana, tangible y comprometida con el cambio social y una democracia real, poniendo en el centro a la persona, su dignidad y sus necesidades”. Además, a un nivel institucional, “rompimos con las mayorías absolutas que miraban más por sus intereses que por los intereses del pueblo”.

Romper barreras
Desde Valladolid, Ana Sánchez, militante de Encuentro y Solidaridad, admite que “el 15-M me pilló bastante de improviso. Me alegró ver que había mucha más inquietud social y política de la que yo creía en mi ciudad, no muy dada al asociacionismo”. “No participé directamente en ningún círculo o asamblea, pero sí que me acerqué algunos días a ver cómo estaba en ambiente y se respiraba vida y ganas de vivir y de construir juntos”, detalla.
A nivel creyente, la militante de Encuentro y Solidaridad agradece lo que entiende que fue un revulsivo que rompió barreras: “Para muchos grupos de Iglesia también supuso un toque de atención para abrir más las puertas y ventanas, para seguir trabajando en el aggiornamento que impulsó el Vaticano II, para plasmar la Doctrina Social en la lucha con otros y para tender puentes de trabajo conjunto en la búsqueda del bien común, por encima de los prejuicios que todos los seres humanos tenemos. Hoy creo que, en general, seguimos en ese camino, aprendiendo cada día a caminar hacia las periferias, sin olvidar las estructuras de pecado que las generan”.

Trabajo común
El zaragozano Saúl Pérez Martínez, sociólogo y economista que entonces estaba en Madrid como presidente nacional de la JOC, recuerda la intensidad y novedad de aquellos días:  “Compartiendo muchas cosas y otras no, creían que era posible transformar la sociedad”.
Entonces bullía “la toma de conciencia de la importancia de lo comunitario”: “Los jóvenes cristianos, que ya teníamos una experiencia profunda de ese trabajo común en nuestros grupos y comunidades, dábamos testimonio y compartíamos lo vivido con muchos compañeros no creyentes, con lo que nos enriquecíamos todos”. Así, rescata “una gran experiencia de fe, una vivencia fraterna que tratábamos de contagiar”.
Al hacer balance, Pérez cree que, más allá de lo conseguido o no, “nadie puede ignorar que fue todo un hito histórico y se avanzó en varios ámbitos. En lo social, se impulsó la participación de los jóvenes y se involucró mucha gente que no tenía experiencia en el asociacionismo, valorando esto como un logro colectivo. En lo institucional, hubo un resurgir de distintos movimientos políticos”.
 

A diez años del 15-M

Opinión: 15-M: la década de los ‘indignados’ aún no ha llegado a su fin

Opinión de Ignacio Escolar

Este 15 de mayo se cumple una década desde la última gran movilización social de la historia de España: el 15-M, la protesta empujada por jóvenes que se declaraban “sin futuro” por la crisis económica y que ocuparon las plazas de las ciudades, reivindicando “una democracia real”. ¿Qué fue del movimiento de los «indignados”?Como todo gran terremoto político, las consecuencias a corto plazo no se dejaron ver. En Francia, tras el Mayo de 1968, ganó las elecciones el general Charles de Gaulle. Y en España, justo después del 15-M, llegó a la presidencia con mayoría absoluta el conservador Mariano Rajoy. Pero aquellas protestas fueron el primer síntoma de un nuevo tiempo político en España. El grito más repetido en las plazas españolas, “no nos representan”, fue el presagio de lo que vendría después. Iba destinado a los dos grandes partidos españoles, el socialdemócrata Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el conservador Partido Popular (PP), que en 2011 sumaron casi 75% de los votos —llegó a ser más de 80% la década anterior—. En estas últimas elecciones generales, las de 2019, no alcanzaron 50% entre los dos.

El fin del bipartidismo español nació en las plazas del 15-M. Fueron unas protestas contra la corrupción política, contra los recortes económicos de las políticas de austeridad que imponía Europa, contra la falta de un futuro ilusionante para millones de españoles. Una indignación de la que primero se nutrieron los movimientos sociales, como las plataformas contra los desahucios. Un desencanto que más tarde cristalizó en la política institucional. Del espíritu de esas plazas surgió el partido Podemos. Y tras su irrupción, Ciudadanos, “un Podemos de derechas” como lo definió un banquero español.

La crisis de los grandes partidos, el “no nos representan”, fragmentó la política española. Un ciclo que empezó ese 15-M, que aún no ha terminado, pero que vive en este décimo aniversario un claro punto de inflexión.

“Justo diez años después, Pablo Iglesias se corta la coleta, ese es el legado que ha dejado el 15-M”, dijo el 13 de mayo el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida (PP). Una frase que resume el desprecio que hoy siente la derecha española —y una buena parte de los medios— por aquella movilización y también por el líder de Podemos, quien hace apenas una semana, tras la derrota de la izquierda en las elecciones regionales de Madrid, anunció su retirada de la política. Después renunció también a su famosa coleta: un peinado que hacía ya tiempo que quería abandonar, aunque por motivos puramente prácticos: sus hijos, muy pequeños, le tiraban del pelo, contaba el propio Iglesias desde hacía ya tiempo.Sin coleta, así ahora Pablo Iglesias, exvicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030 del Gobierno de España. También exsecretario general del partido Podemos. (Cortesía Dani Gago)

Coleta aparte, es fácil interpretar la retirada de Pablo Iglesias como el fin de un ciclo, como el inicio de una suerte de restauración, de vuelta al bipartidismo. Porque no solo es Podemos quien se enfrenta a una crisis con la salida de su fundador. Mucho peor lo lleva Ciudadanos, que en las últimas elecciones madrileñas se ha quedado sin representación parlamentaria, después de su errática gestión política de los últimos dos años.

En abril de 2019, Ciudadanos —un partido mimado por las élites, a diferencia de Podemos— se quedó a menos de un punto de distancia de sobrepasar al PP en el Parlamento español. Apostaron por convertirse en el nuevo líder del bloque de la derecha y abandonaron el centro. Hoy, solo dos años más tarde, afrontan su casi segura desaparición.

Sin embargo, ni la derecha ni la izquierda que antes lideraron casi en solitario PP y PSOE tienen asegurada la reunificación. En la derecha ya no pinta Ciudadanos, pero sí está muy fuerte la ultraderecha de Vox. Y en la izquierda, el propio resultado en las elecciones autonómicas de Madrid demuestran que tampoco está tan cerca la restauración del bipartidismo. En la misma noche electoral en la que Pablo Iglesias dimitió, el PSOE fue sobrepasado en las urnas por Más Madrid, una escisión de Podemos creada por el ex número dos de Iglesias, Íñigo Errejón. Y la sucesora de Iglesias como vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, tiene hoy en las encuestas una valoración muy superior a la de su predecesor.

La política española sigue revolucionada. No ha parado de estarlo en la última década, la primera en la historia reciente de España donde los hijos han vivido y vivirán peor que la generación de sus padres. La precarización laboral de los jóvenes continúa. También sigue aumentando la desigualdad. La confianza en las instituciones —la justicia, la monarquía, el Parlamento, los medios de comunicación, etc.— sigue bajo mínimos. La pandemia ha agravado ese escenario, y también ha llevado hasta el extremo la polarización.

“Queremos un pisito como el del principito”, gritaban entonces los indignados. Hace una década, un trabajador de menos de 30 años dedicaba 50% de su salario a pagar el alquiler. Hoy es 85%. “Violencia es cobrar 600 euros”, era otro de los lemas del 15-M. La crisis económica fue el gran catalizador de aquella protesta. Hoy los jóvenes en España ganan de media 2,400 euros menos al año que una década atrás.

“Nadie lo vio venir”, decían los políticos sobre el 15-M. La década de la indignación demuestra que lo imposible puede volver a ocurrir.

9º Aniversario del 15 – M

«El 15M compaginaba protestas y propuestas» Juan José Tamayo: «L@s Indignad@s constataban que la crisis económica había servido para que los poderes financieros y empresariales se enriquecieran»

  • Puerta del Sol durante las acampadas del 15M

«Explotar a los trabajadores, especialmente a las mujeres, inventarse burbujas inmobiliarias y ganar dinero especulando»

«El sistema neoliberal generaliza la corrupción en sus diversas modalidades: desfalcos, fraudes, estafas, extorsiones, despilfarro, abusos en el mercado financiero, codicia, falta de control, abusos de poder, falsas informaciones y engaño a la ciudadanía»

«Se luchaba por una democracia en la que los ciudadanos y las ciudadanas nos reapropiáramos de la política, de la economía y de la cultura»

«Las plazas, los parques, las calles y las grandes avenidas se convirtieron en ágoras para el debate»

«Su noveno aniversario es una oportunidad para reflexionar su significado y actualidad»

16.05.2020 Juan José Tamayo

Ayer celebramos el día de San Isidro, patrono de la ciudad de Madrid, en pleno confinamiento y sin haber pasado a la fase 1 en la lucha contra la covid-19 por la ineficaz gestión y la demostrada incompetencia del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Son un ambiente y un escenario muy diferentes a los del 15-M de 2011 en que nació el movimiento de l@s Indignad@s liderado en su mayoría por jóvenes rebeldes con causa y apoyado ampliamente por la ciudadanía. Nació aquí, en España, donde “las consecuencias de las políticas de austeridad han sido más dramáticas”, decía Vicens Navarro entonces, con seis millones de personas en paro -el 26% de la población en edad de trabajar, llegando casi al 50% en la juventud.

El movimiento de l@s Indignad@s en España comenzó con las manifestaciones del 15-M y del 19-J de 2011 convocadas por Democracia Real Ya y se tradujo en acampadas de decenas miles de personas en numerosas plazas de ciudades españolas reclamando, entre otras reivindicaciones, democracia participativa y económica y lucha efectiva contra la dictadura de los mercados y la corrupción. “España ya no es solo un referente internacional a nivel futbolístico -declaró Jon Aguirre, portavoz de Democracia Real Ya- , también lo es a nivel de conciencia social y lucha pacífica. España se ha convertido en el epicentro de las movilizaciones pacíficas que reclaman un cambio de sistema y en un referente en la lucha por los derechos civiles”, (EL PAIS, 16/09/2011). Seguir leyendo