«Llegaron de noche…y salieron al alba»

«Conmovido al recordar a los mártires, tras la visión emocionada de la película»«Llegaron de noche…y salieron al alba»

La mirada de Lucía
La mirada de Lucía

«Hoy recuerdo a mis compañeros asesinados en El Salvador. Y mi mirada se nubla en la contemplación del jardín de las siete rosas, con el rocío de la mañana y con mis lágrimas»

«Siempre por los aniversarios de aquellas fechas o para suavizar la emoción doliente recurro previamente a la misma canción: Al Alba de Luis Eduardo Aute. Hoy tras ver la película lo he vuelto a hacer»

«Al alba, Elba y su hija Celina, unieron sus nombres (¡femeninos¡) a los de Ellacuría, Segundo, Ignacio, Juan Ramón y Joaquín»

«Que el gallo cante la venida del alba para que por medio de Santa Lucía  se cieguen de luz todos los ciegos»

Por| Jose Luis Pinilla Martin S.J

Conmovido al recordar a los mártires, tras la visión emocionada de la película “Llegaron de Noche “. Por cierto Lucía , protagonista del film vive en estos momentos  fuera de su patria. Una emigración forzosa para proteger su vida perseguida por buscar y decir la verdad. Recordando también protagonistas con   tanta  vida o  labor anónima y a tantos  testigos impresionantes en esta  labor callada, eficaz y fiel con  los emigrantes, refugiados, expulsados. Y que  nos exige trabajar por la comunión y por la inclusión, empujados sobre todo por el Evangelio. Una película con tres mujeres anónimas, Elba, Celina y Lucia que sostienen junto a muchos otros, el relato recordado para recordarlo a otros . Tres mujeres. Que no se olvide.

De hecho hubo un primer título esbozado para la película que era “La mirada de Lucía”. Esa que se  repite varias veces en un plano casi fijo de la película, entre las hojas de las persianas que no pueden encerrar la fuerza de dicha mirada y que se te clava en el corazón por lo que ve y por cómo nos mira.

Llegaron de noche

El mismo nombre de Lucia ya apunta a  su  origen latino, que algunos traducen por  «brillante» o «luminoso». Cuentan que en la antigüedad se les daba  a las niñas nacidas al alba, en  las primeras luces matutinas.  Santa patrona para los que tienen la necesidad de ver. “Que Santa Lucia te conserve la vista” se suele decir. A Lucía la testigo de los asesinatos de la UCA se la ha conservado muy bien. Y sus ojos “han hablado” la verdad.

Me correspondió muchas veces comentar en predicas y escritos el asesinato de mis compañeros y las dos mujeres . Esta vez me vino una frase intuitivamente cuando vi el definitivo título de la película: Me inventé una prolongación: “Llegaron de noche …y salieron al alba». Es decir , ellos, los militares salvadoreños, llegaron de noche – ellos, los que siempre son noche-. Y los “Otros” ( los que siempre son “dia” ), las VICTIMAS, aparecieron  al amanecer en un jardín … cuando las rosas que los recuerdan reciben las primeras gotas de rocío, aquellas  que cambian la sangre por la trasparencia y la claridad  

Siempre por los aniversarios de aquellas fechas o para suavizar la emoción doliente recurro previamente a la misma canción: Al Alba de Luis Eduardo Aute. Hoy tras ver la película lo he vuelto a hacer 

aute

Y es que a  uno, no quisiera que se le borraran las luces que algunas canciones encendieron mi ánimo  juvenil en  tiempos sociopolíticos quizás más grises. O que colorean los grises de hoy dia 

Por eso de vez en cuando susurro para mis adentros, como si quisiera volver a encender otras luces, la canción «Al alba» que por los años setenta (exactamente, en septiembre de 1975) compuso Luis Eduardo Aute. Un canto a la vida pero envuelto en una canción de amor, de despedida para siempre y como un alegato – me dijeron – contra la injusticia frente a unas condenas a muerte de entonces. Rosa León la grabó y el mismo Aute declaró que fue de las canciones que más veces interpretó.

Llegaron de noche . Como si se actualizara la canción : Si te dijera amor mío/que temo a la madrugada /no sé que estrellas son esas /que hieren como amenazas/ni sé que sangra la luna /al filo de su guadaña 

Pero  fue al alba cuando les mataron. A los jesuitas y a  Elba, y a Celina bajo la mirada de la luna y la de Lucía. Su muerte pues, es amanecer (no fue); es (no fue) señal de esperanza.

En su momento escribí, por mor del mismo acontecimiento, una carta a Elba, trastocando el nombre de «Alba», la madre y servidora fiel que murió con ellos. Porque los niños me han enseñado a jugar con los nombres. Y al suyo ( ¡Ay querida Elba!) sólo se necesitaba cambiar la «e» por la » a» y así podríamos llamarle Alba. Mientras que a Celina y a Lucia les mantenemos las mismas letras. No recuerdo ahora el nombre de la hija de Lucia, pero ahí está la pequeña de ojos grandes. Otra mujer,  esta vez,  anunciando el futuro y la esperanza.

Aute

Al alba, Elba y su hija Celina, unieron sus nombres (¡femeninos¡) a los de Ellacuría, Segundo, Ignacio, Juan Ramón y Joaquín

Su nombre y el de su hija -en su ser casi anónimo y humilde- (las primeras noticias del asesinato ni siquiera mencionaban a estas dos mujeres ) son los que añaden mayor timbre de gloria a los títulos que nuestros compañeros tenían: Ellacuría, rector; Ignacio Martín-Baró S.J., vicerrector y fundado de IOP, Segundo Montes, licenciado etc  Y Lucía centra ahora la película asociada al honorable titulo de empleada como los de Celina y Elba. Ella es Testigo fiel de un asesinato atroz necesitado todavía de justicia.

Desde hace mas de treinta años escribo cartas privadas o públicas a Elba (Alba) con una pregunta que a mi entender sigue siendo interpeladora hoy mismo. ¿Sabes, Alba, que todavía hay aquí en España y allá en América curas y cristianos a quienes les cuesta salir afuera, como nos recuerda el Papa Francisco? Seguros en sus espacios, y con «sus» gentes»,  les incomoda el dialogo con los otros, con los distintos, con los diferentes. Cuesta hacer realidad la insistencia del Papa para el diálogo continuo con todos en una Iglesia que salga “al jardín” del acompañamiento a los pobres . 

Que ironía. Dios mío, que trágica ironía. Aquellos que pretendían encerrar para siempre resulta que los expusieron a la luz del dia. A la vista de todos. Como si esas manos asesinas, al masacrar  afuera vuestros cuerpos, ( a algunos los mataron “dentro”) sirvieran de instrumento para publicar  sus vidas vueltas  hacia el  mundo, en su sitio: en el jardín y no en el dormitorio. Al alba y no en la noche.

Llegaron al alba

Los cuerpos –el  cuerpo femenino y materno de Elba y Celina , y el de los demás- arrastrados afuera, a la calle, al jardín, al mundo…: ¡qué gran homilía sin palabras! La vida cristiana es de puertas afuera: En diálogo con otras razas, con otras culturas, con otras religiones, con increyentes..

¡El cristiano es “para”…  el mundo!. Para más amar y seguir a Cristo 

El recuerdo cruel -¿entendéis ahora lo de mi recuerdo gris?- se transforma en sentimiento agradecido: ¡gracias a ti, Lucia , a Celina y a Elba y al de los jesuitas asesinados  ( ¡compañeros del alma, compañeros! ) porque voceáis con vuestro cuerpo -hoy rosas – y con vuestras vidas que el «compromiso bajo la cruz en la lucha de nuestro tiempo no puede desprenderse de la lucha por la justicia que la misma fe exige».

Miles de buitres callados/van extendiendo sus alas/no te destroza amor mío/esta silenciosa danza./Maldito baile de muertos/pólvora de la mañana.

«En este aniversario les recordamos especialmente como personas que lucharon para que no hubiera excluidos de esa gran familia que es y debe ser la humanidad. La humanidad es una, y nadie puede ser excluido de la misma. Bajar de sus cruces a los crucificados de la historia, en frase feliz de Ignacio Ellacuría, es luchar por la inclusión en el modo de vida humano que la igual dignidad de la persona exige» son palabras que tengo como recuerdo de  José María Tojeira. Era su Superior de entonces y es buscador infatigable de la justicia y la reconciliación junto a tantos otros.

Mártires UCA

Hoy recuerdo a mis compañeros asesinados en El Salvador. Y mi mirada se nubla en la contemplación del jardín de las siete rosas, con el rocío de la mañana y con mis lágrimas, porque este alba puede ser también  la última para muchos de los que atraviesan el mar o los desiertos , o  sufren y mueren  la tierra azul y amarilla de Ucrania y en tantas otras rutas 

El esposo de Lucía era panadero en su tierra. Y quizás la noche anterior (retomo mi recuerdo de Elba-Alba), en su trabajo en la casa de los jesuitas, cualquiera de ellas  les hubiera servido, un pan cocido, caliente especialmente preparado para ellos; para esos compañeros de Jesús, que al alba, correrían su misma suerte.

Poco imaginarían que sus cuerpos iban a ser también partidos y repartidos como el otro pan cocido, como el otro pan caliente, que las manos de los sacerdotes consagraban y entregaban hecho cuerpo de Cristo en la eucaristía.

Que el gallo cante la venida del alba para que por medio de Santa Lucía  se cieguen de luz todos los ciegos. Con esa luz que estáis gozando ahora (lo pedimos con todas las fuerzas), contemplando el Rostro del Padre.

Llegaron de noche

Hoy lo voy a tener muy presente cuando parta y reparta una VIDA  que se entregó a mediodía y que resucitó al alba. Al alba. La que venció a los que llegaron de noche 

Llegaron de noche: un film cargado de verdad

Asesinato de los PP. Jesuitas

Sonia Herrera Sánchez

 «Narra la historia real de Lucía, la única testigo en la matanza de los jesuitas en El Salvador. La madrugada del 16 de noviembre de 1989, en plena guerra civil salvadoreña, seis sacerdotes jesuitas, profesores universitarios, y dos empleadas fueron asesinados en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) en San Salvador. Inmediatamente el gobierno culpabiliza a la guerrilla del FMLN, pero una testigo presencial echa por tierra la versión oficial: se llama Lucía Barrera y trabaja como empleada de la limpieza en la UCA. Lucía ha visto quiénes son los verdaderos asesinos: el ejército. Aquella mirada será clave para esclarecer la verdad y hacer justicia, pero además cambiará para siempre su vida y la de su familia» (FILMAFFINITY).

Autor: Imanol Uribe

Fecha: 2022

“Si me matan de día sabrán que ha sido la guerrilla, pero si llegan de noche, serán los militares los que me maten”. Esta fatídica intuición de Ignacio Ellacuría da título a la última película del director vasco (nacido, de hecho, en El Salvador) que narra la masacre que tuvo lugar en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, el 16 de noviembre de 1989, es decir, el asesinato de los mártires de la UCA: Julia Elba Ramos y su hija, Celina Mariceth Ramos, así como los sacerdotes jesuitas Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes Mozo, Amando López Quintana, Juan Ramón Moreno Pardo y Joaquín López y López.

Ellacuría tenía razón en muchas cosas, también en quién sería el responsable de su muerte. Quienes llegaron de noche para perpetrar tamaño crimen a sangre fría fueron los hombres del batallón Atlácatl del ejército salvadoreño, creado y entrenado en la Escuela de las Américas del ejército estadounidense y bajo las órdenes en el momento de los asesinatos del coronel Guillermo Alfredo Benavides Moreno, el oficial de mayor graduación procesado en El Salvador por un delito contra los derechos humanos. Fue condenado a treinta años de prisión en 1992 y puesto en libertad el 1 de abril de 1993. Un ejemplo, el del coronel Benavides, del ocultamiento y la impunidad que han rodeado el caso de los mártires de la UCA durante más de tres décadas.

Con estos mimbres Uribe reconstruye uno de los episodios más paradigmáticos de la violenta historia reciente de El Salvador a través de los ojos de Lucía Barrera de Cerna, empleada de la limpieza de la UCA –interpretada por una sublime Juana Acosta– que, fortuitamente, se convirtió en la única testigo de la matanza que podía desmentir la “historia única”[1] del Gobierno salvadoreño que pretendía cargar con los crímenes al grupo guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Así, Llegaron de noche viene a sumarse a ese cine social constructor de memoria colectiva y de denuncia de la violencia de Estado en el que se inscriben títulos tan icónicos como La historia oficial, de Luis Puenzo (1985), Rojo amanecer, de Jorge Fons (1989), Kamchatka, de Marcelo Piñeyro (2002) o Salvador, de Manuel Huerga (2006), y otros filmes más recientes, ampliamente galardonados, como El silencio de los otros, de Almudena Carracedo y Robert Bahar (2018), La asfixia, de Ana Bustamante (2018), Canción sin nombre, de Melina León (2019) o Nuestras madres, de César Díaz (2019), entre otros muchos.

Dice Lidia G. Acuña que la memoria es “una reconstrucción actualizada del pasado que actúa como un conjunto de estrategias que nos ayudan a definirnos ante el mundo”. Con ese objetivo que nos interpela y que nos reclama un posicionamiento ante la injusticia y la violencia, el cine que denuncia “la amnesia obligatoria”, que ya señalaba Galeano y que tantos Estados –dictatoriales y “democráticos”– han intentado imponer a lo largo de la Historia, se erige como una herramienta fundamental contra el silencio y la impunidad.

En este sentido, Uribe sabe aprovechar toda la potencialidad del lenguaje audiovisual y pone muchos de sus recursos, estéticos y narrativos, al servicio de la verdad sobre los mártires de la UCA. Esa verdad que quiere ser dicha y que pelea por salir y que el realizador y el cantante y compositor gaditano, Javier Ruibal, ponen en boca del jesuita Ignacio Martín-Baró, guitarra en mano, poco antes de su asesinato. Profética, sin duda, la letra de esa canción que acusa y que viene a reforzar la pregunta obvia y retórica que muy probablemente se hagan todos los espectadores y espectadoras que vean la película: ¿Qué interés tenía el gobierno de Estados Unidos en ocultar que el responsable del crimen era el propio Estado salvadoreño y su ejército?

Y es que dejando a un lado las críticas que algunos compañeros y compañeras han vertido sobre la falta de ritmo del film o su construcción temporal, me parece incontestable que es una película valiente y coherente que va más allá del propio acto de violencia y testimonia la agresividad y el maltrato institucional de las autoridades estadounidenses hacia Lucía y su familia, poniendo el dedo en el ojo, desde este caso concreto, en todas las violaciones de derechos humanos que Estados Unidos promovió y amparó a lo largo y ancho de América Latina en la segunda mitad del siglo XX.

Así lo describió en un artículo en El País, el 26 de febrero de 1981, el propio Ellacuría:

 “(…) el apoyo militar norteamericano, se traduce, se ha traducido ya, en la matanza inmisericorde de no menos de 8.000 víctimas inocentes, que no han tenido nada que ver con enfrentamientos militares.

Esto hace que la actual ofensiva diplomática de Estados Unidos para justificar una mayor intervención en El Salvador, so pretexto de una intervención de países comunistas, sea, ante todo, una farsa”.

Mucho está durando ya esa farsa que tan pocas veces hemos visto desenmascarada en nuestras pantallas.

«La mirada de Lucía», la película sobre la matanza de los Jesuítas

Imanol Uribe regresa al cine con «La mirada de Lucía»: la historia real de la única testigo de la matanza de los jesuitas en El Salvador
Más allá de su trasfondo político y social, la película es una historia de personajes, de su lucha por la verdad y la justicia en un país en guerra y de su afán por superar ese momento de horror
Juana Acosta dará vida a Lucía, la empleada de la limpieza que fortuitamente presenció la matanza sin que los asesinos repararan en ella. Una mujer anónima y valiente
Carmelo Gómez encarnará al Padre Tojeira, el otro protagonista vivo de la historia, que ha participado en el proceso de elaboración del guión
10.11.2020 | Relabel Comunicación
El cineasta Imanol Uribe (La fuga de Segovia, Días contados, El Rey Pasmado) se pone de nuevo tras las cámaras para dirigir un apasionante guión basado en la historia real de la única testigo de la matanza de los jesuitas en El Salvador en la que fue asesinado el sacerdote y teólogo de la liberación, Ignacio Ellacuría.
Narrada en tono de thriller, la película que recoge los acontecimientos que sobrecogieron a toda una generación, es, más allá de su trasfondo político y social, una historia de personajes, de su lucha por la verdad y la justicia en un país en guerra y de su afán por superar ese momento de horror.
Juana Acosta dará vida a Lucía, la empleada de la limpieza que fortuitamente presenció la matanza sin que los asesinos repararan en ella. Una mujer anónima y valiente empeñada en que prevalezca la verdad. Junto a ella, el colombiano Juan Carlos Martínez en el papel de su marido y leal compañero de viaje.
Carmelo Gómez encarnará al Padre Tojeira, el otro protagonista vivo de la historia, siempre dispuesto a buscar el entendimiento, en defensa de la verdad y la justicia. El propio Tojeira ha colaborado en el proceso de elaboración del guión aportando detalles precisos y que contribuyen a construir una historia fiel a lo que ocurrió aquellos días.
Y Karra Elejalde será el Padre Ellacuría, el sacerdote vasco que junto a sus compañeros de la Compañía de Jesús proclamaba la teología de la liberación dando voz a los más desfavorecidos, haciendo frente tanto a la guerrilla como a la férrea dictadura militar que gobernaba el país en aquel momento.
Con guión de Daniel Cebrián, escrito tras un exhaustivo trabajo que ha supuesto varios años de documentación, la historia de La mirada de Lucía cobra plena actualidad tras el juicio celebrado el pasado mes de septiembre en la Audiencia Nacional y en el que el excoronel y exviceministro de Seguridad Pública de El Salvador, Inocencio Montano, uno de los militares salvadoreños implicados en el crimen, extraditado a nuestro país por EEUU hace tres años, resultó condenado a 133 años y 4 meses de cárcel por el asesinato de los jesuitas españoles aquella noche del 15 al 16 de noviembre de 1989.
Sin embargo, por otra parte, el rodaje coincide en el tiempo también con la anulación, por parte de la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador, del proceso penal contra los supuestos autores intelectuales, declarando la nulidad del mismo y reafirmando los sobreseimientos definitivos de los allí imputados.
Mientras tanto, la única testigo de los hechos continúa fuera de El Salvador en un discreto lugar que aún prefiere no dar a conocer, donde ha rehecho su vida. “Mi nacimiento en El Salvador, mi educación con los jesuitas y la admiración que sentía por Ellacuría y su grupo, están en el origen de esta película”, afirma el director, ganador de un Goya.
«La admiración que sentía por Ellacuría y su grupo está en el origen de esta película», afirma el director, ganador de un Goya
El guión cuenta con el visto bueno de la Compañía de Jesús, que ha asesorado en los últimos meses a los productores tanto desde España como desde El Salvador. “Tomamos la idea de Uribe de hacer esta película con una gran ilusión. Lo importante del proyecto es que nos invita a tener memoria. A no caer en el olvido de lo que ocurrió en 1989 y de lo que ha estado ocurriendo en muchos lugares de Latinoamérica y Centroamérica que es la vivencia persistente de la injusticia y la violencia y que todavía hoy, la Compañía de Jesús trata de responder a través de las instituciones que tiene en esos países”, apuntó el provincial de la Compañía en nuestro país, Antonio España, quien visitó el rodaje el mismo día que arrancaba.
“Llevo varios años preparando este proyecto que tuvo que ser suspendido la pasada primavera cuando íbamos a comenzar el rodaje en Colombia. Ahora, a pesar de estar inmersos en esta segunda ola, hemos arrancado todavía con más ilusión y el trabajo fluye sin problema. Somos unos privilegiados”, apunta Imanol Uribe, consultado sobre las peculiaridades de un rodaje condicionado por los protocolos COVID.
Producida por Bowfinger International Pictures, Maria Luisa Gutiérrez, Tornasol Media, del reconocido productor Gerardo Herrero y Nunca digas nunca AIE y en coproducción de la colombiana de 64A Films, la película arranca su rodaje en Navarra haciendo frente a la segunda ola de la pandemia, con intensos protocolos de seguridad sanitaria, para continuar en Colombia. El país sudamericano acogerá gran parte de la trama, ante la dificultad que entraña rodar esta historia en el propio Salvador. La mirada de Lucía cuenta con la participación de RTVE y Movistar+ y el apoyo del ICAA e IBERMEDIA.
Sinopsis
La madrugada del 16 de noviembre de 1989, en plena guerra civil salvadoreña, seis sacerdotes jesuitas, profesores universitarios, y dos empleadas fueron asesinados en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) en San Salvador. La noticia tiene una inmediata repercusión internacional, porque además de la barbarie, entre los sacerdotes asesinados se encuentra un intelectual de prestigio, Ignacio Ellacuría.
La posición de los jesuitas de la UCA era inmejorable para mediar en un previsible acuerdo de paz y su talante sin tacha, la herramienta ideal para poner fin a una década de guerra cruenta.
Inmediatamente el gobierno culpabiliza a la guerrilla del FMLN pero una testigo presencial echa por tierra la versión oficial. Se llama Lucía Barrera De Cerna y trabaja como empleada de la limpieza en la UCA. Ella ha visto quienes son los verdaderos asesinos: el ejército. Aquella mirada será clave para esclarecer la verdad y hacer justicia, pero además cambiará para siempre su vida y la de su familia